Lee+ 156 El infinito de Irene Vallejo

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AÑO 13 • NÚMERO 156 • MAYO 2022

PRECIO AL PÚBLICO 25 PESOS

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Nos adentramos en el mundo de Irene Vallejo y platicamos con David Safier




Editorial

Índice

A

lgunas personas suponen que representan una especie en peligro de extinción, una comunidad casi infinitesimal, que camina sobre el filo de la navaja y arriesga la vida en cada uno de sus pasos. Sin embargo, los lectores están muy lejos de enfrentar estos peligros: su existencia silenciosa les permite pasar casi desapercibidos y son idénticos a un caudaloso río subterráneo. A pesar de todo lo que ha ocurrido y lo que pueda ocurrir, los libros han sobrevivido y —en el peor de los casos— se han convertido en las sombras que se manifiestan, aunque el tiempo los haya destruido. Muchas de las obras que se escribieron durante la Antigüedad Clásica se perdieron irremediablemente —da igual si esto ocurrió por el fuego o el fundamentalismo—, pero sus palabras continúan presentes en las páginas de otros autores, justo como sucedió con los filósofos presocráticos. El libro es una de las creaciones más poderosas de la humanidad: gracias a él nos convertimos en herederos de la historia y entablamos diálogos silenciosos con los muertos y los lejanos; aún más: ellos nos obligan a conversar, a discutir sus palabras con las personas que están cerca de nosotros. Por estas razones, los libros nos permiten crear comunidades y tejer redes que nos unen con los demás seres humanos. Sin ellos, perderíamos las palabras y podríamos ser víctimas del autoritarismo que se apodera del lenguaje. Los libros y la lectura se han convertido en actos libertarios que nos permiten la comunión con lo humano. Dedicarle este número de Lee+ a los libros no es una casualidad: se trata de reconocer lo que nos hace humanos, aquello que abre el camino a la libertad, la discusión y el encuentro, por eso no es una casualidad la presencia casi absoluta de Irene Vallejo. Ella, con un solo libro, fue capaz de revelar la presencia y la viveza de la comunidad del junco.+

6 Mis libros y mi biblioteca José Luis Trueba Lara

Yara Sánchez De La Barquera

8 Entrevista con Irene Vallejo

yara@revistaleemas.mx

José Luis Trueba Lara

Coeditor

12 Entrevista con David Safier

José Luis Trueba Lara

Yara Sánchez De La Barquera

jtrueba@revistaleemas.mx

14 Infinitivos Cuerpos: La infinita en un junco

Director de arte y

Itzel Mar

editor audiovisual

16 Póster: Manifiesto por la lectura

Edwin Reyes Maya

Sofía Grivas

18 El infinito de Irene Vallejo Edgar Krauss

edwin@revistaleemas.mx Difusión Cultural Beatriz Vidal De Alba beatriz@revistaleemas.mx

20 Es que amar y querer no es igual

Marketing

Rodrigo Morlesin

Fabián Vásquez Escalante

22 Reseña literaria: El duelo

fabian@revistaleemas.mx

en la sociedad estadounidense

Correctora de estilo Mariana Aguilar Mejía

Carlos Torres Tinajero

24 Cuento inédito: 13minutos

Consejo editorial Alberto Achar

Jaime Ortega

En portada : Irene Vallejo Fotografía de: James Rajotte Arreglos: Edwin Maya

Yara Sánchez De La Barquera Directora General Revista Lee+ de Librerías Gandhi

/mascultura

Directora General y editora

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José Luis Trueba Lara

Mis libros y mi biblioteca

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L

a sola posibilidad de tener una aventura “real” me llena de miedo. Es más, cuando alguien me pregunta en qué otra época me hubiera gustado vivir, lo único que se me ocurre responderle es “en ésta”. Visto con cierto cuidado, el pasado no necesariamente es un buen lugar para construir un hogar: las guerras, las hambrunas y las plagas sin medicamentos de a deveras —entre otras monadas— me resultan poco gratas. Y, para acabarla de amolar, el riesgo de ser un esclavo, un siervo o alguien que cae en manos del psicópata que tiene el poder me parece demasiado alto para que me anime a proponerme como la Laika de una máquina del tiempo. A pesar de esto, no creo que el presente sea el mejor de los tiempos. Hoy, los horrores también están a la vuelta de cualquier esquina, pero hay algo que me fascina del ahora: mi biblioteca y las librerías que tienen muchísimos más títulos que los monasterios medievales o los tenderetes que se han montado desde la Antigüedad Clásica para ofrecer sus mercancías a los lectores. A pesar de la orgía de palabras, tengo claro que mi colección de libros se vuelve poco menos que infinitesimal si la comparo con lo que se ha escrito y publicado, aunque muchas de esas obras se hayan perdido irremediablemente; también sé que está condenada al fracaso. No alcanzo a decidir si se parece a la Torre de Babel o si yo soy idéntico a Sísifo y jamás lograré ponerle el punto final a mis afanes. Por más libros que compre y por más que lea, mi biblioteca nunca tendrá las peculiaridades ni los ejemplares que anhelo. Así pues, aunque la derrota estaba anunciada desde que me contagié del mal del libro, confieso que soy el más feliz de todos los perdedores. Los ejemplares que he acumulado no sólo me permiten convocar a los muertos y a los lejanos, y su valor tampoco se reduce a que me dan la oportunidad de convertirme en un aventurero de sillón que sale de los peores lances con el cuerpo intacto. Alguien medianamente cuerdo me diría que con aquellas virtudes debería bastarme y sobrarme para sentirme satisfecho: mis libros me dan la oportunidad de vivir experiencias que jamás viviré y, por si esto no fuera suficiente, me permiten sentarme a conversar en silencio con los creadores de historias. Sin embargo, creo que en mi biblioteca hay algo más, algo íntimo que se me revela sin máscaras: sus ejemplares están tatuados en mi piel y me han transformado. Yo soy lo que he leído y mis mutaciones podrían descubrirse en las obras que cambiaron mi rumbo. Los lectores pertinaces nos diluimos en el papel, y éste se transforma en nuestra alma. A estas alturas, no puedo saber dónde terminan mis libros y dónde comienzo yo. La fusión de la carne y las palabras también me transformó en otro sentido: los libros me enseñaron cuál era mi lugar en el mundo. Gracias a ellos me descubrí heredero de sus autores y sé que no pertenezco a ningún país ni a ningún credo. Apenas soy un humano que se asume ciudadano del planeta. La palabra apenas no es casual, cada una de sus letras revela que los libros me mostraron la grandeza que jamás podré lograr: la magnificencia del pensamiento me deslumbra a cada párrafo y, en más de un caso, la belleza de las palabras hace que me tiemblen las manos cuando mis dedos recorren el teclado. El hecho de que me sepa heredero y reconozca mi medianía ante los grandes resulta maravilloso: sé bien que no soy el dueño de la última palabra y que todas mis ideas pueden refutarse. Por eso no me queda más remedio que sentarme a platicar y asumir el riesgo de descubrir que puedo equivocarme. Gracias a los libros, descubrí que el diálogo es mejor que las consignas y que todas las verdades son tentativas. La lectura se vuelve subversiva a medida que apuesta a las diferencias, a pensar de otra manera, a la libertad de ser distinto. Este hecho me condena a la rebeldía, a la crítica de los discursos autoritarios y, por supuesto, a la obligación de apostarlo todo a una sola carta: la libertad. Leo y escribo para encontrar las palabras y los diálogos, para entrelazarme con el mundo y fortalecer mi intimidad, para ser libre y postrarme ante las maravillas. Por esto tengo que contar las historias de los lectores y los escritores, de los hacedores de libros y de quienes hacen posible que lleguen a las manos de quienes serán cautivados por ellos. Por esto necesito hablar de ellos y de sus enemigos, de quienes lo apostaron todo a la creación, de los plagiarios y de aquellos que intentaron asesinarlos con tal de construir el silencio y la obediencia. Yo soy un hombre de libros y ésta, de alguna manera, es mi historia.+

José Luis Trueba Lara. Escritor, editor y profe. Colabora en la radio y de pilón sale en la tele. Duerme la siesta con su esposa y ha publicado varios libros. Es un lector que ha llegado al extremo de trabajar para pagarse el vicio. Twitter: @TruebaLara



Entrevista

Irene Vallejo: lo mejor de uno es que podemos ser todos José Luis Trueba Lara

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unca había visto una cola tan larga para entrar a la firma de un ensayo. Esas aglomeraciones sólo existían para otro tipo de obras. Las poco más de cinco horas que Irene Vallejo pasó en la unam no fueron suficientes para atender a sus lectores. Todos, absolutamente todos, tenían uno o más ejemplares de El infinito en un junco (Debolsillo, 2021), la obra que logró convocar a lectores de muchos países para mostrar que el libro es una especie lejos de la extinción. Yo la esperaba en el mezanine de Gandhi, donde nos encontramos para conversar mientras el público se acomodaba en el auditorio. Ésta fue nuestra plática. Lee+: El infinito en un junco nació en plena pandemia, cuando la cadena del libro estaba absolutamente dislocada. Las únicas noticias que tenía de él eran las reseñas. Cuando por fin llegó a mis manos, volví a leer el título y me pareció un desplante. Te confieso que jamás había pensado en la posibilidad de que el infinito cupiera en un delgadísimo tallo de papiro. Irene Vallejo: Claro que puede entrar, y no sólo en un junco, también en un amate, en un papel. Ésa es la magia del libro: todo lo que podemos imaginar, aprender, desear o tener está contenido en algo tan simple como una caña de papiro. Lee+: Pero en El infinito en un junco también caben todas las vidas. Ahí están los recuerdos de tu papá descubriendo un ejemplar de El capital disfrazado del Quijote para salvarse de la censura franquista… Irene: Tienes razón, cuando hablamos de libros también dialogamos acerca de nosotros mismos. Los libros que hemos leído y los que amamos forman parte de nuestra biografía. Podríamos escribir la historia de vida de cualquier persona simplemente con enumerar los libros que ha leído, aquellos que ama y también los que no le gustaron. Los libros que más nos han emocionado y nos han hecho vibrar hablan de nosotros. Lee+: Y se quedan marcados en el cuerpo: uno tiene la cara de lo que ha leído, y cada obra nos transforma en humanos. Irene: ¡Cierto! Por esta razón, El infinito en un junco es un canto a los libros, pero sobre todo a las personas que leen y los aman, a quienes los defienden y los prestan, a los que enseñan a leer y a todos los que forman parte de la comunidad del junco. Ellos son los salvadores de los libros, que siempre resultan frágiles y corren el riesgo de desaparecer. No olvidemos que los libros arden, se pierden, se destruyen o sufren persecuciones; por eso necesitan que los salvemos: para que ellos nos puedan salvar a todos.

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Fotografía: James Rajotte

Ve la entrevista en mascultura.mx y en YouTube revistaleemasdegandhi

Irene Vallejo nació en Zaragoza, España, en 1979. Es doctora en filología clásica por las universidades de Zaragoza y Florencia; sus investigaciones se centran en la divulgación de los autores clásicos. Escritora de nueve novelas, cuenta con más de 12 premios por sus obras entre los que destacan el Premio de Literatura José Antonio Labordeta, el Premio Aragón 2021 (máxima distinción que concede el Gobierno de Aragón) y el Premio Nacional de Ensayo por El infinito en un junco, obra sobre la historia de los libros que se ha convertido en el éxito editorial de 2019 y ha sido traducida a 19 idiomas. También colabora en los periódicos Heraldo de Aragón y El País.


Entrevista 10

Lee+: ¿Podemos considerar que el gran éxito de El infinito en un junco radica en que lograste convencer a miles y miles de personas de que, a pesar de su fragilidad, este objeto es capaz de salvarnos, dependiendo de su uso? Irene: No creo que los haya convencido, los lectores ya lo sabían, pero mi libro funcionó como un detonante para que la silenciosa comunidad lectora saliera a la superficie. Gracias a sus páginas, descubrimos que éramos muchos más de los que creíamos. A cada momento escuchamos que se acabarán los libros o se extinguirán los lectores, lo cual nos hacía pensar que éramos excéntricos, raros, una especie en peligro de extinción. A pesar de esto, El infinito en un junco pudo convocar a las personas que aman los libros y se sienten parte de esta gran aventura; tal vez se deba a que quise contar la historia del libro como una gran hazaña, cuyos protagonistas son los lectores. Lee+: Y revelas una historia que nos recorre por entero… ¿Cómo lograste reunir todo en un junco? Irene: Durante todos los años de mi doctorado, me dediqué a investigar la historia de los libros y la lectura (pues no siempre hemos leído de la misma manera); hice lo mismo con las bibliotecas, las librerías y los rituales que hemos creado para acercarnos a lo escrito. Todo esto fue lo que estudié. Pero, al pasar los años, después de que publiqué varias novelas infantiles y juveniles, adquirí las herramientas de la ficción, que me abrieron la posibilidad de narrar. Sólo entonces decidí escribir El infinito en un junco. ”Durante tres años, trabajé y trabajé para transformarlo en un relato en el que hay historias, personajes, aventuras, viajes, sentido del humor y, por supuesto, una banda sonora. Necesitaba muchos elementos: biografías, hechos, recuerdos personales y todas las emociones que compartimos y entablamos quienes amamos los libros. Me interesaba crear unas Mil y una noches de los libros. Lee+: Pero El infinito en un junco también se convirtió en un libro que te reconcilia y te obliga a recordar que somos la única especie que cuenta historias, los únicos que tenemos la posibilidad de entrelazarnos con los muertos y los lejanos. Mientras lo leía, estuve contigo sin conocerte y, en otras ocasiones, también puedo estar con Platón mientras acompañaba a Sócrates en una de sus innumerables disputas. Los libros nos vuelven herederos del mundo. Irene: Si no existieran los libros, no podríamos hablar con los muertos. Y, cuando alguien se entera de este poder, piensa: ¡cómo es posible! Gracias a que los libros son la más grande invención de todos los tiempos: nos ofrecen la posibilidad de conjurar a quienes fallecieron y hablar con las mejores mentes de la historia (con las peores también). Nosotros podemos elegir entre todas esas voces para quedarnos algo de una y un poco más de la otra. Los neurólogos dicen que, si se hacen pruebas en el cerebro mientras estás leyendo, se activan las mismas zonas que cuando estás actuando: si en el libro el personaje corre, tú corres en tu mente. El cerebro vive lo que está leyendo. Esto ya lo sabíamos los lectores, pero la ciencia lo confirmó. ”También debo decirte que me considero heredera de todas las personas que me antecedieron, especialmente de las mujeres que abrieron caminos para las escritoras, las profesoras y las investi-

gadoras. Soy heredera de un camino duro y difícil, que tal vez se inició con las antiguas tejedoras y bordadoras que contaban cuentos. Yo creo que ellas fueron las primeras narradoras, y a ellas se suman las mujeres de la oralidad, las filósofas… y así podría seguir hasta llegar al día de hoy. Estoy profundamente agradecida con ellas. Lee+: A mí me pasa lo mismo: yo no sería quien soy sin las mujeres que me contaron historias… Irene: Nadie puede olvidar a la persona que le contó una buena historia en la penumbra de la noche. Esos momentos dejan una huella imborrable. Un relato sorprendente es una manera de seducir con las palabras, que te envuelven y te enamoran. Algo de esto sucede con los cuentos de la infancia, con aquello que nos contamos cuando anhelamos atraer a alguien, con los libros de poesía que regalamos, como le pasó a mi padre cuando le regaló a mi madre Trilce, de César Vallejo, para enamorarla. Lee+: Tu papá era todo un vanguardista… Irene: Y además se apellidaba Vallejo, por eso sentía un parentesco imaginario con el poeta. Sé que esto resulta imposible, pero quiero soñar que alguna rama de César Vallejo llega a mi genealogía para cobijarme, aunque esto no importa: yo le estoy agradecida, pues gracias a él pude nacer. Sin Trilce, mis padres no se habrían enamorado y yo no estaría aquí. Lee+: Todo el mundo habla de El infinito en un junco, pero muchos olvidan tu Manifiesto por la lectura, un libro de puño alzado. Irene: Es su hermano pequeño, pero combativo. Se trata de un libro de pluma alzada, de palabras tomar. El Manifiesto por la lectura resultó de una propuesta del gremio de editores de España para establecer un pacto por la lectura. Necesitaban un preámbulo más literario y de reflexión antes de comenzar a enumerar las medidas concretas, y me hicieron el honor de pensar en mí para que lo escribiera. En este caso, a diferencia de lo que ocurre en El infinito en un junco, no hablo de nuestro amor por los libros, sino de las razones por las cuales la lectura es importante para la democracia. ”¿Por qué una sociedad debería fomentar la lectura? Intenté responder esta pregunta en esas páginas. Por eso hablo de cómo los libros tejen comunidades, de cómo gracias a ellos podemos entrar en la piel de otros y mirarnos a través de su mirada. Cada vez que leemos, fortalecemos nuestra unidad a medida que afianzamos los diálogos. Lee+: Tienes razón, no hay creación de Estado sin creación literaria. Irene: Eso es lo que ocurre con los libros y con la educación: nos permiten construirnos una vida que tal vez no nos parecía destinada, pero que gracias al conocimiento se abrió paso, porque éste nos transformó en los arquitectos de nuestra existencia. Lee+: Aún más, gracias a los libros me convierto en ciudadano del mundo y aprendo que no soy tan grande ni tan importante como podría creerlo. Irene Vallejo: Esto que dices resulta muy importante en una época tan narcisista como la nuestra. Gracias a los libros podemos dejar de girar alrededor de nosotros mismos y abrirnos al mundo para ser otros. Lo mejor que le puede pasar a uno es ser todos.+



Yara Sánchez De La Barquera

el caso del novelista que le encontró un trabajo a la canciller

David Safier:

Entrevista

Ve la entrevista en mascultura.mx y en YouTube revistaleemasdegandhi

D

avid Safier es uno de los novelistas alemanes más populares. La venta de millones de ejemplares en su país demuestra este hecho indiscutible. Además, sus libros —desde Maldito karma hasta Miss Merkel. El caso de la canciller jubilada— se han traducido a muchas lenguas y han llegado a todos los continentes. En sus obras, que bien podrían mirarse como una mezcla perfecta entre Woody Allen, MAD y los cómics de Marvel, habita algo que nos atrapa: un humor preciso, capaz de revelarnos nuevas perspectivas para comprender nuestra vida y la de los demás. La publicación de Miss Merkel… (Seix Barral, 2022) trajo consigo la posibilidad de encontrarnos y conversar sobre el mundo, la política, sus novelas y, por supuesto, la vida misma.

Lee+: La publicación de Miss Merkel. El caso de la canciller jubilada no podría ser más atinada en términos políticos. Cuando empezaste a trabajar esta novela, ¿sabías que Angela Merkel se retiraría del poder? David Safier: Hacía un par de años que en Alemania todos sabíamos que se retiraría. Por esta razón, me pregunté qué haría al terminar su carrera pública. Hasta ahora, nadie sabe, sólo tenemos claro que ya no se dedicará a la política. En éstas andaba cuando vi un episodio de Columbo, con Peter Falk. “Esto podría ser bueno para ella: resolver misterios y asesinatos”, me dije. Poco después, pensé que parecía un buen tema para un libro y decidí escribirlo. Trabajé en la novela durante 2020; se publicó en Alemania el año pasado, y Merkel se retiró sin que sepamos qué está haciendo. Lee+: En esto consiste la parte graciosa de Miss Merkel, ¡podría dedicarse a los asuntos detectivescos sin grandes problemas! David: ¡Claro que podría hacerlo! O tal vez ya lo hace, no lo sé, pero no resulta imposible. Lee+: Angela Merkel es muy inteligente, y todo lo que narras encajaría a la perfección. David: Ella es así. Sin embargo, mucha gente la subestimaba. Esto le sucedió en su partido y con algunos políticos de otros países: Putin, Berlusconi y Trump ejemplifican esta actitud. Merkel 12

fue tan subestimada como el inspector Columbo y, al mismo tiempo, tan brillante como él. Por regla general, los asesinos tienen perfiles sociópatas o psicópatas, y Angela posee mucha experiencia con este tipo de personas, porque los ha tratado en la política. Lee+: ¿Consideras que la manera en que ella se manejó ante este tipo de patologías le permitió enfrentar conflictos sin que explotara una bomba? David: Creo que otros políticos la provocaron mucho, pero siempre mantuvo la calma, tratando de gestionar dificultades sin crear un apocalipsis. Como mujer, no tiene mucha testosterona, y así es como se hace la política. Al menos en Alemania es muy querida: después de 16 años de canciller, conserva el título de la política más popular del país. Acá no nos agradan las personas que van pensando que son estupendas; nos gustan el terreno neutral y la discreción. Lee+: Lo opuesto a alguien como Trump. David: Sí. Trump hizo muchas cosas extremas. Nosotros también hemos tenido ese tipo de políticos, pero la mayoría de los alemanes no confía en ellos. Merkel no iba a entrevistas ni a programas de televisión. Ella representaba un “no estoy aquí”, y todo sucedía detrás de cámaras.


David: Su influencia empezó mucho antes de que escribiera novelas, se hizo presente desde mis primeros guiones, pero, además de él, tuve otras inspiraciones. Cuando yo era joven, Woody Allen representó un papel definitivo: leí sus historias cortas y sus aforismos; por supuesto, vi sus películas, pero me encantaban sus cuentos cortos. Además estaban Billy Wilder, los cómics de Marvel y la revista MAD… estas publicaciones revelaban el humor judío, que también heredé de mi padre. Todos ellos escriben de distintas maneras, pero cuando estoy trabajando en una novela siempre pienso: ¿qué haría Woody Allen? Lee+: Eso suena muy alocado, pero me parece un buen consejo. David: Cuando eres un adolescente, está bien empezar copiando para entender cómo lo hicieron los maestros. Al principio puedes decir: “Vamos a dibujar como lo hacía Lichtenstein”, pero después debes encontrar otro camino. Nos diferencia aquello que podemos traer a la mesa desde nuestra perspectiva. Cada ser humano es único y eso es lo que trae a la mesa. Lee+: Se me olvidó preguntarte sobre el esposo de Angela Merkel, que resulta muy gracioso: el arquetipo de cómo debe ser un marido. Gracias a esto, creaste un personaje muy lindo. David: Debes saber que el esposo de Angela casi no se muestra en público. No la acompañaba muy seguido, tampoco daba entrevistas. La mitad de los alemanes ni siquiera saben que está casada. Entonces pensé: él es un profesor de química o algo así. Esto me llevó a darme cuenta de que se trata de alguien que apoya a su esposa, porque ella se enfrentaba a una vida difícil. ¡Es una de las mujeres más famosas del mundo!, probablemente tanto como Rihanna. Lee+: Sí, y muy poderosa. David: Tan poderosa como Rihanna. Pensé esto cuando tuve que crear a este hombre cariñoso, amable, excéntrico, químico cuántico o como se le llame. Lee+: ¿Qué tal si escribieras algo más de miss Merkel: consejos de amor, cómo formar un buen matrimonio? David: La segunda novela de esta serie salió en marzo de 2022 en Alemania. Lleva por título Asesinato en el panteón. En este caso, uno de los sospechosos es un hombre muy atractivo para ella: tiene su edad, pero bastantes diferencias respecto de su esposo. La novela también narra un caso detectivesco, sin embargo, profundiza en el matrimonio y qué lo hace funcionar. Lee+: Una última pregunta: tenemos muchos lectores jóvenes, ¿cuál sería tu consejo para decirle a alguien: “Dale, empieza a escribir”? David Safier: Escribe, escribe, escribe. Éstos son mis tres consejos. Siéntate, escribe, no pienses, no te juzgues mientras redactas, porque la mayoría de las personas entran en un estado de crítica y eso las mata. Escribe desde tu subconsciente, y luego hazlo a un lado. Siéntate de nuevo y reescribe, reescribe y reescribe la misma escena; porque escribir se trata de reescribir. ”Cada escena la escribo cuarenta veces. Al principio, redacto ocho páginas en cuatro horas; luego, en dos horas, y después, paso dos días reescribiendo, hasta sentirme satisfecho, y pasado un tiempo regreso a esas páginas. Tienes que sentir lo que “no suena bien”. Debes encontrar el balance cuando estás en modo crítico para descubrir si te ayuda o te destruye. Tienes que sentirlo, pero primero escribe lo que encuentres en tu subconsciente, como cuando haces música. Yo no toco ningún instrumento, pero sé que no dices: “Debería tocar así o de otra manera”, simplemente lo haces sin pensar. Luego escucha la grabación y piensa: probablemente tenga que hacerlo de nuevo.+ Fotografía: Dennis Dirksen

Lee+: Pero hay fotos de ella en el supermercado… David: Se trataba de escenificaciones, pero creemos que Merkel no estaba en la política para hacerse rica, ni para tener una green card. Ella es muy… ¿cómo llamarlo? Lee+: ¿Aterrizada? David: Sí, aterrizada. Se trata de una característica que uso en mi personaje ficticio de Merkel. Lee+: ¿Crees que no se le valoraba tanto por ser una mujer que se dedicaba a la política? David: ¡Por supuesto! La subestimaron en la primera parte de su carrera; lo mismo que cuando tomó el mando. Por fortuna, ahora contamos con muchas mujeres en la política. Cuando empezó, era una de las primeras y, por supuesto, fue la primera canciller. Pero detrás de las cámaras resultaba despiadada: en su propio partido, desarmó a sus adversarios y los hizo a un lado. Ahora que se retiró, uno de ellos volvió; los demás no regresaron a la política. Lee+: Por lo menos Macron le dio una buena despedida, un abrazo. David: Ella es muy estimada, aunque también la desprecian por tener más inteligencia que muchos, además de la capacidad para encontrarse. Esta característica resalta no sólo en la política, sino en mis novelas: me interesan los personajes que aún no se han encontrado a sí mismos, seres que tienen que pensar qué hacer en una crisis, cuál es la mejor manera de vivir, no sólo para ellos, sino para todos. Estoy muy interesado en ello, y puedo asegurar que las mujeres piensan más en este tipo de cuestiones que los hombres. Personajes así resultan muy queridos, y en mis libros sus emociones afloran. Las mujeres están más acostumbradas a pensar sobre ellas mismas, por lo que me parece más fácil escribir desde su perspectiva. Ellas pueden hablar por horas con sus amigas sobre las emociones y acerca de qué deben hacer… Lee+: Se juntan los cerebros y las hormonas… David: Efectivamente, con los hombres la situación cambia. Piensa en lo que hacemos: “Mi esposa se quiere divorciar, eso es triste. Pero… ¿viste el partido de futbol la semana pasada?”. Así es como los hombres hablamos, por eso me interesa tratar las emociones desde la sensibilidad femenina. Lee+: Tengo la sospecha de que tu humor está marcado por el choque entre personajes que no tienen filtro. Todos dicen lo que piensan, como el esposo de Merkel en tu novela. Esto incrementa el efecto cómico a medida que pone a la vista de todos los absurdos que cometemos al tratar de comunicarnos. David: En el mundo real, hay demasiadas tragedias y el mal humor sobra, debido a la pésima comunicación. Alguien dijo que la comedia es una tragedia que no te pasó a ti. Por esta razón, poseemos la capacidad de reírnos de la mala comunicación, los malos entendidos y los choques culturales cuando no son nuestros… Se trata de un lenguaje universal. Lee+: Por eso tu humor se traduce a tantos idiomas… David: El humor presenta algunas variaciones en los distintos países, pero cuando se encuentra en una comedia emotiva, donde las debilidades y las fortalezas humanas tienen un gran peso, podemos reírnos juntos, no diciendo “qué tontos”, sino de nosotros mismos. Me parece una manera de… Lee+: Reconciliarte… David: ¡Exacto! Tú resumiste en una palabra lo que yo iba a decir en tres oraciones. Probablemente te necesite para escribir la siguiente obra: yo redacto un párrafo largo y tú lo dices en una palabra. Lee+: ¡Será un placer! Quiero hablar de Woody Allen: sé que admiras su trabajo. ¿Podrías contarnos de qué forma ha influido en tus obras?

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Infinitivos Cuerpos

La infinita Itzel Mar

L

a fisonomía de una persona equivale a la suma de sus palabras: las leídas, las dichas, las autocensuradas, las inconformes, las circulantes en el torrente sanguíneo. Así es como el cuerpo adquiere la forma de las voces que lo habitan. Intento leer el rostro de Irene Vallejo Moreu (Zaragoza, 1979) y descubro en los guiños de sus ojos la inmensa cantidad de asombros producidos por la lectura de la Odisea, así como por la voz de su madre, quien solía leerle cuentos en la infancia. La armoniosa presencia de la autora española procede —me parece— tanto de la pasión como de la gratitud que la caracterizan, y también de su consanguinidad con los libros. El infinito en un junco (Debolsillo, 2021), un ensayo de 400 páginas, se ha convertido en un sorprendente éxito. La ensayista crea un territorio en el que las palabras se narran a sí mismas para contar sus peripecias y su insistencia por sobrevivir: una apología de la lectura y del libro como objeto entrañable y utensilio del desolvido. En la Mesopotamia meridional, 4000 a. C., los sumerios inventan el primer sistema de escritura. Con una herramienta puntiaguda se imprimían los símbolos sobre una base de arcilla que se dejaba secar después. Los grabados estaban dispuestos piramidalmente y eran breves. Desde entonces, se han inventado cientos de maneras de resguardar el pensamiento. La más perfecta tiene la forma de un rectángulo en el que se concentran un conjunto de hojas de papel, pegadas o cosidas, y abrigadas por una tapa o cubierta: un libro, sí, un objeto que no es un objeto. Un poblado de la memoria. La breve geometría en la que las necesidades de la nostalgia son satisfechas finalmente. Territorio mucho más extenso que el espacio en el que está contenido. La lectura consiste siempre en un ejercicio del encuentro y nos descubre como seres plenamente sensuales. En gran medida, el deseo primigenio de intimar con las emociones y los saberes de los otros se cumple en el acto de leer. Pero no todos leemos con las mismas intenciones. En la taxonomía de los lectores reconocemos a los que leen porque gozan profundamente el hecho mismo y sus consecuencias, y aquellos para quienes la lectura se emprende —según dice Pablo Fernández Christlieb– sólo en circunstancias “importantes”, como distinguir las ofertas del supermercado y de los menús, descifrar un contrato o un informe de trabajo, atender las instrucciones de un aparato electrónico o desentrañar el contenido filosófico de un meme. A éstos se les ha otorgado el título de alfabetas funcionales. Los lectores fogueados pueden ser confundidos fácilmente con personas normales, a excepción de que leen en todas partes: caminando por las banquetas, en el andén del metro, asomados en la ventana, mientras esperan a un amigo, sentados en el retrete, en los aeropuertos, mientras cocinan, en las peluquerías. Vistos de cerca, a éstos se les transparenta en la mirada esa amorosa urgencia por devorar historias y datos. También resulta posible reconocerlos porque, de tanto recargar las yemas de los dedos sobre el papel y cambiar de páginas, se les han ido borrando poco a poco las huellas digitales. Suelen entablar relaciones íntimas y duraderas con los libros: los escuchan, les preguntan, los

14 Itzel Mar. Poeta, editora y psicóloga. Disfruta releer muchas veces sus libros preferidos e inventar palabras. Twitter: @aegina23


La lectora de novelas (1853), Antoine Wiertz

acarician, les huelen las tripas, los subrayan, discuten y duermen con ellos, les conceden grandes espacios y con frecuencia les derraman alguna lágrima encima. Sin embargo, la libertad de leer ha transitado momentos inciertos. En todas las épocas han existido textos prohibidos, obras quemadas y grupos marginados del conocimiento. Las mujeres, el más cuantioso. La genealogía de las lectoras parte de la terquedad por abolir restricciones. El disfrute del aprendizaje amenaza los cometidos femeninos por antonomasia. Es inmoral. Sin embargo, paralelamente a la narrativa autorizada, ahora sabemos que el primer autor literario en firmar un texto fue una mujer: Enjeduana, quien vivió en la antigua Mesopotamia (aproximadamente 2300 a. C., es decir, mil quinientos años antes de Homero). Poeta y sacerdotisa audaz, veneró por sobre todos los dioses sumerios a la diosa Inana. Más tarde, durante el esplendor de la cultura griega, aparece Safo. Poeta. Transgresora. Su lírica retrata la belleza y el placer, en oposición a la poesía masculina, de tintes heroicos y bélicos. Escribió: “Dicen algunos que nada es más hermoso sobre la tierra que un escuadrón de jinetes, o de infantes, o de naves. Pero yo digo que lo más bello es la persona amada”. Versos convertidos en resistencia. Silenciada inútilmente, a Safo se le brinda un lugar entre los nueve poetas líricos o mélicos tenidos en alta estima por los expertos académicos de Alejandría. Irene Vallejo nos recuerda que el tránsito de la mujer hacia el acceso a la lectura y a los libros está lleno de paisajes borrados y hazañas anónimas. Los primeros narradores, los más antiguos, seguramente fueron ellas: las que intercambiaban historias mientras tejían. Y también existen esas otras heroínas cuyos legados tienen nombre: Aspasia, sor Juana Inés de la Cruz, Mary Wollstonecraft, Mary Shelley, Emily Dickinson, Virginia Woolf, Jane Austen, Susan Sontag, entre otras. En su óleo La lectora de novelas (1853), el belga Antoine Wiertz, conocido por su desobediencia al buen gusto, retrata a una mujer completamente desnuda leyendo una novela que sostiene con la mano izquierda en alto, tumbada en una cama, con las piernas abiertas y un tanto flexionadas en dirección a la pared, desde donde un espejo colgado permite verle el sexo, que de otra forma permanecería oculto. Un demonio, que apenas se asoma, extiende la mano sigilosamente y coloca sobre la sábana más y más novelas… para acrecentar el deseo de la que parece una insaciable y gozosa dama. Esta obra iconoclasta celebra la llamada fiebre lectora, que se desató de manera incontenible en las mujeres del siglo xix y, para beneplácito de la humanidad, no tuvo fin. Imagen erótica y grandilocuente del desacato, de la conquista del infinito en femenino: la palabra.+

en un junco

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Sofía Grivas. Licenciada en publicidad y maestra en historia del arte moderno y contemporáneo. Ha trabajado en El Colegio Nacional, Conaculta y FotoMx. Ha colaborado con artículos e ilustraciones en Revista SP, Siempre, Lee+ y Este País. Twitter: @migajadetiempo

Por Sofía Grivas


Edgar Krauss

El infinito B

orges el infalible escribió: “a partir de los Vedas y de las Biblias, hemos acogido la noción de libros sagrados. En cierto modo, todo libro lo es”. Esta declaración bórgica define y ampara la pasión que todos los que amamos los libros experimentamos: el texto es una comunión radical con la otredad y desde épocas muy remotas en la historia humana hemos asociado autor con autoridad: quien escribe libros establece contacto con lo sagrado en cuanto que trascendente, que se comunica a través de esa maravilla que es el texto. Por lo tanto, una de las historias más grandes que podemos narrar es la que cuenta la historia misma de los libros. Es por ello que nosotros los bibliófagos ya entregamos nuestro cariño sin reparos a Irene Vallejo. Además de una narradora excepcional, es dueña de una portentosa erudición sobre el mundo grecolatino, que enlaza amenidad y sabiduría, como Carlos García Gual, Alfonso Reyes o Ernesto de la Peña, aunque ella resulta mucho más entrañable.

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Me llena de entusiasmo que, en una época como la nuestra, en la que los bestsellers versan sobre criminales ficticios o reales, seres fantasmagóricos y legendarios, o recetas igualmente mágicas para sobreponerse a la adversidad económica o emocional, un libro tan docto como El infinito en un junco, escrito por una doctora en filología clásica, sea un fenómeno editorial mundial. La historia (mejor dicho, las historias) que nos cuenta soberbiamente Vallejo no forma parte de una novela, pero lo parece: la protagonizan sujetos de pasiones delirantes, como ese conquistador megalómano que destruyó hasta los cimientos numerosas ciudades persas y babilonias, pero construyó otras tantas a las cuales bautizó en honor suyo: Alejandría; también podemos asomarnos a las peripecias de un militar fanfarrón y advenedizo, Ptolomeo, que construyó la biblioteca más grandiosa de la Antigüedad sobre un pantano, con el propósito de rivalizar con su natal Grecia, y quien fuera ancestro de la poderosa y culta Cleopatra (la última de su dinastía), así como también nos empapamos en los empeños de cientos de eruditos y sabios en la biblioteca de la imponente Alejandría por traducir al griego las obras de civilizaciones lejanas y antiguas. Aquí la historia de los libros es la historia de sus autores y patrocinadores. La sorprendente biblioteca de Alejandría es el punto de arranque del apasionante libro de Irene Vallejo, como epicentro del mundo helenístico, cuya herencia fue tomada y transformada por los romanos. La avezada filóloga ilumina esta historia con alta destreza narrativa, con el fin de apasionar (y lo logra) sobre cómo la técnica para producir soportes para escribir a partir del junco del papiro y las expresiones culturales manifestadas en ellos fueron la semilla de la primera globalización de la historia: la del libro en la era ptolemaica, cuando se comenzaron a reproducir, traducir y crear obras literarias y científicas que perduran hasta nuestros días. Los héroes de esta reproducción cultural fueron los copistas y traductores anónimos alejandrinos. Aunque el subtítulo del libro es hiperbólico —ya que ni los libros, ni la escritura o las bibliotecas se inventaron en Alejandría—, se antoja audaz y provocador. Los papiros egipcios ya existian tres mil años previos a la irrupción de los griegos en ese país. La legendaria biblioteca de Nínive es tres siglos anterior a la de Alejandría, y la de Ebla, dos milenios más antigua. Por su parte, la escritura (junto con el lenguaje) es quizá la mayor tecnología inventada por el ser humano y surgió en varios epicentros distantes y, hasta donde sabemos, inconexos. Produjeron textos literarios, religiosos, administrativos y científicos los chinos, los hebreos, las civilizaciones del Indo, las cultu-

Edgar Krauss. Editor, escritor, traductor, promotor de la lectura y librero. Escribió La droga de los profetas y Los fósforos de Platón. Considera que si Dostoievski hubiera conocido el mezcal habría escrito poesía. Actualmente es gerente editorial de HarperCollins México. Twitter: @edgarkrauss


de Irene Vallejo

Nuestra autora se circunscribe básicamente al mundo helenístico y romano, para contarnos no toda la historia, sino esta parte de la historia de los libros y la expone —mejor dicho, ilumina— de manera didáctica y afanosa”.

ras mesoamericanas y, por supuesto, los sumerios, babilonios y asirios, milenios antes de que se pusiera la primera piedra de Alejandría. Algunos lo hicieron en escritura ideográfica y otros, silábica. El poema de Gilgamesh está considerado la obra literaria —conocida— más antigua de la historia y data del siglo xxvi antes de nuestra era; es decir, más de dos mil años antes de que naciera Aristóteles, el insigne maestro de Alejandro Magno. El -poema babilonio “Enuma elish”, que narra el origen del mundo y el diluvio, es algunos siglos más vetusto que la Biblia o las obras de Homero o Anacreonte y los poetas arcaicos griegos. Por otra parte, casi todas las historias del libro escritas por europeos omiten la aportación china a la civilización mundial, con el invento del papel (y su transmisión vía los árabes) o de la imprenta misma, así como pasan de largo respecto de los textos mesopotámicos o de las culturas indígenas americanas, cuyos códices con sus historias y conocimientos fueron destruidos por los monjes españoles, hecho que fue un cataclismo cultural tan grande como las destrucciones de las bibliotecas de Alejandría o Persépolis. Me quedé con ganas de leer todo eso en este libro, pero, por supuesto, ni la gran Irene ni nadie está obligado a complacer las veleidades de sus lectores. El debate podría enriquecerse cuando nos preguntamos ¿podemos llamarles libros a las tablillas cuneiformes, a los papiros egipcios, a los códices mesoamericanos, al Código de Hammurabi, a los pergaminos en rollo (volúmenes, nos recuerda Irene) de los griegos o a los textos escritos en piedra por culturas arcaicas? Dependerá del enfoque o la metodología, aunque los historiadores del libro tienden a decir que no lo son, hasta que en la Europa medieval surjan los códex, textos manuscritos (algunos ilustrados), encuadernados y cosidos en hojas foliadas escritas por ambas caras: los primeros libros, al menos en cuanto a su forma. Nuestra autora se circunscribe básicamente al mundo helenístico y romano, para contarnos no toda la historia, sino esta parte de la historia de los libros, y la expone —mejor dicho, ilumina— de manera didáctica y afanosa. Una de las virtudes más sobresalientes de El infinito en un junco está, sin duda, en su amenidad expositiva y la inmejorable maestría con la que Irene Vallejo actualiza los debates de Cicerón o las tentaciones autoritarias de Julio César, con los que establece analogías respecto a la sociedad global de nuestro tiempo. El libro es muy generoso en fábulas, historias raras, anécdotas, datos curiosos, personajes extraños y entrañables, Para hacerse entender sobre las reacciones del público griego o romano, nos pone de ejemplo Twitter o a Bob Dylan; para hacernos imaginar la espléndida biblioteca de Alejandría, nos recuerda la película de Oliver Stone protagonizada por Anthony Hopkins, y cuando habla de fanatismo e intolerancias destructoras de libros y personas, nos remite a las distopías de Orwell o a las horribles tiranías totalitarias del siglo xx. De Tucídides nos lleva de la mano hasta Churchill, contrasta con elegancia a Platón con Popper y cita a sus autores dilectos, como Safo, Shakespeare, Borges, Rushdie, Louise Glück, Sebald y Rosa Montero. En su Alejandría, pasean la genial Hypatia y el taciturno Cavafis, aunque los separen quince siglos. Me alegra sobremanera que exista El infinito en un junco. Es uno de los mejores y más estimulantes que he leído sobre la historia de los libros. Viva Irene Vallejo.+

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Rodrigo Morlesin

Es que amar y querer no es igual… Y

a lo decía el filósofo y Príncipe José José: “Es que amar y querer no es igual”. Y quien haya entrado a Gandhi estará de acuerdo conmigo. Uno puede amar con locura el más reciente libro que le acompaña en las noches de insomnio, pero a la vuelta de la última página encontrará un nuevo querer… ese querer que le corroe a uno por dentro y no sólo le quita el sueño, sino también la quincena. Me refiero al ¡querer más libros! No importa cuántos amores encerrados en páginas sin abrir tengamos; no importa cuántas veces habremos roto la promesa de ya no rebasar el presupuesto; nada importa cuando te encuentras frente a frente con ese que necesitas tener y atesorar. Mil veces los libreros me han escuchado convenciéndome en voz alta:

ron guro se equivoca Está rebarato, se parte igue en ninguna Éste no se cons

El mes pasado

Si no lo compr

no compré ni

o hoy, mañan

diez libros

a me lo gana

n

su blog antes Si no me lo llevo yo, vendrá Adolfo Córdova y lo reseñará en s que yo en mis cápsula un banco para ¿Y si luego ya no lo reeditan? Después tendría que asaltar para leerlo en comprarlo… ¿Y si me agarran robando y no traigo el libro la cárcel…?

¿Y tú qué te dices para convencerte? El dilema, el remordimiento, el júbilo: todo se mezcla con el sudor en la frente al momento en que se confunden el querer y el amar, esos chispazos de emoción que se suceden página tras página al ojear el libro en la tienda para luego tomar uno que nadie ha abierto. Todo por obtener el beso de ese amor prohibido que nos durará una eternidad, la misma que se prometen los personajes en las novelas románticas y que dura hasta que conocen un nuevo amor un par de capítulos más adelante. El amor de los libros hacia nosotros es fiel, pero a veces decepciona. Nos prometen mundos perfectamente imperfectos y tardes en compañía. Pero nuestro amor hacia ellos resulta voluble: fácilmente los olvidamos… en el metro, en el avión, en la banca de un parque o en el mismo librero en el que tantas otras historias sueñan con que volvamos a ellas. Amamos los libros y siempre queremos más. A veces amamos con razones y otras veces, por terquedad. Estamos empeñados en conocer, en vivir y en viajar, ¿acaso no es lo mismo que buscamos en el amor? Es que amar y querer no es igual: amar es atesorar, querer es compartir. Así que, dicho esto, compártenos las lecturas que te han hecho amar los libros: Facebook | @MasculturadelibreriasGandhi | https://www.facebook.com/Revistaleemas Twitter | @revistaLeemas | https://twitter.com/revistaLeemas Instagram | @revistaleemas | https://www.instagram.com/revistaleemas/ YouTube | @revistaLeemasdeGandhi | https://www.youtube.com/c/RevistaLeemasdeGandhi

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Rodrigo Morlesin. Escritor, diseñador y traductor de libros para niñas y niños. También es editor y diseñador en la Unesco México. Su nueva novela, ¿A dónde va este tren?, es publicada por Planeta Junior. Instagram: @rodrigo_morlesin <www. morlesin.com>



Fotografía: Martí Fradera

Reseña literaria

El duelo en la sociedad estadounidense Carlos Torres Tinajero

L

a tercera novela de Nickolas Butler, Algo en lo que creer (Libros del Asteroide, 2019), cuenta la trayectoria de Lyle, un hombre jubilado de una tienda de electrodomésticos en una comunidad estadounidense, en la que la convivencia social se entabla a partir de los ritos religiosos, la devoción por Dios y la relación entre padres e hijos. Hay un ambiente de cooperación y de amabilidad recíprocas, valores importantes y fundacionales en aquel país. La trama habla con ahínco de las pérdidas humanas, de las profundas convicciones religiosas, de los cambios ideológicos a lo largo del tiempo y de un sentido de pertenencia a la sociedad estadounidense que da significado a la existencia y a la interacción social. Inscrita en la tradición literaria estadounidense del siglo xx por sus formalidades —lenguaje, época, motivaciones de los personajes—, esta obra pone al descubierto las relaciones familiares, llenas de empatía, entre padres e hijos, en un poblado agrícola dedicado a la producción de manzanas en Wisconsin, en el Medio Oeste, para entregarle al lector un fino retrato de los objetivos comunitarios y de la dinámica productiva local a principios del siglo en esa región anglosajona. Además de enfatizar ese tipo de vínculos familiares, el tema central de la novela es el alejamiento de Lyle de la religión y de su barrio por la repentina muerte de su hijo Peter a temprana edad. El personaje sufre una decepción espiritual profunda que desemboca en un punto cardinal en la evolución del libro: el sorpresivo ateísmo con el que abandona una parte fundamental para la consecución de sus propósitos. Ese ateísmo resulta crucial, tomando en cuenta el contexto, plasmado con gran destreza creativa. El conflicto retrata, desde la interioridad del personaje, uno de los procesos más dolorosos para el ser humano: la pérdida de un hijo; la sensación de vacío y de profundo sufrimiento durante sus años de retiro laboral en el campo, donde cualquier situación por resolver le trae a la mente los recuerdos de Peter. La muerte de Peter, un adulto con quien Lyle sostiene un vínculo emocional evidente, no sólo deja una huella y un sensible impacto — esperado en cualquier duelo—. La experiencia resulta tan fuerte que Lyle cambia por completo su ritmo, su percepción, sus convicciones;

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a pesar de que defiende, al calor de su naturaleza humana, sus valores morales, arraigados en su manera de entender, concebir y actuar en el mundo con firmeza y seguridad. Sin embargo, en ese momento, éstos ya no le satisfacen. Mucho menos piensa en profesarlos, ni en defenderlos con la entereza de tiempo atrás. En medio de su naturaleza psicológica y de su integridad, duda y los critica. Tras la pérdida, los intereses cotidianos de Lyle se vacían de un día a otro, pues enfrenta las dificultades de recuperarse emocionalmente; éstos le provocan amargura, tristeza y una terrible sacudida en el ejercicio de su paternidad. Hay que subrayar que la pérdida de un padre casi siempre es un proceso natural, pero la de un hijo nunca resultará así, y, en el caso de la novela, se convierte en el corazón del desarrollo de Lyle, en el caos, la desolación, el desconsuelo, el amor filial y la súbita muerte. Destaca la profundidad emocional con la que Bluter nos adentra en el conflicto, a través de claras escenas e imágenes narrativas concretas, para describir de cuerpo y alma a Lyle. Partiendo de su añoranza en medio del duelo y de sus consecuencias sociales —distanciamiento, desinterés, coraje, soledad, sufrimiento—, se navega con gran holgura en los pensamientos, en los sentimientos y en las acciones de cada personaje para ofrecerle al lector una prosa con la suficiente solidez para fijarlos en su mente y volverlos inolvidables. En suma, Algo en lo que creer pone sobre la mesa una de las relaciones más significativas en cualquier sociedad: la existente entre padres e hijos, y entre abuelos y nietos, desde una tradición literaria tan sólida como la estadounidense del siglo xx. Centrando el análisis en esa tradición, Bluter nos ofrece una novela entrañable por la contundencia en la construcción de personajes, por la recreación de la época y por los lazos indisolubles en el núcleo familiar de Estados Unidos, tal y como se aprecia a lo largo del desarrollo de la trama. +

Carlos Torres Tinajero. Es licenciado en lingüística. Ha impartido clases de Filosofía del lenguaje y Narratología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Textos suyos han aparecido en Casa del Tiempo, de la uam, y en la Revista de la Universidad, de la unam. Facebook: Carlos Torres Tinajero



Cuento inédito 24

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minutos A

Jaime Ortega

la intemperie no hay para dónde hacerse cuando el calor conspira con la humedad. Por eso, la sombra del mezquite es tu refugio mientras esperas entre espasmos de somnolencia. Te meces hacia enfrente y de regreso, tomándote los codos, quien te viera pensaría que tienes frío. Si al menos hubiera un poco de viento, pero las hojas de los árboles están tiesas. Ya te quitaste las mangas camufladas que utilizas para cubrirte del sol y no ayudó mucho. Tu ropa se disfrazó de toalla para absorber la transpiración, pero las manchas de sudor revelan la verdadera identidad de tu playera y los pantalones de mezclilla. El timbre de tu teléfono te despabila: un burro percherón y una horchata, la orden; El Sazón de la Abuela, el lugar. Justo frente al parque donde esperas. Te acercas a la carreta y avisas de tu llegada. Observas atento la preparación y tragas el exceso de saliva en tu boca. Después de un rato, tienes el pedido en tus manos. “¡Ah, no mames! —reaccionas al ver el tiempo de entrega estimado: 13 minutos— Ni que anduviera a pie”, te retas a ti mismo. Entre frutas, verduras y legumbres, el interior de su refrigerador luce más colorido y con mayor vida que su jardín, donde ya se asoma el fracaso del tercer intento de petunias y suculentas y sólo yergue triunfal el pequeño cactus en la macetita decorada con un te amo. La pulcritud de la casa contrasta con los platos de la cena de anoche en el lavatrastes, la taza del café mañanero en la mesita de la sala y los zapatos a la entrada. No tiene ganas de ensalada, ni de prepararla, ni de probarla, por eso pidió un burro envuelto en tocino. ¿13 minutos?, lee con escepticismo. Aunque eligió una carreta cercana, le parece una estimación muy ambiciosa de la aplicación, pero a la vez le gana la ansiedad. Se coloca sus audífonos, abre Spotify en el celular y pone Shine on You Crazy Diamond. A ver si es cierto, 13 minutos y 31 segundos dura su canción favorita de Pink Floyd. Se acomoda en el sillón, medio sentada, medio acostada, justo donde el aire le hace mimos, y cierra los ojos. El repartidor tendrá medio minuto extra de gracia para llegar a su puerta. Subirte a la moto es un alivio. Pagas el precio de aprisionar tu cabeza con el casco húmedo a cambio del aire que se mete entre tus ropas. También por eso aceleras y evitas los altos, serpenteas entre los autos, te subes a las banquetas, utilizas los carriles para bicicletas. El tiempo no es el problema; estar en movimiento te calma, a mayor velocidad, mayor recompensa. Y si cancelaran el pedido —la idea te da vueltas en la cabeza—, podrías comértelo. Pero cometiste un error: pensaste en ello, porque las cosas que crees que van a pasar nunca suceden, ese tipo de cosas pasan cuando menos lo imaginas. Ya te chingaste. El primer cambio de ritmo le hace entreabrir un ojo y ve que han pasado cuatro minutos y cinco segundos de la canción. Recorre con la mirada la sala y, ahora que no hay juguetes regados, libros mal puestos ni el cenicero lleno de colillas, le parece muy grande para una sola persona. Vuelve a cerrar los ojos y se pierde en las memorias: el viaje por toda la carretera costera, cuando se descompuso el carro y tuvieron que dormir ahí; el día que fueron al restaurante a desayunar y salieron “ahogados” hasta que los corrieron a medianoche; la vez que vendieron el vuelo de regreso a cambio de una noche de hotel y 200 dólares para cada uno; el día que lo conocieron después de una labor de parto de 36 horas… la primera Navidad… Se obliga a detenerse, a no seguir la cronología, a volver hacia atrás. Te vale madre que te llamen la atención por no seguir la ruta del gps, cómo chingados vas a hacerle caso a un aparato si tú sabes cortar camino, conoces la ciudad mejor que nadie y cada viaje, cada cálculo que te hacen del tiempo, es un reto. Siempre traes prisa: cuando conduces, cuando comes, cuando cagas, cuando coges, cuando duermes, si es que puedes, porque cuando estuviste encerrado el tiempo se detuvo adentro, pero afuera siguió su marcha; te dejó atrás y ni siquiera volteó a ver dónde andabas; por eso al salir estás desesperado por recuperarlo. Y, por más que te esfuerces, sabes que ya nunca volverá a ser lo mismo.


Cuando el sonido de la guitarra se esconde, la intensidad de la melodía desciende. Van seis minutos y medio; lo sabe porque esa parte le encanta. La ironía llega sola a su mente. “Ya me puedo morir tranquila”, fue lo que le dijo, emocionada, cuando Roger Waters terminó de cantarla en el Zócalo. Aún lamenta haberse perdido medio concierto por no medirse, fumó demasiado y sólo recuerda la primera hora. Le pasó otras veces, pero nunca le pesó tanto. La banda, el lugar, el viaje tan largo. Han pasado cinco años, pero de repente siente que en realidad han sido cinco vidas. Su estómago le recuerda que tiene hambre. Te detienes frente a la casa número 7, revisas el aparato y sonríes al ver que sólo van ocho minutos. Volviste a ganar y esta vez nadie te lo discutirá. El protocolo dice que tienes que esperar a que salga, pero tú vas y tocas la puerta. No recibes respuesta y observas por la ventana. Te acercas para pegar tu frente al vidrio y alcanzas a distinguirla: un pie y la coronilla de su cabeza con algo que parece una diadema te dan la pista de que está sentada en un sillón. Vuelves a tocar y no se inmuta. De pronto valoras la posibilidad de que se haya quedado dormida. Si eres paciente, aún puedes comértelo, pero a la chingada: tú no eres de los que esperan. Estiras el brazo hasta tomar la manija, giras y no hay nada que lo impida. El aire helado viene acompañado de un golpe de adrenalina. El primer paso es el más complicado, pero no tanto como para hacerte dudar. Ya que pusiste un pie adentro, no hay marcha atrás. Caminas acariciando el piso hasta quedar detrás de ella y observas sus manos tocando un piano imaginario. “¡Verga!”, maldices dentro de ti. Su voz te estremece, te sorprende, se te cayó el paquete de comida. No te mueves, eres una roca. “Remember when you were young…?”, canta, pero inmediatamente se detiene y por alguna razón no puede seguir. Ni siquiera tiene la intención de abrir los ojos. Van alrededor de nueve minutos, y se supone que faltan cuatro para que llegue el repartidor. Le enorgullece la calma en sí misma y se lo atribuye a la indiferencia que le tiene a la muerte desde aquel día. Se saltó la negación y la corriente la arrastró directo a la ira, hasta encontrar un remanso de resignación en el que navega sin importar a dónde la lleve el viento. Una lágrima se le escapa, no puede ser otra cosa que el requinto de David Gilmour, ¿o sí? Después de un momento, recobras tu osadía y caminas hacia atrás, lento, sin perderle de vista, hasta que topas con la cocina. Das media vuelta e inspeccionas el lugar: algo te molesta, sientes que te echaron cal en la garganta. Te llama la atención el cuchillo en el lavatrastes, de reojo parece impregnado de sangre… los recuerdos, los lamentos, pero ya que lo ves bien la salsa que se ha secado tiene una apariencia distinta. Volteas a verla, sigue ahí mismo, estática. Abres la llave y llenas el vaso para tomar agua y sentir alivio. Agarras la esponja, la impregnas de jabón y comienzas a tallar; batallas con el plato: tiene la comida bien pegada, si la hubiera dejado remojando —piensas—, sería más fácil. Te desesperas. No es tu culpa que no se pueda limpiar. Tampoco fue tu culpa esa vez que llegaste tarde a tu casa y te topaste con la cinta amarilla; si hubieras cumplido con la hora, todo habría sido distinto, pero ya no te culpes, no podías saberlo. Uno de sus pies sale de su letargo, contagiado por el ritmo del saxofón, que se roba el protagonismo de la melodía. Frota sus manos sobre la superficie suave del sillón, la zurda explora la unión entre los dos cojines y palpa algo que le resulta familiar. Se permite abrir los ojos y sin mover la cabeza dirige la mirada a su mano, que sostiene un muñequito. Es cierto que desde ese día no tiene miedo a morir, pero ¿por qué no puede controlar el temblor en sus piernas? Quizá también sea capaz de perderle el miedo a vivir. El silencio la sorprende; baja los audífonos al cuello y espera unos instantes para comprobar la ausencia de ruido; se levanta y da media vuelta. Corres lo más rápido que puedes: no te importa la moto, tampoco el perro que te persigue ladrando. Mientras avanzas por la banqueta, una mujer abraza su bolsa, un hombre carga a su hijo, otros se bajan a la calle antes de que te topes con ellos. Te compadeces de todos, casi tanto como de ti mismo. Cualquiera pensaría que estás huyendo de alguien, tus manos están heladas y tu cabeza caliente. El sonido, la vibración, el vistazo obligado y la gran sorpresa al ver el monto extra de la propina en tu celular. Te detienes y suspiras, lo meditas un poco y decides ir a la misma carreta a comerte el burro para quitarte el antojo. Irás caminando. Más tarde volverás a su casa a recoger la moto.

Felicitamos al ganador del concurso Un Cuento Más, con motivo de la convocatoria de cuento inédito con la temática del número 13, por el 13 aniversario de Lee+. El ganador obtuvo una tarjeta de regalo Gandhi de dos mil 500 pesos y la dramatización del cuento en nuestro pódcast Desde el Librero.




LOS LEÍDOS NO FICCIÓN

FICCIÓN BOULEVARD Flor M. Salvador MONTENA

EMMA Y LAS OTRAS SEÑORAS DEL NARCO Anabel Hernández GRIJALBO

Luke y Hasley no eran el prototipo de la pareja perfecta. Sin embargo, ambos definieron lo que crearon: una historia en la que dos adolescentes inventan su propio boulevard ante la llovizna que hay en sus corazones, con un cielo pintado de azul cálido en una parte, y otra de un azul eléctrico que se tiñe con un grisáceo nostálgico.

Este libro forma parte del largo recorrido periodístico de Anabel Hernández dentro del complejo mundo del crimen organizado en México. En estas páginas desfilan personajes como Emma Coronel y otras esposas de importantes narcotraficantes, una ex-Miss Universo, y algunas de las actrices, cantantes y conductoras de televisión más reconocidas y aplaudidas.

LA BIBLIOTECA DE LA MEDIANOCHE Matt Haig ALIANZA DE NOVELA

EL INFINITO EN UN JUNCO Irene Vallejo DEBOLSILLO

Sin saber cómo, Nora Seed aparece en la Biblioteca de la Medianoche, donde se le ofrece una nueva oportunidad para hacer las cosas bien. Hasta ese momento, su vida ha estado marcada por la infelicidad y el arrepentimiento. Nora siente que ha defraudado a todos, y también a ella misma. Pero, ¿esto está a punto de cambiar?

LA CANCIÓN DE AQUILES Madeline Miller ALIANZA DE NOVELAS

EL PODER DEL AHORA UN CAMINO HACIA LA REALIZACIÓN ESPIRITUAL Eckhart Tolle GRIJALBO

De la autora de Circe, una epopeya inolvidable: Grecia en la era de los héroes. Patroclo, un príncipe joven y torpe, ha sido exiliado al reino de Ftía, donde vive a la sombra del rey Peleo y de su hijo, Aquiles. Aquiles, el mejor de los griegos, es todo lo que Patroclo no: fuerte, apuesto, hijo de una diosa. Él lo toma bajo su protección y ambos se adentran en las artes de la guerra.

El poder del ahora es un libro único. Tiene la capacidad de crear una experiencia en los lectores y cambiar su vida. Hoy es considerado una obra maestra. Para lograr la iluminación sólo tenemos que comprender nuestro papel como creadores de nuestro dolor. Es nuestra mente la que causa los problemas con su corriente de pensamientos, atándose al pasado, preocupándose por el futuro.

VIOLETA Isabel Allende PLAZA JANÉS

WTF CON EL SAT Paulina Casso AGUILAR

La épica y emocionante historia de una mujer cuya vida abarca los momentos históricos más relevantes del siglo xx. Violeta viene al mundo un tormentoso día de 1920, es la primera niña de una familia de cinco bulliciosos hermanos. Su vida estará marcada por acontecimientos extraordinarios: todavía se sienten las ondas expansivas de la Gran Guerra cuando la gripe española llega a su país.

NOSOTROS EN LA LUNA Alice Kellen PLANETA MÉXICO

Tras el éxito de Deja que ocurra vuelve Alice Kellen con una novela que te enamorará. No hay nada más eterno que un encuentro fugaz. Cuando Rhys y Ginger se conocen en las calles de París, no imaginan que sus vidas se unirán para siempre, a pesar de la distancia y de que no puedan ser más diferentes. Una historia sobre el amor, el destino y la búsqueda de uno mismo.

JÓVENES

En unos pocos meses, este ensayo se ha convertido en uno de los más influyentes. Su recorrido por la historia del libro en los tiempos de Grecia y Roma —que también se interna en otras épocas— nos revela la señas de identidad de una de las creaciones más importantes de la humanidad, así como su impacto en la vida cotidiana.

ANTES DE DICIEMBRE Joana Marcús MONTENA

FLEUR Ariana Godoy MONTENA

TRILOGÍA FUEGO 1. CIUDADES DE HUMO Joana Marcús CROSSBOOKS MÉXICO

Ésta es una fresca guía de supervivencia que explica —con manzanas, memes y referencias a la cultura pop— cómo se puede afrontar una de las más duras responsabilidades de ser adulto y salir avante en los encuentros con nuestro peor enemigo: el Servicio de Administración Tributaria (alias el sat) y los fastidiosos impuestos.

EL CLUB DE LAS 5 DE LA MAÑANA: CONTROLA TUS MAÑANAS, IMPULSA TU VIDA Robin Sharma GRIJALBO

Robin Sharma desarrolló el Club de las 5 de la mañana hace más de veinte años, gracias a los revolucionarios hábitos que le permiten a sus clientes incrementar la productividad, mejorar su salud y afrontar con serenidad la época en que vivimos. Este libro, de profundo impacto personal, nos descubrirá las rutinas que han hecho posible que muchas personas alcancen grandes resultados al tiempo que nuestra felicidad y vitalidad aumenta.

ROJO, BLANCO Y SANGRE AZUL Casey Mcquiston MOLINO

PERFECTOS MENTIROSOS 1 Alex Mírez MONTENA


ELECTRÓNICOS

ARTE Y RECREACIÓN LAS MEDIDAS DE UNA CASA Xavier Fonseca EDITORIAL TERRACOTA

ENCUENTRA TU PERSONA VITAMINA Marian Rojas Estapé ESPASA

¿Por qué hay personas que nos hacen sufrir tanto y otras que nos generan confianza y cuya sola presencia nos reconforta? ¿Por qué hay gente que tiene tendencia a establecer relaciones complicadas y dolorosas? Encuentra tu persona vitamina te ayudará a comprender tu historia emocional.

MANDALAS PARA LA ABUNDANCIA Y PROSPERIDAD Patricia López Caballero DIANA

LA DISPUTA POR MÉXICO Alejandro Paéz Varela / Álvaro Delgado HarperCollins

México vive una guerra interna por el control de la Nación. Dos bandos buscan controlar su destino. Durante 40 años, el país estuvo montado sobre los rieles del neoliberalismo que acentuó la pobreza y la desigualdad. La élite, sin embargo, perdió el poder hegemónico. Una fuerza surgida de la izquierda, abiertamente opositora al neoliberalismo —pero aún metida en esos zapatos—, tomó el control federal en 2018.

El mandala o “círculo sagrado” es una poderosa y antigua herramienta de meditación que nos recuerda que el orden natural del universo está siempre presente en nuestra realidad. Su coloreado consciente acalla el ruido mental diario, nos devuelve el equilibrio interior y nos conecta con la sabiduría del alma. Este libro ha sido creado para ayudarte a manifestar abundancia en todas las áreas de tu vida.

MI LIBRO DE MANDALAS Magdalena Servín ÉPOCA

ROMA SOY YO Santiago Posteguillo EDICIONES B

Hay personajes que cambian la historia del mundo, pero también hay momentos que cambian la vida de esos personajes. Roma soy yo es el relato de los extraordinarios sucesos que marcaron el destino de César.

Dibujar o pintar mándalas es una terapia que se está usando cada día más. Su diseño es libre y su significado dependerá de las formas y los colores que incorporen para lograr un proceso de introspección que nos permitirá viajar hacia el conocimiento de nuestra mismidad y sus poderes.

LA CANCELACIÓN Javier Jimenez Espriú GRIJALBO

MARAVILLOSAS MANDALAS DEL REINO ANIMAL Magdalena Servín ÉPOCA

La decisión de cancelar el aeropuerto que había empezado a construirse en Texcoco durante la administración de Peña Nieto, sin duda fue “el sello, el punto de partida, el pecado original” del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. En este libro, quien fuera secretario de Comunicaciones y Transportes revela los pormenores de tal determinación.

En unos pocos meses, este ensayo se ha convertido en uno de los más influyentes. Su recorrido por la historia del libro en los tiempos de Grecia y Roma —que también se interna en otras épocas— nos revela la señas de identidad de una de las creaciones más importantes de la humanidad, así como su impacto en la vida cotidiana.

LOS COMPAS Y LA ENTIDAD.EXE Mikecrack, El Trollino Y Timba VK MARTÍNEZ ROCA

HABÍA UNA VEZ. MEXICANAS QUE HICIERON HISTORIA Pedro J. Fernández ALFAGUARA INFANTIL

Dibujar o pintar mándalas es algo más que un pasatiempo: mientras nuestros colores los iluminan tenemos la posibilidad de hacer un alto, de asomarnos a nuestro interior, de concentrarnos en aquello que nos importa y, por supuesto, de crear maravillas que nos reconcilian con el reino animal, ésta es la apuesta de esta obra.

LA BIBLIA DE LOS LICUADOS VERDES Kristine Miles DEBOLSILLO

EL INFINITO EN UN JUNCO Irene Vallejo DEBOLSILLO

NIÑOS

Esta obra imprescindible da al profesionista y al usuario, de manera clara y sencilla, todos los datos de la antropometría, análisis de mobiliario, diseño urbano, control ambiental, incluyendo el uso de energía solar, circulaciones y otros. Además, incluye un capítulo sobre las necesidades para conjuntos y zonas habitacionales.

JUGUEMOS A LEER. LIBRO DE LECTURA Y CUADERNO DE EJERCICIOS Rosario Ahumada EDITORIAL TRILLAS

Los licuados verdes no sólo están de moda: gracias a ellos puedes maximizar tu salud y bienestar. ¿Sabías que tomar un licuado verde al día, hecho a base de frutas y vegetales, puede incrementar dramáticamente la cantidad de nutrientes que necesita tu cuerpo para protegerte? La prestigiosa fisioterapeuta y chef Kristine Milespone a tu alcance más de 300 deliciosas y sencillas recetas.

MUJERCITAS Louisa May Alcott ALFAGUARA INFANTIL

LOS COMPAS Y EL DIAMANTITO LEGENDARIO Mikecrack, El Trollino Y Timba VK MARTÍNEZ ROCA





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