
250 años de su nacimiento







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250 años de su nacimiento







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Si algo nos ha quedado claro con el paso de los años es que Jane Austen abrió un resquicio que nos muestra que al nombrar lo pequeño descubrimos los cimientos de las osadías. Desde una mesa diminuta en Hampshire, sin universidades ni salones literarios, Austen escribió con la claridad de quien entiende que la vida cotidiana —sus costuras, sus silencios, sus ironías— es materia literaria de primer orden. El próximo 16 de diciembre de 2025 se cumplen exactamente 250 años del nacimiento de Jane Austen, y celebramos algo mucho más subversivo que su genio literario: que se convirtió en la empresaria literaria más astuta de su tiempo. Negoció personalmente cada contrato, rechazó pagos únicos para exigir porcentajes sobre beneficios, cambió de editor cuando no le convencieron las condiciones, manejó su propio dinero en una época en que las mujeres solteras apenas tenían derechos sobre él y, sobre todo, decidió que su pluma valía más que cualquier anillo de compromiso. Demostró, en definitiva, que una mujer de clase media, sin fortuna ni contactos en Londres, podía revolucionar la novela moderna y, al mismo tiempo, dirigir su carrera con la frialdad y la visión de una auténtica CEO dos siglos antes de que existiera el término. Austen abrió la puerta para que lo que otras mujeres narraban fuera más tomado en cuenta, para que la escritura sobre lo cotidiano se entendiera como un registro crítico, para que la literatura aceptara la potencia de los detalles. Sobre esta irrupción escribe Aura Cruz Aburto, mientras que Magali T. Ortega, @nenamounstro, nos habla sobre el primer fan de la escritora inglesa (spoiler: fue un señor).
Por su parte, Anita Mejía escribe acerca de las escritoras que leyó Austen, como Charlotte Lennox, cuya Arabella, protagonista de The Female Quixote, inspiraría la creación de personajes del universo austeniano, como Marianne Dashwood o Lydia Bennet. A la vez, nos adentra en las obras de las hermanas Brontë, Elizabeth Gaskell, George Eliot o Virginia Woolf quienes, de algún modo, encontraron en la obra de Austen oro molido para labrar su trabajo literario.
No podíamos dejar a un lado la moda pues, aunque haya personas a las que les duela aceptarlo, en Jane Austen tenemos una fashion icon en la que reconocemos una mirada siempre atenta que nos da claves para entender la evolución de la indumentaria de la época de la Regencia y las implicaciones que tiene cada prenda en la vida cotidiana de las mujeres. Con su texto, Adriana Romero nos demuestra que poner el ojo en estos detalles no es minimizar el impacto de la obra de Austen.
Pero leer a Austen hoy también implica reconocer que su escritura forma parte de una red más amplia, múltiple, que se expande hacia muchas direcciones y una de ellas apunta hacia la escritora nigeriana, Chimamanda Adichie. Ambas escriben contra una forma de tutela, ambas entienden que la libertad no se proclama: se practica. La conversación es una de las actividades que revaloramos después de volver a visitar las novelas de la escritora inglesa, por eso este número también contiene entrevistas con Gilraen Eärfalas que nos enseña que las heridas nos hermanan. David Vallejo nos lleva a explorar los confines del universo y la conciencia humana, y Alejandra Gotóo nos invita a pensar que el amor está en otra parte.
Desde Lee+, los convidamos a que revisiten o descubran la obra de Jane Austen, cuya autonomía no fue sólo literaria, sino vital.+
Yara Vidal
Directora general
Revista Lee+ de Librerías Gandhi





Editor responsable: Yara Beatriz Sánchez De La Barquera Vidal, Distribución: Librerías Gandhi, S.A. de C.V., Dirección: Calle Comunal No.7, Col. Agricola Chimalistac, C.P. 01050, Alcaldía Álvaro Obregón CDMX. Número de Reserva al Título ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2009-051820092500-102. Certificado de Licitud de Título No. 14505 y Certificado de Licitud de Contenido No. 12078 expedidos en la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Registro Postal EN TRÁMITE. Preprensa e impresión: Fotolitográfica Argo, Bolivar 838, Col. Postal. Alcaldía Benito Juárez, C.P. 03410, CDMX. Título incorporado en el Padrón Nacional de Medios Impresos de la Secretaría de Gobernación. Queda prohibida la reproducción parcial o total, directa e indirecta, por cualquier medio o procedimiento, del contenido de la presente obra, sin contar con la autorización previa, expresa y por escrito del editor, en términos de


Por Yara Vidal

SLa señorita Austen comprendía la pequeñez de la vida a la perfección.
Fue una gran artista, igual en su pequeña esfera a Shakespeare. Alfred Lord Tennyson (1870)
e cree que comenzó a escribir desde los once años, cuando abandonó la escuela, y creó varias novelas antes de los veintidós años, pero no se publicaron hasta los treinta y cinco. Desde la rectoría de un pueblo llamado Steventon (en Hampshire), Jane nacida en 1775, la joven autodidacta, ya escribía con furia. Desde pequeña tuvo acceso a la biblioteca de su padre, el párroco del pueblo —con más de 500 volúmenes— pero ni universidad ni viajes al extranjero ni entrada en los salones literarios londinenses le enseñaron a escribir.
Con tan sólo una pequeña mesada, una mesa de 50 centímetros y una inteligencia que veía el mundo con dos siglos de ventaja, leyó, observó y escribió hasta convertirse en una de las escritoras más revolucionarias de la historia. Lejos de la imagen romántica de la solterona tímida que escribe en secreto, Jane Austen fue una autora audaz, negociante implacable y pionera técnica que, literalmente, inventó la novela tal como la conocemos hoy.
A más de dos siglos de su fallecimiento, sus seis novelas completas —Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio, Mansfield Park, Emma, La abadía de Northanger y Persuasión— se leen y se quieren de manera universal. Están traducidas a decenas de idiomas, se adaptan constantemente al cine, la televisión y el teatro, han inspirado secuelas, precuelas y toda clase de derivados, y cuentan con festivales, clubes y asociaciones dedicados en su honor.
Su nombre evoca de inmediato ingenio, aguda observación social y una
comprensión profunda de la experiencia femenina a principios del siglo xix La admiramos como cronista de la sociedad, maestra de la comedia y escritora universal.
En tiempos más recientes, el crítico John Mullan ha asegurado que sólo Shakespeare y Dickens pueden competir con el duradero atractivo internacional que sigue teniendo Austen y lo seguirá conservando por muchas generaciones más. (What Matters in Jane Austen?, 2012).
La empresaria que se ade- lantó a su época
Jane Austen fue una mujer de negocios en una época en que las mujeres apenas tenían derechos sobre su propio dinero.
En 1803 vendió los derechos de Susan (que se convertiría en La abadía de Northanger) al editor Crosby por sólo 10 libras. Seis años después, harta de que el libro estuviera en un cajón, escribió una carta incendiaria bajo el seudónimo Mrs. Ashton Dennis en la que exigía su publicación o devolución del manuscrito. “Señor, hace seis años que estoy esperando”, decía. Crosby cedió y le devolvió los derechos. Fue la primera vez que una mujer recuperaba así su propiedad intelectual.
En 1811, con ayuda económica de su hermano Henry, publicó Sentido y sensibilidad on commission: asumió ella misma los costos de impresión y publicidad, conservó el copyright y cobró el 100% de los beneficios menos la comisión del editor (10%). El libro se agotó
en dos años y le dejó 140 libras limpias — equivalente a unos 15 mil euros actuales—. Orgullo y prejuicio (1813) fue aún mejor: vendió la primera edición en meses y ganó más de 450 libras en total. Con Mansfield Park (1814) y Emma (1815) repitió la fórmula de comisión, negociando personalmente con el prestigioso John Murray —el editor de Lord Byron y Walter Scott— y exigiendo porcentajes en lugar de pagos únicos.
Cuando Murray quiso publicar una segunda edición de Mansfield Park con cambios que no le gustaban, Austen se plantó y cambió de editor. Su salud estaba deteriorada y dejó instrucciones precisas para que su familia publicara póstumamente Persuasión y La abadía de Northanger. En total, entre 1811 y 1817 ganó más de 600 libras con sus libros —dinero que manejó ella misma, algo extraordinario para una mujer soltera de la época de Regencia—. Al respecto la autora Helen Fielding comenta: “Negoció como una CEO. Sabía exactamente lo que valía”.
La verdadera genialidad de Austen no fue sólo comercial. Austen inventó dos recursos literarios que hoy damos por sentados y que, juntos, crearon la novela moderna. El primero es el estilo indirecto libre (free indirect speech o FID, en inglés). Antes de Austen, las novelas eran omniscientes y distantes en primera persona epistolar. Austen fundió ambas cosas: el narrador en tercera persona se “contagia” del lenguaje, el tono y los prejuicios del personaje sin avisar al lector. No dice “Elizabeth pensó”, simplemente desliza los pensamientos de Elizabeth en la narración.

Un ejemplo clásico de Orgullo y prejuicio:
Era un hombre alto, de agradable figura y modales distinguidos. [...] ¡Qué hombre tan extraordinario! ¡Qué ojos tan expresivos!
¿Quién habla? El narrador dice que Wickham es alto y agradable, pero lo de los “ojos expresivos” es puro Elizabeth enamorándose. El lector entra en su cabeza sin transición. Austen hace esto durante páginas enteras, especialmente con sus heroínas. El efecto es devastador: la ironía surge sola, porque vemos los errores de juicio del personaje en tiempo real.
En Emma, la novela más experimental, el FID alcanza su cumbre. Pasamos cientos de páginas dentro de la mente de Emma Woodhouse, convencida de que Frank Churchill está enamorado de ella, de que Harriet debe casarse con Elton... y el narrador nunca la corrige directamente. Sólo deja que la realidad choque contra sus ilusiones. Virginia Woolf diría después:“Por primera vez sentimos que los personajes piensan y sienten por sí mismos”. “Ella inventó la forma de escribir sobre los pensamientos”.“De todos los grandes novelistas, Austen es la que más difícilmente deja que el lector escape de la mente de sus personajes”.
El segundo gran invento es la focalización sostenida en una sola conciencia. Antes, los narradores saltaban de cabeza en cabeza. Austen decide quedarse casi siempre con la heroína (salvo excepciones contadas en Persuasión). Eso crea intimidad psicológica inédita y permite la ironía dramática: sabemos más que el personaje, pero sentimos con él.
Como explica la académica Louise Curran en el documental Jane Austen: Rise of a genius (BBC): “Austen nos mete en la cabeza de Anne Elliot o Elizabeth Bennet y nos obliga a juzgar el mundo con sus ojos equivocados. Es una herramienta ética: aprendemos a ser mejores lectores de las personas”.
También usó la ironía como un arma precisa. Mientras las novelas sentimentales de la época derramaban lágrimas y desmayos, Austen ridiculizaba a la sociedad desde dentro. En Orgullo y prejuicio convierte el matrimonio en un mercado donde las mujeres venden su única mercancía: ellas mismas. Pero lo hace con tanta elegancia que los lectores de 1813 se reían sin sentirse ofendidos. Era una subversión disfrazada de comedia de salón.
Tercer dato (casi desconocido): fue una mujer de negocios implacable en una época en la que las damas “decentes” no tocaban dinero. En 1811, con Sentido y sensibilidad, hizo lo que ninguna autora había hecho: pagó de su bolsillo la edición (a riesgo total), negoció el porcentaje con el editor Thomas Egerton y se quedó con los derechos de autor. El libro se agotó en dos años y le dejó 140 libras limpias, más de lo que ganaba su hermano clérigo en un año. En 1813 repitió la jugada con Orgullo y prejuicio: 110 libras de inversión, 600 de beneficio. En 1815, con Emma, cambió de estrategia y vendió los derechos directamente por 400 libras. Tres modelos de negocio distintos en cinco años. Ningún escritor de la época manejaba su carrera con esa frialdad empresarial.
Cuarta genialidad: la autopublicidad sutil. Publicó anónimamente (By a Lady), pero se aseguró de que todo Hampshire supiera quién era la autora. Cuando el Príncipe Regente (futuro Jorge IV) le pidió que le dedicara Emma, ella lo hizo… con una dedicatoria tan irónicamente servil que rozaba la burla. El príncipe quedó encantado; ella se aseguró publicidad real. Quinta y última: escribió siempre en secreto. Seis novelas perfectas nacieron en silencio absoluto, entre visitas, bordados y tés.
Jane
Austen es una de las autoras más célebres y adoradas de toda la literatura inglesa, y muchos la sitúan inmediatamente después de Shakespeare en importancia.
En Chawton Cottage (el último refugio que le regaló su hermano Edward en 1809) Austen escribió o revisó sus cuatro últimas novelas. Allí, sentada en una mesita diminuta junto a una puerta que chirriaba para avisarle cuando entraba alguien (y así esconder el manuscrito), creó obras que han sido traducidas a más de 50 idiomas, adaptadas cientos de veces y que siguen generando millones.
Murió a los 41 años, en 1817, sin ver la fama mundial que alcanzaría. Pero dejó algo más valioso: demostró que una mujer soltera, de recursos modestos y de un pueblo perdido podía revolucionar la literatura y, al mismo tiempo, gestionar su carrera con una inteligencia comercial que aún hoy asombra.
Hoy el mundo literario universal celebra a la escritora; a la empresaria, a la innovadora técnica, a la mujer que se adelantó dos siglos, a la genio. La escritora Kate Atkinson comenta: “Sin Austen no tendríamos a Flaubert, no tendríamos a Woolf, no tendríamos la novela psicológica moderna. Y, de paso, nos enseñó que una mujer puede ser tan astuta en los negocios como en las letras”.
Dos siglos y medio después de su nacimiento, Jane Austen sigue siendo la primera CEO de la literatura moderna. Y la más grande.+



La evolución de la mujer en la literatura inglesa
Por Anita Mejía



Qué piensas cuando escuchas el nombre de Jane Austen por la calle? O al abrir una revista y leerlo, o cuando pides una reco-
Hubo varios ingredientes para que Jane Austen se convirtiera en ese mito moderno tan querido. Como suele decirse, todo empieza

Sí, pero no exactamente.
Sabemos —por cartas, diarios y documentos familiares— que el ambiente en casa de los Austen era intelectualmente estimulante: se valoraban la conversación, la creatividad, el humor, el ingenio, la educación y la lectura. Poseían una colección de libros que abarcaba desde literatura clásica y contemporánea —de su tiempo—, novela y poesía, historia, viajes y religión. Y no menos importante —y necesario—, un hogar afectuoso.
Pero si esa fuera la receta para crear a una autora de renombre, ¿por qué fue la única de sus hermanos que trascendió las épocas con sus escritos?
Parte de la respuesta está en sus personajes. Ella se reescribió, se pensó y se reflejó en ellos: heroínas inteligentes, ingeniosas, con un fuerte sentido moral y del deber, pero también capaces de evolucionar a través de sus errores y experiencias.
Y, aun así, falta algo: el contexto. La genealogía literaria de mujeres que escribieron antes que Jane Austen y que ella leyó con atención. Y, del otro lado, esa larga lista de escritoras que crecieron leyendo a Austen, cuya influencia echó raíz en sus
Pongamos manos a la obra y zambullámonos en esa doble corriente: la de las que la precedieron y la de las que vinieron después. Porque Austen es un punto de inflexión entre el romanticismo pasional del y la moralidad moderna del xix, entre la heroína impulsiva y la mujer racional y autoconsciente.
Arabella, Lady Julia, Mary, Emmeline, Moll Flanders, Evelina, Roxana, Clarissa, Cecilia, Betsy… son sólo algunos nombres que vienen a la mente al pensar en las heroínas del siglo xviii. La mayoría fueron creadas por mujeres que, mucho antes de Austen, ya estaban tratando de entender los límites del comportamiento femenino en un mundo lleno de reglas sociales que comenzaba a encorsetarlas. Escribieron sobre el papel asignado a las mujeres por defecto y lo perjudicial que era salirse de él.
Las heroínas que creaban eran románticas y pasionales: mujeres
que huyen y persiguen una fantasía, que “caen en desgracia” y tropiezan con su propio idealismo. Y también —aunque menos— las hay más formativas y racionales: mujeres que buscaban modelar la virtud. Empecemos esta cronología con Charlotte Lennox, una ingeniosa autora que, a raíz de un experimento literario en el que feminizaba la figura del Quijote y sus deseos, logró crear uno de los personajes femeninos más llamativos e icónicos de su época: Arabella, The Female Quixote (1752). Arabella es una joven con el juicio trastornado por su obsesión con la lectura de romances heroicos franceses, al punto de ya no distinguir entre ficción y vida real. Charlotte Lennox se burla del exceso romántico, pero también lo celebra: Arabella representa esa imaginación sin freno que más adelante Jane Austen retomará en varios de sus personajes. Por ejemplo, la apasionada Marianne, de Sense and Sensibility, o Lydia Bennet, de Pride and Prejudice, que por idealizar a un caballero meten las cuatro patas —una acaba con el corazón hecho cachitos y la otra en medio de un escándalo—. O la audaz e irónica Elizabeth Bennet, que, aun siendo prudente en comparación, es sentenciada con la letanía de que tanta lectura podría distraerla de lo que debería ser su principal preocupación: el matrimonio. Y, por no dejar ejemplos en el bolsillo y siendo más directa, Catherine Morland, protagonista de Northanger Abbey, es básicamente una Arabella modernizada que ve fantasmas donde no los hay y cree estar dentro de una novela gótica de Ann Radcliffe, otra de las grandes influencias de nuestra querida Jane. No puedo dejar de mencionar a la escritora Fanny Burney, una de las novelistas más populares del siglo xviii y quizá la influencia más directa de Jane Austen. Con Evelina (1778) y Cecilia (1782) estableció la norma de la “novela de modales”: una joven que entra en sociedad y debe aprender a interpretar los códigos de clase, los modales y la hipocresía de los demás. Fanny combinó el sentimentalismo con una observación social minuciosa y con humor. Utilizó lo cómico y lo vergonzoso —bailes incómodos, conversaciones torpes y personajes presuntuosos—, la tensión entre clases sociales, los malentendidos y heroínas que maduran sin perder el espíritu. Todos estos son elementos que podemos ver claramente en la obra de Jane Austen. Incluso Orgullo y prejuicio puede leerse como una versión depurada de Evelina, pero menos sentimental, más lúcida y más moderna. La influencia es inmensa.
Continuemos con “la genia de la literatura gótica” y autora de The Mysteries of Udolpho (1794), Ann Radcliffe. Además de popularizar el género,

abrió un espacio psicológico para la mujer lectora y protagonista. Jane Austen la leyó en su juventud y comprendió tanto el atractivo como las exageraciones del gótico. Northanger Abbey le rinde homenaje y, al mismo tiempo, la parodia: su protagonista, Catherine Morland, fascinada por el misterio y el terror, descubre que su entorno cotidiano resulta mucho más trivial. Jane adopta de Ann la idea de que la imaginación puede distorsionar la percepción de la realidad y que las emociones intensas pueden conducir al autoengaño, como le sucede a Emily St. Aubert, la heroína de Udolpho. Pero la influencia no se limita a esa novela: se refleja también en el gusto por lo sublime, la lectura, la poesía, la tensión y la construcción del misterio. Muchas de las heroínas más ingenuas y soñadoras de Jane, las historias ocultas, los secretos familiares, la figura del castillo o la casa como espacio de revelación moral —Pemberley, Mansfield Park, Northanger Abbey misma— fueron influenciadas, aunque con una pizca de ironía, por las largas novelas de Ann, que muchos tachan de lentas injustamente. Ann creó un universo femenino de contemplación y análisis: escribió a mujeres que hacen viajes larguísimos, jóvenes aventureras que enfrentan atracadores, vagabundos, maldiciones y tragedias, así como Austen enfrenta a sus personajes con caballeros embusteros, de doble moral, traiciones, malas intenciones y madres egoístas.
Otra notable influencia de Jane Austen, aunque menos conocida en nuestro tiempo, es Charlotte Smith. Con sus novelas Emmeline (1788) y Desmond (1792) le dio a Austen un modelo más político: sensibilidad con conciencia social. Fue de las primeras en hablar del divorcio, la ruina económica, la desigualdad y la educación femenina. Austen recoge ese contexto y lo convierte en lo que podríamos llamar un realismo con conciencia: detrás de los bailes y las herencias, siempre hay una crítica al destino limitado de las mujeres, una preocupación por la precariedad femenina —las herederas sin fortuna, la dependencia del matrimonio, la rela-
ción entre moral y dinero—. En Sense and Sensibility o Persuasion se ve esa influencia. Además, la habilidad de usar el paisaje como espejo de los sentimientos —el paseo en Persuasion, el campo en Mansfield Park— proviene de la estética de Smith. Austen admiraba su tono de tristeza contenida y su atención a las consecuencias materiales de la moral, aunque evitó su tono político más abierto.
Y antes de todas ellas estuvieron Aphra Behn, Eliza Haywood y los personajes femeninos de Daniel Defoe (Moll Flanders, Roxana) o Samuel Richardson (Clarissa). De ahí viene la figura de la mujer que actúa, que elige, que carga con las consecuencias. Austen hereda ese impulso, pero ya no escribe sobre el castigo de la pasión, sino sobre la integración entre emoción y juicio. Por eso, más que ruptura, ella representa síntesis.
Austen toma todo lo aprendido del siglo xviii y lo filtra. El sentimentalismo, el exceso, la fantasía romántica: todo pasa por el colador de su mente.
Sus heroínas sienten profundamente, pero no se dejan arrastrar —aunque sí sus hermanas, amigas, vecinas o madres—. Son lúcidas, autoanalíticas, incómodamente observadoras.
La ironía en Jane Austen no es distancia emocional: es autodefensa. Donde las protagonistas anteriores se hundían en la emoción, las suyas la traducen en entendimiento, autoconocimiento y acción.
Las autoras y los autores que precedieron a Jane Austen forman dos vertientes complementarias que confluyen en su obra: la línea femenina, centrada en la experiencia privada, la sensibilidad y el lugar de la mujer en la sociedad; y la línea masculina, que aporta estructura, ironía moral y reflexión sobre el juicio. Jane absorbió ambas y las transformó en un sistema narrativo nuevo.
Por eso Jane Austen no niega el romanticismo: lo reinventa. Cambia los castillos góticos por salones de té y de baile, por
mansiones elegantes y jardines majestuosos. Sustituye los barrios bajos, los burdeles o los campos de trabajo por casas de campo de clase media, calles del pueblo o de la ciudad.
Pero el conflicto sigue siendo el mismo: impulso contra razón. Sólo que ahora el amor y la emoción no se miden por su intensidad, sino por la madurez que despiertan.
Después de Austen: las he-
Luego vinieron las herederas: las escritoras del siglo xix que leyeron a Austen como punto de partida. Tenemos a Charlotte Brontë, que, aunque afirmó no sentirse identificada con ella, expresó un rechazo que en realidad revela influencia profunda —podemos corroborarlo en algunas de sus cartas—. Admiraba su inteligencia, pero la consideraba “demasiado serena”. En Jane Eyre (1847) transforma esa serenidad en emoción y usa la pasión como brújula moral —me vuelven a la mente los personajes secundarios de Jane Austen, a los que suele juzgar, a través de sus protagonistas, con ironía.
Jane, como Elizabeth Bennet, es inteligente y reflexiva, pero también apasionada. Su reto no es sólo entender el mundo, sino enfrentarlo. El conflicto que plantea Charlotte entre deseo y razón, y la construcción del carácter moral femenino a través de la introspección, son una continuación del modelo austeniano.
Charlotte convierte la contención emocional de Elinor Dashwood en el fuego contenido de Jane Eyre. La estructura moral —una joven que se enfrenta a su entorno social y encuentra identidad a través de la integridad— viene directamente de Austen, aunque Brontë le añade pasión espiritual y rebeldía.
Si Jane Austen observaba desde la ironía, Charlotte se lanza desde dentro del torbellino; pero el andamiaje psicológico es el mismo.
Su hermana, Emily Brontë, en Cumbres borrascosas (1847), lleva esa tensión al extremo. Si Austen había logrado equilibrio entre emoción y razón, Emily lo rompe por completo y muestra el caos.
Las heroínas de Jane Austen y Catherine Earnshaw comparten una raíz: la voluntad indomable que choca con las convenciones. Jane

había sugerido que el amor pone a prueba la virtud; para Emily, esa prueba se vuelve tragedia. Su universo emocional es desbordado, pero la idea de que el individuo debe leerse a sí mismo —el autoconocimiento como redención o perdición— es herencia directa de Jane Austen.
De las tres hermanas, Anne Brontë fue la más “austeniana” y moralista. En Agnes Grey (1847) y The Tenant of Wildfell Hall (1848) adopta el realismo doméstico, la crítica social desde lo cotidiano y la voz femenina racional que Austen perfeccionó.
Su mirada ética es más frontal, menos irónica, pero tiene el mismo origen: mostrar cómo la virtud femenina no es pasividad, sino conciencia y juicio moral activos.
Anne aprende de Austen la importancia de los pequeños actos —la conversación, la cortesía, la decisión personal— como campo de resistencia y convicción profunda.
En The Tenant of Wildfell Hall, su protagonista, Helen Graham, es racional, íntegra, guiada por principios personales más que por normas sociales: una versión austeniana puesta a prueba por la injusticia real, pero con una madurez emocional más plena.
No puedo continuar esta lista sin mencionar a una autora que nos sigue cautivando y es tan importante como la misma Jane: Elizabeth Gaskell. Ella es una heredera directa del “realismo moral” de Jane Austen.
En Cranford (1853) o North and South (1855), toma la estructura social que Jane exploró —las jerarquías, la educación sentimental, la movilidad moral— y la amplía al contexto industrial y laboral.
Gaskell convierte la casa en microcosmos social —como hacía Austen—, pero ya no se trata sólo de matrimonios y herencias, sino de clases y conciencia social.
Le da zoom a los problemas domésticos, la economía y los ideales contrapuestos de sus personajes. Sin Jane Austen, Elizabeth Gaskell no habría encontrado la fórmula para narrar lo íntimo y lo político sin perder humanidad.
La ironía suave, el equilibrio entre juicio y compasión, y el retrato a varias voces de la vida cotidiana son su legado más visible.
George Eliot (Mary Ann Evans), en cambio, profundizó en el realismo psicológico de Jane Austen e intelectualizó. Mientras Jane partía del comportamiento visible, George Eliot exploró las motivaciones internas, los dilemas de la conciencia y las tensiones entre deber y deseo. En Middlemarch (1871), la herencia es evidente: un sentido ético sin moralismo, el análisis de la conciencia y las consecuencias de las decisiones personales.
Eliot admiraba la “justicia” narrativa de Jane —su manera de no juzgar con dureza, sino con inteligencia— y la llevó a su máxima expresión. Ambas concibieron la novela no como melodrama, sino como una forma de conocimiento del carácter humano.
George Eliot amplifica el método de observación paciente, la contemplación y la voz omnisciente reflexiva.
Dorothea Brooke es una versión evolucionada de Elinor Dashwood, de Mary y Elizabeth Bennet, de Anne Elliot — aunque éstas sin el mismo afán de servicio social—: analítica ética, y con una inquietud espiritual más amplia. En sus manos, la ironía social de Austen se transforma en una meditación filosófica sobre la conducta y la compasión.
Virginia Woolf fue una de las herederas más directas de Jane Austen. Se declaró su lectora apasionada y la consideró su “madre espiritual”. En sus ensayos —A Room of One’s Own, The Common Reader—, reconoce que Jane fue la primera en escribir “como mujer, pero sin resentimiento”.
La huella de Austen se percibe en su tono: la voz que observa sin imponerse, la exploración del flujo interior —que Virginia lleva más allá de los límites explorados—, la aparente ligereza que encierra profundidad.
En Mrs. Dalloway (1925), por ejemplo, el uso del detalle, la atención al gesto y al ritmo social derivan directamente de Austen, aunque transformados por la modernidad.
Ambas convierten lo doméstico en espacio filosófico. Muchos de los primeros relatos más desconocidos de Virginia reflejan
claramente ese ambiente social inglés descrito antes por Jane Austen.
Jane Austen, punto medio
Jane Austen, al final, es el punto medio entre dos polos de la literatura femenina inglesa: por un lado, las precursoras románticas que escribieron desde la emoción y la experiencia; por otro, las victorianas y modernistas que escribieron desde la conciencia y la reflexión.
Ella unió ambos mundos y los convirtió en literatura audaz, irónica y apasionada.
Actualmente, todos leemos a Jane Austen: los románticos, los escépticos, las lectoras feministas, la tía que sólo quiere entretenerse, tu papá, tu mamá, tu abuela, tu hijo, tu hermana. Y a todos nos gusta.
“By a Lady” pasó de ser anónima a la más popular y top de todos los tiempos. Sus novelas siguen adaptándose a películas, cómics, series, caricaturas; sigue apareciendo en revistas culturales, ferias del libro, debates, memes… y sí, se vende como nunca.
¿Qué sigue? ¿Hasta dónde llegará su huella? ¿Cuántas generaciones más la seguirán leyendo? ¿De qué forma influirá en las novelistas del futuro? No lo sé, pero me muero de curiosidad. +


Jane Austen: la genio

Por Aura Rosalía Cruz Aburto

En el primer capítulo del libro de Rosi Braidotti (2015), denominado “La vida más allá de lo humano , la filósofa italiana plantea que el humanismo, en lo más originario de su confección, fue masculino, blanco y privilegiado. Frente a esto, la pensadora propone dar un primer vuelco al prototipo patriarcal del humanismo hacia la inclusión de la mujer. Sin lugar a duda, lejos de tratarse de una conservadora como se ha señalado frecuentemente, la escritora británica Jane Austen podría muy bien ser considerada una representante de este primer giro descrito por Braidotti, identificable en la caracterización que hace de las mujeres en su literatura como seres complejos y con una gran capacidad argumentativa. Si bien es cierto que su obra retrata una época en la que el destino deseable para las mujeres es casi exclusivamente alcanzar el matrimonio, su obra retrata este reducido universo desde una perspectiva más bien irónica y que, no poca cosa, pondría bajo cuestión los denigrantes presupuestos ilustrados acerca de las mujeres. Entremos un poco más en el entonces de Austen.
Austen fue una creadora de la época de la Regencia. Esta etapa de la historia inglesa, precedente de la victoriana, se caracterizará por su especial elegancia y esplendor artístico.
, el de las Luces, Austen fue una creadora de la época de la Regencia. Esta etapa de la historia inglesa, precedente de la victoriana, se caracterizará por su especial elegancia y esplendor artístico, pero, también, por los excesos de una pequeña clase privilegiada que convivía con grandes masas poblacionales en aumento y cada vez más precarizadas. Todo esto sucedía al tiempo que se desarrollaban las guerras napoleónicas y se desplegaba la Revolución Industrial junto con algunos efectos perniciosos tales como una urbanización acelerada, sin planeación y, mucho menos, saneamiento para los menos privilegiados.
Por otro lado, como época inscrita en el período de la Ilustración, también sería testigo de la consolidación de una serie de ideas de impulso y renovación social que, sin embargo, no incluirían a las mujeres como sujeto de esa historia. Para ellas se estipularía un destino de sometimiento acompañado de la exigencia de un estricto comportamiento social, tal como lo retratarán los personajes de la obra literaria de Austen. En comparación con los hombres, las mujeres no solían aspirar a una educación que no girara en convertirlas en serviles esposas diestras en el tejido y el bordado, en la cocina y en la crianza de su estirpe. Ya lo decía entonces Rousseau en su Emilio (1762), la educación sería central y necesaria, no así para las mujeres que, desde su perspectiva, compartida con otros pensadores de su tiempo, estaban inclinadas a la dependencia y a obedecer por naturaleza. ¡Qué mejor destino para ellas no sería entonces sino el matrimonio!
Para la fortuna de Jane, su padre, párroco de ocupación, también se dedicaba a instruir jóvenes en su casa siguiendo la forma de enseñanza de la época. De esta manera, tanto Austen como su hermana, Cassandra, habrían compartido esa educación y en la pequeña Jane se habría despertado una intensa curiosidad y una fuerte inclinación por experimentar la escritura desde muy joven, actividad que sería promovida por sus padres. Su hogar era particularmente abierto al diálogo y al conocimiento. De esta manera, se convertiría en una ávida escritora perteneciente a la nobleza rural inglesa. La obra de Austen se formularía entonces en el horizonte de una sosegada vida rural privilegiada y, ciertamente, se mantendría ajena a las fuertes transformaciones que estaban tomando lugar en la Inglaterra de ese momento.
Quizá, considerando su propia experiencia vital, podemos comprender que la vía que nuestra escritora encontró para hacer frente a las opresiones propias de su género fuese la de una sutil ironía que nos presentaba personajes femeninos que se habitaban así mismas en la tensión suscitada entre la asun ción de su destino, casi siempre el matrimonio, y su cuestio namiento. Así mismo, en un entorno que parecía haber fijado las posibilidades de su género y en el que la vitalidad urbana de la ciudad no era la condición material de existencia de su campirano mundo, lo que abrió a través de su obra y le dotó de un sumamente innovador abordaje fue, por un lado, el des cubrimiento de la profunda interioridad psicológica de sus personajes que, por otro lado, eran mujeres. De esta manera, con Austen se descubriría el deseo femenino, así como su ca pacidad intelectiva.

Sin embargo, las aportaciones de Austen no se limitaron a los ya notables alcances mencionados. Encontrar en lo cotidiano, en lo más mundano, lo extraordinario le permitió dar luz a lo que luego se convertiría en un género completo: la novela costumbrista.
Su obra no necesita crear mundos extravagantes, sino que en la vida ordinaria es donde la maravilla del mundo interior de los protagonistas se despliega cuando enfrentan dilemas vitales que, bajo la égida de la ironía, ponen bajo cuestión, de manera sutil, los absurdos sociales. Los personajes de Austen son capaces de razonar profundamente en la persecución de lo correcto, del decoro y el sentido.
De hecho, como buena escritora heredera de la Ilustración, y como buena hija de párroco, proclamará que sus novelas eran algo así como un “sermón dramático”. La razón, lejos de afirmar lo que la sociedad establecía como el deber ser para las mujeres, para Austen es la herramienta para poner bajo cuestión tan absurdos dictámenes. Hay incluso, quienes encuentran resonancias entre el trabajo de Jane con la obra ensayística de Mary Wollstonecraft, reconocida feminista de una generación precedente.
La capacidad de Austen estaría no solamente en defender esta cuestión a través de un discreto, pero agudo cuestionamiento por vía de la ironía, sino que, lejos de enmarcarlo en una serie de exposiciones discursivas, la escritora lo encarnaría en personajes que, como ella, vivían un tiempo de transición.
A pesar de que la de Austen no es del todo una escritura de ruptura radical con sus tiempos, erige esa fractura que con el golpe de la siguiente generación y de algunas de sus coetáneas abrirá brechas a un feminismo mucho más franco. Austen puede ser pensada como una feminista del disimulo.
El pensador Amador Fernández-Savater tiene un bello escrito en donde expone que el silencio, la pasividad y el disimulo pueden constituir formas de sobrevivir y resistir desde el impoder. El pensador propone lo siguiente:
[…] Son los modos, los cómos, mediante los que podemos hacer que pase algo en la situación sin salida donde no pasa nada; hacer que ocurra algo, para poder seguir viviendo y sobreviviendo, porque de la situación sin salida no se sale, pero podemos sobrevivir en ella, tomar aire y respirar.
De entre estas estrategias, a mi parecer, Austen es una gran exponente del disimulo que, tal como lo explica Fernández-Savater, consisten en habitar una doble verdad, en, ante un aparente consentimiento, hacer pasar otra cosa, ser una especie de contrabandista. Se trata de contrabandear con los signos: aparentemente le somos fieles al código, pero en realidad hacemos pasar por él “algunas intensidades de contrabando”.
En una lectura superficial, Jane Austen parece estar promoviendo los valores tradicionales de la época de la Regencia, sus protagonistas terminan casándose en casi su totalidad. Sin embargo, en sus diálogos siempre asoma una cierta ironía, otra posibilidad. Aunque casi todos los personajes de Jane Austen terminaron por sucumbir al matrimonio, Jane Austen no lo hizo así. Fue una mujer de la que directamente no sabemos tanto como desearíamos (su hermana Cassandra habría quemado gran parte de su correspondencia personal por el decoro entendido en su tiempo), pero que vivió de y para una escritura que hoy no deja de tener vigencia.+

Los personajes de Austen son capaces de razonar profundamente en la persecución de lo correcto, del decoro y el sentido.

Por Adriana Romero-Nieto
Si hoy viviera Jane Austen, sería una fashion icon. La afirmación no es trivial ni gratuita porque, lo aprobemos o no —según nuestro puritanismo cultural—, sus personajes están tan profundamente vinculados al vestido estilo imperio que es casi imposible separarlos. Su escritura observadora, ya conocida al delinear los paisajes, nos aporta descripciones de los vestuarios igual de relevantes que las mismas emociones. Por eso resulta lógico que el uso de la vestimenta en sus novelas haya sido objeto de estudios de académicos e historiadores, y que sus personajes hayan inspirado casi todas las películas o producciones televisivas centradas en el periodo de la Regencia, aun aquéllas que ni siquiera tomaron como punto de partida su obra, como la actual y famosa serie Bridgerton, basada en las novelas de Julia Quinn. Pero Austen, tan incomparable como era, no podría equipararse con una influencer de moda que se limita a postear en Instagram videos acerca de lo que la gente viste en su día a día. Ella siempre iba un paso más allá: concebía la moda como una forma estética y un vehículo para criticar la frivolidad de una sociedad que sólo se preocupaba por su apariencia. Buen ojo y espíritu crítico, ambas características necesarias para marcar tendencias de estilos, sí, pero, sobre todo, para entender la moda como un fenómeno de comunicación social.
A pesar de lo que dice la historia, en dejar una impronta del estilo de época, Austen le ganó a Josefina Bonaparte la partida. Si bien la segunda popularizó el vestido ceñido debajo del busto desde el cual caía una falda lisa y recta —por eso en parte se le conoce como vestido imperio—, los personajes femeninos de la escritora hicieron de esta prenda el emblema de lo que hoy llamaríamos el outfit de la Regencia, cuya evolución de lo clásico a lo romántico atestiguó la misma Austen, como describen la bloguera Vic Sanborn, en sus sitios web dedicados a Jane Austen, y la historiadora y curadora de moda, Hilary Davidson, en Dress in the Age of Jane Austen (Yale University Press, 2019).
Con fuertes cargas simbólicas, pues se inspiró de la antigüedad clásica, al inicio el vestido imperio tenía siluetas suaves y redondas, debía ser sólo blanco, con pliegues completos, mangas rectas hasta el codo, sin ornatos. Después incorporó adornos con bordados de símbolos griegos y romanos; pero, en 1804, con el regreso de Napoleón de Egipto, reflejó la influencia oriental. Con el tiempo, debido a la guerra entre Inglaterra y Francia, disminuyó la huella francesa y la moda británica adquirió su propia personalidad. Entre 1808 y 1814, las líneas inglesas se alargaron y las decoraciones se nutrieron del movimiento romántico. Los vestidos exhibían elementos que hicieron eco de los períodos gótico, renacentista, Tudor e isabelino: bordes con volantes, puntos de encaje de Van Dyke, filas de pliegues en los dobladillos y los cuerpos, y mangas hinchadas.
El estilo de la Regencia evolucionó y estuvo compuesto por una variedad de accesorios cuya predominancia fue discontinua. Para los hombres: los chalecos de un solo pecho, los uniformes militares, los pantalones largos; y, para las mujeres: las muselinas de algodón, las mangas abullonadas, las cinturas altas, las cintas debajo del busto, las chaquetas cortas estilo Spencer, las cofias, el chal, los guantes largos y, por supuesto, el corsé. Una prenda que, por la rectitud de la falda, en un principio era innecesaria para resaltar la cintura, pero que en 1811 se reincorporó con una nueva forma y un nuevo propósito: acentuar el escote, como un predecesor del sostén actual; aunque después esa nueva práctica también cayera en desuso. De la misma manera, en las novelas de Austen, las descripciones de vestimenta, que se centran sólo en algunos elementos, sobre todo en las prendas exteriores y los ya mencionados accesorios, narran la versatili dad de las preponderancias. Esto explica que los vestidos o el llamado gown —de mañana, de día, de noche y de baile—, como prenda principal del guardarropa femenino, ocupen un espacio descriptivo central en sus narraciones; mientras que el corsé se mencione tan sólo en sus cartas —si bien el imaginario colectivo lo vincula irremediablemente a sus novelas y personajes.
Y es que la escritora, con la capacidad de observación de toda fashion influencer, no fue indiferente a los cambios en la moda de su época. Al fin y al cabo, la vestimenta es una representación tangible de las evoluciones de los usos y las costumbres y éstas, a su vez, de las transformaciones sociales. Por eso, en sus personajes —cuyas ropas se des criben con precisión— y en sus textos personales —como las múltiples cartas que escribió, la mayoría dirigida a su hermana mayor, Cassandra, su gran confidente y quien inspiró personajes como Jane, cómplice de Elizabeth en Orgullo y prejuicio, o Marianne, la contracara de Elinor en Orgullo y sensatez—, Austen da al lector claves para entender la evolución histórica del vestido de la Regen cia y sus implicaciones en la vida diaria de las mujeres.

En una de sus epístolas, compiladas en Lejos de Cassandra (Altamarea, 2021), menciona aliviada: “Supe gracias a la joven de la tienda de la señora Tickars algo que me alegró mucho, que los corsés ahora ya no se hacen para realzar el pecho; era una moda muy impropia y antinatural. Me alegré mucho de saber que los hombros no tienen que estar tan descubiertos como antes”. Austen vivió de 1775 a 1817, un periodo marcado por desarrollos significativos en la política, la industria y la sociedad en general: desde el creciente interés por las culturas de la antigua Grecia hasta el surgimiento de los ideales de la democracia en contraposición con la monarquía; de modo que nadie negará que las numerosas observaciones que hizo sobre la moda de su época son de un significativo valor histórico, pues nos permiten imaginarnos lo que algunos llaman la historia chiquita, o la historia de lo cotidiano, de las costumbres, de los detalles, de la gente común. Y, como las novelas de Austen dejan claro, no hay una vida “más representativa” que otra cuando se trata de entender la dinámica social y cultural de un periodo. No en balde sus descripciones se han empleado para la recreación de innumerables piezas teatrales, fílmicas y televisivas situadas en la época de la Regencia. Incluso cuando en las adaptaciones cinematográficas las elecciones de vestuario se toman licencias y vuelven algunas prendas históricamente imprecisas —la curadora Marlise Schoeny, de la Ohio History Connection, advierte que la mayoría de las investigaciones de vestuario de los libros de Austen se basa en la fecha de publicación del texto y no en el momento en que fueron escritos—, cualquiera que vea a la Elizabeth Bennet de Orgullo y prejuicio en el vestido de encaje blanco estilo imperio que usó Keira Knightley para personificarla en la adaptación de 2005 de
Al inicio, el vestido imperio tenía siluetas suaves y redondas, debía ser sólo blanco, con pliegues completos, mangas rectas hasta el codo, sin ornatos. Después incorporó adornos con bordados de símbolos griegos y romanos; pero, en 1804, con el regreso de Napoleón de Egipto, reflejó la influencia oriental.


no podría negar que Jane Austen es la verdadera fundadora del actual Regencycore. Si vamos aún más lejos, seguramente sin predecirlo, Jane Austen legó al año 1995 una estética visual llamada Austenmanía, inaugurada con el estreno de Orgullo y prejuicio, serie protagonizada por Jennifer Ehle y Colin Firth, producida por la bbc, y con la Emma moderna de la película Clueless.
Como advertimos, las referencias a las vestimentas de la época no están solo y sustancialmente en las obras literarias de Jane Austen, también permearon su vida cotidiana, en la que su mirada desinhibida la llevó a desarrollar una pasión por la moda y su estética. Sin embargo, este aspecto está menos desarrollado entre expertos y curiosos, tal vez en aras de salvaguardar, absurdamente, la imagen de la autora como una escritora alejada de las “frivolidades” o tal vez porque en sus textos personales, como los de género epistolar dirigidos a su hermana mayor y confidente, es donde se entrevé el lado más privado, lúdico y mundano de Austen: desde sus quejas sobre el precio del té, pasando por las obras de teatro que fue a ver, hasta, desde luego, sus más recientes compras de sombreros y telas para hacerse vestidos. En una carta fechada el 5 de mayo de 1801, por ejemplo, Austen habla así de sus propias elecciones de vestimenta: “La Sra. Mussell tiene mi vestido, y me esforzaré por explicar cómo piensa hacerlo. Será un vestido redondo, con una chaqueta y un frente fruncido, como el de Catherine Bigg, que se abre hacia un lado. La chaqueta irá unida al cuerpo y llegará hasta la altura de los bolsillos […]”. El pasaje para algunos puede mostrar la faceta considerada más frívola de la escritora, pero éste y otros son ventanas indiscretas y valiosas a su vida íntima y su propio contexto social, del cual ella tampoco podía deslindarse. Para la nobleza terrateniente de clase media, o los llamados gentry, posición social a la que la autora pertenecía, la fortuna, la apariencia y el matrimonio eran cruciales. Jane Austen además es una especie de socióloga de sus tiempos. Al estilo de Pierre Bourdieu —creador del concepto habitus, según el cual nuestro sistema de percepciones no es individual, sino que está influido por el contexto cultural y social de cada uno, en otras palabras, que nuestros criterios estéticos dependen de nuestra clase social—, la escritora advierte cómo las élites británicas de inicios del siglo xix adoptaban gustos que consideran superiores para diferenciarse y mantener su estatus. Una muestra clara la tenemos en Orgullo y prejuicio, cuando se describe que, mientras acompañan al señor Collins al pueblo de Meryton, las hermanas menores Bennet, Lydia y


Kitty: “No tenían ojos más que para buscar oficiales por las calles. Nada, a excepción de algún sombrero de veras elegante o cierta muselina de moda, logró atraerlas”. En esta escena de apariencia inocente para un lector incauto, Austen hace un contrapunto en los tipos femeninos de los personajes que es, en realidad, una crítica a la superficialidad y educación de las mujeres de la época. En ese pasaje, Lydia y Kitty representan a las jóvenes mal educadas, frívolas y guiadas por el impulso de exhibirse socialmente. Líneas como ésta demuestran que para Austen la moda en sus novelas no se trata sólo de un elemento “decorativo”, sino que cobra un sentido y un propósito más amplios.
Imaginemos a una joven Jane Austen como la vestuarista de Shonda Rhimes, productora de las icónicas series para los amantes de la moda Sex and The City, Gossip Girl y la ya mencionada Bridgerton. O bien, como la instagramera que postea fotos y entradas en las que observa y analiza el estilo cotidiano con una mirada crítica, en las que la ropa no es sólo ropa, sino lenguaje simbólico y testimonio histórico. Una precursora de los análisis sobre moda y consumo que mucho después teorizarían pensadores como Bourdieu, Lipovetsky, Barthes o König. O también como la inspiración de lo que hoy son Zadie Smith, Joan Didion, Sylvia Plath, Patti Smith, George Sand, todas escritoras monumentales e íconos de estilo casi sin quererlo.
A los puristas les advertimos que en Jane Austen reconocemos primero a una gran escritora. Llevarla al terreno de la moda y llamarla fashion icon no es minimizar la grandeza de su obra, al contrario, es evidenciar la representatividad cultural y estética que hoy tiene en películas, series, pinturas, ropa. El vestuario de las diversas adaptaciones visuales de sus novelas, en las que la vida social giraba en torno a bailes y reuniones, se ha quedado grabado en el imaginario pop y ha dado mucho de qué hablar a historiadores, así como a articulistas de revistas como Vogue y Harper’s Bazaar Porque dos siglos después Jane Austen aún marca tendencias, algo de lo que ninguna otra fashion icon puede jactarse.+





ace 250 años, Jane Austen pisó este mundo. Después de Shakespeare, es la autora que más se sigue leyendo. Como si se tratara de un culto, anualmente la gente peregrina hasta Bath, Inglaterra para hacer fiestas de cosplay y conocer la ciudad turística donde vivió la escritora; año con año tenemos nuevas ediciones de sus libros, las adaptaciones al cine y las series no paran ni los videos en TikTok en los que la reseñan. Una autora sin límite de tiempo. Si me preguntan, a mí me late que Austen era refunfuñona, arisca, y todo su amor, coraje y ternura lo reservaba para sus personajes, personajes que le gustaban a alguien muy poderoso: un señor blanco, tosco, desagradable y privilegiado. Es más, era su fan. Es más, fue el primerito que compró Sentido y sensibilidad (1811) en preventa. ¿Qué quién era? Pues nada más y nada menos que el príncipe regente Jorge IV, quien asumió el trono cuando su padre, el rey Jorge III, murió.
Aunque la admiración no fuera mutua, nadie quiere problemas con un señor poderoso, ¿cierto? Y menos en esa época, y menos siendo mujer escritora.
Por Magali T. Ortega @nenamounstro




Jorge, un gordito glotón, vacilador, problemático, prepotente y tomador, era un junior lamentable conocido más por sus escándalos que por su reinado. Protagonizó un escándalo mayúsculo por maltratar a su esposa, la reina Carolina de Brunswick, a quien mandó perseguir luego de que ella le pidiera el divorcio. María Fitzherbert fue la esposa ilegal con la que se casaría en secreto. Un tipazo, como verán.
Nicholas Foretek, un investigador del Programa de Documentos Georgianos de la Universidad de Pensilvania, encontró en los Archivos Reales la prueba documentada de que, el 28 de octubre de 1811, el Príncipe Fan de Austen compró a Becket&Porter la novela Sentido y sensibilidad por quince chelines. Esta adquisición la hizo antes de que apareciera el primer anuncio público del libro.
En vida, Miss Austen tuvo fama moderada. Digamos que le iba medianamente bien en ventas y en reseñas (que eran pocas); además, como firmaba anónimamente (By A Lady) no disfrutaba de la popularidad que después tendría Charles Dickens, por ejemplo. Sólo sus cuates y familiares sabían quién era la autora de Mansfield Park (1814). Por eso Jane se sorprendió al enterarse de que el príncipe era su fan.
Matthew Baillie (médico de cabecera del rey y médico de los Austen) fue el chismoso que le dijo a la Jane que el príncipe tenía una copia de todos sus libros en cada una de sus casas. Luego, ella recibiría una invitación a visitar la biblioteca de la escandalosa Carlton House gracias al reverendo James Stanier, el librero oficial del Jorge IV. Quién soy yo para juzgarla. Sabemos que Jane no podía rechazar esa invitación por más impresentable que fuera el príncipe. Aunque la admiración no fuera mutua, nadie quiere problemas con un señor poderoso, ¿cierto? Y menos en esa época, y menos siendo mujer escritora. Momentos incómodos sí hubo: el padrecito le dijo que si ella lo consideraba, el príncipe había dado su “autorización” (¿?) para que Austen le dedicara su siguiente novela. Achis, pues ¿cómo por qué o qué?
Nada tonta, Jane tomó esta situación incómoda y la volteó a su favor. Ella sabía que si le dedicaba la siguiente novela a su Alteza Real (más porque le hicieron manita de puerco que por gusto), el valor de su posición social y su obra podrían escalar. Entonces llegó 1815, año en el que se publicó Emma y, tal como se lo “sugirieron”, Jane le dedicó el libro a Jorge IV: «A Su Alteza Real, el Príncipe Regente. Esta obra, con el permiso de Su Alteza Real, es dedicada respetuosamente por su humilde y obediente servidora, la Autora».
Y ahora sí estamos de acuerdo con los académicos y antropólogos de la vida y obra de Jane, que dicen que esta dedicatoria fue un pitorreo sutil (“humilde y obediente”, ja, ja, ja), porque la que ríe al último, ríe mejor.
Larga vida a Jane Austen.
P. D.: el rey mandó encuadernar los libros de Jane en piel de becerro con los cantos dorados.+

Por Anita Mejía
Instrucciones:
Lee cada situación y elige la opción con la que más te identifiques, ésa que te haga decir “¡Sí soy!”. Anota el número de tu elección en cada pregunta. Al final, el número que más repitas revelará qué heroína de Jane Austen eres.
No hay respuestas correctas ni una “mejor heroína”. Sólo disfruta y descubre con quién compartes personalidad.

1. Estás en una reunión y alguien empieza a hablar mal de una persona que no está presente. ¿Qué haces?
1. Cambias el tema con elegancia y tacto.
2. Te indignas en silencio, pero no intervienes.
3. Haces un comentario irónico que deja a todos pensando.
4. Te emocionas y sientes tristeza o indignación por la injusticia.
5. Observas la situación y piensas cómo podrías guiar a los demás.
6. Escuchas con curiosidad, imaginando la escena como una historia.
7. Guardas la calma y piensas en la mejor forma de actuar discretamente.
8. Sonríes y analizas quién se beneficia de esta información.
2. Alguien te rompe el corazón. ¿Cómo reaccionas?
1. Mantienes la compostura y sigues adelante.
2. Sientes dolor profundo, pero lo guardas para ti.
3. Reflexionas y sacas lecciones del error.
4. Lloras y te dejas llevar por la intensidad de tus emociones.

5. Analizas la situación y piensas cómo elegir mejor en el futuro.
6. Conviertes la tragedia en una historia que narrarías a tus amigos.
7. Esperas con paciencia, confiando en que quizá habrá una segunda oportunidad.
8. Buscas cómo transformar la situación a tu favor o con ingenio.
3. ¿Qué te atrae más de una persona?
1. Su integridad y estabilidad.
2. Su respeto y constancia.
3. Su ingenio y personalidad independiente.
4. Su pasión y espontaneidad.
5. Su inteligencia y capacidad de acción.
6. Su curiosidad y sentido de aventura.
7. Su paciencia y madurez emocional.
8. Su encanto y habilidad social.

4. Alguien te cuenta su vida amorosa. ¿Qué haces?
1. Escuchas con calma y das un consejo sensato.
2. Mantienes discreción y sólo opinas si la persona insiste.
3. Das tu opinión con franqueza, aunque incomode.

4. Te entusiasmas y hablas de emociones y sentimientos.
5. Te adelantas a orientar o sugerir según tu criterio.
6. Lo ves como un pequeño drama y disfrutas imaginando posibilidades.
7. Recomiendas esperar y reflexionar antes de actuar.
8. Das sugerencias astutas para sacar ventaja de la situación.
5. ¿Qué lugar te resulta más atractivo?
1. Un salón tranquilo con buenas conversaciones.
2. Una casa familiar llena de calma y rutina.
3. Un salón donde se mezclen ingenio y debate.
4. Un jardín o paisaje natural donde puedas sentir.

5. Una fiesta o reunión donde puedas observar y organizar.
6. Un escenario nuevo lleno de misterio o historias.
7. Un puerto o un camino tranquilo donde observar, reflexionar y esperar.
8. Un baile elegante o un salón donde puedas influir.

6. Si alguien te ofende injustamente…
1. Respiras hondo y sigues con dignidad.
2. Guardas silencio y lo llevas en tu interior.
3. Haces un comentario que señala la injusticia.
4. Te enfureces y muestras tus emociones abiertamente.
5. Analizas cómo mejorar la situación o dar una lección.
6. Lo conviertes en anécdota y lo vives intensamente.
7. Esperas a responder con calma y prudencia.

8. Piensas en cómo sacar ventaja o jugar con la situación.
7. Tu defecto más probable sería…
1. Guardarte demasiado los sentimientos.
2. Ser muy tímida o pasiva.
3. Juzgar rápido o con orgullo.
4. Exagerar tus emociones o dramatizar.
5. Ser arrogante o meterte donde no te llaman.
6. Ser ingenua y fantasiosa.
7. Esperar demasiado tiempo antes de actuar.
8. Manipular o jugar con la gente para divertirte.
8. ¿Cómo vives el amor?
1. Buscando integridad y respeto mutuo.
2. Valorando la constancia y la lealtad silenciosa.
3. Con ironía y aprendizaje constante.
4. Con pasión e intensidad emocional.
5. Con astucia y confianza en tus decisiones.
6. Como aventura y curiosidad por lo desconocido.


7. Con paciencia y esperanza, confías en las segundas oportunidades.
8. Como un juego en el que la inteligencia y el encanto se combinan.
9. Si tuvieras que elegir un lema personal, sería…
1. “La razón guía mejor que el impulso”.
2. “La discreción y la constancia son mi fuerza”.
3. “Nunca subestimes tu propio juicio”.
4. “Sin pasión, la vida no vale la pena”.
5. “Conocer el corazón propio es la obra maestra de toda inteligencia”.
6. “La imaginación también es un mapa del mundo”.
7. “La paciencia todo lo logra”.
8. “La libertad y el ingenio son mi poder”.
10. En tu círculo social, ¿cómo te describirían?
1. Sensata y protectora.
2. Reservada y leal.
3. Ingeniosa y crítica.
4. Apasionada e intensa.
5. Dinámica y encantadora.
6. Curiosa y soñadora.
7. Serena y contemplativa.
8. Astuta y manipuladora con estilo.


Mayoría 1: Elinor Dashwood (SentidoySensibilidad)
Tienes una mente clara y un corazón firme. Controlas tus emociones sin reprimirlas y valoras la coherencia moral. A veces cargas más de lo que deberías, pero tu sensatez y empatía son tu mayor fuerza.
Mayoría 2: Fanny Price (MansfieldPark)
Reservada, firme y leal. No buscas brillar, pero tu fuerza moral es inquebrantable. Representas el coraje silencioso: no haces ruido, pero tu presencia ordena el caos.
Mayoría 3: Elizabeth Bennet (OrgulloyPrejuicio)
Tu ingenio es tu espada. Crítica, observadora y libre de pensamiento, no temes contradecir las convenciones. A veces el orgullo te juega en contra, pero tu inteligencia emocional siempre termina ganando.
Mayoría 4: Marianne Dashwood (SentidoySensibilidad)
Eres pura emoción: sientes, sueñas, te lanzas sin calcular. El mundo puede parecerte gris si no arde de pasión, pero tu corazón aprende con cada caída.
Mayoría 5: Emma Woodhouse (Emma)
Carismática, ingeniosa y un poco mandona. Te encanta intervenir, organizar y dirigir… aunque a veces confundas interés con control. Tienes talento para liderar y cuando aprendes a mirar con humildad, floreces.
Mayoría 6: Catherine Morland (LaAbadíadeNorthanger)
Soñadora, curiosa y con tendencia a imaginar conspiraciones románticas. Tu ingenuidad te hace encantadora: aprendes rápido y te ríes de ti misma.
Mayoría 7: Anne Elliot (Persuasión)
Sabia, paciente y contenida. Has amado y perdido, pero no renuncias a la esperanza. Tu fuerza está en la serenidad y tu constancia transforma el tiempo en aliado.
Mayoría 8: Lady Susan Vernon (LadySusan)
Brillante, estratégica y peligrosamente encantadora.



Para hablar de la relación entre Jane Austen y Chimamanda Ngozi Adichie hay que reconocer que ambas forman parte de una red que crece en múltiples direcciones, que se extiende y se transforma. Desde esa perspectiva, pensar en una genealogía sólo tendría sentido si la entendemos como un movimiento de contagio y resonancia, más que como una descendencia. Cada autora que escribe desde su cuerpo, su tiempo y su deseo reconfigura esa trama que vincula la literatura con la autonomía. Austen es una raíz, pero no la única; de ella brotan otras raíces, que se entrelazan con las de Charlotte Brontë, George Eliot, Virginia Woolf, Clarice Lispector, Toni Morrison, Elena Ferrante y Chimamanda Ngozi Adichie, por mencionar algunas.
Austen se burla del sentimentalismo, Adichie ironiza sobre los clichés del feminismo de moda. Quizá para las dos pensar la autonomía no es proclamarla, sino vivirla: encarnarla en la mirada, en el estilo, en la elección de las palabras.
A estas autoras las une el pensar la autonomía desde la escritura. Pensar como un modo para hacer(se) preguntas acerca del deseo, la justicia, la identidad y el lenguaje.
Mientras escribe en los salones del siglo xix, Jane Austen observa cómo las mujeres son definidas por su capacidad de ser elegidas, no de elegir. Bajo su aparente liviandad, novelas como Emma (1815), Orgullo y prejuicio (1813), Persuasión (1817) funcionan como ejercicios de pensamiento moral y político. A través de la ironía, Austen desmonta las reglas del matrimonio y de la clase, a la vez que muestra que la inteligencia y la libertad no son atributos masculinos sino humanos. Su escritura nos confronta desde los márgenes del poder.
Chimamanda Adichie retoma ese gesto, pero en un contexto global y poscolonial. Sus personajes también viven bajo normas que buscan definirlas: las de género, las de raza, las del idioma. En Americanah o Medio sol amarillo, Adichie construye protagonistas que reflexionan sobre su lugar en el mundo y sobre la posibilidad de ser autónomas. Su feminismo, articulado en conferencias y ensayos, es la continuación de esa pregunta que Austen dejó abierta: ¿cómo puede una mujer pensar y vivir por sí misma en un mundo que aún le impone las reglas del juego?
Entre Austen y Adichie no hay un linaje, sino una red de ecos.
Virginia Woolf, por ejemplo, hereda de Aus ten la convicción de que pensar y escribir son actos inseparables. En Una habitación propia (1929), Woolf imagina a una hermana de Shakespeare condenada al silencio, y en ese gesto reconoce que la autonomía empieza por tener espacio, tiempo y recursos para escribir.
En paralelo, Simone de Beauvoir transforma la literatura en filosofía y pregunta, en El segundo sexo (1949), cómo el mito de lo femenino ha sido construido —y sostenido— por las palabras.
Más tarde, Toni Morrison reescribe la his toria desde las voces que habían sido exclui das del canon occidental; Clarice Lispector convierte el pensamiento en introspección radical, como si cada palabra abriera un territorio nuevo del yo; Margaret Atwood imagina futuros distópicos donde la autonomía femenina se vuelve un acto de resistencia; Elena Poniatowska y Rosario Castellanos piensan la independencia desde


América Latina, entre la escritura, la política y la memoria.
Estas autoras no forman una línea, sino una constelación. Sus puntos de encuentro son el lenguaje, el cuerpo, la conciencia y la pregunta por el lugar que ocupa una mujer en el mundo. La escritura así funciona como una estructura sin centro ni jerarquía, que crece de manera imprevisible y que se alimenta de sus múltiples conexiones.
Autonomía: una práctica, no una meta
Pensar la autonomía desde la escritura no significa que las autoras hayan alcanzado un estado ideal de libertad, más bien la escritura se convierte en el laboratorio de esa búsqueda.
En Austen, la autonomía se juega en los márgenes de lo permitido: una mujer que elige casarse por amor, una heroína que se permite opinar, una escritora que publica sin firmar su nombre. En Adichie, la autonomía se piensa en un espacio más amplio: el de la mujer africana que escribe en inglés, que transita entre Lagos y Nueva York, que reclama el derecho a definirse más allá del exotismo o la culpa.
Ambas, desde contextos radicalmente distintos, escriben contra una forma de tutela. Austen contra la tutela patriarcal; Adichie contra la colonial y cultural. Ambas comprenden que la libertad no se conquista en abstracto, sino en el acto concreto de narrar el propio punto de vista.
La escritura se vuelve una herramienta de expresión y también un modo de existir con conciencia. Escribir como una forma de pensar, pensar como una vía para convertirse en autoras de sí mismas.
Almada también tejen hilos en esa trama: piensan la autonomía desde el deseo, la ma ternidad, el dolor o la imaginación. Cada una aporta una variación del mismo ges to: usar la palabra como un territorio donde la subjetividad femenina puede pensar(se) fuera del molde.
No hay, por tanto, una genealogía vertical de mujeres que se suceden unas a otras, más bien es una conversa ción que se despliega en el tiempo, a ve ces silenciosa, a veces explícita. Adichie puede dialogar con Austen sin haberla leído directamente, porque lo que las une es la pregunta compartida por la libertad.
En un contexto en el que todavía tende mos a leer a las mujeres como “figuras representativas” —la escritora feminis ta, la voz africana, la heroína románti ca—, ambas reivindican el derecho a la complejidad. Austen se burla del sen timentalismo, Adichie ironiza sobre los clichés del feminismo de moda. Quizá para las dos pensar la autono mía no es proclamarla, sino vivirla: encarnarla en la mirada, en el esti lo, en la elección de las palabras.
La red que va de Austen a Adi chie no es una línea de herencia, sino una conversación que atraviesa el tiempo y las lenguas. En ella se cruzan ironías, preguntas, silencios, intuiciones. Si algo las une, es el deseo de no ser sólo objeto de discurso, sino sujeto que lo produce.
Ambas entienden que la literatura puede ser una forma de pensar con otras, una práctica de libertad que se escribe colectivamente, aunque cada una hable desde su singularidad.
Si habláramos en términos botánicos, podríamos decir que Austen es una raíz visible, pero el sistema que de ella nace es subterráneo, múltiple, cambiante. Cada autora que escribe desde su diferencia —sea racial, lingüística, sexual o histórica— ensancha esa red de pensamiento. Desde los cuadernos de las Brontë hasta los manifiestos de Adichie, desde las introspecciones de Lispector hasta las ficciones íntimas de Ferrante, se extiende una misma pulsación: la de mujeres que, al escribir, piensan su lugar y lo reescriben.
Esa red no se agota en la literatura anglosajona. En América Latina, Gabriela Mistral, Alejandra Pizarnik, Diamela Eltit, Cristina Rivera Garza, Lina Meruane o Selva


Tal vez por eso, más que genea logía, habría que hablar de una comunidad de pensamiento, un rizoma de escritoras que busca la posibilidad de seguir cre ciendo hacia todos los lados del mundo.+






EL ÚLTIMO SECRETO
Dan Brown PLANETA
Robert Langdon viaja a Praga para asistir a una conferencia impartida por Katherine Solomon, una brillante científica noética con quien ha iniciado una relación y cuyos asombrosos descubrimientos sobre la naturaleza de la conciencia humana prometen desafiar siglos de creencias consolidadas. Un brutal asesinato desata el caos, y Katherine desaparece sin dejar rastro junto a su valioso manuscrito.
LA VEGETARIANA
Han Kang
PENGUIN RANDOM HOUSE
Premio Nobel 2024
Situada en Corea del Sur, La vegetariana es la historia de una metamorfosis radical y un acto de resistencia contra la violencia y la intolerancia humanas. Galardonada con el Premio Booker Internacional, esta bella y perturbadora novela catapultó internacionalmente a la que es una de las voces más interesantes y provocadoras de la literatura asiática contemporánea.
LA BIBLIOTECA DE LA MEDIANOCHE
Matt Haig
ADN
Entre la vida y la muerte hay una biblioteca. Y los estantes de esa biblioteca son infinitos. Cada libro da la oportunidad de probar otra vida que podrías haber vivido y de comprobar cómo habrían cambiado las cosas si hubieras tomado otras decisiones... ¿Habrías hecho algo de manera diferente si hubieras tenido la oportunidad?
Toshikazu Kawaguchi
DEBOLSILLO
En un pequeño café escondido en un callejón de Tokio circula un rumor fascinante: si eliges la silla correcta, puedes viajar al pasado. Pero este extraordinario viaje tiene reglas: no puedes salir del café mientras dure, debes beber el café antes de que se enfríe y no podrás cambiar el presente. A través de las historias de cuatro clientes, esta obra nos invita a reflexionar sobre el amor, las oportunidades perdidas y la esperanza de un futuro por construir.
CADÁVER EXQUISITO
Agustina Bazterrica
ALFAGUARA
Premio Clarín de Novela 2017
La súbita aparición de un virus letal que ataca a los animales modifica de manera irreversible el mundo: desde las fieras hasta las mascotas deben ser sistemáticamente sacrificadas, y su carne ya no puede ser consumida. Los gobiernos enfrentan la situación con una decisión drástica: legalizar la cría, reproducción, matanza y procesamiento de carne humana.
NO ME LLAMES LOCA
Gilfraen Eärfalas PLANETA

ALCHEMISED
SenLinYu MONTENA






ALAS DE SANGRE (EMPÍREO 1)
Rebecca Yarros PLANETA

EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO
Viktor Frankl HERDER
El doctor Frankl, psiquiatra y escritor, explica la experiencia que lo llevó al descubrimiento de la logoterapia. Prisionero, durante mucho tiempo, en los desalmados campos de concentración, él mismo sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda. Las palabras del doctor Frankl alcanzan un temple sorprendentemente esperanzador sobre la capacidad humana de trascender sus dificultades.
HÁBITOS ATÓMICOS
James Clear PAIDÓS MÉXICO
¿Cómo podemos vivir mejor? Sabemos que unos buenos hábitos nos permiten mejorar significativamente nuestra vida, pero con frecuencia nos desviamos del camino: dejamos de hacer ejercicio, comemos mal, dormimos poco, despilfarramos. ¿Por qué es tan fácil caer en los malos hábitos y tan complicado seguir los buenos?
DEJA DE SER TÚ
Joe Dispenza URANO
Joe Dispenza saltó a la fama en nuestro país tras participar en la película ¿Y tú qué sabes?, un documental sobre la sobrecogedora capacidad de la mente para transformar la realidad, que corrió de mano en mano sin ninguna publicidad. El resultado es un método práctico de transformación para crear prosperidad y riqueza, pero también un viaje prodigioso a un nuevo estado de conciencia.
QUERIDA YO: TENEMOS QUE HABLAR
Elizabeth Clapes
MONTENA
Querida yo: tenemos que hablar, para trabajar nuestra salud mental y mejorar nuestra calidad de vida y relación con nosotras mismas. Vamos a parar un momento para conocernos, corregirnos, aceptarnos, perdonarnos. Y una parte muy importante: para mandar a la mierda lo que sea necesario. A ver si así podemos empezar a querernos tanto como nos merecemos, que ya toca.
NO TE CREAS TODO LO QUE PIENSAS
Joseph Nguyen
AGUILAR
¿Por qué creemos lo que creemos? ¿Qué hace que reaccionemos de cierta manera ante algún suceso? Este libro te ayudará a evitar que lo que piensas te lleve a dudar o autosabotearte. Construir una nueva perspectiva de vida que venga desde la seguridad y la armonía. Entender que la incertidumbre y el desconocimiento pueden jugar a favor de tu crecimiento. Vuelve a confiar en tu mente.
LOS JUEGOS DEL HAMBRE 5
AMANECER EN LA COSECHA
Suzanne Collins MOLINO

LLÁMAME CUANDO NO TE ENCUENTRES
Gilraen Eärfalas
EDICIONES DÉJÀ VU






TANGO SATÁNICO
Lázlò Krasznahorkai
ACANTILADO
Paródica y mordaz, esta magnífica novela sobre los avatares de la esperanza y el valor de las promesas inspiró la película de culto de Béla Tarr y ya es hoy un clásico contemporáneo.

EL PRINCIPITO
Antoine de Saint-Exupéry
EDICIONES GANDHI
“La maravillosa travesía de El Principito en una nueva traducción al español”. Edición a color, con ilustraciones, rúbrica y dedicatoria del autor. El texto completo de la entrañable historia de Antoine de SaintExupéry, en una nueva traducción revisada y actualizada con base en estudios inéditos, documentos, fragmentos de texto y dibujos.
EL ÚLTIMO SECRETO
Dan Brown PLANETA
Robert Langdon viaja a Praga para asistir a una conferencia impartida por Katherine Solomon, una brillante científica noética con quien ha iniciado una relación y cuyos asombrosos descubrimientos sobre la naturaleza de la conciencia humana prometen desafiar siglos de creencias consolidadas. Un brutal asesinato desata el caos, y Katherine desaparece sin dejar rastro junto a su valioso manuscrito.
ALCHEMISED
SenLiYu
MONTENA
En este debut fascinante de dark fantasy, una mujer sin memoria lucha por sobrevivir en un mundo de necromancia y alquimia devastado por la guerra y al hombre encargado de desenterrar los secretos más oscuros de su pasado.


MI VERDADERA HISTORIA
Isabel Preysler
ESPASA
Como nunca lo había hecho, Isabel Preysler escribe sus memorias para romper de una vez por todas con los falsos mitos que desde hace años circulan sobre ella. En Mi verdadera historia, Isabel nos descubre no sólo su mundo, también una época sorprendente de España de la que fue protagonista muchas veces de forma involuntaria.
NO ME PUDISTE MATAR
Ciro Gómez Leyva
PLANETA
El 15 de diciembre de 2022, Ciro Gómez Leyva, el periodista más escuchado de México, sorteó su propia muerte y sobrevivió a un atentado en su contra. Estas páginas relatan su poderoso testimonio y la visión del autor sobre la fragilidad de la vida y la cercanía con su fin. Este acontecimiento lo convirtió en el periodista que se salvó, a quien ni el desánimo, ni la tristeza, ni su detentor han podido silenciar.
ARTE ANTIESTRÉS / DESCUBRE A LOS MEJORES AMIGOS
Tomás García Cerezo HACHETTE BIENESTAR

PERREO, UNA REVOLUCIÓN Cazzu RESERVOIR BOOKS



ARTE ANTIESTRÉS / STITCH. DESASTROSO PERO ADORABLE
Graciela Iniestra Ramírez HACHETTE BIENESTAR

DÓNDE ESCONDER UNA ESTRELLA
Oliver Jeffers FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
Había una vez un niño que jugaba a las escondidas cada que podía con sus amigos la estrella y el pingüino. La estrella siempre era fácil de encontrar, pero un día, se perdió. El niño llamó de inmediato a su amigo el marciano para pedirle ayuda. Sin embargo, el niño no contó con que no era el único que siempre había soñado con tener la amistad de una estrella…
EL LIBRO SALVAJE
Juan Villoro FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
Juan tiene planeadas las vacaciones de verano. Pero su madre ignora sus planes y lo deja en casa de tío Tito, un bibliófilo empedernido. Ahí, escondido entre los miles ejemplares de la biblioteca de su tío, Juan tendrá que encontrar el libro salvaje que se resiste a la lectura y que guarda entre sus páginas un secreto destinado al lector que sea capaz de atraparlo.
MASAJE CEREBRAL
Vania Bachur
ALTEA
Colorear es una actividad de atención plena que ayuda a que tu cerebro se enfoque y le diga bye al estrés. Además, también estimula tu creatividad y se ve bien bonito. Este libro es para grandes y pequeños. Porque siempre hay alguien que necesita relajar su mente. Dibujado con amor por Vania Bachur.
BLUEY. ¡OOOH, QUÉ BRILLANTE!
Varios autores
PHOENIX INTERNATIONAL PUBLICATIONS
¡Oooh, qué brillante! es una invitación perfecta para explorar la oscuridad y disfrutar de la lectura antes de dormir. Este libro estimula la imaginación, el juego sensorial y la lectura activa, con uno de los personajes más queridos por niños y familias. La linterna incluida tiene cinco sonidos diferentes que dan vida a las páginas, iluminándolas y animando la historia.
ARTE ANTIESTRÉS / EL PODER DE LAS CHICAS
Graciela Iniestra Ramírez HACHETTE BIENESTAR

COCINOLOGÍA
Dr. Stuart Farrimond DORLING KINDERSLEY

La autora dice: “Trabajo con una ira que viene de la ternura. De la ternura hacia la niña que fui, hacia las niñas que aún sufren, hacia las mujeres y las personas trans que sólo quieren existir”.

Hay escritoras que se refugian en la belleza y otras que la buscan entre los escombros. Cristina Fallarás pertenece a esta última estirpe: la de quienes escriben desde el temblor, con el pulso acelerado y la verdad latiendo bajo la piel. Su literatura no busca consolar: interpela, incomoda, expone. En sus libros no hay máscaras ni indulgencia; hay heridas abiertas, la crudeza del miedo, la ternura que sobrevive al desastre.
Nacida en Zaragoza en 1968, Fallarás se formó como periodista en medios como El Mundo, El Periódico de Cataluña y Cadena SER, donde comprendió que la palabra podía ser también una trinchera. En 2018 impulsó el hashtag #Cuéntalo, un movimiento que hizo historia al reunir cientos de miles de testimonios de mujeres sobre la violencia sexual y machista tras el caso de La Manada. Lo que comenzó como una respuesta de indignación se convirtió en un archivo colectivo de memoria y resistencia, y consolidó su voz como una de las más potentes del feminismo contemporáneo en lengua española. Esa convicción de que escribir también es una forma de testimoniar atraviesa toda su obra narrativa. En Últimos días en el Puesto del Este (2024), publicada por el Fondo de Cultura Económica, Fallarás lleva su mirada al límite. La novela —breve, intensa y deliberadamente ambigua— cuenta la historia de una madre que intenta proteger a sus hijos en medio de un entorno incierto, amenazante, tal vez posapocalíptico. A través de una prosa contenida y febril, la autora construye una atmósfera donde el miedo se vuelve casi físico, y donde la supervivencia adquiere el tono de una resistencia íntima.
En paralelo, la memoria del pasado — encarnada en un amor antiguo, en un eco de ternura llamado la Polaca— ofrece un
1. Pionera del noir femenino
respiro mínimo, una grieta por donde se cuela la luz. Fallarás no explica ni tranquiliza: sugiere, provoca, empuja al lector hacia la incomodidad de lo incierto. En Últimos días en el Puesto del Este, lo importante no es el contexto ni la causa del desastre, sino la emoción: el miedo que paraliza, la necesidad de seguir respirando, la obstinación de amar incluso cuando todo parece perdido.
Su estilo combina la sequedad de la crónica con la intensidad de la poesía. Cada frase parece escrita con urgencia, como si detrás de cada palabra se jugara algo esencial. En ese tono austero y vibrante se percibe una ética literaria: Fallarás no embellece el sufrimiento, pero tampoco lo esconde. Lo observa con la serenidad de quien sabe que la verdad sólo puede decirse desde la herida.
En la figura de esa madre sin nombre, la autora construye un símbolo de resistencia: no la esperanza ingenua, sino la voluntad de permanecer. En medio del miedo, cuida; en la ruina, recuerda; en el silencio, todavía habla. Últimos días en el Puesto del Este no ofrece consuelo, pero sí verdad. Es una novela que duele, y en su dolor hay belleza, memoria y una feroz voluntad de seguir diciendo.+

En 2012 se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Dashiell Hammett por Las niñas perdidas (2011) una historia de desapariciones, maternidad y violencia narrada con una crudeza que marcó un punto de inflexión en la novela negra española.
2. De la denuncia al archivo colectivo
Su iniciativa #Cuéntalo —nacida en Twitter tras el caso de La Manada— reunió cientos de miles de relatos sobre violencia de género. Fue considerada uno de los hitos más importantes del feminismo digital en lengua española.
3. Escritura entre la furia y la lucidez
Además de novelista, Fallarás es ensayista y columnista. En libros como Honrarás a tu padre y a tu madre (2018) o Ahora contamos nosotras (2019) examina la memoria familiar, la desigualdad y la necesidad de narrar desde la experiencia femenina, con una voz radical, ética y profundamente humana.
“Escribo desde la herida para que otros no se sientan solos”: entrevista con Gilraen Eärfalas
La autora dice: “He visto estudiantes quebrarse bajo la presión. Por eso era importante escribirlo: detrás de cada doctora ‘perfecta’ hay alguien que sólo intenta sobrevivir”.
La historia sigue a Danielle Morgan, una joven estudiante de medicina que intenta reconstruirse tras sobrevivir a la violencia, el abuso y el estigma de la enfermedad mental. Desde la primera línea —“El silencio fue lo primero que aprendí y lo único que aún me funciona”—, el libro invita a mirar de frente lo que muchas veces preferimos callar.
“Esa frase fue exacta para comenzar”, cuenta la autora. “El silencio representa la obediencia del cuerpo para sobrevivir. En Danielle hay una joven que no sabe defenderse, y yo también fui esa persona. No soy alguien de muchas palabras, pero tengo muchas letras. Escribir fue mi manera de hablar cuando no podía hacerlo con la voz”.
Para Gilraen, la escritura se convirtió en un refugio: una forma de dar sentido a lo que dolía. “Estar aquí hablando es todo un logro”, dice con una sonrisa. “Por eso me gusta escribir: porque hablando no me entendían, y escribiendo, tal vez un poco más”.
En No me llames loca (Planeta, 2024), la medicina aparece como un espacio de búsqueda personal. “Muchos entran a medicina con heridas internas.
Creen que al obtener el título dejarán de sentirse insuficientes, pero lo que realmente buscan es sanar el alma. La carrera te enfrenta con tu vulnerabilidad y te muestra lo frágiles que somos”.
La novela también aborda el acoso y la violencia psicológica en el ámbito médico, un tema que Gilraen considera urgente. “He visto estudiantes quebrarse bajo la presión. Por eso era importante escribirlo: detrás de cada doctora ‘perfecta’ hay alguien que sólo intenta sobrevivir”.
A lo largo de la historia, Danielle convive con entidades simbólicas —Urien, Jezabel y Valeria— que encarnan distintas formas de resistencia. “No son diagnósticos, son metáforas”, explica. “Urien simboliza la fuerza que finge estar bien; Jezabel, la amnesia de quien bloquea lo vivido; Valeria, la desconfianza de quien teme volver a amar. Todos tenemos esas voces dentro”.
Gilraen escribió la novela durante casi una década, entre los 20 y los 29 años. “Es, de alguna manera, un fanfic de mi vida. Lo hice para sanar y para que otros también se sintieran acompañados”.
Sobre la palabra loca, reflexiona: “Llamamos loca a cualquiera que siente demasiado, cuando en realidad ‘loca’
Tres datos curiosos sobre No me llames loca

significa vacío. Escribir este libro fue mi forma de llenar ese vacío, de decir: aquí estoy, sigo viva”.
Antes de despedirse, Gilraen deja un mensaje para sus lectoras y lectores: “Escribo desde la herida para que otros no se sientan solos. No prometo sanar corazones, pero sí acompañarlos hasta que el dolor se vaya”.+
1. Nació en redes sociales: los primeros capítulos se publicaron en Facebook antes de migrar a Wattpad, donde alcanzó miles de lecturas y una comunidad fiel que la sigue hasta hoy.
2. La autora es médica y esa formación se refleja en la precisión con que aborda temas de salud mental, cuerpos y emociones.
3. El título proviene de una experiencia personal: en una sesión de terapia, Gilraen escuchó la frase “No estás loca, sólo estás sobreviviendo”, que se convirtió en la semilla del libro.

Gilraen Eärfalas
Originaria de Chilpancingo, Guerrero, Gilraen Eärfalas es médica general, técnica en análisis clínicos y escritora. Su carrera comenzó en plataformas digitales, donde combinó poesía, medicina y reflexión emocional, hasta convertirse en una de las autoras mexicanas con mayor proyección internacional. Con su novela No me llames loca, Gilraen abre una conversación urgente sobre salud mental, empatía y las formas invisibles del dolor.
Por Fernando Sanabrais

La autora dice: “Las mujeres nacemos bajo una marca que no elegimos… un costal de culpas”.
Por mi gran culpa (Hachette Livre, 2025), la novela más reciente de Ligia Urroz, se origina en un hecho fortuito y una frase poderosa: “Urroz no es su verdadero apellido”, soltó un día su abuela en una reunión familiar. Aquellas palabras abrieron una historia enterrada: un obispo, una violación y un embarazo oculto. “A partir de esa revelación escribí la novela”, cuenta la autora. “La novela es totalmente ficción”, insiste cada vez que se lo preguntan.
La obra se sostiene en un vaivén temporal: la travesía de Josefa y Dolores en el Zarabanda rumbo a Nicaragua y, cuatro meses atrás, la misa en latín de la catedral de León, donde el obispo pronuncia el Yo confieso. La letanía “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa” vertebra el libro y expone su tema principal: la culpa como herencia emocional, religiosa y social.
Urroz lo explica con claridad: “Las mujeres nacemos bajo una marca que no elegimos… un costal de culpas” que va del cuidado doméstico al profesional. A esa
carga se suma el poder eclesiástico, “el poder de poderes”, encarnado en un obispo narcisista, seductor y devastador. Para construirlo, la autora recurrió al DSM-5, a la filosofía del mal y al estudio del trastorno de personalidad.
Frente a él, la novela despliega una red de mujeres que se sostienen entre sí. Josefa bebe de Paul Ricoeur; Dolores, de Santa Teresa; María Luisa está hecha de lo mejor de las mujeres cercanas a la autora. A ese entramado se suma otro eje esencial: el exilio. Urroz dejó Nicaragua a los once años y nunca ha podido volver. Ese desarraigo reaparece en Somoza (Planeta, 2021), La muralla (Narratio, 2009) y ahora en esta novela, en la que la migración es trauma, destino y posibilidad.
La obra de Ligia Urroz se mueve en ese territorio donde memoria, exilio, culpa y cuerpo femenino se cruzan. Más que absolver, sus novelas formulan una pregunta incómoda: ¿de qué somos realmente culpables y qué culpas sólo heredamos?+
Por qué puede interesarte
Por mi gran culpa no sólo reconstruye una época: desarma los mecanismos emocionales, religiosos y sociales que han moldeado la vida de las mujeres durante siglos. Urroz expone cómo la culpa (esa herencia que nadie pidió) se transmite como un apellido, se normaliza como destino y se oculta como doctrina.
Su novela no busca moralizar: revela la violencia refinada del poder eclesiástico, la fragilidad del linaje y la potencia de una sororidad capaz de reorganizar lo que la historia desordenó. Urroz combina rigor histórico, sensibilidad musical y lucidez filosófica.
Finalmente, su obra nos sitúa frente a una sospecha inevitable: la culpa que creemos personal quizá no lo es. Tal vez, como sugiere Urroz, la culpa que nos une es también la que nos define.

Ligia Urroz
Nació en Managua en 1968. Es economista, narradora y promotora de la lectura. Reside en México desde 1979, donde ha desarrollado una trayectoria sólida en el ámbito literario. Es autora de La muralla, Somoza y Por mi gran culpa, obras reconocidas por su rigor histórico y la exploración de la memoria, la migración, la culpa y el poder. Su narrativa aborda con profundidad los vínculos entre memoria, identidad y las estructuras de poder que atraviesan distintas épocas.



Ve la entrevista en mascultura.mx
La autora dice: “Muchas veces, cuando las mujeres mostramos carácter o decimos las cosas como son, se nos tacha de problemáticas. Si un hombre lo hace, se le aplaude. Quise que ésa fuera la primera advertencia del libro”.

En Breakpoint, Alejandra Andrade nos invita a entrar a un terreno que no sólo es de arcilla o cemento: es la mente de una joven atleta que busca equilibrio entre la presión, el amor, la familia y la necesidad de control en un entorno feroz. A través de Belén Freeman, su protagonista, la escritora mexicana construye una historia sobre el costo invisible del éxito y las heridas que deja la búsqueda de la perfección.
“Quería hablar de esas mujeres que arden, aunque incomoden”, dice Andra-
de al recordar la dedicatoria que abre el libro: “A todas las mujeres que han sido llamadas difíciles, no se dejen apagar”. Belén, con apenas diecisiete años, encarna esa fuerza contradictoria: la de quien sabe lo que quiere, pero también teme el precio de conseguirlo. “Muchas veces —explica— cuando las mujeres mostramos carácter o decimos las cosas como son, se nos tacha de problemáticas. Si un hombre lo hace, se le aplaude. Quise que ésa fuera la primera advertencia del libro”. El universo deportivo en el que transcurre la novela refuerza esa tensión. “Aunque las cosas han cambiado, el deporte sigue siendo un espacio donde las mujeres tienen que esforzarse el doble para ser reconocidas”, comenta Andrade. Breakpoint es una exploración íntima sobre la resistencia emocional y la vulnerabilidad, contada desde dentro de la mente de una tenista que lo apuesta todo.
Belén es intensa, autocrítica y su rabia no se esconde. Andrade la construye con un pulso honesto, sin idealizarla. “Me gusta que mis personajes sean reales, que desesperen al lector y, al mismo tiempo, le resulten entrañables. La ira de Belén no la define, la humaniza. No está mal aceptar la ira, pero hay que aprender a canalizarla.”
La autora confiesa que temía que su protagonista resultara “demasiado reactiva”
para los lectores, pero la respuesta fue inmediata: “Recibí mensajes de personas diciéndome: ‘Soy Belén, me vi reflejada en ella’. Me di cuenta de que esa rabia es una emoción compartida, un dolor mal canalizado que muchas personas llevan consigo”.
El tenis, más que un deporte, se convierte en metáfora. En la cancha —ese espacio donde la soledad pesa tanto como el cuerpo— Belén aprende que el éxito no siempre significa ganar. “Para ella, al principio, ganar lo es todo. Pero poco a poco se da cuenta de que hay victorias que cuestan demasiado y derrotas que enseñan más que cualquier trofeo”. La relación entre Belén y Henry, su amigo de la infancia, también aporta equilibrio al relato. “Ellos son como fuego y hielo”, explica Andrade. “Donde uno se detiene, el otro empuja. Son tan distintos que terminan completándose”.
“Quisiera que se quedaran con la idea de que nadie triunfa solo. El éxito también depende de con quién te rodeas. Y pedir ayuda no es debilidad, sino inteligencia”.
Escribir Breakpoint la llevó a repensar su propia disciplina. “La escritura y el deporte se parecen mucho. Ambas exigen constancia, rutina y pasión. Belén me recordó que el esfuerzo cotidiano, por pequeño que parezca, termina construyendo la gran victoria”.
Con Breakpoint, Andrade confirma su lugar entre las nuevas voces del romance contemporáneo: apasionada, disciplinada y profundamente humana. Como su protagonista, escribe con el corazón en juego, dispuesta a romper y reinventar cada punto.

Alejandra Andrade
Es una autora mexicana cuya serie debut en inglés, Moonstruck Series, alcanzó el top 10 de los más vendidos en Amazon México y el primer lugar en varias categorías de romance. Breakpoint, un adictivo romance deportivo, marca su primera publicación con Ediciones Urano. Actualmente reside en Mérida, Yucatán, junto a su esposo, su hijo y un husky que —bromea— “está convencido de haber sido enviado por los dioses para gobernar la casa”.


El autor dice: “El fin del tiempo no es una catástrofe, sino una posibilidad. Quise escribir desde ese punto en que todo se apaga y, aun así, algo persiste: la curiosidad”.
ras la publicación de El arqui(Syntaxis / New Mind Group, 2025) su primera novela, David Vallejo regresa con un libro completamente distinto: Cuentos (New Mind Group, 2025). Si en su debut exploró la oscuridad interior, ahora amplía su mi-
Se trata de un volumen de catorce relatos que dialogan entre sí y reflexionan sobre la memoria, el amor, la conciencia y la permanencia. Vallejo expresa que lo escribió en dos semanas, movido por la urgencia de quien siente que el tiempo se agota. Inspirado por autores como Asimov y Ted Chiang, combina física cuántica e inteligencia artificial con emoción humana.
“Cuentos desde el fin del tiempo es una exploración del universo y de la conciencia humana”, explica Vallejo. “Son historias que ocurren en los límites de lo posible, donde la ciencia se vuelve metáfora y la emoción adquiere peso físico. Quise unir la precisión científica con la fragilidad de lo humano”.
Desde niño, el escritor encontró en la ciencia ficción un espacio de reflexión. “Asimov me enseñó la ética de la curiosidad, Bradbury la poesía de la tecnología, Le Guin la dignidad de lo diferente, Dick la duda sobre la realidad y Chiang la perfección de la idea”, dice. “No escribo para describir el futuro, sino para recordarle al presente que no lo ha entendido todo”.
Algunos de sus relatos muestran ese cruce entre ciencia y humanidad: en “El último fotón”, un fotón contiene la memoria del universo; en “El espejo de Schwarzschild”, un grupo de científicos entra en un agujero negro y encuentra del otro lado una versión poética del cosmos.+

El título del libro, explica Vallejo, responde a una idea: “El fin del tiempo no es una catástrofe, sino una posibilidad. Quise escribir desde ese punto en que todo se apaga y, aun así, algo persiste: la curiosidad”.
La inteligencia artificial y la música vuelven a ser temas centrales en su obra. “La IA me interesa porque nos obliga a pensar qué significa sentir, y la música porque recuerda que hay cosas que no necesitan explicación. Una intenta reproducir la emoción; la otra, provocarla”.
Después de escribir tanto sobre el tiempo el autor redefine este concepto y la manera de percibirlo. “El tiempo no es una línea, es un eco que regresa distinto cada vez. Escribir este libro fue aprender a escuchar ese eco. Descubrí que la eternidad no es duración, sino intensidad”.
Para Vallejo, el hilo que une los cuentos es la memoria: “Cada relato muestra a alguien que intenta recordar aunque todo se haya extinguido. En el fondo, todos somos eso: un intento de no ser olvidados”.

David Vallejo
Tampiqueño de nacimiento y explorador del mundo por vocación, es un bibliófilo empedernido y melómano insaciable. Estratega político, escritor, columnista y profesor, ha dedicado su vida a las ideas, las palabras y las causas. Es, además, un esposo profundamente enamorado y un padre orgulloso. Esta novela de ciencia ficción representa su segunda obra literaria y su incursión más reciente en los territorios donde la imaginación transforma la realidad.
David Vallejo
Desde el primer eco de luz en un universo naciente hasta el último susurro en la oscuridad que viene después del tiempo, esta colección reúne distintos cuentos que habitan el filo de lo comprensible.






Sanar tu historia (V&R, 2025), el primer libro de Machy Guerrero, es una brújula esencial para quienes buscan reconectar con su verdadero yo y sanar heridas emocionales profundas. Más que un libro, se trata de una invitación a reflexionar sobre nuestras experiencias pasadas, entender cómo estas han moldeado nuestra vida presente y, sobre todo, aprender a liberarnos de los lastres que nos impiden avanzar.
Machy Guerrero, psicóloga y experta en parentalidad y desarrollo infantil, ha dedicado años a estudiar cómo nuestras primeras relaciones afectan nuestra vida adulta. Certificada en Disciplina Positiva y con formación avanzada en trauma complejo, Machy sabe lo que significa enfrentar las cicatrices emocionales y guiar a otros hacia su curación. Su experiencia como terapeuta infanto-parental y conferencista internacional le ha permitido acompañar a miles de familias en su proceso de crecimiento personal. Ahora, con Sanar tu historia, pone al alcance de todos herramientas prácticas basadas en neurociencias y apego para sanar desde adentro.
Una mirada honesta a nuestras heridas emocionales
Guerrero describe cómo muchas de nuestras luchas actuales (el estrés laboral, los arrepentimientos, las decepciones y
la crisis de soledad) tienen raíces en experiencias tempranas que quizás ni siquiera recordamos claramente. “No podemos cambiar aquello que no estamos dispuestos a enfrentar”, escribe Guerrero en su libro. Esta frase resume la propuesta central de Sanar tu historia: la importancia de hacer conscientes nuestras heridas para poder sanarlas.
Cada capítulo aborda temas clave, como el impacto del apego en la infancia, la construcción de patrones emocionales y cómo romper ciclos tóxicos. A través de ejercicios prácticos y reflexiones personales, Machy nos enseña a reconocer patrones que nos limitan y a construir nuevas narrativas internas. Por ejemplo, sugiere detenernos ante señales de desregulación emocional, como la ansiedad o la ira, y preguntarnos: “¿Qué necesito realmente en este momento?”. Nos invita a validarnos, descansar y darnos lo que no recibimos en el pasado como pasos cruciales para sanar.
En tiempos marcados por el burnout y el agotamiento emocional, Sanar tu historia llega como un bálsamo necesario. Muchos de nosotros cargamos con arrepentimientos de lo que “pudo ser” o nos sentimos atrapados en patrones repetitivos que nos alejan de la plenitud. Machy Guerrero nos recuerda que “la voz interna puede cambiar cuando empezamos a tratarnos con compasión”. Este mensaje es especialmente poderoso en un contexto donde cada vez más personas buscan respuestas más allá de soluciones superficiales.
El libro también aborda la importancia de los buenos tratos, tanto hacia nosotros mismos como hacia los demás. En palabras de la autora: “Ser esa persona que necesitábamos de pequeños es posible. Sólo requiere conciencia y práctica”. Este enfoque empático y accesible hace que el libro sea ideal para quienes enfrentan desafíos emocionales significativos y para cualquier lector interesado en mejorar su bienestar general.
Date un momento para conocer la obra de Machy Guerrero, ya que no es sólo teoría; gracias a su formación en trauma complejo, ha trabajado directamente con familias, ayudándolas a transformar sus dinámicas y a construir vínculos más saludables. El enfoque que presenta combina rigor científico con un
tono cercano y humano que invita a los lectores a confiar en el proceso de sanación. ¿Qué encontrarás en este libro?
Uno de los aspectos más destacados de Sanar tu historia es su énfasis en la autocompasión. Guerrero nos recuerda que no podemos esperar recibir de otros lo que no somos capaces de darnos a nosotros mismos. “Validarte es el primer paso hacia la libertad emocional”, asegura. Esta idea resuena profundamente en una sociedad en la que muchos de nosotros hemos aprendido a ignorar nuestras necesidades en favor de cumplir expectativas externas. Este libro es perfecto para cualquier persona que sienta que necesita un reset emocional. Ya sea que estés lidiando con estrés crónico, heridas no cerradas del pasado o simplemente quieras entender mejor tus patrones emocionales, este libro ofrece herramientas claras y accesibles para comenzar tu proceso. También resulta ideal para quienes buscan mejorar sus relaciones personales y aprender a tratar a los demás (y a sí mismos) con más empatía y comprensión. En un mundo que a menudo parece caótico e incierto, Sanar tu historia nos recuerda que siempre hay espacio para el crecimiento y la transformación. Como dice la autora: “Tu historia continúa, y tú tienes el poder de escribir el próximo capítulo”. Este mensaje de esperanza y posibilidad es lo que hace que este libro se vuelva tan relevante y necesario en estos tiempos.
Si buscas una guía para reconstruirte después de decepciones, estrés o cicatrices emocionales, en Sanar tu historia encontrarás tu próxima lectura indispensable. Machy Guerrero nos enseña que el primer paso hacia la libertad comienza con una mirada honesta hacia nuestro interior.+



En estas fechas en las que buscamos obsequios con significado —algo que abrace, acompañe y permanezca— dos libros se alzan como una invitación luminosa a mirarnos con honestidad y a reencontrarnos con nuestra propia historia. Ya llegué. ¿Y ahora qué? (Whitaker House, 2025), de Carolina Carvajal, y Me estalla la cabeza (Whitaker House, 2025), de Alejandra Stamateas son lecturas necesarias y regalos que dialogan con quien los recibe, que abren un espacio para pensar, para sanar y para volver a empezar. Distintos en su enfoque, pero profundamente unidos en su propósito, ambos libros nos recuerdan que crecer también implica detenernos, hacer silencio, y reconstruir aquello que la prisa y las expectativas han dejado atrás.
Ambas autoras hablaron con claridad y valentía en sus entrevistas. Y escucharlas permite comprender que, aunque cada libro parte de un lugar distinto, los dos se encuentran en un mismo territorio emocional: el de quienes desean navegar la vida con más sentido y menos peso.
Carolina Carvajal, en Ya llegué. ¿Y ahora qué?, parte de esa pregunta que todos
hemos sentido en algún momento: ¿y ahora qué hago con esta etapa que llega, con este cambio, con este silencio, con este comienzo inesperado? Su libro nace de una pausa profundamente humana: el día en que vio a sus hijos irse —unos temporalmente, otros emocionalmente— y descubrió que había llegado a un punto del camino que no sabía cómo habitar.
En la entrevista, Carolina comparte que esta pregunta no aparece sólo en los grandes giros de la vida, sino en todos esos momentos en los que creemos haber llegado “a la meta” y, sin embargo, algo dentro pide volver a empezar. Desde esa experiencia, construye una invitación poderosa: detenerse, respirar, identificar en qué temporada estamos —primavera, verano, otoño o invierno— y volver a configurar el rumbo, esta vez con intención.
Uno de los aportes más valiosos de su conversación es la claridad con la que habla sobre las heridas de la infancia: cómo marcan la adultez, cómo condicionan nuestras ideas de éxito, productividad o descanso, y cómo negarlas prolonga el dolor. Carolina propone un viaje breve pero profundo, accesible y honesto, para nombrar, entender y transformar aquello que cargamos desde hace años. Su libro es, en esencia, una guía para que la segunda mitad de la vida —o cualquier mitad en la que estés— se viva con propósito y no por inercia.
Por otro lado, Alejandra Stamateas, autora de Me estalla la cabeza, nos invita a mirar de frente una realidad que atraviesa especialmente a las mujeres de hoy: la fragmentación emocional que surge del mandato de ser perfectas. Perfectas en lo laboral, en lo físico, en lo familiar, en lo social. Perfectas incluso en el descanso. En su entrevista, Alejandra describe con lucidez ese “síndrome de la cabeza estallada”: una mente agotada, cargada de deberes y expectativas, que termina por romper la conexión con el propio deseo, la propia voz y el propio cuerpo.
Su libro es un mapa para volver al centro: aprender a decir que no sin culpa, desactivar la manipulación emocional, salir de relaciones que desgastan, reconocer los propios patrones afectivos —como el “hombre bebé” o el “hombre perchero”— y construir vínculos
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más sanos, con otros y con una misma. Alejandra insiste en que no se trata de culpar a la madre, a la pareja o al pasado, sino de hacerse responsables del presente y evitar decisiones tomadas por saturación. Con humor, claridad y una mirada profundamente empática, ofrece herramientas para recuperar la fuerza emocional que muchas veces queda enterrada bajo la culpa.
Lo que une a estos dos libros es más grande que sus diferencias: ambos nos hablan del enorme poder que tiene detenerse. Carolina desde la pregunta que nos abre hacia el futuro. Alejandra desde la saturación que nos fragmenta y nos pide volver a la raíz. Regalar estos libros es regalar un gesto de acompañamiento: un “toma, aquí hay un espacio para ti”, un “mereces respirar”, un “no tienes que seguir sola o en automático”. Estas lecturas se disfrutan, pero además se sienten, se reconocen, se agradecen.
En un mundo que corre, estos dos libros nos recuerdan que la vida también sucede cuando bajamos el ritmo. Y quizá, en estas fechas, ese sea el mejor regalo posible.+



ste año, el editor mexicano Ulises Benítez funge como representante de la industria editorial de Taiwán en México, y su entusiasmo se siente contagioso. A propósito de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, presenta una selección de cinco títulos que forman parte de la campaña “Taiwán, hogar de historias”, una iniciativa que busca acercar la literatura infantil y el cómic taiwanés a los lectores latinoamericanos. “Seleccionamos estas obras porque creemos que pueden conmover a sus lectores —niños o adultos— y tender puentes entre nuestras culturas”, comenta Benítez.
La campaña reúne tres libros infantiles y dos cómics publicados por editoriales mexicanas y latinoamericanas que han apostado por autores e ilustradores taiwaneses.
El primero, La casa de los gatos (Macmillan Castillo, 2025), narra la historia de una abuela que, tras la pérdida de su esposo, encuentra consuelo en los gatos que antes rechazaba. Una historia sobre el duelo, la memoria y la ternura que surge en los lugares más inesperados.
El segundo, Quiero adoptar un tigre (Fondo de Cultura Económica, 2024), combina humor y empatía: un niño que sueña con tener un tigre como mascota descubre que cuidar implica responsabilidad y cariño. Y el tercero, La zorra y el árbol (Macmillan Castillo, 2023), aborda la amistad y la naturaleza como formas de conexión entre generaciones.
A estos títulos se suman dos cómics que exploran otros territorios emocionales y visuales. Consola 2073 (Editorial Trillas, 2025), del autor Ding Bao Yen —quien visitó México durante la fil de Guadalajara—, propone una historia de amor en clave de ciencia ficción, ambientada en un futuro dominado por la tecnología y las memorias digitales. Por su parte, Helena y el señor lobo malo (Norma Editorial, 2024) combina elementos de fábula y suspenso, con un trazo delicado y una atmósfera que recuerda al manga japonés, aunque con una identidad plenamente taiwanesa.
Benítez destaca que estas obras, aunque distintas entre sí, comparten un hilo común: “Hablan del amor desde diferentes facetas: el amor por los otros, por los animales, por la memoria. Incluso en la ciencia ficción hay una búsqueda de humanidad”.
Más allá de la presentación editorial, “Taiwán, hogar de historias” es también un gesto de intercambio cultural. En un momento en que la cultura asiática ha ganado popularidad en Occidente —de Corea del Sur a Japón—, esta campaña recuerda que Taiwán posee una tradición literaria viva, diversa y profundamente sensible.
Al despedirse, Ulises Benítez lanza una invitación: “En este fin de año, estos cinco libros son un regalo perfecto para compartir historias que cruzan fronteras. Pueden encontrarlos en Librerías Gandhi”.
Historias pequeñas, pero con ecos universales. Porque, como dice la campaña, Taiwán también es un hogar de historias.+





1. Taiwán es uno de los países con mayor número de editoriales independientes por habitante en Asia, especialmente dedicadas a la literatura infantil y al cómic.
2. El libro La casa de los gatos, del autor taiwanés Chih-Hao Yen e ilustrado por Hui-Yin Hsueh, fue seleccionado entre los Best Children’s and Youth Books en Taiwán tras su lanzamiento.
3. Consola 2073 es considerada la primera novela gráfica taiwanesa traducida al español que aborda la inteligencia artificial como tema central.
4. La zorra y el árbol ganó en 2023 el Golden Butterfly Award, uno de los reconocimientos más importantes de ilustración en Taiwán.
5. Taiwán celebra cada abril el Reading Festival, una iniciativa nacional que promueve la lectura con eventos gratuitos en bibliotecas, trenes y parques.


reo que El amor está en otra parte (Trillas, 2025) no es una respuesta. Es una serie de preguntas”, dice Alejandra Gotóo con una sonrisa que mezcla curiosidad y convicción. Su libro —una colección de relatos breves y fáciles de leer que nacen de los pequeños gestos del día a día— reúne historias con un hilo conductor claro: la pregunta constante sobre cómo aprendemos, y desaprendemos, el amor.
Debido a su formación en antropología, Gotóo —que también es traductora— reconoce que su escritura tiene algo de etnográfica: observa, escucha, registra. “Escribo pequeñas etnografías. [Me imagino] detrás de la cámara, viendo cómo el personaje hace las cosas y narrándolo”.
Alejandra Gotóo también explora los matices de lo cotidiano: aquello que sucede entre una taza de café, una caja de cartón o un paseo con el perro. Cada historia se desencadena a partir de lo común —una caja, una conversación, una rutina— para revelar la intensidad emocional que habita en lo ordinario.
“Este libro abre preguntas, más posibilidades, mas formas de vivir. No hay un sí o un no, o un blanco y un negro. Juego con muchos más matices de gris”. Por eso, en este universo el amor no aparece
como un ideal romántico, sino como una forma de resistencia, de aprendizaje o incluso de error.
Sus personajes se mueven en lo que ella llama “espacios liminales”: zonas fronterizas entre la norma y la excepción, entre lo visible y lo que preferimos no ver.
Cuéntanos, ¿qué te atrae de estas figuras?
Creo que para mí, los espacios, animales, personas… todo lo liminal llama mi atención, lo marginal, lo fronterizo, porque nos cuenta mucho más de lo que a veces nos sentamos a ver. Creo que son la posibilidad de lo que todos somos. El título de tu libro evoca precisamente esa idea de liminalidad… Me gustaría preguntarte entonces, ¿por qué da la impresión de que este tipo de vínculo que nos presentas no termina cuajando o cuaja de alguna manera que no esperábamos?
Creo que, al final, eso es la vida. Es decir, cuaja de una manera que no esperábamos, y a veces nos gustaría que fuera de otra manera, pero no lo es. Y también creo que no hay sólo una forma de amar, por eso las relaciones no tienen una forma arquetípica. Estos personajes sí aman, pero ¿cómo? Es una manera diferente, a veces incluso surrealista.
En cuentos como “Kira Lilith”, “Al sur de la frontera” o “Una mujer silente”, Gotóo explora esa vida que se sostiene en las orillas: individuos que buscan sentido en medio de la pérdida, migrantes que cruzan territorios hostiles, mujeres que cuestionan el peso de las expectativas. El amor, como anuncia el título, no aparece aquí como un destino feliz, sino como un territorio de interrogantes. En “Hermanos”, por ejemplo, el amor se vive bajo la sombra de la violencia.
A lo largo de los más de 30 relatos que integran El amor está en otra parte, también observamos que los cambios en sus personajes suceden sin grandes aspavientos, aparentemente: “A veces
estas transformaciones no son como el gran torbellino. [Más bien] se hunden en las profundidades de los personajes”, explica. A propósito de este tipo de metamorfosis, dos de sus personajes favoritos aparecen en el cuento “Yo aún quiero más flores”, en el que una escena mínima —una mujer mayor subiendo al tren con un ramo de flores que es observada por otra mujer más joven— desencadena una reflexión sobre el deseo, la libertad y los pequeños gestos que sostienen la vida y nuestras alegrías.
El libro también incluye “Dios”, una historia en la que la autora imagina a una divinidad humana, frágil: “¿Qué le pasa a un Dios que se olvida de sí mismo? Esta idea de Dios olvidándose de sí mismo me parece muy cómica y cínica al mismo tiempo”.
Casi al final de la plática, cuando toca hablar de lo que significa la literatura para ella, Gotóo afirma que “la literatura no tiene una función en sí misma; [pero sí] ilumina lugares donde no había luz. No pretende enseñar ni instruir, pero sí te mueve”. Y agrega: “La literatura transforma. La literatura puede salvar vidas. Para Alejandra Gotóo, la literatura, quizá como el amor, es un espacio vivo, compartido. “La literatura no la hacen quienes escriben. La hacemos todos nosotros: los que la leemos, los que conversamos sobre ella. Es algo vivo, como el lenguaje. Ayuden a que siga estando viva y transforme otros corazones”.+ Trillas



