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La Plata

La ciudad premeditada Bosques y museos, una Catedral inabarcable, una casa revolucionaria y gastronomía en pleno despegue. La capital provincial, sueño de próceres y realidad de jóvenes, en una escapada para todos los perfiles. Pablo Corso.

Guillermo Llamos.

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l plano de la ciudad es sencillo y regular, para que pueda prestarse a todas las modificaciones. Las calles, cruzadas en ángulos rectos, están trazadas a distancias iguales, de amplitud uniforme, plantadas de árboles y designadas por números de orden. De medio en medio kilómetro, la calle, tres veces más ancha, toma el nombre de paseo o avenida”. Lo imaginó Julio Verne en 1879, lo concretó Pedro Benoit en 1882. Ficción y realidad se fundieron en la Exposición Universal de 1889 en París, cuando –según el mito– el hombre que había creado la ciudad de France-Ville para su novela Los quinientos millones de la Begún entregó al inspirador de La Plata las medallas a la “ciudad del futuro” y a la “mejor realización construida”. La ciudad de las diagonales es la cara real de una utopía: lo que los humanos hicieron y lo que dejaron de hacer sobre el cemento planificado en un tablero. Cuando no está saturada de autos (el mediodía es el punto álgido), remite a una Buenos Aires bien hecha: una capital organizada y fluida, con un balance armónico de rutina y ocio, plazas en cada cruce de avenidas, ciudadanos razonablemente felices. Es libre y liberal, el refugio pasajero de miles de veinteañeros que habitan la materia de sus sueños. Acá se conocen y se retroalimentan, se convierten en lo que buscan sin aburrirse en el camino.

Onda verde

La felicidad platense confluye en el Bosque. En las 70 hectáreas que alguna vez ocupó la estancia de la familia Pereyra Iraola, el fundador Dardo Rocha ordenó plantar robles y eucaliptos, trazó caminos, agregó fuentes y fijó el punto de partida en la Avenida 1. Entre juegos para chi-

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cos y el aroma libidinoso de las bondiolas, el Bosque convoca a runners y familias todos los días. Los fines de semana está copado por el fútbol: los estadios de Gimnasia y Estudiantes (ya en su culminación) se miran de reojo y en tensión permanente. Más allá del zoo, el Planetario y el Observatorio, el Museo de La Plata se alza como una declaración de principios. Proyectado para impresionar, es exactamente lo que hace. Después de las escaleras con estatuas de tigres de dientes de sable, el busto del perito Francisco Moreno –fundador en 1884 con su colección privada– aparece en el hall central, flanqueado por otros de 14 animales autóctonos: una suspensión temporal en la supremacía del homo sapiens. Con una colección que supera los 3,5 millones de objetos, las 20 salas proponen un recorrido ambicioso, desde el origen del Universo hasta la actualidad. En la sala paleontológica domina el diplodocus. La réplica del herbívoro de 25 metros es la imagen que, potenciada en producciones como Jurassic Park, capturó la imaginación de una generación que empezó a preguntarse cómo alguna vez existió algo tan fantástico sobre nuestra roca giratoria. Para entenderlo, hay que rodearlo: la tibia alta como un humano, la costilla que aprisiona la voracidad del tórax, las vértebras del cuello interminable. El piso inferior también está dedicado a mamíferos prehistóricos como el megaterio y marinos como la ballena azul. Ya en la actualidad, la minuciosidad en la taxidermia de aves y mamíferos inspira una mezcla de pena, miedo y curiosidad. La ambientación es sobria; las bestias mantienen el protagonismo en un contexto pedagógico y civilizatorio. La planta superior tiene otros 14 bustos, esta vez humanos. Al otro lado de la incorrección política, las placas explican: “indio del altipla-

aquí Leandro Larrondo,

encargado de la cervecería Peñón del Águila, parte de la movida gastronómica de la Diagonal 74 . enfrente Interior de la Catedral, tan impactante como la gigantesca fachada que domina la plaza Moreno. en LA APERTURA El

Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha.

Del tren a los museos Frente a la Plaza San Martín se levanta el imponente edificio donde en 1887 se inauguró la estación ferroviaria “19 de noviembre”. El crecimiento acelerado de La Plata obligó a cambiar los planes; la terminal se mudó en 1903. Después de ser sede de Radio Provincia, la Dirección de Telégrafos, el Archivo Histórico y los ministerios de Acción Social y Trabajo, el predio se convirtió en el Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha, donde hoy funcionan los museos de Arte Contemporáneo Latinoamericano de La Plata, dedicado a las artes plásticas, y el Municipal de Arte, enfocado en el talento local. La ex estación, que también aloja dependencias oficiales sobre sus pisos ajedrezados, atravesó una refacción el año pasado al celebrar sus 130 años.

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no”, “viejo toba chaqueño”. En la sala dedicada a las culturas precolombinas hay cerámica del Tawantinsuyu, esculturas mesoamericanas y vasijas de Nazca. La egipcia guarda los ataúdes de Tadimentet y Herwodj, mujer y hombre de la Época Tardía encontrados en Menfis. Con instrumentos musicales, ropa y embarcaciones, la sala etnográfica se centra en las culturas argentinas. El recorrido termina en un espacio dedicado a Moreno, que exhibe su biblioteca con ejemplares de Darwin y sus objetos de trabajo. El perito, un hijo de su época que llegó a exponer a caciques patagónicos para que los estudiaran sus colegas, se hubiera sorprendido con la decisión de 2006, cuando las autoridades del museo dejaron de exhibir restos humanos americanos como un reconocimiento a los pueblos originarios.

Espíritu y materia

Cuando el porteño Dardo Rocha visitaba La Plata, lo miraban de reojo. Llegaba en tren, daba unas vueltas en carruaje y se volvía a Buenos Aires. El día que le reprocharon que no tenía fe en la ciudad que había fundado, decidió mudarse a una casa de la calle 50, hoy convertida en museo y archivo. Hay sillas renacentistas y un secrétaire de decoración exquisita; un escritorio rodeado de diplomas por su participación en la Guerra de la Triple Alianza; una strelitzia que trajo de sus viajes por África. El plato fuerte se sirve en la sala contigua: la caja de plomo y la redoma de cristal que contuvieron las medallas, el bastón de mando, la pala con aplicaciones de oro y plata, el tintero de bronce y el pañuelo de seda que se habían enterrado el día de la fundación para ser exhumados 100 años después. Ese 19 de noviembre de 1982 otra colección de objetos volvió a ubicarse en una urna circular bajo la piedra fundamental de la Plaza Moreno; la redescubrirán los platenses del Bicentenario. La plaza es el centro geométrico del cuadrado de Rocha y Benoit, el punto ineludible para entender la escala demencial de la Catedral inaugurada en 1932. En la esquina de 1 y 53 (rebautizada “Papa Francisco”), el faro urbano construido para verse desde el río funciona como punto de peregrinación de visitantes y locales, como los egresados que se sacan fotos con el pelo enchastrado y semidesnudos, en un gesto que ofende la sensibilidad ultraconservadora del arzobispo Héctor Aguer. Por dentro, el edificio se confirma como el apuntalamiento de un orgullo. Con las columnas que sostienen un techo inalcanzable, parece creado para criaturas míticas y gigantescas. Los vitrales cortan la sensación abrumadora y por momentos remiten a la Sagrada Familia. En las entrañas de ladrillo y cemento de la catedral neogótica, el Museo propone un recorrido por los andamios que sostuvieron a los obreros españoles e italianos que levantaron la mole, las investiduras y los objetos litúrgicos de las figuras que la condujeron y el órgano que Alberto Poggi terminó en 1903. Los restos de Rocha y su esposa Juana Arana descansan en una cripta de ataúdes mellizos. El ascensor que sube por la Torre de Jesús ter-

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ENFRENTE El edificio de la Casa de Gobierno en la República de los Niños. abajo Una escena de

la vida cotidiana en el Paseo del Bosque. La Plata tiene una plaza en cada cruce de avenidas.

La diagonal gastronómica Al cierre de esta edición, eran 24 locales en apenas tres cuadras. La Diagonal 74 se convirtió en el lugar donde hay que estar cuando el happy hour guía la transición etílica entre el atardecer y la noche. Las cervecerías compiten desde locales con banquetas a la calle, y el público se está volviendo más exquisito. “No sólo pide más, también pide mejor”, reconoce Leandro Larrondo, encargado de Peñón del Águila, un parador de comida al paso y alta rotación durante el after office. “Venís solo y siempre encontrás a alguien”, explican en un grupo de seis amigos y amigas veinteañeros. En BarbaRoja, donde las pizzas y cervezas circulan entre cartas y partidas de jenga, el objetivo es “descontracturar, dar un buen servicio y pasar buena música”, dice el encargado, Ignacio Galli. El corredor gastronómico, que suma restós, heladerías y casas de comida, es una de las apuestas de Pulpa, la cámara que busca profesionalizar el rubro en La Plata y City Bell.

mina en una plataforma con vistas que pagan la entrada: el Río de la Plata y la línea de Colonia; los 112 metros de la Torre de María recortándose sobre el Estadio Único; el campanario de Veneto con 25 campanas de bronce; el vértigo y la pretensión de tocar el cielo.

Clásica y moderna

Después de un desayuno energético en el Hotel del Sol, llega el turno de un pilar platense. La Casa Curutchet es la única vivienda que construyó en América Charles-Édouard Jeanneret-Gris, mejor conocido como Le Corbusier, el arquitecto más influyente del siglo XX. En 1948 el cirujano Pedro Curutchet decidió escribirle una carta confesando su deseo: una casa para él, su esposa y sus hijas, donde también se levantara un consultorio. Era un profesional disruptivo. Le gustaba el arte, sacaba apéndices en las cocinas, había creado técnicas aprobadas por Harvard. Quizá el destinatario se sintió interpelado por ese hombre descarado y talentoso. Quizá creyó que el proyecto le facilitaría la concreción de otro que circulaba por esos días: un Plan Urbano para la ciudad de Buenos Aires. Quizá, como se rumoreó en su momento, simplemente estaba subyugado por la hermana del doctor. Sin explicitar los motivos, aceptó y puso al frente a su discípulo Amancio Williams, que dirigió la obra durante seis años. Más allá de satisfacer al cliente, la casa debía representar los cinco puntos del manifiesto del suizo –elevación sobre pilotes, planta y fachada libre, ventana horizontal y terraza jardín– y su sistema de medidas “Modulor”, basado en la altura del hombre y por el cual todas las habitaciones llegarían a los 2,26 metros. Le Corbusier buscaba responder a las nuevas formas de habitar el siglo XX. La Casa Curutchet cumpliría con todos los requisitos. Desde afuera se levanta como una promesa elegante y discreta. Por dentro transmite la paz de la misión cumplida: adaptación al entorno, aprovechamiento integral del espacio, despliegue virtuoso del talento humano. En la terraza se estudió la inclinación de los rayos solares para que el baldaquino y el brise soleil generaran luz en invierno y sombra en verano. La planta de las habitaciones tiene formas circulares y cuadriculadas. No hay lógica ni previsibilidad; uno puede aparecer por cualquier lado. En el bloque que lleva al consultorio, Le Corbusier introdujo el concepto de movimiento, como Picasso en la pintura. En el centro de la construcción, decidió plantar un álamo que compusiera todo en términos verticales. El espacio de trabajo de Curutchet conserva el instrumental que inventó, su camilla metálica y una foto que lo retrata como un improbable doble de Woody Allen. Las vistas a la Plaza Rivadavia revelan la fachada “torcida”; el arquitecto proyectó una adaptabilidad completa al terreno, que tuviera en cuenta la identidad diagonal de la ciudad. Todo eso llevó a que la Casa (hoy administrada por el Colegio de Arquitectos de la provincia, ente público no estatal) fuera declarada Patrimonio de la Humanidad en 2016. Aunque su popularidad había explotado


El recuerdo de Ponciano

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Dardo Melchor Ponciano Rocha Arana, el tercer hijo del fundador de la ciudad y su esposa Juana Arana, vivió apenas siete años por culpa de un falso crup. Conmovido por su muerte, el patriarca levantó San Ponciano, la primera iglesia platense, en su primer aniversario. Fue otro diseño de Pedro Benoit, también responsable de la Catedral. De estilo neogótico, hoy es basílica y tiene una torre con reloj eléctrico. Es algo oscura por dentro, donde impresiona su altar valenciano hiperornamentado. Reabrió en diciembre de 2000, tras un período de refacciones en sus vitrales alemanes y franceses, pisos de mosaico veneciano y camarín de la Virgen de Luján, tallado en madera hace más de 300 años, que había llegado desde la antigua capilla bonaerense. El trabajo no está completo: después de más de tres años, las naves laterales siguen en reparación.

siete años antes, cuando se usó como set para El hombre de al lado, la película que narra la escalada de violencia entre un diseñador snob que vive en el edificio y un vecino rústico que se obsesiona por construir una ventana en la medianera. Julio Santana –director de la Casa– reconoce que la película potenció la difusión, mientras atravesamos una remake inesperada: en el terreno de al lado, una cuadrilla de albañiles empieza a levantar las paredes de una cervecería.

El sabor del encuentro

El cocktail de juventud, urbanidad y aire libre hizo de la cerveza el combustible básico del entretenimiento platense. Hay zonas con una cervecería en cada esquina. A pasos del hotel San Marco, La Modelo funciona como una especie de abuela del fenómeno desde el mismo edificio donde en 1894 empezaron a acopiarse barriles de la compañía del ramo más famosa del país. Bajo un centenar de jamones en estacionamiento, persiste una práctica chocante para los forasteros: las cáscaras de maní se tiran directo al piso, un hábito adquirido en la época del parquet. Las cosas habían cambiado 120 años después, cuando cuatro amigos se asociaron para abrir Lemmens, un ambiente más sobrio y despojado, pero con la misma obsesión por la bebida de cebada y lúpulo. En un salón con estudiantes relajados y camareros atentos, fueron variando los cuerpos hasta encontrar los ideales en una

blond suave y balanceada, y una IPA popular e intensa. Con 18 años de experiencia cervecera en el bar La Mulata, Gabriel Vallejos y Diego Zárate quisieron explorar otros terrenos en Cruel, que desde 2016 se hizo fuerte gracias a una barra que domina un local con lámparas antiguas y público de mayoría sub-30. Inspirado por sus orígenes en Etcheverry, del cinturón frutihortícola platense, Gabriel creó el trago “Golondrina”, que usa el emblemático tomate local para homenajear a los cosecheros que iban al comedor de su madre. Lo ejecuta el jefe de barra Nicolás Erazun, que después de mostrar su destreza –la repentización con la muñeca, la alquimia de las consistencias– explica que las claves del oficio pasan por la rapidez, la concentración y la resistencia: puede preparar 300 tragos para 140 personas en tres horas. Mientras la cerveza y los tragos no paran de crecer, la ciudad se abre a otras ideas. Con experiencia en Italia, el País Vasco, Inglaterra y Nueva York, al cocinero Santiago Palma no se le caen los anillos si tiene que descargar un búfalo en la autopista porque el proveedor no entra a City Bell, donde trabaja para el restaurante Atelier. Es una cocina de producto y carnes frescas. Los clientes son fijos, mayores de 35, de buen pasar y afines a los menúes en pasos. En un salón con vistas al verde del suburbio residencial, “buscan lo clásico; hay que ir soltándolos para que se animen”, confirma el encargado Facundo Lublin. Atelier también prioriza los vegetales emblemáticos.

aquí Un pulpo expuesto

en las alturas del Museo de La Plata. enfrente 1 Ondulaciones y líneas rectas en la Casa Curutchet. 2 El consultorio de Pedro Curutchet conserva el instrumental y la camilla donde operaba. 3 La Catedral, un emblema de La Plata.

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aquí Carne, la

hamburguesería del multipremiado chef platense Mauro Colagreco. enfrente Vista aérea de la ciudad de las diagonales.

Teatro Argentino El 18 de octubre de 1977 los platenses vieron con impotencia cómo una columna de humo dorado salía del Teatro Argentino, uno de sus edificios más apreciados, que había alojado conciertos de Arthur Rubinstein y conferencias de Albert Einstein. Aunque hubo un movimiento a favor de la reconstrucción, el gobierno dictatorial optó por demoler las paredes que se habían levantado en 1890 gracias al financiamiento de la colectividad italiana. Las obras para el nuevo edificio recién terminaron en 2000: una mole gigante de hormigón armado que alojaba una sala lírica de excelencia, otras para conciertos y ensayos, y subsuelos para talleres. El predio de 60.000 m2 atraviesa una etapa de puesta en valor y refacciones desde 2016. Ya se remodeló la parte externa (limpieza de fachada, cambio de veredas, arreglo de escaleras y nueva iluminación) y este año es el turno de la Sala Ginastera, donde se están renovando artefactos del escenario, acondicionando butacas e infraestructura en general.

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Entre diciembre y marzo llega la temporada de un tomate irregular y de maduración rápida, que aún busca ganarse el favor de los verduleros locales. En primavera crece el alcaucil, que tiene denominación de origen y cubre el 80% de la producción nacional. El nuevo impulso gastronómico podría condensarse en un nombre propio. Mauro Colagreco se convirtió el año pasado en el primer sudamericano en ganar dos estrellas Michelin por su restó Mirazur, en la Costa Azul. “Carne es la manera que encontró de estar en su país”, dice el cuñado Rafael Lima en el fast food sobre 50 y 4. El chef platense maneja a la distancia una hamburguesería que aplica principios artesanales a escala industrial. La carne de pastura viene de un frigorífico boutique de Magdalena. Los tomates de invierno –usan 40 variedades– están trabajados por un grupo de campesinos sin tierra de Mendoza. Carolina, hermana del cocinero, explica que, para que la movida platense se convierta en movimiento, los cocineros están conectándose cada vez más, especialmente en eventos como Picurba (ver aparte).

Republiquita

La ciudad que hizo realidad los sueños de científicos, arquitectos y cocineros tampoco se olvidó de los chicos. Construida sobre los privilegios antiguos del Swift Golf Club, la República de los Niños tiene la misión de entretener e inculcar valores democráticos desde 1951. Una de las mejores ideas del peronismo –la educación cívica en tres dimensiones– se corporiza en 53 hectáreas sobre las que se impone la Casa de Gobierno, que por fuera parece el castillo de Walt Disney y por dentro las oficinas administrativas de una nación de talla baja. El técnico electrónico Edgardo Cifuentes muestra su creación más impactante: una

maqueta de la Plaza de Mayo idéntica a la original. Atiende a 600 chicos por día y cuenta que “el de la ciudad busca la tecnología; el del campo se conecta con la madera y las herramientas”. Junto a la Casa de Gobierno, el Palacio de Cultura de estilo Taj Mahal aloja una sala que representa a cada continente. La mini-Legislatura (hay que agacharse para pasar por la mayoría de los edificios) intenta hacer divertida la burocracia con un hemiciclo para pequeños diputados y otro para senadores. “Queremos que se vuelva a armar el gobierno infantil”, dice el guía Pedro Galiotti en referencia a las experiencias previas de la República: cada escuela con un representante que participa del debate y el armado de leyes. En la Defensoría del Pueblo los chicos aprenden y dibujan sobre sus derechos. Ya en otro plan, el Banco Nación es enseñar a ser clientes: hay ventanillas para inversiones, préstamos y publicidad de las cajas de ahorro para menores. El epílogo es la atracción que potenció el crecimiento en los últimos años. Con cartelería de Aerolíneas, pero a cargo de una concesión privada, un aeropuerto a escala replica el paso a paso de un vuelo comercial. Hay mostradores para el check in, escáner, sala de embarque y simulador. Chicos y grandes que llegaron desde la ciudad, Quilmes y Florencio Varela salen a la pista y suben una escalerilla hacia la cabina del 737 chapa LV-JTD que cubrió 73.478 horas de vuelo entre 1971 y 2001, llevó soldados a Malvinas y operó como avión presidencial de Carlos Menem y Néstor Kirchner. Dentro del cilindro se sorprenden con los mandos del piloto, los sillones ejecutivos y los asientos clase turista, donde se sacan selfies para la posteridad. Para muchos es su primer contacto con este mundo. Cuando bajan, el futuro luce distinto.

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