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Maule, Chile 2016 / año 4

N.7 / ÉXODO


ÉXODO EDITORIAL

En su figura originaria, en Grecia y Roma, el exilio era una alternativa que tenían los ciudadanos para capear una pena. Es decir, un delincuente podía tomar el camino del éxodo, y la vergüenza civil, para no pagar tiempo en la sombra o algún otro tipo de condena. Esto, claro, tenía sus consecuencias, sobre todo en Grecia, ya que los que elegían esta opción perdían sus derechos cívicos y políticos, y eso según Aristóteles convertía a la persona en algo inferior al humano. “Sácame de aquí”- grita el gran poeta español Leopoldo María Panero desquiciado, desdentado y desesperado en medio de la noche santiaguina a un escritor nacional que publicó tres novelas que sangran las desventuras del exilio y la incapacidad del artista retornado de sentir Chile nuevamente como su casa; las mismas que seguramente vivieron el pintor Guillermo Deisler y el músico/ poeta Redolés. Una senda similar recorrió Juan Balbontín, quien publicó una novela de vanguardia en los ochentas, pero la paranoia producida por la dictadura lo obligó a abandonar su carrera literaria y refugiarse en el laberinto de su mente y en el sur doméstico “Sin patria ni tribus”, como decía León Felipe, este séptimo número de Medio Rural está dedicado al Éxodo, a nombres e historias obligados a dejar el pasado y los recuerdos para echar el futuro al viento. Ofrecemos una de especie apología triste, inspirada en personajes curtidos por la resaca de la vida, marcados por el designio de la militancia, de la locura o de la pobreza.


A Brodsky, Joseph, ruso y ganador del Nobel, lo de ser poeta, judío y opositor a la URSS no le fue cosa fácil: desde muy joven pasó por la cárcel, el psiquiátrico y después vivió recluido varios meses en el invierno frío de Siberia; años después y luego de un peregrinaje por Europa recaló en Estados Unidos. A su encuentro con los periodistas dijo que desde su éxodo, se había convertido en “una entidad autónoma: mi mejor amigo y también mi peor enemigo”. La cita de Brodsky no es al azar. Esta dualidad es una presencia intangible en este número, que exuda un modo de relato en que los sufrimientos propios son contados desde arriba, como por un narrador omnisciente, que todo lo sabe y que a través del lenguaje intenta encontrar respuestas. Ya lo dijo Joseph Brodsky en un poema:

“Allí en la razón cada hora se borra y los rostros etéreos de los años perdidos se escapan -más aún si se acerca el invierno, que llena el zaguán de cabras, gallinas, carneros.”.

Cristián Rau, Editor


Juan Balbontín autor de El Paradero:

“Yo vivo poéticamente, pero no habito en el mercado de la poesía” Texto y fotos por Daniel Rozas


Juan Balbontín (1935) es una leyenda (oculta) de la literatura chilena. Un eslabón perdido entre la Escena de Avanzada y el grupo de la Unión Chica. Autor de una sola novela, El Paradero (1989); texto cifrado que describe la atmósfera represiva del toque de queda y la “baja voz” que se murmuraba en los días posteriores al Golpe de Estado de 1973. A fines de los ochenta, el libro fue publicado con prólogo de Raúl Zurita, epílogo de Diamela Eltit y tuvo un tiraje de quinientos ejemplares. Al día de hoy, la fotocopia del libro circula de mano en mano entre estudiosos de literatura como un manuscrito en clave arrojado desde el pasado para entender los traumas que aún nos persiguen. En la portada de El Paradero, se exhibe una ominosa y fantasmagórica imagen de La Moneda en blanco y negro. Balbontín estudió en el mítico Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile donde tuvo como profesores a Nicanor Parra, Enrique Lihn y Ronald Kay, entre otras luminarias de la época, y formó parte del nacimiento del colectivo CADA (Colectivo de Acciones de Arte). Tras el Golpe de Estado fue detenido en la Universidad de Chile lo que lo llevó a alejarse de la Escena de Avanzada (grupo heterogéneo de artistas que buscaban innovar en los discursos artísticos chilenos) y refugiarse en el 5


grupo de la Unión Chica -ubicada en

de cada palabra, cómo si el ejercicio

la calle Nueva York 11-que era presi-

de recordar el pasado fuera una se-

dido por Jorge Teillier y su corte de

sión de exorcismo convocada por el

ilustres bebedores. Siempre en el ojo

mismísimo demonio.

del huracán pero en calidad de testigo, Balbontín quedó desgarrado

Yo viví en la calle Lincoyán 509

emocionalmente por la dictadura, y

con Raúl Zurita y Diamela Eltit. Lo

se cayó a la botella como gran par-

que pasa es que yo andaba de vago

te de esa generación de escritores. El

porque había dejado de estudiar. A

79´ perdió definitivamente la fe en la

mí me superó el Golpe. Y El Paradero

literatura y volvió a su natal Osorno

me dejó parado. Por eso concorda-

donde actualmente se gana la vida

ba con la Dánisa Retamal Eltit –que

vendiendo frutos secos y repartiendo

tenía nueve años- cuando me decía:

quesos con poemas.

“¡Pucha, Juan, lo que hace mí papá sí

...

que sirve¡”. Porque su papá fabricaba zapatos. “¡Pero mira a Raúl, pasa escribiendo páginas y páginas que des-

Es un gélido y borrascoso día de

pués bota y no sirven de nada!”.

agosto en el pasaje Blest Gana de la

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ciudad de Osorno y por las calles

¿Y cómo era Zurita en esa época?

aledañas no se ve un alma. Son pa-

Raúl siempre buscó intervenir su pro-

sadas las siete de la tarde y ya casi

pio soma. Recuerdo cuando se quemó

anochece cuando Juan Balbontín

la mejilla. Y también me contaba que

abre la puerta de su casa donde vive

le hubiese gustado tomar hormonas

solo.Viste doble camisa y una parka

para engordar y adelgazar a gusto,

gris que cubre parte de un grueso

así como otras de sus voladas era

pantalón de cotelé que termina en

castrarse y ser cantante femenino. Él

unos zapatones para combatir el in-

siempre fue volado sin fumar nada y

vierno. Balbontín tiene el pelo co-

ebrio sin tomar. Algo somático. Por

lor blanco ceniza con ribetes oscu-

eso su poesía es como es. Raúl padecía

ros a la altura del cuello, y su bigote

en esa época unos dolores de cabeza

negro le otorga un aire de profesor

terribles donde tenía que cerrar las

normalista jubilado. El autor de El

cortinas y se amarraba la cabeza como

Paradero toma mate para entrar en

en los chistes de Condorito, y no le

calor y fuma un cigarro tras otro. Su

hacían caso las pastillas. Éramos bien

conversación es pausada y con un

pobres en ese tiempo. Él vendía libros,

dejo melancólico, midiendo el peso

mejor dicho, robaba libros y después


los vendía, y siempre fue la Diamela la

te: “tenía aquel amigo que publicó un

única que trabajaba.

solo libro, Juan Balbontín. Publicó

Diamela Eltit publicó Lumpérica

una novela que se llamaba El Paradero

el 83´ bajo la sombra de Raúl Zurita

y teníamos un diálogo muy intenso. Y

-que ya se había hecho un nombre en

pese a que teníamos diferencias mirá-

la literatura chilena con Purgatorio

bamos hacia el mismo lado”. ¿Usted

(1979)- y debe haber sido difícil para

está de acuerdo?

ella consolidar su obra bajo las con-

Es cierto eso. Pero yo ya no estaba

diciones de la época, y sobre toman-

cuando la Diamela hizo sus trabajos

do en cuenta el trabajo de profesora

en la calle Maipú. Bueno, esa fue una

que desarrollaba. Es decir, ella no se

idea mía. Yo los llevé a Maipú, con

dedicaba con exclusividad al arte.

esas ideas de intervenir la calle, pero

La Diamela es de una voluntad tre-

no me dio el culo para hacerlo. Por

menda. Yo tenía mi obra durmiendo

eso encuentro una maravilla todo lo

y ella hizo un ensayo inicial con los

que hicieron estos del grupo CADA.

manuscritos de El Paradero. Recuerdo

Por ejemplo, cuando repartieron las

que me dijo que se los pasara y me

bolsas con medio litro de leche en ca-

empujó a que terminara de trabajar.

miones por las poblaciones.

Ella lo fraccionó, lo cambió de posición, y como que se le calentaron las

(Juan Balbontín se refiere a la pri-

manos. Cuando vivimos juntos, ella

mera acción del grupo CADA, Para no

me dijo que se iba a poner a escribir,

morir de hambre en el Arte, cuando se

y me devolvió los manuscritos, y yo

entregaron cien bolsas de medio li-

se lo agradecí por todo el trabajo que

tro de leche. La intervención artística

ella hizo desarmando el texto con una

hacía directa referencia a la medida

maquina eléctrica, y me dijo que iba a

tomada por Salvador Allende en rela-

comenzar a escribir todos los días. Y

ción a la garantía de leche diaria para

me dijo: “Y si estos cabros de mierda

los niños chilenos.

...

se sacan los ojos, los llevas tú al hospital, Juan. Porque yo no voy a salir”.

Empieza a caer la nieve.

Y así lo hizo. Se puso a escribir, a es-

cribir, y a escribir, y así vino Lumpérica y Por la Patria y toda su obra posterior.

En lo alto de un hospital abando-

Ella es de una voluntad terrible.

nado que según el poeta osornino Mauricio Otero “es el laberinto de

En el libro Filtraciones de Federico

la cabeza de Juan”, Balbontín se de-

Galende, Diamela Eltit dice lo siguien-

tiene a descansar tras subir las lar7


gas escaleras que llevan marcadas El Padre Nuestro en varias lenguas. El edificio está ubicado en el medio de una pradera a la altura de Pilauco, y desde su techo se puede apreciar una panorámica impresionante de la ciudad de Osorno. A pesar de ser una construcción que sirve de refugio para delincuentes y que acumula escombros y latas de cervezas vacías, el escritor asegura sentirse a gusto en el lugar debido al aire frío que traen las rachas de viento que cruzan sus pabellones abiertos y limpian todo. “Y tanta lluvia que cae”, dice. Y se larga a recitar de memoria una poema de Nicanor Parra: “Empieza a caer otro poco de nieve/ Como si fuera poca/ Toda la nieve que ha caído en Rusia/ Desde que el joven Pushkin/ Asesinado por orden del zar/En las afueras de San Petersburgo /Se despidió de la vida /con estas inolvidables palabras: Empieza a caer otro poco de nieve”.

UNA ISLA EXTRAÑA

Ya que hablamos de Nicanor Parra

me podría contar sobre su experiencia en el famoso Departamento de Estudios Humanísticos. Egresé el año 70´ del liceo de Osorno siendo militante del MIR. Había postulado a estudiar castellano en Valdivia pero el MIR me pidió 8


que me quedara. Pero el año 1971 me

en auto. Yo creo que esa experiencia

expulsaron del MIR, y como el MIR

me fracturó completamente. Y todo

había sido como un sacerdocio para

esto pasó cuando apenas iba en se-

mí, me quedé de golpe sin amigos;

gundo año y seguí estudiando hasta

porque fui excomulgado y pasé de ser

1975 pero ya yendo muy poco. Y ahí

dirigente estudiantil a ser un don na-

comencé a escribir El Paradero y me

die. Yo estaba proscrito para los mili-

quedé en el paradero nomás.

tantes. Entonces me quedé muy solo pero seguí adelante como ayudante en un curso de Filosofía General. Y mi profesor de Filosofía, Julio Venegas,

PREFERIRÍA NO HACERLO

que era de Lautaro y amigo de Jorge

¿Y por qué dejó de escribir?

Teillier, vio el aviso del cupo que se

Para poder vivir. Nada más. No

abrió en 1973 de esta licenciatura que

quise seguir escribiendo. Para mí el

era la ampliación de un departamen-

sentido estaba en vivir poéticamente

to de humanidades que estaba en In-

pero no vivir en el mercado. Lo que

geniería de la Universidad de Chile

pasa es que el trabajo intelectual co-

en Santiago. Allá llegamos diez alum-

menzó a perder su sentido para mí.

nos por especialidad. La experiencia

Éramos sobrevivientes en el alcohol.

fue muy interesante porque era una

Aunque aún vivía con Diamela y

isla extraña. Era un golpe dentro del

Raúl –que eran propositivos- y me

golpe. Leíamos a Carl Marx con Ro-

invitaron a formar el CADA, yo no

nald Kay como textos de apoyo para

quise entrar. Compartíamos ideas

analizar a Walter Benjamin y nos pe-

pero me faltaba fuerza para acompa-

gábamos las tremendas voladas con

ñarlos. Y yo me refugiaba en el gru-

Antonin Artaud. Pero a mí el año

po de Jorge Teillier.

1974 me detuvieron en Santiago. Y yo esperé la detención en vez de

¿En la Unión Chica de Nueva

irme. Estuve preso cerca de cincuenta

York 11?

días y me hicieron un recorrido por

Claro, ahí dejábamos pasar el

los cerros de Chena para después

tiempo. Y también teníamos el re-

derivarme a la Cárcel Pública donde

fugio López Velarde de la Sech. Éra-

estuve una semana. Luego me fui en

mos puros dispersos. Vagabundos

comisión a Concepción, y de ahí a

de la nada.

Valdivia, esposado arriba en un tren, y de Valdivia a Osorno donde me fue

Y del grupo de la Unión Chica, ¿me

a buscar mi padre con un gendarme

podría hablar un poco? 9


Rolando Cárdenas era gran amigo mío. Dormí varias veces en su casa en la calle Teatinos y me despertaban sus gatos. También íbamos a Nueva York 11 con Álvaro Ruiz, Aristóteles España, Jorge Teillier y muchos otros. Una vez estuvimos tomando toda la tarde con Carlos Trujillo, Raúl Césped, y Jorge Teillier se había quedado dormido en la mesa. Y de repente Trujillo le pregunta a Teillier: “Quiero que me diga, ¿qué es para usted ser poeta? Y Jorge, con la chispa del curado, se levanta y responde: “ser poeta es lo mismo que ser alcohólico, se es todo el día, o no se es”. Por último, ¿Por qué no quiso entrar al CADA? Usted estuvo en el momento justo y en el lugar preciso de la historia varias veces pero nunca buscó el reconocimiento. ¿A qué se debe esa elección? Porque se da conmigo no más. Es una cuestión de piel. Raúl Zurita y Diamela Eltit se dedicaron a trabajar en eso y ahora tienen obras consolidadas. Pero yo le perdí la fe a la literatura. No le encuentro mucho asunto. O sea me sigue gustando, leo, no tanto como antes, pero el proble-

.

ma es que la literatura no sirve para cambiar nada

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El espectro de un Espectro Por Jonnhatan Opazo


Recuerdo una anécdota remitida por Patricio Pron que leí en internet hace un tiempo: una chica encuentra por casualidad, en una librería de saldos, un libro firmado por un tal David Markson. El ejemplar, si mi memoria no me falla, era una novela de Don Delilllo. A la chica, lectora desinteresada, le parecieron graciosas las anotaciones, las frases subrayadas –todas, para ella, aparentemente anodinas−, cierto interés en algunos pasajes: un libro diseccionado por un maníaco. Tal fue la gracia que le produjo que escribió un estado en su muro de Facebook comentando aquel extraño encuentro. Lo que ella no sabía era que el tal David Markson era en realidad un autor de culto –favorito, según sabemos, de Foster Wallace− y las reacciones no se hicieron esperar: un conocido la contactó, constató que el ejemplar efectivamente pertenecía al autor y comenzó, junto a otros seguidores furiosos, apologetas desesperados, gente –sospecho– de nervios crispados y cierta acritud, una cacería en cuanta librería de saldos existiese en Estados Unidos para encontrar el legado disperso del autor. Una historia, por cierto, extremadamente borgeana: lectores detectivescos, paranoicos redomados que buscan claves, signos cifrados. La anécdota, por supuesto, no es más que una excusa para una historia personal que, sin embargo, tiene ciertas similitudes con la anterior. Fue probablemente una tarde aburrida o una noche cualquiera de dilatar las horas mirando la pantalla del computador cuando decido pegar en mi muro de Facebook de uno de mis poemas favoritos de Jorge Teillier, Cuando todos se vayan: “Como una araña que recorre/ los mismos hilos de su red/ caminaré sin prisa por las calles/ invadidas de maleza/ mirando los palomares/ que se vienen abajo, / hasta llegar a casa/ donde me encerraré a escuchar/ discos de un cantante de 1930/ sin cuidarme jamás de mirar/ los caminos infinitos/ trazados por los cohetes del espacio”. Acto seguido, una chica –que en ese tiempo estudiaba la misma carrera que yo– me escribe: “encontré un libro de Teillier usado en la calle. Tiene su firma. Si quieres te lo

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puedo pasar”. Era un viejo ejemplar de Muertes y maravillas que encontró en la calle por dos mil pesos. Específicamente en la esquina 6 Oriente con 2 Norte, donde un hombre sencillo, algo ingenuo, remata todo lo que le llega sin criterio alguno: desde libros del Cepech hasta novelas de Henry Miller, pasando por versiones íntegras de Leaves of grass de Whitman o copias de Hamsun en alemán. Sin mucho entusiasmo accedí, sabiendo de antemano que la posibilidad de que me lo vendiera era ínfima. Ver la firma de Teillier en la portada de un libro tenía algo de espectral que era plenamente coherente con su poética: como el silbido del desconocido en medio del bosque. A lo único que atiné –esto ocurrió el año 2013– fue a tomarle una fotografía: el fantasma de un fantasma. Hasta ahí todo bien. Devolví el libro a las semanas y la fotografía quedó guardada en una de las tantas carpetas de imágenes de mi computador. No fue sino hasta hace poco que, otra vez dejando que el tiempo discurriera en cosas

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perfectamente inútiles como revisar carpetas antiguas –una nueva forma de recordar, supongo- me encuentro con esta foto y caigo en la cuenta de que la firma además tenía una dedicatoria:

“Para Juan Balbontín/ su amigo en/ la calle neoyorquina/ a su pasado y futuro/ Jorge Teillier. 24 de diciembre del 79”.

La única palabra que se me ocurre para describir el momento es: serendipia. Balbontín, que hasta hace poco era para mí un nombre entre nombres1, un perfecto desconocido; un escritor que, quizá a la manera de Markson, colgó los guantes, se me aparecía en una forma doblemente espectral: la fotografía de una dedicatoria en un ejemplar encontrado en una calle talquina por miserables dos mil pesos. Un escritor que eligió el olvido y, como una araña que recorre los mismos hilos de su red, parece reiterar ese gesto incluso en algo tan mínimo como su biblioteca personal. Un acto de apostasía literaria absoluta o un despejo en medio de la desesperación. La historia sobre cómo llegó el libro a la calle podría ser una historia sobre los abismos del olvido, la necesidad de desaparecer, los azarosos caminos de la literatura. Por ahora mejor dejarlo así: el espectro de un espectro

.

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Hasta leer la entrevista que precede este texto. 15


Epístolas del exilio:

Guillermo Deisler y Guillermo Ross-Murray Por Antonia Isaacson

Comparto con ustedes una historia que merece ser mostra-

da. Una historia sobre la amistad entre dos poetas y artistas: Guillermo Deisler y Guillermo Ross-Murray. Narrada por ellos mismos a través de las cartas, postales y collages que intercambiaron desde finales de los años 70 y durante los 80´, burlando las barreras de la censura, el exilio y, finalmente, del tiempo. Llevaba un tiempo investigando la obra de Guillermo Deisler, un creador excepcional que supo vincular la palabra y la imagen, conocido como uno de los grandes exponentes de la poesía visual de la escena nacional e internacional. Este movimiento, que en Latinoamérica tuvo especial fuerza, se identificó por buscar en la creación diferentes modos de relación entre el lenguaje visual y verbal. El Arte Postal, nace en este escenario abriendo un nuevo canal de comunicación creativa entre varios autores, esto como un antecedente importante de esta historia.

En Iquique conocí al también poeta Guillermo Ross-Mu-

rray, uno de los grandes amigos de Deisler, compañeros desde la juventud, y gran representante de la cultura pampina. Juntos formaron parte de una de las escenas intelectuales y creativas más prolíficas del norte de Chile en plenos años 60´, siendo Antofagasta su centro neurálgico. 17


Ross-Murray es lo que se podría llamar un guardián de la

memoria, esto queda ilustrado en su cargo de responsable de la hemeroteca del museo Regional de Iquique. En su oficina, una pequeña guarida atiborrada de papeles, revistas, libros y sus cuadernos de anotaciones, sostuvimos largas conversaciones, y surgió rápidamente la historia de su amistad con Deisler, y con ello la aparición de un completo material de archivo compuesto por diversos tipos de correspondencias que sostuvieron a lo largo de varios años, y que hoy acompañan este texto. Se trató

“Querido Ross-Murray, lo que pasa es que, en estos años, la correspondencia se ha convertido en el salvavidas. De esto se desprende por lo oneroso de las tarifas, me limito al correo ordinario y a los mensajes breves. No he podido llevar un diario, pero mi correspondencia, lo recibido, servirá de testigo del proceso de los que estos tiempos han significado.” Plovdiv, Varsovia, 4 octubre de 1981

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de una relación epistolar que comienza con la partida de Deisler al exilio a Bulgaría el año 1973. Ross-Murray, por su lado, se refugia en Iquique, su ciudad natal, donde aún gozaba de una suerte de protección, que ignoraba sus vínculos políticos, estatus que además le sirvió para enviar una sistemática correspondencia a sus compañeros en el exilio, siempre preocupado de informarlos y, sobretodo, de acompañarlos con mensajes de aliento y apoyo.

Estas cartas son un pequeño gran tesoro de una arqueología

contemporánea, en tanto relatos y testimonios íntimos que pocas veces tenemos acceso a conocer. Pasajes de la vida familiar, del crecimiento de hijos, de choques culturales con los países que los recibieron, descripciones de lugares y momentos, historias de camaradas viviendo sucesos similares, y de emociones escondidas en un silencio que escapa entre las pocas palabras que eran permitidas. 19


Asimismo, estas cartas revelan un pasado nostálgico que me

parece importante relevar, relacionado con aquello que aconteció antes del Golpe, en un norte de Chile a veces olvidado hasta para sus propios habitantes. Acá me refiero a una Antofagasta que bullía de actividad cultural, sin nada que envidiarle a otras capitales, con espacios de exhibición para todo tipo de artes y sede de grupos literarios, como Tebaida, que reunió a escritores como Alicia Galaz, Óscar Hahn, Oliver Welden, Andrés Sabella, Mario Bahamonde, entre otros. Guillermo Deisler, en este contexto, llega desde Santiago a trabajar en la Universidad de Chile, trayendo consigo ediciones Mimbre, su proyecto editorial que buscó ser una plataforma para artistas y escritores emergentes. Con más de cincuenta publicaciones manufacturadas e ilustradas por él mismo, Guillermo Ross- Murray se sumó a este listado con su primera publicación En tus propias narices(1969).

“La tarjeta postal, por otro lado, se me ha convertido en el medio para decirme existo aún, que estoy vivo, respiro y que no los olvido” Plovdiv, Varsovia, 4 octubre de 1981

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Vuelvo a las cartas, su gran valor, radica en que son documen-

tos que dan cuenta de ese compromiso fraternal, como una expresión propia de esos ánimos de transformación de la vida a partir de los propios lenguajes artísticos, en que las categorías que hoy definen tan secamente los dominios de la cultura, era más bien un terreno de juego y exploración sensible y libre.

Guillermo Ross-Murray me habla lleno de emoción de esa

vida pasada, que cree aún es posible reanimar. Le agradezco por lo mismo compartir estas cartas, pero sobretodo de haberlas atesorado, como sabiendo que en algún momento servirían

.

como un mensaje de otros tiempos que hoy más que nunca merece ser revivido

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FotografĂ­a de Alberto Sierra


La memoria de Alejandra Costamagna:

“El pasado no es sólo pasado si lo miramos desde hoy” Por José Tomás Labarthe

Hablemos de En voz baja (1996),

¿Por qué reescribiste En voz

ese texto tuyo que representa toda

baja, un texto que en algún momen-

una manera de relacionarse en el con-

to fue novela y que ahora aparece

texto histórico de la dictadura, cómo

publicado como cuento en Había

se comunicaba la sociedad y la fami-

una vez un pájaro (Editorial Cuneta,

lia. ¿Tiene que ver, incluso con cómo

2013)? ¿Qué cambió?

hablando bajito se va dejando de ha-

blar? ¿Con cierto secretismo?

palabras también se gastan. Cómo

En esos años, en los años que

volver a darle sentido a ciertas pa-

transcurren en el relato, una de las

labras o a ciertos recuerdos que de

cosas que recorre el libro es el sistema

tanto repetirse dejan de tener reso-

de protección que operaba hacia los

nancia. La memoria como un ejer-

niños, ya fuera por la censura direc-

cicio activo, no la memoria como

ta o porque no estaba bueno decirlo,

una cosa museificada que se quedó

como por ejemplo “tú no entiendes

atrás y que podemos reducirla a un

eso”, “algún día vas a entender”, “hay

estante quieto.

Pienso en cómo la memoria y las

ciertas cosas que es mejor no hablar”, de alguna manera eran como esos si-

lencios en que toda la sociedad estaba

Lewis Carroll en Alicia a través del es-

¿Es como la memoria que añora

un poco metida.

pejo, una memoria que funciona tam23


bién para adelante?

Entonces es volver a ese lugar y poder

poner los temas nuevamente.

Repensar la memoria desde hoy

es pensar en las consecuencias. Es no dejar las cosas estampadas, quietas.

Es no dar vuelta la página, y seguir

raspar la memoria. Se transmite una

enfrentándonos a temas que siguen

sensación de que recordar es algo

muy vigentes, a lo mejor en situacio-

doloroso, como ir al dentista.

nes que ya no se dan en el contexto

opresivo de la dictadura sino en es-

en reconstruir una verdad objetiva,

pacios mucho más concretos, más ín-

no es un ejercicio de tomar un docu-

timos, en el ámbito de las relaciones

mento y volver a traerlo al presente.

personales que son como resacas. Las

Al traer el pasado al presente lo que

palabras tienen un peso y vuelven

estamos haciendo es una construc-

hoy día a resignificarse.

ción más que una reconstrucción.

En el libro, la niña habla de

Abordar la memoria no es pensar

Hay algo íntimamente vincula-

¿Esa fue tu realidad también?

do entre ficción, historia y memoria.

Mis padres son argentinos. Eso gene-

Recordar es armar un relato. Los re-

raba una situación ventajosa, de ser

cuerdos que vienen de prestado, los

unos extranjero con especie de fuero.

recuerdos vicarios, como “yo recuer-

Aún así en mi casa había palabras

do que recordaba”, o “me contaron

prohibidas. “Quilapayún. Comunis-

esto y yo lo asumo como un recuerdo

mo”. Cuando la gente me preguntaba

propio”, es también asumir que tal

si mis papás eran comunistas yo de-

vez sería bueno hablar de las memo-

cía: “no, ellos son argentinos”.

rias en plural, más que de la memoria única, y en eso el ejercicio escritural

¿Qué tan inocente es esa mirada,

de niña, que está muy presente tam-

es sumamente rico pues nos permite hacer esos cruces.

bién en el texto? ¿Cómo ha evolucio-

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nado esa lectura?

Eso tiene que ver con la Histo-

Hoy puedo mirarlo como los ni-

ria, con mayúscula, y las pequeñas

ños que fuimos pero en su momento

historias. ¿Cuánto de lo que recor-

tuvo un peso dramático muy fuerte.

damos es un acto de creación?

Hoy puedo mirarlo desde el papel del

hijo con otras coordenadas. Ahora ya

peso y el valor histórico, sobre todo

estamos pasados de ser los padres,

en un momento en que aporta ver-

hace rato.Ya tenemos la edad que te-

dades que sirven para una recons-

nían nuestros padres y bastante más.

trucción judicial, tiene algo un poco

El testimonio, teniendo todo el


a medias, un poco cojo, porque hay lugares a los que el querer llegar tal como fue, el querer reconstituir tal como las cosas fueron, es imposible. La posibilidad de la literatura entonces es la del “y qué hubiera pasado si”. Ponerse en los límites de lo posible. El relato ficticio puede ser verosímil y al mismo tiempo alimentar una reflexión igualmente rica sobre las posibilidades o las consecuencias que se desprenden para la vida real. Me parece que ahí la ficción tiene armas muy poderosas más allá del realismo o no realismo, es ponernos en los escenarios posibles dada nuestra situación.

En este cruce entre ficción y memoria

aparece también la posibilidad de alterar el curso de las cosas, la herramienta transformadora, la aparición de lo inesperado, la apertura de otras posibilidades…

Cuestionarnos lo que podría haber

sido, lo que habría ocurrido, y cómo, como seres humanos, nos hubiéramos enfrentado a eso. Ese escenario enriquece mucho la discusión. En relación a lo que mencionabas anteriormente de las memorias micro y de las macro, yo creo que la gran historia se construye con este puzzle de pequeñas memorias. El lugar común es que no se ha escrito la gran novela chilena de la dictadura, como si tuviera que haber una novela río, una como de estas novelas del boom que diera cuenta de esa historia, y a todo esto, sí las hay, como Casa de campo de José Donoso, o Nocturno de Chile de Roberto Bolaño, y muchas otras. Pero sobre todo pienso en novelas que desde los primeros 25


setenta hasta hoy han abordado el tema con distintas ópticas, sin aspirar a constituir esa novela total. Para mí ahí se arma la gran novela de la dictadura: con los fragmentos de todas esas novelitas que abordan el tema.

¿Cómo ha evolucionado en la li-

teratura chilena esa relación con la realidad, con lo ocurrido, cuando la realidad de lo ocurrido no ha evolucionado mucho? Ahora, más que nunca, siguen renovándose los pactos de silencio, la ausencia de una verdad colectiva… Bagual de Felipe Becerra, es un buen ejemplo. Aborda el tema desde un lugar muy alegórico, muy poco realista, son como especies de fantasmas que habitan la cabeza de una mujer y que dicen ser sus hijos que están repartidos por ahí. Hay en esa imagen la alegoría de una situación nacional de orfandad, hay una serie de claves en las que uno puede leer esa novela, que me parecen mucho más enriquecedoras que pensar en la pura lectura en bruto de los hechos. O no sé si mucho más pero me

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parece que permite entrar al tema desde distintos lugares.

¿Tu búsqueda en la literatura es

un poco así no, lateral?

La gran historia no siempre son

esos momentos épicos, pensando en la fotografía: el momento preciso de la situación. Sino estas colitas que quedan fuera, ese negativo medio borroso, esa foto fuera de plano. La historia uno podría contarla de esa forma, desde esos resabios. Para mí los tres tiempos están sumamente

.

vinculados, el pasado no es sólo pasado si lo miramos desde hoy

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La nueva inmigraciรณn en el Maule Por Stefano Micheletti


Durante los últimos cinco años la Región del Maule ha visto cambiar en términos cualitativos y cuantitativos el flujo inmigratorio internacional; el ritmo cansino que caracterizaba la llegada de extranjeros, ha dejado espacio a un dinamismo que no se había visto antes por aquí, haciendo eco de la tendencia de marcada aceleración del proceso que se está dando a nivel nacional. Eso sí, con características locales, propias: será interesante ver que sucederá con esto en nuestras ciudades fritanga y en los campos del exilio interior que hoy se codean con la agroindustria de exportación.

De las pequeñas y grandes historias Víctor es un niño chileno y francés de tres años; dentro de unos pocos meses estará hablando, lo suficiente para darse a entender por toda su familia en dos idiomas. Vive en Talca con sus padres, luego de haber nacido en Dijón, en la Borgoña. Llegaron al Maule después de un año en Valparaíso y mientras buscaban una casa dormían en su kombi a orillas del Río Claro, aunque los sábados por la noche tenían que

irse, porque las carreras de auto se tomaban el balneario. Mónica tiene once y es colombiana; su mamá conoció a un chileno por chat y apostó por venirse. Se tuvo que quedar con su abuela un año en Bogotá, antes de poder alcanzar a su nueva familia en Curicó. Cuando fueron a buscarla con su hermana mayor, en la frontera las mandaron a todas de vuelta: no tenían el dinero suficiente para demostrar su autosuficiencia, al menos durante los primeros meses. Por suerte, en unos días pudieron juntar unas lucas y luego de una semana en Tacna, pasaron. Creo que a Ottavio, que venía de Italia en avión para hacerse cargo de una plantación de avellanas en San Rafael por cuenta de una gran empresa, no le preguntaron cuánto dinero traía. Pero bueno, éste es otro cuento… Clara venía de Nicaragua y aunque en Talca no encontró muchos compatriotas, se salvó con el Parque Industrial, al lado de la Faustino González; durante los primeros seis meses de la nueva vida chilena iba día por medio a recoger la verdura que botaban. Ahora las cosas andan mejor, y para ella es obra de Dios. Damaris es ecuatoriana y vivía en Parral; ahora está en un centro del Sename en Linares. 29


Tenía la autorización de sus padres para venir a trabajar a Chile en casas particulares, pero no la acompañaba su familia. De noche dormía en un cité con dieciséis ecuatorianos más. En diciembre, sus tías fueron formalizadas por los delitos de trata de personas y manejo ilegal de inmigrantes. Historias, como muchas otras, con sus pequeños dramas y alegrías. Historias que hoy día contribuyen a cambiar comunidades que desde hace varias décadas no se enfrentaban a un proceso de inmigración. Y en realidad, lo que entendemos por inmigración históricamente, poco tienen que ver con lo que está pasando hoy en el Maule.

De cuántos y quiénes Hay que ser claros: el número de inmigrantes sigue siendo muy bajo en términos absolutos y relativos, pero la tendencia al aumento es evidente. Entre el año 2010 y el 2014 el número de visas entregadas a nivel regional ha alcanzado una tasa de crecimiento anual del 22%. Según la encuesta CASEN, en el 2013 éramos 2.743 los inmigrantes en el Maule y ahora estamos bordeando los 6.000. Con algunas novedades interesantes. Luego del período de colonización europea, que en la Región duró hasta los años 1 ‘60 , han llegado algunos inmigrantes, 1 30

Podemos señalar la colonia italiana en San Manuel de Parral (1950), y la alemana Colonia Dignidad (1960)


esencialmente de origen peruano, argentino y boliviano. Sin embargo en los últimos años esta dinámica ha sufrido modificaciones: si revisamos por ejemplo las casi 4.200 visas (temporarias, por contrato laboral y para estudiantes) que han sido tramitadas en la región entre el 2010 y el 2014, podemos ver que Colombia (744) y Ecuador (486) son los países que más representación tienen. Esto significa además que hoy existe mucha más posibilidad de que lleguen al Maule personas afro descendientes, de piel negra, y será interesante ver cómo reacciona la sociedad maulina ante esta nueva realidad.

De las categorías clásicas y las nuevas realidades El Maule se siente más blanco que mestizo, es más patrón que inquilino. No, en realidad es como un inquilino apatrona’o. Es conservador y todo el mundo aquí tiene bastante claro cuál es su lugar. Ahora, tener que enfrentarse a esto de la inmigración puede presentar sus complicaciones. El estereotipo, que es el primer salvavidas al cual aferrarse en tiempos de incertidumbre, va a quedar corto rápidamente, ya que el panorama se complejiza: seguirá existiendo el inmigrante vulnerable, dispuesto a vivir en

31


condiciones muy precarias, pero están llegando también personas con niveles educacionales más altos, con otras competencias y con proyectos nuevos. El inmigrante de hoy no es solamente el pobre en busca de trabajo, impulsado por factores económicos y laborales. El inmigrante no es solamente hombre. Origen y destino no se perfilan como dos lugares distanciados en el tiempo y el espacio. El inmigrante es mujer, y es una mujer conectada con su memoria, su familia, su casa. El inmigrante es persona antes que trabajador: se mueve porque se enamora, para reencontrase con un hijo, para tener nuevas

32

experiencias de vida. Por lo demás, no se trata solamente de transición, movimiento, ida y vuelta; la inmigración también puede construye proyectos de vida interculturales. Según datos del Ministerio de Desarrollo Social, por ejemplo, el número de nacimientos anuales de hijos/as de padres chilenos ha disminuido del 1,8% entre el 2010 y el 2014. En el mismo periodo, los/as hijos/as de parejas mixtas (chileno/a con inmigrante) ha aumentado del 40,3% y los/as hijos/as de padres extranjeros de un 75,3%.Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva generación de chilenos y chilenas con origen bi-cultural, que representa por un lado una


oportunidad extraordinaria a nivel cultural e identitario, pero por otro una complejidad mayor; esto requiere, de hecho, un giro importante a nivel social. Se requiere un trabajo serio con las categorías populares clásicas (en el sentido que son bien conocidas por todos) asociadas al inmigrante: si se ve negro, no es puta o narco. Tampoco es prieta, como suelen decirles en Antofagasta a las mujeres colombianas. Si se ve negrito no es esclavo (sí, aún se usa). Si se escucha tano, no es mafioso. Ah, y los franceses también se bañan.

De las primeras y generales conclusiones Todo esto es relativamente nuevo para el Maule; el roce con la diversidad se vuelve una realidad cada vez más cotidiana, y hay que comenzar a re-pensar el ABC de la convivencia. Primer tema, fundamental, y corriendo el riesgo de decir obviedades (que sin embargo hay que aprender): comprender que inmigrar es un derecho. Nadie es culpable de inmigración. En segundo lugar, el Estado y la Academia en general tienen algunas tareas en esto; conocer

más y mejor el fenómeno social de la inmigración en el Maule, e interpretarlo desde una perspectiva local: lo que sucede en Talca o Curicó es diferente a la situación de Santiago o Antofagasta. Por último, si los procesos ligados a la inmigración hasta el momento han sido trabajados débilmente a nivel local porque se trata de una temática emergente, es importante actuar para fortalecer la integración entre la comunidad extranjera y local. Las condiciones de convivencia aún no están dadas, hay que conversarlas y construirlas, y se requiere el esfuerzo de todos: para ello, es necesario ejercer una actoría social colectiva, informada y solidaria, que sea fruto de la movilización consciente de los inmigrantes y que tenga acogida en la sociedad local

.

33


El pasado de Brodsky

Por Cristiรกn Rau


Roberto Brodsky nos cita en el

momentáneamente, para volver es-

California, un café ubicado en la es-

capar: “soy como un extranjero en su

quina de Irarrázaval con Sarmiento,

casa. Reconozco lugares, rápidamente

en plena comuna de Ñuñoa. Además

encuentro el código, a pesar de que co-

de unos insípidos Barros Lucos y de

nozco de memoria el mapa del lugar, me

ser una especie de salón de té que con

veo como extranjero. Los ritmos y las

hidalguía resiste el paso del tiempo,

velocidades cambian. No importa la de-

el lugar no tiene demasiada gracia

mocracia, la dictadura o la transición”,

para esta entrevista, salvo la ubica-

dice Brodsky.

ción misma. Es ahí, en Ñuñoa, donde

Brodsky sitúa su última novela Casa

sólo es el asunto que concatena sus

Chilena (2015), en el barrio de su in-

novelas, sino que parecen ser más

fancia. Con esta publicación completa

que eso, algo así como una obsesión.

su Trilogía de la Memoria, que compo-

Brodsky fue uno de los fundadores de

nen además Bosque Quemado (2008) y

The Clinic, coguionista de Machuca y,

Veneno (2012), en que el autor ficciona

según relata en una entrevista, cuan-

y tironea su verdadera biografía para

do se dio cuenta de que era el único

mostrarnos su versión del relato de

que tocaba la bocina celebrando la

Chile de los últimos cincuenta años.

muerte de Pinochet en 2006, decidió

Brodsky forma parte de esa genera-

volver a emigrar: el destino sería el

ción que maduró en dictadura y que

Centro para Estudios Latinoamerica-

lo forzó a un peregrinaje en el exilio

nos de la Universidad de Georgetown.

por Buenos Aires, Caracas y Barcelo-

Desde hace tres años que reserva los

na. Comenzó a publicar relativamen-

últimos meses para dictar el curso Los

te tarde, a los cuarenta, pero recién

Usos de la Memoria enmarcado en la

con Bosque Quemado (su cuarta obra)

Cátedra de la Memoria de la Universi-

encontró su veta, una literatura sin

dad Diego Portales.

máscaras, al hueso, que según la pe-

riodista Claudia Donoso “acusa un

conmemorar los cuarenta años del

giro fundamental, que se ancla en la

golpe ha sido, según Brodsky, un im-

escena familiar, ficción alimentada ya

portante aporte para el país ya que

sin pudores por el material autobio-

ha contribuido en dos aspectos prin-

gráfico del autor”. La constante en es-

cipalmente: primero, ha ayudado a

tos tres libros es la mirada al pasado,

comprender que el trabajo de memo-

la revisión de la historia personal que

rialización no es un fenómeno local,

intenta hacerse grupal, siempre des-

sino que es una cosa cultural; una

de la visión de un chileno que vuelve,

materia que viene conversándose a

La Memoria, con mayúscula, no

Este seminario que nació para

35


nivel de debate hace años, algo po-

LAS MÁSCARAS Y LOS OTROS

tente, y que no es solo de sectas, de víctimas o de especialistas. Segundo, la identidad de un país no es algo es-

tático, sino que por el contrario, dice

literatura gira hacia lo autobiográ-

el escritor “trabaja con los materiales

fico, incluso hacia los aspectos in-

del pasado, con el material de la me-

cómodos de tu historia ¿A qué se

moria, y en base a esto se construye

debió este cambio?

la identidad. No es entonces, un ele-

mento fijo, no se puede atrapar, es un

el arte con máscaras de sí mismo en

work in progress ”.

lo social y hay un momento en que

Brodsky se da cuenta de que su expli-

te quedas sin ellas: o no te funcio-

cación es árida e intenta simplificar-

naron, o te aburrieron o se pegaron

la: “es interesante, en ese sentido, el

demasiado al cuerpo. Entonces hay

documental de «Allende, Mi abuelo

una disposición hacia el despojo a

Allende», de Marcia Tambutti, ella

sacarte la impostura. Ahí, entonces,

está tratando de configurar una histo-

te encuentras con cosas íntimas que

ria del abuelo político y

A partir de Bosque Quemado tu

Normalmente uno funciona en

mártir, allí

no son irreducibles o ficcionables y la

hay un trabajo de memoria útil, hace

única forma de enfrentarlas sin estas

un ejercicio reflexivo y no recupera-

máscaras.

tivo. Cuando simplemente revisita

es nostálgico, patrimonial y termina

cribir actualmente va por el lado de la

dando una visión exculpatoria, mo-

falta de pudor. Hoy que vivimos con

mificante, incluso monumentalizada.

tanta virtualidad, llenos de realidades

Una versión inmaculada, que no es

que no son, ¿cómo encontrarle el punto

viva, un relato que muy luego desa-

de lo real? Escribiendo desde el hueso.

parece. ¿Hoy quién ve la estatua de

Claro, a veces quedas en pelota, expo-

Allende en La Moneda? Es parte del

niendo algo que no debieses. Pero la

paisaje, su historia no interviene, en-

vergüenza es eso, una incapacidad para

tonces desaparece. El verdadero tra-

despegarte de algo que te encadena; lo

bajo de memoria debe ser incómodo,

que te sujeta es la pertenencia a cier-

no tiene nada que ver con hacer apo-

tos códigos o modelos que tienes que

logías heroicas de los personajes”.

romper para poder darle un sentido de

Para mí el sentido que tiene es-

verdad a lo que estas escribiendo.

36


¿Tus libros van acercándose al

eso, que ya de alguna forma se ve

formato Diario?

en mi trilogía, fuera de lo autobio-

Uno no puede hacer un diario

gráfico y más hacia lo colectivo, a

bonito de sí mismo. Mauro Liberte-

la ficción pura. Y quizás el diario

lla contaba que en la presentación

personal es el modelo narrativo

de un libro, Rodrigo Rey Rosa decía

para hacerlo.

que para ponerte a hablar mal de tu entorno, lo primero es ponerte

Fuguet parece haberse ido para

tú en la hoguera. Tienes que estar

ese lado con No Ficción

mucho más dispuesto al despojo de

lo que vas a hacer con los demás;

lente publicista. Yo era muy amigo

a no ser que seas un cara dura o

de Fogwill, un trabajador del mer-

un canalla. Esa es la escritura de la

cado que se ganaba la vida haciendo

memoria, pero también de cierta

frases para vender chicles, y veía en

vergüenza. Lo interesante es llevar

Fuguet a un colega. Él es capaz de

Claro, pero Fuguet es un exce-

37


inventar, lo que hay que inventar,

en el momento justo.

da de lo peor (risas). No eres central.

Claro, vendría a ser como la tría-

No te ganas bien la plata, pero sobre

Hay en tu obra una mala leche

todo hay una sospecha permanente.

clara contra los otros/los felices (que

Lo pongo en tu caso: si tú vienes de

son jóvenes, exitosos y que no traen el

Talca y haces esta revista eres eviden-

lastre del pasado). ¿Por qué?

temente sospechoso.

Los felices son rock and pop, no

¿Qué camino torcido has tomado

lo digo en sentido peyorativo, ellos

para terminar en Medio Rural?. Es

son los que escuchaban a Silvio cuan-

como cuando Kakfa le escribe a la

do estaba en la radio, en la tele, y las

novia: “qué tengo que ver con el ju-

condiciones de escucha eran total-

daísmo, cuando apenas tengo que ver

mente distintas a las mías: que eran

conmigo mismo”. Las cosas han sido

clandestinas. Los felices no tienen el

tan despojadas, que al final ¿qué ten-

lastre de la paranoia de lo que ya

go que ver con lo que me rodea?, soy

pasó. Para ellos el pasado es el pa-

un ente raro. En mi caso, me crié en

sado, para los más viejos es incierto:

un colegio francés, escribo en español

¿qué chucha pasó conmigo? Los feli-

de un mundo chileno y vivo afuera; no

ces miran el futuro cómo pregunta:

puedo pretender identidades férreas

¿qué va a pasar en diez años más?

de nada, ser el José Donoso de la clase

Para los otros la pregunta es

media chilena.

hacia atrás. Zambra habla de la litera-

VENENO Y BOLAÑO

tura de los hijos lo que es una pachotada, propone “que somos los hijos los que debemos hacer la literatura”.

Luego del éxito que obtuvo con

Cuando hago una referencia a los

Bosque Quemado, con el que ganó

felices hablo de lo local pero no en un

el Premio Jaén en 2007, y del que el

sentido valorativo –de lo bueno o lo

crítico Ignacio Echeverría dijo es

malo– busco hacer la separación del

“una obra de gran vigor estilístico,

tipo de códigos, de cómo acercarse a

espléndida y madura sobre el exilio

la realidad. Los trasvasijes de mirada

chileno”, Roberto Brodsky

son súper actuales, es necesario rom-

escribir Veneno una obra punzante

per esa idea de linealidad y de las pre-

y ácida que le generó más de algún

ocupaciones de cada uno.

problema, ya que develaba todos los

decidió

tejemanejes de la literatura nacional,

En alguna parte dices que eres

artista, chileno y además judío. 38

hablaba de su amistad con Bolaño (asunto que generó y genera envi-


dias) y varios cagüines que hizo que

escribir, ya que está escrito desde una

varios nombres insignes de las letras

cierta narrativa del trauma. Es un ju-

chilenas lo miraran feo.

guete medio rabioso que si yo hubiese

Aunque una de las condiciones

querido morigerar o aplacar me re-

previas para esta entrevista era obviar

chazaba; el texto se autonomizó y yo,

el manoseado tema de Bolaño, cosa

aunque me decía: “huevón, me van a

a la que Brodsky asintió gustoso, al

sacar la cresta”, no podía hacer nada.

final igual nos vimos metidos con el

Fue como un hijo con problemas con-

influjo del detective salvaje.

ductuales al que prefieres dejarlo en la casa o bien que salga fuera para que

En una entrevista a The Clinic

sea lo que es lo que es: un libro que

dijiste que nadie pescó Veneno.

responde a mis preocupaciones y se

¿Por qué crees que pasó eso?

integra a la familia, a la obra. Debido

Yo creo que un poco lo evadieron.

a mi pasado, me cuesta creer en las

Veneno fue un libro muy complejo de

purezas estéticas, si los materiales

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son impuros e incómodos hay que

cargarlos.

laño lo describe maravillosamente en los

Ese es exactamente el proceso, Bo-

Detectives Salvajes. Él, como autor, sabía En Casa Chilena, dices que lo que

perfectamente que cualquier obra autén-

más escuchas es: “no vayas a escribir

tica sigue ese camino: en algún momento

sobre esto”. ¿Se te pasó la mano?

estarás bien acompañado y luego solo. Este

negocio es así.

Me han dicho mucho eso, pero

yo creo que no. Incluso me parece que no cuento ninguna infidencia

de nada. El libro no está en la lógica

panorama literario local?

del acusete, “este hizo esto o aquel

tal cosa”, y funciona más bien como

harto, pero se publica mucho y en

discurso de la interperie. No creo

varias editoriales. Me parece que

haberme pasado de la raya con na-

hay una noción minimalista, frag-

die salvo, quizás, conmigo mismo. Si

mentaria, que está ordenando el

con algo me extralimité fue con mi

territorio y que tiene una vida más

propia condición narrativa.

bien corta y que responde a un mo-

En ese sentido, ¿qué te parece el No lo conozco bien. He leído

mento determinado de la escritura.

¿Cómo ves el post bolañismo en

la narrativa local?

plo, en la obra de Alejando Zambra

Hay un momento de hipnosis

o de Diego Zúñiga. Éste está ha-

con Bolaño, él viene de afuera con un

ciendo un gesto interesante, darle

trabajo muy personal y literario muy

una vuelta al realismo a partir de

elaborado. Luego hay un momento de

un lenguaje que puede ser periodís-

ceguera, de neófito: “sólo hay un an-

tico, pero que incluye un juego de

tes y después de Bolaño”. Ese también

desplazamientos con el referente,

pasó. Hoy parece que hay un momen-

que es atractivo como proyecto. Lo

to más crítico, de cuestionar dónde

de Zambra es más recursivo y más

se instala esa narrativa. Bolaño eso lo

formal; trata de ser puro, frío. Na-

anticipa, cuando dice: “la obra viaja sola.

die puede discutirle a Zambra el

Luego encuentra un montón de circula-

oficio, pero eso que aplica una y

ciones –viaja acompañada por críticos,

otra vez tiene un desgaste enorme.

lectores, por las publicaciones– luego esa

Es como un camarón congelado.

obra es dejada sola –por los críticos y por los lectores– y después sigue viajando sola. Ese es su destino final”.

40

Uno lo puede reconocer, por ejem-


PANERO

Roberto Brodsky y la Unión Lati-

na, un organismo de cooperación cultural donde el autor se ganaba la vida, trajeron a Chile en 2004 al gran poeta español Leopoldo María Panero. Lo que le da a este hecho tintes odiseicos es que Panero estaba recluido en un hospital psiquiátrico desde hacía décadas y era casi imposible sacarlo. Ahí hicieron una jugada genial: se engrupieron al director del manicomio convenciéndolo de que el poeta chileno radicado en España Bruno Montané era además de letrado, enfermero. Panero, con Montané de chaperón, realizó varias presentaciones poéticas en Santiago –en una de las cuales, en el Centro Cultural España, con un cigarro prendido salió detrás de la mujer que le llevaba las bebidas y no volvió más– e incluso visitó a Nicanor Parra.

Una pregunta final: en Veneno

Panero te firma un libro en un momento angustiante para él. ¿Qué decía la dedicatoria?

ja, por supuesto, a través de la locura de todo. Se caga en el Papa, en España y,

.

claro, probablemente por eso termina donde termina

No me acuerdo exactamente las

palabras, pero sí perfectamente a que aludía. Panero en algún momento, en un rapto de lucidez, me dice: “Brosky sácame de aquí” (lo dice con acento español y cara de asesino en serie). Panero, era muy loco e impresionante. Leopoldo es un súper buen ejemplo del límite de la vergüenza, se despo-

PS: Un par de semanas después de esta entrevista Roberto Brodsky escribe por correo: “Te mando de paso y con retraso la dedicatoria de Panero: ¿qué dice, qué quiso decir? Hay que leer Veneno para descifrarlo”. Lamentablemente, y como era de esperar, lo que escribió Panero en la dedicatoria parece garfios y patas de araña.

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- Notas sobre Panero -

Anotaciones sobre un viaje con Leopoldo María Panero a Santiago de Chile (noviembre de 2004)

“Si hay luz, no hay dinero ni pistolas.” L.M. Panero

Por Bruno Montané Krebs


Fotografía de Héctor Labarca R.


-Una nota once años después Escribí estas anotaciones en un lapso de tres o cuatro días. Las primeras las escribí en el aeropuerto de Las Palmas de Gran Canarias, esperando el avión a Barcelona, poco rato después de haberme despedido de Leopoldo María Panero, que acababa de subirse a un taxi que lo llevaría de vuelta al hospital psiquiátrico. El viaje a Santiago fue muy intenso. Estuvimos exactamente una semana, llegamos un domingo y volamos de vuelta a España el domingo siguiente. Aún recuerdo la sensación de rara felicidad que transmitía un Panero que aseguraba que Chile le gustaba porque lo dejaban mear en cualquier parte sin gritarle ¡guarro! como a menudo le había sucedido en España. El encuentro de poesía al que le había invitado Roberto Brodsky y Cristian Warken, absorbió la atención de Leopoldo. El poeta se sintió integrado a una variopinta comunidad de poetas y buenos versificadores. Recuerdo a Rodolfo Fogwill abrazando a Leopoldo y besándole en la coronilla, leyendo los poemas de Panero después de que, urgido por las exigencias de la próstata, Leopoldo interrumpiese la lectura para irse al baño. Recuerdo a Parra en el balcón de su casa de Las Cruces pidiendo que le explicaran lo que Leopoldo acababa de decir: “oye, Parra, a ver si escribes un prólogo para un libro mío que se va a publicar aquí en Chile”. Y un rato después, un poco cabreado porque los demás atendíamos fascinados a lo que Parra nos decía: “a ver si ya os ponéis de acuerdo y hacéis un sindicato para torturar a Panero”. El final de la visita lo marcó chistosamente el antipoeta, jugando al escondite y saliendo de improviso para hacer una alegre morisqueta de despedida, mientras el auto de Warken se alejaba de la casa de Nicanor, llevándonos de regreso a Santiago. Las siguientes anotaciones intentan, no con poca modestia y sobre todo muy fragmentariamente, contar 44


algunas cosas que vi, pensamientos que Leopoldo me contó –y que seguramente ya había expresado a otras personas–; en fin, gestos, frases sueltas y enigmáticas, escenas en la senda de un viaje. Una mirada encarnada desde el papel de enfermero loquero, la visión de un secretario de viaje y, sobre todo, de un fugaz amigo.

-Notas en 2004

Consignas-chistes de Leopoldo María Panero, habitualmente hechas en el ascensor: –“¿Y la virgen?” Entonces tenías que contestarle: –“Era una bueeena mujeeer”. Otra:

–“¿Y la familia?” –Bieeen, graaacias”.

L.M. P.: chistes, salidas paranoico-políticas –suaves quejas o llamadas de atención que parecían sospechas sobre el estado general de la vida en este planeta–. El primer día que estábamos en Santiago llamó a la mujer con quien tuvo un hijo, que se llama Gedeón. En un poema que le dedica veo cómo se escribe el nombre de esa amiga: Marava. “Brindemos con champagne sobre la nada…” (Poemas del manicomio de Mondragón, 1987). Esquizofrenia y capitalismo, de Deleuze y Guattari. El libro estaba en el maletín de Panero que apenas parecía haber abierto durante el viaje, un bolso de lona roja de considerable peso en el que también guardaba sus gafas, el tabaco –por lo menos seis cajetillas–, unas fotocopias de Cadáveres exquisitos, que estaba escribiendo con Félix Caballero –un 45


chaval de Canarias, creo– y otras copias de un trabajo que alguien ha dedicado a su obra. En el maletín también había un libro sobre métrica poética. Éstos son los únicos títulos que recuerdo, aunque en el maletín por lo menos había 10 libros. Leopoldo lo cuidaba como si hubiese sido su tesoro o el botín de su vida. Me llama La Duros. Yo le digo que él es La Pesitos. Se ríe después de aclararle que no le llamaba La Besitos. Su conmovedor ego esquizoide aplicado al dinero. Cansado, viviendo en su hotel-prisión y quejándose un poco de ello. “Yo no estoy loco”. “Tú y Brodsky sois un poco ingenuos”. Cuando le preguntaba por qué decía que éramos ingenuos, obviamente contestaba con evasivas. Ingenuos, pienso, por no darnos cuenta de su reconocimiento en España. “Yo no sé por qué me echan la culpa de ese golpe de Estado contra el rey por haberme creído el Anticristo en Barcelona”. Una de las tesis centrales de Prueba de vida. “Me jode que te estoy tomando cariño”. Me lo confesó hacia el cuarto día, mientras desayunábamos en el hotel. Luego cada cual empezó a adoptar una prudente distancia, como si instintivamente hubiéramos caído en la cuenta de que, pasara lo que pasara, cada uno seguía su propio camino. El bebedor (de Coca-Cola Light) y fumador compulsivo, el bebedor de agua mineral (su bebida chilena). Leopoldo dice que quiere proponerle a la Coca-Cola un anuncio publicitario en el que aparecería bebiendo mientras una voz anunciaría: “¡El monstruo que hace gluglú!”. Cuenta chistes y canta canciones. Recita a poetas fraceses, ingleses y españoles. Aunque muchas veces repite 46


esas citas, la sorpresa siempre las hace parecer sorprendentes, como si citara para interlocutores siempre nuevos. Me contó que quería irse a vivir a un piso, alquilarlo, tener una sirvienta. También dice que quiere tener una editorial de libros de ocultismo. “Si yo no estoy loco…” Panero dice que su mejor libro, o el que más le gusta, es Prueba de vida (Autobiografía de muerte). Las risas inagotables de Warken y Brodsky. Brodsky se equivoca en la salida hacia Las Cruces y Cristian le hace bromas. Vamos a visitar a Nicanor Parra. Recita muchas veces el poema Réquiem: “Yo soy un hombre muerto al que llaman Pertur…” (primer poema de El último hombre, 1983). En el hospital siquiátrico de Canarias escuché que sus compañeros también le llamaban Pertur. Cada vez que lo entrevistaron procuré dejarlo solo con el periodista. “Nunca he creído en la psiquiatría.” La primera vez que dijo esta consigna fue en la muy buena entrevista que le hizo Leonardo Sanhueza. Por otra parte, suprimir la medicación era una negociación que hacíamos a cuento de las entrevistas, porque había pastillas que le relajaban demasiado, lo cual hacía que al hablar apenas farfullase. Adoptaba la claridad del declamador que habla entre dientes, siempre con la voluntad de hacer una declaración poético-política. Como si no hubiese sido capaz de acordarse del asunto, siempre quería asegurarse de que yo le acompañaría de vuelta a Canarias. También me hizo esa pregunta en Barajas a las 7 a.m., cuando volvíamos de Chile. El policía de la aduana revisó su pasaporte, se lo devolvió y, mientras Leopoldo pasaba por el lado de la cabina, el policía giró 47


la cabeza para mirarle con un gesto muy extrañado (una mirada humana, no profesional). Minutos después un tipo de barba me preguntó si Leopoldo era L.M. Panero. Le respondí que sí. Se dirigió a él y le contó que había seguido su obra y que lo respetaba mucho. L. habló orgulloso de sus colaboraciones en el diario Egin. Luego el tipo me preguntó –un poco en voz baja, como si disimulara– que si Panero estaba bien de salud, creyendo que L. no nos escuchaba a pesar de estar sentado a menos de dos metros y lo llamo al manicomio y me dice que padece cansancio de sí mismo. Insinúa que no puede escribir poemas solo y me da entender que de verdad cree en ese libro que ha escrito con F. Caballero, el libro que quiere que Parra le prologue. La sensación de que Leopoldo ha regresado a una cotidianidad en el fondo deseada. El viaje le gustó, el reconocimiento que recibió (“Claro que me acuerdo de Chile”); pero parecía no querer perder la seguridad de su internamiento. En algún momento mencionó la palabra inercia, la del interno que padece y consigue ambiguas ventajas de su internamiento y de la inercia de la psiquiatría, una parrafada conmovedora pero un poco críptica…; quizá una diferida llamada de socorro. Le recordé su proyecto de querer vivir en un piso, alquilarlo y vivir con una sirvienta, proyecto para el que no sé si tiene suficiente dinero. Al final de una conversación telefónica me dice: “Te tengo que cortar porque tengo que ir a hacer la cama”. Me sorprendió este comentario, como si fuera un niño aplicado que no quiere que le den la bronca por no hacer algo que hace rato debiera haber hecho. Último título de Leopoldo: El pájaro y la oruga. Luego en otra llamada menciona El hombre elefante. Hay que aclarar que hasta la fecha no ha usado ninguno de estos dos títulos. 48


La despedida. Estamos cansados. Nuestro vuelo de regreso a España ha durado más de 30 horas. Leopoldo toma un taxi que lo dejará en Triana. Le doy la mano y le pregunto si me permite abrazarlo. Acepta el abrazo y, sin mirarme, se sube al taxi. De repente siento una extraña aprensión –supongo que porque Leopoldo lleva bastante dinero– y se me ocurre anotar la matrícula del taxi. Días después, en una conversación telefónica, me cuenta que en aquel viaje en taxi había perdido una maleta, pero no pude saber si se refería a una maleta mía que no había llegado en el vuelo de regreso a Canarias y que días después recuperé en Barcelona, o si se refería a su maleta… Escribo un texto sobre el viaje. De repente tengo clara la imagen de Leopoldo María tirado en la gigantesca cama del hotel NH de Santiago, durmiendo y roncando, rodeado de ropa desordenada y de un cenicero llenísimo de cigarrillos a medio fumar.

.

Leopoldo cuenta que como epitafio quiere una lápida donde sólo aparezcan las figuras de un perro y un sol

49


FotografĂ­a de Francisco Flores


Mauricio Redolés:

“El humor está en medio de la crueldad” Por José Tomás Labarthe

¿Cómo es tu relación con la escritura? ¿Cada cuanto te sientas a escribir? ¿Escribes sentado? Es una relación más onanista. Es darle y darle vueltas, pura masturbación, no atacar, no ir al meollo. Estoy trabajando con los recuerdos. Por ejemplo: pasé por una esquina que está a una cuadra de mi casa y recordé que a los 9 años me paraba ahí con mi padre a esperar el bus que nos llevara al colegio. Él era profesor de quinto básico. Y casi siempre mi padre me decía “a ver las uñas... toma, límpiatelas”, y me pasaba un par de fósforos. ¿A quién le puede interesar ese recuerdo? ¿Qué importancia puede tener ese recuerdo de uno limpiándose las uñas frente a su padre? A mí me importa, por supuesto. No quisiera que se muriera ese recuerdo. A lo mejor que fuera el último recuerdo

antes de morir. Pero al mismo tiempo a lo mejor alguien se interesa en ese recuerdo: un pariente, un familiar, un desconocido. Y dejé el recuerdo ahí hasta que leí un libro de Georges Perec llamado Yo recuerdo. Ahí se cruzaron cosas que le importan a nadie, pero me importan a mí. ¿Cuál es el primer recuerdo que abre la serie? El primer recuerdo que escribí no fue el de mi padre, fue otro. El primer recuerdo que escribí fue cuando nos trasladaron siendo presos políticos al centro de tortura de la cárcel pública de Valparaíso. Llegamos ahí, ordenamos unas frazadas en el suelo, no habían camastros ni nada, dormimos en el cemento y nos tapamos con las frazadas dobladas. Y estábamos en eso cuando tipo diez de la noche se escu51


MOTONAVE LEBU

no lloré porque soy hombre tú llorabas al lado mío en ese barco desnudo acurrucado entre los colchones y las estrellas a las 6 menos 5 empezaba el golpeteo del cabo de turno una tabla sobre el metal esa noche tú llorabas yo no lloraba yo soy hombre yo no lloro pero esas lágrimas fueron otros días solo en una ciudad europea sin nombre no huevís

dije yo

no lloro en ese barco desnudo entre las estrellas pero tú lloraste quién pudiera volver en los años y llorar contigo para estar limpios hoy como una tabla golpeteando el metal

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cha el llamado de algún preso político. Luna era el apellido, creo. Héctor Luna. “Héctor Luna debe presentarse en la guardia interna”. Chucha, pensamos, llegó el Servicio de Inteligencia Naval, la DINA todavía no había sido formada parece, la CNI no existía, no pensaba en nacer, estaba en los ojos de Mamo Contreras no más. Y se llevaron a Luna. Y después otro nombre y otro y otro y otro y los compañeros iban bajando y desapareciendo. Y de repente llaman a mi amigo Tito Tricot, baja y yo dije: “me van a llamar a mí”. Y me llaman. Salgo y por la galería de

al frente venía Luna, el primero que habían llamado. Venía de vuelta a su celda, riendo. Traía un paquete café, de papel craft. Las bolsas de plástico no estaban tan de moda. Y me dice: “son encomiendas de las familias”. ¡Pacos culiaos! Como llaman a las 10 de las noche para entregarte una encomienda. Además no se podía ir al baño así que nos estábamos cagando encima adentro de la celda. ¿Desde qué ángulo te interesa presentar estos recuerdos? Lo importante es el ángulo de

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incidencia. Cómo entro al texto. La respuesta la tiene la NASA y también la agencia espacial soviética, digo soviética y no rusa pues yo todavía vivo en el siglo XX. Cuando se vuelve a la tierra hay que entrar en un ángulo determinado: si se vuelve en 90º respecto de la superficie la cuestión pasa para abajo y se incendia. Si entra en un ángulo menor rebota. Entonces debe entrar más bajo de los 45º cosa que pueda entrar y penetrar el vehículo. Qué quiero decir con ésto, respecto de la escritura. El ángulo del recuerdo no puede ser tan obvio, ni puede ser tan importante. A lo mejor si es importante el recuerdo tiene que estar disfrazado de poca importancia para que esté la sorpresa ahí. Eso me recuerda la raíz de la palabra recuerdo. Recordari. Encordar. Volver a pasar por el corazón. La memoria como un ejercicio sentimental. Teñido de emoción. ¿Cómo lidias con la emoción en estos recuerdos para encontrar ese ángulo de incidencia? Por ejemplo: si yo digo, “yo quería mucho a mi papá, fue mi profesor en quinto básico”… maté el texto. Este es un libro de memorias, pero sin serlo. Bolaño decía que él no soportaba los libros de memoria porque quien escribía un libro de memorias debía tener un pene de considerable tamaño. Así que no puedo llamarlo un libro de memorias, sería propaganda.

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No parecieras estar describiendo solamente este libro, sino toda tu poesía: una anécdota, mirada desde el costado, como rodeando la experiencia sin revelar directamente su significado…

Sí, sí, por supuesto, claro. Ahora, también hay textos que no son tan de sucesos y que son más herméticos y que tienen que ver con ideas, con el lenguaje. ¿Te ha costado este proceso de catarsis, de volver atrás a redescubrir momentos? Sí de todas maneras. Ha sido un proceso sin dolor pero con emoción. ¿Qué emoción? El amor El amor de mi madre, de mi padre, el amor que yo he tenido por mi hermana, por mi hermano. El amor por mi hijo. Por novias, pololas, ex novias, ex pololas. El amor por mi mujer. Y también el odio. Carlos Droguett decía que un ser humano no estaba completo si no era capaz de odiar. Y yo también reivindico el odio. Es una contrapartida del amor. ¿A quién odias? Hoy odié a dos personas. Fui a dejar a mi hija al colegio y una señora se estaciona con su 4x4 en el paso de cebra. Yo le golpeé el capó y le grité: “¡este es un paso de cebra!”. Y después en avenida Brasil con Rosas un ciclista me tiró su bicicleta sin respetar la luz y yo le grité: “¡tenías roja, imbécil!”. Los odié. ¿Sufres de esos mismos episodios pero en clave amorosa? Sí. Un tipo iba al trabajo y me saludó. “Tú eres Redolés, me dijo. Yo vivo en el barrio. Qué bueno empezar el día viéndote”. Es un poco vanidoso contarlo, pero esas cosas me llegan. En Santiago se ha perdido la amabi-


NO ERA CECILIA

Yo tuve una amiga que se llamó Cecilia ese no era su nombre pero eso no importa con Cecilia nos encontrábamos en un parque sin extensiones un lugar iluminado por sus lagunas caminábamos sin tocarnos ni hablar yo al lado de ella ella al lado mío Cecilia quería ir a un Club de Jazz en esa extraña ciudad hoy Cecilia está muerta murió hace años Leí la noticia en un diario con despreocupación porque nunca supe que Cecilia había muerto porque Cecilia no se llamaba Cecilia se llamaba papel de diario chilena muerta sudaca desaparecida chicana quemada pero era joven y era hermosa esperaba mis humeantes poemas ¡cuando yo era el huevón más sólo del mundo! ¡Cecilia era el contacto con la otra voz! con tu voz murió Cecilia la que soñaba con la revolución la que soñaba con ese poema hace muchos años nos abrazamos en ese parque de luz y última vez no sabíamos que era la última vez y por siempre nos abrazamos no más como dos jóvenes chilenos en el destierro más absoluto nunca intercambiamos promesas de ningún tipo porque ella era la promesa porque yo era la promesa hoy sus huesitos enterrados quizá dónde hoy los míos temblando vivos

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lidad. Cuando encuentras la amabilidad de compartir se valora.

está en las peñas, en la universidad, en las clases.

Ahí también aparecen otros elementos centrales de tu poesía, además del amor y del odio, el humor y la ternura. Sí, yo he pensado en qué nos hace reír. Chile tiene una gran capacidad de reflexión humorística frente al absurdo. Eso está reflejado a lo mejor en José Miguel Varas, en Pezoa Véliz, en la poesía del Grillo Mujica, de Parra. En la Manivela, el mejor programa de la televisión chilena. Eso me interesa. ¡El Ché copete no me interesa para NADA! El humor del Kike Morandé es una cuestión asquerosa. El humor grosero, relacionado con el poto y el pico, y la tallita, y dale con la tallita que solamente refuerza cuestiones obvias.

¿Qué relación adviertes tú entre el humor y el dolor? El humor está en medio de la crueldad. Recuerdo a un preso político al que le sacaron la mugre por dárselas de graciosito. Antonio Barrientos, un estudiante de arquitectura, hijo del alcalde de Viña del Mar al momento del golpe. Lo estaban golpeando mal y le preguntaban: “¿qué sabes del plan?”. En medio de la tortura y del dolor, él les contestó: “el plan… el plan comienza en los cerros… va bajando el plan, de a poco, de a poco, y después el plan se termina”. Ellos se enfurecieron, pues preguntaban por el plan Z y él les contestó con el plan de urbanización de las vías del agua. Le sacaron la mugre. Este humor nos mantenía sanos: una mezcla de locura, de sanidad. En la talla, en el grito anónimo, hay una gran capacidad de humor chileno, de captar el acontecimiento y la respuesta inmediata.

Hablemos más de la talla, esa suerte de chiste popular, encapsulado, espontáneo… Es que la talla es algo que surge entre la muchedumbre, para denostar a alguien, para hacer ver su ridiculez. Uno de los momentos más altos de la talla en Chile está en el Estadio Caupolicán en los combates de box de los años 50’, 60’, con un personaje llamado el Burro, seco para la talla. Miraba y pegaba el grito. Y todo el estadio se reía porque el tipo tenía un tremendo vozarrón. Hay una talla icónica del Burro: habían dos boxeadores que antes de empezar a pegarse se estudiaban, y el Burro gritó: “no estudien tanto que van a llegar a la universidad”. La talla surge como expresión del momento y 56

¿Lo antipoético te parece cómico? ¿A Parra lo encuentras gracioso? ¡Sí! El año 89’ o 90’ yo musicalicé el Poeta y la muerte, a solicitud de Parra. De carambolas me llevaron al programa de televisión El Desjueves. Me trataron muy mal, desde el comienzo, no me querían dejar entrar. Finalmente entré y había unas bailarinas semidesnudas entre bambalinas. Una vieja chica me dijo: “tú estás mirando mucho a las niñas, las niñas están nerviosas”. ¡Qué me iba interesar mirarle el culo a esas huevonas! Además yo venía de Inglaterra donde ibas al


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HAY DRAGONES QUE TIRAN FUEGO MUCHOS DÍAS Y SON MUY RE GÜENOS Primero el Partido tuvo que combatir a los renovadores de derecha. Pero a mí no me importó porque yo no era renovador de derecha. Después el Partido tuvo que combatir a los ultraizquierdistas de la Fracción. Pero a mí no me importó porque yo no era ni ultraizquierdista ni de la Fracción. Lueguito también se fueron yendo en la individual y de a poco los personalistas. El Partido tuvo entonces que entrar a combatirlos. Pero a mí no me importó porque yo no era personalista. Después el Partido tuvo que exterminar 89 tendencias pequeñoburguesas infiltradas y además combatir al liquidacionismo, al neo-fraccionalismo, al tendencionalismo, a los cansados, a los abúlicos, a los indiferentes, a los deprimidos, a los apáticos, a los desorientados, a los despistados, a los desordenados, a los drásticos, a los meticulosos, a los decrépitos, y a los malgenio. Pero a mí no me importó porque yo soy de los de cuero duro.

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departamento de un amigo y las mujeres andaban en calzones. Entonces estaban siendo unos culiaos. Y decidí usar ese verbo, pues en el poema de Parra el poeta se culea a la muerte. Al día siguiente obviamente que Las Últimas Noticias tituló: “Redolés trató de viejo culiao a Nicanor Parra”. Y me llamó Parra, enojadísimo. Le tuve que explicar toda la situación. Parra se reía de una manera… ese es el humor de Parra. Por último: por un lado tu producción musical es súper continua en los últimos 10 años, está bien registrada en diferentes soportes, se puede encontrar hasta en dvd. Tus libros en cambio son inencontrables… Por lo mismo estoy trabajando ahora una segunda edición de Estar de la poesía o El estilo de mis matemáticas pero se va a llamar solamente El estilo de mis matemáticas, versión corregida, disminuida y aumentada. Es disminuida porque el poeta Yanko González me sugirió echarle una miradita a

los poemas y ver qué se podía podar de ahí y yo estuve de acuerdo. Y posteriormente consideré que tenía que agregar una antología de dos libros más. Uno es un libro del año 93’ que está inédito, que se llama Bienvenidos a ciudad alta. Y el otro es Los versos del Sub-teniente o teoría de la luz propia, que fue editado por LOM, bajo el heterónimo de Marcelo Reyes Khandia. El Estar de la poesía … original está agotado en librerías, deben quedar 5 o 6 ejemplares. Los versos del subteniente… aún se pueden encontrar. Anterior a esos libros, está Tangos del año 87’ que sé que lo venden en Nueva York a 70 lucas. Y los primeros ni yo los tengo, que son Chilean speech, editado en Londres y Notas para una contribución a un estudio materialista sobre los hermosos y horripilantes destellos de la (cabrona) tensa calma que fue editado en Budapest. Ah, y Poemas urgentes que también es inencontrable, lo hice en Londres el año 82’ para llevarlo a Rotterdam a un festival de poesía

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EXILIO Y MUERTE EN MAHFUD MASSIS (1916-1990)

“Entonces espantaos, queridos burgueses: un día el arte no será ya necesario”

Por Samuel Maldonado de la Fuente

Martes 11 de septiembre de 1973. 08:30 horas. Radio Agricultura sorprende a los chilenos con la interpretación del Himno Nacional, luego se da lectura de un bando de los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y del director general de Carabineros. A partir de este acontecimiento, la vida de Mahfúd Massís es trastocada, como la de muchos chilenos que sufrieron las vejaciones, el dolor, la muerte y el exilio. Massís, en esa época oficiaba como agregado cultural en Venezuela, donde es informado de la infausta noticia que termina con la democracia en Chile. Apesadumbrado por los acontecimientos, comprende también que su rol político como representante del gobierno ha terminado y por tanto no se vislumbra un pronto retorno desde Venezuela. ORIGEN

La identidad manifiesta y existencial del poeta se plasman en un fragmento de este poema donde ratifica su esencia arábiga. Hijo de inmigrantes, padre palestino y madre libanesa, su visión se occidentaliza en una multidiscursividad cultural. Nacido en Iquique en 1916, Mahfúd Massís se estructura entre la aridez del desierto nortino y la de sus ancestros. Según el Doctor Halim Barakat, Sociólogo árabe, “la creatividad de los poetas árabes en América surge gracias a la experiencia exotérica y esotérica”. Massís, reconociendo a cabalidad su origen en su primer libro Las bestias del duelo (1942), asume la decisión de 61


Soy Mahfúd Massís, el Esclavo, el heresiarca de piel negra, el loco, el desertor, el papanatas helado bajo la nieve. Escondo mis dientes de cabro, mi cola de rey babilónico, mientras camino por la ciudad, junto al angosto río. Entre lívido aceite, mi vieja sombra atrabiliaria atraviesa las ciénagas, ladrando a la majestad lunar con su obscura casaca de muerto. Poema 3 de Elegía bajo la tierra (1955)

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arabizar su nombre y cambia su chapa de nacimiento Antonio Macías por el de Mahfúd Massis. Por otra parte para protegerlo de la xenofobia predominante a principios del siglo XX, fue bautizado con nombres latinos para no exponerlo a la turcofobia. En la literatura de su época su visibilidad fue mal vista por los autores de raigambre nacionalista que casi lo condenaron al olvido. En el poema Las úlceras (1942), dice: “soy árabe oscuro y semental aullando de presagios como el macho cabrío”.

Me llamaron El extranjero, el que recoge monedas y habla de un país largo y perdido. Llanto del exiliado (1986)

En Iquique estudia en el English College, posteriormente ejerce como dactilógrafo y taquígrafo bilingüe en diversas ciudades. Fue colaborador de la Revista Multitud, dirigida por Pablo de Rokha, inspiración que lo llevó a fundar su propia revista literaria, llamada Polémica. Desde esta tribuna impone su propio sello. Propone un nuevo pensamiento estético, político y cuestionador remeciendo las ideas de su época. Desde muy joven su pluma se caracterizó por llevar un fuerte dejo de ironía frente a las apariencias. “La ironía es un arma poderosa. Con ella, desinfla los globos de la fatuidad y su concomitancia, la tontera grave”, decía. Era hombre de convicciones profundas, pero no fáciles.

SUS VISIONES

Al examinar sus escritos, tanto poéticos como narrativos, es posible asegurar que su estética responde a la de la poesía negra. Tal vez sea, inclusive, uno de los primeros exponentes de este género. Su literatura recuerda a los libros Hombres Oscuros o la Sangre y La Esperanza de Nicomedes Guzmán. Massís escribe con profundidad crítica, con imágenes simbólicas que se entremezclan con el devenir urbano de los habitantes en desgracia, su propia desgracia. 63


En su trayectoria intelectual allá por los años 30’ al 40’, adhiere al socialismo y lucha contra las desigualdades, poniendo su estatus de agnóstico contra todo designio religioso y su incidencia en el Estado. Su actitud de crítico apasionado le trajo muchos problemas, aún así llega a ser director de la SECH y de varias organizaciones de índole arábigas. Edita revistas, asume su antisemitismo por la Palestina oprimida. Fue Jefe de las Brigadas de Escritores Socialistas de Chile, fundador y redactor del diario Puro Chile y durante el Gobierno de Allende fue nombrado Agregado Cultural en la Embajada de Chile en Venezuela, país que lo acogió cuando se decidió por el exilio. Nos dice María Olga Samamé Barrera, Doctora en Literatura de la U. de Chile, en su texto sobre Mahfúd Massís: “los años venezolanos fueron difíciles para él, aún cuando su talento le permitió publicar poesías y ensayos y transmitir crónicas por la Radio Nacional de Venezuela, además de ejercer el cargo de Director de Cultura de la Fundación de Estudios Latinoamericanos Orlando Letelier. También participó en certámenes literarios en Iraq y Canadá. En 1988 volvió a nuestro país para integrar el movimiento artístico Chile Crea contra la dictadura del general Pinochet. Abrigaba la esperanza del regreso, pero su salud se deterioró y un ataque cerebral puso fin a su vida, en abril de 1990”.

PRODUCCION LITERARIA

Su creación literaria comprende poesía, cuento, teatro y crónica, publicada en libros, diarios y revistas. “Es posible documentar la existencia de dieciséis libros suyos impresos, de los cuales once fueron escritos y publicados en Chile; cinco durante el autoexilio en Venezuela y uno más, póstumamente, en nuestro país”, según María Olga Samamé.

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La producción literaria de Mahfúd Massís no ostenta gran volumen, al contrario de otros escritores nacionales de su época, esto se debe en parte por su asumida actitud, contrario a las prebendas y a la ostentación; el desarraigo preferido por su autoexilio lo alejó de los cenáculos de las letras. Luego vino el pesimismo y la nostalgia, cuya distancia creó grandes heridas en su existencia. Casado con Lukó de Rokha, una destacadísima pintora nacional, le dedica este poema:

LUKÓ: En este gran drama gregario de la vida, cuando el espanto deposita en mi corazón su huevo oscuro, levanto los ojos hacia ti, como una bestia que busca algo por encima de su condición, flor extranjera. En este mundo solitario por el que andamos, caminas junto a mi por un favor de los dioses y te seguirá mi pisada negra, ineluctablemente, aún más allá del Gran Pantano.

Elegía bajo la Tierra (1955)

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Toda su producción contiene imágenes tristes, fatídicas, de evocación tardía, de símbolos apocalípticos, de nostalgia desenfrenada, de pesimismo, que deja expuesta en su poesía y ensayos. Aún así, Mahfúd Massís no se asemeja a otro autor, tampoco se le puede asimilar a De Rokha, no son iguales sus propuestas, aunque compartían su pasión por la lucha de clases. El aporte de Mahfúd Massís a la literatura chilena, especialmente a su Generación, reside en su actitud y en el modo de adherir al tema de muerte en su obra poética. Esta contribución se asume como una ruptura de anticipación respecto de los moldes del decir poético.


Mahfúd Massís y Pablo de Rokha

Como poeta maldito o poeta negro, Massís convive con su infierno terrenal e interior, donde presenta al hombre y al cosmos en su desolación. Surgen los destellos de una fatalidad y desolación en sordina, ya que las imágenes se entremezclan en una vocación atávica con alto sentido trágico, de desaliento, donde irrumpe la muerte como una urgencia inevitable. Massís optó por iniciar un “viaje por las nocturnas zonas de la muerte”, para materializar aquello de que “la poesía es síntesis donde conviven lo olvidado y lo por resolver”, o tal vez decidió emprender una travesía al interior de un drama existencial oculto. La vida y la muerte conviven en él simultáneamente. Entre sus poemas podemos descubrir un gran poeta olvidado, aún en el exilio, tal vez desfondado por la élite literaria que teme perder un espacio

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RONCAN LOS ESPECTROS Es preciso armarse contra la divinidad ¡Ay, es preciso! Los difuntos, con sus vejigas coloradas, se levantan en la medianoche y roncan. serán vencidos por los piojos, y dirán al dragón: tú eres el panteonero. En cada cifra del reloj habrá un ojo de muerto. Las mujeres parirán pequeños reptiles, y un conjunto de ánimas silvestres dirá: bienvenidos el Creador acaba de morir. Es preciso armarse contra la divinidad. ¡Es preciso! Los ruidos subalternos, los vasos de sangre lentamente bebidos, los fantasmas golpeando mi vientre como un tambor helado; los infantes enterrados en los muros, la respiración parada como un guardia encima de mi pecho, todo pone en mi su licor de efervescencia súbita. De noche yo fraguo una espada, y un sudor mineral me ciñe el esqueleto, inyecta su alcanfor en mi alma, y un hueso señalador recusa la tristeza, y una filial bandada de lombrices inicia su vuelo hacia la altura.

Las bestias del Duelo (1942)

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NOCTURNO DE LA PIPA Bajo este astro podrido del otoño, como un dios seminal que llora por las mujeres, fumo mi pipa como un pope rojo, con aire egipcio de gladiador golpeado en la nuca. Entre presagios y golondrinas que atraviesan la piel de la cabeza, echo humo sobre mis obsesiones funerarias, sobre rostros que olvidé enterrar, gruesos como marsopas, arrastrando una flor, una peluca verde llena de pájaros, un hueso de mono olvidado en el bolsillo. Del fondo del cráneo me arrancan grandes huevos, ciertas imágenes, un féretro destruido por la lluvia, gusanos teñidos de azul por el fuego de una ojos, un párpado seco con que miraba el mundo. Oigo el grito de un jinete muerto, alguien se arrastra sobre una muleta ¿Quién es? Yo nada escucho. Sólo fumo este pedazo de cerezo que me va agrietando la jeta, cubriéndome los dientes, la nariz, como un ídolo amarillo, y deja en mi boca un olor a caballo, a cuadrilla oscura. Alguien, con los ojos huecos, me afeita la cabellera Señora, por favor, no olvide los fósforos.

Sonatas del Gallo Negro (1958)

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Fotografía de Héctor Labarca R.


EL RESCATE DE LA NOSTALGIA Y EL AUTO- EXILIO DEL HABLANTE EN SU PROPIA ALDEA

A propósito de Carahue es China de Ricardo Herrera (Editorial Bogavantes, 2015) y El confesionario de Américo Reyes (Ril editores, 2015). Por Claudio Maldonado

Ricardo Herrera vive en Temuco y Américo Reyes en Curicó.

Por distintas manos me han llegado sus últimos libros de poesía. Debo elaborar un instrumento escritural que dé cuenta del acontecer de mi lectura. La idea base es hermanar en algún punto de una idea a estos dos mundos. Con el carril de la PROVINCIA no me basta (me digo), si no se aceita con buen cebo ésta loca puede dispararse en muchas flechas faciloides: ella puede encontrar la ruta fatigada de banderitas sociales gimoteando por los desaires de la metrópolis o también chapotear sumida en la sobre interpretación del símbolo de una plaza o una colegiala. Elevando estas figuras a una altura que ni el Darío más jalado podría contener en su delirio. En el fondo, no por estar en la provincia el río es más puro en su caudal. Y estos dos creadores parecen saberlo muy bien, ya que instalan a sus hablantes poéticos en un conflicto directo con sus aldeas: la lucha por mantener los ritos y tradiciones de una forma de vida anterior a lo que siempre y únicamente les ha tocado vivir, es decir, el predominio de la máquina que precede al dominio de la agricultura. Es el neoliberalismo y sus navajas, algo que para los hablantes encierra algo infernal: el hombre de negocios desplazando para siempre al artista. Frente a este nostalgia de lo que nunca se ha vivido, pero que intuyen es el llamado del camino, los ha71


blantes de Herrera y Reyes optan por abrazar la poesía. Siguen la idea de Carpentier cuando señala que la existencia estética de toda ciudad implica una preexistencia textual. Entonces ellos construyen un nuevo Carahue, un nuevo Curicó, donde tenga cabida una nueva posibilidad de hacer aldea, una nueva geografía de lo imaginario. Es en este punto del caos o fragmentación o hiper subjetividad de la aldea moderna, donde ésta le exige a los hablantes una necesidad de desarrollo epistémico de la enunciación ficcional. Es decir: la aldea les pide ampliar el registro lingüístico y asimilar técnicas discursivas que les permitan “justificar” esta necesidad de nostalgia. Los hablantes asumen esta misión con éxito y es ahí donde se abre un espacio para sintetizar la propuesta de ambos libros. En Carahue es China de Ricardo Herrera, nos encontramos con una plataforma intertextual que logra distanciarse de las alusiones más evidentes a las grandes ciudades del pasado: Roma, Jerusalén, México-Tenochtitlan, por nombrar algunas. En el caso del hablante de Herrera lo intertextual lo realiza entre Carahue (que al decir de Teillier es de esos pueblos de la Araucanía que son como guijarros o perdices echadas a la orilla del camino) y China, una civilización, imperio, nación, casi inabordable si intentamos definirla en forma sucinta. Entre la existencia de rasgos que aún en Carahue frisan lo premoderno y el desarrollo del hiper capitalismo en China, el hablante levanta un puente sustentado en las tradiciones poéticas de ambos territorios y es ahí donde Carahue y China son escritos desde la contemplación del lar, desde la cosmovisión mapuche y su comunión simétrica con las especies y el minimalismo oriental cuyasobriedad formal exige no alterar la visión poética del universo que ya ha sido regalado. ¿Pero de qué forma el hablante nos convence de que Carahue se ha tornado China? El vehículo son las visiones creativas del alcohol y el opio. En Ampelo (p.9), el poema que abre el libro, el hablante señala: !El infierno artificial del alcohol crea una ciudad paralela, una ciudad subterránea o subacuática, donde Carahue es China, Barcelona, Alejandría, París o Namur!. 72


Cabe señalar que Ampelo pertenece a la mitología clásica griega,

es el hijo de un sátiro y un compañero-amante de Dionisio,del que se dice una vez lo transformó en un racimo de uvas para el disfrute de los hombres. En cuanto al opio, como dispositivo propulsor del imaginario, se puede establecer (siguiendo la pesquisa de elementos de cultura universal) una asociación con poetas como Baudelaire o como Thomas de Quincey, que en su célebre ensayo Suspiria de profundis nos regala estos espléndidos versos:

tú construyes ciudades y templos sobre el corazón de la oscuridad, fuera de la fantástica imaginería del cerebro, superando el arte de Fidias y de Praxíteles, superando el esplendor de Babilonia y Hecatómpilos, llevando « de la anarquía del sueño » a la luz del día los rostros de bellezas largo tiempo enterradas y los benditos semblantes familiares, limpiándolos del deshonor de la tumba.

El hablante de Herrera instala en el puente colgante de Carahue a

unos poetas coreanos desconocidos fumando amapolas, las “nuevas” familias chinas riegan las papas con chicha de manzana y en sus ensoñaciones confunden los humedales y las vegas con inmensas plantaciones de arroz. En el segundo poema (homónimo al título del libro p.14) se plantea la constatación de una verdad incuestionable: de nada vale decirle a los nuevos habitantes que Carahue es Alejandría, Namur o París y que ahí también vivió Constantino y Michaux.

Para ellos no Carahue es China Carahue es una nube de opio entre los cerros

Otro elemento clave en este principio intertextual, que establece el

hablante de Herrera, es la noción de la sobrevivencia de las tradiciones, el culto al recuerdo y a sus ritos. En el poema Edificación de la muralla China (p.27) se relata la construcción del pastel de papas más grande 73


del universo, una fiesta anual que se celebra hace ya muchos años en Carahue. El deseo es que este pastel adquiera las mismas dimensiones de la lejana muralla, como un intento de ser también inolvidable, perpetuarse en el tiempo por los siglos de los siglos. Que el pastel de carne molida llegue hasta Pekín o que se pueda ver desde la luna al igual que la muralla (ya se sabe que eso no real) se puede aceptar como una irrealidad necesaria para creer en la eternidad. Pero a veces la verdad es menos rica en la ilusión, ya que la Muralla China sólo comienza a ser tomada en cuenta en el siglo XX, con la llegada de los viajeros occidentales, siendo ninguneada por Mao que la consideró un símbolo del feudalismo. Recuerdo, al leer los versos de este poema, una frase de Borges: “la vieja mano sigue trazando versos para el olvido”.

Una muralla de carne molida y puré que une Carahue con [Pekín y que puedes observar desde la luna abrazado a Li Tai Po

Esta suerte de mecánica intertextual que opera en Carahue es China

también se da en otro importante poemario escrito en la provincia de la Araucanía el año 2014, me refiero al Mapa Rotode Juan Wenuan (Editorial Del Aire). La necesidad de adentrarse en hechos de la historia mundial, para que los hablantes poéticos preserven una memoria personal, pareciera ser un pilar fundamental para estructurar ambos discursos literarios. En el caso de Wenuanhay una constante rebelión en contra de los límites que la memoria colectiva (manipulada por el poder) le ha impuesto a la cultura mapuche. La intertextualidad con otros hechos históricos se presenta como una posibilidad de expandir esos límites y generar lecturas alternativas. En el caso de Ricardo Herrera el procedimiento es diferente, pues para salvar su memoria individual el hablante renuncia a lo social, símbolo de lo colectivo, el hablante da cuenta de un engaño y se vuelca a la exploración del paisaje y así encuentra, sin moverse de su aldea, un autoexilio que le permiteseguir soñando la utopía de un territorio donde la poesía es un refugio, un imaginar sin horizontes.

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En El confesionario de Américo Reyes el recurso de la Polifonía es el que sostiene el armazón discursivo del poemario. En primer término estamos en presencia de una variedad de voces (galería de personajes) que narran sus experiencias, emociones, sentimientos y reflexiones acerca de lo que han sido sus vidas y su relación con los demás habitantes de la aldea Curicó. Un escritor falto de imaginación se quedaría en la mera descripción de los rasgos arquetípicos del hombre de la zona y ahondaría en la gracia siempre atractiva de la anécdota bien contada. Pero éste no es el caso de Reyes, que desde el primer texto A modo de Proemio (p.9) justifica a través de una declaración de principios políticos la aparición de estos hablantes. Antes que todos, es el autor el que define su (hasta ahora) existencia en el entrecruce de siglos. Su vida de animal político la resume en: revolución + dictadura + democracia =Desilusión. Esta decepción o este cansancio por vivir se expande a su oficio de poeta, pues ante todo el autor se presenta como un actor fraguado en la palabra escrita y que ha optado por propinarle un cachetazo a ese Curicó literario oficial que el autor conoce al dedillo, donde existe la sensación de que transformar el lenguaje es algo docto y donde se valida el cultivo de los tres géneros en un todo caldo literato surreal y de guerrilla, que en los pueblos de provincia pareciera a veces adquirir una fuerza universal. Por ende, las confesiones iletradas que pretende el autor en este registro de recuerdos están afuera de ese mundo, pues son ejecutadas por seres anónimos que han encontrado

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un espacio para simplemente dar a conocer algo de sus vidas cotidianas. Es muy posible que el autor (y esto lo deja en la ambigüedad) se haya basado en hablantes que son plausibles de existir, pero también, como lo señala, pueden ser fantasmas de su propia imaginación, la prolongación de sus deseos e identidades secretas siempre dispuestas a explorar las laberintos del ser humano. Sea como sea, el autor, ante su crisis, reelabora una nueva aldea donde el recuerdo de estos anónimos se transforma en un nuevo libro para su sobrevivencia de escritor (algo así como lo que hizo Capote con los dos asesinos de A sangre fría). A través de la utopía de la nostalgia el autor transforma a estas mujeres y hombres atosigados por sus tabúes, a estos aldeanos de oficios humildes estragados en el vino y la noche poblacional, a estas monjas y adoradores de filosofías orientales desengañados, a poetas debatiendo sobre ética y poesía latinoamericana a orillas del Guaiquillo, a relaciones de amigos que poco se aguantan en su fraternidad y por supuesto a desengañados del amor, del sexo y de dios. En resumen: la polifonía de voces expuestas permite que esta nueva aldea literaria propuesta presente un nivel de subjetividad donde existan más opciones de establecer relaciones no previstas por el autor, dejando una importante tarea como co-creador de la obra, es decir, el gran mérito de los hablantes del autor es que dan las herramientas para postular que éste los ha creado para instituir un auto exilio dentro de la aldea de Agua Negra, una marginalidad sobre la marginalidad existente, pues estos seres recuerdan (en el más poético de los casos) para no ser olvidados, elaborando un artificio testimonial para el autor, que a cambio de su confesión nos les promete redención, ni milagros, ni soluciones a sus conflictos, sólo la posibilidad de ser escuchados y de compartir un mundo paralelo, donde ellos son los actores centrales de un pequeño parnaso personal.

“Comediantillos de mi santiscario en busca de su lector-confesor, fieles a los caprichos del apuro, que no a los del fastidio, y que me transportan, embrujándome, a los lugares que nunca he abandonado, héroes que la soledad preserva, y el delirio. Viajeros de papel, presos en los marasmos de la tinta, han tenido también su Rusticiano.”

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He señalado que esta galería de personajes anónimos pareciera

no pretender más que ser escuchados por el autor y que todo análisis extra proviene de la intención de éste y del lector que abra una nueva lectura interpretativa. Lo cierto es que, al comprender a estos urbanitas dentro su aldea, se puede reconocer la paradoja existencial que los envuelve: el deseo de integrarse al sistema social y a la vez querer escapar y construir una identidad que los libre del adocenamiento y la normalización. Es decir, el sobrevivir en la euforia del habitar un espacio ecuménico y desear la nostalgia de la soledad y el desarraigo para no perder la identidad. En el poema Decálogo del poeta (p.12) se manifiesta este principio de contradicción: Y cuando el universo cambie de lugar escribe como bailas, cánsate sonriendo y avergüénzate de ser aceptado en un mundo que detestas; y que el iluso saque sus conclusiones.

El resultado de esta paradoja los hace vivir entre la dicotomía

ideológica de apariencia y realidad, una indecisión permanente en la vida de estos seres, que en estas confesiones siempre alude a un momentocúlmine, un instante que pudo ser un cambio importante en sus existencias. En el poema, Desde un paradero de buses de Licantén, María Amanda Burgos se refiere a su encuentro con un vagabarrios (p. 14)

Tuve ganas de ser -en más de un rumboconfiable, y abrazándolo en todo su esplendor le confesé: Eres la dosis de descaro que necesitaba

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La incógnita está en cómo estas confesiones le permiten o no a

estos hablantes romper el cerco que los oprime. A luz de los testimonios pareciera que estos anónimos terminan estragados por la realidad de la aldea oficial. Se han confesado con alguien que les ha dado la posibilidad, pero sus secretos permanecerán soterrados por las normas y tabúes de la sociedad. En el poema Es el mágico verano del 2011 y Reinaldo Toro Bustos (…) (p.55) el hablante confiesa lo que en el pasado era imposible, su fascinación por un adolescente apodado el gitanillo, compañero de curso de su hijo. La remembranza no es sólo para apagar (o encender el fuego sexual) también hay un dolor por la juventud que ya no está en él, una nostalgia de lo perdido, la fealdad, la decadencia de la vejez. Al estilo de Gustav von Aschenbach, en la Muerte en Venecia de Thomas Mann, este licenciado en historia expresa con impotencia su sentir:

Con razón lo apodan el gitanillo pensé desmoralizado deseando de corazón que envejeciera de golpe como dicen que les puede ocurrir a los jóvenes malcriados y sin clemencia.

Los hablantes se adaptan fácilmente a las condiciones de gregarismo radical, y terminan siendo absorbidos por el peso de la sociedad, se confiesan, pero siguen anónimos, pero integrados, se confiesan, pero sólo son visibles desde el panóptico central. ¿Entonces el proyecto del autor fracasa? Creo que no, el poeta ha hecho lo que puede y no pierde la esperanza de integrar a otros en la construcción de esa aldea posible y es más, en el último poema le cede al lector(a) un

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espacio para presentar sus descargos y entrar en un juego, que en mi rol de lector, ha funcionado de acuerdo a los deseos del poeta

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La obra magna de Pedro Nolasco Cruz (1857-1939)

Por una crítica policial

Su prontuario indica a Talca como lugar de nacimiento y a la tierra chilena como agente de moderación en sus ideas. Enemigo del modernismo, el naturalismo, el baile, la chicha, los poetas populares y casi todos los demás poetas, el autor de Murmuraciones y Flor de Campo habría de convertir a la crítica literaria en un equivalente de la detención por sospecha.

Por Mario Verdugo

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UNO

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Cruz debuta como escritor publicado en 1881. Sus Fantasías humorísticas se inspiran en una concepción horaciana de la sátira, aquella que sugiere alternar lo jocoso y lo serio sin establecer claramente cuando se es lo uno y cuando lo otro. A este impasse teórico –acaso en combinación con el equívoco título– se debe atribuir el desconcierto con que por entonces reaccionan los lectores: risas en cuanto Pedro hace gala de su seriedad, rostros impasibles o fastidiados en respuesta a las escenas de divertimento. Ni las chacras del Valle Central, donde Pedro ejerce ya la agricultura; ni los nobles bufetes de Santiago, que el talquino descartara de su vida por amor a la tierra, figuran aquí como espacios predominantes. El jurisconsulto y futuro crítico aparece más bien en la antigua Roma, o volando entre las nubes que los dioses de esa ciudad tendrían por hogar. A raíz de circunstancias temporoespaciales que no se especifican, tanto Júpiter como Mercurio parecen compartir las creencias de Pedro, es decir, son casi católicos o católicos sin más, mientras que la Dama de la Justicia (mayúscula en su grafía pero no sin dudas en su belleza) manifiesta un odio parido hacia “los procuradores, los secretarios, los abogados y toda esa caterva de los tribunales”. Tras confesar que hubiese preferido encontrarse y enredarse con una campesina colorada, el protagonista remonta el vuelo en una especie de globo aerostático, al que acaba de inflar con cierto aire rancio, por lo demás barato, compuesto de versos y discursos sobre la libertad y la educación de los pobres.

DOS

l

Todavía fascinado por la lectura de Horacio, Pedro Nolasco insiste al año siguiente de su debut con Murmuraciones: artículos de crítica social y literaria. Ahora le interesa lo útil, sobre todo lo útil, aunque de vez en cuando se siga arrimando a lo dulce. El libro se lo dedica a su prima –la virtuosa Amelia Correa Vergara– y en el prólogo se encarga de aclarar que no se tratará de chismes. Se tratará, eso sí, de combatir las doctrinas liberales, y se tratará 81


también, entre otras tantas cosas muy útiles, de hacer ver la genuina cara del vulgo, una cara de perro que persigue a quien le teme y que se aguacha ante quien lo patea. Como en las Fantasías humorísticas, Pedro empieza describiendo lo que se nos antoja un ambiente onírico, una pesadilla, una alucinación, la clase de ámbitos que atormentan a los desmayados. Allí está él mirándose a sí mismo, ya anciano, sentado frente al escritorio. El anciano Pedro intenta redactar en difícil, como si quisiera anticiparse a la Revista de Crítica Cultural, y al tiempo que va redactando, su habitación se llena de lauchas, sabandijas y un cocodrilo de ojos húmedos. Narcotizado o no, el caso es que Pedro despierta, vuelve a sus cabales, y en las páginas sucesivas tiene la lucidez suficiente como para emprenderlas directa o indirectamente contra cuatro lacras por lo menos: la música que conduce al baile (por sucia), la poesía que se basa en confidencias amorosas (por aburrida), las reseñas que aplauden ese tipo de obras (porque son como felicitar a un hijo feo) y la filosofía que sospecha de Jesucristo (porque sólo la profesan los haraganes, los empleaduchos y los estudiantes imberbes).

TRES

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Entre 1883 y 1887 Pedro consigue publicar un par de novelas de dimensiones respetables: Flor de campo y Esteban. Confirma con ello uno de los poderes secretos que, en su calidad de músico aficionado, adjudica a la práctica del piano: aumentar de modo notorio la fuerza y la agilidad de los dedos. (Dedos de las manos, se entiende, pues los pies, como ha de suponerse, quedan rebajados por su pensamiento al universo de la baja moral dancística.) Lo que de largas tienen esas novelas, lo tienen de cortos los comentarios al respecto: lectura liviana, lectura atractiva, y pare de contar. “Debió darse cuenta que nunca descollaría como novelista”, conjetura Misael Correa, su hagiógrafo, de suerte que Pedro posterga simultáneamente sus proyectos agrícolas y narrativos y pronto se lo ve de regreso en Santiago, escoltando a los patriarcas del Partido Conservador y dirigiendo con ademanes trabajólicos la Subsecretaría de Guerra y Marina.


CUATRO

o

Pero los escarceos novelescos de Pedro Nolasco Cruz contienen méritos indesmentibles. Con la perspectiva histórica que proporcionan los cientotreinta años transcurridos, tan sólo un acercamiento mezquino o miope podría ignorar lo que en ambos libros se juega sobre la ruralidad chilena. Inclusive se diría que Esteban, el personaje que da título a la novela del 83, es un sorprendente precursor del Martín Rivas blestganiano, si no tocara la desgracia de admitir que Blest Gana había escrito su novelón un cuarto de siglo antes. Flor de campo, la segunda novela, es como el reverso de la primera: el amor –o lo que pareciese amor– entre un santiaguino millonario, apellidado Pasta, y una provinciana vulnerable, conocida como Menita. Si en Esteban nuestro novelista se sale del relato principal para burlarse de los parlamentarios que tramitan leyes anticlericales, acá se sale para asquearse de la zamacueca y la ludopatía que pervierten el agro. Por un lado está la sed de lo infinito, por el otro esa sed nada de fina que desemboca en puñetazos, escopetazos y caballazos. Los dos tipos de sed se enseñorean de las riberas del Claro. Dadas las evidentes coincidencias ficcionales con la vida de Pedro y sus continuos vaivenes entre el campo y la ciudad, el camino no puede sino abrirse en tal momento a la hipótesis autobiográfica: ¿Es Pedro aquel estudiante bigotudo que a cada rato está a punto de resultar triturado bajo los carruajes? ¿Es en realidad el millonario Pasta? La incógnita nunca se resuelve.

CINCO

r

La madurez, la excelencia, la consagración, las alcanza en

1889. Es apenas un cuarentón y ya se permite volcar al papel toda una teoría de la literatura. Sus Pláticas literarias se las ofrenda en esas fechas a quien parece un egregio representante de La Autoridad, cuyos apellidos infinitos son Errázuriz Urmeneta. El planteamiento de Cruz se traduce 83


básicamente en la necesidad de reprimir o destruir las obras que ataquen a la Iglesia Católica, en particular si tales obras se adscriben a una corriente terminada en ismo (naturalismo, modernismo, preciosismo, conceptismo, culteranismo, eufuismo, etc.). A juicio de Pedro, el rol de la crítica debe ser idéntico a un control preventivo de identidad, o mejor dicho a las funciones desempeñadas por Carabineros y la Cruz Roja en las ciudades: revisar las patentes de genio para dar libre paso a los que las tuvieran al día, y estorbarlo a los que anduviesen con documentos falsos; impedir, en última instancia, “que se amontone el mal gusto y forme esos focos de infección que han ocasionado grandes pestes”. Corolario de esta compleja teoría es su tenaz oposición al mecenazgo –ya se refiriera a las platas provenientes del sector vinícola o al apoyo estatal que hoy recae en el Fondo del Libro–, así como su minuciosa relectura del Arauco domado. En el texto de su tocayo Oña, y en contra del veredicto favorable de que éste venía siendo blanco, Pedro detecta graves errores geohistóricos, entre ellos la presencia de góndolas en el río Itata y de panteras y tigres en territorio mapuche.

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SEIS

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El misterio más profundo se cierne sobre al lapso que va de las Pláticas a la muerte de Nolasco Cruz, acaecida en noviembre de 1939. Misterio acerca de su existencia privada, cabe puntualizar, porque en materia bibliográfica su visibilidad sigue rayando en la grafomanía y el encandilamiento. Justo en los albores del siglo veinte sale de imprenta su Manual de Preceptiva, donde se propone enseñar a leer y a escribir en conformidad con los modelos clásicos y las buenas costumbres. En 1904 inaugura su ciclo de ensayos unipersonales con un homenaje a Carlos Walker Martínez, líder del conservadurismo criollo y –en palabras de Pedro– hombrón no sólo avispado sino también de pecho fuerte, contextura atlética y brazos fibrosos. A este ciclo pertenecen además sus trabajos acerca de Lastarria (fulano insoportable en su trato y a menudo un “mendigo de aplausos”), Bilbao (niño prodigio cuya edad mental jamás pudo pasar de los 21 años) e Inés Echevarría (escritora azuzada por satánicos espíritus de vanguardia e incapaz de comprender las verdades del amor, del sexo y, en suma, de nada). La mujer y la madre tierra o la madre naturaleza son temas frecuentes en los tiempos postreros del maulino. En la poesía de Gabriela Mistral, por ejemplo, Pedro echa de menos una declaración más tajante sobre el origen de sus dolores (¿sufre por el hijo, por el esposo, por el amante o por el novio?), y a Marta Brunet la reprende por transcribir el habla de gente salvaje y supersticiosa. El Chile auténtico, no ese espurio Chile mistraliano o brunetiano, Pedro lo busca reflejar en lo que puede considerarse su testamento ficcional, los Cuentos reunidos por Nascimento en 1930. Allí, pese a reconocerse “estéril” de imaginación, se las arregla para columbrar qué atrocidades pensó Darwin de los huasos cuando estuvo en San Fernando, y qué tan extraordinario, repelente o psicoactivo puede ser un viaje de ida y vuelta entre Rauco y Curicó.

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SIETE

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Ardiendo en el tórrido Salón de Investigadores de la Biblioteca Nacional, la ópera magna de Pedro Nolasco Cruz aguarda aún su patrimonialización. Aguarda tal vez a los personeros artísticos de las Rutas del Vino y a los departamentos de extensión del INDAP y del SAG. Aguarda su metempsicosis en carnavales, vendimias y formularios concursables. Aguarda de seguro, como un magma dormido pero impaciente, a las jóvenes promesas de la dramaturgia, la gestión y la filología en las regiones del Maule y de O’Higgins. La tarea de rescate, ya está dicho, no se presenta sencilla y podría poner en franco riesgo psíquico a quienes osen encararla de veras. De suyo intempestivo y huidizo, tanto en lo concerniente a sus trayectorias vitales como a la datación de sus opúsculos dispersos en revistas y más tarde ensamblados en objetos unitarios a pedido del público, Pedro trasciende la muerte con los tres tomos de sus Estudios sobre la literatura chilena. Es el non plus ultra, el tributo que sus amigos libreros le financian in extremis y en la coyuntura póstuma, y es asimismo la oportunidad para calibrar su punto de vista sobre dos problemáticas de primerísima importancia a la sazón: los payadores (tropa de fanfarrones asfixiados en “chicha, regüeldos y fritanga de sopaipillas”) y Joaquín Edwards Bello (portento “de rabia diabólica y de soberbia estúpida”). Respecto a sus tribulaciones más íntimas, no se conservan otros datos fidedignos que unas fotografías donde Pedro despunta en compañía de su familia numerosa, y a veces junto a un perro de genética presumiblemente autóctona. Documentos adicionales, no por completo fiables, hablarán de una ancianidad atemperada por el renovado contacto con la tierra, aunque mucho menos atenta a las veleidades del trigo –o de la remolacha o de las papas– que al siempre incierto germinar de su fantasía y de sus bellos párrafos

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Día y fuga de

Por Juan Carlos Villavicencio

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I Abre los ojos en el Sur de un planeta que se debería ver azul. Su madre lo abraza conmovida, mientras en la radio alguien llora la muerte de Gardel. Alguien teme asomarse al espejo cuando es medianoche. De pantalones cortos sale a la calle junto a su padre bajo la lluvia. Escucha distintos idiomas mientras camina. Lo suben al auto y le entregan un libro con el que dormirá abrazado en un hotel. Sueña que lee en el jardín a su hermana muerta. Viaja por el mundo a bordo de un globo. Un traidor dicta una ley que será maldita. Escribe un poema y siente que fue otro el que legó ahí sus palabras. Gana su primer premio cantando a una reina de otra primavera. Se compra un terno y festeja bebiendo junto a los amigos. Sube a un tren y atraviesa la noche.

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II Despierta ya en la capital. Entra a los jardines del Pedagógico y escucha su primera clase. Se acerca a una joven que aprendía alemán. La besa. Sueña con ella tener una familia y dos hijos. Le entregan una caja con su primer libro. “Un libro prematuramente maduro”, dicen. Festeja demasiado en casa con los amigos. Conoce a una joven que pinta. Ha aceptado batirse a duelo, pero no se encuentra con quien lo retara. “San Jorge no encontró al dragón”, dice. No para en casa. Ahora pasa por la biblioteca y encuentra a un hombre copiando libros de poemas. Se presentan. Felices por el encuentro, salen a buscar una copa de vino y emprenden una amistad contra la muerte. Triunfa la Unidad Popular. Recuerda a su padre y la felicidad tras tantos años en la lucha. Vuelve a su oficina, en el segundo piso de la casa central de la universidad. Entrega las últimas correcciones del boletín en el que trabaja. Baja corriendo a la Alameda por donde pasa la mayor parte de los troles al estadio. Miles de banderas rojas en la entrada. Un hombre de larga barba que por entonces seguía siendo revolucionario habla durante horas. Lo acompaña el presidente socialista elegido por el pueblo y para el pueblo. Sus lentes de marco ancho guardan la visión de un sueño extraordinario. Un amigo pintor le presenta a otra joven pintora de aires vikingos, como si viniera de los hielos de aquel norte. Pasan aviones sobre sus cabezas. El Presidente defiende la casa de gobierno, mientras entrega sus últimas palabras al futuro. Los naranjos en llamas. La patria huele a muerte. Militares traidores. El espíritu de nuestro pueblo ahora en trizas. “La letra con sangre entra”. 90


Dolor y oscuridad. Su familia se dirige al aeropuerto hacia el exilio. Va a subir los escalones de retorno a su oficina, pero decide no volver. Pide ayuda a una bella joven para cruzar la Alameda, afirmando que no le era algo fácil. Ella sonríe. Abre las puertas del bar en la calle Nueva York. El dueño y todos lo saludan en el oasis donde la amistad fluye como en el palacio de una aristocracia que es la llamada mesa de los poetas. Tomará vino si le ofrecen vino. Tomará agua si le ofrecen agua. Abre una carta que envía un amigo desde muy lejos –más allá de la Lima del otro pirata– con algunos billetes que se transforman en un brindis que no cesa. Busca entre sus bolsillos y nota que ha perdido un poema inconcluso junto a un programa del Club Hípico, como tantas otras cosas más. Oscuro recuerda la clínica y a un pintor que será poeta y que terminará quitándose la vida. Vuelve a su casa cerca de la cordillera. Antes entra al restaurant de siempre por una última cerveza. Una camarera nueva lo reconoce y le pide un poema. Él lo escribe en una servilleta y se lo entrega. Ella le reclama que el poema es de Apollinaire mientras ríe encantado. Adivina que mañana beberá una copa de champagne dulce y se despedirá de la ciudad rumbo al fundo junto al molino, donde también lo esperan un perro y un gato que no resistirán su muerte. Ha esquivado los golpes del olvido. Sabe que será la última vez que camine esas calles antes de volver donde se sentía flotar, lleno de alegría, liberado de sí mismo, fuera de toda realidad. 91


4 Juan Balbontín: “Yo vivo poéticamente pero no habito en el mercado de la poesía” Daniel Rozas 12 El espectro de un Espectro Johnnattan Opazo 16 Epístolas del exilio: Guillermo Deisler y Guillermo Ross-Murray Antonia Isaacson 22 La memoria de Alejandra Costamagna José Tomás Labarthe 28 La nueva inmigración en el Maule Stefano Micheletti 34 El pasado de Brodsky Cristián Rau 42 Anotaciones sobre un viaje con Leopoldo María Panero Bruno Montané 50 Mauricio Redolés: “El humor está en medio de la crueldad” José Tomás Labarthe 60 Exilio y muerte de Mahfud Massis Samuel Maldonado 70 El rescate de la nostalgia y el auto-exilio del hablante en su propia aldea Claudio Maldonado 80 La obra magna de Pedro Nolasco Cruz Mario Verdugo 88 Día y fuga de Jorge Teillier Juan Carlos Villavicencio

Medio Rural Nº 7. El Éxilio  
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