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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 411 /// 2 DE DICIEMBRE DE 2019 /// AÑO 9

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Imagen del cartel: Alfonso López Monreal / Eduardo Román Quezada. Acuarela y óleo / imagen digital.

Del 4 al 7 de diciembre se llevará a cabo el Festival Internacional de Poesía Ramón López Velarde en Zacatecas, dedicado este 2019 al poeta mexicano Alberto Blanco, quien recibirá el Premio del Festival, instituido desde 2007, complementando así la recepción del Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde para obra inédita, auspiciado también desde 1982 por la propia Universidad Autónoma de Zacatecas, y que será entregado en esta ocasión al poeta zacatecano Raúl García Rodríguez.


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LA GUALDRA NO. 411 /// 2 DE DICIEMBRE DE 2019 /// AÑO 9

La Gualdra No. 411

Editorial

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sta semana, del 4 al 7 de diciembre se llevará a cabo el Festival Internacional de Poesía Ramón López Velarde en Zacatecas, dedicado este 2019 al poeta mexicano Alberto Blanco, quien recibirá el Premio del Festival, instituido desde 2007, complementando así la recepción del Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde para obra inédita, auspiciado también desde 1982 por la propia Universidad Autónoma de Zacatecas, y que será entregado en esta ocasión al poeta zacatecano Raúl García Rodríguez. En el programa general, además, se recuerda a dos poetas recién fallecidas de esta manera: “A la memoria de las poetas Perla Schwartz (1956–2019) y Minerva Margarita Villarreal (1957–2019)”. Esta Gualdra está dedicada al festival y desde aquí le damos la bienvenida a todos los poetas que nos acompañarán en la ciudad durante estos días; a continuación, compartimos el programa de actividades: Diciembre 4 “Un poeta, un poema...” (colectiva lectura). Palabras: Abel García Guízar. Coordina: Laura Elena de Jesús Ramírez Ramírez. En El Pulgatorio. 20:00 Hrs.

Raúl García Rodríguez (Zacatecas), Dana Gelinas (Coahuila), Verónica González Arredondo (Guanajuato), Michelle Rincón (Colombia), Óscar Tagle (Jalisco). Coordina: Estephanie Itzel Quintanilla Madera. Patio de Rectoría 11:00 Hrs. Quinta Mesa de Lectura: Raúl Bañuelos (Jalisco), Marcela Campos (CDMX), Jorge Humberto Chávez (Chihuahua), Anna Deeny (Estados Unidos), Eliana María Maldonado Cano (Colombia), Gustavo de la Rosa Muruato (Zacatecas). Coordina: Estephanie Itzel Quintanilla Madera. Patio de Rectoría, 12:00 Hrs. Novedad bibliográfica: Pan de la noche, de Ibán de León (Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2018). Presenta: María Isela Sánchez Valadez (Zacatecas). Coordina: Estephanie Itzel Quintanilla Madera. Patio de Rectoría, 13:00 Hrs.

Especial: Inauguración de la XXXI Feria de la Asociación de Libreros de Zacatecas. Palabras: Ester Cárdenas Pérez. Portal de Rosales, 19:30 Hrs.

Recepción oficial a cargo de Rubén Ibarra Reyes. Patio de Rectoría, 11:00 Hrs.

Entrega del Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2019. Palabras: Cuitláhuac García Medina.

Primera Mesa de Lectura: Guadalupe Aguayo (Jalisco), Rosa María Chamorro (Colombia), Samir Delgado (España), Jesús Flores Olague (Zacatecas), Mercedes Luna Fuentes (Coahuila), Daniel Wence (Michoacán). Coordina: Estephanie Itzel Quintanilla Madera. Patio de Rectoría, 12:00 Hrs.

Entrega del Premio Internacional de Poesía Ramón López Velarde 2019. Palabras: Alberto Blanco, Marco Perilli y José de Jesús Sampedro.

Tercera Mesa de Lectura: Javier Acosta (Zacatecas), Vanessa Droz (Puerto Rico), Juan Manuel Gómez (CDMX), Hamid Larbi (Argelia–Francia), Violeta Orozco (México–Estados Unidos), José Domingo Ortiz (Coahuila). Coordina: Selene Carrillo Carlos. Patio de Rectoría, 18:00 Hrs. Novedad bibliográfica: Un acueducto infinitesimal. Ramón López Velarde en la Ciudad de México 1912–1921, de Ernesto Lumbreras. Presentan: Jánea Estrada Lazarín (Zacatecas), Gonzalo Lizardo (Zacatecas). Coordina: Selene Carrillo Carlos. Patio de Rectoría, 19:00 Hrs.

Miércoles, abril 7, 2010: Un blues para mi madre Por Alain Derbez Mi tribu Por Alberto Blanco Abuela y locomotora Por Daniel Wence 29 de septiembre Por Patricia Ortiz Lozano

Entrevista con Ernesto Lumbreras a propósito de su libro Por Jánea Estrada

Especial: “Poética y poesía y música y...”. Benjamín Anaya (CDMX), Alain Derbez (CDMX), Jorge García Ledesma (CDMX) y José Luis González Osorio (CDMX). Coordina: Selene Carrillo Carlos. Patio de Rectoría, 18:00 Hrs.

Diciembre 5 Ofrenda floral a Francisco García Salinas. 178 aniversario luctuoso. Palabras: Uziel Gutiérrez de la Isla. Explanada de la Alameda 10:00 Hrs.

Segunda Mesa de Lectura: Patricia Camacho Quintos (CDMX), David Castañeda Álvarez (Zacatecas), Elisa Díaz (CDMX), Gorka Lasa (Panamá), Jorge Ortega (Baja California), Patricia Ortiz Lozano (Aguascalientes). Coordina: Estephanie Itzel Quintanilla Madera. Patio de Rectoría, 13:00 Hrs.

Contenido

Mensaje del Sr. Rector de la UAZ, Antonio Guzmán Fernández. Coordina: Ana Lilia Morones Ruvalcaba. Foyer del Teatro Fernando Calderón. 20:00 Hrs. Exposición Colectiva “Cromos”. Palabras: Sofía Gamboa. Irma Valerio Galerías. 21:30 Hrs. Diciembre 7 Recepción en Jerez. Palabras: Antonio Aceves Sánchez. Coordina: Miguel Ángel Salcedo Quezada. Jardín Rafael Páez. 12:00 Hrs. Exposición Colectiva “Moulin Rouge”. Palabras: Rosario Carlos Ruedas. Bar-Galería Tizoc. 13:30 Hrs.

Especial: “Alberto Blanco: poesía y poética”. Presentan: Pedro Moreno Salazar (Coahuila), Rita Vega Baeza (Querétaro). Coordina: Georgia Aralú González Pérez. Patio de Rectoría, 20:00 Hrs.

En este número especial aparece una selección de poesía de los participantes en el Festival, así como las imágenes de algunas obras que se presentarán en la exposición “Cromos”, a inaugurarse el viernes 6 en la Galería Irma Valerio, después de la entrega de los premios. Gracias a todos quienes colaboraron en este número y nuevamente: bienvenidos. Que disfrute su lectura.

Diciembre 6 Cuarta Mesa de Lectura: Eudoro Fonseca (Aguascalientes),

Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Directorio

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Apogeo de sombra Por Elisa Díaz Castelo ¡Oh labios que son llaves… Por Eudoro Fonseca Poema 1 Por Gorka Lasa La sublimidad... Por Hamid Larbi Sólo es un zumbido Por Guadalupe Aguayo Lenta y silenciosa… Por Raúl Bañuelos Plegaria del pelícano Por Vanessa Droz

01:28 Por Ibán de León Piedras de reposo para María Por Jorge Humberto Chávez Fiestas boreales Por Jorge Ortega Alejandra Pizarnik Por José Domingo Ortiz Sin título Por José de Jesús Flores Magnolio Por Samir Delgado Deuda pagada Por Violeta Orozco Vuelo vertical Por Juan Manuel Gómez No hay lugar Por Marcela Campos Tres poemas Por Mercedes Luna Fuentes Action cooking Por Oscar Tagle Desde Palacio, pero en otro lugar Por Rosa Chamorro Dios está enfermo Por Patricia Camacho Quintos

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

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Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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Miércoles, abril 7, 2010: Un blues para mi madre t

Por Alain Derbez*

*CDMX.

Mi tribu t

/// Gabriela Suárez del Real. De la exposición "Cromos" del Festival, en Galería Irma Valerio.

Abuela y locomotora t Por Daniel Wence*

29 de septiembre

Mi abuela que era gorda como una nube en agosto que se pintaba los labios con mermelada de fresa que tenía en su mirada geografía con cataratas y poemas crípticos que era en esencia gorda porque su amor hinchaba

[Del libro Diario de lo deshabitado] t Por Patricia Hoy tiro mi primera carta lanzo la flecha más certera los huesos rotos.

que adivinaba nietos con el olfato que, como comprendí más tarde: su carne era su bondad que estaba delirante, sonrosada depositada en el rechinido de aquella silla mecedora, que sonreía y echaba el humo por su nariz;

Por Alberto Blanco*

La tierra es la misma el cielo es otro. El cielo es el mismo la tierra es otra.

Hoy empiezo. Decreto la guerra me visto para ello cambio de piel me cubro de lava afilo el ojo siento la mano firme levanto el pendón sobre mi casa y me visto con un trozo de tu carne para lanzarte al fuego y entender por qué sucumbiste ante el verdugo.

mi abuela que era rítmica, mística, dulce que modelaba flores con papel crepé y era también oscura como el cristal de los aparatos de petróleo

De lago en lago, de bosque en bosque: ¿cuál es mi tribu? –me pregunto– ¿cuál es mi lugar?

que predijo su muerte y la anunció cantando mientras nosotros hurgábamos vestigios de su fogón

Tal vez pertenezco a la tribu de los que no tienen tribu; o a la tribu de las ovejas negras; o a una tribu cuyos ancestros vienen del futuro: una tribu que está por llegar.

“Cortaron tu cabeza y andas solo por el mundo”. Te convertiste en lo que nunca fuiste cada paso era un regreso. “Me conocerás” te digo al fin sabrás mi nombre lo pronunciarás con un ardor de labios con la lengua seca y los oídos huecos.

que marchó peregrina llevando consigo una murmuración de hijas con sus miradas límpidas con las chapitas rojas de papel de flor y manos trémulas de tan hermosas, y llevaba consigo un can casi tan negro como las ojeras que dejó el hollín

Pero si he de pertenecer a alguna tribu –me digo– que sea a una tribu grande, que sea una tribu fuerte, una tribu donde nadie quede fuera de la tribu, donde todos, todo y siempre tengan su santo lugar.

Porque nunca me miraste ni recogiste el fruto de mis dedos pues como quien se embarca hacia un país lejano y no lee la despedida te alejaste sin voltear y después ya muy lejos destruiste cada cosa cada parte, todo rastro quisiste derrumbar la casa pero ahora yo te digo: “Me toca a mí. Esta es mi hora” y no hablo de venganza hablo del dolor de la noche malherida de mis ojos rotos. Y no es ojo por ojo es una mirada infinita por la ausencia una dentellada por los restos de una vida por las ruinas que dejaste al lado de mi cama y un olor extraño y un ave perdida.

que llegó, que vino, que se fue delirante entre color y parafina;

Una tribu que ha existido siempre pero cuya existencia está todavía por ser comprobada.

mi abuela que era locomotora y nube máquina y meteoro que en un abrazo de gordos brazos mi abuela gris, como nube de agosto, me arrullaba, y yo dormía en sus brazos, gordos suavecitos como almohadas y era entonces, yo, como un tren pequeñito, jugando al cigarrillo rondando siempre sus pies;

Una tribu que no ha existido nunca pero cuya existencia podemos ahora mismo comprobar.

mi abuela que, gorda de amor, como una nube de agosto, estuvo, siempre, a punto de llover.

No hablo de una tribu humana. No hablo de una tribu planetaria. No hablo siquiera de una tribu universal. Hablo de una tribu de la que no se puede hablar.

*CDMX.

Ortiz Lozano*

*Michoacán.

*Aguascalientes.

Festival de Poesía RLV 2019

No digas que cayó: calló. No digas es ni fue: vivió. No digas que alguien ¡dioses! la llamó. Nada: alguien: Nadie: alguien Alguien: ella: Nadie: yo. Nadie no dice nada y nadie dice: Su muerte hasta el silencio se llevó. No digas nunca nada Y no me llamen. Nunca será en abril desde esta hora. Nunca jamás abril nunca y ahora. Odio los celulares y este miércoles: tu madre que es mi madre (hermano al aparato)  a partir de este instante es la noticia el rayo, el pasto seco y el incendio. ¿Por qué no me avisaron? ¿Y por qué me avisaron? Lo lamento. No digas lo lamento. No digas te acompaño. No me hables de dolor. No digas falleció. ¡Detesto falleció! No sirven las palabras y mucho más ni menos la frase tan común no sirven las palabras.  No digas -te lo exijo y te suplicoNo digas y di nada. Que sea la oscuridad que ahora se oye  La sola soledad con su estridencia. Ya te voy a colgar.  Que ya te cuelgo.  No digas ¿estás bien?  No me preguntes.  Canto y no canto aquí un blues para mi madre  Un crudo simple blues para mi madre Un pinche blues entero hecho pedazos. Un blues en el jardín a mitad de semana para llorar el mundo. Un blues en el jardín a mitad de semana para llorar al mundo. 


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LA GUALDRA NO. 411

Entrevista con Ernesto Lumbreras a propósito de su libro Festival de Poesía RLV 2019

Un acueducto infinitesimal. Ramón López Velarde en la Ciudad de México 1912-1921 t

Por Jánea Estrada

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n acueducto infinitesimal. Ramón López Velarde en la Ciudad de México 19121921, de Ernesto Lumbreras, se presentará el jueves 5 de diciembre, a las 19:00 Hrs. en el Patio de Rectoría de la Ciudad de Zacatecas, dentro de la programación del Festival Internacional de Poesía Ramón López Velarde. Presentamos a continuación una entrevista con su autor. Jánea Estrada: Recientemente, a propósito de la presentación de su libro Un acueducto infinitesimal. Ramón López Velarde en la Ciudad de México 19121921, usted ha afirmado algo que me llamó mucho la atención: dice que la lectura que se ha realizado sobre López Velarde está un tanto sesgada, que su literatura debería situarse del “lado de los vencidos durante la revolución” ... ¿Podría decirnos cuáles son algunos de sus argumentos? Ernesto Lumbreras: Los funerales de Estado que le brindó Álvaro Obregón, jefe de la facción triunfante, tuvieron para bien y para mal notables repercusiones. Para bien, porque lo catapultaron hacia a una popularidad equívoca y trivial; para mal, porque esa bandera victoriosa no representaba al mundo del poeta: el México criollo, la cultura católica de avanzada, la pequeña propiedad, la fobia contra el mundo sajón… Leer “La suave Patria” el 15 de septiembre como si fuera un himno o una oda es terriblemente contradictorio. Ramón López Velarde presenta en ese poema —donde la profundidad y la complejidad de México y de lo mexicano emergen a la superficie— una serie de episodios de una forma de vida que estaba por expirar. Esos paisajes se quedarán para los calendarios y las películas más ramplonas del cine nacional. Y por supuesto, la obra del jerezano es más que eso. La zona de confort de muchos lectores velardeanos es leer su poema más memorable para regresar al mismo sin siquiera trascenderlo en sus varias capas. JE: Cuando hablamos de Ramón López Velarde nos remitimos casi siempre a su trabajo realizado como poeta y dejamos un tanto de lado su labor como periodista. A su llegada a la Ciudad de México, en 1912, López Velarde colaboró intensamente en La Nación, ¿Qué podríamos decir de sus textos sobre política publicados en ese medio? ¿El

tipo de temas que abordó nos prefiguran a un personaje distinto al que conocemos y que de alguna manera hemos idealizado? EL: No fue un hombre de ideas en el sentido filosófico, pero sí, un hombre de ideales y principios. A veces dispuso su pluma para una causa: el maderismo contra viento y marea, aunque los maderistas le pagaron mal. También fue un crítico machacón de personajes menores de la política en los estados del país. Me gustan su periodismo literario y sus crónicas. Sabía leer la ciudad, el

ritmo de las multitudes, la fugacidad del día a día con su cauda de minucias y vacuidad. Hay algunas crónicas que desde mi lectura tienen la gracia y la jiribilla de las mejores prosas de El minutero. En otros textos nuestro poeta sale muy mal parado, por ejemplo, era un antifeminista que no concebía siquiera que las mujeres anduvieran en bicicleta mucho menos que tuvieran derecho a votar. Claro, en esa época el 90% de los mexicanos pensaba lo mismo. No sé cómo la tomará la 4T, desde su ideología cada vez más monolítica.

López Velarde fue crítico acérrimo del zapatismo en un momento en el cual Madero —puesto contra las cuerdas por varios pesos pesados— cumplía paulatinamente con la expropiación de haciendas y el reparto de tierras. JE: No hay indicios de que se hubieran conocido el pintor Julio Ruelas y López Velarde, pero sí datos sobre algunas aproximaciones artísticas, como la sugerida por Evodio Escalante en uno de sus artículos, cuando dice que “el último López Velarde, acaso sin saberlo se


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JE: Con quien sí hizo amistad fue con otro amigo de Julio Ruelas, me refiero a José Juan Tablada. De esta relación habla usted profusamente y aporta datos poco conocidos... EL: Y también con Efrén Rebolledo. Pero claro, la fraternidad y la mutua admiración con Tabalada son de otro calado espiritual y artístico. El poeta de Li Po y otros poemas fue, en el sentido literal, el descubridor de López Velarde como también lo fue, por esas mismas fechas, de José Clemente Orozco. José Juan Tablada, en especial en la nota que escribe desde Caracas en 1919, es quien le da “el golpe” a la poesía del zacatecano, lo coloca en una dimensión más vasta y compleja que la asignada por la crítica bisoña bajo el rótulo del cantor de la provincia. Tablada influye en López Velarde y a la inversa. Con todo su escepticismo por las vanguardias, el autor de Zozobra llevó a su poesía de la etapa final —los poemas reunidos en El son del corazón— ciertos recursos como la adecuación sintética de los haikus trasvasados a los endecasílabos de “La Suave Patria”, por ejemplo. Tal vez, el mismo Tablada le mostró piezas originales de Ruelas, amén de aumentar la leyenda del pintor con historias de primera mano. JE: En la construcción de este personaje llamado López Velarde, la capacidad de relacionarse -pese a su timidez- con otros de la vida intelectual mexicana fue fundamental. Y dentro de estas relaciones, aparece otro artista plástico, Saturnino Herrán; a esta relación le dedica usted una parte importante de su libro. Háblenos de eso y de la colaboración de Herrán con la ópera prima lopezvelardeana... EL: Por lo que escribió el poeta sobre Herrán, no hay duda alguna, el pintor aguascalentense fue su gemelo astral. Artistas llegados de “tierra adentro” a la Capital para mostrar sus talentos, los dos huérfanos de padre, con una memoria y una cultura provenientes de la misma región. Saturnino Herrán prefigura, no sólo la pintura mural,

sino a uno de sus protagonistas, Diego Rivera, quien sabrá explotar y sobre explotar la veta mexicanista y hasta folclórica de la temática que exploró Herrán con mesura y delicadeza. Sí, el mejor ejemplo de la hermandad del poeta es la portada de La sangre devota que exploro y comento en mi libro. ¿Y qué decir del retrato que se descubrió el año pasado donde Herrán dibuja al carboncillo el rostro sonriente de López Velarde? Ese retrato da para un ensayo. JE: Un punto de confluencia -afirma usted en su libro- entre López Velarde y Manuel M. Ponce “fue su antipatía y temor por la escalada de la cultura norteamericana en México”, ¿nos puede hablar sobre eso? EL: Voz de profeta, veía venir el avasallamiento de los bárbaros del norte. La grandilocuencia, el exhibicionismo, lo baladí de la cultura norteamericana desquiciaban al poeta. La amenaza del colonialismo también la avizoró, antes y después del asesinato de Madero. En varios textos manifestó, con mordacidad, esta fobia contra esa raza que “ríe como los caballos.” JE: A punto de conmemorar el primer centenario de la aparición de Zozobra, ¿qué podemos decir de esta obra? ¿Qué elementos literarios la convierten en el “gran libro de Ramón López Velarde”? EL: Sí, es el gran libro junto con sus dos obras póstumas. El poeta, sin renunciar a su anima mundi va más allá de lo que hizo extraordinariamente en La sangre devota. La incorporación de uno o varios narradores en ciertos poemas incorpora un dramatis personae de ricos contrastes tonales, psicológico y anímicos. Rompe con la rigidez simétrica de sus versos, en varios momentos, y pone a circular las asonancias y las aliteraciones dotando al poema de una cadencia imprevista e hipnótica. “Hoy como nunca”, “Para el cenzontle impávido”, “Tierra mojada” o “El retorno maléfico”, merecen figurar entre los mejores poemas de la lengua. Muy especialmente este libro, me sorprende, no le haya interesado a José Lezama Lima. La confluencia gongorina de

los dos pudo identificarlos. No he revisado la crítica literaria y el periodismo de César Vallejo pero, hasta donde leído, no hay mención de mérito. Curiosamente poetas españoles como Juan Ramón Jiménez los asocian —me temo que equivocadamente—, con el mote de “poetas nativistas”. La fortuna de Vallejo en España debe mucho al trabajo de divulgación y de crítica de Juan Larrea. El poeta de Jerez no tuvo su Juan Larrea. En cambio, y perdón a los reyistas, el autor de El minutero tuvo en la antipatía de Alfonso Reyes una aduana que seguramente contuvo recomendaciones — ediciones, traducciones, estudios— para que la obra velardeana circulara de la mejor forma en otras latitudes. JE: Para finalizar, ¿podría mencionar a nuestros lectores qué otra información sobre Ramón López Velarde pueden encontrar en Un acueducto infinitesimal... que a usted mismo le haya sorprendido hallar durante el proceso de investigación? EL: En primer lugar corroborar la inmensa bibliografía en torno de su vida y su obra. Mi libro es, en principio, un reconocimiento a los grandes estudiosos de López Velarde.

En cada generación literaria, críticos y poetas, han ejecutado una revisión de su legado, han actualizado su lectura desde su presente poético. Incluso, “escanearon” y pulsaron su escritura en la exigencia y en el patrón velardeanos. Después de Tablada, vinieron Pellicer y Villaurrutia, luego Paz, Martínez, Arreola y Chumacero, para continuar con Carballo, Lizalde, Zaid, Pacheco, Marco Antonio Campos, Escalante, David Huerta, Sampedro, Vicente Quirarte, Sheridan, Luis Miguel Aguilar, Mendiola, Juan Villoro, José Javier Villarreal, Fernando Fernández, Gonzalo Lizardo y otros más. Por no hablar de investigadores y académicos excepcionales como Allen W. Phillips, Elena Molina Ortega, Luis Noyola Vázquez, Guadalupe Appendini, Luis Mario Schneider, Elisa García Barragán, Ernesto Flores, Martha Canfield, Israel Ramírez entre otros muchos. No hay duda, López Velarde forma parte de la cuarteta de escritores mexicanos con mayor número de estudios sobre su obra. Los otros tres son Sor Juana, Octavio Paz y Juan Rulfo. Aunque tristemente, el de Jerez sea el autor con menor estimación fuera de México. ¿Un poeta de consumo interno? En Un acueducto… trato de responder esta pregunta inquietante y descorazonadora. Sobre puntos más específicos, me interesó trazar correspondencias y careos con otros autores, por ejemplo, contrastar los poemas en prosa del zacatecano con los escritos por José Antonio Ramos Sucre, su estricto contemporáneo, o ciertos puntos en común entre Los heraldos negros de Vallejo y La sangre devota. En el apartado biográfico, ratifiqué que el peso de María Nevares, en la mitología femenina del poeta, tiene otras desembocaduras literarias además del poema “No me condenes”. En ese mismo ámbito, Margarita González, “la sobrinita”, no sólo es la musa de “Si soltera agonizas” sino también —esa es mi apuesta— del bello poema en prosa “El bailarín” según las pesquisas que ofrezco. Y por último, y no menos importante, la hermosa y bien cuidada edición que hizo Calygramma es un homenaje y un obsequio, sí fetichista, a los lectores fieles y febriles de Ramón López Velarde.

Festival de Poesía RLV 2019

aproxima a las posiciones del dibujante genial [Ruelas]. Quiero decir que un soplo de decadencia y de nihilismo atraviesa algunas de las últimas composiciones del jerezano”, ¿coincide usted con esto? EL: Como muchos escritores de provincia, Ramón López Velarde leía con fascinación, aprendizaje y culpa la Revista Moderna. Me imagino las amonestaciones de su padre, en el supuesto de haberlo encontrado con un ejemplar en las manos o debajo del colchón. No es que fuera el Playboy de la época. Cuando llega a la Ciudad de México, en 1912, Julio Ruelas era una leyenda y su obra una referencia obligada. A no dudarla, en la educación sensual y erótica de López Velarde se pueden inferir confluencia con el imaginario del pintor no tan relevantes como las literarias, Charles Baudelaire de manera destacada o su afición por la danza y en particular las coreografías de ciertas bailarinas. Pero también, la erótica velardeana es de una invención muy personal, una trama sensorial de peligros y recatos, de nimiedades y esencias. Una cumbre de estos territorios donde el deseo canta en tono mayor es su poema “Hormigas”. Recuerdo en varios momentos a Daniel Sada decirlo de memoria.


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LA GUALDRA NO. 411

Apogeo de sombra

Festival de Poesía RLV 2019

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Por Elisa Díaz Castelo*

¡Oh labios que son llaves…

Y el tema del último planeta, desterrado al frío de la noche en algún sitio de octubre. El hilo del que pendía cortado sin arrepentimiento. Se borró de cuadernos y sistemas, lo desaprendimos con esmero, como ha de suceder con tantas cosas.

t Por Eudoro Fonseca* ¡Oh labios que son llaves, caminos que son arcas, arcas que son humo, veredas de agua a los arcanos, reino perdido, tintineante, húmedo, promesa como gruta, gruta como selva, selva que es umbrío, umbrío que es silencio! ¡Oh labios, en qué momento se descubren compuertas gemelas y sumisas del misterio!

Cuando me lo dijo, estábamos en la oficina. La lluvia suavizaba su voz en esta ciudad de estrellas apagadas. Los planetas, sabía teóricamente, son estables, sus luces constantes y finísimas. Me gustaban por eso. Pero, después, saber con qué facilidad se puede prescindir. Los objetos, los nombres, ceden sus amarras fantasmas sin agobio.

*Aguascalientes.

Un pájaro se resguardó de la lluvia en la oficina. La pequeña bestia cantaba, revoloteando su voz tan tibia. Dijimos que lo liberaríamos, pero lo olvidamos. El lunes ahí estaba, helado, un puño de alas oscuras.

/// Omar Lemus. De la exposición "Cromos" del Festival, en Galería Irma Valerio.

Poema 1 [Del libro El espasmo y la quietud]

Después de ese día no hablamos más. En algún sitio de mi cuerpo, se engendró una nueva oscuridad, un hemisferio de pérdida bajo la piel.

Pensarse en la broma de horas oblicuas. Enlazar la vida a un desierto de sueños imaginarios, oscuridades invertidas, artífices crueles de la melancolía maleable de un ocaso que se resiste a su horizonte. Lentamente se aproxima la noche de la sinrazón, como volutas de humo en el hemisferio cansado de un mundo sumergido. El soñador escribe en su viaje las cartas para soñar la muerte, porque la rotación interna solo puede existir en el plano inconsútil de una epifanía innombrable. Y el testigo, eterno condenado, siempre ausente de su nombre, soñándose en el abismo de la soledad disgregadora, se resiste a flotar en la savia del árbol cósmico, y así poder negar su raíz, desgajándose en llanto sobre los cielos emanados. Porque, de no nacer nuevamente de la metástasis del ovo melancólico, ¿a quién contaríamos que recorrimos el camino de la miseria y la sangre; que la mayor proeza del silencio fue fracasar en el intento de nombrar las cosas; que nada existe y que, por esto, podemos caer hacia arriba, ver la esfera del dolor y beberla como agua, agua que es el fuego trasgresor del propio alumbramiento? Y sí, nació muerto, pero no lo sabe.

Qué confusión, permanecer y cesar, caminar las mismas calles y volverse invisible. Miraba, desde el otro lado, la ventana. Recorría mi trayecto errático de sombra, los días que compartimos: aulas iluminadas, distantes ecos de otra luz. Encendía sus palabras entre mis labios, esquirlas abrasadas, parpadeantes. La materia es, en ocasiones, más débil que la mente: Yo no existía pues se negaba a verme. Mi cuerpo Mi nombre,

Lenta y silenciosa…

t Por Gorka Lasa*

t Por Raúl Bañuelos* Lenta y silenciosa el agua se fue metiendo a nuestro cuarto —Anabel, Verónica y el que habla. Fue mucha la lluvia y el tiempo de persistencia. La nave de la cama flotó en la oscuridad, detenida por los sueños. Mi niña y mi mujer sostuvieron los muros de la casa. *Jalisco.

*Panamá.

Plegaria del pelícano

levantaba su oscura obsolescencia. un trago de silencio en su garganta.

t Por Vanessa Droz*

Y la ridícula tristeza, como si el planeta hubiera de hecho desaparecido, erosionado, hundido en su apogeo de sombra, cerrado sobre sí mismo, un camino que ya nadie recorre.

* CDMX.

Sólo es un zumbido t Por Guadalupe Aguayo* Sólo es un zumbido, no es esta vida, sólo un zumbido, parece un rabión, casi una balada que tú sobrevuelas, por lo alto, por lo bajo. Sólo es un zumbido, sólo un zumbido y leve, el canto próspero de la brasa.

La sublimidad... [De la traducción al español: Souad Hadj Ali]

t Por Hamid Larbi* La sublimidad seductora Que se desahoga Sobre esa sensualidad Atrayente Los escalofríos ardientes Por los tormentos de la afasia La apatía frente al maravillado Y la avidez traicionada Por el destino denegado Las ilusiones inhibidas Por esta pasión prohibida Incesante Insensata Utópica Y auténtica *Argelia-Francia.

El pelícano se arrodilla ante el oleaje, en la arena plantado su cuerpo, sus cortas patas fuertes. Es viejo y dice su plegaria: “Poder alzar el vuelo, que el buche vacío ondee al sol, divisar desde lo alto el ansiado cardumen, lanzarme en picada depredadora y que quien me depreda, desde abajo en las aguas, no me alcance, que sea viejo también y pierda impulso...”. Los reflejos que produce el agua sobre la arena lo confunden. Cree, cisne venido a menos, que camina sobre el cielo, que se mueve en el cielo. Así, todos los días, se detiene en su vuelo y hace su plegaria: “Poder alzar el vuelo, que el buche vacío ondee al sol, divisar desde lo alto el ansiado cardumen, lanzarme en picada depredadora y que quien me depreda, desde abajo en las aguas, no me alcance, que sea viejo también y pierda impulso...”. Así, todos los días, aferrado a su plegaria, va muriendo.

*Jalisco. * Puerto Rico.


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01:28 t

Por Ibán de León*

Avergonzados vemos cómo se aleja el pájaro de infancia hasta perderse, albino, entre las sombras de calles que trazamos frente el jardín de un sábado en la primera casa.

2 Algo tiene la noche que derrumba la fe de nuestras manos:

/// Imuris Ramos. De la exposición "Cromos" del Festival, en Galería Irma Valerio.

quedará la oración con su piedra en lo alto, pero no la tristeza ni su vela encendida, no la voz que me falta ni el calor de la llama.

Fiestas boreales

Piedras de reposo para María Para María Auxiliadora Álvarez Mientras el padre en el patio salaba la carne para el habitual asado de los domingos el hijo mayor destapaba las primeras cervezas y la madre buscaba verduras para el aceite en su cocina una troca apareció en la bocacalle los hombres pararon frente al porche de la casa y dejaron caer una ristra de munición en línea recta sobre los muros las ventanas los cuerpos las botellas tres vidas tronchadas sobre el pasto seco la mujer que sale bajo el sol suspendida de un grito el hijo mayor y el padre permanecen inmóviles el menor apenas responde a las voces que llegan una ambulancia anuncia sus sirenas ya próximas la ciudad desciende de nuevo a su sustrato nadie pregunta nadie explica nadie nada remedia así es como se vive el mediodía del domingo y así es como se muere en el luminoso mediodía y poco sirve el consuelo porque dios es distante el juez duerme aún la resaca en su palacio el policía está obligado sólo a observar de lejos y esto lleva a la madre a mentir la circunstancia frente al hijo en la cama del hospital diciéndole déjate ir déjate ir porque atrás del sufrimiento hay reposo en la piedra y hay pequeñas estrellas que ya van a escribir las letras de su nombre *Chihuahua.

t Por José de Jesús Flores*

Diciembre pule el cielo por adentro haciéndolo más nítido. La noche es un cristal distante que denuncia la pequeñez del hombre, su anodina soberbia de protón huracanado. Nos miran las estrellas desde el fondo del pozo sideral, del agua oscura; pero lo que captamos desde aquí son visos de luciérnaga, minucias en la profundidad del firmamento.

*Morelos.

t Por Jorge Humberto Chávez*

Sin título

t Por Jorge Ortega*

Quedará esto que digo escrito en la intemperie, en el cielo que avanza hasta ser abandono del niño que ya duerme sabiendo que mañana.

Si ha de terminar mi tiempo destruido por la sombra, por la amante que nos nombra sin pasión ni contratiempo; si nunca llega a destiempo, siempre a sus citas precisa: hora, minuto y segundo; si jamás es indecisa; debo esperarla sin prisa, caracol y eco del mundo.

*Baja California.

*Zacatecas.

Alejandra Pizarnik t Por José Domingo Ortiz* I Un grito tu voz el largo mecanismo de tus manos el iris de la trasparencia en tu cuerpo de heno con palabras, por razones inconclusas tu mirada obsesiva sobre la desnudez del alma. ¿Era necesario tener razón para saltar al vacío? Había fallecido mi madre del corazón y tú caminabas en París. Yo era un niño y jugaba al silabario, a veces detenía el mundo con mis manos. Había visto sorprendentes lagartijas en el tronco de un árbol y creo que había descubierto que eran palabras caídas del árbol de la naturaleza. La panza de las lagartijas muertas era un camino abierto a lo desconocido tenían todos los colores del mundo, alguien nombraba las palabras desde arriba. Sabíamos por ti que el mundo podía ser fantástico pero también muy cruel. Tus rituales cotidianos del alma los nombrabas en palabras, aunque parece que no se dieron cuenta. El trago de veneno de Rimbaud no te hizo falta ingeriste la dosis de vida necesaria para saber que era algo cierto. La muerte confirmaba la osadía de vivir, con la conciencia en alto. *Coahuila.

Deuda pagada t Por Violeta Orozco*

Magnolio [Del libro Los poemas perdidos de Luis Cernuda]

t Por Samir Delgado* “El bosque, donde en llamas la lengua se oculta”. Aline Pettersson

LA varilla del incienso en el umbral de la ventana esta ceremonia del instante con su remolino místico el palo santo de perfume inmemorial la pequeña hoguera de bosque ceñida a la pervivencia de su sombra

Hace tiempo que yo dejé tu casa que era entonces la mía. Si supieras que siempre quise irme si supieras que siempre quise quedarme. Me pregunto si sientes lo mismo, si el columpio dejó de crecer en tu jardín,  No reconozco Las paredes que se encogen tras la yedra La araucaria gigante tapando el cielo que plantaste el mismo día en que nací, envejecida, mirando el camino que se pierde el hambre que se muda de casa y de trabajo Medianoche. Alguno de los hijos no ha llegado, Madre angustia aúlla no te preocupes, papá Ya vengo, Vengo a podar el pasto vengo a recobrar el tiempo. *CDMX.

nada detiene el aliento inverso de la madera encendida desde el umbral de la ventana un magnolio hechiza azules a la tarde en su sombra la candela de lo único eterno *España.

Festival de Poesía RLV 2019

1 Donde la madrugada se levanta, como una cordillera, fundamos el vacío. Ponemos una piedra debajo de las sábanas y repetimos la dulce invocación al ángel de la guarda. A veces nos escucha: su vanidad reclama el sueño que lo agobia. Anuncia que es muy tarde, que hay frío entre sus plumas, que su tiempo es el tiempo del alba.


8

LA GUALDRA NO. 411 /// 2 DE DICIEMBRE DE 2019

Vuelo vertical

[De El libro de las ballenas]

Festival de Poesía RLV 2019

t

Por Juan Manuel Gómez*

Vertical avanza abriéndose paso entre la oscuridad. La cerrada noche se le pega a la piel como un traje elástico; penetra honda, hurga el primer esmeril de sus blancas cicatrices. Ni siquiera recuerda, al sentir de pronto ese helado contacto, cuál es el origen de los caminos y sus bifurcaciones, —arroyos, ríos, lagos enormes cristalinos, diminutos remansos ennegrecidos donde crece el lotto-, ni el fin ni el centro ni los escalofríos, corrientes eléctricas al fin, ni la lágrima inútil que terca brota y terca se separa del cuerpo, oteando un miserable rayo de luz que la haga ser lo que ha soñado, antes de chocar con cualquier insignificante basurilla y despedazarse.

/// Juan Carlos Villegas. De la exposición "Cromos" del Festival, en la Galería Irma Valerio.

Cae, sí, vertical, pero lenta, muy lentamente. Su desplazamiento es apenas un soplo, una silenciosa palpitación que se abre paso en la mar gruesa, sin perturbarla.

Tres poemas

Sola, una ballena estática, completamente vertical, acaso suspendida por imposibles cuerdas tirantes o cinturones de acero o sobre un potro. Sola, mientras sus vértebras saltan, una ballena descansa, agotada, con los ojos abiertos en medio de la noche abisal.

[Del libro La habitación higiénica]

t Por Mercedes Luna Fuentes el grito es una caja enorme que cae y se rompe en el suelo

Tan hondo el mar es quieto, sus aguas enrarecidas y turbias son como el fango. Tan hondo la luz no llega, sus rayos se detienen, moribundos, y desaparecen. No hay arriba ni abajo ni viento. *Coahuila.

No hay lugar t Por Marcela Campos* la calle está desierta sólo están los pasos que sostienen que se van que ya no esperan la sofocante sed de lenguas el recuerdo acomodado en la garganta y la música de Janis a punto de quebrarse la boca ciega de la noche sin más agua sin más huella que dejaras

el viaje ha partido se fue antes un revendedor compra boletos de regreso y no hay lugar a la obsesión: esta muerte comenzó hace mucho tiempo en el andén, desafinado, un psiquiatra sigue cantando *CDMX.

t Por Oscar Tagle* Asados de verba gerundia filetes de soledad clown  [zumos tuyos que son mis  jugos vigilias ayunadas a la vinagreta asimetrías  [lúbricas potaje de letreos  farlundescos  médula de tántimas sadomas masajeadas  salsa de negra y sonoridades bambú frituras umbiliques  jadeos adioses salmuera de saudades ellantes el morbo 

trepa por las paredes saltan pedazos acarician la ventana con sus yemas otros resbalan por sábanas y al llegar al piso alterados respiran como una roca helada

zarandeado y la morba endiablada al mojo ajear  yoyismos tuyoyitos otros nos excésera excésera  [excésera

en ese momento se abre una posibilidad el grito irrumpe como hombre de traje en una estancia amplia acomoda su saco frente al espejo él dice abro otra posibilidad para encontrar una copa rebosante de las sustancias peligrosas que son las expresiones propias

*Jalisco.

Dios está enfermo t Por Patricia Camacho Quintos* Dios está enfermo padece esquizofrenia, sufre angustia y desamparo. Dios necesita que lo amen está enamorado de su médico su corazón y su mente son el mismísimo Apocalipsis. Dios tiene necesidades especiales está inmunodeprimido, de tantos fármacos y padece todo tipo de males. Dios tiene el ceño fruncido de tanto enojo de tanto no comprender sus propios designios. Dios es imperfecto puesto que está hecho a mi imagen y semejanza. * México.

Desde Palacio, pero en otro lugar t

de un extremo a otro cuenta los pasos desde la cama hasta la ventana de la cama al mueble de caoba como reina que sostiene en su cuello diamantes negros de la libertad ella guarda en el alhajero algo semejante al quejido de una niña bajo escombros

en el oasis -chaco sucio que bebierasólo pateo los peces que se ahogaron en el polvo

Action cooking

el peso cae del techo de mi casa o el peso de algo cae en la escalera como si un hombre todo músculo se impactara cimbrando el piso de madera mi madera

Por Rosa Chamorro* “Siguió el hilo de sangre en sentido contrario, y en busca de su origen…”. Gabriel García Márquez, Cien Años de Soledad

En otro lugar dentro de este país la pobreza se pasea desde temprano y los niños ríen hasta determinada edad cuando el miedo toca sus puertas y se los lleva En otro lugar dentro de este país de carreteras inconclusas y de casas roídas por un viejo grito de metal se hace que se vive cuando se puede hacer que se vive mientras llegan ellos, los que siempre llegan, vestidos de otros o de ellos En otro lugar dentro de este país las lágrimas no son con nadie la tierra es de ellos, de los otros y los muertos de nadie En este país, pero en otro lugar, las mujeres lavan en el río sus cicatrices, y con sus morenas manos recorren el día del espanto.

a veces me vuelvo niebla porque sé que no es un hombre es un gato gris de hermosos ojos verdes como los de los hombres con boca gris delineada en negro que sonríe sin mostrar los dientes

Aquí, en este país, A un hombre que vive a la sombra de Palacio, El innombrable, Se le empieza a notar el hilito de sangre en el ojo *Coahuila..

*Colombia.

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La Gualdra 411  

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