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SUPLEMENTO CULTURAL

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DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Retrato a lápiz de Ana Belén López. Autora: Mónica Álvarez Herrasti. “Sinaloa es un estado intenso. Por su clima, su belleza, su producción agrícola y pesquera. Es rico. Y es violento. Culiacán está considerada la capital del narcotráfico latinoamericano. Hay una fuerte cultura del narco y del lavado de dinero. Pero, en algunas ocasiones ha habido gente que le apuesta todo al arte y a la cultura”. Ana Belén López (Culiacán, Sinaloa, 1961) es autora de los libros de poesía Alejándose avanza, Del barandal, Silencios y Retrato hablado. Su poesía se ha traducido a varios idiomas y se publica en diversos medios en el país como las revistas Pauta, Letras libres, Revista de la Universidad entre otras.

[Una entrevista con ella, realizada por Armando Salgado, en páginas centrales]


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LA GUALDRA NO. 333 /// 9 DE ABRIL DE 2018 /// AÑO 7

La Gualdra No. 333

Editorial

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orría el año de 1956 cuando un 16 de abril, se pronunciaron las siguientes palabras con motivo de la inauguración de la edición X de los Cursos de Primavera del Instituto de Ciencias; el gobernador de aquel entonces, José Minero Roque hablaba del esfuerzo que se había realizado durante su sexenio para promover el arte y la cultura en nuestro Estado: Preveo y presiento con inmenso júbilo que, a medida que transcurra el tiempo y los recursos aumenten […] nuestras incipientes academias de artes plásticas y de música, y nuestras balbuceante orquesta estarán a la altura de las necesidades y de su destino, y a ellas se sumarán las academias de teatro, de canto, de danza. Entre tanto, sin embargo, no podemos dejar de transmitir el mensaje del saber y del arte que nuestros conciudadanos están requiriendo de nosotros. De otro modo parece que ignoráramos el hambre y la sed espiritual que los devoran y seríamos hacia ellos avaros, egoístas y crueles.1

El Seminario de Cultura editaría ese mismo año el discurso completo titulado La cultura y el pueblo zacatecano; 62 años han pasado desde entonces, cuando se estaba gestando apenas el establecimiento del Instituto Zacatecano de Bellas Artes, que tenía la encomienda de formar académicamente a los zacatecanos que tenían el interés por estudiar algunas de las disciplinas artísticas que ahí se impartían. En aquel entonces sólo estaban constituidas las academias de Artes Plásticas y de Música, y a ellas se sumarían después las de Danza, Teatro, Cerámica y Artesanías. Con el paso del tiempo el IZBA desapareció, no por falta de alumnos, sino porque las condiciones institucionales cambiaron. En la década de los 80 se fundó el Centro Cultural -que en 1987 se convertiría en Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde-. En los inicios de ese centro cultural se impartían cursos de capacitación y formación artística; la Banda de Estado de Zacatecas estaba ya formalmente constituida como tal desde años antes, era independiente, y formaba parte de la nómina gubernamental. La Universidad Autónoma de Zacatecas tenía sus talleres de música en el area de difusión y se había ya iniciado el proyecto de que tuviera su propia Escuela de Música; en la misma década se habían fundado por lo menos tres de los talleres de artes plásticas más importantes: el Goitia,

de grabado; el de Artes Plásticas de la UAZ y el de Pintura y Grabado Julio Ruelas. La UAZ tenía también su propio taller de teatro coordinado por Alberto Huerta, y el de danza, univesitario, funcionaba también. De alguna manera, las actividades de capacitación seguían independientemente de lo que gobierno del Estado promoviera en este sentido, como hasta la fecha -con sus bemoles, por supuesto- de ahí que en el Instituto Zacatecano de Cultura fuera cobrando cada vez más importancia la organización del Festival de Semana Santa, dejando, hasta cierto puto y en segundo plano, las actividades de enseñanza y capacitación. El Festival Cultural Zacatecas 2018 recién terminó el sábado 7 de abril, con muchas cosas a favor si lo comparamos con las ediciones del sexenio pasado, sobre todo en lo relacionado a la calidad de lo programado; pero con otras más en desventaja en comparación a los festivales de Amalia García, relacionadas con el presupuesto asignado. “Ejecutar los programas culturales que el gobierno del Estado le encomiende”, en este caso el festival, es sólo una de las 18 atribuciones que el IZC debe cumplir de acuerdo a lo estipulado en el Art. 3 de la “Ley que crea el Instituto de Cultura de Zacatecas” publicada el 31 de de diciembre de 1986 cuando se fundó; entre ellas las relacionadas con la capacitación, con el intercambio cultural dentro y fuera del país, con el impulso y estímulo de la creación artística en todos su géneros, con una administración más eficiente de sus museos, colecciones y acervos, etc. Dicho esto, reconozco el esfuerzo de todo el equipo que participó en la organización de este festival que recién termina; y al mismo tiempo, me pregunto si se tiene ya un plan más integral que considere todos los aspectos que se incluyeron hace 32 años en la Ley mencionada. Ojalá sea así y que nos la puedan compartir a los interesados, para entrar ahora así, a trabajar en procesos transversales a favor de la cultura y las artes en nuestro Estado, porque lo que me queda claro es que en el cambio y la consecución de objetivos el esfuerzo de todos resulta fundamental.

Contenido XIII Bienal FEMSA Nunca fuimos contemporáneos Otras temporalidades Por Nicolás Pradilla

El Día Mundial del Teatro debe ser un pretexto para formar público: Arturo Sandoval León Por Maliyel Beverido

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Estética de la brevedad, la poesía de Ana Belén López Por Armando Salgado

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El placer lector como algo abstracto Por Eduardo Campech Miranda Al aire Por Carlos Flores

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Desayuno en Tiffany’s, mon ku María Magdalena, una feminista de Jesús Por Carlos Belmonte Grey El Picaporte Dioses, dioses, mayúsculas y minúsculas Por Simitrio Quezada

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OP. CIT. ¿Cuentos de hadas a tu edad? El alucinante universo de Leonora Carrington Por Mauricio Flores

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com 1 Minero Roque, José, La cultura y el pueblo zacatecano, México, Seminario de Cultura Mexicana, 1956, pp. 3-4.

Directorio

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Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Aquí no pasa nada Por Alberto Huerta Como oraciones Por Pilar Alba El pasante Por Vicente Soriano Tlachi

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

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Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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XIII Bienal FEMSA

Nunca fuimos contemporáneos

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Por Nicolás Pradilla

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finales del mes pasado se hizo el anuncio de la lista de las y los artistas comisionados para realizar obra ex profeso para la XIII edición de la Bienal FEMSA, Nunca fuimos contemporáneos. Eduardo Abaroa (Ciudad de México, 1968), Ricardo Alcaide (Caracas, Venezuela, 1967), Plinio Ávila (Zacatecas, México, 1977), Antonio Bravo (Ciudad de México, 1983), Christian Camacho (Ciudad de México, 1985), Luis Carrera-Maul (Zacatecas, 1972), Giacomo Castagnola (Lima, Perú, 1976), Mario García Torres (Monclova, México, 1975), Verónica Gerber Bicecci (Ciudad de México, 1981), Cynthia Gutiérrez (Guadalajara, 1978), Javier Hinojosa (Ciudad de México, 1974), Iván Krassoievitch (Ciudad de México, 1980), Runo Lagomarsino (Lund, Suecia, 1977), Felipe Mujica (Santiago de Chile, 1974), Chantal Peñalosa (Tecate, México, 1987), Diego Pérez García (Ciudad de México, 1975), Rita Ponce de León (Lima, Perú, 1982), Liliana Porter (Buenos Aires, Argentina, 1941), Naomi Rincón Gallardo (Carolina del Norte, 1979), Vanessa Rivero (Mérida, Yucatán, 1976), Nicolás Robbio (Mar del Plata, Argentina, 1975), Fabiola Torres-Alzaga (Ciudad de México, 1978) y la curadora Caroline Montenat (Orsay, Francia, 1974) han visitado Zacatecas en los últimos meses para preparar obra y proyectos de colaboración con artistas, estudiantes y curiosos locales durante 2018. La comisión de obra es una parte importante de las indagaciones que supone el planteamiento de la bienal, sin embargo consiste sólo en una de las múltiples capas que este proceso involucra. La obra de los artistas mencionados se sumará a las distintas actividades y procesos de investigación que desde septiembre de 2017 se han echado a andar y que conforman, junto con las exposiciones del programa de colaboraciones museológicas, algunos de los hilos del entramado de este proyecto de 18 meses de duración que además de las comisiones, incluye ciclos de charlas,

/// Como parte de la visita de Mônica Hoff a Zacatecas para el primer módulo del Programa pedagógico de Nunca fuimos contemporáneos se realizó un taller en el cual se llevó a cabo un mapeo subjetivo de la zona centro de la ciudad a partir de compartir recorridos propuestos por quienes participaron. Lugares de la vida cotidiana, sitios para bailar, comer bien o recuentos del pasado reciente, fueron algunas de las rutas propuestas a los transeúntes mediante carteles, cartas o figuras de origami.

talleres y otras actividades con agentes dedicados a la producción artística, curaduría, educación, gestión e investigación. A esto se sumarán también las participaciones de colectivos locales, talleres de producción y artistas dentro de los programas de colaboraciones museológicas, intervenciones en el espacio público y el programa editorial con trabajo desarrollado en sitio, como parte de las sesiones del programa de pedagogías experimentales o que participarán con obra existente en la urdimbre de Nunca fuimos contemporáneos. La bienal como un espacio de diálogo y experimentación no burocrático Desde hace algunas décadas, las bienales de arte contemporáneo han tendido a desplazarse del acontecimiento expositivo hacia indagaciones en campos teóricos, literarios, pedagógicos y de la vida cotidiana de los espacios en los cuales tienen lugar. En este sentido, Nunca fuimos contemporáneos apuesta por provocar los espacios pausados de diálogo y coaprendizaje más allá del carácter eventual de los montajes expositivos, los cuales pasan a formar parte de un programa mucho más amplio que tiene su anclaje principal en el reconocimiento colectivo de todas aquellas personas que participamos de muy diversas maneras en la discusión y la búsqueda de formas de interacción a lo largo de un

periodo que antecede y rebasa los tiempos de las exhibiciones. Consideramos que es a partir de construir el espacio para entablar relaciones de largo aliento que trasciendan la temporalidad bianual de este tipo de eventos, que el modelo bienal puede seguir teniendo sentido en un contexto como el nuestro. Un espacio que permita tender redes afectivas, de mutuo entendimiento y de coproducción de sentido; propiciar espacios para lo desconocido, para la complicidad y también para la divergencia más allá del montaje expositivo, pero también resonando con él. Una bienal que busca no ser concluyente, sino un preámbulo La búsqueda de otras temporalidades más allá de apelar a la espectacularidad del acontecimiento expositivo, está vinculada al traslado de la noción de curaduría hacia espacios de coaprendizaje que entrelazan o anudan una serie de hilos conductores alrededor del arte como objeto y metodología de aprendizaje y no como producto terminado. El gesto, la poética como potencia de construcción de entramados más complejos a partir de extender e incluso ralentizar los espacios de discusión y práctica tienen así, a los recursos expositivos, a la inscripción mediante objetos, textos, charlas, talleres y espacios de ocio, como una serie de recursos de producción de visibilidad aseguradas, pero mucho más importante

aún, herramientas dúctiles para pensarnos y reconocernos desde aquí, cuya estructura puede ser moldeada e interpelada; una herramienta generosa1 en tanto navega junto con nosotros en un tiempo pausado que apela a una generosidad reflexiva. Es en este sentido que Nunca fuimos contemporáneos es un proceso y no un evento. Si bien parte de planteamientos iniciales, éstos son más bien provocaciones que apuestan por ser interpeladas y reescritas sobre la marcha y en conjunto. Un proceso que más allá de buscar la grandilocuencia del espectáculo, intenta tejer redes afectivas en las cuales a su vez se imbrican, en un tiempo extendido, las temporalidades diversas de las múltiples modernidades que habitamos. Una provocación para el encuentro. Como parte del desarrollo de las comisiones de obra, el artista Antonio Bravo iniciará con un nuevo ciclo de charlas cuyo propósito es compartir los procesos de trabajo con la comunidad local, para lo cual se realizará una sesión informal en El Santero el jueves 19 de abril a las 19:00 h. Así mismo, como parte de la segunda fase del programa pedagógico, Pedagogías experimentales, los días 26, 27 y 28 de abril contaremos con la visita de Sofía Olascoaga, cocuradora mexicana de la 32a Bienal de São Paulo (2016), quien trabaja en las intersecciones entre arte y educación a través de la activación de espacios para el pensamiento crítico y la acción colectiva. La noción de herramienta generosa la tomo de uno de los programas de la organización puertoriqueña Beta-Local, que en 2009 inició un ciclo alrededor de lo que son o pueden ser las herramientas. La provocación para este programa parte del pensamiento de Ivan Illich, para quien la herramienta en una sociedad convivencial está al servicio de las personas integradas a una colectividad y no al servicio de la técnica y la especialización. “Para Ivan Illich una sociedad de convivencia pacífica necesita de instrumentos, teorías y sistemas que le permitan a todos sus miembros la mayor capacidad para la acción autónoma a través de las herramientas menos controladas por otros. Esta es la herramienta generosa”. Beta-Local, “La herramienta generosa”, disponible en http://betalocal.org/ herramienta-generosa/ 1

XIII Bienal FEMSA

Otras temporalidades


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Teatro

El Día Mundial del Teatro debe ser un pretexto para formar público: Arturo Sandoval León

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Por Maliyel Beverido

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l 27 de marzo se celebró el Día Mundial del Teatro. Diversos medios difundieron el mensaje de Simon McBurney, del Reino Unido; y de Sabina Berman, de México. Pero ¿qué significa el Día Mundial del Teatro para un dramaturgo emergente en la provincia? Arturo Sandoval León habla de su trayectoria, sus inicios y sus expectativas. Arturo Sandoval León empezó a escribir teatro después de los 30 años, sin haber cursado estudios de teatro o de literatura creativa. En 2014 escribe y dirige su primera obra, Tómbola, que luego fue publicada en la revista Tramoya. En 2015, escribe y dirige Pareidolias, premiada en el XXIV Festival de Teatro Universitario de la Universidad Veracruzana. En 2016 lleva a escena Boomerang, y también es seleccionado por la Coordinación Nacional de Teatro del INBA para dirigir la obra Luneta, de Lucila Castillo, dentro del Programa de Teatro Escolar 2016-2017 en Veracruz. En 2017, presenta su obra Flores para días nublados, con alumnos del Colegio Preparatorio de Xalapa, que resulta ganadora en el Certamen de Teatro de la Dirección General de Bachillerato. También en 2017 escribe y dirige Paso de gato y otros rincones, proyecto con el

que la Universidad Veracruzana celebra el 50° aniversario del Festival de Teatro Universitario. Actualmente es Coordinador Interno de la Casa del Lago de la Universidad Veracruzana. Maliyel Beverido: ¿Para ti qué es el Día Mundial del Teatro? Arturo Sandoval León: La ocasión en la cual las personas que estamos en el ejercicio teatral podemos hacer alguna aportación para que se valore el teatro. MB: Eres dramaturgo y director, pero de formación autodidacta, es decir no estudiaste para eso, ¿cómo te iniciaste? ASL: Desde pequeño tuve interés por la actuación, con eso empecé. Hubo un programa para escuelas primarias, que hacía el entonces Canal 4 más [ahora Radiotelevisión de Veracruz], donde nos dieron unos talleres. Eso no muchos lo saben, pero yo salía actuando de niño en la tele. Después de eso mi papá compró una cámara de video y me la dejó. Yo recuerdo mi infancia con esa cámara. Hacía yo como sketches con mis vecinos y mis primos. Los ponía a actuar… ¡desde entonces ya andaba yo dirigiendo! Sin querer, y sin estar consciente. Entonces era un juego. Después, la verdad

en algún momento cruzó por mi mente estudiar teatro, pero creo que yo mismo me puse el pie, no vino alguien a decirme “oye, pero entonces de qué vas a vivir”, yo mismo me lo dije. No había tenido un acercamiento real con el teatro, y eso hizo que tuviera ese prejuicio. Entonces me incliné por la sicología. Pero siempre hubo algo que me ligaba al personaje. MB: ¿Al personaje o a la creación de personajes? ASL: Pues yo creo que al personaje en general, a identificar a los que ya están creados. Cuando estaba yo estudiando psicología empecé a escribir, también como juego, sin estructura, así, a lo que me daba. Me propuse escribir un guion de cine, una historia que yo tenía en la mente, cuando terminé era una cosa sin estructura. Entonces empecé a comprar libros, a leer, a bajar guiones de internet, comparaba otros con el mío y le fui dando forma. Me interesé entonces en estudiar cine. Trabajaba en Recursos Humanos y el que era mi jefe me dijo “Oye, te voy a poner en contacto con el Jefe del Departamento de Cinematografía de aquí”. Me contacta, me hace una cita, platicamos -era Lorenzo Arduengo-, y con mucho entusiasmo me dice “Mira, nosotros tenemos un vínculo con una institución en San Antonio de


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MB: ¿Hubo algo más que te haya jalado al teatro, además de la convivencia? ASL: El cine nunca se dejó tocar, y el teatro ahí sentí que lo podía palpar, y eso me emocionó. Escribí un par de textos que se fueron al cajón. El tercero fue Tómbola, y quienes lo leyeron dijeron “Hay que montarla”. Una era mi colega Rosa Eglantina González [ahora directora del Teatro Ignacio de la Llave, de Xalapa], y la otra, también egresada de la Facultad de Teatro, estaba haciendo aquí su servicio social, Estefanía Ahumada [Premio Nacional de Joven Dramaturgia 2017]. MB: Y te fue muy bien con Tómbola. ¿En ese momento te arrepentiste de no haber estudiado teatro? ¿O en algún momento te has arrepentido de no haberlo hecho? ASL: Ehh, en ese momento no, pero última-

mente sí, porque al principio no me importaba nada más que hacerlo y ya, pero ahora que ya hay un poco de camino se da uno cuenta de que también la formación hace falta para las cuestiones burocráticas… Y porque, definitivamente, las herramientas de la academia te ahorran algunas vueltas en el camino. MB: Escribiste una obra sobre y para los técnicos de la escena, es decir los pones a representar una historia que habla de ellos, ¿qué te movió a hacerlo? ASL: Ellos, los técnicos. De ellos salió. Un día cuando me iba a presentar en el Festival de Teatro Universitario me dijeron “Oye Arturito, fíjate que desde hace años tenemos la intención de hacer una obra, pero no nos hacen caso, le dijimos a fulano y a sutano y pues nada, entonces estábamos platicándolo aquí y dijimos Arturito sí se avienta con el texto, ¿va?”. Cuando me fui me empezó a caer el veinte y me dije oye, pues esto es una gran idea, tengo que hacerlo. Que lo ejecuten personas que están alrededor del ejercicio, pero sin tener formación actoral, y que lo escriba una persona en la misma condición… MB: Los técnicos son gente de teatro y a veces están marginados por la misma gente de teatro ¿tú te identificaste con esa marginación? ASL: Sí, ése fue uno de mis motivos. Honestamente, a mí me costó mucho trabajo que me abrieran espacio en el gremio. Son muy celosos los teatristas. Algunos me señalaban por no tener la formación, la academia. Ahora se convirtió en una característica favorable, me identifican por eso. MB: Esta obra de la que hablamos, Paso de gato y otros rincones, entusiasmó a los ejecutantes, gustó al público, y creo que sorprendió a los

teatristas, ¿fue un parteaguas? ASL: Sí, si lo veo así, fue como una graduación. La obra fue invitada… bueno, nosotros la propusimos para celebrar el 50 Aniversario del Festival de Teatro Universitario. Ese marco era muy importante porque reunía a la comunidad teatral, y ahí yo sentí que sí se aceptó mi trabajo. MB: Y ahora, a partir de eso, ¿qué esperas de ti mismo en los próximos cinco años? ASL: En los próximos cinco años… pues, ¡mínimo un premio nacional! Y también ir a la Muestra Nacional ¿no? Eso es lo que sigue. MB: Hasta ahora tú has dirigido tus obras ¿cómo ves la posibilidad de que otro director tome una obra tuya? ASL: Para mí sería padrísimo [lanza un profundo suspiro de alivio]. La dirección es bonita, pero muy cansada en muchos sentidos; desvelos, cansancio físico y también emocional, porque se conecta uno con los personajes y con los actores. Además, al menos por aquí, el director no nada más es artístico, también se vuelve gestor, productor, y tiene que resolver mucho. Entonces, el que alguien se ocupe de eso sería fabuloso pues yo me dedicaría nada más a escribir. Pero quisiera volver a la primera pregunta que me hiciste. MB: ¿Acerca de qué significa para ti el Día Mundial del Teatro? ASL: Sí, es que quiero añadir que es un magnífico pretexto para que el público conozca el ejercicio teatral. Creo incluso que es como nuestra obligación, porque si sólo nos celebramos a nosotros mismos nos quedamos cortos, nos quedamos debiendo. Deberíamos buscar otras fechas, otros momentos que sirvan para llegar al público, para crear público.

Teatro

los Baños, en Cuba. Yo tengo que gestionar que se vaya gente para allá y tú eres un candidato, entonces si quieres vamos viendo eso”. ¡Y al poco tiempo que se muere! Luego que me mandan a trabajar acá, a Casa del Lago, hace casi diez años, y ahí es donde yo empiezo a tener contacto con el teatro, no sólo como público, sino que empiezo a conocer todo lo que está atrás: desde que llegan los tramoyas a montar la escenografía, la disposición de las luces, las consolas, los ensayos, todo. Y también, por el mismo trabajo, convivo entonces con el gremio. Me acerqué a gente de la talla de Alberto Lomnitz, Boris Shoemann, Martín Zapata, Paco Beverido, Carlos Converso. Quien realmente me aplastó el botón fue Austin Morgan [que era entonces Director de la Casa del Lago UV y actualmente trabaja en la Coordinación Nacional de Teatro del INBA], él me dijo “Oye, por qué no mejor intentas con teatro”.


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Poesía

Estética de la brevedad, la poesía de Ana Belén López Por Armando Salgado

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ste ciclo de entrevistas a poetas permite reconocer las distintas formas para acceder a la poesía, y en esta ocasión tendremos tiempo de caminar tranquilamente junto a Ana Belén López (1961). Ella es originaria de Culiacán, Sinaloa. Su obra reserva dosis concretas de realidad, y nos traslada desde escenarios personales a contextos donde es fácil reflejarse. Como ella misma lo expresa, cualquier persona podría leer sus poemas porque son accesibles y claros. Asimismo, construye una estética breve, pero sobre todo, es profundamente reflexiva. Permitamos que mientras un edificio se derrumba en nuestro interior, esas otras posibilidades de expansión de la lectura se construyan junto al Pacífico, que en esta ocasión también nos acompaña. Armando Salgado: Ana Belén López, entre los múltiples significados de la poesía, cada autor configura los propios. ¿Qué es la poesía para ti?, ¿cómo llegaste a ella?, ¿qué autores se reflejan en tu manera de pensar?, ¿qué momentos poéticos estarán contigo para siempre? Ana Belén López: La poesía llegó a mí a través de la academia. Tuve la fortuna de ser alumna del poeta Hugo Gola mientras estudiaba la carrera de Literatura Latinoamericana en la Ibero. Siempre había sido lectora, razones obvias para estudiar Letras, pero leía sobre todo cuento y novela. Mientras Hugo nos presentaba autores de poesía norteamericana descubrí algo que intuí, entonces, que tenía que ver con la forma de escritura que coincidía con mis inquietudes. Fijar la imagen era algo que me interesaba, durante un tiempo largo había trabajado de aprendiz en la Fotografía de mi papá, Guillermo López Infante. La abandoné porque me decidí por la literatura. En clase de Hugo, leí con mucha curiosidad y entusiasmo a los poetas norteamericanos, Denisse Levertov, E.E. Cummings, Charles Olson, Robert Creeley en especial a William Carlos Williams, los imagistas, quisiera creer que fueron una influencia en mi trabajo, o que en ellos encontré el impulso necesario para seguir. La misma definición del poema de Williams, “una máquina hecha de palabras que provoca una emoción” sigue siendo mi mejor manera de definir al poema y tratar de echarlo a andar. Me interesan las formas abiertas del verso libre, la precisión del lenguaje, la condensación de una imagen, que el objeto cotidiano sea transformado por una operación de lenguaje. El ritmo que es marcado por una sonoridad interna, por la relación que surge fonéticamente entre una palabra y otra. Ver por debajo y por

/// Ana Belén López. Fotografía de Iván Lizárraga.

atrás, como si el lenguaje se atreviera a ver el interior del árbol o del sol. La euforia de los primeros poemas es algo difícil de describir. De pronto, tener que parar todas las actividades porque una palabra resuena es muy emocionante. La constante necesidad de hacer notas en papeletas, en servilletas, en recibos, esa euforia, esa excitación creo que se da en pocas ocasiones, y entonces uno tiene que trabajar al margen para poder seguir creando y no sólo esperar esos estados de inspiración. Creo en la lectura y el análisis también como una forma de crear, el deslumbramiento que provoca el verso de otro autor me parece un profundo acto de asombro. AS: Mención aparte merece Octavio Paz; ¿de qué manera este poeta hizo escala en tu formación como poeta?, ¿tu documento de titulación aborda en particular alguna pieza de Paz?, ¿crees que debamos recurrir a él de forma constante? ABL: En mi escritura es muy importante la estética de la brevedad, sin embargo, admiro profundamente los poemas largos. Me interesa la historia y la poética del

poema largo y narrativo. En Octavio Paz encontré en su obra una extraordinaria coincidencia, sus reflexiones sobre este tema y además, los diez poemas largos que publicó durante su vida. Fue un recorrido fascinante. Hice esa investigación para mi tesis de licenciatura, enfocándome en el análisis del último poema que publicó, Carta de creencia, entonces no se sabía que sería el último pero fue una especie de testamento poético. Tuve la oportunidad de conocerlo, de comentar el trabajo y fue un privilegio. Por supuesto que hay que regresar a su obra todo el tiempo, su lucidez es decisiva. AS: Ana Belén, ¿cuál es la salud de la poesía sinaloense actual?, ¿crees que el Pacífico: su clima, sus playas, influyan en los temas que eligen para escribir?, ¿qué otros momentos ha gozado la literatura en esta zona?, ¿qué otros autores debemos conocer, los cuales en ocasiones no son visibles en otras latitudes? ABL: Sinaloa es un estado intenso. Por su clima, su belleza, su producción agrícola y pesquera. Es rico. Y es violento. Culiacán está considerada la capital del narcotráfico

latinoamericano. Hay una fuerte cultura del narco y del lavado de dinero. Pero, en algunas ocasiones ha habido gente que le apuesta todo al arte y a la cultura. Tuve la fortuna de pertenecer a la colección Punto luminoso de la Editorial Andraval en donde publicaron a quince autores sinaloenses, justo en el momento en que el país se convulsionaba en la guerra contra el narco (2012). Ahí están Jesús Ramón Ibarra, A.E. Quintero, Ernestina Yépiz, Mario Bojórquez, Paco Alcaráz, León Cartagena y el resto de los trabajos que son de una calidad literaria incuestionable. Retrato hablado pertenece a esta colección, eso me gusta mucho. En Mazatlán, sucede algo diferente, de manera natural prolifera el canto y la danza. La gente de Sinaloa es rica en expresiones musicales. De todo tipo, ópera, banda, pop, rock, jazz, ballet, regional. Danza contemporánea. La poesía se ha dado, también, pero de forma aislada, independiente. En mi generación, tuvimos que salir a estudiar fuera si nos interesaba una formación seria en el área de humanidades o arte. Algunos regresamos, otros no. Todavía es lamentable que en Mazatlán


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las universidades no tengan oferta en áreas de humanidades. Entonces los grupos que se forman de manera independiente son verdaderos esfuerzos individuales. Pero sí los hay.

AS: Ana, tu poesía suele ser precisa y narra lo mismo una sensación profunda derivada de un recuerdo al igual que un hecho cotidiano; utilizas un lenguaje poético preciso y lo adaptas a estructuras flexibles que dan fluidez a tus textos. Tus poemarios Alejándose avanza (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1993), y Retrato hablado (Andraval ediciones, 2013), tienen 20 años de distancia entre sí, ¿cómo relacionas estos dos extremos en tu carrera como creadora?, ¿qué otros libros has publicado y cuáles nos recomiendas? ABL: Escribo de forma muy lenta. Además de hacer poemas breves, entonces, reunir material suficiente para publicar un libro me lleva muchos años. En efecto, hay veinte años de distancia entre Alejándose avanza y Retrato hablado. En 2001, Ediciones sin nombre publicó Del barandal, y en 2009, el Instituto Sinaloense de Cultura publicó un libro de fotografías y poesía que hicimos en conjunto Martín Gavica, la bailarina Claudia Lavista y yo, Silencios. Fue una experiencia muy interesante, trabajábamos al mismo tiempo con las formas del cuerpo como paisaje. En Retrato hablado arriesgué otras formas. Me incliné más al poema narrativo y es un libro muy personal, autobiográfico. Tiene que ver con mi infancia y la forma en que me despedía de mi papá, él murió a finales del 2012, creo que por eso, sin saberlo, me despedía también de la infancia y de otros personajes que aparecen como mis abuelos. Mis poemas son sencillos, creo que cualquiera se puede acercar a ellos, recién he estado en lecturas con niños de primaria,

Poesía

AS: Ana Belén, la poesía se conceptualiza todo el tiempo, pero ¿cómo seleccionar un buen poemario?, ¿cómo saber que ciertos autores son fundamentales? ABL: En alguna ocasión, un editor me dijo que para editar libros buenos se necesitaba tener muy buen olfato. Nunca olvidé la expresión. Sin embargo, creo que además de ese impulso intuitivo está la experiencia de lectura. Distinguir entre las diferentes corrientes estilísticas a las que corresponde cada autor. Y por supuesto esperar el asombro. Buscar en el poema y en su conjunto la emoción de la que nos habla Williams.

por primera vez, y los reciben con mucho entusiasmo. Lo difícil de mis libros es conseguirlos. AS: Tuviste la oportunidad de ejercer la docencia por muchos años en Sinaloa, y en tu práctica diaria combinaste disciplinas artísticas para fortalecer la formación de tus estudiantes: háblanos de ello, ¿qué experiencias recuerdas con ahínco? ABL: Durante diez años fui maestra de literatura en la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán. Es una escuela fundada por la compañía de danza contemporánea Delfos, y el programa de la licenciatura es integral, llevan historia del arte, filosofía, música, teatro, y yo trabajaba sobre todo con poesía. Descubrí el mundo paralelo entre danza y poesía. Sobre todo a partir de las vanguardias del siglo veinte. Aprendí mucho a experimentar con otro tipo de estudiantes. Fue una experiencia maravillosa, ellos eran explosivos, creativos y cuando realizaban coreografías basadas en

Ana Belén López (Culiacán, Sinaloa, 1961)

estudió en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México la licenciatura en Literatura Latinoamericana y la maestría en Letras Modernas en donde, también, fundó y participó en la elaboración de la revista Poesía y poética dirigida por Hugo Gola en los noventas. Ha sido profesora de literatura impartiendo la materia de Narrativa y poesía latinoamericana del siglo XX, desde hace más de veinte años. Es autora de los libros de poesía Alejándose avanza, Del barandal, Silencios y Retrato hablado. Su poesía se ha traducido a varios idiomas y se publica en diversos medios en el país como las revistas Pauta, Letras libres, Revista de la Universidad entre otras. Desde 2001 publica la columna “Imágenes sueltas “ en el periódico

textos literarios era muy interesante. Espero haberles dejado esa inquietud, esa sensación de que hay poemas que ya nunca te abandonarán. También con Delfos trabajamos en conjunto una puesta en escena que se llamó “Cuatro cuartos”. En una casa del siglo pasado, montamos una escena en cuatro de las habitaciones. Escribí un poema para cada una de ellas y éstos resonaban en los pasillos mientras pasabas de una otra. Fue muy bello trabajo lo que la Compañía hizo. AS: Ana, si tuvieras la oportunidad, ¿qué te dirías a ti misma si comenzaras a escribir de nuevo?, ¿qué sugerencias te compartirías ante escenarios donde no hay las mismas condiciones para las mujeres que deciden hacerlo? ABL: ¿Qué me diría a mí misma? En los noventas intenté pedir una beca de jóvenes creadores y no me la dieron, intenté otra y entré a un par de concursos. Entonces me quedó claro que por mi forma

Noroeste de Mazatlán. Una mujer se persigna al cruzar la calle la atropella un camión pierde un zapato el monedero se abre brillan las monedas con la luz del sol Del barandal (2001)

y tiempos de escritura era mejor resolver la economía de otra manera y mantener mi independencia a mis propios ritmos. Ahora me da gusto haber continuado pese a esa lejanía que yo misma marqué. Por si fuera poco, también renuncié a la vida

académica, me mudé a Mazatlán luego de vivir quince años en la Ciudad de México. Nunca dejé de trabajar ni de estar alerta a los momentos propicios, a los diferentes estímulos, a investigar, leer, descubrir. Creo que lo volvería a hacer igual.


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Promoción de la lectura

El placer lector como algo abstracto t

Por Eduardo Campech Miranda

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Hace unas semanas concluí la lectura del Bhagavad Gita. Fue una lectura no tan placentera y no tan enriquecedora (en todos los ámbitos) como hubiese esperado. No obstante, algunas frases de las slokas lograron cautivarme y las compartí en mis cuentas de redes sociales. En un principio, incluso, la lectura se tornó tormentosa. La carencia de referentes religiosos y contextuales del texto eran un agujero por donde se escurría toda la información. Con poco o nada podía relacionar el texto sagrado. Me imaginé siendo un adolescente o un adulto, frente a un texto en torno al cual las referencias nulas. Los programas de formación de lectores y de mejora en la competencia lectora no siempre ponen énfasis en esta circunstancia. Una paradoja desprendida de ello es que los referentes, se cree, se construyen única y exclusivamente a partir de la lectura de libros, ignorando las otras manifestaciones culturales, sociales y científicas (además de la historia de vida particular del lector). Se parte, pues, de los supuestos propios del sistema escolar: que se debe llegar a un grado, y en el peor de los casos, a una edad en el que debemos saber y conocer datos, eventos, circunstancias, acontecimientos muy específicos. Es claro que de manera ideal deberíamos contar con una cultura general que nos permita enfrentar las vicisitudes de la vida. Sin embargo, cuando desde la estructura

del sistema educativo se conciben a la lectura, a las artes, a la diversidad cultural como herramientas meramente accesorias, estamos perdiendo mucho como sociedad

y arrojando a las futuras generaciones a laberintos sin salida. ¿Cómo pueden desarrollar opciones si son incapaces de imaginar, de crear, de pensar un mundo distinto?, ¿cómo hacerles cuando no se les brindan los elementos para que el mundo crezca frente a sus ojos, cuando los mentores o tutores tampoco los tienen? En la lucha cotidiana que aludí párrafos arriba está sin duda la de la sobrevivencia. Con una nutrición deficiente, jornadas laborales extenuantes, traslados eternos a los centros de trabajo (en las ciudades grandes) y salarios de miseria, el acto lector es toda una proeza. Quiero decir que no es sencillo leer cuando debo resolver qué comeré mañana. Si bien es cierto leer es una actividad que en un momento redituará frutos, también lo es la dinámica social de lo inmediato. Por ello, también, es complicado leer. Por ello se argumenta que leer es malo porque nos lanza a mejores aspiraciones (más cerca de la fantasía que de poder realizarse). Ya lo he mencionado en otras colaboraciones, si nuestros empeños son por acercar a la juventud y a la niñez hacia los libros, entonces debemos involucrarnos en sus propios referentes generacionales. Con los adultos pueden existir más puntos de convergencia. Si usted forma lectores o es su intención hacerlo, le invito a que tome un libro ajeno a sus intereses y conocimientos. Léalo como lo harían la mayoría de los adolescentes (sin consultar fuentes, guardando dudas). Experimente la frustración que muchos de ellos padecen. Y después hablamos del placer lector como algo abstracto.

Al aire Radio

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Por Carlos Flores

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on las siete de la tarde. No hay nadie en casa. Subo a la azotea con una radio de baterías y sintonizo Radio DIF, una estación de FM, la única por aquel entonces, que trasmite a lo largo del día música clásica, pero a de siete a ocho de la noche un poco de rock, hora en la que me acuesto a ver las estrellas y a clavarme en las texturas de la música. Son los años ochenta y vivo en una ciudad de Zacatecas, como podrá haberse dado cuenta, estimado lector, un tanto marginada. Las demás estaciones la verdad no valen la pena. Entre las más famosas está la L.K, que sólo lanza al aire música de moda y comercial. Luego de las once de la noche un poco de rock. La otra, Sonido Estrella, a veces, como por error, pone una que otra rola, pero no tienen una programación interesante. Nací con la maldición de mi padre: rojo y medio hippie. La música que la gente escucha no es música para mí. En mi casa hay un estéreo gradiente y cientos de discos. Mi hermano me bombardea con Judas Priest, Def Leppard, Iron Maiden y Motley Crüe, luego de haberme acercado al lado oscuro con Kiss; mientras mi padre me presenta las gran-

des ligas: Genesis, Yes, Led Zeppelin y Pink Floyd. Esa hora en la radio DIF hace la diferencia, aunque, lástima, casi siempre ponen lo mismo. Cómo desearía tener una estación de radio y trasmitir música buena. Con esos deseos llegué a los años noventa; antes había pasado por la emergencia del rock en español y escuchado radio UVA desde Aguascalientes, una estación que ya hubieran deseado los zacatecanos; así como por mis años de tardeadas en la disco, cuando los dj´s ponían algo de rock –hasta me convertí en chico disco, aunque bueno, las chicas también influyeron. Los noventa definitivamente sonaban mejor que los ochenta, olía a espíritu adolescente. Pero en la radio seguía habiendo un enorme vacío. Por ahí alguien le dedicaba una hora completa a los Beatles. El rock en español ya sonaba un poco: Los Caifanes, Fobia, Soda Stereo, Los Amantes de Lola, pero, en general, la radio seguía siendo para Juan Pueblo, y, oh desgracia, qué lejos estaba yo de ser así. Me empeñaba en escuchar Pearl Jam, Alice in Chains, The Temple of Dog, The Smiths, The Cure, gente que no salía en la radio. La primera década del dos mil trajo más música buena, pero en el aire seguía sonando lo mismo de siempre. Al fin, una década después

nace La Rockanrolera. Rock todo el día. Y mejor aún, programado por mí. Sé que ya es un poco tarde, pues ya existen muchas estaciones por internet, o la maravillosa página de Radio Garden, pero no importa, con un celular y un par de bocinas, puedo salir al jardín, fumar un cigarrillo y escuchar buena música rock. Hasta la fecha, aunque ya se diversificó, la radio sigue siendo de las masas. No puedo negar que hoy hay gente interesante, con buenas propuestas, con rolas excelentes, pero que desgraciadamente, llegaron muy tarde, ahora que ya estoy conectado a la matrix.


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9 DE ABRIL DE 2018

Desayuno en Tiffany’s, mon ku María Magdalena, una feminista de Jesús

Cine

t Por Carlos Belmonte Grey

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asaron ya la Semana Santa y la de Pascua, y como es normal los programadores de los cines buscaron películas que acompañaran la celebración en turno. Así que tocó estar en cartelera la película de Garth Davis, María Magdalena. Acepto, fui a verla porque pensé se trataría de una versión crítica al estilo La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1998) o espectacular como La pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004). También me atrajo el equipo de actores principales Rooney Mara, Joaquin Phoenix y Tahar Rahim. Me dejé guiar por la mala costumbre de no leer las sinopsis según yo para dejarme sorprender. Pasada la primera media hora aún no conseguía bien entender de qué iba. Vi que duraba 120 minutos, entonces me dije: apenas va a arrancando. Otros 30 minutos y pensaba: debe ser una parodia del catolicismo, de sus tradicionales milagros. Una parodia al estilo de la película Jeannette, la infancia de Juana de Arco -Bruno Dumont, 2017- que se burla del nacionalismo francés. Pero no, los minutos seguían pasando y los tópicos de la típica historia de Jesús seguían desfilando, lo mismo que los vecinos de asiento en la sala de cine, quienes seguían yendo y viniendo con botes de palomitas; y es que la versión doblada ni siquiera demanda el esfuerzo de poner atención en

la pantalla porque se puede comer, beber y hablar por celular. Ya con la elipsis final del beso de Judas a la crucifixión, y la exclamación de los espectadores, me di por vencido. María Magdalena de Davis se trata de una revisita a la historia del catolicismo aunque, se supone, con la peculiaridad de ver la historia desde María Magdalena. Davis quiso leer la historia centrada en los ojos de quien, para resumir la película, fue la primera mujer grupie de Jesús, su gran tentación prohibida y la primera que fue con el chisme de que Jesús no estaba muerto. María Magdalena tiene ese doble vector de

las películas históricas: sirven para recontar la historia y para revestirla con las necesidades del presente. Es decir, es una Magdalena al corriente de los discursos de la liberación femenina que reclama su derecho a no casarse por obligación y a estudiar y dedicarse según su parecer. Y por supuesto, a corretear entre hombres sin importarle el qué dirán a pesar de que el apóstol Pedro le advierte de que será ella la debilidad de Jesús por venir a incomodarle bajo el velo y la túnica. Quizás su discurso histórico y evangelizador -el de la película- no funciona completamente porque la versión doblada no se preocupó por cuidar las inflexiones de voz,

y las súplicas se vuelven un tono plano de charla entre amigos. Además, bien que se trata de seguir la versión de la apóstola, la historia se redunda en los lugares comunes de un habituado a las versión bíblicas cristianas e incluso a recuperar los pensamientos de apóstoles y del propio Jesús para llenar lagunas o quizás para darle ritmo a las voces. El intento por revalorizar la figura, durante tanto tiempo denigrada, de María Magdalena e imbuirla de un discurso feminista se quedó -y recupero la analogía de la revista Cahiers de Cinéma- en: una María Magdalena reducida a seguir a una banda de apóstoles tal como hizo Chico en Los Siete Mercenarios.

El Picaporte Dioses, dioses, mayúsculas y minúsculas t

Por Simitrio Quezada

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Se escribe “dios” con mayúscula o minúscula? ¿Cuándo una y cuándo otra? La respuesta es siempre la misma: “Depende del contexto en que pondrás la palabra”. Algunos reviran con algo que se antoja absurdo: “Es que yo soy ateo y de ningún modo escribiré la palabra dios con mayúscula”. O peor: “Es que voy a hablar del dios de una religión que no es la mía, por eso irá en minúscula”. A pesar del esfuerzo de muchos educadores, parece que aún no se entiende que esto no es una cuestión de fe, sino un fenómeno meramente gramatical. Frente a mi amiga llamada Rosa, entiendo que su nombre es un sustantivo propio, que sirve para referirse a una persona, y siempre va con mayúscula, y que el genérico “rosa” es un sustantivo común con el que se nombra a una o varias flores, y en ese caso utilizo minúsculas. Lo mismo sucede con Jazmín, Estrella, Paz, Gloria, Victoria, Soledad, Esperanza. Por eso cuando yo tenía cinco años y las catequistas me obligaban a aprenderme la oración católica “Credo”, sin explicármela, me preguntaba yo quién fregados era Gloria y por qué ella tendría que venir a acompañar a Dios a la hora de juzgar a vivos y muertos: “Y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin”. Tenía que entender que en ese contexto

“gloria” es sustantivo común, con minúscula, y que se refería a un esplendor, no a una muchachona aliada del Altísimo. Lo mismo sucede con ley con minúscula, que es genérico, y la Ley con mayúscula que se refiere al conjunto de normas. O Estado, que se refiere a entidad que ejerce el poder, y estado, sinónimo de entidad, que se refiere a territorio. Hablamos de gramática, con minúscula, como una disciplina más y Gramática con mayúscula irrumpe para referirse a una entidad específica. La palabra “chiripa” se escribe con minúscula excepto cuando lo aplicamos como apodo a alguien: “Ahí viene Chiripa, igual de estrafalario”.

Distinguimos, entonces, sustantivos propios de sustantivos comunes: los primeros con mayúscula por ser nombres específicos, los segundos con minúsculas por nombrar una especie o clase. “Mi profesor es Don Juan” lleva mayúsculas iniciales en Don y Juan, y también existe un sustantivo común derivado del personaje de José Zorrilla: “Mi profesor es un donjuan: en cada salón donde imparte clases tiene una novia”. “Dios” es el nombre de la divinidad suprema en las religiones cristianas. La Gramática prescribe que se pone mayúscula inicial en Dios cuando se habla de la divinidad de una religión monoteísta. En las religiones politeístas se entiende dios como una designación genérica y por eso va con minúscula. Por tanto, a menos que fuera apellido o vaya después de punto, el plural “dioses” no debe llevar mayúscula. Cuando calcamos expresiones como “ni Dios lo mande”, “sabrá Dios”, “que Dios te bendiga”, “que Dios lo tenga achicharrándose en el infierno”, “que Dios te lo pague”, “aprieta Dios pero no ahorca”, sí utilizamos mayúscula pues nos referimos a una entidad determinada y con nombre propio (seguramente el de los monoteístas, por cierto). * Envíe comentarios y demás inquietudes a: siquezada@hotmail.com


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LA GUALDRA NO. 333

Op. Cit.

¿Cuentos de hadas a tu edad?

El alucinante universo de Leonora Carrington t

Por Mauricio Flores*

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o una poeta, observó Octavio Paz, sino “un poema que camina”. “Que sonríe —imaginémonosla en estos días de estridencia y gestos serios—, que de repente abre una sonrisa que se convierte en un pájaro, después en pescado y desaparece”. Una artista, no un artificio hipócrita, que a la manera de su entrañable personaje de novela Marion Leatherby, noventa y nueva años en su espigada figura, cultivó sus placeres y sus deseos, materializándolos en una de las obras mayormente representativas del surrealismo. Un rostro que se acompaña de sueños y vigilias pletóricos de imaginación, y que mediante susurros nos dice ven, abrázame. Bienvenido abril que llega con Leonora Carrington (1917-2011). En nuevos espacios, nuevas muestras y una de sus obras —literaria— puesta en circulación tras muchos años de ser uno de esos libros tan buscados como no hallados, La trompetilla acústica, donde hay lugar para brujas y hadas, chocolates y mariguana, mitos e historia, impurezas y sueños realizados. De subrayar lo escrito casi al final de la novela, referente a la aparición en la trama de un ejército “jamás visto en este planeta”, estaría quedándome corto. Ningún entrecomillado, por extendido que sea, podría descollar la riqueza imaginativa de personajes, situaciones, vigilias, sueños, recuerdos, ambiciones, esperanzas, advertencias, tribulaciones, alegrías… que se contienen en La trompetilla acústica. “El más extraño ejército” —sí— conformado por “abejas, lobos, seis damas, un cartero, un chino, un arca de propulsión atómica y una mujer licántropo”, que realizará cada una de las operaciones militares destinadas a su razón primordial de existir, y que no adelantaré aquí en

/// Fotos: Mariana Flores Castillo

demérito de las sorpresas que le esperan al lector. Alucinante novela que nos cuenta unos no menos alucinantes pasajes de la vida de Marion, quien mantiene la esperanza de realizar “el gran sueño” de su vida sin dejar de lado los “pequeños placeres que todavía la visitan

semana a semana: “de noche cuando hay buen tiempo, el cielo las estrellas y naturalmente en todo su esplendor”. “¿Cuentos de hadas a tu edad?”, preguntará el lector al mismo tiempo que la narración conducida en La trompetilla acústica por la misma Marion. “¿Por qué no? ¿Qué es edad? Algo que no comprendes, mi amor”. “A veces he pensado en escribir poesía yo misma, pero encontrar las rimas adecuadas es muy difícil, es como conducir una manada de pavos y canguros en una avenida muy transitada logrando mantenerlos juntos sin que se detengan a mirar las exhibiciones de los almacenes”. Surrealismo exacto. Inobjetable demostración de grandeza creativa, sin importar disciplina o género, La trompetilla acústica nos muestra a una Marion confinada en una institución para ancianos, “conjunto que tenía más el aspecto de un castillo medieval que el hospital o la prisión a que esperaba ser conducida”. Lugar donde experimentará los más inverosímiles acontecimientos y establecerá alianzas con personas pares a ella, ayudada en todo momento de una trompetilla acústica, ya que a su edad la agudeza auditiva es poca. En su nueva residencia, Marion establecerá alianzas en búsqueda de su felicidad hasta descubrir la existencia de un cuadro con la figura de una monja llamada Rosalinda Álvarez de la Cruz de la Cueva, “una rosa es un secreto, una bella rosa es el secreto de una gran dama”, lo que desatará un montón de imprevistos, tan surrealistas como burlescos. Al grado de que las circunstancias en su contra,


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Op. Cit.

la llevarán a encabezar una huelga de hambre, al lado de sus aliadas, “seis viejas muriéndose de hambre”. Alucinación y alquimia, premonición y guiños a la historia reciente, y una fiesta ensoñadora hacen de La trompetilla acústica un gran lienzo surrealista con final apocalíptico, “demasiado extraño para traducirlo en palabras”, a la manera en que observa el desenlace de la historia uno de sus personajes. En San Luis Potosí Noticia editorial que se acompaña de la reciente apertura del Museo Leonora Carrington, “epicentro cultural, formativo y artístico”, en el Centro de las Artes de San Luis Potosí. Espacio conformado por cuatro edificios y un patio central con áreas abiertas en las que se distribuyen esculturas monumentales de la artista, así como 80 salones para ofrecer talleres, exposiciones y actividades del Centro Internacional de Estudio y Difusión del Surrealismo, igualmente abierto hace unos días. (El museo tiene una superficie de 2 mil 500 metros cuadrados. Cuenta con sala audiovisual, talleres, cafetería, tienda, espacios para residencias artísticas, así como espacios

de exhibición para albergar un acervo de más de 100 piezas entre obra plástica y escultórica, grabados, bocetos, litografías y objetos personales de la artista, como su viejo caballete. También fue acondicionada la sala Informativa Leonora Carrington que ofrece un acercamiento a la vida y obra de la artista, a través de textos y objetos personales, así como una biblioteca especializada que brindará información y material de archivo, además de enriquecer las actividades de un seminario permanente y un programa editorial). En Ciudad de México Además de la inminente apertura, el 21 de abril, de Leonora Carrington. Cuentos mágicos, muestra retrospectiva de la artista con doscientas piezas entre pintura mural y de caballete, esculturas, gráfica, tapetes, escenografías, máscaras, fotografías, documentos, libros y objetos personales, en el Museo de Arte Moderno, del Bosque de Chapultepec (CDMX) y que estará abierta al público hasta el 23 de septiembre. La obra a exponerse, proveniente de colecciones de México, Estados Unidos y Europa, incluirá un gabinete con

fotografías de Lee Miller, Kati Horna y Chiki Weisz, dividida en ocho núcleos: La joven artista. París y Nueva York 1937-1942; El exilio en México: amigos y familia; La diosa blanca: mujeres, hechiceras y diosas; El reino animal; Religiones del mundo y mitos antiguos; Imaginación narrativa: literatura, teatro y cine; Política y feminismo; y México, espejo de lo maravilloso. Leonora Carrington. Cuentos mágicos se montará bajo la curaduría de Stefan van Raay y Tere Arcq. Las obras prestadas proceden del The Metropolitan Museum of Art y The Pierre and Maria-Gaetana Matisse Collection, de Estados Unidos, la Tate Modern y Edward James Foundation, de Europa, y de las colecciones mexicanas del Museo Nacional de Antropología, la Fundación BBVA Bancomer, la Colección Pérez Simón y la Galería de Arte Mexicano. **** Leonora Carrington, La trompetilla acústica, FCE, México, 2018, 178 pp. Fotografías: Mariana Flores. * @mauflos


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LA GUALDRA NO. 333 /// 9 DE ABRIL DE 2018

Aquí no pasa nada

El puñetero olor de la muerte. Del filme Soldados de Salamina

Río de Palabras

t

Por Alberto Huerta

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o, no, para nada. Nadie sabe cómo empezó la balacera. Fue de pronto. Una ráfaga… luego otra… y ya no pararon. El que corrió… corrió. Así fue como cayeron las primeras víctimas. No, no, para nada. Una, la primera, es una ama de casa, madre soltera, vive con su pequeño hijo y sus padres, ambos trabajan. Ella, ayudante de cocina. Él, auxiliar de oficina. Ella venía del mercado pensando en si comprar chicharrón o hígado cuando un proyectil la atravesó de lado a lado. La segunda, un oficinista que salió a entregar un documento importante en otra oficina oficial, una bala lo dejó sin poder completar la canción que iba tarareando lleno de contento. La tercera, un viejito que venía de beberse su polla en La Higiénica, jugos y malteadas, una bala lo recargó de madrazo en una pared chorreada de orines. La cuarta, un policía municipal; acababa de entrar en la corporación, no iba armado, no alcanzó a cobrar su primer sueldo. El quinto, un agente viajero, vendedor de lencería; iba al mercado a desayunar un plato de pancita. No, no, de los que participaron en el tiroteo no causaron ninguna baja. Se retiraron en sus camionetas hechos la mocha. No, no, para nada. No hubo detenidos. Aquí no pasa nada. Siempre es todo asquerosamente cotidiano. Todo el mundo anda a las carreras, o dando vueltas por el centro histórico en sus autos, buscando dónde estacionarse. Todos los días es igual. Vuelta y vuelta. Y siempre llegan tarde al trabajo. Las amas de casa, a la carrera para ir a la carnicería, a la pollería, a los puestos de frutas y verduras; cargando un montón de bolsas de camiseta y empujando una enorme carriola. Los jóvenes, jorobados por cargar la mochilota, también llegan tarde a clases, chupando con el popote la malteada en su bolsa de hule, con ojos

/// En La Gualdra presentamos esta pieza de Enrique Barajas Pro, artista plástico originario de Fresnillo, Zacatecas, quien nació un 14 de abril de 1971. Feliz cumpleaños, Enrique.

de sueño y empuñando el celular. Los indigentes van llegando a sus sitios habituales. Lo mismo pasa con los ambulantes que van llenando las banquetas con sus canastos y tijeras, cajas, y enormes sombrillas playeras. Los agentes de tránsito se van ubicando, panzones y gallardos, en sus cruceros. Y así, todo el mundo repite los mismos quehaceres y prisas. Bueno, hasta

Como oraciones t

El pasante

Por Pilar Alba

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omo si fueran oraciones, me aprendí de memoria todas tus mentiras. Las repetía como un credo cada vez que alguien me preguntaba por esto o por aquello. No eran mías, lo reconozco, eran tuyas las palabras que salían de mi boca. Aunque las sabía falsas, huecas, de cualquier modo, las repetía. Las recitaba como oraciones, lo repito, esperando que algún día de milagro, se convirtieran en verdad. Esa verdad que por ahí he escuchado que dicen: a todos salva, pero que a nosotros no nos salvó. Al contrario, por más que las repetí, terminaron por hundirnos, por separarnos poniendo tiempo y tierra de por medio; para que yo despertara, para que dejara de creer en oraciones, para no esperar más milagros, para que pudiera encontrar mis propias palabras. Contar mis propias mentiras.

los señores políticos, relamidos, peinados con mucho gel y agua de colonia, van llegando a sus habituales mesas en los cafés a defender sus trincheras políticas; siempre trajeados de negro, como empleados funerarios, como zopilotes, carroñeros al acecho, siempre acechando. Aguas con ellos. No, joven, aquí, como ve, no pasa nada. Nada de nada. Pero lo que se dice nada.

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Por Vicente Soriano Tlachi

Una patrulla le hizo la señal para que se detuviera. –Credencial de manejo –dijo el patrullero. –No tengo –respondió Carlos. –Amigo, veo que tiene un arma en la cintura. ¿Tiene permiso? –Tampoco tengo. –¿Por qué anda sin papeles y sin permiso? –Tal vez, porque soy un pasante de hierba –dijo Carlos con una tranquilidad y seguridad muy pasmosa que el policía se quedó petrificado. –Jefe, ¿ya puedo irme? Es que allá adelantito –señaló con un movimiento de cabeza–, me esperan. Entonces el policía, sin decirle nada, regresó sonriente a la patrulla. Por el camino iba murmurando: –Viejo pendejo, con esa pinta, quién carajos creerá que es pasante de hierba. Y cada uno siguió su camino.

La gualdra 333  
La gualdra 333  
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