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DIRECTORA GENERAL: CARMEN LIRA SAADE

SUPLEMENTO ESPECIAL. LUNES 23 DEJUNIO, 2014

Obra: Francisco Toledo


El sustento de la vida LUIS HERNANDEZ NAVARRO

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l maíz es una creación humana colectiva iniciada en Mesoamérica. Sin la mano del hombre, sin su laboriosidad y su genio, no existiría. Es resultado del conocimiento, el trabajo, la capacidad de innovación, la solidaridad creativa, la pasión y la curiosidad de millones de productores. Según el poeta Octavio Paz, “el invento del maíz por los mexicanos sólo es comparable con el invento del fuego por el hombre”. El vocablo proviene de la lengua taina de las Antillas. Significa “lo que sustenta la vida”. Alimenta pueblos. En nuestro país se consume 23 veces más que el arroz, nueve más que el frijol y tres veces más que el trigo. El maíz es diversidad. Hay granos blancos, amarillos, rojos, morados y pintos. La riqueza del lenguaje regional describe la multiplicidad de la cultura local. Cada una de esas semillas se siembra en condiciones específicas, dependiendo de la humedad, el tipo de terreno o el objeto de la siembra. El maíz zapalote se usa cuando se necesita tener mazorcas rápido. El olotillo se cosecha para que su delgado olote sirva de tapón a los bules en los que se transporta el agua para beber. El grano del maíz grande es especial para hacer tostadas. Hoy, la producción de maíz en México con base en simientes nativas está en riesgo. La contaminación de las siembras nacionales con semillas transgénicas amenaza el grano y a los pequeños productores que lo siembran. El asunto es delicado. México es centro de origen, domesticación y diversidad de este cereal. El grano es el eje de la producción campesina, base de la dieta popular, y el corazón de una cultura. Es, también, patrimonio de la humanidad. En Mesoamérica los hombres fueron creados no de barro, sino de maíz. Nuestro país es cuna del maíz. Existen aquí 59 razas y cientos de variedades. Autorizar la producción de maíz transgénico sería muy grave. Su cultivo a cielo abierto contaminará esa riqueza, generando efectos imprevistos y no controlados y un irremediable daño ecológico. Desafiará su diversidad Ignazio Bautira, poeta siciliano, decía que “un pueblo es empobrecido y esclavizado cuando le han robado la lengua que sus ancestros le dejaron; entonces, está perdido para siempre”. Lo mismo puede decirse de sus semillas. Desde hace años se ha desarrollado una intensa lucha por definir el futuro del maíz transgénico en México. De un lado se encuentra la salud, la defensa del medio ambiente y la no dependencia alimentaria del país; del otro, los negocios de cinco compañías disfrazados de modernidad y "ciencia". Como acostumbran decir los tzeltales: "es en la semilla donde todo comienza y termina; es el principio y el fin". Ni más ni menos, ese principio y ese fin de nuestra simiente es lo que hoy está en disputa en nuestro país. De ello trata este suplemento.

ndice Carta de

Francisco Toledo Un experto contra el maíz transgénico

Alejandro de Ávila Alimento sagrado

Cristina Barros y Marco Buenrostro Maíz OGM Entrevista

Matilde Pérez U. El Diablo equivocado Entrevista

Matilde Pérez U. Asalto corporativo a las semillas

Silvia Ribeiro Vandana Shiva Entrevista

Angélica Enciso L. El mundo al revés

Elena Álvarez Buylla y Alejandro de Ávila Blomberg La simiente de la resistencia

Ana de Ita Los científicos y la transgenización del campo

Agradecimiento especial a FRANCISCO TOLEDO por su obra gráfica

Antonio Turrent La defensa legal de nuestro grano

Adelita San Vicente Tello

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Los hombres del maíz ante el Tribunal Permanente de los Pueblos

Ramón Vera Herrera

CARMEN LIRA SAADE

LUIS HERNANDEZ NAVARRO

A. ROMERO

Directora General

Coordinador del suplemento

Dirección de Arte

JORGE MARTÍNEZ

FABRIZIO LEÓN

LETICIA MARTÍNEZ MARTÍNEZ MARIANA OLLIN YOLIZTLI

Gerente General

JOSETXO ZALDÚA Coordinador General de Edición

Coordinador de fotografía

MARCO A. HINOJOSA Publicidad

Diseño

A. GUERRA Infografía


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experto CONTRA

EL MAÍZ TRANSGÉNICO

Reseña preparada para el PRO PRO-OAX, OAX AA.C.19 C de marzo de 2014 El 14 de octubre de 2013, el doctor Schubert

dirigió una carta al presidente Enrique Peña Nieto; exhorta a las autoridades federales

a rechazar el maíz transgénico g

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ALEJANDRO DE ÁVILA BLOMBERG

l doctor David R. Schubert es un investigador eminente. Ha sido merecedor en dos ocasiones del Premio Jacob Javits que otorga el Senado de Estados Unidos en reconocimiento a la excelencia en la investigación en neurociencias. Obtuvo, además, el Premio Zenith por su trabajo sobre la enfermedad de Alzheimer. Es profesor en el Salk Institute en San Diego, California, donde dirige el laboratorio de neurobiología celular. El Salk Institute es uno de los centros de investigación médica más importantes en el mundo. El doctor Schubert hizo su doctorado en biología celular, especializándose en inmunología. Realizó una estancia postdoctoral con François Jacob, premio Nobel en fisiología, en el Instituto Pasteur en París. En el Salk Institute, el doctor Schubert se ha dedicado a estudiar las hormonas y otros compuestos químicos que afectan la actividad y la supervivencia de las células del cerebro. Su investigación ha dado nuevas luces sobre el mal de Alzheimer y otras enfermedades degenerativas del sistema nervioso.

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El trabajo del doctor Schubert lo coloca en una posición privilegiada para entender los riesgos que presentan nuevos desarrollos químicos y biológicos como las plantas transgénicas. Él y sus colaboradores con base en su conocimiento profundo de la toxicología y la genética molecular, son uno de los grupos capaces de visualizar con mayor precisión los posibles daños que pueden ocasionar los organismos genéticamente modificados (OGM). Él ha publicado ensayos en

revistas científicas destacadas, donde explica su postura en contra de las plantas OGM por sus efectos sobre la salud humana. Recientemente, envió cartas a los gobiernos de la India y Bangladesh exponiendo sus argumentos para oponerse a la introducción de la berenjena OGM a esos países, de donde es nativa. En ambos casos, la importación se detuvo. El 14 de octubre de 2013, el doctor Schubert le dirigió una carta al presidente Enrique Peña Nieto, al secretario Enrique Martínez, de la Sagarpa y al secretario Juan José Guerra Abud, de la Semarnat. Mediante esa carta, el doctor Schubert exhorta a nuestras autoridades federales a rechazar el maíz transgénico. Él está convencido de que México debe seguir el consejo de los páneles científicos de la India, Bangladesh, la Unión Europea, Japón, Corea del Sur “y la vasta mayoría de los países libres del mundo” en oposición a los cultivos OGM. Las razones son múltiples y la mayoría de ellas ya han sido sustentadas por otros expertos:

1) El maíz transgénico no hace falta, pues no se trata de un cultivo amenazado severamente por alguna plaga. Esta observación es particularmente cierta cuando el maíz se intercala con otras plantas en el sistema de cultivo que conocemos como milpa, donde los campesinos han seleccionado semillas nativas para resistir las plagas locales. 2) Introducir maíz GM a México significa un riesgo ambiental gra-

ve, puesto que la planta es nativa de nuestro país y los transgenes van a degradar sus poblaciones naturales. El doctor Schubert considera que no hay duda acerca de ese deterioro: si se intro-


ducen semillas OGM en nuestro territorio, México dejará de ser centro de diversidad biológica y tesoro mundial de variedades de plantas capaces de combatir el cambio climático y las enfermedades vegetales del futuro.

3) El maíz transgénico encarecerá la producción de la comida:

comprar la semilla año con año, en lugar de guardarla como lo han hecho siempre los campesinos, aumentará los costos a todo lo largo de la cadena alimentaria. Los pequeños productores, quienes son el sector más importante de los agricultores en México, serán los más afectados por los costos más altos y por los fracasos potenciales de los cultivos, debido a que el maíz OGM no prosperará en todas las áreas de siembra, dada la gran heterogeneidad de climas y suelos en nuestro país, mientras las semillas que se introduzcan terminarán por contaminar a todas las variedades nativas.

4) El maíz OGM incrementará la depen-

dencia social y política de la población hacia los monopolios: una vez que las compañías trasnacionales dominen el mercado de semillas de cualquier planta, seguirán introduciendo semillas GM de otros cultivos y agrandarán su poder sobre los campesinos (que siguen siendo un segmento considerable de la población mexicana) y sobre los procesos políticos. El doctor Schubert nos hace ver que esto ya ha ocurrido en Estados Unidos, donde “las compañías semilleras son el principal apoyo financiero de ambos partidos políticos (republicanos y demócratas), y tienen personas designadas en cargos de alto poder para dictar políticas agrarias nacionales e internacionales”.

5) No habrá vuelta atrás si el maíz transgénico se introduce

a México, pues las variedades nativas se contaminarán de manera irreversible por los transgenes, aunque las semillas OGM entren al país en escala modesta. El doctor Schubert piensa que no hay lugar a dudas sobre este hecho, y la única manera de prevenirlo es no permitir su siembra.

El sexto motivo para oponerse al maíz OGM se refiere a sus efectos sobre la salud humana: es aquí donde el autor se explaya con base en su experiencia como investigador médico, al dedicar a este tema más de cinco páginas en su carta a las autoridades mexicanas. Se centra en la amenaza que representa consumir grandes cantidades, con poco o ningún procesamiento, de la proteína Bt (insertada al maíz a partir de la bacteria Bacillus thuringiensis, de ahí su nombre), así como los riesgos que conllevan los herbicidas y otros agroquímicos aplicados en los cultivos transgénicos. Antes de detallarlos punto por punto, el doctor Schubert se ve obligado a desmentir en primer lugar algunos mitos usados por los promotores del maíz OGM para alegar que es inocuo.

CONTRA LOS TRANSGÉNICOS: FRANCISCO TOLEDO

ALEJANDRO DE ÁVILA BLOMBERG Maestro en psicobiología. Director del Jardín Etnobotánico de Oaxaca


Según los partidarios de los transgénicos, no se han encontrado padecimientos humanos que se puedan atribuir al consumo de maíz Bt en Estados Unidos; afirman, por consiguiente, que debe ser un alimento seguro para comer. El doctor Schubert demuestra que esta conclusión no es válida por varias razones. En primer lugar, los estadunidenses ingieren de manera directa sólo una pequeña fracción del maíz Bt que producen: la mayor parte la usan para alimentar ganado y para elaborar aceite, jarabe dulce y alcohol, productos que no contienen la proteína Bt. El maíz que sí lleva esa proteína se come principalmente en forma de alimentos altamente procesados: por ejemplo, las frituras que se consumen como botana y que no son componentes fundamentales de la dieta. En México, en cambio, ingeriríamos grandes cantidades de la proteína Bt del maíz OGM que se cultivaría puesto que el grano es nuestro alimento básico. Lo prepararíamos de numerosas maneras, como acostumbramos en nuestra gastronomía tradicional, lo cual significa que esa proteína podría ser modificada químicamente en formas imprevistas y eventualmente tener efectos tóxicos inesperados y respuestas desconocidas en el sistema inmunológico. Aunque existan algunos estudios acerca de la seguridad del maíz OGM como alimento en otros países, no se han analizado los efectos que puede tener para la salud la proteína Bt bajo los distintos métodos de procesamiento del grano empleados en México. Falsean la lógica de la ciencia quienes afirman que los alimentos OGM son seguros para la salud, al no hallar evidencia de enfermedades relacionadas con ellos. Para afirmarlo con sustento, opina el doctor Schubert, tendría que hacerse un experimento bien diseñado, con controles adecuados. Además, es muy difícil estudiar los efectos de los cultivos transgénicos en la salud porque los alimentos derivados de ellos no son etiquetados. Al autor le preocupa mucho que los productos OGM se introduzcan al mercado mexicano porque sabe que será imposible detectar los daños que causen. Esta incapacidad se debe a la falta de estudios epidemiológicos y a las limitaciones técnicas del sistema de salud. Un ejemplo lo explica mejor: para detectar que una enfermedad se ha convertido en epidemia, se requiere una incidencia por lo menos del doble de la tasa normal. Peor todavía si los síntomas de muchos padecimientos relacionados con factores ambientales como la alimentación tardan décadas en manifestarse. Por ello, una vez que el maíz OGM fuera liberado en forma comercial en México, no habría forma de monitorear los efectos adversos para la salud ocasionados por el producto mismo. Las reflexiones del autor lo conducen a un señalamiento amargo e indignante: las empresas que promueven los cultivos transgénicos están conscientes, por todas las razones expuestas, de que ellas nunca tendrán que rendir cuentas por los daños físicos que sus productos puedan causar a los seres humanos. Después de esta advertencia, el doctor Schubert se enfoca en los efectos pormenorizados de la proteína Bt y el glifosato (un herbicida) para la salud humana, en vista de que la mayoría de los maíces transgénicos han sido manipulados para hacerlos resistentes contra algunos insectos (variedades Bt) y herbicidas.

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I. El maíz Bt y la salud humana

La Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en

inglés) de Estados Unidos (EU) recomendó hacer pruebas exhaustivas de seguridad de los cultivos Bt, cosa que nunca se hizo porque ese país no cuenta con una legislación federal rigurosa que obligue a los promotores de alimentos OGM a cumplir la tarea. Hay por lo menos cuatro formas en que puede causar daño la incorporación al maíz del gen que codifica la toxina Bt. La primera es que los transgenes se inserten al azar en el ADN (ácido desoxirribonucleico, molécula que plasma la información transmitida de una generación a otra) de la planta, con resultados no intencionados. Se han descubierto en cultivos de tabaco OGM, por ejemplo, nueve compuestos químicos que propician el cáncer, efecto que no se esperaba. Una segunda forma de causar daño es que la proteína insertada en la planta altere su metabolismo y produzca compuestos químicos tóxicos. Este mecanismo explica la producción anormal de lignina (polímero que forma parte de la pared celular de las plantas y las hace leñosas) en maíz Bt, efecto que ha sido constatado en distintas variedades. La tercera forma es que la proteína Bt induzca una respuesta inmunológica. Las alergias son respuestas complejas de nuestro sistema de defensas ante sustancias extrañas y pueden variar de manera impredecible de un individuo a otro. Hay evidencia sólida de que dicha proteína ha provocado reacciones inmunológicas fuertes en algunas personas después de trabajar en


el campo. El doctor Schubert hace hincapié en que la dosis del alérgeno a la que han estado expuestos los agricultores en EU que han reaccionado de esa forma es mucho menor que la cantidad que ingeriremos los mexicanos si se aprueba el cultivo comercial del maíz Bt. Para corroborar este riesgo, cita un estudio de alimentación en cerdos, que tienen un sistema digestivo similar a los humanos. Después de cinco meses, se encontraron niveles dramáticos de inflamación estomacal en esos animales, y las hembras mostraron úteros más pesados que el grupo de control, formado por cerdos que no comieron maíz OGM. Una cuarta forma de causar daño es una toxicidad directa de la misma proteína Bt. Los estudios experimentales con roedores han mostrado que estos compuestos, en realidad una familia de proteínas, causan daños directos en algunos tejidos. Los ratones que fueron alimentados con papa Bt terminaron con una estructura anormal en sus células intestinales. En otros estudios, las ratas que se criaron con maíz Bt presentaron cambios patológicos en los tejidos de hígado y riñón, y cambios en los niveles de urea y proteínas en la orina cuando consumieron arroz Bt. Las particularidades genéticas y el estado de salud de cada individuo determinan su respuesta a proteínas extrañas como la toxina Bt. El doctor Schubert resalta que la heterogeneidad de la población mexicana, por nuestra ascendencia étnica mixta y por nuestras condiciones variables de acceso a la atención médica, hará imprevisibles las consecuencias del consumo de maíz Bt. Por ello no debe permitirse que se cultive este grano transgénico en nuestro país.

II. Los herbicidas

Además de producir toxinas Bt, la mayoría de los maíces OGM han sido manipulados para hacerlos resistentes a los herbicidas; el más estudiado de éstos es el glifosato, por ser el ingrediente activo en muchos productos comerciales. Si el maíz transgénico es autorizado para cultivo en México, habrá un incremento drástico en el uso de este agroquímico en nuestro país, como sucedió en Estados Unidos, donde se incrementó diez veces entre 1996 y 2009. Otro tanto ocurrió en Argentina. Esto debe preocuparnos porque el glifosato perjudica la salud humana, aunque sus productores lo nieguen. Como ha sucedido con otras toxinas ambientales, tuvieron que pasar varios años antes de que se pudieran identificar los daños que ocasiona:

3. Dentro de diez o quince años, las malezas serán más resistentes al glifosato, simplemente por selección natural, y entonces se requerirán herbicidas todavía más tóxicos para cultivar el maíz OGM. El siguiente herbicida en línea es el 2,4-D, que es bien conocido como una sustancia que provoca cáncer. 4. En Alemania, como debe ocurrir también en otros países, se

ha encontrado glifosato en la orina de muchas personas en el campo e incluso en las ciudades, donde su presencia se debe al consumo de alimentos que fueron rociados con el herbicida.

5. Además de aplicarse como herbicida, el glifosato también se

usa hoy día para secar las plantas antes de cosecharlas, lo cual explica en parte por qué han aumentado tanto sus concentraciones en el agua potable, en los alimentos humanos y en los forrajes.

6. La toxicidad de este herbicida representa un riesgo serio para la salud

humana por múltiples razones:

a) Cuando uno lo ingiere en la comida o en el agua, el glifosato elimina bacterias que forman parte de nuestra flora intestinal benéfica, y provoca así que los microbios patógenos proliferen.

b) Los cerdos alimentados con forraje transgénico tratado con glifosato mostraron un aumento en la inflamación intestinal nueve meses después. c) Las ratas alimentadas durante dos años con maíz OGM resistente a herbicidas presentaron un gran incremento en la formación de tumores. d) Se conocen cada vez más casos de enfermedades en personas que han estado expuestas al glifosato en Argentina y otros países.

e) El herbicida provoca defectos en el desarrollo de embriones de pollos y de anfibios, incluso en concentraciones bajas; se han observado efectos similares en bebés humanos en Argentina.

1. El producto comercial que se aplica como aerosol no sólo con-

tiene el herbicida, sino que es una mezcla de compuestos químicos que ayudan al glifosato a penetrar en todos los tejidos de las plantas, tanto las partes que nos comemos como las que desechamos. Esos aditivos, llamados surfactantes o tensoactivos, son un secreto industrial que las empresas productoras no están obligadas a revelar; por lo tanto, esas sustancias no se someten a pruebas de seguridad. Si bien constituyen la mayor parte del producto comercial, sus concentraciones no son monitoreadas en las plantas, en el agua potable ni en nuestro cuerpo. El consumo humano y animal de estos aditivos no evaluados aumentará dramáticamente si se autoriza el cultivo del maíz OGM en México.

2. El herbicida y los demás componentes del producto comercial

aplicado como aerosol penetran y se quedan dentro de todas las partes de la planta hasta que nos comemos los granos, los frutos o las hojas; no importa que los lavemos.

El doctor Schubert nos alerta de que las concentraciones del herbicida aumentarán rápidamente en nuestros alimentos y en nuestro medio ambiente si se autoriza el cultivo del maíz transgénico en México. De nada servirá su uso si las malas hierbas desarrollan resistencia genética al glifosato dentro de diez o quince años, como ya ha sucedido en otras regiones del mundo. ¿Vale la pena, entonces, correr tantos riesgos? Él concluye que el maíz OGM no representa beneficio alguno para nuestro país. Por el contrario, significa un gran peligro para la salud de los mexicanos: “sería un profundo error que el maíz transgénico entrara al suministro alimentario de México”. El texto original y las referencias pueden consultarse en: http://www.uccs.mx/downloads/visit.php?id=file_52b7e67083000

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El

ALIMENTO

sagrado CRISTINA BARROS

Maestra en letras. Autora de la obra

Los libros de la cocina mexicana

MARCO BUENROSTRO

Ingeniero civil y maestro de historia. Autor, junto con Cristina Barros, del libro Vida

cotidiana ciudad de México 1850-1910

Cristina Barros y Marco Buenrostro

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l maíz ocupa en México un lugar privilegiado, es protagonista en la mesa de millones de personas en el territorio nacional. Pero más que un alimento, el maíz tiene connotaciones simbólicas: se le considera sagrado. En torno al ciclo agrícola hay ceremonias y fiestas desde tiempo inmemorial, que comprenden una manera de ver el mundo. El maíz es deidad, una creación cultural que fusiona al hombre con esta planta prodigiosa; sus características son producto del conocimiento biotecnológico de los mesoamericanos. El salto cualitativo que va de su antepasado, el teocintle, a las plantas de maíz actuales y sus frutos —las mazorcas— es mayor que el de cualquier otra planta domesticada. Además, los vínculos de los antiguos mexicanos y sus descendientes con la naturaleza han permitido que haya maíces para toda clase de suelos, climas y altitudes. Por si fuera poco, la planta se aprovecha de manera integral: la raíz es medicina y, por sus azúcares, la caña tierna es golosina; las hojas verdes de la planta son el embalaje perfecto para los quesos frescos y otros alimentos; también sirven para envolver tamales como las corundas. Las espigas tostadas se aprovechan en atoles y otras preparaciones; cuando apenas apunta el maíz, los jilotes pueden comerse crudos o preparase en salmuera; ya

crecidos los elotes, se comen asados o hervidos; sus granos se usan en múltiples preparaciones. Con los “cabellitos” se hacen infusiones para algunos padecimientos de las vías urinarias; sus hojas sirven como embalaje y para envolver tamales. Cuando la mazorca llega a la madurez, los granos pueden molerse y convertirse en harina, pero sobre todo se preparan como nixtamal, que, molido, será la masa básica para innúmeras preparaciones. Las hojas se usan en la artesanía y son forraje para los animales; finalmente los olotes servirán como tapones para cantimploras y botellas, para hacer una pipa o las ruedas de un carrito artesanal. Ya seca la planta es abono y forraje; hasta el último momento sirve a las familias campesinas. En las preparaciones que se hacen con espigas, jilotes, elotes y mazorcas se han dado vuelo las cocineras mexicanas: por eso también en la cocina el maíz supera notablemente al arroz y al trigo. Como escriben E. N. Anderson y Marja L. Anderson en su libro La comida en la cultura china: perspectivas antropológicas e históricas, las variedades de arroz y sus usos en la comida no se comparan con las variedades de maíz que lograron los indios mesoamericanos. Las 60 razas de maíz y sus más de 20 mil variedades res-


FOTO: XINHUA

ponden en muchos casos a la manera en que se emplean en la cocina. Los maíces palomeros revientan en seco y los pozoleros en líquidos; también hay maíces para pinole, y en especial hay maíces para nixtamal, pues una buena tortilla requiere de una masa con la elasticidad o “correa” necesaria para que el taco se enrolle debidamente y la tortilla no se rompa al mojarla en las salsas para enchiladas. Esto no ocurre, por cierto, con las tortillas de maíz industrializadas, pues no llevan grano de calidad y en el proceso no se completa la nixtamalización. Los totopos del Istmo oaxaqueño tienen que elaborarse con maíz zapalote; cuando no es así, se modifican su sabor y consistencia. Los colores del maíz tienen connotaciones especiales: los rojos, morados y negros son indispensables en la preparación de atoles ceremoniales como el xocoatole de Semana Santa entre los mazahuas, o el atole rojo para las fiestas patronales en San Juan Ixtenco. Tenemos, además, los puntos de madurez. En el Recetario del maíz que publicó el Museo Nacional de Culturas Populares, y que registra más de 600 preparaciones, están presentes elotes verdes —como en caso del atole nuevo maya—, elotes muy tiernos, elotes tiernos, elotes ni muy tiernos ni muy sazones, o elotes sazones o camahuas, como los que se usan

para hacer ciertos tlaxcales. Como ya vimos, con los granos maduros se hace el nixtamal, importante aportación tecnológica mesoamericana que da lugar a la masa. De ahí surgen tortillas de distintos grosores y aun decoradas como las de Guanajuato. También gorditas, memelas, chalupas, bocoles, polcanes, chilapeñas, huaraches, tostadas de maíz azul, tlayudas… Los tamales pueden ser muy pequeños como algunos del norte o grandes como el zacahuil; desde el río Bravo hasta el Suchiate hay más de 300 variedades de ellos, y otro tanto podemos decir de los atoles. La masa es espesante en cuachalas y pascales. Con maíz puede darse una comida completa de la botana al postre; hay también bebidas de maíz como el tesgüino, el pozol y el tascalate. Si vamos a la milpa, que es “su cuna y su morada”, este universo culinario sería infinito. La calidad y sabor de la cocina mexicana dependen de que los maíces sean de la variedad que requieren los platillos y de que estén bien cultivados. Nuestra cocina es Patrimonio de la Humanidad; cuidar el maíz es honrarla. Mayo de 2014

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MAÍZ,

F A V O R

D E

L O S

ogm

organismo genéticamente modificado

Autorizar la siembra comercial de maíz genéticamente modificado en el norte del país contribuirá a enfrentar el cambio climático; traerá consigo beneficios sanitarios y de salud humana, ya que los agricultores reducirán sus exposiciones a sustancias químicas; atenuará la fragilidad del país en su

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Matilde Pérez U.

a biotecnología, destaca Monteagudo, es amigable con el cuidado y preservación de la diversidad biológica; no es una panacea, pero sí una alternativa viable y sustentable que puede contribuir a elevar la productividad en el maíz. En los mercados internacionales, ayudará a que los productores mexicanos se enfrenten en igualdad de circunstancias a los grandes productores de maíz como Brasil, Argentina, China, Sudáfrica, Canadá. Es una opción para que la población rural supere la pobreza. Expone que en los cuatro años (2009 a 2013) de siembras piloto y experimentales de maíz OGM en Sinaloa, sur de Sonora, Chihuahua, norte de Tamaulipas y Comarca Lagunera, los hallazgos han permitido confirmar que el maíz OGM es equivalente, agronómicamente hablando, al convencional. No requiere un manejo distinto, son las mismas prácticas culturales para uno y otro; se ha confirmado su eficacia biológica, pues sólo tiene un efecto pesticida sobre las plagas para las cuales fue diseñado; no hay un impacto negativo para el resto de la fauna y puede ser benéfico para los cultivos. Esta tecnología también permite un uso más racioALEJANDRO nal y enfocado de los agroquímicos, que se traduce MONTEAGUDO en beneficio económico por una menor inversión en Director general de los insumos. La disminución de ellos depende de la AgroBio México región y del ciclo de siembra. También permitirá un mejor aprovechamiento de la humedad y del agua. Se está estimando en cuánto podría disminuir el consumo de riego y el requerimiento de humedad para el desarrollo óptimo de los cultivos. Hoy sería un poco aventurado ponerlo en términos de volumen de consumo, pero está encaminado a no sólo disminuir el número de riegos, sino también a espaciarlos para aprovechar mejor la humedad. Monteagudo comenta que en el caso de México el programa piloto sólo es de resistencia a insectos y tolerancia a herbicidas o la combinación de ambos; no se ha llegado a la etapa de cultivos resistentes a sequía. En Estados Unidos ya está en etapa comercial

ENTREVISTA

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seguridad alimentaria y ayudará a disminuir la migración campesina, sostiene Alejandro Monteagudo, director general de AgroBio México, en la que participan Bayer, Dow AgroScience, Monsanto, Pioneer Hi Bred (filial de Du Pont) y Syngenta y, pronto exhibirán los resultados. A África llegará en 2017 o 2018, y en México ¿cuándo se podrá experimentar esta tecnología? Esto dependerá de diversos factores, pero en caso de que las industrias presenten solicitudes para ese factor específico tendrán que seguir el principio de “paso por paso y caso por caso”, como marca la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados. Respecto a las tres solicitudes que en marzo del año pasado presentó Monsanto para la siembra comercial de maíz transgénico en Chihuahua, Durango y Coahuila, cada una de ellas para 11 millones 985 mil 915 hectáreas, Monteagudo confía en que la autoridad pronto se pronuncie en algún sentido. Sin embargo, la orden del juez décimosegundo en materia civil del DF a las secretarías de Agricultura (Sagarpa) y de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) de suspender cualquier permiso para la siembra de maíz transgénico impide que dichas instituciones puedan emitir nuevos permisos. “Carece de sentido que se impida la liberación experimental y piloto, pues con ellas se genera información, evidencia, datos y cifras que permitan a autoridades, investigadores y a la sociedad decir si el maíz OGM en México tiene o no futuro. Sin esos datos nos volvemos a quedar en una especie de limbo porque no se genera el conocimiento necesario para tomar las mejores decisiones”, afirma el entrevistado. Para resolver, dice, la autoridad puede evaluar lo que se ha hecho hasta ahora. Los cuatro años de siembras experimentales y piloto han servido de respaldo a las solicitudes comerciales para siembra; la información es evaluada, pero si al final la autoridad no se puede pronunciar, la información y resultados serán guardados. “Esperamos —expresa Monteagudo— que se permita a la autoridad pronunciarse y que esta situación se supere pronto para poder responder a los productores que la demandan”. Agrega que “el hecho de contar con permisos de siembra comercial de maíz OGM no significa que el país esté invadido por ese tipo de cultivo, pues, como cualquier producto del mercado, deberá demostrar que es confiable y que conviene su adquisición. Esperamos que se reconozca el derecho del productor a elegir, que las decisiones se tomen con base en evidencia científica y no en supuestos ni en ideologías, y contar con instrumentos de política pública claros para aprovechar esta tecnología”.


T R A N S G É N I C O S

El diablo equivocado Los transgénicos no dañan a la salud humana, ya que hasta la fecha no hay prueba científica contundente al respecto, afirma Luis Herrera Estrella, director del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad (Langebio) del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), Irapuato. El investigador, que junto con su equipo descifró el ge-

noma del maíz palomero, afirma que la discusión en torno a la siembra piloto, experimental y comercial de maíz genéticamente modificado (OGM) es más un asunto sentimental y de postura política. Sostiene que el maíz OGM no representa ningún riesgo de contaminación para las 59 razas nativas.

Matilde Pérez U.

¿

Cuál es su opinión sobre los transgénicos y el maíz OGM? ¿Son benéficos para los productores?

Los transgénicos representan una tecnología para contender con el reto de incrementar la producción de alimentos en las próximas décadas, para desarrollar una agricultura más sustentable y más amigable con el medio ambiente. Es una tecnología que lleva alrededor de 30 años en desarrollo. Me tocó la suerte de realizar la primera planta transgénica cuando estaba estudiando el doctorado en Bélgica. La Organización Mundial de la Salud dice que no hay evidencia de que los alimentos transgénicos pudieran causar algún daño a animales o humanos y concluye que el riesgo potencial de los alimentos genéticamente modificados a la salud humana es similar al de los productos convencionales. Es decir, son tan malos o tan buenos como los normales. Los transgénicos son una fregonería. Estoy de acuerdo en que estén en contra de los monopolios. Es muy riesgoso que empresas como Monsanto tengan el monopolio de las semillas, no de las transgénicas, porque ellos ya tienen monopolio de la semilla tradicional. Cuando afirman que con los transgénicos van a tener un monopolio, dicen una mentira: eso ya ocurrió hace 40 años. El 90 por ciento de los híbridos que se usan en la agricultura tradicional de maíz, sorgo, chile, tomate, son fabricados y vendidos por Monsanto. A mí me preocupan los fertilizantes: su uso excesivo causa desastres en el país. En Langebio buscamos un organismo que coma una molécula de fosfato; nos fuimos a Cuatro Ciénegas y encontramos una maravillosa bacteria que puede comerse a otra parecida al fosfato que se llama fosfito. Esta bacteria toma del agua el fosfito, lo convierte a fosfato y lo puede utilizar como nutriente; esa bacteria se está autofertilizando y entonces hicimos una planta que se autofertiliza. El fosfito es resultado de la investigación. Mi problema es que nunca voy a poder desarrollar esto porque los grupos que están en contra han hecho que la ley pida tantos requisitos que cuesta 50 millones de dólares aprobar un proyecto para probar mi producto.

¿Este dinero sí lo tienen las empresas? ¿Qué me dejan? Vendérselo a Monsanto para que siga de monopolio. La ironía de la situación es que los grupos opositores han pedido que se hagan tantos análisis que lo que han garantizado es el monopolio de Monsanto.

ENTREVISTA LUIS HERRERA ESTRELLA

Director del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad (Langebio) del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), Irapuato

¿Contaminará el maíz transgénico a los nativos? Si por contaminación se refiere a que tendrán un gen más, sí se van a contaminar. Pero no es contaminación, sino una cruza, una transferencia de genes; no va a pasar nada; no vamos a evitar que los maíces criollos evolucionen como lo han venido haciendo desde hace 10 mil años con la adquisición de nuevas características.

El ex rector de la UNAM José Sarukhán ha lanzado una advertencia en torno a las siembras de maíz transgénico en fase de experimentación en el norte del país. La única manera de saber qué va a pasar es experimentando. Ellos quieren información, pero sin experimentación. Así llevamos casi 20 años. Eso es una posición estrictamente política.

¿El fondo del asunto? Es político. Estoy de acuerdo en que debemos estar en contra de los monopolios, pero la solución no es oponerse a Monsanto ni a las otras empresas. ¿Por qué agarrar este estandarte cuando hablamos de producción de alimentos si dentro de 20 años México va a necesitar producir 30 por ciento más alimentos? Una posición más constructiva y nacionalista es tener una política nacional de investigación, desarrollo tecnológico y empresas mexicanas que produzcan y comercialicen semilla.

¿Cree que esta campaña que están haciendo diversos grupos es más en contra de la investigación como la que ustedes realizan aquí? No, es una campaña contra el diablo. Hay que montar un diablo.

¿El diablo tiene un nombre? No, el diablo son los transgénicos y atrás del diablo están las trasnacionales. Tienen el diablo equivocado. Quienes atacan a la tecnología como si fuera el diablo están equivocados, porque el diablo está en otro lado.

La discusión en el país se concentra en el maíz OGM. Se centra por un asunto sentimental. Es más fácil revolverle la cabeza a la gente cuando hablas de maíz, por lo que significa para el país.

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semillas ASALTO CORPORATIVO A LAS

Nunca en la historia de la agricultura y la alimentación

ha habido una concentración tan grave de la industria de semillas,

llave de la red alimentaria

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SILVIA RIBEIRO

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Investigadora del Grupo ETC

SILVIA RIBEIRO

os transgénicos han sido una estrategia fundamental para ello. Solo seis empresas trasnacionales – Monsanto, DuPont, Syngenta, Dow, Bayer, Basf– controlan el 100 % de las semillas transgénicas cultivadas en el mundo y todas son originalmente fabricantes de químicos. Hace 35 años, había miles de empresas semilleras y ninguna tenía el 1% del mercado global. Hace 20 años, las diez mayores compañías de semillas ya tenían el 30 % del mercado comercial global y Monsanto no estaba en la lista. Actualmente Monsanto sola tiene el 26% del mercado global de todo tipo de semillas. Con DuPont y Syngenta controla el 53% del mercado mundial de semillas comerciales de todo tipo. Las diez mayores semilleras controlan el 75.3 % (ETC Group, 2013). Monsanto, DuPont y Syngenta están entre los 10 principales fabricantes de agrotóxicos, desde hace más de 20 años, cuando esos 10 controlaban el 81% del mercado global. Hoy alcanzan un increíble 95%. Para dominar el mercado semillero Monsanto compró, entre otras, las semilleras Agroceres, Asgrow, Cristiani Burkard, Dekalb, Delta & Pine, Seminis, la división semillas de Cargill Norteamérica. DuPont compró el gigante Pioneer-HiBred; Novartis y AstraZeneca se fusionaron para formar Syngenta. Este asalto al sector semillero por parte de los fabricantes de venenos explica que más del 85% de los cultivos transgénicos sean manipulados para tolerar agrotóxicos, el mercado que les da más ganancias. Aunque las mismas empresas controlan la mayoría de las semillas comerciales, genéticamente modificadas o no, prefieren vender transgénicos, pese a que, según 16 años de estadísticas oficiales de Estados Unidos, éstos han demostrado tener menor productividad por hectárea y usar mucho más agrotóxicos, además de ser significativamente más caros. O sea, pese a ser un producto peor que los híbridos que ya estaban en el mercado, un absurdo que lograron gracias a su dominio del mercado. Prefieren transgénicos por varias razones: al ser semillas resistentes a agrotóxicos, aumentan sus ventas en ambos rubros. Además, como todas están patentadas, guardar semilla para la próxima siembra se volvió ilegal, lo que les asegura más dependencia de los agricultores y ganancias extras al llevar a juicio a quienes se contaminan con sus transgenes patentados. Así han realizado cientos de juicios contra agricultores en Estados Unidos y es el camino que sigue para México. (Center for Food Safety, 2013). Pese a este sombrío panorama, aproximadamente las tres cuartas partes de las simientes que se usan en el mundo son semillas propias en manos de los campesinos, campesinas y agricultores de pequeña escala. En México la situación es similar. El 85 por ciento de los que trabajan la tierra son campesinos con predios menores de 5 hectáreas. Del total de la superficie sembrada con maíz, en el 30 por ciento se usan semillas híbridas, mientras que en el 70 por ciento se emplean variedades campesinas o acriolladas. En la década de los sesenta del siglo pasado, el Estado promovió la generación de variedades, producción y comercialización de semillas públicas, con lo cual, entre


ÁREA GLOBAL DE CULTIVOS BIOTECNOLÓGICOS 2010 Dátos en millones de hectáreas

Center for Food Safety, (2013). Seed Giants vs U.S. Farmers. En Center for Food Safety, disponible en http://www.centerforfoodsafety.org/files/seedgiants_final_04424.pdf ETC group, (2013). “El carro delante del caballo. Semillas, suelos y campesinos. Quién controla los insumos agrícolas 2013.” En ETC Group, disponible en http://www.etcgroup.org/es/content/el-carro-delante-del-caballo-semillassuelos-y-campesinos

Grain, (2013) “Leyes de semillas en América Latina, una ofensiva que no cede y una resistencia que crece.” En Grain, disponible en http://www.grain.org/ article/entries/4801-leyes-de-semillas-en-america-latina-una-ofensiva-queno-cede-y-una-resistencia-que-crece-y-suma Luna Mena, B. et al, (2012) “Perspectivas de desarrollo de la industria semillera de maíz en México”, en Rev. Fitotec. Mex. Vol. 35 (1): 1 - 7, 2012

éstas y las semillas campesinas se cubría básicamente la totalidad de la demanda nacional. Este sistema público fue desmantelado a partir de 1991, año en que se permitió participar sin restricciones al sector semillero privado. La sucesiva creación y modificación de leyes derivó en un vertiginoso avance del sector semillero multinacional en el país. Actualmente la corporaciones transnacionales dominan la venta de semillas comerciales en todos los cultivos y, en maíz, Monsanto y DuPont venden el 95 por ciento de la semilla híbrida (Luna Mena et al, 2012). La Asociación Mexicana de Semilleros A.C. (AMSAC) refleja claramente esta situación de oligopolio. De los siete miembros de su consejo directivo en 2014, seis son transnacionales. Monsanto, DuPont (PHI México), Dow AgroSciences y Syngenta, las empresas que presionan para plantar maíz transgénico en México, están en ese consejo. La AMSAC ha sido un cabildero principal para promover los transgénicos y también para ajustar las leyes a las exigencias de las transnacionales. Son quienes estuvieron detrás de la formulación de la Ley de Producción, Certificación y Comercio de Semillas de 2007, que avanzó por varios sitios para dar garantías y ventajas al oligopolio semillero transnacional, estableciendo desde incentivos a la privatización y certificación de semillas hasta registros que tienden a ilegalizar el intercambio informal de semillas y culpabilizar a los que no usan la certificada por “contaminación”. Esta ley se complementa con la protección que otorga la Ley Federal de Variedades Vegetales a su propiedad intelectual sobre semillas (derechos de obtentor), factor fundamental para que las empresas puedan demandar a los agricultores contaminados con transgénicos. Sin embargo, con la presente ley no les alcanza y buscan hacerla más restrictiva. Según la AMSAC, una de sus prioridades para 2014 es lograr el cambio de esa ley para armonizarla con los requerimiento del convenio internacional UPOV 91, que convierte los derechos de obtentor casi en equivalentes a patentes (Grain, 2013). Además de serios impactos a la biodiversidad, la salud, y el ambiente, permitir cultivos transgénicos en México significa entregar la soberanía y la decisión sobre qué comemos, y a qué costo, a unas pocas transnacionales.

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ENTREVISTA VANDANA SHIVA

Cient铆fica, fil贸sofa y escritora india. Activista en favor del ecofeminismo. Recibi贸 el Pemio Nobel Alternativo en 1993.


prueba

de A

PARA NUESTRA SOBERANÍA ALIMENTARIA AAngélica ngélicaa EEnciso nciso LL.

nte la expansión de productos transgénicos que endeuda a los productores y atenta contra la soberanía alimentaria de los países, es fundamental la libertad de los campesinos de guardar e intercambiar las semillas de sus alimentos, sostiene la científica india Vandana Shiva. India es un caso emblemático: alrededor de 284 mil campesinos se suicidaron entre 1995 y 2012. La trasnacional Monsanto introdujo en ese país el algodón transgénico, cuyas semillas los campesinos deben comprar y no pueden guardar, como tradicionalmente lo habían hecho con las nativas. Esto llevó a la ruina a miles de campesinos. La mayor parte de los suicidios se dio en la franja algodonera y coinciden con la llegada de esa corporación, señala la autora de alrededor de 20 libros y ganadora del Premio Nobel Alternativo en 1993. —¿Cómo se han defendido contra la introducción de berenjena transgénica, cultivo básico en su alimentación? El debate no se trata sólo de un vegetal. Es una prueba para nuestra soberanía alimentaria y nuestra democracia. Para proteger la berenjena orgánica se requiere una moratoria, y el gobierno debe establecer sistemas de evaluación de bioseguridad interdisciplinarios y procesos regulatorios de bioseguridad interministeriales, independientes de la industria de la biotecnología. También tiene que haber un sistema de etiquetado de los organismos genéticamente modificados para respetar el derecho de los ciudadanos a saber lo que comen. Esto es imprescindible para proteger nuestra soberanía alimentaria y nuestra democracia. “La ingeniería genética necesita una evaluación cuidadosa, ya que consiste en la transferencia de genes de un organismo a otro totalmente ajeno. Los impactos son totalmente impredecibles. Esto fue lo que llevó a los padres fundadores de la ingeniería genética a pedir una moratoria sobre la ingeniería genética en California, en 1972. Sin embargo, fue secuestrada por Wall Street y la industria de la biotecnología. Propagaron estos cultivos con falsas promesas, como la idea de que se usaría menos pesticidas, cuando lo que ocurre es que las plagas se hacen más resistentes y surgen nuevas..

—¿Cuál es el significado profundo de evitar la monopolización de las semillas y lograr su libre acceso? El movimiento planetario Libertad de semillas es un movimiento en defensa de los derechos de la Madre Tierra y todas sus

Maharas Explica que gran parte de los suicidios se presentaron en Maharashtra, el estado con la mayor área de cultivo de algodón Bt de Monsanto, pero el escenario de Vidarbha es desolador: de 52 suicidios en 2001 se pasó a mil 248 en 2007. Las historias de las familias de los campesinos que se mataron es trágica. “Las viudas heredaron las deudas de sus esposos y trabajan 24 horas para poder pagarla y sobrevivir. El algodón transgénico se extendió porque todas las alternativas tradicionales fueron destruidas”. Además, es falso que genere más rendimientos que las semillas nativas, advierte. Defensora del papel de las mujeres en la conservación de la biodiversidad, en los últimos años ha centrado su activismo con su organización Navdanya, en la defensa de las semillas tradicionales y en contra de los transgénicos y las grandes corporaciones. Visitó México el pasado abril, y se dio tiempo para una charla con La Jornada.

especies; es un movimiento por el derecho fundamental de los agricultores y granjeros a tener su propia semilla, para guardar, intercambiar o venderlas, como ha sido la tradición en las culturas campesinas a través de miles de años. Es la libertad de la sociedad de tener acceso a alimentos inocuos y nutritivos. Es un movimiento para lograr la libertad frente a las corporaciones, las cuales entienden como libre comercio destruir las especies.

—Usted es una critica de la revolución verde. Tenemos que entender que herbicidas y plaguicidas son sustancias que se utilizaron en la Segunda Guerra Mundial, como el agente naranja, producido por Monsanto, o los organofosforados. Los juicios de Nuremberg hablan de estas sustancias tóxicas como armas de guerra. A partir del uso de sistemas mecánicos y agroquímicos es imposible desarrollar sistemas productivos como la milpa o los sistemas en India, donde hay hasta nueve cultivos en un predio. Es la agrobiodiversidad a partir del conocimiento local. Esto no puede existir con la revolución verde. “Son estas empresas las responsables de impulsar un modelo tecnológico que atenta directamente contra la fertilidad de los suelos, la biodiversidad y el agua. En el caso de India, en la región Punjab el 90 por ciento de los suelos es completamente infértil, y el agua es escasa, aunque confluyen cinco ríos. Es donde más suicidios de campesinos han ocurrido y donde hay más incidencia de cáncer. Se produce arroz y trigo, donde antes había 250 cultivos. Había una especie de tortillas, semillas de mostaza,

vegetales, frutas. Ahora todo esto desapareció y quedan monocultivos de arroz en verano y trigo en invierno”. En la entrevista abunda en que el cultivo de granos transgénicos que arrasa con la Amazonia en Brasil y la sabanas en Argentina puede acabar en México con la biodiversidad del maíz y con la milpa, en beneficio de unas cuantas empresas que los producen: Monsanto, Bayer, Dupont. Y como parte del negocio, estas compañías son las mismas que venden las medicinas cuando la gente enferma de cáncer por el alto uso de pesticidas en esos cultivos. En México hay 7.4 millones de hectáreas para cultivos; las regalías para este transgénico serían 40 dólares por hectárea, basta multiplicar esto. “Esto es lo que ellos buscan. Sacar todo ese provecho de México y llevar a los campesinos a la pobreza. Tienen que aprender de lo que ocurrió en India con el algodón”. Explica que las “trasnacionales se dieron cuenta que con el uso de agroquímicos había un límite de cuánto dinero podían ganar; por eso se orientaron al control de las semillas, porque esto significaba que podían obtener regalías por cada planta que fuera cultivada y no por la venta de agroquímicos genéricos que se fueran esparciendo por los campos. Por cada hectárea de maíz transgénico, Monsanto puede conseguir hasta 350 dólares”. En México, señala, “hay una forma adicional de destrucción, que es la contaminación transgénica. Este país es centro de origen del maíz; la contaminación llevará a una pérdida de biodiversidad que será irreversible”.

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TransgĂŠnicos

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El ELENA ÁLVAREZBUYLLA.

Doctora en genética molecular. Coordinadora del Laboratorio de Genética Molecular del Desarrollo y Evolución de Plantas del Instituto de Ecología de la UNAM

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MUNDO al Rev Revés

l escritor uruguayo Eduardo Galeano daba cuenta en 2005 de un “mundo al revés” en su libro Patas Arriba: la escuela del mundo al revés, para aludir a hechos absurdos de injusticia sin aparente sentido del mundo contemporáneo globalizado. Este tipo de contrasentido es el que viven hoy la ciencia y las tendencias de desarrollo tecnológico que están rebasando los límites de la naturaleza y violando derechos fundamentales a un ambiente y alimentación sanos. Una parte dominante de los miembros de la comunidad científica ya no se guía por el saber y mucho menos por intereses sociales o ambientales. Sus proyectos de investigación están ahora delineados por intereses corporativos monopólicos que sesgan los criterios de financiamiento, las líneas y los enfoques dominantes en la ciencia, y también lo que se saca al mercado como “innovaciones”. Éstas se imponen totalitariamente a la sociedad y el ambiente. Estudios recientes estiman que más de 90 por ciento de los científicos del mundo en áreas como la biotecnología o la biomedicina están directa o indirectamente influidos, y en algunos casos regidos, por los planes de negocios de pocas firmas corporativas. Esta tendencia preocupante está dejando a la humanidad desprovista de una masa crítica rigurosa e íntegra de científicos, indispensable para la generación de

ELENA LENA ÁLVAREZ-BU ÁLVAREZ-BUYLLA -BUYLLA UYLLA Y ALEJANDRO JANDRO DE ÁVILA Á BLOMBERG BLOMMBERG conocimiento e innovaciones basados en una verdadera ciencia. La forma en que los organismos transgénicos se han revestido con esta especie de traje científico (corporativo) para legitimarlos ante la sociedad es un claro ejemplo de esta tendencia. En 1975 un grupo de destacados científicos discutieron en Asilomar, California (http://en.wikipedia.org/wiki/Asilomar_ Conference_on_Recombinant_dna), los riesgos asociados a la generación y liberación de organismos transgénicos usando ingeniería genética. Esta tecnología es poderosa, y capaz de romper los límites y restricciones a la recombinación del material hereditario. Estos límites se han establecido a través de millones de años de evolución biológica y aún no entendemos bien los mecanismos implicados en ellos, ni mucho menos las consecuencias de romperlos. Entre los riesgos y peligros discutidos se planteaba la posibilidad de escape de los transgénicos a sitios no previstos, su naturalización en poblaciones locales silvestres y cultivadas por transferencia de genes entre especies compatibles reproductivamente, o que no lo fueran, a través de mecanismos de incorporación o transferencia horizontal de fragmentos “desnudos” del material recombinado en los laboratorios. Por ejemplo, si genes que confieren resistencia bacterial a antibióticos se llegaran

a integrar en sus genomas, se podrían ge generar nuevas cepas resistentes. resistentes También se consideraron otros impactos en la salud humana. Sin embargo, intereses no científicos —y mucho menos humanitarios o sociales— lograron que las bases y argumentos técnicos, así como las incipientes evidencias de los riesgos y peligros, se archivaran. La justificación esgrimida fue que la “ciencia” (más bien, técnica) del ADN recombinante sería suficientemente poderosa para impedir o revertir los posibles impactos negativos. La literatura científica que ha sustentado o demostrado estos riesgos en salud y ambiente, junto a su carácter eventual de irreversibles, es ya contundente. A pesar de que las corporaciones y científicos afines a ellas han logrado enturbiar algunas de estas contribuciones, no han podido acallar por completo a los científicos independientes que han logrado publicar estudios contundentes. El poder corruptor de las grandes corporaciones monopólicas está destruyendo la ciencia como una institución independiente y también está anulando la vocación pública de los gobiernos. Sin Estados y sin ciencia, el mundo se enfrenta a un totalitarismo avasallador que impone qué comer, cómo vestir, qué creer y qué aceptar o rechazar, en fin, cómo vivir y cómo morir también. Como paradoja, para legitimar sus propuestas usan a la “ciencia” dominante. El contrasentido se vuelve aún más profundo cuando, con el tiempo, se va


demostrando que estas tecnologías no son sólo inseguras, imprecisas e incontrolables, y por tanto peligrosas, sino también insuficientes y en muchos casos inútiles. Tal es el caso de los cultivos transgénicos: no han aumentado rendimientos, ni disminuído el uso de agrotóxicos (al revés), y mucho menos han ayudado a aliviar el hambre del mundo. ¿Entonces? Han enriquecido y empoderado aún más a unas cuantas corporaciones y latifundistas. En el caso de la contaminación transgénica del maíz mexicano, la “ciencia” corporativa se usó para desprestigiar el artículo científico que en 2001 en la revista Nature reportó la presencia de transgenes en maíces mexicanos. Ese artículo cuestionaba contundentemente la posibilidad de controlar los transgénicos, pues, a pesar de la moratoria, habían llegado a México. Esta es sólo una de muchas publicaciones científicas que sustentan que la liberación de cultivos transgénicos en cualquier parte del mundo amenaza los reservorios genéticos de los centros de origen. El artículo de Ignacio Chapela de 2001 nunca se desmintió formalmente, aunque su credibilidad fue puesta en duda porque contradecía la controlabilidad prometida por las empresas productoras de transgénicos. Al año siguiente, un laboratorio del Cinvestav y el nuestro de la UNAM corroboraron los hallazgos de David Quist y Chapela. Pero en un contrasentido aún más difícil de creer, después de que los encargados técnicos de la bioseguridad nacional hicieron públicos nuestros resultados en foros científicos y en la prensa, ellos mismos publicaron en 2005 que los transgenes ¡“habían desaparecido o nunca habían llegado a Oaxaca”! Esta publicación, sin un solo dato positivo, con deficiencias obvias en los métodos de muestreo y analíticos, así como en su interpretación, fue avalada por una investigadora estadunidense y apareció en la revista de la Academia de Ciencias de Estados Unidos (PNAS). A pesar de sus obvias deficiencias y las múltiples críticas científicas que recibió, amén de los datos de contaminación que sus autores conocían, este artículo no fue cuestionado por la “ciencia formal”, y mucho menos sus autores se retractaron. El mismo PNAS lo promovió y, en coordinación con su publicación, Monsanto anunció la inminente liberación comercial del maíz en su centro de origen. Pero el contrasentido es aún más pavoroso: unos meses después, un miembro de la propia Academia de Ciencias de Estados Unidos comunicó al PNAS,

con base en arbitrajes científicos positivos, un trabajo nuestro que corroboraba los datos de 2001 y exponía con mayor contundencia las deficiencias del artículo de 2005. Nuestro trabajo fue rechazado por el comité editorial del prestigioso PNAS sin un solo argumento científico. Nuestros datos tuvieron que esperar hasta finales de 2008 para comenzar a aparecer en varias revistas internacionales prestigiosas. Estas, incluida Nature, reseñaron y validaron finalmente la incontrolabilidad de los transgénicos. Pero aun así el artículo demostradamente anticientífico de 2005 ha sido usado por reseñas recientes de la misma Nature para argumentar que ¡aun no hay consenso científico! ¡Inédito en ciencia! Pero el contrasentido va aún más allá: artículos con datos claros sobre riesgos previstos de la liberación o consumo de transgénicos son cuestionados, ignorados y, cuando tienen fuerte impacto público, sus autores son obligados a retractarse. Por otro lado, varios artículos recientes que prometían nuevas aplicaciones y potencial de los transgénicos en agricultura están siendo cuestionados o sus autores se retractan porque se les ha demostrado claros signos de manipulación inaceptable (¿fraude?). Si la ciudadanía se rigiera por lo que dice la “ciencia” corporativa, por los científicos entusiastas de la biotecnología corporativa o por los coludidos con los intereses de las empresas que la promueven, o por ellas mismas y sus repetidores, los técnicos encargados de la bioseguridad en México y otros países, no habría argumentos para luchar en contra de la liberación de los transgénicos. Por ello, es crucial para la humanidad y la vida en el planeta recuperar a la CIENCIA para la generación de conocimientos y verdaderas innovaciones en beneficio de la sociedad y el ambiente.

Más información en: www.uccs.mx Elena Álvarez-Buylla y Alejandro de Ávila Blomberg

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La simiente DE LA

resistencia

México es centro de origen y diversidad del maíz

y cuna de la resistencia social contra el producto transgénico. Después de 18 años de siembra de maíz genéticamente modificado en Estados Unidos, su cultivo no está permitido en México, gracias a la amplia y constante oposición de la sociedad

civil desde distintos y múltiples frentes. ANA DE ITA

ANA DE ITA

Directora del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (CECCAM)

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l debate sobre los riesgos del maíz transgénico se inició entre los científicos. En 1998, los científicos del Comité Nacional de Bioseguridad Agrícola establecieron una moratoria de facto a la siembra experimental y comercial de maíz transgénico, que estuvo vigente entre 1999 y marzo de 2009, cuando el presidente Felipe Calderón la levantó mediante un decreto. La Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (Unorca), junto con la Vía Campesina y el Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (Ceccam), habían abierto el debate desde 1998, al invitar a Vandana Shiva y Arnaud Apoteker, colega de José Bové, a participar en un foro y capacitar a las organizaciones campesinas sobre el tema. A pesar de la moratoria, las importaciones de maíz de Estados Unidos, que habían aumentado exponencialmente a raíz del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ingresaban al país sin ninguna regulación o segregación, aunque contienen maíz convencional mezclado con transgénico. En 2001, los científicos Ignacio Chapela yDavid Quist, de la Universidad de California en Berkeley, demostraron la contaminación trans-

génica del maíz nativo en comunidades indígenas de Oaxaca y de Puebla, lo que detonó la respuesta social campesina e indígena por todo el país, con el apoyo de organizaciones civiles, integradas desde 2002 en la Red En Defensa del Maíz. La Red demandó al gobierno impedir las importaciones de maíz transgénico, fuente de contaminación del cereal nativo. Realizó el diagnóstico participativo más amplio de presencia de transgenes en las parcelas campesinas. Las denuncias de las organizaciones no fueron escuchadas por el gobierno y ellas optaron por evitar la entrada del maíz transgénico a sus territorios. Decidieron no plantar semillas de procedencia desconocida, no aceptar semillas de los programas de gobierno, evitar la siembra de granos de Diconsa o de ayuda alimentaria, evitar las semillas híbridas. Monitorearon sus milpas, eliminaron las plantas raras o malformadas y realizaron un autodiagnóstico campesino de plantas transgénicas. Además establecieron prohibiciones de siembra de transgénicos en sus territorios utilizando los estatutos comunales, los reglamentos ejidales o las actas de asamblea. La Red en Defensa del Maíz organizó decenas de conferencias públicas, asambleas, foros, ferias de semillas, rituales y ceremonias. Impar-


tió talleres comunitarios, invitó activistas y científicos internacionales y compartió su experiencia con los movimientos antitransgénicos en distintos países. Participó en varias de las Conferencias de las Partes del Convenio de Diversidad Biológica (CDB) y en las Cumbres de la OMC y la FAO. Se vinculó a los movimientos urbanos, de los jóvenes y de los estudiantes. En 2009 apoyó a la Unorca y la Vía Campesina América del Norte en su campaña Fuera Monsanto y No al Maíz Transgénico, que tuvo mucha fuerza en las comunidades. La Red en Defensa del Maíz, la Unorca y la Vía Campesina promovieron una campaña de firmas contra el levantamiento de la moratoria, que fueron entregadas a la FAO, la ONU, el CDB y al gobierno mexicano. En 2013 la Unorca organizó un ayuno y campamento en el Ángel de la Independencia en contra de la siembra de maíz transgénico, que culminó con una marcha al Zócalo, acompañada de otras organizaciones campesinas y movimientos sociales. Estas organizaciones, junto con las de jóvenes, de estudiantes y la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), fueron promotoras de la audiencia Violencia contra el Maíz, la Soberanía Alimentaría y la Autonomía, dentro del Capitulo México del Tribunal Permanente de los Pueblos, cuyos dictámenes fueron contundentes en contra del cultivo de maíz genéticamente modificado. Greenpeace y organizaciones civiles, campesinas e indígenas interpusieron una demanda popular ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) en contra del gobierno por no cumplir su responsabilidad de protección del maíz nativo y por permitir la contaminación transgénica. La Profepa argumentó que la demanda no era de su competencia y las organizaciones se dirigieron a la Comisión de Cooperación Ambiental de América del Norte (CCA) para solicitar un estudio científico sobre los efectos de la siembra de maíz transgénico en México. La CCA recomendó al gobierno fortalecer la moratoria impidiendo que las semillas de maíz importadas como grano para consumo germinaran, además de realizar estudios científicos específicos sobre riesgos a la salud humana, pues los mexicanos consumimos directamente mayores cantidades de maíz que cualquier otro pueblo. Greenpeace impulsó muy distintas acciones y eventos de incidencia en la política hacia los transgénicos. Los científicos, además de establecer la moratoria, comprobaron la contaminación transgénica del maíz nativo y dedicaron la reunión de Pugwash, de 2002, al análisis de los riesgos de los cultivos transgénicos. Organizaron seminarios, conferencias y congresos y demostraron científicamente los riesgos del maíz genéticamente modificado para las razas y variedades de maíz nativo, la biodiversidad, el ambiente y la salud humana y animal. Comprobaron que México es centro de origen y diversidad del maíz. Realizaron nuevas colectas de maíz nativo en el norte del país. Apoyaron a las organizaciones civiles con los conocimientos para realizar los diagnósticos y respaldaron sus resultados. Formaron la UCCS, y publicaron un expediente sobre el maíz transgénico en México, además de expresar posiciones críticas ante su avance. La Comisión Nacional para el CoCONTRA LOS TRANSGÉNICOS POR: FRANCISCO TOLEDO

nocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) hizo pública su posición de rechazo a los permisos de siembra piloto y comercial de maíz transgénico en el país. La Campaña Sin Maíz No Hay País en contra del maíz transgénico se formó en 2007, por organizaciones urbanas y rurales. Busca impactar la opinión pública a partir de acciones mediáticas y ha impulsado distintas acciones legales. En julio de 2013, algunos de sus integrantes interpusieron una acción colectiva. En octubre, tribunales federales ordenaron suspender la siembra de maíz genéticamente modificado en el país. A pesar de la oposición de Monsanto y del gobierno mexicano el juez ha mantenido hasta la fecha la suspensión. En marzo pasado, el pintor Francisco Toledo y Pro-Oax, en apoyo a la carta que el científico David Schubert envió al presidente Enrique Peña Nieto pidiéndole que no permita la siembra de maíz transgénico en México, en la que argumenta científicamente los riesgos que puede tener para la salud-, se propuso juntar un millón de firmas, y todas las agrupaciones mencionadas se han sumado para apoyar su iniciativa. En México, la resistencia social en contra del maíz transgénico no tiene un solo frente, sino que, gracias a la multiplicidad y diversidad de ellos, hasta ahora no ha podido ser vencida y la siembra de maíz transgénico continúa prohibida.


Cient Los

ANTONIO TURRENT FERNÁNDEZ

Investigador nacional emérito; presidente de la UCCS aturrent37@yahoo.com.mx

ANTONIO TURRENT FERNÁNDEZ

Los planes de corporativos multinacionales para transgenizar al campo mexicano atrajeron a un grupo de científicos de instituciones públicas para unificar su actividad científica con la de la promoción de la aventura transgénica (PAT) en su propio país.

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Esta elección les ha redituado ventajas tangibles e intangibles en su estatus profesional y/o personal, pero también les creó conflicto de interéses en su desempeño profesional. Este grupo, al que nos referiremos como PAT, está integrado principalmente por biólogos moleculares, con sus derivaciones hacia la biotecnología y la ingeniería genética. En la medida en que la investigación en biología molecular, biotecnología e ingeniería genética es financiada directa o indirectamente por el capital privado, el conocimiento desarrollado se torna en herramienta clave, y a su vez en fin, para la reproducción del mismo capital privado. También se financia ese tipo de investigación con fondos públicos en México, que pueden o no interactuar con el capital privado. La parte que interactúa con aquel capital multinacional que tiene planes para México provee el contingente de científicos mexicanos PAT. Éstos han resultado

ser aliados colaboracionistas de los planes corporativos de esos intereses multinacionales, que buscan dominar el mercado nacional de semillas. El grupo PAT ha participado y participa en varios casos muy conocidos, como a) el diseño, adaptación y promoción ante el Congreso de leyes proclives a la industria multinacional; b) la política de “puertas giratorias”, ocupando cargos claves en instituciones públicas reguladoras y recirculándose a posiciones institucionales científicas claves, o bien, a la industria; c) campañas de proselitismo hacia profesionistas, personal técnico operativo, productores, estudiantes de pre y posgrado, prensa, entre otros; d) divulgación hacia los altos niveles de gobierno y e) apoyo, personalmente suscrito desde sus instituciones públicas, a las solicitudes de las corporaciones multinacionales para la autorización de la siembra de transgénicos. Pueden operar desde la esfera científica pública, abanderando las defensas de la

biotecnología e ingeniería genética aplicadas a la solución de problemas nacionales como si fueran abordadas solamente como conocimiento público, aunque no lo fueran. Esta estrategia impulsa la transgenización de la agricultura en México, propósito afín y dependiente de los intereses multinacionales. Como todo Estado, el mexicano financia investigación para desarrollar conocimiento científico público en sus instituciones, con el objetivo prioritario del bienestar social. Un grupo de científicos de este origen, que declaró no tener conflicto de interéses, creó la asociación civil Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad A.C. (UCCS) en 2006, con el mandato de analizar, estudiar y divulgar el uso del conocimiento científico desde el punto de vista del bienestar social (www.uccs.mx). A diferencia de las asociaciones científicas históricas, la UCCS reúne a investigadores activos de todas las ramas de las


tíficos Y LA TRANSGENIZACIÓN DEL

ciencias, dispuestos a abordar de manera transdisciplinaria cualquier reto al bienestar social, ecológico y biótico que derive del uso del conocimiento científico. Para tratar cada caso, los miembros de la UCCS se integran en programas como el de Agricultura y Alimentación, que en uno de sus capítulos enfoca el reto de la transgenización de la agricultura mexicana. Este caso reúne a biólogos moleculares, agrónomos, ecólogos, nutriólogos, antropólogos, sociólogos, economistas y filósofos. Como método, los miembros de la UCCS

analizan el conocimiento científico nacional e internacional pertinente, ponderan el impacto de su aplicación a la sociedad, a la biota y a la ecología, y divulgan sus recomendaciones. Entre sus acciones de divulgación se cuentan: a) proporcionar el respaldo científico a la campaña nacional para la protección de las razas nativas de maíz; b) dar la voz de alarma a la nación, sobre los riesgos que acompañarían a la transgenización del campo; c) informar sobre la disponibilidad de tecnología pública no transgénica, reservas de tierra, agua dulce,

clima, biodiversidad y conocimiento campesino, que permitirá a la nación retornar a la autosuficiencia alimentaria; d) organizar y participar en foros de debate, hacerse presentes en el Congreso y en las secretarías de gobierno; f) redactar documentos amicus curiae para los juicios entablados por grupos de la sociedad, para impedir la transgenización del campo a cielo abierto; g) publicar libros como El maíz en peligro ante los transgénicos, así como folletos de divulgación como El maíz transgénico en México (en 15 píldoras).

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legal LA DEFENSA

DE NUESTRO GRANO La defensa legal no puede verse de manera aislada y reconoce su evolución mezclada en una multiplicidad de acciones que desarrollan diversos sujetos que, como una milpa, se complementan unos a otros, desde sus diferentes especialidades.

Adelita San Vicente Tello

La creatividad y variedad de formas de lucha han caracterizado ésta, que se reconoce en el mundo como la disputa por el maíz. Directora de Fundación En México la imposición de la tecnología Semillas de Vida, A.C. transgénica se ha apoyado en la clase política y Representante de la dominante, lo que en el Congreso ha generaDemanda colectiva de do legislaciones favorables. Sin embargo, no maíz. podemos hablar de un avance lineal: en los últimos 17 años se ha desarrollado una oposición férrea que ha logrado detener los permisos para siembra de maíz transgénico. Las semillas transgénicas para la agricultura están reguladas por la Ley de Biosguridad de Organismos Genéticamente Modificados, que fue publicada en 2005 y rápidamente fue bautizada como la ley Monsanto porque, lejos de proteger la bioseguridad, fue una propuesta elaborada por despachos contratados por las empresas con el objeto de liberar transgénicos sin trabas. No obstante, desde que se inició el debate de la misma, ya existía un movimiento contra esta tecnología que crecía en nuestro país. En 2001, gracias al trabajo de científicos y de organizaciones sociales, se puso en el centro del debate la relevancia del carácter de México como centro de origen del maíz y de otras especies. De esta manera, se lograron incluir algunos mecanismos de bioseguridad en la ley, tales como el Régimen de Protección Especial del Maíz y la prohibición de liberar transgénicos en los centros de origen, aun cuando dicha definición de centros de origen quedó fraccionada, sin reconocer la totalidad del territorio como centro de origen.

ADELITA SAN VICENTE TELLO

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Al entrar en vigor la ley durante las administraciones de Fox y de Calderón, se avanzó en la liberación de transgénicos, pasando por alto la propia ley Monsanto y los mecanismos de bioseguridad señalados. Frente a estas ilegalidades, las organizaciones e incluso algunos gobiernos locales interpusimos diversos recursos legales. Estos fueron rechazados, pues nos era negado el interés jurídico. Estos antecedentes permitieron ejercicios de reflexión entre los abogados para llegar a formular la demanda colectiva que hoy tiene legalmente frenados los permisos. Aun cuando reconocemos que la vía legal está determinada por quienes detentan el poder, mantenemos la convicción de que la introducción de esta tecnología en un país con las características del nuestro conculca derechos fundamentales, por lo cual insistimos en la defensa legal. En este sentido, el 5 de julio de 2013 demandamos de manera colectiva a las secretarías de Agricultura, de Medio Ambiente y a Monsanto, Dow Agrosciences, Syngenta y Pioneer, 53 personas, entre las cuales se encuentran expertos en el tema, personalidades y 20 organizaciones de productores, indígenas, apicultores, defensores de derechos humanos, ambientalistas y consumidores. El objetivo es que los tribunales judiciales declaren que los mecanismos establecidos en la llamada ley Monsanto son inefi-


cientes, pues existe evidencia científica de contaminación transgénica de maíces nativos en diversos estados de la República. Por ello, los demandantes solicitamos, y nos fue concedida, una medida cautelar, que impide liberar maíces transgénicos en el campo mexicano en tanto se resuelva el juicio. Si el gobierno mexicano avanzara en cualquier trámite de permiso estaría incurriendo en una violación a la ley. Cumplimos 10 meses con esta demanda y a la fecha llevamos 63 impugnaciones concentradas, sobre todo, en la medida cautelar. Sin embargo, el gobierno, a través de las secretarías mencionadas, ha litigado para defender el interés de las empresas y no del pueblo mexicano que se vería afectado por esta tecnología. Mireille Roccatti, abogada general de la Sagarpa —quien se define a sí misma como defensora de derechos humanos—, interpuso recursos contra la prohibición de siembra. Los funcionarios no entienden lo que el juez señaló: el interés

de la colectividad del maíz es superior al de las empresas. La situación llegó al extremo de que Monsanto, en un recurso que fue rechazado, acusó al juez de actuar a favor del interés de la colectividad. Solicitó que se le separara del caso. El juicio no se ha iniciado, pero cuando ocurra esperamos que se llegue al fondo y se discuta con argumentos científicos la pertinencia de liberar esta tecnología y permitir que acceda a nuestro alimento básico. La respuesta está en el Poder Judicial, que ha mostrado sensibilidad frente al tema; falta ver si el Poder Ejecutivo es capaz de anteponer el interés de la mayor parte de los mexicanos al de unas cuantas empresas: ningún funcionario público con ética y responsabilidad permitirá que esta amenaza se abata sobre el pueblo del maíz. Estemos atentos: la suspensión definitiva requiere la conjunción de todos —en el campo y la ciudad— para ser definitiva y así evitar este golpe mortal al pueblo del maíz.

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RAMÓN VERA HERRERA

Investigador de GRAIN. Editor de Biodiversidad, sustento y culturas

Desde octubre de 2012 sesiona en México el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP), un espacio jurídico internacional y autogestionario que continúa el legendario Tribunal Russell , —que tuviera su mayor visibilidad entre 1966 y 1976 al juzgar los crímenes de guerra en Vietnam y los horrores de las dictaduras del Cono Sur.

Los

hombres del MAÍZ ante el Tribunal Permanente de los Pueblos RAMÓN VERA HERRERA

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La sociedad civil mexicana documenta la insostenible situación: violencia generalizada —desapariciones, represión, militarización, encarcelamiento y asesinato—, devastación ambiental, precarización laboral y represión al sindicalismo independiente, violencia de género y crímenes de odio; expulsión/migración imparables; falta de libertad en los medios y violencia contra los comunicadores, un ataque integral a la vida campesina, la soberanía alimentaria y a los ámbitos colectivos de tenencia de la tierra. El problema es estructural, sistémico, complejo: lo agravaron las políticas de ajuste de los ochenta al punto de adquirir carácter irreversible con los tratados de libre comercio y su cauda

de cláusulas “paulatinas” o “de revisión”. En el diagnóstico, el Estado mexicano incurre en “desvío de poder”: abre margen de maniobra a las corporaciones mientras obstaculiza que la población logre justicia por los canales legales o institucionales. Es la impermeabilidad de las instancias del Estado, el enmarañamiento jurídico y la fabricación de políticas públicas, reformas constitucionales y leyes que abrogan derechos colectivos, atentan contra ámbitos comunes y vuelven volátil el pacto social: la contrarreforma al articulo 27, la ley Monsanto, la ley de semillas y la ley minera, por ejemplo. Los siete procesos del TPP contra el Estado mexicano han servido como herramienta de una sorprendente reflexión/sis-


✒ TLAMANES HUASTECA

tematización colectiva y una vinculación local-regional-nacional por abajo, pocas veces vistas. Uno de los procesos fue Violencia contra el Maíz, la Soberanía Alimentaria y la Autonomía de los Pueblos, y durante 2013 diversas comunidades y organizaciones —cercanas sobre todo a la Red en Defensa del Maíz y la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales—, celebraron talleres en diversas regiones y localidades, para sistematizar los agravios sufridos por el abandono institucional del campo, las políticas que atentan contra los pueblos indígenas y la vida campesina; la devastación de la territorialidad, la subsistencia y la vida digna de las comunidades; la voracidad del sistema agroalimentario industrial y, por supuesto, la irresponsabilidad de promover el maíz transgénico y su importación masiva de dudosa calidad para usos industriales. En cinco preaudiencias, una audiencia final y una complementaria, los recuentos sistemáticos concitaron dictámenes particulares y una sentencia final donde los jurados nacionales y extranjeros reconocieron —por primera vez en un ámbito jurídico internacional— lo vasto y sistemático del ataque contra el campesinado y la producción independiente de alimentos. (Una de las preaudiencias la organizó la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, un diagnóstico a muchas voces sobre los peligros de los transgénicos y de la ciencia sesgada a favor de las empresas.) En la audiencia final del eje, celebrada en noviembre de 2013, los jurados afirmaron: “Existe una guerra abierta, de carácter criminal, contra la subsistencia autónoma de amplios grupos,

FOTO: JOSÉ CARLO GONZÁLEZ

entre ellos destacadamente la de los pueblos indígenas y las comunidades campesinas. Al despojarlos de sus medios autónomos de vida se les condena a la migración, a la dependencia de programas asistencialistas, a la miseria, a la marginación y a la muerte”. Y añadieron: “La imposición de un modelo agroindustrial intensivo —del que los transgénicos son uno de los instrumentos más extremos— por parte del Estado mexicano y corporaciones como Monsanto, Syngenta, Dow, BASF o Cargill, no sólo constituye un ataque a una cultura, sino también una verdadera guerra contra la subsistencia, impulsada mediante la fabricación de leyes que impiden la defensa de la agricultura campesina y la producción independiente (de alimentos)”. Para el TPP, las políticas públicas y las leyes privilegian a las corporaciones mientras frenan los esfuerzos productivos de incluso los medianos productores comerciales de alimentos en el campo; erosionan la rentabilidad general de la actividad agrícola; atentan contra la seguridad alimentaria de la población; abren el acaparamiento de tierras y agua; imponen semillas de laboratorio (híbridas y transgénicas) e insumos altamente tóxicos; criminalizan las semillas nativas campesinas y su tramado de relaciones e impulsan vastos sistemas de propiedad intelectual. Las corporaciones se apoderan de toda la cadena alimentaria (de la tierra al comercio al menudeo), invaden los territorios vacíos con proyectos extractivistas, inmobiliarios, turísticos, de seudoconservación, basura y otros. Cunde la devastación ambiental.

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Maiz23062014  

Suplemento de La Jornada: 06/23/2014

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