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Entrevista

La Crónica 34 Del sábado 23 al viernes 29 de julio de 2016 ç

“A veces abandono un trabajo antes de acabarlo porque ya me lo he imaginado terminado. Mi cabeza va más rápido que mis manos” KURT218 uuu Este “jornalero del arte” afincado en Mollina se sirve de los materiales de la tierra que le rodea para crear belleza, en constante empeño por acercar la cultura a la gente

n Texto: Rosario Peral

Cepas de vid, troncos de olivo, barro, alambre... Poco más necesita Kurt218 para crear arte, un arte que en su estudio ubicado en el centro de Mollina se encuentra en cada rincón. Arte en forma de pinturas, de esculturas o de bocetos. Arte creado por sus manos o por las de sus alumnos. Arte que busca la belleza... y la encuentra. Es un trozo (literalmente) de Mollina y de la comarca de Antequera o la provincia de Málaga, lo que llega a sitios tan dispares como Alemania o Siberia cuando el artista envía uno de sus trabajos hasta ellos. Pedazos de la tierra que él mismo encuentra en sus salidas al campo con su mujer, cuando observa el suelo, el horizonte, las cepas, y comienza a crear. Un proceso de ensayo y error en el que, a veces, se acierta. En Mollina encuentra los materiales que utiliza para su trabajo, pero también una luz especial, y fruto de esa luz, de los acordes de la música transmetal y de su rapidez y precisión al trabajar, nace un trabajo para todos que este “jornalero del arte” agradece tanto a su talento como al de los cientos de personas que han trabajado esos mismo materiales en el campo. Esta semana nos hemos querido acercar hasta su estudio de Mollina para conocer a José Antonio Romero, o a Kurt2018, un hombre en busca del desparpajo de la niñez, de la belleza y del arte.

Estamos dentro de su estudio en Mollina, aquí dentro ¿es Kurt o José Antonio Romero? Tanto dentro como fuera de aquí, soy más Kurt, aunque sí es verdad que en familia soy José Antonio. Le tengo un cariño especial al alias porque es el que me ha ayudado a poder vivir del arte. Además, Mollina ha favorecido el vender mucho este nombre con el que me siento cómodo.

¿Separa en algún momento al hombre del artista? No, en ningún caso. Mi trabajo es muy visceral y tengo que ser yo, e incluso por eso me granjeo algunos problemas, no en el ámbito de la ideología pero sí de la estética. El arte va asociado a la persona, a la reivindicación y a la lucha

personal, es decir, soy lo que hago y hago lo que soy. No puedo dejar de ser yo mismo cuando hago algo, sino me estaría engañando.

Ha vivido en Bilbao, Granada, Lucena, Segovia, Sevilla, Torrox, Marbella... ¿Cómo llega a Mollina? Hay una logística muy interesante para trabajar en toda la zona de Antequera, ya que está en el centro de Andalucía. Es mágico vivir en un sitio que está tan cerca de Sevilla, Córdoba, Málaga... Pero vivo en Mollina no solo por eso, sino porque me gusta Mollina. Me gusta como huele, me gusta la cepa de la vid doradilla, que es un endemismo, la materia prima que encuentro, los barros que recojo directamente, el olivo... Además, en toda la comarca de Antequera hay una luz especial, una atmósfera que se produce al atardecer cuando el aire está especialmente límpido y se crean unos colores azules, naranjas y rojizos especialmente bonitos. Me gusta mucho la caída de la tarde, el amanecer, los olores y los colores, la visión de la Vega de Antequera , y su gente, que es muy peculiar. Vivo en Mollina porque me brinda un buen clima y muchas cosas buenas, como una vendimia espectacular con una tradición excepcional. El municipio tiene una actividad cultural que sobrepasa incluso a sus habitantes y donde sus gobiernos se han implicado siempre en la defensa de la cultura, incluso por encima de las posibilidades de un pueblo de 5.000 habitantes. Además, cuando voy fuera siempre llevo algún folleto de Mollina, Antequera, los municipios de la comarca... y te sorprendería saber la cantidad de gente que la conoce, sobre todo ahora, con los Dólmenes como Patrimonio Mundial.

“No puedo dejar de ser yo mismo cuando hago algo, sino me estaría engañando” Utiliza materiales muy particulares, como la cepa de vid, el olivo o el barro, ¿por qué este tipo de materiales?

Kurt en su estudio situado en el centro de Mollina. Son muy raciales, son muy apegados a la tierra. Es algo que no podría hacer en Bilbao, por ejemplo, donde no sabría qué esculpir. Estoy enamorado del olivo, sobre todo de la variedad hojiblanca, que es tan antequerano y tiene unas connotaciones muy particulares, raciales y propias del terreno. Un olivo de cuatro patas con unos colores avellana y tostados. También la cepa de vid doradilla, que cada vez cuesta más conseguirla, el barro que encuentro en Mollina que tiene una coloración especial... Para mí es un orgullo poder trabajar estos elementos a los que, además, trato de modificar muy poco. A veces alguien te llama y te dice que parece que de tu escultura ha salido una araña, y es normal, porque son naturales. Es un material que yo trabajo desde el punto de vista artístico pero que también trabajan centenares de personas desde el punto de vista agroalimentario, aunque también lo hacen desde el punto de vista artístico, porque el vino no deja de ser arte. ¿Se podría definir o establecer cómo es su proceso de creación? Es como una aventura. Yo salgo al campo con mi mujer y observo, el suelo, el horizonte, las cepas, y ataco. Todo es un proceso de ensayo y error que empieza con un paseo, viviendo y disfrutando, sin estrés.

“Me encantaría ver un Darth Vader pintado a vuelapluma por Velázquez, debe ser impresionante” Trabaja escuchando música transmetal, ¿qué hay de esta música en su trabajo? Hay cierta rabia, cierto histrionismo. Es una música que no rinde culto a la violencia ni a la brutalidad, es una estética concreta que se ve en mi obra, que cada vez es más sombría y más negra, pero eso no significa pesimismo. El ritmo de la música se transmite en los tajos, los golpes de motosierra en mis esculturas, que no son cuidados. Mi madera no está pulida o tratada. El ritmo de la música influye también en esa rapidez con la que trabajo, ya que en una escultura no puedo invertir más de 30 o 40 minutos.

Comenzando a hablar de su obra en sí, nos encontramos a las obras más conocidas y también más comerciales que son las Kurtmeninas, ¿por qué elige una figura como las Meninas? Estaba buscando una figura que fuera comercial y me permitiera pagar la hipoteca, la verdad. Siempre me han gustado las Meninas ya que creo

que rinde culto al imaginario colectivo español, al igual que lo hacen otras figuras como los toros, el caballo o los bandoleros. Ya había hecho pinturas con mis propias recreaciones de las Meninas, y decidí trasladarlas a la escultura. Pero son Meninas muy malagueñas y muy andaluzas, con un revuelo informal e, incluso, un toque marino, algo que además ha sido reconocido en Málaga. Todas son diferentes.

Viendo su obra encontramos Meninas, Quijotes, Crucifijos, y, de repente, Star Wars... Es un poco de cultura underground, pertenece a la cultura popular. No coloco a Darth Vader a la altura de las Meninas, pero va camino de serlo. Quién sabe si en el año 2500 y algo ven a Darth Vader como una figura antológica, una figura, además, que encarna una serie de elementos de dualidad, con una estética que capta la atención del público. La estética es estética, el arte bebe de muchas fuentes. Me gustaría ver un Darth Vader pintado a vuelapluma por Velázquez, debe ser impresionante, o por Picasso, ¿que estaría haciendo Picasso ahora si estuviese vivo? Creo que Darth Vader y el Quijote también tienen algo que ver ya que los dos tienen un viaje homérico que no se sabe hacia dónde, y una lucha entre lo terrenal y lo soñado, todo toca el bien y el mal, el amor, la

LA CRÓNICA 706  

Periódico Gratuito Semanal "La Crónica Comarca de Antequera" - Edición del Sábado 23 al Viernes 29 de Julio de 2016

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