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REVISTA CUATRIMESTRAL DE LA CASA-ESCUELA. AÑO II, Núm. 4 / BUENOS AIRES, ABR- JUL 2014 / DISTRIBUCIÓN GRATUITA

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DECIR SÍ


Si yo pudiera morder la tierra toda Y sentirle un sabor, Sería más feliz por un momento... Pero no siempre quiero ser feliz. Es necesario ser de vez en cuando infeliz Para poder ser natural... No todo es días de sol, Y la lluvia, cuando falta mucho, se pide. Por eso tomo la infelicidad con la felicidad Naturalmente, como quien no se extraña De que existan montañas y planicies De que haya rocas y hierbas... Lo que es necesario es ser natural y calmado En la felicidad o en la infelicidad, Sentir como quien mira, Pensar como quien anda, Y, cuando se ha de morir, recordar que el día muere, Y que el poniente es bello y es bella la noche que queda... Así es y así sea...

Fernando Pessoa

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tiempos de a-sombro. año ii, núm. 4 (abr-jul 2014)

SUMARIO

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EDITORIAL

Decir sí

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ÓRDENES DEL AMOR

Lo que evito, invito Por Tiiu Bolzmann

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EDUCACIÓN

Enseñar, aprender Por Teo Wainfred

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ASTROLOGÍA

Al son de la danza estelar Por Carla Scotti

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ENTRENAMIENTO CONTINUO INTEGRAL

Estar al servicio de la vida

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ENTRENAMIENTO CONTINUO INTEGRAL

Los unos y los otros

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TESTIMONIOS

¿A qué le decís que sí? Una campaña en Facebook

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ACTIVIDADES EN LA CASA-ESCUELA

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EJERCICIO DE VISUALIZACIÓN

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DECIR SÍ

Decir que sí. ¿Qué será eso? Parece algo tan simple y cotidiano, algo que decimos casi sin pensar. Cómo usamos las palabras puede en sí ser el tema de otro número. Pero aquí vamos a mostrar distintas caras de esta palabrita, sí, y el mundo que hay detrás y adentro, y sus reflejos. En última instancia, al leer las notas que compartimos, cada uno de nosotros puede sentir qué campana resuena, en qué parte de su vida o personalidad enciende un foco, y descubrir qué sería un “sí” en su caso. Que le dé, cada uno, la forma que le sirva. Estamos muy acostumbrados a que nos digan cómo son las cosas y lo que tenemos que hacer, pero parte del aprendizaje –y aquí se desliza el sí otra vez– es tomar lo que viene de afuera al mismo tiempo que nos abrimos a escuchar-nos. La última palabra siempre vendrá de adentro de cada uno, cuando pueda diferenciar los propios deseos y gustos de una voz genuina que está más allá de ellos, que no habla de mí sino de nosotros, que puede incluir el bien mayor en su expresión. Una voz genuina tan poderosa que al escucharla se opacan los ecos de las viejas voces, se convierten en cháchara, se desintegran y quedan como cenizas allí donde pertenecen, en el pasado. El silencio ayuda, puede ser una buena herramienta. Detenerse para ver qué pasa entre la inhalación y la exhalación, observar de dónde se nutre el aire que respiro y qué va a expresar al exhalar. En ese lugar silencioso parecen estar todas las respuestas, y tal vez casi naturalmente, sin esfuerzo, elijamos entonces respirar un aire nuevo. Agradecemos a todos los que participaron en este número, que con sus miradas nos hacen crecer. También, un reconocimiento a cada uno de los que estamos en el equipo, porque este proyecto es una obra viva de todo lo que se cuela entre sus páginas, y sólo diciendo sí podemos seguir adelante.

Anni Schuff y Marisa Reichler DIRECCIÓN

editorial

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Lo que evito, invito Por Tiiu Bolzmann El “sí” tiene muchas dimensiones, y nos invita una vez más a observar de cerca nuestros pensamientos y sentimientos más íntimos. Sólo de esta manera podemos ser verdaderamente sinceros con nosotros mismos. El “sí” abre puertas, nos hace confiables, nos pone en el buen camino hacia nuestra mayor y mejor expresión, nos ayuda a fluir en la vida. Nos hace humildes y libres. Nos permite elegir, definir nuestras necesidades, ser sinceros y responsables. Nos enseña el respeto y la gratitud. El “sí” como condición para el crecimiento El camino de la vida tiene muchas direc­ ciones diferentes. Podemos dirigirnos hacia adelante, al costado, podemos retroceder y volver a ajustarnos en el camino hacia adelante. También podemos parar, quedán­ donos quietos en un lugar. En cualquier posición tenemos la po­ sibilidad de crecer. A veces necesitamos descansar en un lugar para poder digerir las experiencias acumuladas, otras veces tenemos que hacer un paso hacia atrás para permitirnos una mirada más amplia, y ver lo que ocurre. A veces el movimiento nos lleva hacia adelante para seguir en el sendero definido, otras nos guía al costado para salir de la rutina y descubrir nuevos caminos. Lo que nos ayuda en cada tramo de la vida es una actitud de apertura, que surge a través de una sola y pequeña palabra: “sí”. Esta palabra abre puertas, corazones, co­no­ cimientos, crea amor, permite descubri­ mientos y nos lleva al éxito. Porque el sí

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contiene el acuerdo con la vida y con el destino, contiene también el reconocimien­ to del otro y el movimiento creador. Asintiendo podemos trasmitir confianza, motivar al prójimo y asegurar que la comu­ nicación siga adelante. Asintiendo creamos una energía que nos hace avanzar, nos lleva al próximo paso, a la siguiente etapa, a lo que viene. Cuando decimos que sí, estamos en movimiento y de acuerdo con la vida. El sí más importante en la vida es el sí a nuestros padres. Este sí resulta cuando he­ mos dicho “gracias” a nuestros padres por la vida, y “sí, estoy de acuerdo con ustedes, tal como son”. Este “sí” lo podemos exten­ der hacia todos nuestros antepasados, ha­ cia las circunstancias tal y como sucedie­ ron y, finalmente, hacia nuestra pertenencia a la familia y a nosotros mismos. Con este sí podemos crecer y realizar la vida a nues­ tro modo. Bert Hellinger dice que somos nuestros padres porque venimos a través de ellos y llevamos en nosotros una parte de cada uno de ellos. La unión de los dos ha creado


una nueva vida, y de esta manera estamos para siempre unidos con ellos. Si negamos una parte, no podemos estar enteros, nos falta la parte negada. Si no hemos dicho que sí a nuestros pa­ dres en nosotros, tampoco podemos estar de acuerdo con nosotros mismos. En reali­ dad, no podemos ser diferentes de ellos. El sí hacia los padres permite muchos otros sí en nuestra vida. En primer, lugar el sí a la pareja. Con el sí podemos fluir con la vida. Este sí nos llena, nos hace más grandes, nos permite tomar decisiones, nos permite seguir adelante, hacia más y más. Abrir las puertas a la libertad Por supuesto, no todas las experiencias son agradables, como para decir alegre­ men­te que sí, para estar contentos de que hayan sucedido de la forma en que suce­ dieron. En estos casos es importante pre­ guntarse: ¿es posible cambiar estos hechos diciendo que no? Cuando nos alegramos sobre lo agradable y nos peleamos con lo que no nos gusta, tampoco podemos dis­

ÓRDENES DEL AMOR

frutar lo bueno. Una experiencia desagra­ dable no integrada se repite, y merma la buena experiencia. Es como si estuviéra­ mos haciendo un paso adelante y otros dos hacia atrás. Cuando podemos decir que sí a ambas, es decir, integrar también las malas experiencias, entonces seguimos en movimiento hacia adelante. Hagamos la prueba. Frente a un aconte­ cimiento que consideramos negativo po­ demos decir: “no, esto no debería haber pasado, no pasó, no estoy de acuerdo con que haya pasado”. ¿Qué podemos ganar con este “no”? Nada, excepto usar nuestra fuerza en negar algo que ya no podemos deshacer, ni cambiar, ni reparar, y que­ darnos sin fuerza para nuestra vida. Aquel “no” significa: “no lo acepto”, “no quiero que sea así” y, en fin, “niego la realidad tal como es”. De esta manera, nos quedamos pendientes de los hechos. No los soltamos, seguimos intentando cambiarlos. Como si pudiéramos hacerlo. Los hechos ya han sucedido, nada se puede deshacer. Eso es una ilusión.

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Decir que sí es una sabiduría en la vida. Termina con la dependencia y abre las puertas a la libertad. Mientras el no nos li­ mita, el sí nos permite seguir adelante.

el sí abre prolonga asume crea extiende más prosperidad

el no cierra corta niega destruye limita menos pérdida

Cuando el “no” afirma No obstante, cada sí conlleva un no. Cuan­ do digo que sí a una cosa, digo a su vez que no a otra. Cuando decido ir hacia adelante, diciendo “sí”, digo a su vez “no” al paso hacia atrás. Cuando digo que sí a una in­ vitación, digo “no” a otra. Cuando digo que sí a una pareja, digo “no” a otra. Este no que resulta del sí lo podemos integrar en nuestra vida como un sí cuando dejamos de lamentar lo que no ha suce­ dido. Puedo decir, por ejemplo: “he dicho sí a la maternidad, lo que significaba a su vez un no a mi carrera universitaria”. El no hacia la carrera puede retener inconscien­ temente cuando se siente arrepentimiento, y puede crear una atadura que no permite disfrutar de la maternidad. Este no merma algo del sí. Pero si puedo decir: “estoy de acuerdo con esta decisión y con todo lo que significa para mí”, este no inherente al sí se convierte en un sí más fuerte todavía, y abre otra vez puertas para nuevas deci­ siones en el futuro.

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También, es importante decir que no cuando necesitamos poner límites o cuan­ do no estamos de acuerdo con algo que nos están proponiendo. Este no define nues­tra propia necesidad, y nos permite decir que sí a nosotros mismos. Este no está dirigido a la propuesta, no a la per­ sona que la hace. Puedo decir: “no, gracias, no fumo”, o “no quiero tomar café, prefiero tomar té”. Con este no, no rechazamos la persona sino la propuesta. A veces nos escondemos detrás del “sí” Sin duda se puede utilizar el sí también como expresión de resignación. Sería un estar de acuerdo para no exponerse, para no contradecir al otro, en fin, para evitar conflictos. Este sí viene de la idea de que uno de­ be ser cortés con el otro, no decir lo que quiere, lo que le pasa, lo que piensa, sino complacer al otro y mostrarse de acuerdo con algo, aunque no lo esté. Todos estamos pendientes de otros se­ ­res humanos, y en algunas relaciones no nos sen­timos suficientemente libres como para expresar nuestros verdaderos senti­ mien­tos. Cuando una pareja comienza a cono­cerse, uno quiere gustar al otro. En el primer enamoramiento, ambos buscan si­ militudes con el otro. Están felices des­cu­ briendo mu­chas cosas en común y así van entendiendo cómo es él, o ella, cuáles son los gustos, etc. Luego viene la segunda fa­ se, donde co­mienzan a diferenciarse, y ahí muchas ve­ces pasa que uno no quiere mos­ ­trar al otro su desacuerdo con una acti­tud, o que no quiere alguna comida, o que, en realidad, la música clásica no le gusta. No lo dice por­que no quiere lastimar al otro.


Dice que sí a todo, y este sí muchas veces lo aleja de sí mismo y lleva final­mente a la separación. En una oportunidad, atendiendo a una pareja vivencié un “malentendido” creado por los dos. Al preguntarles la razón de su alejamiento, se mostró el malestar entre los dos y surgió el siguiente diálogo: —Todo comenzó con el consomé —dijo él—. Ya estoy harto de comerlo. ¡Todos los domingos, consomé! —¿Esto me decís ahora, después de veinti­ cinco años de casados? —respondió ella—. ¡Yo solamente lo cociné porque me dijiste que te gustaba tanto! —Lo dije porque quise darte el gusto, es­ perando que algún día ya no necesitarías hacerlo. —¿Cómo pudiste mentirme tantos años…? ¡Yo también estuve harta de cocinarlo; hice un esfuerzo tremendo todos los do­mingos!

al otro. Negamos su capacidad de mane­ jarse con este no, y le quitamos al otro y también a nosotros mismos la posibilidad de seguir con la comunicación directa y honesta. Cuando pretendemos saber lo que el otro necesita y actuamos según su supuesta necesidad (que en muchos casos está lejos de su “verdad”), en realidad des­ preciamos al otro, nos alejamos y le propo­ nemos una realidad ficticia. El “sí” que nos lleva a decir “gracias” Entonces, ¿cómo podemos discernir el sí que nos fortalece del sí que nos debilita? El sí que nos fortalece es aquel que per­ mite, a largo plazo, que todos los invo­ lucrados puedan ser ellos mismos y, desde su lugar, seguir creciendo. Se trata de un sí que da paso a un movimiento creador y nos exige contestar: “gracias”.

De estos ejemplos hay muchos, también entre hermanos, amigos y colegas de tra­ bajo. Cuando pretendemos ser “educados”, no lastimar al otro diciendo que sí a una situación en la cual tendríamos que decir que no, podemos llegar a negarnos a noso­ tros mismos y, aunque no parezca, también

Tiiu Bolzmann es licenciada en Filosofía, Pedagogía y Sociología de la Universidad de Frank­ furt, Alemania. Formada en Psicoterapia según Carl Rogers y en Terapia Sistémica Familiar (en Austria). Formada por Bert Hellinger en Constelaciones Familiares desde 1990, y en Trauma Terapia con Anngwyn St. Just. Es fundadora del Centro Bert Hellinger Argentina (actualmente Centro Latinoamericano de Constelaciones Familiares, CLCF) y de la Editorial Alma Lepik. Expuso en congresos en España, Alemania, México y EE. UU. Es autora de libros sobre Constela­ cio­nes Familiares. Desarrolló la primera formación en Constelaciones Familiares en la Argen­ tina, avalada como docente por la Hellinger Sciencia. Actualmente es directora del CLCF.

ÓRDENES DEL AMOR

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Enseñar, aprender Por Teo Wainfred “Todo en el mundo comenzó con un sí. Una molécula dijo sí a otra molécula y nació la vida. Pero antes de la prehistoria existía la prehistoria de la prehistoria y existía el nunca y existía el sí.” CLARICE LISPECTOR, LA HORA DE LA ESTRELLA

Enseñar, aprender. Dos maneras opuestas de decir lo mismo. Cuando nos paramos frente a un grupo de alumnos –cosa que hacernos muchos con frecuencia– pode­ mos percibir la respiración de un mundo que no es el del simple acopio de datos sino más bien el de la pulsión por saber. Pues todo se aprende. Lo que está afuera, lo que es extranjero y transforma, y también lo que está por debajo de las cosas, cubierto por capas de ruido o subterráneo de tiempo. Desde temprano y como máquinas blan­ das, vamos incorporando información que se nos hace carne. Información que va sedimentando en nuestro modo de obser­ var, en la experiencia misma de leer la realidad. Pero esta transformación no es solamente una experiencia que modifica el contacto con el afuera; al ingresar va modificando la biología de nuestros cuer­ pos físicos. Nuestro cerebro va creando espacios para esa experiencia. Saber, conocer y luego actuar de un mo­do nuevo necesita cuerpos renovados. Por­q ue debajo de cada gesto que inau­

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gu­ra­mos se abre como salvoconducto el ham­­­bre por la novedad, y ahí, en ese ins­ tante en el que el movimiento va hacia afuera buscando algo, entra lo nuevo. Se abre una puerta para que salga algo y en ese movi­miento se cuela la próxima pre­ gunta. Co­mo en un pasadizo mágico. En simultáneo. Hay una liturgia viva del conocimiento que sucede en un aula. Que sólo se enciende si hay un ritual de transmisión de sentido. Y un ámbito de confianza en el que apa­ rezca con absoluta naturalidad el próximo error y, en esa falla: la nueva pregunta. Son los vasos comunicantes que aparecen en la discusión de una nueva idea los que van moldeando esa experiencia. Y es el maestro quien debe facilitar este ámbito de intimidad en el que ésta circula. Somos nosotros los maestros, en defini­ tiva, quieres debemos creer en esto. Por­ que enseñar es, ante todo, un acto de fe. Y es esa creencia lo que despierta concien­ cias, abre espacios, rompe prejuicios y ter­ mina germinando novedades.


Se confunde frecuentemente en el acto de la enseñanza el rol del que aprende y el del que enseña. Demagógicamente he­ mos ido defor­mando la idea de cadena de conocimiento y hemos ido defraudando sus implicancias, incluso rechazando a ve­ ces sus responsa­bilidades. Por eso retomo el nombre del maestro, del que posee no sólo el dato sino el com­ promiso del paso de ese saber. Esa cadena de afirmaciones que empezó con la pri­ mera molécula que algún día dijo sí a otra molécula. Tecnología que pone en marcha la autoridad como sistema de traspaso, no como representación de un poder sino co­ mo su más auténtico rasgo. Vivimos épocas tumultuosas y ciegas, ha­ bitadas por signos difíciles de descifrar y llenas de cantos de sirenas.

La transmisión de saber, al ir expandien­ do nuestras mentes, va creando nuevas formas de conocimiento orgánico y vibra en nuevas preguntas. Porque aprender es lo contrario a saber y a su vez es la única instancia que nos acerca a sus reflejos. Aprender, entonces, quizá sea decir sí al trayecto de la verdad que vive en constante cambio. Ponerse en concordan­cia con la tradición y romper sus bordes desde adentro. En última instancia, esta­mos acá para pasar esa antorcha encen­dida, para que el aire del pasaje mantenga viva la llama, para sostener la respiración de ese mundo que se abre frente a nues­tros ojos para que lo tomemos.

M. C. Escher. Metamorfosis II, 1940 (fragmento).

E D U C AC I Ó N

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Al son de la danza estelar Por Carla Scotti

Adiós a lo viejo La semilla de lo nuevo está en lo genuino que habita en nosotros. Muchas veces el “destino”, Plan Mayor o sino, nos propone situaciones que no ele­ giríamos desde nuestra personalidad. En­ tonces, en lugar de tomarlas como vienen y tratar de observarlas para comprender qué nos traen, comenzamos una lucha con­ tra “eso” que nos atraviesa y no queremos para nosotros, o buscamos saber por qué sucede lo que sucede. Está claro que nada de “eso” que viene puede controlarse. Muy lejos estamos de comprender la verdad esencial que el Uni­ verso tiene preparada para nosotros. La Astrología nos brinda su lengua­je simbó­ lico, explicando las fuerzas que actúan en cada momento y en los distintos niveles de existencia, y determinando las condi­ciones en las que nos podemos desarrollar con lo necesario para nuestro aprendizaje y para el rol que venimos a desempeñar. Y en estos tiempos que vivimos, en esta coyuntura tan particular de los astros, las sutilezas hacen a la gran diferencia, expan­ diendo la pequeña historia del yo hacia lo transpersonal, hacia la comunidad.

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¡Bienvenidos a la era de Acuario! Según el calendario maya, su inicio está señalado en la fecha clave del 21 de diciembre de 2012, que muchos interpretaron como “el fin del mundo”. Representa, en realidad, el fin del viejo mundo, el inicio de un nuevo ciclo milenario para la humanidad, con las características de las energías de Acuario. Desde mediados de 2012, la cuadratura (o tensión) entre Urano y Plutón nos pide desde el cosmos que revisemos las viejas formas en el planeta, lo que se ve reflejado en tironeos en todos los planos de vida. Plutón actúa en la destrucción de las vie­ jas estructuras, las viejas maneras de ejer­ cer poder y dominar desde la sombra. Se desarma lo espurio y los negociados que nos desempoderan como humanidad, im­ pi­diéndonos reconocer la totalidad que somos: un cuerpo humano, un sistema ar­ mónico en el que todas las partes nece­ sitan de la cooperación de las otras para sostener la vida. Al mismo tiempo, en el otro rincón de la cuadratura y en tensión, se encuentra Ura­ no, que nos habla de revolución, innovación y creatividad, la irrupción de una nueva ex­ periencia social pujando por nacer. Y no es


pacífico si encuentra resistencia. Como un parto, se precipita, se abre paso como sea. Estas energías planetarias piden mucho cuidado y una constante nutrición de nues­ tro lado más humano, en contacto con estar al servicio de la vida. La entrada de Sa­turno en Escorpio en octubre de 2012 nos hace ver como sociedad –y con una acre­centa­ da noción de realidad– todo aquello que rea­vi­va el conflicto, agudizándolo más por un tiempo para que vayamos tocando lo esen­cial y trabajemos en la profundiza­ción de lo que nos cuesta ver en el sentido co­ mu­nitario. Lo oculto y falso sale a la luz en estos tiempos de limpieza. El llamado es a desmalezar, remover la tierra para luego sembrar lo nuevo. En esta danza estelar se suma el gran Júpiter desde junio de 2013, ayudándonos a conectar con toda la abundancia, los

A S T RO LO G Í A

afectos familiares y la posibilidad de vis­ lumbrar otra aldea, más inclusiva. Nos con­ tacta también con nuestro origen, con la necesidad de saber de dónde venimos, de qué estamos hechos como sociedad y co­ mo individuos, de qué nos nutrimos. Y no podemos olvidarnos de Marte, el que pone en acción, que también se suma a esta cuadratura desde diciembre de 2013 hasta junio de 2014, aportando fric­ción entre las partes y algunos tintes agre­si­ vos o violentos, que pueden encender una chispa para dar impulso a un movi­miento o pueden armar un gran incendio. Todo depende del grado de conciencia de las partes.

¿Y nosotros? Estamos hasta aquí hablando de una con­ figuración espacial “objetiva” y tenemos

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que tener en cuenta cómo se plasma esta configuración objetiva en nuestra configu­ ración individual o subjetiva, lo que en Astrología llamamos los tránsitos. Es decir, el relato de la realidad objetiva y el co­rre­ lato del proceso psíquico propiciado en cada uno por las influencias de los astros. Y quizás lo que se nos presenta no sea coherente con nuestro deseo, pero sí lo es en otros niveles que todavía nos cuesta comprender. En la vida se juega una suerte de diá­logo entre la propuesta del destino y lo que cada uno puede hacer con eso, desde lo aprendido, desde lo que se reco­ noce como propio, desde el grado de sen­ sibili­dad para ser más o menos permeable a esa pro­puesta mayor. Y, en la medida en que estemos más presentes y atentos, cada vez será más fá­ cil “pescarnos” en el movimiento ciego que hacemos, y observar el paso que sigue a esa acción. Así despertaremos más rápido, antes de ser arrastrados por la ignorancia de la máquina. Al estar en nuestro eje y en conciencia de los movimientos, podemos

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mirarlos antes de que nos pasen por en­ cima, pudiendo estar abiertos para recono­ cer lo genuino, en nosotros y en los otros. Muchos de estos tránsitos de los que hablamos afectan hoy a nuestra sociedad argentina, porque nuestra carta natal como país también está muy influenciada por esta cuadratura. Entonces, éste es momen­ to de ver cada uno cuál es la contribución que hace para tejer un presente de mayor conciencia de cooperación. Por eso estamos invitados a decir que sí a nuestra Carta Natal, diseño en potencia de nuestro destino. Decimos que sí a lo que nos compone, y le vamos sumando grados de percepción en el continuo en­ trenamiento de conciencia, en los vínculos y en lo que propone la vida para cada día, a veces con más éxito aparente que otras. Seguramente el buen humor hará el resto cuando podamos tomar la vida como un proceso complejo y misterioso, entregán­ donos a su propuesta y con ánimo de des­ cubrirnos, ya que el destino mayor excede a la voluntad personal.


Estar al servicio de la vida Cuando decimos sí a lo propio, decimos que sí a una fuerza que está al servicio de la vida, en todas sus formas posibles. De­ ja­mos de vivir situaciones que retraen vida para vivir en expansión. Si tomamos la vida como creación, mo­ vi­miento, fuerza, deseo (im­pulso vital), po­ dríamos de­cir que la muerte es destrucción, inercia, apatía, debilidad, fin, cierre, trans­ for­macion. Todo lo que nos saca de la vida cada día y nos trae angustia, ansiedad, mie­ do, eno­j o, res­ponde a los distintos hilos invisibles que nos mantienen en resonan­ cia con personas, hechos o situaciones del pasado, y que sostenemos en memorias activas en nuestra biología. En esas tensio­ nes queda retenida nuestra fuerza vital. El reconocimiento de lo que es y la in­ clusión de lo que nos compone se dan en distintos pla­n os, que incluyen decir que sí también al dolor, las consecuencias, las mar­cas que quedan, el miedo y la culpa. Siempre que haga­mos un movimiento que no res­ponda a la lealtad del sistema sen­ tiremos culpa, y está bien. Si podemos entregarnos y abrirnos a to­ do lo que es como es, reconocemos tam­ bién que hay algo mayor que nosotros, una fuente universal que tiene un orden y un sentido, y que incluye todo y a todos por igual. Si conectamos con esta fuente en nosotros, podemos hacer nuestro camino sin necesidad de dejar nada afuera, y res­ pe­tando lo que hacen o piensan los demás. Cuando no podemos reconocer estos hi­los que nos tironean, sin darnos cuenta

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vivimos en un espacio que pertenece a otro tiempo, a lo que ya fue, y hacemos de ese pasado nuestro destino. La única for­ ma de que el pasado no se haga futuro es estar estar aquí y ahora, mirando en el pre­ sente.

Compromiso ¿Hasta qué punto estamos enteramente dispuestos a decir que sí? Muchas veces lo hacemos con la palabra pero nos cerra­mos en el no desde la actitud y los hechos. La renuncia se cultiva desde lo más chi­quito y en cada instante. Es en esos pe­que­­ños actos concientes de renuncia que vamos percibiendo el aroma de lo Nuevo. Y desde ese lugar nos hacemos cre­adores de nues­ tra propia vida. Esta actitud permanente de entrega, de soltar nuestras ideas y hábitos, nos con­ vier­te de a poco en antenas más recep­ti­ vas, mejor afinadas para escuchar qué hay en nuestro destino para nosotros, más allá de nuestras creencias y expectativas. Cuando logramos hacer este contacto es cuando estamos al servicio de la vida, y nos sentimos plenos. Nuestra vida fluye y se expande de maneras que ni podíamos imaginar. Hay que animarse a abrirse a lo desconocido con los ojos de hoy, mirando y viviendo cada situación como si fuera la primera vez. Latir con el pulso de la vida, y ver el nacimiento de lo que se expresa co­ mo nuevo en nosotros, lo genuino, que se refleja en una fuente inagotable de paz y libertad.

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Los unos y los otros Existe en nosotros una fuerza que nos lleva a crear bandos, separar y separarnos, fabricar fronteras físicas e ideológicas, donde existen los unos y los otros, “nosotros” y “ellos”. Estamos divididos por el afán de aferrarnos a un estandarte, de sostener creencias y sentimientos que portamos por fidelidad. Al plegarnos ciegamente a estas creencias, cargando también rencores y dolores de otros, vamos creando en nuestra vida situaciones que confirman más y más nuestra “verdad”, y nos enquistamos en uno u otro bando.

Le fils de l’Autre (El hijo del otro) es una película francesa (2012) que reflexiona so­­bre los conflictos sociales, políticos, cul­ turales y humanos que existen entre pales­ tinos e israelíes. Dos madres, una judía y otra palestina, dan a luz en 1991 en un hos­ pital de Haifa que es bombardeado po­­co después de los partos. En medio de la con­ fusión, los bebés son intercambiados por error y die­ciocho años después descu­bren acciden­talmente su realidad bioló­gica. Inicialmente, cada uno representa el es­ tigma social del enemigo instaurado den­ tro del propio seno familiar. Surge en al­­­ gu­nos la pregunta muda: ¿lo tomo o lo re­ chazo?, ¿es mío o no es mío…?, y la fuerza visceral de reparar la co­nexión interrum­ pida con aquel na­cido de su vientre y cria­ do en otro ho­gar. Los niños más pequeños, ajenos a las corazas de sus mayores, pue­ den ver al otro como un igual más allá de las diferencias, y conectarse desde aquello que tienen en común. La propia identidad de los jóvenes que­ da desmoronada al ver que la religión les

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es arrebatada, que para algunos la lealtad al pueblo es mayor que el amor que los unió como familia hasta ese momento. Esta lealtad no se expresa solamente hacia un ideal, sino que se ve reflejada en lo coti­ diano, en su relación con amigos, familia­ res y vecinos. Se po­ne en peligro su perte­ nencia incluso como grupo dentro de una socie­dad. El gran trabajo es aquí en principio para los hijos, que a partir de esta experiencia tienen que empezar a reconstruir su iden­ tidad y su vida, principalmente su mirada sobre la vida, en conciliación con las par­ tes que los componen: su familia y cultura biológica y la de crianza; y también revi­ san­do profundamente el sentido de la gue­ ­rra que viven. Pero la vida además exige a los padres renovar sus miradas, resignificar la cualidad y el sentido de sus creencias. Por ejemplo, al sentir que algo sin duda los une, incluso con la resistencia a acep­tarlo, un padre se dispone a ayudar al otro, y re­co­noce las injusticias que se sos­tienen des­­de de las creencias y lealtades insta­la­


das. Cada uno va tratando de encontrar un lugar in­terno en esa lucha entre la razón y el corazón, algo que en el film aparece más disponible de resolver en las mujeres. Al derribarse las barerras, y reconocer al otro como parte de uno, pueden comenzar a fluir los valo­res del ser humano.

Los buenos y los malos Esta película muestra el relato de una por­ ción de historias y significados que pode­ mos multiplicar, comprendiendo además que si bien las anécdotas varían en las dis­ tintas geografías y tiempos, la esencia es y ha sido siempre la misma. En nuestra historia como país, en las re­ ligiones, en la misoginia, la xenofobia, las gue­rras, e incluso dentro de las mismas fa­ mi­lias y hasta replicados en nosotros mis­ mos, siempre han existido bandos. En estos bandos no se percibe al ser humano como tal, sino como el desprendimiento de una conciencia colectiva movilizada por un ide­al o una creencia instalada. Están im­ pulsados por una fuerza que los excede. No es una fuerza que toman por elección conciente, sino que los atraviesa portando la carga de una historia que mu­chas veces desconocen. De nuestro pasado, personal

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y sistémico, viene nuestra heren­cia como pueblos, pero ese pasado tam­bién está vi­ vo aquí hoy, impregnando nues­tra manera de relacionarnos, de pensar y de actuar. Hasta cierto punto, necesitamos ple­ gar­­nos a esa fuerza, porque es parte de lo que constituye la identidad y garantiza la perte­nencia. Pero cuando somos movidos ciega­mente por ella, proyectamos nuestra histo­ria en el otro, y lo rotulamos según nuestras creencias y juicios, condenándo­ lo sin op­ción. Lo mismo hace el otro, desde un sen­tido falso de supervivencia. Así se transmite el odio de una generación a otra, provocando más des­truc­ción y alienación, no solamente del otro sino de uno mismo. Muchas veces ni comprendemos este odio. Simplemente te­nemos que encarnarlo por­ que así somos lea­les a nuestro clan. Esta­ mos además convencidos de que ser lea­ les al clan nos hace “buenos”. “Un árbol no puede escoger el sitio donde crece. Sin embargo, el lugar donde cayeron sus semillas es para él el correcto. Esto vale también para nosotros. Para cada ser humano, es el lugar de sus padres el único posible, y por lo tanto, el correcto. Para cada ser humano, es el pueblo al que pertenece, su religión, su cultura, los únicos posibles, y por lo tanto, para él, lo correcto.” BERT HELLINGER

Nos dividimos entonces entre “buenos” y “malos”, creyendo todos estar del lado de los buenos, no importa donde estemos. To­ dos tenemos amplias razones para sostener o justificar nuestra razón, adueñándonos de la verdad. Pero mientras nos creemos “buenos”, no podemos ver otras fuerzas que también actúan en nosotros.

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Poder reconocer nuestro lado perpetra­dor nos iguala con el “enemigo”, nos per­mite adentrarnos en una comprensión más profunda donde se debilitan los juicios y aparece la fibra esencial que nos com­pone: somos igualmente humanos, sen­ti­mos el mismo dolor, y todos encarnamos tanto a la víctima como al victimario.

Cuando no reconocemos nuestra fuerza perpetradora, ésta se nos juega ciegamen­ te. Por otra parte, la fuerza perpetradora con­tiene el impulso vital, con lo cual si no la integramos quedamos debilitados. Es la misma fuerza la que nos impulsa a destruir que la que nos lleva a la acción creativa, de­­­pendiendo de có­mo la orientemos (re­ ac­­tivo-creativo). Al re­co­nocer, asen­tir e in­ te­grar, con respon­sa­bi­lidad, nos ha­ce­mos grandes y fuertes para construir en her­ man­dad, para reparar nues­tro pasa­do con nuestras acciones presentes, en con­­cien­ cia. Que tire si no la primera piedra aquel que en su herencia familiar y en su propia persona no tenga presentes y vivas estas dos fuerzas. La perpetración no es solamente matar a otro. En nuestra vida cotidiana se expre­ sa de mil maneras menos dramáticas pero no sin consecuencias, ni sin causas que tal vez sí estén relacionadas con la muerte en un origen lejano. La violencia en todas sus formas y grados es una manera de perpe­

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tración: hiere, y sostiene un sentido para las partes involucradas (ambas), general­ mente desconocido. La posibilidad de reconciliación no es algo que se da naturalmente, o que surge en forma espontánea y absoluta. Es gra­ dual y necesita de una maduración para ir alcanzando distintos niveles de compren­ sión. Pero fundamental­mente requiere de una actitud dispuesta y un esfuerzo volun­ tario, a partir del reco­no­cimiento de que la reconciliación es una necesidad vital y que es lo único que pue­de traernos paz, indi­ vidual y colectivamen­te. La recon­ciliación es, además de la inclu­sión de lo externo, la integración de lo que llevamos dentro y de lo que so­mos. No podemos vivir plenos si estamos fragmentados, y no es posible que nos integremos si excluimos. La memoria La memoria es necesaria para dar un lugar digno y adecuado a lo que pasó, y nos tie­ ne que servir para crear algo nuevo. Nos tiene que servir como humanidad pa­ra que el dolor haya tenido algún sentido. Si nues­ tra reivindicación de la memoria nos lleva a multiplicar el resentimiento, remar­car las diferencias o alimentar la venganza, hay algo que está fuera de lugar y que no nos permite estar en paz, aunque en el mar­co judicial “se haga justicia”. Dice He­llinger que la solución a un problema no puede hallarse dentro del conflicto, que es nece­ sario un componente externo, nuevo, para producir la alquimia necesaria. Este compo­ nente es el que trae una nue­va conciencia, la que puede observar sin juicio. La paz en el mundo comienza con la paz en cada uno de nuestros corazones. Los conflictos sociales se basan en dolores


individuales, y la sanación que trae la re­ dención permite que germine la paz en los corazones, en cada corazón. La suma de corazones es lo que conforma un pue­ blo o una nación. Esto nos hace más res­ pon­sables individualmente, porque deja­ mos de exigir que otros instalen la paz en nuestra sociedad, desde una creencia (ade­ más, cómoda) de que somos impotentes. Tenemos el poder de transformar-nos y también la posibilidad de elegir si lo usa­ mos o no: podemos responder a la violen­ cia con más violencia, o con el ojo por ojo, creyendo que la “verdad” y la “justicia” es­ tán en nuestras manos, y considerándonos siempre “inocentes”. O podemos hacernos cargo de nuestras “culpas” en un cien por ciento, incluir más miradas a los juicios que traemos, relativizar nuestras certezas y ejer­citar la humildad, mientras vemos en el otro a un ser humano, igual a nosotros.

“Si cada persona asiente, en el sentido más esencial, y acepta humildemente que algo más grande se eleva por encima de ella y de todos los demás humanos, entonces se desarrolla desde su sitio y dentro de sus posibilidades, y se siente igual a todos los otros. A la vez, reconoce que ese algo mayor, cual sea el nombre que le damos, está dedicado y orientado hacia todos por igual. Con lo cual todos, sean cuales sean sus diferencias, son iguales.” BERT HELLINGER

Ilustraciones por Daniela Kantor. Tomado de UNICEF va a la escuela para hablar sobre la libertad y la igualdad. Buenos Aires: Unicef, julio 2002.

E N T R E N A M I E N TO CO N T I N U O I N T E G R A L

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En cuanto digo sí, todo se con­ vierte en fuerza, en energía crea­ dora, y así me paro en otro lugar. Cuando digo sí, soy activo y, al decirlo con todo mi ser, algo se transforma. Al re­chazar, negar o excluir, quedo débil, sin fuerza pa­ra desplegar todo mi potencial. ¿Y qué es entonces “decir sí”? Es incluir, aceptar, integrar. Con humildad, res­peto y dignidad. Es también ir para adelante, con lo que hay, tomar todos mis recur­ sos, ser res­ponsable, poder ele­ gir. Es tener confianza y coraje, afirmarme en mis sensaciones, soltar lo que me retiene. Es un acto de entrega y de renuncia, de apertura al misterio de la vida, para abrazarla, para dejarme sor­ prender, para vivirla con plenitud. Desde La Casa-Escuela te invita­ mos a que compartas a qué le de­ cís que sí en tu vida y qué te trae esa nueva energía, o qué puerta te está tocando hoy la vida para que abras... (Campaña publicada en Facebook, marzo-abril 2014)

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Andre

Hace poco me enseñaron un ejercicio muy sencillo. Éste consiste en agradecer a cada uno de mis padres la vida que viene a través de ellos, el haberse elegido, honrarlos y tomar toda su fuerza y sabiduría como es, con lo que sea. Dije que sí e incorporé esta pequeña práctica en mi día a día. El calorcito que recorre el cuerpo y la alegría de sentirme acompañada y respaldada realmente está haciendo que mi día comience bien distinto...

Flor

Hace muchos años, en uno de esos raptos poéticos adolescentes, cayó en mis manos un poema de Benedetti que me acompañaría toda la vida: “no te salves, no te quedes inmóvil al borde del camino, no congeles el júbilo, no quieras con desgana, no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo…” son algunas de las frases que resonarían con fuerza toda mi juventud. Parece tan simple decir Sí. Parece, nomás. Porque cuando tiene que salir muchas veces se queda ahí. Trabado. Estancado. Agarrado de algo en el centro del pecho. Decir Sí es poner el cuerpo, abrazar una causa. Quien decide decir que sí permite que se integren lo Viejo y lo Nuevo como parte de su identidad. Quien afirma da lugar a la posibilidad, al cambio desde la aceptación, a tomar sin juicio. A estar dispuesto a ser actor y no espectador.


Euge

Siempre me pesó mucho la profesión de mi papá, sus viajes largos durante meses, la ausencia, una profesión que para alcanzar el éxito necesitó de grandes sacrificios. Eso me trajo una carga hacia mi propio trabajo, a cómo yo concebía que el “éxito” también debía acarrear sacrificios y dificultades.

Caro

Los niños, inquietos mientras esperábamos: arriba del auto, en la vereda, jugando con piedritas, a la carrera... y empezaban a pelearse. Llegó el auxilio. Todos atentos a los movimientos del mecánico, aprendiendo. Mi hijo hacía preguntas, la pequeña observaba.

Cuando logré verlo, pude decir que sí a lo qué él eligió y cambiar la perspectiva de lo que elijo yo: crear mi propio éxito sin sacrificios, sin perdidas, con alegría y con felicidad. Ana

Voy aprendiendo a decir que sí a mis sensaciones, a reconocer de a poco que todas las respuestas que necesito están en mí y que no tengo que buscarlas en ningún otro lado. Para mí, decir que sí es aprender elegir, a conciencia y con el corazón cálido y abierto, hacia dónde quiero ir. Y confiar que lo que elija está bien aunque me equivoque, porque es el trazado de mi propio camino. “La Verdad nunca se encuentra en el camino marcado.”

Cami

Digo que sí a TODO mi pasado y lo dejo fluir hasta el lugar donde debe estar, y yo tomo MI VIDA (la vida, mi estar viva) hacia adelante.

TESTIMONIOS

Salimos de un cumple para volver a casa con el auto, y pinché una goma. Estaba con mi hijo de 5 y mi hija de 2, los dos súper cansados por el día de Jardín. Yo sólo pensaba en que mi plan, perfecto, ya se iba desdibujando... Frente a las opciones, decidí tomar lo que el momento traía, y llamé al mecánico.

Nos fuimos tranquilos, la menor se durmió, aproveché para dejar la rueda en la gomería... y llegué a casa. Más tarde surgió un hermoso plan en familia, que no podría haber hecho si hubiera dejado el auto en la calle esperando el arreglo al día siguiente. Eze

Durante 25 años creí que sólo éramos dos hijos: mi hermana y yo. Hace un tiempo descubrí que yo no soy el “segundo hijo”, sino el tercero, porque existió un hermano que no llegó a nacer, y por ese y otros motivos nunca fue reconocido. Poder decirle que sí a él, poder incluirlo en mi corazón y darle su lugar como segundo, y ocupar mi lugar cómo tercero, me ordenó en mi vida y en mis proyectos. Algo en mi interior se transformó y desde ese momento hubo un nuevo orden para los dos.

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Actividades en La Casa-Escuela www.lacasaescuela.com.ar

Entrenamiento Continuo Integral

Comunidad

Mediante un entrenamiento podemos tomar conciencia de la fuerza mecánica que se expresa en nosotros y con responsabilidad conducirla y revertirla hacia nuevas posibilidades, más en sintonía con nuestros talentos, recursos y habilidades.

Espacios para compartir los valores esenciales de nuestra organización, buscando abarcar de una forma más completa al ser-humano, y para seguir transmitiendo la posibilidad de encontrar la paz y reconciliación en nosotros mismos y en los sistemas a los que pertenecemos: Salud, Ex­­­pre­sión Artística y Cultural, Economía Humana, Participación Comunitaria.

Grupos de Entrenamiento Constelaciones Familiares Conciencia Corporal: BAM Biodinámica Aplicada al Movimiento Presencia Biodinámica® Yoga Integral más actividades Astrología Sistémica Numerología Cuántica EMF Balancing® Masaje Terapéutico Integral Asistencia con esencias florales

Formaciones Las formaciones están orientadas hacia una eventual aplicación en el campo profesional, y también hacia la profundización del desarrollo personal. No requieren conocimien­ tos previos. Los Órdenes del Amor y las Constelaciones Familiares

DESDE AGOSTO, TAMBIÉN SEMANAL

Terapia Craneosacral Biodinámica

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Maira Asseff (351) 573 4664 Paola Guinaldo (351) 617 5086 cordoba@lacasaescuela.com.ar

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Ejercicio de visualización con los propios padres Este es un buen ejercicio para ir trabajando el asentimiento, el primer “sí”: el que decimos a nuestros padres. Permite la actualización conciente de nuestra propia fuerza de vida y el contacto con la gratitud y la humildad. Buscar una pared blanca frente a la cual nos podamos parar. Hacer dos o tres respiraciones profundas, soltando tensiones. Proyectar en la pared la imagen de papá y mamá, así como se presenten y aceptando el modo en que se presentan, sin querer cambiar nada. La forma en que se presentan puede variar entre una práctica y otra. Mirarlos a los ojos, reconocerlos y hacerles una reverencia. Visualizar un arco energético que los une, y reconocernos en ese arco: somos el fruto de su unión. Nuestros padres son nuestros primeros maestros en la vida. Si lo sentimos, podemos también agregar en la imagen, detrás de ellos, a otros maestros que hayan sido o sean importantes para nosotros. Una vez que sentimos haber hecho contacto con todos los componentes de nuestra visualización, nos acercamos a la pared y nos respaldamos en ella allí donde proyectamos la imagen de nuestros padres. Respiramos profundamente, sintiendo cómo de ellos nos llega el sostén, el respaldo, el valor y la fuerza. Este ejercicio se puede repetir periódicamente, y en especial cuando nece­ sitamos juntar fuerza y sentirnos firmes y respaldados. Puede despertar movimientos internos, emociones y pensamientos. Esto nos aportará in­formación sobre nosotros mismos. Sólo hay que reconocer y aceptar lo que aparece, hacerlo conciente y asentir. La experiencia ante este ejerci­cio puede ser diferente cada vez, dependiendo de nuestro estado interno, del momento en el que lo practicamos y de nuestro propio proceso interno.

tiempos de a-sombro - revista cuatrimestral de la casa-escuela. año ii / núm. 4. buenos aires, argentina: abril-julio 2014. distribución gatuita. // dirección editorial y diseño: ana sirinian / desarrollo y producción de contenidos: ma. eugenia santa coloma / colaboración especial: carolina scotti / redacción: ana sirinian y ma. eugenia santa coloma / arte de tapa: raquel cané / ilus­traciones: ariel oshiro y defrenéticas // en este número contamos con la participación especial de: tiiu bolzmann, teo wainfred y carla scotti // versión digital en inglés. traducción: teo wainfred // esta edición fue financiada a través de ideame, plataforma de crowd­funding / responsable de la campaña: ma. eugenia santa coloma / agradecemos la participación de la comu­ nidad de la casa-escuela.


Quieto no en la rama en el aire No en el aire en el instante el colibrí Octavio Paz (“La exclamación”)


Tiempos de A-Sombro #4 Decir Sí