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pueden presentarse al grupo B, de trabajos con menor calificación profesional en algún ámbito gubernamental.

Razones y perfiles ¿Qué motiva a un profesional a opositar? Pues la principal, poder tener estabilidad laboral. Salir de la precariedad que hay en algunos ámbitos –como la investigación donde se concursa continuamente por plazas de becarios– o evitar la incertidumbre del trabajo autónomo. También la aspiración a trabajos de más prestigio o remunerados –como los abogados que pretenden ser jueces, o los profesores que quieren ganar la titularidad de su plaza–, o hacer carrera en la Administración Pública sin necesidad de los favores políticos. Como el soldado o el ‘maratonista’ que se entrenan y viven de su vocación, el opositor debería considerar este desafío como un trabajo. En este sentido, la organización es vital: plantearse un horario regular de estudios, que si se toma como jornadas laborales, pues que sea de 8 a 10 horas al día, cinco días a la semana. Pero claro, como todo trabajo, también debe haber períodos de descanso, y no es mala idea tener un sistema de auto promoción o de premios para incentivar la superación personal.

Técnicas Ejercitar la memoria es una de las armas más importantes. Pero no es cuestión de aspirar a ser una enciclopedia andante y repetir de carrerilla

los conceptos. El objetivo es entenderlos y relacionarlos. Pero por lo pronto, hay varias técnicas que sirven para agilizar ese órgano llamado cerebro, que como un músculo, será más ágil si se lo entrena. • Esquemas y subrayados: imposible captar todos los conceptos de un texto. Por ello, conviene resaltar los contenidos pero con diferentes presentaciones. O sea, usar subrayados simples y dobles o con colores para marcar y relacionar varios aspectos. Asimismo, establecer categorías de cada ítem (con numeraciones, llaves o flechas) para jerarquizar la información y distinguir entre contenidos de primera importancia, segunda, etcétera. • Fichas y resúmenes: el resumen debería ser una cuarta parte del texto original. Pero no tiene que ser un compendio de frases, sino una explicación, con las propias palabras, de las ideas estudiadas. Además, usando un método de jerarquía, se escriben los conceptos principales y secundarios en diferentes fichas. Usando y resaltando ciertas palabras claves, se ejercita la memoria visual porque, al golpe de vista en la ficha, se refresca la memoria. • Voces y grabaciones: el punto anterior es recomendado para quien tenga más memoria visual, pero para aquellos que están más cómodos con la memoria auditiva, se sugiere grabar los contenidos de las fichas y luego oírlas. Asimismo, la lectura en

voz alta ayuda a mejorar la dicción, la presentación de los conceptos y la forma de dirigirse a un tribunal. • Simulaciones: así como el militar realiza simulacros, o el maratonista corre cada día sus buenos kilómetros, el opositor debería realizar exámenes y consultar los temarios como ejercicio. El miedo a “estar en blanco” es el miedo a lo desconocido, por ello, lo mejor es practicar con antiguos exámenes para familiarizarse con los contenidos, la presión de la exposición y la rigidez de los tiempos. • Los centros de estudio: es recomendado capacitarse y entrenarse con la ayuda de algún centro especializado en preparar oposiciones. Los licenciados del centro acompañarán al aspirante y le marcarán sus puntos fuertes y débiles, les serán de guía para vencer el temor a las pruebas y las presiones, y pueden asesorar desde la experiencia. Estos centros están familiarizados con los temarios de las oposiciones, y conocen las formas de superarlos sin temor al fracaso. • Listos para el desafío: no sirve de nada llegar a la oposición sin dormir, porque un cerebro cansado estará falto de reflejos y con la memoria dispersa. Hay que descansar bien, evitar el repaso de último momento, llegar a horario y con buena presencia en la forma de vestir. Y estar confiando, estar seguro en tener un buen examen para poder estar primero en la línea de largada.

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Oposiciones: la batalla por el trabajo seguro