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literatura

El pacto que Dios había hecho con el pueblo de Israel tenía una seria deficiencia: no podía quitar el sentimiento de pecado. La sangre de los animales sacrificados no podía quitar el pecado. Solamente la sangre de Cristo, derramada una vez para siempre, quita el pecado y limpia de culpabilidad la conciencia del hombre. El sacrificio de Cristo puso fin a los sacrificios estipulados por la ley del Antiguo Testamento. “Cristo es el fin de la ley”, dice Pablo.

acerca de Apocalipsis, Hechos y Corintios y sobre las epístolas de Santiago, Juan, Pedro y Judas. Hay que precisar, asimismo, que cuatro de estas obras recibieron el premio Medalla Dorada de la ECPA (Evangelical Christian Publishers Association). El pacto que Dios había hecho con el pueblo de Israel tenía una seria deficiencia: no podía quitar el sentimiento de pecado. La sangre de los animales sacrificados no podía quitar el pecado. Solamente la sangre de Cristo, derramada una vez para siempre, quita el pecado y limpia de culpabilidad la conciencia del hombre. El sacrificio de Cristo puso fin a los sacrificios estipulados por la ley del Antiguo Testamento. “Cristo es el fin de la ley”, dice Pablo (Romanos 10:4). El escritor de Hebreos insinúa una variante: “Cristo es el fin de los sacrificios del antiguo pacto”. Al ofrecerse a sí mismo como sacrificio, Cristo marcó el fin del sacerdocio levítico con sus sacrificios y ofrendas. En Hebreos, Simon Kistemaker, quien sirvió en la Sociedad Teológica Evangélica (ETS) primero como presidente y luego como tesorero por dieciocho años, anota que “una simple ojeada a la epístola a los Hebreos le dice a los lectores que su contenido está apuntalado por numerosas citas del Antiguo Testamento; además, el escritor constantemente exhorta en forma pastoral a los lectores; y por último, el desarrollo de la parte doctrinal sigue una secuencia lógica”. La palabra santo nos hace pensar en una persona que anda caminando con las manos entrelazadas, con los ojos mirando al cielo y con un halo alrededor de su cabeza. De alguna manera tenemos la impresión de que él no es uno de nosotros. Pero cuando el escritor de Hebreos nos lleva por la galería del Antiguo Testamento y nos muestra los cuadros de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y otros, él nos confronta con cuadros de gente en acción. Estos santos son nuestros hermanos y hermanas en la fe. Los cuadros son escenas de batallas, ejemplos de valentía e instancias de sufrimiento. La gente que predomina en estos cuadros son hombres y mujeres comunes l

Enero 2017 / Impacto evangelístico

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Revista Impacto Evangelistico Edición Enero 2017 Idioma Español

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