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DIÁLOGOS TRANSDISCIPLINARIOS II ARTE, literatura Y SOCIEDAD Compilador: Julio César Schara


Presentación

En los últimos 30 años ha surgido una gran diversidad de métodos, estrategias, procedimientos, técnicas e instrumentos que tratan de abordar y enfrentar la realidad cada vez más compleja de nuestro en­ torno. Estos procesos se conocen con el nombre de Metodologías Cualitativas divulgadas en más de 400 libros y más de 3 500 publica­ ciones parciales, así como capítulos de libros y artículos de revistas. Estas orientaciones metodológicas tratan de ser más sensibles a la rea­ lidad de la vida contemporánea y están dotadas de métodos rigurosos, sistemáticos y críticos y poseen una alta responsabilidad científica.1 En el siglo xx se ha transformado el concepto de conocimiento y el concepto de ciencia buscando una nueva racionalidad científica y un nuevo paradigma epistemológico que supere el modelo científico po­ sitivista que imperó por más de tres siglos y que en México, en la pos­ revolución mexicana, el grupo del Ateneo y sobre todo José Vascon­ celos desplazaron por un modelo abierto a las humanidades y la justicia social, la educación y la reivindicación campesina de los más pobres que se conoció como el Renacimiento Mexicano que tuvo su epígono, a fines de los años sesenta, con la represión estudiantil del 68 y 71 y por el fracaso del modelo de economía política del neolibe­ ralismo que ha fundado la dirección de la política económica de los últimos sexenios en el país. 1  Miguel Miguélez Martínez, Conceptualización de la transdiciplinariedad, Caracas, Universidad Simón Bolívar, 2007, en <http://miguelmartinezm.atspace.com>, 2010.

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Las diferentes orientaciones pos positivistas: pos estructuralismo, deconstruccionismo, posmodernidad, etcétera, consideran la necesidad de sustituir al Positivismo Clásico por un modelo sistémico que fuera consecuente con las complejidades de la realidad del mundo actual. En estas orientaciones del pos positivismo surgen, en los últimos 15 años, el movimiento intelectual y académico denominado Trans­ disciplinariedad. No se trata de ir más allá de la unidisciplinariedad, ni de la multidisciplinariedad que es aquella disciplina que se enri­ quece con los saberes de otra, ni de la interdisciplinariedad que lleva el orden epistémico y metodológico de una a otra ciencia. La inten­ ción de la Transdisciplina es superar la parcelación y fragmentación de los conocimientos que reflejan las disciplinas particulares y su con­ siguiente híper especialización, debido a su incapacidad para compren­ der las complejas realidades del mundo actual (la ciencia ciega, las cuales ignoran la multiplicidad de los nexos de las relaciones y de las interconexiones que las constituyen).2 La transdisciplina se ha revelado en otros tiempos, por ejemplo, en los estudios realizados en disciplinas como la biofísica, la astrobiolo­ gía, la psicolingüística, las ciencias biopsicosociales, la psiconeuroin­ munología, inmunofarmacología, y tantas otras donde se entrelazan lo interdisciplinar y la transdisciplina. El mundo en que vivimos está caracterizado por sus interconexio­ nes globales en los que los fenómenos físicos, biológicos, psicológi­ cos, sociales y ambientales son interdependientes. Para la nueva cien­ cia se hace necesaria una perspectiva más amplia, holista y ecológica interdependiente pues el todo influye sobre el todo, para ello necesita­ mos un nuevo paradigma que transforme nuestro modo de pensar, nuestro modo de percibir y nuestro modo de valorar los saberes: Por todas partes, se es empujado a considerar, no los objetos cerrados y aislados, sino sistemas organizados en una relación coorganizadora con su entorno [...]; Por todas partes se sabe que el hombre es un ser físico y biológico, individual y social, pero en ninguna parte puede instituirse una ligazón entre los puntos de vista físicos, biológico, antropológico,

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Idem.


psicológico, sociológico. Se habla de interdisciplinariedad, pero por to­ das partes el principio de disyunción sigue cortando a ciegas.3

Por ello mismo nunca entenderemos por ejemplo la pobreza de una familia, de una colonia, de una región o de un país en forma aisla­ da, como tampoco podremos entender el desempleo, la violencia o la corrupción, por las mismas razones y menos sentido tendría la ilusión de querer solucionar alguno de estos problemas con medidas parcia­ les. La separación de los saberes se torna inoperante cuando enfrenta la realidad concreta que vivimos: los niveles de pobreza, los índices de violencia y criminalidad, el porcentaje del desempleo, el logro de una vida sana y una educación generalizada de calidad; en suma, una vida humana digna para todas las poblaciones está ligada como un ri­ zoma, con mucho otros factores de muy diferente naturaleza que no se pueden desconocer para poder resolver esos mismos problemas.4 Por ello mismo, cada disciplina debe hacer una revisión, reformu­ lación, redefinición de sus propias estructuras lógicas e individuales, que fueron establecidas aislada e independientemente del sistema to­ tal con la que interactúan, ya que sus saberes, al haber cortado los la­ zos de interconexión con la de otras disciplinas o con el sistema glo­ bal de la que forman parte, serán parciales e inconsistentes. Por ello, debemos pasar de planes de estudio mono disciplinares a planes de estudio multidisciplinarios, interdisciplinarios y transdisciplinarios, buscando conectarlos con sus interrelaciones en forma regional, glo­ bal y que puedan aportar en el desarrollo curricular mismo, en el largo proceso de enseñanza-aprendizaje, innovaciones a la nueva sociedad del conocimiento. El estudio del psiquismo se presta especialmente a una considera­ ción de las características de la transdisciplina, pues la psicología tie­ ne fronteras del conocimiento a través de la biología y al mismo tiem­ po con las ciencias sociales. Desde el nacimiento de la psicología se entrelazaron sus saberes con el de la pedagogía, la medicina y otras ciencias. Tanto físicos, médicos, educadores, filósofos y artistas fue­ ron atraídos por la nueva disciplina, sus despliegues y experimentos.

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Edgar Morin, 1992, p. 241, citado por Miguel Miguélez Martínez, op. cit. Miguel Miguélez Martinez, Conceptualización..., op. cit.

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Las direcciones iniciales fueron con Max Weber, Fechner y Hel­ mholtz creadores de la psicofísica y con ella una rama transdiscipli­ naria: la psicología matemática, esto es, las relaciones entre la inten­ sidad de los estímulos y de las sensaciones que provocan en los organismos: discriminación sensorial y umbrales sensoriales. La audi­ ción, la visión, el tacto, el olfato, el gusto, han sido elucidados me­ diante modelos complejos, permitiendo nuevas predicciones y con­ cepciones. También es importante recordar a Tichner que logra aislar de las funciones del cerebro las estructuras básicas de la percepción, la imaginación y los sentimientos, pioneros de la psicología experi­ mental temprana, cultivados en los primeros laboratorios creados a ­fines del siglo xviii y en los cuales, en las pimeras décadas del siglo xx se fundamentaron los principios pedagógicos del proceso ense­ ñanza-aprendizaje, desarrollando las investigaciones acerca del desa­ rrollo ontogenético de las funciones psíquicas que debían sustentar la pedagogía. De este modo la psicología daba nacimiento a la pedago­ gía transdisciplinaria.5 Asimismo, Charles Darwin con la teoría de la evolución, publica­ da en 1858, dio luz al equilibrio entre el aprendizaje y la herencia, dando lugar al estudio del desarrollo ontogenético y filogenético de las funciones mentales. Así, la psicología comparada fue transdisci­ plinaria desde su origen y requirió del conocimiento de la biología y etología anima. Pavlov formuló la teoría videopsicológica de los mo­ delos de aprendizaje. Santiago Ramón y Cajal, en el laboratorio de su domicilio personal, descubre la neurona, unidad funcional, teórica y estructural del sistema nervioso, que sentó las bases de los saberes de la neurociencia para la elucidación de los estados y procesos menta­ les, y que posteriormente desarrolla Bunge en los años ochenta del si­ glo pasado. Donald Hebb6 sustentó que el aprendizaje, la memoria y las funciones psíquicas son mecanismos cerebrales llamados: asam­ bleas de neuronas, formadas como producto de la experiencia que producía circuitos cerrados reverberantes (Sinapsis Hebbianas). Así, la psiconeuroinmunología que estudia los efectos de procesos y estados psíquicos sobre las variaciones del sistema inmune, y por lo tanto de la salud de los organismos, la psiconeuroendocrinología que 5  M. del Rosario Lores Arnaiz, Psiquismo, transdisciplina y transdisciplinariedad, Argentina, Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires, 1999, en <www.apdeba.org/ ms_4346.htm>. 6  Donald Hebb, 1949.

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estudia los efectos de los estados y procesos psíquicos sobre el fun­ cionamiento del sistema endocrino, así como las investigaciones so­ bre redes neurales, tributarias a la vez de la psicología, la neurología, y la modelación computarizada, resaltan la pertenencia de la psicolo­ gía a las neurociencias, como saberes transdisciplinarios.7 La diversidad de escuelas dentro del psicoanálisis, la constitución de escuelas que alude a la confrontación de métodos y conceptualiza­ ciones, a los límites y variables de las diferentes concepciones entre las mismas, abarcan problemas individuales, grupales, familiares, que enfrentan, entre otros la drogadicción, la gerontología, y que se prac­ tica en hospitales, escuelas, empresas, sindicatos, juzgados, cárceles, instituciones de Derechos Humanos etcétera; el psicoanálisis aplicado ha tenido una reverberación en todas las esferas de la cultura. Tam­ bién el enfoque básico del psicoanálisis se ha integrado a los quehace­ res multi y transdisciplinarios en la psiquiatría, pediatría, terapia ocu­ pacional, neurología y a las nuevas corrientes del body art o el arte del cuerpo que pretenden interpelar a la sociedad global sobre la impor­ tancia de resguardar la casa primordial del sujeto que es su propio cuerpo al cual ha enajenado con drogas, pandemias y toda suerte de mutilaciones. Todos estos conocimientos diversos tienen el objetivo de brindar atención integral a los pacientes con severas crisis de salud mental y a su familia; así, ha podido tener conexiones con la psicolo­ gía experimental, la pediatría, los estudios de lenguaje, etcétera. En este segundo número de Diálogos Transdisciplinarios han po­ dido coincidir una serie de reflexiones con motivo del Bicentenario de la Independencia Nacional y el Centenario de la Revolución Mexi­ cana 2010. No podríamos resolver los ingentes problemas de la vio­ lencia, surgida a partir de la Guerra en contra del Narcotráfico em­ prendida por el gobierno actual, si no tomamos en cuenta que el poder y la riqueza extremadamente concentrado, como asegura Margarita Camarena, en su ensayo, polarizan las relaciones sociales en el accio­ nar de los grupos dominantes, así como condicionan los cambios so­ cioeconómicos y espaciales del país. Las confrontaciones de la historia nacional están presentes como causa y efecto por la redistribución del poder y de las oportunidades de crecimiento económico en las regiones. Pese a que estos motores 7 

M. del Rosario Lores Arnaiz, Psiquismo, transdisciplina..., op. cit..

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de los movimientos sociales e inconformidad han revolucionado las estructuras y el sentido de la historia en nuestro país, las oligarquías si­ guen siendo dueñas de grandes propiedades de tierras, acumulación de dinero, poseedores de influencia en la dirección política gracias a sus influencias económicas, y que pese a poseer conductas éticas dudosas tienen como medio de legitimación el piso del poder acumulado y el símbolo histórico que significa la sucesión que les dio fuerza e influen­ cia. Influencia tal que en las estadísticas del ensayo vemos que desde 1940 en que el salario mínimo era de 93.73 pesos diarios en la época de Lázaro Cárdenas y en la época de Echeverría de 230.27 pesos, pasó al régimen actual a 54.47 pesos, lo que hace evidente que la distribu­ ción de la riqueza no ha podido ser generada por vía del salario y ha generado la pobreza histórica y con ello el enriquecimiento de las oli­ garquías, cuya joya de la corona es el poder Árabe y Libanés de Carlos Slim, uno de los grandes multimillonarios del mundo con un imperio de más de 30 millones de personas que viven en pobreza extrema. Asimismo, Rosa Imelda de la Mora nos habla de las funciones que han tenido los psicoanálisis en la mitigación del sufrimiento psíquico, que si bien en la sociedad doméstica el chamán mostraba saberes psi­ cológicos, también cumplía otras funciones como la hechicería, la medicina, brujería, guía espiritual, confidente, por lo cual ella lo de­ nomina médico-brujo-chamán- psicólogo-sacerdote, quien escuchaba y se hacía cargo de ese decir y le daba curso de alguna manera con salmos y con implementos que podía contar. Para ella, el médico-bru­ jo-chamán se ha dividido entre disciplinas y saberes como las psico­ logías, psiquiatrías, magias, religiones y psicoanálisis, los cuales abordan el sufrimiento psíquico de diferentes maneras, pues en la ma­ gia se establece un orden iniciático donde el brujo-chamán elige a su sucesor, así como él ha sido elegido antes; le hereda sus conocimien­ tos de manera empírica, con los cuales las yerbas y los conjuros se en­ frentan con los sujetos que sufren psíquicamente o de una dolencia fí­ sica, como así lo vemos en el investigación que realiza Julio César Schara: Testimonio de Rafael Aguirre: un médico curandero..., que también entra al diálogo de la miseria económica de las oligarquías, a las luchas que las psicologías, psiquiatrías, magias y religiones que atienden a los sujetos con sufrimiento psíquico desde sus propios pos­ tulados, con sus propias técnicas psicoterapeuticas, las cuales son analizadas in extenso en este interesante artículo. 12


Asimismo, Jesús González hace un puente entre la arquitectura precolombina y la arquitectura contemporánea, sobre todo en la inte­ gración de las artes y la arquitectura que se dan en el espacio arquitec­ tónico de Ciudad Universitaria, hoy reconocido por la unesco como patrimonio cultural de la humanidad. Ciertamente arte y arquitectura tienen un pasado histórico remoto pero vemos revivir el mosaico vi­ trificado, la tesell, mosaico de pequeñas dimensiones llamado vene­ ciano que los romanos utilizaron en la arquitectura palaciega y do­ méstica, como así lo podemos ver en los restos conservados por la erupción del Vesubio, en Pompeya. Arte y arquitectura, búsqueda de raíces precolombinas en un pro­ yecto universitario que también llega a su epígono junto con las con­ tradicciones del sistema político de la posrevolución mexicana y sus fracasos escolares, de competitividad y de producción de conoci­ mientos en la economía de la innovación y la globalización. María Esther Castillo en su ensayo: El continuo desencantamiento del mundo: el México posrevolucionario del 68, en Crónica de la intervención de Juan García Ponce, nos dice por qué el novelista recom­ pone los hechos para mostrar el verdadero motivo de la historia. El lector se entrega a la ficción que percibe a través de las descripciones o a una realidad ficticia; pero al entregarse, como se entregan los ac­ tores unos a otros, le otorga realidad y es, a su vez, el depositario de todas sus obsesiones; de esta manera se realiza un doble proceso de divulgación y ocultamiento. Herbert Marcuse, a quien García Ponce tradujo, brinda un punto de apoyo a la articulación interdiscursiva por las ansias de libertad en­ cabezadas por las juventudes de los 60 involucradas en un contexto de promesa y apuesta. Herbert Marcuse es la búsqueda de una nueva sensibilidad (el contexto de un acto libertario) que no podía darse como un puro acto de fe en las juventudes que perecieron en Tlate­ lolco, los actos fallidos dan pie a la pregunta que el novelista se hace a sí mismo y a los lectores implicados acerca de la realidad narrable que no debería quedar sólo en anécdota. El ensayo de María Esther Castillo nos lleva a la mirada del nove­ lista donde nos demuestra que: quizás la forma más eficaz por signifi­ cativa, en una novela como esta, sea mostrar cómo se traspasa de la reflexión y autoridad ética del novelista a la idea de representación ficcional para resignificar a la representación misma; la novela quiere 13


ser ese algo tangible como fueron los sucesos del 68 que, como todos sabemos, fue un crimen de lesa humanidad y a más de 42 años, los autores y el hecho han quedado en la impunidad total. Por último, el texto de Julio César Schara: La educación de la posrevolución mexicana: un testimonio de Rafael Aguirre médico-curandero de Catemaco, sirve para hacer un análisis hermenéutico inter­ pretativo del discurso-texto del doctor Rafael Aguirre Domínguez que es médico de profesión y curandero en la práctica. Sirve de guía para un análisis sobre los procesos de la educación de la posrevolu­ ción mexicana, del antipositivismo del Ateneo de la Juventud, para vincularlo a una terapéutica que podemos conceptualizar como: la pe­ dagogía sensible y el ejemplo de la salud-enfermedad construida por medio de terapias tradicionales que se remontan a la historia preco­ lombina de este país que, a pesar de todo, sigue celebrando el Bicen­ tenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución 2010. Jaime E. Rivas Medina Director de la Facultad de Psicología Universidad Autónoma de Querétaro

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Independencia, Revolución, Posrevolución Mexicana y la oligarquía en el 2010 Margarita Camarena Luhrs*

1. Introducción De la economía mundo de la meso y árido América hay territorios que se reiteran por las lentas pero progresivas migraciones provenien­ tes del Norte y otras regiones del Continente que se conjugan desde el crisol Olmeca, y se concretan en la fisonomía distintiva de posible­ mente muchos más que las 150 lenguas indígenas registradas por los esposos Pozas (antropólogos) en los años cuarentas y cincuentas del siglo pasado –de las que hoy prevalecen aún la tercera parte. De la Colonia siguen teniendo vigencia tres estructuras que impi­ den la formación de un Estado moderno capitalista aún en la actualidad: el Ejército, verdadero Estado tras el Estado; la Iglesia, que pudiera identificarse de la misma manera, incluso por su operación autoritaria estrictamente jerarquizada y medieval; y el trazo de los territorios que estas dos fuerzas superpusieron a lo existente previamente. Territorios indígenas, virreinales, expresados inmediatamente por los asentamientos de ejércitos y presidios, las ciudades nacientes de mi­ nas, comercio para abastecerlas, haciendas y rancheros ganaderos y agricultores que llegan, se asientan y prosperan o sucumben en función de la extracción, explotación y beneficio de riquezas para la exporta­ ción; son territorios a los que atraviesan las regionalizaciones eclesiás­ ticas, dándoles sus límites regionales más precisos, hasta la actualidad. * Investigadora de la uaer-unam, correo-e: mcamare@hotmail.com.

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De modo que México ha cambiado sin duda alguna, pero ¿cuánto ha cambiado? La respuesta a esta pregunta es hilo que conduce esta reflexión de los cambios concretados territorialmente, y que antece­ den, acompañan y son efectos de la Independencia y Revolución mexicanas que han dejado una marca imborrable en el trazo espacial actual, abierto desde las montañas y volcado hacia las avenidas por mares y tierras que conectan las riquezas de México con sus benefi­ ciarios que no son los mexicanos o tan sólo muy pocos de ellos, aun­ que figuren en las listas de los millonarios de Forbes. Como alianzas, conquistas y anexiones forjaron otras bases espacia­ les nacionales; ello, no sólo revirtió procesos de despojo seculares, in­ dispensables para la consolidación del Estado nacional a principios de 1940; sino que, a la postre, cuarenta años después, resultaron ser, en contrasentido histórico aparente, prerrequisito de la brutal apertura co­ mercial iniciada en 1982. Concentración y centralización regionales forjaron el sólido entramado social del Estado moderno, cuya consolida­ ción significó ya otra territorialidad, producto de la desnacionalización de las, hasta entonces, oligarquías mexicanas (Camarena, 2010: 2). Poder y la riqueza extremadamente concentrados, polarización de las relaciones sociales correspondientes, son tema característico del accionar de los grupos dominantes, así como de los cambios socioeco­ nómicos y espaciales en México. Y en cada una de las confrontaciones de la historia nacional están presentes, como causa y efecto, la redis­ tribución del poder y de las oportunidades de crecimiento económico en las regiones. Estos grandes motores de los movimientos sociales de inconformidad han movido las estructuras y sentidos de México. Pero, ¿quiénes han tomado las decisiones críticas en esta historia? y ¿por qué durante algunos años del México posrevolucionario se in­ vierte temporalmente la tendencia secular del despojo de la tierra y se logra restituir aún limitadamente a los desposeídos por 400 años y ampliar la clase media? Al parecer, en el proceso de cambio estructural del México rural por el urbanizado de manera extensiva en el siglo xx, se reiteran cam­ bios en los actores o posiciones regionales que ocupaban. Hay moti­ vos y linajes compartidos o bien aunque fueran rotos o terminados, que muestran adaptaciones, y permanencia incluso a costa de realizar cambios radicales para seguir haciendo prevalecer poder y modo de la economía, en las relaciones regionales asimétricas que inevitable­ 16


mente siguen trayendo consigo los procesos de concentración y cen­ tralización del capital. Y si se han alcanzado a romper grandes lazos previos con la tierra e identidades, para hacer prevalecer grupos oligárquicos cada vez más impersonalizados y sin su arraigo e identidad regional original que los hacía dominantes en lo interno y sus regiones, quedando su­ peditados a la órbita mundializada del capital lo que ya en las últimas décadas significó que dejaran atrás cualquier aspiración regionalista, nacionalista. En México de acuerdo con condiciones únicas, pues aunque se quisiera las historias no se repiten de igual manera en lugares distin­ tos; con la expansión del capitalismo mundial van apareciendo reite­ radamente violencia, despojo y dominación que terminan con los la­ zos comunitarios que hicieron posible y protegieron la reproducción autosuficiente previa, Prehispánica, Colonial, del México indepen­ diente e incluso hasta el período posrevolucionario de pleno siglo xx (Camarena, 2010: 3). Si es cierto que la expansión capitalista liquida esas relaciones an­ teriores con la tierra, en ocasiones tajantemente, como ocurrió en los Estados Unidos, o tal como ha seguido sucediendo progresivamente en América Latina, el reacomodo territorial demuestra esos avances y retrocesos hasta la fecha pero de diferentes maneras. Es posible que la consolidación ya irreversible del largo proceso formativo del Estado nacional mexicano, durante las cuatro décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, de 1944 a 1982, hiciera po­ sible la realización de reivindicaciones surgidas de la Revolución de 1910, junto con algunas otras anteriores incluso secularmente, como la restitución de las tierras a los grandes contingentes de las que fue­ ran arrebatadas por la conquista desde el siglo xvi y, especialmente por la monopolización de la tierra del siglo xix. Pero el período de 1944 a 1982 también es conclusión histórica de algunos de esos procesos regionales y de otros de nuevo cuño territo­ rial, porque el período de referencia concluye con resultados aparen­ temente contrarios a los esperados, pero que en realidad, desde la re­ trospectiva más amplia que dan los hechos en la actualidad, fueron causas y efectos funcionales a las nuevas exigencias del proceso de acumulación internacional, “globalizador”, con el que culmina el pe­ ríodo posrevolucionario que estaría completamente de manifiesto en 17


México hacia 1992; y que comenzarían a expresarse ya por una nueva pérdida de soberanía y aunque parezca imposible por una todavía ma­ yor sujeción económica hacia los Estados Unidos, basada en la asimi­ lación mimética de la estructura económica mexicana. Si desde 1982 se aprecia contundente la apertura comercial y el re­ pliegue del papel motriz del Estado,1 papel jugado no sólo frente a la economía sino especialmente, sobre todo, en la consolidación de un entramado social sólido que diera pauta y viabilidad a la reubicación del país en el nuevo concierto mundial de finales del siglo xx, lo cier­ to es que esto no sólo tiene como antecedente la redefinición de las oligarquías regionales mexicanas de origen colonial, sino que será una de sus consecuencias (Camarena, 2010: 5). Al favorecer intensísima concentración y monopolización de capi­ tales entre 1982 y 1994, fue ya todo un hecho que se revertía el repar­ to agrario, impulsándose un proceso de monopolización y control, a través de distintas vías como rentas y compras fingidas de las tierras, con las que Salinas, en los años de 1990, declaraba el “fin del reparto” en ausencia de más tierras que repartir. Con lo que terminaba tajante­ mente la “esperanza” masiva campesina, pero también la posibilidad de una fuerza burguesa nacional como dominante que sostuvieron, ambos, en el manifiesto ideológico que sostuvo la paz social del me­ dio siglo posterior a la Revolución. Hay otros hechos peculiares que marcaron ese parteaguas pro y contra intervencionista del Estado, como la reprivatización de la que entonces era reciente nacionalización de la Banca en 1982, la privati­ zación de empresas y la concesión de importantes obras de infraes­ tructura, antes controladas y sostenidas por el gobierno, impulsando la acumulación de las riquezas por la oligarquía ya constituida en blo­ que nacional bastante sólido, desde otras pautas ya completamente transnacionalizadas. Muchos otros acontecimientos pueden citarse. Todos ellos coadyu­ varon a la sujeción más completa del Estado a tan sólo unas cuatro dé­ cadas de haberse consolidado con el cardenismo, pues el cumplimien­ to de sus funciones tendría que mejorar su capacidad territorial y 1 

“Tras la revolución, el proceso de consolidación del poder político se acompañó de la expansión de los mecanismos de política a los que podía acudir el gobierno” (MorenoBid, Ros, 2004, 43).

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política centralizadora, en función de los intereses oligárquicos a los que servirá desde entonces ya sin los amplios márgenes de negocia­ ción que tuvo como su prerrogativa y, aún con altibajos, durante todo el período de los cuarentas a los ochentas. Al final de los cuales saltará a la vista una racionalidad subyacente a todo el proceso y que aunque en verdad haya sido orientada hacia las masas, también fue populista, es decir falsamente orientada por ellas; y en las aguas profundas sólo daría tiempo al fortalecimiento de la muy débil oligarquía nacional que no había sido capaz de fundar su orden capitalista y que en la actualidad sigue volviendo a sucumbir ante las fuerzas verdaderamente constitutivas de la mundialización global actual más evidentes. Con estos antecedentes, se señalaron transformaciones en las re­ laciones económicas y sociales, que en la década de los ochentas marca­rán el gobierno de Salinas de Gortari y todos los posteriores. Al interior de la conformación de las clases sociales principales, la oli­ garquía hará todavía mayores sus diferencias con respecto de la bur­ guesía y sus sectores de los años 80s y 90s del siglo pasado, larga­ mente regionalizados; y sobre todo de los distintos sectores obreros y proletarios, organizados durante décadas de lucha sindical relativa­ mente exitosa y por la política gubernamental clientelar y demagógi­ ca “populista”, implementada para su control desde el corporativista Estado nacional, entonces relativamente fortalecido dada la paradóji­ ca invalidez de la oligarquía nacional. Afanes libertarios por los derechos ciudadanos y las libertades cívi­ cas, posiblemente enarbolados desde la Colonia por los criollos inde­ pendentistas y sus aliados; y después, por los más consecuentes libera­ les de la segunda mitad del siglo xix, cristalizaron a partir de los años de 1960 en un ensanchamiento del número de clase “media” que prosperó al amparo del Estado Benefactor y al igual que los esfuerzos destinados a la educación, dos o tres décadas después, menguaría evidentemente con el cambio de modelo que lanzara a la luz los motivos subyacentes del México posrevolucionario en los que palidecen las causas legítimas de la Independencia pero también de la Revolución Mexicana. El énfasis desde Salinas, constantemente retirado después, pero exagerado por las presidencias panistas del siglo xxi, demuestra que las prioridades de política económica y social posteriores a los años de 1944 a 1982, siguen estando dadas por un énfasis de la política pú­ 19


blica orientada hacia la privatización y “adelgazamiento” de los apa­ ratos de gobierno y poder de la burocracia (Camarena, 2010: 6). Si durante el período posrevolucionario, fue posible organizar el Estado nacional, con lo que las oligarquías redefinieron sus posicio­ nes y relaciones territoriales, nacionales y extranjeras, es evidente que a finales de este período, terminaron por reinsertarse en los gran­ des circuitos mundiales de la riqueza, poniendo en segundo término, arraigos e identidades empresariales y de las demás clases y sectores sociales, regionales y nacionales, previas. A continuación se presentan definiciones de oligarquía mexicana, reflexiones sobre su territorialidad y reacomodos, especialmente en las etapas del México posrevolucionario; y una consideración sobre la paulatina desterritorialización de las oligarquías que evidencia en los resultados históricos de la actualidad, otro sentido de sus causas y efectos, y finalmente se presentan conclusiones.

2. Dominación de la oligarquía mexicana Como en la historia han sido relaciones de colaboración, transfor­ madas en relaciones de dominación, las que fueron llevando el tránsi­ to de las elecciones colectivas que sólo eran hechas simplemente por afinidades, hacia sistemas de dominación clasistas (Camarena, 2009: 135, y 2010: 7), que con el transcurso del tiempo fueron cambiando. Quienes empezaron a detentar el poder fundado en la concentra­ ción de la riqueza económica, aunaron capacidades de movilización de masas, así como de manipulación y control de los medios masivos de comunicación en grandes escalas geográficas. Por eso, la dominación de una clase sobre otras ha de referirse a un modo económico y social que domina: capitalista, feudal, esclavista. Los oligarcas dueños de propiedades, de tierras o de grandes acumula­ ciones de dinero, son poseedores de fuerza en la dirección política gracias a sus fuertes influencias económicas. Poseen estándares éticos posible­ mente dudosos, con diversos medios de legitimación, que tienen como piso el poder acumulado y el símbolo histórico que haya significado la sucesión que les dio fuerza [...], la oligarquía es un grupo minoritario de

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personas, pertenecientes a una misma clase social, generalmente con gran poder e influencia (aristoi) que dirige y controla una colectividad o institución (Yahoo Answers, 2008, s/p).

Pero también designa... una forma o un modo de ejercicio de la dominación política por un grupo minoritario perteneciente a clases sociales que detentan poder económi­ co y social [...] (Ansaldi, 2005: 160).2

De este modo, oligarquía puede ser asociada con un modo de do­ minación por el grupo más poderoso, económica y políticamente, en cierto momento y lugar, aunque es importante notar que existen mu­ chas interpretaciones distintas. Lo que en la actualidad se presta a equívocos porque los gobiernos operan a su servicio sin que los oli­ garcas se ocupen de ejercer la administración, aunque alguno de ellos se haya incorporado en puestos públicos. El cada vez más reducido número de los oligarcas del México con­ temporáneo se fue concentrado en sus negocios. Para eso, controlaban todo lo relacionado en su propio provecho, tal como se demuestra en los procesos de monopolización ocurridos al amparo del Estado interven­ cionista y después durante la época reciente de su “adelgazamiento”. Los poderes fácticos3 son un ejemplo elocuente de la manera có­ mo a través de ellos se aúnan poderes oligárquicos, de elite, para que 2 

De acuerdo con Ansaldi, este modo de ejercicio de dominación tiene las siguientes características en América Latina entre, circa, 1880,1930 y 1940 y corresponde con la época de las economías primarias exportadoras, fundamentalmente agrarias, fuertemente paternalistas y estratificadas. Para mayor información al respecto, véase Waldo Ansaldi, 2005, en <www.gupea.ub.gu.se/dspace/bitsream/2077/3270/anales_7-8_ansaldi.pdf>. 3  “Los grupos que detentan y ejercen poderes fácticos en México (poder, de hecho, no “de derecho”) se conformaron al amparo del presidencialismo: el sistema de poder que do­ minó la política y la sociedad mexicana por más de 60 años (de mediados de los treintas a finales de los noventas). El caso de los dueños de Televisa y Televisión Azteca (cuyo poder y métodos de ejer­ cerlo quedaron a la vista de todos durante el proceso de imposición de la Ley Televisa al Congreso de la Unión) es sin lugar paradigmático, pero no es el único caso de poderes fác­ ticos que han cobrado autonomía y fuerza ante la crisis del modelo presidencialista. Otros poderes fácticos que han visto crecer su influencia son: los militares; la jerar­ quía católica; los gobernadores en sus estados y algunos de ellos en el entorno nacional (casos Nuevo León, Estado de México); la cúpula financiera del país (los “30 poderosos” a los que se refirió con cinismo don Agustín Legorreta); los intereses de los Estados Uni­

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las decisiones dependan completamente de su arbitrio. Su función so­ cial en el período del Estado intervencionista, como en el período ac­ tual del Estado privatizador, es clave porque 1) transmiten la domina­ ción central hasta los espacios locales y 2) equilibran esos intereses nacionales y localizados en sitios y plazas tanto locales, como regio­ nal e internacionalmente. La dominación oligárquica es una red tendida vertical, jerárquicamente, combinando centralización y descentralización entre grupos dominantes de diferente alcance ([internacional], nacional, regional, provincial o estadual o departamental, local), clientelismo y burocracia, con mecanismos de control intraoligárquico. Oligarcas, coroneles, gamonales, caudillos, caci­ ques, compadres y clientes constituyen los sujetos partícipes de la forma oligárquica de ejercicio de la dominación política (Ansaldi, 2005: 162).

Pero después de 1982, la territorialidad de estas relaciones cam­ biará drásticamente al igual que todo el modelo de crecimiento nacio­ nal. Y en el período de 1982-2010, los grandes oligarcas, adquieren otra presencia económica, incluso trasladan sus residencias locales a la capital y después abandonan identidades de origen regional y luego nacional, transancionalizándose. 3. Acomodos de las oligarquías regionales, unificación como bloque nacional y reciente desterritorialización Los reacomodos territoriales, postrevolucionarios, de las posicio­ nes que ostentaban las todavía entonces oligarquías arraigadas regional­ mente, persistieron aún a pesar de diferencias ideológicas por las que se luchaba durante la Revolución, y mantuvieron razones semejantes y derroteros que ya llevaban curso antes de la Revolución, especial­ mente en regiones que no registraron hechos de violencia (Camarena, 2010: 8). dos internalizados (vgr. Tony Garza-Grupo Corona-Televisa) y las presiones externas de su Gobierno (declaraciones de Alan Greenspan en el momento estratégico); los “clusters” internacionales; y, desde luego, los “barones de la droga”, cuyos tentáculos alcanzan al complejo sistema de blanqueado de dinero y al contrabando de armas, de mercancías y de personas” (Sierra V., 2007).

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Pero si se ven los acontecimientos desde la retrospectiva del 2010, la desterritorialización del capital corre paralela con la desnaciona­ lización de las oligarquías, que ya era todo un hecho hace unas tres décadas; lo que sugiere, a lo largo del período de la posrevolución, un cambio en los estilos de dominación territorial correspondiendo a nuevas pautas intensivas y tecnificadas de extracción de la riqueza na­ cional y concentración extrema del poder. Esta perspectiva de resultados ahora retrógrados con respecto de las aspiraciones auténticas de hace 100 y 200 años, que recientemente se conmemoraron, no obsta para reconocer la justicia y autenticidad de los movimientos sociales que fueron convergentes violentamente a principios de los siglos xix y xx, ni posibilidades futuras de cambio. Plazos reiterados como estos indican que incluso movimientos de tal envergadura fueron finalmente capitalizados a largo plazo, en la perspectiva de las ventajas para transnacionales, representadas por ejemplo en los más connotados oligarcas del país.4 Si, por otro lado, es paradójico que las consecuencias sociales negativas no parezcan ame­ nazar la permanencia del neoliberalismo actual, impreso en gobierno y prácticas sociales mexicanas, también es cierto que estas condicio­ nes siguen expuestas a presiones que pudieran alterar, nuevamente, quizá en dos décadas adelante, ese curso de los acontecimientos. Esta dominación oligárquica, es concentrada y fragmentada de origen. En ella, “el espacio público es privatizado” (Ansaldi, 2005: 163), cierra la posibilidad de una vida pública política e impide la in­ 4  Si se acepta la información difundida por “cnn Expansión.com”, estaría compuesta hoy por 9 integrantes: “La lista 2009 de los multimillonarios de Forbes incluyó a nueve mexicanos, uno menos de los que reunió el año pasado y antepasado, pero esta vez el ran­ king presentó una sorpresa: incluyó al narcotraficante más buscado en México, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera./ El líder del cartel de Sinaloa, que tiene una fortuna valuada en 1,000 millones de dólares (mdd), comparte la posición 701 del listado con Alfredo Harp Helú y Emilio Azcárraga Jean./ El empresario mexicano, Carlos Slim Helú bajó a la tercera posición en el ranking general de Forbes, pero conserva el liderato entre los mexi­ canos, rebasándolos ampliamente con su riqueza valuada en 35,000 mdd/ En segundo sitio lo ocupó Alberto Bailleres, dueño de Peñoles y el Palacio de Hierro, con una fortuna va­ luada en 5,700 mdd. Y el tercer lugar fue para Ricardo Salinas Pliego, el empresario de Grupo Salinas y tv Azteca, con 4,200 mdd./ Los dos empresarios que salieron de la lista de Forbes fueron Isaac Saba Raffoul, de Casa Saba, quien falleció en julio de 2008, y Lo­ renzo Zambrano, de Cemex./ Todos los mexicanos enlistados por Forbes redujeron sus fortunas, en un año marcado por la crisis financiera. El que menos perdió fue Roberto Her­ nández, que vio disminuir su capital en 500 mdd.” (Ansaldi, 2005: 163)

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tervención estatal para administrar democráticamente los conflictos. De muy diversas maneras, pero todas ellas violentas, el proceso que ha culminado en la instauración de la dominación oligárquica ha re­ querido el paso de dominios oligárquicos regionales, con frecuencia, enfrentados entre sí, a una confluencia reconocida de fracciones de intereses dominantes, que concluye en especies de “pactos de domi­ nación oligárquicos” acordados originalmente entre los poderosos oriundos regionales que después, aún sin romper identidades de ori­ gen, se apoderarán de otras identidades por las especialidades “pro­ ductivas” o de los sectores económicos de los que provienen sus ri­ quezas lícitas e ilícitas; este período5 también cambiará con el “giro” de la etapa actual del “Estado privatizador”. Toda vez que ese proyecto de país se vuelca tan rápidamente hacia la reprivatización, el neoliberalismo y la apertura comercial mundial, obliga a repensar el sentido histórico del periodo del intervencionis­ mo estatal, posrevolucionario, como necesario para que ocurriera algo tan distinto de la intención con la que parecía haberse gestado. 4. Desterritorialización de las oligarquías regionales unificadas Es importante notar que los pactos persisten tanto en sociedades democráticas como en aquellas todavía regidas por reyes y reinas. Sus manifestaciones van desde el clientelismo hasta el racismo y la criminalización de la nueva protesta social que, coyunturalmente, ad­ quieren gran brutalidad. Tal como ocurrió en México durante todo el proceso de reacomodos de los poderes regionales y el ajuste de sus re­ laciones durante 1941-1982 (Camarena, 2010: 11). A partir de la creciente centralización del poder, fueron paralelos el endurecimiento de la dominación y la concentración económica a 5  El período del Estado interventor de 1941 a 1982, se subdivide en tres etapas con­ vencionales: 1) “Industrialización por sustitución de importaciones”, de 1941 a 1956; 2) “Desarrollo estabilizador” y profundización de la industrialización sustitutiva, de 1956 a 1970; y 3) “Desarrollo compartido”, de auge petrolero y agotamiento de la industrializa­ ción sustitutiva, de 1970 a 1982. Estas etapas serán seguidas por otro período de 1982 a 2010, en el que pudieran reconocerse la etapa de “Liberalización comercial”, de 1983 a 1993; y de entonces a la fecha, la etapa crítica de “Drástica apertura comercial” y concen­ tración extrema de la riqueza (Camarena, 2010: 10).

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favor de las oligarquías todavía de identidades caudillistas y caciqui­ les de orígenes regionales. La correlación de fuerzas con la que inicia el período posrevolucionario del México contemporáneo, consolida una matriz del estilo de dominar “a la mexicana”, que cristaliza con el Cardenismo en 1936, fundando ya sin excepciones un Estado centra­ lizador cabal. Aunque entre burguesía y oligarquía la clase social es la misma, hay enormes diferencias jerárquicas en su interior que se expresan por muy distintas capacidades de relación y dominio, en capacidades di­ vergentes para concentrar poder económico y político. Lo importante es notar que estos atributos, originados en la masa de riqueza y domi­ nio que poseen, se deben fundamentalmente a los grados de influencia, a las posiciones de fuerza, a la capacidad de negociación, y al consen­ so intra clasista que logran para reproducirse y mantenerse como tales. Así, el grado de poder se mide por su eficacia para ejercer la domina­ ción sobre el conjunto de fracciones y sectores de la propia clase sobre el resto, y ante el propio Estado, ahora ya finalmente constituido, lo que es indispensable para conservar y reproducir el mismo orden so­ cial, fuente de su riqueza y poderío. Si México se transformó de país agrario en sociedad urbana, rela­ tivamente industrializada, fue porque su población pasó de 20 a 70 millones de personas cuya concentración en zonas urbanas pasaba del 35% al 66%. La infraestructura carretera creció cerca de 25 veces, pa­ sando de 9 900 km en 1940 a 213 000 kilómetros en 1980. La alfabe­ tización se duplicó y en 1980, llego al 83%. La escolaridad de adultos se elevó de 2.6 a 7.1 años y la esperanza de vida al nacer aumentó de 24 a 65 años. Pero si el proceso de crecimiento económico fue exitoso,6 la disparidad de la distribución del ingreso y de las oportunida­ des de desarrollo se agudizarían cada vez dado que fueron subestimados obstáculos al desarrollo.7 Pueden destacarse algunas dimensiones significativas de este período al contemplar que el pib creció de 1940 a 1980 a una tasa anual del 6.4% y el pib per cápita lo hizo a una del 3.2% anual. Mientras que la industria manufacturera creció entre 1945 y 1955, a una ta­ sa anual del 7.4% y de 1957 a 1970, a una del 8.9% anual. Pero sobre todo hay que notar que su participación en la generación del pib pasó en todo el período del 15.4% al 24.9 en­ tre 1940 y 1980, redefiniendo por completo la estructura económica nacional y los asien­ tos del poderío y la riqueza de sus oligarquías (Moreno-Bid, Ros 2004: 44-45). 7  Por ejemplo, para mantener la soberanía alimentaria y continuar desarrollando la agricultura, aplicar una política exitosa de fortalecimiento del potencial exportador que 6 

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Si de 1940 a 1970 se registró un crecimiento sostenido que multi­ plicó por 5 veces el pib, al cabo de esos 5 sexenios, con la presidencia de Luis Echeverría Álvarez, la economía decayó y la moneda se de­ valuó después de 22 años de estabilidad, hasta quedar en una paridad de $12.50 pesos por dólar. Al final del período, el 20% de la población percibía el 50% del ingreso total disponible, mientras el “63% de los mexicanos seguía viviendo en condiciones de pobreza” (Moreno-Bid, Ros, 2004: 49). Tal sería el costo subyacente del proceso de consoli­ dación del Estado nacional, merced al cual las oligarquías mexicanas podrían insertarse, ya desnacionalizadas, baja la órbita del gran capi­ tal mundial. A partir de entonces, la inestabilidad constante ha sido característica del comportamiento de la economía nacional. En ese proceso destacan dos dimensiones cruciales de los resulta­ dos del dominio unitario de la oligarquía: 1) la pobreza8 y el empobre­ cimiento creciente, aunque en general, en el período estudiado, se note como parte del proceso de transformación rural, un ensanchamiento de las clases medias y mayor movilidad ascendente interclasista, y 2) la también creciente concentración de la riqueza9 en manos de alrede­ dor de 40 muy poderosas familias, de las que conservan sus prerroga­ fue relegado; y se desestimaron los ritmos crecientes del endeudamiento externo que hi­ cieron que la economía estatizada dependiera crecientemente del financiamiento exterior; además el descuido de la balanza de pagos hizo muy vulnerable a la economía, ante co­ rrientes de capital de corto plazo, que resultarían poderosos factores desestabilizadores. Véase Moreno-Bid, Ros, 2004: pp. 44-49. 8  Hay cada vez más pobres y depauperizados y menos ricos, mucho más concentrado­ res de masas crecientes de riqueza. Los datos de los pobres demuestran un “paradójico mejoramiento por igualdad de la pobreza”; es decir, se engruesan las filas de pobres duran­ te las tres últimas décadas, aunque sean menos extremadamente pobres, llegando según Julio Bolvitnik, en 2002, a 72 millones de pobres en México (contra las cifras del Comité Técnico contratado por Sedesol en el mismo año, que reconocía 65 millones de mexica­ nos) [Sin autor. 2002, s/p]. De igual manera, la tendencia del “salario mínimo actual”, es elocuente de la pérdida del poder adquisitivo. 9  “No obstante esa perfecta coordinación de las principales áreas e instrumentos de la política económica, a nivel de la lucha de clases se estaban agudizando las contradicciones vía una distribución bastante inequitativa del ingreso. Reynolds (1977) señala que para 1968 el ingreso per cápita de México ascendía a los 1 000 dólares anuales, pero que des­ graciadamente ese ingreso no se distribuyó de manera uniforme entre todos los estratos de la sociedad, ya que los seis millones de habitantes más pobres recibían sólo cerca de 400 dólares anuales; los siguientes veinticuatro millones de habitantes recibían 550 dólares; los siguientes veinticuatro millones, 925 dólares, y los seis millones de ocupantes del es­ trato superior, 3 700 dólares, un ingreso medio igual a siete veces el de la mitad más pobre de la población. O dicho en otras palabras, el 10% de las familias más pobres se llevaban

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tivas a principios del siglo xxi, la tercera parte de potentados –entre 10 y 24 familias–, cuyo poderío y riqueza sí han sido crecientes en el período estudiado. Cuadro 1. Salario actual equivalente (base, inp 2002); pib (base 2003), México. 1940-2008 pib

Año (por el salario más alto)*

Salario mínimo actual (base 2002)*

pesos

Población (base2003) m habitantes

LCdel R

1940

93.73

380.23

19.65

MAC

1946

54.85

543.36

22.91

MAV

1952

73.60

760.46

27.40

ARC

1958

91.04

1 101.46

32.86

ALM

1964

143.38

1 595.67

39.76

GDO

1970

174.96

2 292.64

48.23

LEA

1976

230.27

3 353.41

56.92

JLP

1977

209.99

4 726.72

66.76

MMH

1982

155.07

4 813.77

77.36

CSG

1989

94.16

5 011.40

79.28

EZP

1995

62.00

5 679.68

91.72

VFQ

2001

55.44

7 394.06

99.72

FCH

2008

54.47

8 928.63

107.75

Presidente

mm

* Salario por día Fuente: Manuel Aguirre Botello, 2009: “Termómetro de la Economía Mexicana. Indi­ cadores Históricos 1935-2009. 75 Años de la Economía mexicana post Revolucionaria, resumida en 13 sexenios presidenciales”, en <www.mexicomagico.org/Voto/termo.htm>; y Manuel Aguirre Botello, 2004 (actualizaciones sucesivas hasta 2009): “Economía mexi­ cana”; “Evolución del salario mínimo en México de 1970 a 2008”, en <www.mexico­ maxico.org/Voto/SalMinInf.htm>.

sólo el 4% del ingreso disponible, el 80% siguiente el 59% y el 10% de las familias más ri­ cas concentraban el 37% restante”.

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Por otra parte, hay antecedentes del período revolucionario duran­ te el cual algunos grupos oligárquicos vieron perderse las densas y exclusivas redes de relaciones elitistas de las que participaran.10 Asi­ mismo, pudieran contrastarse algunas consecuencias contemporáneas de la concentración de la riqueza regional del México de la posrevo­ lución de 1940-1982, que pueden ser verificadas en las cifras que se difunden a partir de datos de la Bolsa Mexicana de Valores, en 2006, en el sentido de que tan solo 10 empresarios concentran riqueza equi­ valente al 35.3 por ciento del pib.11 Aunque estimaciones más recientes pudieran expresar los mismos hechos con dimensiones menos acusadas,12 los escalones entre la fa­ milia Slim y los otros 8 más importantes oligarcas de la actualidad en México, son enormes; y entre ellos y el resto de la clase dominante aún más, pero resultan abismales las diferencias con el resto del mexi­ cano común. Aún así, no hay que dejar de tener presente que este or­ den social es mundial y los poderosos 9 grandes jerarcas, con excep­ 10  Puede tomarse en cuenta la siguiente interesante hipótesis: “Our hypothesis is confirmed by three related results: (1) the total number of connections (i.e., the density of the network) was higher in Mexico than Brazil; (2) in Mexico, there was one dense core network, while in Brazil we find fairly dispersed clusters of corporate board interlocks; and most importantly, (3) politicians played a more important role in the Mexican network of corporate directors than their counterparts in Brazil. Interestingly, even though Brazil and Mexico relied on very different institutional structures, both countries had similar rates of growth between 1890 and 1913. However, the dense and exclusive Mexican network might have ended up increasing the social and political tensions that led to the Mexican Revolution (1910–1920)” (Ian Read, 2007, 14). 11  10 empresas alcanzaron ganancias conjuntas por casi 39 mil 500 millones de pesos en los primeros tres meses de este año, a razón de 438.8 millones de pesos en promedio diario de ganancias netas durante ese período, que representan 9 millones 200 mil salarios mínimos./...Además, las utilidades netas del primer trimestre de 2006 fueron 32.7 por ciento superiores a las obtenidas en el mismo lapso de 2005./...La importancia económica de estas 10 empresas se mide en el valor de mercado de las mismas, más de 2.8 billones de pesos; una dimensión que en forma comparativa representa 35.3 por ciento del producto interno bruto (pib).” (Zuñiga, 2006: sp). 12  “Las 39 familias más acaudaladas de México suman en total una riqueza de unos 135,000 millones de dólares, que representan alrededor del 13.5% del Producto Interno Bruto (pib) y obtienen dividendos anuales por 500 millones de dólares, encabezados por el magnate Carlos Slim. ...Los hombres de negocios y las familias con mayores fortunas, propietarios de empresas cotizadas en la Bolsa Mexicana, obtienen por dividendos un pro­ medio anual de 500 millones de dólares, destacó la publicación, que regularmente realiza un listado de los hombres más ricos del mundo y de México.” Publicación digital “Sentido común”, citada en “Son 39 las familias más poderosas de México”, en La Crónica de Hoy, Secc. Negocios, 2 de julio de 2008, en <http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_ nota=370355>.

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ción posiblemente de Slim, ocupan sitios entre los lugares 700 de las listas de Forbes o Fortune (Camarena, 2010: 14). Es decir que hay oligarcas “dependientes” o subordinados en jerar­ quías mundiales mayores.13 Lo que confirma que si es importante la masa de la fortuna, lo decisivo es el poder, la capacidad de influencia y relación. Un resumen de los nombres que figuran como representativos de la oligarquía en el México actual, puede leerse en la siguiente lista: Familias más acaudaladas de México, 2009 Familia Slim Larrea Salinas Pliego Bailleres Garza Lagüera Martín Bringas Antonio del Valle Servitje Arispe Barragán Fernández Suma

Millones de dólares 65 034.0 8 873.4 8 818.6 6 545.2 5 796.0 3 550.0 3 194.1 2 882.0 2 747.9 107 443.2

Fuente: Club Universitario Crónica, 2008: “Son 39 las familias más poderosas de México”, en La Crónica de Hoy, Secc. Negocios, 2 de julio, en <www.cronica. com.mx/nota.php?id_nota=370355> (Camarena, 2010: 15).

13  Por ejemplo, tómense en cuenta los siguientes datos: “El escalafón lo lideran Slim y su familia, propietarios de compañías como los gigantes de las telecomunicaciones Tel­ mex y América Móvil, el consorcio Grupo Carso, el Grupo Financiero Inbursa y la cons­ tructora Ideal. Según Sentido común, Slim, quien en días recientes se apoderó del 20% del banco español La Caixa y el 15% de Gas Natural México, a través de Inbursa, acumula una fortuna de unos 65 034.7 millones de dólares. Al empresario lo siguen el industrial Ger­ mán Larrea, dueño del gigante mexicano del cobre Grupo México, con una riqueza de 8 873.4 millones de dólares, y muy de cerca Ricardo Salinas Pliego, propietario de Elek­ tra, tv Azteca e Iusacell, con 8 818.6 millones. En el cuarto lugar, con 6 545.2 millones de dólares en su haber aparece Alberto Bailleres y familia, poseedor del grupo minero Peño­ les, el mayor fabricante de plata refinada del mundo. El empresario Antonio del Valle, dueño del productor de químicos Mexichem, destaca en la clasificación por ser el magnate que más posiciones aumentó, ya que escaló seis pues­ tos para situarse en el séptimo lugar con 3 194.8 millones, detrás de Martín Bringas, patrón del minorista mexicano Soriana, en la quinta plaza, con 3 550.9 millones. La mujer más rica del país, de acuerdo con Sentido común, es María Asunción Aramburuzabala quien se ubica en el puesto 13 de la lista con 2 027.6 millones de dólares”. (Sin autor, 2002 (A): sp)

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Los intereses y acciones de esta oligarquía, expresada en los apelli­ dos anteriores y otros como: Hernández, Zambrano, Sada, Bours, Arango, Aramburuzabala, Fernández, González, Saba, o Harp, pero también en otros que tuvieron renombre en el período posrevoluciona­ rio como O’Farril, o Hank, sugieren que entre sus ascendientes, linajes y orígenes de sus fortunas, se rebasa el marco territorial nacional, coin­ cidiendo en la gran arena mundial, no sólo actual.14 Para comprender este proceso que cristaliza tan singularmente en la transnacionalización y sometimiento de las élites más poderosas de la clase dominante mexicana, así como en el reparto económico regional del país en aras de los intereses mundiales, pueden sugerirse oligar­ quías herederas de tradiciones de origen agrario, que pudieron adaptarse y cambiar, o bien que sucumbieron sin lograrlo, desde ancestrales esti­ los de hacendados y caciques o caudillos regionales que amasaron grandes fortunas y que aún aparecen en los apellidos enlistados. Pero hay nuevas oligarquías que surgen de alianzas “postrevolu­ cionarias” durante y después del período intervencionista del Estado y que al amparo de él, son transnacionalizadas, revirtiendo el proceso de fortalecimiento y consolidación estatal y reemplazando y quizá modernizando la estructura de dominación después de 1982, al ampa­ ro de la ideología neoliberal, constriñendo a la sociedad política al formato del Estado privatizador de corte neoliberal actual. La oligarquía que resume estos tres procesos de la posrevolución, hasta los años 80, y de entonces a ahora, dejará atrás su raíz territoria­ lizada, dejando aflojarse los vínculos regionales, luego los nacionales para subsistir en un indiferenciado anonimato actual de acuerdo con los intereses a los que se ha asimilado, más allá de fronteras identitarias regionales y nacionales, que han visto reemplazarse en los límites de las nuevas territorialidades en que moverán sus fortunas e intereses.

14 

Es indudable que en esta etapa la mayor productividad laboral, la mercantilización de la tierra y la incorporación de todos sus beneficios a los circuitos del mercado capitalis­ ta; la privatización de los bienes públicos y el despojo de bienes naturales comunes; y su apropiación privada cuyas directrices y beneficios se integraron a la economía y mercados norteamericanos. (Roux. 2006: 1-13, citada por Camarena 2010, 15).

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Conclusiones Al margen de los grupos de élite oligárquicos que impiden el sur­ gimiento de una institucionalidad propia y suplantan la que pudiera surgir de un régimen federalista como el propugnado por los indepen­ dentistas y liberales mexicanos en el siglo xix, fuerzas instituciona­ les, conservadores y liberales, constructoras del territorio nacional, estuvieron fuertemente arraigadas en el tejido social triunfante al cabo de la Revolución Mexicana. Estas fuerzas inspiraron y dieron vigencia a todo el entramado de relaciones sociales postrevolucionarias del que emergieron fortaleci­ das antiguas oligarquías regionales, que sobrevivieron y participaron exitosamente de su consolidaron como bloque nacional; aunque final­ mente terminarían por desnacionalizarse tan rápidamente que ya sólo quedan vestigios de sus identidades empresariales regionales de ori­ gen o de los proyectos nacionalizantes, incluso democratizantes, que llegaron a respaldar todavía 50 años atrás. Este proceso secular de centralización del capital, el poder público y desarraigo regional de la parte densa y más exclusiva del grupo do­ minante –la oligarquía– cristaliza en México durante el gobierno de Lázaro Cárdenas y se consolida durante las cuatro décadas de 1940 a 1980. Para contribuir a la comprensión de ello, se introduce una defi­ nición de oligarquía mexicana, se reflexiona sobre sus reacomodos regionales, su unificación como bloque nacional y su paulatina desna­ cionalización, para presentar a la consideración del lector el siguiente resumen a manera de conclusiones. Se destaca cómo en todo este proceso de reorganización nacional los empresarios regionales de las familias tradicionalmente acaudala­ das de México, se incorporan nuevas fuerzas sociales y nombres de caciques y caudillos que participaran del cumplimiento tardío de la función centralizadora del Estado, a la que se hace referencia de 1944 a 1982. Función propuesta quizá desde 1824 por el General Morelos y que fuera avizorada por muchos pensadores mexicanos, pero que toma forma moderna con Porfirio Díaz y el propio Plutarco Elías Ca­ lles, y se logra con el gobierno de Lázaro Cárdenas y los grupos que se hicieron del mando en aquel entonces. El curso inicial de este proceso que identifica el período posrevolu­ cionario y el reacomodo de las fuerzas sociales, de sus líderes y redes 31


de élites, resulta extremadamente corto en la retrospectiva de todo lo que ocurriría hasta la actualidad. Tan sólo después de 40 años, México habría de dar otro gran viraje, ahora silencioso y aparentemente pací­ fico, que daría mayor realce y significado histórico tanto a los logros del período posrevolucionario, como a los obstáculos al desarrollo que fueron subestimados y que coadyuvaron a acrecentar las dificulta­ des actuales del país en el período actual del Estado privatizador. Los segmentos de viejas oligarquías regionales que lograron sub­ sistir los violentos embates en su contra, durante la Revolución, fue­ ron robustecidos al amparo y desde la égida del “Estado intervencio­ nista”, a partir del cual los grupos regionales adoptaron nuevas especializaciones productivas, vinculadas con otras tecnologías y orí­ genes de las inversiones extranjeras, cada vez más relacionadas con los Estados Unidos, dando marcha atrás al proyecto nacionalista que había inspirado la “Justicia de la Revolución Mexicana”. Hasta tal extremo se fueron aflojando y abandonando las raíces re­ gionales de los grupos poderosos mexicanos que, reintegrados con otros segmentos poderosos extranjeros, van internacionalizando la presencia de las grandes casas, apellidos y firmas mundiales, en lo que fuera concierto mexicano de oligarquías regionales, y que ya desde mediados de los años setentas, se prefigura con claridad encaminán­ dose al establecimiento de nuevas redes de élites densas y exclusivas, basadas en alianzas mundiales que acabarán transnacionalizándose activamente. El proceso que terminará en el período estudiado por “desnaciona­ lizar” o si se prefiere “internacionalizar” a los “decisores” de los des­ tinos nacionales, desde Palacio Nacional hasta la última gota de ri­ queza petrolera, hidráulica, minera, de recursos pesqueros, forestales, agrícolas, industriales o grosso modo de servicios, etcétera, acompa­ ña la pérdida de soberanía alimentaria, energética y del control de la explotación de la tierra y sus riquezas, el endeudamiento creciente y el pago ya casi imposible de la deuda externa, y otros ardides y otras maneras, como el Fobaproa, que sujetaran por intereses ajenos los destinos propios. Esta orientación del capital, de la oligarquía mexicana ya alejada de sus lazos regionales de origen, promueve otras modalidades de la misma relación capitalista desnacionalizadora, que acentúa la falta de independencia nacional y extrema las condiciones de la explotación 32


del trabajo, y los recursos culturales y naturales. Lo que ocurrió con los empresarios regionales en tan sólo 40 años, sirvió para acortar y adelantar los siglos de formación de la sociedad civil y de la sociedad política que no habían podido tener lugar. Y esta es la conclusión de este trabajo. Es natural considerar que la historia de la adquisición de un Esta­ do moderno en México pueda datarse quizás desde las Reformas Bor­ bónicas, pero sin lugar a dudas, es muy difícil afirmar que haya podi­ do consolidarse en el tan corto período de los 40 años estudiados; sin embargo, pudiera sugerirse que si se sientan finalmente las bases para lograr que su operación fuera equivalente a la de un Estado de Dere­ cho en forma, tal sería el legado de la lucha de la Revolución Mexica­ na hasta hoy. Después de la lucha armada de 1910 a 1920, siguieron años de in­ tensa organización del país hasta 1930, que la siguiente década concre­ taron la institucionalización del país a partir de la función de centra­ lización económica territorial que finalmente había sido posible alcanzar, dando lugar a las dos grandes etapas de fortalecimiento pú­ blico al amparo de lo cual se fortalecieron nuevas oligarquías: de 1940 a 1982, del Estado Interventor, y de 1982 a 2010, del Estado privatiza­ dor (Antonio, 2008: s/p). La consolidación de las funciones de centralidad del Estado nacional, producida después de más de un siglo de luchas desde la Independen­ cia, también trajo consigo la consolidación de otros grupos de interés sindical y campesino. Sindicatos de trabajadores y la nueva clase po­ lítica asociada con todos los grupos de poder en la disputa por la na­ ción, fueron construyendo un discurso desde diversas perspectivas que se compartieron o se impusieron sobre el concierto de fuerzas re­ gionales, según tradiciones, contactos e influencias históricas, políti­ co y económicas regionales previas, pero también provenientes de in­ fluencias extranjeras (eu-urss). Del mismo modo, hay en la posición de tales grupos y sectores distintos enfoques que contemplaron venta­ jas y desventajas con respecto de la incorporación del país, con otro papel ya no sólo agroexportador y extractivo, en la economía mundial después de la Segunda Guerra Mundial. Así, las relaciones regionales que soportaron una más cohesionada trama de relaciones sociales propia, desterritorialización, regional y nacional de las todavía entonces oligarquías mexicanas, fueron per­ 33


diendo sus vínculos, arraigo, motivaciones e identidades, absorbidas por las transnacionales, con lo que se caracteriza el fin de los ochentas y el inicio del período contemporáneo, crecientemente desnacionali­ zador actual. Muy rápidamente se dio marcha atrás al reacomodo territorial in­ terno e internacional, desnacionalizando las oligarquías mexicanas regionales para posicionarlas en el concierto internacional de acuerdo con las exigencias del mundo de hoy. Tienen sus antecedentes inme­ diatos en hechos que se concretarían en tan sólo los últimos lustros, con una redefinición del proyecto económico para México basado en su inserción estructural completa; auténtica reconquista del territorio ya propiamente nacional, que fuera logrado sobre la base de una ya claramente formada clase política durante los años 1940 a 1980. Pero lo notable es que ese proceso cediera su personalidad y la funcionali­ dad del muy joven Estado moderno mexicano a las demandas de la reinserción global y sujeción a los Estados Unidos. Tendencias seculares de expropiación, crearon las condiciones de la nueva territorialización estatal y con ello, al amparo de un Estado fuerte, se forjó otro concierto regional como soporte de los cambios que sacudieron a todas las interrelaciones sociales y a todas las esca­ las sociales en el período posrevolucionario. Aún con distintos grados y efectos, cambios en las relaciones espaciales anteceden y a la vez, son efecto de las nuevas condiciones que tomaron quizá más de 150 años en cristalizar para hacer posible la consolidación del nuevo Esta­ do moderno mexicano, proceso precursor de la etapa privatizadora que impera hasta la actualidad. Por ello, se destacan varios períodos significativos al interior de la etapa estudiada, que son una especie de fase de consolidación de la fuerza y capacidad de centralización del Estado Nacional que resulta­ ban indispensables para la consolidación de las relaciones capitalistas y de la fuerza cohesionadora, aún violentamente contradictoria, que vincula el trabajo con el capital y hace surgir plenamente a la oligar­ quía dominante trasnacional actual que opera los rumbos del país.

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El continuo desencantamiento del mundo El México posrevolucionario del ’68 en Crónica de la intervención de Juan García Ponce María Esther Castillo G. La Historia es histérica: sólo se constituye si se la mira, y para mirarla es necesario estar excluido de ella Roland Barthes

1. Introducción El Jueves de Corpus de 1971 presentifica la masacre ocurrida tres años antes en la Ciudad de México. Una subsiguiente y extrema ac­ ción gubernamental copiaba la imagen represiva ocurrida durante aquel martes de octubre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco; cientos de personas entre hombres, mujeres y adolescentes son asesi­ nados, a los otros los llevan detenidos al Campo Militar No. 1. Días después, el sábado 12, Díaz Ordaz exhibiría ante el mundo la inaugu­ ración de los Juegos Olímpicos. En el mundo se hablaba de muerte, en México de fiesta. Todo principio tiene una causa, pero en toda acción surge la contin­ gencia de una historia que confronta la causalidad en la mente de los escritores que la imaginan y proyectan. Tiempo antes de las expectati­ vas marxistas que caracterizaban las letras mexicanas de los años treinta, se incubaba una generación que nacería durante la Revolución, una generación adolescente orientaba su rumbo, más simbólica que pragmática, hacia otras ideologías cuando no existía una “preclara” 39


historia del pensamiento mexicano.1 Los nombres de José Revueltas, Efraín Huerta y Octavio Paz, se mencionan entre los poetas e ideólo­ gos que esperaban el derrumbe del capitalismo y el arribo del arquetipo ruso como la trayectoria vital que suscribe en cada lectura la condición social del ser humano, pero cuya alternativa sólo está en los límites. Muchos quisieron vivir esa experiencia, no obstante, una vez dispues­ tas las diferentes formas de ilustrarla y perpetrarla, la concepción de ideología trocó en ascenso de una fe que, contraria a su comprensión, nunca pudieron confrontar; los conceptos se transportaron hacia un marxismo tan institucionalizado como ya lo ejercía el consabido Par­ tido Revolucionario Institucional (pri). La paradoja desde entonces tendría que dar cuenta de sí misma entre parricidios generacionales en donde la sobrevivencia como escritor parecía depender de condiciones de excepción. La suma de reseñas, crónicas, testimonios, cuentos y novelas en la perspectiva de este impredecible movimiento post-revolucionario ha originado las rutas que cada artista y crítico siguió en el orden de las generaciones. La lista de escritores puede limitarse a una enumeración de autores que algunas veces seguían esa errada concepción naturalista que quería encontrar la ley de las razones y la ley de las pasiones. En la complejidad de los avatares político-culturales tendrían que sumar­ se hipotéticas similitudes y discrepancias entre los escritores avecin­ dados en la capital mexicana y aquellos que desde la provincia imagi­ naban otra perspectiva cultural cuya deslumbrante mirada sobrecoge aún la nuestra: Agustín Yánez, Juan José Arreola y, por supuesto, Juan Rulfo. Especulemos entonces acerca de otro tipo de márgenes en una so­ ciedad representable2 en donde los nombres propios juegan un papel sintomático, compendiemos de manera alegórica en el dictado de Oc­ tavio Paz una forma de presencia cultural en tanto propicie las nocio­ nes de esa tensión política y poética de los años post-revolucionarios. 1 

Posterior a la pedagogía de Caso o al impulso místico de Vasconcelos, un transterra­ do influenciaría la filosofía mexicana de forma impactante: José Gaos (o la generación es­ pañola de 1915) que es de alguna manera el centro de la historia de ese pensamiento mexi­ cano, siempre en la encrucijada de su propio pasado histórico. Véase Enrique Krauze, Las caras de la historia, México, Joaquín Mortiz (Col. Cuadernos), 1990. 2  Acorde al planteamiento de Eric Landowski: La sociedad figurada (trads. Aguilar, Cabrera, Gutiérrez, Lira, Moraña y Moreno), México, fce/buap, 1993.

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El nombre propio es margen y a la vez puente para hablar de influen­ cias en los escritores que querían “vivir su generación”. La llamada Generación de Medio Siglo3 convoca a su vez esos otros nombres cuya experiencia artística quería empatar mundialmente y que apare­ ce por causa de la poesía: Cardoza y Aragón, Sartre, Bretón, pero también Mallarme y Baudelaire en la óptica de una crítica poética en convivencia con el sentido político y cultural del ’68. El arco genera­ cional entre los jóvenes revolucionarios del ’68 y los de la promoción del ’32 se tensaba entre poetas entusiasmados por las premisas estéti­ cas difundidas por Octavio Paz y narradores-ensayistas infundidos por el espíritu y lucidez de José Revueltas, sus desencuentros, al me­ nos, fueron tan legítimos como sus obras. La pregunta desde entonces pendía de si la índole de las pesquisas se contraponía o seguía las directrices de una literatura con tendencias centradas en la historia política y cultural o en las manifestaciones ar­ tísticas, y aunque estas cuestiones forman parte de la historiografía y recepción literarias, el clamor del ’68 fue la piedra de toque que pro­ piciara la radicalización de las mismas; es bien sabido que si esta ge­ neración había nacido en la “calle” (anota Landowsky4 a propósito de la generación del ’68 francés) bajo la presión de los acontecimien­ tos, seguramente no había sido concebida ahí y todo el esfuerzo de in­ vestigación histórica consistiría precisamente en reconstruir la con­ figuración estructural subyacente (crisis del sistema educativo, flujo demográfico, mutaciones del mercado de empleo, corrupción políti­ ca, entre otros) susceptible de hacer inteligible tanto la aparición mis­ ma del acontecimiento, como todas sus repercusiones; en este caso, como en todos los avatares más centrados en la cultura que en la his­ toriografía, los análisis causalistas no podrían ofrecer datos acerca de si el escritor tiene o no un compromiso como intelectual (prédica con­ substancial de los setentas) para identificarse como tal. La crítica y aún el cosmopolitismo adjudicado a la Generación de Medio Siglo, sin rebasar la sombra ancestral de sus predecesores, na­ ció lejos de la Revolución Armada (con mayúsculas) pero no de la de los símbolos inherentes a la cultura heredera; no tenía tal generación 3 

La generación de los nacidos entre 1921 y 1935, fue bautizada por Wigberto More­ no como “Generación de Medio Siglo”, dato citado por Krauze, Las caras de..., op. cit. 4  Eric Landowsky, La sociedad..., op. cit., p. 67

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un contacto “vital”, tampoco objetual;5 con todo, seguía de muchas formas dentro de los esquemas ideológicos adquiridos y, como tales, es­tos escritores son considerados con la calificación de prescindibles para hablar de la historia (juicio de Martré 19986) o nietos desmemo­ riados (juego evidentemente irónico de Krauze, 19907). La sombra de los mitos revolucionarios confrontaba el sentido ético de una perspectiva escrituraria y reflexiva que quería separarse de esa contradicción vivencial y creativa de los intelectuales de nuestro país: su temple crítico y la incapacidad para ejercer la crítica de Estado. Pese a ello o por lo mismo, se fraguan los lugares en donde se pro­ yecta una lección de probidad e independencia intelectual que quiere, sin conseguir, vivir los opuestos. La consolidación de un Estado mexicano moderno, tan ficticia como se ha probando en años recientes, favorecía en aquel entonces la creación de enclaves culturales en los recintos universitarios; uno de ellos, vigente aún, La Casa del Lago (centro dependiente de la Universidad Nacional Autónoma de México), fue un sitio privilegia­ do para las Artes, en donde se dieron a conocer las actividades estéticas de artistas que en su deambular por las galerías, café, teatros, cines, li­ brerías, eran diferenciados espacial y temporalmente como la “geo­ grafía del intelecto” (Monsiváis) o la “mafia literaria” (Luis Guiller­ mo Piazza); en tal lugar y época se dieron a conocer Juan José Arreola, Juan Vicente Melo, Inés Arredondo, José de la Colina, Hu­ berto Batis, Tomás Segovia, Sergio Pitol, Fernando del Paso, José Emilio Pacheco, Salvador Elizondo, y entre otros más el escritor cuya novela aquí se instala como eje de estudio: Juan García Ponce. Julieta Campos, una escritora en el tránsito de ese quehacer litera­ rio generacional, evoca en Reunión de familia (1997) los hitos literarios aspirados por la modernidad no de un Estado históricamente pensa­ ble, sino de “la tradición de la ruptura” en las Artes, ahí expone la 5 

Carlos Fuentes escribió: “he preferido dar libre curso a mis obsesiones, preferencias y pasiones de mexicano, sin desdeñar ni la arbitrariedad ni la autobiografía. Búsquese aquí entonces, menos el rigor que la vivencia y más la convicción que la imposible e indeseable objetividad”: Tiempo mexicano, México, Joaquín Mortiz, 1975, p. 15. 6  Gonzalo Martre es autor de una novela sobre el movimiento popular estudiantil del 68 escasamente conocida: Los símbolos transparentes. En este caso lo citamos a propósito de una antología sobre relatos del movimiento en donde toda su crítica se reduce a indicar­ le al hipotético lector si es o no imprescindible su lectura. 7  Op. cit.

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consigna, válida para todos ellos, de articular las disidencias desde el Romanticismo hasta las vanguardias, privilegiando una escritura crí­ tica que condujera las conjeturas discursivas de los escritores de su generación. Las anticipaciones de un discurso artístico en la sociedad en la que se movían, estaban encapsuladas en el viaje poetizado por los escritores europeos que antes citamos y que abría ilimitadamente la búsqueda de otra experiencia creadora no indefectiblemente nacio­ nalista. La crítica poética es un oximoron asumido en los ensayos de Octavio Paz y en la narrativa de los entonces jóvenes como García Ponce que a decir de Armando Pereira (1997:18) “todo lo que escribió estaba guiado por una mirada sobre el mundo, sostenida en la con­ frontación entre la norma social y el impulso irracional que nos lleva a alterarla”; esta toma de decisión que emblemática se significa en la transformación notoria de la narración, debemos suscribirla desde el hecho que tiempo atrás puso el acto de narrar en duda; recordemos a Walter Benjamin al expresar el rompecabezas de la modernidad occi­ dental descubriendo las formas evanescentes como el centro de un conflicto que se convirtió en la anécdota única que se podía relatar. Se asimilaban y confrontaban maneras de hacer literatura desde preceptivas que la modernidad implicaba y provocaba, las consabidas rupturas entre la concepción del sujeto y del objeto desde tiempo atrás modificaban todas las formas de representación en el arte. La noción de lo visible en lo invisible o de que el arte no reproduce lo visible, sino que lo hace visible, convencerá a muchos escritores de que sólo el arte es capaz de hacernos dudar de lo aprehensible sensorial; sólo la literatura nos puede sacar de una tranquila aceptación de la realidad. La figuratividad del lenguaje poético pervierte la fórmula exposi­ tiva y explicativa de la narración, no para que desaparezca como tal y surja la historia en donde “nada sucede” sino que pretende moverse fuera de las reglas; el relato, pero también la H/historia, se transfor­ man en una cadena sin fin de imágenes. Ya Emmanuel Levinas, en La realidad y su sombra ([1948], 2001) considera que el procedimiento más elemental del arte consiste en sustituir un objeto por su imagen. En este sentido, las novelas y los ensayos de García Ponce le de­ ben sustrato a la fenomenología de la percepción, invoca imágenes que abren su panorama creado, presentando más que los conflictos sexuales de pareja en una elite particular, a los escritores, intelectua­ les, estudiantes y artistas frente al pavor de la responsabilidad (Ángel 43


Rama, 1969). El juego, en tanto movimiento, de la presencia/ausencia de la imagen-cuerpo que ad hoc hurga aquí como analogía simbólica (en la desaparición perversa de aquellos cuerpos que casualmente se dieron cita en la Matanza de Tlaltelolco), es el nudo de su propuesta poética. Mas los argumentos con alto contenido erótico siempre siem­ bran la desconfianza hacia otro tipo de intencionalidad en el texto, tanto es así que siempre generan preguntas “obligadas”; en una entre­ vista García Ponce respondió acerca de su carácter de “escritor perver­ so”: “Yo no soy un escritor perverso, yo me limito a contar. La perversi­dad la pone la moral particular de cada uno de mis lectores. Allá ellos con sus reglas” (Albarrán y Gutiérrez, 1991: 15)

2. Crónica de la Intervención: El texto y los acontecimientos Ésta no es una novela-testimonio del conflicto posrevolucionario, es la expresión de la oscilación que existe entre la percepción del su­ jeto en su individualidad y las situaciones originadas por un aconteci­ miento que atrapa con toda la magnitud de su vergüenza. Si la percep­ ción que como sujeto tenía García Ponce de sí mismo y de su identidad en el entorno genera una toma de posición ética que no le permitió alejarse de su esfera artística, es un señalamiento que, no obstante, lo si­ gue afirmando como escritor en su propia contemporaneidad y no como manifiesto o estandarte que reclame una voz ante los sucesos con­sig­ nados,8 y esto es así aún y cuando se involucrara activamente con quienes durante el ’68 formaban parte de la Asamblea de Intelectuales y Artistas para apoyar el ambiguamente rotulado: “movimiento estu­ diantil”. Lo que importaba ética/estéticamente era presentar las transgre­ siones de una sociedad aburguesada que valida como únicas sus pro­ pias formas de conducta. Bajo esta convicción se transmite el querer hacer intimista de los personajes en Crónica de la intervención. El se­ ñalado título abre un horizonte de expectativas engañosas puesto que 8 

Esta opinión para muchos chocante lo es para quienes pretenden una antología de El movimiento popular estudiantil de 1968 en la novela mexicana (México: unam, 1998), como reza el título con el que Gonzalo Martré dice abarcar todo el universo novelístico de la época y que si bien describe las anécdotas, carece del mínimo gusto estético o rigor crí­ tico.

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la historiografía de las intrusiones extranjeras padecidas en nuestro país forman parte de nuestro “patrimonio” intervencionista; sin em­ bargo, no hay que avanzar mucho en la lectura de sus 1562 páginas, para que el lector se dé cuenta de esa “visibilidad de lo invisible” que destacará en su momento como palmaria y literal sinrazón no sobre unas destacadas intervenciones sexuales (que las hay) sino acerca de la intervención de las “fuerzas del orden” o la represión gubernamen­ tal contra una ciudadanía inerme. Aquí se vuelve a mostrar que la verdad histórica cuelga de las pa­ labras, de los engaños coloridos, de los simulacros, de la verdad de las mentiras. La novela muestra y experimenta la dificultad de distinguir entre lo real y lo inconcebible de los sucesos, cuando la intervención sucede de lo público a lo privado. La intervención entonces, es la pe­ netración del afuera en la vida interior (física y espiritualmente hablan­ do). Cuando el afuera y el adentro colisionan, se generan situaciones que abren una interrogante sobre el carácter mismo de la realidad que está frente a nosotros y no aceptamos ver. Cuando la invasión o la irrupción contaminan, la vida racional se disuelve o se cierra en mu­ tismo. En las confrontaciones de naturaleza política, cultural y ética, cuando la realidad del afuera o que se quiere afuera se desliza en el adentro, corroe la intimidad, la transgrede, la habita, y no puede evitar que la conciencia se anule o se cierre como un caracol. El eso real e incongruente es lo que se expresa en el espacio escritural e histórico de esta novela. Este libro nos habla de las parejas de una clase aburguesada preocupada de su intimidad ante hechos contundentes que no pasan de largo dejándolos inermes. Los sucesos que el escritor bien conoció no simplemente los concentra progresivos en el marco de referencia de una “crónica”, éstos ingresan como la pregunta ante la realidad so­ cial y política de una modernidad inexistente, y lo hace a partir de una estructura y formas de concebir la representación estética que ya ha­ bía aproximado en los ensayos contenidos en Desconsideraciones (1968), Trazos (1974), en otras novelas como La invitación, publica­ da en 1972. En todas las tramas de García Ponce sabemos que la sensación de los acontecimientos se precipitará sobre sí misma cuando aquellos tienden a desaparecer fagocitados por la representación de una simu­ lación. Y es la simulación del acto ante la presencia de los cuerpos, la 45


misma que aproxima el asombro y la incredulidad de una ocurrencia dolorosa y patética en el tiempo cuando la Historia parece dejar de serlo, para sólo convertirse en una anécdota que se volverá implosiva a partir de una “desconsideración” entre los individuos y la sociedad. El cuerpo individual, por su parte, accede a través de personajes que igual responden a nombres de Mariana/ María Inés (imagen dupli­ cada), Esteban, Anselmo, José Ignacio y Fray Alberto Guría, en tales cuerpos preexiste un número determinado de diversas funciones actan­ ciales concertadas todas en la disponibilidad sexual de los unos a los otros: en función al deseo erótico, fraterno o afectivo, o bien lúdico y simulado; acarreando su neutralidad, espera, subversión, sentimiento de culpa o su inocencia, sin buscar la absolución ni la cura, porque to­do parece oponerse en un juego de equivalencias entre aquello que repre­ sentan y el sentido de exponerlo. El cuerpo social, por otra parte, se ­denota en las acciones, más de las cuales se desarrollan en el contexto de los linajes familiares que aquí responden siempre en paralelo al nodo fundamentales de la novela: “El Gran Proyecto”. La designación nominal con gran mordacidad exalta a La Gran Fiesta Mundial de la Juventud: las olimpiadas, celebradas durante 1968 en nuestro país, aquellas “que le entregaría al país el aval en el que se mostraba la con­ fianza de todas las demás naciones, a pesar de algunas mal disimuladas suspicacias. La Revolución demostraba haber alcanzado la segura ca­ tegoría de Institución” (García Ponce, 2001a: 446). Una digresión es aquí pertinente, sobre todo para darle peso a esta cita en el contexto histórico que articula el discurso novelístico contra la Matanza de Tlaltelolco: Uno de los narradores críticos y cronistas del México contemporáneo como lo era Carlos Monsiváis, dice infli­ girle a García Ponce una ‘descortesía’: “Quiero desenmascarar a este falso nihilista, que pretende sólo atenerse a las normas autosuficientes del arte y la literatura. Porque García Ponce, el obsesivo reivindica­ dor del heroísmo artístico, es también García Ponce, el ciudadano ejemplar” (Monsiváis, 1997:46). Sin que lo uno sea impedimento de lo otro, la nota muestra el con­ texto de mundo del escritor-persona en correspondencia con el mundo de adentro, implicado en esta novela/crónica. La nota (tal cual) resu­ me situaciones cronológicas de los momentos previos y posteriores a la Matanza del ’68 cuando García Ponce fuera redactor de un mani­ fiesto de protesta publicado en periódico Excelsior. Otro dato alterna 46


entre la realidad histórica y la centrada en el relato: cuando Ciudad Universitaria (unam) fuera invadida y los miembros del grupo de in­ telectuales se reunieran para refutar la manipulación informativa, Monsiváis recordaba una conversación entre José Revueltas y García Ponce que con la misma intensidad hablaban sobre Dostoievski, que sobre las anécdotas absurdas y humorísticas a propósito del “Comité Olímpico” creado para tal celebración. Este ente, improvisado a los ojos de todo aquel que viese más allá de las intenciones gubernamen­ tales, forma parte esencial en la trama del libro que nos ocupa, pero además, en este vaivén del hilo narrativo se inserta un escenario ínti­ mo, previo al inicio del relato alusivo a tal comité pro-olímpico. Lo que comienza a datarse como “Páginas de Diario” (capítulo xxvii) del personaje Fray Alberto, inserto en una cronología que ante­ cede al suceso de Tlaltelolco, pone el énfasis en las situaciones concer­ nientes a lo privado para dar paso a lo público. El “diario” es una des­ cripción sumamente explícita del deseo: el sexo, el erotismo y su reflexión; tal proviene, como notan los indicios discursivos, del libro de Klossowsky, Roberte ce soir (1954), este insustituible paratexto lo es de la novela, de la escena y de los discursos acerca de un amor que diciéndose perverso concentra el brillo y el silencio de la muerte, y es también estratégico para lo que sigue, pues descuella la mirada de una clase social que no puede mantenerse al margen. De lo privado a lo público reiterando el razonamiento relacionado con la inclusión de las fuerza públicas en las privadas. Así pues, el siguiente capítulo (xxviii) intitulado como “Dificultades imprevistas”, nos escenifica justamente tal Comité Olímpico en el que el autor-persona perpetúa sus realidades a través del autor implícito. El discurso remite al estilo y a la estructura de una parodia que se corresponde dentro y fuera de las acciones. El ethos irónico, como co­ rresponde, funda la parodia que se instala también a partir de los nom­ bres, en este caso genera la caricaturización de los personajes dirigen­ tes: Berenice Falseblood, por ejemplo, es la jefa del departamento de publicaciones en donde Esteban, se empleará por vez primera en su vida como fotógrafo, siguiendo el sano consejo que es a la vez un guiño autoral: “No se puede vivir sólo en la imaginación, no tiene realidad”. En la búsqueda de una realidad ¿ O de su abolición?, las imágenes del acontecer (histórico, social, cultural y político) juegan como tales para no diferenciarse de la pura apariencia; el cuadro presenta una co­ 47


munidad que ya no toma decisión alguna sobre las cuestiones funda­ mentales porque la participación en ese juego social exigía la adop­ ción de un sistema que sólo inventaba y fingía un orden de economía política; en ese mostrar el vacío de las instituciones, se prologa el va­ cío de los medios de comunicación que “justamente” darían lustre a la fiesta de las juventudes; ahí, en ese simulacro, se encontrarían los pro­ fesores, los escritores y los funcionarios; identificables algunos si se­ guimos las crónicas testimoniales de Monsiváis o las de Elena Ponia­ towska, a través de un sin fin de grotescas exhibiciones, gestuales y discursivas, en donde se pretendía disfrazar el resultado de la Revolu­ ción Mexicana. La suma reunía los decires sociales e históricos en ese juego de mostrar ocultando el desequilibrio total en los niveles de vida de las diferentes capas de la sociedad. No sólo se confrontan los derechos estudiantiles en el movimiento del ’68, la lucha exhibía la existencia y las condiciones de atraso del país y su no modernidad, palpable en la máxima pobreza de los cam­ pesinos para quienes la Reforma Agraria había sido una entelequia; el mutismo despolitizado de la clase trabajadora y la tibia satisfacción de una temerosa mínima clase media; el disimulo de la floreciente y extranjera iniciativa privada y la casi inconcebible corrupción de la clase dirigente perpetuada en el poder. Pero, en ese sexenio priísta, a la cabeza de todo el simulacro real y paródico, se muestra el falaz y caricaturesco rostro de la Revolución Institucionalizada: ...el de un abogaducho con gruesos lentes que parecía tener hacia fuera su propia calavera mostrando una inconcebible protuberante hilera de dien­ tes [...] aquel que había llegado, manteniéndose siempre de acuerdo con la línea del partido que se había convertido, bajo diferentes nombres, en si­ nónimo del poder, a ser diputado, senador, subsecretario de Gobernación y finalmente Presidente de la República (García Ponce, 2001:1341)

Aunque Díaz Ordaz no estaba interesado en el “Festival de la Ju­ ventud” era una responsabilidad heredada, al igual que la silla presi­ dencial y dentro del Partido de la Revolución ya era un compromiso tácito y una tradición no negar abiertamente ningu­ na de las decisiones de aquel que tan generosa y gratuitamente heredara el poder del presidente en turno, y no iba a ser el miope mandril convertido en primer mandatario quien negara la tradición que ya había mostrado su efectividad como uno de los principios básicos de la Revolución (idem).

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El miope mandril y sus secuaces dependían de la imagen ficticia de un país moderno, que trataba de ejercer todo su desmantelado poder de persuasión en el inútil intento de demostrar que la violencia ejercida sólo respondía al intento de detener y defenderse de una gran intriga internacional; ésta era, afirmaban los medios de comunicación alia­ dos con el poder gubernamental, la real amenaza contra los insignes esfuerzos de mostrar la internacionalidad de la nación. El discurso narrativo de García Ponce al empeñarse en la parodia resulta auténticamente corrosivo como sólo puede expresarse ante las acciones que prueban la veracidad de la violencia. La “contradicción suspendida” con la que Monsiváis califica la actitud positiva de Gar­ cía Ponce se aplica a la toma de conciencia de los intelectuales uni­ versitarios que veían en los acontecimientos la oportunidad de defen­ der los valores que con más discursos que acciones conducían a sus alumnos. El dentro y el afuera era una vez más la puesta en cuestión cuando se muestra la agitación entre el repudio y la cautela ante una sociedad dividida y por ende amenazada.

3. El cuestionamiento de Crónica de la Intervención Intertextos Filosóficos y Literarios En un capítulo previo, en el xvii: “Recapitulación y nuevos avan­ ces”, la narración establece la perspectiva del novelista en la encruci­ jada del creer y el hacer creer. El turno de voces alterna con la voz protagónica, pero aquí hay un énfasis metanarrativo que vuelca el re­ lato para permitir una reflexión del quehacer del intelectual, del artis­ ta, del escritor de historias y ficciones, que en particular inquiere: ¿En dónde se halla la verdad de las mentiras? La pregunta que el narrador teje, la responde “el novelista”, el autor implicado cuestiona al novelista. ¿Pero quién es el novelista además de ser quien crea una trama, el enredo, las figuras, los retratos verosí­ miles y el que extiende el verdadero motivo del relato? El novelista re­ compone los hechos para mostrar el “verdadero motivo de la historia”. El lector se entrega a la ficción que percibe a través de las descripcio­ nes o a una realidad ficticia; pero al entregarse (como se entregan los actores unos a otros) le otorga realidad y es, a su vez, el depositario de todas sus obsesiones: “un doble proceso de divulgación y ocultamien­ 49


to se realiza de esta manera” nos dice el narrador. Las obsesiones brindan la experiencia escritural de quien otorga sus simpatías y antipatías a los personajes que por diversos motivos parecen seguir el curso de las acciones por cuenta propia. En este nivel de experiencia, los libros, las citas, las acciones, los recuerdos y las H/historias, conforman otro cuadro, el de los desdoblamientos y las repeticiones que se correspon­ den entre la poética y la histórica cuando el objetivo es hacer sentido. En medio de tal discernimiento se encuentra el trayecto de erran­ cia estética y ética del escritor de novelas, en esa bifurcación, si se quiere, García Ponce ha reencontrado a Klossowski (supra) como en­ cuentra también a Musil (infra). De diversa índole, otra fuerza ingre­ sa en esta “contradicción suspendida” (erróneamente concebida por Monsiváis) y se trasluce a través de los textos filosóficos y políticos de Herbert Marcuse, a quien García Ponce tradujo y que brindan un punto de apoyo en esta articulación interdiscursiva, delineando esas otras ansias de libertad encabezadas por las juventudes de los sesenta involucradas en un contexto de promesa y apuesta. La figura de Her­ bert Marcuse en la búsqueda de una “nueva sensibilidad” pone en tal contexto un acto libertario que no podía darse como un puro acto de fe en las juventudes que perecieron en Tlaltelolco, los actos fallidos dan pie a la pregunta que el novelista se hace a sí mismo y a los lecto­ res implicados acerca de la realidad narrable que no debería quedar sólo en anécdota. La pregunta es la misma que tantos escritores rei­ vindican al tenor de un rango de influencia que la rebasa. Sólo por analogía, convoquemos la imagen de aquellos universitarios de Ber­ lín que llevaban medio escondido entre sus ropas el librito La tolerancia represiva, en la revuelta de 1967; después crucemos el océano en­ lazando en una imagen comparable a los jóvenes olvidados en su marcha a Tlaltelolco,9 para considerar cómo en ámbitos tan distintos la búsqueda de libertad lanzaba a la gente a manifestarse abiertamen­ te en las calles. México no es ejemplo de sociedad latinoamericana al­ tamente politizada, otras como la argentina, la chilena y la uruguaya lo han mostrado más, y ni qué decir del movimiento libertario cubano que tantos intelectuales mantenían como promesa de cambio en su constante ir y venir a la Habana, confiando en un orden de valores de otra competencia; mas no obstante el radio de influencias y diferen­ 9 

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Otros movimientos, como el “Cordobazo” argentino, se dan también cita en el ’68.


cias, la politización del discurso y el deseo de ensayar físicamente la libertad se daban cita. La promesa y la apuesta a otras formas de vida expresa la discrepancia activista y participativa durante los movimien­ tos sociales en México que no terminaban de encontrar las estrategias en contra de las políticas anticapitalistas. La capacidad de realizar un desenvolvimiento socializante, una democracia popular y una ade­ cuación de las realidades en cada espacio cultural estaba muy lejos de lograrse. La autodeterminación de la vida era un deseo que transitaba entre las distintas esferas de una sociedad intelectual que pretendía no quedarse en discurso intelectual sino sumarse y abarcar a la sociedad toda en su cotidianeidad. En el campo intelectual se emprendieron proyectos cuyo rasgo común fue el de tomar posición fuera del nacio­ nalismo cultural para asumirlo en la izquierda; no era sencillo partir de la confrontación entre el nacionalismo cultural y el universalismo, menos entre la ortodoxia y la heterodoxia de derechas y de izquierdas imbricados y dados a conocer a través de los medios masivos que no precisamente arrojan luz sobre lo político. Y aunque de todo esto se ha hablado, sigue siendo importante mientras los artistas sigan inte­ ractuando social y culturalmente. El novelista, en este caso expuesto por la pregunta del narrador (supra), expresa la propia oscilación entre el deber ser y el ser para el arte, escenificando discursivamente aquellas acciones sucedidas en el afuera, en la calle, frente a esas otras situaciones y reflexiones que quieren trascender el evento para sustraerlo y colocarlo en la aspira­ ción de una integridad esencial o estética. Todos los personajes literarios tienen algo por que hacer, decir y aparecer aquí en la poética del texto como todos los sujetos históricos y ahí en las juventudes de los sesen­ ta, crédulas las últimas, como dijimos, en la promesa y en la apuesta tanto en la confrontación de un compromiso social y deseo de cam­ bio, como en la liberación sexual. Sin embargo, los personajes litera­ rios originados por García Ponce interpretan y reproducen el matiz de querer superar el miedo ante la vida y ante el merodeo a la plenitud existencial, vital o emocional, pensada como la soledad que espera paliarse en el otro y que al final descubre que no es así. El otro nombre de escritor, Robert Musil, forma parte de este ses­ go tanto en lo vital de García Ponce, como en la influencia filosófica y narrativa. Al delinear el motivo histórico parodiado en El hombre sin cualidades (o atributos), la novela de Musil, que irónicamente se de­ 51


nomina como “Acción Paralela”, no podemos dejarlo de relacionar con la parodia expuesta por García Ponce en “El Gran Proyecto”. Un hecho histórico representado en la novela de Musil extiende en sus propias alusiones a la coincidencia del mito y la realidad de la casa de Habsburgo; un acto interpretativo enfoca el hecho en la siempre intri­ gante demanda por “abolir la realidad”, que García Ponce capta y sor­ prende de la propuesta Musil a la propia. La “Acción Paralela” que en El hombre sin cualidades se recrea y se trama y que simbólicamente García Ponce actualiza con “El Gran Proyecto”, corresponde a los acontecimientos históricos alrededor de 1914, cuando desemboca la Primera Guerra Mundial; el escenario es Viena, todos los personajes en 1914 se preguntan cómo debe y deben continuar en el mundo. El pretexto para concebir cierta continuidad de su mundo lo ofrece la susodicha “Acción Paralela”, ésta se traduce en pocas palabras como sigue: en Alemania está planeado para el año 1918 una celebración de jubileo del gobierno de Wilhem II. Éste debe mostrar al mundo la grandeza y el poder del Reich. Austria teme que­ dar ensombrecida, por eso surge la necesidad de una “Acción Paralela”. 1918 es el año que debe estar dedicado al emperador de la paz, por tal razón se conforma un comité que glorifique las grandezas de Austria o la “Austricidad”. ¿Cuál sería la idea del rasgo más alto de cultura? Se preguntan todos los involucrados en esta acción. García Ponce advierte, convoca y expresa la sátira sobre los even­ tos de una realidad social y con ella la irrealidad tanto del imperio austrohúngaro, como la de los gobernantes y el Estado Mexicano en nuestro propio tiempo histórico de los años sesenta. En tal asertiva coincidencia, pues así lo estimamos, a García Ponce como a Musil no les interesaría tanto el retrato de las personalidades, tan profunda y tan bien caracterizadas (incluidas todas las caricaturas), sino los aspectos relevantes de la conciencia histórica de un personaje para la construcción de identidades ficticias, o lo que en su momento el propio Musil destacaba como ‘la postración de lo típico espiritual’. Ahora regresemos nuevamente a la pregunta: ¿Qué es un novelis­ ta? cuando sin renunciar a la poética, se vive inmerso en un tiempo histórico.10 Es evidente que un contexto se descuella: el de la irreali­ 10  Una pregunta idéntica se formuló Fernando del Paso cuando escribió Noticias del Imperio.

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dad de la realidad como la paradoja que se convierte en la obsesión de los novelistas, escriban o no “novelas históricas”. En términos para­ dójicos se presentan tales cuestiones que de otra manera o en el peor de los casos, se convertirían en telenovelas como juzga el narrador ante los hechos sentimentales y pasionales que albergan las parodias de los contextos privados e históricos (García Ponce, 2001a: 761) La paradoja de “la aparición de lo invisible”, estudiada obsesiva o justamente por García Ponce en cada uno de sus ensayos y relatos, ofrece aquí el parangón entre lo estético y lo ético en este orden de ideas y criterios para reconocer la composición, intensidad, distancia y profundidad de los diversos modos de concebir la perspectiva adop­ tada en la literatura respecto de la H/historia y viceversa. Y si bien García Ponce se excede en planteamientos metanarrativos, hay que acreditar el acierto de que ponga en relación las reacciones de los su­ jetos históricos y aquellas representadas actancialmente en un orden de realidad y apariencia. Si como bien se dice, porque lo sabemos, hay pactos de lectura, la analogía que propone el novelista de forma irónica es el “como si” en tanto habitantes de este mundo hemos de pactar con la realidad a secas. Al proponer esa situación, la conjetura es considerar los escenarios dispuestos ante las miradas primero ató­ nitas, después acostumbradas a que todo sea una representación. La mirada que se introyecta en la propia mirada del novelista, como claramente se observa en el segundo tomo de la novela y que preferimos comentar primero para aclarar su sentido, interviene de di­ versas maneras en nuestra percepción lectora y nos permite experimen­ tarla como un todo abarcable en contra de la inmensidad que afuera permanece imperturbable frente a la inacción del que sólo mira. La per­ cepción de esta contradicción, visible a través de las enunciaciones descriptivas, es un sustento importante para dimensionar la signifi­ cación del acto histórico e ideológico, pero también para considerar la dimensión sensible en una novela que sintomáticamente no se ubica en el contexto histórico, de la misma manera que la Matanza de Tlaltelolco tampoco se identifica como el acto posrevolucionario que fue. La perspectiva del evento político –cultural– histórico en la fic­ ción y en los modos de existencia y de aprehensión, no pretenden re­ solver directamente los problemas que transforman la vida cotidiana, mas sí nos remite a las diferentes formas de representar una imagen 53


que confronte el ver, el oír, y el saber, acerca de un suceso específico que se convierte no en el pretexto sino en la vía que hace incontenible todo un estado de cosas en cuya potencialidad nadie reparaba. “Se vi­ ve aparentemente en un estado de cosas e inesperadamente se com­ prueba que tal estado de cosas resulta intolerable y el culpable es el Estado”, asegura el narrador mostrando que García Ponce lo que hace es (de)enunciar los clichés: anacrónicas colecciones de frases y prin­ cipios maltrechos describiendo el peso del poder del Estado, no en realidades políticas sino en disimulos politiqueros. Los sucesos públicos y privados que en la novela alternan sus po­ siciones del trasfondo al primer plano dan a conocer las reuniones de intelectuales, el comité de huelga, los pliegos petitorios, para llegar a su culminación durante la marcha del silencio y la impredecible Ma­ tanza. Todo lo cual despliega algo más de un clima que deseaba cele­ brar también colectivamente “los rasgos de humor y poder burlarse con eficacia de los lugares comunes detrás de los que se parapetan los representantes del orden cuando el desorden se muestra con todo el esplendor de su fuerza liberada” (García Ponce, 2001a: 1358). Quizás la forma más eficaz por significativa en una novela como ésta, sea mostrar cómo se traspasa de la reflexión y autoridad ética del novelis­ ta a la idea de representación ficcional para resignificar a la representa­ ción misma; la novela quiere ser ese algo tangible como fueron los sucesos del ’68. Es algo, es la cosa, pero esa cosa sin nombre que pueda convencer a los mexicanos como una secuencia posrevolucio­ naria, se vuelca en el número de cuerpos muertos y desaparecidos que la figura azarosa del personaje Mariana/María Inés revive en el asom­ bro de ser lo sensible y lo ininteligible sobre el carácter de la realidad. Si una de las estrategias concebibles es acudir a la función del döplanger, ésta resulta como imagen especular del carácter de la reali­dad que incluye la percepción de la Historia. García Ponce acude a la misma estrategia inscrita en la relación entre Esteban y Anselmo, los dos son fotógrafos que “plasman” el punctum de cierta realidad en los dague­ rrotipos que darán fe de “los últimos días de vida de Mariana y Ansel­ mo”. La poeticidad de la figura de Mariana recuerda las veces en que llenaba todo el espacio con su nombre antes de desaparecer, contra la muerte en la plaza cuando sólo era Ella, un cuerpo más, cuando el na­ rrador repite y describe los acontecimientos de la matanza, las carre­ ras de la gente tratando de refugiarse en los edificios que rodean la 54


Plaza de las Tres Culturas: las balas que rompían los vidrios de las ventanas, en donde habría que imaginarse a ella corriendo, inserta en los hechos históricos concretos: un puro horror en vez de la belleza. Por eso no podía pensar. Ella no po­ día haber estado ahí; era imposible que estuviese ahí [...] Un sonido que era puro ruido, todo se mezclaba y borraba para siempre el silencio. Es­ perar que pasara la noche [piensa Esteban], junto a tantos otros que eran uno. Mariana y Anselmo tendrían que estar lejos ya [...] Esteban tenía su credencial del Departamento de Publicaciones del Comité Organizador del Próximo Festival Mundial de la Juventud. Su cámara le fue arrebata­ da de inmediato por un soldado. No le interesaba la posibilidad de con­ servar un testimonio. Sólo existía un odio que se confundía con el dolor y el asombro, que se quedaba sin nombre, que no podía tener ningún nombre y cuyo único y verdadero signo era el aspecto de la plaza vigila­ da por los soldados y en la que todavía estaban los tanques que apenas pudo entrever. Las huellas de la sangre son quizás menos impresionantes que el aspecto de las prendas sin dueño, que las pruebas del abandono y el pánico, que el aspecto mutilado de los edificios, que la indiferencia de la iglesia colonial y las ruinas precolombinas. Pudo entonces tomar su automóvil y manejar hasta su casa. Entonces empezó la búsqueda y la espera (García Ponce, 2001a: 1431).

Durante la Matanza en la Plaza de las Tres Culturas, en la extrema confusión, Mariana y Anselmo son asesinados por “casualidad”; lo sensible, lo tangible “muere” a través de estos personajes dándole ca­ bida a lo puramente ininteligible de las acciones que la crónica cultu­ ral se ha encargado de describir. Todos los muertos eran nadie al igual que ninguno era Mariana y ninguno era Anselmo. La trama reproduce las instancias jurídicas que una búsqueda debe atender, pero sin resul­ tado, como en la realidad todos lo sabemos. La vida va también crean­ do su tejido a propósito de las figuraciones de los sujetos y de la ma­ nipulación de la opinión pública; el dolor a un tiempo total e intangible ante la muerte hace que el hecho sobresalga. Visto desde la Historia: “la relación entre los sucesos públicos y privados es muy distinta a cuando sólo la rige el azaroso rumbo de los acontecimientos que for­ man la vida” (ibid.:1503).

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Un algo que sobrepasa la búsqueda del placer y de la rebeldía li­ bertaria marcusiana, como la promesa y la apuesta, en la sociedad que siempre se mueve entre el sentimiento de culpa y la necesidad de jus­ tificarse, se superpone en el conflicto novelístico y social pensando en la figuración de lo público y lo privado ahora no sólo asimilado a lo individual y a lo colectivo sino a otro algo que forme la conciencia de un nosotros o de un privado colectivo que se despliega en las novelas. Los nombres de los personajes, los personajes mismos, sólo signifi­ can en tanto ideas de un nosotros, que pasa de lo ininteligible a la pa­ radoja de lo tangible de los actores a veces tan parecidos a los sujetos históricos, que hasta confundimos, y con razón, las vivencias autobio­ gráficas desplegadas por los escritores. En esta perspectiva, para las juventudes de esos años, el momento fue ciertamente utópico; García Ponce como otros connotados escri­ tores traza ese momento tan distinto a nuestra época actual que se ex­ perimenta como el fin de todo ideal. Estamos, ahora sí, en la sociedad del trampantojo, del espectáculo que proclama Baudrillard, esquivando la responsabilidad que daría cuenta del espacio denso y apretado de las razones al que le son indispensables las palabras cuando “éstas quie­ ren adquirir una densidad y un peso semejante al de la muda e impene­ trable realidad” (García Ponce, 2001: 893). Esta forma aparente de las cosas, de las situaciones culturales, políticas y artísticas en donde lo verdadero de lo falso, de lo real y de sus signos corresponden a las manifestaciones que podemos columbrar sin identificar, son las que los artistas nos desean comunicar a través de sus obras. Queda en no­ sotros conjeturar el alcance paradójico de sus propuestas.

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Revolución mexicana y la cultura: Arquitectura y muralismo Jesús González Aguilar

1. Orígenes de la arquitectura contemporánea mexicana La arquitectura contemporánea mexicana tuvo un paralelo con las artes plásticas en su evolución durante el período que va de fines del siglo xix a principios del xx, en particular con la pintura mural mexi­ cana, es decir, tanto la arquitectura como las artes plásticas del siglo xx, se alimentaron primordialmente de las mismas raíces culturales: el arte prehispánico y el arte del virreinato. Sin embargo, la emergencia de la pintura contemporánea mexica­ na precede a la de la arquitectura de nuestro país. Y la integración de la pintura mural con la arquitectura contemporánea no fue posible sino hasta los años 50, época en la que se llevaron a cabo en el país obras públicas de gran importancia, entre las cuales se destaca la construcción de la Ciudad Universitaria de la unam. Existen en el mundo prehispánico varias decenas de tipos o estilos arquitectónicos bien definidos que pertenecen a civilizaciones y et­ nias diferentes, y aún hoy en día los especialistas continúan descu­ briendo vastos sitios prehispánicos en todo el país, sin mencionar los de Guatemala.

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a) Las raíces culturales mesoamericanas y su relación con la arquitectura contemporánea mexicana El Período Clásico (Teotihuacán II) va de 200 años a.C., a 200 años d.C., fue el más floreciente y en él se construyeron los templos más bastos de América, donde están las Pirámides de la Luna y el Sol. Es muy probable que esta ciudad haya influenciado toda la región me­ soamericana gracias a las grandes proporciones de su urbanismo, a su arquitectura y a sus artes. Nos hallamos en el umbral de las civilizaciones clásicas, en el mo­ mento en que, apoyándose en estos elementos culturales comunes, que delimitan el área cultural llamada por esta razón Mesoamérica, cada una de esas civilizaciones surgiría con su trayectoria y sus característi­ cas propias. En este panorama artístico y cultural tan rico como variado, predomina siempre el arte ritual, expresión de una sociedad teocrática. La utilización de bajorrelieves en alternancia con la pintura mural y la escultura en los espacios arquitectónicos en sitios prehispánicos, in­ fluenció también la obra de Juan O’ Gorman en su último periodo, neta­ mente en su obra de Ciudad Universitaria. La Ciudad de Teotihuacán se distinguió en arquitectura por la in­ novación de un método estético-constructivo llamado Talud-tablero, que consiste en un murete enmarcado que con frecuencia era utilizado como el sub-basamento de una pirámide, generalmente situado a los dos lados de la escalera principal, pero ese murete servía también como un zoclo que se repite para formar los pisos o peraltes de la pi­ rámide. Este murete llamado tablero estaba recubierto de un aplanado sobre el cual se pintaban los frescos, por lo tanto cumple más las fun­ ciones de un frontón que de un muro. El talud era la parte construida en forma de rampa, esta última es la que daba la inclinación a toda la pirámide (véase Esquema I) Contrariamente a lo que ocurrió en la civilización de Teotihuacán, limitada a un solo sitio, el mundo Maya se extendió en un amplio te­ rritorio que comprende varios estados del sureste mexicano además de Guatemala, Honduras y parte del Salvador. El arte y la Arquitectura Maya es muy diferente según su ubica­ ción geográfica, sea ésta en valles muy extendidos (Yucatán, Campe­ che, Quintana Roo) o regiones de montaña y selva tropical (Chiapas y Guatemala). Los mayas desarrollaron particularmente las ciencias, 60


las artes y la arquitectura innovando procedimientos constructivos como es el caso del Arco Maya. La Arquitectura Maya era rica en ornamentación, llegando a una saturación de elementos estructurales policromos que los especialis­ tas califican como “Barroco precolombino”. Solamente queda un caso de pintura mural maya, se trata del fresco de Bonampak que data del año 692 d.C., este fue concebido con el tema de la guerra. b) Influencia de la arquitectura del Virreinato De la arquitectura de la época colonial la arquitectura contemporá­ nea retomará además de ciertos detalles o elementos de uno o varios estilos, sobre todo el concepto del espacio de la arquitectura española y árabe, que se resume por diversas nociones de la filosofía de la vida y de la época, por ejemplo, la noción de espacio público abierto lla­ mado Plaza de Armas y los jardines o alamedas, lugares de reunión o reencuentros heredados de la fisionomía urbanística del Renacimien­ to. Además los grandes espacios que preceden la entrada de las igle­ sias del virreinato llamados “atrios” que servían no solamente para celebrar la misa y evangelizar a los indios sino además era y sigue siendo el lugar de fiestas religiosas y paganas. Algunos otros aspectos tipológicos de la Arquitectura del Virrei­ nato son los siguientes: – Noción de espacio semi-oculto a través de elementos que ser­ vían de filtro como la celosía (Baxter, 1934). – Noción de frescura y tranquilidad a través de los jardines priva­ dos de las casas, en ocasiones con espejos de agua –el patio– de neta influencia islámica (idem). – Espacio y formas barrocas a través de la profusión de ornamen­ tos y el color muy contrastado. El ejemplo más claro lo tene­ mos en la sierra “gorda” del estado de Querétaro con los tem­ plos llamados “misiones”. A fines del siglo xvi España poseía un patrimonio arquitectónico floreciente y variado con bellas manifestaciones del Arte Románico, Gótico y de la primera etapa renacentista. 61


En el momento de la colonización y la evangelización del territo­ rio mesoamericano, la corona española comenzó a establecer su hege­ monía a partir de la construcción de centenas de edificios religiosos y de palacios o casonas, al principio en un estilo rudimentario pero poco a poco se fue remplazando por estilos bien definidos. Los españoles aportaron a México no solamente la Arquitectura del Renacimiento europeo sino la influencia de la Arquitectura Barro­ ca y la Arquitectura Islámica que ya había sido tamizada por varios si­ glos de cohabitación en toda la península ibérica y que los españoles habían bautizado como estilo morisco y mudéjar, así lo define el histo­ riador Pal Kelemen: “los españoles que designaban por mudéjar a un moro convertido, aplicaron esta palabra a todos los vestigios moriscos conservados en el arte español principalmente en el tratamiento de la ornamentación, la talla en madera y del tabique...” (Kelemen, 1982). Pero la evangelización del nuevo mundo debió adaptar los rituales cristianos e incluso los espacios, ya que el politeísmo prehispánico era antagónico con el monoteísmo católico. Los indios que al principio trabajaban como mano de obra no cali­ ficada demostraron rápidamente su habilidad para labrar la piedra, ta­ llar la madera y modelar el estuco para trabajar el artesonado de los templos. De esta manera es que nace un nuevo arte ya que la sensibi­ lidad y el gusto de los indios le van a imprimir un carácter local o re­ gional a la arquitectura colonial de la Nueva España. La Nueva España continuará construyendo una arquitectura de es­ tilos: plateresco, mudéjar, barroco, churrigueresco (el más excelso barroco mexicano), manierista y neoclásico, estilos que se sucedieron a todo lo largo de los tres siglos del Período Colonial. Al final del Período Colonial podemos destacar la obra remarcable de dos arquitectos. El primero, español, don Manuel Tolsá, y el se­ gundo mexicano, Eduardo Tresguerras. Sus obras forman parte de la Arquitectura Neoclásica más importante del país e incluso siguieron construyendo a principios del siglo xix (Baxter, 1934). El patio, en tanto que elemento arquitectónico se va a convertir en uno de los conceptos más importantes para los arquitectos mexicanos de la época contemporánea, ya que éste representa el primer lugar de reencuentro y de vida colectiva para una familia. La arquitectura contemporánea mexicana recibió la influencia principalmente de las arquitecturas teotihuacana, azteca y maya. 62


2. Etapa contemporánea de la Arquitectura El largo período de la dictadura del general Porfirio Díaz (18771910) marca una decadencia de las Artes Plásticas en México. En lo que concierne a la arquitectura y a las Artes Decorativas, los arquitec­ tos del país reproducían los estereotipos venidos del viejo continente, en especial de Francia. Como explica el historiador Daniel Cosío Villegas, este período se caracteriza por un modo de vida “a la francesa” (Cosío Villegas, 1973); la gran burguesía enviaba a sus hijos a estudiar a París, se vis­ ten a la usanza de París, importan muebles de Francia y mandan construir sus pequeños palacios con “estilo francés”. Pero este estilo no correspondía solamente al estilo clásico del siglo xix sino también al manierismo, al barroco francés y a veces a todos los estilos combi­ nados. Cosío Villegas también nos habla que no se trataba solamente de la oligarquía nacional, sino que los gobernantes mexicanos orde­ naban la construcción de edificios públicos bajo el “modelo francés”. Como consecuencia de la lucha armada que se desató en todo el país entre 1910 y 1920, la producción arquitectónica de importancia fue interrumpida. Por tal motivo, es hasta el fin de esta guerra civil que tiene lugar el período conocido como la posrevolución, que es la etapa que podemos calificar como de la búsqueda de la identidad nacional. De esta ola nacionalista emergen los estilos “neocolonial y colo­ nial californiano”. Esos estilos retoman los arcos, las techumbres con tejado, algunos adornos con altorrelieves de cantera en los arcos (la cantera es una piedra calcárea existente sobre todo en el centro del país). Uno de los más importantes defensores del primero de estos es­ tilos fue el propio ministro José Vasconcelos quien a través de su dese­m­peño se encargó de la promoción y la defensa del estilo “neoco­ lonial”. Muy pronto tendrá la aprobación y el apoyo de la burguesía y de la intelligentsia del país. Sin embargo, la tesis del estilo “neocolonial” aparece antes del pe­ ríodo de Vasconcelos, como lo demuestra el discurso del arquitecto Federico Mariscal en 1914 (Mariscal, 1970), donde él se pronuncia seguidor del estilo colonial basándose en las teorías que sostienen que la identidad nacional se constituyó durante la época colonial y por tanto hacía falta recuperar la tipología de la “casa señorial” del Méxi­ co colonial. 63


A propósito de esto, el antropólogo Manuel Gamio explica esta cri­ sis de la creación arquitectónica del siglo xix y hace una crítica viru­ lenta de la importación de estilos “dorados” y del “cosmopolitismo es­ tético” de los flameantes arquitectos académicos que borraron los esfuerzos de don Manuel Tolsá y sus sucesores (Gamio, 1923). Habla de una especie de amnesia cultural de parte de los seudo artistas de la intelligentsia mexicana, ya que estos olvidaron las tradiciones y la his­ toria de México y construyen sin tener en cuenta ni las condiciones climáticas ni la región donde deben ubicar los edificios; también dice que gracias a los viajes incesantes de los intelectuales mexicanos entre México y Europa hubo una especie de fiebre por imitar casi de forma servil, la arquitectura francesa, italiana y de Europa central, pero muy poco la arqui­tectura española, ya que el rencor de la Guerra de Inde­ pendencia (1810-1821) alejaba a los mexicanos de esta fuente. Muy pronto aparecerán algunos grupos de arquitectos de vanguar­ dia que se opondrán al “neocolonial” e igualmente un grupo reducido de artistas e intelectuales se unirán a esta causa entre los cuales desta­ ca el pintor Diego Rivera, quien fue uno de los primeros en abrir la polémica en forma radical, veamos sus palabras: ...fueron centenas de maestros artesanos, millares de modestos maestros de obra, centenas de talladores de piedra y albañiles de genio, los que modelando el espíritu popular crearon ese estilo colonial y ahora, bajo pretexto de “renacimiento mexicano” se está haciendo aquí una mala co­ pia, lo que es una vergüenza para México... (López Rangel, 1986: 16).

Según el especialista en urbanismo y Arquitectura Contemporánea Rafael López Rangel, Diego Rivera fue uno de los pioneros de una teoría materialista de la Arquitectura y del Arte mexicanos. López Rangel explica en su libro Diego Rivera y la Arquitectura, que la re­ probación que hacía Diego Rivera de los estilos colonial y del colo­ nial californiano tenía un peso político porque ésta emanaba de un pintor que sustentaba una ideología diferente de la mayor parte de los arquitectos, es decir que ella no era socialista pero además con carác­ ter nacionalista y popular. López Rangel nos dice igualmente que Rivera y Siqueiros, a pesar de sus diferencias, comenzaron la aventura de iniciar una tendencia socializante de la Arquitectura y del Arte. Esto quiere decir que Rive­ 64


ra y Siqueiros adaptaron las ideas marxistas sobre el Arte y la Litera­ tura al fenómeno arquitectónico-plástico. Ellos veían la Arquitectura como el resultado de un proceso artístico y técnico en el cual no sola­ mente participaba el talento del arquitecto, sino también el del obrero y el artesano. Para ellos la historia de la arquitectura debería ser con­ cebida como la evolución de las técnicas y de las artes a través de las diferentes formas de producción y no solamente visto como la histo­ ria de estilos (teoría funcionalista del Arte y de la Historia del Arte) de manera aislada del contexto social. Según López Rangel, el hecho de que fueran los pintores quienes defendiesen un punto de vista de esa índole era debido a su posición de vanguardia en relación al gremio de los arquitectos. Además, la ideolo­ gía de izquierda de los artistas plásticos no era compartida por todos los arquitectos, y no era sino un escaso número de estos últimos quie­ nes apoyaban las ideas de los pintores muralistas mexicanos. Sin embargo, durante los años 1925-1930, las nuevas tendencias, como la Arquitectura Internacional,1 el Funcionalismo y la Bauhaus tomaron gran importancia entre los arquitectos mexicanos de van­ guardia, a tal grado que la sociedad de arquitectos mexicanos se pro­ nunció en su congreso de 1927 (López Rangel, 1986), contra el aca­ demicismo y a favor de una política de apoyo a la arquitectura social-colectiva, en colaboración estrecha con los industriales y los inversionistas para poder avanzar hacia una “nueva era de la arquitec­ tura”. En el transcurso de este congreso, su presidente lanzó un llamado a los arquitectos de todo el continente, pero sobre todo a los latinoa­ mericanos, para que tomaran conciencia de considerar la profesión de arquitecto como una “empresa social-colectiva de carácter industrial antes que nada”; con el riesgo de encontrarse marginalizados en este enclave profesional y económico, entonces exhortaba a los jóvenes arquitectos a hacer alianza con los industriales y los inversionistas para la compra de terrenos y la realización de fraccionamientos de acuerdo a la estrategia del urbanismo moderno y la arquitectura más actual. 1 

Tendencia arquitectónica de los años veintes y treintas que tuvo como representan­ tes a Adolf Loss, Perret, Behrens y Gropius. Véase Philipp Sers (ed.), Diccionario enciclopédico de la arquitectura moderna y contemporánea, París, Philipp Sers, p. 323.

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Se proponía igualmente: – La creación de empresas de materiales de construcción a bajo costo. – La creación de asociaciones que pudiesen promover las econo­ mías de consumidores de diferentes estratos de la sociedad (ca­ jas de ahorro, mutualistas, etcétera.) – La creación de empresas para la construcción. Este discurso tenía un contenido ambiguo, por una parte alentaba una función “social-colectiva” de la arquitectura moderna, y por otra hacía un llamado a la alianza con los industriales y los inversionistas, pero, como dice López Rangel, estos últimos no estaban interesados en invertir en habitación popular (fueron los gobiernos socialistas o popu­ lares de Europa los primeros en financiar la vivienda obrera desde los años treinta hasta la Segunda Guerra Mundial) o edificios de interés público, excepto si el Estado, tomaba toda la responsabilidad financie­ ra (fenómeno que no se presentaba con frecuencia). Sin duda ese dis­ curso correspondía perfectamente a la doctrina populista del gobierno de esa época y terminará por imponerse en relación a las ideas seudonacionalistas y a su falsa expresión plástica, el “Neo-colonial”. López Rangel indica igualmente que esta posición de la sociedad de arquitectos no era ajena al contexto internacional, ella correspondía a una tendencia socializante del fenómeno arquitectónico y buscaba establecer una liga entre el objeto artístico y la industria, esta idea te­ nía su origen principalmente en la Bauhaus de Alemania y en las ideas de Le Corbusier en Francia. En relación a esto W. Gropius pensaba que para la sociedad moderna era necesario establecer un equilibrio que podría nivelar el rumbo desmedido del mundo industrial y cientí­ fico y creía entonces indispensable crear un contexto cultural más rico para la formación de arquitectos y diseñadores, para hacer posible esto participó en la creación de la escuela Bauhaus que describía así: [...] Los talleres de la Bauhaus eran en realidad laboratorios donde se elaboraban diseños prácticos y objetos inéditos de elaboración actual donde se mejoraban los modelos destinados a la producción en serie. Crear formas-tipo correspondía a todas las exigencias técnicas, estéticas y comerciales que exigían un estado mayor de selección, un equipo de

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hombres de vasta cultura general además especializados en la práctica y técnica del diseño y también en las leyes teóricas y formales (Gropius, 1969: 52).

En la capital del país, algunos arquitectos agrupados continuaron la defensa de una arquitectura ligada a las raíces culturales de México. Diego Rivera y otros intelectuales y artistas formaban parte de ese grupo. Para ilustrar mejor el pensamiento de esta nueva corriente nacio­ nalista, retomaremos las palabras de D. Rivera en un artículo de la re­ vista Mexican Folkways, noviembre de 1926 (“Los caminos del fol­ clor mexicano”), expresando sus puntos de vista sobre lo que debería ser la arquitectura moderna mexicana, en el cual elogia la casa popular comunitaria, obra del arquitecto Carlos Obregón Santacilia. Rive­ ra explicaba que el estilo arquitectónico genuino existe cuando una estética específica se adapta para cubrir necesidades sociales específi­ cas, se adecúa al clima y al entorno, a la correcta utilización de los materiales y procedimientos para construir, y además a la obtención de precios bajos por escoger materiales del sitio. Finalmente ese con­ junto produce el estilo. Rivera explica enseguida que estaba a favor de una estética funcionalista pero sin romper con las verdaderas tradiciones populares. Elogia esas casas habitación, económicas, higiénicas y bellas. Carlos Obregón, dice, siguió una tendencia sin renunciar al lo genuino lle­ gando a un buen resultado; sin camuflaje, ni despilfarro. Los materia­ les austeros y su correcta utilización fueron empleados para expresar belleza. Describe en seguida la casa y su adecuación al contexto urba­ no. Para Rivera esa arquitectura novedosa está en armonía con estilos precedentes y la armonía arquitectónica que ha desafiado los adelan­ tos actuales se logra sin detrimento del equilibrio de la ciudad (López Rangel, 1986). En esta explicación del pintor Rivera podemos notar que la nueva corriente nacionalista seguía los conceptos de Le Corbusier y la van­ guardia europea (quienes más tarde elaboraron la Carta de Atenas).2 Esta tendencia nacionalista en la arquitectura no monopolizó la produc­ 2 

En 1933 tuvo lugar en Atenas el Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (ciam), y los trabajos de ese congreso constituyeron lo más importante de la carta. Le Cor­ busier, La carta de Atenas, Francia, Editions de Minuit, 1957.

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ción arquitectónica de México durante las tres próximas décadas: 1930, 1940, y 1950, ya que las otras corrientes arquitectónicas habrían de par­ ticipar igualmente en obras públicas y complejos urbanísticos de rele­ vancia como es el caso de la Ciudad Universitaria de México, que fue el primer gran proyecto donde podían expresarse las diferentes tenden­ cias, posiciones estéticas y vanguardias de la Arquitectura Mexicana.

3. El Complejo de la Ciudad Universitaria en México El gobierno del presidente Miguel Alemán nombró una comisión y un equipo técnico para la dirección de las obras. El primero bajo las órdenes de Carlos Novoa y el segundo bajo la dirección del arquitec­ to Carlos Lazo para la realización del proyecto y edificación de Ciu­ dad Universitaria. Después de haber visitado varias universidades en Estado Unidos, Canadá y Europa, decidieron escoger la realización de un proyecto semejante al modelo norteamericano, es decir un conjunto compuesto de una Rectoría Central (Cuerpo Administrativo) y las diferentes es­ cuelas, facultades e institutos alrededor de un campus. Cada unidad escolar tendrá sus propias zonas de estacionamiento y de servicios administrativos, en cambio se diseño un solo circuito vial para los transportes públicos y los coches. Se le dio una gran prioridad al pea­ tón y es rica en espacios verdes, aunque una buena parte de esa vege­ tación no es original del sitio (ver esquema i). Una vez que el proyecto fue aprobado y los trabajos terminados en obra negra, el equipo técnico tomó contacto con un equipo de pintores y escultores entre los que se encontraban José Chávez Morado, Fran­ cisco Eppens, David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y Juan O‘Gor­ man con sus colaboradores. Siqueiros hizo una proposición por escrito que intitulo Proyecto de coordinación de pintura y escultura con la arquitectura para la construcción de la Ciudad Universitaria de México (Siqueiros, 1970). En este documento, el artista explica que la construcción de Ciudad Universitaria de México debe hacerse con el concepto de una auténtica integración de la plástica, ya que esto representa la primera oportuni­ dad real para la pintura mexicana de concretizar una obra pluridisci­ plinaria con la par­ticipación de pintores, escultores, policromistas, 68


paisajistas, arquitectos, etc. Siqueiros afirma también que todas las pinturas murales hechas con anterioridad son obras fragmentadas y con posibilidades parciales; por ejemplo, las pinturas murales y escul­ turas modernas teniendo como soporte los muros de inmuebles anti­ guos o pinturas y esculturas agregadas a posteriori en los inmuebles modernos representan un desajuste entre el soporte que es en este caso la Arquitectura y la obra plástica adosada a ella. Siqueiros pro­ pone de una manera imperativa que el equipo de arquitectos, que ya había sido designado para entonces, estuviese compuesto también por una comisión específica de pintores y escultores. Veamos cómo de­ signa las tareas de esta comisión. a) “...Determinar a través de la discusión un equipo con los arqui­ tectos, las áreas especificas para la pintura y la escultura que deberá tener la Ciudad Universitaria. b) Determinar igualmente, a partir de una discusión con los arqui­ tectos, la policromía general del conjunto de la Ciudad Univer­ sitaria. c) Intervenir, según la especialidad plástica de cada quien, en la elaboración de planos que se deberán hacer o que estén reali­ zándose igual que en las modificaciones, si estas son necesarias de los que ya están terminados y aprobados”. (Ibid., pp. 15-23). Tanto Siqueiros como Rivera y O’Gorman, tenían una visión de esa problemática un tanto diferente, totalizadora e integral. Para Siquei­ros el problema es la formación de equipos de trabajo pluridiscipli­narios, desde luego, bajo la dirección de un coordinador. La realidad fue muy diferente y los pintores muralistas fueron llamados una vez que los proyectos y las obras estaban casi terminados, con la excepción de los edificios de la Biblioteca Central y el Estadio Olímpico.

4. Punto de vista de los arquitectos y los pintores en relación a la idea de la integración de las artes Los despachos de arquitectos más importantes de la Ciudad de Mé­ xico participaron en la realización de la Ciudad Universitaria. La So­ ciedad Mexicana de Arquitectos estaba dividida en tres tendencias: 69


por un lado estaban dos a favor del Arte Total, cada una con una visión particular y por el otro los que estaban en desacuerdo con la idea de in­ tegrar las Artes Plásticas a la arquitectura en el llamado Arte Total. Para efectos de diferenciar las diversas corrientes de arquitectos y ar­ tistas plásticos, en relación a la problemática de la integración de las artes, las llamaremos tendencias: funcionalista, nacionalista y purista.

La tendencia funcionalista Ésta fue llamada de esa manera porque sus adeptos estaban influen­ ­ciados por el funcionalismo, concepto estilístico nacido en Europa du­ rante los años 20 para expresar la idea de la Arquitectura Contem­ poránea, hecha con hormigón armado o estructuras de acero con otros materiales novedosos, como los ventanales de vidrio que sustituyen muros de cualquier otro material, acrílicos y plásticos, este tipo de ar­ quitectura sigue el principio Form Follows Function (La forma sigue a la función). El arquitecto Le Corbusier era uno de los principales ex­ ponentes de esta corriente arquitectónica (Benévolo, 1978 y D. Sharp, 1975). En México los arquitectos que pertenecían a esta corriente la conce­ bían como el lugar común donde arquitectura, pintura y escultura compartían un mismo lenguaje formal; según ese criterio, solamente ciertos espacios arquitectónicos permitían ser pintados o esculpidos. Dicho de otra manera, únicamente ciertos espacios podían convertir­ se en un soporte para la obra pictórica o escultórica de grandes di­ mensiones; estas últimas no deberían ser tratadas como un agregado o un parche (a posteriori) sino como parte integral de la obra total. Desde luego, para llegar a un feliz resultado en este tipo de arte hacía falta que el artista plástico y el arquitecto tuvieran la misma expresión tipológica; tomando en cuenta que la arquitectura funcionalista está compuesta de elementos geométricos, entonces hacía falta que la pin­ tura mural o la escultura fuesen de un estilo semejante al de la arqui­ tectura de estilo funcionalista. En aquella época, la mayor parte de los muralistas y escultores ha­ cían arte figurativo, con excepción de Carlos Mérida quien era uno de los raros artistas que hacía pintura mural abstracto-geométrica (Ne­ lken, 1961). 70


Otra problemática era la cuestión de la “sumisión” de la pintura mural a la arquitectura. López Rangel explica que para los funciona­ listas mexicanos la obra pictórica o escultórica no debía alterar el pro­ yecto arquitectónico, por consecuencia la pintura mural o la escultura quedaban condicionadas a la decisión del arquitecto y no al resultado de un trabajo en común entre artistas plásticos y arquitectos (López Rangel, 1986). Esta problemática entre la Arquitectura y la Pintura Mural se presentó igualmente en la Bauhaus de Alemania; a este res­ pecto Elodie Vitale señala lo siguiente: [...] La evolución de la Bauhaus hacia la unidad entre arte y técnica y la imposición de una arquitectura funcionalista va a cargar la balanza a fa­ vor de esa corriente, especialmente viva entre los alumnos, de una pintu­ ra mural más creativa de espacio que portavoz de un mensaje (Vitale, 1989: 105).

Justino Fernández, en su libro sobre la estética contemporánea (Fernández, 1962), sitúa esta corriente funcionalista en el contexto mexicano de los años 30 y explica de qué manera, al fin de esta déca­ da, fue constituida la Unión de Arquitectos Socialistas con un progra­ ma bien definido, donde había también algunos arquitectos de van­ guardia con una orientación política diferente; fue el caso de José Villagrán, quien es considerado como el precursor del funcionalismo en México. Fernández menciona igualmente a Carlos Obregón Santa­ cilia, otro de los más importantes renovadores de la arquitectura mexicana, que reprodujo un resumen de su artículo “La maquina, la vida y la arquitectura”, publicado en 1939. En él Santacilia cuestiona la idea de perennidad de la arquitectura, y en oposición habla de una arquitectura temporal y modificable, según las necesidades; hace una comparación con la lógica formal de las máquinas, que transforma la perspectiva del citadino, dice: los estilos ya no existen. También seña­ la que la estética arquitectónica llevaría a diseños con la funcionalidad y precisión de los automóviles o los aviones. Dice que esa nueva belle­ za surge del maquinismo, algo inusitado, pero también explica que ese funcionalismo sólo es posible con belleza, una nueva estética, una nueva arquitectura universal, y es lo que ellos perseguían (idem). En las reflexiones de Carlos Obregón Santacilia podemos notar la gran influencia que las ideas de Le Corbusier tuvieron en la corriente 71


funcionalista mexicana de los años 30, sobre todo en las de la primera etapa del arquitecto francés. En seguida, hubo varios ejemplos de arquitectura funcionalista con la participación de artistas plásticos y arquitectos como el caso del Centro Médico Nacional. En cada uno de esos ejemplos realizados en la Ciudad de México, la pintura mural o la escultura monumental fue­ ron relegadas a un segundo plano en relación a la Arquitectura.

La tendencia nacionalista Esos miembros defendían la idea de una arquitectura contemporá­ nea bajo la inspiración de raíces autóctonas (arquitectura precolombi­ na, colores y materiales locales, etcétera). Al principio fue influencia­ da por el funcionalismo, los representantes de esta tendencia sostenían que el funcionalismo y la arquitectura prehispánica se expresaban a través de formas y conceptos similares: líneas geométricas simples, noción preponderante del espacio abierto para templos y edificios pú­ blicos, etcétera. Justino Fernández explica cómo, una vez creada la sociedad mexi­ cana de arquitectos, el grupo más radical (Legorreta, O’Gorman y Roncal), con una orientación política de izquierda, defendían los si­ guientes principios: “utilitarismo social, colectivismo, estandariza­ ción, belleza funcional” (idem). Ellos negaban todo tipo de valor espiritual, sin embargo, algunos miembros de la Sociedad Mexicana de Arquitectos tenían una actitud diferente a la del grupo radical antes descrito, por ejemplo Amabilis (ibid., p. 209) proponía un mejor conocimiento de la Arquitectura Prehispánica para aplicar algunos de sus conceptos a la Arquitectura Moderna. En los años 40 y 50 Juan O’Gorman abandonó definitivamente la arquitectura funcionalista para formar parte de esta tendencia indige­ nista, que se parecía tanto en su lenguaje de formas como en su funda­ mentación ideológica a la de la arquitectura orgánica, específicamen­ te algunas obras del arquitecto norteamericano Frank L. Wright (1939) quien a su vez tomó como fuente de inspiración la arquitectura prehispánica mexicana, especialmente en sus obras de 1930 a 1935, por ejemplo en el caso de sus realización de Taliesin West en Arizona. 72


Algunos conceptos del período orgánico de Wright que influencia­ ron esta corriente arquitectónica son: – – – – – –

Estrecha relación entre el espacio interior y el espacio exterior. El conocimiento del contexto cultural y del sitio. La colaboración entre artesano-artista-arquitecto La utilización de materiales y métodos del sitio o la región. El empleo de mano de obra local. La adaptación de la arquitectura al entorno.

La tendencia nacionalista, que apareció al principio en las Artes Plásticas, se manifiesta en la Arquitectura gracias a la promoción del Estado en lo referente a las grandes Obras Públicas con la intensión de consolidar su poder político y su presencia en el contexto cultural (Ricalde y López, 1982). Sus representantes más importantes fueron: O’Gorman, Carlos Lazo, Albert T. Arai, Augusto Pérez Palacios, J. Bravo y R. Serrano.

La tendencia purista Estaba compuesta principalmente por un grupo de arquitectos, in­ genieros y teóricos de la capital del país, quienes contaban con el apoyo de la mayor parte de la prensa y las publicaciones artísticas financiados por la empresa privada y que utilizaban igualmente, como medio de difusión las universidades, escuelas superiores e institutos del país, así como la mayor parte de los miembros de la Sociedad Mexicana de Arquitectos y otras organizaciones profesionales. Su tesis consistía en defender lo que ellos creían es la Vocación Primordial de la Arquitectura: hacer posible una función utilitaria con sus propios medios de expresión independientemente de otro tipo de artes como la pintura o la escultura. Para ellos, todos los estilos arqui­ tectónicos contemporáneos eran válidos con la condición de que exis­ ta una correspondencia entre la tipología de la arquitectura y las nece­ sidades prácticas de los espacios. Salvador Pinoncelly en un artículo sobre la obra de José Villagrán hace el análisis del edificio del hospital para tuberculosos, situado en Huipulco al Sur de la Ciudad de México (1929). Habla de la pureza 73


de las formas en donde se reúnen los valores esenciales de la arquitec­ tura: útil, lógica, estéticamente agradable y social (Pinoncelly, 1962). Por ejemplo, en lo relacionado con el aspecto estético, Pinoncelly menciona las cisternas elevadas de agua del hospital, elemento que Villagrán concibió como un volumen escultural completamente geométrico. Según Pinoncelly, Villagrán estuvo influenciado por la escultura europea de los años 20 al 40, especialmente las de Naum Gabo constructivista ruso, Brancusi y Archipencko. Villagrán preconizaba a través de sus escritos la ausencia de ele­ mentos decorativos en la arquitectura funcionalista, por tanto no era simpatizante de la pintura mural y en general del arte monumental in­ tegrados con espacios arquitectónicos, la llamada integración plástica (Villagrán, 1983). En 1960 el arquitecto Enrique del Moral dictó una serie de confe­ rencias con el título El estilo de la integración plástica (Del Moral, 1964); de allí podemos resumir algunos puntos clave de la tesis filo­ sófica de ese grupo de arquitectos que no creían que fuese posible una integración entre Artes Plásticas y Arquitectura. Del Moral explica que, en el caso en que la arquitectura está integrada a la escultura o a la pintura (siempre en el pasado), no se puede hitar ninguna de las partes que componen esa obra pues el riesgo sería mutilar o romper completamente su unidad. También argumentaba que la colaboración que existió en el pasado entre arquitectos y artistas plásticos no logró necesariamente una integración. En seguida dice que la noción de arte total ha existido en civiliza­ ciones muy diferentes entre ellas a través de la historia, pero ellas te­ nían como punto en común una visión mística y unitaria del mundo; por ejemplo, los estilos románico, gótico y barroco en occidente y las artes budista y prehispánico entre otros. Explica igualmente que la ar­ quitectura contemporánea es autosuficiente porque ella tiene medios de expresión propios, texturas, colores. Si es verdad que en su argumentación Del Moral aporta ciertos elementos de análisis sobre el Arte Total o Integración Plástica, que pueden ser justos, su mirada es un tanto limitada en cuanto a la evolu­ ción de la Arquitectura y las Artes Plásticas, ya que para él la sola posi­ bilidad de lograr una obra de arte total, se limita al pasado y no concede la posibilidad de integración entre las Artes Plásticas y la Arquitectu­ ra Contemporánea. 74


Pero Del Moral no debería hacer omisión de ciertas realizaciones de integración plástica como los casos de Horta, Gaudí, Leger, Wright y Alvar Aalto donde hubo una voluntad de crear espacios en donde convergen Arquitectura y Artes Plásticas modernas (Benévolo, 1978). Enseguida, Del Moral reafirma su idea sobre la Autonomía de la Ar­ quitectura diciendo que la fragmentación de las Artes Plásticas es debi­ da a la crisis del mundo actual, puesto que en nuestra época hay una tendencia a la deshumanización y a la desintegración de la sociedad. Nos dice también que generalmente se confunde la unidad de estilo con la integración de las Artes y que la unidad de estilo era propia a los períodos de plenitud. Con el fin de poder hacer una distinción en­ tre esos dos conceptos, es necesario primeramente definir el concepto de Estilo en la Arquitectura. Según el Glosario de arquitectura de J. Ramón Paniagua: “El estilo es el conjunto de detalles específicos tan­ to técnicos como iconográficos, que se reproducen en la obras arqui­ tectónicas de un profesional, de un grupo social preciso, de una re­ gión o de un período histórico cultural determinado” (Paniagua, 1978: 153). Entonces, la unidad de estilo a la que se refiere el arquitecto Del Moral sería la armonía de los elementos de la obra arquitectónica en­ tre ellos y también con la totalidad de ella misma. Dicho de otra ma­ nera la obra arquitectónica en la cual existe el mismo lenguaje formal entre las partes y el todo es una obra con una unidad de estilo. Si bien es cierto, que como afirma Del Moral, una obra en común entre arquitectos y artistas plásticos no conduce necesariamente a una unidad de estilo, también es cierto que la unidad de estilo puede exis­ tir en una obra colectiva y de hecho esa era una de las prioridades de los arquitectos, artistas plásticos y artesanos que participaron en las obras de integración plástica en México. Contrariamente a lo que afirma Del Moral, la unidad de estilo en la arquitectura no corresponde únicamente a las épocas de plenitud. Por ejemplo la obra del arquitecto catalán Gaudí posee una unidad de esti­ lo y por tanto ella no corresponde a una época de plenitud de la cultura española. A este respecto Leonardo Benévolo comenta que Gaudí re­ nuncia a los estilos del pasado en la primera década del siglo xx, rea­ lizando sus edificaciones más relevantes, las dos casas Battlo y Mila en Barcelona, además del Parque Guell donde incorpora rasgos esti­ lísticos del Art Nouveau rediseñándolos a su manera, con su estilo. 75


Gaudí fue una figura aislada e incomprendida en un contexto social atrasado e incluso indiferente (Benévolo, 1978, vol. 2, p. 69). Del Moral nos explica igualmente que las grandes revoluciones le­ jos de favorecer la integración plástica, han contribuido al desarrollo de estilos aislados. Por ejemplo, la Revolución Francesa es contem­ poránea del estilo Neoclásico (arte que según él es absolutamente desintegrado) y que ese fue el mismo caso para la Unión Soviética, y además en la Revolución Mexicana hubo una ausencia de estilo en la arquitectura realizada en la posrevolución. Si bien es cierto, el período que siguió a la Revolución Francesa favoreció principalmente el desarrollo del estilo Neoclásico en la ar­ qui­tectura (Marrey, 1974). en el caso de las otras dos revoluciones fue muy diferente en lo que concierne a las aportaciones y progresos del arte. Por ejemplo, la Revolución de Octubre contribuyó no solamente al desarrollo de la Arquitectura Contemporánea, sino además al de las Artes Plásticas en general, al menos en los primeros años del período soviético. Andrei Ikonikov explica, en su Tratado de Arquitectura Rusa del primer período soviético, de qué manera al principio además de la participación activa entre arquitectos y artistas plásticos para la de­ ­coración temporal de las ciudades, la arquitectura se inspiró de la ex­ periencia de la pintura y escultura (estando estas artes más liberadas de restricciones externas que tiene la arquitectura) para explorar a las nue­ vas guías formales y finalmente poder expresar nuevas maneras de ver el arte y la vida (Ikonikov, 1990). En cuanto a la Revolución Mexicana, es cierto que en la primera etapa de la posrevolución hubo realizaciones arquitectónicas de los estilos neocolonial y colonial californiano que algunos arquitectos,3 pintores y escultores calificaban de malas copias, Del Moral no toma en cuenta que hubo algunas obras representativas de una obra con­ temporánea de vanguardia que fueron el reflejo del movimiento cul­ tural que generó la Revolución Mexicana. Víctor Giménez nos dice en su prólogo del libro Arquitectura contemporánea mexicana:

3  Se trata de un grupo de arquitectos dirigidos por Alberto T. Arai y Enrique Yánez, quienes más tarde, en 1938, constituyeron la Unión de Arquitectos Socialistas.

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La arquitectura edificada durante los años 20, en el período posrevolu­ cionario forma parte del contexto cultural en que emergen las manifesta­ ciones del nacionalismo mexicano y los primeros intentos por introducir el estilo nacionalista en México y el proto-racionalismo y el Art decó (Toca Fernández, p. 11).

Del Moral termina su conferencia explicando que la arquitectura y la pintura contemporáneas mexicanas tuvieron cada una de ellas un desarrollo diferente y por tanto no podían converger en un mismo es­ tilo; ese fue el caso de la Ciudad Universitaria de México, entonces, según él, en el complejo universitario diversas artes autónomas se confrontaron, lo que dio como resultado una falta de unidad y de inte­ gración. Las pinturas murales realizadas con mosaico vitrificado La primera técnica que emplearon los artistas con los arquitectos para los murales de C. U. fue el mosaico de pequeñas dimensiones hecho industrialmente llamado “Veneciano” o Teselle (procedimiento muy antiguo empleado ya por los romanos). Con motivo de un largo viaje de estudio que hicieron por Italia los pintores Siqueiros y Rivera, descubrieron esta técnica además del fresco de la época del imperio romano. Tanto en los escritos de Si­ queiros como en las bibliografías de Rivera podemos constatar que el verdadero germen del muralismo mexicano se encuentra en Italia, aun si posteriormente los dos artistas se dieron a la tarea de examinar los frescos y los mosaicos prehispánicos, la otra fuente principal del Arte Mural Mexicano. Esta técnica que los artistas mexicanos retomaron del pasado, no se trataba de pintar directamente sobre el muro, sino se tenía que ha­ cer una maqueta previa o un proyecto de dimensiones reales para en­ seguida pasar a la construcción del mosaico, esta última etapa debía ser realizada por obreros calificados o artesanos mosaiquistas, bajo la di­ rección de maestros. Muchas veces los colores de la maqueta no correspondían a los co­ lores de la Tesselle, ya que esta era hecha por artesanos de forma semi industrial y empleaban elementos diferentes a los del pintor, ese fue el 77


caso de las obras de Siqueiros y de Francisco Eppens en Ciudad Uni­ versitaria, pero en ciertos casos se trataba de una decoloración y alte­ ración cromática debida a problemas técnicos de fabricación. Facultad de Medicina. Confusión entre un cuadro amplificado y una pintura mural La segunda obra de Eppens –por razones de espacio no nos ocupa­ remos de la primera– se encuentra en la segunda fachada exterior del anfiteatro de esa facultad, se trata de un volumen arquitectónico que descansa en pilares dejando un espacio libre en planta baja. Esta con­ cepción del espacio se inspiró en las ideas de Le Corbusier.4 Los ma­ teriales predominantes en la arquitectura de este edificio son los mis­ mos que se utilizaron para casi todas las escuelas del complejo universitario: concreto armado aparente, muros de tabique amarillo vitrificado y grandes ventanales con herrería metálica. Para la realización de esta obra Eppens escogió como técnica la ce­ rámica pintada a mano o azulejo, técnica tradicional muy empleada en España y Portugal, que consiste en pintar las piezas de cerámica con motivos decorativos, lo que es un elemento representativo de la arqui­ tectura popular de esos dos países y que fue empleada en sus colonias de América (véanse ilustraciones 1 y 2). Entonces, empleando esta técnica el artista realizó una obra con un tema similar a la pintura que hemos descrito anteriormente, es decir una alegoría a la raza mexicana actual: tres mascaras, una de frente y dos de perfil que representan la cultura española, la indígena y la mes­ tiza. Esta obra con mosaico fue muy criticada por los otros pintores que participaron en el conjunto de Ciudad Universitaria, Rivera y Chávez Morado reprochaban a Eppens haber copiado y no interpretado el arte prehispánico, como lo señala López Rangel (López Rangel, 1986).

4  Le Corbusier no cesó de pregonizar una nueva concepción de la casa cubierta con terraza, iluminada horizontalmente de muro a muro y sostenida en planta baja por peque­ ños pilares, por tanto independiente en su distribución interior de las fachadas exteriores, cfr. Gerard Monnie, Histoire de la architecture, Francia, puf, 1993.

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Con relación a esto, José Clemente Orozco decía que la imitación del Arte Prehispánico es una actitud inadmisible de parte de un artista (Orozco, 1965). Efectivamente, Eppens no solamente hizo una espe­ cie de plagio del Arte Prehispánico sino que además no tenía un domi­ no del espacio arquitectónico y pictórico de grandes dimensiones. In­ cluso, otra cosa que le reprochaban los artistas que hemos citado era que su pintura mural consistía en agrandar las dimensiones de un cua­ dro de caballete a las dimensiones del muro, y no hay que olvidar que una de las características del Arte Mural es comprender el soporte, es decir, la incorporación del espacio arquitectónico o urbano a la noción de pintura, teniendo en cuenta su especificidad, a saber: forma, color, materia o textura, luz natural y luz artificial, topografía, vegetación, etcétera. En Europa, en el marco de la escuela de la Bauhaus, maestros y alumnos tuvieron que enfrentar una problemática similar. Por ejem­ plo, Schlemmer desde el principio tenía una concepción global de la pintura mural, en su realización para los talleres de la Bauhaus de Weimar, hizo composiciones pictóricas geométricas que podían ar­ monizar más fácilmente con las formas de la arquitectura. También él estaba a favor de una práctica del color que acercara la pintura mural a la arquitectura. En cambio las pinturas murales de Kandinsky ase­ mejan más un cuadro de caballete amplificado que una pintura mural adaptada al espacio arquitectónico (Vitale, 1989). A pesar de todo, veremos en seguida que en la misma Ciudad Uni­ versitaria existen obras con una concepción del espacio, diferente a las de Francisco Eppens.

5. Murales de Ciudad Universitaria: integración plástica Facultad de ciencias e institutos. Entre simbolismo y realismo mágico Se trata de un conjunto de edificios diseñados de manera horizon­ tal. La fachada Oeste de uno de ellos da a los jardines del campus uni­ versitario y ese edificio está sostenido a todo lo largo por pilares; en el extremo Norte se encuentra el auditorio de la facultad que da a una pequeña plaza. El pintor José Chávez Morado realizó dos obras con 79


mosaico de vidrio, una en la fachada norte del auditorio y otra en la fachada Oeste de la biblioteca; además otras dos en los muros semi exteriores de los corredores y el vestíbulo de la entrada principal al auditorio. Los dos mosaicos y la pintura mural titulada Ciencias Naturales pueden asociarse a la corriente artística llamada realismo mágico, tér­ mino que no hace alusión necesariamente a un estilo sino a una ten­ dencia pictórica que, como dice Olivier Debroise, comenzó por una parte con el “mexicanismo” es decir: una visión ingenua del mundo donde cohabitaban lo trágico y lo cómico y por otra parte con la llega­ da a México de artistas del movimiento surrealista como los fotógra­ fos Edward Weston, Tina Modotti, el cineasta Luis Buñuel, quienes se integraron rápidamente a los mexicanos Agustín Giménez, Álvarez Bravo, etcétera (Debroise, 1984). Esta ola artística dio un aire nuevo al arte mexicano y aportó también otra mirada al arte mural mexica­ no, esta perspectiva era la de un arte que navegaba entre un “realis­ mo” que evocaba los rituales, el humor y las tradiciones que hacen parte del cotidiano mexicano y una suerte de surrealismo o mejor di­ cho ‘un mundo onírico’ del trópico. Pero a diferencia del surrealismo verdadero que es el de Europa, en México se dio una pintura fantásti­ ca ligada sobre todo a los mitos populares –religiosos o paganos–, y no tanto al inconsciente, a los sueños y al pensamiento freudiano). Chávez Morado decidió utilizar el mosaico de vidrio, como técni­ ca para sus murales al exterior. Este procedimiento consiste en susti­ tuir la Tesselle cuadrada de cerámica, por pequeñas piezas de vidrio hechas y preparadas por el mismo pintor; esta técnica daba un resulta­ do muy diferente del que hemos venido describiendo, es decir, la su­ perficie es mucho más luminosa, efecto provocado por el vidrio. La ventaja que tuvo Chávez Morado al utilizar la técnica del mosaico de manera artesanal, es que para hacer su selección cromática no es­ tuvo limitado por la paleta que ofrecen los fabricantes de mosaico en cerámica; las mezclas, los matices y los degradados entonces obteni­ dos contribuyeron a reforzar su composición, hecha de izquierda a derecha. La obra que fue realizada sobre la fachada norte del audito­ rio de la facultad se titula La conquista de la energía, es una alegoría (ver ilustración 3) que toma elementos de la época prehispánica y del

México mestizo. 80


Chávez Morado basó su composición en una estructura dinámica ondulatoria o circular que se desplaza de izquierda a derecha, y de esta manera aprovecha para desarrollar su tema a manera de meta­ morfosis. La segunda obra fue realizada sobre el muro que da al este, en un pasillo semi exterior del auditorio. Este muro se encuentra atrás del mural que ya hemos descrito y es parte del corredor y vestíbulo para entrar al auditorio del edificio, por lo cual queda protegido del sol y de la lluvia (ver ilustración 4). Con esta obra que lleva por título Los constructores de la ciudad universitaria, el pintor quiso hacer un ho­ menaje a todas las personas que participaron en la construcción del primer complejo universitario del país. La composición es una suerte de sinopsis de los arquitectos de México comenzando por los teoti­ huacanos, representados por una diosa-madre, y se termina en la épo­ ca contemporánea ilustrada por las imágenes de dirigentes, arquitec­ tos, ingenieros y obreros que participaron en la construcción de Ciudad Universitaria. Chávez Morado concibió esta obra con un estilo diferente del que empleó para la obra anterior (mucho más realista), especialmente en los retratos de los personajes; los elementos que utilizó para la com­ posición pictórica nos hacen pensar en el simbolismo de Europa –en Francia llamados pintores pompier y en Inglaterra Prerrafaelitas–. Albert Chatelet define el término simbolismo como un movimiento artístico que abarca dos generaciones de artistas: de 1820 a 1830 y de 1850 a 1860, donde se dio un rol primordial al sujeto (lo contrario de los Impresionistas) sin descuidar el dominio de la forma y las técni­ cas, siempre asociadas a una representación fácilmente reconocible. Temas históricos, bíblicos, mitológicos o legendarios, éstos pueden “hacer surgir una idea” (Chatelet/Groslier, 1985:491). Es decir, los personajes y temas funcionan como símbolos. En esta pintura encontramos dos características del simbolismo europeo de 1850 a 1860; primeramente la idea de desarrollar temas históricos y/o mitológicos, y en segundo lugar la carga simbólica que las imágenes pueden tener, retomando la idea de la frase de Albert Chatelet arriba citada. Para Chávez Morado, la armonía entre el espa­ cio arquitectónico y la pintura mural era una de las primeras cuestio­ nes a resolver en el contexto de este arte monumental. Por tanto, la experiencia de la Ciudad Universitaria representó para él uno de sus 81


más grandes retos, según nuestro punto de vista en algunos casos re­ solvió mucho mejor ese problema que en otros. En su obra inacabada sobre las ciencias biológicas, extendió las pinturas del muro central del vestíbulo de entrada al auditorio a la parte superior de las puertas y de las ventanas además de los plafones, según nosotros ésta es una atinada forma de resolver el problema del espacio para llegar a la in­ tegración entre arquitectura y pintura mural. En cuanto a la duplicidad estilística que empleó el artista en las obras de Ciudad Universitaria-unam, esto obedece sin duda a la im­ posición que tuvo para trabajar un tema con carácter político; llevar un mensaje a las personas que hicieron posible la construcción de este complejo arquitectónico, ya que el promotor y gestionario de esas obras (el Estado) pretendía alcanzar dos objetivos; por un lado la con­ solidación de una cultura nacional a través de la difusión de valores mexicanos antiguos y nuevos. Y por otro, la consolidación y el presti­ gio del partido político en el poder (PRI) gracias a la divulgación de la imagen de las autoridades políticas, científicas y artísticas o hu­ manísticas. De esta manera podemos encontrar una analogía entre los dignata­ rios de la época del Renacimiento Italiano y el Estado mexicano de 1920 a 1970, no solamente a nivel de la puesta en marcha de pinturas murales, sino también, en tanto que utilizador o manipulador de este arte monumental. Alison Cole hizo un estudio detallado acerca del rol de Mecenas que jugó la nobleza italiana, en su libro El Renacimiento en las cortes italianas (Cole, 1995). Allí describe de qué manera la nobleza italiana utilizó el arte pictórico para prestigiarse. Entonces tenemos dos elementos clave que nos permiten precisar la similitud entre los Estados italianos del Renacimiento y el México del siglo xx: su preferencia por la novedad y su sed de reconocimiento. A diferencia de los Estados italianos del Renacimiento, el México del siglo xx es un Estado completamente separado de la Iglesia y en­ tonces el lenguaje formal de la pintura mural que podrá recuperar éste en beneficio de su doctrina política, manejaba símbolos de tipo nacio­ nalista y en ciertos casos incluso populista. En el caso de la obra de Chávez Morado Los constructores universitarios existe un mensaje nacionalista y populista al mismo tiempo, ya que ahí hace alusión a los valores cívicos de los mexicanos, hay una metáfora entre la universidad y la Nación, el pueblo trabaja por 82


tanto para construir la nación. Entonces, indios, pobres, ricos y diri­ gentes son los protagonistas de esta obra de Chávez Morado. Si en el periodo renacentista el control del arte fue compartido en­ tre la Iglesia y la nobleza, en el caso del muralismo mexicano, será primeramente el Estado y más tarde empresas privadas nacionales y extranjeras, quienes compartirán la tutela de este arte.

La Rectoría. El arte político y la técnica El edificio de la rectoría está situada al lado de una gran explanada que comunica con el campus universitario (áreas ajardinadas), y por otra parte se encuentra al lado de la antigua estación de autobuses de Ciudad Universitaria y una plaza que da sobre la avenida Insurgentes, una de las más grandes arterias de la Ciudad de México (ver Esque­ ma I e ilustración 5). La arquitectura de este edificio está compuesta por dos cuerpos, uno vertical y otro horizontal. El primero es una torre de ocho pisos de concreto armado y vidrieras de piso a techo, y el segundo es un cuerpo de dos pisos también con concreto armado y ventanales. Para las fachadas de estos dos edificios los arquitectos escogieron como materiales de acabado cemento aparente, en alternancia con azulejo y muros con vidrieras. La disposición de estos dos cuerpos del edificio crea un equilibrio dado por su oposición geométrica y por la simplicidad de su forma, este centro administrativo es un punto de referencia fácil de identifi­ car tanto para los estudiantes como para los otros usuarios e incluso para el público visitante, es decir se puede identificar como un icono visual. Estos dos edificios tienen más riqueza coloristica que los otros edificios de Ciudad Universitaria, ya que para las otras escuelas y fa­ cultades los arquitectos se limitaron al color del concreto armado apa­ rente y al color beige del tabique vitrificado, entonces estos dos colo­ res funcionan como neutros, y se anulan dando la apariencia de ausencia de color o en el último de los casos de un solo color. Para el cuerpo horizontal, la gama cromática va del amarillo claro hasta el ocre o color mostaza fue empleada sobre los muros con apla­ nado e igualmente en la fachada oeste que fue revestida de cerámica y 83


posee grandes ventanas opacas. Para el cuerpo vertical (cuerpo B) los materiales empleados fueron azulejo de cerámica color guinda y ven­ tanales de piso a techo. Al centro de la fachada Este de la torre, Siqueiros hizo una pintura mural intitulada Alegoría de la cultura nacional, se trata de un muro ciego de un volumen que sobresale del resto de todo el edificio, en for­ ma de volado. Para su realización Siqueiros utilizó la pintura a base de piroxilina, aunque esta obra no fue acabada (véase ilustración 6). Sobre los muros situados en las extremidades Norte y Sur Siquei­ ros realizó dos pinturas murales. En el muro norte el artista hizo una pintura en relieve que denominó esculto-pintura. Los relieves son de concreto armado y están pintados con piroxilina. Se puede ver un enorme brazo en relieve estilizado y nos señala, en un libro abierto los datos históricos preponderantes para la nación 1521, la Conquista, 1810, la Independencia, 1857, la Reforma y 1910, la Revolución, al final un punto de interrogación sugiere una nueva Revolución (véase ilustración 7). En el muro sur se encuentra la única pintura mural que acabó Si­ queiros. Se trata de una “esculto-pintura” en concreto armado recu­ bierta de mosaicos (tesselle) en una superficie de 3400m2. Esta repre­ senta los estudiantes que se dirigen hacia la cultura y también hacia el pueblo, el titulo es El pueblo para la universidad, la universidad para el pueblo, por una cultura nacional, neo-humanista de una dimensión universal (véanse ilustraciones 8 y 9). Siqueiros concibió las tres pinturas como un conjunto en relación estrecha con el espacio arquitectónico y urbano. Para esto, antes de comenzar la realización de su obra hizo un estudio en perspectiva de los tres muros, vistos desde todos los ángulos posibles, utilizando la cámara fotográfica e incluso la cámara de cine, filmando desde un co­ che para conocer la percepción visual que podía tener el espectador automovilista o simplemente el espectador en movimiento. Una vez terminada esta primera etapa de su estudio de perspectiva, el artista trazó sobre los muros los bocetos de sus composiciones con la ayuda de un proyector de diapositivas, y utilizó el mismo procedimiento para hacer las correcciones necesarias en los muros. Las tres composiciones están basadas en la sección aurea, el dibu­ jo está en perspectiva muy acentuada y ligeramente curva. Las formas de la pintura de Siqueiros fueron concebidas siguiendo una estructu­ 84


ración o manera de tratar el espacio, similar a la de su soporte inme­ diato, es decir la arquitectura. Incluso cuando Siqueiros trabaja las formas del cuerpo humano se trata de formas en transición, metamor­ fosis dinámicas que terminan en formas geométricas: círculos, esferas, cuadrados, rectángulos principalmente. Él va hacia la sínte­ sis de la forma, esta vía es igualmente un tipo de dibujo analítico. Di­ versos autores han analizado la rica experiencia que tuvieron maes­ tros, alumnos y obreros especializados de la Bauhaus, en relación a la síntesis de la forma e incluso el impacto psicológico de las formas. En las dos obras de la rectoría, Siqueiros trató un tema y un conte­ nido que está en relación con el valor representativo o simbólico del edificio (una institución educativa), en el muro sur la obra representa a los estudiantes yendo hacia el encuentro de las masas para ayudarlas a transformar su realidad económica y cultural, a lo lejos, en un segundo plano se aprecia un desfile sindical (trabajado en dos dimensiones). Para el muro norte el lenguaje de formas es todavía mucho más es­ tilizado ya que toda la comunidad universitaria por un gran brazo en relieve como ya hemos visto. En estas dos pinturas aún existe un tema social bien definido, la presencia de formas y la riqueza cromática predominan sobre todo el resto. Dicho de otra manera, la función didáctica de estas obras –tan importante para Siqueiros– pasa a un segundo plano y las caracterís­ ticas puramente estéticas ocupan un primer lugar. ¿Este fenómeno confiere, por lo tanto, a la obra un carácter decorativo u ornamental en el sentido peyorativo del término? Primeramente hará falta restituir al término decorativo su primera acepción cuando es aplicado al arte monumental. Creemos que existe una utilización indiscriminada de este término, cuando se le relaciona con “Artes” de mal gusto o pasti­ ches. Sin embargo todos los diseños están destinados a ‘decorar’ un objeto con un fin utilitario, en ese aspecto todo el arte monumental tiene un punto en común con las artes utilitarias, en especial si está tan ligado a la arquitectura que es un oficio de diseño. Entonces, si la pintura mural puede decorar un espacio público, o privado sin perder sus cualidades artísticas, las obras de Siqueiros sa­ tisfacen esta función decorativa, jugando un doble papel: por una par­ te armonizan con el espacio arquitectónico –una de las preocupacio­ nes esenciales de Siqueiros– y por otra parte, éstas forman parte del arreglo de un espacio público urbano (la explanada de rectoría). 85


Otra aportación importante en la obra de Siqueiros es el aspecto técnico. Veamos la cuestión de la interacción entre el arte monumen­ tal y la técnica. Varios factores intervienen en el proceso creativo de este arte; este fenómeno hace más difícil la jerarquización y subordinación de esos diferentes medios expresivos y técnicos. Partamos del principio de que la técnica es un elemento indisociable de la manufactura del arte monumental y también en la concepción del proyecto –a saber, la ma­ queta y los trabajos preliminares–, sin embargo, pensamos que la téc­ nica no puede ser un elemento en sí mismo que podrá atribuir un ca­ rácter a la obra de arte, sino que serán los creadores y los realizadores que van a hacer uso de una o varias técnicas para dar a la obra un ca­ rácter y un estilo preciso. El historiador de arte Michael Baxandall analiza la cuestión del arte y la técnica en una entrevista con el periodista M. Brock. Para Bazandall: Lo más simple es arrancar del problema más concreto o material. [Dice] Cuando se realiza un objeto o una imagen, el material y sus útiles juegan un papel importante, aun si no determinan totalmente lo que uno hace, éstos son el grano si es que hablamos de la escultura en madera. También explica que generalmente las cosas son complejas y se pueden afrontar a partir de fenómenos naturales como el caso de la erosión de las rocas: es­ tas se transforman de manera diferente, a partir de su naturaleza y de los hombres que las erosionan. […] Podemos tomar como ejemplo la arena: ésta sería el vehículo y el viento sería el útil o herramienta. Él labrado y el grano de arena dan formas diferentes [Baxandall, 1992, p. 79].

Los arquitectos y los pintores muralistas mexicanos habían com­ prendido que en el caso del arte monumental, ni el médium ni los úti­ les podían ser siempre los mismos que en el pasado. Concreto arma­ do, acero y materiales plásticos eran una innovación para la época contemporánea, entonces se hacía necesario adaptar el arte a los avan­ ces de la época. Es notorio que el Estado mexicano dio al arte una prioridad simi­ lar a que la Alemania del siglo XIV daba al arte y a la técnica, ya que como dice Justino Fernández […] las cuatro décadas que siguieron el fin de la época de la Revolución Mexicana (1920-1950) fueron de una 86


importancia sin precedente, no solamente por la difusión de la cultura y arte, sino también por la creación de escuelas de arte, de centros de artesanías y artes aplicadas. Siqueiros estaba consciente de la importancia de la técnica en el proceso creativo del arte. Para el muralismo mexicano este artista fue un innovador, ya que como se ha dicho antes, fue uno de los primeros artistas en introducir herramientas industriales para la realización de murales. En relación a su experiencia en los Estados Unidos de Amé­ rica, Siqueiros explica que cuando analizaba la pintura industrial, en un país tan industrializado, se pudo percatar que la pistola de aire, o el pincel de aire, habían remplazado al pincel tradicional, en el caso del pintado de coches, refrigeradores, vagones de tren e incluso muros de edificios verticales. Y agrega que no obstante esa situación, el trabajo más fino como los filetes o bordes de los vagones de tren o automóvi­ les, no los hacían de forma mecánica. Recalca que en las artes gráfi­ cas ya se empleaban útiles y herramientas nuevas como el pantógrafo, el mismo aerógrafo y los proyectores. Y hace la pregunta de ¿por qué no encontrar una máquina capaz de seguir el tiempo de fraguado del cemento?. Nos interroga ¿podría ser la pistola de aire? En esta última frase, cuando el artista habla del concreto armado menciona la importancia de nuevas técnicas y de nuevos materiales

para la arquitectura, que podrán ser empleados para el arte monumental; por ejemplo, para pintar una obra en un muro de con­ creto con una técnica similar a la del fresco, el artista debe conocer el tiempo necesario en que fragua el cemento para poder pintar en ese lapso ese muro. Entonces, el uso de la pistola de aire permitía que al pintar Siqueiros trabajara con la misma rapidez que la velocidad de procedimientos constructivos en arquitectura. Igualmente, Siqueiros menciona la importancia de los plásticos, los metales y otros materia­ les de la industria. Durante los años 60-70 en Europa, el muralista Víctor Vasarely, en sus Notas brutas reprocha a escultores y pintores hacer obras nue­ vas con aspecto de antiguas, maquilladas de viejo. Para él las técnicas del arte siempre han estado en paralelo con su época (Vasarely, 1972: 77-78). Para Siqueiros el arte figurativo era el único medio valido median­ te el cual se podía hacer arte monumental, en cambio para el artista húngaro Vasarely la evolución del arte iba hacia la abstracción. A pe­ 87


sar de sus diferencias ideológicas, los dos artistas contribuyeron al desarrollo del arte mural del siglo xx. Vasarely cuando habla de la evolución de la técnica, explica que el escultor de piedra y el mosaiquista dejaran su lugar al helio-grabador, al camarógrafo o al impresor, entre otros. Lo vemos hoy en día con la importancia que han tomado la informática y los medios digitales, reemplazando el trabajo manual del diseñador, en el caso de las Artes Gráficas y de la arquitectura, cuestión muy discutible en los centros escolares. Nos previene de no confundir el fin con los medios en el proceso artístico ya que la máquina en tanto que herramienta es la prolongación de la mano. Él mismo, también decía que el aerógrafo y la cámara deben ser aceptados como útiles artísticos contemporáneos, para él no debe haber diferencia entre los pigmentos o colorantes an­ tiguos y los colores sintéticos modernos. Para la concepción de las dos pinturas murales en relieve de la Rectoría, Siqueiros concibió la obra en varios planos tridimensiona­ les que están en interacción con varios planos bidimensionales. Hizo construir una estructura de metal anclada a la estructura de edificio para poder modelar la parte en relieve de su pintura con cemento pre­ coloreado, es decir que se pintó el cemento en el momento de hacer la mezcla, de esta manera el artista pensaba que utilizando los mismos materiales de la arquitectura la obra plástica podía integrarse de mejor manera a los espacios arquitectónicos. En su artículo “Mi experiencia en el muralismo mexicano exte­ rior” (Siqueiros, 1956), Siqueiros explica su experiencia en Ciudad Universitaria en el caso de la esculto-pintura; propuso la construcción de relieves escultóricos apoyados en una estructura de aluminio trata­ do, metal resistente a la oxidación. Desgraciadamente, indica el artis­ ta, no pudo llevar sus experimentos hasta sus últimas consecuencias por causa de problemas financieros de la institución. Un poco más adelante, en el mismo artículo, hace una autocrítica de su esculto-pin­ tura hecha con mosaico (tesselle) en donde explica que ese material era arcaico para el siglo XX, ya que la tendencia era de aplanar el di­ bujo y dar un aspecto de dos dimensiones a algo que tiene tres, ade­ más el color estaba limitado a lo que le ofrecía el fabricante, por tanto la obra tenía un aspecto bizantino más que contemporáneo. Además con este procedimiento, inevitablemente gráfico el color juega un pa­ pel de iluminación fragmentada que no era el deseado. 88


Por iluminación Siqueiros menciona el fenómeno que se produce en la mirada del espectador, a saber, la fragmentación del color debida al material en sí mismo (la capacidad de absorber la luz o reflejarla). Pero el mosaico es antes que nada un material y por tanto es sus­ ceptible de ser modificado o transformado por el artista o arquitecto, ya que pueden existir técnicas y procedimientos tradicionales que por la manera de adaptarse a la tecnología a moderna aparecen ante nues­ tros ojos como modernos. Efectivamente, encontramos la prueba en la arquitectura contemporánea; los arquitectos actuales utilizan mate­ riales tradicionales combinándolos con materiales novedosos; por ejemplo el tabique de barro o la madera tradicional combinados con concreto, plásticos y vidrios. Todo esto no les impide lograr obras modernas con una concepción del espacio bien diferente a la de épo­ cas precedentes. Aquí se desprende otro tema polémico al que se en­ frentan los catedráticos en las aulas, ¿Todo debe hacerse con la ayuda de los ordenadores y las nuevas tecnologías, o debe preservarse el tra­ bajo manual y combinarlo con las nuevas tecnologías? En este artículo Siqueiros habla igualmente del color, de los me­ dios, de la proporción y de la escala, y entre otras cosas de su técnica de la esculto-pintura como una innovación para la percepción de la obra monumental. Para Siqueiros la diferencia entre la pintura con dos dimensiones y la pintura tridimensional representa una evolución desde el punto de vista del observador o el público. Siqueiros encuentra dos características importantes de la pintura en relieve: la existencia de superficies cóncavas o convexas de los muros exteriores y la amplificación visual de la parte alta hacia la parte baja y con frecuencia hacia la inclinación en ese mismo sentido. Las dos características que indica Siqueiros son problemas inherentes a la percepción visual. Por ejemplo en las pinturas hechas en los mu­ ros exteriores, el hecho de poder alejarse o acercarse de esos muros cambiará la impresión que el espectador tiene de las superficies y de la líneas –entre más se aleja uno, más la línea horizontal se convierte en una línea curva– se trata de un problema de perspectiva. Para Siqueiros en el caso de la pintura mural al exterior, las formas visuales planas carecen de dinamismo en relación a las tres dimensio­ nes del entorno: edificios, vegetación, vehículos e incluso el peatón. Entonces propone crear una pintura en relieve –la esculto-pintura– para integrar mejor la obra a su contexto inmediato. 89


En seguida Siqueiros hace referencia a la falta de oficio de los pin­ tores para resolver problemas inherentes a la escultura y al problema de la fragmentación de las Artes Plásticas. “No se puede ser pintor-es­ cultor o escultor-pintor, de la noche a la mañana” (Siqueiros, 1970: 24). En relación a esto Fernando Léger explica en su libro Funciones de la pintura (Léger, 1965: 87), cómo en Francia la pintura mural es heredera del arte popular urbano (las boutiques, los aparadores, los carteles), para convertirse en la novedad de la exposición universal de 1937. Pero Léger reconoce que los artistas no estaban suficientemen­ te preparados para abordar la problemática del arte mural. Para él se trataba de una de resurrección de la colaboración de tres Artes: arqui­ tectura, pintura y escultura, donde subraya que el trabajo en equipo va encaminado hacia fines sociales. Sin embargo, en una obra monumental como la que contemplaba Siqueiros donde pueden intervenir varios artesanos y artistas, el pin­ tor muralista no debe reemplazar el trabajo de los otros, ya que se tra­ ta de una obra pluridisciplinaria, y el rol del artista que concibe la obra monumental, es el de coordinar las actividades de todos los par­ ticipantes, semejante al de un director de orquesta. En este aspecto de trabajo pluridisciplinario, la pintura mural no se diferencia mucho de la arquitectura y de los otros diseños. Siqueiros ha sido de los pocos pintores muralistas que escribieron sobre la aplicación del color en el arte monumental. Él decía que la formas que faltan de color integral, con ausencia de una policromía completa, en ese caso son amorfas (aun si ese fenómeno pudiera pare­ cer contradictorio) (Siqueiros, ibid., p. 25). De esa manera, Siqueiros hace alusión a la ausencia de color en la escultura y arquitectura contemporáneas. Para él, la confluencia de las artes plásticas con la arquitectura puede ser posible sobre todo a través de la policromía, es decir la correcta utilización del color, en el caso de la arquitectura obviamente con una adecuada utilización del propio color de los materiales. En esas obras de la rectoría, aplicó la policromía de dos formas. Para las dos obras sobre concreto, el color sigue las formas para refor­ zar una representación muy particular; por ejemplo, el brazo y las ma­ nos al mismo tiempo que el lápiz que indican la futura revolución. Para la obra en mosaico los colores son menos matizados y tienen cierta independencia en relación a las formas, ya que el artista tuvo que limitarse a la paleta propuesta por los fabricantes de este material. 90


La utilización del color en la escultura y la arquitectura del siglo

xx ha sido tema polémico. Desde el surgimiento del arte no figurativo

para la primera y las corrientes Funcionalista y Racionalista para la segunda. La presencia del color en la arquitectura obedece a razones de orden histórico, social, geográfico o étnico y esta cualidad expresi­ va se pude traducir para la mirada del espectador como una caracte­ rística predominante del paisaje. Existen ciudades distantes entre sí: rosas como Tolosa o blancas como Mérida Yucatán. Fernand Léger, que participó con Le Corbusier en varios proyec­ tos, tenía ideas innovadoras sobre la utilización del color en los espa­ cios colectivos. En relación a las ventajas que puede ofrecer la arqui­ tectura a la clase obrera, (Léger, 1956) explica cómo la arquitectura moderna que nace prácticamente al mismo tiempo que la pintura mo­ derna, contribuye al confort y a la vida practica de los usuarios de una mejor manera que en el pasado. En seguida habla de manera muy en­ tusiasta de la escuela comunal de Villejuif de André Lurcat calificán­ dola de un precedente favorable. Considera que las aportaciones que Le Corbusier hizo a los usuarios; “El muro blanco y la luz”, ayudará a que el nivel de vida de los obreros sea más agradable. Léger reflexiona acerca de su experiencia con arquitectos y otros artistas plásticos como Robert Delaunay en la Exposición Universal de 1925 en París. Por esos años, cuando participó con Le Corbusier en la realización de pinturas murales sin tema, con colores puros (pri­ marios) ellos llegan a un “nuevo espacio” en arquitectura, es decir el muro blanco depurado, para más tarde evolucionar hacia el recubri­ miento de los muros pintándolos con colores primarios, por ejemplo un muro rojo o amarillo, etcétera. Por otra parte, Fernand Léger estaba consciente que las condicio­ nes materiales y espirituales eran más favorables a la integración de las artes en la antigüedad y en la edad media; entonces habla de la ne­ cesidad de regresar a una noción unitaria del arte, pero dice que a di­ ferencia del pasado en el nuevo arte monumental, ligado a la arquitec­ tura, debe crear un espacio nuevo en el cual la pintura y la escultura no serán ya descriptivas de concepción geométrica o no figurativa. Efectivamente, Fernand Léger, Le Corbusier y Robert Delaunay entre otros, estaban cambiando la idea que podía tener el gran público del color y de las formas habitables. Antes de cerrar el tema sobre el color en la arquitectura y el arte monumental es pertinente aclarar que en el caso de las casas antiguas 91


o pintorescas la aplicación del color en el arte monumental ha forma­ do parte del paisaje durante siglos. En una cohabitación entre moder­ nidad y tradición. En cambio para los barrios modernos de metrópolis y ciudades medias mexicanas, el fenómeno es más complejo, pero sin duda un estudio realizado por un equipo pluridisciplinario es deseable como indica Jacques Fillacier; la historia se escribe en el espacio, y de esa manera la metamorfosis se consolida (Fillacier, 1986: 53). El colorido no puede imitar por sí solo el colorido tradicional del barrio, en cam­ bio la arquitectura nueva crea sus propias referencias. Toda vez que un buen análisis nos permite obtener frecuentemente características comunes a arquitecturas diferentes entre sí, es interesante descompo­ ner los diferentes elementos del análisis de un sitio y descubrir que con el hecho de respetar cada uno de los factores de la percepción, se puede crear cierta unidad y establecer una relación interna entre el pa­ sado y el presente. Para Siqueiros, otra particularidad de la pintura mural exterior es la presencia de un espectador activo, que se mueve, que pasa a veloci­ dad, incluso motorizado; ya hemos visto en su experiencia de Ciudad Universitaria de qué manera echó mano de medios como la cámara fotográfica y proyectores, para adaptar las líneas y formas de su obra a la mirada cambiante del espectador, creando así una perspectiva compleja, que él llamó poliangularidad, es decir una perspectiva que pueda ser apreciada desde muchos ángulos al mismo tiempo. En Francia, Fernand Léger igualmente interesado en la problemá­ tica de la percepción del espectador acerca de la obra monumental, explicaba que es necesario una capacidad de invención constante (Lé­ ger, 1965). Ya que afortunadamente los medios modernos son ayuda­ dos por invenciones cotidianas, los objetos, las luces, los colores fijos y restringidos del pasado se convierten en vivos y móviles. Un espec­ táculo debe ser rápido, su unidad no permite más de 15 o 20 minutos, busquemos en este lapso tan corto “nuevos medios”. También explica que se ha encontrado el de competir o renovar mecánicamente al hombre espectáculo, y agrega que se puede hacer mover, accionar los objetos por sí mismos. Es interesante notar que tanto Léger como Siqueiros hacen refe­ rencia a elementos ligados al contexto de la obra artística: el especta­ dor activo, los factores climáticos, la luz natural o artificial, la arqui­ tectura, el paisaje urbano o rural, etcétera. 92


Pero aún si las teorías de Fernand Léger son menos radicales que las de Siqueiros, es sorprendente la gran similitud entre los dos artis­ tas. En la práctica podemos subrayar también coincidencias; el traba­ jo en mosaico, la pintura mural y la liga entre escultura y pintura, son los más significativos. Siqueiros aborda también el problema de la proporción y de la es­ cala cuando menciona que ciertos artistas afirman que las grandes di­ mensiones que puede tener una pintura mural hacen disminuir las proporciones y la jerarquía del edificio, él piensa otra cosa. La obra plástica monumental debe ser concebida para ser apreciada de lejos y desde varios ángulos, entonces la escala de la obra pictórica debe ser similar a la de la arquitectura. Dice: “entre más majestuosa sea la pin­ tura mural, más será puesta en realce la arquitectura”. Con este tema, Siqueiros toca un aspecto nuevo de la pintura mu­ ral al exterior ya que el espacio pictórico y el espacio arquitectónico cohabitan en una totalidad llamada espacio público, y es justamente a este nivel de espacio público que nos referimos, a este fenómeno de la escala que juega un doble rol: por un lado el de enfatizar los valores de la obra monumental, y por otro el de reforzar la significación y la importancia de la obra monumental y de la arquitectura. El fenómeno de la significación, tanto del espacio pictórico como del arquitectónico, no es únicamente el producto de relaciones mecá­ nicas entre escala-proporción y el espacio real, y en ciertos casos el espacio virtual, sino que además se trata de la resultante de valores propios del lenguaje de la obra plástica que Piérre Francastel llama los valores “Socio-psicológicos del espacio-tiempo” (Francastel, 1970), estos intervienen de manera decisiva en la percepción y la in­ terpretación de la obra monumental. Estadio Olímpico de la unam y Biblioteca Central. A manera de corolario, ciertos puntos de análisis y reflexión Si bien es cierto que la primera etapa del muralismo mexicano (1920-1950) se caracterizó por la búsqueda de estilos, formas y técni­ cas que se pudiesen adaptar a la tipología de los edificios que alojaban dichas pinturas –todos estos edificios son anteriores al surgimiento de la arquitectura contemporánea en México–, también es cierto que la 93


etapa crucial o de maduración, es la que comprende los años 19501970, donde la experimentación con formas expresivas, nuevos mate­ riales y soportes, rindió frutos al alcanzar realizaciones de gran enver­ gadura, no solamente por parte del Estado Mexicano, sino también con la intervención de empresas privadas, laboratorios médicos, tea­ tros, hoteles, fábricas y salas cinematográficas. Al principio de esa se­ gunda etapa, la versatilidad de los espacios permitió la participación de grupos más numerosos de artistas, arquitectos y artesanos de di­ versas tendencias estilísticas y también con diferentes ideologías. Cuando Rivera, Siqueiros y Orozco, entre otros, pintaron los pri­ meros murales de la época contemporánea, las técnicas que emplea­ ron fueron muy limitadas: la encáustica y el fresco sobre superficies lisas, es decir, un enlucido especial para recibir la pintura al fresco, esos procedimientos no variaban gran cosa de los del pasado, pero además sus composiciones tampoco distaban mucho de las de los si­ glos precedentes. Sin embargo cuando esos pintores y otros más, se dieron a la tarea de pintar en fachadas exteriores de edificios o semi-exteriores. Se en­ contraron ante problemas hasta el momento desconocidos por ellos, dicho de otra manera, la pintura mural al exterior no presenta las mis­ mas características que la pintura realizada en muros interiores de edi­ ficios. Entonces, esos artistas debieron resolver problemáticas como: a) Tomar en cuenta el color de los espacios arquitectónicos, para que no se contrapusieran al colorido de las pinturas murales. b) Comprender la cuestión de la volumetría de los espacios arqui­ tectónicos y urbanos, para poder resolver problemas de puntos de vista (la percepción) y la perspectiva. c) Entender y explicar tanto a los promotores como a los propios autores, que en un trabajo de equipo, formado por artistas plás­ ticos, albañiles, artesanos y arquitectos alguien debía llevar la dirección general. d) Descubrir, y más tarde ensayar y adaptar las técnicas más con­ venientes para resolver el problema de la fragilidad de la pintu­ ra mural en exteriores, ya que estaría expuesta a factores climá­ ticos, como: la luz directa y el asoleamiento, la lluvia y el viento, los cambios bruscos de temperatura entre el día y la no­ che, como ejemplo de lo más común. 94


e) Y finalmente, se presenta un problema de índole estético-for­ mal: si la arquitectura contemporánea posee un lenguaje nove­ doso en sus formas. ¿Qué propuesta expresivo-formal podría tener la pintura mural para integrarse armónicamente a esa ar­ quitectura? Las maneras de abordar esta nueva problemática del muralismo mexicano fueron muy diferentes entre ellas, ya que frecuentemente no dependía únicamente de los medios económicos y técnicos, sino que además dependía sobre todo del temperamento y la experiencia tanto del pintor como del arquitecto. A través de un análisis de las obras de los dos períodos del mura­ lismo mexicano, se despejan algunas diferencias y similitudes entre las cuales las más representativas son: ● Los temas del primer período fueron principalmente de carác­ ter histórico, en cambio los del segundo período evocan temas comunes entre los seres humanos: la libertad, la violencia, la xenofobia, la ciencia y la tecnología; el arte popular aparece también como una temática: las máscaras, la danza, el teatro, la música etc. En este último período las pinturas abstractas tam­ bién aparecen en el muralismo, además los temas históricos y alegorías continuaban apareciendo. ● Fue hasta el segundo período que se comenzó a trabajar con otras técnicas que ya hemos visto arriba: el mosaico, la pintura industrial sobre el concreto, los metales, los plásticos, entre otros. Los soportes (textura y materia de los muros) fueron igualmente muy diversos en este período. Por ejemplo: paneles desmontables de madera, con una preparación de revoque con yeso y arena, muros de tabique, plafones de metal, muros de concreto con acabado liso y con relieves de armazón con varilla y recubiertos de cemento. Las obras de Siqueiros reflejan sin duda la utilización de esas nuevas técnicas y soportes. ● En relación a los estilos, en el primer período estuvieron los ar­ tistas fuertemente influenciados por la pintura renacentista ita­ liana, pero muy pronto desarrollaron varios estilos de pintura figurativa que van del simbolismo a una especie de expresionis­ mo mexicano. En el segundo período a pesar de que algunos 95


pintores continuaron haciendo arte mural con estilos del pasa­ do; otros trabajaron la pintura mural con estilos no figurativos. Por otra parte, Diego Rivera y José Clemente Orozco, muestran la influencia del Cubismo y el Expresionismo en algunas de sus obras de 1920-1950. Creemos que el muralismo mexicano no hubiese sido el mismo sin las influencias del arte europeo. ● Si nos referimos a la evolución que el muralismo mexicano co­ noció en su segundo periodo, debemos admitir que ciertas obras realizadas en México durante los años 50-70 no recibie­ ron siempre el consenso de la crítica y de los teóricos mexica­ nos por causa de un atraso social, en relación a las vanguardias de las artes plásticas en Europa y Estados Unidos. ● Estas pinturas murales, a pesar de sus limitaciones y el radica­ lismo de algunos de sus autores, representan una rica experien­ cia, en la cual, arquitectos y pintores replantearon asuntos esté­ ticos, que además servirían para obras futuras. Los arquitectos fueron los primeros en salir beneficiados de la ex­ periencia del muralismo mexicano, ya que durante las décadas 60-70 ellos habrían de realizar obras donde existe una integración entre el espacio arquitectónico, la escultura, la pintura mural, e incluso algu­ nas veces la tapicería y el vitral, y esta conjunción tiene la finalidad de reforzar los elementos y el carácter de la arquitectura: el Museo Na­ cional de Antropología, estaciones de metro, iglesias y laboratorios médicos, principalmente en la Ciudad de México. Por otra parte, las experiencias del muralismo mexicano en tanto que corriente artística influenciaron también las otras Artes Plásticas (la escultura y en especial el grabado) y sobre todo la pintura de caba­ llete a partir de los años 60, época en la que tuvo lugar una fuerte po­ lémica –vista incluso como confrontación– entre algunos pintores muralistas y un grupo de pintores, grabadores y escultores, con expre­ siones plásticas informales, neo-expresionistas o abstractas. Este últi­ mo grupo será conocido como La ruptura. En estos momentos a más de 40 años de distancia, podemos ver la praxis de esos dos grupos, no necesariamente como una contradicción insalvable (cosa que han apuntalado los medios de nuestro país, espe­ cialmente el “cuasi monopolio televisivo”), pero esto puede ser visto como algo complementario. Nosotros creemos que esa complementa­ 96


riedad era algo que debía tener el Arte Contemporáneo de nuestro país. Las obras murales de los años 50-70 representan una continui­ dad de la primera etapa del muralismo, además algunos artistas infor­ malistas, “cinéticos”, “geométricos” y “abstractos”, trabajan compo­ siciones con conceptos de las culturas prehispánicas. Con los resultados obtenidos en algunas obras de integración plás­ tica, se cumple cabalmente lo enunciado por Siqueiros, cuando dice que un mural no es una pintura de caballete amplificada; efectiva­ mente, para poder resolver con éxito este tipo de arte, el artista debe empezar por entender el espacio arquitectónico, que en ese caso fun­ ciona como soporte. Y cuando las pinturas están ubicadas en espacios exteriores, además se debe percibir e interpretar el espacio urbano. En ciertos casos los murales no estuvieron integrados al espacio ar­ quitectónico y al entorno urbano, es decir, el lenguaje formal de las pin­ turas no era realmente compatible con el de la arquitectura. Si, como dice Piérre Francastel, toda arquitectura tiene una significación (Fran­ castel, 1965), entonces es cierto que en el caso de esas pinturas no hay correspondencia entre sus símbolos y los del espacio arquitectónico. Diferentes elementos –ya se ha visto– hicieron posible que los murales tuviesen símbolos y conceptos provenientes del arte mesoa­ mericano. Una parte de la arquitectura contemporánea mexicana, en su expresión plástica, siguió el mismo camino, pero con cierto retraso en relación a las Artes Plásticas. Esto nos indica que una de las apor­ taciones del muralismo mexicano al Arte en general es la de haber he­ cho posible una conjunción entre los símbolos de diversas disciplinas. Pero, el muralismo mexicano no fue un movimiento artístico mo­ nolítico, en especial en lo que concierne a las obras del segundo pe­ ríodo, puesto que hubo realizaciones que no tuvieron forzosamente una tipología inspirada en el arte precolombino, es el caso de las obras de Siqueiros de la Rectoría de la unam. En ellas se puede notar las in­ fluencias del Cubismo y del Expresionismo abstracto, y para la arqui­ tectura se trata de la influencia de la tendencia Funcionalista. Siquei­ ros aportó soluciones novedosas, al utilizar materiales y herramientas hasta ese momento no empleados en la pintura hasta entonces. Él de­ cía que en el caso de las primeras pinturas murales hechas en edificios modernos, se presentaba una especie de anacronismo. Pensaba que ya no deberían usarse únicamente pinceles, como hace siglos: ¿Por qué no pintar con toda la tecnología que nos ofrece la era moderna? 97


El Muralismo mexicano, es un producto de un movimiento cultu­ ral nacional, llamado también nacionalismo, y éste no tiene nada en común con los nacionalismos totalitarios como el nazismo o el estali­ nismo. El nacionalismo cultural mexicano proviene de la búsqueda de nuestra identidad mestiza, de una crisis existencial colectiva, comien­ za desde fines del siglo xix y principios del xx, con el activismo de intelectuales liberales (el Ateneo Mexicano) y cuaja al término del movimiento armado de 1910, cuando el Estado Mexicano debe cubrir esa ausencia de identidad de una nación, tarea ésta, que debería dar cohesión a ese país desangrado y aún lleno de violencia y sed de jus­ ticia. El Programa cultural de José Vasconcelos dio cobijo tanto al mu­ ralismo mexicano, como al nacionalismo musical, por mencionar sólo las dos expresiones culturales más importantes de la Posrevolu­ ción. Las condiciones sociales y políticas del México actual han cam­ biado, con respecto al período analizado en este estudio. No obstante, el arte monumental ligado a espacios arquitectónicos y urbanos sigue vigente en nuestro país. Hoy en día, a más de cuarenta años de los proyectos artísticos de la Ciudad Universitaria de la unam, éstos son reconocidos por el público como íconos de la cultura moderna de nuestro país. Estadio Olímpico Universitario-unam Para el diseño el arquitecto Pérez Palacios se inspiró en la forma del cráter del volcán Xitle (Ver ilustración 11) Para la decoración de las paredes de piedra volcánica, se eligió a Diego Rivera, quien puso en práctica el sistema que ya había empleado para el museo Anahua­ calli, junto con Juan O´Gorman, y que consistía en hacer un mosaico con piedra natural de colores. El proyecto inicial de Palacios y Diego Rivera, consistía en cubrir todas las paredes externas con el mural de mosaico con piedra. El tema era la historia del deporte en el mundo y también el deporte en las sociedades precolombinas. Pero Rivera nunca pudo concluir la obra (Ver ilustraciones 12 y 10). Este estadio olímpico es identificado en el mundo entero, más que por su funcio­ nalidad, por su carácter estético-simbólico (no se parece a ningún otro estadio). 98


La Biblioteca Central. Otro ícono de la unam El edificio fue diseñado por el arquitecto y pintor Juan O’Gorman, quien también él realizó el mural con la misma técnica que se empleó para el estadio. Se aprovechó la enorme caja que representan los 7 pi­ sos del acervo –ya que no deben tener luz que dañe los libros– para hacer los murales en los cuatro grandes muros ciegos, El edificio tie­ ne grandes ventanales en las dos salas de lectura, un frontón en con­ creto armado que asemeja el “tablero” de los templos precolombinos, y también muros de piedra volcánica con bajo relieves de inspiración azteca (véase ilustración 13). El arte monumental, la arquitectura y los espacios urbanos, en es­ tos momentos enfrentan ya, de manera frontal los retos de las nuevas tecnologías: arte digital, imagen múltiple y nuevos soportes comuni­ cativos como el internet, derivados del ordenador, por mencionar sólo algunos. El paradigma es entonces ¿cómo utilizar correctamente

las nuevas tecnologías para la creación de arte monumental, sin dejar de lado la parte sensible-artesanal del artista; dicho de otra manera, sin perder la habilidad manual, que inevitablemente nos con­ ducirá a la originalidad de cada ente humano, de cada poblado o de cada sociedad? El público deberá tener una respuesta, además de artesanos, ci­ neastas, video-artistas, ambientalistas, paisajistas, arquitectos, urba­ nistas y planificadores. Volveremos al proverbio: Por los viejos ríos siempre corre agua nueva. El arte monumental no es cuestión del pa­ sado, hoy existen obras que revitalizan viejas calles o plazas. Si algo hubiéramos podido festejar en el recién conmemorado Bi­ centenario, es ese gran legado artístico-cultural que dejaron el Mura­ lismo mexicano y en general el movimiento artístico-intelectual pos­ revolucionario: nuestro patrimonio en obra monumental. Y entonces sí, formular propuestas no exactamente revolucionarias, pero simple­ mente coherentes e innovadoras, en este siglo xxi.

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Esquema I. Plano de conjunto de Ciudad Universitaria-unam.Tesis de doctorado en la Uni­ versidad de París viii. Olmos Soria L’esthétique urbaine dans la ville de México et ses problemas actuels (La estética urbana en la Ciudad de México y sus problemas actuales) p. 52.

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Ilustración 1. Azulejo decorativo en arquitectura de la época colonial, ciudad de Puebla. Velázquez, Thiery Luz de 1992, El azulejo y su aplicación en la arquitectura poblana, México, Ediciones del Gobierno del estado de Puebla, p. 58.

Ilustración 2. Mural con azulejos, Auditorio de Me­ dicina, Francisco Eppens, Guía de murales de la Ciudad Universitaria, México, unam, 2004.

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Ilustración 3. Mural con mosaico de vidrio, Auditorio de Ciencias, Chávez Morado, Guía de murales de la Ciudad Universitaria, México, unam, 2004.

Ilustración 4. Mural en corredores de Ciencias, Chávez Morado, Guía de murales de la Ciudad Universitaria, México, unam, 2004.

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Ilustración 5. Vista de conjunto de la c.u.-unam.

Ilustración 6. Mural en Fachada Este de la torre-Rectoría, Siqueiros, Guía de murales de la Ciudad Universitaria, México, unam, 2004.

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Ilustración 7. Mural en Fachada Norte del cuerpo horizontal de Rectoría, Siqueiros, Guía de murales de la Ciudad Universitaria, México. unam, 2004.

Ilustración 8. Mural en Fachada Sur del cuerpo horizontal de Rectoría, Siqueiros, Guía de murales de la Ciudad Universitaria, México, unam, 2004.

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Ilustración 9. Detalle de Mural en fachada sur del cuerpo horizontal de Rectoría, Siquei­ ros, Guía de murales de la Ciudad Universitaria, México, unam, 2004.

Ilustración 10. Detalle del mural de Diego Rivera en el Estadio Olímpico, en Cuadernos de arquitectura, núm. 10, octubre de 1963, México, inba, p. 51.

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Ilustración 11. Bocetos de cráter, del Dr. Atl, en Architectural Forum, revista mensual, ar­ tículo: “Mexico’s University city”, número especial, septiembre de 1952, Time & Life Ediciones, EUA, p. 10.

Ilustración 12. Planta arquitectónica y fachadas del Estadio Olímpicounam. Tesis de doctorado en la Universidad de París VIII. Olmos So­ ria…, pp. 125 y 126.

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Ilustración 13. Edificio de la Biblioteca Central, antes y después de la realiza­ ción del mural con mosaicos, Juan O’Gorman, Cuadernos de arquitectura, núm. 16, diciembre de 1964, México, inba.

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Ilustración 14. Diseño de frontones –C.U.-unam–, con influencia mesoamericana, de Al­ berto J., Arai.Enciclopedia 40 siglos de arte mexicano, tomo iii (1978), artículo: “Arqui­ tectura de nuestro tiempo”, México, Herrero, p. 307.

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Sufrimiento psíquico

Aproximaciones psicoanalíticas Rosa Imelda de la Mora Espinosa

Aunque me cuesta trabajo reconocerlo, debo admitir que el psicoanálisis tiene su chiste 1

er

A lo largo de su historia los sujetos humanos han sido profunda­ mente capaces de crear civilizaciones sin iguales: ciencia, tecnología, arte; muestra de todo ello lo vemos a diario en las ciudades, campos, bibliotecas, medios masivos de información, universidades e institu­ tos tecnológicos, en el internet, en los museos, las grandes construc­ ciones, las fábricas, las carreteras, nuestras casas, autotransportes y artefactos electrónicos. Sin embargo, aunque toda esa productividad y creatividad ha vuelto nuestras vidas más cómodas, versátiles e hiper­ modernas, el sufrimiento psíquico sigue ocurriendo en nuestras vidas. En los albores de la humanidad, suponemos, que en algún momen­ to de su vida, algún sujeto que sintió sufrimiento psíquico le habló de ello a otro sujeto, quien era presumiblemente el que ostentaba la in­ vestidura de saber que podría ayudarle en ese entonces. En virtud de que ese sujeto que mostraba un saber psicológico y cumplía diversas funciones simultáneas, tales como hechicería, medicina, brujería, 1  Psicólogo, dedicatoria en el libro de Oreste Saint-Drôme, Cómo elegir su psicoanalista, Barcelona, España, Paidós, 1988.

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guía espiritual, confidente, podríamos nominarlo: médico-brujo-cha­ mán-psicólogo-sacerdote, quien escuchaba y se hacía cargo de ese decir y le daba curso de alguna manera, con ensalmos y con imple­ mentos con los que podía contar. En la actualidad esta disciplina creada por el médico-brujo-cha­ mán-psicólogo-sacerdote, se ha dividido en diversas disciplinas, a saber: las psicologías, psiquiatrías, magias, religiones y los psicoanálisis. Cada una de las cuáles abordan y le dan cabida al sufrimiento psíqui­ co de manera diversa. Se utiliza el plural porque no hay una psicología unigénita, existen varias corrientes en la psicología; situación que también ocurre con la psiquiatría, la magia, la religión y el psicoanálisis. La psicología clínica, precisa estudiarse en la universidad y hacer la carrera correspondiente y dependiendo de la formación que impere en la universidad que se estudie se será psicólogo conductista, gestal­ tista, humanista o de cualquier otra de las corrientes, incluso hay psi­ cólogos eclécticos. Una vez titulado, el psicólogo clínico puede aten­ der sujetos humanos que sufren psíquicamente a través de psicoterapias que correspondan a la corriente teórica en la cual se formó. La psiquiatría implica un camino un poco más largo, se requiere es­ tudiar primero medicina y una vez concluidos estos estudios, cursar la especialidad de psiquiatría –se requieren alrededor de diez años para formarse como psiquiatra–, en la cual también hay diversas corrientes, como: psiquiatría organicista, antropológica, organomecanicista, psi­ quiatría psicoanalítica o antipsiquiatría; dependerá la universidad en la que se estudie para retomar alguna de estas corrientes en el ejercicio profesional. Como puede traslucirse, el psiquiatra es un médico y como tal puede recetar medicamentos psicofarmacológicos, es el único de to­ dos los expertos del campo psi que puede recetar dichas medicinas. A diferencia de las psicologías y las psiquiatrías en las que predo­ mina el saber académico, en las magias, aparte de los conocimientos que precisan estudiarse, no necesariamente en una escuela (es menester comentar que, por ejemplo, en nuestro país algunos magos-herbolarios tienen amplísimos conocimientos de la flora y sus aplicaciones, cono­ cimientos dignos de considerarse estudios universitarios), decíamos, aunado a los conocimientos, prevalece el orden iniciático, es decir, el brujo-mago-hechicero elige a su sucesor y le enseña sus conocimien­ tos incluso de manera vivencial. Una vez iniciado, el mago procederá 114


con ensalmos, hierbas, conjuros con el sujeto que sufre psíquicamen­ te y que lo haya consultado. En lo que respecta a las religiones, aunado al saber académico, que en algunas de ellas implica muchos años de altos estudios universita­ rios, sobresale el orden dogmático, el cuál es imprescindible, pues si no se cree en la religión que se profesa, es difícil que esta se sostenga para quien la ejerce, y en lo que concierne al sufrimiento psíquico, es ineludible asimismo el orden dogmático para aquél religioso que se avoque a atender el padecer psíquico de sus feligreses. Asimismo, los fieles se sostienen en su religión por medio de la creencia. Todas estas disciplinas han sido creadas por muchos hombres y mujeres interesados en lo psíquico del sujeto humano, más específica­ mente en el sufrimiento psíquico del sujeto humano con la idea de darle curso y proporcionarle cabida. En lo que concierne al psicoanálisis, este saber fue creado por un solo hombre, a saber: Sigmund Freud, después de él se han creado otros psicoanálisis. Para formarse como psicoanalista, se precisa estu­ diar la teoría psicoanalítica en seminarios con otros psicoanalistas, al­ gunos cursos teóricos pueden tomarse en universidades –que no en todas–, que le han dado cabida al psicoanálisis –desde su fundación en 1967, la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro es precisamente una de las universidades que incluyó al psicoanálisis; incluso desde 1972-73 materias psicoanalíticas forman parte del Plan de Estudios del Área de Psicología Clínica–; se requie­ re asimismo, y de manera primordial, pasar por la experiencia del análisis personal, así como en el momento de empezar a atender pa­ cientes, se requiere hacer otro acto analítico, a saber: el control que implica hacer una demanda a un analista para poder trabajar lo mejor posible con los pacientes. Como puede observarse, en lo que corresponde al análisis perso­ nal, éste sólo puede realizarse directamente con el analista, jamás se puede llevar a cabo frente a terceros; además el analista, como parte imprescindible de su ética, debe realizar el análisis con irrestricto se­ creto profesional. De igual modo, el análisis personal no puede lle­ varse a cabo en alguna Universidad dado que no puede ser sujeto de evaluaciones de índole académica o cualquier otra. Posterior a Freud, se han creado otros psicoanálisis que han esta­ blecido escuelas de su saber, como el de Melanie Klein y sus seguido­ 115


res, como el psicoanálisis del yo y posteriormente el psicoanálisis de Lacan. Es menester comentar que psicologías, psiquiatrías y psicoanálisis comparten la misma raíz etimológica, a saber: psique, del griego psykh,2 que significa alma, es además una diosa de la mitología grie­ ga, pero ¿quién era esta diosa? Eros está enamorado del alma (Psique), como lo relata Apuleyo en un cuento muy célebre (El asno de oro, libro IV, 28-libro VI, 24). Psique te­ nía dos hermanas. Las tres eran de una gran belleza, pero Psique era la más bella, tan bella que asustaba a los jóvenes y no encontraba marido. Fue consultado el oráculo, quien pidió adornar a la joven y exponerla so­ bre una roca donde un monstruo llegaría a desposarla. Psique se prestó a la experiencia y fue llevada a un palacio magnífico. Allí fue servida como una princesa. A la noche, se acostó y sintió una presencia junto a ella. No le pareció la del monstruo que temía. Sin embargo, no podía ver­ le, y él se lo pidió expresamente. Fue muy feliz hasta el día que la tenta­ ción fue demasiado grande. Escondió una lámpara y miró a su compañe­ ro; era un bello adolescente, Eros en persona. Este desapareció inmediatamente. Psique, abandonada, padeció mil tormentos a partir de entonces. Pero Eros no podía olvidarla y, un día que ella se había dormi­ do, la llevó al Olimpo y pidió a Zeus casarse con ella.3

A grosso modo puede decirse que este mito significa la lucha, el padecimiento, el sufrimiento del alma por el amor. No es de extrañar que la psicología clínica, la psiquiatría y el psicoanálisis hayan toma­ do esta raíz y este mito, dado que estos saberes están dedicados a su­ jetos que sufren psíquicamente. Si bien tanto las psicologías, las psiquiatrías, las magias y las reli­ giones atienden a los sujetos con sufrimiento psíquico desde sus pro­ pios postulados, con sus propias técnicas psicoterapéuticas, en este artículo se plantean aproximaciones sobre cómo se trata el sufrimien­ to psíquico, en el psicoanálisis en Freud y en Lacan.

2  Joan Corominas, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, 3a. ed., 1973, 10a. reimp., España, Gredos, España, 2000, p. 480 3  Fernand Comte, Las grandes figuras mitológicas, Madrid, Ediciones del Prado, 1992, pp. 93-94.

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El psicoanálisis fue creado por Freud a finales del siglo xix, preci­ samente escuchando el sufrimiento psíquico de pacientes histéricos, quienes le mostraban a Freud sus síntomas de conversión, síntomas en los que los pacientes se quedaban ciegos, sordos, paralíticos, con­ tracturados, y en los que no había daño orgánico. Debido a las peculiaridades de los síntomas conversivos, sobre todo a que desaparecían de manera intempestiva y a que no implica­ ban daño orgánico, en aquellos tiempos a estos pacientes; se les con­ sideró simuladores y con facilidad se les despedía de la consulta mé­ dica. Freud, así como Charcot, Janet, Breuer y otros psiquiatras de la época dieron crédito y escucha al sufrimiento psíquico de estos pa­ cientes, si bien los fueron tratando de manera diversa, fue Freud el que no sólo les dio crédito, sino que gracias a ellos pudo conceptuali­ zar el inconsciente, y aunado a lo anterior le dio cabida a la sin razón del hombre sin separarla de la razón. Ya en 1890 Freud nos hablaba de su tratamiento psíquico o trata­ miento del alma; en esa escritura nos muestra su preocupación cuan­ do no se le presta atención a las cuitas del alma y sólo se trata el cuer­ po, y nos advierte entonces cómo hay enfermos que son un gran desafío para los médicos, nos dice: no pueden realizar una labor intelectual a causa de dolores de cabeza o fallas de la atención; les duelen los ojos cuando leen, las piernas se les cansan cuando caminan; sienten dolores sordos o se adormecen; pade­ cen de trastornos digestivos en la forma de sensaciones penosas, vómitos o espasmos gástricos; no pueden defecar sin purgantes, se han vuelto in­ somnes, etc. Pueden sufrir simultánea o sucesivamente todos estos acha­ ques, o sólo algunos de ellos. Pero sin ninguna duda, en todos los casos se trata de la misma enfermedad. Los signos de esta suelen ser variables; se relevan y sustituyen unos a otros: el mismo enfermo que hasta cierto momento no podía hacer nada a causa de sus dolores de cabeza pero te­ nía una digestión bastante buena, al día siguiente puede tener su cabeza despejada, pero no soportar en lo sucesivo casi ningún alimento. Ade­ más, un profundo cambio en sus condiciones de vida puede librarlos sú­ bitamente de sus achaques; estando de viaje pueden sentirse a maravilla y gustar sin daño de toda clase de manjares, pero de regreso a casa quizá se vean forzados a no probar más que leche cuajada. En algunos de estos enfermos, la perturbación, un dolor o una debilidad del tipo de una pará­

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lisis puede mudar repentinamente de costado: saltar del lado derecho al izquierdo simétrico del cuerpo. Pero, en todos, puede observarse que los signos patológicos están muy nítidamente bajo el influjo de irritaciones, emociones, preocupaciones, etc. Tanto que pueden desaparecer, dando sitio a un estado de plena salud y sin dejar secuelas aunque hayan durado mucho tiempo.4

Y en ese momento Freud nos dice que tales estados han recibido el nombre de nerviosidad, posteriormente se le llamó neurosis; se incluye­ ron también las llamadas psicosis, que implican formas discursivas de locura con delirios y/o alucinaciones, y las perversiones que hacen refe­ rencia a la diversidad sexual. Freud nos advierte, además, que es impres­ cindible considerar el estado psíquico de los pacientes en todo momento. Resumidamente, nos estamos refiriendo a la locura que portamos los sujetos humanos, locura que en algún momento fue denominada por Jean Allouch (psicoanalista discípulo de Lacan) con el neologis­ mo de pernepsi,5 (es la condencación de tres nonmbres, a saber: per­ versión-neurosis-psicosis, es una transliteración de un “padre psi nato”, o sea Freud, a partir del cual se produce una cadena de morde­ duras y creyentes, es decir, reproducciones de la ocurrencia en el psi­ coanálisis), haciendo referencia a que estas nominaciones sólo son caras de la normalidad como fueron mencionadas por Lacan.6 Con el pasar del tiempo Freud se fue adentrando cada vez más a este sufrimiento psíquico, y fue dejando de lado su ejercicio como médico de tal manera hasta que creó el psicoanálisis, un saber nuevo y distinto de las psicologías, de las psiquiatrías, de las magias y de las religiones. Freud mismo nos dice en qué consiste: Psicoanálisis es el nombre: 1) de un procedimiento que sirve para inda­ gar procesos anímicos difícilmente accesibles por otras vías; 2) de un método de tratamiento de perturbaciones neuróticas, fundado en esa in­ dagación, y 3) de una serie de intelecciones psicológicas, ganadas por 4 

117.

Sigmund Freud, Tratamiento psíquico (tratamiento del alma), t. i, 1890, pp. 116-

5  Jean Allouch, “Perturbación en Pernepsi”, en Litoral N° 15, Saber de la locura, 1988, Argentina, Epeele, 1990. 6  Jacques Lacan, Seminario 9, La identificación, sesión del 13 de junio de 1962, versión inédita.

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ese camino, que poco a poco se han ido coligando en una nueva discipli­ na científica.7

Estos procesos psíquicos8 difícilmente accesibles por otras vías, de los que Freud habla, son procesos inconscientes, que fue lo que Freud descubrió al trabajar con sus pacientes con sufrimiento psíqui­ co. Estos procesos inconscientes se manifiestan como actos fallidos en la vida cotidiana, los más conocidos de esta clase son los lapsus linguae; incluyen también equivocaciones escritas, leídas, oídas, ol­ vidos; también son manifestaciones del inconsciente los sueños, los chistes, los síntomas psíquicos, las ocurrencias. El asunto que nos con­ cierne, es que estas manifestaciones del inconsciente producen sufri­ miento psíquico, y a este hay que darle escucha, cabida y procurar ali­ viarlo en la medida de lo posible. No podemos olvidar tampoco que grandes tragedias ocurren en las vidas de los sujetos humanos; trage­ dias traumáticas como la muerte de alguien amado, el abandono al que a veces se enfrenta uno cuando se ama, las palabras, actos u omi­ siones de familiares, amigos, colegas y/o enemigos en momentos cru­ ciales; traiciones, desprecios, vejaciones y un sinnúmero de desventu­ ras psíquicas que son inherentes a la vida humana. La manera de trabajar con el sufrimiento psíquico en el psicoaná­ lisis es a través de su regla fundamental, llamada asociación libre, y en sesión analítica; otro requisito primordial es lo que se conoce como transferencia, es decir, el sujeto que sufre y que quiere ser ayudado, es preciso que sienta por lo menos cierta afinidad amorosa con el analis­ ta que lo va a tratar; es decir, el análisis se hace con un interlocutor, el analista, al que se siente inclinado, y en el que confía porque le supo­ ne un Sujeto-Supuesto-Saber, como nos advierte Lacan. Aunado a lo anterior, el analista, asimismo, hará intervenciones con ese decir del paciente, sin olvidar, que el inconsciente –dice Lacan–, está estructu­ rado como un lenguaje, es decir, no es un lenguaje; está estructurado a través de una serie de significantes inconscientes que han sido trans­

7 

S. Freud, Dos artículos de enciclopedia: «Psicoanálisis» y «Teoría de la libido», t.

xviii, 1923, [1922], p. 231. 8  En su obra, Freud maneja como sinónimos procesos psíquicos, procesos anímicos y procesos del alma, a los que se refiere como procesos inconscientes.

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mitidos, de manera inconsciente, al sujeto por otros sujetos importan­ tes de su vida.9 Continuando con el pensamiento de Lacan, él nos comenta en tor­ no al sufrimiento psíquico, que es algo serio, digno de tomarse en cuenta, dice: Souffrance, en francés, es a la vez sufrimiento y espera). La realidad está ahí sufriendo, está aguantada, a la espera.10 Siendo el psicoanálisis un saber que se dedica a sujetos que pade­ cen de sufrimiento psíquico, entonces éste es un asunto realmente substancial, es primordial, y para quien lo padece es difícil, complica­ do, la vida puede convertirse en un verdadero infierno: Cualquiera que fuera, la diferencia está en que si eso que nosotros hace­ mos, nosotros los analistas, opera, es justamente porque el sufrimiento no es el sufrimiento y para decir lo que es necesario, es necesario decir: “El sufrimiento es un hecho”. Ello tiene el aire de decir algo casi pareci­ do, pero no es enteramente parecido, al menos si han entendido bien lo que les he dicho hace un momento acerca de lo que era un hecho. Sea­ mos más bien modestos. Hay sufrimiento que es hecho, es decir que en­ cubre un decir. Es por esta ambigüedad que se refuta el que sea insupera­ ble en su manifestación, que el sufrimiento quiere ser síntoma, lo que quiere decir “verdad”. Yo hago decir al sufrimiento, como hago decir a la verdad; en una primera aproximación, es necesario atemperar los efectos del discurso. Yo le hago decir aunque en términos para el uno o la otra modulados, no del mismo tono, yo hablo, lo evoco por haber reciente­ mente retornado allí. Tratemos de ser más rigurosos en nuestro avance. El sufrimiento tiene su lenguaje y es muy desdichado que cualquiera pueda decirlo sin saber lo que dice. Pero, en fin, éste es precisamente el inconveniente de todo discurso. Es que a partir del momento en que él se enuncia rigurosamente como el verdadero discurso, es un discurso sin palabras, como lo he escrito este año en el frontispicio; no importa quién

9  En muchos lugares de su obra Lacan habla de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje,, ver por ejemplo el Seminario 19, Ou pire…, sesión del 4 de noviembre de 1971 (versión inédita), o a lo largo del Seminario 3, Las Psicosis, 1955-1956, Argentina, Paidós, 1997. 10  J. Lacan, Seminario 11, Los cuatro conceptos del psicoanálisis, sesión del 12 de febrero de 1964, versión inédita.

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pueda repetirlo después que ustedes lo hayan sostenido, eso no tiene ya consecuencias.11

Es así como este averno personal puede llevarnos a la más extrema desesperación. Por qué no decirlo, a una locura intensa, que insiste, que se hace presente de una manera o de otra y como dice Lacan: el sufrimiento es un discurso sin palabras, es por ello que se vuelve real­ mente trascendental suministrarle un sostén psíquico y la manera de hacerlo es con otro sujeto que se haga cargo de ese discurso sufriente sin palabras del sujeto que sufre, es decir, el analista. Retomando la lectura que hace Lacan del sufrimiento psíquico ex­ presado por Freud a través de las manifestaciones del inconsciente, nos encontramos con la castración psíquica del sujeto humano, con su vulnerabilidad e incompletud, con su ser deseante e insistente y a fin de cuentas castrado. Lacan nos dice: Ven que esta teoría tiene consecuencias prácticas; ella permite articular objeciones estructuradas, contra algo que se presenta como no siendo sin efecto clínico, hasta un cierto punto bienhechor, en tanto todo el peligro está en satisfacer la demanda que vemos manifestarse en el neurótico. Cuando yo retome esta dialéctica de lo posible y lo imposible, les mos­ traré que no está en otra cosa que en la oposición del principio del placer al principio de realidad; que el sufrimiento neurótico sea un placer, no puedo demostrar cómo es posible, si no es por malas jugadas (entourloupettes), pero puedo manifestarlo poniéndome en el lugar donde hago im­ posible la demanda, donde se oculta ese sufrimiento. No iré más lejos sobre los detalles clínicos, porque es necesario que concluya. No diré como el fóbico está bajo la relación de la demanda del Otro. Les he ha­ blado suficiente del significante faltante. Para cerrar y terminar lo que tengo que decirles sobre ese punto donde culmina todo el discernimiento que ha tenido Freud del fenómeno inconsciente, cuando él habla del de­ seo que habita el sueño, que es el verdadero deseo del Otro. Deseo de que durmamos. No es por nada que es en el momento en que un sueño llega a ese punto culminante, es en esta figura inmóvil que encarna el fantasma de la realidad. Si el fantasma nos despierta en la angustia, es 11  J. Lacan, Seminario 16, De otro al otro, sesión del 4 de diciembre de 1968, versión inédita.

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porque la realidad no aparece. Pueden ustedes sólo estar así despiertos para que el sentido de esa palabra a venir en mi designio desde ahora les toque. No desembarazaré al Otro ni de su saber, ni de su verdad. El tér­ mino del análisis, si es eso que he inscripto en el S significante del A ba­ rrado, el Otro sabe que él no es nada de eso.12

Es precisamente cuando se trata el sufrimiento psíquico en análi­ sis, que los sujetos humanos podemos asumirnos como S barrados $, como sujetos con castración psíquica, es decir, sujetos deseantes, su­ jetos en falta, sujetos en incompletud, sujetos determinados por los significantes inconscientes de otros, pero a fin de cuentas sujetos abier­ tos a la posibilidad de vivir, a la posibilidad de ir transitando por la vida con todo lo que esta conlleva. No podemos dejar de mencionar que la vida humana está en pe­ renne continuidad, al mismo tiempo que se presenta azarosa e incierta y de que el hecho de que alguien sienta que ya ha vivido todas las tra­ gedias que supone, no implica que no vuelva a verse inmerso en des­ dichas, infortunios, accidentes, sucesos imprevistos, de ahí que no se pueda pensar que uno podría dejar de sufrir en la vida. El verdadero asunto consiste en que, si uno ha transitado por la experiencia del aná­ lisis sabría en algún momento qué hacer con ese sufrimiento. La manera en que Freud concibió el ir atenuando cierto malestar del sufrimiento psíquico, es como sigue: Así como salud y enfermedad no se diferencian por principio, sino que sólo están separadas por umbrales de sumación determinables en la prác­ tica, no puede postularse para el tratamiento ninguna otra meta que una curación práctica del enfermo, el restablecimiento de su capacidad de rendimiento y de goce. En caso de que la cura o sus resultados sean in­ completos, se obtiene básicamente una importante mejoría del estado psíquico general, mientras que los síntomas pueden persistir, aunque su importancia habrá disminuido para el enfermo y no le pondrán el marbe­ te de tal.13 J. Lacan, Seminario 12, Problemas cruciales del psicoanálisis, sesión del 16 de junio de 1965, Grupo Verbum, seminario no publicado, pp. 166-167. 13  S. Freud, El método psicoanalítico de Freud, t. vii, 1903-[1904], pp. 240-241. El título de este artículo puede parecer extraño, en el sentido de que un autor escribe un trabajo en el que aborda su método e incluye su nombre propio, pero así fue, como nos 12 

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En el pensamiento de Lacan implicaría sobre todo que uno pueda asumir su locura, que uno pueda asumir su incompletud, que uno pue­ da asumir cuáles son las formas de reacción repetitiva que insisten en forma inconsciente frente a cierto tipo de hechos, encarar sufrimien­ tos y hacer una reescritura de los mismos para poder hacer algo por entero diverso y poder continuar en la vida. En virtud de que vivimos en el siglo xxi, es menester incluir aproximaciones con respecto al sufrimiento psíquico en la postmo­ dernidad. En estos tiempos de comunicación instantánea e internacional, de globalización de mercados, de fabricar modos y formas de percepción e interacción virtual, de hiperespecialización de alta tecnología y efi­ ciencia profesional y farmacológica, en donde el sufrimiento humano se ve reducido a un objeto de estudio manipulable e impersonal, pre­ viamente catalogado, y tan especializado que incluso las razones per­ sonales de alguien pasan a ser secundarias para su diagnóstico y trata­ miento, y éste se convierte solamente en el depositario de esa enfermedad. En nombre de la postmodernidad, el sufrimiento psíquico pierde la oportunidad de ser escuchado por alguien, de darle el sentido sub­ jetivo, se reduce la posibilidad de darle acogida a las razones de las “locuras” por no ser fácil encontrar a alguien que las soporte y las es­ cuche sin retroceder ante ellas. aclara la Nota Introductoria de James Strachey, quien dice: “El método psicoanalítico de Freud” (1904 [1903]).«Die Freudsche psychoanalytische Methode», Edición en alemán (1903 fecha probable de redacción del trabajo), 1904, en L. Löwenfeld, Die psychischen Zwangserscheinungen, Wiesbaden, Bergmann, pp. 545-551. “Este trabajo fue original­ mente una contribución al libro de Löwenfeld acerca de los fenómenos obsesivos, conside­ rado por Freud como el «manual canónico» sobre las neurosis obsesivas, según afirma en su historial clínico del «Hombre de las Ratas» (1909d), AE, 10, pág. 173, n. 2. Explica Löwenfeld que persuadió a Freud para que hiciera esta contribución a causa de las grandes modificaciones que había experimentado su técnica desde que fuera descrita por él en Es­ tudios sobre la histeria (1895d). El prefacio de Löwenfeld data de «Noviembre de 1903», de modo que presumiblemente Freud escribió el trabajo ese mismo año, antes de esa fecha. La descripción que aquí hace muestra que el único resto que aún quedaba de su méto­ do hipnótico primitivo era el requisito de que el paciente permaneciera acostado. En los aspectos externos, su técnica no cambió de aquí en más. El libro de Löwenfeld fue reseña­ do por el propio Freud, como descubrió el profesor Saul Rosenzweig, de la Washington University, St. Louis; la reseña apareció en Journal für Psychologie und Neurologie, 3 (1904), pp. 190-191, (Freud, 1904f.). James Strachey”.

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Incluso el sufrimiento psíquico puede convertirse en una forma de vida, cuando sin saberlo, se repite una y otra vez, y cada vez que se re­ pite se tiene el anhelo de que ya no va a ocurrir de nuevo algo que pro­ duzca sufrimiento psíquico; el anhelo de que algo cambie, conlleva también la repetición del dolor, que en el análisis se llega a conocer y poder hacer algo con eso. En la actualidad hay un nuevo sujeto que el filósofo francés DanyRobert Dufour ha denominado el sujeto autorreferencial, un sujeto con un yo que se define en referencia a sí mismo, en el quien “el yo es quien dice yo”, en quien el sujeto es igualmente el predicado, nos dice Dufour: Si postmodernidad significa el fin de todas las modalidades de referen­ cia, entonces sí creo en ella: seguramente lo veremos más claramente si hacemos un paralelismo entre el surgimiento de la autorreferencia, la entrada de la posmodernidad y el advenimiento de la democracia de masa.14

Este sujeto autorreferencial es preocupante, pues si alguien solo se escucha a sí mismo y decide sobre la vida y sobre su actuar sólo con referencia de sí, es muy altamente probable incurrir en errores. En pa­ labras sencillas, alguien que no dialoga con otros, que no busca ser escuchado, se verá inminentemente determinado por sus significantes inconscientes que lo pueden hacer llegar a actos de la más diversa ín­ dole, entre ellos actos violentos. Es incuestionable que el internet ha permitido que muchas personas que no pueden salir de sus casas ten­ gan contacto a través de lo virtual; pero si alguien se queda solo en casa, trabaja a través del internet, encarga sus enseres domésticos, ali­ mentos, ropa, a través del mismo, hace sus pagos y sólo “dialoga” a través de su computadora personal, en el momento que lo desee úni­ camente apaga su computadora y continua solo y consigo mismo. Sin embargo, el sujeto humano precisa de otros para muchas cosas, sobre todo para amar y ser amado; entonces aparece una cuestión ineludi­ ble, qué pasa cuando el sujeto autorreferencial solitario precisa de manera inminente ser amado, ser acariciado… la salida al mundo ex­ 14 

Dany-Robert Dufour, Locura y democracia, Ensayo sobre la forma unaria, México,

fce, 2002, p. 42.

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terior no es sencilla, máxime si este sujeto sólo piensa a través de sus propias referencias. No en balde, Lacan ya nos había advertido que el yo se forma a través del Otro en el estadio del espejo15, es por ello que siempre se precisa de otros. A mi parecer este tipo de sujeto autorreferencial se presenta con más asiduidad en países del llamado primer mundo, dadas las condi­ ciones culturales que imperan en ellos, sobre todo en lo que se refiere al orden social. Por suerte en nuestra cultura mexicana, latina, mestiza –mezcla de referentes culturales europeos y prehispánicos–, en nues­ tra cultura mexicana festiva, desordenada y entrometida, las posibili­ dades de que un sujeto permanezca mucho tiempo solo, se reducen de manera importante; bienvenida sea entonces nuestra mexicanidad. De estas reflexiones puede desprenderse precisamente que el psi­ coanálisis le da cabida, soporte y escucha siempre al sufrimiento psíqui­ co, le otorga sostén a nuestros infiernos personales, pero es necesario solicitarlo, es menester asistir con otro interlocutor para atenuarlo.

15 

J. Lacan, El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica, 17 de julio de 1949, Escritos 1, México, Siglo XXI, 1984, p. 87.

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Bibliografía

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, 1968, Seminario 16, De otro al otro, sesión del 4 de di­ ciembre (versión inédita). , 1971, Seminario 19, Ou pire…, sesión del 4 de noviembre (versión inédita). Oreste Saint-Drôme, 1988, Cómo elegir su psicoanalista, Barcelona, España, Paidós.

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La educación en la Posrevolución mexicana: un testimonio de Rafael Aguirre, médicocurandero de Catemaco Julio César Schara Para un análisis hermenéutico interpretativo del discurso-texto, del testimonio del doctor Rafael Aguirre Domínguez, por el cual se pueden ampliar los significados-significantes contextuales con la rea­ lidad social contemporánea, habría que partir de la siguiente triada de variables: III. Educación-formación humanista. Posrevolución mexicana. Antipositivismo. III. La terapéutica sensible. Ciencia médica. Aprendizaje para la salud. III. La salud y la pedagogía sensible. Para ordenar los diferentes contenidos del testimonio-discurso del doctor Rafael Aguirre, hay que partir de las variables mencionadas y construir el planteamiento del problema partiendo de la elección que el doctor Aguirre hace de abandonar, después de diez años, el ejerci­ cio profesional de la medicina científica para volver al ejercicio de la curandería, la cual aprende de su padre y éste, a su vez, del curandero más importante de Catemaco de fines del siglo xix y principios del xx: don Manuel Utrera.

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1. Antecedentes De forma azarosa, y por relaciones familiares, tuve contacto con el doctor Rafael Aguirre de la ciudad de Catemaco, Veracruz. Es egre­ sado de la carrera de medicina, del Instituto Politécnico Nacional, profesión médica que abandona para dedicarse a la curandería, de lo cual surge el planteamiento del problema y la siguiente hipótesis: ¿Por qué un profesional de la medicina, abandona el ejercicio de la misma, siendo además que en la región de los Tuxtlas, por la escasez de médicos, este ejercicio profesional adquiere un importante presti­ gio social, para dedicarse a ser curandero y competir en Catemaco con más de una veintena de curanderos tradicionales, que también son populares? Para profundizar este problema, hice un primer contacto con el doctor Aguirre, solicitando su colaboración para documentar el pro­ cedimiento terapéutico que empleaba para el tratamiento de sus pa­ cientes y me permitiera hacer algunas notas y grabaciones. Durante los primeros contactos (2004), no mostró mayor interés, pero poco a poco, en unas doce visitas que se hicieron por espacio de tres años, fue cediendo a grabar un testimonio, tomar algunas fotos y hacer no­ tas sobre este primer planteamiento del problema. Las entrevistas con el doctor Aguirre, las tratamos de ordenar, y vincular a partir de tres hipótesis: 1. ¿Cómo se realizaba el diagnóstico de los pacientes y las reco­ mendaciones terapéuticas, para reintegrar al enfermo al equili­ brio, homeostasis, de la salud? 2. ¿En qué consistían los estímulos sensibles que el doctor Agui­ rre aplicaba en la terapéutica de los pacientes? 3. ¿Cuáles eran los estímulos sensibles que podrían analogarse con la pedagogía sensible; esto es, cuáles eran los apoyos moti­ vacionales, para que en una situación de enfermedad pudiera lograrse el equilibrio saludable? Con el paso de las multivariadas entrevistas al doctor Aguirre, se hizo legible que el aporte del mismo consistía en que su vuelta a la medicina alternativa-tradicional, fue el resultado de un sinnúmero de prácticas institucionales del Seguro Social en San Andrés Tuxtla y su 130


compleja red de insuficiencias y engaños; y sobre todo el tener que atender, en 24 horas, a un promedio de setenta a cien pacientes dia­ rios. Para el doctor Aguirre, con esta práctica sólo se timaba a los en­ fermos, y su vocación sensible lo llevó a su aspiración a que la medi­ cina fuera más humana y eficaz, y a partir de la curandería reiniciar su lucha contra la enfermedad, el dolor y la muerte desde su clínica de curandero, conocida en Catemaco como El Salto de León.

I. Educación-formación humanista. Posrevolución mexicana. Antipositivismo En el testimonio del doctor Aguirre podemos encontrar la prefe­ rencia que se daba, en la Educación Mexicana, a la poesía, el teatro, la danza y las diferentes actividades humanísticas que tuvieron prefe­ rencia, sobre las matemáticas, la química, la física y las ciencias en general. Vasconcelos, concibe la enseñanza como viva participación. Por una parte se fundan escuelas, se editan silabarios y clásicos, se crean institutos y se envían misiones culturales a los rincones más apartados; por la otra, la inteligencia, se inclina hacia el pueblo, lo descubre y lo convierte en su elemento superior. Emergen las artes populares, olvidadas durante si­ glos; en las escuelas y en los salones vuelven a cantarse las viejas can­ ciones; se bailan las danzas regionales, con sus movimientos puros y tí­ midos, hechos de vuelo y estatismo, y de revuelo, nace la pintura mexi­ cana contemporánea. Una parte de nuestra literatura, vuelve los ojos hacia el pasado colonial; otra hacia el indígena, los más valientes se en­ caran hacia el presente; surge la Novela de la Revolución. México, per­ dido en la simulación de la dictadura, de pronto es descubierto, por ojos atónitos y enamorados: hijos pródigos de una patria que ni siquiera sabemos definir, empezamos a observarla. Castellana y morisca, rayada de azteca (Paz, 1967: 136-137).

La Educación Mexicana de la posrevolución, nace de un contexto antagónico al positivismo porfirista, fundado, entre otros, por Gabino Barreda (1818-1881). Una vez que el general Mariano Escobedo sitia la ciudad de Querétaro, en 1867, último refugio del ejército que acom­ 131


pañaba al emperador Maximiliano, los liberales juaristas la toman pa­ ra así, posteriormente, fusilar al Emperador de la casa de los Habsburgo, a Miramón y a Mejía en el Cerro de las Campanas, donde actualmen­ te se levanta una capilla ardiente en memoria del primero. Con el general Julio M. Cervantes, nombrado gobernador liberal, se establece el nombre oficial de Querétaro de Arteaga para honrar la memoria del general José María Arteaga, fusilado un año antes por el ejército de Maximiliano, cuando el general Tomás Mejía, se apodera de la ciudad de Querétaro y se instala aquí el imperio soberano. En el mismo año de 1867, en la Federación se postulan las Leyes de Reforma, así como se elabora la Ley de Instrucción Pública, encomen­ dada por Juárez a Gabino Barreda y a Francisco Díaz Covarrubias, y se funda la nueva Escuela Nacional Preparatoria, que sirve de norma a las demás escuelas e institutos y posteriormente, la Sociedad Metodofilia (1877). Barreda ya había publicado la Educación Moral en 1863, que se tradujo también en París, Francia, en la Revista de Occidente. Para Barreda en la relación arte-ciencia se aseguran: ...el corazón mejorado y perfeccionado con el cultivo y crecimiento de las inclinaciones benévolas es el que debe mandar, y el espíritu e inteli­ gencia fortalecido con la ciencia, es quien debe obedecer. (Discurso por el artista Juan Cordero en la inauguración del mural pintado por éste, en la Escuela Nacional Preparatoria (Valverde, 1904: 6).

Aparte de la novela Pacotillas y los poemas dedicados a las mate­ máticas y al agua, Barreda funda las revistas El Método y la Revista Positiva. Publicaciones que sirvieron para polemizar con sus contem­ poráneos de la importancia de sustentar el espíritu científico como continuidad de una ya larga tradición iniciada en la Historia Nacional por los Borbones ilustrados, con la fundación de la Real Escuela de Minas; la de medicina, en el antiguo edificio de la Inquisición; la Acade­ mia de San Carlos, en el edificio que ocupara el Hospital del Amor de Dios, para enfermos de sífilis y enfermedades venéreas. En esa época también se funda la Academia de San Fernando de Querétaro, para el ejercicio del dibujo y la pintura, entre muchos otros. ...La segunda etapa del régimen porfirista que se prolongó hacia los ini­ cios del siglo xx, se distinguió por el perfeccionamiento de la mecánica

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política y por el notable crecimiento económico alcanzado [...] Tendido de vías ferroviarias y de líneas telefónicas y telegráficas [...] Fluyeron entonces los empréstitos y las inversiones europeas y estadounidenses [...] junto a la agricultura tradicional surgió una moderna, con cultivos de exportación, y también apareció una minería industrial que rebasó a la dedicada a los metales preciosos [...] El comercio exterior, recibió gran impulso, con lo que México adquirió, un nuevo puesto entre todas las naciones del mundo [...]   Los políticos porfirianos estaban encuadrados en equipos de apoyo a Díaz. De éstos, dos eran los principales: uno era el grupo de los científicos, que habría de ser decisivo en los renglones de la economía y la edu­ cación. El otro era encabezado por Bernardo Reyes, militar que se desta­ có en las campañas de pacificación emprendidas por Díaz, a su llegada al poder; luego fue artífice de progreso en el noroeste del país y responsable de la modernización, la disciplina y la despolitización del ejército federal.   Sin embargo, y a consecuencia del alejamiento presente del reyismo, los científicos aumentaron su fuerza, produciéndose una concentración del poder, científico y tecnológico en varias regiones [...] En 1904, un miembro de la pudiente y poderosa familia Terrazas, asumió la guberna­ tura de Chihuahua. Así mismo, en 1909, se entregó por primera vez la gubernatura de Morelos, a un conocido hacendado, Pablo Escandón [...] Olegario Molina, dominaba la política y la economía en la Henequera de Yucatán [...] No es casual que esos tres estados hayan desempeñado un papel protagónico en la lucha iniciada en 1910. (García Diego, 2006: 12-13)

¿Por qué el positivismo de Barreda se vincula al partido de los conservadores?, es otra historia, pero la lucha entre conservadores y liberales del siglo xix, no se vuelve a repetir en el siglo xx, entre pa­ nistas y priístas? Gabino Barreda tiene la mala fortuna histórica de que el grupo de científicos se oponga al liberalismo desgastado en el porfirismo y que con sus fundamentos se construyera, en las últimas tres décadas del siglo xix, una renovada utopía para la creación de una nueva socie­ dad con espíritu científico (sociedad metodofílica), a la cual un club de adeptos de la burguesía conservadora del porfirismo, la asumiera como proyecto civilizador del orden y el progreso en un país con un siglo (xix) de invasiones, pérdida de la mitad del territorio y una gue­ 133


rra de independencia que se prolongó por década y media. ¿No era una condición necesaria el orden y el progreso para sacar adelante al país? Después del positivismo porfiriano, al triunfo de la Revolución, los caudillos culturales más influyentes son los del Ateneo: José Vas­ concelos, Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso, Alfonso Reyes, etc., quienes tomarán en consecuencia una bandera antipositivista, antagó­ nica al precepto educativo de la ciencia como mandato supremo de la educación, y por la creación de la Escuela Nacionalista Mexicana. ...De la observación de cruzamientos y variedades hereditarias de dichos animales fue saliendo el darwinismo, primero como una modesta teoría zoológica, después como biología social [...] Todo imperialismo necesita de una filosofía que lo justifique [...] Los británicos predican la selección natural [...] Pero esta ciencia que llegó a invadirnos, junto con los arte­ factos del comercio conquistador, se combate, como se combate todo imperialismo, poniéndole enfrente una ciencia superior, una civilización más amplia y vigorosa [...] Cada raza que se levanta, necesita constituir su propia filosofía, el deux et machina, nosotros nos hemos educado bajo la influencia humillante de una filosofía ideada por nuestros enemigos, si se quiere de una manera sincera, pero con el propósito de exaltar sus pro­ pios fines y anular los nuestros [...] (Vasconcelos 2007: 29).

Es claro que para Vasconcelos la fundación de la nueva pedagogía mexicana tendría que partir de una fuerte oposición a las reglas del método científico, y negar su universalidad. La obra vasconceliana, la política, social, educativa, humanista, la del fundador de grandes ins­ tituciones y el lema de la unam: Por mi Raza Hablará el Espíritu, será una recreación que contradiga el espíritu positivista del último tercio del siglo xix. Vasconcelos en La raza cósmica reseña, entre otros, su viaje a Buenos Aires, y escribe: ...Había llegado por aquellos días a Córdoba, un célebre profesor euro­ peo, en gira por Sudamérica, y acababa de sustentar una conferencia muy docta sobre la moral fundada en la ciencia, la ciencia de los positi­ vistas; entonces se me ocurrió hablar de la moral, que reniega de la cien­ cia, en el instante en que la ciencia la lleva a conclusiones inhumanas [...] mis odios científicos se desbordaron; me burlé del darwinismo es­

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penceriano, juzgándolo como una moral zoológica, que debe ser supera­ da mediante las dotes de la conciencia, y la revelación cristiana. Expliqué cómo toda la educación pública de México, había sido reorganizada, con­ forme a la tesis de la igualdad del indio y el blanco, y en consciente opo­ sición de la doctrina contraria, que ciertos países profesan, como una parte de la campaña del imperialismo para la conquista de los mercados [...] (ibid., pp. 123-124).

Para José Vasconcelos, la educación mexicana necesitaba de una visión estética de la historia, pero a su vez, de una negación científica, sobre todo del state of art, de la ciencia de Europa y Estados Unidos. La Escuela Mexicana de Pintura, en su manifiesto, declara que el arte del pueblo mexicano es el más sano que hay en el mundo. Sin embar­ go, ni la educación estética, ni la escuela mural mexicana, pudieron reconciliar una renovadora visión de la ciencia, socialmente necesaria en el proceso de desarrollo de la posrevolución mexicana. Los centros de investigación en la Universidad se fundan, hasta los años cincuenta, con el proyecto alemanista de Ciudad Universita­ ria, en donde van a crearse, entre otros, precisamente, el Instituto de Investigaciones Estéticas, fundado por Justino Fernández, con una vi­ sión fenomenológica del estudio del arte. La antropología es quizá de las pocas ciencias que no se detienen, pues se vincula a los trabajos ya ampliamente desarrollados en el porfirismo, que rescata la famosa Ciudadela de Teotihuacán, entre otros. Manuel Gamio continúa la tra­ dición científica, y al frente de la Secretaría de Educación Pública convoca a los pintores para conocer in situ, el campo agrícola indíge­ na, y de ahí surge el cuadro más emblemático de la pintura mexicana, el universal Tata Jesucristo, que recobra la impronta más miserable del dolor de la pobreza indígena en el campo, que nunca sensibilizó a los políticos, para utilizar las importantes herramientas de la ciencia, la tecnología, el riego, y la industrialización para el desarrollo agrario de México. En los años treinta se funda el Instituto de Investigaciones Sociales, por antropólogos, y en los años cuarenta Alfonso Caso, el hermano de Antonio Caso, líder antipositivista de la Revolución, des­ cubre la tumba siete de Monte Albán. La medicina científica nunca dejó sus investigaciones, y para los años 30-40 se han controlado las principales enfermedades endémicas que acecharon al país desde la Colonia, y la temible tuberculosis, gracias a los trabajos de Luis Feli­ 135


pe Bojalil, que con un grupo de eminentes médicos de la Clínica Mayo, logran remediar. Así también, en los años setenta, se funda la uam, con un perfil cientificista, sin ningún espacio disciplinar para las Artes y las Letras, hasta el día de hoy. En los mismos años setenta se crea el conacyt, fundado por el in­ geniero Méndez Docurro. Recuerdo al doctor Edmundo Flores tocan­ do puertas y haciendo antesalas con los políticos, haciendo convenios internacionales, y su gran esfuerzo porque el gobierno aumentara el presupuesto del 1% del pib, para apoyar a la investigación científica, tecnológica, humanística. Flores creó las principales publicaciones del conacyt, dando a la institución la posibilidad de conocer la pro­ ducción del conocimiento, más allá de la élite productora del mismo. La posrevolución fue antipositivista, y después de un siglo que re­ cientemente celebramos, no hemos sido capaces de convertirnos en una potencia tecnológica-petrolera, que desarrolle recursos propios para el descubrimiento de nuevos yacimientos, ni para una petroquí­ mica ecológica que impida de manera irreversible la continua conta­ minación de las grandes ciudades del país; asimismo, diversificar la petrolización de nuestra economía que ha traído tantas desventuras no solamente al país sino también a nuestros vecinos del norte, que aho­ ra con la trágica explosión del pozo petrolero norteamericano, en la cuenca del Golfo de México, ni con la tecnología europea ha impedi­ do el derrame de millones de barriles de petróleo al mar, y contaminar las playas más cercanas de las costas americanas y posiblemente mexicanas. Uno de los fracasos más significativos de la Revolución Mexicana es el proyecto educativo fundado e iniciado por José Vasconcelos en la década de los 20 del siglo pasado. De las naciones integrantes de la ocde, somos de los países peor evaluados en lecto-escritura, mate­ máticas, física, química, etc., por lo que la inteligencia futura de nues­ tro país enfrentará graves problemas para el desarollo intelectual, que pueda participar en la nueva economía del conocimiento contemporáneo y para el ejercicio intelectual, la realidad en el manejo de los concep­ tos abstractos, para el pensamiento complejo; esto es, seremos inca­ paces de leer y escribir los fenómenos que permitan la comprensión del mundo, y la creación del conocimiento innovador, en ciencia-tec­ nología, arte y humanidades.

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Para poder emprender las nuevas políticas del conocimiento debe­ mos deconstruir las mismas teorías que han abordado el papel de la Universidad en la sociedad del siglo xx, de la posrevolución mexica­ na. Debemos incrementar los sistemas metodológicos para estar en posibilidad no sólo de descubrir las leyes de la organización y signifi­ cación de la investigación universitaria, sino para transformar los ele­ mentos constitutivos que han determinado la inercia de esa institu­ ción en la época contemporánea. Por ello, es importante el análisis de las estructuras históricas, que si bien han variado de una época a otra, y de la distancia del mundo clásico grecolatino, al mundo medieval, llevan en su estructura contenidos latentes sincrónicos que nos permi­ tirían resemantizar el sentido futuro de la Universidad. Esto sería también un análisis dialéctico; esto es, una conjugación del espectro diacrónico contemporáneo y sincrónico histórico de la dinámica mis­ ma de las estructuras universitarias. La organización social de las universidades, desde los días clási­ cos y medievales, está basada en agrupaciones de sabios que enseñan y alumnos que aprenden y han estado determinadas por sus activida­ des, usos y aportaciones específicas. La estructura social de las uni­ versidades debe ser revisada teóricamente y crear instrumentos de análisis que puedan proponer un modelo de cambio, en las políticas públicas que deconstruya la Universidad profesionalizante. La historia del mundo clásico y medieval, es la historia de un círcu­ lo cerrado. El largo desarrollo de la educación clásica griega y roma­ na da como consecuencia un sistema de educación medieval que, por razones políticas y culturales, va a reaccionar en contra del mundo clásico, y a descabezar sus principales postulados, así como la univer­ sidad positivista cientificista es desplazada por la universidad vascon­ celiana, humanista, profesionalizante, que retrasa la producción de los conocimientos en ciencia y tecnología que el país requería para su desarrollo en el siglo xx. La razón, al convertirse en fe, se convierte en forma y causa del conocimiento humano, científico y natural, como lo fundamentan sus sabios y líderes, entre ellos san Agustín y Tomás de Aquino, así como los fundadores de la escuela carolingia. Los diferentes conocimientos van evolucionando, hasta la llegada de los humanistas. Se cierra el círculo que se encuentra con el redes­ cubrimiento del mundo clásico. Aristóteles había sido revisitado por Tomás de Aquino, ahora tenemos el reencuentro de toda la literatura 137


clásica, el humanismo clásico, que rehace sus puntos de vista, para hacer surgir el Renacimiento con sus nuevos héroes culturales, entre los cuales se encuentran Luca Pacciolli, el Renacimiento florentino, Petrarca, Alberti, Giordano Bruno, Galileo Galilei, y posteriormente Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel, etcétera. La Universidad, la casa de la razón que en sus antecedentes clási­ cos se remonta al Academus platónico, ha tenido, desde entonces, funciones fundamentales que, entre otras, son: la investigación cientí­ fica y la formación profesional de los actores sociales. La Universitas es una corporación con autonomía, que tiene la mi­ sión de buscar la verdad entre científicos y discípulos. Sede en la cual la sociedad y el Estado crean el florecimiento de la más clara concien­ cia de cada época. Las Políticas Públicas deben deconstruir su tendencia profesiona­ lizante, que ha imperado por casi todo el siglo en México y en América Latina, para hacer que la investigación científica, en la Universidad, esté en simbiosis con la formación (docencia) y el adiestramiento de nuevas habilidades y destrezas (techne) para ser depositarias de la construcción de la innovación científico-tecnológica y humanística del presente y del futuro. No caer en los extremos de abandonar la ciencia por las humanidades, como así sucedía en los días del porfi­ riato. Pero tampoco atender, únicamente, las humanidades como lo demuestra la tradición universitaria clásico-medieval de nuestro país que, a excepción del proyecto positivista de Barreda, su origen es la fundación de la escolástica en el mundo novohispano. En la Universidad la investigación tiene derecho a un lugar propio; debe contribuir no sólo al descubrimiento de nuevas verdades, sino también a la transmisión de los métodos que permitan tales hallazgos. Lo que garantizaría la continuidad sincrónica y diacrónica de la cons­ trucción de los conocimientos. Por ello, la investigación debe unificar todas las demás funciones: la docencia y la extensión e innovación, los contactos con los sistemas productivos nacionales e internaciona­ les y la creación de redes para la producción del conocimiento. En las Políticas Públicas debemos comprender que dichas docen­ cia, investigación-innovación y la extensión no deben ser modalida­ des desarticuladas, pues la investigación es un satélite de la docencia y viceversa. Ambas forman un sistema del mismo quehacer universi­ tario, por lo cual todo lo que se haga por el incremento de la investiga­ 138


ción, redundará en el mejoramiento tales como: docencia, extensión y la innovación científico-tecnológicas. En América Latina es una tradición de política pública recibir del extranjero los productos científicos y adoptar las tecnologías foráneas. En esta época de globalización y de competencias en la innovación de los conocimientos, se ahondarán más las brechas entre países desarro­ llados y subdesarrollados. La simple traslación de los adelantos cien­ tífico-tecnológicos de otros países, en lugar de contribuir a nuestro avance socio-económico, no harán sino acentuar nuestros rezagos y dependencias. En este nuevo proceso de la construcción de los conocimientos, saber dónde y cómo innovar, constituye el resultado de la acción múl­ tiple y coordinada de elementos fundamentales en el desarrollo de las sociedades latinoamericanas: el financiamiento gubernamental, la creación de una nueva estructura productiva, la creación y renovación de la infraestructura científica y tecnológica, niveladas y coordinadas continuamente en su actividad globalizadora. En América Latina, como países dependientes, determinados por su carácter histórico de importadores tecnológicos, no se ha podido crear un pensamiento científico liberador de las fuerzas intelectuales y creativas de sus ciudadanos. Por ello es importante la revisión sin­ crónica del origen de la Universidad occidental, que en su herencia reclama la fundación de la doxa, del mundo de las ideas: ...en el tiempo de Platón los términos filosóficos estaban apenas formán­ dose. Platón toma la palabra idea del lenguaje común y corriente y le da una significación especial, la palabra idea procede del verbo griego que significa, ver, mirar, examinar, mirar cara a cara [...] La idea es, así, lo que es y el significado de la palabra es el mismo que le da Aristóteles, que significa esencia [...] Las ideas son así las esencias de las cosas, esencias que existen en sí y por sí (Xirau, 1990: 55).

Sólo así podemos tener conocimientos seguros porque éstos son aquellos que vemos con la razón. La propia facultad visual puede va­ riar de una persona a otra. Sin embargo, podemos fiarnos solamente de la doxa, de lo que nos dice la razón y para ello hay que emplear el método hipotético deductivo para que así la razón científica sea la misma para todas las personas. 139


Del origen de la Universidad occidental, a la Universidad profe­ sionalizante de los años cincuenta, en México, que procura los cua­ dros requeridos por la Administración Pública, para la atención de las necesidades sociales más urgentes, a las necesidades de principios de siglo, de la economía del conocimiento, hay enormes diferencias. La Universidad, entre nosotros, ha tenido impedimentos para el desarrollo de la actividad científico-tecnológica, que se derivan de su propia estructura profesionalizante, que le ha dado preponderancia a la cátedra unipersonal, pero asimismo por la escasez de profesores-in­ vestigadores de dedicación exclusiva. Cuando han sido profesores de tiempo completo, éstos tienen una sobrecarga de labores docentes y a veces administrativas; pero, y sobre todo, el poco dominio que el cuerpo docente de las instituciones ha tenido de los métodos de inves­ tigación, que han sido trasladados al predominio de la repetición y el memorismo. Cabe agregar también la falta de estímulos adecuados para alentar las vocaciones científicas, en lugar de apoyar las vocacio­ nes profesionalizantes y que constituyen verdaderos prejuicios en tor­ no a la investigación científica en América Latina. La Universidad tradicional profesionalizante del siglo xx en Mé­ xico ha vivido sumida, como una reducida minoría que ha dependido de la dominación estatal, que ha dado poco apoyo a la investigación que existe en las universidades y cuya tradición se remonta a la Uni­ versidad colonial del siglo xviii y que siempre ha existido bajo la es­ tricta dependencia del gobierno, con una absoluta sumisión al mismo y poca participación de los sectores sociales y productivos de la so­ ciedad civil. Para ampliar el campo de investigación, la llamada básica o funda­ mental, que pueda ser accesible a las posibilidades de nuestras institu­ ciones, tiene que tener una fundamentación filosófico-epistemológica y social, como el marco teórico general que requiere toda investiga­ ción científica. Toda praxis exige una teoría. No hay ciencia empírica sin funda­ mentación teórica. La ciencia moderna, cuyos antecedentes se remon­ tan al mundo clásico y medieval, es la síntesis de la experiencia y la teoría. Es la indagación de leyes que fundamentan el conocimiento. Los descubrimientos, la reproducción del conocimiento, son un he­ cho social que sólo puede darse en una cierta madurez social de las instituciones y debe reproducir un contexto de las necesidades teóri­ 140


cas para la producción de conocimientos. Métodos lógicos para que puedan probar la validez de las innovaciones. La aplicabilidad de la producción de los conocimientos es la utilidad que el trabajo científi­ co elabora: métodos, instrumentos, reglas, leyes, etcétera. Cuando los descubrimientos se aplican, se convierten en leyes téc­ nicas que deben ser de utilidad dentro de los implementos de una ciencia, pero también para resolver los ingentes problemas que nos acosan. Las instituciones académicas, dentro de su existencia concreta en espacios sociales determinados, ejercen su poder por medio del otor­ gamiento de títulos y diplomas que son sancionados por una adminis­ tración ad hoc. Desde esta estructura, la universidad posee una fuerza particular que tiende a reclamar una lealtad e identificación, por lo menos en los estudios superiores, que sanciona y legitima las perti­ nencias del conocimiento al resto de la sociedad, así como la deman­ da de habilidades, destrezas y conocimientos para el aparato produc­ tivo. La Universidad, como un concepto de sistema, conlleva una totalidad de elementos internos que tienen solidaridad e integridad, pero que no ha podido diversificar sus tendencias contemporáneas ha­ cia la conformación de una inteligencia científica-tecnológica y hu­ manística, que requiere la nueva economía del conocimiento, en la sociedad global. La estructura de la casa de la razón, para las nuevas tendencias globalizadoras, deberá superar las disfunciones y las afuncionalida­ des que ella misma crea, en sus propios elementos constitutivos, para poder abrirse a los cambios y hacer posible la función científica y hu­ manística. Para las Políticas Públicas del futuro cualquier acción científica debe estar determinada por la transformación de la realidad y la naturaleza, y ésta debe ser la función integrativa, con respecto a su pro­ pio sistema por la cual está constituida. El sistema universitario se cierra a la investigación, en la medida que cada una de las funciones que la Universidad debe cumplir, se aparta de la utilización profunda de una metodología experimental, que es desarrollada principalmente por la investigación, esto es: trans­ formar la realidad, comprender, entender los principios con que la realidad social se reproduce, pero también conocer los valores, los prejuicios y la inclusión de las habilidades profesionalizantes. Asumir 141


la problemática moderna, sobre la ciencia y tecnología innovadoras, pero y también los estudios sobre grupos como la familia, la religión y los partidos políticos. El Método Científico debe examinar así mismo los procesos empí­ ricos, fundados éstos en la teoría, según la cual, los conocimientos proceden de la experiencia. Aunque, a veces, el empirismo se opone al racionalismo concebido como una ley de la razón. Deben quedar incluidas las leyes de la causalidad, que pueden ser ordenadas a través de la recolección y análisis de datos. Estudiar los hechos manifiestos, pero también los hechos latentes, en el sondeo contextual indispensa­ ble para el análisis de la realidad. Este sondeo no sólo interroga a un conjunto de individuos, sino a un conjunto de medios, esto es, a las instituciones, grupos, etcétera, con lo que se puede determinar en qué medida las variables observadas en el comportamiento humano, pue­ den deberse a variables características del entorno social. Para poder rehacer las nuevas políticas públicas debemos deconstruir las mismas teorías que puedan abordar el valor de la Universidad en la sociedad del siglo xxi; debemos rehacer el sistema metodológi­ co para estar en posibilidad no sólo de descubrir las leyes de la orga­ nización y significación de la investigación universitaria, sino para transformar los elementos constitutivos que han determinado la iner­ cia de esa institución de la época contemporánea. Por ello, es impor­ tante el análisis de las estructuras históricas, que si bien han variado de una época a otra, y de la distancia del mundo clásico, grecolatino, al mundo medieval, llevan en su estructura contenidos latentes sin­ crónicos que nos permitirían resemantizar el sentido futuro de la Uni­ versidad. Esto sería también un análisis dialéctico, esto es, una conju­ gación del espectro diacrónico contemporáneo y sincrónico histórico, de la dinámica misma de las estructuras universitarias. Cada época, cada sistema, está formado por unidades que se con­ dicionan mutuamente. Los sistemas se distinguen de otros sistemas por los agregados históricos que internamente hicieron evolucionar los mismos sistemas. Este attache, forma lo que constituye su estruc­ tura. La estructura del sistema dialéctico, sincrónico-diacrónico, nos puede hacer comprender la pluralidad de aspectos de la evolución de la Universidad, que si bien tiene que comprenderse en su espacio social e histórico, puede interpretarse más allá de la simple investigación descriptiva, de un momento determinado, de ese espacio diacrónico. 142


Es esencial comprender el fenómeno de la historia, sobre todo de la Universidad profesionalizante del siglo xx posrevolucionario, como parte de la herencia de la Universitas, que la crea pero también evolu­ ciona hasta llegar como herencia cultural principalmente profesiona­ lizante de nuestra civilización. La relación diacrónica-sincrónica se da como eje de la simultanei­ dad y similitud. Las relaciones entre ambos espacios históricos deben coexistir con las relaciones de la Universidad contemporánea. La relación entre pasado y presente, no se puede considerar como una a la vez. Debe ser situadas como un primer eje del discurso uni­ versitario que con sus cambios ha continuado hasta nuestros días. Al tratar de deconstruir la red de relaciones entre dependencia y solidaridad, de diacronía y sincronía, se suscribe la necesidad de des­ pejar la ilusión de narración pretérita, para emerger las constantes, se­ gún las cuales se organiza y se ha organizado la institución universita­ ria, de manera unitaria y coherente. Y en la cual subyacen los intereses más claros de cada época y de sus productos concretos de su actividad intelectual. En el aspecto clásico, se realizará el Academus platónico, como parte de esta convergencia diacrónica y sincrónica. Así como la emer­ gencia intelectual en el medioevo, la aparición de la cátedra catedrali­ cia, las primeras universidades, la scuola carolingia, la Universidad como gremio y corporación que se traslada a la Colonia como Escue­ la de Artes y Oficios, y de apologética evangelizadora, al cientificis­ mo porfiriano, a la unam sin mayor ciencia para el desarrollo en el si­ glo xx, sobre todo que apoyara el desafío que constituyen los millones de individuos en pobreza alimentaria, así como la migración de los campesinos pobres a los Estados Unidos. II. La terapéutica sensible. Ciencia médica. Aprendizaje para la salud El doctor Rafael Aguirre, surge en esta vertiente de la escuela vas­ conceliana posrevolucionaria, con un perfil humanista, pero sin cien­ cia, por lo cual en el ejercicio profesional de la medicina, en un hospi­ tal público, finalmente prefiere optar por la medicina tradicional.

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Para el doctor Aguirre, sus estudios de medicina fueron principal­ mente memorísticos, para él como cualquier estudiante de provincia, era el escalón profesional para poder regresar a Catemaco, y sus pa­ dres se sintieran orgullosos de él. Buscaba poder ocupar la palabra, la política, ser filántropo, hacer el bien, tener la licencia para lograr sus fines, y desde luego pudiera agradarle a sus padres. Como estudiante de medicina tuvo mucho éxito; como médico, fue consciente, y se comprometió a sacar a los enfermos adelante, ayudarles, salvarlos de la enfermedad y la muerte. Cuando termina su carrera de medicina en el Politécnico, regresa a Catemaco para estar con su familia, volver a sus raíces y hacer algo por su gente; sale de ahí en la década de los cincuenta, y regresa a ini­ cios de los setenta. El consultorio que atendía en San Andrés Tuxtla estaba abierto las 24 horas, todos los días, y tuvo mucho éxito. El ser­ vicio de la medicina era un apostolado, trabaja para aliviar el dolor de su pueblo, de esa humanidad empobrecida, y para él el descanso no existía, pues las enfermedades no tienen horario. Trabajó cinco años con las puertas abiertas del consultorio, y atendió a los pacientes con una mirada sonriente, las 24 horas del día. Daba más de cien consul­ tas al día. Trabajaba los 365 días del año con una disposición genero­ sa de día y de noche. Cuando pasa al Salto de León, así se llama el consultorio fundado por su padre, se va convencido de que la medici­ na engaña a la gente. Que enseñan un lenguaje para timar y el médico está consciente de lo mentiroso de su lenguaje. Para él la carrera del médico es noble, aunque usa palabras rebuscadas que ni el mismo médico entiende. Las repite, porque se las aprendió de memoria: los médicos decimos muchas idioteces, pero no sabemos lo que decimos, porque nos enseñan a mentir.. el charlatán es el médico. Yo como brujo no tengo nada de charlatán... Para Rafael Aguirre la medicina científica no es suficiente. El mé­ dico se deshumaniza, se vuelve flojo, perezoso. La terapéutica tradi­ cional y la brujería es una medicina integral, donde la familia tiene un papel importante en la salud del enfermo, así como los hábitos ali­ menticios, los problemas emocionales, la pertenencia a sus grupos de referencia, pero sobre todo el apoyo sensible, el convencer al paciente de buscar una voluntad propia para poder sanar.

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En la revisión clínica de hoy, se nos reconstruye como sobre la base de un fichero, si se han extraído las fichas que corresponden, los valores eran propios. El problema que subsiste es si entre ellos también figura nuestro valor como persona, evidentemente esto no sucede en el caso del paciente encerrado; dentro del aparato de una clínica, y en el gran apara­ to de nuestra civilización, todos somos pacientes. El saber de las perso­ nas es, a todas luces, algo desmentido en todas partes; sin embargo, siempre y en todas partes, ha sido y es necesario para la recuperación del equilibrio, que el hombre requiere para sí mismo, para su casa y para sentirse en su casa. Esto va mucho más allá del terreno de la responsabi­ lidad médica, incluye dentro de su campo la integración total de la perso­ na en la vida familiar social y profesional. Y así el ser médico es en cier­ to sentido una profesión simbólica, pues la profesión de un médico no es un nacer, sino el constituir una ayuda que facilita al ser viviente su retor­ no a la salud y a la vida, el médico nunca puede tener la completa ilusión del saber hacer y el poder hacer. Me consta, que en el mejor de los casos, su éxito no es deudor de sí mismo ni de su capacidad, sino de la natura­ leza (Gadamer, 1996: 98).

En el país hay pocos estudios científicos que permiten hacer un análisis de la medicina tradicional, sobre todo como los realizados en Estados Unidos, sobre la medicina tradicional de la India, el yoga, la meditación, etcétera. Si bien el doctor Aguirre toma una decisión con­ secuente en su propia tradición educativa en la que él se forma, se po­ drían realizar estudios importantes sobre la eficacia terapéutica de las curaciones tradicionales, mismas que aquellas que utilizan la herbola­ ria, los hongos o el peyote. La experiencia del doctor Aguirre nos in­ vita a ello. El médico científico pertenece a un sindicato, tiene que ejercer con una cédula profesional, y para Aguirre eso no significa que se pueda saber de medicina. En la medicina tradicional ejercida por él, se cru­ zan los conocimientos médicos y los milagros del brujo, porque cuan­ do la gente llega con él, lleva una predisposición para aliviarse, y el brujo lo apoya para que obtenga su curación. Con una fotografía del paciente, esto es, una imagen del mismo, y del diálogo, busca la for­ ma de sanar al paciente; él sabe que la medicina no cura por sí misma, sino que hay que agregarle un plus, que es la esencia. Los problemas morales tienen que ver con la salud, hay una baja de defensas cuando 145


el individuo se siente deprimido y ahí aparecen las enfermedades, unas más graves que otras, pero el médico, al no construir un diálogo profundo con el paciente, no comunica, no se interesa en realidad por el paciente mismo. Nunca lo entrenan para eso, pues siempre anda a la carrera. ...Los terrenos que son imposibles de dominar, por medio de la verifica­ ción metódica, se definen como zonas grises, y se califica así no sólo a los fenómenos que evidentemente son simples extravagancias; tenemos por ejemplo la astrología, alguien puede explicar cómo es posible que se formulen sorprendentes declaraciones acerca de los destinos humanos sobre la base de los horóscopos que se hacen realidad, uno puede mos­ trarse escéptico al respecto o bien puede tener sus propias experiencias, pero en cualquier caso se trata de fenómenos que no tienen explicación [...] Una parte del tratamiento consiste en que el médico palpe al pacien­ te, palpar significa recorrer con la mano, palpa el cuerpo del enfermo, cuidadosamente y con sensibilidad, para advertir tensiones y crispacio­ nes que puedan confirmar o corregir la localización subjetiva que hace al paciente, llamada dolor; la función del dolor en la vida es señalar una perturbación en el equilibrio vital en el que consiste la salud, y se sabe lo difícil que es localizar un dolor, sobre todo para el dentista, pero eso pue­ de incluso desviar un dolor, simplemente con la mano; de todas maneras la acción del médico cuando es profesional, la domina, y lo domina, constituye un verdadero arte [...] (Gadamer, 2006: 122-124).

Pero así como para el doctor Aguirre los estados emocionales bajan las defensas, la medicina alternativa puede subirlas, se deben incre­ mentar las defensas para que el organismo pueda crear las sustancias necesarias para superar la enfermedad. La ciencia no ha encontrado esa medicina; en los problemas de la salud-enfermedad, cualquier pa­ ciente, necesita de un brujo y desde luego de la farmacia, deben trabajar juntos. Es necesario humanizar la medicina, hacerla más civilizada, salvarla de esa salvajada de la medicina burocrática y de los malos doc­ tores. Aunque para él, pasa lo mismo con los brujos que son unos far­ santes, a los cuales hay que entrenar para que cumplan una misión, para quitarles la culpa de estar engañando a la gente y que dejen de engañar, que tengan una terapéutica adecuada, que sean responsables y morales; porque tanto la medicina alternativa, como la científica, 146


hacen lo mismo, también engañan, como también lo hacen la televi­ sión, los políticos; hay una crisis de principios. Hay que educar a los niños en la escuela para la honestidad, al adulto cuando se convierte en árbol chueco, ya no se le puede enderezar, pero hay que empezar por los maestros. Para cambiar la mentalidad de un niño, hay que ha­ cerlo en la escuela, en la casa, con la familia además, es necesario que la riqueza sea mejor distribuida, que no falte la comida. Aunque si Aguirre fuera Presidente de la República, mejor se daría un balazo; eso ayudaría a la gente, un corrupto menos ayuda a la gente. El prestigio de la ciencia, la matematización, por la cual se comprueban los principios y las artes, están acabadas. El pensamiento racional está acabado, hay que buscar lo que no está en la media, lo que está en los ex­ tremos, lo que creíamos que era loco, lo que era anormal, lo que no tenía sentido, lo alternativo, hay que llegar a lo que se llama paranormal, para poder llegar a lo normal. Entonces podemos empezar desde ahí en ese pri­ mer escalón. La ciencia está desprestigiada, hasta el Premio Nobel se lo dan a cualquiera, por cuestiones políticas. Le dieron el Nobel a los nue­ vos economistas que protagonizaron el Neoliberalismo Económico, que ha hundido en la miseria aún más al tercer mundo, aumentaron los inte­ reses de los bancos, hacen trabajar a la gente como en China, por horas, duermen y comen en las fábricas, trabajando 18 o 20 horas por unos cen­ tavos. Esos economistas, han esclavizado al mundo, porque ese sistema deja muchísimo dinero y ha sido el origen de la riqueza americana. Por la esclavitud, se crearon las grandes fortunas americanas. (Rafael Agui­ rre, Testimonio, 2008).

III. La salud y la pedagogía sensible La pedagogía sensible es también una terapéutica curativa, es una enseñanza-aprendizaje, es un arte (techné: habilidad o destreza), del trabajo sensible que desempeñaba el sacerdote o el chamán a través de las tradiciones comunitarias, en las que se instruía, por la labor di­ dáctica del curandero, la información para ayudar al paciente a buscar la sanación del enfermo, regular las lluvias, los nacimientos y las co­ sechas. El curandero hacía unos pases mágicos en el piso con un bas­ tón y, como descendía del águila o era el águila él mismo, podía desde las alturas controlar el tiempo cósmico. 147


Las deficiencias de la salud podían ser físicas o una simple incapa­ cidad perceptiva o perturbación social o emocional. Los propósitos terapéuticos eran procurar la salud de los sujetos que la habían perdi­ do e integrarlos al grupo general del trabajo, la familia o la simple convivencia con los demás. La antigüedad sentó los principios terapéuticos para la obtención de la salud como una forma de comunicación, en la que el individuo primero y el clan después, otorgaban los elementos volitivos al enfer­ mo para que por él mismo lograra la sanación. Como dice el doctor Aguirre: Un médico de escuela se dedica a ver enfermos. Un médico no debe ver solamente al enfermo, sino sobre todo al entorno familiar. Cuando una persona está enferma no es el paciente, lo que hay que ver únicamente, hay que ver a todo el nicho familiar. Cura a la familia y ya curaste al en­ fermo. Si no curas a la familia, la familia no le va a dar la medicina a la hora, va a poner poco interés. Entonces primero la familia, que claro también está enferma, y ya luego al enfermo lo tienes en tus manos (idem.)

El intento sistemático de sanación en las sociedades tradicionales, estableció el principio del desarrollo humano de la salud como parte del resultado de las interacciones tribales: el chamán, los rituales, la herbolaria y el cuidado de los parientes. Aunque la tendencia actual está en la prevención de las causas que originan las enfermedades, hay una serie de elementos físicos, ali­ menticios y de relaciones humanas, que a veces hacen imposible in­ corporar a los sujetos enfermos a un sistema curativo general; que pueda tomar en cuenta los aspectos psicológicos y de relación fami­ liar, que en la medicina tradicional se incorporan de manera impor­ tante para la realización de cualquier actividad terapéutica, ya se trate de alguna deficiencia física o de otra social o emocional. Aunque la conducta del chamán emplea sistemas puestos en duda por la medicina científica, tendremos que aceptar que la medicina co­ munitaria, aunque original y atípica, conlleva un adecuado conoci­ miento sensible que respeta las peculiaridades propias de cada sujeto y ayuda a que el enfermo, ya sea de nacimiento o que contraiga la en­ fermedad en su proceso vital, logre con una terapéutica tradicional 148


que el enfermo recupere su salud y vuelva a integrarse a su grupo so­ cial de referencia. Un asunto importante en la medicina tradicional estriba en la cues­ tión de que el especialista se forma en una tradición oral. Se inicia con otro curandero que tiene más experiencia en las artes de curación, para luego heredar una preparación específica a la siguiente generación: una terapéutica particular para cada tipo de deficiencia en la que la oralidad, esto es, el diálogo hermenéutico entre el curandero, que actúa como pedagogo, y el enfermo establece una transferencia para lograr la curación del paciente y la inserción posterior de éste con la comuni­ dad. Aunque muchas veces se trate de autocuración, la transferencia no se limita al hecho mismo del daño del paciente, sino a un conjunto o proceso de muchas otras relaciones con elementos higiénicos, de ali­ mentación, herbolaria y, como en el caso del doctor Aguirre, de una técnica de la hipnosis para convencer al paciente de buscar el restable­ cimiento de la salud por medios no científicos. Dice Gadamer: Ese célebre pasaje del Fedro de Platón, en el que se afirma cómo han se­ ñalado famosos médicos de la Grecia antigua, que el tratamiento del cuerpo por la acción del médico no es posible sin el simultáneo trata­ miento del alma, más aún que, quizá ni siquiera esto baste, que tal vez sea imposible hacerlo, sin el conocimiento del ser en su integridad; el ser en su integridad, también el estar sano, como se dice en griego hole ousia, lo cual significa estar sano; el ser completo y el ser sano, la salud del sano, parecen estar estrechamente vinculados, también hoy suele afir­ marse que a uno le falla algo toda vez que uno se enferma [...] Pero qué es el bienestar sino el ocuparse de uno mismo, de modo de estar abierto y dispuesto a todo [...] Se trata de una especie de estar presente en el cual el verdadero ser alcanza su thelos, esto es su perfección. La notable ex­ presión acuñada por Aristóteles, para señalarlo, esto es la palabra entelequia, término que define por así decirlo, la totalidad y completa perfec­ ción presente, que es lo que se rebela contra este estado, esa perturbación que conduce cuando uno se siente mal, al alejamiento respecto de todo lo que ocurre fuera (Gadamer, 1996, pp. 90-91).

El doctor Aguirre fue médico de profesión que enfrentó la mecani­ zación al tratar a un promedio de cien pacientes en la medicina públi­ 149


ca, al darse cuenta que eso no curaba de manera eficiente a los enfer­ mos decidió volver a la medicina tradicional. La pedagogía sensible que utiliza el doctor Aguirre en su trata­ miento terapéutico a los enfermos es una estética teórica que parte del intento de llegar a la esencia del padecimiento por medio del análisis de la situación práctica por el cual la vivencia del sujeto llega a perder la salud. Por una parte estudia las distintas perspectivas del por qué el individuo pierde la salud, y el que habla y el que escucha establecen un lenguaje estético, sensible que contrapone el acento en las condi­ cionantes ideológicas, psicológicas, sociales, históricas del paciente; estableciendo así una percepción sensible en contraposición con la medicina científica, que es también una forma racional pero a veces operativa y deshumanizada. Así también, el ejercicio del curandero tradicional puede ser con­ siderado como una pedagogía sensible, de enseñanza-aprendizaje para la salud, pues se trata de una continua creación y recreación de las circunstancias vitales y diferenciadas por las cuales los actores so­ ciales pueden perder la salud. Este medio curativo, cara a cara, de per­ sona a persona, cultiva valores tradicionales y reflexiones en torno a los significados de hechos particulares por los cuales el desarrollo de la salud del individuo queda disminuido. La pedagogía sensible que ejerce el curandero se fundamenta en la educación que hace el individuo para procurar una voluntad personal que le permita el aprecio y el goce de la salud, así como desarrollar sus potencialidades y habilidades también creadoras, para la realiza­ ción de la salud del paciente, y vincularlo a la vida y a la naturaleza con pleno goce de salud en el entorno familiar. La pedagogía sensible se recrea en esa enseñanza-aprendizaje, ese autoaprendizaje para comprender los elementos que hacen que el in­ dividuo pierda su salud y quede aislado en su ámbito social y en la alegría de vivir. Concha Labarta, en su artículo “Los brujos de los Tuxtlas” de la revista Más Allá de la Ciencia (Labarta, 2004), hace un reportaje so­ bre la familia Aguirre, en el que, entre otras cosas, se relata cómo en el año de 1948 se construye la carretera a Santiago Tuxtla y Catema­ co, antiguos asentamientos olmecas conocidos como la Suiza Veracruzana, donde fueron encontrados en las excavaciones muñecos de trapo atravesados por alfileres y un sinnúmero de objetos que aludían a la práctica de la curandería. 150


El doctor Rafael Aguirre nació en Catemaco, hijo de Don Gonzalo Aguirre, que a su vez hereda de Don Manuel Utrera, curandero de fi­ nes del siglo xix y principios del xx, una enseñanza empírica sobre el arte de curar. Los poderes de Don Manuel Utrera, asegura Concha La­ barta, emanaban del trato con el maligno. La enorme influencia de Don Manuel Utrera que comentaba en su testimonio el doctor Aguirre, se deriva de ser el único curandero de la región. A fines de los años cuarenta, antes de la muerte de Gonzalo Aguirre, el padre de Rafael, inicia el linaje de los Aguirre en la curan­ dería. El primer contacto de los Aguirre con don Manuel Utrera, el más grande de los pautados, se inicia al curar a la madre de Rafael de una larga enfermedad. Gonzalo Aguirre se entrena con don Manuel y se convierte en el heredero del gran pautado. Los hombres que lo co­ nocieron, aseguran que elevó su poder curativo a extremos insospe­ chados. Don Gonzalo curaba a miles de personas, que en una larga peregrinación llegaban de todas partes del país y de todas las condi­ ciones y procedencias sociales. Don Gonzalo Aguirre, muerto ya hace más de veinte años, sigue siendo recordado como uno de los grandes curanderos de la región, y que además hereda las enseñanzas a sus hijos Rafael e Isabel Aguirre. Ellos heredan los conocimientos de su padre, que a su vez heredó los conocimientos antiquísimos de don Manuel Utrera, el primer gran cu­ randero de Catemaco. Don Gonzalo Aguirre, es una leyenda viva: No hubo brujo que no nos hablase de él con respeto, algo casi imposible pues entre ellos son enemigos irreconciliables, y que nos confirmase con absoluta vehemencia que el señor Aguirre era un pautado, el más gran­ de, una verdadera incógnita para todos los que lo conocieron (Labarta, 2004: 60-61).

Rafael Aguirre relata que su padre nació a principios del siglo xx y que después de haber sobrevivido siendo campesino, pescador, ven­ dedor, comerciante, etcétera, va a convertirse en el primer brujo de los Tuxtlas, y su prestigio alcanza el país entero; fue un hombre generoso, un líder muy influyente en su comunidad a mediados del siglo. Don Gonzalo pasaba las noches en el cerro del Mono Blanco. Ahí se entrevistaba con el Amigo, gracias al cual obtiene el poder de las 151


curaciones. Se convierte en un hombre rico, de grandes prodigios cu­ rativos, que le granjean el respeto de todo el país. Aunque en un testi­ monio de la Sra. Josefina Sánchez y Gómez Farías, quién en los años sesenta fuera la primera en darme noticias de los Aguirre, nunca co­ mentó que Don Gonzalo tuviera una gran fortuna, aunque poseía una sabiduría popular, poderes de curación e influencia en la comunidad. Rafael Aguirre contaba que una vez que acompañó a su padre al cerro del Mono Blanco, a una de las reuniones que se hacían al atarde­ cer, en la noche escuchó ciertos sonidos mágicos que seguramente for­ maban parte de los sonidos de la selva, pero, concentrados en el ritual público, le daban un plus de misterio a los encuentros entre los nume­ rosos pacientes de don Gonzalo y al ambiente siempre mágico de la selva: Afuera se escuchan las cosas de la noche (Pellicer, 1960). Para Rafael Aguirre su padre no era un brujo; dominaba la energía, pero conocía también lo que otros querían y deseaban oír. No cree que su padre tuviera tratos con el amigo, con el diablo. Era un hombre con una fuerza descomunal, decía que él estaba bien con los dos poderes: con papá y con mamá. Y para la charlatanería era más sensacionalista asegurar que tenía tratos con Dios y con el Diablo. El secreto de don Gonzalo radicaba en una fortaleza mental, que aprende a controlar, y que alcanza energéticamente a todos los que acudían a él. Curaba a los individuos enfermos. El curandero mayor Don Gonzalo hereda estas facultades a Rafael, quien maneja lo positivo y lo negativo de los enfermos para que se hiciera la luz curativa, para devolver la salud de los enfermos. Los numerosos asistentes al monte del Mono Blanco, en Catema­ co, eran colocados formando una hilera, y separados por sexo. De uno en uno, se adentraban hasta cierto punto de lo alto de la montaña don­ de los esperaba Don Gonzalo Aguirre, el pautado. Les preguntaba a los asistentes qué querían solicitar y la solicitud era en voz alta. Don Gonzalo se adentraba dos o tres metros, en la penumbra, y conversaba con alguien, que era precisamente el famoso amigo. Lo que ahí su­ cedía eran hechos inexplicables: sombras, un fuerte olor a plantas cu­ rativas, súbitas ráfagas de viento frío intenso, y: el recuerdo de la conversación mantenida por Don Gonzalo con aquella entidad que los asistentes no podían distinguir, pues se expresaba con soni­ dos ininteligibles, estremecedores. De esta forma transmitía el deseo de los

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enfermos por curarse y el paciente podía irse con la seguridad de que con­ seguiría su salud o cualquier otro requerimiento (Labarta, 2004: 64).

Así, la fama de Don Gonzalo Aguirre, creció y creció. El doctor Rafael Aguirre hijo me comentaba que estuvo presente en una de esas ceremonias. Las reuniones eran como a las 8:00 de la noche; se veían solamente las velas, todos iban vestidos en forma casual. Empezaba él a llamar a alguien con un silbido, que podíamos escuchar y ese algo, le contestaba emitiendo sonidos indescriptibles. Yo me asombraba al ver reír a mi padre a carcajadas. Era un hombre que no sonreía fácilmente, menos verlo reírse así. El sonido que se escuchaba, que algunos intentaron grabar sin conseguirlo, era algo parecido al sonido de la lechuza (Rafael Aguirre, Testimonio, 2008). Ni vivo, ni después de muerto, nadie ha asegurado que hubiera algu­ na trampa en los sonidos de aquel ambiente en la selva que era muy ex­ traño. Resulta imposible creer todo aquello. Una vez, me contaba Ra­ fael, en una noche de calor intenso en Catemaco, subieron a dormir en la azotea, como así es la costumbre del lugar. A mitad de la noche se volvió a escuchar ese extraño sonido, que venía de lejos como surgido a la mitad de la selva, del inframundo (idem). Don Gonzalo realizó un sinnúmero de curaciones milagrosas, su vida estuvo dedicada a sus pacientes y trató a un sinnúmero de perso­ nas, gente importante, políticos, artistas y conductores de televisión famosos. Murió a los 78 años, extenuado por una vida de gran inten­ sidad y poco descanso. Murió como mueren los pautados, de todas las enfermedades, es como si las enfermedades que había curado se volvieran contra él. Gonzalo Aguirre, de ascendencia maya, como lo asegura su hijo Rafael, refleja excepcionalmente que los poderes sobrenaturales para curar él mismo, le crearon una fama muy extensa y contundente. Mu­ chas son las declaraciones que se tienen sobre él. Testimonios que avalan su eficacia curativa, así como la irresistible atracción que su carisma suscitaba en todos lo que lo conocieron. Su historia está marca­da por esa misteriosa entidad sobrenatural a la que él llamaba el amigo, aunque Rafael, su hijo médico, no termina de aceptar el hecho como una realidad, más bien como una intuición que su padre tenía para establecer contacto con el mundo de lo intangible, con los espí­ ritus de sanación que invocaba para procurar el bien de la comunidad. 153


El árbol donde se encontraba con el amigo, todavía conserva restos de muñecos quemados. Don José uno de los capataces de Don Gonzalo, que también ha heredado la curandería, dice que ha visto en ese lugar a Don Gonzalo y que le sigue ayudando. Creo que el patrón nos sigue ayudando en el proceso de la curación de los enfermos (Labarta, 2004: 67).

Chabela la hermana de Rafael dice que también ha visto llegar personas a su casa, pero que solamente ella puede ver: Se ha encontrado con un misterioso personaje, que llega a su casa y desa­ parece, pero que ella solamente es la que lo ve. Este personaje ha llegado a la casa de Isabel, la hermana de Rafael y les ha avisado de peligros o problemas de la familia de Aguirre. Para Chabela, dice que su padre le dijo que no necesitaba pactar con nadie, que él le había enseñado lo sufi­ ciente para ayudar a la gente, sin necesidad de tener encuentros con el amigo en la montaña. Dicen que no le gusta que le pidan hacer daño a otras personas, aunque reconoce que eso es posible. Chabela, la hermana de Rafael tiene cinco hijos, de los cuales tres son médicos, y sin embar­ go, su familia siempre que tiene problemas le solicita una ayuda mágica. Chabela saca adelante cosas durísimas, que son imposibles para la cien­ cia, pero eso no significa que todos los curanderos hagan eso, pues según Chabela, hay mucho fraude en todas estas cosas (Labarta, 2004, p. 68).

A Chabela nunca la menciona Rafael en su testimonio. Hace men­ ción que siempre estaba atendiendo el consultorio de su padre, trabajo que hizo muchos años. Así fue que dos personas estuvieron íntima­ mente ligadas al trabajo de Don Gonzalo; de esa manera también se fue creando el linaje de los brujos de Catemaco. Ahora más de una docena de curanderos se pelean por la clientela; apenas se pisa la es­ tación terminal de Catemaco, llega un sinnúmero de personas a ofre­ cer los servicios de los curanderos. Rafael Aguirre tiene un consulto­ rio en México y otro en San Andrés Tuxtla, pero nunca se hace promoción y su actividad es absolutamente discreta. Rafael dice que su padre era brujo porque dominaba las posesiones, energías desconocidas para la ciencia, que son energías corpora­ les y pueden descargarse en diferentes lugares o en los individuos. Don Gonzalo decía que los problemas se resuelven y que no hay una explicación para esto. Simplemente se resuelven, es algo enigmá­ 154


tico. Para Rafael la energía es una energía dual del bien y el mal, tiene la capacidad de curar, o de causar daños, que son las enfermedades de la vida. Don Gonzalo poseía una enorme fortaleza mental, que fue creciendo con el cultivo de los años. Muchos de los trabajos de Rafael entran en el ámbito de la voluntad, de lo intangible. El cerebro huma­ no es más complejo que cualquier sistema electrónico sofisticado. Ver la foto de un paciente, o de alguien que tiene un problema moral, hace que él busque la frecuencia adecuada hasta llegar a esa persona y ayu­ darle a que se cure, ya sea de una dolencia moral o física, basta la vo­ luntad inoculada en el paciente y la imagen del mismo para lograrlo. El doctor Aguirre vive apartado de la gente a pesar de ser una per­ sona de una enorme vitalidad. Muchos de los miembros de la familia Aguirre se han preparado como médicos. Sin embargo, recurren a la medicina alternativa para poder curarse ellos mismos. Algunos docto­ res observan la consulta médica de Aguirre y están convencidos de su poder. El fenómeno de la curación emocional, desconocido para la ciencia, el mismo Rafael Aguirre cada vez lo entiende menos. Mi tía Josefina Sánchez y Gómez Farías me contaba de manera asombrosa la vida y milagros de Don Gonzalo Aguirre. No podía en­ tender que una persona sin instrucción mayor pudiera hacer milagros. Ella estuvo rescatando tierras de los antepasados, cercanas a Catema­ co, en donde formó un ejido exitoso, el cual expropió en los años cin­ cuenta el gobierno posrevolucionario quien persiguió a las familias porfiristas durante todo el siglo xx. Don Gonzalo le aconsejó que para que no hubiera derramamiento de sangre mejor aceptara el ofre­ cimiento gubernamental. Regresó a México a finales de los años cin­ cuenta, y veinte años después muere víctima de un mal hepático. Mu­ jer trabajadora y emprendedora, mujer de acción, nunca pudo entender el misterio que encarnaba la tarea del curandero Gonzalo Aguirre, a quien siempre admiró, y sin embargo para ella lo que esta­ ba detrás de todo eso, era la voluntad que la gente necesitaba de curar­ se a sí misma, que al no tener otro recurso disponible del que podía ofrecer la medicina científica, esa voluntad se convertía en la única forma de sanación disponible y por lo tanto posible. Al regreso de Ca­ temaco, mi tía Josefina adoptó a Rafael Aguirre, hijo de Don Gonza­ lo, y se lo lleva a vivir a la Ciudad de México. He buscado durante varios años una bibliografía adecuada que ayude a la explicitación del problema no resuelto de la relación salud155


enfermedad, curandería-voluntad. En este fenómeno hay múltiples contactos para realizar una sociología de la medicina tradicional y una pedagogía sensible. Interacciones que se relacionan entre el pa­ ciente y el médico, el enfermo, la salud-enfermedad y los sistemas de medicamentos. Las diferentes terapias que se aplican para ello, que son muchas veces ineficientes, insensibles, pero como escribe Gada­ mer de la medicina científica, es una marea informativa que sólo ha amenazado la capacidad de asimilar y de juzgar los datos científicos. La red de información y de conocimiento que vienen de la tradi­ ción científica, de la cultura, la literatura y el arte, esto es, el del saber constituido, no puede ignorar el saber de la curandería. Los conoci­ mientos no son estables, ni podemos tener control de los mismos. Cuando llegan a la frontera de los conocimientos (state of art), los saberes mismos amplían sus bordes, y la frontera se amplía, y se renue­ va cada cien días. Sin embargo, ni la antropología, la psicología, o la sociología han podido seguir las investigaciones sobre el fenómeno de la curandería. El mundo de los curanderos parece irracional, constitu­ yendo un fenómeno marginal a la ciencia, o exótico, respecto del pen­ samiento científico. Sin embargo, la curandería se apoya sobre una práctica milenaria y que en Catemaco continúa, construyendo nuevos linajes de curanderos de los que no hemos podido ni ver, ni escuchar, ni aprender la lección que ello constituye. Como dice Gadamer: Lo cierto es que uno de los temas más antiguos en la vida del hombre, lo constituye la cuestión de que cada uno debe llevar su propia vida y debe preguntarse cómo hacerlo. Y eso no sólo ocurre con el hombre europeo, marcado por la ciencia. También se da ahí donde el cuidado de la salud está regido por los ritos religiosos, dominados por ciertas figuras y gru­ pos sociales importantes, como, por ejemplo, los curanderos o los bru­ jos. En todas partes se formula la ineludible pregunta: ¿la experiencia acumulada no se habrá ido condensando lentamente, en el desarrollo de prácticas que se deben de haber aplicado desde tiempos remotos y que mantienen su validez, aunque se desconozcan los motivos de su efica­ cia? Esto ha determinado, sin duda, la vida del hombre en todas la épo­ cas primitivas y no sólo en el terreno de la salud y la enfermedad (Gada­ mer, 1996: 120).

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Se trata de un control metodológico sobre hechos que estamos lejos de comprender, pues no hemos tenido la paciencia de ver, escuchar, ni aprender de ellos después de tantos siglos; por lo que hay que crear un marco teórico inicial que pueda replantear la perspectiva que utiliza la sociedad tradicional, de las variables salud-enfermedad. Como planteamos en las variables-hipótesis iniciales de esta in­ vestigación, no podemos responder a las mismas, sin la comprensión y análisis de los fenómenos reseñados en este ensayo. En una socie­ dad cuya economía se ha cifrado en la economía de los conocimien­ tos, las tecnologías han creado una nueva civilización tecnológica y, sin embargo, esto nos ha conducido a lo que Gadamer nombra la ceguera emocional, con la que reacciona la opinión pública cuando ejerce la crítica cultural de los fenómenos que no pueden ser sujeta­ dos por el imperio de la tecnología o de la ciencia. Muchos problemas aquejan la vida contemporánea, sobre todo los demográficos, que han aumentado las expectativas de vida de la edad adulta: los crecimientos poblacionales siguen sin control, las hambru­ nas en África, las sequías recurrentes, las inundaciones, los tornados cada día más inclementes derivados del sobrecalentamiento de la tie­ rra producida por los cambios climáticos. La economía del conoci­ miento ha reforzado su poder, expandido, alejándonos cada vez más de la vida vernacular y de nuestra herencia intangible milenaria, sin ofrecer tampoco soluciones a mediano plazo al ecocidio del planeta. Quizá esto sea lo que más contribuya a hacer triunfar la verdad, que tam­ bién se oculta tras la mentira de la enfermedad. Se trata de la verdad que procura ocultarse detrás de la enfermedad y de la amenaza a la vida y al bienestar; en la verdad se pone de manifiesto la inconmovible voluntad de vivir, y la indomable fuerza de la vida y la esperanza que hay en todo hombre y que se constituye en su don más natural; nos puede ayudar a aceptar lo que está dado, lo que es limitativo, lo que es doloroso. A pren­ der a enfrentar la enfermedad [...] Quizá este sea uno de los mayores cambios que se han producido en nuestra civilización. Este cambio se debe a los progresos de la medicina, y nos enfrentan a nuevas tareas. (Gadamer, 1996: 108).

La ciencia y la tecnología dominan la vida de las sociedades con­ temporáneas. Dice Gadamer, que: 157


...basándonos en el estado de la civilización técnica actual, la ciencia se considera autorizada a colocar la vida social en un plano racional, y hacer desaparecer los tabúes, fundados en la indiscutida autoridad de la tradi­ ción. La forma más efectiva es el silencioso avance del dominio técnico, y del automatismo irracional que desplazan las decisiones personales del individuo del grupo, sobre territorios cada vez más amplios de la vida humana (ibid., p. 21).

En este sentido, la ciencia médica pura como tal no es competente, porque son muchos los factores que intervienen en ella: escala de va­ lores, hábitos, referencias e intereses propios, el diagnóstico, los pro­ blemas morales, emocionales. Saber separar y reconocer las diferentes variables del sentido del diagnóstico puede cambiar el arte verdadero de la curación a los enfermos. El objetivo de la salud puede ser tam­ bién el objetivo psicológico y moral. El antiguo médico familiar, con el cual se establecían relaciones de afectividad, contribuía a elaborar la confianza y colaboración de los pacientes y coadyuvaba a preparar los elementos curativos. Independientemente de las acciones físico-químicas, de la inter­ vención de medicamentos, así como las técnicas para el diagnóstico y el tratamiento, hay un terreno no racionalizado que sigue siendo la confianza y colaboración del paciente en la interacción salud-enfer­ medad y que según el testimonio de Aguirre, sigue siendo un aspecto fundamental para la salud. En este sentido, el doctor Aguirre formula un discurso importante en torno a la falacia de las medicinas, en el sentido de la medicina científica. Para él es más importante la terapia familiar y el hacer que el enfermo pueda convencerse de la importancia de recuperar su sa­ lud, y comprometerlo con ello más que con el el efecto medicamento­ so. Los medicamentos deben tener un plus, aunque su origen sea el sistema herbolario o la medicina científica, pues sin ese plus los mé­ dicos no pueden hacer nada. Uno de los argumentos por los cuales el doctor Aguirre decide alejarse de la medicina científica es porque los tres años de ejercicio profesional debía atender a más de 100 pacien­ tes en el policlínico, eso significa que al final no sabes ni escuchas ab­ solutamente nada, ni sabes de qué se trata. Él piensa que los médicos no son más que unos comerciantes. La situación catastrófica en que se encuentra la medicina pública lo anima a regresar a la curandería; re­ 158


gresa para caminar lentamente con mayor seguridad en esa libertad de saber hacer, esa libertad de poder encargarse del enfermo, en una práctica mucho más profunda que los escasos minutos que dejan una consulta en la medicina pública. Sin duda esta convivencia puede llegar a lograrse, en cierta medida, gra­ cias a nuestra capacidad de perfección de nuestra capacidad de conoci­ mientos. Pienso en el mundo nuevo de los psicofármacos y no puedo se­ parar del todo esta facultad de la instrumentación de la corporeidad que se produce en la agricultura, la economía y la industria moderna, que sig­ nifica que seamos capaces de hacer y que podamos hacer todo esto; esta posibilidad aporta una vulnerabilidad concretamente nueva a la vida hu­ mana, ella no representa acaso un ataque casi monstruoso, si por vía de los psicofármacos lo que se suprime, o se alivia, no son perturbaciones orgánicas cualquiera, sino que se desconecta la persona misma de su más profunda alteración interna (Gadamer, 1996: 93).

Creo que el aprendiz de brujo –asegura Gadamer– que de alguna forma es el médico, tiene, de algún modo, que ver y establecer con­ tactos múltiples con el médico tradicional, en los cuales habrá técni­ cas, tecnologías, terapias específicas que pueden en algún sentido aplicarse desde el punto de vista social, o que de alguna forma po­ drían humanizar la medicina pública. Los amigos médicos que he tenido, la mayor parte de un enorme talento, de capacidad de investigación y algunos con aportes importan­ tes a su objeto de estudio, siempre que he enfermado de algo, me han di­ cho: tú nunca tienes nada, lo que necesitas es una novia. Y casi siem­ pre me han convencido de curarme. Aunque los científicos han utilizado a su manera la voluntad terapéutica del convencimiento, la medicina contemporánea debe realizarse en forma transdisciplinaria y multidisciplinaria para poder establecer contactos múltiples con los que ejercen la curandería, para ver qué conocimientos hemos dejado atrás, qué no hemos tomado en cuenta, de nuestro patrimonio intangi­ ble tradicional contemporáneo. Hay conocimientos provenientes de la intuición que se adelantan a la ciencia, por ejemplo las curaciones practicadas por el homo-religiosus, que suelen enseñar algo al médico, o el saber del poeta que suele adelan­

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tarse al del psicólogo, el sociólogo, el historiador, o el filósofo (Gada­ mer, 1996: 44).

Lo máximo que puede lograr la disposición científica, que intenta generar una integración de nuestros conocimientos para una nueva economía, es una toma de conciencia, respecto de los prejuicios que tanto curanderos y científicos tienen los unos de los otros; es como dice Gadamer, que el médico se deje adoptar por la figura del curan­ dero, rodeado por el misterio de sus poderes mágicos, para ser un hombre de ciencia. ...Aún cuando en alguno de los casos aislados, el médico puede estar en inferioridad de condiciones, respecto al del curandero experimentado, o de la mujer sabia, su saber es de una naturaleza completamente distinta, es un saber sobre lo general. El médico sabe la razón por la cual una de­ terminada forma de curación tiene éxito y entiende su acción porque él sigue la relación entre causa y efecto. La esencia del arte de curar consis­ te más bien en poder volver a producir lo que ya ha sido producido, por eso en el saber y en el hacer del médico entra en juego una capacidad de modificar la situación que es exclusivamente suya que también es llama­ da arte en este caso. El médico produce la salud por medio de su arte, lo que el médico produce no es una obra, un hergom, algo nuevo en su ser, algo que demuestre su capacidad de producir, se trata del restablecimien­ to de la salud del enfermo y no es posible determinar si esto se debe al éxito del conocimiento y de la capacidad del médico; estar sano no es es­ tar curado, por eso queda abierta una interrogante, casi insoslayable: ¿En qué medida el éxito de la curación se debe al tratamiento acertado del médico y en qué medida ha colaborado en él, la propia naturaleza? (Ga­ damer, 1996: 47).

La obra del médico, justamente por tratarse de la salud, deja de ser suya por completo, en realidad nunca lo ha sido, la relación entre rea­ lizar y lo realizado, entre lo hacer y lo hecho, entre el esfuerzo y el éxito es en este caso, de una naturaleza fundamentalmente distinta, enigmática y dudosa. Se trata de la homeostasis, esto es del equili­ brio. El concepto de equilibrio, dice Gadamer, ya desempeña un im­ portante papel en los escritos hipocráticos; la salud del hombre, invita a ser comparado con un estado natural de equilibrio, además de que el 160


concepto de equilibrio se presta particularmente para entender a la na­ turaleza en general. Basta señalar que el descubrimiento de la concep­ ción griega de la naturaleza, consistió en concebir el todo, en un or­ den en que los procesos naturales se repiten, y transcurren dentro de ciclos fijos. El quehacer médico alcanza su perfección por medio de la autosupresión, es algo que se tiene en cuenta desde el comienzo de todo esfuerzo, así como en la vivencia del balance; el esfuerzo se centra paradójicamente en reducir fuerzas para permitir que el equilibrio se imponga por sí mismo, del mismo modo, el esfuerzo médico procura que la naturaleza se imponga por sí misma. El arte de curar permanece indisolublemente ligada con el concep­ to de la naturaleza, propio de la antigüedad. Entre las ciencias natura­ les, la medicina es la única que nunca se podrá interpretar como una técnica, puesto que siempre experimenta su propia habilidad sólo como una recuperación del orden natural. En el discurso del doctor Aguirre se afirma, en diferentes momentos, la firmeza de que no se puede curar lo que no se conoce. Para el conocimiento del paciente y su familia, el porqué se ha enfermado, es el origen del hecho del daño, como él lo llama, es el verdadero origen de toda la terapéutica. El verdadero arte de curar, que abarca tanto el verdadero conoci­ miento como la habilidad, requiere conocer por separado el estado del organismo del paciente, así como brindar al mismo las posibilidades de poder comprender su propia enfermedad, el origen del daño, y cómo puede hacer para restablecer el equilibrio natural de la salud. La actuación del médico encierra en sí misma el peligro de poder perturbar aún más el equilibrio del paciente, a través de la ayuda que le ofrece, no sólo porque puede efectuar una intervención peligrosa, que altere otras condiciones de equilibrio, sino sobre todo por la ubi­ cación que tiene el enfermo dentro de un campo general inabarcable de tensiones psíquicas y sociales. En esa comunicación, como dice Gadamer, el lenguaje no es sólo un medio de entendimiento para al­ canzar cualquier fin y estar sólo destinado a buscar lo beneficioso y lo perjudicial, sino que comienza por fijar los objetivos comunes a todos y por hacerse responsable por ellos, con lo cual el ser humano adopta por naturaleza una existencia social.

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...La medicina moderna permite conocer hasta qué punto por su parte esa supresión de la enfermedad, que suele pasar rápidamente, ha despojado a ésta de su lugar; en la escala de valores de la vida humana, se toma algo que la combate, y la enfermedad desaparece. Víctor von Weizäcker se preguntaba siempre qué le dice la enfermedad al enfermo, y no tanto qué le dice al médico, qué es lo que quiere comunicar al enfermo, acaso no podría ayudarlo si este aprendiese a interrogarle... Todo depende del cui­ dado del enfermo, cuya parte espiritual también requiere atención. Qué significa esta nueva ubicación de las enfermedades crónicas dentro de la escala de valores de la medicina moderna, es evidente que en estos casos el hombre debe aprender a aceptar su enfermedad y a convivir con ella, a medida que ésta se lo permita. Tal como se hace evidente en esta pleni­ tud médico-paciente, sea ésta cual fuere, al final no se trata tanto de la supresión de algo, sino que lo importante es más bien la reincorporación del paciente al círculo del humano, al ámbito de la vida familiar social y profesional, que se cumple en la comunidad entre las personas, en caso extremo del individuo, que se halle mentalmente perturbado; del intento de ayudarlo a recuperar su equilibrio interno configura, me parece, un prototipo de experiencia de perturbación y de tarea de reincorporación a las que el hombre siempre ha debido enfrentarse, en su calidad de ser hu­ mano... (Gadamer, 1996: 94-95).

La historia de la curandería A la caída del imperio grecolatino, la cultura cristiana, durante va­ rios siglos, va a crear las bases teórico-filosóficas que, fundadas prime­ ro en San Agustín y luego en Tomás de Aquino, articularán las bases de una visión del mundo, que constituye la República cristiana. El cono­ cimiento deja de ser experimental, analítico y de la relación del mundo aristotélico, para dar paso a la construcción de una metafísica me­ dioeval que divide al mundo fenoménico en lo visible y lo invisible. La cultura del dolor, de la penitencia y la ascesis cristiana, esto es, la renuncia por elección al placer y aceptación del sacrificio, van a dar continuidad a la idea del tiempo como eternidad y un plan de salva­ ción como resurrección, redención de los pecados, en donde la econo­ mía del dolor como escribe Weber darán un sentido del tiempo eterno con su promesa de salvación. 162


El plan salvífico del alma cristiana va a reprimir las acciones hos­ tiles: la ira, la lascivia, el adulterio, el incesto, que se describe entre otras cosas como la maldad del demonio, el infierno y el purgatorio –según Umberto Eco, invenciones tardías del cristianismo, en donde el bien y el mal fueron articulados por los padres de la iglesia–, es hasta la Divina Comedia de Dante que encontramos una narración nutrida y específica. El doctor Gonzalo Aguirre Beltrán en su estudio sobre magia y medicina escribe que si bien Tales de Mileto ya hablaba de una enti­ dad llamada naturaleza y de un sistema matemático que podría resol­ ver los enigmas de la misma, Empédocles de Agrigento habla de cua­ tro elementos: tierra, aire, fuego y agua. Lo que comprendía también las condiciones de las cosas: calor, humedad, sequedad y frío; así como las sustancias fluidas del organismo: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra, a cuyo desequilibrio se deben las enfermedades, contra­ partida a la voluntad de los dioses y a cuya voluntad se daban la enfer­ medad, la salud o la muerte. Según Aguirre Beltrán de esta línea des­ ciende el famoso médico Esculapio, el dios griego de la medicina. Hipócrates de Cosamina, para descubrir los signos y síntomas de las enfermedades y su diagnóstico, se funda en la experiencia racional y sobre sus mismos datos instituye un tratamiento terapéutico. Galeno otro famoso médico clásico, nacido en Pérgamo, colonia griega de Asia menor, llevó a Roma los conocimientos clásicos. Después de este eminente médico el mundo occidental fue circunscrito, por la cultura del dolor cristiano. La idea predominante de Galeno que sistematizó lo logrado por los conocimientos de la medicina clásica en los seis­ cientos años transcurridos desde Hipócrates, había demostrado las causas naturales de muchas enfermedades, así como la función del corazón, los pulmones, la sangre y la respiración, entre otros. La Edad Media no dejó lugar para la medicina experimental de Hi­ pócrates y Galeno, y las curaciones milagrosas y la oración se van a convertir en un sistema. Sólo hay que recordar las cantidades de en­ fermedades que sufrió el beato de Asís, que constituyeron los famo­ sos estigmas de la iluminación cristiana, que él confesaba eran dones con los que Dios le favorecía. Aguirre Beltrán dice que a la llegada de los españoles ya existían dos tendencias opuestas en la medicina precolombina, una mística y otra racional. La medicina que llega de España atribuye las causas de 163


la enfermedad a el castigo por los pecados o provocada por los demo­ nios, los hechiceros o brujos, y no hay pena bastante cruel que sea su­ ficiente para castigar a los mismos, por ejemplo los maleficios, que son el daño que una persona hace a otra en virtud del pacto expreso y cooperación con el demonio. La magia es el medio usado en el male­ ficio, los que sufren daño o son henchizados es a causa de los brujos o hechiceros. Estas personas poseen en los ojos un poder maléfico que les otorga un pacto que hacen con el príncipe de las tinieblas. Esa fuerza puede producir daños al recién nacido y echarles el mal de ojo. Tomás de Aquino –escribe Aguirre Beltrán–, asegura que el ojo humano estaba dotado de una potestad originada en una fuerza imagi­ nativa del alma que podía corromper y envenenar a la atmósfera y los cuerpos débiles podían caer en su radio de acción y quedar afectados de manera grave. Así, la bruja puede dañar a los niños y la herida de ojo y el ojo de envidia son proyecciones de los deseos hostiles. El mal de ojo ha sobrevivido hasta nuestros días, así como el poder de las almas de los muertos, las ánimas del purgatorio y los enfermos de espanto. Estos últimos sufren diferentes dolencias, como una venganza y un castigo que infligen sus antepasados por no cuidar de ellos o no orar por las almas en pena. Dos formas de conocimiento va a utilizar el médico español en el diagnóstico de los males, la razón del médico y la revelación mística, aunque ésta sea obra del demonio. Así, cuando se consulta a los ído­ los se le llama oráculo, cuando se pide ayuda a los muertos nigromancia; si se interpretan los sueños oniromancia; cuando se consulta a las entrañas de los animales aruspicina, cuando se leen imágenes en el agua higramancia, si se buscan signos en la tierra geomancia, en el fuego piromancia, en el aire aeromancia, en el movimiento de los astros, astrología, en el vuelo de las aves o de cualquier otro animal puede ser agüero o auspicio; también puede ser por presagio o sortilegio, o por la lectura de las líneas de la mano, la quiromancia; la adivinación por las cartas, la cartomancia, así también por la fisonomía y la dis­ posición y gestos del cuerpo (Aguirre Beltrán, 1992).

Medicina indígena La medicina indígena, tuvo en sus prácticas curativas elementos herbolarios místicos y emocionales. La herbolaria fue una contribu­ 164


ción importante a la medicina occidental. El padre Sahagún, dice Aguirre Beltrán, hace una relación de los remedios usados en la cura­ ción de las dolencias de la cabeza, cuello, tórax, abdomen y diferentes partes del cuerpo, y, dice el famoso doctor Francisco Hernández, enri­ quece la farmacopea mundial con las yerbas medicinales que se in­ corporan a la medicina española del Siglo de Oro, así como el famoso Códice Badiano, que ha sido ampliamente investigado y comentado por la ciencia occidental: Los doctores del mundo precolombino, tenían el conocimiento de las yerbas medicamentosas y sabían aplicarlas en una terapéutica correcta. El médico es el ticita, médico agorero, que también resolvía angustias y ansiedades, que además, en caso de que fracasara en su terapéutica era castigado: era ley que muriese sacrificado y abierto por los pechos (ibid., p. 45).

En el mundo precolombino, son famosas las familias y linajes que se dedican al arte de la medicina. Los conocimientos médicos son transmitidos por los ancianos a la nueva generación y puede ser el hijo o la hija quien hereda los conocimientos de los padres. El entre­ namiento en el conocimiento médico se inicia a una edad temprana, como ayudante y pasa como aprendiz, y con los años puede llegar a con­ vertirse en un Tizitl, como así se formaron los linajes de curanderos de la familia Aguirre, en Catemaco, Veracruz, y de muchos otros que sería importante seguir investigando. El conocimiento de las sustancias de la herbolaria y místicas, y más, ad­ quirir el techné, la habilidad terapéutica, se lleva mucho tiempo aunque pueden ser ayudadas de imágenes reflejadas en el agua o la caída al azar de los granos de maíz. Ritos que conllevan ceremonias, obligaciones, lealtades y complejidades, que van de lo experimental a lo esotérico. Las mujeres comienzan sus facultades de curandería una vez pasada la me­ nopausia. El tepatiani es el profesional de la medicina que conoce el misterio curativo de las yerbas; el tlamatqui usa los masajes. El tetlacuicuiliani es el médico chupador, que por medio de la succión extrae la en­ fermedad. El tetonalmacani, devuelve el alma a quien la ha perdido. El teixatiani, trata los padecimientos del mal de ojo. La temixihuitiani, la comadrona, recibe al copo de algodón, la rica pluma, la piedra preciosa

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que desde las alturas del cielo desciende a la madre tierra, El sangrador texoxotla. Teitzminkui, el huesero; el teomiquetzani, el sanador que baña al enfermo en el temazcali; el culebrero, el que cura las mordeduras de los animales ponzoñosos (Aguirre Beltrán, 1992: 52).

Los médicos huaxtecas, son poderosos y temidos, para los aztecas son engañadores o embaucadores, burladores o hechiceros. El más importante es el nahuali, cuya palabra se podría derivar de tres raíces: mandar, hablar con imperio, ocultarse o rebozarse. Los nahuales se rebozan por la experiencia de un animal, mandan y hablan con impe­ rio, por lo que usan vocablos exquisitos que jamás se oyen en el len­ guaje corriente. Entre los aztecas se encuentra una enfermedad producida por el amor y los deseos insatisfechos, se llama netepalhuiliztli, daño por dependencia de otro, y parece que el daño que explica la causa de la enfermedad se debía a la dependencia que se tenía de otro; el pueblo azteca consideraba las enfermedades el castigo de los dioses. Cuando se interroga sobre la causa de la dolencia, es menester conocer cuál es la deidad ofendida para determinar el padecimiento y su curación, que no puede ser sino la satisfacción de la ofensa. Así Xipetotec el señor de los desollados, dios de la primavera y re­ novación de la naturaleza, es responsable de las llagas en el cuerpo, la sarna y las enfermedades de los ojos. Macuixóchitl, cinco flor, dios del placer, pariente del dios griego Dionisios, es responsable de las enfermedades, entre otras de la podredumbre del miembro secreto, diviesos e incordios, etcétera. Entre las hierbas milagrosas, el peyote tiene la más alta estima. Sahagún informa que quien lo come o lo bebe, ve visiones espanto­ sas, o de risas, así como los hongos que emborrachan y enloquecen. Estas hierbas milagrosas tienen fuerzas misteriosas, personifican se­ res divinos, dotados de virtudes, y su ingesta da el poder para conocer cosas ocultas. El curandero puede realizar el diagnóstico y sanar al enfermo, pues al comerse al dios, puede tener la presencia de una fuerza supraterrena, En la medicina indígena, el tecolote puede augurar la muerte, es el nuncio del dios infernal, Mictlantecutli, señor de la mansión de los muertos, el dios cuyo enojo puede provocar el fin de una existencia.

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El médico tradicional puede extraer la enfermedad por medio de la succión, y puede utilizar navajas de pedernal, pedazos de papel, agu­ jas, sangre o cualquier otro objeto material, que el paciente puede ver en el proceso terapéutico. En la medicina traída por la migración esclava a México, hay una distinción, asegura Aguirre Beltrán, que para los africanos, la muerte es sólo un cambio de status. Vivos y muertos, siguen operando a través de la tumba. Los ancianos que fallecen, en ceremonias apropiadas, entregan a los ancianos vivientes sus poderes y esto dentro de una compleja organización. Los dioses ancestrales de la familia real resul­ tan ser los más sabios y poderosos y muchos de ellos tienen caracte­ rísticas de los grandes dioses. El conocimiento emocional de la dolen­ cia es importante en el diagnóstico. Al dios ancestral, orischa, vodu, loas, se le pregunta sobre el motivo del mal, y entra en contacto con él por medio de una posesión mística. El médico podrá concluir el diag­ nóstico y le ofrecerá que acepte la voluntad del dios, o resistirse a di­ cha voluntad. En el primer caso, la paz puede volver al espíritu del afectado, y en el otro, puede continuar en estado de crisis que puede llegar a ser frenético y compulsivo. Hay ceremonias de iniciación se­ gún los diferentes grupos tribales y según estos son los rituales. El médico es un intérprete de la divinidad. Si éste sufre crisis de pose­ sión, se transforma en instrumento del dios ancestral, y es otro médi­ co quién se encargará de interpretar el mensaje divino. Un elemento fundamental en la curación de la medicina negra, es la danza y los tambores, el tam, tam, que es un patrón cultural de los mismos: en el patio interior, se levanta una enramada, como un espa­ cio para la danza, a un lado los músicos, al otro el médico, sus esposas iniciadas y las personas importantes del grupo. El público, sentado de pie, forma la valla humana que cierra el círculo. La música rítmica del tam, tam, hace la danza. Una multitud en movimiento frenético se en­ cuentra en la enramada del médico. Una iniciada de pronto es presa de un temblor incontenible, rueda y cae de su asiento, tuerce los ojos y agita los brazos al aire, en una coreografía dramática. Los ayudantes auxilian a la iniciada, le sueltan el pelo y la llevan fuera de la enrama­ da, la desnudan, la pintan, la adornan con la vestimenta del dios que la posee y vuelven con ella a la enramada. El tam tam toca al ritmo de un dios determinado. La danza se vuelve más dinámica, los gritos y los versos sagrados del canto se mezclan en un frenesí y cada participan­ 167


te se estremece de manera continua, por lo menos quince minutos. El médico interpela a la posesa sobre el dios que los visita y recibe las respuestas que después va a interpretar. La posesa se desmaya, man­ tiene la vista fija, mientras se sacude rítmicamente acompañada por una sonaja de hierro. El cuerpo de la posesa llega al paroxismo, antes de que la divinidad abandone el cuerpo y éste pueda recobrar su pro­ pia personalidad. El poseído no puede explicar lo que vio, habló o actuó durante el trance. El largo mestizaje de Mesoamérica fue el producto de la unión del español con la indígena. Las mezclas de negro con india y espa­ ñol con negra, escribe Aguirre Bertrán, fueron menoscabadas sobre todo por el número escaso de esclavas negras importadas para la ex­ plotación colonial. Así mismo, porque los hijos de la esclava negra nacían esclavos y los hijos de las indígenas libres. La unión de espa­ ñol y negro o con india, no tuvieron mayor respaldo legal. Los padres carecían de derechos, obligaciones y lealtades para con los hijos, y no estaban obligados a reconocerlos ni protegerlos. La india quedó a cargo de los hijos tenidos con negro, tanto de su crianza como de su socialización. La influencia de mestizos y mulatos en el destino de la cultura in­ dígena fue ambivalente y por lo general las viejas costumbres aborí­ genes negras fueron modificándose, hasta que casi la sobrevivencia de las mismas se nos presenta de manera muy distinta a como sobre­ viven en la época moderna. Por otra parte, los mestizos y mulatos no fueron aceptados en la cultura dominante y fuera de la cultura, queda­ ron alocados en la tierra de nadie, entre las dos culturas en contacto, la hispana y la indígena. Las nuevas ciudades estaban compuestas por barrios separados, el de la gente de razón, y el de los naturales, estos últimos, en vías de desintegración bajo el impacto de aculturación y el dinámico proceso de cambio de los mestizajes. Entre la racionalista cultura occidental y la naturalista de la cultu­ ra indígena y negra, el mestizo tiene un equilibrio inestable. El padre español lo tenía por gente de razón pero se compentraba por la madre in­ dígena, incurablemente mágica que lo atraía al mundo natural. Los mestizos y mulatos se alocaban, en una insegura posición intermedia: el sincretismo de dioses nativos y cristianos que siempre compartie­ ron un estamento medio.

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La medicina indígena, la negra y la española, entran en contacto en el momento mismo del descubrimiento de América, entre ellas hay muchos puntos de contacto. El indígena y el negro vencidos y sujetos a vasallaje, el negro raptado y destinado al trabajo, esclavo, sufren la depredación de los dominadores. El Santo Oficio de la Inquisición fue creado para defender la pureza de las normas de conducta del dogma cristiano, pues para Tomás de Aquino, Dios había dotado al hombre para discernir entre el bien y el mal, y en caso de desvío era mejor obligar por la fuerza a cumplir el pacto cristiano que sufrir la conde­ nación eterna; así, esta institución vigila para evitar que los conquis­ tadores sean absorbidos por la cultura indígena, o por la población es­ clavizada, y mantener así la hegemonía del poder español. El Santo Oficio vigila las prácticas de sanación tradicionales y las prácticas son perseguidas, aunque gozan de tolerancia aparente, como asegura Aguirre Beltrán, pues los médicos tradicionales son sujetos a proceso y vigilancia del Santo Oficio. Esto a pesar de que Hernán Cortés, en una de sus cartas al emperador, le habla de la inutilidad de que pasen los médicos a las Indias, ya que sus conocimientos en nada aventajan a la ciencia nativa; a pesar de ello llegan los protomédicos que vigilan el oficio de la profesión e imponen duras penas a quienes sin título re­ conocido se dediquen a lidiar los males del prójimo. Por la continua merma de la población que en el primer siglo de dominación es víctima de las enfermedades traídas a América, pues estaba desprovista de inmunidad de estas enfermedades y por la con­ tinua merma de la información para atacar dichas plagas, se crea en la Real y Pontificia Universidad la Cátedra de Prima Medicina, abrién­ dose el 7 de enero de 1579. Aunque los pocos médi­cos ejercen su ac­ tividad en las grandes ciudades, dejando a su propia suerte a los indí­ genas; atienden sobre todo a la población española, y no a los negros, indios y mestizos, por lo que éstos deben acudir al curandero, como necesidad del medio, y como una herencia legítima de conocimien­ tos, como secuencia histórica de un aprendizaje tradicional y necesa­ rio. El médico tradicional, no es legitimado por las instituciones espa­ ñolas, aunque Sahagún y los franciscanos del imperial colegio de Santa Cruz en Tlatelolco reúnen los conocimientos aztecas y texco­ canos, que salvan de la catástrofe a los mismos españoles en la con­ quista, y cuyas valiosas enseñanzas y relaciones fueron finalmente su­ primidas. Dice Aguirre Beltrán que coincide esta supresión con el 169


establecimiento del Santo Oficio de la Inquisición, que persigue a quienes acuden y practican la medicina indígena, los que acosados, buscan refugio bajo el disfraz del sincretismo o reinterpretación para sobrevivir. Este fenómeno aniquila el desarrollo y evolución de la medicina indígena y al curandero. El indio, el mestizo, negro o mulato, reciben los conocimientos de las fuentes más diversos y aunque predomina la sabiduría indígena va a conjuntar la magia cristiana con el acervo de la ciencia africana. El poder mágico es revelado. A veces el curandero desde su nacimiento está dotado para la curación. Los conocimientos médicos son el privilegio de los predestinados, a veces aprende el ofi­ cio penosamente, escuchando y observando las habilidades y destre­ zas de algún anciano hechicero o de sus propios padres, como en el caso del doctor Rafael Aguirre Beltrán, cuyas enseñanzas fueron en­ tregadas de padres a hijos. A veces los conocimientos adquiridos son refrendados por pactos con el señor del cerro, ángeles o demonios, que aparecen en las montañas o las cuevas: El Pautado. El curandero y sus conocimientos y diferentes medios terapéuticos son una mezcla entre la herbolaria, la mística y la sugestión emotiva. La existencia de un clima desfavorable a estas prácticas y a las creencias de quienes lo practican, muchas veces van a ser temidos como procesos esencial­ mente de tipo sensible y emotivo que pueden traducirse en manifesta­ ciones objetivas de sanación. La herencia de una tradición mística permite que se otorgue fe y crédito en el poder mágico ancestral que poseen los médicos hechice­ ros, por lo que la medicina indígena y negra va a sobrevivir con la medicina española, cuyo aprendizaje es racional y heredado de la tra­ dición grecolatina. El curandero Rafael Aguirre Beltrán, es médico y hechicero, pue­ de curar pero también puede causar daño, causa y motivo de actos ­delictuosos; pero es un apoyo psicológico, médico y sensible, indis­ pensable en la sociedad tradicional, en la que no existe el médico científico, como sucedía a mediados del siglo XX, en el norte vera­ cruzano, en Catemaco, donde surge la estirpe de los Aguirre, médicos y curanderos. Así, el grupo dominante logra de manera formal hacer marginal la práctica de la curandería y a la vez deja hacer, deja pasar la función que los curanderos tienen, sobre todo en los numerosos pueblos y villas que no podía atender la medicina española, como 170


ahora tampoco lo puede hacer la medicina pública de la posrevolu­ ción mexicana en un sinnúmero de grandes poblaciones aisladas y zo­ nas marginales de las grandes ciudades del país. Al curandero se le permite vivir y actuar en la sociedad tradicio­ nal, y en las urbes. Es un individuo de extrema sensibilidad, de fácil imaginación, de prodigiosa fantasía, capaz de convertir afecciones en síntomas somáticos; preso de temores y motivados por pensamien­ tos obsesivos-compulsivos y convulsiones, vive a la respuesta de todos los estímulos, de sueños, con un falso control de sus reacciones de emergencia que lo conducen a la ansiedad, la irritabilidad, la agresivi­ dad, la fatiga, el desaliento, la desesperación y el sentido de culpa frente a diferentes situaciones. Da firmemente crédito a sus ilusiones y alucinaciones y las transporta al mundo de la realidad objetiva, como verdades dignas de toda fe. No es, en forma alguna, el embuste­ ro supersticioso que afirma el Santo Oficio; todo lo contrario, es un perfecto convencido de sus facultades extraordinarias. Usa el poder del que está investido –dice Rafael Aguirre Beltrán–, desdeña la me­ dicina científica, apoyada en la observación objetiva. Conoce las en­ fermedades y accidentes de cada comarca, aplicando el tratamiento sugestivo para tales males, para tantos males. Las enfermedades vul­ gares, las dolencias de antiguo conocidas y fácilmente atacables, son competencia del curandero; así como los males insólitos, los que des­ piertan temor, los derivados de afecciones de cuerpos extraños de na­ turaleza mística, de la pérdida del alma, del castigo de los dioses, del maleficio, del mal de ojo, de la pérdida del ser amado o de objetos perdidos, etcétera. El curandero se encarga de la esfera psíquica de las enfermedades y sus métodos curativos se apoyan en una especie de psicoterapia, desdeñando el tratamiento físico farmacológico e insti­ tuyendo un tratamiento sugestivo. El notable adelanto de la medicina occidental provoca un menos­ precio al factor emotivo-sensible, que se toma como elemento secun­ dario; esto lleva a no evaluar de manera adecuada lo psicosomático y a la negación de la utilidad manifiesta del curandero o médico hechi­ cero en la cultura-folk. Acostumbrados a conceder valor tan sólo a la experiencia racional y a la aplicación científica de los conocimientos, se niega validez a la experiencia emocional sensible como una aplica­ ción de enseñanza aprendizaje para la salud. El curandero colonial y el contemporáneo tienen una manera de ver las cosas totalmente dis­ 171


tinta; para Rafael Aguirre, lo místico, emotivo, es lo primordial; lo ­físico, racional, meramente accesorio. De acuerdo a la causalidad voluntarista, los caracteres físicos se consideran primordiales y se toman en cuenta las experiencias derivadas de la emoción. El curandero tie­ ne que resolver conflictos entre dos culturas diferentes y contrapuestas cuando actúa ante pacientes con un alto grado de formas característi­ cas de las culturas primitivas, indígena y negra, y acude a la explica­ ción emotiva del fenómeno; pero si tiene que actuar frente a indivi­ duos con normas de la cultura occidental, la explicación de los mismos hechos puede ser racional, en absoluta concordancia con las leyes de la causalidad física. La sociedad mestiza en formación otorgó al curandero una fun­ ción importante para conservar y trascender los valores de su cultura, esto es, mantener la seguridad psicológica de su grupo, en lo que se refiere a la salud de la comunidad. La seguridad se cimenta en un inestable equilibrio entre la salud y la muerte, ambos fenómenos de­ terminados por fuerzas anímicas que se hallan fuera del control del in­ dividuo corriente y que por ello se organizan en torno a él barreras, sospechas y ansiedades. Para la seguridad del grupo propio, sus integrantes depositan el débil hilo de la salud-enfermedad de cualquiera existencia humana en las manos omnipotentes del curandero. Delegan en él la función tras­ cendente de preservar la existencia física del grupo y de su cultura; no se trata de la función de conservar la mera existencia individual. El papel que la sociedad asigna al curandero y lo obliga al empleo de cono­ cimientos médicos tradicionales para el bienestar de sus pobladores así como para infligir daños y encantamientos; así, tiempo y espacio, pasado y presente, bondad y maleficio, son depositados en un solo ac­ tor social. Brujo y sacerdote, sabio y charlatán, la población deposita en él la posibilidad de mitigar el miedo y ansiedad que toda enferme­ dad contrae y por lo tanto el curandero transmite esa pedagogía sensi­ ble que equilibra la emoción y por lo tanto el equilibrio entre la salud y la muerte, aunque se usen las fuerzas del bien y del mal para ello. Como asegura Aguirre Beltrán, los huastecos veracruzanos fueron famosos por sus conocimientos de la ciencia de la hechicería. Tenían secretos para hacer que lloviera sobre el campo seco. Dañar al enemi­ go y curar las enfermedades. Nahualpilli, del náhuatl, sabiduría, cien­ cia mágica, y pilli, jefe, principal, grande, es lo mismo que mago en 172


jefe o principal hechicero o gran nahual. En el altiplano, se tenía en gran estima la posesión de desatar el aguacero en un tiempo y lugar de­ seados, y por ello los mexicas, sincretizaron de ese personaje a la dei­ dad nacional de las aguas, el dios Tláloc. La materia médica del curandero colonial procede casi exclusiva­ mente del conocimiento indígena; negros, mestizos, mulatos y españo­ les, prefieren para sus prácticas curativas, las plantas, animales y mi­ nerales de la tierra, por dos razones principales: la primera, por su baratura, y la segunda por el reconocimiento místico del que se hayan investidos. Los medicamentos que proceden de Europa, como el romero, la salvia, el beleño, la ruda, la mandrágora, el muérdago, a veces ocupan un lugar en la bolsa del curandero, mas su importancia palidece ante la prodigiosa proliferación aborígen, que en el reino vegetal suminis­ tró una maravillosa colección de hierbas alucinógenas. Apenas transcurridas tres décadas de la conquista, se redacta el primer libro de la terapéutica indígena, cuyo título es el siguiente: Libellus de medicinalibus Indorum herbis, quenquidam Indus Collegii Sancte Crucis medicua composuit, nullis rationibus doctus, sed folis experimentis edoctus. Anno domini servatoris. 1552. Escrito por el mexicano Martín de la Cruz, practicante en el imperial colegio de Santa Cruz en Tlatelolco, lo redacta en su lengua materna, el náhuatl y es traducido al latín por Juan Badiano, indígena xochimilca y se convierte en coautor de la obra. Descubierto en 1929, en la biblioteca vaticana, y devuelto por el papa Juan Pablo II a México en el penúlti­ mo viaje al país; fue la primera obra de la medicina mestiza. Juan Badiano es un erudito que escribe en tres idiomas y un acer­ vo de conocimientos sobre la historia natural que divulgaron los clá­ sicos latinos, dedicado al hijo mayor del virrey don Antonio de Men­ doza, quien posiblemente encarga la obra para dar a conocer en España los alcances racionales de la medicina indígena. En el curso de Libellus, aparecen elementos de la curación mística, por ejemplo, el diente de un muerto colocado sobre la cabeza del paciente; el ojo del coyote ligado al brazo; la hierba sostenida en la mano empuñada; el chalchihuitl puesto sobre el hombro; las flores colgadas al cuello, etcétera. Este Libellu es el primer libro mest-indio de la medicina americana y el que más se acerca a los conceptos operantes de la me­ dicina náhuatl tradicional. 173


Al prohibirse el uso de las plantas alucinógenas a las que podía aplicarse un tratamiento meramente racional y cuyas acciones eran narcóticas o excitantes y que para los indígenas precolombinos cons­ tituían verdaderas deidades, los curanderos coloniales les dieron una importancia fundamental. Las sagradas plantas gozan de la facultad del habla y del libre albedrío, poseen sexo y se las tiene por hembras o machos, según sus manifestaciones y sus proyecciones son huma­ nas y divinas, y actúan en virtud de sus propiedades místicas. Para que el poder de la planta permanezca se hacen dispensables diferentes rituales tanto en su cosecha, preparación y uso, y para uso terapéutico se deben considerar sus propiedades místicas, por lo que únicamente aquellas plantas que tienen usos rituales y son cultivadas para propó­ sitos mágicos son consideradas como materia médica; así, negros e in­ dígenas, al coincidir con el curandero colonial, afirmaron las propie­ dades místicas de las plantas. Oración, confesión, ayuno, van a ser prácticas del curandero, así como los retiros y encierros que practica Rafael Aguirre, contrapues­ tos a una sensualidad orgásmica practicada desde su adolescencia, y que sin embargo nunca ha utilizado las hierbas sagradas, como sucede en la actualidad en las prácticas de curandería en la sierra mazateca, de Huahutla de Jiménez, cuya oficiante principal fue María Sabina, guía de la iluminación de los jóvenes en los años sesenta y cuyo linaje aún perdura en la sierra; que aunque es una práctica hoy prohibida por las autoridades locales, aún la ceremonia del ritual de curación se sigue practicando, y desde luego en las tribus seris del norte de México en la ceremonia del peyote. El doctor Aguirre Beltrán dice que el Teonancatl, el hongo divino, es el alimento de los dioses que, según el padre de la Serna, en el siglo xvii, la recolección del hongo se realizaba previa una noche de vigilia llena de plegarias y conjuros. Hasta el amanecer, cuando el rocío matinal comenzaba a humede­ cer la vegetación, llegaba el momento para arrancar el nanacate, ritua­ les que aún se practican en la sierra oaxaqueña, donde tuve la oportu­ nidad de presenciar varias curaciones con este sagrado hongo. El peyote tuvo usos rituales diferentes, por ejemplo: para saber cómo saldrían las batallas, para pelear y no tener miedo, para no tener sed ni hambre, para preservarse de los peligros, descubrir a los auto­ res de un hurto o un robo, para los conocimientos del futuro, para cu­ 174


ración de las heridas, etcétera, así como afrodisiaco. Pero basta que su poseedor la cargue como amuleto o fetiche, para que ejerza en el sexo opuesto una poderosa atracción, así como para ayudar en las dificul­ tades con la esposa infiel, ligar con lazos invisibles e inquebrantables a la amante, y diagnosticar los males de amor. Muchas son las formas y medicamentos que se utilizan en la medi­ cina erótica, y Aguirre Beltrán le dedica un capítulo completo, así como a la interpretación de los sueños, los agüeros y los presagios, las prácticas adivinatorias, amuletos y fetiches, y señala la función que desempeña la magia en las comunidades; esto es, un instrumento de control social que mantiene la unión y la colaboración de los compo­ nentes del grupo con base en la participación solidaria en lo bueno y en lo malo. Ejerce las presiones indispensables para sostener una equi­ librada situación de igualdad en que todos y cada uno de los miem­ bros del común disfrutan de derechos, obligaciones, bienes y servi­ cios, de tal modo semejantes en la distribución de la ventura y la desventura, de la enfermedad, la salud, la muerte y el sinnúmero de disfunciones que se derivan de la multitud y compleja trama de las re­ laciones sociales. Éstas forman parte de la herramienta de conquista. Los evangelizadores recogen la conciencia del fenómeno, entre los indígenas, pero no aceptan la responsabilidad, pues la atribuyen al de­ monio. En las comunidades indias, la magia funciona como un factor po­ deroso que evita el cambio económico, la prosperidad individual, pues cuando el comunero acumula riqueza, la gasta en artículos de prestigio social como el oro, la plata; valores emblemáticos de la eco­ nomía de los fisiócratas. Los valores morales no otorgan validez a la acumulación general de la riqueza y si alguien quebranta esos valo­ res, la magia dispone de medios para volverlo al redil tradicional. En la comunidad postcolonial la magia tiene un propósito: mantener la cohesión social, en base a la igualdad social, en el disfrute de bienes y servicios. El oficio de curar y dañar no ocupa de tiempo completo al curan­ dero. Los honorarios que cobra son bastantes para que una mulata es­ clava, por ejemplo, pueda pagar su manumisión, pero la mayor parte de las veces los ingresos del brujo, apenas sirven para mantener su vida. Los curanderos indios siguen trabajando sus milpas en el cam­ po, y en las ciudades, los curanderos mestizos y mulatos trabajan en 175


diferentes oficios. En el postcolonial, el hallazgo de tesoros, de obje­ tos y bestias hurtados, las avenencias, y las desavenencias en el amor, la aflicción del trabajo frustrado, las malas cosechas, la sequía, la suerte en un juicio en los tribunales, motivan entre otros la consulta al curandero, y con ello asume las funciones que hoy día desempeñan distintas personas, entre ellas el sacerdote. La causalidad mágico-milagrosa, y funcionales que experimenta el cuerpo enfermo, se originan en la operación de fuerzas anímicas, invisibles e intangibles, que actúan en el plano sagrado del mundo y sobre las cuales los individuos del común no tienen control alguno; quienes dominan esas fuerzas, son los dioses, el demonio, los santos, los antepasados, las ánimas del purgatorio, los curanderos, que por re­ velación o pacto con los sobrenaturales, por la ingestión de drogas alucinógenas o por otros medios, logran adquirir esa potencia mágica. Así, el curandero con el poder de su mirada hace penetrar la fuerza benéfica-maléfica que trastorna la armonía de los humores del sujeto, la fuerza que posee el ojo del hechicero es tal que aún mirando a la persona por la espalda o pensando en ella a la distancia, tiene la capa­ cidad de transformarla. Basta el uso del nombre de la persona, para poder provocar un beneficio o maleficio, aunque mayores son las pro­ babilidades de que esto se realice cuando se conjuntan dos contrapar­ tes, el nombre, su efigie o su retrato, como así lo utiliza el doctor Ra­ fael Aguirre en El Salto de León, donde tiene una caja de docenas de retratos que con sus imágenes, se ponen en la misma frecuencia para amalgamar el infortunio o producir la sanación. También el curandero, después de masajear, rociar con aguardien­ te, o escobillar con hierbas al paciente, recoge la enfermedad, y por la succión, el soplido o escobillado, extrae el mal de un sujeto cualquie­ ra. El paciente deja de estar enfermo. El curandero dispone de fuerza y conocimiento necesario, ha extraído la enfermedad materializada del cuerpo del paciente, y sus familiares y amigos considerarán que salido el espíritu del mal, se recobra la salud, desapareciendo la dolencia. Estamos en presencia de una acción simbólica que responde a un esquema general necesario en la relación, salud-enfermedad, que es­ peraban los enfermos y familiares del curandero que los atiende: que extraiga el principio maligno alojado en el cuerpo del enfermo. El cu­ randero, a través de cientos de generaciones, ha aprendido que ésta es la única forma eficaz de curar la enfermedad. El hombre primitivo no 176


se preguntaba si era falso o verdadero, si la enfermedad dentro del or­ ganismo se debía a un principio maligno de naturaleza invisible. El curandero procede a una acción simbólica. Prefigura la expulsión de­ seada, por esfuerzos enérgicos y prolongados de la succión, el escobi­ llado o el masajeado, lograr triunfar sobre la resistencia del mal y ter­ mina por extraer, a veces un objeto que materializa la presencia de la enfermedad. Los curanderos no son charlatanes sin escrúpulos, ni sus clientes estúpidos o ingenuos. La voluntad de curarse es la causa eficien­ te para abatir la enfermedad. La emoción sensible es la terapéutica adecuada a la terapéutica del cuerpo doliente del cual se va a extraer el mal que le hicieron al paciente. La fórmula volitiva emitida a veces con palabras, expresa una rei­ ficación, esto es, la creencia en que la exteriorización de un deseo es capaz de producir un efecto, de su plena realización. El conjuro, la maldición y la oración manifiestan la convicción en la fuerza del de­ seo; así, las palabras son dotadas de una fuerza sensible que las con­ vierte en realidades objetivas, en enseñanzas, en instrucciones, en una pedagogía sensible para que pueda hacerse posible el equilibrio de la relación salud, enfermedad y muerte. El desarrollo de la medicina científica, abierto por la causalidad biológica, ha llegado a producir un conjunto impresionante de drogas de virtudes innegables. Durante el pasado siglo se le tuvo como factor único en la motivación de la enfermedad y se negó la intervención de la causalidad emotiva, sustentada por la medicina tradicional. El psi­ coanálisis contemporáneo, establecido por Sigmund Freud, comprobó que la razón está sometida al influjo poderoso de las emociones. Las enfermedades mentales no podían ser entendidas sin tomar en cuenta los factores psíquicos, morales, culturales, sociales, que son coadyu­ vantes de la misma. La medicina psicosomática ha demostrado que factores emotivos son capaces de producir males orgánicos y ha pro­ piciado que en las dolencias se tomen en cuenta los factores raciona­ les, irracionales, físico-biológicos y los emotivos culturales. Los en­ foques comprehensivos en la actualidad sostienen que la medicina científica debe tomar en cuenta el estudio de la medicina tradicional, llamada primitiva, como fenómenos que merecen empatía. La causa­ lidad emotiva como motivación de alguna enfermedad conduce al in­ vestigador asomarse a lo irracional que los prejuicios racionalistas menosprecian y califican como supersticiones. 177


El pensamiento del hombre primitivo y la acción resultante pue­ den parecer irracionales, no por ser ilógicos en sus inferencias, sino porque partían de premisas que el pensamiento científico no conside­ raba válidas. Ciencia y magia representan dos polos de la emoción y la razón: no es posible trazar una línea de división tajante entre las es­ feras racional e irracional de la actividad humana. La medicina indígena y la negra, clasificadas como primitivas, pueden considerarse opuestas a la medicina científica racional. Para ellas lo irracional, lo emotivo se tiene por fundamental, y lo físico es racional por accesorio. No ignoran la motivación física evidente en ciertos accidentes, pero aún en esos casos la explicación etiológica, el conocimiento diagnóstico, la predicción que pronostica y el trata­ miento instituido, se encaminan a corregir el factor emotivo conside­ rado como causa eficiente del mal. La modificación al factor aludido basta para restituir la armonía entre el individuo y su mundo, que el accidente o la enfermedad queda arreglado. La medicina tradicional negra e indígena son instrumentos de adaptación que reintegran a su medio social y cultural a los miembros de la comunidad que, al enfermarse, rompen el equilibrio de su uni­ verso. La salud constituye parte integrante del proceso social. La ima­ gen del cuerpo, unidad orgánica, unida a la naturaleza y la enferme­ dad, son expresión de una inadaptación social. La inadaptación biológica no tiene importancia o se ignora. La medicina tradicional sostiene una causalidad única: la emotiva, como origen de la enfer­ medad. La medicina occidental comete el mismo error cuando sostie­ ne como única la causalidad físico-biológica de la enfermedad. El co­ nocimiento en la universidad colonial estuvo íntimamente ligado a la utopía de una sociedad cristiana igualitaria en la que los neófitos, tar­ de o temprano alcanzarían la condición y calidad de cristianos plena­ mente conversos. La influencia misionera de los franciscanos, que fundaron en 1536 el imperial colegio de Santa Cruz en Tlatelolco, estuvo destinado a preparar a la élite indiana, en el estudio del latín, retórica, filosofía y música, agregando una cátedra de medicina. Los franciscanos no se limitaron a la enseñanza, la completaron con la investigación. Saha­ gún, prior del colegio, es el ejemplo del sabio juicioso que no desdeña el conocimiento ajeno por extraño que este parezca. Para escribir el capítulo de medicina en su obra monumental, reunió a médicos indios 178


y durante sesiones de trabajo sostenidas en el curso de largos años, les hizo hablar de conceptos y técnicas que recopiló en la propia lengua de los informantes. El contacto que estos médicos tuvieron con el sa­ bio misionero y el de los discípulos con los restantes maestros del cole­ gio, les llevó al conocimiento de la lengua y literatura latinas y con ello a sufrir la influencia del pensamiento occidental. Juan Badiano es el caso cuando traduce la obra médica de Martín de la Cruz. La de Francisco Hernández, quien al catalogar y recoger el herbario preco­ lombino no lo transcribe en forma mecánica, sino que observa y ex­ perimenta con ellas otorgándoles acciones farmacodinámicas, acor­ des con las ideas y prácticas de la medicina europea de su tiempo. Los informantes de Sahagún, los redactores del Códice Badiano, los colaboradores nativos de Hernández, retroalimentaron las ideas de la medicina occidental con la herbolaria indígena, lo que reforzó en la población mestiza la innovación y retroalimentación de ambos conocimientos que fueron introducidos en 1570 por la medicina indí­ gena. El poder mágico que los indígenas asignaron a la herbolaria, no actúa en función de sus propiedades farmacodinámicas intrínsecas, sino debido al ente espiritual, místico divino, que lo impregna. Los análisis de los complejos culturales del tabaco, los hongos, el peyote y la mariguana, nos hacen ver hasta qué punto se ponen de lado los componentes físicos de las drogas alucinógenas para imputarles com­ ponentes emocionales. Al ingerir la planta se incorporan en su estruc­ tura orgánica las condiciones de la divinidad en ella contenida: om­ nisciencia, omnipotencia, omnipresencia. El mecanismo de acción que sustenta el concepto indígena, es el de la identificación enrique­ cedora por medio del cual el individuo introyecta en su personalidad cualidades que le son propias. La medicina religiosa de los indígenas y africanos, le dan al medicamento una importancia fundamental. La dominación de la relación droga individuo, emoción, iluminación, sa­ lud, llegó a calificar el sistema total de las ideas de las que formaban parte indisoluble. La medicina mestiza, racional e irracional, que la población tenía como patrimonio obtuvo el status de medicina nacional al alcanzar su síntesis integrativa. La conservó sólo por un breve lapso de tiempo, el proceso de aculturación fue dinámico. Clausurada en 1833 la univer­ sidad y finalizada la enseñanza de la medicina áulica, penetró en Mé­ 179


xico la medicina positiva respaldada por un enorme prestigio, inicián­ dose un nuevo conflicto que puso frente a frente la medicina mestiza tradicional y popular y a la medicina positiva, científica y racionalis­ ta, que aún perdura hasta nuestros días. Rafael Aguirre. Testimonio (datos biográficos reseñados) En esta pintura, hace años imaginé una dimensión desconocida. Dibujé un círculo en mi mente, y lo dividí primero a la mitad del cír­ culo, de color oscuro, y la otra mitad en color claro y lo subdividí en dos cuadrantes. El primer cuadrante, superior, me imaginé al papá, y a la otra parte a la mamá. Dos sádicos arrancando de la dimensión desconocida a un bebé. Al recién nacido, el médico sádico lo obliga a llorar, para la oxigenación de sus pulmones; eso es lo científico. Si lo imaginas desde otro ángulo espiritual, de esa dimensión, estos dos sá­ dicos, los padres y el médico, lo arrancan de lo desconocido, para traerlo al castigo y por eso llora.

El papá y la mamá, reciben al recién nacido con alegría y toda la demás familia también, porque llega un compañero más al castigo, en donde están los otros castigados. Lógicamente hay felicidad, lo he 180


visto pero yo creo que sobrarían las bebidas embriagantes u otro tipo de festejos, pero así es la alegría. Llegado el momento, una vez que sales tienes que morir, para po­ der surgir a lo intangible. Como todo ser humano, tiene principio y fin, y así el castigado tiene ese principio y ese fin. Le toca salir ya grande, a la otra dimensión, así como también el niño llega a esta di­ mensión desconocida, por eso llora. Cuando se va el hombre a lo in­ tangible, quienes lloran son los deudos que se quedan. Cuando el niño llega todos están felices, cuando se va se quedan tristes. Él sale de esa dimensión, llegando a otra. ¿Cómo hará para volver? Algún paciente me dijo: “Dr., eso sería reencarnación”. –Efectivamente, eso sería una forma de reencarnación. Lo intangible se hace tangible, es lo mismo del que sale a una nue­ va dimensión desconocida. Ante lo cual, cuando nace un niño, uno debe de llorar, y acompañarlo en su llanto, porque realmente viene a un mundo de castigo. Cuando un niño a los tres o cuatro años, se llega a morir, decimos: ¿cómo es posible que Dios cometa esos errores, lle­ varse a un niño que es ingenuo, que no ha hecho ninguna maldad? Hay por allí un señor que tiene 100 años, y ha sido malo y todavía vive. Nunca se ponen a pensar en qué condiciones vive ese señor. Siempre hablamos bien del que todavía vive y que injusto es Dios que se lleva al niño a los cuatro años o a los cuatro meses. Así, su castigo fue de cuatro años, o cuatro meses, y se va, se termina su castigo. Si uno le diera esa interpretación espiritual, debería uno sentirse bien. Fue entonces cuando yo me convertí en platónico, para darme una ex­ plicación de lo de mi hija, de su muerte temprana y sentirme bien. Me sentí perfectamente bien. He explicado todo, he razonado todo, y pude transmitir esa copa de fortaleza a los que me rodeaban, familiares del caso, hermanos, así me explico una cosa tangible, de lo intangible. Como te comentaba sobre este cuadro, lo pintaron hace veinte años, lo hizo un pintor primitivo y lo mandé hacer para que no se me olvidara la idea, era lo más importante. Por parte de los ancestros, y por el lado materno, venían de Méri­ da, el apellido materno de mi papá, era maya. Aguirre Pech, que tra­ ducido creo quería decir garrapata. El nombre de mi papá era Gonza­ lo Aguirre Paige y el de mi mamá, Josefa Ramírez Domínguez. La abuela paterna se llamaba Concepción Pech.

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Los indígenas conservaron el apellido de su linaje y pertenecían a la nobleza. Fue el único linaje que respetaron, por esa idea que tenían de que la nobleza venía de Dios. Los apellidos nobles indígenas co­ rresponden a linajes muy antiguos, son los únicos que se conservaron en las actas de bautismo por un decreto para las Indias Occidentales de que había que respetar a la nobleza, e incluso hubo una escuela de los nobles indios de San Pedro y San Pablo en México. Mi padre nace en San Andrés Tuxtla, Veracruz, porque mi abuela se une a Guillermo Aguirre Soler, el papá de mi papá, mi abuelo, que también es de por acá. La familia actualmente está bastante esparcida por el estado de Veracruz. Aguirre es un apellido muy frecuente. Gui­ llermo Aguirre Soler, se unió, no de manera formal, con mi abuela, de la que nacen tres hijos: Gonzalo, Rafael, y Ofelia. Gonzalo, por no encontrarse papeles testimoniales de su naci­ miento, se calcula que muere como a los 65 años. La tía, murió hace poco, yo creo que era menor, pues también anda muriendo por esa edad. Mi tío Rafael murió relativamente joven, no sé si de 20 a 30 años, en un accidente, ahogado en una laguna. Mi abuelo Guillermo Aguirre Soler era físicamente muy fuerte. Un intelectual, paciente para hablar, tranquilo, consejero; mucho tiempo después supe, porque mi papá nunca hablaba de eso, que mi abuelo tuvo otras mujeres con las que tuvo otros hijos. Mi padre se enojó mucho con uno de sus hermanos porque parece ser que es trai­ cionado. Ahí surge la separación. No es tanto una separación comple­ ta, sino parcial. Mi padre de niño trabajaba mucho en las zonas taba­ caleras, que fueron florecientes aquí en la Víctoria, municipio de Catemaco, cuando los alemanes refugiados aquí empezaron con el ta­ baco. Mi papá, caminando, porque no había medios de transporte, iba de aquí a San Andrés a trabajar todos los días. Siempre tuvo el deseo de sobresalir. No quedarse, sino que quería pasar a la historia. En una ocasión buscó apoyo en su familia, que estaba bien econó­ micamente, tenían posición social. Un tío hermano de mi abuelo, Fer­ nando Aguirre Soler, fue maestro Masón grado 33. Fue presidente de San Andrés Tuxtla, y tenía un taller mecánico, que fue la primera puerta que tocó mi papá para pedir trabajo: no para que me regale algo, sino para que me dé una enseñanza, aunque no me pague, nada más que yo tenga lo mínimo para comer, si no hay dinero que sea por comida... Mi papá decía que se fue caminando, llegó de noche, salió 182


de aquí hacia allá y hay dos horas para llegar a San Andrés, son como 10 kilómetros. No sé qué tiempo se pueda hacer, pero el caso es que llegó de noche. Preguntó dónde se encontraba el taller de Fernando Aguirre. San Andrés, en ese entonces, era una ciudad como la comu­ nidad de Catemaco. Y así caminó hasta que lo encontró, pero el tío lo trató muy fríamente. Acabó diciéndole que no había trabajo. Mi papá platicaba que le dijo: Tío, si no tienes trabajo, entonces dé­jame pasar la noche en tu taller durmiendo, para mañana tomar camino. Y no se lo permitió. A esa hora regresó, caminando en la no­ che. Es algo curioso, mi papá nunca tuvo temor a la oscuridad, ni a la gente, ni a los malos o buenos espíritus. Así llega a Catemaco, cami­ nando, por eso y por muchas cosas nunca nos dejó ver a la familia, nos fue marginando. Esa actitud se va heredando; no sé por qué razo­ nes también hago lo mismo, heredé frecuentar poco a la familia. Cuando muere mi padre, me retiro completamente de la familia. Inclusive en el mismo Catemaco no saben que soy hijo de Don Gon­ zalo Aguirre; a ese extremo, porque por comentarios que a veces oigo decir, que yo no me meto para nada con la familia. Tu tía, Josefina Sánchez y Gómez Farías, que si viviera tendría más de cien años de edad, reconocía a mi papá como un hombre muy poderoso. Un hombre con una gran intuición, un gran curandero de la época que la gente admiraba y apreciaba muchísimo; y fíjate qué ex­ traño, que una persona con carisma como mi padre, tu familia lo haya reconocido como un sanador tan notable. Mi padre se acordaba de los maltratos familiares de su niñez. Em­ pieza a crecer. Mi abuelito empieza a frecuentarlo, lo que para mí re­ sultó muy extraño, pero mi abuelo venía a casa con mucha frecuencia y mi papá lo trataba muy bien. Con los hermanos no le gustaba emplear mucho lo de hermanas­ tro o padrastro, creía que todos somos hermanos, todos... mi papá empieza a crecer y busca a esa misma familia, que cuando llegaba a sus casas no le permitía la entrada: No entres a la casa porque traes los zapatos sucios, ahí espérame no vayas a ensuciar la alfombra. Esa familia jamás pensó que el mundo es como la rueda de la fortu­ na. A veces se está arriba y otras veces se está abajo. Una vez una de las hermanas vino a solicitar consulta con mi papá, y quizo tomar la delantera en la consulta, porque había mucha gente. A mi hermana, que estaba en el consultorio, le dijo: “soy tu tía 183


fulana de tal, le dices a Gonzalo que estoy aquí”. Había un mundo de gente. Si hubiera venido la señora Jose, tu tía, la hubiera pasado inme­ diatamente. Pero llega la hermana de mi padre y recuerda que noso­ tros nunca conocimos ni estuvimos cerca de los familiares de mi papá. Por lo que mi papá le dice a mi hermana, que la tía que está afuera y viene de México tiene que esperar. Finalmente mi papá nos dijo: hijos, ustedes viven de la gente que viene al consultorio, no de mi hermana, ni de esa familia. Por lo que su hermana tuvo que espe­ rar como cualquier otro paciente. Esa barrera familiar que mi padre hizo hasta la fecha sigue existiendo. Yo conocí de muy niño a Don Manuel Utrera, frecuentaba la casa que estaba a 100 mts. de la casa de mi papá; había mucha gente en esa casa, tenía un gran patio donde había pacientes internos en unos cuartos de madera. Manuel Utrera, no me acuerdo el otro apellido, es­ taba casado con una señora llamada Micaela. Don Manuel Utrera era un curandero tradicional, y lógicamente Catemaco carecía de médicos, no había carreteras. Cuando abrieron la carretera fue una fiesta para nosotros. Éramos unos animalitos, cuando llegaban los trabajadores, uno se alegraba de ver tanta gente extraña, con maquinaria pesada que nunca habíamos visto. De niño viví esas cosas, tan grandes, ¿no? gente extraña. Antes de la carretera no había médicos. Los médicos que funcionaban eran los de la me­ dicina alternativa. Los médicos que mandaban de servicio social, no se confiaba mucho en ellos, y así florece Don Manuel Utrera. Tuvo mucha gente en su momento y podría haberse igualado, con mi padre, en cuanto a calidad y conocimientos. Mi papá Don Gonzalo Aguirre Pech, entró en contacto con el doc­ tor Manuel Utrera, a principios de los años cuarenta. Mi madre enfer­ ma y va a navegar con mi papá, con dos o tres médicos, y no encuen­ tran curación para la enferma. Entonces surge el mito, el único que podría curarla es el brujo, así llamado desde aquel entonces. Mi mamá estaba bastante mal y Don Manuel Utrera la alivia. Mi mamá nació aquí en Catemaco. Cuando mi padre pretendía a mi mamá, los padres casaban a las mujeres con la persona que ellos escogían y hacían el matrimonio. Mi padre conoció a mi madre por una persona equis y no sé quién contaba que al principio no se lleva­ ron bien, porque quizá en aquella época no tuvieron tiempo de cono­ cerse y quizá apenas se vieron antes de casarse. No sé qué tiempo, si 184


días o meses, se separan, pero mi madre regresa para vivir con mi pa­ dre una unión que duró toda la vida. En aquella época seguramente no había oportunidad de que las mujeres salieran a buscar un novio, muchos matrimonios eran arreglo entre familias. El beso era apenas con la mano o con los ojos, la mira­ da. Así surge el primer embarazo, de donde sale Rafael Aguirre Ramí­ rez, el primogénito. Mi padre me enseñó a amar apasionadamente, me enseñó el amor hacia los hijos, era muy amoroso. No se casó con mi madre, nada más se junta en unión libre. Me platican que al año de mi nacimiento, mi padre se encuentra otra mujer y la embaraza, nace un niño que sólo me lleva algunos meses; me llevo bien con mis medios hermanos. Aunque no conozco a todos sé que algunos andan por el su­ reste del país. Hay por lo menos doce medios hermanos que conozco; a pesar de eso, mi padre siempre vivió con mi madre. Se ausentaba por mucho tiempo, por ejemplo cuando se fue a trabajar allá por don­ de anduvo tu tía, la señora Josefina. Cuando se traslada se lleva a otra mujer con la que tiene varios hijos. Con mi padre ausente me enfermo de nostalgia, me llevan con va­ rios médicos buscando alivio... y uno de los médicos que conocen mucho de la gente, le dijo: no existe medicina para el mal de su hijo, la causa del mal es la ausencia del padre. Le dan el mensaje a mi papá, llega y me dicen que me curé. Es la curación causada por el efecto que produce la llegada de mi padre. Juan es el nombre de mi medio hermano que tiene casi la misma edad que yo, y que nació con la otra mujer con la que vivía mi padre. Me han dicho que Juan se ve bastante acabado, él sí aparenta bastante su edad, se dedica a la albañilería. Una vez le dije a mi padre: “papá, él es mi hermano y debes aceptarlo y reconocerlo”. Tuvo muchos pro­ blemas familiares, sobre todo con mi mamá, los celos de ella la sepa­ raron mucho de mi padre. A pesar de eso mi papá vivió siempre con mi mamá. Fue bastante mujeriego, lo que me parece una necesidad muy normal, pues cada quien trae temperamentos diferentes y actúa de acuerdo a ello. La última alegría que tuvo mi padre antes de morir fueron los dos últimos hijos que tuvo con otra señora. Su medicina eran esos dos ni­ ños, mi padre ya no se podía valer por sí mismo, desgraciadamente nunca pudieron visitarlo cuando estaba enfermo, la familia se opuso. Estuvieron en el velorio de mi padre en la iglesia acompañados por su 185


mamá, y yo me encargué de atenderlos y que despidieran a su padre, no como una familia marginada, sino como si fueran de mi misma familia. Cuando mi madre es curada por don Manuel Utrera, mi padre siente más inclinación por la medicina tradicional. Empieza trabajan­ do con él, aunque mi papá ya tenía su vademécum con el que curaba a sus hijos. El médico del hogar, se llamaba el libro; debe existir toda­ vía en librerías donde venden libros viejos. El Dr. Utrera, seguramente era de Catemaco, y de aquí salía, como mi papá, los lunes, miércoles y domingos que iba a hacer curaciones a las comunidades; también daba consulta en su casa, así iba aumen­ tando la gente que mi padre conoció. Decide comprar aquí cuando to­ davía esto estaba muy retirado de Catemaco, pero no importaba lo le­ jos, porque realmente venían a buscarlo a él. No había lo que ahora hay, que los curanderos se pelean la clientela. Mi padre era bastante filántropo, llegaba el bolero y le decía, “boléame, toma diez pesos, quince pesos, cómprate una camisa, perfume, dale dinero a tu mamá”, se platicaba mucho de la generosidad de mi padre. Yo también fui tes­ tigo de sus acciones generosas. Mi padre, hizo de todo: fue taxista, estuvo en la cooperativa de pescados, hizo trueque, vendía y compraba objetos, etcétera, pero ter­ minó siendo conocido como un médico que curaba a la gente, que te­ nía un enorme poder de persuasión terapéutica. Era un hombre con intuición, que conoce el mundo del trabajo en muchos aspectos, y esto forma parte del entrenamiento de un doctor, un hombre que con­ vivió con los campesinos y los pescadores. Por los años setenta, mi papá era muy famoso. Conoció a Raúl Ve­ lasco, quien un día vino a hacer un programa sobre Catemaco, el lago, el bosque, etcétera. Entonces oyó nombrar a mi papá y lo impactó, lo entrevistó y se metió a pescar y salió pescado. Al hacerle la entrevista descubrió que mi papá era como Dios en la tierra, de una enorme for­ taleza y mucha experiencia en la curandería. Cuando nació mi hermano, con el cabello parado, mi padre dice que se parecía a un león, y le pusieron por nombre Oscar Leo, creo que por entonces le pone el nombre a su negocio: El brinco del León. Alguna vez me regalaron un cuadro de las raíces de los apellidos, y curiosamente en el Ramírez aparece el León; por ahí tengo el cuadro en la casa, con la genealogía de los apellidos y curiosamente no es por el Aguirre, es por el Ramírez, que es el León. Mi padre muere en 1982. 186


En la comunidad siempre fui tratado como payito, que es el dimi­ nutivo de Rafael. Mi papá me daba golpizas bastante fuertes, bastante agresivas, con un cinturón, que era una forma de domar a los hijos; por eso digo, no existe ningún rencor, era el modo de tratar a los hijos. Me pedían que enseñara la espalda y ahí estaban los perdigones enrojeci­ dos. Ahora meten a un padre a la cárcel por corregir así a un hijo. Así fui educado, así nace ese niño reprimido. Sin embargo, mi padre me adoraba, y así como me adoraba también era rechazante, sabía que te dolía, pero así era. Esto producía un descontrol, me acuerdo ser repri­ mido desde los cinco años. Ya sentía cierta cosa, detestaba a la gente poderosa sobre el humilde, la explotación, fui testigo de escenas que me causaban mucho dolor. Fui prematuro en las cosas sexuales, a los cinco años me mastur­ baba. No recuerdo cómo fue esa primera sensación; lo recuerdo como un sueño, y fue muy agradable, porque la continué desde ese momen­ to, hasta la fecha. Las cosas sexuales se hacían a escondidas, nunca salían a la luz, hablar de sexo estaba prohibido. Estaba prohibido de­ cir la palabra “hunche”, que significaba órgano genital femenino. Eso fue muy impactante en mi vida. Sin saber dónde ni cómo, a los seis años yo ya buscaba amiguitas de mis hermanas, con deseo. Me les echaba encima buscando juegos eróticos tempranos. Tanto así que mis hermanas me acusaron una vez con mi mamá: Rafael estaba encuerado. Realmente no es cierto, yo no sabía ni cuándo ni por dónde. Luego nos fuimos a vivir a la Isla, fueron como cuatro o seis meses. Ahí conocí a dos hermanas, una morenita y una aclaradita. Mis de­ seos intensos fueron llevarlas al río y querer estar con ellas solas, pero nunca las dejaron ir. Ahí empecé, como a los trece años, a sentir sen­ saciones extrañas, era un niño muy callado, tímido, empecé mis mas­ turbaciones. En la secundaria, a los 13 años, llegaron dos sinvergüen­ zas, uno de ellos se masturbó y así vi lo que era un orgasmo. Yo lo intentaba pero nunca terminaba, sentía una satisfacción a me­ dias. Cuando ellos terminaron me quedé solo y finalmente fue la pri­ mera vez que logré terminar. Me estaba acabando, tres o cuatro veces al día, y ya andaba con mis ojeras. Fui bastante activo sexualmente, en este momento puedo contar que tengo once hijos pobremente. En la primera generación seis, la segunda generación dos que están conmi­ go, otras sucursales de generaciones, hay otros hijos, conozco a todos.

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Sí, y los reconozco, debo cumplir, ser responsable. Con los dos que me quedaron, soy bastante responsable, están estudiando, están en profesión. Estoy por aceptar a una niña que tendrá un año o dos, y que me acepten para una ayuda, si así me lo permiten. La medicina más grande para mí es la mujer, y ya no sólo para ha­ cer el amor, sino ¿sabes qué? “tállame la mano, dame un masaje”. Eso me hace sentir bien, me relaja, me hace dormir bien, también me sien­ to más a gusto y puedo trabajar mejor después de hacer el amor. La cantidad se puede convertir en calidad. ¿Hasta dónde llega la calidad? Ayudado por factores externos, hasta Dios. Las enfermedades las tomo como virtudes. A pesar de tener la próstata grande, hipertrofia­ da, no soy egoísta. La mujer por naturaleza no es egoísta, un hombre si lo es porque uno se satisface y no toma en cuenta al otro. La mujer es más abierta que el hombre. Yo hablo más abierto con una mujer, que con un hombre. Hay que tardar en terminar, en venirte. Antes tardaba mucho cuando la próstata estaba normal, combinaba, yo tenía el do­ minio: oye vamos a terminar, no, no, no. Yo sé cuándo voy a terminar, no voy a decirle cuándo. Sabes que hago el amor hoy, mañana, pasa­ do, y termino cuando quiero. Ella puede terminar diez veces o más, y eso me da gusto. La próstata ha crecido, pero para mí eso es una vir­ tud. Aprendí a hacer eso y a dominarle eso. Fui como todos, vivir por el placer y por el deseo. Las relaciones sexuales para mí son mágicas. Cuando se casan las parejas, al primer año o seis meses hacen el amor a diario, después cada dos días, después cada semana, después una vez por mes, ¡qué falta de consideración!

La educación, la universidad de la vida Transcurrió mi adolescencia en una escuela primaria, la única es­ cuela que había en Catemaco. Desde tercer año escribo mis poemas. Había una revista que se llamaba Confidencias, no sé si exista toda­ vía, y decidí mandar un poema para una canción. No sabía si iba a ser aceptada o no, si estaba bien hecha o no. Un amigo me hizo escribir algo al vapor y lo mandé, porque mi deseo era escribir, y mandé mi poema con las iniciales R. A. R. y apa­ reció publicado en esta revista de Catemaco. Enamorado de una niña de cuarto año de primaria, le hago un poema, hago una descripción tal 188


cual y como la veía. Transcurren cinco años en esa escuela. Me acuer­ do cuando me llevó a inscribir mi mamá a primer año delante de los alumnos, me pregunta el director: ¿Cómo te llamas? Contesto: Me llaman Pancho, y todos de alguna forma se acuerdan de eso, pues to­ davía me dicen Panchito. Mi mamá después tuvo que decir mi verda­ dero nombre. No era mal estudiante, en esa edad me premiaron con un cuaderno, saqué el segundo lugar; el primero no lo alcancé porque el maestro se iba a casar con la hermana del primer lugar. No fui mal estudiante, en la adolescencia pasé a la escuela Miguel Alemán, de aquí de Catemaco, era la segunda escuela que se abría de primaria, no había secundaria. Tuve que irme a San Andrés, lo que implicaba que­ darme a dormir toda la semana allá, así como si estuviera en México, e irme los sábados a la casa. Implicaba cortarse el ombligo. A los doce años, cuando llegué ahí, pasó la cola de un cicloncito, existe la cola, como existe el cuerpo del ciclón, eso fue imponente, ver árboles, puentes y muchas cosas derrumbados. La secundaria la hice en San Andrés Tuxtla, Veracruz, en la escue­ la Isaac Ochoterena. Tuve un maestro, lo quise mucho en su momento y lo acabé odiando porque por él hice mi carrera de medicina. Daba la materia de Biología, y yo sacaba siempre diez. Ahí vivía con dos, tres o cuatro estudiantes en una casa, como huésped; desde ese momento, quise huir de casa, porque yo quería ser actor y tenía que seguir la se­ cundaria. Había estudiantes de Catemaco que regresaban de San An­ drés fracasando en sus estudios; pero salimos adelante. Así nace el deseo de huir, de escapar, pero también el arraigo familiar, porque cómo le voy a faltar a mi padre, a mi madre. El teatro lo promoví en la primaria. El director de la escuela siguió la locura y se hizo realidad, en aquellos años. Formamos un grupo, que representaba dos obras. La que yo presenté, era la de un senten­ ciado a muerte, un monólogo. Las instrucciones que el maestro nos daba era que de acuerdo a lo que hablabas lo sintieras. Esa fue la pri­ mera escuela de actuación que tuve en mi vida. Una vez estuvo Julio Alemán aquí, y le conté que quería ser actor, que pude ser actor. Aho­ ra soy actor de la vida real. Cuando terminamos la clase, empezaba la realidad y ahora sí vamos a actuar de verdad. Así me hice actor de la vida real. Había sido muy agradable. Fue en la primaria, yo era muy chico, como de 12 años. Surge la idea de huir, pero para la familia eso era un verdadero shock. 189


También surge otra inquietud, conozco a mi primera mujer, que me pega una buena gonorrea, yo sin saber que era una doméstica de un hotel, me la llevo debajo de un árbol en la noche, en la oscuridad, y esa fue la primera vez. Mi padre me consiguió un médico y ya para entonces, por fortuna, existía la penicilina. Y mi papá me dijo: ese es mi hijo, por andar de cabrón. En la secundaria surge otra cosa, el deseo de hipnotizar, una vez lo vi en el circo, y me surgió la idea de hacerlo. En mi adolescencia, en este patio que era más grande que ahora, en la arboleda, acompañan­ do a mi mamá, abajo del palo de mango, haciendo figuritas con naranji­ tas. Pasé horas soñando con las estrellas y el universo. ¿Que existirá allá arriba? Mi mente preguntaba. Con mis amigos jugué trompo, ca­ nicas, pero me sentía muy solo. Me gustaba andar con mis amigos, pero tenía mi mundo. Investigar al sexo opuesto, el color que podía gustarle a una niña, pues de acuerdo al color que le gustara podría co­ nocer su modo de pensar, su modo de caminar, su forma de ser. Una vez un amigo que presumía de saber hipnotizar, me dijo cómo hacerlo y lo logré fácilmente. En otra ocasión se me presentó un pro­ blema, y no podía despertar a una muchacha pero finalmente se des­ pertó. Le dije, ¿quieres que tu alma salga?, una, dos, tres, sal. Después quería que me dijéra que era lo que había visto, pero fue tanto mi ner­ viosismo, por el temor que tenía de que no despertara, que cuando conté uno, dos tres, despierta, y despertó, sentí un alivio, creo que la muchacha tenía un bloqueo. Eso fue por los años sesenta. La hipnosis la practiqué mucho tiempo, cuando vine a México, con amigos de la colonia 20 de noviembre, que andaban en cosas chuecas. Vengo a Catemaco, y para agradar a mis papás hipnotizo a Manuela que era la muchacha que hacía el aseo, pero de mucha con­ fianza, la acosté en la cama y le dije: duerme, duérmete. Le pregunté ¿estás dormida?, y me dice: ¡Qué dormida ni qué la chingada, pinche Rafael, yo no estoy dormida! Bajé los escalones del patio desilusiona­ do, pero no vencido, no pude, pero jamás diré que no puedo. Esta es otra de las frases para curar. Me acuerdo que una vez vino llorando la abuela de Ana María, y me dijo: doctor, no pasó este mes lo que usted le dijo a mi nieta. La señora estaba llorando. Y le dije: sí, señora, no pude, pero jamás diré que no puedo. De poder puedo, y pum, esa frase le quitó las lágrimas. No pude, pero jamás diré que no puedo.

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Desilusionado de no poder hipnotizar a Manuela, empiezo nueva­ mente a lograr mi objetivo, pasó hora u hora y media dormida, me re­ fiero con los ojos cerrados, y la hice que se subiera la faldita hasta la rodilla. Lo hice para que en mi casa pasaran un momento agradable, y vieran que ella sí estaba hipnotizada, lo aceptaron, lo reconocieron; y en otra ocasión Manuela viene con la escoba, la abrazo y la tiro al piso, y le digo: ¡No te puedes parar, cabrona, porque ahora el que manda soy yo! Sorpresa, no se podía parar. ¡Pinche Rafael déjame pa­ rar! No te puedes parar, se lo hice dos o tres veces. Eso que hizo Tony Kamo, de acostar en dos sillas, a una persona, poniendo una silla aquí y acá, de la cabeza hasta las piernas, en el aire, yo lo hice de una forma muy grosera, con el talón y la cabeza. Después investigando supe que se podían rasgar los músculos. La hipnosis fue de alguna manera una preparación para eso que es una programación mental, para poder desprogramar a la gente de al­ gunas obsesiones, que les puede causar enfermedad. Llegué a hacerlo con los que fumaban. Sacaba mi cigarro y lo hacía vomitar. Lógica­ mente después pregunté, pero en ese momento no se acordaban de nada. En tres horas empiezan a recordarlo todo y dicen: “yo no estaba dormido”. Llegué a practicar la hipnosis cuando estaba en México, estaba trabajando en el primer empleo que me ayudó a conseguir Jorge, tu primo, el hijo más chico de tu tía Josefina. Era la Farmacia Santana del señor García, preparaban medicinas, cápsulas, supositorios, mu­ chas cosas. Aprendí a conocer substancias hasta hacer cremas cold cream, aguas de colonia, etcétera. Esta Farmacia estaba en la glorieta de Insurgentes. Llegaba a las ocho de la mañana, y a veces no salía ni a comer, comíamos lo que podíamos ahí mismo, Jorge debe acordarse de eso. He tenido premoniciones, o profetizado algunas cosas, inquietu­ des, como cuando lo de Yúnez Linares, que le dije a un amigo: “acuér­ date, tú vas a ser testigo de lo que va a pasar, le van a dar en la madre a Yúnez, eres testigo de lo que te estoy diciendo”. En ese momento está pasando en las noticias. Lo acaban de quemar, anoche lo acaban de tronar, están matándose ¡no! Sí puedo hacerlo, y así es como han surgido muchas inquietudes. La hipnosis, el deseo de vivir, hacer tea­ tro en mi adolescencia.

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Entré a Ciencias Biológicas, en el Casco de Santo Tomás, aunque perdí la vocación por un tiempo. Me uní a una señora, que me llevaba unos dos años, surgió la pasión y me separé de mi padre. Empiezo a vivir mis problemas, a resolver mi situación por mi cuenta. Esta mu­ jer muere uno o dos años después, creo que fue la mujer que más qui­ se en mi vida. Se murió, nostalgia, mil cosas, inquietudes. Esa fue mi primera aventura de vivir una unión libre. Vivo un aborto con ella. La carrera, la angustia, sin dinero, empiezo a afrontar problemas, real­ mente a ser hombre, saber qué es ser hombre. Cuando tuve el trabajo en la Farmacia Santa Ana, que perteneció a los Senosiain, conocí muchísimas substancias que tenían dentro un montón de substancias raras y de frascos raros, alemanes, porque todo era de importación. En aquel entonces se preparaban muchas re­ cetas magistrales. Posteriormente la compañía deja la farmacia a los empleados, y así es como el señor García se queda con el negocio. Fui privilegiado por estar en esa farmacia, me encontré con platos de por­ celana y muy bonitos envases; me acuerdo mucho del percloruro de hierro, me corté y sangré, y me dice el señor García: ¡Ponte poquita, y ya coagulado, pero nada más ahí, no lo uses más allá!, hasta la fecha no he investigado en qué consiste la cicatricidad del percloruro de hierro, pero era una maravilla para una herida pequeña. Despachaba en la farmacia amoniaco y ácido acético, los dos con olores fuertes, lastimosos. Eran botellones como de agua, porque se vendía mucho. La lanolina, que se usa para la crema, llegaba de im­ portación, en tamborcitos especiales, como de cincuenta kilos. La la­ nolina es la grasa más parecida a la humana, con eso se preparaban varias fórmulas. También me acuerdo que me pedía la gente, 20 cms. de almendra dulce y el señor García decía: dele aceite de casa porque la almendra dulce es muy cara. La gente no la conocía, no la identifi­ caba por ser cara. Nunca me interesó ser farmacéutico, aunque lo viví de manera apasionada, preparando recetas, lo disfruté mucho. Regresé al Poli­ técnico y dije: Dios mío, si no termino mi carrera médica no regreso a Catemaco. No tengo derecho a volver, ¿qué van a decir? ¡Mira que se fue a estudiar y no terminó! ¿Qué dirían mi padre, mi familia? A mis veinte años, empecé a pensar, a ser libre pensador, fue cuan­ do entró todo en mí. Es muy difícil dejar la leche materna, ¡cómo cues­ ta trabajo! Tuve grandes éxitos con el sexo femenino, y es que no hay 192


cosa mala, no hay nada malo. Todo está hecho por Dios y punto. Y es más, hay que mirar los animales y ver lo que nos enseñan. Yo me pue­ do equivocar, porque estoy contaminado con escuela. Pero no se pue­ de equivocar la naturaleza. Se debe disfrutar la vida, tener la mente abierta, no importan los prejuicios. A veces le he preguntado a mis parejas: ¿cómo te lo hacen o cómo te hacían el amor antes? Dime para que yo te lo haga, eso y más. Mira, a mí no me va a lastimar saberlo, al contrario, me vas a motivar, para que te motives tú también. Sé más liberal con tu mente por favor, no te encierres. Esa es la vida. También viví en el mundo de la prostitución fuerte en la época de los grandes cabarets en México. Fumé marihuana dos veces, fue horroroso. Probé la cocaína, eso fue en los años cincuenta. Estaba en la vocacional, yo lo viví, yo lo quería vivir. Después de trabajar en la Farmacia Santana... viví con una persona que había sido casada. Aunque eso no me importaba, pues no estoy de acuerdo con ninguna regla social. Soy anarquista, soy crítico. Enton­ ces voy a un cabaret, conozco a una dama, le caigo bien, y me dice que si yo puedo quitarle los deseos, me lo dice así peladamente. “Yo quiero que seas mi macho”. Ya lo había oído nombrar eso, pero sola­ mente sabía que era el que afrontaba los trancazos. Y yo le dije: Sí puedo ser tu macho, pero no me gustan los golpes. No soy violento, no me gusta la violencia. En todo lo demás que quieras, comerme el dinero, saciar tus deseos, “sí pero pelearme con alguien por defenderte”. No, ahí sí que le hago cambios al machismo. Pues conviví con esa mujer como 6 o 7 meses. Iba a las tres de la mañana al cabaret a recogerla, y de ahí iba a un edificio colonial por Donceles, donde vivían varias prostitutas. En las noches se oían men­ tadas de madre de cada cuarto, de hombres, mujeres; una mezcolanza, diría de lo más bajo de la sociedad. Lo viví, lo disfruté, durante seis meses estuve metido en ese mundo. Cuando llego a Catemaco, también, por esas mismas fechas, me hago “el macho” de una dama que trabajaba en los burdelitos de aquí. Lógicamente que con las enseñanzas de México, era maestro aquí. Cam­ bia ella de lugar a Villahermosa, a la zona roja, y me dice: “¿Te vas conmigo?” ¡Sí, como no!, le contesto. Era un auténtico machín, oyen­ do música, pleitos, gritos sin fin, pero finalmente no me fui y la mujer me despidió con un: Eres un hijo de la chingada, me engañaste. 193


Al medio día salía con ella de compras, a comer. Todo tenía algo bonito. Cuando fui el macho de esa mujer me daba como ciento cin­ cuenta pesos, me convertía en un niño, para mí cincuenta o cien pe­ sos era mucho dinero. Íbamos a Xochimilco a comer, me daba rega­ los. En fin era el momento que estaba viviendo. Soy defensor del sexo opuesto, que no le peguen a la mujer, que no la maltraten, Todo eso lo viví. Hice la carrera de medicina en el Poli, en el doble de tiempo que normalmente se hace esa carrera. Me aceptaron después de dar mu­ chas vueltas. Acudí al doctor Mariano Vázquez, casi llorando para pe­ dirle que me ayudara, pues según yo había aprobado el examen de ad­ misión, que era un trabajador pero que al final siempre te ponían la calificación que a ellos les daba la gana... En fin, el doctor Vázquez logró que ingresara al Poli, hasta que terminé la carrera. En un curso cardiovascular, teníamos al maestro Béistegui. Me paraba frente a un espejo y me decía: ¡Tú puedes! En ese curso de car­ diovascular que era de dos meses, nos hicieron un examen al primer mes. Eso no es justo, dijeron todos: Usted dijo que a los dos meses. En fin, nos agarra de improviso, pero donde manda capitán no gobier­ na marinero, y a hacer el examen; lo apruebo. Empieza a pasar lista el profesor y dice: Aguirre Ramírez Rafael, sale aprobado. En el espejo me decía: No eres tan pendejo como tú dices, que no estudies, bueno, con lo que oyes es más que suficiente, tienes retentiva, y me daba cuenta de que medio dormía, en esa época. La medicina era pura memoria, pero yo no ocupaba mis cinco sen­ tidos, porque la carrera para mí no era más que un escalón para lo que en ese momento buscaba. Ocupar la palabra, la política, ser filántro­ po, hacer el bien sin más, ese es mi fin; buscar la licencia más cercana a lo que quería hacer, fue la carrera de medicina y además que me agradaba a mí le agradaba a mis padres. Como médico tuve éxito; si no saqué dieces en la escuela, en la práctica, sí me los puse, y me los puse bien. Fui un médico conscien­ te, no hablo de economía, hablo de la conciencia de lo que hacía, de sacar realmente al enfermo adelante, de querer ayudar, querer salvar, aunque el único que salva es Dios. Cuando entro aquí, entro tamba­ leante porque desconocía el terreno; empiezo a madurar, hasta que un ingeniero me dice “usted es un iniciado”. Sí, pero tengo apenas dos años; apenas me inicié ayer. En ese momento no entendía lo que sig­ 194


nificaba ser un iniciado, hasta cuando, una vez, revisando algunos li­ bros, después de mucho tiempo, me encontré con un libro de pasta azul que decía: Los grandes iniciados, vi que no era un piojo, y com­ prender las cosas que habían sucedido en toda mi vida. Terminaba así mi carrera de medicina en el Politécnico, pero mi deseo era venirme a vivir a Catemaco. Quería estar con mi familia; las raíces, como los elefantes, regresan a su lugar de origen. Ése era mi deseo, pero no podía volver sin un título. Quería venir a mi pueblo, a hacer algo por mi gente. Me costó trabajo estar aquí, y aquí estoy. Me fui de Catemaco en la década de los cincuenta y regresé por los años setenta, acompañado de una mujer michoacana que conocí en México, era mesera. Me había separado de la mujer anterior y con la separación entré en crisis. Y me dije, voy a hacer una oferta de ma­ trimonio a la primera mujer que me encuentre en la calle. Fui con una muchacha que tenía dos días de conocerla y le pregunté: ¿Tú te casarías conmigo? Vió que traía una bata blanca, que era doctor. Antes de ser doctor trabajé en una clínica. Lógicamente me dijo que no. No sabe de lo que se perdió. Enfrente estaba un café de chinos, entonces empecé a dejar buenas propinas y de ahí salió la que es la mamá de mis cinco primeros pollitos. Fue un matrimonio dichoso y duradero, más de 30 años. Hace seis ella se fue, la hija la agarró y le dijo: Mamá, vámonos; vente mamá, no te preocupes, y cayó en esos argumentos femeninos. Tenía yo 25 años cuando nos juntamos. Se fue con su hija a vivir a Lerdo. Cuando ella entró a mi vida ya tenía una hija de 12 años, a la que le di apellido y carrera, y nacen los otros cinco. Toma la decisión hace seis años; me doy cuenta de que mi esposa me engaña. No con otro hombre, con otro hombre hubiera sido satisfactorio [...] Me engaña en la relación sexual. Llegaba yo a las 8:00 p.m. y estaba despierta, lavando trastos, y yo la esperaba en la cama, desesperado. No llegaba tarde, pues si llegaba tarde ya estaba dormida. Entonces no le gusta, y como no le gusta, pues empiezo a encontrar mujeres en todos lados. Trabajé en la clínica La Prensa de ahí de Vidal Alcocer y Circunvalación, y bueno: Hoy en la noche no trabajo, son las ocho, estoy aquí en la clínica, des­ pués de que he hecho el amor todos los días, en la noche y en el día; hoy me toca descanso después de dos años, ese día que descanso, paso a ver a Yolanda. Y luego pasaba a ver a Petra o a Juana y llegaba a la casa como a las cuatro de la mañana. 195


La sensualidad está ligada a un sentido placentero de la vida, a un sentido sibarita del sabor de la vida. Creo que las capacidades de sexua­ lidad son dones de Dios, porque te permiten vivir la vida de manera más plena. Expande el sentido erótico de la existencia. La sexualidad todo lo convierte en una sensualidad, en un placer por la vida. Estoy seguro que merezco un altar, a eso me mandó Dios, acá a este mundo, ¿no? Si ese placer se proyecta en las cosas de la vida, lo empiezas a ma­ nifestar en los demás. Lo empiezas a manifestar en la consulta, al gra­ do tal de que llega una mujer muy seductora y dice: “yo quiero hacer el amor con usted, doctor”. Adelante, y a mí que me gusta, no me lo van a decir dos veces. Creo que a mi mujer no le gusta nada de eso, así pasa una mala vida. Soy el responsable, cumplo en forma económica, cumplo con mis hijos, cumplo con todo, lo que no cumplo es en la re­ lación sexual con mi esposa. La pedagogía sensible: Enseñanza-aprendizaje para la salud Un médico de escuela se dedica a ver enfermos, pero un médico no debe ver solamente al enfermo, sino sobre todo al entorno familiar. Cuando una persona está enferma no es el paciente, lo que hay que ver únicamente, hay que ver a todo el nicho familiar. Cura a la familia y ya curaste al enfermo. Si no curas a la familia, la familia no le va a dar la medicina a la hora, va a poner poco interés. Entonces primero cura la familia que claro también está enferma, y ya luego al enfermo lo tienes en tus manos. “Doctor, me da unas vitaminas”: ¿Qué te pasó? “Es que me siento débil”. Y eso a qué se debe, ¿en qué trabajas, qué haces? Como me acabo de casar, quiero preguntarle a usted, ¿cuántas veces puedo hacer el amor?”, ¿Cada cuánto lo haces? “Pues lo hago cada dos días, tres días, yo quiero saber si eso es normal, si no estoy demás”. “Pues no sabría decirte, yo lo hago cuatro veces al día, los trescientos sesen­ ta y cinco días del año. Y no te puedo decir hasta este momento si sea malo o no. El hombre, puede tener un potencial orgásmico, que puede ejercer todos los días”. Tener a alguien que tenga la capacidad de excitarte de manera per­ manente es una virtud. Es una pareja, y hay que educar a la pareja. Lógicamente a mi edad, pues creo que para estar excitado todos los 196


días, necesito diferentes parejas; pero si te enseño a que sea diferente cada día, vamos a hacerlo todos los días. El consultorio estaba abierto las 24 hrs. todos los días, pero ahí yo tenía una mujer que me hacía feliz, por eso es que yo estaba puntual en mi consulta, en el día y en la noche. Es realmente maravilloso estar despierto las 24 horas del día, de veras es maravilloso. Y venía y si respondía con mi esposa, jamás dije: es que no puedo, vengo cansado, ¡no! lo que me faltaba era más mujer; transcurre todo eso y a ella pues no le agradaba. Mi padre fue muy conocido en esta región por mujeriego, yo here­ dé de mi padre. Se nace con eso, y me doy a conocer de esa manera; saben que mi talón de Aquiles es mi debilidad por las mujeres. Pero también es el origen de toda la magia, cuando no hago el amor baja mi energía, lo percibo, ando mal, como perdido. Quería probar cómo se siente hacer el amor con temperatura y una vez con fiebre tifoidea, dije: ¡lo voy a hacer! Fue como la mitología del dragón, sacas lumbre por la boca. La leche era lumbre, sentí que era como estar en el fuego. Otra historia: Llegan dos hermanas, jóvenes domésticas; andaba agotado, no quería saber de mujeres; pero entra una, le pido se suba a la cama y al verla abierta..., pues me dijo que sí, y ahí voy. Pero lo hice también con su hermana, que también se insinuó y me dije, pero lo acabo de hacer y en fin, pues me subí, al fin que no tenía ganas. Súbe­ te, al ver, que sí podía: pues órale, no le vaya a decir nada a mi hermana. No sé si con el tiempo se hayan contado entre las dos lo que pasó, todo esto es parte de mi vida. Regalar mi semen a quien lo quiera. Ejerzo mi carrera como médico, malo está en que yo lo diga pero tuve éxito. Fue buena, por capacidad, buena por cumplir las 24 horas que deben de cumplir los médicos, que deben dar servicio a los pa­ cientes. Los médicos de antes otorgaban un buen servicio. Esa idea de apostolado, de trabajar para aliviar el dolor de la humanidad, sin des­ canso, ya no existe. Ponen horario a las enfermedades, ponen horario a muchas cosas. Pero no, el médico no debe darse ese lujo. Trabajé cinco años, con las puertas abiertas del consultorio, y lo atendí siem­ pre con una mirada sonriente a cualquier hora. En cierta ocasión, con 39 de fiebre tifoidea, a las 2 de la mañana, estaba haciendo una receta para un paciente; es muy bonito, aún en momentos difíciles, entregarse así. En el momento más álgido de mi vida, di más de 100 y pico de consultas al día. Mi padre en forma in­ 197


tangible estaba trabajando conmigo y seguro que me estaba viendo, oyendo, diciendo: Ése es mi hijo, es el ejemplo que di. Me siento muy contento, mucha pasión para trabajar. Entonces como médico la hice y cumplí bien. Cuando decidí abrir abrí, cuando decidí cerrar, cerré. Sin engañar a la gente. Me acuerdo que una vez, bajé y encontré al velador con las puertas entrecerradas, eran las 2 o 3 de la mañana, y le dije que no podía ce­ rrar el consultorio a ninguna hora ni de noche ni de día. Fue mi forma de trabajo como médico, bien trabajados los trescientos sesenta y cin­ co días del año, durante cinco años. Cerré, tuve éxito, después de ahí, me pasé acá, al Salto de León. Lógicamente me costó trabajo la aceptación de la medicina alternati­ va, porque me decía: Cómo voy a engañar a la gente, si no sé engañarla. La medicina engaña a la gente, te enseñan un lenguaje para po­ der timarla y el médico está consciente que su lenguaje es para mentir. Es una carrera noble con un lenguaje que usa palabras rebuscadas, que a su vez ni el mismo médico entiende; las repite porque se las aprendió de memoria, pero no sabe nada. A un médico que le digo: “tengo acné”, seguramente me va a decir que se dice acné, y no acmé. Y lo puedo decir de las dos formas, la palabra original fue acné; las dos son válidas, así está escrito en el diccionario médico biológico. He estado interesado siempre en el diccionario; busco las palabras, las compongo, las descompongo, las uno, hago mil cosas, y es en lo que más pongo atención, en las raíces, en el significado de las raíces de las palabras griegas y latinas, y casi a veces adivino de dónde vie­ ne, y en ese aspecto sí me gusta exigir a mis hijos, a la gente, las raí­ ces de las palabras. Los médicos decimos muchas idioteces, pero no sabemos lo que decimos porque nos enseñan a mentir. El charlatán era el médico. Yo como brujo no tengo nada de char­ latán. Hay algo que sí voy a decir, que si se puede salvar una vida a costa de una mentira, hay que salvar esa vida. Por ejemplo, llega con un psiquiatra alguien que está a punto de suicidarse, porque se le fue la mujer, la novia o la amante, lo que sea, y está a punto de suicidarse, el psiquiatra cobra caro, y el paciente le dice que lo ayude a quitarse ese dolor intenso que sufre. El doctor le contesta: Lo vamos ayudar, va a venir a consulta lunes, miércoles y sábados, pero si se pasa un minuto de la hora en la consulta interrum­ pe al paciente y se va. 198


Yo no soy psiquiatra, viene conmigo, viene dolido, viene llorando, me dicen que usted es brujo y mire, hay esto, el otro. ¡Sí, cómo no! ¿Qué necesita?, le pido una foto y empiezo a darle la seguridad que necesita el paciente. Bueno, ¿qué necesito hacer?, no le voy a cobrar cien pesos para hacer el trabajo, necesito tu foto, la de tu novia y el nombre de ella para realizar el trabajo. De ahí ya está tomando la vo­ luntad de fuerza: ¿En qué tiempo? –Quince días–. Ya le di la esperan­ za firme de quince días. Le estoy dando la fuerza para que espere quince días. No media hora, no un segundo, le estoy dando la seguri­ dad de 15 días; si a los quince días viene a verme, ya aguantó quince días, ese tiempo ha pasado algo en ese cerebro, y viene reclamante: Doctor, no ha regresado conmigo la muchacha, sigo con la angustia, pero me he dado cuenta que la mamá de mi novia no me quiere; sí, me he dado cuenta de que la mamá de mi novia no me quiere. Entonces dame el nombre de la suegra, porque... Sí, doctor. En quince días más se ve con más fuerza. Doctor, no ha regresado..., pero ya también noto que tiene más fuerza para aguantar. Sí ya no tarda porque ya me di cuenta. Oye tú tienes un problema, Sí, pues eso se te olvidó decír­ melo, lo voy a apuntar, porque me está bloqueando mi trabajo. Doctor en quince días más. Los cuarenta y cinco días, “Oye doctor acabo de conocer una muchacha se llama Epifanía”. Sí hombre, yo te ayudo, no te preocupes, y cambia todo. El psiquiatra no hace eso. Hice que aguantara el dolor, por medio de la esperanza. Bueno, me digo: ¿Hice mal, no salvé una vida? ¿Cuántas vidas he salvado? ¿no? Cuántas vidas he salvado, cuántas salvó mi padre, y la experiencia me confirman con la gente que ha regresado. Una vez llegó un médico que quería oir la consulta de una muchacha de 30 años, que andaba con un muchacho de 20. Con una furia demoniaca, 30 con 20 y con dos niños la muchacha. Tenía 20 el chamaco, y llega llorando la mu­ chacha, “fui casada y abandonada, entonces conocí este muchacho y mi papá no quieren que viva conmigo y tiene cuatro días y no ha regresado, yo lo extraño y estoy llorando, y no me aguanto y no soporto”. ¿Cuántos días tiene que no regresa? Dice, van cuatro días. “¿Oye y cuando estabas con él cuántas veces tenían relación?”, “pues a diario doctor”, “¿qué tiempo tiene que se fue?” “Cuatro días, trabajo en una tortillería y me pagan diez pesos diarios”. Ella se va y regresa, me deja la foto del amante. “No te preocupes, hija, me lo puedes pa­ gar con un peso mensual. Dame la foto, ya está. Vete tranquila, hoy es 199


miércoles, el viernes ya va a estar de vuelta en tu casa”, con esa segu­ ridad, con esa lógica. El doctor que vino a escuchar la consulta, me pregunta: “¿por qué con tanta seguridad que volvería el muchacho?” Mire, tantos días de no comer, él anda muerto de hambre. La mucha­ cha regresó a la semana, “gracias doctor, aquí le traigo cincuenta pe­ sos, porque volvió...” Eso es cuando el curandero, o la medicina alter­ nativa, sabe manejar situaciones. Si las cápsulas son de aire, y eso va aliviar, hacen el efecto necesario, lo importante es lo que siembres dentro de la gente (Aguirre, Testimonio, 2008). Cuando nosotros tenemos el caso de una enfermedad, dijéramos irremediable, como el cáncer, la seguridad interior del paciente es un remedio ambiguo, si se salva me vas a aplaudir, si no se salva, no me lo vas a agradecer, pero te ofrezco cómo entender las cosas, lo que Dios mande. En una sola cápsula quitas el dolor o enseñas a soportarlo. La cantidad de personas consultan este asunto por una enfermedad real, o por una enfermedad del alma; por ejemplo la novia, que se va. Como ves, en esa distancia entre una dolencia concreta o una dolen­ cia moral, espiritual, como por ejemplo un problema de amor, es lógi­ co que el médico que soy se pueda encargar de la dolencia física, pero también de la moral. Cuando la que va a parir llega con el médico, después de haberse atendido con la comadrona, y llega en condiciones críticas y maltrata­ da por la comadrona que no tiene conocimiento del parto y se le mue­ re en las manos al médico, dicen los médicos son malos, no culpan a la comadrona. En este afán terapéutico de sanación, la gente le da igual ver al médico brujo por razones morales que por razones físicas. Primero va con el médico, en la cosa física. En el camino se va en­ contrando a personas, –a dónde vas, –voy a ver al doctor fulano de tal, porque fui a ver al doctor fulano de tal y no me hizo nada, –oye no se te hace que te puede hacer algún daño, –y empieza otra esencia, otro ángel a funcionar, y así le va restando poder al médico científico, hasta que llega el momento en que el paciente se está poniendo grave físicamente. Entonces se cruzan las esencias, y al final acaban en si­ tuaciones críticas, que el brujo haga milagros. El brujo realmente va a encontrar un milagro, porque ya la esencia las trabajó. Aquí yo no hago nada, ya vienen a curarse porque vienen con la predisposición de aliviarse. Ahí se sientan los triunfadores, los pendejos siempre se regresan, no llegan. Entonces el paciente después de mucho batallar, 200


viene con la disposición de curarse y uno le dice: ¡ya te curaste! Ló­ gicamente cuando no se alivian, no le echan la culpa al brujo, porque vinieron buscando un milagro. El médico tuvo la culpa porque retrasó el soplo divino del brujo. Igualmente, pensándolo al revés el médico podría echarle la culpa al brujo. La cosa espiritual así la entiendo, así la he vivido. El dolor de la gente en cualquier forma, física o moral, hace al in­ dividuo cambiar a la medicina alternativa. A mí me mueve el dolor humano, yo lo he sentido. Si mi sonrisa sirve para quitar el dolor que bueno, además, si puedo con este trabajo sacar adelante a mis hijos me gusta más. En primer lugar ha habido gente, que le digo, le voy a cobrar tres­ cientos pesos “entonces doctor le traigo trescientos pesos y la foto”. No... me entendió mal usted, primero me trae la foto, y después viene el dinero. Eso tiene un fondo filosófico muy importante. Dame la foto y atrás viene el dinero, nunca lo hagas al revés; si lo analizas con pro­ fundidad, ahí se encuentra una explicación de muchos hechos, el trá­ fico, la comercialización inhumana que se ha hecho con el dolor hu­ mano, tanto en la medicina alternativa como en la medicina de sindicato. El médico científico porque está dentro del sindicato, esta­ mos dentro de un sindicato, porque puedes ejercer si tienes cédula profesional, sepas o no sepas. Por eso me siento muy a gusto margi­ nado, dedicándome a la medicina alternativa. Cuando empecé mi carrera de medicina ya ejercía la curación al­ ternativa. La medicina sabía que curaba no por la medicina misma, sino porque uno le daba un plus a la medicina. Una vez una compañe­ ra que yo tenía, salió uno o dos días a México, a hacer compras. Me encargó el consultorio y me dejó firmadas dos recetas, una para adul­ to y otra para niño. La medicina no es ninguna ciencia: ampicilina, bactrim, a la garganta, al oído, a la nariz, a los ojos, a los dedos. Dicen que cura la tifoidea, y otras cosas más, así que esa receta fue para el adulto. En el niño lo mismo pero en suspensión: receta esto mientras vengo, y le das la cita en tres días. Hace falta la ética, y ¿cuál es la éti­ ca?. Es hacer bien a los demás. El fin justifica los medios. Comprendí que no es la medicina la que cura sino es la forma, es la esencia. En la medicina alternativa, cuando tenía un año aquí, llega una persona de la religión de los Pentecostés, protestantes que todo lo ex­ plican con la Biblia, me pegó como si un boxeador me hubiera no­ 201


queado mil veces. El caso es que quedé muy deprimido, y pensé que era mejor regresar a la medicina científica. Me duró la enfermedad y el deseo de retirarme casi un mes, pensando en ello día y noche; en una de esas surge el reto, ahora si viera a esa persona otra vez, le be­ saría los pies, me arrodillaría y le diría: gracias a ti soy. Dios me puso el reto que mandó para que yo me superara y lo superé, y ahora éntra­ le al toro porque ya puedo defenderme. Mi papá decía: la gente te va a enseñar. Muere mi padre y estoy aquí, me gusta mucho mi ejercicio, todo lo que hago es ayudar a mi­ nimizar el dolor de los pacientes. Puedo servir a la gente. Cuando un hombre quiere a una mujer y no es correspondido, se deprime y viene a consulta porque le duele el brazo y no sabe por qué. Los problemas morales tienen que ver con la salud y mucho; hay una baja de defensas, cuando el individuo se siente deprimido y ahí apare­ cen las enfermedades. Habrá algunas más graves y otras según se pase una temporada más larga o más corta en el estado de depresión, hasta el cáncer. Yo me acuerdo que vino un amigo, y me platicó que esposa la estaban ra­ diando, que tenía sida. Se le vuelve hacer el examen y no tiene nada. Las defensas a la baja son la oportunidad de que entren las enferme­ dades; el médico muy frecuentemente hace que a sus pacientes les ba­ jen las defensas. El médico no va hacer un interrogatorio amplio, no platica, no es comunicativo, no se interesa realmente en su paciente. No está entrenado para eso, siempre anda a la carrera. El médico se deshumaniza, se vuelve flojo, perezoso. Llega una señora y una muchacha de unos 16 años: “traigo a mi hija que empezó a temblar, en la mañana, un temblor que no se le qui­ ta”. La reviso y no tiene nada. ¿Tú lees, hija? Pues sí, novelas, ¡ajá!, ¿y leíste algo ayer o antier o ahora?, platícame qué era lo que estabas leyendo. Pues que el papá abandona a la mamá. La muchacha me es­ taba platicando la historia de su papá que tenía como dos años que las abandonó... Mira, hija no tienes nada, lo que te voy a decir es que no te metas de protagonista. Cuando leas ten madurez para hacerlo, y si no tienes madurez no te pongas a leer eso, porque siempre vas a tem­ blar, aunque yo te diría que insistas para que domines ese tóxico que te está dañando, y así vas a poder leer lo que quieras. Eso es hacer medicina, eso se puede canalizar por brujería, que con­ siste en tener una atención más humana, más profunda con el paciente. 202


Así como te explicaba cómo el médico baja las defensas, también las defensas se pueden subir con la medicina alternativa. A una perso­ na que tiene cáncer, hay que subirle las defensas para que produzca las substancias necesarias de su propio organismo y pueda ser capaz de superar la enfermedad. El médico científico no ha encontrado esa medicina. Así con todos los problemas: el problema de la ecología, el de la salud-enfermedad, donde el terapeuta a lo mejor para hacer un diag­ nóstico, y ofrecer una terapia adecuada para cualquier paciente, va necesitar del brujo, del psicólogo, del especialista de la farmacia, van a tener que trabajar juntos. Humanizar a la medicina, hacerla más ci­ vilizada, salvarla de esa salvajada de la medicina burocrática y los malos doctores. Pero lo mismo pasa con el 90% de los brujos, son unos farsantes, pero a lo mejor hay que entrenarlos, que cumplan con una misión y quitarles esa culpa de que están engañando a la gente y que dejen de engañar, que trabajen con una terapéutica adecuada. Que sean serios, responsables, morales, porque tanto en la medicina alter­ nativa como en la no alternativa estamos en lo mismo, engañando también. Sucede en el mundo en general, la televisión engaña, engañan los políticos, estamos en una crisis de principios. Ayer en la noche, revi­ sando el libro de Política Educativa que me regalaste ayer, vi una cita que me gustó mucho; todo lo que dice es verdad y pienso que si así está la entrada de este edificio, cómo estarán las recámaras y la sala, le voy a dar el libro a mi hija, para que me lo traduzca, porque me inte­ resa mucho en este momento que estamos viviendo. Este país no fue hecho el día de ayer, lleva varios siglos, está en los genes. Ahora se está resintiendo más, pero no hay que esperar que los cambios se vayan a hacer en un día; le decía a mi hija: Mira, realmente eso del cambio en México es tan fácil, fácil. “¿Cómo va a ser fácil papá? En quince años cambia México totalmente. En primero de primaria hay que enseñar qué es honestidad, y que sepan elegir, que no haya corrupción desde el primer año de primaria, cuando este niño vaya en los quince, en secundaria, ese niño está cambiado totalmente. No necesitamos al adulto, al árbol chueco no se le puede enderezar. El cambio está en quince años, no en treinta, nada más cambiando a los ni­ ños, claro, me dice mi hija: “Pero, papá, tenemos que traer maestros japoneses, porque ellos son los mismos que acabaron con este país y 203


además son una potencia, con sindicato y todo”. Sí, hija, tienes razón. Hay que empezar por los maestros. Poder cambiar la mentalidad de un niño, lógicamente el problema que va a tener va a ser en casa, con la familia. El eterno pleito del pa­ dre-hijo. No es para que falte comida, es para que haya más, para que sea mejor distribuida. Lo que haría yo si fuera Presidente de la Repú­ blica, es tomar una pistola y darme un balazo, para ayudar a la gente. Un corrupto menos es ayudar a la gente. Leí la cita de Sergio Zermeño en tu libro [Educación y cultura. Políticas innovadoras] y me emocionó mucho, qué lástima que eso está en tu libro sobre la situación del país y no hagamos nada, estamos callados, sin voz. Un siglo nuevo necesita una mentalidad nueva y co­ sas que aún no hemos oído. Hay cosas que no hemos tomado en con­ sideración de manera importante. Considerar las cosas que hemos abandonado por prejuicio, como es la medicina alternativa, es conve­ niente oírlo, no hacerlo es un prejuicio mayor. Entonces el prestigio de la ciencia matemática, por la cual se com­ probaron los principios de las ciencias y las artes, se acabó. La lógica matemática del pensamiento racional está aniquilada. Ahora estamos buscando lo que no es lógico, lo que no está en la media, lo que está en los extremos, lo que creímos que era loco, lo que dijimos que era anormal, lo que dijimos que no tenía sentido, lo alternativo. Para lle­ gar a esta parte vamos a llegar a algo que se llama paranormal, para poder llegar a lo normal. Entonces vamos a empezar desde ahí, desde el primer escalón. La ciencia está súper desprestigiada. Netamente en todo, hasta en los Nobel, ya le dan los Nobel a cualquiera por cuestio­ nes políticas. Y esta gente de los neoliberales económicos, hundieron a millones de personas en la pobreza. Les dieron el Nobel a los nuevos econo­ mistas, que fueron los que patrocinaron, hicieron, formularon mate­ máticamente, etcétera, que hundió en la miseria aún más al tercer mundo; aumentaron los intereses, quitaron los beneficios del trabajo, hicieron trabajar a la gente como en China, por horas, donde duermen y comen en la fábrica, están ahí 18 o 20 horas, les pagan tres centa­ vos, y ellos han sido galardonados con el Nobel. Esclavizaron al mun­ do otra vez, porque ese es el mundo que deja muchísimo dinero, el origen de la riqueza americana es la esclavitud, ellos crearon las pri­ meras grandes fortunas americanas. 204


Se me ocurrió, hace un año, ir a comprar una piecesita de un apa­ rato a Veracruz, veinte pesos, de esos veinte pesos a ese señor le de­ ben quedar unos 5 centavos, todo lo demás se va a un embudo grande, a Estados Unidos, todo va a dar a un embudo. La mitad del Producto Interno Bruto actual se va para allá, en pago de deuda de intereses de un servicio de una deuda interminable, las horas de explotación, las brechas que se abren, los productores de co­ nocimiento, de tecnología, diariamente en el mundo, que lo renuevan cada 100 días, y nosotros que tenemos, una atraso tecnológico de más de dos siglos, más la explotación de este terrible monstruo americano que se ha convertido en el policía del mundo, que está ahí y que deci­ de cuánto cuesta el dinero, del interés, cuánto me debes, yo creo que estamos en una crisis nunca vista, de valores, de dinero, de todo. Hay que vociferar bastante, aunque a veces perdamos la compos­ tura. Árabe, gringo y de todo, es lo mismo. Es el poder de los árabes que controlan la banca en México y si se descuidan van a controlar la del mundo. Las desigualdades de este país son algo terrible pero van a ser en el futuro la chispa de la próxima explosión social. ¡Sí!, hay un peli­ gro, no me toques porque puedo explotar. Con toda seguridad se van a caer nuevos productos, descubrimien­ tos que hacen más daño que el agua contaminada, hay que buscar al­ ternativas. Los primeros pacientes de daño espiritual, algo que tiene que ver con los sentimientos o emocionales. Llega un muchacho del D. F. con traje, bien parecido; no creo que rebasara los treinta años. Diviso que era una gente que había leído, “Doctor –me dice–: vengo buscando cuánto me cobra por protegerme, que no me vayan a matar”. “Te voy a cobrar doscientos pesos”, lógicamente no era más que una estrate­ gia de mi parte, dame tu nombre ¿...? Se va y sigo dando consultas y después de todas las consultas pienso: ¿cómo voy a proteger la vida de este muchacho? Pasados quince días me encuentro con él en el ca­ mino. Me acordé de la frase, Cuídate de tus amigos que de tus enemigos yo te cuido. Entonces él ya sabía de sus enemigos, tenía que cui­ darse de sus amigos; yo lo iba a cuidar de sus amigos y enemigos. Las ideas fueron saliendo, después así todo fue más fácil. Sigo adelante hasta que me encuentro con una muchacha que por todos lados me pateaba; era Pentecostés, boca de lobo. Pero me fui 205


documentado en cosas bíblicas, claro a mí me dejó la enseñanza para defenderme, y agradezco mucho porque ella, me obligó a defender­ me de las personas fanáticas religiosas. Me acuerdo de otra consulta, un señor trajeado de México, ya ma­ duro. Mi padre estaba allá adentro, respaldándome. Este señor entra, se sienta y dice: “Usted es el señor Gonzalo”, “No, yo soy el hijo del señor Gonzalo”. “Dígame ¿qué desea?”, “pues yo estoy enfermo de la garganta”. “¿De dónde viene usted?” “Vengo del Distrito Federal –dijo–. “Perdóneme lo que le voy a decir, pero se me hace una pende­ jada venir de donde están los buenos médicos, a Catemaco, para cu­ rarse de una dolor de garganta. Platíqueme su problema”, y empezó a platicar su problema. Mi papá como lobo, manejó la situación con mucha seguridad. Miradas, gestos, después ya entraron en convenios, se trataba de una persona que sólo venía a ver de qué se trataba la cu­ randería, y salió curado. Esa fue una experiencia que nunca se me ha olvidado, lógicamente esas experiencias en el camino se repiten, por­ que hay quienes vienen en plan crítico, y pues en ese plan los veo y los curo también. Les hablo en una forma rigurosa, estricta, es como diciendo: A mí no me vas a sacudir, nos vamos a sacudir juntos. Pacientes muy enfermos, ahí si me costaban trabajo los enfermos físicos, porque tenía que sacudirme, quitarme la medicina. ¿Qué ha­ ces cuando te llega un enfermo de tuberculosis?, porque ya me llegó uno que tenía, que abandonan al médico en un tratamiento clínico muy difícil. Son gente tan humilde, que arrancan casi las lágrimas. “Mire doctor, llevo a mi esposa con el doctor de allá y mire lo que me da, unos estudios, dice que está picado el pulmón”. Veo las radiogra­ fías, los tratamientos, no quiere que le repita lo mismo, verdad. “Mire este médico anda muy mal, lo que usted tiene es un daño”; “Es lo que yo decía, nada más que los médicos no entienden de eso”. Había abandonado el tratamiento hacía una semana, por el alto costo que tenían las medicinas. “Tienes un daño, ya no es solamente un daño orgánico. Sí hay que tomar una medicina”. Era gente muy pobre. Una ampolletas diarias de estreptomicina, es un poco caro. Manejar su fe, el mal ya hizo un daño orgánico, el mal lo quito yo, el orgánico la medicina. “Esta medicina se la va a tomar durante tanto tiempo, y le vamos a mandar más estudios y a ver si ya va cicatrizando, lo que hizo el daño”, con ese lenguaje tiene que hablarles, así aguantó el tra­ tamiento; porque también hay que hablar con la familia, al curar a la 206


persona conozco a los demás, y hay que estar pendiente de todos los demás. Hay casos todavía peores que la tuberculosis; se está recrudecien­ do el padecimiento del sida. Tuve un caso, hace unos diez años, y lo saqué adelante con esa fe que el médico no acepta. Hay gente que lo necesita, sobre todo en casos terminales, pero no como los testigos de Jehová, que prefieren morirse antes que ponerse una transfusión de sangre. A ese extremo llegan y a veces el mismo paciente prefiere la muerte. Tan fuerte es la fe religiosa, que prefieren la muerte. Los dogmas socio-religiosos, magnifican y distorsionan los senti­ mientos conduciendo hasta el suicidio y es cierto, me siento pecador, me voy a matar. Ese paciente, que me pidió que lo protegiera, se fue menos preocupado, más confiado y puede salvar su vida. Cuando vie­ nen los pacientes en general recurro al tratamiento médico tradicio­ nal. Actualmente ya no manejo la medicina. Trato sobre los daños del bien y del mal y los mando con un médico para que vean cuestiones medicamentosas. Los casos que más me han impactado en ese medio, es ver cómo los médicos resuelven sus problemas, aprovechándose de los proble­ mas de los pacientes: corta una pierna, cobra dinero; resuelve el pro­ blema de él, complicando al paciente, yo creo que eso se ve en todo el mundo. El caso del niño que me trajeron con parálisis cerebral y que aseguré un ochenta por ciento que el niño se iba a recuperar en un mes. Lo trajeron amarrado y al mes el niño se valía por sí mismo con unas simples gotitas. “Doctor me da pena lo que le voy a decir”. “¿Qué, no le dieron la medicina, que le había mandado el otro doc­ tor?” “Sí, y no es que se me olvidó, lo que pasa es que ya no quiero dársela”. “No, madrecita linda, que bueno que le quitó esos venenos”. Para eso servimos, para envenenar a la gente. Yo no le estaba mandan­ do más que unas gotitas de vino Jerez; eso le hizo bien, se compuso. ¿Qué hizo el efecto terapéutico de la cura? Cuando yo digo: ¡No se preocupe!, en ese minuto, en esa milésimo de segundo, te vas a curar, te curas ¿Qué le dije al padre? ¿Cómo fueron las palabras? Así, drástica­ mente, la mamá me dice: “Doctor, lo puede curar, necesito verlo”. Ya que lo fue a traer y vi cómo estaba el niño, dije: “Le voy a hacer ho­ nesto, solamente le puedo resolver un 80%, si usted me pide 79% no puedo, si me pide 81% no puedo, lógicamente el 80% para usted van 207


a ser 100%, es todo, pero bueno, le voy a cobrar cuatrocientos pesos; y ya, en cuatro o cinco días que deje las gotitas, todo se arreglará”. Momento espiritual del flashazo, fue aquí o fue al vaciar el vino. Des­ pués fui a visitar su casa en Tabasco. A curarla sin agua bendita, como hacen los sacerdotes que dicen que nosotros tenemos un pacto con el diablo. Jamás se les ocurrió decir que tenemos pacto con Dios, por­ que saben que perderían clientela, eso sí es muy de ellos, pueden ha­ cer la sanación por Dios. Aquí en Catemaco la iglesia sigue siendo igual. Unos sacerdotes, hacen exorcismos, creo que ahí si yo diría que hacen mal, porque lo van hacer de otra forma. Pues si haces un exorcismo haces todo ese ri­ tual, yo sin ese ritual lo puedo hacer. Me trajeron una vez, una paciente con un problema mental, ama­ rrada. “Le cobro tanto señora y en ocho días está bien”. “Doctor ya he recorrido muchos médicos..., ella no duerme, no puede dormir, por eso cayó en pérdida de razón. Ella empezó así.” Primero tengo que tratar a los familiares para poder curar, si no me gano al familiar, no voy a poder curar; hay que dar terapia a los familiares, para que sean míos. Entonces le dije: “En ocho días, voy a hacer, que duerma. Le voy a poner esto. Usted le va a dar esto, y se la ponen para dormir”. “Pero oiga doctor, ¿si se despierta a las once?” “Se la repite otra vez, y así se quedará dormida, aunque esté dormida dos días”. Efectiva­ mente, a los ocho días estaba normal la muchacha, ya me la trajeron sin cadenas. No le veo nada de ciencia, ni para los psiquiatras, ni de ciencia para el brujo como yo, charlatán como yo; simplemente, al sa­ ber manejar el momento, hago un bien, un bien que a esa muchacha le duró uno o dos años y volví hacer lo mismo. Lógicamente volví a co­ brar, no le costeaba estar recayendo, dejó de recaer, luego llegaron re­ comendados de esa parte. El médico de la comunidad diría: Ése es un loco, y hay que llevarlo con el psiquiatra. Soy brujo, soy igual que us­ ted, soy un ser humano, tengo necesidades como todos los demás, no se confunda. Luego me trajeron otra enfermita. En ese tiempo mi papá me dejó unos huevos, con los que hacen la limpia, aquí los tenía. Entonces traen a la enferma los familiares; vi que venía agresiva y creo que la traían amarrada, pero aún así se defendía. Me le quedé mirando y en eso giro tantito la vista y vuelvo; veo que agarra el huevo y pum que pega aquí, me hice a un lado, aquí se rompió, me dio coraje, sentí coraje. 208


Dije “¡Agárrenmela por favor y pásenmela ya!, le voy a dar una lim­ pia, pero agárrenmela”; entonces yo sé que el alcohol y mentol, ca­ yendo en los ojos, no los puede uno abrir, hace lagrimear algún tiem­ po, y eso hice porque entré en coraje. Sí me acuerdo, de esa paciente no hice nada, no sé, el que se enoja pierde. Pero con eso quiero decir que aún como brujo le cae de todo, que viene con cáncer, que viene el loco, no puede uno negar el servicio, tiene uno que darlo porque lo ven a uno de manera muy diferente. Hay casos impactantes. Eso lo puedo demostrar, cuando quieras puede llamar al paciente en México, lo vas a ver. Es maestro como tú, me avergüenza un tanto, pero lo voy a platicar, porque al platicarlo, es como si yo quisiera compararme con Cristo, pero no es eso. En México tenía un gentío que atender y en silla de ruedas me lle­ van al maestro. Un maestro de ojos azules, blanco, llegó con su espo­ sa y sus tres hijos pequeños; lo que me refirieron es que el señor tenía trece años enfermo, que caminaba una cuadra y le daba ataque o no sé qué cosa. Llegó con un tambache de medicamentos, de diferentes na­ turalezas, especies y de todo. Lo que tengo es que desde que entra el paciente no le quito la mirada de la suya. Hay gente que no me la sos­ tiene, sobre todo la mujer, pero no lo hago para tumbarle la mirada, sino que es conductual en mi trabajo. Entra allá, con mucha gente, el maestro en silla de ruedas y la historia de que no quería pero lo lleva­ ron sus hermanos; corrió la abuelita, decía que el doctor era milagro­ so. Él no quería ir porque ya había ido con todos los médicos, con to­ dos los milagrosos y no le habían hecho ningún milagro, entonces llegó y no podía hablar. Definitivamente no podía hablar bien. Enton­ ces hice un interrogatorio indirecto, con la esposa. Platíqueme de su esposo: “tiene trece años enfermo, camina una cuadra y cae en ata­ ques, se cae, no puede hablar, esas son las medicinas. No quería venir aquí”. Veo sus medicinas, “Éstas desgraciadamente no se las puedo quitar, porque producen adicción, pero poco a poco se las vamos ir qui­ tando”. A partir de este momento le dije: “Señor Pavón, ¡está curado, en este momento!”. No sé, el señor vió que estaba su esposa junto a él y le dice: mujer ya estoy curado, estoy bien mujer, estoy bien ya. Em­ pezó a hablar durante mucho tiempo, todavía hasta la fecha llora cuando viene conmigo de agradecimiento, pero ese momento fue má­ gico, indescriptible.

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Una vez me mandaron sola a la hija, no estaba mal la niña y lógi­ camente la respeté. Estuvo en el departamento, vino un amigo y le dije llévatela a la playa de Montepío, llévatela por allá. No quiero caer en tentación y no, por fortuna no llegó a lo que probablemente buscaba la señora con mucho agradecimiento. Ese señor tardó mucho tiempo para poder hablar conmigo, porque lloraba y hasta la fecha. Cuando ellos vienen antes de salir se arrodillan para que les dé la ben­ dición. Ana María X vende boletos de avión de American Airlines, ahí en Puebla, sus hijos son niños de lucha, los he visto crecer, me he quedado sorprendido del crecimiento, y ha sido positivo; el niño es un altote, que se llama Oswaldo, era muy travieso, dentro de su niñez y travesura se burlaba del doctor, “hijo estate quieto, respeta al doctor”. El niño fue en­ trando en madurez, y son muy devotos, mucho respeto. Cualquier pro­ blemita ella habla: “doctor, yo sé que con sólo hablar con usted, ya estoy bien, lo quiero mucho, lo amo mucho”. Es más, la fe la llega a confundir. La gente que la ve conmigo la puede confundir, yo me he confundido, tanto amor hacia mí, y fue impactante esa afiliación como impactante fue el caso de la parálisis cerebral. Cuando el médi­ co, la ciencia, no acepta estas cosas, y acaba diciendo: es que se equi­ vocó en la práctica, es lo que estábamos diciendo, eso, y si me pongo dentro del médico pues sí, realmente los médicos son charlatanes, es­ toy viendo de allá para acá y estoy viendo charlatanes. Una vez un médico precisamente bien presentado, pediatra, me lo presentan: “usted es el doctor brujo de Catemaco, oiga entonces le hace a la charlatanería”. “Sí doctor, sí. Sabe doctor, vamos a hablar de charlatanería, que le parece”. Entablamos el diálogo: “sí, usted y yo parece que salimos casi de la misma escuela, me imagino, somos de la misma altura. Esto para una tifoidea, me enseñaron a mí las dos medicinas juntas: la ampicilina y el bactrim; vamos a ponerles nom­ bres comerciales, Pentrexil y Bactrim asociados, van contra esa en­ fermedad, yo le voy a demostrar que usted es un charlatán y después usted me lo demuestra”. “Le llegan diez pacientes, un poco más de la edad cercana a todos, entra el primero, atina usted todo y le detecta salmonelosis, ya sea hombre o mujer, ¿qué le receta usted?, ¿Pentrexil, Bactrim, si o no?, me parece perfecto, como médicos estamos de acuerdo. Entra el se­ gundo, hace su integración, hace un diagnóstico, y llega salmonelo­ 210


sis, qué receta usted, Pentrexil y Bactrim, perfecto, me parece doctor, los diez tienen salmonelosis; el cuarto entra, qué le receta, bueno en lugar de recetarle Pentrexil, le puede recetar binotal, en lugar del Bac­ trim le puede cambiar a Trixasol, es usted un charlatán doctor, yo le receto, así entrando veinte gentes, les doy el mismo nombre, porque mi seguridad es esa, o no, ya cayó en charlatanería”. “Bueno, es el te­ mor de que vayan a decir que no sé de otra medicina”. “Eso no le in­ teresa a usted doctor, usted sabe lo que está recetando, usted está se­ guro de lo que está haciendo, ¿O no es charlatanería eso?”. “No tiene por qué cambiarla, qué importa que allá fuera se en­ cuentren y se los digan, si tengo mi seguridad no tengo para que cam­ biarla”. Ahora va para acá: “Yo soy el charlatán, ponga un ejemplo. Usted se consigue una foto de una mujer bonita, que ni conozca usted mismo, menos yo, va y me pregunta a mi consultorio: ¿Usted es fula­ no de tal, ¿verdad? Mire doctor, yo quiero saber si esta mujer, que traigo aquí, que es mi novia, me quiere y si se va a casar conmigo; porque usted se quiere reír de mí, ni conoce a esa mujer. Tomo la foto, la veo, y le voy a decir que lo quiere mucho y que se quiere casar con usted, ¿cómo me clasifica doctor?, como un charlatán y ¿qué haría us­ ted’, se ríe. Pues sí, me salgo riendo de ahí y ¿de quién se ríe?, ¿de usted, o de mí? Se la voy a poner fácil doctor, en esa maceta, aquí con tierra, siem­ bro un frijol y ¿qué va a nacer doctor?, frijol; si un maíz siembro, ¿qué va a salir doctor?, maíz, ¿qué fue a sembrar en mí, doctor verdad o mentira?, ¿qué quería cosechar usted si yo le doy la verdad?, le es­ toy engañando, estoy siendo un charlatán, usted sembró una semillita de mentira la cosecha debió ser frondosa, entonces no soy charlatán doctor, charlatán es usted. Bueno, es que él quería reírse de mí, esa mujer no la conocía, él es­ taba para demostrarme que yo soy un charlatán, si ella lo quiere mu­ cho, entonces se va a casar con usted, y ya se rió porque era mentira. Bueno, usted ¿qué quería cosechar?, por eso le puse los ejemplos de la semilla, no puede cosechar maíz y sembrar frijol, nunca, es una tontería. Pero, en el caso también de la respuesta, es que si él dijo una ver­ dad o una mentira, en los dos casos se le puede hacer afirmativo por­ que habría la posibilidad.

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Sí, pero en ese momento él quería reírse de mí; sembró mentira y cosechó mentira, ahí no estoy mal. No soy charlatán, diciendo lo que él sembró, nada más. Fue el caso de la señora de Guadalajara, del pro­ bable cáncer que decían que tenía, fue muy impactante. Una vez llegó una señora como de treinta y tantos años, me paro y me toma ahí en la puerta diciéndome: “Doctor, yo quiero que me diga usted si mi esposo me engaña.” Señora, ¿por qué viene a preguntar eso, para qué quiere amargarse la vida? Porqué no mejor me pide la felicidad, de usted y su esposo, que vivan bien. Señora, ¿por qué me pide esas cosas que la pueden dañar? “¿Cuánto me cobra por decirme la verdad? “¿Por qué no me pide mejor otra cosa, para qué se lasti­ ma?” Insistía mucho, ya cuando no la pude hacer desistir, le digo: “Bueno, voy a hacerlo, pero bajo su responsabilidad. Le voy a hacer el trabajo, no le voy a decir usted se va a dar cuenta”. ¿Cuánto me cobra doctor? “Pero sí le voy a decir algo: no mueva un dedo, prométa­ me no hacer nada”. “Le juro que no voy a hacer nada”. Ni contra de nadie ni en contra usted. Lo que me viene a preguntar, eso lo va a ver. Usted quiere un monstruo, eso lo va a ver, no es lo que yo quiera sino lo que usted quiere”. “Doctor yo, esté, luego le vengo a pagar, no le haga nada por favor”. “Acuérdese que yo no tengo culpa de nada”. Se fue y a los quince días viene llorando. “Sí doctor, me di cuenta de mi esposo...” Pero por fortuna no hice nada malo, por fortuna, le dije que no lo hiciera. Si me pregunta qué hice, no lo sé, ni la conocí, y como esos casos raros hay otros, que yo mismo me quedo espantado, casos que surgen. Viene una pareja, hombre y mujer, jóvenes, vienen preguntando por su hermano que tiene una semana que desapareció y quieren saber sí está vivo o muerto. Entonces me pregunta: “¿Cuánto me cobra? “Le voy a cobrar ciento cincuenta pesos”. Sabe doctor no tenemos. “Le diré, está vivo su hermano”. “Luego le traemos el dinero”. “Su hermano está vivo, lo van a encontrar”. A la semana vinieron a pagar­ me, y sí estaba vivo, eso se lo estoy platicando porque tengo testigos, en todo; lo encontraron vivo. Pasa un año, dos años, y vuelve a venir la persona que estaba de testigo y me hace la misma pregunta; tenía un pariente extraviado, no lo encontraban y la pregunta sale y tam­ bién sale de mí, ¡está muerto!, y vinieron a la semana a pagarme. “Ya lo encontramos ahogado”. Si me pregunta porqué dije una cosa, lue­ go dijo otra, no lo sé yo tampoco. Diría mi papá, el dato está en la bó­ 212


veda del cielo, y como eso muchas cosas salen y entran dentro de lo que se llama metafísica, esoterismo. Don Gonzalo me daba recomendaciones, me llegó a decir que no trabajara con las fuerzas del mal. No sé si trabajé con la fuerza del mal, no lo sé; sé que uno tiene cierta fuerza para hacer cosas, y las hace uno, y que no necesita uno ni bailar el jarabe tapatío ni dar po­ ciones, no necesita uno nada. Si alguien me pide tomar algo, bueno, pues como lo engaño, le doy algo de vino, una cucharadita de vino, porque me lo está pidiendo, pero no lo necesita. Por ejemplo un caso que a mí mismo me impactó, fue el de Ana María. No la quería el mu­ chacho con el que trabajaba, y seguido se quejaba conmigo. Le dije: “De él me encargo yo, yo me lo trueno”. Estaba diciendo con tanta fuerza que efectivamente su jefe antes de ocho días estaba fuera del programa. Pero sí, me contaron la historia de lo que hacía Azcárraga; era un maldito, tenía una silla con un respaldo grande, a donde senta­ ba a los acusados, para que vieran lo pequeños que eran. Ahora sí, fí­ jate cómo te ves, criminal ¡no! Para que veas lo pequeño que es, eso me cuentan de lo que hacía Azcárraga Milm. Entonces Ana María me impactó una vez que me dijo: “Doctor, estoy trabajando a las 6:00 de la mañana, es el horario que me gusta y luego me quieren pasar a la 1:00 de la mañana, cómo me va a ver”. “Mira hija, en la basura donde te pongas yo te hago el milagro”. Porque me habló llorando, dice: “Vamos a tener una junta a las 8:00 de la mañana, doctor, ayúdeme para que no me vayan a poner a la 1:00 de la mañana”. Y sale de la reunión y llorando me habla y le digo: “Mira hija acepta tranquila las cosas, yo en 10 días estoy en México y te voy a regañar, con seguri­ dad te voy a regañar”, y se fue. El día que me presenta a su hija, se sienta: “Doctor, no me regañe”. “¿Qué pasó Ana María?” “Doctor, increíble lo que usted hace en cosa de segundos, me mandan a la 1:00 de la mañana los subjefes, iba yo saliendo y me pregunta el chofer del niño de Azcárraga”, Ana María, ¿qué horario te dieron?”, “El de la 1:00 de la mañana”. “Yo voy a hablar con el patrón”, “Y dijo que regresara a mi horario de las 6:00 de la mañana en cuestión de segundos”. Impactante para ella. Hay una versión de ella que no se sabe si creerle. Ella, en las idas que ha tenido a Jerusalem con su esposo, creo que se le presenta al­ guien que le tira las cartas, le lee quién sabe qué cosa, y yo no sé leer nada de eso, más que lo que yo pienso o lo que alguien me dice, y en213


tonces qué cree doctor, que allá hubo una persona, la más alta sabiduría en esas cosas, en ese entonces andaba un poco mal, leé no se qué cosa, y me dice: “Tú tienes alguien que te ayuda. Yo me dije para mí, es mi esposo. Tú tienes alguien que te ayuda: dime quién es, él no es tu esposo ni es tu amante, él viste de blanco, pero no vive donde tu resides, vive en un lugar muy bonito, y por lo que yo veo aquí, su vida va a ser de cien años nada más le faltó el nombre”. Una vez mi hija Ancira fue a la feria de Montepío, en esos días fes­ tivos. En la playa, se encuentra con una persona y le preguntan: “¿tú de dónde vienes? Yo soy errante, me dedicaba a la comunicación, es­ tuve en Chiapas, me di cuenta de que me iban a matar y mejor me re­ tiré del medio; ahora vivo de esto, vendo estas chacharitas, con esto saco para vivir y así recorro lo más que puedo con mi esposa y mi hijo. Así hace esa gente, que se intimidan por alguna amenaza y se vienen a vivir a Catemaco a buscar ayuda. Y le comentó que le intere­ sa mucho, investigar sobre los brujos, desde luego, sin saber que An­ cira era mi hija, sin saber con quién estaba hablando. Se conocieron de ahí entre gentes extrañas. “Es el doctor Aguirre, quien puede darte información sobre este asunto”. Y mi hija le dio la dirección mía, pues a ella le interesaba mucho lo que hacía, aunque también era doctora. La persona me viene a ver y saca una carta, la lee en maya; no hay nada que iguale a los mayas, haz de cuenta que tira la canica y en don­ de pega, no sé qué cosa, pero me lo da a entender así, nada más pre­ gunta: ¿dónde nació, cuando nació, su signo?. Un sinfín de cosas, mira tu signo es tierra, es fuego, inclusive a ti te protege el dragón, el dragón es mítico, de la mitología china o japonesa, es la fuerza mayor, es lo máximo que hay. Ancira le dice que yo no soy de este plane­ ta. Soy un dragón. Acabo de vivir una experiencia un poco amarga hace uno o dos meses, porque mi hija Dane insistió con la hipnosis; la practicó, la lle­ gó a conseguir, se calmó, le dije: “Hija hay unos libros serios sobre grafología. ¿Quieres leer el de grafología? Inclusive, creo que se usa en medicina, la cosa de investigaciones, pues le gustaba llamar la atención y las amigas le dicen: “Oye dime porqué según escribo, llama la atención lo desconocido”, y mi hija trae esa situación; a ella le inte­ resan todas esas cosas esotéricas, y por eso me hizo llegar a una mu­ chacha que dicen que tiraba bien el tarot, y mi hija quería, yo no voy 214


a hacer amistad con ella por medio de la que me ayuda en México, que es su amiga, me voy a prestar hasta donde sea posible, para que te la pueda conseguir, para que te enseñe, por competencia no vas a tra­ bajar, sino porque quieres quitarte una curiosidad. Voy a México, me echan las cartas del tarot y me dicen que me van a dar una limpia; que me tengo que quitar la ropa y me dan una bata. Tres hermanas me empiezan a dar un masaje con manteca de coco y miel, después me rocían con refresco de tehuacán, me ahúman hasta los testículos y yo me decía “si así es la brujería es muy asquerosa”, yo no me ando con limpias ni rodeos pero bueno tenía que estar listo. Me hicieron tres limpias. Después me fui a bañar y me sentaron en una sala obscura para que actuara como un médium de una persona conocida hace cientos de años; prenden unas velas y me dicen: “Rafael puedes aceptar al espíritu, puedes aceptar que se meta en ti?”. Sigo el juego, el circo, la maroma y el teatro. Entonces se metió el es­ píritu, el espíritu de Carlos, el esposo de una de las hermanas. “¿Qué deseas?”, y le digo cuídate mucho hija, acuérdate cómo te cuidaba: ¿no confíes en la gente, desconfía. La viuda pregunta: “¿Por qué me dices eso? Y le contesto que la clave está en la palabra confianza, y ten confianza con tus socios mayores y me refería a los socios que tie­ ne en una cadena de hoteles. También le dije: “Cuídate de un perro... nada más te digo, ¿por qué tienes confianza en ese perro?” Y mi hija que estuvo conmigo dice que ellas sintieron y vieron al espíritu, aunque yo le decía que eran cosas que estaba inventando. Yo decía: si así es la brujería, se me hace muy asquerosa. Mi traba­ jo no es así, cuando quiero pido y no me ando con rodeos; una limpia y me fui a dar consultas, lo que me dolió es que no me dejaran dar bien mi consulta. Ellas vieron eso, ya acaba el show, prenden las luces, y dicen: “¿cómo te sientes?” Me siento bien, siguiendo todo, sabes qué, el concuño oyó lo que dije, lo dije inconsciente pero no es cierto, estaba muy consciente y pues ya llegaron a la conclusión, yo les dije, cuando termine esto tie­ nen que llegar a la conclusión que debían de cuidarse del concuño. Manejar así las cosas para mí es charlatanería, primero hay que confiar en la gente, les estoy siguiendo el juego nada más porque me forzaron a hacer el juego, si así es la brujería están mal, mi brujería tiene seguridad, doy seguridad, sin bailar tanto, sin hacer nada de esto. 215


El eje de la duración del remedio está más bien en la voluntad que uno puede sembrar en la gente para que sane por sí mismo. Recuerdo que cuando llegaste la primera vez me recomendaste aquel libro: De la voluntad de la naturaleza, de Schopenhauer, tan interesante. Lo vi­ tal es energía, es transmisión de energía, es el flechazo que no sé expli­ car. Lo intangible que se desprende por fracciones de milésimas de se­ gundo, sale la orden y en ese momento, en una de esas veces, pum, salió. Algo así como una fuerza intangible, que es, no sé cómo se pue­ da definir, el tiempo, pues porque es de otra dimensión, en otro tiempo y espacio. Dar una orden y que se cumpla en un orden cósmico. En Tabasco, un pobre chochero, Tío Chon, se llamaba su negocio, ahí en el parque de Villahermosa. Lógicamente meto fuerza y medi­ cina, pero con fuerza. Primero le voy a dar un tratamiento a base de corticoides pues padece una soriasis severa, luego unos baños medi­ camentosos. Empezó mi mente a trabajar, ¿qué está pasando?, hay una baja de defensas, pero en la piel, atacado por bacterias en ese momento, pero las defensas del paciente andan bien. Aunque diga el científico que es una cosa auto-inmune, de genes y de lo que sea. Me pareció muy bien tu frase de lo de intangible, la fuerza intangible. En ese momento que doy los corticoides, desaparecen las ronchas y les dejo unos baños en donde mezcla cinco litros de agua mezclados contra micóticos, contra el hongo y un baño cada dos días. Hay que tener algo que te proteja de las bacterias y hasta de la programación genética. Días después se cura, pero pasó muchos años enfermo. Ni le cobré, yo sé realmente porque lo curé, porque fui efectivo, el cobro no lo tomé en cuenta, yo vine con él y se curó y estaba limpio de so­ riasis. Otro caso impactante. Estábamos en una clínica que yo había puesto con un amigo, de pediatría, había un otorrino, un ginecólogo. En fin, yo iba de vez en cuando a dar consultas, porque realmente la medicina es un chaleco de fuerza que a veces practico para que no se me olvide. Llega una señora de Veracruz, una señora como de sesenta años, y su hija. “Doctor, mi mamá que está mal de la vista porque tiene cataratas, no quiere operarse”. “Yo voy a convencerla de que se opere, no se preocupe”. Por fin ve a un oftalmólogo, “pues quiero que esté presente en la cirugía, yo le pago doctor”. Bueno estuve presente, y me pagaron por no hacer nada, por estar ahí, porque me vean. Anestesia­ da la paciente salgo, pues así me lo pidieron y he cobrado más que el 216


cirujano. La energía, la fe no tiene precio. La señora se operó los dos ojos y todo salió perfectamente bien. Una mujer con problemas de audición, la envié con el otorrino. Sale la señora y dice el doctor: “Por su avanzada edad ya no se puede hacer nada”. Le recetó unas vitaminas, dentro de mí dije: bola de pen­ dejos, no pueden hacer nada, no son capaces de sacar a flote a ningún paciente, lo hunden más que sacarlo adelante. En la primera audiometría fue reprobada con cinco le doy un trata­ miento y regresa a los quince días, y le mando a hacer la audiometría, que no quería hacerle, con el doctor Aguilar, y regresa después del examen: “Dice el doctor que tengo ocho, y que no se explica él cómo pasó”. “Señora, no le haga caso, él nunca va a entender eso”. Que bueno, ella feliz: Aunque no pudimos explicar el cambio en la evalua­ ción audiométrica, sólo me dijo: con usted no se juega. La paciente ya iba para abajo y regresa bien a los quince días. Eso también fue impactante, porque fue con el aparatito con que se mide la audición. Entonces, la fuerza de las cosas es lo intangible; ésa es la clave. Efectivamente es la clave. Don Manuel Utrera manejaba lo mismo dando sus pociones, Don Gonzalo Aguirre maneja medicamentos, medicamentos que son una bolsa de energía. El doctor Aguirre actual ya quita los medicamentos, quita todo. ¿Cuántas personas son? Diez, pásenle todas juntas. ¿Ya pagaron la consulta? Váyanse tranquilos todos, de mi cuenta corre todo lo demás. Ya no necesito decir nada, y cada uno de ustedes va a ver sus efectos de acuerdo a lo que quieran, con toda seguridad. El gobierno tiene que aceptar que la medicina alternativa es una cultura milenaria que forma parte de nuestro patrimonio intangible, la cual hay que legalizar, darle un viraje, como tú decías. Tú contabas que cuando Platón se da cuenta de que la voluntad humana es tan frá­ gil y los ideales tan difíciles de obtener. Platón inventa el Academus, que es la primera Universidad del mundo occidental. Crea la escuela, el espacio libre y amoroso donde la gente puede dialogar y aprender; en donde el maestro como una partera saque las mejores ideas, las vir­ tudes que los hombres puedan aprender para que pueda darse la demo­ cracia, la cultura, que es una manera de enseñar, pero para eso necesi­ tamos nuevos maestros, más honestos, más responsables, mejor retribuidos de cómo ahora están, y en una generación de quince años más todo cambiaría. Catemaco, 2004-2007 217


Referencias finales Al principio de estas reflexiones hicimos referencia a tres caracte­ rísticas fundamentales para comprender el testimonio del doctor Aguirre, que convertimos inicialmente en las tres hipótesis siguientes: 1. ¿Cómo se realizaba el diagnóstico de los pacientes y las reco­ mendaciones terapéuticas para reintegrar al enfermo al equili­ brio, homeostasis, de la salud? 2. ¿En qué consistían los estímulos sensibles que el doctor Agui­ rre aplicaba en la terapéutica de los pacientes? 3. ¿Cuáles eran los estímulos sensibles que podrían analogarse con la pedagogía sensible; esto es, cuáles eran los apoyos moti­ vacionales, para que en una situación de enfermedad pudiera lograrse el equilibrio saludable? Para dar respuesta a las hipótesis finales y partiendo de la expe­ riencia del doctor Rafael Aguirre, cuya formación se basa en la escue­ la que funda José Vasconcelos en la posrevolución mexicana, que como dice Octavio Paz: Es fruto de la revolución y se nutre en ella; y al realizarse, realiza lo me­ jor y más secreto del movimiento revolucionario. En la tarea colabora­ ron poetas, pintores, prosistas, maestros, arquitectos, músicos. Toda, o casi toda, la inteligencia mexicana. Fue una obra social pero que exigía la presencia de un espíritu capaz de encenderse y encender a los demás. Filósofo y hombre de acción, Vasconcelos poseía esa unidad de visión que imprime coherencia a los proyectos dispersos y que si a veces olvi­ dan los detalles también impide perderse en ellos. Su obra guión –sujeta a numerosas, necesarias y no siempre felices correcciones– no fue la del técnico sino la del fundador (Paz. 1967: 136)

El sistema de la posrevolución mexicana va a tener un número de correcciones y cambios fundacionales, como el Instituto Politécnico Nacional, obra cardenista, que junto con el reparto agrario crean la etapa socialista de la posrevolución, ejido que requirió de la tecnolo­ gía y las ciencias agrícolas para su pleno desarrollo, y como apuntá­ bamos en este ensayo la fundación de los institutos de ciencias y hu­ manidades del régimen alemanista en los años cincuenta, la fundación 218


de la uam y el conacyt de los años setenta, requiere en tiempos ac­ tuales una innovación que haga frente a las urgentes necesidades de desarrollo científico, tecnológico y humanista que el siglo xxi exigen. El doctor Aguirre realiza un diagnóstico y terapias de apoyos sen­ sibles para que, con la voluntad del enfermo, éste pueda recuperar el equilibrio de la salud y los elementos sensibles, tradicionales, cuyo origen es el remoto pasado indígena, que nos permiten comprender que la orientación transdisciplinaria de los padecimientos pueden vin­ cularse a la medicina “científica” y aprovechar los elementos de la cu­ randería para completar los esfuerzos del estado y de la medicina pro­ fesional para desarrollar escenarios de desarrollo de la salud y la educación en forma más eficaz. Necesitamos cientifizar la brujería y que la ciencia aprenda de esta última, pero también tenemos que crear nuevos sistemas innovadores de enseñanza en la que se puedan incluir procesos de pedagogía sen­ sible, esto es, elementos de apoyo que puedan transdisciplinar la ex­ periencia educativa con la experiencia de vida de las comunidades tradicionales. El proceso de enseñanza-aprendizaje consiste, entre otras cosas, en el diseño y la implantación de escenarios, donde los estudiantes tienen la oportunidad de acceder a normas, conocimientos de las ciencias, las técnicas y las humanidades, de manera consciente y deliberada. La enseñanza es el control de la situación en la que ocurre el aprendizaje, es decir, enseñar es hacer que la gente aprenda a apren­ der; el aprendizaje, por otro lado, es el cambio duradero de la conduc­ ta del estudiante motivado por la misma experiencia educativa. Aprender es cambiar y nada causa mayor aprensión que el cam­ bio, sobre todo cuando éste afecta nuestros hábitos, nuestras costum­ bres, nuestros valores, nuestra concepción del mundo y de la vida. Este temor, esta aprensión, es el primer enemigo del conocimiento; si de­ seamos enseñarnos a aprender tenemos que aprender a cambiar, no sólo a nivel individual sino también institucionalmente. Para ello será necesario vencer las inercias y los puntos de vista tradicionalistas que hasta la fecha se utilizan en los escenarios donde se produce la inves­ tigación científica. La ciencia, la enseñanza-aprendizaje, la educación, la metodolo­ gía, es una necesidad básica de la población, y está relacionada con su sistema de alimentación, salud, vivienda, capacitación, etcétera. 219


La ciencia es el elemento clave del desarrollo político-social y por lo tanto se debe ratificar su carácter de derecho social. Todos los ciu­ dadanos tenemos derecho a la educación científica. Para ello la reorientación de los sistemas innovadores de enseñanza debe encami­ narse hacia una pedagogía sensible concreta, concertada con los mis­ mos sectores productivos, de la salud, de la vivienda y, de las organi­ zaciones para el fomento de la cultura. Con un desarrollo integral entre los escenarios productivos y los que originan conocimiento innovador, habilidades, destrezas y cambios conductuales, se lograría una alianza para el crecimiento, entre todos los actores del escenario social. Los sistemas innovadores de enseñanza y la pedagogía sensible se convertirán entonces en sistemas para la salud, la enseñanza, la parti­ cipación obrera y campesina, en sistemas de organización para los asuntos tradicionales, la organización democrática del pueblo, el de­ sarrollo de su obra y del mejoramiento de la inteligencia productiva, en el arte, la ciencia y la tecnología. Los sistemas se pueden desarrollar sobre el triple eje de la forma­ ción y capacitación continua, que forman parte del sistema educativo, así como y sobre todo para la investigación aplicada a los sectores productivos, aliados al binomio investigación-productividad, y que pueda desplazar a las tendencias profesionalizantes de nuestras uni­ versidades, sobre todo de América Latina. Sobre todo deben estar ligados a las necesidades concretas de ca­ pacitación y apoyar los procesos de investigación, tecnologías nue­ vas, para optimizar este proceso de enseñanza-aprendizaje, asumida como una empresa colectiva, no de élites gubernamentales o de élites docentes, como es el caso de las universidades. En este contexto se hace indispensable la creación de un escena­ rio con un clima favorable para el estudio y la investigación, que mu­ chas veces las universidades sólo lo tienen en pequeños sectores. Ade­ más, puede ir ligado a un nuevo impulso que se debe dar al contacto con las empresas productivas y otras análogas, como podrían ser inclu­ sive las ar­tesanales, cooperativas, etcétera. Lo sistemas innovadores y la pedagogía sensible pueden ofrecer programas diversificados como el apoyo a los estudios formales del sector educativo, pero también a los no formales del sector productivo. Hay que mentalizarse en el hecho de que la formación no debe ser sólo profesional. En las actuales condiciones se hace importante fomentar 220


la educación media superior y media profesional, como elementos para coadyuvar el desarrollo de las capacidades de auto-aprendizaje y flexibilización de los procesos por los que se conduce la enseñanzaaprendizaje, orientados a la investigación científica. La estrategia política principal sería ser el proceso continuo de un lazo estrecho entre los escenarios, las universidades, la colectividad y el interés por organizarse en función de los problemas concretos que hay que resolver. Crear relaciones informales múltiples con los secto­ res productivos, con base en un proyecto que contribuya a la solución de los problemas que el sistema productivo formule. La distinción relativa entre el escenario universitario y el de los de­ más sectores podría estar identificada por la forma en que podemos relacionarnos con ellos, evitando invadir las áreas de trabajo específi­ cas de cada sector, y sin lesionar la autonomía que requieren los esce­ narios educativos de capacitación y de investigación. El proceso de cambio de los sistemas innovadores de enseñanza y la pedagogía sensible debe realizarse por etapas, cuidadosamente reestructuradas, para evitar acciones que puedan ser confusas para el sistema legal, político, social y cultural de los escenarios propuestos. Se debería atender en forma prioritaria el mejoramiento de las con­ diciones sociales para aquellas regiones menos favorecidas, o que por su situación histórica, cultural y social, están en mayor rezago, ya que mantienen una relación asimétrica con las zonas del centro. La relación entre sistemas innovadores de enseñanza, la pedago­ gía sensible y la comunidad puede servir de puente en la detección de problemas específicos, como serían los del empleo, la educación, la salud y la formación profesional. La experiencia que se desprende del testimonio del doctor Rafael Aguirre, es que debemos incorporar a los sectores marginados de los escenarios de la enseñanza-aprendizaje para crear nuevas teorías transdisciplinarias que permitan reproducir una nueva ciencia que in­ corpore las enseñanzas tradicionales y los avances científicos, no sólo para la salud sino y sobre todo, para volver aprender de las comunidades y rescatar sus valiosos aportes, hoy marginados de la modernidad del siglo xxi. Esto constituiría un plan para la recuperación del patrimonio cultu­ ral multi-étnico, multi-cultural; se puede hacer con base en el desarro­ llo de esta indagación: ¿Cómo aprende la gente en forma vernácula? 221


Las funciones de los nuevos espacios innovadores de enseñanza y la pedagogía sensible, podrían promover la educación, haciendo que cada comunidad investigue, rescate, registre y defina los elementos auténticos que requiere para su desarrollo e integrarlos en un plan de desarrollo nacional. Se puede reconocer que exista una infraestructu­ ra importante de educación en todo el país, pero habría que establecer una evaluación de los programas que se han llevado a cabo. Confirmar los éxitos y los fracasos para ver si los programas pue­ den responder a las necesidades concretas de desarrollo de nuestras comunidades y de nuestros estados. Con la pedagogía sensible puede formar parte de los sistemas innovadores de enseñanza, pueden for­ mar parte de esos centros de investigación para abatir la descentrali­ zación del sistema educativo. En algunas organizaciones, como Culturas Populares en el Estado de Oaxaca, se han recuperado las instituciones sociales de desarrollo de trabajo comunitario. “El tequio”, “la mano vuelta”, “la gonzona”, “la Guelaguetza”, han permitido la asistencia a grupos característicos y el apoyo mutuo para la construcción de viviendas, obras de infraestruc­ tura comunitaria, de abasto, distribución y fiesta. Se deberían utilizar estas instituciones sociales comunitarias para poder encauzar los pro­ cesos de investigación. Esto sería un ejemplo de cómo la cultura étni­ ca popular podría formar parte de este ejercicio democrático de edu­ cación para que haya un proceso de descentralización y se tenga en cuenta para los procesos de creación de muchos otros de enseñanzaaprendizaje en el país, como el de investigación-producción. En este contexto, instituciones sociales como “El tequio” y la cu­ randería, dejarían de ser sólo aspectos folklóricos y se convertirían en una visión de la realidad de acuerdo con el tiempo y el espacio en que éstos se han venido rehaciendo. Es claro que todos estos enfoques tie­ nen mucho de polémico, pero sin duda estas organizaciones han desa­ rrollado una tecnología y saberes para la explotación y conservación de su propia salud e identidad durante cientos de años. Es cierto que ha sido el desarrollo industrial una forma incipiente que ha contribui­ do a su aislamiento, pero que bien puede ser utilizado para rehacer una relación más justa y democrática entre los saberes del centro y pe­ riferia, los saberes tradicionales, y los saberes científicos multi y trans­ disciplinarios.

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Por ello, los sistemas innovadores de investigación y de la pedago­ gía sensible, para su desarrollo y defensa, deben contemplar el inter­ cambio entre las experiencias del centro y la periferia, crear una red de relaciones tradicionales que no sólo serían las de la educación for­ mal básica, o post-secundaria o post-licenciatura, sino que abarcarían asuntos como la medicina tradicional, la nutrición, la conservación del medio ambiente y el desarrollo político, que debe aprovechar la organización social y política tradicional con características regiona­ les propias. El desarrollo de los sistemas innovadores y la pedagogía sensible pueden contribuir a consolidar un sistema educativo contrario al libe­ ralismo-social, que nos permita construir una convivencia en la justi­ cia y en la democracia, y desarrollar las capacidades creativas e inte­ lectuales de nuestras comunidades étnicas. Aunque los prejuicios y el medio de aceptar lo que no se conoce opta por ignorar los saberes tradicionales y se ha contentado con imitar los saberes, sobre todo tecnológicos de Europa y Estados Unidos. Sin comprender que hay en nuestras propias raíces culturales vastos cono­ cimientos que aún no han sido investigados, en forma importante. La opinión popular no ha sido justa al condenar a la cultura como culpa­ ble de muchos fracasos nacionales. Importa dilucidar claramente esta cuestión porque también el desprecio de la cultura puede acarrear tan se­ rias consecuencias como el desprecio de la realidad mexicana. Los fra­ casos de la cultura en nuestro país no han dependido de una deficiencia de ella misma, sino de un vicio en el sistema con que sea aplicado. Tal sistema vicioso es la imitación que se ha practicado universalmente en México por más de un siglo.   Los mexicanos han imitado mucho tiempo sin darse cuenta de que es­ taban imitando. Creían, de buena fe, estar incorporando la civilización al país (Samuel Ramos, 1989, pp. 21-22).

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Acerca de los autores

Margarita Camarena Luhrs Licenciatura en Economía, 1972-1976. Facultad de Economía, unam, México. Maestría en Economía 1979-1981. División de Estudios de Posgrado, Facultad de Economía, unam, México. Doctorado en Ciencia Política, 1982-1984. División de Estudios de Posgrado, Facultad en Ciencias Políticas y Sociales, unam. Investigadora de tiempo completo en la coordinación de Humanidades de la unam. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores desde 1987. Investigadora Nacional Nivel II del sni. María Esther Castillo García Profesora-Investigadora. Tiempo Completo. Adscrita a la Facultad de Lenguas y Letras Universidad Autónoma de Querétaro. Doctorado: Humanidades (Teoría Literaria) Universidad Autónoma Metropolitana. Maestría: Historia. Universidad Autónoma de Querétaro. Licenciatura: Letras Españolas. Universidad Veracruzana. Sistema Nacional de Investigadores: sni (1): 01/01/2006-30/12/2008 Renovación: 2008-2012. 227


Profesora y coordinadora en los programas de Licenciatura en Lenguas Modernas Español y Maestría en Literatura Contemporánea de México y América Latina. Jesús González Aguilar Arquitecto, pintor, doctor en teoría del arte de París XII, Francia. Profesor investigador de tiempo completo de la uaq. Rosa Imelda de la Mora Espinosa Licenciada y maestra en Psicología Clínica, uaq. Doctora en Psicología y Educación, uaq. Investigadora responsable de la línea Teoría Psicoanalítica del cipe (Centro de Investigaciones Psicológicas y Educativas). Julio César Schara Licenciado en Sociología. Maestro en artes visuales, Maestro y Doctor en ciencia política de la unam. Profesor investigador de tiempo completo de la Facultad de Ciencias Políticas de la uaq. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (sni).

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Índice

Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 Independencia, Revolución, Posrevolución Mexicana y la oligarquía en el 2010 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15 Margarita Camarena Luhrs El continuo desencantamiento del mundo: el México posrevolucionario del ’68 en Crónica de la intervención de Juan García Ponce . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39 María Esther Castillo G. Arquitectura y muralismo la Revolución Mexicana y la cultura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59 Jesús González Aguilar Sufrimiento psíquico. Aproximaciones psicoanalíticas . . . . . . 113 Rosa Imelda de la Mora Espinosa La educación en la Posrevolución Mexicana: un testimonio de Rafael Aguirre, médico-curandero de Catemaco . . . . . . . . . 129 Julio César Schara Acerca de los autores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 227 Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 229 233


Dialogos Transdisciplinarios II  
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