HOUSTON
JUL – SEP | 2022
Vol. XLII | No. 3
PUBLICACIÓN DE LA CASA DE HOSPITALIDAD CASA JUAN DIEGO
Liturgia, teologia, poesia y la cruz por Luisa Zwick
Hace algunos años, Allison Ogle, una de las dedicadas jóvenes Trabajadoras Católicas de Casa Juan Diego, nos presentó a su prometido (ahora su esposo) Jonathan Ciraulo. Jonathan era un estudiante graduado de teología en la Universidad de Notre Dame; desde entonces recibió su doctorado y enseña en la Escuela de Teología de St. Meinrad. La Universidad de Notre Dame acaba de publicar el libro fruto de sus estudios de doctorado: The Eucharistic Form of God: Hans Urs von Balthasar’s Sacramental Theology.
“La gloria es el amor eterno que desciende hasta las tinieblas más extremas. La liturgia es un espejo de esto”. — Hans Urs von Balthasar (159).
Liturgia y masacre Mientras estudiaba La Forma Eucarística de Dios, dos inmigrantes recién paralizados llegaron a la puerta en busca de ayuda. Un hombre fue víctima de un tiroteo al azar cuando él y su esposa terminaban de comprar en una de tienda de carne en Houston, y el otro hombre muy joven se cayó de un árbol al buscar refugio de la patrulla fronteriza cuando intentaba ingresar a Estados Unidos. El futuro es sombrío para estos hombres. Vinieron para ayudar a sus familias, pero renunciaron incluso al don de caminar en su esfuerzo por hacerlo. Ahora, ¿qué pueden hacer? Si hubieran nacido unos cientos de kilómetros más cerca, esto no habría sucedido. La gente no debería tener que esconderse en los árboles para alimentar a sus familias. Volviendo al libro sobre la teología de Balthasar, me di cuenta de nuevo de lo difícil que es para un cristiano, que cree en un Dios de amor y misericordia, saber qué pensar y cómo responder en pensamiento, oración y acción a los horrores que han asolado al mundo: siglos de guerras, colonialismo, genocidio y muchos otros. Ahora cada día en este tiempo supuestamente tolerante, imágenes de campamentos callejeros de inmigrantes y refugiados en la frontera buscando una oportunidad para solicitar asilo, imágenes de millones de personas desplazadas y asesinadas por las guerras en Ucrania, en Yemen, en muchos países africanos, e imágenes de tiroteos masivos y masacres en nuestras escuelas y comunidades aquí en los Estados Unidos aparecen en nuestras pantallas de televisión y computadoras.
La masacre de inmigrantes Diariamente en Casa Juan Diego vemos los resultados de uno de los casos más frecuentes de violencia y masacre — en el trato a los refugiados e inmigrantes. La violencia está en la separación de los niños de sus padres, creando un trauma de por vida o PTSD. Está en la separación de las esposas de los esposos, los hijos adultos de los padres y de sus hermanos y hermanas. (Con frecuencia tratamos de ayudar a las familias a localizar a sus familiares). La violencia está en las condiciones de prisión para quienes buscan refugio y asilo. La violencia está en las deportaciones a condiciones peligrosas donde los inmigrantes y refugiados son secuestrados y masacrados, en la deportación a una persecución y muerte seguras en muchos países, y en la ignorancia deliberada de los muchos migrantes perdidos en el mar.
Volver a la liturgia en medio de la violencia y la oscuridad ¿Cómo se relaciona la celebración de la liturgia con la violencia y el sufrimiento? Algunos creyentes preguntan cómo es posible que uno pueda ver las tragedias de la historia a través de los ojos de la fe, o incluso si uno puede seguir creyendo después de eventos de brutalidad despiadada y destrucción de vidas. Otros exigen violencia de represalia. La Forma Eucarística de Dios proporciona percepciones que nos pueden guiar en nuestra oración en medio de las terribles realidades, la masacre en nuestro mundo; podemos recurrir a la liturgia en medio de la oscuridad. “Entonces, en última instancia, quien dará cuenta no solo del pecado sino también del sufrimiento es Cristo, quien toma sobre sí todo el horror de la humanidad en la historia”. (181) Este es el Señor que está presente en la Eucaristía. Mientras luchamos por comprender la violencia a la luz de la fe, puede ayudarnos a darnos cuenta (como señala Ciraulo con Balthasar) de que “la respuesta de Cristo en la cruz no fue comprensión, sino un abandono euca-rístico de sí mismo para transformar masacre en liturgia.” (184)
La portada del nuevo libro de Jonathan Ciraulo presenta la pintura La Disputa, que muestra a los obispos y teólogos discutiendo y altercando sobre la Eucaristía, en contraste con la presencia real del Señor en el altar y la gloria de las tres personas de la Trinidad en el cielo arriba con María y Juan.
Las fuentes de Balthasar incluyen poetas como Charles Péguy: “Balthasar ve en Péguy una respuesta verdaderamente cristiana a la tensión entre liturgia y masacre… Péguy elogia la esperanza…, una espe-ranza de que al final la consumación litúrgica del Hijo al Padre se extienda para incluir y sanar los caminos tortuosos de la historia.” (187)
Salmos y lamentos La violencia no es nueva, ni la respuesta del pueblo de Dios a orar ante ella. En el curso de la historia de la salvación, a lo largo de las Escrituras Hebreas, cuando amenazaban brutalidades y guerras crueles, el pueblo elegido continuó orando. Sus oraciones litúrgicas estaban llenas de Salmos. Siguiendo a Balthasar, Ciraulo escribe: “Era posible, incluso en la tradición del Antiguo Testamento, adorar la majestad de Dios en medio de las confusiones y colapsos del mundo como tal. Los Salmos de Lamento indican que Israel todavía ora incluso cuando todo motivo de alabanza y acción de gracias parece haber sido eliminado” (191). continúe página 6