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Hoffens 50 años

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[ HI STORI A ]

el sifón Loa El crecimiento que experimentó Hoffens a partir de los años 80 no se puede entender sin el sifón Loa para lavaplatos y Regio para lavamanos, dispositivos de gasfitería que modernizaron los baños y cocinas de Chile. Una vez que Hoffens lanzó su versión completamente plástica, sin piezas metálicas, a mediados de los años 80, ya no hubo vuelta atrás. El éxito del revolucionario sifón instaló el nombre de la empresa en el mercado y fue la llave para la primera gran diversificación en su línea productiva. Tan significativo resultó este proceso para don Helmut, que cada vez que llegaba a un hotel en sus numerosos viajes, lo primero que hacía era dirigirse a los baños para ver qué sifón tenían. Una costumbre que heredaron sus hijas Ilse e Isabel, quienes actualmente dirigen la empresa. A partir de este primer acierto, don Helmut incursionó en otros elementos de gasfitería y construcción, como las uniones de tuberías. Fue el primero en importar fittings, codos, tees, coplas que unen las tuberías en una red de instalación sanitaria, y poco después los empezó a fabricar abriendo con ello una nueva línea de productos en PVC para la industria de la construcción. Fue la primera diversificación.

HOFFENS

Don Helmut tuvo la visión de anticipar el auge que viviría el plástico a partir de los años 80, una década en la que se generalizó el reemplazo de materiales metálicos en numerosas instalaciones de agua, ya que eran caros, no tenían una vida útil comparable y eran potencialmente perjudiciales para la salud. En cambio, el PVC no emite contaminantes, es durable, liviano y fácil de transportar, ventajas imbatibles en un mundo donde todo avanza rápido.

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El fundador de Hoffens supo identificar dónde estaban los negocios. Quería desarrollar más y mejores productos y le apasionaba la fabricación propia de nuevos moldes necesarios para acompañar ese proceso. “Más y más productos” era

su lema, sabiendo que en los moldes estaba el corazón de la ingeniería e innovación de la empresa. En 1980, Hoffens dejó el pequeño taller en calle Santa Elena e inauguró su primera planta industrial, de 6.000 metros cuadrados, en la calle María Auxiliadora de la comuna de San Miguel. En este espacio más amplio, además de aumentar el número de máquinas, se acondicionó un sector destinado a almacenamiento y bodega. También se construyó un edificio de dos pisos para oficinas, con una arquitectura innovadora. Don Helmut observaba el funcionamiento de la planta desde su despacho, que estaba en la parte alta. Sin embargo, rara vez se quedaba mucho rato en su escritorio. Caminaba por la planta y se detenía a conversar con los operarios, comprobando cómo iba la producción. Era cercano, cálido cuando correspondía y se daba el tiempo para preguntarles a todos por su salud y sus familias. Participaba con entusiasmo en las celebraciones de navidad, fiestas patrias y aniversarios de la empresa. Tenía un cierto don para ganarse la simpatía y confianza de la gente, rasgo que le sirvió para entablar lazos durables con su clientela. Una por una, llamaba a todas las ferreterías del país para ofrecer sus productos y era un vendedor talentoso. Los ferreteros lo conocían, lo apreciaban y muchos de ellos siguen siendo clientes de Hoffens hasta el presente. Don Helmut solía viajar por Chile y aprovechaba esos recorridos para conocer personalmente a los ferreteros que atendía a distancia, a los más grandes y a los de pueblos pequeños, sin distinción. Algo que disfrutaba era llegar de sorpresa y presentarse: “Buen día, soy Helmut Hoffens”. Esa tradición iniciada por el fundador persiste hasta hoy, a través de un área comercial y un aparato logístico capaz de atender con la misma eficiencia a todos sus clientes. •


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