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FARMACIA, MEDICINA & HISTORIA

2021 SEXTA ÉPOCA

Revista de estudios históricos de las ciencias de la salud Antigua revista Medicina e Historia (Fundada en 1964)

Los tratamientos psicoanalíticos a los homosexuales en Chile (1952-1957) Marcelo Valenzuela Cáceres Ganador LI Premio Fundación Uriach de “Historia de la Medicina”

La Aseptia Chirurgiae Decus y la “revolución quirúrgica” en la ciudad de Valencia: el Instituto Ginecológico del Dr. Candela (1882-1898) Xavier García Ferrandis Accésit LI Premio Fundación Uriach de “Historia de la Medicina”

“Hazañas Bélicas” oncológicas Santos Enrech Francés

www.fu1838.org


FARMACIA, MEDICINA & HISTORIA 2021 – SEXTA ÉPOCA Revista de estudios históricos de las ciencias de la salud

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Fundada en 1964 Publicación anual Fundación Uriach 1838 Centro de Documentación de Historia de las Ciencias de la Salud Polígono Industrial Riera de Caldes Avda. Camí Reial 51-57 08184 Palau-Solità i Plegamans (Barcelona-España) www.fu1838.org fundacion-historia@uriach.com Director de la publicación:

Javier Uriach Torelló Diseño y maquetación:

Estudi Quim Duran Soporte válido con la ref. SVR nº 479 Dep. Legal B-27541-1963 ISSN 2604-6466 © de la edición: Fundación Uriach 1838 Reservados todos los derechos El contenido de la presente publicación no puede ser reproducido, ni transmitido por ningún procedimiento electrónico o mecánico, grabación magnética, ni registrado por ningún sistema de recuperación de información, en ninguna forma, ni por algún medio, sin la previa autorización por escrito del titular de los derechos de explotación de la misma. Prohibida su venta.

Los tratamientos psicoanalíticos a los homosexuales en Chile (1952-1957) Marcelo Valenzuela Cáceres

19 La Aseptia Chirurgiae Decus y la “revolución quirúrgica” en la ciudad de Valencia: el Instituto Ginecológico del Dr. Candela (1882-1898) Xavier García Ferrandis

31 “Hazañas Bélicas” oncológicas Santos Enrech Francés

Portada: Fotografía de la plaza de

Baquedano de Santiago de Chile. Roberto Gerstman

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Los tratamientos psicoanalíticos a los homosexuales en Chile (1952-1957) MARCELO VALENZUELA CÁCERES*

Resumen: En este artículo se analizan los tratamientos psicoanalíticos aplicados a los varones homosexuales en Chile en la década de los cincuenta. Estos procedimientos fueron realizados por dos psiquiatras chilenos que publicaron sus resultados en la Revista de Psiquiatría y Disciplinas Conexas, vinculada a la Universidad de Chile, en 1952 y 1957 respectivamente. El estudio de ambos artículos nos ayudará a comprender las prácticas de conversión médica de individuos homosexuales

a heterosexuales legitimada por la ciencia de aquel tiempo. Ello permitirá situar en una perspectiva histórica las diferentes discusiones sobre la homosexualidad: su origen biológico o social, la consideración de enfermedad en el siglo XX y el rol del psicoanálisis en su medicalización. Palabras claves: Terapias, psicoanálisis, medicina, psiquiatría y homosexualidad.

Psychoanalytic treatments to homosexuals in Chile (1952-1957) Abstract: This article analyses the psychoanalytic treatments applied to homosexual men in Chile in the fifties. These procedures were carried out by two Chilean psychiatrists who published their results in the Revista de Psiquiatría y Disciplinas Conexas, associated to the University of Chile, in 1952 and 1957 respectively. The study of both articles will help us understand the practices of the medical conversion of homosexual to hete-

rosexual individuals, legitimised by the science of that time. This will allow the different discussions on homosexuality to be put into a historical perspective: its biological or social origin, the consideration as an illness in the XXth century and the role of psychoanalysis in its medicalisation. Key words: therapies, psychoanalysis, medicine, psychiatry and homosexuality

*Doctor en Historia de la Ciencia, Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Investigador Independiente marcelovalenzuelac2011@gmail.com

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Los tratamientos psicoanalíticos a los homosexuales en Chile (1952-1957)

Facultad de Medicina, Universidad de Chile.

Introducción

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l psicoanálisis tiene su origen en la Viena imperial de fines del siglo XIX, en una etapa de apogeo de la cultura austríaca (1890-1914), en el contexto de esplendor del capitalismo financiero, de la expansión colonial europea en África y Asia y de una gran eclosión cultural en las artes visuales, las ciencias y la literatura1. Fue una consecuencia de la crisis del liberalismo como un referente valórico; se pasó de unas ideas abiertas y confianza en el individuo a un modernismo introspectivo provocado, en el caso de Sigmund Freud (1856-1939), por una desconfianza en las ideas racio-

El psicoanálisis tiene su origen en la Viena imperial de fines del siglo XIX, en una etapa de apogeo de la cultura austríaca.

nales con el surgimiento de las políticas antisemitas2. Los historiadores señalan como hitos fundacionales del psicoanálisis la publicación de Los estados de la Histeria (1885) de Josef Breuer (1842-1925) y de Los estudios de la histeria (1895) de Sigmund Freud3. Estos estudios permitieron el surgimiento de nuevos saberes sobre las enfermedades mentales, la psique y las personalidades de los individuos y marcaron el inicio de un cambio teórico que influyó en las diferentes ciencias humanas. Desde el ámbito de la historiografía chilena, el estudio del psicoanálisis es fragmentario y en muchas ocasiones se encuentra subordinado a una historia institucional de la psicología y la psiquiatría4. Sin embargo, en la última década han surgido diversos estudios que han analizado las circunstancias de producción y las interpretaciones posteriores a Sigmund Freud. Destacan los trabajos realizados por Silvana Vetö5, Mariano Rupethuz6 y Marcelo Sánchez7, que han posibilitado nuevos enfoques para una historia del psicoanálisis chileno analizando los procesos de los usos, apropiaciones y debates de este sistema teórico. A pesar de los avances en los estudios históricos sobre el psicoanálisis chileno, aún se mantienen temáticas sin explorar como, por ejemplo, la aplicación de psicoterapias por parte de

médicos y psicólogos en homosexuales para tratarlos clínicamente. Este trabajo busca subsanar este vacío analizando las psicoterapias realizadas a algunos pacientes homosexuales por dos psicoanalistas chilenos entre 1952 y 1957. Servirán como principales fuentes primarias sendas investigaciones médicas publicadas en la Revista de Psiquiatría y Disciplinas Conexas, adscrita a la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Estos artículos coinciden con el auge académico institucional que vivió en la década de los cincuenta el psicoanálisis en Chile. En 1949 se fundó la Asociación Psicoanalítica Chilena (APCH); y varios psiquiatras fueron partidarios de las ideas freudianas, las cuales eran difundidas en las aulas universitarias en las que se impartían las asignaturas dentro de los grados de psicología, pedagogía, derecho y medicina8.

El psicoanálisis y la homosexualidad El término homosexual deriva del griego (homós: igual) y fue enunciado por primera vez hacia 1868 por el médico húngaro Karl-María Kertbeny (1824-1882) para designar todas las formas de amor carnal entre las personas pertenecientes al mismo sexo bio-

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Sigmund Freud (1856-1939)

lógico9. Dicha definición surgió como una referencia reivindicativa a los gays y lesbianas para que fueran considerados sujetos de derecho y posteriormente se resignificó de una manera medicalizadora y condenatoria. Entre 1870 y 1910, el término homosexual se fue imponiendo progresivamente en las ciencias de la vida, criminológicas y humanas en la mayoría de los países, reemplazando de tal modo a otras denominaciones que caracterizaron esta práctica sexual: inversión, uranismo, sodomía, hermafrodismo, contra natura, pecado nefando, pederastia, unisexualismo y homofilia10. Esta nueva conceptualización en las ciencias de la vida decimonónicas se encontraba en oposición con la palabra heterosexualidad (del griego jé-

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teros: diferentes), forjada en 1880 y que designaba todas las formas de amor carnal entre las personas biológicamente distintas11. Los médicos europeos que estudiaron la homosexualidad durante el siglo XIX fueron Benedict-Auguste Morel (1809-1973), Ambroise Tardieu (1818-1879), Valentín Magnan (1835-1916) y Richard Von Kraft-Ebing (1840-1902)12. Todos ellos coincidían en considerar la homosexualidad como una tara, degeneración, inversión, anormalidad o patología cuya curación requería un tratamiento clínico. Una de las primeras teorías que medicalizaron el sexo entre varones fue la propuesta de Morel. El concepto de degeneración fue formulado por el médico francés Bénédict Morel en su libro publicado en 1857, Traité des dégénérescences physiques, intellectuelles, et morales de l’espèce humaine: et des causes qui produisent ces varié-

tés maladives, cuya tesis básica consistía en considerar que todas las anomalías del comportamiento humano “son expresión de la constitución anormal del organismo de los sujetos que las presentan (...) siendo esta constitución anormal transmisible hereditariamente y sujeta a una evolución progresiva hacia la decadencia”13. Sin embargo, el concepto de homosexualidad se comenzó a popularizar en la ciencia médica y específicamente en la psiquiatría en 1886, con la publicación de la obra del médico austríaco Richard Von Krafft-Ebing, Psychopathia sexualis: eine klinischforensische Studie (Psicopatía Sexual: Un Estudio Clínico-Forense), que contenía un gran cantidad de historias clínicas de las conductas sexuales humanas14. Este libro difundió los conceptos de sadismo, masoquismo, homosexualidad y neurosis cerebrales y postulaba que el examen médico permitía visuali-


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zar a un individuo degenerado psíquica y sexualmente, el cual no debía ser castigado penalmente sino medicalizado15. Esta autoconfianza de la psiquiatría austríaca decimonónica derivó en una serie de publicaciones que condenaron las sexualidades que no se ajustaran al patrón heterosexual16. La obra de Sigmund Freud es inabarcable de analizar en su totalidad en este escrito, lo que obliga a referenciar sólo los trabajos que hablaron directamente de la homosexualidad. En 1905 se publicó Tres ensayos sexuales, texto en el cual Freud dedicó un capítulo a la homosexualidad, en el que continuó utilizando las categorías y los argumentos provenientes de la teoría de la degeneración y definiendo a los homosexuales de la siguiente manera: A) Son invertidos absolutos, esto es, su objeto sexual tiene necesariamente que ser de su mismo sexo, no siendo nunca el sexo opuesto objeto de su deseo sexual, sino que los deja fríos o despierta en ellos manifiesta repulsión sexual. B) Son invertidos afígenos (hermafroditas psicosexuales); esto es, su objeto sexual puede pertenecer indistintamente a uno u otro sexo. La inversión carece, pues, aquí de exclusividad. C) Son invertidos ocasionales, o sea que bajo determinadas condiciones exteriores –de las cuales ocupan el primer lugar la carencia de objeto sexual normal y la imitación– pueden adoptar como objeto sexual a una persona de su mismo sexo y hallar satisfacción en el acto sexual realizado17.

Freud calificó la inversión sexual de signo congénito como una degeneración nerviosa. Dicha perspectiva se fundamentaba en el hecho de que los médicos la encontraron primero en individuos que sufrían enfermedades nerviosas. La teoría de la degeneración fue un modelo de comprensión que se encontraba en boga en la psiquiatría europea de la segunda mitad del siglo XIX. Partiendo del contexto del alienismo, sobrepasó ampliamente el ámbito médico de su origen y nutrió otras teorías de importancia en la ciencia decimonónica europea, tales como la antropología criminal en su enfoque italiano y francés, el higienismo y la eugenesia18. Al concluir el primer apartado de los Tres ensayos sexuales, Freud fue

bastante explícito en señalar que no contaba con una explicación sobre el origen de la homosexualidad, pero sí definió la existencia de una conexión entre el instinto sexual y el objeto sexual. Consideraba que las hipótesis de las teorías de la degeneración y de la bisexualidad no explicaban la esencia de la homosexualidad. Freud no condenó la homosexualidad en este estudio ni en sus futuras investigaciones, con lo cual se desvinculó de la tradicional argumentación judeo-cristiana, basada en la historia bíblica del Génesis de la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra19. A diferencia de

Freud calificó la inversión sexual de signo congénito como una degeneración nerviosa.

sus Tres ensayos sexuales, en el texto Sobre psicogénesis de un caso de homosexualidad en una mujer de 192020, Freud aceptó la premisa de la bisexualidad en el individuo humano y en algunos animales; pero rechazó explicar la masculinidad y la feminidad en los seres humanos porque consideró que ambas categorías constituían un reduccionismo simplificador del debate científico. En el transcurso de su vida intelectual, el fundador del psicoanálisis nunca elaboró una teoría completa sobre la homosexualidad, pero esta fue una preocupación en sus investigaciones sobre el inconsciente y se refirió en más de una oportunidad al tema en diferentes publicaciones. Freud nunca fue un partidario de aplicar terapias a las conductas sexuales alternativas a la heterosexualidad. En cambio, los continuadores de este enfoque psiquiátrico-psicológico iniciaron y consolida-

ron los tratamientos de curación de la homosexualidad con el objetivo de encauzar al paciente hacia la heterosexualidad. En diciembre de 1921 la International Psychoanalytical Association (APA), decidió patologizar dicha conducta21. A raíz del ascenso del nazismo al poder con el nombramiento de Adolf Hitler (1889-1945) como Canciller de Alemania en enero de 1933 y la posterior anexión de Austria en beneficio del III Reich en marzo de193822, los psicoanalistas de estos países sufrieron el exilio y el éxodo a Reino Unido, Francia y Estados Unidos. El psicoanálisis en Estados Unidos perdió su potencial subversivo y crítico para transformase en una psicoterapia restringida al ámbito de la salud mental23. Entre 1933 y 1960 se desarrollaron en el seno del psicoanálisis tres grandes corrientes, que surgieron de la diáspora europea a Estados Unidos y que tenían por denominador común una definición del yo distinta a la concepción freudiana del sujeto, centrada en la primacía de la noción de individuo. La primera de esas corrientes es el culturalismo, una tendencia con múltiples enfoques, la cual reúne a teóricos también diferentes tales como a Erich Fromm (1900-1980) y Karen Horney (1885-1952). La segunda corriente está representada por Franz Alexander (1891-1964), fundador de la Escuela de Chicago, la cual se propone transformar la cura clásica en una terapéutica de la personalidad global del individuo. La tercera corriente, la Ego Psychology, es la más representativa de ese pragmatismo adaptativo, forjado esencialmente por los emigrados deseosos de integrarse en la nueva tierra prometida.24 A pesar de los distintos enfoques y discusiones de las psicoterapias freudianas, existía un fuerte consenso al interior de ellas de considerar a la homosexualidad como una patología que sufre el individuo y que puede ser remediada. Así pues, el aporte del psicoanálisis estadounidense fue positivizar esta teoría psicológica y dotarla de un cariz predictivo eliminando cualquier tipo de especulación. La positivización del psicoanálisis permitió su consolidación como una referencia

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teórica en diversas profesiones (medicina, educación, abogacía y psicología) y además desplegó su influencia en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica25.

El psicoanálisis en Chile, 1910-1960 La primera recepción del psicoanálisis en el mundo académico chileno fue en 1910 por parte del médico Germán Greve Shlegel (1863- 1954), quien presentó una ponencia titulada “Sobre psicología y psicoterapia de ciertos estados angustiosos” 26 en el Congreso Internacional Americano de Medicina e Higiene, en Buenos Aires en 1910. Esta disertación fue la primera comunicación en lengua castellana sobre el psicoanálisis en Latinoamérica. En aquella ocasión, el psiquiatra chileno señaló que la aplicación del psicoanálisis permitiría combatir los síntomas obsesivos y se esforzó por conciliar los argumentos de Sigmund Freud y Pierre Janet (1859-1947). En el futuro, Germán Greve no volvería a publicar ni profundizaría sobre el psicoanálisis. Freud comentó este trabajo en dos ocasiones en sus obras, calificando a Greve como colega “probablemente alemán”27. La influencia de la ciencia francesa decimonónica en el ambiente médico chileno está vinculada a la gran admiración por dicho país por parte de las elites intelectuales, políticas y económicas28. Por lo tanto, la recepción de Sigmund Freud estuvo marcada por el deseo de ligarlo a la figura del psicólogo francés Pierre Janet, que contaba con un mayor prestigio en el ámbito académico chileno. A comienzos del siglo XX, los médicos chilenos continuaron con los dictados y juicios negativos que sus colegas franceses pronunciaban sobre el psicoanálisis, a la que consideraban una teoría con escaso sustrato científico y demasiado especulativa, además de desaprobar su fuerte énfasis en la sexualidad humana29. A pesar de estos reparos, el psicoanálisis circuló en Chile durante el siglo XX por dos vías de manera sincrónica: por un lado, en la psiquiatría académica, y por otro lado, como discurso médico social que se debatía en

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la esfera pública con un énfasis en la divulgación ciudadana, y entroncándolo con el higienismo y la eugenesia30. Otro hito en el proceso de recepción del psicoanálisis en Chile fue el retorno de Europa, en 1925, de Fernando Allende Navarro (1890-1981), quien publicó su tesis titulada El valor del psicoanálisis en la policlínica: una contribución a la psicología clínica en la Universidad de Chile. Allende Navarro había pasado largos años estudiando medicina en las universidades de Suiza, Bélgica y Francia. Se formó con personalidades tales como Cons-

La recepción del psicoanálisis en Chile se produjo al mismo tiempo que una gran cantidad de cambios, sociales y culturales.

tantin von Monakow (1853-1930), con quien se especializó en anatomía cerebral, y Hermann Rorschach (18841922). Allende fue reconocido como el primer psicoanalista formado oficialmente que llegó al continente americano. Al mismo tiempo, en la esfera pública, Samuel Gajardo (1894-1961), abogado, especialista en derecho penal y delincuencia infantil y juvenil, profesor de medicina legal de la Universidad de Chile y el primer juez de menores, realizó una sistemática divulgación del psicoanálisis, combinando el derecho penal con las ideas de Freud. Además, fue tutor de diversas tesis que versaron sobre esta temática, publicando libros dirigidos a un público amplio31. En 1949, Fernando Allende Navarro, Ignacio Matte Blanco (1908-1995)

y Francisco Beca Soto (1910-1958) fundaron la Asociación Psicoanalítica Chilena (APCH)32. Los médicos pertenecientes a la APCH tenían en sus comienzos fuertes vínculos con los círculos católicos y conservadores de la época: Matte Blanco y Beca Soto eran católicos confesos y ambos condenaban la libertad sexual que supuestamente impulsaba el psicoanálisis, sosteniendo que el uso de esta teoría se debía restringir exclusivamente a los círculos profesionales ligados a las ciencias de la vida33. Estos postulados convergían con los enfoques estadounidenses que redujeron al psicoanálisis a una psicoterapia manejada sólo por un grupo de especialistas ligados al establishment académico. En consecuencia, cuando comenzó a aplicarse la teoría psicoanalítica en Chile, el background moral del psicoanalista pesaba en demasía sobre esta teoría. La recepción del psicoanálisis en Chile se produjo al mismo tiempo que una gran cantidad de cambios económicos, sociales y culturales. A causa de la crisis económica de 1929, este país orientó su economía hacia una acelerada industrialización, implementándose políticas tendientes a la extensión de ciertos derechos sociales en salud, educación y vivienda34. En el ámbito político, se vivió un régimen de democracia presidencialista con gran importancia de los grupos políticos socialistas, comunistas, radicales, la democracia cristiana, los liberales y los conservadores35. A la vez que las ideas psicoanalíticas, circularon en Chile otros sistemas de pensamiento que florecieron en el mundo universitario, político y social, tales como la criminología italiana, la eugenesia, la endocrinología, el socialismo, el corporativismo, el socialcristianismo y la teoría de la dependencia económica. En algunas ocasiones, estas teorías se imbricaban y complementaban mutuamente.

Psicoanálisis y homosexualidad en Chile Desde el siglo XIX, la medicina legal, el higienismo y el positivismo médico tanto de Ambroise Tardieu


Los tratamientos psicoanalíticos a los homosexuales en Chile (1952-1957)

Centro de Santiago años 50. Fotografía de Eliot Elisofon para revista Life.

(1818-1879) como de Cesare Lombroso (1835-1909), ya habían considerado las conductas homosexuales como perversiones ligadas a la criminalidad36. La teoría psicoanalítica de influencia estadounidense fue una continuadora de esta clasificación y planteó algunos tratamientos para modificar dichas conductas. En 1952, el médico Carlos Whitting, miembro de la APCH y profesor de psiquiatría de la Universidad de Chile, y el también médico de la misma universidad Carlos Carrillo37 publicaron un artículo en la Revista de Psiquiatría y Disciplinas Conexas, titulado “Un caso de homosexualidad”. Esta revista, fundada en 1937 al resguardo de la Universidad de Chile, fue impulsada por iniciativa del psiquiatra y profesor Oscar Fontecilla Espino-

El higienismo y el positivismo médico tanto de Ambroise Tardieu (1818-1879) como de Cesare Lombroso (18351909), ya había considerado las conductas homosexuales como perversiones ligadas a la criminalidad.

za (1882-1837)38. En este trabajo, los autores analizaron el caso clínico de un joven llamado Luis, de veintiséis años de edad, soltero y diagnosticado de neurosis grave con ciertas conductas homosexuales. El joven consultó por primera vez a los facultativos en noviembre de 1951 “por sentir desde la infancia una permanente atracción sexual hacia los varones, por las costumbres masturbatorias que realizaba y por una gran angustia que le provocaban las dos prácticas anteriormente citadas”39. Los médicos estudiaron el relato que les entregó Luis sobre sus primeras experiencias sexuales con otros jóvenes: La homosexualidad se habría iniciado aproximadamente a los 10 años, a raíz, según el enfermo, de relaciones sexuales con un muchacho de la misma edad. Las relaciones fueron anales y el paciente tuvo el rol tanto de activo como de pasivo. A partir de entonces se apoderan de él sentimientos de culpabilidad que lo determinan a aislarse y a

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abandonar toda posibilidad de triunfo. Sentía que no tenía derecho a tener amigos y refiere que algo adentro le prohibía toda actividad. “Tú no puedes, no debes, tienes esa mancha…” Junto con este gran cambio de actitud y conducta frente a la vida, inició sus actividades masturbatorias40.

El historial clínico del paciente, construido por los médicos, describe la homosexualidad de Luis a través de sus prácticas sexuales con otros jóvenes, en las cuales cumplió el rol de pasivo y activo alternadamente y la masturbación en solitario. Según los psiquiatras, Luis sentía un gran complejo de culpa por este comportamiento sexual. El paciente consideraba que sus sentimientos y sus actividades sexuales eran erróneas, por lo cual experimentaba una paralización anímica en su vida cotidiana. El paciente, cuando narra a los médicos sus sentimientos, señala que tenía una culpa interiorizada por sus prácticas sexuales entre varones. Los médicos, en sus análisis de este caso, señalaron: La primera vez que se masturbó, alrededor de los 15 años, fue frente al pantalón de un muchacho (…) Han sido tan exigentes estas reacciones que ha tentado suicidarse dos veces, con barbitúricos, siendo auxiliado en la asistencia pública. Es por su homosexualidad como por la angustia y depresión que la acompañan que consulta a este policlínico41.

El paciente señaló que no disfrutaba sus conductas amorosas que expresaba a otros varones e indicaba que en su vida cotidiana, tenía sensaciones de angustia que le generaban cuadros anímicos de neurosis y depresión. En definitiva, él no quería ser homosexual y por ello recurría a la consulta médica. Conviene recordar que, a lo largo de la historia de la sexualidad, la práctica de la masturbación ha sido impugnada durante siglos por la antropología cristiana. Más recientemente, en los siglos XIX y XX, las ciencias de la vida (psiquiatría, sexología y fisiología) la calificaron como una actividad sexual anormal y a veces una de las causas de la homosexualidad. 42. Otro aspecto que acentúa el es-

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tudio de estos psicoanalistas son las condiciones sociales del paciente, que siempre fueron consignadas por ellos. Los tratamientos de “curación de la homosexualidad” se aplicaban a los individuos considerando la clase social y el contexto socio-cultural. Los médicos describieron la vida social del paciente de la siguiente manera: Pertenece a lo que genéricamente denominamos clase baja o clase popular. Es un ambiente obrero de escaso nivel cultural, de situación económica inestable. Prenden en este ambiente las más atiborradas ideas religiosas y sociales mezcladas con supersticiones de las más variadas índoles, que en más de alguna manera influyen sobre la formación de los hijos43.

Carrillo y Whitting señalan que el estrato social del paciente, perteneciente a los sectores populares, influía negativamente en el tratamiento para

El caso de Luis visualiza que los médicos chilenos adaptaron el psicoanálisis a los contextos morales, sociales y culturales de la sociedad chilena.

su afección sexual. Además, argumentaron que las ideas de puericultura de los sectores desfavorecidos económicamente podían influir en el paciente tratado: En primer lugar, el bajo nivel económico no permite financiar un costoso tra-

tamiento, y en segundo lugar, el escaso conocimiento científico de las clases populares impide el desarrollo de las nuevas ideas médicas y la solución de ciertas dolencias que para este caso era la homosexualidad44.

En la ciencia médica de las distintas latitudes era muy común el argumento de que la despreocupación del higiene por parte de las clases populares eran hechos “científicos” y no efectos de su penuria económica. Los sectores populares seguían en menor medida las pautas señaladas por higienistas y médicos sociales tanto por la exclusión del sistema sanitario como también por la resistencia que oponían a la creciente medicalización de sus vidas. Otro argumento presente en los planteamientos de estos psicoanalistas fue considerar que la “homosexualidad nace rodeada de heterosexualidad”45, haciendo referencia directa al contexto social en que estaban insertos los individuos. Con ello, descartaban, en principio, los factores genéticos y hormonales, y consideraban que transformarse en homosexual estaba relacionado con los modos de crianza y la presencia de los padres del paciente. Por consiguiente, el caso de Luis visualiza que los médicos chilenos adaptaron el psicoanálisis a los contextos morales, sociales y culturales de la sociedad chilena. Los psicoanalistas consideraron frente al caso de Luis, que lo correcto eran las prácticas heterosexuales, que la pobreza fue un elemento productor de sujetos anormales, que los padres a través de su crianza afectaron al sujeto tratado y, por último, que la escolaridad del paciente y de sus progenitores influyeron en sus afecciones mentales. Según el informe clínico, Luis, tras su primera experiencia homosexual, dejó de ser un joven audaz y curioso, asumió un carácter retraído, le gustaba aislarse y toda su satisfacción la obtenía por medio de la lectura. Comenzó a estudiar a los diez años, cursó cinco años de educación primaria sin problemas y debido a las dificultades económicas de su familia abandonó la escuela y comenzó a trabajar. En 1947, después de numerosas experiencias homosexuales, estableció


Los tratamientos psicoanalíticos a los homosexuales en Chile (1952-1957)

una relación afectiva con un muchacho de dieciséis años –Luis contaba con veintiún años– con quien convivió entre tres y cuatro meses46. Luis señaló a los médicos que cuando estaba involucrado en forma amorosa con un joven, tenía sentimientos de asco y arrepentimiento, es decir, no se sentía cómodo en su noviazgo. Para los médicos, el origen de la homosexualidad de Luis podía radicar, en primer lugar, en que éste hubiera observado una escena sexual de su hermano; en segundo lugar, en la rivalidad con la madre; en tercer lugar, en el miedo al pene paterno; y por último, en la ausencia de actividad deportiva47. El tema del origen de la homosexualidad pertenece a un largo debate de la ciencia médica de los siglos XIX y XX. El historiador Graham Robb recopiló en su investigación más de trescientas cincuenta posibles causas de la homosexualidad en los distintos manuales psiquiátricos y psicológicos provenientes de la ciencia europea de los siglos XIX y XX, que incluían desde la alienación planetaria hasta la forma de los órganos sexuales, pasando por la ausencia del deporte, el miedo a contraer enfermedades sexuales, las modas extranjeras o la vio-

Facultad de Medicina, Universidad de Chile.

El tema del origen de la homosexualidad pertenece a un largo debate de la ciencia médica de los siglos XIX y XX.

lación, entre otras48. Como hemos mostrado, según los facultativos, en el caso de Luis el origen de la homosexualidad correspondía al contexto y el ambiente. Además, aunque no se señalaba explícitamente en la investigación clínica de los facultativos chilenos, esta tesis contaba con el respaldo de los otros enfoques médicos (degeneración, endocrinología y psicopatología) que también legitimaron la patologización de la homosexualidad. Sin embargo, los planteamientos sobre el origen de

la homosexualidad siempre representaron una debilidad del enfoque psicoanalítico al momento de definir las causas científicas en torno las preferencias sexuales de los individuos. El caso clínico del joven Luis fue solamente un análisis preliminar sin la aplicación de terapias psicoanalíticas. Los médicos señalaron dos opciones de tratamiento para el paciente: el biológico-hormonal y el método psicoterapéutico, inclinándose por este último, ya que, según los galenos, el uso de hormonas podría agravar los problemas homosexuales del paciente49. El objetivo de la psicoterapia empleada por los médicos chilenos era inhibir el dolor, suprimir la emoción errónea que en este caso era la atracción física y sexual al sexo masculino y restablecer las ideas de la heterosexualidad que se consideraban las propias del equilibrio normal del ser humano. Según ellos, la psicoterapia podía ofrecer un tratamiento paliativo o curativo al paciente que fuese homosexual. La idea de una psicoterapia

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paliativa o más bien para la readaptación social surgía de la “incurabilidad” de algunos casos de homosexuales que se atribuía al peso preponderante del contexto social y cultural del sujeto observado. En algunos casos clínicos, no fue posible modificar la conducta homosexual, como pretendían los psiquiatras, sino que se adaptó a una normalización con la sociedad “limitando el amaneramiento, la pederastia, y la promiscuidad”50 y calmando los sentimientos de culpa de los pacientes. Los médicos sometían a un individuo a un proceso de normalización de la preferencia sexual por considerar que el varón estaría mejor anímicamente siendo un heterosexual. Posteriormente, en 1957, el doctor Carlos Whitting publicó un estudio relacionado con las observaciones clínicas de cuarenta y cuatro pacientes homosexuales.51. El psiquiatra definió y clasificó la homosexualidad según los planteamientos de Edmund Bergler (1899-1962), quien dividía en dos grupos la homosexualidad: latente y suprimida. La homosexualidad latente era la propia de individuos con neurosis y cuadros depresivos angustiosos que sentían temor por la homosexualidad. La homosexualidad suprimida o inhibida era la propia de aquellos pacientes que tenían impulsos amorosos hacia otros hombres sin actividad sexual, solo fantasías eróticas ligadas a la masturbación. A continuación analizaremos los tratamientos psicoanalíticos empleados en varones homosexuales que tuvieron por objetivo suprimir esa conducta sexual. El autor (al igual que en su investigación anterior) asume la interpretación hegemónica del psicoanálisis predominante en las décadas de los cincuenta, ligada a la psicología y la psiquiatría estadounidense. Esta consideraba la homosexualidad como una enfermedad mental (neurosis) que afectaba a las personas y que podía ser tratada y eliminada a través de la ciencia médica (psiquiatría). Ciertamente, Whitting expresó sus dudas sobre la terapia de conversión sexual, en conformidad con las señaladas por Freud en su momento: “los éxitos de la terapia psicoanalítica en el tratamiento de la homosexualidad no son, en ver-

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dad muy numerosos y la empresa de convertir en heterosexual a un homosexual llegado a un completo desarrollo, no tiene muchas más posibilidades de éxito que la labor contraria”52. Sin embargo, a pesar de estas precauciones y dudas, la medicalización de las conductas sexuales que no corresponden al coito entre un varón y una mujer fue la tónica general entre los continuadores del psicoanálisis tanto en Chile y como en el extranjero. Las observaciones de Whitting están en consonancia con el contexto tras la Segunda Guerra Mundial y la posterior consolidación de la hegemonía científica de los Estados Unidos. En este ambiente y por petición del ejército y del sistema sanitario estadounidense, la APA publicó en 1952

Bergler inició en Estados Unidos una campaña para “tratar” y “curar” la homosexualidad partiendo de la premisa de considerarla como una enfermedad.

el Diagnostic and Statistical Manual (DSM-I), que recopilaba y conceptualizaba todas las enfermedades mentales existentes en ese momento. Entre ellas figuraba la homosexualidad, que siguió manteniéndose como enfermedad en la edición de 1968 (DSMII) y solo se eliminó en la DSM-III de 197353. Es importante destacar que en la redacción de los manuales de 1952 y 1968, los psicoanalistas estadounidenses lograron ejercer una fuerte impronta conceptual54. El psicoanálisis

clínico de la escuela estadounidense resultó ser uno de los pilares de la psicoterapia de la homosexualidad. Estaba sustentado a través de las premisas del psiquiatra austríaco-judío exiliado posteriormente en Estados Unidos Edmund Bergler, quien era citado como un marco de referencia y utilizado en las observaciones clínicas de Carlos Whitting55. Bergler inició en Estados Unidos una campaña para “tratar” y “curar” la homosexualidad partiendo de la premisa de considerarla como una enfermedad mental, como una distorsión neurótica de la personalidad total. Su estudio de la sexualidad continúa en ciertos puntos con el enfoque freudiano examinando la psique interior e interpretando los deseos inconscientes de sus pacientes. El psicoanalista consideró que las influencias de las experiencias infantiles podrían afectar las percepciones de un individuo sobre el sexo opuesto y su propia identidad de género. Bergler postuló que se debían reforzar los sentimientos de culpa de los jóvenes que disfrutaban del placer homosexual, a fin de poder modificar su orientación sexual y obtener una salud mental normal (heterosexual)56. En sus observaciones clínicas, siguiendo a Bergler, Whitting entiende como un éxito del tratamiento que el joven medicalizado no tenga interés sexual en los varones y consiga el placer sexual a través de las mujeres. En algunos casos realizó las curaciones a través de la terapia del miedo y el proceso voluntario de psicoterapia; estos tratamientos se caracterizan por su duración, avance y retroceso en la mejoría del paciente57. Esta terapia tenía el objetivo de modificar la conducta sexual de algunos varones a fin de sustituir la homosexualidad por una conducta heterosexual, corrigiendo sus manifestaciones de afeminamiento y su pulsión sexual. En los tratamientos médicos que realizó en la década de los cincuenta, Whitting rechazó el uso de fármacos y hormonas a pesar de que estaba muy en boga en la praxis médica del periodo. En la argumentación de Whitting en este artículo de 1957 se encuentra, de nuevo, la importancia de las condi-


Los tratamientos psicoanalíticos a los homosexuales en Chile (1952-1957)

ciones sociales y culturales de las personas homosexuales como dificultad para su curación que ya había aparecido en su artículo de 1952. Whitting señaló en su escrito lo siguiente: En primer lugar hemos comprobado en muchos casos que los pacientes que pertenecen a clubes de homosexuales son de mal pronóstico. En el estudio de tres pacientes el «club» representaba inconscientemente la alianza con los hermanos y/o el padre58.

El médico señaló que las condiciones sociales y cultural de los pacientes que se expresaban en la asistencia a lugares donde se reunían los homosexuales y que impedían una curación efectiva de los pacientes 59. Por consiguiente, si el paciente interactuaba con la subcultura homosexual que se desarrolló en Chile durante el siglo XX60, sería muy complejo el alcanzar su curación. El psicoanalista explicó que el paciente concurre a estos lugares de índole homosexual, como una supuesta relación que lo acercaba a su padre y hermanos; y una actitud de rebeldía hacia su madre, que representaba el castigo. En las lógicas del psicoanálisis, los conflictos entre los padres e hijos son uno de los modos de explicar las prácticas homosexuales. Aunque como observaremos más adelante, el médico también cumple una función de asistencia social o incluso una relación filial de padre e hijo en el transcurso del tratamiento. El médico argumenta que la causa de la homosexualidad del paciente es por su relación familiar. De ahí que la terapia realizada se enfocara hacia un cambio en las relaciones y las representaciones de la familia. Otro condicionante que desfavorece, según Whitting, las terapias de conversión sexual aplicadas a los sujetos homosexuales “es que estos dependan o exploten económicamente a la pareja y que tiene relación con el costoso tratamiento de conversión”61. En la argumentación del psiquiatra reside un prejuicio de la época: que los homosexuales eran personas fáciles de manipular y extorsionar económicamente. Es decir, el médico señaló que algunos homosexuales financian a ciertas personas que conocen su orien-

tación sexual para que mantengan el secreto frente a la sociedad. Por otra parte, durante el proceso de tratamiento el autor observó que los médicos, las enfermeras y los paramédicos inconscientemente sienten un repudio moral hacia el individuo homosexual y esta consideración podría afectar y desvirtuar los principios básicos de la técnica psicoanalítica. El médico en esta reflexión plantea que una de las premisas fundacionales de la medicina experimental (neutralidad epistemológica) es superada por la condena social y cultural del personal sanitario; es decir, la medicalización, a pesar de su áurea objetiva, puede fracasar por las consideraciones morales previas de los profesionales

Este joven fue sometido a un tratamiento de cambio de preferencia sexual cuya duración fue de cuatro años.

de la salud. Esta actitud se encuentra legitimada por la antropología cristiana, que condena discursivamente una serie de prácticas sexuales, entre ellas la sodomía (que se interpreta como homosexualidad)62, y la legislación chilena con el artículo 365 del Código Penal vigente desde uno de marzo de 187563 y la Ley Nº 11.625 denominada de los Estados Antisociales y Medidas de Seguridad64. Frente a este contexto, la conversión de conducta sexual realizada por el psiquiatra chileno contaba con una legitimidad penal y cultural para modificar ciertas conductas sexuales, como se analizará en las líneas siguientes. Por ejemplo, el paciente E, de sexo

masculino, veinticinco años y de clase baja, que trabajaba de obrero y mantenía actividades homosexuales expresadas en besos, caricias y masturbaciones con otros varones. Según el médico, el paciente E “tenía un cuadro depresivo neurótico de carácter breve de tipo narcisista oral con elementos histéricos importantes, ausencia de tendencias psicopáticas y tendencias paranoides leves”65. Este joven fue sometido a un tratamiento de cambio de preferencia sexual cuya duración fue de cuatro años. En los primeros seis meses, el profesional asumió una actitud de participación activa y de apoyo. El tratamiento que realizó Whitting se define en el ámbito psicoanalítico como la “cura por miedo”66, que explica de la siguiente manera: El paciente mantenía una buena relación con su padre, con el que se visitaba periódicamente, posteriormente, la madre se casó de nuevo. La rivalidad entre hijo y padrastro llegó a situaciones de extrema violencia en muchas ocasiones. En una de estas disputas el padrastro arrojó a E un objeto y éste le respondió lanzándole una plancha de metal en la cabeza. Ese mismo día el paciente encontró muerto de un ataque cardíaco a su padre, al ir a visitarlo como acostumbraba. Al mes desaparecieron los impulsos homosexuales67.

La curación se logró después de un hecho traumático y doloroso para el paciente y eso permitió superar los miedos que sentía por su madre y mejorar las relaciones con su padrastro. El médico aplicó unos métodos eclécticos de curación, desarrollando un hibrido entre el conductismo y el psicoanálisis. En la segunda etapa del análisis se enfocó la dificultad del paciente para entablar relaciones amorosas o sexuales con el sexo femenino y el conflicto con sus jefes de trabajo. En el ámbito afectivo llegó rápidamente a una buena relación amorosa con su novia, si bien en ciertas ocasiones tuvo problemas de impotencia y de eyaculación precoz que eran consecuencia de sus miedos profundos a la imagen fálica y canibalística de los padres. En este tratamiento psicoanalítico para curar la homosexualidad, Whitting modificó las condiciones económicas y sociales del paciente y no solamente se centró

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Código Penal de la República de Chile 1874.

en los problemas del inconsciente. Por lo tanto, la curación fue exitosa a través de facilitarle al paciente un buen trabajo remunerado y una relación sexual efectiva con una mujer, así como de asegurar que este cumpliera con su rol masculino en las esferas pública y privada. Frente a la ausencia de una figura paterna del paciente, el médico ejerce dicha función de manera simbólica durante el transcurso del tratamiento. La última etapa de la conversión se-

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El paciente F fue el segundo homosexual medicalizado por Whitting. xual fue la consolidación de su heterosexualidad, que culminó con el matrimonio del joven, lo cual refleja una

estabilización siguiendo el análisis del médico68. Es decir, esta terapia se enfocó en incidir en el ambiente social y cultural del paciente E, más que en seguir de una forma esquemática los procedimientos canónicos del psicoanálisis freudiano y post freudiano. Este procedimiento médico permite visualizar una riqueza ecléctica en los métodos médicos y no sólo un uso receptivo y pasivo de las teorías psicoanalíticas en Chile. Según el médico, el matrimonio era la última fase para asumir la sexualidad heterosexual gracias a los tratamientos psicoanalíticos y representaba a la vez el éxito de la terapia en el paciente. En este caso se observa cómo los discípulos del psicoanálisis pueden resignificar sus postulados con la finalidad de domesticar el pensamiento psicoanalítico en función de los valores morales hegemónicos de la época: la sexualidad heterosexual. Por lo tanto, a pesar de que los médicos se consideraban psicoanalistas, en realidad al mismo tiempo también desarrollaban un tratamiento de curación en forma conductista o una psicología social-comunitaria, que no explicitaron en sus investigaciones. Es decir, estos médicos fueron conscientes del contexto social del paciente y de cómo aquel influye sobre el individuo tratado y no lo olvidaron en sus planteamientos psicoanalíticos. El paciente F fue el segundo homosexual medicalizado por Whitting. La persona tratada clínicamente tenía veinticinco años de edad, era de clase alta y contaba con estudios universitarios. Su cuadro clínico describía una intensa depresión neurótica y dificultades para entablar relaciones sociales con las personas. En el periodo en el cual concurrió a la consulta médica, sufría de una extrema inactividad y era mantenido económicamente por sus hermanos porque los padres del paciente habían muerto cuando él tenía dieciocho años. Según la ficha clínica, la madre fue una persona neurótica grave, que había explotado a sus hijos y dominado a su esposo, débil de carácter y sometido a sus caprichos69. En la primera parte del análisis se refiere a que el paciente estaba sintiendo impulsos homosexuales a causa de la


Los tratamientos psicoanalíticos a los homosexuales en Chile (1952-1957)

muerte de su padre y el rechazo amoroso de una mujer. En este periodo el psiquiatra logró en el paciente cierta mejoría frente a la depresión que sufría y una readaptación al trabajo y la vida social. En la segunda etapa del tratamiento el paciente F desarrollaba los siguientes rasgos: Irrupción de la actividad homosexual y del análisis de sus contenidos inconscientes. El paciente elegía como objetos homosexuales a muchachos jóvenes de dieciocho a veinte años, que debían tener el prerrequisito de estar embriagados para despertar su excitación sexual. Ellos representaban, en un plano edípico positivo, rivales masculinos substitutos del padre o de los hermanos, indefensos por el alcohol y fáciles de atacar y castrar70.

Esta fue la fase más compleja de todo el tratamiento, en la cual el psiquiatra descubrió la identificación del paciente con la madre. La práctica de embriagar a los muchachos para obtener relaciones sexuales significa para el psicoanalista: Una proyección de la figura del padre y del hermano. Durante este periodo el paciente se caracterizó por la alternancia de pseudo-sublimaciones de las tendencias homosexuales, que lo llevaron a sus primeros contactos tiernos y genitales con la mujer y de la irrupción de actividades homosexuales compulsivas71.

Esta etapa fue enmarañada para el joven en el ámbito de su salud mental. Este periodo se extendió durante tres años y medio, debido a las constantes psicoterapias a las que estuvo sometido y que gradualmente fueron consolidando su conducta heterosexual, aunque durante largos periodos sufría de impotencia y de eyaculación precoz. La última fase del tratamiento fue conseguir que el paciente dejara de sentir impulsos homosexuales y pudiera cambiar su orientación sexual por la heterosexualidad, evento que acaeció en el quinto año de tratamiento.

Conclusiones En este estudio se han analizado los tratamientos psicoanalíticos que se

realizaron a algunos homosexuales chilenos entre 1952 y 1957. La teoría psicoanalítica, en primera instancia a través de la obra de su fundador Sigmund Freud, señaló que la homosexualidad no era una enfermedad y tampoco realizó una condena tajante a la homosexualidad. Sin embargo, los discípulos chilenos de Freud reinterpretaron su obra e influyeron en la teorización y conceptualización de la homosexualidad al calificarla de una enfermedad. Esta acción fue una domesticación del psicoanálisis según los marcos religiosos y morales del tiempo estudiado. En esta investigación se han analizado los tratamientos psicoanalíticos practicados por los psiquiatras Carlos Whitting y Carlos Carrillo, que trabajaron en la Universidad de Chile.

La última fase del tratamiento fue conseguir que el paciente dejara de sentir impulsos homosexuales.

Sus tratamientos médicos fueron una amalgama de prácticas eclécticas que demuestran el peso de la subjetividad de los médicos en la aplicación de las técnicas clínicas. En esta investigación, el psicoanálisis tiene relevancia porque se transformó en un marco interpretativo para consolidar el estatus científico del tratamiento que desarrollaron estos médicos en sujetos homosexuales. En los casos estudiados, los médicos chilenos utilizaron el psicoanálisis como una mascarada para ocultar su subjetividad y aplicar las técnicas de este enfoque con la finalidad de “curar a la homosexualidad”. En los dos artículos analizados, visualizamos una

gran cantidad de juicios morales y valóricos que se combinan con la argumentación científica, y que por ende legitimaron dichas percepciones. La ciencia en este caso fue empleada como un dispositivo moral y legal para modificar las conductas homosexuales de los individuos. Además, el contexto nacional e internacional de criminalización y patologización de la homosexualidad y la percepción del sistema social que consideraba estos actos como incorrectos e inmorales permitían legitimar los tratamientos de conversión de preferencia sexual. Los psicoanalistas chilenos realizaron una terapia ecléctica en la cual aplicaron algunas técnicas del psicoanálisis (hipnosis, clínica y terapia del miedo) y a la vez intervinieron en el contexto social y cultural de los pacientes varones que fueron sometidos a los tratamientos de conversión a la heterosexualidad, consiguiéndoles trabajos remunerados y relaciones sexuales y amorosas con mujeres, que en algunos casos finalizaron en el matrimonio. Por lo tanto, el tratamiento psicoanalítico aplicado a los varones tenía por objetivo la transformación de su homosexualidad a una heterosexualidad. En definitiva, los propósitos de la aplicación de algunas psicoterapias a Luis y los pacientes E y F fue que ellos pudieran restablecer un autocontrol en el ámbito sexual de sus vidas y que desarrollaran una actividad sexual heterosexual. s

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Marcelo Valenzuela Cáceres

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La Aseptia Chirurgiae Decus y la “revolución quirúrgica” en la ciudad de Valencia: el Instituto Ginecológico del Dr. Candela (1882-1898) XAVIER GARCÍA FERRANDIS*

Resumen: Este trabajo se centra en el análisis del Instituto Ginecológico del Dr. Candela, un pequeño hospital quirúrgico fundado a finales del siglo XIX como alternativa a un modelo de beneficencia agotado. Se trata del único vestigio de las clínicas fundadas en la Valencia del cambio de siglo que ha llegado hasta nuestros días. Efectivamente, la clínica del Dr. Candela fue el embrión de la actual Casa de Salud, un hospital privado y católico situado en la avenida que lleva el nombre del ginecólogo valenciano. Nuestra investigación pone de manifiesto que la introducción en Valencia de la antisepsia y asepsia quirúrgicas fue clave en la llegada a la ciudad de la deno-

minada “revolución quirúrgica”, un hito que se debió a cirujanos como Manuel Candela y Pla. Asimismo, el artículo analiza en profundidad el cuadro “Laparotomía”, pintado en 1898 por el artista Vicente Castell Doménech en uno de los quirófanos de la clínica ginecológica del Dr. Candela, mientras éste llevaba a cabo dicha operación. Se trata de un cuadro hiperrealista que refleja la convergencia de los tres elementos que posibilitaron la “revolución quirúrgica”: la anestesia, el control de la hemorragia y la asepsia. Palabras clave: cirugía, antisepsia, asepsia, Valencia, Manuel Candela, Vicente Castell.

The Aseptia Chirurgiae Decus and the “surgical revolution” in the city of Valencia: the Gynecological Institute of Dr. Candela (1882-1898) Abstract: This work is centered on the analysis of the Gynecological Institute of Dr. Candela, a small surgical hospital founded at the end of the XIXth century as an alterna-

tive to an exhausted charitable model. It is the only vestige of the clinics founded in Valencia at the turn of the century to reach our times. Effectively, Dr. Candela’s

*Profesor contractado doctor. Facultad de Infermería. Universidad Católica de Valencia "San Vicente Mártir."​

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La Aseptia Chirurgiae Decus y la “revolución quirúrgica” en la ciudad de Valencia

clinic was the germ of the current Casa de Salud, a private catholic hospital on the avenue named after the Valencian gynecologist. Our research shows that the introduction of surgical antisepsis and asepsis in Valencia was key in the arrival of the so-called “surgical revolution” in the city, a landmark which was due to surgeons such as Manuel Candela y Pla. Additionally, the article analyses in depth the picture “Laparotomy”, painted in 1898 by the

Introducción

D

esde que en 1963 Eliot Freidson relacionara los hospitales con determinados parámetros de la sociedad (como el liderazgo o el aprendizaje), la his toriograf ía sobre los hospitales se ha basado en establecer vínculos entre los hospitales y las sociedades a las que asiste. Esta idea fue nuevamente recogida en The Hospital in History (1989), una aportación que supuso una ruptura definitiva con la manera tradicional de enfocar la historia de los hospitales e impulsó una nueva historiografía sobre dicha materia. Desde entonces, diferentes autores (Abreu, Sheard, 2012; Bonfield, Rei-

artist Vicente Castell Doménech in one of the operating theatres of the gynecological clinic of Dr. Candela while he carried out said operation. It is a hyper-realistic painting which reflects the convergence of the three elements which enabled the “surgical revolution”: anesthesia, hemorrhage control and asepsis. Key words: surgery, antisepsis, asepsis, Valencia, Manuel Candela, Vicente Castell

narz, Huguet-Termes, 2013) han incidido en la idea de que, además de la medicalización, existen otros elementos que conviene tener en cuenta a la hora de construir la historia de los hospitales. Así, Teresa Huguet-Termes, bajó el sugerente título de Speculum hospitalis, speculum civitatis, recuperó la metáfora shakespeariana del espejo para destacar que el estudio de los hospitales proporciona una información muy valiosa, difícil de apreciar en otros escenarios urbanos, para comprender las estrategias contra la enfermedad que diseñaron las sociedades del pasado (Huguet-Termes, 2014, p. 13-17). Años más tarde, Carole Rawcliffe recogió esta metáfora al referirse a los hospitales como mirrors

of society (Henderson, Horden, Pastore, 2007). El interés de la historiografía española por la historia de los hospitales es relativamente reciente (Huguet-Termes, 2014), y no ha tenido, desde luego, el desarrollo de otros países. Siguiendo la metodología del estudio de casos, una herramienta integrada en la historiografía científica que permite profundizar y facilita la pluralidad de los acercamientos (Ballester, 2003, p. 443), se pretende complementar y, en cierta medida, aumentar la historiografía sobre la medicina valenciana. Encabezados por Salvador Cardenal (1852-1927), varios cirujanos catalanes del tránsito del siglo XIX al XX

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Xavier García Ferrandis

1.200.000 1.000.000 800.000 Déficit

600.000 400.000

Piñero, 1992a, López Piñero, 1992b, López Piñero, 2000). Conviene señalar, sin embargo, que el término “revolución quirúrgica” ya había sido utilizado, directa o indirectamente, desde finales del siglo XIX por algunos cirujanos valencianos como Manuel Candela, cuya figura y trayectoria se detallan posteriormente.

200.000

1847

1855

Gráfico 1. Fuente: el dato referente a 1847 se encuentra en Campo, 1847, pp. 1-2. La información relativa a 1855 y 1864 procede de Díez, 1993, pp. 49-50.

desarrollaron su carrera profesional en clínicas privadas. Todos ellos tenían en común varios elementos característicos: la mentalidad de médico empresario y, en consecuencia, toda una estrategia de comunicación publicitaria de sus clínicas; la publicación de su casuística operatoria más significativa en revistas especializadas, con frecuencia fundadas por ellos mismos; la crítica al sistema español de enseñan-

Al adoptar decididamente las nuevas técnicas de la antisepsia-asepsia, el ginecólogo valenciano Manuel Candela y Pla (1847-1919) contribuyó a la "revolución quirúrgica" en la ciudad de Valencia.

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1864

za de la medicina tras su formación en los países europeos más avanzados; y, muy importantes, la asepsia más rigurosa en cualquier procedimiento y el hecho de recurrir frecuentemente a la medicina de laboratorio (Marí Balcells, 2000; Zarzoso, Martínez Vidal, 2016; Zarzoso, 2021). Nuestra hipótesis es que, en el caso de Valencia, el ginecólogo Manuel Candela, ocupó un lugar central en todo este proceso y, en consecuencia, participó muy activamente en la llegada a la ciudad de la denominada “revolución quirúrgica”. Los límites cronológicos que hemos establecido en nuestro estudio son, por una parte, 1882, fecha a partir de la que se introdujo la antisepsia en Valencia de la mano de del cirujano Juan Aguilar; y 1898, año en que Vicente Castell Doménech pintó “Laparotomía”, un cuadro que se analiza en este trabajo y que apenas ha recibido atención por parte de la historiografía (Monferrer, 1990). Algunos expertos en historia de la medicina sostienen que el impacto de la anestesia en la cirugía fue muy limitado hasta los primeros años del siglo XX, ya que hubo que esperar a las nuevas técnicas del control de la hemorragia y, especialmente, al control de la infección mediante la antisepsia y, posteriormente, la asepsia. Solo entonces, la anestesia pudo finalmente “revolucionar” la cirugía (Snow, 2018, p. 203, 209). Esta visión contrasta con la tesis sostenidas por otros autores con anterioridad al referirse a la revolución quirúrgica, tal y como fue conceptualizada en sus orígenes (López

La sanidad “particular” frente a un modelo de beneficencia caduco En este apartado intentaremos dibujar la situación en que se encontraba el Hospital Provincial de Valencia durante la segunda mitad del siglo XIX. Pretendemos vislumbrar si la anestesia quirúrgica moderna –descubierta en Boston en 1846– fue incorporada de manera completa y temprana, iniciándose así el largo camino que acabaría por “revolucionar” la cirugía en el Hospital Provincial de Valencia, el mayor centro sanitario público de la ciudad desde su creación en el siglo XV hasta los años 60 del siglo pasado. Como contrapunto, a lo largo de nuestra investigación haremos referencia al Hospital de la Santa Cruz (HSC) de Barcelona. A lo largo del siglo XIX, el sistema de beneficencia español fue profundamente reformado en el marco de la construcción del Estado liberal. El Hospital Provincial de Valencia (a partir de ahora HPV) se mostró incapaz de adaptarse a las transformaciones políticas, sociales y económicas, lo que desembocó en un grave déficit económico (Díez, 1993). En el gráfico 1 se puede observar el creciente déficit del HPV en las décadas centrales del siglo. El médico Francisco Méndez Álvaro (1803-1883) denunció el estado lamentable en que se encontraban los hospitales de la beneficencia pública española: “Las sábanas vuelven del labadero [sic] con la misma suciedad que llegaron [...]. En cuanto a los alimentos (...) son escasos, de calidad mediana (...) se distribuyen mal, fríos, y en vasijas sucias y repugnantes (...). Tampoco los medicamentos suelen hallarse bien preparados, ni administrarse con oportunidad” (Fresquet, 1990).


La Aseptia Chirurgiae Decus y la “revolución quirúrgica” en la ciudad de Valencia

Un problema asociado a la Revolución Industrial que tuvieron que afrontar los hospitales de beneficencia fue un nuevo modelo de paciente encuadrado en la denominada “transición de riesgos”, es decir, pacientes heridos como consecuencia de la nueva actividad laboral. En el HSC de Barcelona tenemos noticia de que las primeras intervenciones que allí se realizaron bajo anestesia etérea fueron la amputación del antebrazo a una niña de unos 10 años, que había sido aplastado por una máquina de vapor; y la amputación de la mano a un niño de 11 años tras haber quedado atrapada entre dos cilindros de una máquina (Hervás, 1986, pp. 82, 89). Por otra parte, la plantilla del HPV presentaba grandes desequilibrios, ya que estaba integrada por 10 administradores, ocho clérigos, 45 Hijas de la Caridad, 11 médicos y un farmacéutico: “más que sanar, el Hospital parecía concebido para preparar a bien morir” (Piqueras, 1995, p. 193). También en el caso del HSC de Barcelona, la lamentable situación higiénica del hospital era atribuida a las deficiencias observadas en la administración del hospital (Hervás, 1986, p. 32). Conviene señalar aquí que el modelo administrativo-hospitalario tradicional en España dejaba la organización de las instituciones asistenciales en manos de personal sin preparación. La gestión hospitalaria carecía de especialización, todo lo más, un funcionario administrativo autodidacta y de formación empírica que llevaba una administración sin conexión con la actividad asistencial (Salmón Muñiz, Arrizabalaga, García Ballester, 19871988, p. 254). En 1848 el farmacéutico del HPV diseñó un catálogo de los medicamentos que era necesario tener preparados en la farmacia del hospital, entre los que aparecían el éter y el cloroformo. Parecía, así pues, que las anestesias etérea y clorofórmica se habían incorporado rápidamente en el hospital valenciano tras su introducción en España procedente de EE.UU. No obstante, el control manuscrito de los medicamentos de la farmacia –donde aparece la cantidad de sustancias consumidas

12 10 8 Mortalidad

6 4 2

1820

1850

1870

Gráfico 2. Fuente: Elaboración propia a partir de datos consultados en Sánchez, 1996, pp. 853, 863, 894, 904, 936, 946.

durante el año 1848– revela que aquel año se consumieron cuatro libras de éter, sin que hubiera consumo de cloroformo. De hecho, hasta 1856 en el hospital se consumió exclusivamente éter, utilizándose el cloroformo por primera vez en 1857. El análisis de las sustancias empleadas durante los años 1857, 1858, 1859 y 1860 nos revela que el anestésico más utilizado en el hospital valenciano continuaba siendo el opio, a pesar de que en la producción científica valenciana de la segunda mitad del siglo XIX aparece claramente identificado como un anestésico obsoleto y muy peligroso, propio de la Edad Media, que nada tenía que ver con los nuevos anestésicos. En el caso del HSC de Barcelona la teoría sí que estuvo acompañada de la práctica, ya que tanto el éter como el cloroformo se introdujeron tempranamente en las salas de operaciones (Hervás, 1986, pp. 82-89, 181-186). El 20 de mayo de 1879, la farmacia hizo un pedido de opio –todavía–, éter y cloroformo a un laboratorio de París. Tal y como se ha señalado, en líneas generales, el descubrimiento de la anestesia no “revolucionó” de inmediato la cirugía. Hubo que esperar a la antisepsia/asepsia y al control de la hemorragia para que la mortalidad postquirúrgica empezara a descender,

1880

1890

es decir, para que tuviera lugar realmente la “revolución quirúrgica”. El caso del HPV ilustra a la perfección esta realidad: la mortalidad en las salas de cirugía se mantuvo alrededor del 10% durante la práctica totalidad

El impacto de la anestesia en la cirugía fue muy limi­tado hasta los primeros años del siglo XX. Hubo que esperar a las nu­evas técnicas de control de la hemor­ ragia y, especialmente, al control de la infección mediante la antisepsia-asepsia para que la mortalidad postquirúrgica descendiera.

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Xavier García Ferrandis

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La Aseptia Chirurgiae Decus y la “revolución quirúrgica” en la ciudad de Valencia

del siglo XIX. Solamente a partir de 1890 –es decir, varios años después de la introducción de la antisepsia en la ciudad– la mortalidad experimentó un tímido descenso (gráfico 2.). Por otra parte, la ciudad de Valencia experimentó un intenso crecimiento demográfico durante el período de estudio, en el contexto del inicio de la transición epidemiológica, es decir, de la disminución de la mortalidad general e infantil y del aumento de la esperanza de vida. Este crecimiento natural de la población tuvo consecuencias sobre la morfología de la ciudad, la más relevante de la cuales fue el derrumbe, en 1865, de la muralla medieval que todavía circundaba la ciudad. En terrenos extramuros, y de manera semejante a Barcelona, se diseñó y ejecutó el ensanche: una disposición ortogonal y racionalista de vías largas, rectas, paralelas y anchas (de ahí el nombre), concebido predominantemente para uso residencial. Las manzanas de casas del ensanche tenían un gran espacio interior vacío que contribuía intensamente a la higiene de las viviendas, ya que proporcionaba abundante sol, luz y ventilación (Sanchis Guarner, 1972, pp. 451-455; Martínez Corral, 2011, pp. 77-80). Estas actuaciones –y otras que aquí no se detallan– configuraron una nueva morfología urbana, en gran parte para satisfacer las necesidades de la burguesía. Respecto de la distribución de la población, las clases populares se concentraban en las zonas sur y oeste de la ciudad, zonas destinadas a usos industriales ligeros y no habitacionales, lo que suponía una fuente de insalubridad para sus habitantes (Martínez Corral, 2011, pp. 57-59). Este era el contexto urbano del HPV, colindante con el insalubre y degradado barrio de Velluters o de los sederos. Por otra parte, durante las décadas centrales del siglo XIX, tuvo lugar una redistribución de la propiedad urbana: la nueva burguesía acumuló gran cantidad de suelo urbano, pasando la Iglesia y la nobleza a ser propietarios resi-

Imagen 1: Manuel Candela y Pla (1847-1919). Fuente: Universitat de València.

duales. Era una burguesía polivalente que redirigía los capitales procedentes de la agricultura, el comercio y el mercado inmobiliario hacia las finanzas, los seguros, los negocios urbanos y las obras públicas, muy especialmente el ferrocarril (Pons, Serna, 2002; Martínez Corral, 2011, p. 56). Esta redistribución de los capitales procedentes provocó que la industrialización de la ciudad fuera débil, tardía e incompleta, predominando la industria ligera,

El Instituto Ginecológico del Dr. Candela se trata del único vestigio de una serie de clínicas fundadas en la Valencia del cam­bio de siglo que ha llegado hasta nuestros días.

como la fabricación de cuerdas (soguers), curtidos (blanquers), seda (velluters), entre otros (Sanchis Guarner, 1972, p. 450).

La Aseptia Chirurgiae Decus como doctrina del Instituto Ginecológico del Dr. Candela En el apartado anterior hemos analizado el descrédito en el que se vio envuelto el HPV a lo largo del siglo XIX. En ese escenario difícilmente podía tener lugar la "revolución quirúrgica". En paralelo, algunos cirujanos del hospital –vinculados o no a la Facultad de Medicina– buscaron su desarrollo profesional en el ámbito extrahospitalario mediante la habilitación de pequeños hospitales quirúrgicos que, además, les permitiera comple-

mentar su sueldo. En este apartado estudiaremos el caso del ginecólogo valenciano Manuel Candela. Manuel Candela y Pla (1847-1919) es el paradigma de cirujano académico e institucional por excelencia. Rector de la Universidad de Valencia entre 1901 y 1903 y catedrático de ginecología en la Facultad de Medicina de Valencia entre 1882 y 1918, introdujo progresivamente los tratamientos quirúrgicos en esta área. Realizó estancias en hospitales de Dinamarca, Finlandia y Rusia, donde pudo observar las ventajas de la antisepsia en la cirugía ginecológica, que posteriormente aplicaría en su clínica (Imagen 1). Candela estaba convencido de que algunas ramas de la medicina podrían convertirse en aliadas de la cirugía, mejorando así los resultados obtenidos. Por eso no es de extrañar que Candela –y otros cirujanos valencianos– estuvieran presentes en el congreso internacional sobre ciencias médicas que se celebró en Barcelona en 1888, con una sección monográfica dedicada a la cirugía. Asimismo, en abril de 1898, Candela asistió al XI Congreso Internacional de Higiene y Demografía celebrado en Madrid, lo que ilustra claramente su interés por la bacteriología y, en definitiva, por la antisepsia y la asepsia. Un escenario muy interesante de aquel congreso fue la exposición instalada en el Palacio de Bibliotecas y Museos de Madrid, donde “todos los adelantos de la ciencia tienen allí un puesto: (...) una instalación alemana de rayos X (...) una variadísima colección de instrumentos de cirugía”. En esta exposición, estaba representado el “Instituto Ginecológico del Dr. Candela”, que fue premiado con la medalla de oro. Efectivamente, el 10 de julio de 1892, Candela había fundado una clínica privada ubicada entre los caminos del Grao y de Algirós, en los alrededores de la actual avenida del Puerto. El emplazamiento no fue casual: “Ninguno de los detalles que necesitaba para el desarrollo de sus proyectos preocupó tanto al Dr. Candela como el emplazamiento y la situación del edificio. Instalarlo en sitio apartado de la ciudad, que infecta el aire y roba tranquilidad y reposo á las enfermas (…); edificarlo con buena orientación, con

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Imagen 2: Instituto Ginecológico del Dr. Candela. Fuente: Cortesía del Prof. José Luís Fresquet.

Imagen 3: Anuncio publicitario del “Instituto Ginecológico del Doctor Candela” en el Almanaque de Las Provincias de 1893. Fuente: Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu. Fondo Familia Carreres.

salutíferos vientos reinantes, lejos de puntos en que hubiese aguas estancadas, en medio de frondosa vegetación ó en hermoso jardín (…).”

Con una superficie de 240 m 2 distribuidos en dos alturas, en la clínica existían tres claras referencias a la antisepsia y a la asepsia: en el friso del segundo cuerpo se podía leer

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Con una superficie de 240 m2 distribuidos en dos alturas, en la clí­nica había una referencia inequívoca a la asepsia: en el fri­so del segundo cuerpo se podía leer Asep­tia Chirurgiae Decus.

una inscripción muy reveladora: Aseptia Chirurgiae Decus; asimismo, en el vestíbulo, a ambos lados de la puerta central, había sendos relieves de Pasteur y de Líster. No era únicamente una declaración de intenciones sino que, como veremos a continuación, tanto la antisepsia como la asepsia constituían la verdadera razón de ser

de la clínica (Imagen 2). En la planta baja se situaban, entre otras estancias, la Dirección, la enfermería, la habitación del médico de guardia y el comedor, dispuesto “para 16 cubiertos”, lo que nos permite aproximarnos a la capacidad de la clínica. El piso superior estaba destinado a las dos salas de operaciones existentes y a las habitaciones de las enfermas, que eran individuales. En la sala antiséptica destacaba un amplio estante de mármol blanco que sostenía cuatro cubas de cristal con soluciones antisépticas de ácido bórico y ácido fénico. En uno de los ángulos de la sala aséptica, se situaba, en plano elevado, un filtro de “bujías Chamberlain” destinado a filtrar el agua hervida que se vertía a un depósito, desde el cual, a través de un tubo, podía ser conducida al campo operatorio. En un estante de mármol idéntico al anterior, reposaban las cubetas para mantener “los instrumentos en soluciones asépticas”; además, existía un gran depósito de cristal que contenía este tipo de soluciones, “las cuales, gracias à un largo tubo de goma, pueden ser llevadas, si quiere, al campo operatorio”. Entre las dos salas de operaciones había una estancia destinada a la desinfección del “operador” y sus ayudantes, para lo que disponía de dos lavabos de porcelana, jabón antiséptico y cepillos. En la inauguración de la clínica, por otra parte, ya se adivinaba el perfil de los potenciales pacientes: “Allí se habían citado á rendir homenaje á la obra del ilustrado catedrático de medicina lo más escogido de la sociedad valenciana (…) la bendición de las dependencias del nuevo establecimiento acabó en una aristocrática fiesta (…) en tanto que el elemento femenino discurría por el jardín, saboreando más los encantos del parque y recibiendo los honores de la casa por la distinguida señora de Candela…”. Siguiendo la estrategia comunicativa inherente al médico empresario (Fajula, Zarzoso, 2011; Zarzoso, Fajula 2015; Zarzoso, 2021), Candela había redactado y convenientemente distribuido unas “elegantes invitaciones” al acto de inauguración. Asimismo, logró captar la atención de la prensa, tanto en la inauguración como con posterio-


La Aseptia Chirurgiae Decus y la “revolución quirúrgica” en la ciudad de Valencia

ridad, como se puede apreciar en la imagen 3. Como acto de clausura de la inauguración, Candela pronunció un discurso improvisado en la sala de conferencias de la clínica ante el numeroso público reunido: médicos, claustro de la Facultad de Medicina y autoridades civiles y eclesiásticas. Tras glosar los beneficios de la anestesia y la hemostasia, el ginecólogo valenciano recordaba, a renglón seguido, que “el enfermo no moría por la hemorragia ni por el choque traumático”, sino por la gangrena, la septicemia y el tétanos. Por ello, destacaba con vehemencia: “Anestesia, hemostasis, asepsia, ¡he aquí el hermoso trípode sobre el que descansa el templo de la gloria adonde llegó la cirugía de nuestros días!”. Y recordaba a sus colegas que “cuando se trata de la cirugía de las cavidades, cráneo, tórax y abdomen, entonces tened en cuenta que más del cincuenta por ciento de éxito depende de cómo el cirujano sepa practicar la asepsia (…). Y demostrado ya que la asepsia ha hecho posible la cirugía que no pudo imaginarse en otros tiempos (…) estará justificado que yo haya dicho de ella en el lema de la portada de esta obra (…) Aseptia Chirurgiae Decus.”

Manuel Candela contaba con la colaboración de los médicos Modesto Cogollos, Julio Ferri, Arturo Ortigosa y Arán Gil, “profesores auxiliares numerarios de este Instituto” todos ellos. A la hora de elegir a su equipo, con toda probabilidad, Candela tuvo muy en cuenta la formación en asepsia ginecológica de los candidatos, así como la necesidad de estar en la vanguardia de la bacteriología, para lo que debían haber estado en contacto con la sociedad médica de habla germana puesto que era allí donde estaba teniendo lugar los principales avances en dicha materia (Schlich, 2012). El 1 de enero de 1896 se publicó el primer número de la revista Anales del Instituto Candela (1896-1903). Fundada por el propio Manuel Candela, la revista “será órgano de este Instituto y hará públicos todos los trabajos de clínica, de cátedra y de laboratorio que se lleven á cabo en este centro operatorio ginecológico”. Se aprecia, así pues, la importancia que para Candela tenía la

medicina de laboratorio en la cirugía (Imagen 4). La revisión sistemática y cuidadosa de las historias clínicas recogidas en los números de la revista que se conservan pone de manifiesto la vocación decididamente ginecológica del Instituto, y no obstétrica. Asimismo, revelan, una vez más, la importancia de la asepsia para Candela, quien llega a afirmar que “el buen éxito de esta técnica [resección del cuello del útero] depende, como es natural, (...) de la rigurosa asepsia durante y después de la misma [de la operación]”. Asimismo, permite contrastar la afirmación “al ser ya conocido en toda España nuestro Instituto”, dado que si bien la mayoría de las enfermas eran naturales de Valencia y su provincia, también procedían de otras ciudades, como Madrid y Montpellier. La revista también informaba de las conferencias que, organizadas por Candela regularmente, se impartían en el Instituto Ginecológico.

La revisión sistemática de la revista Anales del Instituto Candela vuelve a poner de manifiesto la importancia que tenía la asepsia para Candela.

En 1898 el artista Vicente Castell Doménech (Castelló de la Plana, 1871-1934) pintó un cuadro titulado “Laparotomía”. La obra, un óleo sobre lienzo de 145 x 203 cm, está firmada y fechada en el ángulo inferior derecho: “V. Castell 1898”. El cuadro estuvo expuesto en una conocida tienda de telas de Valencia a partir del 21 de marzo de 1898 y, posteriormente,

participó en la Exposición de Bellas Artes de Barcelona, obteniendo la medalla de tercera clase. Castell retrató a Manuel Candela realizando una laparotomía en el instituto ginecológico. Gracias al realismo que impregna este cuadro, se puede apreciar que la operación tuvo lugar en una estancia esquinera, seguramente orientada al Este, al objeto de aprovechar al máximo la luz. En el cuadro están perfectamente reflejadas las medidas antisépticas y asépticas de la sala, tan importantes para Candela. La madera como material es inexistente: tanto el carrito como el taburete del anestesista son de cristal y de metal, unas

Imagen 4: Revista del Instituto Ginecológico del Dr. Candela. Fuente: Biblioteca Histórico-médica Vicent Peset Llorca. Universitat de València.

superficies sencillas y planas que, exentas de rugosidades, fácilmente se podían limpiar y desinfectar. Sin embargo, fue el armario lo que llamó la atención de Julio Ferri en su visita a la clínica: “Uno de los detalles que llaman merecidamente la atención es la hermosa vitrina destinada á guardar el instrumental;

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Xavier García Ferrandis

situada en la parte izquierda de la habitación (…), tiene 2 metros de altura por 1 de ancho y 70 centímetros de profundidad: hecha en Valencia, en los talleres del Sr. Rigini, está compuesta de cristal y metal blanco niquelado (…) sirven de base à ocho estantes de cristal (…) una vez se cierra su puerta no queda ninguna hendedura [sic] que permita la entrada de aire.”

Los cirujanos que van a participar directamente en la intervención aparecen arremangados y sin guantes, en un momento en que se debatía la con-

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veniencia del uso de guantes quirúrgicos en congresos como el que se celebró en Viena el mismo año que Castell reflejaba esta escena. Efectivamente, a lo largo de la década de 1890 un número creciente de cirujanos, especialmente en Centroeuropa, se mostraron partidarios del uso de guantes quirúrgicos, mientras otros se oponían. Los partidarios argumentaban que era un elemento imprescindible para asegurar la asepsia sin tener que someter a las manos al efecto irritante de los

desinfectantes; los detractores, por otra parte, esgrimían en su contra la pérdida de sensibilidad del cirujano que podía dificultar el control de la operación (Zarzoso, Martínez-Vidal, 2016, p. 82). En el cuadro, la ausencia de guantes permite apreciar el color rojizo de las manos de los tres protagonistas principales debido a las tinturas antisépticas, probablemente yodo. El debate sobre el uso de mascarillas tiene las mismas coordenadas temporales y espaciales. Así, en la dé-


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ganismos y, por tanto, transmitir enfermedades infecciosas. Ese hallazgo fue fundamental para que el cirujano ucraniano Jan Mikulicz (1850-1905), uno de los introductores de la asepsia en Europa, abogara por el uso de mascarillas de gasa, así como de guantes de seda o goma y por un estricto método de lavado de manos con alcohol. El pintor reflejó el preciso mo-

El cuadro “Laparotomía”, pintado en 1898 por Vicente Castell Domé­nech en uno de los quirófanos de la clínica ginecológica del Dr. Candela, refleja la convergencia de los tres elementos que posibilitaron la “revolución quirúrgica”: la anestesia, el control de la hemorragia y la asepsia.

Imagen 5: Laparotomía (1898) de Vicente Castell Doménech. Fuente: Museu Belles Arts de Castelló. Propiedad Diputació Provincial de Castelló. Fotografía: Museu Belles Arts de Castelló.

cada de 1890, el bacteriólogo alemán Karl Flügge (1847-1923) demostró que al toser o estornudar se nebulizaban en el aire unas gotitas diminutas formadas por saliva y moco, unas partículas que podían contener microor-

mento en el que Candela iniciaba la incisión en el abdomen de la paciente. A nuestra derecha, un cirujano ayudante sostiene las dos valvas a la espera de que el campo quirúrgico esté bien definido; en primer plano, a nuestra izquierda, aparece sosteniendo unas pinzas Ramón Gómez Ferrer (1862-1924), que era catedrático de “enfermedades de la infancia” en la Facultad de Medicina de Valencia desde 1888. En la cabecera de la enferma se sitúa el representante de la primera

de las innovaciones quirúrgicas de la segunda mitad del siglo XIX: la anestesia. Es, junto con el médico con gafas que parece asomar la cabeza por encima del hombro derecho de Candela, el más joven de la escena. Con su mano izquierda toma el pulso radial de la enferma, mientras que con la derecha sostiene, inclinado, un frasco destapado con cloroformo y, al mismo tiempo, levanta parcialmente el pañuelo que tapa la cara de la enferma. El pintor demuestra un gran interés en reflejar de manera simultánea las tres funciones de los primeros anestesistas: advertir de las peligrosas oscilaciones del ciclo cardíaco, una complicación frecuente de la anestesia clorofórmica; regular la cantidad de cloroformo administrada; y comprobar la respiración del enfermo. A su derecha, una monja de la congregación de Santa Ana porta otro frasco de cloroformo, está vez cerrado, por si fuera necesaria una dosis mayor. Nótese que los frascos son diferentes: el que sujeta la monja es opaco para evitar la degradación del cloroformo por la acción de la luz; el que vierte el anestesista es transparente para saber con precisión la dosis administrada (Imagen 5). Otros elementos materiales interesantes reposan en el carrito quirúrgico, que queda bajo la responsabilidad del médico que aparece en el extremo izquierdo de la pintura. Enrique López Sancho (1862-1945), mirando de reojo a la enferma, sostiene lo que parece ser un aspirador, que durante este período eran de pedal o bien eléctricos. En el estante del medio del carrito reposa el termocauterio hemostásico; y, en el inferior, aparece un generador de electricidad, que serviría para activar éste último o para alimentar el aspirador, en caso de que fuera eléctrico. Vestido de negro y alejado de la escena principal, aparece una figura de edad algo mayor que la de Candela, que parece haber sido invitado a contemplar una escena de la “nueva cirugía antiséptica”. Nuestra hipótesis es que se trataría de un colega de claustro de Candela, cuyo prestigio pudiera estar detrás de su acceso a la sala de operaciones sin hacer uso de la ropa adecuada. A nuestra izquierda, en se-

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Xavier García Ferrandis

gundo plano, aparece Modesto Cogollos Galán (1856-1939), quien llegaría a ser catedrático de Patología Quirúrgica de la Facultad de Medicina. Además de asistir a Candela, Cogollos fue “Médico-Jefe durante 50 años de los servicios quirúrgicos de la Compañía de los Ferrocarriles del Norte”.72 Había recibido formación en París con el prestigioso urólogo español Joaquín Albarrán y Domínguez (1860-1912), profesor de la facultad de medicina de la capital francesa. Los otros protagonistas no identificados a fecha de hoy que aparecen en el cuadro podrían ser miembros del equipo de Candela, es decir, Julio Ferri, Arturo Ortigosa y Arán Gil.

Conclusiones A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX se fue forjando un contexto de gran descrédito hacia el Hospital Provincial de Valencia, lo que dificultó enormemente la introducción de las innovaciones quirúrgicas que acabarían por “revolucionar” la cirugía en la ciudad de Valencia. Frente a un modelo agotado de gran hospital general de beneficencia, un grupo de cirujanos valencianos impulsaron la habilitación de sus respectivas clínicas quirúrgicas, atraídos, en parte, por las necesidades de la nueva burguesía urbana. Uno de ellos fue Manuel Candela, catedrático de ginecología. Convencido de que la antisepsia y la asepsia eran fundamentales para controlar la mortalidad postquirúrgica, el 10 de julio del 1892 fundó una clínica ginecológica, un nuevo espacio sanitario altamente medicalizado tal y como reflejó en 1898 el pintor Vicente Castell Doménech en su cuadro “Laparotomía”. En un ejercicio de hiperrealismo, el pintor recogió hábilmente, además, los tres elementos cuya convergencia posibilitaron la “revolución quirúrgica”: la anestesia, el control de la hemorragia y, quizá, la más significativa para Candela: la asepsia, que fue reflejada mediante la ausencia de mobiliario de madera, sustituido por metal y cristal; la presencia de abundante luz; y el enrojecimiento de las manos de los cirujanos debido a las tinturas antisépticas. Siguiendo los postulados del hi-

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gienismo, “el Instituto Ginecológico del Doctor Candela” –como era conocido– se situó en los aledaños de la actual avenida del Puerto, una zona de expansión de la ciudad alejada de las calles ombrías, estrechas e insalubres del centro, pero bien comunicado por tranvía. Manuel Candela se comportó como cirujano empresario, desarrollando tácticas precisas de comunicación a través de la invitación a la inauguración oficial de su clínica, anuncios en prensa o publicidad en revistas médicas especializadas. Nuestra investigación apunta a que la denominada “revolución quirúrgica” fue posible en la ciudad Valencia gracias a cirujanos como Manuel Candela, que creyeron que era necesario aplicar la bacteriología y la medicina de laboratorio a la cirugía con el fin de conseguir la antisepsia y la asepsia. Efectivamente, la introducción de la anestesia quirúrgica moderna a partir de 1847 no había logrado disminuir la mortalidad postquirúrgica en el Hospital Provincial de Valencia, algo que sí consiguió finalmente la introducción de la antisepsia y de la asepsia, juntamente con técnicas de control de la hemorragia. En este trabajo se ha insinuado que quizá fuera posible establecer un paralelismo entre la Revolución Industrial y la revolución quirúrgica en la ciudad de Valencia, ya que ambas compartirían dos elementos en común: tendieron a ser tardías e incompletas y fueron catalizadas por la burguesía urbana. Esta hipótesis, no obstante, debería ser contrastada con investigaciones posteriores. En último lugar, querríamos destacar que el Instituto Ginecológico del Dr. Candela es el único vestigio que queda en Valencia de aquellas clínicas que nacieron en la ciudad en el tránsito del siglo XIX al XX. Efectivamente, la actual Casa de Salud –hospital privado y católico inaugurado en 1972– se levanta en el mismo emplazamiento que ocupó en su día la clínica de Manuel Candela. De hecho, el instituto fue propiedad de Candela hasta 1914, momento en el que fue adquirido por las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, comunidad que en la actualidad todavía regenta la Casa de Salud. s

Agradecimientos Alfons Zarzoso, Àlvar Martínez-Vidal, Carles Hervás, Germán Ribas, Ferran Olucha, Pilar Aguiló, Sergio Romero, José Luís Fresquet, Servicio de reprografía de la Biblioteca Valenciana, Álvaro Menéndez.

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Notas 1) El caso paradigmático es Francia, donde la Société française d’histoire des hôpitaux publica una revista desde 1959.

16) Candela Pla, Manuel (1896), “Lo que son estos Anales”, Anales del Instituto Candela, núm. 1, prolegómenos sin paginar.

2) Para conocer la figura y trayectoria de Salvador Cardenal puede consultarse Danón, 1996 y Zarzoso, Martínez-Vidal, 2016.

17) Candela Pla, Manuel (1896), “Traquelorrexis. Nuevo procedimiento de resección del cuello del útero”, Anales del Instituto Candela, núm.1, p. 7. Candela Pla, Manuel (1896), “Nuestros casos clínicos”, Anales del Instituto Candela, núm.1, pp. 18-20. Candela Pla, Manuel (1896), “Nuestros casos clínicos”, Anales del Instituto Candela, núm. 3, pp. 77-78.

3) Candela y Pla, Manuel (1884), “Notas sobre una visita hecha á los hospitales de Maternidad de Europa”, El Progreso Ginecológico, tomo 1, pp. 552-577. 4) El año 1888 fue singularmente importante para Barcelona: la celebración de la Exposición Universal, la consagración del Pla Cerdà, la construcción del Dipòsit de les Aigües (actual sede de la UPF), la construcción del Parc de la Ciutadella, etc. 5) Exposición Universal de Barcelona. Congresos de Ciencias Médicas celebrados del 9 al 15 de septiembre de 1888 por iniciativa y con subvención del Consejo General de la Exposición Universal de Barcelona. II Congreso Médico (1889), Barcelona, Imprenta de J. Balmas Planas, pp. 16-18.

18) Candela Pla, Manuel (1896), “Conferencias del curso académico 1895 á 1896. Primera conferencia. Significación clínica de los fenómenos de la menopausia”, Anales del Instituto Candela, núm. 2, pp. 29-44. Ferri, Julio (1896), “Conferencias del curso académico 1895 á 1896. Segunda conferencia. Conocimientos fundamentales que deben informar la terapéutica de las inflamaciones de los anexos del útero. Anales del Instituto Candela, núm. 3, pp. 57-76.

6) Las Provincias, 9 de abril 1898.

19) Para obtener más información sobre la figura, trayectoria y obra de este pintor puede consultarse Monferrer, 1990.

7) Las Provincias, 12 y 16 de abril 1898.

20) Notas artísticas, Las Provincias, 22 de marzo de 1898.

8) Ferri, Julio (1892), Recuerdo de la inauguración de este centro quirúrgico operatorio y discurso pronunciado en dicho acto por su fundador y director, Valencia, Imprenta de José Ortega, p. 7.

21) Exposición de Bellas Artes. Fallo del jurado, La Vanguardia, 22 de mayo de 1898.

9) Ibidem, p. 9. 10) Ibidem, p. 12. 11) Ibidem, pp. 13, 14. 12) Ibidem, pp. 19, 21-23. 13) Candela Pla, Manuel (1896), “Lo que son estos Anales”, Anales del Instituto Candela, núm. 1, p. 1. 14) Ferri, Julio (1885-1889), “Los microorganismos en ginecología”, El Progreso Ginecológico y Pediatría, tomo 3, pp. 231-233. Ferri, Julio (1885-1889), “El agua caliente en ginecología”, El Progreso Ginecológico y Pediatría, tomo 3, pp. 385393.

22) Ferri, Julio (1892), Recuerdo de la inauguración de este centro quirúrgico operatorio y discurso pronunciado en dicho acto por su fundador y director, Valencia, Imprenta de José Ortega, p. 12. Federico Righini era un artesano del metal que regentaba una “Hojalatería antigua y única fábrica de jeringas”, sita en el número 33 de calle de la Correjería de Valencia (Las Provincias. Almanaque para 1885, p. 365). 23) Desde 1895 las Hermanas de Santa Ana estaban encargadas de la parte administrativa de la clínica, año en que Candela quedó muy satisfecho con la efectividad de las monjas tras su visita al Instituto Oftalmológico del Dr. Viciano en Algemesí (Monferrer, 1990, p. 128-129). 24) Boletín de la Unión Sanitaria Valenciana (1931), núm. 142, p. 3.

15) Ortigosa, Arturo (1885-1889), “Primer congreso alemán de Ginecología”, El Progreso Ginecológico y Pediatría, tomo 2, pp. 118-128.

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“Hazañas Bélicas” oncológicas

SANTOS ENRECH FRANCÉS*

Resumen: Vamos a reflexionar sobre la manipulación de la información que recibimos, sobre los responsables y sus motivaciones. Si cualquier maniobra de esta naturaleza es grave, especial transcendencia puede tener si la aplicamos al ámbito de la Sanidad, dado que aquí no solo está en juego la opinión pública, sino la salud de las personas y la sociedad. Este escrito gira en torno a tres episodios de tergiversación interesada de la

información sanitaria que se produjeron a caballo de las dos Guerras Mundiales, relacionados entre sí y con los orígenes de la quimioterapia antineoplásica. Aunque los hechos que analizamos datan del siglo XX, este fenómeno sigue de plena actualidad como demuestra el bombardeo de noticias falsas que recibimos a diario en torno al Coronavirus, las vacunas o… el cambio climático.

Analysis of the true relationship between the origins of chemotherapy and the Bari disaster Abstract: We are going to reflect on the manipulation of the information we receive, on those responsible and their motivations. If any manoeuvre of this kind is serous, it can have special significance if we apply it to the field of Health; given that here it is not only public opinion that is in play but also the health of the people and society. This article revolves around three episodes of the interested distortion of health information which were

*Oncología Médica. Hospital Universitario de Getafe (Madrid) Universidad Europea (Madrid)

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produced between the two World Wars, related to each other and to the origins of antineoplastic chemotherapy. Although the facts that we analyse are from the XXth century, this phenomenon continues in current times as shown by the bombardment of false news that we receive daily about Coronavirus, vaccinations or… climate change.


“Hazañas Bélicas” oncológicas

Imagen 1: página web de la American Cancer Society (05/2021).

INTRODUCCIÓN

T

odo el mundo ha oído hablar del “desastre de Pearl Harbor”. Pese a haber ocurrido en las antípodas, fue un hecho ampliamente publicitado y del que todos conocemos su más importante consecuencia: la entrada de los Estados Unidos (EE. UU.) en la 2ª Guerra Mundial (GM). Y ¿Qué me dicen del “desastre de Bari Harbor”, acaecido apenas un par de años después y mucho más cerca de nosotros? Este ha sido ignorado de forma interesada durante décadas, muchos libros de historia ni siquiera lo mencionan… y sin embargo, fue la segunda mayor tragedia naval aliada de dicha conflagración 1, tras el bombardeo hawaiano. Curiosamente, en el ámbito de la literatura médica, la actitud ante esta catástrofe ha sido algo más generosa dado que, según muchos autores, tuvo una importante relación con el nacimiento de la Oncología. Si, por ejemplo, consultamos la 5ª edición del tratado DeVita 2, biblia de la especialidad y, por tanto, de la quimioterapia antineoplásica (QT), entre sus 3.125 páginas tan solo dedica 6 líneas al origen de este tratamiento exponiendo al inicio del capítulo 17: “Una explosión en la bahía de Bari du-

rante la 2ª GM y la exposición de unos marinos al gas mostaza llevaron a la observación de que los agentes alquilantes causaban hipoplasia medular y linfoide, lo cual condujo a su uso en humanos con neoplasias hematológicas como la enfermedad de Hodgkin y otros linfomas, llevándose a cabo los primeros intentos en el Yale Cáncer Center en 1943”.

Esta referencia no solo parece escasa sino que, como vamos a intentar demostrar, está bastante lejos de acercarse a la realidad. De hecho, cuesta creer que, si tenemos en cuenta que la “explosión” se produjo el 2 de diciembre de 1943, diera tiempo a que ese mismo año en Yale hubieran sacado unas conclusiones prácticas tan brillantes. Y, sin embargo, la gran mayoría de los tratados de Oncología 2, 3, 4, libros de historia de dicha especialidad 5, 6, reputados oncólogos 7, el propio Harrison de Medicina Interna 8, un premio Pulitzer 9 e incluso la página web de la American Cancer Society (Imagen 1) dan por buena esta explicación sobre el origen de la QT sin entrar, eso sí, nunca en muchos detalles. Se da así la paradoja de que unos hechos ocultados durante años por intereses políticos son, sin embargo, reivindicados por la literatura médica como el origen de esta terapia anticancerosa siendo, por otra parte, esta atribución también cuestionable. En-

tonces, solo nos cabe preguntar: ¿Hay alguna verdad en toda esta historia? Lo que sí es cierto es que se usaron por primera vez las mostazas en el tratamiento sistémico de enfermos con cáncer dentro de un programa militar secreto del ejército norteamericano durante la 2ª GM, motivo por el que sus resultados no pudieron ser publicados hasta finalizada la contienda 10. En la Imagen 2 podemos ver el encabezamiento del primer artículo publicado sobre QT moderna 11 y punto de partida de la terapia anticancerosa sistémica basada en la evidencia científica: es de la prestigiosa revista Science, data del 5 de abril de 1946 y en él figura como centro investigador la Sección de Farmacología de la División Médica del Chemical Warfare Service (CWS) del ejército norteamericano. Como curiosidad puede observarse cómo, al lado del nombre de los autores, figura su empleo militar.

Sobre el origen “mítico” de la quimioterapia antineoplásica: Bari (Italia), 2 de diciembre de 1943 El desastre táctico Una vez expulsadas las fuerzas del Eje del norte de África los Aliados decidieron, en la Conferencia de Casablanca de enero de 1943 y sobre todo por in-

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Santos Enrech Francés

Imagen 2. Encabezamiento del primer artículo publicado sobre QT moderna en la revista Science..

sistencia británica, abrir un nuevo frente en Italia, considerada el eslabón más débil del enemigo. El 10 de julio se inició la invasión de Sicilia, completándose su conquista en poco más de un mes. A principios de septiembre se produjeron los primeros desembarcos aliados en el sur de la península. Acto seguido y una vez destituido y arrestado Mussolini, se hizo pública la capitulación de Italia. Los combates más feroces se produjeron en torno a Salerno, al sur de Nápoles, de forma que su toma se demoró hasta el 1 de octubre 12. En esas semanas y antes de su retirada, los alemanes aprovecharon para inutilizar el puerto napolitano, hundiendo barcos y demoliendo sus muelles 13. Bari, situada a orillas del Adriático, había sido capturada por los Aliados el 11 de septiembre, quedando inmediatamente bajo jurisdicción británica junto con todo el este de la Italia ocupada. A diferencia de Nápoles, hasta ese momento había resultado casi indemne. Los Aliados decidieron usar sus instalaciones portuarias con fines logísticos 1, 14, 15, como base prin-

Imagen 3: campaña de Italia (según las memorias del General Eisenhower) 49

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“Hazañas Bélicas” oncológicas

autoridades “responsables” en Bari; aunque el puerto estaba bajo jurisdicción británica, en la práctica los norteamericanos actuaban con notable autonomía 1, 13.

Imagen 4: un Liberty.

cipal de abastecimiento del 8º Ejército del general Montgomery y de la nueva 15ª Fuerza Aérea norteamericana (Imagen 3).

*** A finales de 1943 los mandos aliados estaban convencidos de la incapacidad de la Luftwaffe para llevar a cabo misiones de importancia en Italia. Sus aeródromos habían sido machacados sin descanso y la mayor parte de los cazas se habían retirado a Alemania 14. En la tarde del 2 de diciembre, el vicemariscal del aire Sir Arthur Conningham, comandante de las fuerzas aéreas británicas de apoyo al 8º Ejército, aseguró a varios periodistas 1, 6, 13: ”Consideraría un insulto y una afrenta personal que la Luftwaffe intentara una acción significativa en nuestra zona”.

Las medidas de protección sobraban. Bari no contaba con cazas en su aeródromo y solo tenía un escuadrón de artillería antiaérea, el 2862, que además dependía del aviso y guía del radar instalado en el tejado del teatro Margherita, enfrente del Porto Vecchio, que llevaba varias semanas estropeado… Había además demasiadas

*** El mariscal de campo Albert Kesselring, comandante en jefe de las tropas alemanas en Italia, está desesperado por encontrar la forma de enlentecer el avance aliado. Sabe que el dominio aéreo del enemigo es aplastante y los recursos de la Luftwaffe limitados: necesita identificar un único objetivo en el que concentrar todo el esfuerzo con el fin de infligir el mayor daño posible. A finales de noviembre reúne a sus comandantes en Frascati. Barajan varias posibilidades: los aeródromos de la zona de Foggia (donde tiene su base principal la 15ª Fuerza Aérea) o las fuerzas de tierra del 5º Ejército norteamericano en el frente… Finalmente, el más convincente resulta ser el general Von Richthofen (veterano de la Legión Cóndor en la Guerra Civil Española y responsable del desastre de Guernica), comandante de la Luftflotte 2: la bahía de Bari es el objetivo elegido 1, 12, 13.

puerto se mantenían encendidas durante toda la noche. Los buques permanecían durante días en los muelles, abarloados unos a otros, repletos de combustible y explosivos, aguardando la oportunidad de descargar 13, 14. A Bari había llegado el 28 de noviembre, integrando junto con otros 14 barcos el convoy AH10, el Liberty (navío auxiliar de carga, también conocido como “Ugly Duckling”) SS

El Liberty SS John Harvey transportaba 100 toneladas de gas mostaza repartidas entre 2000 bombas M47A1, desarrolladas y fabricadas por el CWS en Maryland.

*** Más de 30 barcos estaban fondeados en la atestada bahía. La actividad era incesante, de forma que las luces del

John Harvey, bajo el mando del capitán Edwin F. Knowles (Imagen 4). Había zarpado de Baltimore (Maryland) el 8 de octubre con muni-

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Imagen 5: un JU-88.

casco, junto a otros 14 cargueros 1, 13, 14.

*** ción, comida y equipamiento. Sin embargo, además transportaba un material tan especial que ni el capitán ni su tripulación conocían “oficialmente” su naturaleza, aunque la presencia en el buque de un destacamento de 6 hombres de la 701ª Compañía de Mantenimiento Químico les daba alguna pista. El teniente primero Howard D. Beckstrom era el encargado de que llegasen a Europa sin novedad 100 toneladas de gas mostaza repartidas entre 2000 bombas M47A1, desarrolladas y fabricadas por el CWS en Maryland. El teniente Thomas R. Richardson, responsable de seguridad del barco, sí conocía oficialmente su existencia. En los 5 días que transcurren entre el amarre y la tragedia, hizo numerosas gestiones ante la War Shipping Administration Office para acelerar su desembarco, sin ningún éxito, con lo que el 2 de diciembre el buque aún se encontraba en el amarradero número 29 del muelle exterior (East Jetty), casco con

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A las 19.20 horas, entre 50 y 105 bombarderos JU-88 se abalanzan, en vuelo casi rasante, sobre la confiada bahía. Ninguna de las estaciones de radar aliadas situadas a lo largo de la costa

La superficie del agua estaba cubierta por una mezcla de petróleo, gas mostaza y aceite en llamas en la que cientos de náufragos nadaban sin rumbo.

adriática había detectado la incursión debido, por una parte, al uso por los alemanes de la técnica Duppel, consistente en arrojar desde el aire unas tiras de papel de aluminio que, cortadas de una determinada forma, consiguen “cegar” los radares y, por otra, al hecho ya comentado de que la principal antena de radar de la ciudad hacía días que estaba averiada. La respuesta antiaérea es muy débil y ningún caza aliado aparece sobre el puerto. Los pilotos alemanes se sorprenden al comprobar que la bahía se encuentra completamente iluminada, como una baliza brillando en mitad de la costa adriática (Imagen 5). Un piloto afirmaría más tarde 1, 13, 14, 15: “Parecía el Unter den Linden de Berlín en la noche de Año Nuevo”.

El raid dura apenas 30 minutos y resulta un completo éxito. Entre las naves de bandera británica, norteamericana, italiana, noruega, holandesa y polaca la sorpresa es total. Las bombas se precipitan sobre la línea de barcos amarrados en el East Jetty, cayendo los Liberty de uno en uno, como


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Imagen 6: efectos del bombardeo.

fichas de dominó. A los pocos minutos del inicio del ataque, la tubería de combustible que recorre el muelle recibe un impacto y el gasoil comienza a verterse, ardiendo. El primer carguero en saltar por los aires, en una tremenda explosión, es el SS John L. Motley, sobre las 20.00 horas 13, 14. La tripulación del John Harvey permanece a bordo y lucha por salvar la nave. Sus esfuerzos y heroísmo resultan inútiles. De repente, sobre las 21.00-22.00 horas (según autores) estalla, desintegrándose en una gigantesca bola de fuego con forma de hongo y un extraño “olor a ajo” se extiende por el puerto. Todos los hombres embarcados mueren instantáneamente, incluidos el capitán Knowles y los tenientes Richardson y Beckstrom 13, 14, 15. Finalizado el ataque, el escenario es desolador. Gran parte de la antigua ciudad medieval ha quedado reducida a escombros. La violencia de la ex-

Imagen 7: el 98th British GH en diciembre de 1943 1.

plosión de los dos mercantes cargados de munición ha causado mucha más destrucción que las bombas alema-

nas propiamente dichas. En la bahía, la superficie del agua está cubierta por una mezcla de petróleo, gas mostaza y aceite en llamas. Cientos de náufragos nadan sin rumbo, intentando salvarse antes de que otro barco explote, el fuego les alcance o se ahoguen por agotamiento o congelación. Además, una

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inmensa y negra nube tóxica lo envuelve todo, puerto y ciudad, envenenando el aire inhalado por militares y civiles 1, 13, 14, 15. Las pérdidas alemanas han sido mínimas, solo dos JU-88 han caído al agua. En cambio, en el puerto, yacen en torno a los 1000 muertos. 17 barcos mercantes se han ido a pique y otros 8 han quedado muy dañados (Imagen 6). El destructor HMS Bicester rescata del agua durante la noche a 30 hombres. A la mañana siguiente zarpa con destino a Tarento. 4-6 horas más tarde toda la tripulación comienza a tener molestias en los ojos; el barco alcanza su destino 18 horas después del raid, momento en el que la dotación está ya casi completamente ciega, circunstancia que dificulta notablemente el atraque. A esas alturas del día 3 de diciembre, en Bari y Tarento, ya nadie entiende que está

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Imagen 8: Stewart F. Alexander 1.

Los heridos leves permanecieron durante horas con la ropa húmeda y sucia, con la piel expuesta e inhalando el tóxico, esperando turno para ser atendidos

pasando entre los supervivientes del bombardeo de la tarde anterior 1, 13, 15. El desastre sanitario En Bari se habían desplegado el 3rd New Zealand General Hospital (GH), el 98th British GH, el 14th Combined GH y el 30th Indian GH, todos ellos en el inmenso e inacabado Policlínico de Bari (Imagen 7). También en el entorno se encontraban el 54th British GH y el 26th American GH (este último, instalando en el Ospedale Militare) 10, 13. Los heridos procedentes de la bahía colapsaron rápidamente todos estos centros sanitarios. Eran de diferentes nacionalidades, unos presentaban heridas y quemaduras de distinta gravedad, otros llegaban chocados o exhaustos por la prolongada exposición al frio tras permanecer horas en el agua. La mayoría tenían en común, sin embargo, llegar empapados y cu-


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biertos, de la cabeza a los pies, por la viscosidad oleosa, mezcla de agua, petróleo y aceite (y gas mostaza), que cubría la superficie de la bahía 14. Ante la avalancha de heridos, nadie se entretuvo en retirarles las ropas húmedas y sucias, ni en lavar sus cuerpos y darles ropas secas y limpias. En medio del caos, a los casos quirúrgicos se les dio prioridad mientras que los heridos leves y menos graves permanecieron durante horas en estas condiciones, con la piel expuesta e inhalando el tóxico, esperando turno para ser atendidos 15. En la mañana del 3 de diciembre muchos heridos comenzaron a quejarse de sed, escozor en los ojos, lagrimeo y fotofobia que se siguieron de la aparición de un espectacular edema palpebral y ceguera. A continuación, se observó un enrojecimiento de la piel y, a las 12 horas del ataque, las primeras ampollas. Muchos heridos, incluso algunos de carácter leve, comenzaron a deteriorarse rápida e inexplicablemente, apareciendo apatía, estupor y síntomas respiratorios (tos, expectoración, disfonía, úlceras en la garganta, hemoptisis y por fin, disnea y fiebre). Entraban en fallo cardiovascular, no respondiendo al tratamiento habitual del shock (calor externo, fluidos templados, morfina e infusión de plasma; ni siquiera a la adrenalina). La primera muerte de causa desconocida se produjo a las 18 horas de la exposición; a las 48 horas ya habían fallecido 14 personas sin motivo aparente 1, 13, 15. Ante la indiferencia del mando británico y pensando incluso que el origen de la probable intoxicación masiva pudiera estar en las bombas alemanas, el personal médico decidió enviar una alerta al responsable de Sanidad en el Cuartel General Aliado en Argel, el general Fred Blesse, en la que le informaban de que los supervivientes del bombardeo estaban falleciendo por una “misteriosa enfermedad”

** * Para resolver el misterio, Blesse envió al teniente coronel médico Stewart Francis Alexander. Natural de Nue-

Imagen 9: dibujo de Alexander 1.

La primera muerte de causa desconocida se produjo a las 18 horas de la exposición; a las 48 horas ya habían fallecido 14 personas sin motivo aparente.

va Jersey y graduado en 1937 por la Universidad de Columbia, había sido destinado a finales de 1941 al Edgewood Arsenal. Unos meses después se incorporó al Cuartel General de Eisenhower, como experto consultor en guerra química (Imagen 8). Una vez en Bari le llevaron directamente al hospital aliado más próximo al aeródromo (el 98th British GH). Al entrar se sintió inmedia-

tamente sobresaltado y le preguntó al oficial médico que le acompañaba: ¿a qué huele? 1, 13. Este le contestó que el olor procedía de la mezcla de petróleo y aceite en la que venían empapados la mayor parte de los supervivientes, disculpándose porque no habían tenido tiempo aún de limpiar las salas. Alexander rememoró su estancia en el Edgewood Arsenal y el olor que impregnaba allí su laboratorio. Pasó inmediatamente a examinar a las víctimas hospitalizadas: la distribución y severidad de las lesiones cutáneas variaba notablemente entre ellas (y no recordaban en absoluto a las clásicamente descritas como producidas por gas mostaza). Seguían el patrón del tipo de exposición sufrida: los que habían estado sumergidos presentaban quemaduras por todo el cuerpo -especialmente graves y dolorosas en el área genital-, mientras que los rescatadores de los botes o salpicados por las explosiones las presentaban en brazos, cara y tronco 14, 15. A Alexander debían caberle pocas dudas con respecto a que una mostaza había estado implicada en la intoxicación. Sin embargo, tenía que demostrarlo: identificar cómo se había producido y el origen del veneno. Sus conclusiones podían tener gravísimas implicaciones, contaba con la abierta hostilidad de las autoridades británi-

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cas y además… tenía mucha prisa: la vida de cientos de militares y civiles podía depender de su agilidad 1, 13. Improvisó un estudio epidemiológico tomando las siguientes medidas: Analizar el agua y otros restos en el puerto. Hacer autopsias de todos los fallecidos en circunstancias sospechosas. Hacer un croquis de la bahía que reprodujera la localización de cada navío. Las primeras autopsias le ratificaron en su sospecha: se distinguían perfectamente las quemaduras químicas de las producidas por el fuego. Entretanto, en los muelles habían conseguido recuperar la carcasa de una bomba del fondo de la bahía: contenía gas mostaza. Con la colaboración de oficiales de la 15th Fuerza Aérea la identificaron como de origen americano, pertenecía a una bomba M47A1. Los alemanes quedaban así fuera de toda sospecha 1. Alexander notificó a los hospitales militares del entorno sus hallazgos. En los centros que “se dieron por enterados” se abandonó el tratamiento habitual para las ampollas secundarias a quemaduras por fuego. Empezaron a intentar preservarlas: se puncionaban y drenaban, se trataba de salvar la cúpula de la ampolla bajo un vendaje estéril. Se prescribieron sulfamidas, gotas nasales, gárgaras, lavados bucales e inhalaciones a aquellos con irritación de la vía aérea… 15. Desgraciadamente, para muchos estas medidas llegaban tarde, registrándose cada vez más muertos. Además, para entonces bastantes supervivientes del bombardeo habían sido ya evacuados a hospitales en Brindisi, Tarento, Augusta, Siracusa, Palermo, Malta o el norte de África 16.

** * Para descubrir cómo habían llegado las bombas hasta allí y con la información que a duras penas recogió de los supervivientes, hizo un esquema del emplazamiento de los buques en la bahía aquella fatídica tarde 1, 13: Llegó a la conclusión de que la mayor parte de las víctimas del tóxico procedían de barcos anclados en la proxi-

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Imagen 10. The Military Surgeon

Se produjeron 617 bajas conocidas por exposición a la mostaza en la Bahía de Bari, de las que 83 (un 13.6%) resultaron fatales.

midad del Liberty nº 1 (Imagen 9). Este resultó ser el SS John Harvey. Al final, las autoridades portuarias británicas admitieron ante Alexander (oficiosamente) conocer la naturaleza secreta de la carga del malogrado buque 1.

*** Una vez establecida la naturaleza del tóxico y su procedencia, Alexander juzgó que su investigación sobre el terreno había concluido y volvió a Argel. El 27 de diciembre (menos de un mes después de la tragedia) había completado un informe preliminar que recogía en 12 folios los principales aspectos médicos del suceso 17. En el informe final, presentado seis meses después, llegaba a las siguientes

conclusiones (las mismas que figuran en el artículo que publicó en 1947 en The Military Surgeon) (Imagen 10) 15, 16 : Se produjeron 617 bajas conocidas por exposición a la mostaza (entre los 800 hospitalizados) en el episodio de la Bahía de Bari, de las que 83 (un 13.6%) resultaron fatales.

(Si consideramos que de los 71345 norteamericanos hospitalizados por el gas en la 1ª GM solo el 2% fallecieron, la tragedia de Bari se magnifica). • Las muertes se debieron sobre todo a la exposición a una solución de mostaza en petróleo por un prolongado periodo de tiempo. • El cuadro dominante inicial consistía en la asociación de cambios hemodinámicos inusuales y shock. Se relacionaba con la extensión de la superficie quemada y el propio efecto del agente tóxico. • En muchos casos la asociación de blast injuries de severidad subletal con una exposición relativamente suave a la inhalación del vapor tóxico, demostró ser una combinación fatal. • Los efectos sistémicos fueron graves y de mucha mayor relevancia que lo que se había asociado a las quemaduras por mostaza en el pasado. (Se hicieron autopsias a 53 de los 83 pacientes fallecidos, obteniéndose muestras histológicas en 40 de ellas). • Quedan aún muchas dudas por resolver respecto a los cambios produ-


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cidos en el hígado, los riñones y el sistema hematopoyético. • Es difícil que pueda reproducirse un desastre similar al descrito en cualquier empleo táctico de la mostaza, sobre todo si conseguimos evitar una absorción prolongada del agente. Pocas bajas de gravedad se hubieran producido en Bari de haberse actuado más diligentemente. • El tratamiento definitivo de las bajas por mostaza demostró ser desalentador.

En realidad, los muertos y damnificados por la exposición al gas fueron muchos más que los registrados por Alexander, dado que este no pudo contabilizar ni a los evacuados a otras ciudades ni a las víctimas civiles italianas.

*** El informe preliminar de Alexander fue valorado por el coronel médico Cornelius P. Rhoads, jefe de la División Médica del CWS, como un “un hito en la historia del envenenamiento por mostazas” (Imagen 11) 1, 17. “En cuanto Rhoads tuvo noticias sobre el desastre de Bari y leyó el informe preliminar de Alexander, reconoció inmediatamente una oportunidad de probar algunas teorías que le interesaban respecto el uso de agentes químicos en la batalla contra el cáncer”1.

Alexander, lógicamente, le remitió también su informe final, fechado el 20 de junio de 1944, junto con una copia de los historiales y las autopsias, así como las muestras histológicas recogidas 16. Una vez más, según Infield 1: “Tras un detallado estudio de los bloques de tejido en el Edgewood Arsenal en Maryland, los informes fueron remitidos a los científicos de la Universidad de Yale, que repararon en que, sin lugar a duda, la mostaza había dañado el sistema linfático y la médula ósea de las víctimas. Estas observaciones inmediatamente sugirieron que compuestos de este tipo podían tener un papel en el tratamiento de desórdenes neoplásicos de los tejidos que forman las células de la serie blanca de la sangre. En Yale los gases mostaza fueron evaluados como depresores de la médula ósea en el tratamiento de algunos tumores humanos

Imagen 11: Carta oficial de agradecimiento que Rhoads dirige a Alexander 1.

Pocas bajas de gravedad se hubieran producido en Bari de haberse actuado más diligentemente.

durante todos los años previos y Alexander recomendó el uso de los compuestos de mostaza en el tratamiento de determinados tipos de cáncer”.

¿Hay algo de verdad en estas últimas líneas? Lo analizaremos más adelante.

***

(…) Hasta diciembre de 1943 no hubo ninguna prueba real de la ayuda de la mostaza, y esta vino de Bari con la colaboración de Alexander: este holocausto proporcionó más pacientes -al menos 617- de los que habían sido evaluados

Alexander no recibió ningún reconocimiento oficial por su intervención en la crisis hasta el 20 de mayo de 1988, 45 años después de la tragedia, día en el que se celebró una pequeña ceremonia en su honor en las oficinas en Washington del senador por Nueva Jersey Bill Bradley; para entonces el médico había cumplido ya 73 años.

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El desastre estratégico La incursión aérea alemana sobre Bari, que supuso la pérdida de 17 barcos mercantes con 38000 toneladas de carga y el cierre completo del puerto durante semanas 13, desencadenó un grave problema logístico. El déficit de suministros ocasionó un freno de 3-4 meses en la ofensiva terrestre de los Ejércitos Aliados 8º y 5º, comenzando por el fracaso de las operaciones lanzadas por el general Mark Clark en enero de 1944, incluido el desembarco de Anzio. La liberación de Roma, que Churchill había previsto para principios de 1944, fue pospuesta indefinidamente y los alemanes consiguieron hacerse fuertes un poco más al sur, en la “línea Gustav”, que no cayó hasta mayo de 1944, tras la toma de Monte Cassino 12. El 8º Ejército británico había conquistado los aeródromos de Foggia el 27 de septiembre. Estos tenían un altísimo valor estratégico dado que den-

El presidente Wilson creó el Chemical Warfare Service (CWS) con la misión de desarrollar programas y equipos de guerra química, tanto en los aspectos ofensivo como defensivo

tro de un radio de acción de 600-700 millas había importantes objetivos potenciales de la economía, industria y comunicaciones enemigas (incluido el 44% de las fuentes de crudo germa-

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nas) 13, 14. No fue hasta que el puerto de Bari volvió a estar operativo a mediados de febrero de 1944 que la 15ª Fuerza Aérea fue capaz de reanudar sus ataques con regularidad. Conforme se intensificaban los bombardeos aéreos desde Inglaterra sobre Alemania, los nazis habían trasladado gran parte de sus plantas industriales al sur del país. Los aliados necesitaban ocupar cuanto antes los campos de aviación alrededor de Roma 13, para poder tener pleno acceso con las superfortalezas volantes norteamericanas a estos objetivos estratégicos. No llegaron a tiempo. El desembarco de Normandía tuvo lugar el 6 de junio de 1944. Durante el día D la resistencia alemana habría sido sin duda mucho menos intensa si los Aliados hubieran sido capaces de alcanzar sus objetivos preinvasión en Italia. Cuando la Luftwaffe cerró el puerto de Bari el 2 de diciembre de 1943, el curso de la batalla de Italia cambió 1, 13, y pudo hacerlo también el del resto de la guerra.

Sobre el origen “REAL” de la quimioterapia antineoplásica: Ypres (Bélgica), 11 de julio de 1917 La guerra química Las armas químicas, en un sentido “moderno”, se empezaron a utilizar en la “Gran Guerra”. El primer ataque a gran escala con agentes tóxicos en el frente occidental lo realizaron los alemanes en Ypres el 22 de abril de 1915 liberando gas clorina a favor del viento. En los meses siguientes, se generalizó el uso por ambos bandos de agentes pulmonares no persistentes como los gases clorina o fosgeno 18, 19. Así comenzó una frenética carrera entre el desarrollo de armas y de medidas de protección, en la que la Medicina se vio implicada desde el primer momento. Con los agentes respiratorios “derrotados” por las máscaras, los alemanes decidieron cambiar las reglas del juego. En la noche del 11 de Julio de 1917 su artillería lanzó un nuevo proyectil contra tropas británicas, un cilindro alargado marcado con una cruz amarilla que contenía cloroetil sulfato, yperita. Recibió este nombre en refe-

rencia al lugar en el que fue utilizada por primera vez, una vez más, Ypres. Sin embargo, los ingleses prefirieron bautizarla como gas mostaza, por el intenso olor a esta sustancia, o a ajo, que desprendía. Ofrecía dos “ventajas” con respecto a la generación anterior de tóxicos 18, 19: Era eficaz incluso con máscara porque, además de por inhalación, actuaba también sobre la piel. Era un agente persistente: al ser más pesado que el aire, sedimentaba y transformaba en un arma potencial cualquier objeto con el que se entrara en contacto. Amplias áreas de terreno podían ser peligrosas durante días y semanas. Por ello, la descontaminación de los sujetos expuestos adquiría una especial relevancia. Durante la 1ª GM la atención médica se concentró sobre su acción fuertemente vesicante, que producía llagas y ampollas en la piel y graves irritaciones de los ojos y el tracto respiratorio, a menudo mortales. La yperita, pese a lo tardío de su uso, produjo ocho veces más bajas que todos los demás agresivos químicos juntos empleados en el transcurso de la contienda 10, 18, 20, 21.

*** En abril de 1917 los EE. UU. entraron en el conflicto sin preparación ni equipos para la guerra química. Solo a raíz de la aparición de la yperita en el frente, el Departamento de Guerra comenzó a prestar atención a esta nueva forma de combate. A finales de 1917 encargó el desarrollo de máscaras protectoras y la producción de tóxicos a un nuevo arsenal construido en Edgewood (Maryland), que creció rápidamente. En el breve plazo de tiempo que transcurrió hasta el armisticio de 1918 produjo sobre 6000 toneladas de agentes químicos 13, 22. En junio de 1918 el presidente Wilson creó el Chemical Warfare Service con la misión de desarrollar programas y equipos de guerra química, tanto en los aspectos ofensivo como defensivo 13, 22, 23. En 1925, 44 países firmaron el Protocolo de Gas de Ginebra, que prohibía el uso de agentes tóxicos y biológicos en


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tiempos de guerra, pero no su estudio, fabricación y almacenamiento 10. En vísperas de la 2ª GM los alemanes habían desarrollado agentes nerviosos como tabun, sarín o soman. Creían (erróneamente) que los americanos contaban con substancias semejantes, lo que acaso justificó que no se decidieran a usarlos. Otra posible causa que se ha esgrimido es que Hitler había estado expuesto a gases tóxicos en la 1ª GM, por lo que tenía una especial aversión a recurrir a ellos 18. Los Aliados habían verificado que los alemanes contaban con un cuarto de millón de toneladas de agentes químicos y temían que, al comprobar como la antes invencible Wehrmacht se iba retirando en todos los frentes, se decidieran usarlos para intentar dar un vuelco desesperado al desarrollo de la contienda. Roosevelt proclamó que no serían ellos los primeros en usar tóxicos. En agosto de 1943 advertía: ”Cualquier uso de gases venenosos por el Eje será seguido inmediatamente de la más completa represalia sobre arsenales, puertos y otros objetivos militares”.

En el Holocausto los nazis usaron el insecticida Zyklon B, con ácido cianhídrico, para matar a millones de personas en campos de exterminio como Auschwitz y Majdanek. En el campo de Struthof-Natzweiler los médicos August Hirt y Otto Bickenbach experimentaron con gas mostaza y fosgeno en prisioneros, causando la muerte de muchos de ellos 10. En 1973 el Chemical Corp (como fue recalificado el CWS en 1946) entró en proceso de disolución. Sin embargo, a raíz del conflicto Árabe-Israelí, se conoció el renovado interés de la doctrina militar soviética por los agentes químicos, a los consideraba de uso “rutinario” en el campo de batalla. El Congreso anuló su decisión en 1976 e impulsó la revitalización del Cuerpo 18. Los tratamientos antineoplásicos Los males desesperados exigen desesperados remedios, o jamás se curan. Hamlet, cuarto acto, escena 3, William Shakespeare

Imagen 12: Paul Ehrlich y su libro sobre “quimioterapia”.

El químico alemán Paul Ehrlich, tras ensayar infructuosamente 605 compuestos en modelos animales, advirtió en 1908 que el 606, un derivado arsenical al que llamó Salvarsán, era efectivo contra la sífilis y la tripanosomiasis 7. A partir de estas observaciones dedujo que las células cancerosas podrían algún día también ser combatidas con químicos de forma dirigida, con una especie de “Magic Bullets” (balas mágicas), sin afectar a los tejidos sanos del huésped. Resumió sus hallazgos en el primer libro sobre “quimioterapia” término que acuñó para referirse al “uso de agentes químicos para tratar enfermedades” (Imagen 12) 24. En los años 30 se conoció la eficacia de sulfamida y penicilina en el tratamiento de algunas infecciones bacterianas y, poco después, la de la estreptomicina para la tuberculosis y de la cloromicetina para las fiebres tifoideas. Demostrada la posibilidad de combatir a los gérmenes con QT, el nuevo “sueño imposible” pasaba a ser encontrar un agente químico realmente eficaz contra el cáncer. En 1945 Woglom, decano en la investigación de esta enfermedad, describía las dificultades casi insalvables que había 25:

“Aquellos que no han sido formados en química o medicina (…), puede que no se den cuenta de cuán difícil es realmente el problema del tratamiento. Es casi, no exactamente, pero casi tan duro como encontrar un agente que sea capaz de disolver la oreja izquierda y que, sin

Demostrada la posibilidad de combatir a los gérmenes con QT, el nuevo “sueño imposible” pasaba a ser encontrar un agente químico realmente eficaz contra el cáncer.

embargo, deje la derecha intacta: tan leve es la diferencia entre la célula cancerosa y su ancestro normal”.

La desesperanza cundía: en 1914 Bainbrige, director del New York Skin and Cancer Hospital escribía respecto

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al cáncer 26: “A través de los siglos, las víctimas de esta enfermedad han sido objeto de casi cualquier forma concebible de experimentación. Los campos y los bosques, boticas y templos, han sido saqueados a la busca de algún remedio que pudiera aliviar esta intratable enfermedad. Difícilmente algún animal ha escapado de hacer su contribución con piel o pelo, diente o uña, timo o tiroides, hígado o bazo, en el vano intento de hallar un remedio”.

mento en el que la mortalidad era más alta. Las autopsias de 75 soldados intoxicados revelaron la presencia de atrofia de los tejidos linfoide y testicular, así como hipoplasia de la médula ósea 10, 19, 27, 28, 29, 30, 31. Investigadores del CWS comprobaron el mismo efecto en conejos de experimentación a los que

secuencia, en el Memorial Hospital y entre 1929-30, aplicaron mostaza por vía tópica en lesiones tumorales cutáneas de doce pacientes, observando respuestas en todos ellos (Imagen 13). El 3 de marzo de 1930 un paciente diagnosticado de sarcoma neurógeno multirecidivado recibió una inyección

Imagen 13: Metástasis cutáneas de un carcinoma de piel: a la izquierda, 3 días después de la aplicación tópica de la solución, cubiertas de vesículas. A la derecha, a los 44 días, habían desaparecido y se habían reepitelizado 35.

intratumoral de solución de gas mostaza. A la semana experimentó una terrible reacción local, pero el sarcoma había prácticamente desaparecido al disiparse el edema. Los autores concluían que el gas mostaza era una opción de tratamiento para tumores localizados… pero nadie concebía ensayar su uso como tratamiento sistémico. Así la investigación quedo estancada (en fase “quiescente”, según Gilman) 11 durante 10 años, JUSTO hasta el desencadenamiento de la 2ª GM, momento en el que las prioridades cambiaron y todo lo que tuviera que ver con el desarrollo del gas mostaza pasó a ser clasificado como secreto militar y su estudio a caer en las manos exclusivas del CWS. Roosevelt creo la US Office of Scientific Research and Development (OSRD), que a principios de 1942 firmó un contrato con la universidad de Yale para investigar como actuaban los agentes de guerra química a nivel sistémico y desarrollar antídotos para la protección de las tropas. El estudio del gas mostaza fue asignado a un equipo

Sin embargo, pese al fatalismo expresado por estos autores, el momento en el que todo iba a cambiar, en el que tanta búsqueda, por fin, iba a dar frutos, estaba cerca. Eso sí, encontrando el remedio en donde a Bainbrige jamás se le hubiera ocurrido buscar… La confluencia de ambas historias El origen de la QT moderna contra el cáncer data de la 1ª GM. Edward y Hellen Krumbhaar, de la Universidad de Pensilvania, describieron en 1919 como en una cuarta parte de los soldados expuestos al gas mostaza se producía un descenso abrupto del recuento de leucocitos circulantes, alcanzado valores mínimos a las 2 semanas, mo-

Todos los fármacos, afirma Paracelso, son venenos disfrazados. La quimioterapia anticancerosa, sin embargo, encuentra sus raíces en la lógica inversa: todos los venenos podrían ser fármacos disfrazados 9.

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se les administraba por vía intravenosa. 32. Más aún, en 1929 Berenblum ya advirtió que la mostaza sulfurada tenía propiedades antitumorales. Desarrollando modelos de carcinogénesis en animales, usó el tóxico asumiendo que su efecto irritante local ocasionaría una hiperemia que beneficiaría el desarrollo de la neoplasia. Cuál sería su sorpresa al observar el resultado contrario: la mostaza inhibía la proliferación cancerosa 33, 34. El propio James Ewing recomendó a Adair y Bagg estudiar los efectos del gas mostaza en animales con tumores experimentales. Administraron una solución del agente (facilitada por el CWS) en la piel de ratones con tumores inducidos, observando una clara regresión de estos 35. Como con-


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multidisciplinar formado por Louis S. Goodman, Alfred Gilman (farmacólogos), Frederick S. Philips (bioquímico) y Roberta P. Allen 7, 10, 19, 36, 37, 38, que quedó integrado en el CWS. Trabajando con animales, observaron que el gas mostaza (mostaza sulfurada) era volátil, insoluble, ines-

Además, para evaluar la eficacia de un posible antídoto, se reveló como uno de los tests más sensibles la tasa de desaparición de linfocitos/granulocitos en sangre. Ante estos hallazgos y con la colaboración del anatomista Thomas Dougherty, administraron MN a ratones

1940. Empezó con un aumento del tamaño amigdalar y dolor submandibular derecho que rápidamente se siguió de la aparición de múltiples masas ganglionares laterocervicales. La biopsia demostró que padecía un “linfosarcoma”. Llegó al Yale Medical Center en febrero de 1941 para recibir

Imagen 14: Louis S. Goodman, Alfred Gilman y Gustav E. Lindskog 5

con un linfoma experimental transplantado (C3HEDT o tumor de Gardner), obteniendo llamativas respuestas tumorales 10, 19, 20, 30, 40, 41. ¿Sería realmente posible aniquilar un tumor con MN antes de destruir al huésped? 38. Estos resultados fueron lo suficientemente estimulantes como para considerar hacer un ensayo clínico en humanos, motivo por el que el grupo decidió presentárselos al profesor asistente de cirugía Gustav E. Lindskog, que aceptó supervisarlo (Imagen 14) 7.

radioterapia (RT), tratamiento al que respondió, aunque en junio estaba de nuevo en progresión, requiriendo de una cirugía paliativa para extirpar una masa cervical. Recibió de nuevo RT, pero para finales de 1941 la enfermedad se había extendido a la axila. En agosto de 1942 se consideró tenía un “linfosarcoma resistente a los ra-

table en agua y peligroso de manipular, resultando muy incómodo para su uso clínico 19, 39. Decidieron sustituir el átomo de azufre por uno de nitrógeno. Las mostazas nitrogenadas (MN) eran mucho más versátiles (estables, solubles en agua, no volátiles y, por tanto, manejables con seguridad al poder administrarse disueltas en suero salino por vía intravenosa) y tenían una actividad muy similar a la sulfurada 11. El clorhidrato de tris(beta-cloroetil)amina (HN3) y el clorhidrato de metil-bis(beta-cloroetil)amina (HN2) fueron los derivados de la MN seleccionados 27, 39. El grupo de Yale pronto alcanzó su principal objetivo: identificar un antídoto. Pretratando a los animales con tiosulfato (aún en uso en nuestros Hospitales de Día) se podía prevenir la acción citotóxica de la MN 38.

*** El ensayo clínico comenzó en Yale a las 10 de la mañana del 27 de agosto de 1942 (año y medio antes de la crisis de Bari), momento en el que el paciente J.D, tras expresar su “permiso y completo entendimiento” según insiste Rhoads, recibió la primera dosis de QT. Se trataba de un varón de 48 años, nacido en Polonia y emigrado a EE. UU. a la edad de 18 años, que trabajaba en una fábrica en Connecticut hasta que cayó enfermo, en agosto de

Para evaluar la eficacia de un posible antídoto, se reveló como uno de los tests más sensibles la tasa de desaparición de linfocitos/granulocitos en sangre.

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Imagen 15: J.D. durante el primer ciclo de MN 42.

yos X, en estadio terminal”. Estaba muy sintomático: con pérdida de peso, disfagia, distrés respiratorio (por compresión traqueal), edema en cuello y cara, cianosis, dilatación venosa en cara anterosuperior del tórax (un típico síndrome de vena cava superior), incapacidad para adducir los brazos y para abrir la boca por la presencia de grandes masas en ambas axilas y cuello, anisocoria y parálisis facial derecha. En ausencia de alternativa terapéutica alguna, le ofrecieron una terapia “experimental”: se trataba nada menos que de una substancia que pocos años antes había sido responsable de 1.205.655 bajas y 91.198 muertes durante la 1ª GM 30, 38, 42. J.D. recibió, 0.1 mg/kg/día por vía intravenosa (i.v.) de HN3 durante 10 días consecutivos. La respuesta fue espectacular: en el 4º día del ciclo el tumor ya estaba respondiendo y en el último, todos los signos y síntomas de la enfermedad habían desaparecido (Imagen 15). Era capaz de comer y mover la cabeza y los brazos sin dificultad. Sin embargo, en las semanas siguientes presentó una pancitopenia severa que se tradujo en la aparición de sangrado gingival, petequias y tos productiva, requiriendo de varias

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Le ofrecieron un tratamiento “experimental”: se trataba de una substancia que pocos años antes había sido responsable de 1.205.655 bajas y 91.198 muertes durante la 1ª GM. transfusiones de sangre. En el día 49 el tumor había recidivado, repitiéndose la QT pero con un 2º ciclo de solo 3 días. Experimentó una nueva respuesta, pero de menor duración. Recibió otro ciclo tres semanas después, esta vez de 6 días, sin beneficio sustancial. J.D. falleció el 1 de diciembre de 1942. La autopsia reveló la presencia de erosiones y hemorragia en la mucosa oral, emaciación y aplasia medular 10, 19, 27, 30, 38, 40, 41, 42 . Como resultado de la censura mi-

litar, en ningún punto de la historia clínica de J.D. figuran los términos “Mostaza Nitrogenada” o similar; en su lugar, se hace referencia al tratamiento como “el linfocida” o “la substancia X” 30. En este estudio inicial de Yale fueron incluidos cinco pacientes oncológicos adicionales, prescribiéndose a la mayoría pautas de QT más conservadoras 21. En junio de 1943 el “Grupo de la Mostaza Nitrogenada” de Yale se dispersó 38, 40, 41. Previamente, en una reunión celebrada en Chicago en febrero de 1943, habían presentado un informe militar confidencial con los resultados de administrar NH3 en estos 6 pacientes 37. El Committee on Growth of the National Research Council aconsejó al ejército la distribución de MN, para el estudio de su valor terapéutico, a tres instituciones seleccionadas, elegidas por su experiencia en el tratamiento de tumores linfoides y por su vinculación con los laboratorios del CWS en Edgewood. Así, el ensayo con MN continuó entre 1943 y 1948 10, 21, 40, 41, aún dentro del programa militar del gas y controlado por Goodman, con los siguientes protagonistas y centros colaboradores 42, 43, 44, 45 : • Leon Jacobson del Billings Hospital, en la universidad de Chicago. • Maxwell Wintrobe en Salt Lake City,


“Hazañas Bélicas” oncológicas

para la universidad de Utah. • Cornelius Rhoads y David Karnofsky (ambos procedentes del CWS) del Hospital Memorial de Nueva York, asociado a la universidad de Cornell.

Gilman y Philips publicaron el 5 de abril de 1946 en Science, una vez superado el secreto de guerra, el primer artículo sobre QT antineoplásica moderna, con datos preclínicos ya comentados 11. En él los autores ya alertaban de que solo se habían investigado clínicamente dos variantes de MN (NH2 y NH3), ambas fruto de un programa de screening diseñado para la evaluación de armas de guerra química (no de agentes potencialmente terapéuticos). Unos días más tarde, en mayo de 1946, Goodman publica en JAMA 42 los resultados preliminares del estudio clínico multicéntrico que dirigía, con los datos de los primeros 67 pacientes evaluados: 7 tratados por Louis S. Goodman y Alfred Gilman en el New Haven Hospital (Yale), 34 por M.M. Wintrobe y Margaret T. McLennan en el Salt Lake City County GH (Utah), 16 por William Dameshek en Boston y 10 por M.J. Goodman en Portland (Oregon). Aunque fueron muchas las publicaciones que en los meses posteriores plasmaron la experiencia de distintos autores 42, 44, 45, me limitaré a exponer las conclusiones de la Declaración Oficial que publicó Cornelius Rhoads 46, como presidente del Committee on Growth, en JAMA el 22 de junio de 1946: • Entre las dos formulaciones desarrolladas de MN y a igualdad de eficacia, el HN2 se había usado más dado que era mejor tolerado y producía menos trombosis venosas en el punto de inyección que el HN3. • La dosis de HN2 recomendada era de 0.1 mg/kg/día vía i.v. por 4 días consecutivos. • Efectos tóxicos más característicos del HN2: • Reacción inflamatoria severa local si se producía extravasación en el punto de inyección. • Nauseas o vómitos, acompañados de anorexia, debilidad y cefalea. • Leucopenia moderada/severa que podía persistir por 1 mes o más.

• Anemia y trombocitopenia (con sangrados y petequias). • Las MN no son curativas, pero sí muy tóxicas para algunos tejidos, sobre todo los de más rápido crecimiento (normal y neoplásico). La severidad de este daño era el factor que limitaba la dosis que se podía administrar a un individuo (el margen de seguridad era muy estrecho: la máxima dosis tolerada no era mucho más alta que la dosis óptima terapéutica). Las regresiones tumorales inducidas eran temporales, de varios meses de duración. • Los mejores resultados se obtenían en la enfermedad de Hodgkin. En la recidiva, podía alcanzarse una nueva respuesta reiterando el tratamiento, pero la remisión inducida era de más corta duración. En fases precoces, con tumores localizados de lento crecimiento, los rayos X eran todavía el tratamiento de elección; sin embargo, si la enfermedad estaba extendida y con sínto-

La purga de información dificultó el recuento de bajas y muertos por el tóxico y obstaculizó la comunicación a otros hospitales de los hallazgos de Alexander. mas sistémicos, el HN2 parecía mejor opción que la RT. El tratamiento podía repetirse tan a menudo como lo permitiera el estatus hematológico del paciente. • Quedaba pendiente de investigación el valor que pudiera tener combinar la MN con otros tipos de tratamiento del cáncer.

Cabe destacar que Wilkinson y Fletcher en Manchester (Gran Bretaña), también en 1942 y bajo control militar, habían realizado un ensayo indepen-

diente con MN en 18 pacientes hematológicos, cuyos resultados tampoco se pudieron publicar 47 hasta 1947. El CWS suministró HN2 al Committee on Growth of the National Research Council para que, con la financiación de la National Cancer Society, David Karnofsky intentara desarrollar nuevos agentes más selectivos. Una vez abierta la veda, roto el tabú, pocos meses después Sydney Farber dio a conocer la utilidad de los antifolatos en el tratamiento de la leucemia. Aunque los resultados a medio plazo con todos estos agentes eran claramente decepcionantes, se abría el camino para el control del cáncer con drogas. En 1949, el Mustargen (MN, mecloretamina) fue el primer citostático aprobado por la Food and Drug Administration. Actualmente, son incontables y de muy variados mecanismos de acción los antineoplásicos con los que contamos en nuestro arsenal terapéutico pero los alquilantes, derivados de la MN, casi 75 años después de su primera y legendaria administración, siguen plenamente vigentes 7, 27.

From bay to bed side? El encubrimiento político “La primera víctima cuando llega la guerra, es la verdad” Mensaje atribuido, con pequeñas variaciones, a: Esquilo de Eleusis (dramaturgo griego, batallas de Maratón y Salamina) Hiram Johnson (senador estadounidense, 1ª GM) Winston Churchill (1er Ministro del Reino Unido, 2ª GM).

El desastre de Bari tuvo importantes consecuencias en el desarrollo de la campaña de Italia y fue el único incidente de guerra química a gran escala que se produjo durante la 2ª GM 1, 15 . Cada una de estas circunstancias, por si sola, justificaría que el episodio ocupara un lugar protagonista en los libros de historia, pero no ha sido así. Esta laguna se debe a que en la misma noche del suceso se activó una sistemática campaña de ocultación cuyas consecuencias se han extendido hasta nuestros días. Analicemos que ocurrió a corto

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plazo, el más importante dada la cantidad de vidas que se hubieran podido salvar si la información se hubiera manejado de otra manera. Al saltar en pedazos el Harvey gran parte de los que en el puerto conocían la presencia del gas mostaza en sus bodegas murieron (heroicamente, luchando por intentar evitar una tragedia que luego otros, en tierra, no hicieron nada por minimizar). Sin embargo, las autoridades portuarias británicas estaban al tanto de su existencia 1, 13, 14 como prueba que después del ataque dieran órdenes al respecto, aunque no sirvieran para nada: “La Comandancia del puerto comunicó al Naval Operations Intelligence Center sobre las 20.00 horas que cierto barco era peligroso por contener mostaza. Fueron remitidas instrucciones al HMS Bicester para que el John Harvey fuera hundido, pero el destructor había sufrido daños y no estaba en condiciones de ejecutar la orden” 13.

Si en las horas que transcurrieron inmediatamente después del bombardeo las autoridades hubieran alertado al personal de rescate y, sobre todo, al hospitalario de la presencia del veneno, se hubieran podido adoptar muy sencillas medidas de descontaminación (de los damnificados) y protección (de los propios sanitarios que se contaminaban mientras trabajaban febrilmente). Hubo una clara voluntad de ocultamiento: durante días los mandos negaron la presencia de algún tóxico en la bahía pese a la insistencia en recibir información de los médicos; solo la reconocieron -demasiado tarde y solo de forma oficiosa- cuando las evidencias recopiladas por Alexander resultaron abrumadoras 1. ¿Por qué condenaron a tanta gente a sufrir inútilmente? La principal razón a corto plazo fue, sin duda, el firme deseo de las autoridades aliadas de que bajo ningún concepto los alemanes podían llegar a conocer lo ocurrido porque: • Se enterarían de que contaban con armas químicas en el teatro de operaciones. • Podían utilizarlo como excusa para anticiparse ellos en su empleo.

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• Podían intentar manipular a la “opinión pública” mundial para ponerla en contra de los Aliados y minar la moral de las tropas.

Pues si es así, sacrificaron a cientos de personas para nada, dado que todo parece indicar que los alemanes sí llegaron a conocer la verdad. La propaganda radiofónica nazi (Axis Sally broadcast, en su programa nocturno) intentó desmoralizar a las tropas aliadas afirmando una de sus locutoras: “Veo, chicos, como estáis siendo rociados con vuestro propio gas

Muchos veteranos sufrieron largas convalecencias, efectos secundarios de por vida o murieron por enfermedades relacionadas, sin llegar a conocer la auténtica causa de sus padecimientos.

venenoso” 1, 13. Analicemos ahora que pasó a largo plazo. El secretismo inicial podía tener cierta lógica, miserable y absurda, pero lógica, al fin y al cabo. Pero ¿por qué se mantuvo a lo largo de los años, incluso una vez terminada la guerra? Para contestar a esta pregunta volvemos a recurrir a Alexander. Este remitió una copia de su informe preliminar 17 a Porton Down (Inglaterra), el equivalente británico del Edgewood Arsenal para el desarrollo de la guerra química. Se trataba de una medida ru-

tinaria de cortesía y Alexander no esperaba respuesta alguna. Cuál sería su sorpresa cuando, pocos días después, le llegó un mensaje del Primer Ministro británico W. Churchill en el que le informaba de que, en su opinión, los síntomas descritos en el informe ”no suenan como producidos por gas mostaza” 1. Sin duda Alexander debió agradecer el apoyo norteamericano -Eisenhower sí aprobó sus conclusiones- y llama de hecho la atención la metamorfosis que sufre el título de su informe que, en su versión preliminar de diciembre de 1943, rezaba “Quemaduras por gas tóxico sucedidas en la catástrofe de la bahía de Bari” 17 mientras que, en la definitiva, de junio de 1944, figura “Informe Final del desastre por mostaza de Bari” 16, es decir, aparece el término “mostaza”. De esta forma, aunque la contaminación por gas es mencionada en los documentos oficiales norteamericanos, Churchill dio orden de que en los británicos solo se hiciera referencia a muertes por quemaduras debidas a la acción del enemigo 6. Por el mismo motivo en los historiales clínicos se describían las lesiones cutáneas de los afectados con el término N.Y.D. (no yet diagnosed) dermatitis 13. Por tanto, los informes médicos ingleses fueron purgados sistemáticamente de cualquier “rastro” del gas mostaza. Esta circunstancia hizo el recuento de bajas y muertos por el tóxico mucho más complicado y fue un obstáculo para la comunicación a otros centros hospitalarios de los hallazgos de Alexander 1, 13. No es de extrañar que en sus Memorias Churchill no hiciera referencia alguna ni al bombardeo de Bari ni al gas tóxico 48. Tenemos que interpretar esta actitud en su contexto: solo unos días antes de la catástrofe, en la Conferencia de Teherán, Roosevelt y Stalin le habían impuesto la prioridad absoluta que en adelante iba a tener el proyecto de desembarco en Normandía sobre el frente Mediterráneo 12 . Para el Premier británico la guerra en Italia seguía teniendo un alto interés estratégico; además consideraba que la conquista de Italia era una operación netamente británica mien-


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tras que en Overlord todo el protagonismo iba a ser norteamericano 1. De esta manera, tan pocos días después de ser “humillado” en Teherán, Churchill no fue capaz de aceptar que, en su frente, en un puerto bajo jurisdicción británica, los Aliados “hubieran hecho el ridículo” tan notoria y desastrosamente, con el premio adicional de haberse “autointoxicado” con su propia arma secreta. Aún debía recordar con estupor como tuvo que asumir, como Primer Lord del Almirantazgo, la responsabilidad del desastre de Gallipoli durante la 1ª GM… El general Eisenhower no cometió el mismo error que el Premier británico y en su obra “Cruzada en Europa”, escrita en 1948, sí hace referencia al episodio, aunque dando una versión edulcorada de lo sucedido 49: ”El 2 de diciembre de 1943 ocurrió un lamentable y penoso contratiempo en el puerto de Bari. Utilizábamos sus instalaciones para ayudar al Octavo Ejército y a las numerosas fuerzas de aviación que estábamos reuniendo rápidamente en Italia. El puerto se hallaba constantemente abarrotado de buques y demasiado próximo a alguna de las bases enemigas situadas junto a la orilla opuesta del estrecho Adriático. Una noche sufrió un fuerte ataque aéreo, que nos ocasionó el mayor daño derivado de una acción de esta clase durante toda nuestra campaña en el Mediterráneo y en Europa; perdimos dieciséis barcos, algunos con cargamento de mucho valor, y lo peor fue que de una motonave alcanzada por las bombas se derramó el petróleo, dando origen a la destrucción completa de muchos de los barcos próximos, que ardieron. El caso pudo tener repercusiones gravísimas. Uno de los buques alojaba cierta cantidad de gas mostaza, que nos veíamos obligados a llevar siempre con nosotros ante la inseguridad de las intenciones alemanas respecto al empleo de este agresivo químico. Por fortuna, el viento soplaba hacia el mar y no hubo bajas; si hubiera soplado hacia tierra, la catástrofe habría sido espantosa, y muy difícil de explicar, aun cuando fabricábamos y llevábamos ese material sólo para efectuar ensayos por si el enemigo nos sorprendía con un ataque de este género. A consecuencia del desgraciado accidente, se estableció un sistema mucho mejor de información y control de defensa antiaérea entre las fuerzas de mar, tierra y

aire. Fue aquel el más rudo golpe que las tropas de mi mando recibieron de la aviación enemiga en el Mediterráneo”.

troactivos a 600 marineros supervivientes 1, 14.

Esta sesgada referencia no impidió que la documentación norteamericana relativa al incidente no fuera desclasificada hasta 1959 31, no revelándose sus detalles más oscuros hasta 1967, año en el que el Instituto Naval de Estados Unidos redactó un completo informe, en el que Infield se basó para escribir su libro, publicado en 1971 1. En julio de 1976, G. Southern organizó en Londres una reunión de la tripulación de su antiguo destructor,

La atribución errónea “Fue el accidente más beneficioso jamás ocurrido. Supuso un avance en el campo de la quimioterapia de muchos años y realmente la puso en marcha”.

Para cuando la guerra había terminado, sobre 60000 militares habían sido utilizados en el programa de desarrollo de defensa química.

el HMS Zetland (gemelo del Bicester, ambos presentes esa noche en la bahía). 40 exmarinos oyeron hablar por primera vez de que habían estado expuestos a gas mostaza 33 años antes 14. Muchos veteranos sufrieron largas convalecencias, efectos secundarios de por vida o murieron por enfermedades relacionadas (cáncer, problemas respiratorios…) sin llegar a conocer la auténtica causa de sus padecimientos 13, 14. Durante décadas las autoridades británicas siguieron negando tener conocimiento alguno acerca de la singular carga del SS John Harvey. Por fin, en 1986, el gobierno de Londres reconoció oficialmente que las víctimas del ataque aéreo habían estado expuestas a gas mostaza, concediendo indemnizaciones económicas con efectos re-

Ezra Greenspan. Director médico de la Chemotherapy Foundation, hablando del incidente de Bari 50

El desastre de Bari no tuvo absolutamente nada que ver con el nacimiento de la QT. Que el gas mostaza tenía propiedades antitumorales se conocía desde 1929, siendo administrado a pacientes oncológicos ya en 1930, eso sí, por vía tópica o intratumoral 33, 34, 35. Sin embargo, a partir de ese momento, la investigación quedó detenida, durante más de 10 años, a la espera de que alguien “se animara” a administrarlo por vía sistémica a un humano. ¿Por qué hubo que esperar a que estallara la guerra y los militares, a través de CWS, retomaran con bríos su interés por las mostazas, no nos olvidemos, no como posibles agentes terapéuticos sino como armas químicas? Para contestar a esta pregunta tomo prestadas las palabras de Alfred Gilman en su artículo de 1963, que a mi juicio explican muy bien la situación en esos años 38: “Para poner al lector en una adecuada perspectiva es necesario que retroceda mentalmente a principios de la década de los 40, momento en el que, como consecuencia del impacto de las sulfonamidas, la medicina estaba comenzando a salir de un periodo de nihilismo terapéutico, en el que cualquier nueva droga era aún mirada con sumo escepticismo (y esto era particularmente verdad en el área de las enfermedades malignas). El brillante trabajo de Huggins sobre los efectos de la castración y el tratamiento con estrógenos en el carcinoma de próstata estaba empezando a tener impacto, pero en las mentes de la mayoría de los médicos la administración de drogas que no fueran simples analgésicos, en el tratamiento de enfermedades malignas, no eran sino “actos de un charlatán”. Si a todo lo anterior le añadimos que la mostaza nitrogenada estaba clasificada por entonces como top secret y que en la cabecera del gráfico del paciente se leía «0.1 mg/Kg del compuesto X vía intravenosa», la verdad es que Lindskog demostró tener mucha fe en sus colegas farmacólogos, dado que la carga de la

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responsabilidad del ensayo clínico caía sobre él”.

En el contexto de la 2ª GM el CWS, en connivencia con la OSRD y dentro de un amplísimo programa de desarrollo en guerra química, encargó al “grupo de Yale” que investigara los efectos de la mostaza. Tras amplios estudios en modelos experimentales animales y no sin reparos, se consideró llegado el momento de evaluar su actividad antitumoral en humanos. Alfred Gilman, 20 años después de los hechos, insistía, un poco a la defensiva 27, 38: “Al contrario de la opinión actual de muchos, quizás ningún compuesto había sido estudiado tan a fondo antes de llegar a un ensayo clínico como lo había sido la mostaza nitrogenada”.

¿Por qué tanta precaución? Recordemos en qué contexto se estaban moviendo: iban a administrar un potentísimo tóxico, un derivado del gas mostaza, a un enfermo de linfoma terminal. Podríamos recordar lo que estaba pasando en esas mismas fechas en los campos de concentración nazis, con los “experimentos” a que eran sometidos sus prisioneros. Pero no va a hacer falta, para que lo entendamos no es necesario que salgamos de los EE. UU. En los años 80 la Administración de Veteranos (AV) encargó al Institute of Medicine (IOM) de la National Academy of Sciences la realización de un estudio sobre la exposición de soldados a tóxicos durante la 2ª GM 13. Tras superarse numerosos obstáculos, el resultado fue publicado en 1993 con el título; “Veterans at Risk: The Health Effects of Mustard Gas and Lewisite” 51, 52: “Para cuando la guerra había terminado, sobre 60000 militares habían sido utilizados en este programa de desarrollo de defensa química: al menos 4000 de estos sujetos habían participado en tests desarrollados con altas concentraciones de gas mostaza o Lewisita en cámaras de gas o en ejercicios de campo sobre terrenos contaminados. Habían experimentado un amplio rango de exposiciones a dichos agentes, de leves (un contacto con el agente en el brazo con un parche) a severos (ensayos repetidos en cámaras de gas, a veces sin ropa protectora). Se les informó de que nunca deberían revelar la naturaleza de esos experimentos”.

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El IOM recomendó que el Departamento de Defensa identificara y contactara con todos aquellos que hubieran participado en el programa para que pudieran recibir el cuidado médico y los beneficios a los que tuvieran derecho 13. El informe describía otros hallazgos: “Conforme iban siendo revelados los objetivos de los protocolos de estudio desarrollados durante la 2ª GM, nos veíamos obligados a abordar nuevas cuestiones éticas. A veces, parecía que cada nuevo descubrimiento solo plateaba más interrogantes. A medida que el estudio progresaba, todos los fragmentos de información finalmente coales-

El desarrollo científico militar y civil estuvieron, en esa época, profundamente entrelazados.

cían en un cuadro de abusos y negligencia que al Comité le resultaba imposible ignorar. La primera respuesta de muchos de los miembros ante estos descubrimientos fue intentar entender las acciones de los investigadores en su contexto histórico -se trataba de una guerra y los experimentos se realizaron antes de que se redactara el Código de Nuremberg de 1947, en el que se establecían principios formales para el tratamiento apropiado de sujetos humanos. Sin embargo, el examen del tratamiento y cuidado que recibieron los trabajadores de la producción de agentes químicos durante la 2ª GM y la conducción de experimentos militares posteriores con sujetos humanos desde 1950 a 1975 demostraron un claro y bien arraigado patrón de abusos y negligencia. Aunque los individuos eran calificados como voluntarios, los informes oficiales dejaban claro que el reclutamiento de dichos sujetos durante la 2ª GM, así como en muchos de los experimentos posteriores, fue consumado a través de mentiras y medias verdades”.

El Senado de los EE. UU. emitió a su vez en 1994 un informe titulado “Is military research hazardous to veterans health? Lessons spanning a half century” que confirmaba como el Departamento de Defensa y a partir de 1943 había desarrollado un programa de evaluación de los efectos del gas mostaza en sujetos de experimentación humanos, a menudo sin previo consentimiento de estos 53, 54: Al menos 2500 hombres fueron expuestos a dicho tóxico en cámaras de gas (“man-break tests”). Unos 1000 en “pruebas de campo” (aviones volando a baja altura rociaban a soldados con distintos niveles de ropas protectoras). El resto, hasta 60000 militares, con parches y gotas sobre la piel. ¿Realmente eran tan importantes estos experimentos como para reclutar en ellos a miles de personas? Patrocinados por el OSRD y a través del CWS, se hicieron durante la 2ª GM al menos nueve “proyectos de investigación” para evaluar la susceptibilidad de distintas razas a la exposición al gas mostaza. Algunos resultados fueron publicados en 1947 como un “metaanálisis” por un equipo del Cornell University Medical College 54, 55. Tras exponer a cientos de soldados, llegaron a la conclusión de que “la piel de los negros era menos sensible al gas mostaza que la de los blancos”, pero no con una significación suficiente como para tener una aplicación práctica en una situación de guerra. Los americano-japoneses y los portorriqueños tenían la misma sensibilidad que el “grupo control”, blanco.

*** “El avance científico durante la guerra fue capaz de compatibilizar dos vertientes: la investigación médica con propósitos militares (experimentando con mostaza en soldados) y la aplicación médica del desarrollo militar (ensayando su uso en pacientes con cáncer). El desarrollo científico militar y civil estuvieron, en esa época, profundamente entrelazados” 36.

Aunque todos los estudios de los que hablamos precedieron al Código de


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Nuremberg (1947) debemos hacer una clara distinción entre el uso terapéutico de las mostazas que se realizó en Yale y el uso “experimental” de las mismas que se hizo en “voluntarios” 30. Sin embargo, ambos tipos de estudios coincidieron en el tiempo y se realizaron bajo la cobertura del CWS. En este peculiar contexto el ensayo clínico en el que se iba a administrar MN a un paciente afecto de un linfosarcoma comenzó en la mañana del 27 de agosto de 1942. Los resultados obtenidos con los 6 enfermos tratados en Yale se presentaron en una reunión celebrada en Chicago en febrero de 1943 37. El “Grupo de la Mostaza Nitrogenada” de Yale se disolvió en junio de 1943 38, 40, 41. Aún faltaban seis meses para que se produjera el desastre de Bari. Por tanto, se tratan de dos historias (la de Yale y la de Bari) completamente diferentes, distantes y distintas, de forma que la presunta causa sucedió nada menos que seis meses después de que terminara la presunta consecuencia. Cuando estallo el John Harvey ya se estaban tratando pacientes con leucemias y linfomas con MN al menos en New Haven, Nueva York, Chicago, Salt Lake City, Boston, Portland y Manchester 11, 38, 42, 44, 45, 47. Muy pocos son los autores que hasta el momento habían destacado la inexactitud e incoherencia de atribuir el advenimiento de la QT antineoplásica al accidente de Bari 10, 27, 56. Entonces ¿quién y por qué los relacionó? El PORQUÉ, lo expresa muy bien el propio DeVita en el Tratado de Medicina Interna Harrison 8: “La elaboración de los fármacos anticancerosos se inició con la identificación accidental de la actividad antitumoral de la mostaza nitrogenada, un derivado de los gases mostaza que se utilizaron en la 1ª y 2ª Guerras Mundiales”.

Si todo el desarrollo surge a partir de la exposición accidental a la MN de diciembre de 1943 en Bari, todo lo anterior, desde 1919 hasta 1943, desaparece. No hace falta ya explicar por qué durante 10 años estuvo parada la investigación y solo se retomó cuando al

Ejército le interesó hacer experimentos con MN en humanos. No cabría establecer relación alguna entre el desarrollo clínico de la MN y los 60000 “voluntarios” expuestos por el CWS a ese mismo tóxico y en esos mismos años; las bajas de Bari los sustituirían 1 . Un plan simple pero, a todas luces, muy efectivo. Respecto al QUIÉN, desde el primer momento tuve la sensación de que Cornelius Rhoads tenía que tener algo que ver con el “malentendido”. Es el único “personaje” que aparece en las dos historias, dado que en ambas participa desde su puesto de director de la División Médica del CWS. Por el

Durante décadas y a partir de “The sword and the ploughshare” se ha atribuido el advenimiento de la QT antineoplásica a las observaciones que siguieron al desastre de Bari.

mismo motivo, tuvo relación tanto con Goodman y Gilman como con Alexander. Además, es uno de los pocos médicos directamente relacionados con el ensayo de Yale que continuó su carrera como investigador en el tratamiento del cáncer y, además, de éxito (ver posteriormente). Goodman y Gilman, por ejemplo, prefirieron “conformarse” con pasar a la Historia como padres de la Farmacología Clínica 20. Entre 1946-49 se publicaron infinidad de artículos sobre la utilidad de la MN en el tratamiento del cáncer 11, 21, 38, 39, 42, 43, 44, 45, 46, 47, Pues bien, en ninguno de ellos hay la más mínima referencia al desastre de Bari. El mismo

Alexander, que publicó los resultados de su experiencia italiana en The Military Surgeon en 1947 15, hubiera podido atribuirse el mérito de haber inspirado el uso de la MN en la clínica pero, lógicamente, no lo hizo. El único artículo oncológico de aquella época que menciona a la ciudad adriática es el clásico trabajo de Rhoads “The sword and the ploughshare” (“la espada y de arado”) 40, 41 de 1946, que trata sobre los orígenes de la utilización de la MN como QT y en el que hace referencia a Bari, nada menos, que en cuatro ocasiones. Describe así las siete acciones farmacodinámicas de las mostazas: • Parasimpaticomimética: estimulación del vago: miosis, salivación, diarrea…, neutralizable con atropina. •N  icotínica: parálisis fláccida. • Paralítica: Rhoads afirma de las dos últimas acciones: “fueron las que causaron la profunda apatía y debilidad que mostraban las bajas de Bari”. • Estimulación central: nauseas/vómitos si la intoxicación es leve; convulsiones y muerte si es grave. • Vesicante: por 2ª vez hace referencia a la tragedia: “Esta explica por qué los hombres en Bari sufrieron un llamativo edema en la piel que había estado expuesta a la solución de mostaza en fueloil”. •N  ucleotóxica: inhibe la mitosis. • Leucopénica: responsable de un efecto tóxico, pero también terapéutico sobre neoplasias de tejidos leucopoyéticos. Habla por 3ª vez de la ciudad italiana y afirma: “Las observaciones clínicas en las bajas del desastre de Bari ilustran, tan adecuadamente como cualquier otro ejemplo puede, los efectos de los compuestos de mostaza en la formación de la sangre”. Varias publicaciones asocian el advenimiento de la QT antineoplásica con la crisis de Bari 31, 57 precisamente a partir de esta frase de Rhoads. A continuación, se extiende un poco más acerca del efecto que causó la MN en la sangre de los afectados de Bari: “Estas bajas mostraban (…) una profunda caída 1º de los linfocitos y poco después de polimorfonucleares. Bajo condiciones de moderado envenenamiento, como se induce en su uso terapéutico, el punto bajo de la depresión persiste desde el día 7 hasta el 21. Al final de este periodo, aparecen recuentos normales”.

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Termina el artículo con el siguiente párrafo: “El incidente de Bari ha sido olvidado hace mucho por la gran mayoría y la 2ª GM es ya historia. La guerra química, aguardada con tanta ansiedad, se ha transformado, con el desarrollo de la energía atómica, en un arma obsoleta. Todos los miedos y precauciones, los esfuerzos desesperados y horas de ansiedad, han resultado tener solo un valor profiláctico. A pesar de ello, quizás a partir de los estudios del modo de acción de los tóxicos químicos, se obtenga más beneficio para la humanidad del que se ha alcanzado a partir de la mayoría de las restantes armas militares. No ha habido muertes propiamente derivadas de la guerra química. Las únicas víctimas lo fueron de accidentes, y fueron pocos los casos. Las vidas salvadas y sufrimiento evitado con el conocimiento alcanzado a través de la guerra química pueden llegar a ser significativos. El balance que nos ofrece con respecto a las ganancias que podemos obtener en tiempos de paz es incomparable con el de otras actividades militares”.

Durante décadas y a partir de este artículo 40, 41, muchos autores han atribuido el advenimiento de la QT antineoplásica y, por extensión, el nacimiento de la Oncología (e incluso del tratamiento de las enfermedades autoinmunes y el inicio de la era de los transplantes de órganos) 37 a las observaciones que siguieron al desastre de Bari. Su contenido es ambiguo, pero establece un claro vínculo entre ambos hechos. ¿Tenía algún interés Rhoads en fomentar este equívoco? Probablemente sí. Sobre el “arte” de la manipulación informativa sanitaria Cornelius P. “Dusty” Rhoads, se graduó en la Harvard Medical School en 1924. Como patólogo se especializó en los desórdenes hematológicos. En 1928 se incorporó a la plantilla del Rockefeller Institute for Medical Research. Fue destinado en junio de 1931 al Hospital Presbiteriano de San Juan de Puerto Rico, como colaborador del hematólogo William B. Castle y miembro de la Comisión para el Estudio de la Anemia (especialmente de la ferropénica ocasionada por el nematodo anquilostoma -por entonces endémico en la isla- y el sprue tropical) 58, 59. El 10 de noviembre de 1931 volvía

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Imagen 16: Rhoads en su primera aparición en TIME.

Lee tuvo acceso y corrigió los artículos que iban a ser publicados sobre el caso en The New York Times y la revista TIME. de una fiesta en Cidra cuando encontró destrozado su automóvil. Al parecer, muy indignado se dirigió a su laboratorio donde escribió y firmó una carta destinada a “Ferdie” (Fred W. Stewart, un colega de Boston, que por entonces trabajaba en el Memorial Hospital de Nueva York) que transcribo a continuación 58, 59, 60 (por su expresividad, prefiero dejarla en su versión original):

Dear Ferdie: The more I think about the Larry Smith appointment the more disgusted I get. Have you heard any reason advanced for it? It certainly is odd that a man out with the entire Boston group, fired by Wallach, and as far as I know, absolutely devoid of any scientific reputation should be given the place. There is something wrong somewhere with our point of view. The situation is settled in Boston. Parker and Nye are to run the laboratory together and either Kenneth or MacMahon to be assistant; the chief to stay on. As far as I can see, the chances of my getting a job in the next ten years are absolutely nil. One is certainly not encouraged to make scientific advances, when it is a handicap rather than an aid to advancement. I can get a damn fine job here and am tempted to take it. It would be ideal except for the Porto Ricans. They are beyond doubt the dirtiest, laziest, most degenerate and thievish race of men ever inhabiting this sphere. It makes you sick to inhabit the same island with them. They are even lower than Italians. What the island needs is not public health work but a tidal wave or something to totally exterminate the population. It might then be livable. I have done my best to further the process of extermination by killing off 8 and transplanting cancer into several more. The latter has not resulted in any fatalities so far... The matter of consideration for the patients’ welfare plays no role here — in fact all physicians take delight in the abuse and torture of the unfortunate subjects. Do let me know if you hear any more news. Sincerely, “Dusty”

La misiva nunca fue remitida, pero su contenido fue divulgado entre los trabajadores del hospital. Cuando Rhoads tuvo noticia de este hecho, reunión a la plantilla del centro, ante la que se disculpó públicamente. Pocos días después quedo consternado al enterarse de que la carta iba a ser comentada en una reunión de la Asociación Médica de Puerto Rico. Decidió abandonar la isla, embarcando con rumbo a Nueva York el 10 de diciembre de 1931 59. En enero de 1932 la carta llegó a las manos de Pedro Albizu Campos, presidente del Partido Nacionalista Portorriqueño, que se encargó de darle


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publicidad, remitiendo copias a la Sociedad de Naciones, periódicos, embajadas e incluso al Vaticano 58, 59, 61. Para Albizu era la demostración de que el gobierno norteamericano, en connivencia con el Rockefeller Institute, tenía un plan imperialista para la exterminación racial de los portorriqueños. Un genocidio que relacionaba con el de los indios americanos. El trabajo de Rhoads en la isla fue investigado oficialmente por iniciativa del gobernador de Puerto Rico, James R Beverley, y del fiscal general de la isla, Ramon Quiñones, en colaboración con la Asociación Médica. Tras entrevistar a pacientes y colegas y revisar los historiales de 257 casos tratados por él, no se encontró ninguna irregularidad. Nadie había muerto aquellos meses en circunstancias sospechosas 59. Al mismo tiempo, La Rockefeller Foundation puso en marcha una campaña de lavado de imagen con el fin de defender su propia reputación y la de Rhoads 58, 61. Se la encargó a Ivy Lee,

un pionero de lo que hoy entendemos como “relaciones públicas”, que velaba por la imagen de la adinerada familia desde los disturbios de Ludlow (1914), en la que murieron 24 personas en una mina propiedad de los Rockefeller 58 . Lee tuvo acceso y corrigió los artículos que iban a ser publicados sobre el caso en The New York Times y la revista TIME. El titular del reportaje publicado en el periódico el 30 de enero de 1932, rezaba: “Los pacientes afirman que Rhoads salvó sus vidas”. Lee atribuía el escándalo a la intervención de “violentos agitadores nacionalistas”. Afirmaba erróneamente que Rhoads había escrito la carta en estado de gran consternación, la tarde en la que uno de sus pacientes había sucumbido a la enfermedad “pese a todos los esfuerzos del personal sanitario por salvarle” 58, 59, 60 . TIME consiguió llegar aún más lejos en la tergiversación de la información. Tituló su reportaje como “Porto Ricochet” en el número del 15 de febre-

Imagen 17: Rhoads como coronel médico (CWS) y en su 2ª aparición en TIME.

ro de 1932, lo que sugería que el trabajo humanitario de Rhoads en Puerto Rico se “había revuelto contra él”. Atribuía el escándalo a “la ingratitud de los nativos de la isla con el sacrificado doctor”. Transcribía la carta, pero en una versión mutilada. Habían desaparecido la comparación de los portorriqueños con los italianos, el alarde sobre los transplantes de cáncer y la frase final relativa al desprecio por el bienestar del paciente y a que los médicos se deleitaban en el abuso y tortura de estos. En menos de una página, TIME describía a los portorriqueños como enfermos (“nativos anémicos”), ignorantes y fácilmente manipulables (“serían capaces de llegar a creer que los Yanquis estaban tramando matarles a todos ”), primitivos (“típico de países atrasados”) y desagradecidos (menciona dos veces que Rhoads les había

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donado “su propia sangre”) 58, 59, 60. La carta no era sino la respuesta paródica de un jovial y prometedor investigador que se liberaba expresándose después de meses de intensa lucha por ayudar a unos desagradecidos pacientes (Imagen 16). La historia cayó en el olvido. Rhoads continuó trabajando como patólogo para el Rockefeller Institute for Medical Research hasta mediados de 1939, momento en el que se trasladó al Memorial, que recibió fondos del Rockefeller Institute, siendo nombrado director de dicho centro neoyorquino, en sustitución de James Ewing, el 1 de enero de 1940. En 1941, tras el ataque de Pearl Harbor, se incorporó con el empleo de coronel a la jefatura de la División Médica de CWS. Finalizada la guerra, regresó al Memorial, que entre tanto y con el patronazgo de Alfred P. Sloan, presidente del Consejo de General Motors y Charles F. Kettering, fundador de Dayton Electric Company (DELCO), había estrenado nuevo edificio, transformándose en el Memorial Sloan-Kettering Institute for Cancer Research, primer centro dedicado íntegramente a la investigación del cáncer 1, 31, 57, del que Rhoads fue su primer director. En reconocimiento al nacimiento de este innovador centro, Rhoads apareció por segunda vez en la revista TIME, esta vez en la portada del número del 27 de junio de 1949 (Imagen 17), donde era elogiado como un “Cancer fighter”. En él no se hacía referencia alguna al incidente de 1932 ni a la composición “juguetona y fantástica” que había justificado su anterior aparición en la publicación 59, 60.

* ** Contra todo pronóstico, en 2002 la controversia con respecto a la figura de Rhoads revivió: su peripecia insular fue redescubierta por Edwin Vázquez, profesor de Biología de la Universidad de Puerto Rico. La American Association for Cancer Research (AACR) había creado en 1979, para conmemorar el 20 aniversario de su muerte, el Cornelius P. Rhoads Memorial Award 61, destina-

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do a reconocer el trabajo de jóvenes científicos que hubieran destacado en la investigación del cáncer. Vázquez escribió a la AACR exigiendo que el nombre de Rhoads dejara de estar vinculado al galardón. La AACR abrió una nueva investigación independiente que concluyó, como la de 1932, que no había ninguna evidencia de experimentación humana fuera de la ética. Sin embargo, la carta era tan ofensiva y racista que se decidió cambiar de nombre el premio 58, 59, 61 , concediéndose en 2004 con una nueva denominación.

Los datos contrastados convencen menos que los mensajes emocionales. La desinformación, influyendo en las decisiones de los ciudadanos y unificando pensamientos, supone un riesgo para la sociedad.

CONCLUSIONES La literatura occidental nace con dos composiciones -La Iliada y La Odiseaque abordan el mito griego por excelencia: la guerra de Troya. Esta ciudad, tras una década de asedio, solo sucumbió ante el engaño del caballo de madera. ¿Cómo pudieron los troyanos caer ante una mentira tan simple y falaz? Por una sencilla razón: es extraordinariamente fácil engañarnos cuando

se nos cuenta lo que queremos oír, nos resulta muy fácil aceptar una “verdad alternativa” cuando se adapta bien a nuestros deseos o nos ayuda a justificar nuestras propias frustraciones (o fantasmas). Los datos contrastados convencen menos que los mensajes emocionales. ¿Cómo pudo tener éxito la descarada y burda manipulación informativa conducida por Ivy Lee respecto al escándalo del “Porto Ricochet”? Probablemente porque para la opinión pública norteamericana era mucho más fácil aceptar que un prometedor científico pudiera bromear, en un momento de desahogo, respecto a su febril trabajo en favor de los desfavorecidos nativos que la posibilidad de que la élite social blanca y biempensante estuviera infestada de racismo y xenofobia. ¿Cómo hemos podido aceptar durante décadas que el nacimiento de la QT fue consecuencia del desastre de Bari cuando la primera gota de MN que recibió un paciente cayó año y medio antes que la primera bomba sobre la castigada bahía italiana? Porque la idea romántica de unos pobres marineros sacrificados accidentalmente por el bien de la humanidad es más tolerable que la posibilidad de que el nuevo tratamiento fuera fruto indirecto de unas investigaciones de muy dudosa concepción ética, tanto en sus medios como en sus fines. La tergiversación de la verdad ha existido siempre, existe y existirá. Pero la forma de llevarla a cabo ha cambiado espectacularmente en los últimos años. Hasta hace poco la información había que buscarla y estaba en manos de un oligopolio de grupos de comunicación, con importantes intereses económicos y políticos. En el presente trabajo, desde luego, los manipuladores son de “alto nivel”: vamos desde la familia Rockefeller, pasando por el mismísimo Winston Churchill y llegando a un médico, director del Memorial, muy bien relacionado, sin duda. En los últimos años, sin embargo, se ha producido una “democratización” de la información; cualquiera puede generar una noticia “viral” en las redes sociales. Esta circunstancia es en principio positiva, aunque tam-


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bién entraña muy graves riesgos. Recibimos un torrente de información, sin esfuerzo ninguno, que nos asalta cada vez que abrimos el ordenador o conectamos el teléfono, que nos limitamos a consumir sin que habitualmente nos dé tiempo a analizar su contenido y mucho menos a identificar su origen. La desinformación a escala masiva, influyendo en las decisiones de los ciudadanos y unificando pensamientos, supone un riesgo para la sociedad. Afortunadamente, existen herramientas con las que podemos evitar ser víctimas de la postverdad: TRANSPARENCIA: si la noche del 2 de diciembre de 1943 en Bari los mandos hubieran activado las alertas de defensa química se habrían ahorrado muchas mentiras y, lo que es más importante, centenares de muertos y lisiados de por vida. Si los principios de secreto y seguridad, que generalmente van de la mano, entran en conflicto, quienes toman las decisiones deben tener claro que es lo correcto. El secreto, cuando causa la muerte o sufrimiento de víctimas inocentes, no tiene sentido. DENUNCIA: cuesta aceptar que tras el desastre de Bari cientos de sanitarios británicos se plegaran a registrar las lesiones cutáneas causadas por el gas mostaza como ”no yet diagnosed dermatitis” y las muertes como producidas “por quemaduras debidas a la acción del enemigo”. Sin embargo, debemos tener en cuenta que se encontraban en el seno de una guerra y muy apartados de sus “áreas de confort”. Sin embargo, resulta incomprensible que, en las décadas posteriores, de vuelta en Gran Bretaña y terminado el conflicto, ningún sanitario llamara la atención sobre estos hechos. Southern relata como Bert Stevens (víctima de la intoxicación), estando hospitalizado en Londres por una complicación en 1982 fue interrogado extensamente por su doctor sobre su experiencia en Bari y el olor a ajos de aquella tarde. Este le presentó a otros colegas como ”un caso especial, nunca volveréis a ver algo semejante”. El facultativo fue incapaz de explicar al paciente qué le hacía tan especial 14. Es necesario abandonar las actitudes conformistas y pasivas ante la

mentira, por inocente que parezca. A este respecto, la formación que reciban los profesionales en bioética y los comités hospitalarios de dicha disciplina deben jugar un papel fundamental.

*** Rhoads al terminar la guerra era jefe de la División Médica del CWS, director del nuevo Memorial Sloan-Kettering Institute for Cancer Research, presidente del Committee on Growth of the National Research Council 46 y de la New York Academy of Medicine, te-

Si los principios de secreto y seguridad entran en conflicto, debemos tener claro que es lo correcto. El secreto, cuando causa el sufrimiento de víctimas inocentes, no tiene sentido.

niendo además como horizonte en su carrera un prometedor futuro como investigador en el tratamiento del cáncer. Precisamente entre los años 1946-47, 23 médicos alemanes fueron procesados en el llamado “Juicio de los doctores”, como responsables de los experimentos médicos llevados a cabo en los campos de concentración nazis. Lo último que podía apetecerle a Rhoads era llamar la atención sobre los ensayos que se habían desarrollado durante la guerra bajo su mando en el CWS 36, 51, 52, 53, 54, 55, con el consiguiente riesgo de que alguien los relacionara con el escándalo que ha-

bía protagonizado apenas 14 años antes (un delirio eugenésico en el que él mismo se había atribuido haber realizado experimentos inoculando cáncer a humanos e intentando inducir sus muertes). Además, había tenido la oportunidad de comprobar en primera persona, con ocasión del escándalo del “Porto Ricochet” y con la colaboración de Ivy Lee, cuan fácil es manipular la opinión pública con un par de simples artículos convenientemente situados y orientados 58, 59, 60. Para alejar cualquier sospecha sobre él, se limitó a repetir la operación de 1932, de una forma mucho más sutil, de nuevo con éxito 40, 41. Creo que es comprensible que le resultara “cómodo” dejar que se asociara su interés científico por el cáncer y la MN al desastre de Bari y no a otras actividades suyas, recientes y más remotas. No estamos de acuerdo con Rhoads en que la guerra sea buena para el desarrollo de la humanidad 41. Son buenos los científicos de verdad, gente como los Krumbhaar (en la 1ª GM) o Goodman y Gilman (en la 2ª GM) que, aún en situaciones hostiles, en medio de tanta tragedia y secretismo, fueron capaces de extraer datos útiles del horror de la guerra química y de difundir sus hallazgos, para el bien de la humanidad 36 Desgraciadamente, tampoco estamos de acuerdo con Rhoads en que la guerra química haya quedado obsoleta 41. Sigue siendo una amenaza y una realidad muy presente en el mundo actual. El desastre de Bari nada tuvo que ver con el nacimiento de la Oncología pero, su supuesta relación, al menos simbólicamente, es una representación magnífica de la gran paradoja de la quimioterapia antineoplásica: un tratamiento que, matando, da vida. s

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Santos Enrech Francés

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“Hazañas Bélicas” oncológicas

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Notas “Hazañas Bélicas” fue una colección de “novelas gráficas” creada por Boixcar y publicada por la editorial Toray a partir de 1948, durante dos décadas, cuyas aventuras giraban siempre entorno a la 2ª Guerra Mundial. “From bench to bed side” fue el lema de la reunión de la Sociedad Americana de Oncología Médica de 1993. Según el diccionario de términos oncológicos del National Cancer Institute hace referencia al “proceso mediante el cual los resultados de las investigaciones de laboratorio son directamente aplicados en el desarrollo de nuevos tratamientos de pacientes”, es decir, a la disciplina conocida como “investigación translacional”. Aquí hacemos un pequeño juego de palabras y sustituimos el término bench (banco, de laboratorio) por bay (en referencia a la sufrida bahía de Bari). Deseo expresar mi agradecimiento a los Dres. Juan del Llano, Ángel González, Mª Belén Rivero y Julia Enrech por sus enriquecedoras revisiones del texto. Así mismo a D. Eduardo Montejano por su colaboración en la mejora de las imágenes que lo acompañan.

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Farmacia, Medicina e Historia (2021)  

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