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FARMACIA, MEDICINA & HISTORIA

No 2 - 2018 SEXTA ÉPOCA

Revista de estudios históricos de las ciencias de la salud Antigua revista Medicina e Historia (Fundada en 1964)

Expertos, juicios y crimen: Pere Mata (1811-1877) y el veneno de María Bonamot Mar Cuenca Lorente Accésit XLIX Premio Fundación Uriach de “Historia de la Medicina”

La farmacia del hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza: la importancia histórica de un legado Carmen Palos Martin, Anna Carmona Cornet, Ignacio Andrés Arribas

www.fu1838.org


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Premio Fundación Uriach «Historia de la Medicina»

En su deseo de impulsar los estudios sobre el pasado de las Ciencias de la Salud, la Fundación Uriach 1838 tiene instituido un premio anual de ámbito internacional, el cual será adjudicado al mejor trabajo que, a juicio de un jurado designado al efecto, trate de un tema sobre Historia y Ciencias de la Salud. Su concesión se adaptará a las siguientes BASES: 1. El L Premio Fundación Uriach “Historia de la Medicina” correspondiente a 2019 está dotado con 3.000 euros para el ganador y un accésit de 1.000 euros, si el jurado lo considera oportuno. 2. Las monografías que opten al Premio deberán ser originales e inéditas, no siendo aceptadas aquellas que en el momento de la adjudicación hayan sido publicadas total o parcialmente, así como tampoco las presentadas a otros concursos. 3. Los trabajos deberán ser presentados en un archivo de texto en formato electrónico (no pdf) junto a una copia impresa con interlineado doble y una extensión recomendada de 80.000 caracteres, con espacios, incluyendo bibliografía o referencias documentales, además de iconografía complementaria. 4. Los originales redactados en lengua española, serán remitidos a la Fundación Uriach, siendo la fecha máxima de entrega el día 1 de julio de 2019 bajo el sistema de lema y plica, sin firma de autor o autores, cuya identificación deberá figurar en un sobre cerrado a su vez identificado con el mismo lema del trabajo original. 5. El L Premio Fundación Uriach “Historia de la Medicina” será otorgado por un Jurado cuyo fallo se hará público durante el mes de octubre de 2019.

6. Tras la adjudicación del Premio, el secretario del Jurado procederá a la apertura de la plica correspondiente al ganador y, en su caso, a la del accésit. 7. En el supuesto de que el Jurado lo considere oportuno, la obra ganadora, así como otros trabajos presentados, podrán ser publicados en la revista Farmacia, Medicina e Historia, siempre de común acuerdo con los autores. 8. Los trabajos no premiados ni seleccionados para su publicación serán destruidos sin la apertura de sus plicas. 9. La participación en el presente concurso implica la aceptación total de las bases de esta convocatoria. Palau-solità i Plegamans, noviembre de 2018

La correspondencia relacionada con esta convocatoria deberá dirigirse a: Fundación Uriach 1838 Pol. Industrial Riera de Caldes. Av.Camí Reial, 51-57 08184 Palau-solità i Plegamans (Barcelona) fundación-historia@uriach.com - (34) 93 863 02 25


FARMACIA, MEDICINA & HISTORIA

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Nº 2 - 2018 – SEXTA ÉPOCA Revista de estudios históricos de las ciencias de la salud Fundada en 1964 Publicación bianual Fundación Uriach 1838 Centro de Documentación de Historia de las Ciencias de la Salud Polígono Industrial Riera de Caldes Avda. Camí Reial 51-57 08184 Palau-Solità i Plegamans (Barcelona-España) www.fu1838.org fundacion-historia@uriach.com Director de la publicación:

Javier Uriach Torelló

4 Expertos, juicios y crimen: Pere Mata (1811-1877) y el veneno de María Bonamot Pere Mata y la toxicología del siglo XIX Mar Cuenca Lorente

Diseño y maquetación:

Estudi Quim Duran Soporte válido con la ref. SVR nº 479 Dep. Legal B-27541-1963 ISSN 2604-6466 © de la edición: Fundación Uriach 1838 Reservados todos los derechos El contenido de la presente publicación no puede ser reproducido, ni transmitido por ningún procedimiento electrónico o mecánico, grabación magnética, ni registrado por ningún sistema de recuperación de información, en ninguna forma, ni por algún medio, sin la previa autorización por escrito del titular de los derechos de explotación de la misma. Prohibida su venta.

22 La farmacia del hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza: la importancia histórica de un legado Carmen Palos Martin, Anna Carmona Cornet, Ignacio Andrés Arribas

Portada: Imagen publicitaria del medicamento Eparema, 1946. Archivo Fundación Uriach 1838.

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Expertos, juicios y crimen: Pere Mata (1811-1877) y el veneno de María Bonamot Pere Mata y la toxicología del siglo XIX Mar Cuenca Lorente*

Resumen: El siglo XIX fue un periodo en el que se produjo un creciente interés por los venenos y los crímenes por envenenamiento a pesar de no ser formas habituales de homicidio. La nueva toxicología pretendía ofrecer herramientas para combatir este tipo de crímenes. Sin embargo, fueron precisamente los debates surgidos durante los procesos judiciales, los que ayudaron a configurar la toxicología del siglo XIX. Alejados de las pautas ofrecidas en los manuales y ante la necesidad de mostrar a un juez, carente de formación en estas materias, la presencia o ausencia del veneno, los toxicólogos del siglo XIX pusieron en juego todas sus estrategias para vencer a otros expertos y convencer a los profanos. A mediados de 1844 se produjo en Madrid un caso de envenenamiento que llamó la atención tanto de la prensa médica como de la prensa periódica española. Dos factores contribuyeron a su popularidad: las fechas

en las que se produjo (tan solo un año después de la creación de la cátedra de Medicina Legal en las Facultades de Madrid y Barcelona); y la participación como peritos de algunos de los personajes españoles más influyentes en la medicina legal y toxicología española como es el caso de Pere Mata i Fontanet (1811-1877). Pere Mata desempeñó una labor importante en los tres terrenos que contribuyeron decisivamente a la homogeneidad de la comunidad de toxicólogos: la formación universitaria, la literatura académica y la organización profesional. El análisis de un caso de envenenamiento como el que se desarrolla en este trabajo, permite considerar muchas de las cuestiones relacionadas con la toxicología en el siglo XIX: la constitución de una nueva disciplina académica, la creación de una comunidad de expertos, las controversias públicas y la gestión de las pruebas periciales en los tribunales.

Experts, trials and crimes: Pere Mata (1811-1877) and Maria Bonamot’s poison Abstract: The XIXth century saw a growing interest in poisons and crimes by poison although these are not usual ways of murder. New technology aspired to offer tools to combat this type of crimes. However, it was precisely

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the debates that arose during trials that helped to configure XIXth century toxicology. Far from the guidelines offered in manuals and facing the need to demonstrate to a judge, lacking in training in these subjects,


Expertos, juicios y crimen: Pere Mata (1811-1877) y el veneno de María Bonamot

Fotografía de Pere Mata i Fontanet (1811-1877). Fuente: La imagen a la derecha apareció en El Anfiteatro anatómico español. Periódico de medicina, cirugía y ciencias auxiliares, Madrid, 9 (I). (31/05/1873)

the presence or absence of the poison, XIXth century toxicologists used all of their strategies to beat other experts and convince the layperson. In the middle of 1844 there was a case of poisoning in Madrid that caught the attention of both the medical press and the Spanish newspapers. Two factors contributed to its popularity: the date that it happened (only a year after the creation of the chair of Forensic Medicine at the faculties in Madrid and Barcelona); and the participation as experts of some of the most influential Spaniards in forensic medicine and Spanish toxicolo-

Introducción: Envenenamientos en la Europa del siglo XIX

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n 1844, la prensa médica y generalista española se hizo eco de un supuesto envenenamiento acontecido en Madrid. Una mujer fue acusada de envenenar y suplantar la identidad de su amiga con el objetivo de resultar beneficiada económicamente por su testamento. En un periodo en el que los envenenamientos generaban una gran alarma social en el contexto europeo, el caso Bonamot, contó con dos factores adicionales que contribuyeron a su popularidad: las fechas en las que se produjo el juicio (tan solo un año después de la creación de la cátedra de

gy such as Pere Mata i Fontanet (1811-1877). Pere Mata carried out important work in the three fields which decisively contributed to the homogeneity of the community of toxicologists: university training, academic literature and the professional organisation. The analysis of a case of poisoning as the one developed in this work permits the consideration of many issues related to toxicology in the XIXth century: the constitution of a new academic subject, the creation of a community of experts, public controversies and the management of expert evidence at trials.

Medicina Legal en las Facultades de Madrid y Barcelona); y la participación como peritos de algunos de los personajes españoles más influyentes en la medicina legal y la toxicología española, como es el caso de Pere Mata (1811-1877). A pesar de ser formas poco habituales de homicidio durante el siglo XIX, y ser casi irrelevantes desde un punto de vista puramente estadístico, los crímenes por envenenamiento despertaban el interés popular hasta el punto de generarse auténticos pánicos en determinados momentos. Los temores eran generados por el carácter secreto de este tipo de crimen y la gran dificultad para protegerse del mismo, dado que la mayoría de ocasiones te-

nía lugar en el propio domicilio de la víctima y, muchas veces, eran perpetrados por el entorno familiar de la víctima. En realidad, los crímenes por envenenamiento no suponían más del 2 al 3% del conjunto de homicidios. Exagerados o no, lo cierto es que el número de casos de envenenamiento que se conocieron fue en aumento desde la década de 1820 y tuvo su punto de mayor incidencia a mediados del siglo XIX.1 Otra de las claves del crimen de envenenamiento en el siglo XIX fueron los múltiples esfuerzos para conseguir su detección a través de los recursos que ofrecía la nueva toxicología. En muchas ocasiones las pruebas acusatorias se limitaban a las propor-

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Mar Cuenca Lorente

cionadas por los peritos ante la ausencia de testigos y signos de violencia visibles. Se trataba, por lo tanto, de un reto para los toxicólogos que debían ofrecer pruebas suficientemente decisivas y fiables para sustanciar una acusación de asesinato por envenenamiento. No se trataba únicamente de ser capaces de detectar el veneno; los análisis químicos requerían tanto juicio como interpretación. Contenían un factor de subjetividad que tan solo el toxicólogo era capaz de proporcionar.2 Además, los efectos del veneno podían ser confundidos frecuentemente con los producidos por una enfermedad, tal y como veremos en el caso que se presenta en este estudio. En este contexto de tan grande incertidumbre es posible que el espectacular aumento en el número de casos de envenena-

El interés por los venenos, y la repercusión social de los mismos, impulsó la consolidación de la figura del perito en los tribunales

miento detectados durante las décadas de 1830 y 1840 estuviera más relacionado con una mejora en los métodos de análisis químicos que con un incremento sustancial de la criminalidad en materia de envenenamientos. Los toxicólogos del siglo XIX recurrían, por regla general, a tres tipos de pruebas para demostrar un envenenamiento: los signos clínicos, la autopsia y el análisis químico. La importancia de cada una de estas pruebas dependió de una gran variedad de factores (entre ellos el veneno empleado) y varió a lo largo del siglo como también lo hicieron los estándares de

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prueba exigidos en los tribunales. Por ejemplo, el desarrollo de la química analítica propició la aparición de nuevos métodos de detección, como el ensayo de James Marsh (1794-1846) para el arsénico o los métodos de aislamiento selectivo de alcaloides desarrollados por Jean Servais Stas (18131891).3 Las nuevas técnicas permitían obtener datos convincentes para ser presentados en los juicios, generalmente acompañados de otras pruebas como los signos clínicos y los resultados de la autopsia. El interés popular por este tipo de crímenes fue muy grande a lo largo de todo el siglo XIX. Algunos historiadores se refieren a esta situación como una auténtica “epidemia de envenenamientos” y apuntan que el crimen era contagioso y que la prensa cotidiana, con sus artículos de actualidad y sus transcripciones detalladas de los juicios, expandieron la enfermedad. Los periódicos incluían frecuentes referencias a estos crímenes, daban la oportunidad al público de ofrecer su opinión y generaban debates sobre la inocencia o culpabilidad del acusado.4 Este interés creciente por los envenenamientos entre la población se vio también reflejado en la repercusión que tuvieron algunos de los procesos judiciales del siglo XIX. Los casos Castaign y Lafarge en Francia, así como el caso Palmer en Inglaterra, son algunos de los más conocidos. Todas estas “causas célebres” tuvieron una elevada repercusión en la esfera pública, como refleja el hecho de que a la ejecución de William Palmer acudieran más de veinte mil personas o que las memorias de Madame Lafarge tuvieran tantas ediciones y traducciones (entre ellas una al castellano).5 Estas circunstancias hicieron del siglo XIX un período clave en el desarrollo de la toxicología. El interés por los venenos y los crímenes de envenenamiento, así como la repercusión social de los mismos, impulsó la búsqueda de nuevas técnicas para su detección y la consolidación de la figura del perito en los tribunales. Fue precisamente en el transcurso de estos acontecimientos tan relevantes para la toxicología donde se enmarca el juicio de María Bonamot. El análisis de estos

casos particulares permite observar numerosos elementos como la producción de controversias que atravesaron los límites de la sala de juicios. Los expertos implicados tuvieron que defender sus puntos de vista basándose en una toxicología que estaba aún consolidándose. Esto fue también empleado en ocasiones para publicar obras o artículos en revistas que a su vez proporcionó a estos autores nuevos espacios en los que defender y convencer no solo a la comunidad científica, sino también fuera de ella, donde la expectación por estas “grandes causas de envenenamiento” iba paulatinamente en aumento.

El envenenamiento de María Bonamot El fallecimiento de María Bonamot tuvo lugar el 25 de mayo de 1844 en Madrid.6 Su muerte llamó la atención de las autoridades y se nombró una comisión para determinar si se trataba de un caso de envenenamiento. Las circunstancias de la muerte levantaron sospechas. María había acudido a casa de Pilar Campé, con la que mantenía una buena amistad desde hacía alrededor de un año, tras ser invitada por ésta. Tras tomar algunos alimentos, María se sintió indispuesta, razón por la que se requirió la presencia del doctor Aguedo Pinilla (1805-1861), quien examinó en primer lugar a la enferma y le recetó un tratamiento.7 Algunos amigos de María, al no encontrar a ésta en casa se dirigieron a casa de Pilar pero al llegar allí no se les permitió visitar a la enferma, lo que levantó sus sospechas. Asimismo, se requiso la presencia de un escribano para que autorizara una disposición testamentaria, según la cual María declaró heredera única a Pilar Campé. Tras estos acontecimientos, y después de escuchar las declaraciones de los testigos, el fiscal dedujo que Pilar Campé fue la persona que realizó dicho testamento, declarándose heredera única y suplantando de esta ma-

Pere Mata i Fontanet. Fuente: Fondo Salvador Vilaseca. Institut Municipal Museus de Reus (IMMR)


Expertos, juicios y crimen: Pere Mata (1811-1877) y el veneno de MarĂ­a Bonamot

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nera la identidad de María Bonamot. Como parte del procedimiento que la comisión nombrada debía seguir para elaborar el dictamen, se realizó la autopsia de María Bonamot en la Facultad de ciencias médicas. También se tomaron muestras y se realizaron análisis químicos que incluyeron la búsqueda de venenos minerales y orgánicos. Las conclusiones presentadas por la comisión con fecha de 16 de junio de 1844, determinaban que María Bonamot había sido envenenada y que los síntomas presentados por la enferma coincidían con aquellos producidos en los envenenamientos por el opio y sus preparados. Sin embargo, uno de los miembros de la comisión, el doctor Aguedo Pinilla, que había atendido a la enferma el día en que falleció, no compartió estas conclusiones y ofreció una versión diferente de lo que había ocurrido pocos días después, el 29 de junio de 1844. Según su punto de vista, María Bonamot había muerto por una apoplejía pulmonar y no como

Los síntomas presentados por la enferma coincidían con los producidos en los envenenamientos por el opio y sus preparados

resultado de un envenenamiento. Enfrentado a estos dictámenes contradictorios, el juez, pidió a la Facultad de ciencias médicas y a la Academia de medicina de Castilla la Nueva la elaboración de nuevos informes.8 El informe presentado por la Facultad de ciencias médicas con fecha de 5 de diciembre de 1844, consideraba tanto la posibilidad de que la muerte se hubiera producido fruto de un envenenamiento como a causa de una

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enfermedad. Sin embargo, descartaba la causa propuesta por Aguedo Pinilla, apoplejía pulmonar, puesto que los síntomas descritos no concordaban con los que deberían haberse obtenido. Menos tajante se mostraban en cuanto al veneno como causa. A pesar de que admitían que la fallecida presentaba muchos de los síntomas característicos de los envenenamientos por el opio y sus preparados, consideraban la ausencia de otros síntomas como uno de los factores que impedía asegurar que ésta fuera la causa real de la muerte. Este hecho se complementaba con cuestiones relacionadas con la cantidad de veneno ingerida y la necesaria para provocar la muerte junto con los resultados obtenidos en los análisis químicos. Por tanto, concluían que dado que su discusión estaba únicamente basada en indicios no podían ni afirmar ni negar que la muerte de María Bonamot fuera fruto de un envenenamiento ni el opio o sus preparados la causa del mismo. El informe de la Academia, presentado varios meses después, el 19 de abril de 1845, criticaba el dictamen elaborado por la comisión y llegaba a unas conclusiones similares a las ofrecidas por Aguedo Pinilla. Consideraban que ni los síntomas ni la autopsia de la fallecida eran suficientes para demostrar la existencia de envenenamiento, y que era más factible que la muerte se debiera a una enfermedad. Asimismo, presentaba diversas objeciones respecto a los análisis químicos en cuanto a la fiabilidad de los resultados y sus interpretaciones. De cualquier modo, mantenían que, con los datos disponibles, no era posible afirmar la causa real de muerte pero sí que negaban que en caso de haber sido como resultado de un envenenamiento, este hubiera sido causa del opio o sus preparados.9 Finalmente, las acusadas, Pilar Campé y su madre Polonia Cortés como cómplice, fueron condenadas en una sentencia provisional en abril de 1847, a ocho y seis años de reclusión, respectivamente. Nunca llegaron a cumplirla porque, poco después, en julio de 1847, el fallo definitivo determinó su absolución.10 En los siguientes apartados de

este estudio se analizarán muchos de los aspectos comentados hasta el momento: los protagonistas del caso y las estrategias que emplearon para hacer valer su autoridad, el peso de las pruebas ante una sospecha de envenenamiento, las dificultades que existían a mediados del siglo XIX para identificar el veneno empleado, y el papel desempeñado por la prensa médica y generalista española.

Expertos, comisiones y envenenamientos: Pere Mata i Fontanet (1811-1877) Recordemos que ante un presunto envenenamiento, determinado por las circunstancias en que la muerte se había producido, el tribunal debía nombrar un médico que determinara la condición de la persona enferma o ya fallecida. El juez, tras visitar el lugar de los hechos, era el encargado de decidir qué sustancias debían ser analizadas. Posteriormente, uno o dos farmacéuticos debían ser oficialmente designados para examinar dichas sustancias.11Sin embargo, esta situación ideal, no siempre coincidía con el proceso que realmente se llevaba a cabo. El caso Bonamot, no fue una excepción y una extensa comisión fue nombrada para llevar a cabo la investigación. Como se ha indicado, uno de los factores por los que este juicio contó con una gran repercusión fue la presencia del polifacético Pere Mata i Fontanet (1811-1877). En una historia de grandes héroes, quizá Pere Mata no tendría cabida: no es fácil asociarlo con descubrimientos relevantes en su área y apenas se le menciona en los grandes tratados actuales de la medicina.12 Sin embargo, Mata fue conformando su figura y su autoridad en base a diversos aspectos que resultan muy relevantes para entender el surgimiento de los peritos en la España del siglo XIX: la enseñanza, los manuales, las publicaciones especializadas, las participaciones en juicios, las conferencias públicas, los cursos de divulgación, y los artículos en la prensa cotidiana que ayudaron a reforzar su presencia pública. Su frecuente aparición en la prensa general, invita a


Expertos, juicios y crimen: Pere Mata (1811-1877) y el veneno de María Bonamot

pensar que Mata era un personaje conocido y popular en la sociedad del siglo XIX, presente en multitud de ámbitos y espacios.13 Una breve biografía del autor permitirá comprender cómo Mata fue conformando su autoridad en base a las múltiples labores que desempeñó a lo largo de su vida. Pere Mata i Fontanet nació en la ciudad catalana de Reus (Tarragona) el 14 de junio de 1811.14 Sus primeros estudios se desarrollaron en la Escuela de Gramática y Retórica de Reus durante cuatro años, de 1821 a 1824. Posteriormente cursó dos años de Filosofía (1825-1827) en el Real Estudio Literario de Tarragona.15 Entre los años 1827 y 1829, año en el que comenzó la carrera de medicina, cursó botánica y agricultura en la Real Academia de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona y física experimental en la Real Junta de Comercio de Barcelona. En 1829, tras solicitar ser admitido al examen de bachiller, comienza sus estudios de medicina en el Real Colegio de Medicina y Cirugía de Barcelona. En 1835 obtuvo el diploma de bachiller en medicina y cirugía y a finales de 1836 obtuvo el título de licenciado en medicina y cirugía. El grado de doctor en medicina y cirugía lo obtuvo en 1846, cuando ya se encontraba en Madrid ocupando la cátedra de medicina legal y toxicología.16 Tras obtener el título de licenciado, volvió a Reus y según se menciona en alguna de las biografías, desarrolló la práctica médica junto a su padre.17 Poco se conoce de esta etapa, pero su vida política se entremezclaba continuamente con la de estudiante y desde su juventud formó parte del partido liberal progresista, participando en diversas revueltas y colaborando en publicaciones políticas que le costaron incluso la cárcel.18 El siglo XIX español se caracterizó por una marcada inestabilidad política que tuvo como consecuencia frecuentes cambios de gobierno que a su vez condujeron a numerosas reformas en el sistema educativo. Precisamente, estos vaivenes políticos provocaron que algunos médicos tuvieran que exiliarse, Pere Mata entre ellos. A su vuelta, importaban técnicas y conocimientos aprendidos en el extranjero, además de

Edición de 1856 del de Pere Mata. A partir de esta edición, fue publicado por la editorial de Carlos Bailly-Baillière, la “sucursal” española de la red Baillière, una de las más prestigiosas a nivel científico

Uno de los factores por los que el juicio contó con una gran repercusión fue la presencia del polifacético Pere Mata i Fontanet

dotarles de un cierto prestigio y autoridad para llevar a cabo, o al menos intentar, implantar medidas renovadoras en la ciencia española, y conformando así, una vía de circulación del conocimiento, principalmente entre Francia y España.19 Pere Mata tuvo que enfrentarse al exilio en dos ocasiones, en 1837 y en 1838. En su primer exilio, se desplazó a Montpellier, y tuvo una duración

de aproximadamente un año. Como si de un viaje científico se tratara, Mata acudió a las clases de algunos reputados profesores, lo que le permitió formar parte de algunas sociedades médicas.20 A su vuelta en 1838, fundó el periódico La Joven España, una publicación de inspiración liberal y dedicada a cuestiones políticas y que le costó la cárcel.21 Tras su liberación se marchó exiliado a París, donde permaneció alrededor de dos años. Allí es posible que frecuentara las clases de algunos prestigiosos médicos y de Mateu Orfila (1787-1853), el toxicólogo más influyente del momento.22 Fue también durante este año donde se sitúan las primeras obras de literatura de Mata, quizás como su único posible modo de obtener dinero junto a algunas traducciones que realizó.23 La vida de Mata se vio sustancialmente afectada, en este caso de modo más positivo, por un nuevo giro en la política española que permitió su vuelta a finales de 1840, tras la caída de la regencia de María Cristina (18061878) y el ascenso al poder del general Espartero (1793-1879). Este ambiente político favorable supuso que Mata fuera nombrado alcalde de Reus, cargo que desempeñó por poco tiempo.24 En 1841, fue candidato a diputado a Cortes de Barcelona y, en mayo de ese mismo año, fue nombrado alcalde constitucional de Barcelona.25 Ade-

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Mar Cuenca Lorente

más, fue nombrado diputado a Cortes en la legislatura de 1842 y 1843, y en esta última fue además secretario del congreso.26 En 1843, Mata se trasladó a Madrid como parlamentario, y poco después recibió el nombramiento de “oficial tercero de la clase de primeros del Ministerio de Gobernación en el ramo de la Instrucción Pública encargado de los asuntos relativos a la enseñanza de las ciencias médicas y veterinaria”. La obtención de este cargo supuso que Mata pudiera poner en marcha una remodelación de estudios médicos conocida como “Plan Mata” que se llevaría a cabo en todas las universidades del país. La reforma comportó la creación de cátedras de medicina legal en Madrid y Barcelona.27 En la capital, el propio Mata fue el en-

La reforma conocida como “Plan Mata” en 1843, comportó la creación de cátedras de medicina legal en Madrid y Barcelona

cargado de ocupar dicha cátedra, posición que ocupó durante más de tres décadas hasta 1874, año en que solicitó la jubilación por enfermedad.28 Estas décadas como profesor, fueron los años de mayor producción escrita de Mata. El grueso su obra durante sus años como catedrático está compuesto por manuales y libros de texto que aparecieron en diversas reediciones entre 1844 y 1875. Los temas tratados en estas obras son, además de la medicina legal y la toxicología, asuntos referentes a la psicología, la química y la filosofía. También publicó recopilaciones de sus cursos de mnemotecnia o discursos pronunciados en el Ateneo

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de Madrid. Además de su producción política y médica, Mata también realizó incursiones en el terreno de la literatura de ficción, desde novelas hasta poesías, relatos cortos e incluso teatro.29 Resulta evidente que Mata era el más importante toxicólogo español en los años del juicio de María Bonamot, no solo por sus publicaciones sino también por su labor docente y política, lo que le otorgaba una autoridad muy superior como perito al resto de expertos que participaron en los diferentes informes y que mencionaré a continuación. En este sentido, su opinión tuvo, como se verá, un peso muy superior al de otros médicos o farmacéuticos que participaron en la polémica. El otro personaje que contó con un mayor protagonismo en la controversia fue Aguedo Pinilla (1805-1861). Nacido en una pequeña población de la Comunidad de Madrid, Vicálvaro, en 1805, cursó sus estudios en los Estudios Reales de San Isidro, e ingresó de practicante en el hospital de San Juan de Dios. Entre 1825 y 1828, cursó los estudios de farmacia. En 1829 fue admitido por la Real Junta Superior gubernativa de la Facultad de Farmacia al examen de Bachiller en Artes en el Real Colegio de Farmacia de San Fernando. Se matriculó en la Facultad de Medicina, como alumno del colegio de San Carlos, a la vez que continuó de practicante en el hospital. Gracias a uno de sus maestros, Fray Juan Pérez, pudo proveerse poco a poco de una clientela, entre la que se encontraba María Bonamot. También fue nombrado ayudante de cirujano en el propio hospital. En 1837 obtuvo el título de licenciado en medicina y cirugía y en 1846 el de doctor. En 1859 fue nombrado cirujano primero del hospital de San Juan de Dios, puesto que ocupó hasta su muerte en Madrid en 1861.31 Otro de los miembros de la comisión era Juan Drumen y Millet (m.1863), que ocupaba la plaza de catedrático de Patología médica en la Facultad de medicina de la Universidad Central. En 1862 fue nombrado Director especial de la reorganización de las salas de clínica de la Universidad. También era médico de Cámara de S.M. la Reina. Entre otros cargos

que ocupó se encuentran el de Director del Hospital Clínico y presidente de la Real Academia de Medicina de Madrid. 32 Juan María Pou y Camps (18011865), natural de Girona, obtuvo la cátedra de química del Colegio de Pamplona en 1829, donde permaneció hasta 1838. En 1843 fue nombrado catedrático del Colegio de San Fernando, convertido en 1845 en facultad de farmacia.33 Ocupó la plaza de catedrático de Química médica en la Facultad de Ciencias médicas, y posteriormente fue nombrado para ocupar la cátedra de Física y Química médicas de la Facultad de Medicina, para ocupar finalmente la de Análisis Química.34 Como este apartado ha puesto de manifiesto, el caso Bonamot también estuvo condicionado por los múltiples espacios donde tuvo lugar, desde los tribunales de justicia a las aulas universitarias y diversas academias de Madrid. Los protagonistas debían tener muy en cuenta los espacios en los que se movían, pues cada uno de ellos contaba con unas reglas de sociabilidad particulares que condicionaban tanto el debate como sus participantes.35 Además, la intervención de tantos actores diferentes en el proceso, con una diversa formación provocaba tensiones entre estos grupos profesionales y un largo periodo de tiempo para conocer la decisión final del tribunal puesto que para las instituciones científicas y academias las tareas de esta índole no eran de primordial importancia.36

El veneno del caso Bonamot: opio o arsénico A pesar de que el arsénico fue el veneno más empleado en el siglo XIX, no fue el que causó mayores dificultades en su identificación a los toxicólogos del siglo XIX.37 Así, tras el progresivo descubrimiento de los alcaloides en el primer tercio del siglo XIX y su introducción en la terapéutica, estos se convirtieron en una nueva arma capaz de ser empleada como venenos.38 La detección fiable de estas sustancias en casos de envenenamiento planteó nuevos retos a los toxicólogos. El caso


Expertos, juicios y crimen: Pere Mata (1811-1877) y el veneno de María Bonamot

que analizamos permite discutir estas cuestiones porque los expertos investigaron tanto la presencia del veneno más popular (el arsénico) como el posible uso de una planta (el opio) cuyos efectos proceden de la acción de alcaloides (la morfina). De este modo, a través de las controversias que surgieron, resultará posible conocer los métodos de trabajo de los toxicólogos y los diferentes problemas que tuvieron que superar para tratar de ofrecer pruebas seguras de envenenamiento en el caso de dos sustancias tan diferentes como el arsénico y el opio. Como veremos, en estos dos casos, el peso de los distintos tipos de pruebas (análisis químico, síntomas y autopsias) fue muy diferente, lo que también condicionó la credibilidad de los peritos y su capacidad para producir pruebas concluyentes sobre los que fundamentar la acusación. Todos los médicos que formaron parte de la comisión encargada de determinar las causas de la muerte de María Bonamot, a excepción de Aguedo Pinilla, coincidieron en afirmar que su muerte se debió a un envenenamiento. Además, indicaron que el veneno empleado era el opio o sus preparados, basándose en los síntomas que presentaba la fallecida. Juan Drumen, médico que también había examinado a la enferma la noche de su fallecimiento, describió que el día de su muerte, María Bonamot presentaba un cuadro que incluía “ojos rutilantes, lengua sumamente seca y oscura, pulso frecuente, delirio vago, alegre y erótico y dolor de cabeza”.39 Para la mayor parte de los miembros de la comisión, estos síntomas eran indicativos de la existencia de envenenamiento. Sin embargo, el doctor Aguedo Pinilla mantenía que entre los síntomas descritos por el doctor Drumen, no se encontraban algunos de los más característicos de los casos de envenenamiento por opio, tales como la ausencia de prurito. Además, añadía que estos bien podían ser producto de una enfermedad como la apoplejía pulmonar, cuyos síntomas reproducían los descritos para la fallecida: poca frecuencia de pulso, ausencia de signos de sed y desacorde de las facultades intelectuales 40

Pinilla añadía también que en el caso concreto de Bonamot era necesario tener en cuenta los antecedentes médicos de la misma, que él podía proporcionar puesto que había sido su médico habitual por espacio de cuatro años. Las condiciones médicas a las que hacía referencia indicaban que Bonamot sufría afecciones frecuentes de corta duración. Además informaba de que, en marzo de ese mismo año, le había recetado una emulsión que contenía medio gramo de extracto acuoso de opio, y que desde entonces, se había convertido en un medicamento de uso habitual para la enferma. Sin embargo, Juan Drumen, quien atendía a Bonamot desde abril de 1844, no refería en la declaración ningún tratamiento seguido por la fallecida. De igual forma, Pinilla mostraba su desconfianza respecto a los resultados obtenidos en otra de las fuentes de prueba: la autopsia. La comisión, en sus conclusiones, había establecido que algunos de los signos observados en la autopsia como la congestión pulmonar y la hinchazón del estómago se encontraban entre las alteraciones producidas por los venenos narcóticos. Además, añadían que los síntomas de estas alteraciones no se habían manifestado cuando la enferma había sido examinada por los doctores Pinilla y Drumen, ofreciendo así una explicación a la ausencia de estos signos en las observaciones que estos habían realizado. En cambio, en la opinión de Aguedo Pinilla, los resultados de la autopsia, principalmente aquellos referidos a los pulmones, no hacían más que confirmar que la muerte de María Bonamot era causa de una apoplejía pulmonar y no de un envenenamiento. Tal y como habían defendido otros autores, Pinilla sostenía que los datos del análisis químico tampoco eran significativos si no eran coherentes con las conclusiones obtenidas de la autopsia y con los síntomas que había experimentado la víctima.41 Esta cuestión conduce a uno de los problemas más importantes de la toxicología del siglo XIX: el peso relativo de los diferentes tipos de prueba (síntomas clínicos, autopsia y análisis químico), para determinar con fiabilidad suficiente la existencia de envenenamiento.

Signos clínicos, autopsia y análisis químico: una relación controvertida Una de las razones ofrecidas por Aguedo Pinilla para justificar la ausencia de envenenamiento por opio o sus preparados en Bonamot, era precisamente la ausencia de algunos de los síntomas producidos por los venenos narcóticos. En su opinión, entre los síntomas que se mencionaban como característicos de los mismos, y los presentados por Bonamot no existía ninguna similitud.42 En cambio, Mata y el resto de miembros que conformaban la comisión habían defendido lo contrario: que los síntomas concordaban con los producidos en caso de envenenamiento por opio o alguno de sus preparados. Defendían que no era

El peso de los distintos tipos de pruebas (análisis químico, síntomas y autopsias) condicionó la credibilidad de los peritos

necesario que se presentaran todos los síntomas descritos, y Mata posteriormente refrendó esta opinión mencionando la utilización de argumentos como el de Aguedo Pinilla para negar la existencia de envenenamiento. En el Compendio de Toxicología de Mata de 1846, el autor posiblemente empleó estos argumentos pero sin referirse explícitamente al caso “era un caso de envenenamiento por el opio o alguno de sus preparados, y uno de los argumentos que se nos oponían era que faltaban ciertos síntomas de la intoxicación narcótica”.43 Sin embargo, los síntomas no podían por si mismos constituir la prue-

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ba irrevocable sobre la que basar la sentencia en caso de sospecha de envenenamiento puesto que las consecuencias derivadas de estos juicios eran a menudo irrevocables. Debían estar en concordancia con los resultados producidos por los otros tipos de pruebas, y por tanto su valor considerado de forma individual era siempre relativo. En el caso de María Bonamot, la autopsia confirmaba la existencia de envenenamiento según la comisión, y en cambio, según la opinión de Aguedo Pinilla refrendaba la semejanza de los resultados obtenidos con aquellos típicos de la apoplejía pulmonar. El análisis químico se intuía en este caso como la prueba que podía determinar la existencia o no de envenenamiento, con el problema añadido de que los métodos disponibles para la detección

Los métodos disponibles para la detección de alcaloides a mediados del siglo XIX eran limitados

de alcaloides eran en ese momento limitados. Mata parecía diferir de la opinión de muchos de los toxicólogos que opinaban que la prueba pericial debía confirmarse mediante el análisis químico, y no depender exclusivamente de los síntomas y resultados de la autopsia.44 Criticaba que en cuanto al valor de los resultados de los análisis químicos se seguía una “doctrina sumamente defectuosa”, y apoyaba sus declaraciones en el caso Bonamot. En la parte de su Compendio de Toxicología en la que trataba el valor de los análisis químicos sin tener en cuenta el resto de pruebas, y criticando la necesidad de encontrar el veneno para demostrar que un individuo había sido envenenado, Mata argumentaba lo siguiente:

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“En algún caso de envenenamiento que hemos tenido en nuestra práctica, nos hemos encontrado frente a frente con esta doctrina; y en la cuestión relativa al envenenamiento de la María Bonamot hubo un profesor que alegó como prueba de no haber habido intoxicación la falta del veneno en sustancia, obtenido por las análisis. Otro tanto dijeron algunos catedráticos de la Facultad cuando discutieron el mismo caso, y otro tanto estampó en su documento médico-legal, referente al mismo, la Academia de Castilla. En los periódicos políticos también recordamos haber leído un dictamen de la Academia de Barcelona, diciendo con poca diferencia lo mismo en otro caso de presunto envenenamiento”.45

Otros influyentes toxicólogos del momento como el británico Alfred Taylor (1806-1880), presente en el célebre juicio contra William Palmer, retomaría pocos años después esta discusión. El autor alertó sobre los riesgos de que la decisión recayese únicamente en la detección del veneno mediante los análisis químicos puesto que los métodos existentes eran limitados y además diversas circunstancias podían condicionar el resultado, provocando un resultado erróneo.46 Conferir a esta prueba un valor mayor que las otras dos implicaba que se pudieran utilizar argumentos como los empleados por Aguedo Pinilla o por las dos instituciones consultadas, la Facultad de ciencias médicas y la Academia, para quienes la ausencia de veneno era utilizado como sinónimo de no envenenamiento. En el informe presentado por Mata y el resto de miembros de la comisión, a excepción de Aguedo Pinilla, se concluyó que en los análisis químicos llevados a cabo tanto la orina como en los líquidos estomacales se habían producido las reacciones esperadas en caso de envenenamiento por morfina o sus derivados.47 Como se describía en la Declaración, la búsqueda inicial del veneno estuvo dirigida hacía los venenos de tipo inorgánico en primer lugar, no obteniendo resultados en este caso. A pesar de estos resultados negativos, se insistió en la búsqueda particular del arsénico, reflejando así la importancia que este veneno tenía a

mediados del XIX sobre el resto.48 Dado que estos análisis habían resultado infructuosos, la búsqueda se dirigió hacia los venenos de tipo orgánico, entre los que se encontraba el opio, y cuyo análisis implicaba mayores dificultades.49 Pere Mata era consciente de la complejidad que el análisis del opio involucraba a mediados del siglo XIX, pero se mostraba confiado ante la posibilidad de ser capaz de llevar a cabo la detección del veneno siempre y cuando el procedimiento seguido fuera el correcto. 50 En caso de sospecha de envenenamiento por opio o sus derivados, el procedimiento indicaba que las muestras, basándose en el procedimiento de Alphonse Devergie (1798-1879), debían ser tratadas con ácido nítrico y con cloruro férrico. El veneno se buscaba en la orina, dado que se suponía que debía contener los componentes más característicos, ácido mecónico y morfina. La orina se evaporaba hasta obtener un extracto que era tratado con alcohol hirviendo, para posteriormente evaporarlo y obtener el residuo, para lo que se utilizaba el ácido acético. Para eliminar el color se llevaba a cabo un procedimiento adicional mediante acetato de plomo y ácido sulfhídrico, y en caso de persistir el color se utilizaba el carbón animal. Finalmente, el residuo se trataba con ácido nítrico y cloruro férrico. De forma paralela se llevaban a cabo los análisis correspondientes sobre una muestra de morfina para comparar los resultados. En caso de haberse producido envenenamiento, el ácido nítrico debía producir sobre el residuo un color anaranjado y el cloruro férrico, un color verde aceituna.51 La comisión llevo a cabo este procedimiento, utilizando para ello orina extraída de la vejiga de la fallecida, y otros líquidos procedentes del vómito, y de los intestinos delgados y gruesos.52 De estos análisis, tan solo con la orina se obtuvieron resultados positivos, a pesar de lo cual, la comisión no tuvo dudas en afirmar que los resultados producidos eran los esperados en caso de envenenamiento por opio. Además, enfatizaban la validez de estos resultados al tomarlos en conjunto con los síntomas clínicos y la autopsia,


Expertos, juicios y crimen: Pere Mata (1811-1877) y el veneno de María Bonamot

ofreciendo como conclusión final que la causa de muerte era el envenenamiento por opio o sus preparados: “Que en el estado actual de la ciencia, la relación y concordancia que se advierte entre los síntomas de la enfermedad ejecutiva de la María, el estado exterior e interior de su cadáver, y el resultado de las análisis químicas, indican que ha muerto envenenada, y que la sustancia empleada para el envenenamiento ha sido el opio o alguno de sus preparados”.53

La interpretación de estos resultados no fue, sin embargo, adoptada por el resto de implicados en la resolución del caso. Por diferentes motivos, tanto Aguedo Pinilla como la Academia y la Facultad de ciencias médicas consideraban que el resultado de los análisis químicos no implicaba envenenamiento como afirmaban los miembros de la comisión. Mientras que Aguedo Pinilla alertaba del peligro que podía suponer basar las conclusiones en interpretaciones colorimétricas, opinión secundada posteriormente por la Academia, la Facultad de ciencias médicas mostraba sus reticencias respecto a las muestras empleadas para llevar a cabo los análisis, poniendo en entredicho la pertenencia de estos restos a María Bonamot. El caso Bonamot contiene muchos de los elementos que ayudaron a configurar la toxicología del siglo XIX. Por una parte, el debate en torno a la validez de las pruebas que estuvo vigente a lo largo de todo el siglo. Era tratado de forma extensa en los manuales de toxicología por los autores más prestigiosos del momento. Sin embargo, y a pesar de que teóricamente las pruebas empleadas para determinar un envenenamiento estaban bien definidas, no resultaba tan sencillo llevarlo a la práctica, como se puede comprobar tanto en el caso de María Bonamot, como en otros famosos procesos en el contexto europeo, en los que se plantearon debates que también traspasaron los límites del laboratorio. El valor otorgado a estas pruebas difería según los intereses de los implicados en la resolución del caso. Para la comisión, los análisis químicos confirmaban lo ya intuido con las pruebas

de los síntomas clínicos y los resultados de la autopsia, que la muerte era causa de un envenenamiento. Esta interpretación de los resultados fue valida inicialmente para el juez encargado del caso, condenando a las acusadas a varios años de reclusión. Sin embargo, para el resto de protagonistas implicados en la resolución del caso, las pruebas conducían a interpretaciones totalmente diferentes a la ofrecida por la comisión, aunque no existía consenso entre Aguedo Pinilla y las instituciones acerca de la causa de muerte. Para Aguedo Pinilla, y cuya opinión fue en parte secundada por la Academia, todas las pruebas conducían a deducir que el fallecimiento de María Bonamot había tenido lugar a causa de una enfermedad, poniendo de manifiesto la estrecha relación entre medicamento y veneno, siempre presente en el caso de algunas sustancias como los alcaloides, empleados también como agentes terapéuticos. Ni siquiera el resultado de los análisis químicos que indicaban la presencia de opio en la orina de María Bonamot suponía para él una prueba indicativa de que éste existiera puesto que no concordaba con el resto de pruebas y además planteaba sus dudas acerca de la validez de las interpretaciones colorimétricas en los análisis químicos.54 La Academia y la Facultad de ciencias médicas, jugaron también un papel esencial en este proceso, ambas participando a partir de los documentos elaborados por la comisión. La Facultad de ciencias médicas puso de manifiesto otro de los problemas a los que la nueva toxicología debía enfrentarse: los protocolos de análisis.55 Su informe ponía en duda la fiabilidad de los resultados obtenidos, criticando así la labor realizada por los miembros de la comisión a la vez que poniendo en entredicho todo el proceso llevado a cabo. Con todos estos informes e indicios, la audiencia falló el 2 de abril de 1847 a favor de las acusadas: “Fallamos: que debemos de suplir y enmendar como suplimos y enmendamos la sentencia de vista suplicada, y absolvemos de la instancia a doña Pilar Campé y doña Polonia Cortés, en cuanto al envenenamiento de doña María Bona-

mot y suplantación de la presentada como última voluntad de la misma; condenando a ambas en todas las costas de la causa en las por sí y para sí causadas por don Agustín Seco en que fue condenado en dicha sentencia; y se reserva respecto a la validez o ineficacia del testamento su derecho a quienes corresponda a cuyo efecto serán avisados por los medios de publicidad que el juzgado estime convenientes; pasándose, sin embargo, por los que al público pueda corresponder y para los efectos que hay lugar al fiscal de S.M., y subsistiendo retenida en el Banco Español de San Fernando la cantidad en él depositada, hasta que se decida la acción civil”.56

El estudio ha mostrado también que la comisión nombrada para investigar la muerte de María Bonamot era heterogénea y estaba compuesta por médicos, farmacéuticos y químicos, que

Las diferencias entre la toxicología de los tribunales y la del mundo académico son notables

además ocupaban diversos puestos laborales. Las diferencias entre la toxicología de los tribunales y la del mundo académico son notables y por ello las reglas establecidas en las salas de juicios abrían la puerta a voces críticas que no siempre eran visibles en las academias o universidades.57 Acercarnos a estos personajes y nuevos espacios nos ha permitido conocer las diversas estrategias empleadas por los expertos para defender sus puntos de vista y opiniones y en cierto modo, recuperar la autoridad perdida en caso de derrota. Una de las formas más empleadas, es la reinterpretación de los hechos en diversas publicaciones. Como veremos, tanto Mata como Pinilla emplearon revistas a las que tenían un fácil acceso como editor o co-

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laboradores habituales para defender sus conclusiones en el caso de María Bonamot. La controversia, se jugó en numerosos espacios y la prensa médica y general contaron con un destacado papel. A través de casos como el de María Bonamot, Marie Lafarge en Francia o William Palmer en Inglaterra, la toxicología del siglo XIX se abría paso no únicamente ante la comunidad científica sino también ante el público en general, contribuyendo así a conformar la imagen popular de los venenos y envenenamientos entre la sociedad.

María Bonamot en la prensa Durante varios meses se publicaron periódicamente noticias referentes al envenenamiento, ofreciendo para ello reproducciones de documentos, opiniones de los protagonistas y datos de carácter informativo cuya intención era presentar el suceso a diferentes ti-

La prensa especializada reprodujo íntegramente muchos de los documentos judiciales del proceso

pos de audiencias. Así, mientras que en la prensa especializada se reproducían íntegramente muchos de los documentos judiciales del proceso como los informes de la comisión nombrada para determinar la causa de muerte de la fallecida o de las instituciones consultadas como la Academia y la Facultad de ciencias médicas, la información ofrecida por la prensa no especializada se limitaba a proporcionar datos relacionados con las fechas del juicio y detalles que en la prensa médica recibían escasa atención. El interés popular por este tipo de críme-

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nes se encontraba, a mediados del siglo XIX, en pleno auge.58 Pocos meses después del supuesto envenenamiento, la Gaceta Médica, una de las revistas médicas más populares de la época, publicó la primera noticia sobre el caso Bonamot.59 En concreto, el 20 de marzo de 1845, en la sección de Variedades, incluía una breve nota en la que se informaba a los lectores por primera vez del supuesto envenenamiento y se ofrecían detalles sobre qué instituciones estaban llevando a cabo la investigación: “Ha pasado a la academia de medicina y cirugía de Castilla la Nueva la célebre causa sobre sospechas de envenenamiento de Doña María Bonamort [sic]. Cuando se puedan publicar las circunstancias científicas de este proceso, daremos a nuestros lectores un extracto de ellas”.60

No fue hasta el 20 de enero de 1846 cuando se volvió a hacer referencia a esta causa, indicando que debido a su interés científico se publicarían en la revista extractos de su parte médico-legal, incluyendo esta noticia de nuevo en la sección Variedades.61 Durante los siguientes cinco meses se publicaron noticias de forma consecutiva.62 Estas aparecían en la sección de Medicina Legal, en su mayoría bajo el epígrafe de Causa sobre presunto envenenamiento de doña María Bonamort. Volviendo la mirada a una de las múltiples facetas de Pere Mata, cabe mencionar que fue el editor de una revista llamada La Facultad, que se mantuvo en circulación entre 1845 y 1847. La publicación recogía las noticias médicas más relevantes tanto de España como del extranjero.63 Como no podía ser de otro modo, el caso Bonamot gozó de un espacio privilegiado en la revista. De forma paralela a las publicaciones mencionadas anteriormente, una breve noticia apareció en la sección Variedades, en la que se informaba del inicio del proceso por el envenenamiento de Bonamot: “Va a ocuparse la audiencia de Madrid en la famosa causa de envenenamiento de la María Bonamot. Estaremos al corriente de este proceso y deseamos darle toda la publicidad y extensión debida,

por un sinnúmero de particularidades que en él figuran y que no son poco instructivas en punto a la medicina legal práctica”.64

Ya con esta primera noticia, denotaba la importancia otorgada a este caso, y pocos números más tarde la revista cumpliría su intención y publicaría detalles acerca del mismo durante prácticamente tres meses de forma ininterrumpida, hasta que se decidió suspender la publicación de noticias relativas al caso de envenenamiento por considerar que este hecho podría influir en la decisión tomada por los jueces.65 Las noticias aparecían en la sección correspondiente a Medicina Legal, bajo los epígrafes correspondientes a Muerte de la María Bonamot y posteriormente Discusión sobre el envenenamiento de doña María Bonamot.66 Tras conocerse la sentencia definitiva contra las acusadas, La Facultad reabrió la discusión acerca de la causa de muerte de María Bonamot pero el debate con Aguedo Pinilla no se limitó a asuntos puramente científicos, transformándose durante la mayor parte del mismo en ataques personales con duras críticas entre los protagonistas. Pere Mata sostuvo que en sus publicaciones únicamente se refería a asuntos científicos puesto que “somos amigos de la discusión grave y templada, no de polémicas personales ni de dimes ni diretes que a nada bueno conducen”. Con estas palabras se defendió de las acusaciones recibidas en otra revista en la que se publicó un artículo “que no era científico” y en el que abundaban las “inexactitudes y se le soltaron al autor algunas expresiones duras”.67 En los números siguientes y bajo el epígrafe de “Toxicología. Muerte de María Bonamot”, Pere Mata analizó las causas por las que pudo tener lugar la muerte de Bonamot, descartando la asfixia por apoplejía pulmonar como sostenía el doctor Pinilla y analizando el estado del cadáver. Las cuestiones científicas seguían entremezclándose con el enfrentamiento entre los dos médicos y en respuesta a un comunicado de Pinilla en la Gaceta Médica, Mata demandaba de nuevo a su adversario el abandono de “esa táctica de escribir para rectificar, desha-


Expertos, juicios y crimen: Pere Mata (1811-1877) y el veneno de María Bonamot

La prensa cotidiana contribuyó a crear entre la población un pánico creciente hacia los envenenamientos

Portada de la edición de 1846 del de Pere Mata. La repercusión de esta obra fue tal que, en 1903, veintiséis años después de la muerte del autor, se publicó una sexta edición en cuatro volúmenes de la misma

cer equivocaciones, hacer propuestas, formar pactos, y sobre todo, la de referir anecdotillas, que a nada científico conducen, que no son síntomas, ni autopsias, ni análisis químicas”.68 La apa-

rición de estas noticias se vio bruscamente interrumpida por la suspensión de la publicación de La Facultad debido a una enfermedad sufrida por Pere Mata, provocó que tanto la Gaceta Médica como el Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia dejaran de publicar información relativa al caso de María Bonamot. Mientras que La Facultad y la Gaceta Médica publicaron sus noticias de forma prácticamente paralela, y con constantes alusiones mutuas, el Bole-

tín de Medicina, Cirugía y Farmacia, hizo mención al caso más de un año después de la última noticia publicada en la Gaceta Médica.69 Incluyó la sentencia definitiva de la causa, que se había producido el 2 de junio de 1847. El resto de números se centraron en la discusión establecida entre Pere Mata y Aguedo Pinilla, y aparecieron en la Sección Neutral de la revista. Estos ejemplos muestran que las noticias sobre la muerte de María Bonamot llegaron también a la prensa periódica. Como se ha mencionado anteriormente, en otros casos acontecidos en Francia y en Inglaterra, la prensa cotidiana desempeñó un papel crucial, contribuyendo a crear entre la población un pánico creciente hacia los envenenamientos. De este modo, el crimen por envenenamiento, que no constituía una de las formas mayoritarias de homicidio, se transformó en uno de los delitos que causaba mayor alarma social gracias a las frecuentes noticias aparecidas en la prensa de la época.70 Varios periódicos madrileños, como el Eco del comercio, El Español, Diario de avisos de Madrid, La Posdata, El Espectador, El Heraldo y La Esperanza publicaron durante meses noticias sobre el caso Bonamot.71 La primera noticia apareció en el Diario de Madrid, en la Sección Judicial, bajo el título de Almoneda Judicial con fecha de 27 de octubre de 1845. En la noticia se informaba de que iba a tener lugar la venta de bienes de María Bonamot, y para ello se indicaba el día en que iba a producirse y el juez encargado del caso. Hasta varios meses des-

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lugar de celebración de la vista, y los nombres de los encargados de la defensa de las acusadas, Pilar Campé y su madre, así como de la del escribano en relación con el asunto del testamento. En esta ocasión se ofrecían algunos detalles sobre los motivos por los que se juzgaba a las acusadas: envenenamiento y falsedad de testamento:

Noticia sobre el envenenamiento de María Bonamot. Fuente: El Eco del Comercio (30/12/1845)

pués, el 30 de diciembre de 1845, no aparecieron más noticias sobre la causa. Era frecuente que la misma noticia apareciera en diversos diarios, como en este caso. Tres periódicos madrileños, El Espectador, El Heraldo y La Esperanza, informaron de que se iba celebrar la causa de envenenamiento de Bonamot. Se destacaba el interés

La prensa médica y la periódica se muestran como herramientas clave para analizar casos de envenenamiento

para la medicina legal y las instituciones que habían participado: “En uno de los primeros días del año próximo se verá en el inferior la célebre causa de envenenamiento de Doña María Bonamort [sic], que debe ofrecer mucho interés, especialmente bajo el

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aspecto médico legal, habiendo entendido en ella sucesivamente una comisión compuesta de ocho individuos, la facultad de ciencias médicas de esta corte y la academia de medicina. Defenderá a la acusada, el señor don Prudencio Berriozabal”.72

La misma noticia continuó apareciendo en otros diarios en fechas posteriores, como en La Posdata con fechas de 31 de diciembre de 1846, donde se incluía en la sección correspondiente a Madrid y un día más tarde en Eco del comercio, donde aparecía en la sección Miscelánea. Ese mismo día El Español publicó la noticia en la sección de Gacetilla de la Corte, pero varió la introducción de la misma y hablaba de “aficionados a las causas criminales”, lo que nos puede indicar la existencia de más causas de este tipo anteriormente y el seguimiento de las mismas por la prensa. El resto de la información ofrecida concuerda con lo ya aparecido para las otras noticias: “Para los aficionados a las causas criminales, se prepara en uno de estos días una que promete ofrecer mucho interés bajo el aspecto médico-legal. Hablamos del ruidoso envenenamiento de Doña María Bonamort [sic]. El acusado será defendido por Prudencio Berriozabal, y en esta causa aparecerán los informes dados por la comisión compuesta por la facultad médica de esta corte y academia de medicina”.73

Pocos días después, el 4 de enero de 1846, se informaba en Eco del Comercio, en la sección Miscelánea del día y

“Para el día de hoy 5 está señalada la vista de la causa formada a doña Pilar Campé y su madre, por la muerte de doña Maria Bonamort [sic], ocurrida en 23 de mayo de 1844, que se dijo había sido envenenada, y sobre la falsedad de testamento de la misma. En esta causa, en que se ventilan grandes cuestiones de medicina legal, están encargados de las defensas, el señor don Prudencio María de Berriozabal de la de las procesada, y el señor don Tomás Gutiérrez Teso de la del escribano don Agustín Seco. A las diez de la mañana en el salón de jurados”.74

Dos noticias similares a la anterior aparecieron en los días posteriores, pero ambas con un menor nivel de detalle, informando únicamente de la fecha y el lugar en donde se iba a celebrar la vista. La Esperanza la publicaba el 8 de enero de 1846 en la sección Gacetilla y El Espectador, con una noticia incluso más escueta el 11 de enero, en su sección Varia. Boletín de Madrid. En los últimos días del mes de enero de 1846 aparecieron de nuevo noticias relacionadas con el caso de envenenamiento puesto que ya existía una sentencia para las acusadas. La sentencia fue publicada por El Espectador en su sección Varia. Boletín de Madrid el día 30 y por El Español en su sección de Gacetilla de la Corte el día 31, mientras que en El Heraldo apareció el día 1 de febrero en la sección correspondiente a Gacetilla de la capital. La noticia ofrecía la misma información en estos tres diarios, y en ella se informaba a los lectores que la acusada de envenenamiento, Pilar Campé había sido condenada a ocho años y Polonia Cortés a seis. “En la ruidosa causa de envenenamiento seguida contra doña Pilar Campé, de que ya tienen noticia nuestros lectores, se ha dictado ya sentencia condenando a dicha señora a ocho años de reclusión en la casa galera de esta corte, y a doña Polo-


Expertos, juicios y crimen: Pere Mata (1811-1877) y el veneno de María Bonamot

nia Cortes a seis años en el mismo punto, y declarando nulo el testamento”.75

Pocos días después, el 10 de enero, el Eco del Comercio publicaba una breve noticia en la sección Miscelánea en la que se indicaba que el juicio contra Pilar Campé había sido pospuesto por petición fiscal, tras un título en el que se leía “Causa de envenenamiento”. Los diarios no recogieron ninguna otra noticia relativa al caso durante más de un año, hasta el momento en que produjo la sentencia definitiva de la Audiencia territorial. En esta ocasión, la noticia apareció en El Espectador en la sección de Gacetilla de Madrid el día 11 de julio de 1847, y la misma noticia se repitió en el número del 13 de julio. También se reprodujo ese mismo día en El Heraldo en la sección Parte indiferente. Gacetilla de la capital: “Causa curiosa.- Recordaran nuestros lectores que hace cosa de año y medio a dos, ocuparon por algunos días la curiosidad de las tertulias de Madrid y llamaron la atención de la prensa, la narración y los comentarios de un caso, a ser cierto, tan original como atroz; dícese que habiendo fenecido víctima de un envenenamiento, María Bonamon [sic], vecina de esta corte, Pilar Campé, a quien se supuso autora de sus muerte, tuvo además la condena criminal de reemplazar a la difunta en su lecho, fingirse enferma, tomar su nombre, llamar a un escribano de los de no menos nota y otorgar testamento, disponiendo a su antojo por última voluntad de los intereses de la difunta. El escándalo de esta historia tomó tanta magnitud que precisó á los tribunales a formar causa, que acaba de fallarse por la audiencia territorial, absolviendo de la instancia a la Pilar Campé, cosa que deja en duda si ha existido o no el suceso”.76

Esta noticia ofrecía abundante información, en la que se destacaba en primer lugar la amplia atención recibida por este posible envenenamiento y se recordaban los sucesos acontecidos en el mismo, para informar de la sentencia definitiva que implicaba la absolución de Pilar Campé. Por otra parte, según el diario, la absolución de Pilar Campé ponía en duda la existencia del envenenamiento, relacionando directamente la condena con la existencia de causa.

La última noticia recuperada la encontramos en El Español, que también se hizo eco de la resolución del caso en su sección de Revista de Tribunales y bajo el epígrafe de Sentencia en una causa de envenenamiento: consecuencia de la misma. La publicó el 7 de agosto de 1847 con un mayor nivel de detalle que la reproducida en los diarios comentados anteriormente, ya que incluía el fallo de la Audiencia territorial, de la misma manera que había sido publicado en la prensa médica. La sentencia, como ya se ha comentado, absolvía de la causa a Pilar Campé y su madre Polonia Cortés e indicaba que se ponía en libertad a la acusada.77 Las noticias aparecidas en la prensa periódica, a diferencia de las reproducidas por la prensa médica no incluían ningún debate científico o médico. En cambio, se centraban en presentar a los lectores los hechos por los que se juzgaba a las acusadas y cómo iba evolucionando este proceso, informando de detalles que en el otro caso recibían una escasa atención, como el cambio de fecha de la vista o las sentencias dictadas contra las acusadas. Esta estrategia tenía posiblemente el fin de crear curiosidad en los lectores ante la evolución de la causa. Estas publicaciones tenían la capacidad de llegar a un número mayor de público, no especializado que no buscaba en estas noticias el debate científico, sino que su interés residía en conocer la actualidad y lo que estaba sucediendo en ese momento a un nivel más general. Es también por ello, que este tipo de noticias no aparecía en una sección determinada del diario, se incluían en Variedades, Miscelánea o Gacetilla, y eran noticias de bastante brevedad y no firmadas, siendo su principal función, la informativa. La aparición de este tipo de noticias sobre un presunto envenenamiento en la prensa diaria muestra como un debate científico, ampliamente seguido por la prensa médica, llegaba al público general. La prensa médica, en cambio, publicaba periódicamente las novedades en el caso, reproduciendo los informes elaborados por la comisión, las opiniones de los implicados en la resolución del caso y los informes de dos instituciones, la Academia

de medicina de Castilla la Nueva y la Facultad de ciencias médicas de Madrid. Además, mostraba el enfrentamiento entre Pere Mata y Aguedo Pinilla, quienes utilizaron sus revistas para ofrecer sus opiniones además del contenido puramente científico. En el caso de Mata, lo hizo a través de su propia revista, y en el caso de Pinilla, la Gaceta Médica le permitió publicar sus observaciones dado que era uno de los colaboradores habituales de la misma. Tanto la prensa médica como la periódica se muestran como herra-

En la toxicología del siglo XIX intervinieron numerosos actores en diversas esferas: la judicial, la académica y la pública

mientas clave para poder analizar estos casos de envenenamiento puesto que proporcionan una gran cantidad de información, y señalan los problemas a los que se debían enfrentarse nuestros protagonistas, en este caso intentando configurar la medicina legal y toxicología españolas.

Conclusiones El proceso judicial surgido por el supuesto envenenamiento de María Bonamot constituye un excelente caso para analizar el estado de la toxicología española a mediados del siglo XIX. Dos circunstancias decisivas apoyan esta afirmación: el momento en que se produjo y la participación de algunos de los personajes más influyentes de la medicina legal y toxicología en España. He mostrado también que la biografía de personajes como Pere Mata i

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Fontanet permite conocer la circulación de actores, ideas y prácticas entre el mundo académico, judicial y político, cuestión determinante para comprender el desarrollo de la toxicología en el siglo XIX. Como se ha apuntado, el siglo XIX fue un periodo marcado por un creciente interés público y judicial por los crímenes de envenenamiento. La nueva toxicología fundamentada en el análisis químico de alta sensibilidad pretendía ofrecer herramientas para combatir este tipo de crimen. El caso estudiado, junto con los otros ejemplos mencionados, confirma el papel crucial de los debates surgidos durante estos procesos famosos en la configuración de la toxicología del siglo XIX.

Los debates surgidos en los procesos judiciales configuraron la toxicología del siglo XIX

En su labor cotidiana, los médicos forenses difícilmente podían seguir las pautas ofrecidas por los manuales de toxicología. Era habitual, como en este caso, la aparición de circunstancias inesperadas y problemas que daban lugar a nuevas investigaciones. Se ha podido comprobar también la gran resonancia que tuvo el caso Bonamot en la esfera pública, lo que contrasta con la poca importancia del crimen de envenenamiento en el conjunto de las estadísticas de delitos. También resulta ínfima su importancia en el conjunto de las intoxicaciones ocurridas en la época, especialmente en el contexto industrial, donde los trabajadores eran sometidos a un número creciente de productos tóxicos, sin que se despertaran debates públicos semejantes a los surgidos durante los juicios de Lafarge, Palmer o Bonamot. Se ha compro-

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bado que, al igual que ocurrió en otros contextos, el juicio de Bonamot recibió una amplia atención por la prensa periódica, lo que contribuyó a acrecentar la presencia de los crímenes por envenenamiento en el imaginario popular de la época. Por todas estas razones, juicios como el de María Bonamot, tienen la capacidad de iluminar la extensa red de conexiones entre los espacios legales, científicos y populares. Al mismo tiempo, nos permiten observar el tránsito de expertos en estos contextos tan diversos y unas reglas de actuación particulares. En su controversia con Aguedo Pinilla, Mata empleó todas sus habilidades para transportar el debate a espacios que le resultaban más favorables, aquellos en que contaba con menos posibilidades de ser rebatido y en los que consideraba que podía erigirse en vencedor de estas disputas. Del mismo modo, sus contrincantes trataron de publicar sus trabajos en revistas de editores partidarios de sus convicciones. Mata empleó la revista que el mismo editaba, La Facultad y además aprovechó la ocasión para debatir acerca del estado general de la toxicología y dar voz a sus propuestas. El caso estudiado también permite analizar otra de las cuestiones más importantes de la medicina legal del siglo XIX: la gestión de las pruebas. Tal y como han mostrado otros estudios, los expertos del crimen debían presentar sus pruebas periciales ante el tribunal de modo que resultaran convincentes para las mentes no científicas de jueces, jurados y abogados. Tenían la misión de ofrecer pruebas contundentes de la validez de sus conclusiones con el reto añadido de emplear un vocabulario sencillo, exento de tecnicismos, que facilitara la comprensión por parte de profanos en la materia. Se ha visto que estas dificultades variaron según el tipo de veneno empleado y los métodos de detección utilizados. Como se ha demostrado, los años del proceso de María Bonamot fueron también testigos de importantes avances en el campo de los análisis toxicológicos, con la aparición decisiva de las nuevas técnicas de alta sensibilidad, ejemplificado en la llegada del aparato de Marsh. Su empleo

proporcionó a los expertos un punto de apoyo gracias al cual podían mostrar a los jueces un resultado visible y tangible que parecía ser precisamente la herramienta del crimen: el veneno en su estado más puro. Parecía así que los peritos eran capaces de ofrecer hechos indiscutibles, que no requerían interpretación ni mediación alguna, para que los jueces pudieran sopesar todas las pruebas y emitir veredictos en consecuencia. Sin embargo, estos ensayos no eran infalibles y su introducción no supuso la eliminación de los problemas de interpretación de las pruebas periciales. Se ha visto que, en el caso de Bonamot, pese a que los peritos emplearon el aparato de Marsh, no fue posible identificar el veneno mediante estos métodos. Era en estas complejas situaciones cuando los toxicólogos del siglo XIX debieron agudizar su ingenio, mostrar todos sus conocimientos y relacionar los otros tipos de pruebas: los signos clínicos y los resultados de las autopsias. Los estudios demuestran que la práctica de la medicina forense no puede entenderse fácilmente con las categorías de ciencia aplicada. La toxicología del siglo XIX debe entenderse como producto de un proceso de coproducción en el que intervinieron numerosos actores en diversas esferas: la judicial, la académica y la pública.s

*Instituto Interuniversitario López Piñero / Universitat de València


Expertos, juicios y crimen: Pere Mata (1811-1877) y el veneno de María Bonamot

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Notas 1) La historiadora Katherine Watson analiza en una de sus obras sobre historia del crimen, 540 casos de envenenamiento ocurridos entre 1790 y 1914. (WATSON, 2004, 206-209). Estudios contemporáneos apuntan que el número de casos en Inglaterra en la década de 1830 era el triple que la de 1810 y todavía aumentó un 50% más en la década siguiente. (BERTOMEU, 2015, 95); (WHORTON, 2010, 25). 2) (BURNEY, 2006, 159). 3) El ensayo de Marsh fue presentado por James Marsh en octubre de 1836 en la Royal Society of Arts de Londres. Sobre este ensayo y como fue desarrollado en diversos contextos, ver: (WATSON, 2006b, 65-66); (BURNEY, 2006b, 102-104); (BERTOMEU, 2006, 80). Sobre J.S. Stas, ver (WENNIG, 2009). 4) Mark Essig ofrece una revisión sobre el tratamiento de la prensa estadounidense de los crímenes por envenenamiento y su influencia en el interés de la población. (ESSIG, 2000, 32-78). El historiador Ian Burney muestra las estadísticas del incremento de noticias relativas a envenenamientos aparecidas en el periódico británico The Times. (BURNEY, 2006, 20-21). 5) Sobre el caso Castaign, v. (TOMIC, 2006, 118-121), en el que el autor muestra los retos que planteaba la detección de alcaloides. Sobre el caso de Madame

Lafarge v. (BERTOMEU, 2015). El autor muestra, mediante el análisis del affaire Lafarge, como la introducción de nuevos métodos analíticos, el ensayo de Marsh en este caso, supuso un complejo proceso de apropiación por parte de la comunidad de toxicólogos franceses. Además, muestra los peligros que supone traspasar la prueba científica del laboratorio a la sala de juzgados. Sobre el caso Palmer v. (BURNEY, 1999 y 2006). Ian Burney utiliza el proceso judicial seguido contra William Palmer en 1856, para mostrar los problemas derivados de la ausencia de veneno en los resultados de los análisis químicos y la validez de los diferentes tipos de pruebas. 6) Este caso de envenenamiento aparecía en una de las obras de Pere Mata, el Compendio de Toxicología general y especial. En la edición de 1846 aparece como “Muerte de la María Bonamot”, en las páginas 485-492, insertado en “Título V: De los venenos químicos”. El documento que aquí se reproduce es la “Declaración dada acerca de la muerte de doña María Bonamot por los profesores D.Juan Drumen, D. Manuel Guerrero, D. Rafael Saura, D. Pedro Mata, D. Fernando de Laorden, D. Tomás de Corral y D. Juan Pou”. En todas las ediciones posteriores de esta obra se incluye el caso de Bonamot. Mata lo insertaba como ejemplo de un presunto envenenamiento con la intención de que pudiera servir de modelo para tratar otros casos similares. En las edicio-

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Mar Cuenca Lorente

nes de esta obra de 1846 y 1857, solo incluye éste, pero en las ediciones de 1867 y 1875, aparecen otros casos de posibles envenenamientos. 7) El tratamiento consistía en una cucharada de limón helada y unos sinapismos bajos. (MATA, 1846, 486). 8) A partir de este momento nos dirigiremos a la misma como Academia. Sus orígenes se remontan al siglo XVIII, cuando un grupo médicos, cirujanos y boticarios establecieron en Madrid en el año 1733 La Tertulia Médica Matritense, convirtiéndose en 1734 en la Academia Médica Matritense. En 1824 fue clausurada hasta que, en 1828, Fernando VII autorizó su reapertura. En 1831 se elaboró un Reglamento según el que todas las Academias, tanto existentes como de nueva creación, tenían el mismo rango y similares competencias, lo que supuso para la de Madrid un descenso a la categoría de Academia de distrito, con autoridad limitada a las provincias de Castilla la nueva. En estos años, se establecieron diversas comisiones, entre ellas una de Medicina Legal en la que figuraba Pere Mata. En 1861, se estableció un nuevo Reglamento, y pasó a denominarse Real Academia de Medicina. (GRANJEL, 2006). 9) RANM, Leg. 69, Doc. 3184. (Sánchez Toscano, Fermín (1844-1845), Expediente contra María del Pilar Campé, Madrid). 10) El Español, 958, 3. 11) ( MATA, 1844, 548-549). 12) La figura de Pere Mata no aparece en los diccionarios generales de historia de la ciencia y de la medicina internacionales como muestra su ausencia en: Dictionary of Scientific Biography editado por Charles Gillispie en 1970, y del que se han publicado dos suplementos en 1990 y en 2008; el Hutchinson dictionary of scientific biography editado por Roy Porter en 2005; el Diccionario de historia de la ciencia editado por W.F. Bynum, E.J Browne y Roy Porter en 1986. Tampoco es mencionado en recientes revisiones de la medicina legal como: (WATSON, 2011) o (GOLAN, 2004). En cambio sí que aparece representado en las historias generales de la medicina española como muestra su inclusión en el Diccionario histórico de la ciencia moderna en España o en la Introducción a la historia de la medicina. Como es lógico, también es mencionado en el Diccionari biográfic de metges catalans. Es también un personaje frecuentemente citado en la historia local de su ciudad natal (por ejemplo, en obras como Hijos ilustres de Reus). (LÓPEZ PIÑERO, 1983, 42-43); (GARCÍA DEL REAL, 1921, 649-663); (CALBET I CAMARASA, 1981, 129-131); (GRAS I ELIAS, 1899, 124-129). 13) Existe un amplio repertorio de publicaciones relacionadas con Pere Mata en contextos muy diversos y con un espaciamiento temporal que abarca prácticamente un siglo. En mi reciente tesis doctoral de 2015 se aborda con mayor detalle las publicaciones existentes sobre este autor además de ofrecer una clasificación de los documentos localizados en diversos archivos (Archivo General de la Administración (AGA); Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid (AGUCM) y Arxiu Històric de la Universitat de Barcelona (AHUB)). Con motivo del bicentenario del nacimiento de Mata se llevaron a cabo diversas exposiciones en la ciudad de Barcelona como Pere Mata i Fontanet. Segon centenari del seu naixement (Reus, 1811- Madrid, 1877), en la Facultad de Medicina de la Universitat de Barcelona y la organizada por el Col·legi de Metges de Barcelona (COMB), Pere Mata (1811-1877). Metge, politic, escriptor, filòsof. Agradecer la generosidad de Alfons Zarzoso i Sara Fajula, quienes me facilitaron los materiales de la exposición. 14) (ES CAT-UB 01 EA, Mata y Fontanet, Pedro: Informe sobre conducta política y limpieza de sangre). 15) (ES CAT-UB 01 EA, Mata y Fontanet, Pedro: Certificat). 16) Sobre los estudios médicos en el siglo XIX ver (ALBARRACÍN, 1969) y (LÓPEZ PIÑERO, 1992). 17) (GRAS I ELIAS, 1889, 125). 18) En la obra de (PATIER, 1992, 7) se indica que Mata tomó parte en numerosas revueltas, especialmente en la revolución del 4 de mayo de 1837. Sobre Mata y política v. (ANGUERA, 1981). 19) ( LÓPEZ PIÑERO, 1992, 218). 20) AGA, (05) 001.019, caja 31/16196, exp. 966-61. 21) La revista tenía como lema: “Ley! Progreso! Trabajo!” y un marcado carácter revolucionario. Se mantuvo en circulación desde el 16 de noviembre de 1836 al 9 de marzo de 1837, con un total de treinta y seis números de 4 páginas cada uno. Su otro fundador fue Pere Soriguera (1810-1838), quien murió encarcelado. (ANGUERA, 1981, 27-30); (IBAÑEZ, 1994, 16-17). 22) La supuesta relación con Orfila es mencionada además de en su hoja de servicios en todas las biografías sobre Mata. Sin embargo, esta supuesta relación no ha sido por el momento corroborada más que el propio uso que el autor hace de la misma para establecer su autoridad. V. AGA, (05) 001.019, caja 31/16196, exp. 966-61. Sobre Mateu Orfila v. (BERTOMEU, 2015). 23) Mata realizó un número considerable de traducciones durante sus etapas como exiliado. Esta labor le reportó ingresos económicos además de contactos con casas editoriales y con algunos importantes científicos de la época.

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De manera habilidosa, Mata se benefició del prestigio surgido de las supuestas relaciones forjadas con personalidades internacionales de primer orden para reforzar su figura de experto de vuelta a nuestro país. La temática de las obras traducidas fue muy variada, como lo sería en los años posteriores la obra de Mata. Estas traducciones recogieron desde eventos que se produjeron en París hasta obras de filosofía natural, economía o patología. Además, como era habitual en los traductores de la época, Mata jugó un papel activo y creativo en la edición de las obras, adicionando y eliminando contenidos. Su labor como traductor no quedó relegada a sus años como exiliado, sino que a su vuelta continuó realizando traducciones de obras de materias muy diversas. (CUENCA-LORENTE, 2017). 24) AGA, (05) 001.019, caja 31/16196, exp. 966-61. En su hoja de servicios, se indica que durante dicho mandato actuó “extirpando el abuso del juego, de las pedreas y restableciendo el orden que alteraban de noche algunos vagos”. 25) Los periódicos de la época recogen las candidaturas políticas. Mata aparece en la candidatura progresista para el cargo de diputado como: “D. Pedro Mata, médico y cirujano de Reus”. Algunos ejemplos de estas listas se pueden v. en El Constitucional, 1841, 4 (20/01/1841). También ofrecen estos diarios los resultados de las votaciones, v. Eco del comercio (08/02/1841). Su elección como alcalde de Barcelona mereció un elogio en el diario El Constitucional, 1841, 2 (24/05/1841). 26) E  l Constitucional, 1843, 1 (17/03/1843); (TORO, 1991, 35-37). 27) Esta reforma supuso la supresión de los colegios de medicina y cirugía de Madrid, Barcelona y Cádiz, así como los de Farmacia de Madrid y Barcelona y la enseñanza de dichas ciencias en las universidades literarias. A partir de este momento, existieron dos únicas facultades de ciencias médicas, establecidas en Madrid y Barcelona y cinco colegios, situados en Sevilla, Valencia, Zaragoza, Valladolid y Santiago. Los estudios de medicina y cirugía tenían una duración de siete años y los de farmacia de cinco. Por primera vez, la medicina legal era una asignatura independiente, y era impartida en el quinto curso de los estudios de medicina y cirugía, tres días a la semana por un espacio de hora y media, mientras que no era impartida en los estudios de farmacia. Gaceta de Madrid, 3230 (11/10/1843). 28) Centrado en su labor como profesor, editor y autor, no fue hasta finales de la década de 1860, cuando retomó su faceta política. Tras la revolución de 1868 se declaró defensor de la monarquía de Amadeo de Saboya y fue nombrado Gobernador Civil de Madrid en los años 1871 y 1872. Su labor docente se interrumpió únicamente por cuestiones de salud o por renuncias temporales debido a incompatibilidad de cargos. En los archivos del AGA se encuentran varias peticiones de dimisión de algunos de los cargos que regentaba y la respuesta negativa a la misma. AGA, (05) 001.019, caja 31/16196, exp. 966-61 29) La relación de Mata con la literatura ha sido estudiada por (IBAÑEZ, 1994). 30) La imagen a la izquierda fue obtenida en la exposición que se celebró para conmemorar los doscientos años de su nacimiento en el Col·legi de Metges de Barcelona y pertenece al fondo Salvador Vilaseca de l´Institut Municipal de Museus de Reus. La imagen a la derecha apareció en El Anfiteatro anatómico español. Periódico de medicina, cirugía y ciencias auxiliares, Madrid, 9 (I). (31/05/1873). 31) A  GUCM, FA-33, 24, Expediente Aguedo Pinilla. Ver: (AMETLLER, 1861). 32) AGUCM, AH-0409, Expedientes personales de catedráticos, D-373.10, Expediente personal Juan Drumen. 33) (AGUILAR, 1867, 17-18). 34) AGUCM, D-0623, Expedientes Catedráticos de Farmacia, Expediente personal Juan María Pou. Los otros miembros de la comisión no contaron con un papel muy destacado en el caso Bonamot. Estos eran Manuel Guerrero, D. Rafael Saura, Fernando de Laorden, y Tomás de Corral. 35) (BERTOMEU, 2015, 191). 36) Sin poder profundizar en este asunto, es importante mencionar que Mata contó con un papel protagonista en la creación del Cuerpo de Médicos Forenses de 1862. Su labor docente, manuales y artículos en revistas, junto a su labor política le permitió, en determinadas circunstancias tener capacidad de realizar propuestas que se vieron particularmente reflejadas en la configuración del cuerpo de médicos forenses que tan decisivamente moldearía la labor de los peritos en los tribunales españoles durante la segunda mitad del siglo XIX. Ver: (PÉREZ DE PETINTO, 1999) y (CUENCA, 2012) 37) A principios del siglo XIX, los compuestos con arsénico estaban ampliamente difundidos en la vida cotidiana. Se empleaban como raticida, en la fabricación de pinturas (verde de Scheele) o en la agricultura. También formaba parte de algunos medicamentos empleados en farmacia o veterinaria. Sobre el arsénico ver: (BARTRIP, 1992) y (WHORTON, 2010). 38) S  obre los alcaloides y el crimen v. (TOMIC 2006 y 2010). 39) (MATA, 1846, 486). 40) Mata hacía referencia en su obra a que algunos autores franceses consideraban la existencia de prurito como un síntoma necesario para afirmar la exis-


Expertos, juicios y crimen: Pere Mata (1811-1877) y el veneno de María Bonamot

tencia de envenenamiento por opio, y este parecía ser el punto en que Aguedo Pinilla fundamentaba sus conclusiones. (MATA, 1846, 431).

Manuel Codorniu Ferreras. En 1853, se unió a la Gaceta Médica, surgiendo de esta fusión El Siglo Médico. (GARCÍA, 1993).

41) ( ORTOLÀ, 1862).

70)(BERTOMEU, 2015, 195); (BURNEY, 2006, 20-21).

42) L  a Facultad, 18, 141 (08/02/1846).

71)En el libro de (HARTZENBUSCH, 1894), se ofrece una relación de los periódicos publicados en Madrid desde mediados del siglo XVII al último tercio del siglo XIX. En el libro se puede encontrar información acerca del comienzo de publicación, director y características formales sobre todos los diarios aquí comentados.

43) ( MATA, 1846, 265). 44) ( BERTOMEU, 2006, 77). 45) (MATA, 1846, 314). 46) (BURNEY, 1999, 74-75). Alfred Swaine Taylor (1806-1880), fue un toxicólogo que intervino en un gran número de juicios como perito y publicó obras de toxicología de referencia. Además, fue clave en el proceso de consolidación de los expertos en los tribunales. Sobre este autor v. (BURNEY, 2006). 47) ( MATA, 1846, 491). 48)“Insistiose todavía en la investigación de sustancias arsenicales, más ni los métodos de Marsh modificados ni los de Orfila, Berzelius, Liebig, dieron resultado alguno positivo, por más que se repitieron y variaron de sobra”. (MATA, 1846, 490). 49) (TOMIC, 2006, 126, 131). El autor muestra cómo los reactivos de color fueron imponiendo su uso en la práctica forense, impulsados por las limitaciones de la prueba fisiológica. 50) (MATA, 1846, 490). 51)(MATA, 1846, 490). Con respecto a los métodos de análisis químicos del opio se ha consultado la edición de 1846 del Compendio de Toxicología general y especial de Pere Mata por ser la inmediatamente posterior al envenenamiento de María Bonamot.

72) El Espectador, 1401, 4; El Heraldo, 1086, 4; La Esperanza, 380, 4. Las secciones en las que se incluyó la noticia eran diferentes. En El Espectador la noticia apareció en la Sección Varia, en Boletín de Madrid; mientras que en El Heraldo se incluyó en la Parte Indiferente. Gacetilla de la capital y en La Esperanza formaba parte de la sección Gacetilla. En esta noticia se facilitaba el nombre también de un conocido profesor de la Facultad de Madrid, Prudencio Berriozabal (1816-1847), quien defendía a las acusadas de envenenamiento. Berriozabal había estudiado filosofía y derecho, e impartía clases de Jurisprudencia en la Facultad. También poseía un bufete en donde desempeñaba la labor de abogado, y por lo que llegó a sus manos la posibilidad de defender este caso. 73) El Español, 472, 4. 74) Eco del Comercio, 1033, 4. 75) El Espectador, 1429, 4. 76) El Espectador, 278, 4; El Heraldo, 1562, 4. 77) El Español, 958, 3.

52)Se indica que se obtuvieron unas seis onzas de la vejiga de la fallecida. En el texto también se indica que cinco vasos sellados fueron trasladados al laboratorio de química de la Facultad de ciencias médicas para llevar a cabo los análisis pertinentes. (MATA, 1846, 490-491). 53)(MATA, 1846, 492). 54)(TOMIC, 2006, 122-127). 55)(BERTOMEU, 2006, 85-89). 56)La Facultad, 30 (II), 467. (29/07/1847). 57)(BERTOMEU, 2015, 192). 58)(BURNEY, 2006, 20-21); (ESSIG, 2000, 32). 59) La Gaceta Médica. Periódico de Medicina, Cirugía y Farmacia, Oficial del Instituto Médico de Emulación, comenzó su publicación en enero de 1845, con tres números mensuales. Su director fue Matías Nieto Serrano. La revista se mantuvo con este nombre hasta finales de 1853 cuando se unió al Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, y en 1854 aparecieron ya bajo el nombre de El Siglo Médico. 60) Gaceta Médica, 1 (8), 60. (20/03/1845). En este punto, y dado el nombre que aparece en el artículo es necesario mencionar que uno de los problemas encontrados al realizar la búsqueda de noticias acerca de María Bonamot, radicaba en las variaciones en su nombre, apareciendo en ocasiones como Bonamot y otras como Bonamort o Bonamont. Se ha adoptado como apellido Bonamot dado que es el nombre empleado por Pere Mata en su obra, pero cuando en el artículo original aparezca con alguna de las modificaciones señaladas se reproducirá en su forma original. 61) Gaceta Médica, 1 (38), 302. (20/01/1846). 62)Del número 38, correspondiente al 20 de enero de 1846 al número 49 del 10 de mayo de 1846, se publicó información relativa al caso a excepción del número 40 en el que no se realiza mención alguna. 63)Su primer número se publicó el 18 de octubre de 1845 y el último el 30 de septiembre de 1847. La revista se denominaba La Facultad, y contenía el subtítulo de “Periódico de ciencias médicas, destinado a la mejora intelectual, moral y material de la clase facultativa. Mejora intelectual, moral y material de la clase facultativa”. Se editaba en Madrid y se publicaba cuatro veces al mes, con un precio de seis reales en Madrid y de siete en las provincias. Cada ejemplar tenía alrededor de cuatro hojas a doble cara, en tamaño folio hasta el segundo tomo, en que su tamaño era algo menor y ocupaba ocho hojas a doble cara. 64) La Facultad, 1 (13), 104. (04/01/1846). 65) La Facultad, 1 (22), 170-172. (08/03/1846). 66)Del número 14 de la revista, correspondiente al 11 de enero de 1846 al número 22, correspondiente al 8 de marzo de 1846, únicamente en el número 16 del 25 de enero de 1846 no se hace alusión al caso. 67)La Facultad, 2 (30), 468. (29/07/1847). 68)La Facultad, 2 (35), 551. (02/09/1847). 69) El Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia comenzó su publicación en 1834, fundado por Mariano Delgrás y Rivas, Antonio Ortiz de Traspeña y

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La farmacia del hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza: la importancia histórica de un legado Carmen Palos Martin*. Anna MARIA Carmona Cornet**. Ignacio Andrés Arribas***.

Resumen: Las farmacias de hospital han tenido a lo largo de los siglos una importancia relevante dentro del desarrollo global de la farmacia, tanto desde el aspecto profesional, como en el científico y el artístico. En España han sido destacables las aportaciones y la historia de la farmacia del Hospital de la Santa Creu de Barcelona, de la que se tienen datos desde la fundación del Hospital en 1404 y las de los hospitales General de Valencia y el de Madrid. En Aragón el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza ha sido durante siglos su principal centro sanitario. De su botica tenemos conocimiento desde tiempos de Fernando el Católico y su importancia está avalada por documentos y estudios de distintas épocas.

Trasladado el Hospital a su actual emplazamiento, tras la destrucción del primitivo en 1808, la farmacia sufrió varias remodelaciones, la más importante se realizó poco después de hacerse cargo la Diputación Provincial de Zaragoza del funcionamiento del centro en el último tercio del siglo XIX. En este trabajo pretendemos exponer el funcionamiento del Hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza y especialmente de su farmacia en el último tercio del siglo XIX describiendo sus funciones, la importancia de los farmacéuticos que trabajaron ella y la renovación de su estructura en 1881 que se ha conservado en su esencia hasta el presente.

The pharmacy of the Nuestra Señora de Gracia Hospital in Zaragoza: the historical importance of a legacy Abstract: Over centuries hospital pharmacies have played an important role in the global development of Pharmacy, as much from the professional as scientific and artistic aspects. In Spain, the contribution and history of the pharmacy of the Hospital de Santa Creu in Barcelona, with data from its foundation in 1404, and those of the General hospitals of both Valencia and Madrid, have been outstanding. In Aragon, Zaragoza´s Nuestra Señora de Gracia Hospital has been the main health centre. We have knowledge from its pharmacy dating from the time of Fernando the Catholic and its importance is backed by documents and studies from different periods. The

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Hospital was moved to its current location after the original was destroyed in 1808, the pharmacy underwent several restructurings with the most important was done shortly after the Diputación Provincial de Zaragoza took over its running in the last third of the XIXth century. This work intends to show how Zaragoza’s Nuestra Señora de Gracia Hospital worked and, in particular, its pharmacy in the last third of the XIXth century, describing its functions, the importance of the pharmacists working there and the renewal of its structure in 1881, which have been maintained in essence until the present day.


La farmacia del hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza: la importancia histórica de un legado

El hospital

E

l Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza ha sido una de las instituciones de más arraigo en el territorio aragonés, traspasando su importancia las fronteras del reino y considerándose como uno de los principales de España. Fue fundado por el monarca aragonés Alonso V el Magnánimo en el año 1425, al poco tiempo de constituirse en Barcelona el Hospital de la Santa Creu, con el cual tiene numerosas similitudes, tanto en los primeros tiempos de su funcionamiento como a lo largo de sus seis siglos de actividad. Estas fundaciones formaban parte de un movimiento cultural creador de hospitales generales en los que se atendiesen enfermos de muy diversas dolencias. La inscripción que orlaba el

La inscripción que orlaba el escudo del Hospital de Gracia era Domus Infirmorun Urbis et Orbis, indica su universalidad

escudo del Hospital de Gracia de Zaragoza Domus Infirmorum Urbis et Orbis (Casa de los enfermos de la ciudad y del mundo) era suficientemente elocuente de su universalismo. La historia del Hospital Real de Nuestra Señora de Gracia puede dividirse en dos periodos totalmente diferentes marcados por la destrucción total del primitivo Hospital en 1808. Tras casi cuatro siglos de existencia, el Hospital fue destruido durante el primer sitio que sufrió la ciudad de Zaragoza en el curso de la Guerra de la Independencia. Ello obligó a su traslado al edificio que ocupaba el antiguo Hospital de Convalecientes de la ciudad. Desde 1.808 hasta el año 1.837, el centro mantuvo su carácter de Hospital Real como en los siglos anteriores. A partir del año 1.837 pasó a depender del ayuntamiento de Zaragoza a través de la Junta Municipal de Beneficencia. Suprimidas las Juntas de Beneficencia por Decreto en 1868 asumió el gobierno del Hospital la Diputación Provincial de Zaragoza a la cual perteneció hasta el año 2000. Las normas generales que regían el funcionamiento del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, estaban recogidas dentro de las distintas ordinaciones y reglamentos que se dictaron para el Hospital hasta el siglo XX. Su funcionamiento en el último tercio del siglo XIX y comienzo del XX fue regulado por el Reglamento para el régimen interior que se aprobó en Real Orden de fecha 25 de junio de 1861, regulando sus cuatro departamentos: las Enfermerías; Casa de Maternidad;

Casa Cuna y Casa de Dementes. La función de las enfermerías era: “atender a la curación de toda clase de enfermedades, que padezcan los pobres que se presenten en este asilo demandando su socorro”. El de la Casa de Maternidad; “dar asilo a las mujeres que habiendo concebido de ilícito consorcio, se hayan próximas al estado de su alumbramiento”. La Casa Cuna tenía por objeto “admitir para lactar, criar y educar hasta la edad de siete años, a todos los niños expósitos de la provincia, y a los huérfanos de padre y madre que quedaren en estado de reconocida pobreza”. Por último el objeto de la Casa de Dementes era “la admisión de estos enfermos, para atender a su curación y cuidado”.

De la botica a la farmacia: funcionamiento Entre los servicios más destacados del Hospital de Nuestra Señora de Gracia. de Zaragoza se encuentra la Botica o Farmacia. A esta oficina se le denominó Specieria en el siglo XV y comienzos del XVI y así la encontramos nombrada en las Ordinaciones de Femando el Católico. Referencias a la misma las tenemos a través de Isamat que cita cómo Alberto Marsina de Nápoles en una visita que hizo a Zaragoza alabó encendidamente la especiería y botica del Hospital, considerándola como la más importante y mejor surtida del reino. También tenemos una descripción hecha por el Padre Diego Murillo en 1615, de los distintos de-

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Carmen Palos Martin, Anna Maria Carmona Cornet, Ignacio Andrés Arribas

partamentos que componen el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, citando: En particular hay una botica muy abundante de todas drogas y medicinas, governada por un boticario del Colegio de la ciudad, muy hábil, donde asiste siempre un regente suyo, con los criados necesarios para poder cumplir con la obligación de su ministerio.

Incluso después de la desaparición del antiguo Hospital, en una representación al Rey y al congreso del año 1814, se cita como apartado importante entre las pérdidas ocasionadas por su destrucción en el primer sitio a Zaragoza, durante la Guerra de la Independencia:

El hospital dispuso en todo momento de botica propia dirigida por un farmacéutico asalariado del hospital

La desaparición de la Botica que competía con la de nuestros soberanos en provisión, en vasijas de barro, vidrio y metal y en fin, en cuanto la farmacia puede apetecer para la elaboración y distribución de las medicinas.

El funcionamiento de la botica de este hospital en el siglo XIX demuestra la importancia que tuvo como servicio básico para el correcto funcionamiento del centro en su atención a los pacientes. El hospital dispuso en todo momento de botica propia dirigida por un farmacéutico asalariado del hospital. Las ordinaciones o reglamentos internos de funcionamiento del hospital, prescribían que al frente de la botica del hospital estuviera un boticario que recibía el nombre de regente. El regente de la farmacia era elegido históricamente por los regidores

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del hospital por el sistema de oposición. Dicha oposición consistía en un examen teórico y otro práctico ante un tribunal constituido por médicos del hospital y boticarios del colegio de Zaragoza. El trabajo de regente era incompatible con la tenencia de botica abierta al público y comportaba la obligación de residir en la vivienda que el propio hospital le tenía asignada en estancias adjuntas a la botica, junto a su familia en caso de tenerla. La remuneración que percibía estaba formada por la ración alimenticia y la dotación o salario. Este último era parecido al de los médicos colegiados del hospital. Una de las prerrogativas del regente era la admisión y despido del personal que trabajaba bajo su dirección, mancebos o practicantes de farmacia, aprendices y hierbero. En ocasiones esta atribución del regente no fue respetada por la sitiada o junta de gobierno del hospital interfiriendo en la selección del personal de la farmacia. Uno de los aspectos más destacados de la botica del hospital zaragozano a lo largo del tiempo es la docencia y formación del personal auxiliar de la Botica, impartiéndose clases teóricas y prácticas a cargo del Regente. Así uno de los farmacéuticos del hospital de la época que estamos estudiando, Górriz, publicó uno de los escasos libros dedicados a la formación de los practicantes de farmacia editados en España. Entre las funciones fundamentales de la botica y el farmacéutico era elaborar las medicinas prescritas por los médicos para los pacientes asistidos en el hospital. Estaba a cargo del regente formular los medicamentos más complejos. Los mancebos o practicantes eran los encargados de elaborar el resto de los medicamentos bajo la dirección del boticario. La dispensación y distribución de los medicamentos, y en algunos casos su administración, también es considerada como una de las funciones básicas de la botica. El regente se hallaba presente en la farmacia durante la distribución de los medicamentos a las salas de los enfermos, supervisando el trabajo de los practicantes. Los jarabes se dispensaban en redomas o vasijas etiquetadas incluyendo datos de

la composición del medicamento y la sala y número de la cama a que se destinaban. Este sistema permitía evitar equivocaciones en la administración de los fármacos. Algunos de los medicamentos eran administrados a los pacientes por los propios practicantes de la botica, quienes debían estar acompañados por el médico, el cual decidía según el estado del paciente si el medicamento debía ser administrado en ese mismo momento. Existían depósitos de medicamentos o botiquines en las salas y personal de guardia en la botica para la dispensación urgente. En la botica del hospital se adquirían y preparaban gran cantidad de remedios, destacando en cuanto a diversidad de fórmulas, preparados y productos encuadrados en los grupos de aguas y tisanas, productos vegetales, productos químicos y jarabes. La vía de administración más utilizada para estos medicamentos era la oral, seguida por la vía tópica. Otra de las funciones destacadas del farmacéutico regente era la adquisición de las drogas necesarias al precio más ventajoso y llevar las cuentas de las compras de medicamentos y demás materiales precisos para el funcionamiento de la botica. Las compras estaban sujetas a intervención por el receptor del hospital (que ejercía las funciones de contable y tesorero). Los géneros medicinales se compraban habitualmente a drogueros de la ciudad. La selección de los medicamentos necesarios para el hospital era realizada por el regente en colaboración con los médicos de la institución. La mayoría de las compras era de productos simples y en menor porcentaje, medicamentos compuestos. Esto indica que la elaboración en la botica suponía una importante carga de trabajo. En el análisis de las compras realizadas por la botica a lo largo del siglo XIX se demuestra un considerable grado de adaptación a las innovaciones terapéuticas contempladas en los petitorios y farmacopeas oficiales. Entre las drogas y productos comprados por la botica hasta mediados del siglo XIX, predominan los de origen vegetal. Entre los de origen mineral los productos químicos son mayoritarios. A lo largo del siglo, se


La farmacia del hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza: la importancia histórica de un legado

incrementaron las adquisiciones de drogas de origen químico, generalizándose su compra ya en el siglo XX. La botica estaba sometida a diferentes tipos de inspecciones. En el caso de las visitas o inspecciones reales que se realizaron el primer tercio del siglo XIX, la orden partía del rey y eran efectuadas generalmente por altos dignatarios eclesiásticos. Las más generalizadas fueron ordenadas por la sitiada o junta de gobierno del hospital, en cuyo caso la inspección la realizaban médicos del hospital y boticarios colegiados de la ciudad. En algún caso estas inspecciones concluyeron con el despido del boticario regente. La curación de la tiña fue objeto de especial preocupación para los regidores del hospital en la primera parte del siglo XIX. También era importante el tratamiento del morbo gálico que se realizaba mediante ungüentos mercuriales o unciones, que se elaboraban en la botica. En la última mitad del siglo XIX la preocupación sanitaria se trasladó a las epidemias de cólera. El funcionamiento de la farmacia en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza fue comparable a las farmacias de los grandes hospitales españoles de finales del siglo XIX como los de La Santa Creu de Barcelona y los Generales de Madrid y Valencia. También se pueden encontrar similitudes con las actividades que se realizaban en las farmacias de ciertos hospitales franceses de la misma época. La figura del farmacéutico en el Reglamento del Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza de 1861 refleja los cambios que se producen en la profesión farmacéutica a lo largo de la última mitad del siglo XIX en España, además demuestra la alta cualificación que tenía el farmacéutico en los hospitales.

A la plaza se accedía, como se ha comentado con anterioridad, por el sistema de oposición, aunque hubo una larga lista de interinidades. Así se explica que 23 farmacéuticos trabajaron en el hospital desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Vamos a concretar las personas que mayor notoriedad tuvieron tanto en su desempeño como farmacéuticos del hospital como en su proyección fuera del hospital, por los cargos que desempeñaron y la importancia profesional que desarrollaron.

Exposición Aragonesa del año 1868 donde fueron premiados con medalla. Desde mediados de febrero de 1869 hasta abril de 1879 ejerció como regente de la farmacia del Hospital Nuestra Señora de Gracia. Constituido el Colegio Oficial de Farmacéuticos de la Provincia de Zaragoza, desempeñó cargos en la junta directiva del mismo. Fue nombrado asimismo miembro honorario del Ilustre Colegio de Farmacéuticos de Madrid.

Ramón Ríos Blanco

Tras ejercer como farmacéutico en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia desde junio de 1879 hasta enero 1880,

Los farmacéuticos

Constantino Ríos Blanco

La farmacia del Hospital de Nuestra Señora de Gracia ha sido durante siglos la más prestigiosa de las de su género en Aragón y según Martínez Tejero en ella trabajaron buena parte de los farmacéuticos mejor preparados en las distintas épocas de su larga historia.

Hermano del citado Ramón Ríos. En la farmacia de Zaragoza que los hermanos Ríos poseían, montaron un laboratorio químico, haciendo énfasis en la síntesis de productos orgánicos. Presentaron una colección de productos químicos y farmacéuticos a la

Ramón Ríos Blanco fue el fundador en el año 1854 de la Farmacia Central de Aragón que se ubicó inicialmente en la Calle Coso número 33. Esta fue una de las primeras farmacias centrales de España, entidades que señalaron una etapa en la evolución de la distribución farmacéutica Estuvo como farmacéutico del Hospital desde el 10 febrero 1859 hasta que cesó el 31 de julio de 1862. En 1895 fue miembro fundador y presidente del Colegio local de Farmacéuticos, embrión de lo que sería posteriormente el Colegio Oficial de Farmacéuticos de la Provincia de Zaragoza. En su biografía destaca ser profesor de química de Santiago Ramón y Cajal.

Pío Cerrada Martín

Según Martínez Tejero en la botica trabajaban una buena parte de los farmacéuticos mejor preparados en las distintas épocas de su larga historia

Vicente Narbona y Ballarín Se presentó a la oposición para optar a la plaza de farmacéutico de la Beneficencia Provincial de Zaragoza con arreglo a la Instrucción del año 1861, ejerciendo como regente de la farmacia del Hospital de Nuestra Señora de Gracia desde septiembre del 1862 hasta 26 noviembre de 1867. Trabajo para el diccionario de farmacia, que se elaboró en Madrid.

estableció farmacia en Zaragoza. Fue vocal de la Junta Provincial de Sanidad, de la Sección Especial Facultativa de Policía Urbana, y realizó una meritoria labor sanitaria con ocasión de la epidemia de cólera de 1885. Miembro del jurado en la Exposición Aragonesa de 1885-86. Nombrado profesor auxiliar en la Facultad de Ciencias, obtuvo la licenciatura en Ciencias Físico-Químicas en 1886. En 1893 obtuvo la cátedra de Agricultura del Instituto de Vitoria, permaneciendo hasta su jubilación en la capital alavesa. Académico de la Real Academia de Medicina de Zaragoza, su discurso de ingreso en 1890 trató sobre

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Carmen Palos Martin, Anna Maria Carmona Cornet, Ignacio Andrés Arribas

“Influencia de la luz en la vida de las plantas”. Colaboró en diversos periódicos zaragozanos. Sus principales trabajos versaron sobre temas agrícolas aunque también recopiló interesantes datos estadísticos del consumo de medicamentos en Zaragoza. Antonio Casaña Pérez Fue el farmacéutico que dirigió la farmacia del Hospital del 2 de febrero de 1880 hasta el 31 de mayo de 1884, en la época que se realizaron las obras de modernización de la misma y a quien la dirección del Hospital comisionó para que se desplazara a Barcelona y adquiriera el botamen y útiles necesarios para su funcionamiento. También ejerció de empresario agrícola llegando a Presidente del Sindicato de Riegos de Urdán y vocal de la Comisión Organizadora del Congreso Nacional de Riegos que, organizado por la Federación Agraria Aragonesa, se celebró en Zaragoza. Además de sus cualidades como

Gorriz es considerado como uno de los distinguidos científicos aragoneses de finales del siglo XIX y comienzos del XX

profesional de la farmacia, Casaña era un intelectual de la época (finales del XIX y primer cuarto de siglo XX), amigo personal de Joaquín Costa, con el que mantenía frecuente correspondencia. Ricardo José Gorriz y Muñoz Nació en Cariñena, provincia de Zara-

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goza, el año 1850. Considerado como uno de los distinguidos científicos aragoneses de finales de siglo XIX y comienzos del XX, Roldan aporta numerosos datos de este farmacéutico y le señala 63 publicaciones. Destacó preferentemente en el cultivo de las ciencias naturales aplicadas a la preparación de medicamentos. Doctor en Farmacia, ejerció su profesión inicialmente en Paniza, Cariñena y Milagro (Navarra), localidades desde las que realizó numerosas excursiones para recolectar insectos y plantas acompañado en alguna ocasión por su maestro el sabio naturalista Lichtenstein. En 1878 envió a la Sociedad Española de Historia Natural un trabajo sobre enfermedades de la vid en el que llamó la atención sobre la nefasta importancia de la filoxera, insecto cuya posterior penetración en España tanto afectaría a la economía agraria. En 1882 fue elegido académico correspondiente de la Real de Ciencias y Artes de Barcelona, y participó en la Exposición Farmacéutica Nacional presentando diversas preparaciones terapéuticas. En 1884 obtuvo por oposición la plaza de farmacéutico del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, trasladándose definitivamente a Zaragoza. Ejerció en dicha farmacia del 30 de noviembre de 1884 hasta el 13 de mayo de 1895. En la Exposición Aragonesa de 1885 presentó más de doscientos productos obtenidos en el laboratorio del hospital, una memoria relativa a dichas preparaciones farmacéuticas, una colección de coleópteros compuesta de tres mil ejemplares correspondientes a novecientas especies diferentes, y un monumental herbario de plantas medicinales; le fueron concedidas tres medallas, una de ellas la Aragonesa y el derecho a usar el escudo de armas de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. En 1891 alcanzó el grado de licenciado en Ciencias Físico-Químicas. Participó en la Exposición Vitivinícola de Cariñena de 1892, leyendo un completo trabajo en el que estudió las relaciones de la entomología con la viticultura. En la Exposición Vitivinícola de Cariñena en 1891 destacaron los trabajos de Górriz junto a otro ilustre

farmacéutico aragonés, Bosqued. Se preocupó constantemente por la formación científica de los auxiliares del farmacéutico, publicando una de las escasas obras españolas dedicadas a estos profesionales. Tras dejar la farmacia del Hospital de Nuestra Señora de Gracia a la altura de las mejores de España, pasó a ejercer su profesión en su propia oficina de farmacia de la calle del Coso, en cuyo laboratorio preparó gran cantidad de específicos que tuvieron muy buena acogida entre las clases médicas. En 1902 fue fundador y primer vicepresidente de la Sociedad Aragonesa de Ciencias Naturales, importante institución científica en cuyo Boletín se publicaron algunos de sus trabajos, siendo nombrado presidente en 1905. Participó activamente en la organización del Primer Congreso de Naturalistas Españoles y en el Homenaje a Linneo. Colaboró en la mayor parte de las revistas profesionales de la época, publicando más de cien trabajos. Su entrañable amigo y también naturalista Longinos Navás dio el nombre de Górriz a una especie de insectos, la Rhithrogena Gorrizi. Cuando falleció en 1916 ocupaba la presidencia del Colegio de Farmacéuticos de Zaragoza. Pompeyo Gimeno Alfonso El 21 de octubre de 1907 ingresa como farmacéutico interino del hospital hasta noviembre de 1907. Posteriormente de 18 de noviembre de 1910 hasta mayo de 1911 volvió a ocupar la interinidad de la plaza de farmacéutico. Se trasladó a Madrid regentando una farmacia en la calle Fuencarral, 120. Fue elegido vicepresidente segundo en la Junta de Gobierno de la Academia Nacional de Farmacia en 1932. También ejerció como vicepresidente y presidente del Colegio de Farmacéuticos de Madrid. Se involucró activamente en política desempeñando el cargo de Gobernador Civil de Guadalajara designado por el Partido Republicano Radical. Su farmacia de la calle Fuencarral durante la guerra civil, fue incautada primero por la UGT y luego por el estado. Terminada la guerra civil fue


La farmacia del hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza: la importancia histórica de un legado

encausado en el Tribunal especial de represión de la Masonería y del Comunismo.

patrimonio histórico de la ciudad. Ocupó la presidencia del Centro Mercantil y la presidencia del Colegio de Farmacéuticos entre el año 1918 y 1920. Colaboró en revistas profesionales como El Monitor de la Farmacia y el Boletín Oficial del Colegio de Farmacéuticos. Fue condecorado con la Medalla de Oro de la provincia de Zaragoza.

Pablo Calvo Olivares

Pascual Guallart Díaz

Farmacéutico que destacó profesionalmente como preparador de soluciones inyectables en su farmacia ubicada en Zaragoza. Trabajó de interino en la Farmacia del Hospital Nuestra Señora de Gracia desde el 13 de agosto de 1910 hasta su renuncia el 14 de Noviembre de 1910. Desarrolló una activa carrera social y política. Fue alcalde de Zaragoza desde diciembre de 1918 hasta abril de 1920, preocupándose especialmente por la conservación y recuperación del

Ingresó por oposición en el Cuerpo de la Beneficencia Provincial de Zaragoza el 9 de mayo de 1911, cargo que ocupó hasta el 21 de marzo de 1917 que cesó por renuncia, reingresando en 1921 de nuevo como regente, puesto que ejerció hasta su jubilación en 1959, año que falleció. Fue presidente del Colegio de Farmacéuticos de Zaragoza entre junio de 1932 y junio de 1933 y colaboró muy activamente en la puesta en marcha del Laboratorio colegial dos años más tarde.

Fig. 1. Plano de la farmacia con anterioridad a su renovación, hecha por el arquitecto Atienza. Aparece la distribución de la farmacia con sus estancias y la vivienda del boticario. Foto Ignacio Andrés.

El legado: una farmacia de hospital de finales del siglo xix Estudiaremos a continuación la estructura física y contenido de la farmacia del Hospital de Gracia en el periodo comprendido entre los años 1.808 y 1.882. En la etapa anterior a 1808 en el Hospital de Convaleciente, no existía botica, ya que el antiguo Hospital de Gracia era responsable de suministrar los medicamentos a los enfermos convalecientes, existiendo en todo caso un pequeño espacio dedicado a botiquín para conservar las medicinas suministradas por el hospital de referencia. Al producirse el obligatorio traslado del Hospital de Gracia a esta su nueva ubicación, se debió buscar un lugar para la botica.1 El lugar en donde probablemente se situó la farmacia fue en el edificio de la cara norte anejo a la iglesia, situación en la que ha continuado has-

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Carmen Palos Martin, Anna Maria Carmona Cornet, Ignacio Andrés Arribas

ta nuestros días. La degradación de las condiciones físicas de la botica debió ser importante ya que la Junta del Hospital ordenó al arquitecto provincial a realizar un proyecto de mejora de la farmacia que data de 1.869. Dicho proyecto, fue realizado por Juan Antonio Atienza2 en donde propone una importante adaptación de las instalaciones existentes previamente, para su mejora y modernización. Del citado proyecto podemos conocer la distribución de la botica hasta esa fecha. Dice el arquitecto que la disposición de la botica y sus dependencias es muy defectuosa, tanto desde el punto de vista de la comodidad como de la ventilación que necesita un local

Un informe de 1876 recoge: una de las oficinas importante del establecimiento es la botica y bien sabe V.E. el lamentable estado en que se encuentra

destinado a esta clase de menesteres. Según dicha descripción la botica estaba provista de una mezquina y única entrada en el pasillo general del edificio paralelo a su fachada principal, a todas luces insuficiente. (Fig. 1) La descripción continúa detallando las dependencias: Un estrecho pasillo que sigue a la entrada, da acceso al depósito de medicamentos y al despacho o botica, donde una escalera conduce al cuarto del dependiente de guardia. El mismo paso desemboca en el patio de luces donde se distribuyen: la cocina, el almacén de productos, aparatos, almacén de leña y carbón, el cuarto para la preparación de ungüen-

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tos, tisanas y la escalera que conduce a la habitación del boticario y a los cuartos de ayudantes y practicantes. Según el arquitecto, todos estos locales son oscuros, húmedos, mal ventilados y sin condiciones indispensables de independencia y holgura para el servicio.

El arquitecto propone significativas modificaciones para solventar los inconvenientes expuestos. El proyecto de reforma de la farmacia no llegó a realizarse, por lo que la situación de la botica continuó deteriorándose. Así se constata en un informe sobre la Beneficencia Provincial de Zaragoza3 de 1876 donde se recoge el grado de deterioro en que se encontraba la botica: Una de las oficinas importantes del Establecimiento, si no la que más es la Botica, y bien sabe V.E. el lamentable estado en que se encuentra; un local tan reducido, que no pueden trabajar en él los empleados que hay, con una estantería tan elevada y mugrienta como antigua y mala, y los pocos y heterogéneos vasos que existen son impropios de aquel lugar; esto por lo que hace al despacho, que la cocina y sus dependencias tampoco responden al objeto, a pesar que se han arreglado nuevamente los fogones por hundimiento de los que había. No hay un almacén bien acondicionado para los herbarios; no hay un lugar para guardar los jarabes; no hay un laboratorio para los trabajos delicados; en fin la riqueza que representan las medicinas yacen envueltas entre el polvo y el desarreglo, y todo por carecer de un departamento a propósito.

El informe debió causar el efecto deseado y la Comisión pudo reunir los fondos necesarios, ya que la farmacia fue reconstruida y ampliada poco después en la misma ubicación anterior, tomando el aspecto que ha llegado hasta nuestros días. En efecto en 1879 comienzan las obras en la botica que se continuaran durante casi tres años. También se realizó la adquisición de aparatos, botamen y otros utensilios con destino a la botica de este hospital. Se compraron en Barcelona, habiendo autorizado la comisión de Beneficencia dicha compra al farmacéutico Antonio Casaña4. Las obras para completar la nueva botica se alargaron hasta finales de 1882. Desconocemos los nombres que

llevaron a cabo el proyecto, probablemente la labor de proyectista general recaería en uno de los arquitectos de la Diputación Provincial, que en ese año 1881 eran Eusebio Lidón y Burea y Félix Navarro Pérez. Además intervendrían un equipo de ebanistas, carpinteros y el resto de oficios, que es de suponer pertenecerían a los talleres de oficios que dependían del propio Hospital y la Diputación Provincial de Zaragoza. Según el trabajo de Isamat el botamen principal fue donado por la Infanta Isabel de Borbón, hija de Isabel II y hermana de Alfonso XII, hecho que concuerda con el espíritu caritativo que la hizo tan popular. Sin embargo esta teoría de la donación de la familia real no ha sido todavía documentada. De 1887 data un documento5 en el que se confirma que la renovada farmacia estaba plenamente dotada y en funcionamiento. Dicho documento es un inventario realizado en ese año de todos los servicios y oficinas del Hospital Nuestra Señora de Gracia. En la descripción inventarial de la farmacia se relacionan los locales siguientes: oficina de la farmacia, despacho del sr. farmacéutico, cancela de servicio, laboratorio químico, cocina general, sótano para el servicio de sifones, almacén de peligrosos, depósito de combustible, cuarto de los mozos, cuarto de guardias, almacén general y por último los yerberos situados en las buhardillas. Nos centraremos en la estancia principal, que es denominado por el inventario, “Oficina de Farmacia” y en el despacho del Farmacéutico, ambas han llegado sin apenas modificaciones hasta nuestros días. (Fig. 2) Desde su renovación en 1881, algunas de las estancias principales de la farmacia del Hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza ha mantenido el mismo aspecto que cuando se reestructuraron. En el caso del espacio que el inventario de 1887 denomina “Oficina de Farmacia”, únicamente se han realizado ciertos cambios efectuados en las décadas recientes que no han afectado a la estructura fundamental de la estancia. La descripción de la Oficina de Farmacia es una larga sala rectangular de 5.2 metros de ancho por 22 metros de larga con tres ventanas latera-


La farmacia del hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza: la importancia histórica de un legado

Fig. 2. Vista actual de la farmacia. Se han conservado la gran mayoría de los botes de farmacia, frasqueria y muchos de los instrumentos farmacéuticos del siglo XIX, huella de una época. Foto José Luis Delgado.

les situadas a lo largo del muro norte del edificio. La puerta principal de la sala se encuentra en el extremo oeste y comunica con el pasillo principal del Hospital. Existe otra puerta de entrada abierta en el centro de la estantería que se sitúa en el muro opuesto a las ventanas, comunicándose por ella con el resto del servicio de farmacia. En el extremo este, al lado contrario de la puerta principal, el nivel del suelo se eleva formando un podio al que se asciende por una doble escalera de cuatro peldaños con las correspondientes barandillas de forja. Ya sobre el podio se encuentra una tercera puerta, abierta en el centro de una estantería acristalada y que da entrada al despacho del farmacéutico. Otra de las estancias que no han sufrido cambios estructurales es el despacho del farmacéutico situado en el

podio producido por el sótano y con puerta de entrada situada en una estantería acristalada que podía equipararse al ojo de boticario. Es una estancia cuadrada de dimensiones 5,2 por 5,2 metros con ventana a la calle y en el lado opuesto existe un retranqueo de un metro de alto sobre el que se sitúa una estantería de cinco cuerpos acristalada. Dicho retranqueo esconde la escalera de bajada al sótano de los sifones. El sótano para el servicio de los sifones está situado debajo del despacho del farmacéutico formando el podio donde este se ubica. Está integrado por dos cuartos de diferente tamaño, con techo abovedado de ladrillo, separados por un grueso muro donde hay un paso de unión de las dos estancias. El muro del sótano es continuación de la pared de separación del despacho del farmacéutico del resto de la farmacia. Al primero de los cuartos se desciende por una escalera que conecta con la puerta del laboratorio químico, con iguales medidas que el despacho del farmacéutico 5,2 por 5,2 metros con dos ventanucos que dan a la calle. El cuarto más pequeño es ciego y mide

Desde 1881, algunas estancias principales de la farmacia han mantenido el mismo aspecto que cuando se reestructuraron

2 metros de fondo por 5,2 metros de ancho. Como define su nombre en estos dos cuartos era donde se fabricaban los sifones especialmente en la epidemia de cólera del año 1885. Este sótano ha sufrido modificaciones en el uso y estructura a lo largo del tiempo. Seguiremos describiendo la farmacia tal y como refieren los inventarios del departamento en los años 1887, y 1925. La entrada general a la farmacia

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desde el resto del Hospital se realizaba por la cancela de servicio donde se encontraba un mostrador, que los inventarios describen como un tablero cancela con verja, que separaba la entrada con el resto del local en donde se localizaban varias mesas con tableros revestidas de zinc en los que se colocaban los medicamentos destinados para su dispensación a las salas de los enfermos. Los restantes locales de la farmacia que se describen en el cuaderno in-

Las estanterías, mesas y todo el trabajo de ebanistería presentan un diseño común que obedece al gusto ecléctico de finales del siglo XIX

ventario del Hospital de 1887 han sido modificados en los años posteriores y en la actualidad no se asemeja su estructura a los que se detallan en dicho inventario. Es el caso del laboratorio químico que tenía una mesa de yeso macizo con estufa y aparato para el gas, un mechero y tres tubos para hornillos, suponemos para realizar las distintas formulaciones farmacéuticas donde se necesitaba fuego o calor para su preparación. También contenía los aparatos voluminosos como un alambique grande con baño maría, otros dos hornillos grandes, un aparato para oxígeno, una máquina de triturar carne y distintas retortas, matraces y recipientes de varios tamaños. Tampoco han llegado hasta nosotros la cocina general en donde se encontraba una cocina económica con un macizo de yeso de trabajo además de una fuente y también estaban en dicho local dos prensas grandes de

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hierro, cántaros, calderas de cobre y dos grandes morteros de piedra. Cerca de la cocina se debía encontrar el almacén, que constaba de seis estanterías corridas en las paredes y entre las columnas, además dos armarios acristalados. También se detalla que la farmacia contaba con un “almacén de peligrosos” con un depósito de combustibles. Por último describe el cuarto de los mozos y el cuarto de guardia que también han cambiado de uso. Los cambios en las estancias de la farmacia se constatan en el inventario de los útiles, enseres y productos existentes en el departamento de farmacia del Hospital Nuestra Señora de Gracia el 30 de junio de 19256. En este inventario sigue contando con la estancia principal de la farmacia, el despacho del farmacéutico, el sótano (que ya no se denomina de sifones) y la cancela de servicio. También aparecen descritos: el laboratorio general, el almacén, el cuarto del combustible y el cuarto de los mozos. Sin embargo en 1925 aparecen cuartos con nuevas denominaciones como el despacho de la farmacia, el laboratorio de esterilización, el laboratorio de cura antiséptica, el cuarto de desinfección y el cuarto de los practicantes. Como curiosidad del inventario de 1925, se puede destacar que aparece incluido dentro de las estancias pertenecientes a la farmacia, la enfermería de la plaza de toros y su contenido, detallando la existencia en ella de un aparato de esterilización, un autoclave, distintos frascos de cristal de varios tamaños así como vasos y probetas y también un tubo para hervir el crin (que se utilizaba como sutura).

El mobiliario El mobiliario de la estancia principal de la farmacia del Hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, descrita anteriormente como oficina de farmacia, está constituido por cuatro grandes estanterías de madera de pino pintadas, con sus respectivas taquillas en la parte inferior, adosadas a los muros, se completan con dos mesas de trabajo en el centro de la sala también con sus respectivas taquillas en su

parte baja. Las estanterías, mesas y todo el trabajo de ebanistería presentan un diseño común que obedece al gusto ecléctico de finales del siglo XIX a base de arquillos lobulados, piñas pinjantes, bandas de zig-zag, flores de lis esquemáticas y cresterías caladas. Es decir motivos formales en los que menudean referencias al estilo renacentista aragonés, con lo que ello supone de gótico y mudéjar. Otros motivos decorativos tienen un sabor más clasicista, como ciertas palmas, roleos, medallones y molduras cuadrangulares. Por último, hay también elementos simbólicos como son el emblema farmacéutico del áspid y la copa o la heráldica. Estas características concuerdan con el estilo del arquitecto aragonés Félix Navarro que entre otras obras posteriores realizó el Mercado Central de Zaragoza. La estantería mayor, situada en el muro sur, mide 15 metros de larga. Tiene doce tramos y uno central que los divide en seis a cada lado. El tramo central contiene la puerta de comunicación con el resto de la farmacia, sobre la cual hay una cartela con la inscripción farmacéutica ARS CUM NATURA/ AD/ SALUTEM CONSPIRANS. Curiosamente esta inscripción figura en las medallas de Académico de la Real Academia de Medicina de Zaragoza y las de la Academia de Farmacia “Reino de Aragón”, además de en el logotipo del Colegio Oficial de Farmacéutico de la Provincia de Zaragoza. Sobre la cartela hay un remate con un medallón, flanqueado por una palma y un laurel sujetos en su base por una cinta blanca, que acoge un jarrón con azucenas, escudo del Hospital. El medallón está cubierto en su parte superior por una corona adornada con perlas. Los dos cuerpos contiguos al cuerpo central se componen de pequeños estantes dispuestos para contener la frasquería de vidrio de menor tamaño. Esta estantería tiene sus correspondientes taquillas en su parte inferior, la mitad de ellas con baldas y la otra mitad con cajones. (Fig. 3) Las otras dos estanterías están situadas enfrente a la anterior, son gemelas y cuentan con tres cuerpos cada una, estando colocadas entre las tres ventanas del muro norte. Al margen de los motivos señalados con ante-


La farmacia del hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza: la importancia histórica de un legado

Fig. 3. Detalle de la estantería de doce cuerpos con su parte central, donde se sitúan la inscripción ”ARS CUM NATURA AD SALUTEM CONSPIRANS”, el jarrón con azucenas como enseña del hospital y la corona de perlas sobresaliente que cubren la puerta que da acceso al resto de dependencias de la farmacia. Foto José Luis Delgado.

Fig. 4. Estantería acristalada que da acceso al despacho del farmacéutico, compuesta por baldas, cajones y taquillas. En la parte superior se observa el escudo de la Diputación, una cartela con la inscripción DIPUTACIÓN PROVINCIAL 1881 y una corona perlada sobresaliente. Foto Bernardo Sánchez.

rioridad, carecen de otros elementos peculiares. Estas estanterías también tenían en su parte inferior sus correspondientes taquillas dos de ellas eran cajoneras. En el centro de la estancia se si-

túan las dos mesas de trabajo, son gemelas, tienen encimeras de mármol blanco de una sola pieza y miden 1,10 metros de ancho por 4 metros de largo. A la estantería acristalada situada en el podio del muro norte se acede a través de una escalera doble con tres peldaños centrales y cuatro en los laterales protegida por una barandilla de forja con pasamanos de madera que se inician con pomos en forma de piña. (Fig. 4). Dicha estantería es de cuatro cuerpos con taquillas, cerrada en la parte superior con puertas acristaladas, a los que se añade un cuerpo central, que encuadra a la puerta de entrada al despacho del farmacéuti-

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Fig. 5. Visión general de la farmacia años 30 desde la entrada al despacho de la farmacia. Foto Archivo de la Farmacia del Hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza.

Fig. 6. Farmacia. Departamento central del Hospital Provincial de Nuestra Señora de Gracia de la Beneficencia de Zaragoza. Julio 1949. Foto: Consejo General de Colegios Médicos de España. Banco de Imágenes. Real Academia Nacional de Medicina.

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co Tiene una longitud de 5,2 metros. Al igual que el cuerpo central de la estantería grande, éste exhibe sobre el marco de la puerta una cartela y un remate de carácter heráldico. La cartela, cuadrangular, reza: DIPUTACION PROVINCIAL/ 1881. Esta fecha es importante para confirmar la datación de la farmacia. El remate heráldico sobre la cartela es el antiguo escudo de la provincia de Zaragoza, que es el mismo del Reino de Aragón, orlado de motivos vegetales, cerrando la parte superior con una corona perlada sobresaliente. Esta estantería acristalada inicialmente y según consta en el inventario de 1887, estaba destinada a guardar aparatos de laboratorio al igual que sus taquillas. Posteriormente sufrió modificaciones y la mitad de las estanterías inferiores fueron


La farmacia del hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza: la importancia histórica de un legado

Fig. 7. Foto años 30. Aspecto general de la oficina de farmacia, observamos que no hay puertas de cristal en los estantes sobre las taquillas del mobiliario. Anales del Hospital Provincial de Zaragoza, mayo, 1932.

cambiadas por cajoneras y en las superiores se ocuparon con el botamen. Un último detalle que queda por señalar es relativo a la decoración pictórica del techo. El cielo raso está pintado a base de casetones, imitando ilusoriamente a un sencillo artesonado de madera. Desconocemos si esta decoración es la original, lo que podemos asegurar es que en los años treinta era dicha ornamentación la existente y que fue restaurada en los años 70. Desde hace más de un siglo se ha mantenido el mismo aspecto que cuando se reestructuró en 1881. Únicamente se han realizado ciertos cambios efectuados en las décadas recientes que no han afectado a la estructura fundamental de la estancia. (Figs. 5, 6 y 7). Entre otras intervenciones desta-

can el cambio de calefacción, las luces, también el pavimento de madera sustituido por baldosas de gres, mientras que la carpintería de las ventanas ha pasado a ser de aluminio. La puerta situada en la estantería acristalada da entrada al despacho del farmacéutico donde todavía se conservan desde 1887, además del reloj de pared, y una estantería torneada para libros, dos armarios que pasamos a describir. A la derecha de la entrada se encuentra adosada a la pared una estantería de cinco cuerpos acristalada de 5,2 m de largo y 35 cm de fondo, situada sobre un retranqueo de un metro de alto y 90 cm de fondo, dicho retranqueo esconde la escalera de bajada al sótano de los sifones. Un segundo armario, situado en la pared enfrente de la entrada, tiene tres cuerpos de 3,7 m de longitud, 2,8 m de altura y 45 cm de fondo con 12 puertas acristaladas, esta orlado en su parte superior por el escudo de Aragón sujetado por dos ménsulas. Los cristales de las puertas del armario fueron sus-

La modificación más significativa en la estancia principal de la farmacia fue la colocación en 1990 del mostrador de dispensación

tituidos en los años noventa por cristales emplomados. El resto del mobiliario o material fijo del despacho descrito en el inventario de 1887 como dos armarios de cristales con taquillas, una mesa de escritorio de gutapercha y dos mesitas portátiles, no se han conservado.

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Fig. 8. Mostrador de despacho de medicamentos. Formaba parte de la antigua cancela, reubicada en la estancia principal de la farmacia. Tiene dos puertas de madera y forja simétricas y cinco cajones bajo el mármol. Foto: Bernardo Sánchez.

La modificación más significativa realizada en la estancia de la oficina de farmacia fue la colocación en los años noventa del mostrador de dispensación trasladado desde la cancela en donde se realizaba la distribución de medicamentos a las salas de los enfermos. Este mostrador consta de un tablero de mármol blanco de 2,5 m de largo por 85 cm de ancho sujeto a un mueble volado de 1 m de altura con cinco cajones de madera. Este mostrador se cierra a ambos lados por dos puertas de madera enrejadas y en la parte superior con una pieza de made-

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ra ornamentada con seis áspides y dos piñas pinjantes además de motivos ornamentales comunes al resto de la decoración de la farmacia. (Fig. 8) Continuando con el inventario del año 1887, se describen los botes de farmacia, frasquería y utensilios que se guardaban en los anaqueles y taquillas del mobiliario de la farmacia. Muchos de ellos todavía se atesoran en el presente, lo que completa el importante patrimonio conservado en el Servicio de Farmacia del Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza. Su descripción pormenorizada es actualmente motivo de una tesis doctoral, pero pasaremos a citar los que consideramos más significativos: El botamen, la frasquería y el utillaje de la farmacia.

Botamen A finales del siglo XIX, los albarelos son mayoritariamente de forma cilíndrica regular, están dotados de tapadera, sin estrechamiento en el centro, por lo que se denominan también botes de cañón. Suelen ser de porcelana, y a veces de china opaca. Los albarelos estaban destinados a contener sustancias sólidas o viscosas, como plantas, bálsamos y ungüentos, que al tener consistencia podían conservarse en estos botes aunque tuvieran la boca ancha. En el inventario de 1887 se detallan doscientos botes de porcelana, forma de conserva con escudo y rótulo esmaltado que están colocados en las estanterías de la estancia principal. Más adelante se añaden ocho botes con escudo y luego otros dos más que se encontraban en el despacho del


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farmacéutico. De estos diez últimos se describen como incompletos, puede referirse probablemente a que carecían de tapa. Estos se describirán más adelante con la denominación de Botamen I (Fig. 9). También en el inventario de 1887 se referencian cincuenta y cuatro botes cilíndricos de porcelana con filete dorado también situados en las estanterías de la oficina de farmacia. En otro apartado más adelante se añaden catorce botes más de este tipo y en el almacén se detallaban otros cuarenta y cuatro frascos de porcelana iguales que debían ser del mismo tipo que los anteriores, lo que haría un total de ciento doce botes más antiguos y que denominaremos como Botamen II (Fig. 10). El Botamen I actualmente consta de 210 piezas, igual número que las inventariadas en el año 1887. Son de loza fina de pasta blanca y miden 29 cm de altura por 13 cm de diámetro en la base. Su estado de conservación es en general bastante bueno, aunque hay 18 que no tienen tapa. Son de líneas sobrias y sólidas, amenizadas por una leve moldura en la base y por la forma bulbosa de la tapa. Están decorados con varias bandas doradas, tres más gruesas en la base, en el inicio de la boca del tarro y en la base de la tapa y otras dos bandas finas en las molduras que terminan en el pie, una última banda decora el asidero de la tapa. El motivo decorativo central consiste en el antiguo escudo de la provincia de Zaragoza, con una corona en su parte superior y orlado de una palma y un laurel. La palma y el laurel están ceñidos por una cinta que contiene la inscripción: HOSPITAL/ DE NTRA/ SRA DE/ GRACIA. Bajo el escudo se encuentra una flictena curvada en donde se detalla el nombre del producto que contiene el bote, escrito en castellano, aunque muchos de ellos se describen con abreviaturas. De estos botes, 84 contienen el producto que indica la cartela del propio bote, pensamos que se pueden datar de comienzos de siglo XX. El Botamen II consta de 100 piezas, algunas de ellas, concretamente 11 tienen tapado el nombre original por etiquetas que demuestran el cambio de producto que contenía el bote. Difieren del botamen anteriormente descri-

to por su menor tamaño, 24 cm de alto por 10 cm de diámetro, y por su mayor sencillez, ya que su única decoración consiste en el nombre del producto en latín con letras mayúsculas negras, ocupando una o dos líneas en el centro del bote, además de varias bandas doradas, dos en la base, una en la boca , tres en la tapa y la mitad del asidero esférico de la tapa, cuya forma en el caso de estos

ciones del material farmacéutico que necesitaba para la renovada farmacia del Hospital de Nuestra Señora de Gracia. Desconocemos donde realizó las compras y en especial la de los botes que se ha descrito como Botamen I. Conocemos la existencia en esa época de una serie de talleres o fábricas donde se decoraban estas piezas importadas de Francia. Este es el caso

botes es cónica en vez de bulbosa. Suponemos que este botamen es parte del antiguo que existía en la farmacia cuando ésta se remodeló aunque se desconoce la fecha en que se adquirieron. Las características formales descritas para estos botámenes responden plenamente a las modas imperantes en las postrimerías del siglo XIX, pudiéndose encontrar botes muy similares en farmacias españolas de la misma época. Vicente González los denomina botes franceses, de cañón o de “damas” El botamen francés procedía, por regla general, según este autor, de los alfares de Limoges y venía a España bizcochado, es decir, moldeado o modelado, y después de recibir la primera cocción. Posteriormente eran decorados y barnizados para ser sometidos a una nueva cocción. Fue en Barcelona donde Antonio Casaña en 1881 realizó las adquisi-

Fig. 9. Detalle de los botes del Botamen I, su conservación es buena, observamos los detalles: cartela con texto en castellano, escudo de la diputación, corona, laurel y palma. Foto Bernardo Sánchez.

de la empresa Giralt Laporta que tenía en un almacén de material científico en Barcelona, un departamento donde existía un taller dedicado a la decoración de botes de cerámica farmacéutica. Estos recipientes venían en bizcocho de las fábricas de Limoges, y una vez barnizados y decorados, se sometían a cocción en una gran mufla. Eran numerosos los pintores y decoradores que se dedicaban a realizar estas piezas. La forma clásica de estos recipientes es la afrancesada, es decir, generalmente cilíndrica y cubierta con una

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tapa con un pomo. A lo largo del cuerpo suelen existir algunos resaltes. La decoración era muy diversa y existen recipientes exclusivamente blancos con una etiqueta o cartela solamente con letras negras o en color; o aquellos otros con ambas policromadas y dibujos o decoraciones muy variadas y elegantes, en algunos hay plantas o escudos con su respectiva cartela indicando el nombre del producto. El botamen de esta botica corresponde al último tercio del siglo XIX. Otros talleres importantes eran los Rubert Hermanos, S. A. sitos en la Carretera de Sarriá nº 7 de Barcelona y cuyo despacho se encontraba en la calle Dr. Dou, 5 y 7 de la misma ciudad. Esta casa edito un catálogo el año 1897 con botes decorados de forma similar a los que hemos descrito. También fueron destacados los talleres de decoración barceloneses de Modesto Casademunt. Precisamente la casa Sucesores de D. M. Casademunt presentó en la Exposición Universal de Barcelona de 1888 una vistosa serie de porcelana y vidrio con predominante decoración botánica. Cualquiera de estos talleres pudieron ser los fabricantes del botamen descrito ya que hasta el momento no se han encontrado datos que demuestren la procedencia del mismo. Algunas de estas piezas se caracterizaron por su gran calidad y ornamentación. Su finalidad ha sido generalmente decorativa, porque la fragilidad de este material no le hace muy útil para su continuo uso. No es el caso de los existentes en la farmacia que nos ocupa, pues 84 de ellos todavía tienen el producto o droga que señala su cartela. Estos dos botámenes ocupan las estanterías descritas junto con el más variado y completo listado de material farmacéutico que también se hallaba distribuido por el despacho del farmacéutico y el resto de las estancias de la farmacia.

Material farmacéutico A modo de listado incompleto encontramos descritos como existentes en la farmacia en 1887 y conservados en la actualidad:

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Cocina Prensas de hierro. Cuarto de los mozos Morteros de hierro y bronce. Tamices. Describiremos únicamente lo que consideramos más valioso de los elementos conservados en la farmacia en el presente: los morteros, los frascos de cristal y los crisoles de platino.

Fig. 10. Detalle de los botes del Botamen II, su con­ servación es buena, observamos los detalles: nombre con texto en latín y tapa cónica . Foto Diputación Provincial de Zaragoza.

En la Oficina de farmacia Balanzas y granatarios con cajas de masas o pesos, algunos en vitrina. Moldes de óvulos y supositorios. Prensa corchos. Embudos de llave (3), embudos pequeños (13) Probetas. Vasos de precipitados. Pipetas. Desecadores. Morteros. Cápsulas de porcelana. Cápsulas de platino (2). Crisoles de platino con tapa (2). Matraces. Aparato de redondear píldoras. Tubos de ensayo con sus gradillas. Mecheros Bunsen y de Teclu. Densímetros. Lactobutirometro. Higrómetro Daniel. Alcoholímetro Richard. Juego de sacabocados para corchos. Pildoreros. Tablas para los hierros de las cápsulas. Espátulas de hierro grandes (4), medianas y pequeñas. Tamices. Despacho Sr Farmacéutico Balanza de precisión con vitrina. Reloj de pared. Ureometro. Densímetro. Areómetro. Termómetros. Lactodensímetro.

Morteros El mortero se ha utilizado en la farmacia para triturar y pulverizar sustancias, mezclar sólidos con líquidos, elaborar emulsiones. Es uno de los elementos más representativos de la profesión farmacéutica y es sinónimo de la preparación magistral. Del inventario de 1887 donde se describen morteros de diversos tipos, de cristal, de pasta, de porcelana, de ágata, de bronce y de piedra, repartidos por las distintas estancias de la farmacia, (Fig. 11) destacamos un mortero de bronce, otro de piedra negra y uno de ágata, los tres se encuentran expuestos en la actualidad. El mortero de bronce es singular, tiene unas medidas de 34 cm de diámetro de boca por 33 de altura, decorado con columnas y con dos asas cuadrangulares. En el exterior de su boca se encuentra escrito con letras de molde tipo imprenta: SOY ERMOSA SINSEGUNDA NADEI LOPODRA NEGAR POR COSAS/ QUE ENMISE EN CIERRA QUE AMUCHOS SALUD DARAN.

Botellas Son vasijas de cristal con cuello estrecho de longitud variable, su cuerpo es de forma normalmente cilíndrica u ovalada, aunque también pueden ser piriformes, aplastadas, redondeadas entre otros diversos aspectos. Su altura oscilaba entre 10 y 30 cm, y su capacidad era entre 250 ml y 2 litros. Las botellas son uno de los recipientes de uso más antiguo en la farmacia. En el inventario de 1887 se citan 50 botellas talladas con “tape” de las que actualmente se conservan 12. También se conservan frascos de tapón esmerilado y rótulo esmaltado de 200 y 1000 g, así como bocales esmerilados con rótulo esmaltado de 200 a 2000 g. Frascos y bocales de ta-


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pón esmerilado azules. De todos ellos han llegado hasta el presente un número representativo. Crisoles de platino En la oficina de farmacia, guardados en el armario acristalado, se describen 2 cápsulas de platino y dos crisoles del mismo material con tapas, los mismos que se encuentran en la actualidad. Las cápsulas miden 3,5 cm de diámetro de boca y 4 cm de alto y 6 cm de diámetro y 2,5 cm de alto respectivamente. Los crisoles miden 2 cm y 3,5 cm de diámetro y 2 y 4 cm de alto respectivamente y sus tapas miden 3 y 5 cm de diámetro. Su importancia recae en la demostración de que la farmacia a finales de siglo XIX realizaba operaciones y determinaciones complejas que necesitaban de estos crisoles de coste elevado.

Biblioteca En los inventarios realizados entre los años 1.836 y 1.8387, siendo regente D. Pedro Valencia, figura únicamente un libro descrito, la Farmacopea Española que pensamos que puede ser la edición de 1817, vigente en aquellos años y que todavía se conserva en la actualidad. Sin embargo en el inventario de 1887 en el despacho del farmacéutico se encontraban un total de 17 obras en 19 tomos. De todos ellos únicamente no se ha conservado la Farmacopea vigente en el año en que se realizó el in­ ventario. Se puede destacar de esta bibliografía la influencia que tenían los farmacéuticos del hospital zaragozano hasta 1887 de la farmacia francesa con hasta 8 libros procedentes de ese país y en francés, más otros dos traducidos al español. También destaca la existencia de la sexta edición de la Farmacopea de Estados Unidos de 1887 lo que demuestra la actualización de Gorriz en sus conocimientos farmacéuticos.

Conclusiones Se ha descrito resumidamente el rico patrimonio farmacéutico contenido en la farmacia del Hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza. Este trabajo

Fig. 11. Los morteros han sido una herramienta farmacéutica por excelencia. En la foto dos ejemplares de piedra y de bronce de comienzos del siglo XIX. Foto Bernardo Sánchez. Inscripción en la boca del mortero de bronce: SOY ERMOSA SINSEGUNDA NADEI LOPODRA NEGAR POR COSAS/QUE ENMISE EN CIERRA QUE AMUCHOS SALUD DARAN. Foto José Luis Delgado.

En esta farmacia a finales del siglo XIX, realizaba operaciones y determinaciones que necesitaban instrumentos complejos pretende dar a conocer este el valioso y considerable material representativo de una de las épocas más importantes para la evolución de la farmacia en general y la farmacia de hospital en particular. Su conservación y difusión constituye un acto de responsabilidad colectiva y profesional. En España actualmente se encuentran recogidas en museos varias

farmacias de hospitales y otras sirven como base de museos de farmacia, lo que demuestra la trascendencia cultural que tienen este tipo de farnacias. Así son destacables la del Hospital General de Madrid, instalada en la Botica del Palacio Real en Madrid, el despacho del boticario del antiguo Hospital de la Santa Creu que se encuentra en la Real Academia de Farmacia de Catalunya y la botica del Hospital de Santa Caterina de Girona. Los anteriores ejemplos indican la posibilidad de la adecuación expositiva de estos fondos patrimoniales recogidos en la farmacia del Hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, para el mayor conocimiento y conservación de un legado histórico singular.s

*Licenciada en farmacia UB. Especialista en análisis y control de medicamentos y drogas. Especialista en farmacia industrial y galénica. Diplomada en Óptica y Ortopedia. ** Catedrática emérita de Historia de la Farmacia de la Universidad de Barcelona. Presidenta del Institut Medicofarmacèutic de Catalunya. Responsable del Museu de la Farmàcia Catalana. Académica numeraria de la RAFC. *** Jefe de Servicio Farmacia Hospital Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza. Académico numerario de la Academia de Farmacia “Reino de Aragón”. Académico numerario de la Real Academia de Medicina de Zaragoza.

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Carmen Palos Martin, Anna Maria Carmona Cornet, Ignacio Andrés Arribas

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Notas El edificio del Hospital de Convalecientes pasó a ser ocupado por el Hospital de Nuestra Señora de Gracia a raíz de la destrucción que sufrió el inmueble que ocupaba este último antes del primer sitio que sufrió la ciudad; durante el asedio el antiguo edificio del Hospital de Gracia, fundado en 1.425, fue completamente destruido, lo que motivó su traslado al citado Hospital de Convalecientes.

1

ATIENZA GARCÍA, Juan Antonio: Arquitecto. Titulado en 1853. Trabaja en Zaragoza durante la segunda mitad del siglo XIX. Fue arquitecto provincial, académico de la Real de Nobles y Bellas Artes de San Luis y miembro de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos de Zaragoza. Su obra más conocida es la cúpula mayor del templo de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza que proyectó junto a José de Yarza y que se construyó entre 1866 y 1869. (JESÚS MARTÍNEZ VERÓN. AROUITECTOS EN ARAGÓN. DICCIONARIO HISTÓRICO. VOLUMEN I Zaragoza: Institución «Fernando el Católico», (2000) pag. 44.

2

3 ANONIMO: Informe sobre la Beneficencia provincial de Zaragoza..., Zaragoza, Imp. del Hospicio, 1876, pp. 20-21.

Archivo de la Diputación de Zaragoza, leg. 379, 1881.

4

Archivo de la Diputación de Zaragoza, Cuaderno inventario de este Hospital Provincial, leg. 528, 1887.

5

Archivo de la Farmacia del Hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza. Farmacia. Hospital Provincial. Inventario de los útiles, enseres y productos existentes en este departamento en 30 de junio de 1925.

6

7 Archivo de la Diputación de Zaragoza. Beneficencia. Legajo nº 361. Inventarios del Hospital.

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Farmacia, Medicina e Historia nº2 2018  

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