EXIT
Paisajes silenciosos Silent Landscapes Darren Almond / Thomas Joshua Cooper / Daniel Gustav Cramer / Amparo Garrido / Ori Gersht Josef Hoflehner / Chip Hooper / Nicholas Hughes / Axel Hütte / Tiina Itkonen / Chrystel Lebas / Bart Michiels Eliot Porter / Jorma Puranen / Michael Reisch / Caio Reisewitz / Jem Southam / Joel Sternfeld / Yoshihiko Ueda TEXTOS / ESSAYS: Liz Wells, Georg Simmel, Ralph Waldo Emerson, Immanuel Kant, Arthur Schopenhauer
Todd Hido. 5462, 2007. Courtesy of the artist.
Enigmatic Landscapes Liz Wells
I am in Canberra, Australia, in the midst of a late summer tropical downpour. My apartment is surrounded by trees. The hum of distant traffic is drowned out by the staccato of raindrops cracking against the leaves, and the raucous cries of cockatoos as they swoop and dive from branch to branch. Photographs from the terrace will always bring to mind that particular weekend when cabin fever in the end took me out walking in the rain, tasting the moisture on my lips, hoping that it would stop soon and that the streets would once again be infused with fragrant Eucalyptus.
Photography invokes memories of moments and places, evoking the sensuous through the visual. Photographs operate by analogy, standing in for actual recollection, perhaps enhancing it or re-inflecting particular events to the extent that it can become difficult to distinguish between actual memory and the particular moments isolated through the still image. Photographs are also analogous in that, if a site or view is unfamiliar, we draw upon experiences of similar locations to conjure up the textures, feelings and atmosphere of the place about which a particular story is being told. The environment is not silent. Winds rustle bushes on moors, animals call, sand storms roar across deserts,
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streams trickle from creek to creek, waterfalls crash over rocks, arctic ice moans as it splinters. It is photography that stills the light and silences the landscape. We see form and content, but not movement. We respond to colour, but not to sounds or smell. The incessant song of the cicadas may be drowning out the grinding of farm machinery in the distance or the ripple of water at the edge of a lake, but photographs cannot express this. Even in the Antarctic, a region often referred to in terms of “the great silence”, expeditioners comment on the sounds and smells of colonies of seals or penguins and on the wild screeching of the wind. Artists explore places, researching detail, constructing a sense of terrain, and experimenting with ways of conveying some sense of the magnitude and atmosphere of particular environments. Photography is suited to wanderers, whether meandering, perhaps hoping for an image or experience that will seed a new project, or pursuing purposeful journeys. In some parts of the world great distances have to be travelled; selfsufficiency in the wilderness becomes a matter of survival. Richard Misrach’s publication Desert Cantos (1999) includes an extensive account (by Myriam Weisang Misrach) of his trips into the Nevada desert, living in his van, spending weeks alone out in the area that he is surveying.1 At one level, length of expedition stems from practicalities; distances, time taken searching out locations or scenarios, waiting for the light and shadows that will lend expression to an image. But this
Bill Henson. Untitled #15, 2005-06. Courtesy of the artist and Roslyn Oxley9 Gallery, Sydney.
Caio Reisewitz. Guanabara, 2009. Courtesy of the artist and Luciana Brito Galeria, SĂŁo Paulo.
El mundo como voluntad y representación Arthur Schopenhauer Si nos instalamos en una región muy solitaria, con un horizonte ilimitado, bajo un cielo completamente despejado, con árboles y plantas en un aire quieto, sin animales, sin hombres, sin corrientes de agua, en el más profundo silencio, tal entorno es como una llamada a la seriedad, a la contemplación desligada de todo querer y de su miseria: pero precisamente eso da a tal entorno solitario y quieto un toque de sublimidad. Pues, al no ofrecer ningún objeto, ni favorable ni desfavorable, a la voluntad necesitada de un continuo aspirar y alcanzar, solo queda el estado de pura contemplación; y quien no sea capaz de él quedará vergonzosamente denigrado y a merced del vacío de la voluntad desocupada, del tormento del aburrimiento. Él nos proporciona en este sentido la medida de nuestro propio valor intelectual, del que es un buen criterio el grado de nuestra capacidad para soportar o amar la soledad. El entorno descrito ofrece así un ejemplo de lo sublime en grado ínfimo, ya que con el estado de conocimiento puro, en su tranquilidad y moderación, se mezcla en contraste el recuerdo de la dependencia y miseria de la voluntad necesitada de una continua actividad. Esta es la especie de sublimidad que da fama a la vista de las infinitas praderas del interior de Norteamérica. Si despojamos de plantas ese paraje y mostramos solamente desnudas rocas, la voluntad se angustia directamente debido a la total ausencia de seres orgánicos necesarios para nuestra subsistencia: la soledad adopta un terrible carácter; nuestro ánimo se vuelve cada vez más trágico: la elevación al conocimiento puro se produce con un decidido apartamiento del interés de la voluntad; y al permanecer en el estado del conocimiento puro, aparece el sentimiento de lo sublime. El siguiente entorno lo puede ocasionar en mayor grado. La naturaleza en movimiento tempestuoso; penumbra a través de amenazadoras nubes negras; peñas colgantes enormes y desnudas que cierran la vista al cruzarse; aguas atronadoras y espumosas; soledad total; lamentos del viento que corre por los barrancos. Nuestra dependencia, nuestra lucha con la naturaleza hostil, nuestra voluntad quebrantada en ella, se nos presentan ahora intuitivamente ante los ojos: pero mientras no prevalezca el apuro personal y nos mantengamos en la contemplación estética, el sujeto puro de conocimiento mirará a través de aquella lucha de la naturaleza, de aquella imagen de la voluntad quebrantada, y captará tranquilo, imperturbable e impávido las ideas en los objetos amenazadores y terribles para la voluntad. Precisamente en ese contraste se encuentra el sentimiento de lo sublime. (...) (1818) E X I T Nº 38-2010 114
Nicholas Hughes. Field (Verse III) #7, 2009. Courtesy of the artist, Nailya Alexander Gallery, New York and The Photographers’ Gallery, London.
Axel HĂźtte. Geltenhorn, Schweiz, 2007. Courtesy of the artist and GalerĂa Helga de Alvear, Madrid.
El corazón de las tinieblas Joseph Conrad Yo observaba la costa. Observar una costa que se desliza ante un barco equivale a pensar en un enigma. Está allí ante uno, sonriente, torva, atractiva, raquítica, insípida o salvaje, muda siempre, con el aire de murmurar: “Ven y me descubrirás”. Aquella costa era casi informe, como si estuviera en proceso de creación, sin ningún rasgo sobresaliente. El borde de una selva colosal, de un verde tan oscuro que llegaba casi al negro, orlada por el blanco de la resaca, corría recta como una línea tirada a cordel, lejos, cada vez más lejos, a lo largo de un mar azul, cuyo brillo se enturbiaba a momentos por una niebla baja. Bajo un sol feroz, la tierra parecía resplandecer y chorrear vapor. (…) El cauce era allí angosto, recto, con altos bordes, como una trinchera de ferrocarril. La oscuridad comenzó a cubrirnos antes de que el sol se pusiera. La corriente fluía rápida y tersa, pero una silenciosa inmovilidad cubría las márgenes. Los árboles vivientes, unidos entre sí por plantas trepadoras, así como todo arbusto vivo en la maleza, parecían haberse convertido en piedra, hasta la rama más delgada, hasta la hoja más insignificante. No era un sueño, era algo sobrenatural, como un estado de trance. Uno miraba aquello con asombro y llegaba a sospechar si se habría vuelto sordo. De pronto se hizo la noche, súbitamente, y también nos dejó ciegos. A eso de las tres de la mañana saltó un gran pez, y su fuerte chapoteo me sobresaltó como si hubiera sido disparado por un cañón. Una bruma blanca, caliente, viscosa, más cegadora que la noche, empañó la salida del sol. Ni se disolvía, ni se movía. Estaba precisamente allí, rodeándonos como algo sólido. A eso de las ocho o nueve de la mañana comenzó a elevarse como se eleva una cortina. Pudimos contemplar la multitud de altísimos árboles, sobre la inmensa y abigarrada selva, con el pequeño sol resplandeciente colgado sobre la maleza. Todo estaba en una calma absoluta, y después la blanca cortina descendió otra vez, suavemente, como si se deslizara por ranuras engrasadas. (1902)
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Axel Hütte. Danum Valley, Borneo, 2008. Courtesy of the artist and Galería Helga de Alvear, Madrid.
Índice de artistas
Ansel Adams. San Francisco (EE.UU.), 1902-1984. Figura fundamental en la historia de la fotografía, Adams es conocido sobre todo por sus imágenes del parque natural de Yosemite. Junto con Imogen Cunningham y Edward Weston fundó el grupo f/64 y desarrolló el sistema de zonas, que permite medir la gradación de la luz en la toma de instantáneas. Su habilidad técnica le llevó a ser principal asesor de Hasselblad y Polaroid. Admirador de Paul Strand, fue éste el que le hizo abandonar el estilo pictorialista de sus inicios para adoptar el más vanguardista de la straight photography. Defensor de los animales salvajes, conservacionista y ecologista convencido, sus paisajes del Oeste americano se han convertido en iconos de la cultura estadounidense. Darren Almond. Wigan (Reino Unido), 1971. El tiempo, el concepto de duración y la noción de la memoria histórica son los ejes sobre los que se desarrolla su trabajo. A través de esculturas, fotografías, vídeos e instalaciones, y un innovador uso de la tecnología, sus obras envuelven al espectador en una experiencia temporal en la que sonido e imagen, ambiente y reflexión, relato o sensación, se revelan con una atmósfera cotidiana muy particular. La serie Fullmoon (1998-) plasma remotos y a menudo inaccesibles paisajes a la luz de la luna, usando largos tiempos de exposición para crear imágenes fantasmagóricas que paradójicamente parecen haber sido tomadas a la luz del día. Elina Brotherus. Helsinki (Finlandia), 1972. En sus primeros trabajos intentaba tomar conciencia de su propia vida a través de la realización de autorretratos. En los últimos años, su obra está motivada por la búsqueda de la belleza, y se ha interesado por la relación del cuerpo humano con el paisaje siguiendo la tradición romántica. Brotherus usa la cámara para investigar sobre la relación entre pintura y fotografía en la serie The New Painting, centrándose especialmente en sus trabajos del proyecto Horizon en la división del plano pictórico que proporciona el paisaje. www.elinabrotherus.com Balthasar Burkhard. Berna (Suiza), 1944. Comienza su carrera profesional como fotógrafo en la década de los 70 con detallados estudios anatómicos que le brindan fama internacional. Desde entonces Burkhard ha
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desarrollado diferentes series en torno a temas concretos como los animales (Aile, 1988), los paisajes naturales (Namib, 2000, o Río Negro, 2002) y artificiales (principalmente ciudades, Los Ángeles, 2003). Sus fotografías, sin retoque alguno, suelen ejercer una poderosa apariencia debido a su enorme formato y al empleo del blanco y negro, lo que le permite otorgar una mayor monumentalidad a la imagen. Thomas Joshua Cooper. San Francisco (EE.UU.), 1946. Vive y trabaja en Escocia. Con una trayectoria de más de 30 años, Cooper ha sido el creador de algunas de las imágenes de paisajes más bellas e intrigantes dentro del arte contemporáneo. “Crea” en lugar de “tomar” fotografías, usando una cámara Agfa del siglo XIX y placas de cloruro de plata y oro creadas a medida. Sus representaciones de entornos naturales aislados y remotos, desprovistos de huella humana o animal, no tienen un objetivo documentalista, sino que buscan plasmar algo más allá, una esencia del tiempo y del lugar. Daniel Gustav Cramer. Dusseldorf (Alemania), 1975. Estudió Bellas Artes en el Royal College of Art, Londres. Las obras de Cramer –fotografía, cine, escultura, instalación y collage– son motivados por una poética visual y conceptual que ubica al hombre en su entorno, en relación con el tiempo, el espacio y la emoción. Todo está relacionado en su obra: un diminuto fragmento, el gesto de una mano, un planeta moviéndose por el espacio. Proyectos recientes incluyen The Infinite Library (2007) en colaboración con Haris Epaminonda, un archivo aparentemente arbitrario, en expansión, inspirado parcialmente por Borges, y Trilogy (200310), una serie fotográfica de paisajes. www.danielgustavcramer.com Joan Fontcuberta. Barcelona (España), 1955. Fotógrafo, docente, crítico, teórico y comisario de exposiciones. Ha desarrollado un trabajo fotográfico que se sitúa entre la verdad y la mentira, explorando el papel que la fotografía puede tener en la fabricación de una ficción, de un simulacro. Reflexiona sobre temas como la representación, la memoria, la verosimilitud, lo ambiguo y el trompe-l’oeil, explorando el valor documental y la naturaleza narrativa de la imagen fotográfica. Para Orogénesis (término que se refiere a la formación de montañas) Fontcuberta se ha servido de
Jitka Hanzlovรก. Untitled #17, 2003. Forest series. Courtesy of the artist and Galerie Kicken, Berlin.
E X I T Imagen y Cultura / Image & Culture Revista trimestral / Quarterly Magazine • Año 10 - #38 Mayo / Junio / Julio 2010 • PVP España: 20 Euros