Cultura

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Cultura elCaribe, SÁBADO 25 DE JULIO DE 2020

elcaribe.com.do

Los médicos en en el período de la Restauración

La fiesta en la perspectiva de los cristianos

Yi-yoh Robles, un artista de corazón

El doctor Herbert Stern pasa revista a los médicos que para el período que va de 1863 a 1865, es decir, la Restauración, ejercían la medicina en el país. P.2

Ramón de la Rosa y Carpio habla de la fiesta, de la celebración festiva, y hasta del baile, a propósito del 525 aniversario de la fundación de Santiago. P.9

Nativo de La Vega, se define como un artista desde el viente de su madre y vive el arte con una pasión que lo lleva a usar más los dedos que los pinceles P.10

Víctor Víctor. F.E.

Vitico, Víctor RCA Un artista que vivió su tiempo, cada tiempo, en la música, en el compromiso social, en el quehacer político JOSÉ MERCADER 666mercader@gmail.com

O

í temprano a mi mamá, mientras barría el patio, “…murió el amigo de José… Ellos fueron juntos a Cuba… y Sonia Silvestre también… (se refiere al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes de 1978). El Santiago que le tocó a Vitico en sus primeros años fue tranquilo con su Mercado Modelo limpio, un Hospedaje desordenado pero higiénico y adornado de ma-

riposas nocturnas que bailaban a ritmo de los primeros pericos ripiaos, un Centro de Recreos que danzaba valses y boleros melancólicos y azucarados que quizás se le quedaron a Vitico como un chicle por debajo de su mesita de noche; un monumento que vigilaba doblemente desde los ojos de bronce del Benefactor, en la sima y del Ángel en la cima; un río Yaque de aguas vidriosas y abundantes; un puente de hierro, recuerdo y aporte del “dictador” Heureaux; una calle del Sol que era como un largo museo que exhibía zapatos en vitrinas fabricadas en La Joya y no en Goppion a prueba de manos untadas de grasa

de chicharrón, chacabanas, sombreros canotier o sombreros casabe y unos maniquíes más atractivos e interesantes que cualquier “obra” de Gabriel Orozco; una música de guardia cobrao que solo se oía en raditos de pila eveready que vendían en Kókette. Hasta que llegó a los trece años cuando la gente repletó las calles al grito de “Navidad con Libertad” y las sillas parecían cuervos espantados desde los ventanales del Partido de la calle Generalísimo Trujillo. A Vitico no le valió la “buena educación” de los colegios privados para en-

tender la cuestión de clases sociales. Quizás porque Teresita, su tía, que venía de los mismos estratos, bajó a entregarse a la educación de la chusma que asistía a los liceos públicos. Vitico también bajó, pero no con Geometría. Quizás influenciado por el doctor Rafael Cantisano, el esposo de Teresita, y con una UCMM incipiente sin Medicina, se fue a la capital para seguir lo que casi se volvió una tradición: ser médico. Solo soportó tres años en la UNPHU, porque la musiquita por dentro, que le había inculcado su padre, fue más fuerte. La Guitarra ya estaba comprometida con Bohemia, pero Vitico, cacofónicamente dijo, que no era celoso y formó un triángulo de fidelidad, “hasta que la muerte nos separe”. Empezó a vivir una vida con vainosidad declarada que chocaba con la absurda política de Balaguer de exterminar la flora más fecunda de la dominicanidad: La Juventud pensante. En su Casa de la Cultura Antillana, en la Hostos al lado de la galería de Miñín Soto, se pretendía reunir a la gente en torno al canto, la pintura y la poesía. Ahí realicé mi segunda exposición. No es ni la “mesita de noche”, ni la sillita de guano, ni el caballito de madera, o el niñito envuelto lo que dejó Vitico. Fue su compromiso de militancia por lo justo, fue su indignación por los presos políticos de Balaguer y por su arbitrariedad. Encontró en Sonia Silvestre su acompañante musical para una nueva canción, de contenido poético y de alta esencia social. En Miguel Cocco, Sagrada Bujosa y Mario Velázquez, los compañeros para gritar, para denunciar, para representar a su pueblo anestesiado de mentiras y brutalidad policial después del abril del Coronel. Es como CORECATO que se retoman los vínculos de Máximo Gómez con Cuba, ahora en el plano musical. Es ese contacto cultural que nos hizo crecer como pueblo al darnos a conocer a Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel, Silvio Rodríguez, el Pablo Milanés de entonces, Ana Belén, Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui, Alberto Cortés... todos prohibidos por la trucutidad balaguerista. Y es a través del programa “El Gran Musical” del CORECATO José Enrique Trinidad, más cristiano que Radio Santa María, pero menos que el Cardenal, por donde se difundía todo ese material “de esos comunistas de mierda”. l


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