Cultura

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Cultura elCaribe, Sábado 4 de Abril de 2020

elcaribe.com.do

Visiones de Pigafetta en el primer viaje

El COVID-19 y la necesidad de un cambio

Pamela Rivera ganada por la pintura

Pedro Conde Sturla habla de las narraciones construidas por Antonio Pigafetta durante el viaje alrededor del mundo inicialmente con Magallanes. p.4

Antonino Vidal sugiere que la pandemia provocada por el COVID-19 urge la necesidad de un cambio paradigmático en la sociedad de estos tiempos. p.6

La artista dice que fue progresivamente convenciéndose de que su vocación era la pintura, desde que se inició en el dibujo . p.10

Minga Colón C

José Mercader 666mercader@gmail.com

contra el coronavirus El camino para llegar a donde Minga era muy fácil, porque casi no había casas entre Tamboril y la de ella

Doña Minga le calmó el dolor a cientos de personas que ni siquiera sabían lo que era un médico ni menos un hospital. fuente externa

uando Minga Colón era una jovencita y en España la gripe arrasaba con medio mundo, ella ni se enteró como tampoco sus padres supieron nada de la peste de Italia y menos de la Inquisición en tiempos de Torquemada. Ella nació a finales del siglo XlX (1880) cuando las grandes epidemias eran curadas a base de savias de bejucos, resinas de palos amargos como la retama, semillas molidas, miel y mucho rezo. Solo el que padecía de lepra era aislado, más por el asco que por el contagio. Minga empezó a curar en la época en que a Liborio Mateo lo mataban en San Juan de la Maguana por curandero, brujo y guerrillero, aunque ella nunca lo conoció. Gobernaba el general norteamericano Harry Shepard Knapp y Chicho Bautista Vicini era el parapeto. Mucho antes de que la medicina y la industria farmacéutica se convirtieran en un burdo comercio, existían los curanderos de los campos que tenían la responsabilidad de curar a los pobres con los conocimientos heredados de boca en boca de sus abuelos. Dominga Colón de Muñoz mejor conocida como Doña Minga le calmó el dolor a cientos de personas que ni siquiera sabían lo que era un médico ni menos un hospital. Recuerdo de mi infancia es su casa (que aún sigue de pie), la escuela de su hija Milita que tomó el relevo en la curandería; los conucos aledaños, el pozo de agua de palanca en un patio con una laguna de patos; la cocina con sus pailones para los visitantes que venían de todas partes a lomo de caballo o mulo; el lodo del entorno con cualquier jarina y la farmacia del lado este de la casa y al borde del camino. Don Juan Muñoz era un señor callado, cultivador de tabaco. Procreó con Minga a Milita, Cristóbal, Antonio (el más viejo) y a Rafael que recibió el apodo de Mamaminga cuando era chofer desde Tamboril a Santiago. La hermana de Minga, Ana, no la salvó ningún remedio y no vivió más allá de la adolescencia.


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