Cultura elCaribe, SÁBADO 7 DE MARZO DE 2020
elcaribe.com.do
Los precursores de la cardiología dominicana
Decálogo para los Nuncios del Papa Francisco
Julia Sorgia Castillo y su visión del arte
El doctor Herbert Stern habla sobre los primeros cardiólogos dominicanos, su preparación y la contribución de otros al desarrollo de la cardiología. P.2
Ramón de la Rosa, motivado por la publicación de un libro de Benjamín Rodríguez Carpio, presenta lo que define como un catálogo para los Nuncios P.10
La artista y gestora cultural Julia Sorgia Castillo Mejía habla de sus motivos para pintar y sobre sus ideas sobre el papel del arte en la sociedad P.11
MARCOS RODRÍGUEZ mrodriguez@elcaribe.com.do
A
Estas ruinas tienen una carga histórica significativa para Azua, pues justamente ahí germinó esta provincia. . DANNY POLANCO
Las ruinas de Pueblo Viejo Los comunitarios exigen al Ministerio de Cultura apoyo para resguardar este espacio, que data del siglo XVI
diferencia de varios espacios que forman parte del patrimonio monumental de República Dominicana, que en cierta medida se encuentran protegidos y acondicionados por las autoridades, las ruinas de Pueblo Viejo, provincia Azua, están sumidas en el descuido y la arrabalización. En medio de excremento humano y de animales, desechos sólidos, y parcialmente cubierta por la vegetación, estas ruinas son el rastro de lo que era la antigua villa de la ciudad de Azua, conocida históricamente como la villa de Compostela de Azua, cuyos espacios más importantes fueron la Iglesia y el Convento de las Mercedes. La villa fue fundada en el año 1504, cerca del Mar Caribe, en el puerto que Cristóbal Colón había bautizado como Puerto Escondido, en las cercanías del pueblo taíno llamado Azúa, de acuerdo con registros históricos. El historiador István León-Borja recoge que la villa debe su nombre de Compostela a unos terrenos, próximos al poblado Azúa, que pertenecían a un natural español de nombre Gabriel Varela, conocido como el Gobernador Gallego por ser originario de un pueblo cercano a Santiago de Compostela, en Galicia. La historia registra que la villa al principio era un conjunto de bohíos de madera y calles de tierra con dos iglesias parroquiales. Para 1514 se reporta que la iglesia ya había sido construida con madera y materiales vegetales, ese desarrollo se debía a la producción de azúcar de caña. Ya para 1533 había cinco ingenios azucareros en las proximidades de la villa. El sociólogo cubano José Antonio Saco apunta en su libro “Historia de la esclavitud de la raza africana en el nuevo mundo y en especial en los países américo-hispanos” que entre 1530 y 1545 esta villa fue objeto de ataques e incendios provocados por corsarios franceses, que si bien causaron estragos, las edificaciones más importantes no fueron destruidas. Para la época, la villa, por su repercusión, se consolidó como el asentamiento más próspero de toda la región sur, y a la vez el lugar de paso obligado para los viajeros que se dirigían a la ciudad de Santo Domingo. l