Cultura

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Cultura elCaribe, SÁBADO 30 DE NOVIEMBRE DE 2019

elcaribe.com.do

La boleta electoral: luces y sombras

Plantea un plan de salvamento de Haití

El pintor Juan Mayí: su visión sobre el arte RD

Floralba Jiménez presenta un panorama de la evolución de la boleta electoral en la historia de la democracia dominicana. Aquí la primera parte P. 7

El intelectual Pedro Delgado Malagón presenta un plan de salvamento de Haití coordinado por la comunidad internacional. P.15

Durante una conversación con María E. Pérez Roquez el pintor Juan Mayí habla de sus inicios, de su formación y su perspectiva en el arte P.11

Jacinto Domínguez. FUENTE EXTERNA

JOSE MERCADER 666mercader@gmail.com

E

n el 1903, según el censo de la presidencia de Carlos Morales Languasco, la ciudad de Santiago contaba con 12 cocheros, 13 dementes, 2 ciegos, 15 pordioseros y un pintor al óleo que no puede ser Juan Bautista Gómez, puesto que este estaba en Francia y regresó en el 1920. Tampoco puede ser Yoryi, quien nació en el 1906. Ese censo-inventario se mantuvo casi inalterado para el 1935 cuando a Jacinto Domingo lo sacó una comadrona del vientre de su madre. Aunque el progreso de la ciudad fue considerable fruto de la escobita nueva del flamante pichón de dictador que era Trujillo con cinco años en el poder, las artes eran simples destellos. Ese progreso se manifestó principalmente en el comercio, en las importaciones y en la estricta política

El cubismo de Jacinto Domínguez El cubismo de Domínguez es suave, light, no un descuartizamiento de las figuras como hizo Picasso o Braque

en las instituciones públicas por el miedo que ya empezaba a manifestarse. En el sector privado por aquello del ojo del amo que engorda al caballo. Pero en materia de arte, Santiago seguía como sigue hoy, con una pobre propuesta y un atraso que empujaría a los principales artistas a refugiarse en un sueldito de profesor, siguiendo el camino del propio Juan Bautista Gómez y luego de la mano de su alumno Jorge Morel, Yoryi. Jacinto Domínguez no escapó a esa situación y aprovechó las lecciones de esos maestros dedicados a la enseñanza, porque de la venta de sus cuadros se moriría de hambre. Fueron pocas las familias adineradas que tuvieron una cultura como para apreciar, valorar y adquirir una obra de arte, actitud que aumentó con el paso del tiempo, hasta hoy. Con la cantidad de construcciones y la ley que obliga a que se incluyan obras de arte en ellas, faltarían artistas. La llegada en el 39 de los artistas del paquete de refugiados los obligó a trabajar en la recién formada Escuela Nacional de Bellas Artes. Dos artistas de ese grupo marcarían la sólida formación de Jacinto siendo un carajito: las lecciones de Antonio Prats Ventós y de José Vela Zanetti. Hay que decir que Zanetti, cuando llegó aquí, era muy joven y consiguió la oportunidad de oro de realizar los primeros murales de la Era, idea que se ancló desde que José Vasconcelos, ministro de Educación de México, inculcara a las autoridades e intelectuales de la cúpula del régimen tales ideas. La habilidad y atrevimiento de Zanetti fue bien utilizada en el Palacio Consistorial de Santo Domingo, en el Banco de Reservas, en la Iglesia de San Cristóbal, en la Casa del Castillo y cuando se le llamó a apurar la decoración de los edificios de la Feria de la Paz, tuvo que apoyarse en nóveles pintores. Es ahí cuando las manos de Guillo Pérez y Jacinto se engrandecen, aunque a la sombra del maestro catalán. En 1955, concluidos los murales a los edificios principales construidos por el arquitecto Guillermo González, Jacinto regresa a Santiago, que, aunque pequeña, gozaba de una armonía y limpieza envidiable, y que a pesar de ser más reducida y no tener mar, se ganó el título de segunda ciudad de importancia del país por encima de Puerto Plata. Obviamente, eso estuvo relacionado con el tabaco, el ron y otros productos agrícolas. l


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