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DIÁLOGO TRANSFRONTERIZO

PROTECCIÓN DE ECOSISTEMAS

EL ENCUENTRO DEL GRAN CARIBE

LA NATURALEZA NO CONOCE FRONTERAS

ARISE SEAFLOWER

CRÓNICA DE UN DOCUMENTAL

RADAR

III FESTIVAL DE NAVEGACIÓN DEL CARIBE

El periódico de San Andrés y Providencia G R E A S N P SE EC A IA FL L O W ER

Año 09 - Nº 180 - Septiembre 2021 - Circulación Regional - Valor: $2.000 Pesos - www.elisleño.com - Tel: (57-8) 512 7981 - San Andrés Islas, Colombia - ISSN 2339-4463

ONE SEA, ONE FUTURE...

EL GRAN ENCUENTRO CARIBE


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¡Por la vida en Seaflower! Porque la Reserva de Biosfera la hacemos todos con nuestras acciones, día a día...

¡Que nuestras acciones sean siempre limpias! Trash Busters... 25 años limpiando el camino


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La importancia de gestionar la Reserva Seaflower como un ecosistema transfronterizo

La naturaleza no conoce fronteras

La designación de la Reserva de Biosfera Seaflower, realizada por la Unesco en el año 2000, a la totalidad del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, dadas las particularidades sociales, económicas y ambientales que ostenta, así como la importancia de conciliar la conservación de la biodiversidad con su uso sostenible, el desarrollo económico, la investigación y la educación en ese territorio, ha sido considerada desde entonces un desafío para la gestión ambiental del país. do en cuenta tres grandes necesidades:

Por Juliana Hurtado Rassi

A lo largo de los años se han diseñado e implementado diferentes planes de manejo ambiental, se han establecido diversas áreas de protección especial, como el Área Marina Protegida Seaflower, que corresponde igualmente a la totalidad del Archipiélago; asimismo, se ha intentado instaurar un modelo de desarrollo sostenible que desafortunadamente no se ha materializado de una manera integral. Todo lo anterior ha permitido que, a pesar de las dificultades que se han presentado a lo largo de los años, las políticas ambientales diseñadas para este ecosistema estratégico hayan conducido a que ese lugar ostente unos aceptables estándares de conservación de los recursos naturales. Igualmente, se debe señalar que a nivel departamental se han desarrollado estrategias ambientales, sociales y económicas que han contribuido a que el lugar, tal y como lo requiere la Unesco, sea considerado un sitio de apoyo para la ciencia al servicio de la sostenibilidad, destinado a conciliar la conservación de la biodiversidad y la actividad humana mediante el uso sostenible de los recursos naturales. Sin embargo, las consecuencias de

a) La importancia de tener como eje rector las ‘Recomendaciones de Pamplona 2000’, para el establecimiento de las RBT, es decir, los componentes principales para asegurar que se conserven las características que hacen de este ecosistema una reserva de biosfera, las medidas recomendadas para su funcionamiento y los aspectos básicos para el diseño de un mecanismo institucional. la decisión tomada por la Corte Internacional de Justicia de la Haya en el año 2012, y la desafortunada respuesta del Gobierno Nacional a esta coyuntura, ha conducido al constante deterioro de esta reserva de biosfera, reconocida a nivel mundial por la importancia que reviste para la región Caribe, la protección de los ecosistemas marinos y la preservación de los servicios ambientales que este lugar brinda, especialmente a las comunidades de las islas, así como a toda la humanidad en general. Este escenario de inseguridad resultante de la decisión judicial anteriormente mencionada, ha supuesto que la reserva de biosfera Seaflower enfrente una serie de consecuencias de índole social, económica y ambiental que, con el paso del tiempo, de no establecerse un trabajo conjunto entre

Colombia y Nicaragua, serán casi imposibles de remediar. En este sentido, el libro ‘Gestión conjunta de ecosistemas transfronterizos: la importancia del trabajo articulado entre los Estados para la conservación de los recursos Naturales. Análisis del caso particular de la reserva de biosfera Seaflower’ , plantea como solución a esta situación el diseño de una herramienta de gestión conjunta entre ambos países, que permita que este ecosistema, ahora transfronterizo, sea protegido y preservado por ambos estados. La estrategia de gestión conjunta de este espacio, ahora Reserva de Biosfera Transfronteriza (RBT), en caso que Nicaragua acepte continuar con su designación de ecosistema transfronterizo, se debe diseñar entre ambos países tenien-

b) La necesidad de que se cumplan los tres objetivos para estos ecosistemas, es decir, políticas articuladas de conservación, estrategias conjuntas de investigación y educación, y diseño de un modelo de ordenación del territorio que garantice el desarrollo sostenible del lugar. c) Una serie de aspectos específicos que se aplican para este caso particular, entre ellos, evitar un retroceso en el nivel de protección y conservación que Colombia ha buscado garantizar (principio de no regresión), continuar con el cumplimiento de los compromisos e instrumentos internacionales (Convenio del Gran Caribe, de Biodiversidad, metas Aichi y los Objetivos de Desarrollo Sostenible). Igualmente, poner en marcha la estructura administrativa conjunta


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que se encargará de hacer cumplir este mecanismo en el que se debe tener en cuenta la importancia de una institucionalidad ambiental y fronteriza robusta, un órgano máximo que tome decisiones, así como la imprescindible y siempre necesaria participación de la comunidad. Los conflictos políticos entre, o dentro de los estados no deberían ser jamás la razón de la degradación ambiental. La protección de los recursos naturales debe estar por encima de cualquier problema o desacuerdo social. Dentro de las enseñanzas que nos debe dejar la situación vivida como consecuencia de la Covid-19 y del huracán Iota, es la necesidad de la cooperación internacional, del trabajo articulado entre los países, así como entre las diferentes instancias de un mismo Estado, para lograr mejores resultados que perduren en el tiempo. Para finalizar, es importante establecer como principio rector que la naturaleza no conoce fronteras políticas; y la conectividad de los ecosistemas, así como el relacionamiento de las especies no distingue diferencias sociales, políticas ni culturales. Es este el momento de pensar en la protección y conservación del medio ambiente y los ecosistemas de manera global, con la firme convicción de que para tener un mundo justo y en paz es preciso empezar por garantizar la justicia ambiental. Bióloga de la Universidad de los Andes. Especialista en Manejo Integrado del Medio Ambiente de la misma Casa de Estudios. Magíster en Derecho con énfasis en Derecho de los Recursos Naturales de la Universidad Externado de Colombia. Especialista en Gerencia del Medio Ambiente y Prevención de Desastres y Magister en Gestión y Evaluación Ambiental de la Universidad Sergio Arboleda. Doctora en Derecho de la Universidad de Zaragoza, España, con la tesis cum laude titulada Gestión conjunta de ecosistemas transfronterizos: la importancia del trabajo articulado entre los estados para la conservación de los recursos naturales. Análisis del caso particular de la Reserva de Biosfera Seaflower”. Actualmente hace parte del grupo de investigadores del Departamento de Derecho de Medio Ambiente de la Universidad Externado de Colombia. 1

Gestión conjunta de ecosistemas transfronterizos: la importancia del trabajo articulado entre los estados para la conservación de los recursos naturales. Análisis del caso particular de la Reserva de Biosfera Seaflower” 2020. Universidad Externado de Colombia. ISBN: 978-958-790-438-3. 2

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Urge un diálogo transfronterizo y plurinacional

El gran encuentro Caribe

Cada día cobra más fuerza la denominada iniciativa ‘Gran Seaflower’, que busca un acuerdo transfronterizo para la conservación de la Reserva de Biosfera Seaflower, además del empoderamiento de los pueblos creole, hermanados por historias y costumbres comunes a lo largo y ancho del Caribe suroccidental. Por Billy Lunazzi Celis La idea principal de la propuesta, socializada en San Andrés por la fundación Franz Weber (FFW) – generador de ideas y dinamizador de diálogos ya principiados– en 2019, junto a investigadores locales y líderes raizales, es buscar que se saque a la naturaleza de los diferendos limítrofes o políticos; que se aparte de las discusiones demarcatorias.

Mucho más que mar y territorio

En tal sentido, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró como reserva de biosfera en el año 2000 al archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Si bien el corazón de ‘Seaflower’ está en el maritorio colombiano, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Jamaica tienen alta influencia en ella.

“Si nos metimos de lleno y de corazón por la RBS, es porque hay gente habitando esta zona, un pueblo creole, una colectividad ecológica que no tiene ninguna otra región y porque somos optimistas en creer que los gobiernos se pueden sentar a hablar en torno a lo que llamamos ‘Gran Seaflower’ (...) Para ello necesitábamos un diagnóstico, y no lo íbamos a hacer nosotros, venidos del continente colombiano o de Europa, sino con las personas que residen allí; aquellos que han vivido por más de 400 años en las islas y han cuidado del territorio”, explicó el coordinador.

Es por ello, que urge crear alianzas de alto nivel entre Colombia y estas naciones del Caribe, para enfrentar juntos los desafíos que amenazan la salud ecológica de la región y de su gente.

Mateo Córdoba, sociólogo y coordinador de FFW en Colombia, asegura que la Reserva de la Biosfera Seaflower (RBS) es el lugar marino-costero con mayor biodiversidad del hemisferio occidental. Pero adicional a este valor ambiental, se trata de una región habitada por una diversidad de personas e identidades étnicas transfronterizas.


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Por lo anterior, la FFW se acercó a gestores raizales como Dilia Robinson, Walt Hayes y Kent Francis, entre otras personas y colectivos, para entender la problemática del Departamento y conocer las opiniones del Pueblo Étnico ancestral. Igual metodología también se ha adelantado con el pueblo creole que habita en Honduras, Jamaica, en Corn Island (Nicaragua), Limón (Costa Rica) y en Bocas del Toro (Panamá). La voluntad –asegura Córdoba– de sentarse a hablar sobre naturaleza, conservación y bienestar social aun teniendo diferendos limítrofes, ha sido notable en los representantes de los países a los que se han acercado. “Sería una torpeza no hacerlo, porque con la pandemia, por ejemplo, nos dimos cuenta qué pasa cuando aplazamos los diálogos y debates”, recalcó. Mirada en la RB Seaflower Según explicó Córdoba, la motivación principal de la organización, fue el hecho de que, siendo colombianos varios de sus miembros y habiendo viajado tantas veces al archipiélago, al igual que un alto porcentaje de visitantes extranjeros, ellos desconocían qué era la RBS y lo que significa estar en una isla como San Andrés. Al reconocer su valía y dada su experiencia internacional, la fundación Franz Weber propuso un manejo transfronterizo de la reserva en pro de tomar decisiones multilaterales urgentes para salvar la biodiversidad que aún habita en esta ‘Gran Seaflower’. De ahí nació esta idea, que ha venido siendo socializada desde 2019 con los actores y países ‘vecinos’ de la reserva porque la armonía con la naturaleza en esta área marinocostera crucial sólo puede lograrse mediante un consenso regional. “La crisis del covid-19 nos ha mostrado que no importa si yo cuido bien mi parcela; si el vecino lo está haciendo mal, tarde o temprano los dos vamos a terminar en cuarentena. Por eso la petición a los países del Caribe suroccidental es:  escuchen a la naturaleza y continúen los diálogos en estos temas prioritarios, por el bien de todos”, recalcó el coordinador.   Al respecto, FFW extiende un alto reconocimiento principalmente a

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la Autoridad Raizal del archipiélago, por toda la colaboración e interés en esta gran iniciativa; y a todas las organizaciones que se han unido a este esfuerzo. Algunas de ellas son: Help 2 Oceans Foundation, Blue Indigo Foundation, R Youth, y Green Moon Foundation, en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Y en otros países, el colectivo científico Pelagos y el Centro de Investigaciones del Mar (Costa Rica); Healthy Reef (Honduras); y la Asociación Nacional de Conservación (Panamá). Adicionalmente, la iniciativa ha sido socializada, entre otras entidades, con la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Archipiélago (Coralina) y el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (Invemar). El propósito esencial es evitar un colapso ambiental en el Caribe. De lo contrario, a futuro estaríamos hablando solamente de agua y mar, lo que implicaría hambre para los pueblos, fuerte caída del turismo en esta zona del planeta, desaparición de una cultura íntimamente ligada a los ecosistemas marinos y, por supuesto, unas crisis inmensas para sus gobiernos. “Aun cuando sabemos que es una tarea ardua, las decisiones políticas están en un punto tan trascendental en la historia de hoy, que tienen que tomarse con desprendidos razonamientos y profundos argumentos científicos, al menos, si hablamos de naturaleza”, concluyó Córdoba. ¿Qué es la Fundación Franz Weber? Esta organización fue creada en 1975, por el destacado protector medioambiental suizo Franz Weber. Desde sus inicios a la fecha, promueve campañas que buscan un nuevo relacionamiento, armónico y respetuoso, entre el ser humano y la naturaleza; y que reconcilie dos mundos que llevan décadas separados: la ciencia y la política. La fundación extiende puentes de diálogo, en procura que esos dos mundos dejen de estar tan lejos, en beneficio de la gente, los ecosistemas y de todas las formas de vida en el planeta. Para conocer más detalles de esta iniciativa, visite: www.granseaflower.com


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Por el reconocimiento y la memoria histórica de las islas

Maestros Raizales

Desde el año 1999 que la Universidad Nacional (U.N.) de Colombia, Sede Caribe, creó la Maestría en Estudios del Caribe, apuntó a la formación de profesionales capaces de contribuir desde su liderazgo a las diferentes problemáticas relacionadas con el Gran Caribe, el Caribe continental colombiano y nuestro Caribe insular. (Redacción) Por medio de la investigación en aspectos económicos, históricos, sociales, culturales y ambientales, este programa ha realizado importantes contribuciones para identificar y solucionar problemas de esta región, y de manera especial en San Andrés, Providencia y Santa Catalina.   Así lo indicó la institución de educación superior, agregando que el programa académico, con más de 20 años de existencia, no sólo ha logrado fortalecer las capacidades académicas y científicas del territorio insular, sino que ha logrado despertar en sus 40 egresados un pensamiento crítico, teniendo como punto de referencia el origen y memoria que marca el presente en nuestra condición de insularidad.   Lo anterior les ha permitido a los magísteres, encontrar respuestas y dar significado a interrogantes sobre nuestras realidades como habitantes del Archipiélago y sus aportes, se han divulgado a través de diferentes canales de comunicación como revistas, seminarios, conferencias y colectivos, que han sido de gran importancia para que los diferentes actores que trabajan en y por las islas, puedan tomar de referencia estos hallazgos.   Aportes relevantes   Esta Maestría ha creado igualmente, importantes espacios de discusión y diálogo para avanzar en apuestas comunes y en el encuentro de saberes, para dar solución a diferentes problemáticas de relevancia en la región. Entre esos espacios se destacan el Congreso Internacional de Estudios Caribeños, la Asociación de Estudios del Caribe y el Simposio de Historia del Archipiélago, entre otros.   La docente Raquel Sanmiguel Ardila, destaca que las tesis desarrolladas por los estudiantes se enmarcan generalmente en los grandes ejes temáticos en que se fundamenta la Maestría.   “La geohistoria, las correspondencias del ser humano con el medio ambiente, la cultura, la economía y las relaciones internacionales, hacen que los estudiantes puedan

pensar las islas a partir de muy diversos aspectos y a partir de problemas que les atraviesan. De esta manera, comprender las raíces culturales, el devenir histórico, las lenguas; los retos económicos, sociales, políticos y culturales, del ayer y los del hoy; los retos de vivir la multi e interculturalidad; puede permitirles proyectar su quehacer profesional con mayor pertinencia y conocimiento”, explicó.

Orgullo Raizal   Cabe destacar que, en la última ceremonia de graduación de la Maestría, en el presente año, todos los estudiantes que recibieron el título académico eran raizales. Entre estos se destacó Julia Martínez Reid, quien explicó sus motivaciones para estudiar este programa.   “Me parece que es una maestría

muy bella, porque muchas veces nos preguntamos ¿Quiénes somos?, y estos estudios de posgrado nos permiten reconocernos como caribeños, como negros, como raizales. Por lo menos a mí, me ayudó a reforzar mucho estos conceptos”, dijo. Martínez Reid –una reconocida soprano de las islas– realizó su tesis, basada en el proceso de reconstrucción de la memoria po-

lítica de los raizales frente a la ‘colombianización’ del Estado en 1912, cuando las islas de San Andrés y Providencia fueron declaradas Intendencia Nacional. Igualmente, Graybern Livingston Forbes también se convirtió en magíster en Estudios del Caribe, y compartió los aportes hechos con su tesis ‘El Puerto Libre y sus efectos sobre el territorio y la territorialidad del Pueblo Raizal, el caso

de North End, 1953 - 1991’. En dicho trabajo, presenta varios análisis y reflexiones sobre lo que sucedió en el territorio étnico. “Mi tesis fue un análisis sobre los procesos que se generan en los territorios cuando se emplea un modelo económico de corte neoliberal; en este caso, el despojo del Pueblo Raizal en el sector de North End, y esto, articulado a temas de institucionalidad y percepción sobre el territorio de orden económico y político”, resaltó. Finalmente, Omar Abril Howard, también realizó aportes investigativos con su tesis: ‘Conocimiento tradicional en la construcción de la embarcación lanch en las islas de Providencia y Santa Catalina’, cuyo eje principal fueron los procesos creativos que responden a los aspectos culturales del Departamento y cómo éstos son susceptibles a ser replicados y conservados.   De esta manera, se aborda la creatividad desde un eje sociocultural, económico, ambiental y económico, en relación a una embarcación endémica que se encuentra en Providencia.   Por todo lo anterior, y orgullosa de los logros obtenidos con este programa académico, la directora de la Sede, Adriana Santos Martínez, resaltó la importancia de esta formación para los estudios del Gran Caribe y para comprender la realidad diversa y compleja de la región.   “Este programa es fundamental, porque nos abre un panorama para conocer esa dimensión geopolítica, histórica, económica, social y ambiental; y eso es una manera maravillosa que nos permite dar nuevas miradas, hacer propuestas sobre los territorios y conocer las diferentes posturas. Es una gran oportunidad”, manifestó la también docente y bióloga marina. De esta manera, la U.N. de Colombia, Sede Caribe, ratifica su compromiso con las islas para fortalecer las comunidades académicas del Caribe y aportar desde diferentes ámbitos a la solución de problemas en la región.


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Un gran reto ante el cambio climático

¿Qué les está pasando a los corales? Siempre hemos presentado con orgullo a Seaflower como la tercera formación de coral más grande del mundo. Aunque los arrecifes coralinos solo cubren menos del 0.1% de los fondos oceánicos, se consideran los ‘bosques del mar’ que sostienen el 25% de todas las especies marinas, brindándoles refugio y alimento. Los principales constructores de arrecifes en el Mar Caribe incluyen varias especies del género ‘Acropora’ (corales ramificados) y ‘Orbicella’ (corales de roca incrustantes). Hoy en día existen 70 especies conocidas en El mar Caribe es epicentro mundial de la vida marina, en buena medida por sus corales; pero esa riqueza ambiental hoy está gravemente amenazada. Las amenazas directas a los ecosistemas del mar Caribe, incluyen una alarmante casi extinción de especies como el erizo de espina negra o el pez loro, guardián del coral. El blan-

queamiento de corales, que es como un cáncer para estas especies, está dejando vastas extensiones de arrecifes vulnerables a microbios y débiles ante las corrientes. Un huracán de menor categoría puede fácilmente arrancar un arrecife completo de corales enfermos. Además, el pez león del Pacífico, una especie depredadora voraz sin enemigos naturales, está causando estragos entre las especies de peces; poniendo en peligro incluso la seguridad alimentaria de quienes depen-

den de la pesca en Seaflower. Por otro lado, el mar Caribe está sufriendo lo que podríamos denominar el ‘florecimiento’ de grandes algas marinas, que al multiplicarse cubren grandes extensiones de la superficie del agua, ahogando a los corales. Estas algas se llaman ‘sargazo’, seguramente las ha visto en nuestras

playas como un tapete rojo sobre el agua en ciertas temporadas del año. Ellas liberan nutrientes y componentes químicos que oscurecen grandes extensiones del mar y disminuyen la penetración de la luz. Es una muerte lenta para los corales. La comunidad científica ha detectado recientemente brotes letales de enfermedades de los corales. Parecen tener todas las formas, tamaños y colores, pero el conocimiento de sus causas, vías de transmisión y

desencadenantes de brotes aún es muy limitado. La rápida propagación de esta enfermedad, observada por primera vez durante la década de 1970 y que afectaba a los corales del género Acropora, y se le denominó ‘banda blanca’. Se estima que casi el 80% de las poblaciones de coral ‘cuerno de alce’ y coral ‘cuerno de ciervo’ se

perdieron durante este evento. Además de esas enfermedades, una de las grandes amenazas para los corales es la sobrepesca, es decir, el agotamiento de las especies de peces que actúan como guardianes de los arrecifes. Una de las más afectadas son los peces loro, que han sido blanco de malas prácticas de pesca en el Caribe durante varias décadas. La importancia de los peces loro radica en su forma de alimentarse, ya que éstos pastan las algas que com-

piten con los corales por la luz; por lo tanto, su ausencia en las aguas del Caribe incrementa las amenazas que enfrentan los arrecifes de coral. La carne del pez loro se sigue vendiendo en zonas del Caribe y cada vez es más raro ver individuos adultos en inmediaciones del archipiélago. Estas amenazas que sufren los corales de Seaflower, son las mismas en

varias partes del mundo. Los ciclones tropicales suelen arrancar los corales que no están en buen estado y puede significar un peligro para arrecifes completos, como fue el caso de varias colonias de coral en Providencia tras el paso del huracán Iota. Estas enfermedades, los huracanes y la sobrepesca son problemas que no conocen de fronteras, y así mismo debemos enfrentarlos. Porque los pueblos del Caribe que comparten el mar también comparten un mismo futuro.


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“Los ecosistemas de Seaflower son la base de nuestro sostenimiento”

Relaciones fraternales

A propósito de las relaciones no solo comerciales, sino también históricas y de hermandad, que por siglos ha sostenido la etnia Raizal con el Pueblo Creole del Caribe occidental, EL ISLEÑO entrevistó al pastor Alberto Gordon May, presidente de la Autoridad Raizal, para conocer sus impresiones frente a este tema y el de la Gran Seaflower. ¿Cómo están las relaciones del Pueblo Raizal con los pueblos creoles de los países vecinos? El Pueblo Raizal siempre ha mantenido relación fratenal con éstos, hacen parte de la dinámica social y cultural nuestra, en unos periodos más fuertes que en otros. Vale recordar que hace décadas éramos un solo Archipiélago y nos une la historia, la cultura y la lucha por la existencia. A pesar que estos lazos no son fortalecidos por el Estado o no se generan en forma permanente estos espacios, continuamos relaciones con algunas comunidades más que otras, por afinidad, cultura y hasta por parentesco. Como Autoridad, es nuestro deber continuar fortaleciendo estos lazos y enseñarle a las nuevas generaciones su importancia. En las últimas décadas, el Caribe ha sido una región

de disputas limítrofes entre Estados ¿Cómo se entiende esta situación desde la Autoridad Raizal? Hemos estado muy pendientes de los diferentes procesos aunque nuestra participación ha sido muy limitada; sin embargo, en algún momento la defensa colombiana contó con profesionales raizales. Sería importante que nos vinculen más estrechamente y que estemos mucho más al tanto de las acciones que adelanta el Gobierno nacional. ¿Quién más que su propio pueblo para defender su territorio y maritorio?

¿Qué implicaciones tiene, tanto para la población del Archipiélago como del Caribe Suroccidental, pasar de Seaflower a la Gran Seaflower? Es un reto grande, pero lleno de oportunidades no sólo para nosotros como Pueblo, sino como país. Colombia siempre se ha destacado como nación andina; está muy bien por su naturaleza, pero tiene dos hermosos océanos y mares desaprovechados. Así que sería una oportunidad enorme, para repensar algunas políticas y mecanismos de desarrollo y conservación como país. El futuro no está en la segregación, sino en la unidad, sobre todo por la responsabilidad que tenemos como pueblo frente a los benef icios que nos brinda nuestro territorio marino. ¿Qué tan importantes son para el sustento de la población Raizal, los ecosistemas de Seaflower?

Son 100% importantes y son la base de nuestro sostenimiento. La relación del Raizal con su mar es única; está en toda la cadena no solo económica y social, sino también cultural. A pesar que como Pueblo hemos sido desplazados en algunos sectores económicos, la pesca, la navegación y ese vínculo con el mar, en especial, se conservan; y es un elemento que debemos no solo mantener sino desarrollar en forma sostenible. ¿Cuál es la posición de la población Raizal frente a la protección ambiental de la Reserva de Biosfera Seaflower? La declaratoria fue un paso y un triunfo de nosotros como raizales. Fuimos la primera reserva de biosfera del país y fue el resultado de nuestro trabajo, no de una política de Estado; ello se dio luego y está bien. Pero somos conscientes que necesitamos una sinergia entre Pueblo, Estado y sector privado, para mantenerla y posicionarla. Es un tema que debe permear no solo la institucionalidad, sino a toda la comunidad en general.


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“Lazos comerciales entre San Andrés y Costa Rica son muy positivos”

Auspiciosa apertura

A propósito del encuentro que se llevó a cabo el pasado mes de julio en Costa Rica, entre el Gobierno Departamental, entidades comerciales del archipiélago y varios estamentos costarricenses, Jennifer Yepes, presidenta ejecutiva de la Cámara de Comercio de San Andrés, dialogó con EL ISLEÑO para dar un parte de este acercamiento binacional que comenzó hace más de un año. adicional a la oportunidad de finiquitar encuentros con éste y otros países de Centroamérica”, comentó la ejecutiva.

A partir de la emergencia sanitaria que conllevó al cierre de las islas por meses, afectados la economía, el turismo y el abastecimiento de alimentos y otros productos, la Cámara de Comercio empezó a estudiar varias posibilidades en pro de mejorar estas falencias. “Teníamos todas las puertas cerradas y comenzamos a mirar a quién teníamos a nuestro alrededor; y precisamente era Centroamérica, con quienes ancestralmente habíamos tenido negocios y nos proveyeron en algún momento productos de la canasta familiar y otro tipo de bienes y servicios”, explicó la ejecutiva. Costa Rica provee actualmente alimentos y materiales de construcción al archipiélago. En ese sentido, San Andrés tiene varias oportunidades comerciales y económicas para abaratar su canasta familiar, tema que fue revisado durante el encuentro y que ya se venía concretando desde el 2020, tras haberse firmado un convenio entre ambas las cámaras de Comercio. Sin embargo hay muchas más oportunidades comerciales para explorar entre ambas regiones, por ejemplo, en el ámbito del turismo. Desde el punto de vista comercial, históricamente entre Costa Rica y el archipiélago de San Andrés se han desarrollado negociaciones y acuerdos, razón por la cual aún se viene manejando esta ruta que provee mercancía y materiales periódicamente. “Sin embargo, no habíamos visto la necesidad de explorar qué más tenían para ofrecer los demás países fronterizos o islas cercanas; no habíamos estudiado la posibilidad qué otras negociaciones podíamos hacer o qué otros acuerdos nos podrían beneficiar”, añadió Yepes.

Por lo tanto, además de conciliar convenios comerciales en materia de alimentos, productos y servicios con Costa Rica, la Cámara de Comercio está proyectando acercamientos con Panamá y El Salvador en torno a experiencias deportivas. “Estamos adelantando varios temas para desarrollar encuentros en el tema cultural. Es así que, como entidad, estamos desarrollando un proyecto con el clúster de música ‘kriol’, para lograr la internacionalización de nuestra cultura a través de la música”, indicó. Beneficios en doble vía Para el próximo año, se tiene previsto realizar un primer intercambio con Costa Rica, así

que la entidad se encuentra trabajando bastante para incrementar la oferta de servicios; y para que San Andrés pueda, no sólo exportar productos, sino que también importarlos y abaratar así los precios de la canasta familiar. Como se comentó anteriormente, este proceso lleva cerca de un año, pues, durante los primeros meses de pandemia, la Cámara de Comercio propició encuentros entre posibles compradores y vendedores de la nación ‘tica’ y empresarios sanandresanos. El resultado de ello, es que varios comerciantes tienen ya negociaciones en curso para poder traer productos. “Estábamos pendientes de algunas actualizaciones, como el registro Invima y otras en cuanto a la ruta y tarifas. Pero con esta reciente visita y con el apoyo de la Embajada en Costa Rica, la Cancillería y ProColombia, pudimos acelerar estos trámites un tanto dispendiosos para poder cerrar negocios y seguir haciendo esas importaciones que tanto necesitamos;

Yepes considera que el proceso va por muy buen camino y que, de lograrse otro encuentro bilateral antes de fin de año, los frutos serán muy positivos porque abriría oportunidades de negocios con otros países, teniendo como epicentro a San Andrés. “Estamos buscando, por todos los medios, que la vida en San Andrés sea menos onerosa; además de ampliar las oportunidades comerciales para quienes vivimos acá. La pandemia nos enseñó que tenemos que identificar con claridad las debilidades y fortalezas de nuestra economía y partiendo de esa premisa es que hemos venido trabajando, buscando abrir nuevas oportunidades”, agregó. Dichas oportunidades, por ejemplo, les estarían brindando otros medios económicos a los comerciantes que se vieron perjudicados durante la emergencia sanitaria, ya sea renovando o emprendiendo una nueva línea de negocio en pro de la estabilidad económica del Departamento. A manera de conclusión, Yepes calificó el encuentro como muy positivo desde varios aspectos, anticipando reuniones programadas con representantes de la Comunidad del Caribe (Caricom) y una tercera Rueda de Negocios con empresarios de Costa Rica. “Tenemos programadas esas reuniones para ver qué podemos organizar, cuáles estrategias de acercamiento necesitamos para que vayamos siendo más visibles y dejar de ser un puntito en el océano, cuando realmente somos una gran puerta de Colombia en el corazón del mar Caribe”, concluyó.


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Hay que establecer medidas para un manejo integral del maritorio

Pescadores, centinelas Seaflower

Edgar Jay Stephens, representante de la Federación de Pescadores Artesanales de Providencia y Santa Catalina y vocero del ‘Campamento por la Dignidad’ instalado en dicho municipio, expone sus puntos de vista frente a la reserva de biosfera Seaflower y la estrecha relación entre el medio marino y la cultura raizal. Por Ethel Bent Providencia es el corazón del RB Seaflower. ¿Qué hace falta para que el cambio climático y los huracanes no acaben con la riqueza natural del mar y sus costas? El cambio climático es un fenómeno artificial provocado por la humanidad, a causa de la industrialización y el crecimiento económico insostenible, desde el punto de vista ambiental, advertido desde el Primer Encuentro de Río (1992). Sin embargo, seguimos afectando la capa de ozono, hemos acabado con más del 70% de los recursos pesqueros marinos del mundo.   Lo anterior ha causado escasez de agua, de alimentos, de tierras cultivables; y eso ha sometido a las poblaciones más vulnerables a una situación de abandono que no los conmueve. Por eso, tenemos que seguir conformando frentes organizados, como comunidad, para enfrentar los retos de este siglo XXI y del siguiente, para que la humanidad prevalezca.   ¿La pesca artesanal está en peligro?  Por supuesto. La pesca artesanal, con base en las directrices voluntarias de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que se produjeron en 2012 durante un encuentro de pescadores a pequeña escala en Brasil, advertían que la pesca industrial ha

llevado a una situación de empobrecimiento y ha afectado a las poblaciones y territorios étnicos, en la medida que la pesca artesanal es desarrollada por estas personas. Ese mismo diagnóstico reveló que, evaluando el consumo de combustible, cantidad y beneficio de las personas involucradas y participación de las mujeres, entre otras variables, la pesca artesanal es la única actividad pesquera verdaderamente sostenible. El análisis de la FAO también señala que la pesca industrial demanda un gasto supremamente alto de combustibles fósiles, de recursos y un capital de riesgo que no la hacen sostenible.   No nos parece coherente que en la Reserva de la Biosfera Seaflower se autorice ese tipo de pesca depredadora; esa es una de las luchas de los pescadores desde hace cerca de 20 años, y uno de los objetivos estratégicos de nuestra Federación: lograr declarar al archipiélago como zona exclusiva de pesca artesanal.   ¿Cuál es la importancia de ser reserva de la biosfera? Tiene alta imp o rtancia no sólo para nuestra población sino para toda

la humanidad. Providencia, Santa Catalina y San Andrés, junto a todo su territorio marino y terrestre, han sido declarados Reserva Mundial de la Biosfera; de manera que –como lo asumimos los pescadores de la Federación– somos una reserva para que la humanidad pueda salvarse en caso de que lleguen a colapsar sus recursos alimenticios. Nuestros recursos marinos y agrícolas están libres de contaminación, y debemos procurar que se mantengan así. En esa medida, y bajo el concepto de lo que significa una reserva de biosfera, se pretende proteger a la población étnica del territorio. Pero no es suficiente que tengamos esta reserva, ella debe expandirse porque los ecosistemas están interconectados.   Nosotros estamos proponiendo entonces que, dado que la RB Seaflower ya no pertenece solo a la jurisdicción colombiana –a causa del fallo de la Corte Internacional de Justicia en 2012–, que este gran espacio natural se extienda hacia todos los lugares fronterizos donde haya presencia de comunidades raizales.   Me refiero específicamente a hacer una gran reserva transfronteriza, para unir a través de ella a los diferentes componentes raizales; aproximarnos a nuestras familias que también están en Puerto Limón (Costa Rica), Corn Island (Nicaragua), o en Bocas del Toro (Panamá), entre otros.   ¿Qué pasaría si seguimos en esta dinámica de maltrato a los arrecifes?  Los ecosistemas de coral son supremamente valiosos para que las especies de las que vivimos puedan mantenerse. Sin ellos en el mar del archipiélago, comenzaría una peligrosa escasez de peces. A veces pienso que tenemos una reserva sólo de nombre. Algunos directores de

Coralina, han hecho su trabajo para que se preserven los recursos; pero ha habido periodos, actores vinculados a la entidad, que no han mantenido la coherencia requerida. Creo que hay también una falta de articulación institucional en ese sentido; la pesca ilegal y la industrial tienen que ver con eso, porque esta última causa gran afectación a los ecosistemas de coral y a las especies asociadas; impide la natural renovación de la fauna marina y provoca su disminución, tal y como viene pasando con el caracol pala, los meros, las chernas y la langosta espinosa, entre otros.   Por el lado de la pesca ilegal, se están poniendo en riesgo especies como el pez loro, porque la mayoría de pesca que se hace en los cayos hacia islas hermanas como Jamaica y Gran Caimán, van dirigidas a estas especies arrecifales que son vitales para los corales.   Por eso es que hemos reaccionado en contra de la Estación de Guardacostas que están tratando de instalar en la cuenca del arroyo Bowden así como frente a la instalación del muelle de Guardacostas, que está en una zona de ‘No Take’ dentro de un Área Marina Protegida que alberga praderas marinas y donde varias especies se protegen y se reproducen.   No se trata sólo de un tema socioeconómico, de derechos territoriales ancestrales o de consulta previa; en la medida que sigan presentándose estas acciones contrarias por parte de actores oficiales –quienes deberían ser los llamados a defender el medio ambiente y a garantizar los derechos de los pescadores–, no se podrá garantizar la integralidad de la Reserva de Biosfera.   Entonces, ¿la integración del Pueblo Creole es importante para la pesca artesanal? Claro que sí, porque nuestra cosmovisión, nuestra idiosincrasia, ha dependido sustancialmente de la navegación. Como somos una cultura marítima, nuestras conexiones han estado mediadas por el mar. Sin la pesca artesanal, sin esas prácticas ancestrales, usos y costumbres que giran en torno al mar, es imposible concebir al Pueblo Raizal. La manera de volver a unir esos lazos fraternales, de reencontrar el rastro de nuestra identidad, es a través del océano. 


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R. Youth: declaratoria de la juventud raizal por un futuro posible

Seaflower: ahora o nunca

“I don’t know why they still building houses,” Mr. Biswas said. “Nobody don’t want a house these days. They just want a coal barrel. One coal barrel for one person. Whenever a baby born just get another coal barrel. You wouldn’t see any houses anywhere then. Just a yard with five or six coal barrels standing up in two or three rows.” Tomado de ‘A house for Mrs. Biswas’, V.S.Naipul Dice Lolia Pomare, con cierta audacia, que los raizales venimos del mar para encontrar en esta isla un lugar de tranquilidad. Desde la práctica del sembrado del cordón umbilical hasta la muerte, y el entierro en los patios o cementerios, los raizales tienen una relación orgánica con la isla a la que denominan su hogar, su casa. Al escuchar a Jaffet –uno de los participantes del ‘R Youth Fest’– hablar de su casa en en el sector de Sound Bay (en San Luis), relataba cómo ésta no se reduce a un objeto físico de paredes y techo, sino que cuando dice: “fi wi hous” (su casa), se refiere a las dinámicas que, como él mismo especifica, han ocurrido de generación en generación y han construido ese lugar físico. Afirma también que la casa se ha construido ahí, porque ese es el lugar que heredaron sus ancestros, y porque hay un arraigo colectivo que ata su destino a ese lugar. Escuchamos, además, que su abuelo junto a su abuela empezó a construir, pero fueron los hijos y ahora los nietos los que han agregado partes e interacciones con lo que los rodea. No se puede entender una casa en San Luis sin su relación con el mar,

estimular la creatividad, para ver un futuro posible para las nuevas generaciones de raizales que nacen en este hogar. Pero, ¿qué es lo que los jóvenes, que han reconocido que los une al nacer en estas islas, ven como una amenaza para esa casa grande? ¿Qué es lo que corroe las paredes y vuelve el espacio para nacer, un lugar que asfixia, que detiene la vida?

con los manglares circundantes; sin verla como una puesta en escena para conversar con un gran ecosistema: con la gran Reserva Seaflower. Ahora, la mirada de ‘fi wi hous’ es clara. La madrugada del 16 de noviembre de 2020, el huracán Iota arrasó la isla de Providencia. Lo que poco se menciona es que devastó también varios barrios y comunidades asentadas en el Oeste de San Andrés. En medio de una pandemia de orden global y el regreso paulatino pero consistente de los turistas, el silencio mora entre los habitantes permanentes del archipiélago. Es el

Ante el inevitable ajuste de cuentas entre los hechos de los hombres y el accionar de la naturaleza, no queda más remedio que concluir que la crisis climática es una realidad y el Pueblo Raizal debe enfrentarlo.

Si se detiene con algo de sensibilidad y delicadeza, el reloj que marca el tiempo de esta isla, se ve que existe un entramado complejo de acciones, actores e intereses que han convertido una reserva de biosfera en un gran basurero a cielo abierto. Se desechan plantas, animales, corales, arrecifes enteros, plásticos y vidas humanas; bajo la mirada silenciosa de cada uno de nosotros que en nuestro silencio cómplice luchamos por oponernos a ser los siguientes.

Un plan de vida o un documento que refleje el deseo de habitar esta casa, de frente al inminente cambio climático, no puede ignorar las relaciones. Antes, debe ser el resultado de volcarse sobre las experiencias y consejos de los ancestros que durante milenios han habitado este territorio, revisitarlos con nuevos ojos y

Es la muestra de un modelo económico escudado en una idea mezquina de distribución de los espacios de vida, sostenido por un conjunto mayoritario de la sociedad condenado a la inseguridad alimentaria y a la pobreza, que promociona y refuerza un sistema que explota el paisaje mediante un turismo irreflexivo.

silencio de la casa arrasada, del desconocido y misterioso futuro colectivo.


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interétnico, intergeneracional para buscar un diálogo honesto. 5. Es necesario un plan de reordenamiento territorial, que busque dentro de lo posible una forma de ocupar el espacio en concordancia con las prácticas ancestrales, que privilegie la vida comunitaria y no los intereses de la maquinaria turística.

Un modelo que consume los recursos naturales a una velocidad pavorosa, sin posibilidad de recuperación o recambio, que usa indiscriminadamente los depósitos de agua; que sanciona el transitar fluido entre islas, que expropia la tierra, arrasando desde el bosque seco hasta llegar a las reservas de los bancos de pesca. Un modelo económico que se reproduce sobre sus desechos y que como lo hemos visto en medio de una pandemia y posterior a un huracán, sacrificará todo cuanto viva para mantenerse; para, en el caso particular de San Andrés, crear cada vez versiones más sofisticadas del infierno. Entendemos que las consecuencias de esta idea, de esta forma de habitar además de saquear nuestro presente inmediato, también socava y destruye el pasado, en el cual, no sin errores, los anteriores habitantes de este territorio plantearon un sistema económico, un sistema de vida construido a partir de la idea de un territorio líquido, una red de conexiones para la vida en comunidad, una nutrida y compleja relación entre el hombre y la naturaleza que lo rodea: la Reserva de Biosfera Seaflower y el territorio ‘kriol’ que se extiende por toda la cuenca del Caribe; un maritorio lleno de potencialidades y de posibles respuestas a las preguntas urgentes del mundo en crisis. Por eso urge recuperar esa promesa, para convertirla en potencia, en capacidad de propuesta, en solución real que ayude a aplacar la tormenta de la crisis climática que ya no amaina sobre este coral emergido donde vive Jafet, el papá de Jafet, donde vivieron sus abuelos y al que fueron traídos sus antepasados desprovistos de futuro. ¿Es posible una vida para los hijos de Jafet? Los jóvenes reunidos, conversando a su ritmo, han hecho un esfuerzo por comprender y se han manifestado de esta manera: 1. Para encontrar salidas a la crítica situación de la Reserva de Biosfera,

ecosistema al que llamamos ‘nuestra casa’, se debe reconocer la relación ancestral entre el hombre y la naturaleza; la identidad y las concepciones de vida del Pueblo Raizal, están entrelazados de forma indistinguible con el destino de la Reserva. 2. El concepto de modelo de desarrollo basado en sistemas económicos que sólo monetizan y utilizan

6. Se debe crear un espacio económicamente sostenible que permita una soberanía alimentaria para las nuevas generaciones de isleños. Urge recuperar, revisitar y fortalecer antiguas formas de agricultura y pesca, en diálogo de saberes con nuevas prácticas aportadas por la ciencia, en pro de la transformación de una canasta alimentaria que no alimenta, sino que sólo llena. 7. Se debe plantear una reforma estructural al sistema educativo local, que incluya elementos que realmente aporten a un proyecto de vida; para que desde la infancia se busque vivir en armonía con su contexto inmediato. Se debe crear una universi-

archipiélago y también se debe implementar una estrategia de manejo de aguas residuales, que ayude a la supervivencia de los ecosistemas y no –como sucede ahora– a la muerte del mismo. 9. Se deben crear estrategias transversales a toda la Reserva de Biosfera, para el depósito y manejo de residuos sólidos. Es necesario dar soluciones a la comunidad de Schonner Bight, con un plan acompañado de la creación de políticas públicas reales que además de salud pública, garanticen inclusión y oportunidades de vida para este segmento de la población, dado que por su ubicación, han padecido el racismo, la expropiación y la extracción de su territorio, para el bien de otros y en detrimento de su propia vida. 10. Articulando todo lo anterior, mediante un diálogo real entre el uso de nuevas tecnologías, herramientas académicas y el conocimiento ancestral, se debe crear un plan de manejo integral para combatir la crisis climática que tendrá un impacto significativo sobre la vida en la Reserva de Biosfera Seaflower. Ya se lo pregunta el personaje de A house for Mrs. Biswas: “para qué construimos una casa, ya nadie quiere construir una casa, basta darle un barril de carbón”.

a los individuos de la isla, debe ser transformado y convertido en alternativas de vida que permita la dignidad para todos. 3. El mar debe ser entendido, como un espacio donde se habita y del cual depende la autonomía y la vida de los habitantes del archipiélago; de toda la Reserva. Se deben crear estrategias supranacionales que garanticen que los pueblos que habitan este territorio, restablezcan su comunión con el mar mediante la tradición pesquera, la comunicación entre puertos, el tránsito de especies y el restablecimiento de rutas marítimas. 4. El juego de división y exclusión de los demás habitantes de la isla, para convertirlos en carne de cañón en batallas por la hegemonía étnica, son una pantalla de sepultureros de la Reserva con intereses particulares para enfrentar seres humanos con destinos cruzados. Debe crearse un espacio de diálogo

dad departamental con un enfoque regional. Es clave el fortalecimiento y el estudio de la lengua Kriol, principal sustento del sistema cultural raizal. 8. Debe crearse un plan integral de manejo del agua y los acuíferos de la isla. Se debe garantizar un mínimo vital para todos los habitantes del

Este manifiesto quiere contestar esa pregunta. Los jóvenes raizales e isleños quieren pensar en una casa colectiva, en un espacio para la vida en armonía, para el compartir, para el estrechamiento de los lazos a través de la lengua, la culinaria, la arquitectura y la literatura que hermanan a este pueblo caribeño, a la riqueza de la especie humana; y a un ecosistema vivo que no lo disminuye ni lo utiliza. Que lo engrandece, que lo dignifica. * Este texto recoge apartes del manifiesto Wan hous fi Anansi, elaborado por jóvenes raizales durante el encuentro ‘R Youth Fest’, realizado en San Andrés isla entre el y el de diciembre de 2020.


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De Seaflower a la Gran Seaflower: las raíces permanecen Los lazos que unen al gran Pueblo Creole del Caribe suroccidental, no son por una bandera o pasaporte. Los lazos son de sangre, cultura y costumbres en común, más allá de su nacionalidad. Y en un plano medioambiental, el mar y los ecosistemas costeros de cada región no reconocen fronteras entre sí. Aspectos tan importantes como la seguridad alimentaria y las variables climáticas que condicionan la vida de los pueblos costeros de estos países, se ven afectados por las acciones que hagan las naciones vecinas dentro de sus límites territoriales. Es por eso que el principio humano de saber adaptarse a las condiciones que se imponen, debe llevar a un acto racional de los gobiernos de permitir, bajo los parámetros de la Unesco, que estos pueblos trabajen conjuntamente, bajo acuerdos y agendas comunes, por la salud de sus ecosistemas y el futuro de su vida misma.

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El comportamiento del Cambio Climático en Seaflower…

De-construyendo el desastre El año 2020 estuvo dominado por desastres relacionados con el clima y la salud pública. Los impactos no fueron igualmente compartidos, siendo Latinoamérica y el Caribe una de las áreas con mayores afectaciones. Por: Carolina Velásquez Calderón* Entre el 1 y el 16 de noviembre de 2020, el huracán Eta, que alcanzó categoría 4, seguido por el huracán Iota, que alcanzó categoría 5, causaron fuertes impactos a la Reserva de Biosfera Seaflower, en la que seis países que –en mayor o menor medida– la conforman: Colombia, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, Jamaica y Panamá, se vieron gravemente afectados.   Los desastres no tienen fronteras geopolíticas, pueden saltar, multiplicarse y expandirse a diferentes lugares y sectores, a diferentes escalas, desde lo local hasta lo regional y global. Específicamente, el 16 de noviembre de 2020 el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina y sus islas y atolones, sufrieron una situación de desastre.   Las islas de Providencia y Santa Catalina resultaron con destrucción de más del 93% de la infraestructura y graves afectaciones a los ecosistemas marinos y terrestres. El desastre reveló la importancia de evaluar la vulnerabilidad regional, los problemas ambientales transfronterizos, y entender cómo la gestión política de nuestras fronteras puede aportar a disminuir el impacto de desastres trasnacionales.   Nueve meses después del paso del huracán Iota, el proceso de recuperación ha sido lento, prolongado y conflictivo, lo que impone considerables costos a las familias y empresas. En general, ha tenido como resultado una mejora mínima en las áreas afectadas. Se ha priorizado la economía sobre la reconstrucción de viviendas.   El proceso de recuperación no tuvo consideraciones ni acciones para contrarrestar la configuración socio histórica del

riesgo, ni ha tomado acciones preventivas para hacer frente a futuros huracanes. Estamos viendo cómo el riesgo se reconstruye a diario. Una de las formas de deconstruir el riesgo de desastres es generando procesos continuos de reflexión y aprendizaje integrales. Actualmente, los registros y espacios de memoria de los desastres, emergencias, y crisis ocurridas en la Reserva de Biosfera Seaflower están ausentes, lo cual nos lleva a repetir los errores pasados. Este aprendizaje involucra incorporar un enfoque regional y esfuerzos decididos para (re) examinar, (re) evaluar y (re) calibrar las creencias, políticas y arreglos institucionales y comunitarios existentes.    El cambio requiere un pensamiento complejo para la recuperación efectiva y equitativa en medio de riesgos múltiples y desastres simultáneos.  La invitación es a planear y prepararse para múltiples amenazas en un contexto multicultural y étnico.  A continuación, se incluyen algunas lecciones del desastre.   1. Los ecosistemas marino-costeros son esenciales para reducir el riesgo. Los arrecifes de coral, pastos marinos, y los manglares en buen estado de conservación son nuestra mejor barrera para atenuar el impacto de los huracanes. Durante estos (casi) 21 años, la Reserva de Biosfera Seaflower ha estado fortaleciendo su resiliencia y adaptación al aumentar la probabilidad de supervivencia de sus ecosistemas; debemos dar continuidad a estos esfuerzos, e igualmente evitar construir en zonas propensas a inundaciones, en los litorales y en los humedales.   2. Las relaciones, intercambio de experiencias, y apoyo mutuo con los vecinos

(raizales e isleños), a nivel de barrio y a nivel de región, nos hace más resilientes. Una región activa y cohesionada con buenas relaciones entre sus miembros, es característica clave en la reducción de riesgo de desastres. En medio de la crisis climática actual es necesario construir lazos de aprendizaje y cooperación con las islas caribeñas, pero aún más con la región centroamericana.   3. Los saberes ancestrales y la autogestión comunitaria en el proceso de recuperación del desastre han demostrado ser valiosos y poderosos, lo cual demanda la articulación de los esfuerzos comunitarios y del Gobierno para una ágil y acertada recuperación.   4. El manejo del desastre tiende a visibilizar y replicar diferentes formas de injusticia en el territorio. Los principios de equidad y transparencia deben ser incorporados en la gestión del riesgo presente y futuro. Por ejemplo, en los procesos de distribución de ayudas humanitarias, tipo y entrega de carpas, priorización y selección de las casas a reconstruir, en la toma de decisiones, en el acceso y manejo de la información y los recursos naturales. Los raizales e isleños afectados por los huracanes Eta e Iota, no deben verse como actores pasivos, por el contrario, requieren tener participación mayoritaria en las mesas.   5. Fundamental trabajar en modelos y escenarios de evacuación. Adolecemos de un modelo y/o plan de evacuación entre las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina; existen planes de evacuación internos - terrestres, pero sin registros y evaluación de experiencias pasadas. Dado que se trata de un Archipiélago, evacuar a todas las personas de manera segura, en el menor tiempo posible antes del paso de un huracán es

una situación compleja. No hay claridad sobre cuáles son las zonas y población que debe ser evacuada primero, ni tampoco qué hacer con los turistas. Evaluar el proceso de evacuación realizada post - Iota entre Providencia y San Andrés es primordial para planear la respuesta a futuros desastres. Considerando la destrucción de la mayoría de Providencia y Santa Catalina y la ausencia de refugios; saber cuándo y a dónde evacuar es esencial. 6. El proceso de reconstrucción es lento. El Archipiélago no está listo para enfrentar la temporada de huracanes; por lo tanto, es importante pensar en la preparación estando en la fase de reconstrucción (ejemplo: construir refugios anticiclónicos, restauración de ecosistemas, liberación de los litorales, así como también, pensar en incrementar la percepción del riesgo y conocer qué hacer antes, durante y después).   Finalmente, los procesos de memoria y recordación son fundamentales para el aprendizaje continuo y permiten que la experiencia vivida con Eta e Iota sea accesible a las próximas generaciones. La población de las islas, como resultado del paso del huracán Iota, conoce bien la fuerza destructiva de los huracanes, pero mantiene una capacidad de gestión de los riesgos a sucesos catastróficos bastante débil. Independientemente de las predicciones, los y las raizales e isleños e isleñas deben estar mucho más preparados que en la actualidad. *Ph.D. Disaster Science and Management. University of Delaware, Joseph Biden Jr. School of PublicPolicy and Administration, DisasterResearch Center (DRC).  MSc. Estudios del Caribe, Universidad Nacional de Colombia, Sede Caribe.


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Algunos desechos pueden ser aprovechados en planta RSU

Educación para la separación en la fuente

La empresa de aseo de San Andrés, Trash Busters S.A. E.S.P., siguiendo su Plan de Gestión Integral de los Residuos Sólidos Departamental, ha realizado visitas por los diferentes barrios de la isla para instruir a los usuarios del servicio público de aseo sobre el sistema de manejo de desechos, en pro de promover la separación de los residuos sólidos para la planta RSU. La correcta disposición de la basura permitirá a la planta incineradora de Residuos Sólidos Urbanos (RSU), transformar los desechos clasificados como ‘Aprovechables’ en energía eléctrica.

Elementos como el cartón, papel, icopor, ropa, textiles, bolsas y envases plásticos, madera de ciertas dimensiones, envases tetrapack, restos vegetales y orgánicos, son considerados como ‘Aprovechables’ y sirven para este fin. Por lo tanto, la separación en la fuente por parte de la comunidad, de residuos ‘No Aprovechables’ como vidrio, cerámica, productos metálicos y porcelana, es la meta que impulsa a los servidores de la empresa de aseo y de la Gobernación Departamental a recorrer cada rincón de la isla en pro de un archipiélago más sostenible y amigable con el entorno natural.   En contexto   En julio de 2018, Trash Busters y la Secretaría de Servicios Públicos y Medio Ambiente del Departamento, dieron inicio al proceso de sensibilización y socialización de las rutas implementadas para la recolección de residuos sólidos ‘No Aprovechables’ y su separación desde los hogares o los establecimientos comerciales.   En agosto del mismo año, se inició su recolección selectiva  y gradual por medio de tres rutas exclusivas, que atienden tanto sectores residenciales como comerciales y turísticas de San Andrés, dado que, a pesar de generarse en entornos domiciliarios, las propiedades fisicoquímicas de dichos residuos no permiten su incineración y posterior aprovechamiento.   Para la recolección de estos

desechos, se han establecido horarios alternos para los distintos sectores de la isla. La recolección de los residuos ‘Aprovechables’ se hace a través de las rutas habituales, a la que están acostumbrados los usuarios en sus respectivos barrios.   En una nueva etapa de socialización de dichas rutas, desarrollada desde octubre de 2020 hasta junio del presente año, se han recorrido puerta a puerta todos los sectores de la isla, reforzando adicionalmente cómo presentar, dónde y en qué condiciones los residuos sólidos domiciliarios, posconsumo y especiales.   También se ha enfatizado en el uso apropiado de los contenedores azules dispuestos en diferentes vías de la isla, con miras a promover mayor conciencia ambiental en torno al adecuado manejo de los residuos sólidos.   A pesar de los esfuerzos en términos de educación ambiental para la separación en la fuente y recolección selectiva, Trash Busters afirma que los resultados aún no son los esperados.   Un hecho preocupante porque –según la entidad– es inminente la puesta en marcha de la Planta RSU. Por eso nuestras acciones individuales y colectivas, deben alinearse con el esquema de aprovechamiento energético propuesto en el archipiélago; y cuyo fin último es proporcionar soluciones ambientalmente sostenibles para el manejo de los residuos generados en las islas.


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A CULTURAL ROUND TRIP FROM ARCHIPELAGO OF SAN ANDRÉS

El mar es un componente fundamental de la historia, la memoria y la vida cotidiana del pueblo raizal del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, en la medida en que gran parte de los modos de vida tradicionales, así como muchas otras prácticas y conocimientos, están relacionados con este espacio.


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III Festival de Navegación Tradicional del Caribe

Resiliencia cultural Aun a pesar de los grandes cambios sufridos por la sociedad isleña en las últimas décadas, el mar sigue siendo transversal a sus vidas, incluso si en la actualidad muchas personas ya no tienen una relación directa con este. En noviembre 15 y 16 de 2020, el Huracán Iota de categoría 5 devastó a Providencia y Santa Catalina. Desde entonces, las islas han enfrentado una delicada situación humanitaria, así como un caótico proceso de reconstrucción. No obstante, los isleños han ido resolviendo muchas de sus necesidades y problemas, y adaptándose a la nueva situación, a partir de lo que puede entenderse como resiliencia cultural: la capacidad para enfrentar y superar perturbaciones extremas. Después de todo, el huracán se llevó cosas materiales, incluyendo gran parte del patrimonio

cultural material, pero no pudo llevarse el conocimiento y las prácticas propias de los habitantes de las islas, que han sido fundamentales para la vida en ellas. Entre estas prácticas y conocimientos, se destacan aquellos asociados al mar, fundamentales para la historia, la memoria y la vida cotidiana de los raizales, en la medida en que gran parte de los saberes y oficios tradicionales, así como muchas otras prácticas y conocimientos, están relacionados con este espacio. Estos también jugaron un papel durante el huracán, en la medida en que la relación con el mar ha generado habilidades que permitieron a muchos isleños enfrentar las complejas situaciones generadas por este dramático evento, que en parte ayudan a explicar

que la mayor parte haya sobrevivido.

En este, y otros sentidos, es importante señalar que aun a pesar de los grandes cambios sufridos por la sociedad isleña en las últimas décadas, el mar sigue siendo transversal a sus vidas, incluso si en la actualidad muchas personas ya no tienen una relación directa con este, y si sus actividades tradicionales se han venido debilitando. Y por supuesto, el debilitamiento de estas relaciones, y particularmente la pérdida de prácticas y conocimientos asociados al mar, representa una gran pérdida para la cultura raizal, y una amenaza para la supervivencia cultural de este pueblo. Conscientes de la importancia de esta cultura marítima del pueblo Raizal, en 2018, la Fundación Sea, Land & Culture Old Providence Initiative (PROSEALAND),

conformada por raizales y residentes del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina decidió apostarle a un proyecto cultural que promoviera el diálogo de saberes, así como la valorización de estas prácticas. Por ello, en 2019, logró realizar en San Andrés, el I Festival Navegación Tradicional del Caribe Insular: Acciones para la Salvaguarda del Patrimonio Marítimo del Pueblo Raizal, el cual obtuvo el apoyo del Programa Nacional de Concertación Cultural del Ministerio de Cultura. En 2020, a pesar de la pandemia, se logró gestionar ‘II Festival de Navegación Tradicional del Caribe Insular: Dinamizando la cultura marítima del Pueblo Raizal', nuevamente con el apoyo del Programa de

Concertación Cultural del Ministerio de Cultura, el cual contó con una selección de actividades culturales, lúdicas y académicas en formato virtual, con pequeñas actividades prácticas previas en Providencia.

Ahora, en 2021, nos preparamos para el’ III Festival de Navegación Tradicional del Caribe Insular: Conectando Islas, Costas y Mares’, con apoyo del Programa de Concertación Cultural del Ministerio de Cultura, considerando la urgencia de contribuir a procesos que contribuyan a la salvaguarda de la cultura local, hoy gravemente afectada por el huracán. Esto en la medida en que gran parte de los bienes materiales, que son a su vez expresión del patrimonio inmaterial, fueron destruidos –como en el caso de muchas casas y embarcaciones de madera fabricadas localmente– o sufrieron afectación en distintos

niveles. Pero también porque creemos que la cultura es clave para un proceso de reconstrucción exitoso. Septiembre presencial y virtual Para este año, el Festival se desarrollará durante el mes de septiembre, en una modalidad mixta, con actividades presenciales en la isla de Providencia y virtuales para un público más amplio que le interese recordar o conocer más sobre la cultura marítima del pueblo Raizal y otros temas relacionados. Este año tendremos nuevamente diálogos de saberes locales y regionales; actividades para niños y jóvenes; documentales y cortos; charlas académicas; carreras de ‘cotton boats’; muestra de experiencias pedagógicas; y un especial homenaje al pueblo pro-

videnciano en el marco del pos-huracán. Reafirmamos así nuestro compromiso con la valorización, salvaguarda y fortalecimiento de prácticas y conocimientos del pueblo Raizal en relación con el mar, que hoy más que nunca requiere de acciones que los fortalezcan. Con esto, esperamos aportar a la generación de una conciencia mayor de su importancia para el bienestar del Archipiélago y para una reconstrucción que incorpore la cultura raizal de manera transversal. Finalmente, nos complace compartirles que, a pesar de las dificultades y las afectaciones económicas generadas por la pandemia y el huracán, este año contamos nuevamente con el apoyo de diversas personas, instituciones y organizaciones, entre las cuales cabe destacar la Universidad Nacional de Colombia Sede Caribe, el Centro

Cultural del Banco de la República en San Andrés, la Casa Editorial Welcome, la Radio Nacional de Colombia, la Fundación Canoa (Cartagena), Slow Food International y esperamos aún que otros actores se unan a esta causa. Próximamente divulgaremos más detalles sobre las actividades y las formas de acceder y participar en ellas. Mayores informes: WhatApp 3103776440 Facebook: https://www.facebook.com/Prosealand/ Página Web: www.prosealand.org *Antropóloga, PhD. Profesora de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Caribe y miembro de la Fundación PROSEALAND


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Lista franja cultural del Green Moon Festival 2021

Un abrazo fraternal...

El Green Moon Festival con su lema ‘Un abrazo fraternal en forma de raza y cultura’, es una de las conmemoraciones más importantes del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina; y este año tendrá como argumento ‘la hermandad afrocaribeña alrededor del mar que compartimos y el futuro que nos une’. De esta manera y teniendo en cuenta las limitantes que existen para realizar grandes eventos al aire libre, se llevarán a cabo encuentros académicos, deportivos y culturales, que son testimonio de los rasgos esenciales que unen al gran Pueblo Creole del Caribe. Es que, a pesar de las últimas emergencias, el Green Moon Festival (GMF), se viene realizando anualmente, para conmemorar la cultura y la historia que hermana a la etnia del Archipiélago con las demás expresiones afrocaribeñas del Caribe. Sin ir más lejos, en 2020 el certamen se adelantó –en versión virtual, a través de Teleislas–  en medio de dos huracanes: el ETA y el IOTA.   Algo de historia   A finales de la década de los 80, un grupo de gestores culturales, tuvieron la iniciativa de crear un festival de música y cultura del Caribe, con una identidad propia y genuina de las islas. Así, el GMF comenzó bajo la administración de la Casa de la Cultura y posteriormente se creó la Fundación Green Moon para esta labor. La primera versión se realizó en 1987 y continuó llevándose a cabo hasta 1995; posteriormente se retomó en el 2012, hasta la actualidad.   El principal objetivo del certamen ha sido enaltecer y promover los saberes y tradiciones del pueblo de las islas para que se mantengan a lo largo del tiempo, a través de las manifestaciones artísticas, culturales, académicas y deportivas. A la vez que se vigorizan los lazos con los países del Gran Caribe, con los que se tienen afinidades históricas, culturales y lingüísticas.   Esta integración cultural con el pueblo creole vecino, se ha fomentado a través de expresiones artísticas, gastronómicas, intelectuales, religiosas, deportivas, cinematográficas y, en particular, musicales de la comunidad isleña, revelando su origen mixto de ascendencia europea y africana.

Igualmente, se desarrollan actividades académicas que aportan a la transformación positiva de la realidad isleña y promuevan, el intercambio cultural entre los individuos, naciones y culturas; a la unión del Archipiélago con su entorno y la protección ambiental; que resaltan y defienden la cultura nativa, buscando fortalecer la autoestima de la población raizal y el respeto por sus características particulares. Lo anterior, además de promover la integración social comunitaria y la intención de atraer, claro está, turismo de alto vuelo nacional e internacional.

Arraigo musical El GMF se ha caracterizado por presentar artistas y grupos musicales del más alto nivel, muy variados en sus géneros y procedencia. Algunos de ellos son: Inner Circle, Cuture y Morgan Heritage (Jamaica); Mighty Sparrow y Kes The Band (Trinidad y Tobago); Daiquiri (Venezuela); Familia André (República Dominicana); Septeto Santiaguero y Alfredo de La Fe (Cuba), Burning Flames (Antigua), Coupé Cloué y Karimi (Haití) y Kassav (Guadalupe), entre muchos otros.   También, desde luego, artistas locales destacados han sido protagonistas del Festival: The Rebels,

Magical Beat, Creole, Elkin Robinson, I’labash,  Groove 82, Buxxi, Jiggy Drama, Joe Taylor, Los Legendarios, Hety & Zambo y Caribbean New Style, entre otros.   Una de las ediciones más recordadas por el pueblo isleño fue la de 1987 con la participación del legendario artista haitiano Coupe Cloue y años más tarde en 2016, cuando el panameño Rubén Blades, visitó la isla y expresó el gran cariño que siente por el archipiélago. Ver en: https://www.youtube.com/ watch?v=a2243dunYzM  

Las versiones 2017 y 2018 del festival también son también recordadas, por la presencia de Chocquibtown y Systema Solar respectivamente; ambas bandas colombianas con reconocimiento a nivel mundial. Y como se menciona más arriba, en el año 2020, a pesar de todo el festival se mantuvo vivo con ferias lingüísticas presenciales, talleres infantiles, conversatorios y conciertos vía streaming y televisión pública (Teleislas). Agenda cultural 2021   Esta nueva edición del GMF insistirá una vez más en la hermandad de los pueblos afrocari-

beños, a partir de su relación con los ecosistemas marino-costeros. La dura temporada de huracanes que vivió el Caribe en el 2020, han sido testimonio de una degradación ambiental cuya expresión más latente en la región fue la enorme devastación de las islas de Providencia y Santa Catalina. Por eso este año el evento tendrá como argumento central ‘la hermandad afrocaribeña alrededor del mar que compartimos y el futuro que nos une’. Para ello, se realizarán encuentros académicos, talleres juveniles e infantiles y muestras de cine ambiental, entre otras expresiones artísticas.   La iniciativa ‘Gran Seaflower ’ tendrá el protagonismo en esta edición, para enaltecer la Reserva de Biosfera Seaflower como pacto social del Archipiélago; y perfilar un modelo armónico y fraternal de manejo entre los países del Caribe Suroccidental, en pro de blindar a los ecosistemas de las discusiones limítrofes.   Por esta razón, uno de los atractivos más importantes será el ‘Gran Encuentro Creole’, en el que participarán representantes afrocaribeños de Colombia, Costa Rica, Honduras, Jamaica, Nicaragua y Panamá.   Recientemente el mundo ha conocido el nuevo informe realizado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el que se ratifica que el Caribe es una región particularmente expuesta, en el futuro cercano, a los efectos de la degradación ambiental.   De esta manera, desde se enviará un mensaje de urgencia por la supervivencia de las comunidades afrocaribeñas, cuya identidad, economía y cultura están íntimamente ligadas con el mar y las especies que lo habitan.


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“Este documental es necesario, es hermoso y es nuestro…”

El mensaje de Arise Seaflower 'Arise Seaflower' es la miniserie producida por Welcome, Casa Editorial de San Andrés, ganadora de la convocatoria ‘Abre Cámaras 2020’ del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC), y que se estrenó el primero de agosto en el Canal Regional Teleislas y en el Canal Capital de Bogotá.

En 2020, MinTIC creó dichas convocatorias audiovisuales para reactivar, comunicar y conectar a la industria audiovisual. Ese año se entregaron 83 estímulos económicos en diferentes categorías, para sus procesos de preproducción, producción y postproducción. En 2021 se entregarán, en la misma convocatoria, alrededor un centenar de estímulos más. El hombre y la biosfera Este documental busca decirle al mundo, cuál es la importancia que tiene para la biodiversidad global nuestra Reserva de Biosfera Seaflower –declarada como tal por la Unesco en el año 2000–; dado que contiene ecosistemas representativos de las regiones tropicales insulares, en especial, extensos arrecifes coralinos, praderas de pastos marinos, manglares, playas, mar abierto y bosques secos tropicales.   Además, porque protege a más de 197 especies que se encuentran en las Listas Rojas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, por lo cual es considerado un lugar de alta importancia para la conservación de individuos amenazados y en peligro de extinción.   Seaflower abarca la totalidad del departamento de San Andrés, Providencia y Santa Catalina; es la reserva de mayor área de Colombia, la octava más extensa del mundo y contiene el arrecife coralino más grande del Caribe.   Y, como si fuera poco, en este territorio insular habita hace más de 400 años el Pueblo étnico Raizal, quienes tienen una relación vital con el mar que les circunda, tanto desde su modo de vida como en sus actividades económicas principales.   Por tanto, la interacción de la Reserva de Biosfera con el ser humano, su cuidado y los retos actuales a los que se enfrentan

los Raizales para continuar su preservación, son los temas centrales de esta producción cien por ciento isleña. Tras la designación, que vino acompañada de un marco legal que provee las herramientas para su conservación, también se convirtió en un motivo más para hacer sentir orgullo y consciencia a su Pueblo Raizal, sobre lo que debe proteger para su supervivencia.   Sin embargo, lo que antaño se ofrecía puro y acogedor, en las últimas décadas fue cediendo encanto ante el avance inexorable de un sistema depredador, con apetito extractivista y devastador, a pesar de los esfuerzos heroicos de una minoría de la población civil y de la institucionalidad.   "'Arise Seaflower' pretende decirle al mundo cuál es la importancia que tiene nuestra Reserva de Biosfera Seaflower para la biodiversidad mundial; quiénes somos los integrantes del Pueblo Raizal de San Andrés, Providencia y Santa Catalina que la habitamos desde hace siglos; y por qué nuestra etnia y nuestros ecosistemas están en una seria situación de riesgo…   …Contar todo esto en tres capítulos fue de por sí un gran desafío; aunque el más complejo de los retos que afrontamos, fue cuando, en pleno aniversario número 20 de la Reserva y en medio de la producción y rodaje, irrumpieron en las islas dos huracanes de máxima categoría…   Esos hechos cambiaron para siempre la historia del Archipiélago y, desde luego, de nuestro documental: el guión, los tiempos y los costos sufrieron cambios drásticos, pero nunca tan dramáticos como las vivencias de quienes más sufrieron el paso de estos fenómenos naturales y sus consecuencias”, explicó Billy Lunazzi Celis, guionista e investigador del documental.

De la serie Arise Seaflower’ consta de tres capítulos, los cuales fueron lanzados el pasado primero de agosto a través de Teleislas; mientras que en Canal Capital se emitió su primer capítulo ese sábado y posteriormente los otros dos. Próximamente, y gracias a un gran esfuerzo por promocionar y divulgar los Impresiones "Pocas veces las voces de los pueblos apartados tienen la oportunidad de dar a conocer sus grandes historias. Las convocatorias ‘Abre Cámara’ del Ministerio TIC, son una clara contribución a la visibilización y preservación del patrimonio cultural e inmaterial colombiano; y una gran oportunidad para dejar en evidencia una vez más cuán diverso es este país". Lunazzi Celis, gionista.   "Invito a todos los colombianos a ver 'Arise Seaflower', una producción sanandresana que superó el huracán Iota. El esfuerzo incansable del equipo de producción de Welcome Casa Editorial, el resultado audiovisual de calidad y su lucha por preservar la Reserva, es un motivo más para seguir comprometidos con la industria audiovisual". Karen Abudinen, ministra TIC.   “Profundizar el trabajo pedagógico con la comunidad, mediante la difusión e implementación de pautas sólidas para la conservación de la Reserva de Biosfera Seaflower resulta perentorio.   Pues, sobre los hombros de las mujeres y hombres de las islas reposa la mayor parte del peso de la responsabilidad de integrar la conservación de la biodiversidad, el desarrollo económico y social; y el mantenimiento de los valores culturales tradicionales, para que la vida pueda seguir su curso, con mejor calidad que la actual en

productos finales, resultado de las convocatorias, MinTIC unirá esfuerzos con más canales públicos regionales y nacionales, para llevar estos contenidos a todos los hogares colombianos. Por el momento será emitida en Telecafé, Canal TRO y Señal Colombia, entre otros; y se exhibirá, además, en algunos festivales y encuentros culturales nacionales e internacionales. este inigualable territorio insular.   Esta serie documental de la Casa Editorial Welcome apunta bien hacia la transformación cultural que necesitamos; y le muestra al mundo el tamaño de la importancia que tiene para la biodiversidad mundial la Reserva, en especial para el Pueblo Raizal que habita este territorio desde tiempos ancestrales”. Nadim Marmolejo, periodista y escritor.   “Arise Seaflower es un banquete servido en la porcelana China y los cubiertos de plata traídos de Colón, sobre un mantel de encaje y con un mint tea de sobremesa para todos. El recorrido que transmite un documento como este, transita por una necesidad vital, la voz la eleva un pueblo que se reconoce vulnerable, a veces equivocado, a veces certero, ahora consciente. El lenguaje que usa es siempre el de la poesía: poesía hablada, poesía hecha música, poesía hecha imágenes.   El último testimonio propone un maritorio transnacional, un espacio que se demarca por las mareas y las historias que comparten los hombres de mar, y no por los acuerdos limítrofes que hacen unos que, si aprendieron a nadar, lo hicieron en agua dulce y a miles de kilómetros del Caribe.   Este documental es necesario, es hermoso y es nuestro. Hay que verlo”. Edna Rueda, médica psiquiatra y columnista habitual de El Isleño.


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Gran Seaflower ¿utopía o realidad?

Esta Edición Especial no está dedicada, como en otras ocasiones, a un evento ferial, académico o festivo de renombre esperado por buena parte de la población. En esta ocasión, la idea, que puede ser vista como un anhelo romántico o como la utopía de un sueño inalcanzable; es a todas luces una realidad de urgente atención. En efecto, la ferocidad del cambio climático –que está haciendo estragos evidentes a nuestra geografía y diario vivir–, en buena hora sacudió también las conciencias y maduró la idea de una labor genuina de rescate, una gestión solidaria de manejo compartido y consensuado de nuestra Reserva de Biosfera Seaflower. Al respecto, un grupo cada vez mayor

de personalidades y organizaciones de San Andrés, Providencia y Santa Catalina y poblaciones ‘creoles’ vecinas, solicitaron a los gobiernos de la región que, por encima de sus posibles diferendos limítrofes, contemplen la inaplazable creación de una Reserva de Biosfera Transfronteriza del Caribe Suroccidental. Esto, claro está, con el fin primordial de blindar su entorno ambiental, su invaluable paisaje y su vulnerable biodiversidad, de toda discusión política ajena a su naturaleza.   Aseveran que no ha existido hasta ahora una visión periférica para la conservación armónica de la Reserva de Biósfera Seaflower –la tercera formación coralina más grande del mun-

do–, hogar de más de 150 especies de aves, 400 de peces y 57 de coral, además de ser la fuente principal de recursos económicos para la población étnica originaria. Además, así como sus habitantes han sido ignorados en los diferendos y acuerdos limítrofes –como lo señaló con claridad la Corte Internacional de Justicia de La Haya en reiteradas oportunidades–, el factor ambiental tampoco ha sido de la relevancia que imponen los tiempos actuales para quienes miran al Caribe con el telescopio capitalino de Bogotá, Managua y otras capitales.   Así las cosas, se formula un llamado a los gobiernos de Colombia, Nicaragua Costa Rica, Panamá, Honduras y

Jamaica, para que se sumen a los diálogos siguiendo el ejemplo de otras Reservas Transfronterizas reconocidas por la UNESCO, como la que gestionan conjuntamente Guatemala, Honduras y El Salvador. Los habitantes del Caribe occidental han sabido mantener su identidad histórica más allá de las fronteras cartográficas que los dividen. Por esta razón, exigen respeto por esa misma identidad y su íntima relación con los ecosistemas que los rodean y el mar que comparten. El paisaje puede existir sin el hombre, pero jamás al revés. Y esto, mucho más que una utopía, es una realidad de a puño. Impostergable, palpable y cotidiana.

Arise Seaflower: un banquete audiovisual La primera escena que uno se encuentra cuando empieza esta serie documental, es la de una playa clara golpeada con suavidad por un mar turquesa, espumoso y calmo. La cámara a la altura de los pies transmite una sensación anacrónica para cada isleño del mundo. Ninguno puede recordar con claridad el primer contacto con el agua, pero para ninguno es extraña. Arise Seaflower es un banquete servido en la porcelana China y los cubiertos de plata traídos de Colòn, sobre un mantel de encaje y con un mint tea de sobremesa para todos. El recorrido que transmite

un documento como este, transita por una necesidad vital, la voz la eleva un pueblo que se reconoce vulnerable, a veces equivocado, a veces certero, ahora consciente. El lenguaje que usa es siempre el de la poesía: poesía hablada, poesía hecha música, poesía hecha imágenes. La calidad de la fotografía muestra como se ve a sí misma una juventud que entiende más, que sabe más, que habla el lenguaje del siglo XXI, una juventud que se cimienta en las luchas que empezaron los que antes también eran jóvenes, sembrando en el mar, el nombre del barco que trajo nuestro mito fundacional –Seaflower– y la ilusión de mostrarle al planeta como se vive cuando se navega como isla. Se entiende que la reserva de la

biosfera rodea al hombre que la vive, es parte del mar que nombra y el que lo bautiza. Convive con ella y se integra como una pieza más, y no en una pirámide depredadora. Arise Seaflower no esconde la crisis, pero no hay víctimas, hay vencedores en potencia. La música es arrolladora, esta hecha por almas que han estado vivas por mil años, almas que conocen los tambores, las trompetas, África y América. Los créditos no son mucho más que una lista de amigos y de hijos de los amigos, hay voces que hemos escuchado siempre, rostros que reconoces, escenas que conmueven. Hay un nepotismo mágico que te recuerda que somos primos, que crecimos juntos, que nos conocemos. Te ves ahí, te entiendes, te has dado cuenta que tu lugar en el

mundo está vivo, que aún no te has diluído, que aún no te extingues. Crecer con el océano como patio trasero, nos une como las gotas de agua que hacen el mar, saladas como las lágrimas post huracán, frescas como la esperanza que tiene todos los colores, nos hace simples como las soluciones, complejos como las necesidades. El último testimonio propone un maritorio transnacional, un espacio que se demarca por las mareas y las historias que comparten los hombres de mar, y no por los acuerdos limítrofes que hacen unos que, si aprendieron a nadar, lo hicieron en agua dulce y a miles de kilómetros del Caribe. Este documental es necesario, es hermoso y es nuestro. Hay que verlo.


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Responsabilidades trasnacionales en la Gran Seaflower… Las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina figuran en registros de hace más de cuatro siglos. En torno a ellas acontecieron historias, muchas no contadas, de aventureros en búsqueda de espacios apacibles y de otros que llegaron estableciendo refugios con privilegios, para dominar las rutas naturales de navegación por sus mares. Alberga, este Caribe Suroccidental, naturales formaciones milenarias que han proveído estabilidad, armonía, belleza, funcionalidad y equilibrio para la convivencia; y una biosfera reconocida como reserva por la Orga-

nización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), para evitar afectaciones, declarándola como espacio para proteger y defender la vida, incluida, la del hombre. Como Seaflower fue bautizada dicha reserva. Nombre tomado de la embarcación que, con puritanos en éxodo de la violencia en Europa, emigraron para constituirse en parte de esa fusión de razas y mitos de un realismo mágico llamado Caribe El Caribe también es costa continental, donde se encierra el mar rompiendo con lo infinito y se desarrollan allende sus costas, sistemas de corales, de atolones, de islas, cayos, bancos y bajos, formándose en sus alrededores un hábitat deseado para la vida de múltiples especies marinas,

aéreas y terrestres. Trasciende las fronteras esta naturaleza que, tras múltiples sucesos marcados por la intervención del hombre, ha albergado estados nacionales que no coinciden, necesariamente, con la Nación Creole formada en estos mismos sistemas de costas, islas, arrecifes y corales, asentados en sus orillas por originarios indígenas y tribales localizados hoy bajo jurisdicción de países distintos, pero que integran a la vez una familiaridad indivisible, conectada e interdependiente.

Rodeada geográficamente por las costas pobladas de Panamá, Costa Rica, Honduras, Jamaica, Nicaragua y Colombia, tienen sobre esta Reserva de Biosfera Seaflower, originarios del Archipiélago de San Andrés, toda la Costa de la Mosquitia, de la zona de Bocas del Toro, de Puerto Limón, de islas de Roatán, de Black River, y tantos otros espacios, nación compartida de ‘Krioles’ y otros originarios de cultura, saberes, costumbres y matices comunes.

Un sistema naturalmente funcional, donde Old Providence ha sido eje emocional, punto de reparto poblacional intermedio, en las conexiones familiares y de consanguinidad, centro histórico y referencia de parentesco.

Hoy, con las imágenes latentes de Providencia y Santa Catalina, los retos del cambio climático y tantas otras circunstancias, conminan a la soberanía de, por lo menos estos seis países, a unir esfuerzos y responsabilidades en esta Gran Seaflower.

tralismo que impera en Colombia. La coyuntura del diferendo limítrofe entre Colombia y Nicaragua puede constituir entonces una oportunidad para revisar ciertas posiciones retrógradas que se han sostenido por largo tiempo y debe ser valorada como un momento histórico para avanzar, simultáneamente, en la superación de las diferencias y en la transformación de las relaciones que permitan la construcción de una experiencia internacional que evidencie la hermandad de los pueblos que circundan la RSB.   Por eso, cualquiera sea la manera en que se resuelva el pleito jurídico en La Haya, el curso de nuestra historia inmediata debe conducir a explorar la opción de la negociación política entre todos los países involucrados para trabajar conjuntamente por una expansión de las fronteras reales e imaginarias creadas, en principio, de la reserva de biosfera actual, fundada en la armonización de la vida humana con la naturaleza, la protección de los ecosistemas, y enfrentar las amenazas que sobre esta ya pesan, a fin de implementar un desarrollo sustentable.   Este diálogo, por supuesto, tiene que llevarnos a encontrar la solución de los problemas que implicaría cualquier fallo que emita la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ), inicialmente, y a fortalecer los lazos políticos, econó-

micos y sociales asociados a la región. Es por ello apenas natural analizar todas las opciones para llegar a una mesa de diálogo. Si se intenta la salida del desacato permanente al fallo de la CIJ, por ejemplo, podemos derivar en el establecimiento de una anarquía que internacionalizaría un caos que ya no sólo pondría en riesgo la supervivencia de dos comunidades sino de cinco. Esta situación se podría evitar si se activan los mecanismos de hermandad que existen de antaño, prioritariamente, entre las comunidades nativas, los diversos sectores y fuerzas económicas, sociales y políticas de las naciones de la cuenca del Caribe.   Un diálogo entre estos protagonistas, directo, podría verse fortalecido por la afinidad cultural que caracteriza a las comunidades que habitan las zonas costeras del vecindario, lo cual le conferiría a las negociaciones entre Colombia y Nicaragua, en particular, una potencialidad significativa. Y podría convertirse en un factor de cambio sobre el modo en que se han venido manejando las cosas hasta ahora.   En fin, explorar la posibilidad de una Reserva de Biósfera Transfronteriza, no sólo triplicaría el área protegida por la UNESCO hasta hoy, sino que nos brindaría la posibilidad de lograr una segunda oportunidad para hacer del mar el futuro que soñamos.

Antes que sea tarde Según las cuentas de los expertos, en 2100 la Tierra albergará más de 11.000 millones de personas. La presión sobre los recursos naturales del planeta aumentará en semejantes proporciones y sabemos lo que nos espera si no actuamos a tiempo. Esta realidad descomunal constituye el mayor desafío al que se ha de enfrentar la humanidad en adelante, pues las fuentes de alimentación son cada vez más escasas y la población con hambre amenaza con el desbordamiento. El número de personas con desnutrición a escala global hoy ya supera los 800 millones.   Ante ese panorama, Colombia, en particular, tiene la obligación de interesarse y velar más por la Reserva de la Biosfera Seaflower (RBS), de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, dado que este ecosistema guarda gran parte del sustento de miles de familias que habitan estas islas y la gran cuenca del Caribe.   De acuerdo con la Comisión Colombiana del Océano (CCO), la Reserva de Biósfera 'Seaflower' cuenta con 407 especies de peces, de las 600 que

STAFF

DIRECTOR Eduardo Lunazzi EDICIÓN Billy Lunazzi Celis

se estima hay en el Caribe y es casa de 157 especies de aves, de las cuales 55% están amenazadas. De sus aguas anualmente los pescadores artesanales (no incluye a los industriales) obtienen cerca de 156 toneladas de langosta y 182 toneladas de pescado. Además, esta reserva forma parte como una pieza fundamental del motor de la economía local: el turismo. Por lo tanto, promover una real consciencia colectiva de la importancia de esta reserva para la vida del planeta, en especial, para las comunidades aledañas, es el reto al que está enfrentado el país desde la declaratoria de la Unesco.   Empero, los progresos han sido pocos y todavía no se aprecian de la manera que debería ser las bondades y ventajas que posee esta inmensa área de maritorio, que también toca directamente las costas de los pueblos creole de Honduras, Jamaica, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia.   La exclusión de los raizales de San Andrés, Providencia y Santa Catalina de los espacios donde se toman las decisiones fundamentales y la consecuente falta de comprometimiento de buena parte de los habitantes de las islas en la preservación, conservación y protección de la RSB, han hecho parte también de una perniciosa constante del cenPERIODISTAS

Janeth Raga Molina Ethel Bent Castro Laura Restrepo

FOTOGRAFÍA Edward Lunazzi Celis Edgar Barragán

DIAGRAMACIÓN Temis Rodríguez DISEÑO EDITORIAL Jesse Lunazzi Celis


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Versión digital del periódico impreso El isleño de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

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