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Retrato de Sebastián Piana realizado por Ernesto Grafman en 1979

“Mi padre tocaba el piano. El me impulsó a ser músico.” Así sencillamente explicaba su oficio el “padre de la milonga”: Sebastián Piana. Había nacido un 26 de noviembre de 1903 en la calle Bogado casi esquina Río de Janeiro en el barrio de Almagro. Sus primeros años transcurrieron en un suburbio porteño emblemático: Villa Crespo. Los primeros conocimientos en materia musical los recibió de su padre entre los ocho y los diez años, continuándolos en el instituto musical Odeón con Antonio D’Agostino (que también formó musicalmente a Osvaldo Pugliese) y otros destacados maestros. Piana fue uno de los primeros que encaró seriamente la instrucción académica en una época cuando muchos intérpretes eran intuitivos, desconocían la notación, se los llamaba vulgarmente “orejeros”. Recordaba Piana: “...en mis primeros años la música popular me interesaba medianamente. Sí a mi padre que tocaba el piano y la guitarra. El con otros aficionados solía formar tríos o cuartetos con los que actuaban en algunos cafés como ‘El Venturita’ y el ‘Tontolín de Villa Crespo’ o en ‘La Paloma’ de Palermo. Yo escuchaba los ensayos que se hacían en nuestra casa y sin interesarme demasiado, ya tenía el tango adentro...” A los doce años debutó en un trío infantil y a sus catorce ya comenzó el trabajo como pianista en las salas de proyección de cine mudo, valses y fragmentos de óperas, labor oscura (y realizada a oscuras) pero que permitía por un lado “ponerse en dedos” y por otro ganar el pan. El joven se trasladaba tres veces por semana a una sala que quedaba en Villa del Parque a realizar su rutina; quizás en ese momento comenzó su larga relación con el cine. Tocaba obras de Chopin, Mozart, Bach y otros grandes compositores, que seguramente fueron los que agregaron color a su paleta inagotable de pintor de melodías y armonías novedosas. El otro elemento que posiblemente haya elaborado la alquimia fue el contacto de sus sentidos con los olores, sonidos y paisajes del barrio. La mezcla de lo clásico y lo popular fue el germen que dio como resultado la originalidad de su obra. A los dieciséis años elaboró su primer tango (inédito): Sabor popular, en esa época compuso La tapera y Tito, mas tarde El Hombre Orquesta, un tango evolucionista, siguiendo las pautas marcadas por Enrique Delfino. Era una prometedora “obertura” para el extenso desarrollo de su obra. Pero fue en 1922 cuando se produce su conversión definitiva como tanguista al participar del concurso para nuevos compositores que organizaba la marca de cigarrillos “Tango”. Es

bien conocido el episodio: le llevó su partitura para que le agregara la letra, nada menos que a don José González Castillo, ya consagrado dramaturgo, quien además de aceptar el pedido, con su brillantez habitual le sugirió el título del tema: Sobre el pucho, tango que obtuvo el segundo lugar en dicho certamen, premio que además de la popularidad les redituó ¡mil pesos moneda nacional! Recordó Piana en un reportaje: “...Yo tenía 19 años, González Castillo 38, un prestigio literario enorme y pude acceder a él porque era amigo de mi padre, un peluquero al que le gustaba la música, el tango, las cosas de Buenos Aires. Vivíamos en Almagro, cerca de Boedo, la ‘patria chica del tango’. La música la compuse un sábado a la tarde, él puso la letra el domingo, la armonicé el lunes por la mañana y entregamos el trabajo a mediodía, una hora antes que cerrara el concurso.” En ese mismo año se presentó por primera vez en radio y siguió con su labor en las salas de cine acompañando películas mudas. En 1923, con su amigo Cátulo Castillo, escribieron la música del tango Silbando y pidieron al padre del primero los versos correspondientes, su parte son las notas que acompañan la letra a partir de “y desde el fondo del Dock...”, la primera audición de la composición fue prodigiosamente brindada por Azucena Maizani, luego vendría la imperecedera versión de Carlos Gardel en la cual el Zorzal le incorpora por su cuenta el silbido del final. “Tenés que conocer a un tipo que escribe muy bien” –le dijo Cátulo en 1926– y en un bar de la avenida San Juan le presentó a Homero Nicolás Manzione, un muchacho de dieciocho años que tenía escrita una poesía titulada El ciego del violín. Se entusiasmaron tanto con ella que inmediatamente escribieron la música, Cátulo la primera parte y Piana la segunda. A los pocos días la composición era estrenada con el título de Viejo ciego por el cantor Roberto Fugazot en la pieza teatral Patadas y serenatas en el barrio de las latas de Ivo Pelay, un punto de referencia en la historia de las letras de tango. Allí comienza la amistad y dupla autoral con Manzi que florecería en una obra llena de colores y fructificaría a lo largo de 25 años de labor conjunta. De ellos fue Milonga sentimental, composición realizada en 1930, que no terminó de convencer lo suficiente a la intérprete que lo había requerido, Rosita Quiroga, como para ser grabada, por lo cual quedó sin estrenar. Posteriormente, en el Teatro Casino, la canción no encontró eco favorable en el público. Al poco tiempo en el Teatro San Martín de la calle Esmeralda, por fin la suerte le sonrió a esta creación cuando el cuñado de Piana, Pedro Maffia, y su gran

orquesta la repetían noche a noche con gran éxito. Su vida autoral junto a Manzi produciría obras inolvidables: Milonga triste, Milonga del 900, Milonga de los fortines, Pena mulata, Milonga de Puente Alsina, Canción por la niña muerta, los tangos El pescante de 1934 y De barro, entre otros. Cuando ya había formado su propio cuarteto y compuesto con Pedro Maffia Arco Iris, participó en la agrupación de este bandoneonista. Integró también “Los Cinco Ases” con Ciriaco Ortiz, Pedro Maffia, Pedro Laurenz y Carlos Marcucci, hasta que en 1939 formó su Orquesta Típica Candombe –en realidad una atípica formación de diecisiete ejecutantes en la cual además de los instrumentos habituales para el tango incluía tres tamboriles– con la que grabó para el sello RCA Víctor, a pesar de la vida efímera de la agrupación, pues duró tan solo tres meses. Contaba el maestro Piana: “Se terminó pronto porque tenía que atender mis cátedras, mis alumnos particulares, no quise abandonar la enseñanza, que es casi la base de mi carrera. Si hubiera elegido la orquesta, habría ganado más dinero, pero no habría sido yo”. Sobre una letra de Ignacio Corsini compuso el vals Vengo a contarte mis penas, y creó el tango La macumba, al cual Carlos Marambio Catán puso los versos; Señor de añoranza, lo realizó en colaboración con el actor Zelmar Gueñol. De su obra con Cátulo Castillo surgieron, en 1941, ese suspiro nostálgico que es el vals Caserón de tejas y su obra maestra: Tinta roja, del año 1943, que en tan solo dos días Cátulo versificó. Compuso la música para la obra teatral Boina blanca, una Misa de Gloria, Escenas de ballet sobre la “Divina comedia”, dos sainetes musicales y su serie de estampas líricoteatrales. Su larga vida la dedicó no sólo a la composición y la ejecución; como vimos, ejerció también la docencia. En una oportunidad declaró: “Me llevo bien con los jóvenes. Debo ser el profesor que más alumnos tiene. Yo tendría que haberme jubilado hace rato, pero los chicos no me dejan. Me dicen: Como se va a ir, maestro, no diga macanas... Y ahí sigo, dando clases y trabajando en mi casa”. El “allegro vivace” de su vida profesional llegó sin duda con la creación que hizo de la milonga en su versión ciudadana, con un mayor grado de estilización armónica y melódica que su hermana campera. En ella fusionó el compás marcado del candombe con una melo-

día más amplia y flexible. Fue justamente el ritmo el elemento omnipresente en su obra; el lo tomó, haciéndole describir una enorme parábola: del manantial africano original al bautismo de sus porteñas creaciones.“Me interesa la cultura negra”, había dicho. Piana afirmaba: “El tango debe interpretarse tal cual es, sin modificaciones que lo desmejoran; tal como lo silba el hombre común. La melodía puede extenderse hasta donde la calle pueda admitirlo”. Polifacético, musicalizó poesía de León Benarós, de Córdova Iturburu, de Julián Centeya y hasta del propio Jorge Luis Borges en Milonga de un soldado. Trabajó como intérprete, como compositor de la música y canciones en veintitrés películas del cine argentino en el período que va desde 1933 hasta 1975. Podríamos nombrar entre ellas: Sombras porteñas, Una porteña optimista, Nobleza gaucha, Las de Barranco, El hombre que nació dos veces, Los caran-chos de la Florida, Carnaval de antaño, Confesión, Fortín alto, Vidalita, Arrabalera, Vivir un instante, La parda Flora, He nacido en Buenos Aires, Mi Buenos Aires querido y Los orilleros. Además de presidir en sus últimos años la Academia Porteña del Lunfardo, tomó como materia de estudio este lenguaje popular hasta sus últimos días. Citamos a José Gobello “...el tango del presente, para tener tono de tango, debe tener, en la manera de terminar las frases musicales, un dejo de aquel tango primero; ese dejo tan perceptible en los tango de Piana...” Quedaron letras de Cátulo Castillo sin musicalizar: El pasado, Retama, Metrópolis, Desván, Muchacha, Cierto, Será. Llegó, a partir de los años setenta, coincidiendo con la etapa que le tocó vivir a nuestra música ciudadana, el “moderato” de su existencia. Y un día de julio de 1994, en la Clínica Bazterrica, la melodía de la vida tenue como un último golpe de timbal, finalmente cesó. Ya casi no tenía corazón, había quedado en partes en cada una de sus creaciones; a sus 91 años, contaba con una hermosa familia, una cosecha de buenos amigos, un muy merecido prestigio, un universo de casi quinientas partituras, el agradecimiento de todo un pueblo y de todos los que amamos la música. Alberto Jorge Di Nardo

enviaba a don Sebastián la nota cuyo facsímil se adjunta: Buenos Aires, 4 de enero de 1983. Por la presente autorizo al maestro Sebastián Piana a musicalizar “Milonga de un soldado” cuya letra me pertenece. Jorge Luis Borges. Refrendaban la nota con sus firmas Borges y Piana. La milonga, referida a un soldado de Malvinas, fue censurada por la dictadura militar Un hecho curioso vinculó a la prosapia en uno de sus últimas bocanadas de arbitramusical de Piana con la literaria de Borges. A riedad. Eduardo Falú, sin embargo, lograría comienzos de 1983 nuestro célebre escri-tor registrar su interpretación en España.


(Soneto III de “Tríptico de Chiclana”)

Calle del Sur, querida calle triste, lágrima adentro busco tus facciones en este atardecer de caserones cuando el azul del ángelus te viste. Fuiste la amada adolescente. Fuiste como un simple preludio de malvones. Copa humilde de valses y balcones con silencio de novia te rompiste. Ayer cantabas tu percal risueño: nadie pensaba en este gris mañana, bastón abandonado por su dueño.

Martes a las 20: Academia de tango. (Entrada $ 5) Y a las 21: micrófono abierto y baile.

Viernes a las 21.30: “ConsoRRcio, el secreto” una historia que no vas a olvidar. Dir.: A. Pellegrino. ($ 6)*

Sábados a las 21: “Si yo tuviera el corazón”, sainete tanguero. Dir.: Pedro Utrera. (Platea $ 6.-)*

Domingos a las 20.30: “Con aires de España” de Omar Pini (Platea $ 5.-)

BIBLIOTECA “LUBRANO ZAS”: ver actividades de la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo.

Hoy eres forma en piedra de la sombra, pero vive en mi pulso una campana que te nombra, Chiclana, que te nombra... Mario Keegan

El sábado 22 del corriente, nuestro compañero de redacción el poeta Rubén Derlis dará a conocer su “Guía para vagabarrios”. No es una presentación más de su extensa obra. Es casi un acto reivindicatorio del esfuerzo editorial que asume permanentemente Rubén para poner en circulación sus trabajos y valiosas tareas de otros escritores, cuya magnitud de talento sólo puede compararse con la de su falta de oportunidades en los medios editoriales que optan por el best-seller. En la tarde de ese sábado nos reuniremos en “La Balear”, de Colombres 841, a las 18, donde Rubén completará su presentación con una “Antología mínima” que podría calificarse como imprescindible para valorar Emoción algunas veces, perplejidad en otras al a su autor. escuchar las observaciones y preguntas que formulan los alumnos primarios que concurren al museo Monte de Piedad participando en “Buenos Todos los martes (a partir del 11 de este mes) a las Aires lee”. La convocatoria sigue vigente hasta la 11 de la mañana, se realizarán charlas de presentafinalización del curso lectivo y participan de ella con atención, interés y respeto. La “puesta en ción de las líneas de créditos para microemprendiépoca”, llevada a cabo por medio de diapositivas y mientos. Martes 18, de 18.30 a 20, la Fundación comentarios, genera curiosas preguntas de los Fortunato Benain presenta un grupo de cuerdas, una chicos. Y la lectura de “Baldo y Ceto” –el cuento muestra de cuadros y una charla de prevención y elegido de Alvaro Yunque– es seguida con respe- asistencia en quemaduras. Jueves 20 a las 18.30, tuoso interés. No es casual que así suceda. El mérito presentación de la muestra de acuarelas del pintor múltiple es atribuible a la idea, a las formas de la Ernesto Grafman. Viernes 21 las 18.30, recital de realización, a los realizadores y al cálido entorno música folclórica presentado por Domingo Cura y Carlos Mansilla. Martes 25 las 19, presentación que proporciona el museo. del libro “Mandame tu retrato” de Federico Pedrido, presentado por su hija Odile.

El lunes 17 de este mes a las 10 de la mañana en “La Balear”, Colombres 841 (y San Ignacio), la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico-Cultural de la Ciudad de Buenos Aires Muchnik presentará el desplegable barrialJosé correspondiente a Boedo que contó con el auspicio, y aporte de contenido, de la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo y la colaboración artística, a través de sus ilustraciones, de Omar Blanco y Ernesto Grafman. Se invita a las entidades barriales y vecinos en general.

IMAGENES DE LOS NOVENTA Abraham, Dussel, Ferrentino, Ferrer, Gorelik, Kaufman, Sarlo. Compiladores: Alejandra Birgin y Javier Trímboli El contenido de este libro, casi está de más decirlo,nada tiene que ver con el de una profecía que se hubiera anticipado a estos acontecimientos cruciales con los que se abrió el nuevo siglo. No obstante, sus páginas sí desmienten que esos sucesos hayan ocurrido cual si te trataran de rayos inesperados que atraviesan un cielo sereno hasta descomponerlo. Son escritos que permiten situarnos en el desfiladero donde se podía ver un país y un mundo que empezaban a ser definitivamente otros. Por último, nos resta decir que el resultado de esta actividad nos reafirma en la convicción de que multiplicar los vínculos con el abanico de la producción cultural, y ampliar la mirada sobre este tiempo son aportes en la formación en dirección a renovar los sentidos del trabajo de enseñar. (A.B. y J.T.) Ediciones EdeC / CePA. Bs. As., 2003.

5 de noviembre, bar “Devoto”, lee Mireya Keller. 12 de noviembre, bar “El Federal”, Carlos Calvo y Perú, lee Norma Pérez Martín. El martes 11, a las 14, en la esquina que lleva su 19 de noviembre, bar “El Progreso”, Montes de nombre (Boedo y San Ignacio) se realizará un Oca y California, lee Nira Etchenique. homenaje al maestro escultor Francisco Reyes. 26 de noviembre, café “Margot”, Boedo y San Ignacio, lee Rafael Vásquez.

En la Biblioteca Nacional, el pasado 22 de octubre, se llevó a cabo la presentación del libro “Informe sobre Santoro” –una aproximación biobibliográfica sobre el poeta Roberto Jorge Santoro– cuyo autor es Rafael Alberto Vásquez. Ante una numerosa cantidad de asistentes José Luis Mangelli, editor del libro, definió al poeta como un representante típico de los ’60. Roberto Díaz, también presente en la mesa, hizo un racconto histórico, se refirió a las décadas del 60 y 70 señalando que Santoro fue un poeta emblema de la época, con un gran olfato para lo auténticamente popular que lo fue convirtiendo en un hombre peligroso. Y el autor, Rafael Vázquez, se interrogó a sí mismo: ¿qué me llevó a escribir este libro? Quería traer desde la ausencia sus poemas. Para finalizar, Cristina Banegas leyó algunos trabajos de Santoro.

En el Salón San Martín de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, acceso por Perú 160, se llevará a cabo el día miércoles 5 a las 18, el acto de Declaración de Ciudadano Ilustre al poeta y luchador social Luis Alberto Quesada.

Las chatas ya no entran al corralón de Garay frente al pasaje Danel, pero Manzi sigue pintando los atardeceres de vecinos memoriosos y, a partir del sábado 1º de este mes, también de jóvenes lugareños y paseantes ocasionales que pueden evocar viejas vivencias barriales hechas poesía por Homero. Porque la pancarta que el CGP 4 colocó en esa esquina, la esquina de su casa durante su juventud, rememora al poeta y a su obra. El acto, convocado por las instituciones vecinales cuyas autoridades lo presidieron, contó con el apoyo popular y permitió el lucimiento de los artistas convocados –el Coral Mano Blanca, el Tata Cedrón, entre otros– que bajo la eficaz conducción de Alberto Di Nardo brindaron un grato momento de celebración no exento de emoción en las palabras finales de Acho Manzi, (foto).

UCBA (Unión de Correctores de Bs. As.) Talleres 2003: INFORMES:ucba@starmedia.com / 4 307-2968 (*) Estudiantes y jubilados: 50%

Viernes a las 21: “Yepeto” (de “Tito”Cossa) ($ 3.-). Jueves 13, 20 y 27 a las 20.30: “Historias con cárcel” de Osvaldo Dragún.

Talleres de arte “LA VIA”. Muestra de fin de cursos: El martes 2 de diciembre a las 19 en Boedo 880.

Miércoles de noviembre a las 20: “Vida y arte en la poesía”. Recitales de poesía (Ver publicidad al pie) Y las “comidas con arte” que incluyen el espacio de venta de productos alimentarios artesanales (de 9 a 20 hs.).De lunes a jueves, piano en vivo, desde las 13. Viernes y sábados: abierto a la noche con performances artísticas.

Sábados a las 20.30: “Uno nunca sabe” de Roberto Fontanarrosa (Ent.: $5)

TALLERES: abierta la inscripción 2004.

Jueves a las 21: Cine (gratuito) Sábados a las 16.30 : “Boedo antiguo”. Grupo de teatro callejero vecinal. Dir. Hernán Peña. (a la gorra)

Sábados a las 22: Recitales de tango. Domingos a las 16.30: Títeres. Sábado 29 de 10 a 14: Gran muestra artística de fin de año. Feria de talleres. Festival artístico (Conjuntamente con el Centro Cultural Sebastián Piana).

CURSOS Y TALLERES AREA MUSICA: *Instrumentos, *Canto y coro. TALLERES GRUPALES: Canto (música popular),*Guitarra, *Armónica, *Ensamble. TALLERES DE ARTE: *Dibujo humorístico,*Dibujo y pintura. TEMA Chicos (6 a 12 años): *Iniciación musical, *Dibujo. Domingo 9 a las 19: Recital de “La Trunquera” (folclore)

JUNTA DE ESTUDIOS HISTORICOS DEL BARRIO DE BOEDO Las Casas 3634 Dep. 4 / Tel.: 4 924-6858 E-mail: boedohistoria@yahoo.com Los sábados de 10 a 13.30: En la vereda, bajo los tilos de Boedo 853, se despliega la mesa de publicaciones de la Junta, compartiendo su espacio con “Ediciones Papeles de Boedo”, “Desde Boedo” y “Boedo XXI”. Biblioteca pública “Lubrano Zas”: en Boedo 853, piso 1º, Tel.: 4 957-1400; Horario de atención al público: Lunes de 15 a 17; miércoles y jueves de 17 a 19. “Te espero en el café”: En “Recuerdo”, Esquina Osvaldo Pugliese, Boedo y Carlos Calvo, el sábado 8 de noviembre a las 17.30. El profesor Alberto Di Nardo se referirá a “Manzi, Boedo y todo el cielo”. El espacio musical estará a cargo del “Trío de Carlos Bono”. Nuestro próximo encuentro: sábado 13 de diciembre. “Semana de homenaje a Piana”: (El programa detallado se publica en el suplemento dedicado al maestro) Viernes 7 a las 18: Centro de Museos de Buenos Aires, Av. De los Italianos 851, Costanera Sur. Se presenta la muestra PIANA: la milonga y el cine. Y los domingos 2, 9, 16, 23 y 30 a las 17: Ciclo de cine cuya música compuso Piana. Domingo 23 a las 16: Visita guiada:“De Boedo a Puerto Madero”. Organiza Subsecretaría de Turismo del GCBA. Lunes 24 a las 18.30: Orquesta Escuela del Tango, en café “Esquina Homero Manzi”, San Juan y Boedo. Martes 25 a las 19: “Los cien años del Buenos Aires de Sebastián Piana”.Organiza. Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires. Y el Miércoles 26 a las 19: Homenaje de la Comisión de Cultura y Comunicación de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. En el Salon Dorado de la Casa de la Cultura (Av. de Mayo 575). Viernes 28 a las 19: Academia Porteña del Lunfardo (Estados Unidos 1379): Inauguración muestra-homenaje.

en la poesía MIERCOLES DE NOVIEMBRE A LAS 20, EN BOEDO 880 Miércoles 5: ALBERTO MUÑOZ; JAVIER CÓFRECES; GRACIELA CROS. Miércoles 12: SUSANA VILLALBA con MILAGROS FERREYRA (actriz); VERÓNICA VIOLA FISHER; MARTÍN RODRÍGUEZ. Miércoles 19: IRENE GRUSS; DANIELA FIORENTINO / GABRIELA FRANCO; EDUARDO MILEO. Miércoles 26: DIANA BELLESSI; LOS MILEO (Raúl Mileo y Eduardo Mileo en concierto hacen A boca de jarro e Irala, sueño de amor y de conquista)


RESCATE

Este texto de Mario Jorge de Lellis que extraemos de una revista “Gaceta Literaria” de 1956, creemos que reafirma su actualidad en estos tiempos de negativo individualismo cuando no pocos recién llegados versiteros –ya que no poetas–, amontonan palabras con más oscuridad que inspiración, buscando el premio de la camarilla, la palmada en el hombro del portavoz del establishment, la faja de honor que cruce la cubierta de su libro, y se olvidan –o nunca lo pensaron– de crear verdadera y sentida poesía. Acude, nuevamente, el tema de la autenticidad poética. Nos preguntamos, a menudo, ¿por qué nuestros poetas no tienen nada que decir? Y yo creo que, forzosamente, tienen mucho que decir, pero que ni siquiera intentan por temor al riesgo. Una vez, un amigo poeta me dijo, refiriéndose a jóvenes poetas de livingroom: “Escriben un sonetito y sacan la lengua”... Y, desdichadamente, es verdad. La poesía ha dejado de ser, para muchos, un serio compromiso de la sensibilidad y de la carne del poeta. Basta, ahora, con hacer un soneto pálido y aromatizado para vivir en paz por unos días, sin alteraciones de pulso y de vesícula. No quisiera herir profundamente, pero el esnobismo me exaspera más que un día festivo y el impudor me densifica. Uno de esos poetas que sacan la lengua después de un sonetito, por ejemplo, llega a la conclusión de que hablar de Gardel es algo ya de buen tono y entonces lee su biografía y se enternece en una librería del centro adonde van a admirarlo los estudiantes de la universidad. Sin embargo, nunca escuchó a Gardel. Otro se despeina a lo Florencio Sánchez y se reclina de melancolía. Sin embargo nunca soportó a Florencio Sánchez. Un tercero se hace el Rimbaud tocado por la magia, bebe tres chicas copas locas y tiene una verticalidad asombrosa y habla del submundo y de la angustia. Sin embargo, no lo entiende a Rimbaud. Eso en cuanto al esnobismo. El impudor golpea a cada rato en las redacciones: “un libro, un comentario...”. Aquí ya no hay límite. La vanidad hace cosas descabelladas y el anecdotario sería enorme si enumeráramos desde la poetisa a quien hay que ayudar hablando bien de su libro porque ha quedado viuda hace seis meses, hasta el joven poeta que no hay que herir porque tiene el padre paralítico. Conozco belicosos nihilistas y graves enemigos de un ex crítico de un matutino, despreciado en todas partes por su canallería, que por un comentario favorable presentaron su libro con una

acucharada sonrisa y un gladiolo. Conozco muchos. Llegan y piden y tienen álbumes densos con notas de favor y la poesía no los conmueve, pero sí un recorte de diario. Este es un mal genérico. La poesía, la actitud veraz de la poesía, es simple: tocar la cosa, tener los pies encima del tembladeral, mancharse, no tener miedo a la humanidad y hacer poesía para hombres y no para pájaros, diciendo lo que se vuelca en la sangre. Roberto Arlt, indiscutiblemente nuestro más grande novelista, tenía tremendos errores ortográficos y de sintaxis, pero no hablaba de miedosas campánulas ni de embriones plurales ni de horrorosos caballeros templarios, porque subía a los tranvías, charlaba con ladrones, se rascaba la cabeza frente a un beatón o a un loco. Pero después hacía sus novelas pisando plataformas, embotellando caras tremebundas, persiguiendo al burgués de los domingos o comprendiendo a la heroína ahorcada. ¿Es posible, todavía, la gloria del salón? ¿Es posible el poeta gentilicio? He oído decir muy a menudo la palabra barata para juzgar una poesía impregnada de vivencias y de sabor humano. Y a eso es a lo que temen los poetas del sonetito que sacan la lengua: a ser considerados baratos, para evitar lo cual eluden la autenticidad y se dan a elaborar una poesía formalista e inspirada en anteriores maestros, con lo cual no corren el peligro de desvalorizarse en sus afectados ambientes. Pero ¿qué es barato? Hay muchos poetas que hacen poesía auténtica. Ellos son terreno fértil para cualquier sensación humana, pues no se mienten. Pero el que permanece inactivo todo el año y en el verano va a descansar sus músculos a una estancia y debajo de un ombú, bebiendo Coca-Cola, resuelve el verso autóctono, el que cree que quince días de campo bastan para forjar una obra nacional, ése no hace poesía auténtica, ése es el que escribe el sonetito y saca la lengua. Los otros, los que se impregnan de vivencias y hacen poesía vibrando, diciendo, gritando, creando originalmente, son los auténticos.

Elecciones en la Junta El día jueves 6 del corriente mes, a las 21, se realizó la Asamblea Anual Ordinaria de la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo en la que resultaron reelectos su presidente Aníbal Lomba y sus vicepresidentes primero y segundo, Miguel Angel Caiafa y Carlos Kapusta respectivamente. Producido el acto eleccionario, se pasó a un cuarto intermedio hasta el próximo 4 de diciembre, fecha en que terminará de integrarse el resto de la Comisión. Nuestras felicitaciones a las autoridades reelectas.

En octubre de 2001 había pocos motivos para cultivar la esperanza. Sin embargo, en medio del desierto –como casi siempre sucede–, surgía un pequeño brote que tendría que pugnar con la aridez de ese fin de año caótico para poder mantener su lozanía. De un encuentro casual –llevando piberío a la calesita– Germinal Marín y yo urdimos la aparición de un periódico que rescatara la riquísima identidad boedense resaltando sus valores histórico-culturales. Fue sólo una intención que, sin embargo, un mes después se transformaría en este periódico. Se cumplen dos años de aquel lírico lanzamiento que hoy recordamos. En el brindis inicial conocí a boedenses de prosapia que celebraron la idea y serían en lo futuro –con distintos grados de participación– sostén y apoyo de la publicación. Allí estuvieron, entre otros, Rubén Derlis, Aníbal Lomba, Carlos Kapusta, Néstor Zakim y alguien que me abrumó con sus expectativas: Héctor González. Lo recuerdo como un torrente de ideas y fervores convocantes cuyo espíritu perdura a pesar del silencio que “de prepo” le impuso la muerte. Claroscuros de un ciclo joven que sigue intentando crecer en sustancia. Hoy con nuevos sostenes –Edgardo Lois, Carlos Caffarena– que respaldan la tarea junto a los que aportan como colaboradores. Y nuevas inquietudes como un suplemento especial sobre Sebastián Piana, a cien años de su natalicio, asociado a la iniciativa de la Junta de Estudios Históricos de nuestro barrio. Así con “Desde Boedo” aspiramos a seguir llenando de contenido la evocación poniéndola a salvaguarda del simplismo melancólico, rescatando los auténticos valores culturales que afianzan nuestra identidad. Mario Bellocchio

Facsímil del primer número de nuestro periódico

Buenos Aires lee en Boedo

FOTO DEL DIARIO “CLARIN”

Miércoles de octubre al atardecer. El desagobio del retorno instala su molicie sobre las veredas de Boedo. Sin embargo, la del “Margot” tiene otro nervio. Una pantalla que refleja la actividad del interior, parlantes... De a ratos, aplausos que coronan casi místicos silencios para escuchar al orador: ¿un pastor?, ¿un analista político?, ¿una figura mediática? Tal cantidad de atentos seguidores no puede deberse a causantes de menor fama. –¿Quién es? –desliza una señora sin despegar la vista de la pantalla, emulando el magnetismo de las telenovelas. –El poeta Rubén Derlis –le contesto. –¡Ah! –y vaya uno a saber si le proporcioné información sabida o a atesorar de ahí en más. La curiosidad que produce acumulación de gente en la vereda no tarda en transformarse en genuino interés, desmintiendo el aforismo de que la poesía no se vende porque la poesía “no se vende”, confirmando sólo el encomillado. Adentro, casi un centenar de personas colman hasta los pasillos para escuchar a Rubén, una verdadera clase de formas y contenido dichas con sobriedad, con justeza, con algún

ramalazo de emoción que el poeta diluye en breve carraspeo. Cierto es que el convite no propuso una cita a ciegas. En tiempos de fajas de honor y oropeles mediáticos, que un orfebre de modelada letra poética, que peleó a pluma en ristre sus más de veinte publicaciones, tenga espacio y convocatoria, merece mencionar su elaboración. La Dirección General de Educación, que lo elige para formar parte de los eventos de Buenos Aires lee lo selecciona por sus trabajos, no lo extrae de una lista del Parnaso de la fama. Reparte libros en las escuelas de adultos convocadas. Genera el interés por el conocimiento de la obra, no de las medallas. Y el encuentro abandona la influencia casual para transitar la causal. El presunto intermediopausa entre recitados se transforma en interrogativo interés de los concurrentes: ¿cómo escribe?, ¿cómo llega al poema el autor?; ¿cual es el significado del paso del tiempo?, ¿y la melancolía, tan presente en su obra?... Entre los asistentes no están ausentes reflexiones e interrogantes como, una de ellas, las razones por las que muchas personas son tan distantes, tan frías. Un buen pie para que el poeta trace una aguda semblanza de su manera de entender el mundo, los duros legados de la globalización y el sometimiento que pretende el Imperio. La epidermis de la noticia dice que en Boedo un café desborda hasta sus veredas sólo con un poeta que lee su obra. Debajo de esa piel están la convocadora, los convocados, las formas conque se convoca y, por supuesto, el convocante. Que sea el poeta Rubén Derlis es un plus, que pudorosa e inútilmente tratamos de mencionar con mesura porque se trata de un amigo. Mario Bellocchio


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Conocía el nombre de Ignacio Xurxo a través de sus comentarios sobre literatura. Un nombre, una palabra autorizada. El destino me llevó a compartir dos horas con él en su departamento de Belgrano. Xurxo es el autor de la contratapa para un libro de próxima aparición, Contar la vida de Gabriel Montergous, y yo fui a retirar el escrito. Dos días antes del encuentro, me acerqué a la biblioteca y coloqué mi dedo índice sobre uno de los tantos libros que esperan el turno de la lectura, Tahití, una reedición de un libro de cuentos aparecido en el ’71. Una oportunidad que no me gusta desaprovechar, obra y autor a la mano. El libro me pareció de un contenido extraordinario, una y otra vez adentro de las historias, una y otra vez disfrutando de una construcción impecable, Había amanecido como por compromiso, oscura, escasamente. La lluvia se demoraba suspendida, flotando indecisa en el aire de Almagro. Era una niebla fina o un rocío denso, pero lo que quiera que fuese, hacía más grises y tristes los muros, las arcadas y los patios en damero del viejo colegio. Di a Xurxo mi opinión de lector maravillado, y como respuesta obtuve una afirmación que, palabra más o palabra menos, aclaró que él tuvo la suerte de haber tenido buenos amigos que escribían muy bien. Presenté mi queja con respeto, sus cuentos no se escriben sólo con consejos acertados. Desde mi condición de lector desesperado por más, pregunté por otros libros. Xurxo se sonrió, agradeció y por primera vez nombró a Humberto Costantini, uno de esos consejeros donde abrevaba su sincera modestia. Se declaró habitante de Boedo; dijo al respecto que

también fue iniciado por otro amigo, el escritor Isidoro Blaisten, quien puntualmente en un escrito consigna su presencia en la famosa librería San Juan y Boedo que el mismo Blaisten tuvo en el barrio. Xurxo sabe mucho de literatura y de la vida, es una de esas personas a la que se la puede escuchar durante horas; es uno de esos autores que escapan a mi catálogo de escritores devenidos en dioses de cinco minutos, o sea poco o nada se permiten escuchar o leer porque no tienen tiempo. Cinco minutos es poca cuerda; Xurxo, el señor escritor Xurxo dispone de horas y respeto, hierbas que escasean sobre la endiosada superficie de esta tierra. Imagino al escritor un tanto molesto ante tanta palabrería para contarlo. Se me ocurre que quizá prefiera que escriba sobre mi última lectura. Cuestiones con la vida de Humberto Costantini, es otro de esos libros que esperaban el turno en la biblioteca; que el libro espere es otra dualidad que atraganta al lector practicante, la felicidad porque los libros nunca se acaban y el horror porque sabemos que ahí está, que espera, que sigue esperando sin que sepamos hasta cuándo. Xurxo habló del pequeño santuario pagano, pleno de objetos troileanos y de recuerdos pincharratas, que Costantini tenía en su exilio mexicano, y yo ingresé, días después, a otro de sus santuarios de la tierra y la escritura, Cuestiones con la vida, un libro que hoy sólo nos puede entregar el destino en alguna librería de viejo. Leer a Costantini es una experiencia que conviene no

dejar para mañana; sí podemos dejar para mañana, por ejemplo, la propaganda de un doctor sorprendiéndose de que en este país cada vez haya más niños desnutridos (pero tranquilos, se soluciona con un yogur de cincuenta centavos en un paisaje donde muchos no tienen ni un peso para todo el día); decía entonces que para mañana puede quedar la puteada al inmoral que escribió el guión y al que puso la cara serenísima de esa propaganda; pero no Costantini, su escritura es aire para la buena vida, Has de saber, el tiempo / es un gran resbalón al infinito, / es una vieja silla en el desván, / es un escalofrío, / es una pesadilla de átomos, / es un lío realmente. / Pero además el tiempo, / todo el tiempo, / todo el podrido tiempo / son estas cinco horas, / estos quinientos siglos, / esta piojosa pila de planillas / que falta para verte. Costantini fue un tipo atrapado por la perra, jodida, fugaz, celosa y gastrinflamatoria poesía; también tuvo problemas de Ego y Tango, Como está ampliamente demostrado, / el tango / se inventó para mí. / (...) Que alguna vez, allá a lo lejos, / se amontonaron al tuntún / barcos, negros esclavos, habaneras, / prostíbulos, guitarras, bozaleos / de tanos inmigrantes, / jazmines, bandoneones, / Bardi, Gardel, Pichuco, Orlando Goñi / y vaya a saber qué otros / chistosos disparates, / nada más / para que yo pudiera a veces / decir dolor, o bronca, o lejanía, / o puta madre, o simplemente llanto, / y no tener vergüenza de decirlo, / esa es la cosa. Quizá sea la escritura de Cos-

trucciones que un pueblo va forjando a lo largo de su historia. Después vendrán las ordenanzas, las leyes que darán status jurídico a una situación preexistente, pero lo cierto es que los barrios son obra de sus vecinos, algunos más destacados, otros –la mayoría– totalmente anónimos y algunos otros, que han merecido perdurar en la memoria popular, que por su actividad y generosidad merecieron el nombre de benefactores. Por otro lado, la industria fue decisiva en la hora primigenia de muchos barrios porteños: Belgrano fue creciendo alrededor de las viejas caleras, Villa Crespo de una fábrica de calzado y el Matadero –para no abundar– con sus sucesivas mudanzas, fue engendrando nuevos asentamientos al poblarse sus aledaños de establecimientos vinculados a los subproductos cárneos y al beneficio de los cueros. Precisamente don Santos Luppi, llegado a estas costas en 1861, se instaló originalmente con curtiembre en Caseros y Lorea y, al trasladarse los Corrales al actual Parque Patricios en 1871, adquirió terrenos

en el bañado de Flores, donde se estableció definitivamente como “Santos Luppi Hnos. y Cía.”. Con la colaboración de su hermano Tomás introdujo las más modernas maquinarias para el trabajo del cuero y en sociedad con Graciano Houret instaló en Barracas un aserradero de quebracho, fuente del tanino que por entonces era el principal agente curtidor. Fallecido en 1881, Tomás se hizo cargo de la dirección de la empresa hasta 1894, incorporándose muy joven a la misma Abraham, hijo de don Santos y de quien, en realidad, estamos hoy hablando. Nacido en Buenos Aires en 1867, Abraham no se contentó con dar impulso al negocio familiar, sino también a ese arrabal que a partir de la fundación de una capilla en 1896, por los padres capuchinos, comenzaría a ser conocido por Pompeya. Intervino en la instalación de la luz eléctrica y de obras sanitarias, en la pavimentación de las calles, en el trazado de las líneas de tranvía, impulsó la fundación de la Sociedad de Socorros Mutuos y, quizá su principal obra, creó a pocos metros de la curtiembre la primera

tantini uno de los caminos para nombrar el exilio y sus desesperaciones, leyéndolo la garganta se anuda, las manos transpiran y se puede iniciar un diálogo provechoso con la primera de las lágrimas, Desesperado, paria, desguarnecido, / huérfano, / sin un podrido tango / donde caerme muerto. / (...) Solo, / piojosamente solo, / de una punta a la otra del poema... / Hasta tirarme a descansar aquí, / desmoronado, / junto al último verso. Las vueltas de los días en esta Buenos Aires me llevaron a mi biblioteca y a un libro que no había leído porque en una próxima mañana hablaría con su autor, el escritor Ignacio Xurxo; luego ocurrió que de la mano de Xurxo llegué hasta otro libro que guardaba sin leer en un estante y entonces Costantini se hizo en mi vida para no abandonarme jamás. Nuevamente descubro la felicidad y el horror que contienen las bibliotecas, casi como la vida, ¿no?, y es desde ahí, desde la ausencia de recetas, que tuve ganas de escribir sobre Xurxo y su libro, sobre Costantini y su libro, sobre los dos en la misma hoja porque ninguno admitiría exclusividad. Digo que Costantini hubiese tenido dos horas para charlar; arriesgo este decir, más allá de todas las muertes posibles, porque leí su libro cocido a años y no a minutos, y porque imagino que es imposible ser amigo de Xurxo sin compartir una misma íntima sensibilidad cuando del tiempo de la vida se trata. Como anoté más arriba, tuve ganas de escribir sobre dos escritores, y entonces prometí no dejarlo para mañana. Edgardo Lois

CALLEJEANDO HISTORIA

Si existe una creación colectiva, un hecho en que más que algunas voluntades priman el esfuerzo, la permanencia y la mancomunión de muchas experiencias y trayectorias individuales –a la manera de los laberintos borgeanos–, es en la génesis de un barrio. Se podrá decir que los mismos factores son necesarios para una ciudad, una provincia, una nación pero, en definitiva, el barrio es el núcleo básico de esas cons-

escuela del barrio, el Colegio Luppi, en Centenera y Esquiú, poniendo a su frente a Eduardo Colombo Leoni, que, emigrado de Italia al parecer por un desengaño amoroso pero de rica y culta familia, había ingresado como simple empleado a la curtiembre sin revelar sus verdaderas dotes intelectuales. Abraham J. Luppi, cuyo apellido perdura en la zona ya en la sexta generación, falleció el 15 de agosto de 1910 y el agradecimiento popular motivó que el 24 de noviembre del mismo año se diese su nombre a una calle en el corazón del barrio. Colombo Leoni tuvo otra suerte, pues originalmente se había dado su nombre a un pasaje de Barracas pero en 1943 fue transferido a una cortada que, como la calle Luppi, está ubicada en los alrededores de Centenera y Esquiú. Luppi y Colombo Leoni: dos calles que memoran a dos hombres en el escenario de sus mejores logros: Pompeya, que no los olvida. Diego Ruiz

024 nov 2003c  
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