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Ya avanzada la noche el pequeño Roberto no logra dormir. Acaban de echarlo de la escuela con, apenas, tercer grado incompleto(1). Sus diabluras, sus desatenciones... “Incorregible”, calificaría su maestra con el aire de quien se saca de encima una pesada carga. Pero no es motivo del insomnio la insoportable escuela; a fin de cuentas él se las ingeniaba para reemplazar la tabla del siete por Salgari. La verdadera causa de la vigilia es que su padre le prometió darle una paliza a la mañana siguiente. Y sabe, por experiencias anteriores, que “el viejo” Karl cumple con rigor la sentencia. Esa relación conflictiva, lacerante, sería una pesada carga a transportar durante toda la vida. El velatorio de su padre aporta una fotorecuerdo que dibuja al Arlt marcado por sus orígenes, dormido en un sillón frente al féretro, seguramente queriendo recomponer los insomnios infantiles. Alguien lo desvela y, tratando de gestar una recapacitación sobre el descuido, sólo recibe como respuesta el bofetón de una realidad que ni la muerte redime: ¿Y si era un hijo de puta en vida, por qué no va a serlo después de muerto? Aquel primer caparazón infantil creado a la defensiva fija domicilio en la verba mordaz que, llevada a las letras, entremezcla el lenguaje pulido con el de la calle, el de uso cotidiano. Su amigo Roberto Mariani lo presentaba como alguien que escribe como habla, sin prejuicios ni límites, del castizo al lunfardo sin escalas. De este modo comienza una larga lucha “contra las cuerdas” donde su mejor defensa es el ataque de la irreverencia –dotada con una soberbia de la que descree en la intimidad– que le permite construir arquetipos certeros, con carnadura humana despojada de hipocresías, a la vez que engendra odios y controversias en el ámbito literario y hasta el oprobioso mote de “escritor maldito”. Lejos de amilanarse replica: Tengo una fe inquebrantable en mi porvenir de escritor. Me he comparado con casi todos los del ambiente y he visto que toda esta buena gente tenía preocupación estética o humana, pero no en sí mismos, sino respecto de los otros. (...) Creo que en esto le llevo ventajas a todos. Soy un perfecto egoísta. La felicidad del hombre y la humanidad no me interesan un pepino. Pero en cambio el problema de mi felicidad me interesa tan enormemente, que siempre que lance una novela, los otros, aunque no quieran, tendrán que interesarse en la forma como resuelven sus problemas mis personajes, que son pedazos de mí mismo. (“Literatura Argentina”, entrevista, 1929.) Pedazos de un rompecabezas que Roberto Godofredo Christophersen Arlt trata febril-

mente de armar casi, podría decirse, a partir del a la profundidad de “El desierto entra en la 2 de abril de 1900(2) cuando el barrio porteño de ciudad” y “300 millones”, trabajos que la decantación de los años ubican como verdaderas Monserrat lo oye llegar a este mundo. bisagras de la dramaturgia argentina del siglo De los 15 a los 20 años practiqué todos los XX. En los últimos diez años de su trayectoria oficios. Me echaron por inútil de todas partes. parece haber encontrado en su producción A los 22 años escribí “El juguete rabioso”, teatral el curso por donde fluir finalmente. En novela. Durante cuatro años fue rechazada vano promete una novela posterior a “El amor por todas las editoriales. Luego encontré un brujo” de 1932, el camino está marcado. Para el crítico Jorge Dubatti: Unos sostienen que editor inexperto. En 1924 la “Editorial Claridad” de Antonio Arlt se habría identificado con la mística del Zamora comienza a publicar su colección “Los teatro independiente, llevado adelante por Nuevos”, mentora destacada del Grupo actores no profesionales, simpatizantes con la Boedo. A ella se presenta el joven Roberto Arlt izquierda; otros, que habría descubierto en el con su manuscrito de “El juguete rabioso”, lenguaje teatral la capacidad de llegar, en pero no puede conseguir un espacio para su forma directa y amena, a un público masivo e, obra. Un par de años más tarde, ya como incluso, iletrado y analfabeto. Quizás ese haya secretario de Ricardo Güiraldes, logra su sido el disparador que el 3 de marzo de 1932 lo publicación y comienza a participar en la involucra con el Teatro del Pueblo de Leónidas prestigiosa revista “Proa” sentando las bases Barletta para presentar la adaptación de un de un naciente prestigio que comienza a capítulo de “Los siete locos” titulada “El consolidarse con el tercer premio municipal de humillado”. El suceso, en la sala de Corrientes al 1400, seguramente lo sedujo. Pero sólo es el 1929 para “Los siete locos”. El ascendente camino tiene grietas. No es inicio. Pronto comienza a explorar las nuevas Roberto Arlt un individuo maleable dispuesto tendencias de los renovadores europeos. En a aceptar disciplinas de conjunto o conductas “300 millones”, por primera vez un personaje convenientes. Sus compañías habituales no central contradictorio, imagen de las luchas del suelen ser lo que la ortodoxia indica para un escritor. Desde sus 20 años, cuando había escrito un ensayo sobre “Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires”, los personajes marginales, logias y sociedades secretas, sobrevuelan permanentemente su vida y obra, incluyendo la periodística. Sin embargo –recuerda su hija Mirta– el “vago, fracasado y loco”, como su entorno había comenzado a considerarlo, se torna un entrañable, activo y famoso cronista con el suceso de sus “Aguafuertes porteñas” para el diario “El Mundo”. No hay oficinista, empleado, obrero, hombre o mujer de la pelea cotidiana que no se vea reflejado en alguna de las agudas crónicas: El obrero con la “elegancia” de sus ropas de trabajo: Me encantan estas roperías-cavernas que se titulan “El hermano del obrero” y que lucen en el frente un cartelón con un crosta embutido en un “overall” azul. (...) Las chusmas del barrio: Son buenas mujeres, chismosas como ellas solas, de nariz investigadora y ojos tipo Rayos X. (...) O, en tiempos de café inalcanzable, el elogio agridulce del capuchino: Minga de café, abstención completa.¿Y qué le queda a usted? Reducirse al capuchino, al innoble y seductor capuchino. (...) Relatos hombre ante la imposibilidad de concretar sus donde los lectores se sienten en un balcón fantasías, abandona el realismo imperante en privilegiado de observación social que fre- nuestro medio teatral para incursionar con audacia en planos metafísicos que cobran cuentemente los incluye como personajes. dimensiones inéditas en su casi desconocida Superficial en la ortodoxia literaria, pro- obra “El fabricante de fantasmas”. fundo en la observación de los tipos humanos Si una medida cierta de las virtudes la da la que fotografía en su obra, accede a la tarea periodística como náufrago que se aferra a la vigencia, puede observarse que mientras los rama que le permite la flotación del sustento. libros de sus críticos contemporáneos juntan Avido coleccionista de odios y amores, cose- en los estantes el polvillo de la inmovilidad, la cha el rechazo purista de sus pares del que re- obra de Arlt sigue luciendo la pulcritud que le niega con mordacidad: Se dice de mí que da su activa consulta. Y si de perdurabilidad se escribo mal. Es posible. De cualquier modo no trata, en momentos en que el negro designio de tendría dificultad en citar a numerosa gente los detentadores de “la sartén” por el mango –y que escribe bien y a quienes únicamente leen el mango también– somete al mundo al horror correctos miembros de su familia”. (Prólogo de una nueva guerra, las palabras de Roberto Arlt reafirman la inmanente presencia de las de “Los Lanzallamas”, 1931.) Frecuentemente el suceso de su novelística y luchas de los sometidos por emerger la cabeza más aún el de su trabajo periodístico ocultan al sobre las aguas del sometimiento, aunque sólo Roberto Arlt dramaturgo. Brillos que preceden fuera para recobrar la respiración: Jamás será

superado el feroz servilismo y la inexorable crueldad de los hombres de este siglo. Creo que a nosotros nos ha tocado la horrible misión de asistir al crepúsculo de la piedad, y que no nos queda otro remedio que escribir deshechos de pena, para no salir a la calle a tirar bombas o a instalar prostíbulos. Idea que transportaría al ficcionario de sus “siete locos” donde Erdosain, Ergueta, el Rufián Melancólico y los demás intentarían financiar la revolución... instalando una cadena de burdeles. ¿Quién es Roberto Arlt? ¿El único escritor rioplatense capaz de poseer el calificativo de genio, como afirmaba Onetti? O, al decir de Abelardo Castillo, la definición contundente nos desembaraza del escritor Roberto Arlt, lo saca de la literatura y lo instala en esa especie de cielo o “más allá alegórico” habitado por los poetas locos, los enfermos iluminados, los niños irresponsables del arte. Roberto Arlt deja de ser un novelista, un dramaturgo, un hombre de ideas, para transformarse en un caso clínico o en un enigma literario. Y agrega Castillo: Onetti, en su ensayo sobre Arlt, no puede dejar de sentir que Arlt lo está mirando con sarcasmo y desdén. Cortázar, en su prólogo a las Obras completas, lo compara con un Goya canyengue o con un Villon de quilombo, y escribe: “Arlt me hubiera partido la cara de haber leído esto”. Es un hecho: ese bárbaro intimida. Pero, bien. ¿Qué hacemos con un genio casi analfabeto que escribía mal pero a quien le salían novelas como Los siete locos; cuentos como El Jorobadito, Luna roja o El traje del fantasma; obras de teatro como El desierto entra en la ciudad, Saverio el cruel, La isla desierta? O admitimos que es algo así como el Mahoma de nuestras letras (ya se sabe que Mahoma nunca aprendió a leer, lo que no le impidió dictar el Corán) o nos decidimos de una vez a examinar más de cerca nociones como “cultura” y “estilo” cuando se habla de Arlt. ¿Quién era Roberto Arlt? ¿El padre entrañable-insufrible que describe su hija Mirta Electra, nombres con que él la bautizó? ¿El genio que describe Onetti? ¿El octavo loco? ¿Un escritor que compensó ampliamente con su vuelo las carencias literarias? ¿El inventor de delirios que le permitieran una existencia con menos precariedades? ¿El frontal y soberbio o el ciclotímico que oscilaba violentamente hacia el desprecio de sí mismo? ¿El desmesurado, que oponía una coraza a la mediocridad o un gladiador solitario que luchaba por la trascendencia? Ser olvidado cuando muera, esto sí que es horrible. (...) Sin embargo, algún día me moriré y los trenes seguirán caminando y la gente irá al teatro como siempre y yo estaré muerto, bien muerto, muerto para toda la vida. Mario Bellocchio (1) El imaginario relato del insomnio del pequeño Roberto, está basado en palabras del propio Arlt: (...) he cursado las escuelas primarias hasta tercer grado. Luego me echaron por inútil. Investigaciones posteriores que siguieron puntillosamente las huellas de Arlt, ubican los últimos pasos del escritor por la primaria, en quinto grado (Angel O. Prignano, Buenos Aires: El barrio de Flores y sus hechos, Junta de Est. Hist. de S. José de Flores, 2002.) (2) Según el propio Arlt. Para Prignano la fecha precisa es el 26 de abril de 1900, en Piedad (Bartolomé Mitre) 677.


En 1905, Rubén Darío incluyó el poema “A Roosevelt”en Cantos de vida y esperanza, que resultó profético. El poeta finaliza el prólogo a dicho libro con estas palabras: “Si en estos cantos hay política, es porque aparece universal. Y si encontráis versos a un presidente, es porque son un clamor continental. Mañana podremos ser yanquis (y es lo más probable); de todas maneras, mi protesta queda escrita sobre las alas de los inmaculados cisnes, tan ilustres como Júpiter”.

A ROOSEVELT Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, que habría de llegar hasta ti, Cazador, primitivo y moderno, sencillo y complicado, con un algo de Wáshington y cuatro de Nemrod. Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún habla el español.

EL TEATRO DEL BARRIO Boedo 1759 * 4 932-3390 / 4 956-1060 ESCUELA DE TEATRO de Virginia Lago: abierta la inscripción. Cursos, seminarios y talleres. *ADOLESCENTES - ADULTOS INFORMES: 4 932-3390 (Fabiana), 4 931-7960 (Pablo). Realizaciones Culturales “Club de Teatro” BOEDO XXI - Boedo 853 - Informes y reservas: 4 957-1400 - E-mail: boedo21@hotmail.com

Xilografía de Juan Manuel Sánchez (1967)

Informes e inscripción en día y horario de los cursos.

y alumbrando el camino de la fácil conquista, la Libertad levanta su antorcha en Nueva-York.

Mas la América nuestra, que tenía poetas desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl, que ha guardado las huellas de los pies del [gran Baco, que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió; que consultó los astros, que conoció la Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza; [Atlántida eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy. cuyo nombre nos llega resonando en Platón, Y domando caballos, o asesinando tigres, que desde los remotos momentos de su vida eres un Alejandro-Nabucodonosor. vive de luz, de fuego, de perfume, de amor, (Eres un profesor de Energía, la América del grande Moctezuma, del Inca, como dicen los locos de hoy.) la América fragante de Cristóbal Colón, la América católica, la América española, Crees que la vida es incendio, la América en que dijo el noble Guatemoc: que el progreso es erupción, “Yo no estoy en un lecho de rosas”: esa que en donde pones la bala [América el porvenir pones. que tiembla de huracanes y que vive de amor, No. hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. Y sueña. Y ama, y vibra, y es la hija del Sol. Los Estados Unidos son potentes y grandes. Tened cuidado. ¡Vive la América española! Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor Hay mil cachorros sueltos del León Español. que pasa por las vértebras enormes de los Andes. Se necesitaría, Roosevelt, ser, por Dios mismo, Si clamáis, se oye como el rugir del león. el Riflero terrible y el fuerte Cazador, Ya Hugo a Grant lo dijo: Las estrellas son vuestras. para poder tenernos en vuestras férreas garras. (Apenas brilla, alzándose, el argentino sol y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos. Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios! Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón; Rubén Darío

ANUARIOS DEL TIEMPO, Volumen IV - Néstor Groppa Desde San Salvador de Jujuy quiso el destino que este cuarto anuario se acercara hasta Boedo. Este nuevo volumen contiene poemas que semejan artículos periodísticos y son estos mismos los que a su vez se hacen pura imagen como si fueran películas, aunque también parecen el puro guión de las mismas. Así se manifiesta el feliz pensamiento de un hombre que “escribe” todo aquello que lo rodea, por dentro y por fuera. No soy amante de las jaulitas que cuidan las formas, y sí de lo que llamo la buena escritura, aquella que disfruto por cercana a la reflexión y a la más libre de las máscaras. Digo que no me importa saber exactamente qué es lo que escribe N.G. (poemas, artículos, cuentos, relatos, guiones para cine, obras de teatro, o la grande novela humana en capítulos tan cortos), y que nada más agradezco su escritura, Pero sólo permanecen inalterables, / inmutables / los grandes silencios y las distancias lentas / del espacio / que es una llovizna de nada y todo / cayendo / sólo cayendo, / cayendo como lo que se cae para siempre, / como mortaja / o manta o velo de nubes o atardecido llover. (E. L.) Editorial “buenamontaña”, Jujuy, 2002.

Lunes de 19 a 21.30: Curso de actuación en comedia musical. Omar Pini Jueves de 19 a 22: Curso de teatro. Omar Sucari. Viernes a las 21 y sábados a las 22 (desde el 18 de abril) “Apocalypse off” de Pablo Rey. Dirección: Omar Ottomani.

BIBLIOTECA “LUBRANO ZAS” ver actividades de la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo.

UCBA (Unión de Correctores de Bs. As.) Talleres 2003: *El arte de corregir,*El lenguaje y la comunicación, *Ortografía razonada y *Análisis literarios de letras de tangos. INFORMES:ucba@starmedia.com / 4 307-2968

Centro Cultural y Teatro Independiente EL QUIJOTE - Av. Independencia 4053 * 4 957-6218 Viernes 11 a las 21: “Una libra de carne” de Agustín Cuzzani. Sábados 12 y 19 a las 21: “Fama”, “El musical”. Domingo 13 a las 21: “Dos tipos siniestros” y a las 22.30: “El mundo ha vivido equivocado”. CURSOS: *Teatro para adolescentes y adultos *Teatro para niños *Gimnasia *Tango *Salsa.

Espacio “VIDA Y ARTE” del TEATRO BOEDO Boedo 878/80 - 4 957-6702 E-mail: vidayarte@hotmail.com Próximamente reestreno en nueva versión de “La cuponera”. Talleres de arte “LA VIA”. Para jóvenes y adultos: (Dibujo, pintura, objetos). Martes y/o miércoles de 18 a 20; Para niños: (Dibujo, pintura, escultura, cerámica, títeres, juguetes). Jueves y viernes de 17.30 a 19; Coordinación: Lucas Marín. Y las “comidas con arte” que incluyen el espacio de venta de productos alimentarios artesanales.

Centro Cultural JULIAN CENTEYA Av. San Juan 3255 - 4 931-9667 TALLERES LIBRES Y GRATUITOS: A partir del lunes 3 de marzo de 18 a 21. Informes e inscripción en este centro o en La Rioja 850. Gob. C. A. de Bs. As. Secretaría de Cultura. Dirección de Promoción Cultural.

Jueves a las 21: Grupo “Cine club Nocturna” presenta su Ciclo de cine fantástico. Entrada libre y gratuita.

EncuentrO - Sala Teatral - Centro de Comunicación por las Artes - México 3700 - 4 931-1617 E-mail: vivencuentro@aol.com

El Taller Escuela de Música y Artes nació en 1990 en el barrio de Boedo, fundado por su actual directora, María Teresa Fleck Romo, y Stella Rodríguez. Al comienzo el taller se denominó Taller Mi Sol, dedicado a actividades musicales: piano, flauta y talleres de iniciación musical dirigido principalmente a niños. En 1991 abrió su sede en Boedo 846 donde incorporó cursos de nuevos instrumentos y otras disciplinas tales como teatro, danza, pintura, taller literario, etc. También se dio inicio al curso de dibujo humorístico y caricatura encabezado por el dibujante Héctor Torino. A partir de ese año se comenzaron a realizar trabajos de extensión cultural a través de ciclos de conciertos gratuitos y presentaciones en escuelas e instituciones geriátricas. El crecimiento de la escuela originó años más tarde –en 1998– el cambio de local a Boedo 883 –sede actual– donde, además de ampliar sus horas aulas, construyeron una sala teatral.

En 1999 organizó –con la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo– un importante certamen sobre letras de tango que convocó a más de mil participantes y colmó las instalaciones del Teatro San Martín en su entrega de premios. En ella participó la Orquesta del Tango de Buenos Aires y resultó ganador el tema “Por los viejos” de Roberto Díaz. El instituto cuenta con un sello editorial –ediciones Mi Sol– cuyas publicaciones dan preferencia a la labor de los diversos talleres literarios de niños, jóvenes y adultos que en ellos participan. En la actualidad la escuela “Tema” ofrece una gran variedad de cursos de formación artística en artes visuales, área instrumental y área vocal a cargo de un jerarquizado plantel de docentes y, paralelamente, sus tradicionales tareas de extensión. En la página Web www.escuelatema.com.ar puede recabarse mayor información al respecto.

TALLERES: abierta la inscripción 2003 a los Talleres de Dinámica Corporal, Juegos Teatrales y Plástica, destinados a niños, adolescentes y adultos.

JUNTA DE ESTUDIOS HISTORICOS DEL BARRIO DE BOEDO Las Casas 3639 Dep. 4 / Tel.: 4 924-6858 E-mail: boedohistoria@yahoo.com

Actividades de abril Los sábados de 10 a 13.30: En la vereda, bajo los tilos de Boedo 853, se despliega la mesa de publicaciones de la Junta, compartiendo su espacio con “Ediciones Papeles de Boedo”, “Desde Boedo” y “Boedo XXI”. Biblioteca pública “Lubrano Zas”: en Boedo 853, piso 1º; Horario de atención al público: Lunes de 15 a 17; Miércoles y Jueves de 17 a 19. “Te espero en el café”: En “Recuerdo”, Esquina Osvaldo Pugliese, Boedo y Carlos Calvo, el sábado 12 de abril a las 17.30. “Recital del poeta Orlando Mario Punzi”. Nuestro próximo encuentro: sábado 10 de mayo. En el marco de la 29ª Feria Internacional del Libro a desarrollarse en el predio de La Rural, Avda. Sarmiento 2704, la Junta participará, con las de los demás barrios de la ciudad, en el stand designado como Módulo 3 del Pabellón Verde, donde se ofrecerán al público nuestras publicaciones. En ese contexto, el día Martes 22 de abril, a las 18.30, en la Sala Sarmiento del citado predio, el presidente de nuestra Institución, Sr. Aníbal Lomba, disertará sobre Poetas... de Boedo.


Tenemos que dejar las máscaras en un lugar a mano. La próxima vez que suenen las sirenas no debemos tardar tanto. Y nada de bajar a nuestro propio sótano. La estación del subte es más segura aunque haya que bancarse el hacinamiento. Son metros y metros bajo tierra. ¿Te acordás de la escalera del apeadero provisorio? Noventa y cuatro escalones tenía. ¡Y qué sé yo cuánto tiempo estuvo San Juan cortada! ¡No se terminaba más! Ahora la estación nos cuida la vida un par de veces por día. ¡Bah! Nos cuida si llegás a tiempo. El Flaco se demoró un cachito y pasó a la historia como la primera víctima de Boedo. ¡Y ya son tantas! Parece mentira que sólo hace un par de semanas nos reunimos en el Margot. Estábamos todos. Había una mezcla de bronca, miedo y camaradería. Allí nos abrazamos, con algunos por última vez, imaginando un negro futuro. Sólo se equivocaron los que guardaron una leve esperanza. Cuando paso por el baldío de Boedo y San Ignacio el olor a chamusquina me estremece. ¿Quién carajo mandó al ejército a vivaquear en la cortada y la convirtió en objetivo? Lo cierto es que el Margot, el Obelisco y tantos otros seres y lugares entrañables ya son sólo recuerdo. Dicen que vienen a “liberarnos”, pero todos sabemos que se están quedando sin agua. Que el verdadero objetivo son los glaciares. ¡América para los americanos... del Norte! Cuando fue Afganistán no me preocupó. Irak queda demasiado lejos. Ahora vienen por nosotros... ¡La alarma, la alarma..., otra vez la alarma! –¡Apagá ese despertador, querés! ................................ Algunas veces los sueños son sólo sueños. Otras..., premoniciones.

Hoy es día domingo, 19 de enero del 2003. ces, además de explicar la existencia de mi Llueve desde anoche. Hace unas horas llamó libro y de mis ganas de que él lo tuviera, pedí mi mamá por teléfono. Ella había escuchado cinco minutos para poder hablar. Orgambide una información en la radio. Ella siempre dijo que sí, dijo que no era ningún problema. El escucha la radio y la mayoría de las veces es 4 de diciembre, Pedro Orgambide se asomaba ella la que sabe primero. Mi mamá dijo, a la puerta del edificio para permitirme la Escuché que murió Pedro Orgambide. Des- entrada a su casa. Estuvo muy atento a todo lo que yo decía, me pués del lamento interno por la mala nueva, intenté seguir con mi domingo de lluvia, mis escuchaba. Tomó en sus manos mi libro, y dio días preferidos se hacen de lluvia, pero no una cuidadosa recorrida por la edición. Dijo pude. Es decir, sí pude formalmente. Escucha- que el libro estaba bien hecho, que había queba, hablaba, opinaba. Pero la memoria ya no dado muy bien. Se detuvo en algunas páginas, acompañaba los momentos del domingo, ya leyó, no dijo nada. Me pidió que lo llamara no. Digo que mi memoria practicó una corrida, dentro de quince días, en ese lapso esperaba un trote ligero al pasado reciente, un trote poder leerlo. Seguimos hablando, le tocó turno ligero al 4 de diciembre del año pasado, a las al país en el que vivimos, al esfuerzo que tiene diez de la mañana, al interior de un depar- que afrontar todo aquel que se dedica a cualquiera de las cuestiones relacionadas con el tamento de planta baja. Había hablado tres o cuatro veces con Pedro arte. Coincidimos en los horrores en que Orgambide. Siempre por teléfono, y la llamada respira esta sociedad, hubo tiempo para hablar se originaba después de leer alguno de sus del hambre, de la ignorancia que tanto conlibros. Lo llamaba para agradecerle la historia, viene al poder, de la apatía de las personas ante y era él quien más agradecía la simpleza de una las más terribles barbaridades. Me preguntó llamada telefónica. Alguna vez lamenté no por mi escritura, por mis actividades. En un haber hecho lo suficiente para conocerlo per- momento dijo que había salido de dos operasonalmente. Libros como El escriba, Un amor ciones terribles, no quiso dar datos; estuvo a imprudente, Horacio Quiroga, Ser argentino, punto, pero se contuvo, tuve la sensación de me llevaron a admirar su prosa. Se lo había que en ese instante no encontró ningún motivo Cine Opera, años 40. dicho, pero nunca le había podido dar la mano. valedero para cargarme con detalles inneceEn lallegué, avenidacomo Corrientes se podía estacionar enhasta el centrosarios. de la calzada Salió del momento diciendo, Pero, Así lector de Orgambide, diciembre del año pasado. Pero ese diciembre todavía estamos vivos. Además del libro, llevé me sorprendía con mi último libro en la mano. algunos ejemplares del periódico Desde Tenía mi última historia y un ejemplar era para Boedo, lugar donde acomodo notas cortas que Orgambide, por respeto, como un intento de mezclan recuerdos con ocurrencias varias. dar algo, con suerte y si había hecho bien las Miró interesado. En uno de ellos descubrió al cosas en mi escritura, a cambio de lo mucho escritor Lubrano Zas; yo había hecho la recibido de sus libros. Algo así anoté en la crónica de un acto en el que se le otorgaba el dedicatoria. Otra vez sonó el teléfono y enton- nombre de Lubrano Zas a la biblioteca de la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo. Orgambide dijo, Qué buen tipo, Lubrano. Así se sumaba uno más a la lista de personas que hablaban bien de Lubrano Zas.

Le conté que le había llevado un ejemplar de mi libro al hijo de Lubrano Zas; Orgambide mismo descubrió el fragmento de Zas que abría el juego de mi novela. Es maestro de escuela, contesté a su pregunta sobre el destino del hijo del escritor boedense. Puse sobre la mesa cuatro libros y pedí que me los firmara, los cuatro ya citados. De El escriba y Un amor imprudente, dijo que eran dos de sus preferidos. Me puso contento que tuviéramos esa coincidencia. La charla nos llevó a varios de sus libros; en un momento exclamó, Pero vos leíste más que yo. Le conté que había intentado ser librero y que ahora era un desocupado más. Había pasado una media hora de charla; me pidió disculpas por no tener más tiempo porque debía ir a hacerse una extracción de sangre para un análisis. Vi en Orgambide a un hombre que estaba peleando contra la enfermedad, pero no tuve una sensación de derrota inminente. Antes de ir hacia la salida, Orgambide anotó un nombre, una dirección y un teléfono en un papel, eran los datos de Mario José Gravibker. Dijo, Andá a verlo de mi parte, llevale un libro, él lo va a leer, y cuando lo veas, comentale de tu situación laboral. Ante mi pregunta, ¿Digo

cincuenta mil pesos allá por 1927. Eran los primeros ingresos “importantes” a los que tenía acceso y quiso asegurar el hogar a su madre. Jean Jaurés 735 comenzaba su historia como “la casa de Gardel”, donde “el Morocho” pasaría sus últimos años –cuando recalaba en Buenos Aires– y albergaría a doña Berta hasta su muerte. De ahí en más la historia rondaría por el representante de Gardel y heredero testamentario de la madre –Armando Defino– y los emprendimientos habitacionales y comerciales de la propiedad que, en su mayoría, atentaron contra su originalidad edilicia con escaso o nulo respeto por la preservación histórica del lugar. Hasta que recientemente, con la donación de la propiedad al Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, su Dirección General de Mu-

“Museo Casa Carlos Gardel”. El pasado 4 de marzo se produjo la inauguración de la sede, ocasión en la que pudo observarse una adecuada restauración arquitectónica que le otorga el aspecto que tuvo cuando alojaba al hogar de Gardel y su madre. En los primeros días de junio abrirá sus puertas el Museo propiamente dicho, que recreará –reconstrucción museográfica mediante– los ámbitos donde transcurrió la vida cotidiana de Gardel: la sala donde ensayaba, el dormitorio, el escritorio y las demás dependencias, a la vez que dará lugar, en su salón de exposiciones, a muestras del patrimonio gardeliano –instrumentos, partituras, fotografías, discos, indumentaria y objetos personales–. Hasta entonces, la Dirección General de Museos organiza visitas guiadas programadas con anterioridad para todos los interesados en conocer la casa que cobijó los últimos años de quien, además de ser la máxima expresión de nuestros mitos populares, se ha trasladado por mérito propio a la consideración internacional.

Mario Bellocchio

que voy de parte suya?, contestó, Sí, decile que sos amigo mío. Fuimos hasta la salida. Orgambide pidió disculpas por no haberme ofrecido nada para tomar, y agregó que bien podríamos compartir una comida. Me agradeció por haber leído sus libros y nos dimos la mano. ¿Habré tenido en mi mano la mano con que el escritor escribía?; me digo que sí mientras recuerdo la despedida de José María Arguedas y el elogio para la mano de Onetti. Hoy domingo sé que Pedro Orgambide, escritor, ha muerto. Llamé, como él pidió, cerca del 20 de diciembre y hablé con una mujer. Ella dijo que todavía estaba acostado. Volví a llamar y dejé un mensaje con mi número de teléfono. No quería molestar; pero algo me hizo llamar una vez más y otra vez apareció la mujer. Dijo que Orgambide no andaba bien, reiteré mi teléfono y no volví a llamar hasta esta semana que hoy acaba con un día de lluvia. Intenté dos veces, enseguida arrancó el contestador, y corté. Pensé, no hay nadie; pensé, por ahí se fue unos días a descansar. En algún momento barajé la posibilidad de su muerte, no sé, presentimiento; pero por otro lado, no había tenido la impresión de que estuvieran corriendo los últimos capítulos de su novela. Así conocí a Pedro Orgambide, uno de mis escritores. El anotó en la primera página de El escriba, Para..., compañero de ideas, letras y esperanza. Así, en esta escritura inesperada de día domingo de lluvia, nos damos, otra vez, la mano. A Gardel le costó seos se hizo cargo de ella para transformarla en el Edgardo Lois


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Una mañana lluviosa en Floresta. Es temprano, hora de partir hacia el trabajo. Son años difíciles y el cuidado de los recursos llega hasta las monedas más pequeñas. De modo que si hay que viajar será en el proletario bondi, o “a pata”, si la distancia no es mucha. Allá sobre la vereda de Lacarra, a metros de Rivadavia, un inquieto grupo de taxistas está por tomar una determinación para que sus vehículos “doble faeton” no sigan estacionados ociosamente en la parada. ¿Por qué no Buenos Aires que apenas superaba los dos milloagrupar a los pasajeros que deben trasladarse en nes de habitantes y ostentaba el poder tranviario el mismo sentido y prorratear el costo del viaje a en el privilegio de elección de recorridos en un precio accesible? ¿Quién podría negarse a Orlando la desmedro La nao de Agüero de los ómnibus, caóticos en su desplacomodidad de un coche de esa manera? Ese zamiento en el tránsito. Los automóviles de viernes 24 de septiembre de 1928 se iba a poner alquiler sólo constituían una apoyatura para en práctica una decisión tomada previamente. pudientes que escaseaban cada vez más por la Esos taxis abandonarían su viaje individual para crisis. La modernidad encarnada por el subte cubrir su capacidad de un modo diferente, estaba monopolizada por el “A” –el “B” comenadaptado a los tiempos de carencia. Así fueron las zó a construirse en octubre del 28– por lo que las cosas. La precariedad aguzando el ingenio de los condiciones estaban dadas para que el ingenio de taxistas que, mediante carteles hechos a mano los “tacheros de Lacarra” pusiera su creación al ubicados sobre el parabrisas, otros voceando su servicio del congestionado transporte público. oferta de viaje, dieron a luz el mítico “invento” Hasta que el colectivo fuera algo parecido a lo porteño del colectivo. Ese primer recorrido uniría que conocimos por los 50, en pleno esplendor, Rivadavia y Lacarra con Primera Junta atrave- pasaron muchos boletos por la expendedora. El sando todo Flores. nuevo medio sólo rendía en las horas pico. De esa Las reglas se fueron estableciendo sobre la observación nació la primera picardía de los marcha: había que adaptarse a un sistema de reyes de la gambeta en el tránsito: cuando conparadas, armar un recorrido sin desvíos, esta- venía proletario, colectivo, o, en camaleónica blecer la tarifa, formular horarios, constituir transformación para horas menos concurridas, a sociedades de “colectiveros” que compartiendo sacarle el cartel de la techumbre para volver a la el mismo recorrido se establecieran como línea. aristocracia: taxi. Pero esta especie de franquicia Y el privilegio de aquellos osados de Lacarra fue no duró mucho. En 1932 surgió el estatuto inicial el de lucir el honor de fundadores del sistema de los colectiveros donde se especificaba claratitulando a su compañía “La Primera”. Todo co- mente que los coches que trabajen de fantasma o menzó así, precariamente, en una ciudad de taxímetros serán dados de baja. La mayoría de los vehículos que iniciaron esta actividad eran de cotizadas marcas –Ford y Chevrolet por caso– provenientes del uso como taxi. Sin embargo no perdurarían en el nuevo

No es conveniente cruzar la calle mirando hacia el piso, al menos que se pretenda jugar a la ruleta rusa con los automóviles, pero es posible hacerlo caminando por la vereda, sin desentenderse del todo, ya que no faltarán chicos expulsados de los edificios como por una catapulta, o desaprensivos ciclistas transitando por donde no deben. De todos modos, debemos afrontar estos riesgos menores si queremos dar con fragmentos supérstites de otra Buenos Aires. La arqueología de ciudad así lo demuestra. Aún quedan calles –muy pocas, por cierto– que son verdaderos yacimientos de materiales de otra época de la metrópoli. Estos objetos, a diferencia de los tantos que se hallan enterrados, se muestran en la superficie; no hace falta descubrirlos; no están ocultos, sólo se necesita del ojo que quiera verlos, y por cierto, de una elevada dosis de interés –amor, si se prefiere– por las mínimas cosas. En largos vagabundeos de cabotaje, como llamo a mi incursionar por los barrios por el solo gusto de caminarlos, di en un cordón de una calle de Belgrano con una argolla que alguna vez sirvió para atar el caballo; en otra calle, con la gruesa chapa de hierro que servía para quitar el barro de las suelas de los zapatos antes de pisar el zaguán. El primero aún existe; en cuanto a la segunda no estoy tan seguro. De todos modos, en ninguno de los casos soltaré prenda, no por no compartir el hallazgo, sino para que otros, en caso de intentarlo, logren dar con el tesoro. Pero lo que subsiste porfiadamente contra el tiempo en la esquina sudoeste de Boedo y Venezuela resulta ser un verdadero depósito cuyas piezas deben datarse entre 1900 y 1940, aproximadamente. Es un auténtico reservorio de cajas de hierro de servicios de la ciudad: uno de estos ya no existe; los otros siguen dando prestación por otras empresas y con distintos nombres. Resulta la más antigua de estas cajas, la que dice “Compañía Tramways Lacroze de Buenos Aires, Limitada”; la otra es de la CADE, compa-ñía de electricidad; una redonda de la UT, siglas de Unión Telefónica. Ambas son de respetables dimensiones. Dos, más pequeñas, pero más grandes que las actuales, pertenecen a las aguas corrientes: una tiene las iniciales OSC, la otra OSNDD. Creo entender que la primera guarda la boca contra incendio, en tanto que la segunda

menester porque se trataba de automóviles pequeños comparados con los Buick, Nash o Studebaker, más apropiados por espaciosos y que contaban, además, con provisión de fábrica de traspuntines (llamados también transportines): asientos paralelos, plegables, que al extenderlos daban cabida a dos pasajeros más. Aquellos primeros pioneros –Manuel Pazos, Lorenzo Forte, Aristóbulo Biancchetti, Felipe Quintana, Antonio González– contaron también con un hombre de Boedo: Juan Rivera. Este vecino adaptó su limusina, a la sazón taxi, y “se pasó” al colectivo. En un viaje que costaba 5 centavos, partía desde el Hospital Piñero, pasaba por Boedo, Plaza Once, y terminaba en Retiro. Llevaba el número 36. En una foto de 1930, testimoniamos lo dicho. La aceptación del público fue inmediata. Los seis o siete pasajeros que los rodados más grandes podían albergar, ya resultaban un número exiguo y aparecían los primeros carteles de “completo”. Así entre 1930 Facio y 1932 cuando Guillermo Hebequer, comenzaron las renovaciones Lámina de unidades, surgió X de la serie el detalle que se constituyó el tiempo en la “Tucon historia compañero” verdadera génesis colectivera: el carrozado de chasis originalmente pertenecientes a camiones. Estos nuevos vehículos mantuvieron las reminiscencias del automóvil. Las ventanillas eran de contornos redondeados y los vidrios se abrían girando una manivela que los embutía hacia abajo; sus once asientos estaban tapizados en cuero de colores combinados, reproduciendo los motivos que tenían los filetes de la parte exterior. El arte (¿menor?) del filete con su barroco-nouveau de origen carrero, comenzó a sacar patente en el colectivo. El tímido inicio que copiaba los diseños no figurativos de los automóviles se volcó decididamente a sus más cargados orígenes, tomando los elementos que aportarían generosamente el turf, el fútbol, el tango –Gardel, particularmente– y las mujeres. También el imaginario cabalístico con algún toque de misticismo brindó lo suyo: el trébol de cuatro hojas, la rosa de los vientos y la flor de lis; la herradura, la gorra de jockey, la galera y el bastón, los naipes... Las compañías de ómnibus que competían

duramente entre ellas, acusaron el golpe que les estaba asestando el avance del colectivo, y algunas no dudaron en “apretar” a los carroceros para que estos no trabajaran en los chasis del nuevo competidor. Pero fue inútil, la pequeña olita que había partido de Lacarra ya era una marejada imposible de detener. Las carroceras proliferaron al igual que el nuevo medio de transporte. Muchas más siguieron a Calzón Rodríguez Hnos. en su taller de Añasco y Donato Alvarez. Ahí se efectuó uno de los primeros trabajos de adaptación de chasis para “los José” –Forte y Chiofalo– que pudieron lucir con orgullo su vehículo de once pasajeros. El cartel sobre el parabrisas, hecho a mano, que indicaba el recorrido, perduró hasta fines de los años 30. En 1937 aparecieron los primeros letreros frontales incorporados a la carrocería. Aquí nomás, donde actualmente despliega su actividad el Centro Cultural Julián Centeya –San Juan 3255–, laboriosos artesanos comenzaron a colocar en despulido sobre el espejo interior el perfil de un indio como marca registrada de sus trabajos de carrozado. La línea 7, entre otras, paseaba en nuestro barrio su “malón” transportista allá por los 50 y 60. Las líneas de colectivos devinieron “omnibuses” de piso bajo, sólo algunas “combis” conservan el espíritu inicial del transporte en común entre pequeños núcleos de socios de trayecto que pagan un pasaje estipulado de antemano. Pero por fuera, reminiscencias del filete de antaño y el colorido distintivo de la línea, siguen firmes unidos a la estética única del colectivo y su incesante rodar desde aquel lejano 1928. Nuestro colectivo, otro de los “inventos” porteños, como la Birome, el dulce de leche y los cantos del tablón. Rosa María Silva Agradecemos a la familia Rivera el aporte fotográfico donde Isabel Gargiulo y Ema Raffo, vecinas de Boedo, posan junto al colectivo 36. (Año 1930.)

Bibliografía: Horacio N. Casal: Historia del colectivo, CEAL, Bs. As., 1971. Cámara Gremial del Transporte Automotor de la Pcia. de Buenos Aires: El colectivo: apunte para una historia del transporte en la República Argentina, Bs.As., 1978. Revista Ciudad Abierta, Nº 4, Bs. As., 1994.

costo insignificante para la comuna, se lograría preservar el “patrimonio chico”, si así se lo prefiere llamar, al acudir al rescate de un pequeño pero ilustrativo fragmento de una ciudad que, como dijo el poeta Héctor Negro, se nos fue de las manos. Rubén Derlis (De la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo)

corresponde a la llave de corte de la red de agua potable. Hay otras, de más reciente data. Sólo las mencionadas son, por ahora, las históricas; a su tiempo lo serán todas. Y como para saciar un poco más nuestra voracidad por las cosas –grandes o pequeñas– de Buenos Aires, la esquina de Venezuela nos regala, sobre una pared, el punto de nivelación (Municipalidad. Catastro. Nivelación. Punto fijo Nº 634), y un poco más arriba, la original chapa azul de su calle, opacada por el smog y los solazos. Para muchos, esto podría significar poca cosa; para otros, nada. Un escalón arriba nos situamos los que creemos que significa algo. ¿O debemos considerar como patrimonio sólo aquello que nos llegó aureolado, o únicamente lo importante legado por nuestros mayores? Es de mi entender que el término patrimonio, en cuanto a la ciudad se refiere, tiene un sentido más abarcativo, sin distingo de blasones o abolengos. Una luminaria a gas, o el tendido de un cable aéreo del tranvía –en caso de que ambos existieran–; la columna de hierro salida de los altos hornos de Vasena –de las que aún quedan–; o un buzón –muchos de ellos aún en uso– hecho en los mismos talleres; o estas cajas de servicios, que denuncian en sus siglas la antigüedad, son tan patrimonio de la ciudad, por humildes que sean, como la Catedral, el Obelisco o el café Tortoni. Y aún a riesgo de parecer un dislate, no estaría mal que la esquina de Boedo y Venezuela fuese preservada tal como está, previa renovación de la vereda, despareja y desgastada. A un

017 abril 2003 corregido  
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