2 En boga
Ella es una chica web Hace cinco años tuvo que superar el pudor para ganarse la vida. Hoy, a pesar de los prejuicios que hay alrededor de su trabajo, Jessica Villegas disfruta cuando cientos de hombres en el mundo entero la siguen en la red.
Natalia Andrea Ortiz Suárez naos_57990@hotmail.com
E
n una noche de viernes, mientras muchos salen a tomarse unos tragos o de fiesta con sus amigos, Jessica se despoja del bluyín, la camiseta ajustada y los tenis que usa normalmente, para ponerse su vestimenta de trabajo: un conjunto de ropa interior integrado por una diminuta tanga blanca con transparencias y apliques de encaje azul turquesa, la cual hace juego con un babydoll anudado adelante que permite entrever sus pezones. Luego, le da forma a las ondas de su cabello castaño oscuro con mechones rubios, riza sus largas pestañas y maquilla sus párpados, sus labios y sus mejillas con tonos rosas nacarados. Finalmente, se perfuma y está lista para satisfacer los deseos voyeristas de cientos de hombres que, a esa misma hora, en todos los rincones del planeta, se conectan a la red para nadar en un mar virtual habitado por cerca de 100 mil “modelos” de distintas nacionalidades, inscritas en el portal MyFreeCams.com. Jessica Villegas tiene muy claro que el sexo vende, que es un negocio bastante lucrativo, capaz de darle de comer a millones de personas en el mundo entero, gracias a la fidelidad de sus consumidores. Hace cinco años esta idea ni siquiera se le cruzaba por la cabeza. Cansada de no tener un trabajo estable y preocupada por la precaria situación económica de su familia, le pidió ayuda a un amigo. Éste le ofreció un empleo en un café internet donde tendría que sentarse a conversar con extranjeros. “¡Ah!, eso está mama’o. De una, ¿cuándo le mando la hoja de vida? Eso está muy fácil. Yo veré cómo me defiendo con ese inglés”, respondió, sin tener muy claro a qué se iba a enfrentar. Veinte días después, tras certificar que era mayor de edad y que estaba dispuesta a trabajar, recibió una escueta explicación sobre su futura labor en lo que parecía ser un chat erótico. En aquel momento pensó que, como máximo, tendría que bailar en ropa interior frente a la cámara y, a pesar de su pudor, decidió seguir adelante. Sin embargo, su nuevo empleo no resultó tan fácil como se lo imaginó. Con la experiencia que ha acumulado, y ya perdido el tono de voz enérgico y alegre que la caracterizaba, recuerda: “Cuando empecé a trabajar, me choqué con un mundo totalmente diferente, un mundo muy pesado. Yo era una niña muy sana, tranquila y aquí me abrieron los ojos. Al principio, me empezó a ir muy mal. Yo no estaba preparada para este mundo y, de repente, un montón de hombres comenzaron a decirme que les mostrara mis senos sin los brasieres, que me metiera los dedos, que me pusiera dos ‘dildos’, cuando yo ni siquiera sabía qué era eso”. Hoy, no sólo comprende que los ‘dildos’, toys o juguetes sexuales con forma de pene, son las mejores herramientas de una chica webcam. Con el paso de los años, ha sabido sacarle partido a su figura voluptuosa, a su sensualidad y a su creatividad para convertirse en una de las mejores “modelos” de una empresa dedicada a la venta de servicios de entretenimiento para adultos, a través de la red, las 24 horas del día, los siete días de la semana. El estudio, como se le conoce en el gremio a su lugar de trabajo, es una amplia casa de dos niveles ubicada al sur de Medellín, en una silenciosa y tranquila zona residencial de estrato alto, la cual limita con una de las universidades más reconocidas de la ciudad. Después de someter la primera planta a una estratégica división, con tablones y puertas corredizas de madera, quedaron habilitadas 15 habitaciones. Un grupo de chicas se distribuye en tres turnos diarios para complacer a los cientos de hombres solitarios que las esperan ansiosos al otro lado de la pantalla de un computador. Su habitación —su segundo hogar— es la número ocho. Sobre el blanco de sus paredes, se pueden observar un cuadro con el caricaturesco rostro de una mujer acompañado de la leyenda Cabaret y una tarjeta de cumpleaños con muchos globos multicolores que, si se quisiera hacer justicia a su edad, deberían ser 23. Pero el centro de la mirada es un pliego de cartulina en el cual se leen los nombres de algunos de sus mejores clientes: Poetacrazy, Mr.Wonder, Eddy, Leghboy, Miles, Minger, Goona, Hastala, Cspotrun, Lars, Keith4, Wesbel, Jhnnyb, Stubby, Metal, Rocko, Buzz y Sebatsebas. El resto de los elementos que hay en el espacio, distribuidos sobre una alfombra gris con motivos de Playboy, reflejan algo de su personalidad tierna y juguetona: una cama sencilla con un cubrelecho de fondo azul y figuras coloridas sobre el que reposan sus peluches favoritos —Ígor, el burro de Winnie Pooh; Stitch, la mascota de Lilo en la película de Disney; dos osos y un hipopótamo—, una mesita de noche que sirve de exhibidor para una pequeña escultura piramidal, un sofácama para recibir las visitas, una repisa con algunas prendas, objetos de aseo personal, aceites, fragancias y una lámpara de pie con una flor enredada, que le sirve para bailar mientras cubre estratégicamente sus genitales
“No estaba preparada para este mundo y, de repente, un montón de hombres comenzaron a decirme que les mostrara mis senos sin los brasieres, que me metiera los dedos, que me pusiera dos ‘dildos’, cuando yo ni siquiera sabía qué era eso”. No. 52 Mayo de 2011
En sus primeros meses como chica webcam, una de las compañeras le dio algunos trucos para fingir ciertos actos sexuales frente a la cámara que, por vergüenza o por temor, no se sentía capaz de realizar. Superó los miedos que tenía al comienzo y entendió que en este mundo tan competitivo, más que belleza, lo que se necesita es actitud y creatividad. Lo comprendió después de que uno de sus clientes le dijera que si quería ser una buena modelo y ganar dinero, tenía que aprender a disfrutar su trabajo. Desde entonces, “cada vez me fui haciendo más profesional, me fui encarretando más y aprendí a disfrutarlo. Este trabajo me ayudó a descubrirme como mujer, a tener mis mejores orgasmos. Ahora hago esto porque me gusta, por placer, porque ya me hace falta y por eso sólo accedo a las peticiones de los usuarios cuando sé que lo voy a disfrutar”. Con el tiempo, Jessica ha sabido ganarse la preferencia de los hombres que la observan. Ha aprendido a ser su compañera de fantasías y ha entendido que, aunque muchos de ellos ingresan a esta página de videochat porque están realmente enfermos, porque son completamente adictos al sexo, también hay unos que llegan porque se sienten muy solos o porque son incapaces de entablar otro tipo de relaciones. Antes de comenzar su función, necesita sentir el estómago lleno. Por eso, sin pensar en calorías ni en kilos de más, comparte una pizza con dos de las monitoras del lugar. Son jóvenes universitarias que alternan sus estudios con un trabajo en el que les corresponde supervisar a las modelos, asegurarse de que no les falte nada y garantizar que se vean bellas y provocativas en pantalla. Al final de la improvisada comida, Jessica se toma una taza de café bien cargado como antídoto contra el sueño y, en ese momento, ya se siente lista. Su espectáculo empieza hacia la medianoche. Enciende su cámara y ubica la iluminación estratégicamente para que sus curvas se vean mucho mejor. Mueve su cuerpo al ritmo de la música de Lady Gaga y, frecuentemente, se pasa el cabello de un lado al otro mientras mira con sensualidad. Su competencia es abundante y debe esforzarse para sobresalir. Las opciones que hay en la pantalla van desde jovencitas