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MNEMÓSYNE DIGITAL REVISTA DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DEL CUENTO

NÚMERO 18

2015

LOS SILOS 1


SUMARIO Presentación CRÓNICAS Ana Mohamed Pérez, Claudia Molina Hernández, Laura Muñoz Vaquero, Alba Rodríguez Grillo, Elena Yanes Roldán  A las aladas almas prisioneras Fabio Benítez, Virginia Hernández y Nerea Mancisidor Crónica de ambiente Andrea Martín Corchero Un cuento, dos cuentos, tres cuentos y otros ENTREVISTAS Sonia del Carmen González González y Andrea Martín Corchero Ernesto R. Abad Laura Hernández Ojeda, Cristina Jerez Jiménez y Aida González Rossi Warley Y Rosana (Tapetes Contadores) Luz Martín García y Stephany Mariana De Oliveira González Óscar Bacallado Cristina Jerez Jiménez, Laura Hernández Ojeda, Andrea Abreu López y Aida González Rossi Ana Griott Nira Sosa Santana y Fátima Cª Tapia Adrián Luis Correia Laura Marrero Bacallado y Marta Rodríguez Leiton Kamel Zouaoui Fabio Benítez, Virginia Hernández, Nerea Mancisidor, Rubén Asensio, Pablo Fanjul, Alejandro Reyes André Neves ESTUDIOS Y REFLEXIONES Javier Rodríguez Méndez, Estefanía Acosta Armas Tradición oral en Canarias: aportaciones a la romancística tinerfeña Ernesto Rodríguez Abad Soy el dueño de mi destino (Proyecto de lectura en el centro penitenciario Tenerife II) Sonia del Carmen González González Educa a los monstruos EXPERIENCIAS DOCENTES Jacqueline Negrín Rocha La biblioteca te cuenta… M. Elina Valenzuela Dupuy de Lôme Marielita, cuéntame un cuento Agustín Henríquez Abrante Teatro y emergencias en educación infantil HOMENAJE A ANA MARÍA MATUTE Pedro C. Cerrillo Ana María Matute: una contadora de historias Pep Bruno Nota de lectura de Todos mis cuentos, de Ana María Matute CREACIÓN Sonia del Carmen González González Mi monstruo y yo Andrés González Novoa El fin de los dioses blancos - Él vino indocumentado Jenny del Pino García Sánchez Cuentos de colores RESEÑA Daniel Pinelo Periodismo de servicio, literatura de vocación

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PRESENTACIÓN

Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora. Proverbio hindú

El niño miraba al sabio. Sus ojos estaban llenos de preguntas extrañas. Jamás había visto un papel. Aquel hombre unía pequeños dibujos negros, como filas de ordenadas hormigas, en la hoja blanca que olía a mundos fantásticos. El niño venía de las montañas. Nunca había visto una hoja, nunca había visto a un sabio dibujar las letras. Le preguntó que hacía. El viejo sabio lo miró, sonrió, como si fuese capaz de adivinar los pensamientos, y comenzó a leer: «Había una vez...» El niño abrió los ojos y pidió al anciano que le diese la mano para ayudarlo a escuchar. Allí estaba todo el mundo real y el imaginado. Era extraño y mágico a la vez... Había entrado en el bosque de la lectura.

E. R. A.

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CRÓNICAS

A LAS ALADAS ALMAS PRISIONERAS ANA MOHAMED PÉREZ, CLAUDIA MOLINA HERNÁNDEZ, LAURA MUÑOZ VAQUERO, ALBA RODRÍGUEZ GRILLO, ELENA YANES ROLDÁN

Érase una vez un pueblo olvidado de Tenerife, donde los motivos de visita eran cada vez menos; un pueblo en el que las personas vivían sin mirar el reloj y caminaban al compás del segundero, inconscientes del paso del tiempo. Hasta que un buen día, un noble caballero, llamado Ernesto, trajo la luz a este pueblo norteño conocido. Hizo de esa tierra olvidada un lugar mágico, lleno de historias. La tierra de los cuentos, en la que cada uno tenía su historia, historias que al caballero le resultaron fascinantes, dignas de fundirse en literatura. Desde ese momento, que se aleja ya diecinueve años en el tiempo, los habitantes de Los Silos aúnan cada noviembre sus ganas de contar sus experiencias a los visitantes y captan la atención de personas de reinos muy lejanos, haciendo de una iniciativa popular un gran festival internacional. Ernesto, con esfuerzo y entusiasmo, consiguió que, año tras año, los aldeanos se involucraran cada más con la causa, llegando a prestarse voluntarios para la elaboración del cartel y la decoración de las calles, que quedaban pintadas de belleza gracias a la ayuda de los propios silenses. El último anfitrión de las jornadas literarias del pueblo fue un ogro nacido de la imaginación de una anciana, un ogro gigante dispuesto a devorar las mejores narraciones de los curiosos vecinos. A la llegada del rumor de este fantástico festival a las cúpulas del poder insular, la avaricia de sus mandatarios hizo que intentaran robar el festival para llevarlo a la capital del reino tinerfeño. Sin embargo, gracias a la insistencia del ayuntamiento de esta tierra 

Estas crónicas y las entrevistas han sido realizadas por alumnos del 2º curso del Grado en Periodismo como prácticas de la asignatura «Literatura y periodismo».

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el festival echó raíces en Los Silos, de donde nunca más se lo podrían llevar. Así, los ambiciosos dignatarios se vieron obligados a apoyar financieramente este certamen. Un certamen que da vida a un pueblo que a lo largo de once meses pasa desapercibido, pero que en un futuro no muy lejano, se tornará eterno en el interior de una casa-museo, que abrirá sus puertas al mundo para que descubra los cuentos que invaden sus rincones. El noble caballero, Ernesto, también quiso llevar su amor a la literatura a los lugares más recónditos del reino, traspasando los muros de la libertad y las discapacidades. Más allá de las limitaciones, se adentró en las prisiones para brindar la oportunidad de poder expresar a través de las palabras todo lo que sus almas encerraban. Las paredes se llenaron de carteles que anunciaban la llegada de la luz a sus mazmorras interiores, y sus historias más desgarradoras fueron cogiendo forma en unos talleres que, desde el primer momento, fueron acogidos con los brazos abiertos, y que más tarde se convirtieron en ratos de lectura y narraciones en los que los presos compartían lo más profundo de sí mismos. El aire que se respiraba en los días del festival estaba cargado de buenas palabras sobre Ernesto, admirado por todos por su capacidad para sacar lo mejor de sus pupilos y, como bien decía su escudera Belén –también maestra en aquel lugar de altos muros–, lograr que quienes menos esperanzas tenían, se vieran motivados a gritar sobre el papel todo aquello que los hacía libres. No sólo pudieron plasmar sus sentimientos a través de la escritura silenciosa, sino que siete de los cautivos que se entregaron a la participación del festival en el acto de Palabras Prisioneras, pudieron dar voz a sus creaciones ante la mirada atenta de los visitantes llegados de todas partes del feudo tinerfeño. Los presos Aarón Vargas y Yeray Guijo, nos relataron su pericia, sintiéndose afortunados por haber sido parte del grupo de permiso que pudo salir de sus fríos calabozos aquel día. Yeray fue uno de los valientes caballeros que se subieron al estrado y pronunciaron las palabras prisioneras de uno de sus compañeros, que no había podido asistir. Aarón, por su lado, descubrió en el taller su afán por la escritura y despertó en sí el interés por la literatura. Ambos reclusos vieron en Los Silos una oportunidad; un fruto del que aprovechar todo su jugo; un enriquecimiento del espíritu y de la cultura. Las palabras de José Luis Arregui, el jefe de estudios de la prisión, inundaron la sala en la que se unían por vez primera en diecinueve años, en la tierra de los cuentos, la libertad y la reclusión. Los asistentes quedaron asombrados con los discursos llenos esperanza que pronunciaron el jefe de estudios, el vicepresidente del Cabildo, la que fue dirigente del lejano Ecuador y el gran responsable de todo aquello: el noble caballero Ernesto. Sin embargo, nada de eso podía compararse con el espectáculo al que se asistiría a continuación, una mezcla mágica de sentimientos que embriagó con sus bellos sonidos a los curiosos de otros pueblos y a los presidiarios, afectados por la verdad de cada palabra. Además se adentró en lo más profundo de los corazones de cada una de las personas que estaban allí reunidas, sobrecogidas por la lectura de quienes se habían liberado por unas horas para transmitir sus más profundos sentimientos. Cada reflexión invitaba a la audiencia a entrar por la puerta de sus pensamientos y pararse a meditar sobre la verdadera libertad, pues los relatos versaban sobre el impulso que la literatura les había dado hacia la liberación del espíritu a pesar de estar recluidos entre aquellas cuatro oscuras paredes. Se confirmaron entonces las palabras pronunciadas por José Luis Arregui que aún resonaban en las mentes de los espectadores: "entran como delincuentes y salen como literatos".

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Por su parte, Mar, una fiel servidora, era una de las encargadas de acercar a los sanatorios de los alrededores las anécdotas más divertidas, para sacar una sonrisa en aquellos que la habían perdido por culpa de una salud resentida. Para que los pacientes olvidaran sus males por un momento, se crearon talleres didácticos e interactivos, y se representaron espectáculos fascinantes, para así entretenerlos y adoctrinarlos en valores positivos. Además, en un cercano futuro, Mar y sus aliados, estaban dispuestos a dar un paso más allá, llevarían los cuentos más entrañables a las personas más longevas del poblado. De esta forma y, sin apenas pretenderlo, lo que comenzó como una simple iniciativa popular repleta de ilusión y cariño, se convirtió en un festival que ya no solo es la seña de identidad de aquella tierra lejana, desapacible hasta su aparición. En su lugar, pasó a ser una exposición de buenas intenciones que ha conseguido llegar hasta los rincones más gélidos y taciturnos del reino tinerfeño para aportar ese halo de esperanza que hace recobrar las ganas de vivir. Un festival que nació de la nada y que acabó convirtiéndose en férreo impulsor de una causa tan humana como es la reinserción social. Y así, con la confianza de que siga creciendo como lo ha hecho hasta día de hoy, colorín colorado, este cuento, aún, no ha terminado.

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CRÓNICA DE AMBIENTE FABIO BENÍTEZ, VIRGINIA HERNÁNDEZ, NEREA MANCISIDOR

Todos los caminos llevan al municipio de Los Silos. La carretera, que desde la zona metropolitana señala al que durante el primer puente de diciembre es el pueblo culturalliterario por excelencia, no parece albergar en demasía la tensión propia del evento. De hecho nos encontramos con zonas desérticas de automóviles. Las montañas bordadas en verdes y amarillos que escoltan el agradable camino se encargan de distraer a los que no conducen el coche durante algo menos de una hora de recorrido entre autopistas y carreteras secundarias. Corre una brisa de mar claramente aleccionadora. Nos encontramos en el litoral norte de la isla de Tenerife. El mes de diciembre deja patente la humedad propia de la fecha y la zona, razón que nos hace presagiar la meteorología del pueblo que encaramos. Leo con interés y algo de morbo un conocido periódico de provincia. En el fondo no espero encontrar una mísera reseña sobre el Festival Internacional. Lo extraño habría sido lo contrario. Los Silos queda lejos de la típica zona metropolitana, ciudades que albergan todas las redacciones de los grandes medios de comunicación. Durante los diecinueve años de historia ha quedado patente la apatía de las hojas de cultura al respecto. Un pueblo de antaño No cuesta encontrar aparcamiento. Otro síntoma del decaimiento de la asistencia. Aún era viernes, quedaba todo el fin de semana por delante. Comemos en un bar buque insignia del pueblo. Es costumbre que cada año por allí pasen los diferentes autores para almorzar. El encargado, acostumbrado a la tan honorable cita anual, lleva preparado su libro de visitas. Hablamos con él. «Este año notamos menos asistencia que en los anteriores, de verdad, eran alucinantes». «Diría incluso que hemos facturado la mitad que en otras ocasiones, no esperamos grandes cambios durante el fin de semana». «A pesar de esto, esta cita insufla más ingresos, eso siempre». Al salir del entrañable bar nos percatamos de la imagen que hay a nuestro alrededor. Un pueblo en toda su condición. De esos en los que todos se conocen, las campanas repican a cada hora y te miran mal si no eres vecino. La plaza está decorada de especies de ogros. Nos dice el jefe de prensa del ayuntamiento que los colegios se han volcado para llenar de colorido aquel entorno. Además, un monstruo gigante preside el centro del pueblo a modo de atracción. El acto más emotivo Palabras Prisioneras. Es el nombre de uno de los actos más emocionantes. Trató del relato de cuentos en voz de personas que se encontraban, y se siguen encontrando, privadas de libertad. Podemos hablar con la madre de uno de los presos que leyeron su historia en diferido, los hubo que salieron para hacerlo en directo. «Toda la pena que sentía se ha escondido por orgullo. Por fin se hacen actividades de este estilo, que sirven 7


de verdad para reinsertarlos», dijo la mujer visiblemente emocionada. «Ahora sé que saldrá curado, que tomará buenos ejemplos y sobre todo que ahí dentro tiene algo con lo que ocupar la mente». La noche cae al son de puestos de comida y venta de libros. La plaza que centraliza el movimiento del festival; y que es rodeada por el Ayuntamiento, la Iglesia, el ambulatorio y el convento convertido en oficinas municipales; tiene su mejor cara cuando se acerca la madrugada. Los Balcones de Cuentos llenan de magia el aire ya de por sí encantado. Familias enteras se sientan en las escalinatas de la plaza para dejarse llevar por la imaginación de los cuentacuentos. En una de esas observamos cómo Rosalía Arteaga, expresidenta de Ecuador y literata, se esconde en una esquina para disfrutar del evento tras haber realizado una de sus exposiciones. Al término de esta actividad la esperada Noche del Terror da paso al miedo de los mayores con la palabra por instrumento. Se trata de un camino que los testigos realizan por una de las colinas del pueblo en el cual se relatan cuentos de terror y varios personajes saltan en la búsqueda del susto. La profesionalidad de los actores, que precisamente no son experimentados, aseguró el éxito. Este equipo de redacción pudo hablar con ellos minutos antes del evento. «Es la primera vez que participo en algo así, espero que todo vaya bien, sin duda llevamos mucho preparándolo, de momento el ambiente ha sido fantástico», comentó uno de los personajes. Al término de la jornada, aproximadamente a las dos de la madrugada, cuando el cansancio nos vencía, los bailes y la música de los autores nos llamó la atención. Entonces, estábamos sentados en la escalinata de la plazoleta, hablando con el jefe de prensa sobre el maltrato de los grandes medios de comunicación. Los autores se relejaban al son de rumbas y sambas. «Prefiero mil veces esto que el chunga chunga que hoy en día se pone en los coches», dijo entre bromas el periodista. «Viene gente de cultura media-alta» «El sistema de seguridad del festival es sencillo, principalmente por el perfil del usuario. Es un usuario familiar y con un nivel cultural medio alto, es decir es un usuario que no va a dar problemas». A primera hora del sábado entrevistamos al agente Candelario, jefe de la Policía Local de Los Silos. «Hay varios escenarios, varias actuaciones, etc. Si se llegara a dar el caso de que se juntan tres mil personas, esas tres mil personas estarán repartidas por puntos diferentes, en diferentes horarios y diferentes escenarios. Esas cosas son las que se han tenido en cuenta a la hora de hacer la valoración de riesgos. Hay un dispositivo de policía que se encarga de velar que las calles estén cortadas, de atender cualquier demanda ciudadana y de controlar un poco esos espacios. Los recursos sanitarios también están disponibles por cualquier incidencia que pueda surgir». «El festival es un milagro» Antes de la última cita concertada con el alcalde de Los Silos nos acercamos a la gente trasladada al pueblo. «Llevamos seis años viviendo al festival, ahora quiero que mis hijos también disfruten de él», comentó Arancha, una señora que ha tomado por costumbre su asistencia.

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«Hemos venido de casualidad, la verdad es que no sabíamos que este Festival existía, eso que somos de la Victoria. La verdad es que está muy bien hecho, estamos disfrutando», dijo Manuel, un señor que se había trasladado con una excursión de su asociación de vecinos. «Falta participación del pueblo. Llevo años prestando mi patio para que se relaten cuentos, han cabido hasta 50 personas, pero creo que los vecinos tienen que aportar más», espetó una de las históricas participantes de los relatos en patios de particulares. Finalmente, Santiago Martín, alcalde de Los Silos, puso el broche de oro a una visita que sin duda fue la primera pero no será la última. «El festival es un milagro, impresionante y un orgullo». «Con quienes hablé en aquel momento y de la forma que lo presenté, creo que se dieron todos los condicionantes para que cuadraran personas, como Ernesto, el director, que supieran entender ese proyecto y que le dieran cabida. Estoy convencido que más de uno pensaba que esto era de uno o dos años y mira en lo que se ha convertido». «Este año yo destacaría tres aspectos: una ilusión especial en todo el grupo del festival, en todas las asociaciones participantes. El tema social, que para mí es lo más importante del festival, esto no es una actividad para que vengan niños o mayores a escuchar cuentos en un espacio donde caben 60 personas, este festival va más allá creo yo, con la educación con los niños, con los más desfavorecidos. El festival lleva muy a gala estar en geriátricos, centros de discapacitados, ir a los hospitales contar cuentos a los niños, esa vertiente creo que es la más importante. El tercer aspecto es la reactivación de generar un espacio físico para que el cuento tenga su sede, la casa del cuento». El Festival de Los Silos continuó hasta el domingo, 7 de diciembre. A pesar de la menor participación respecto a otros años, se considera un éxito. En 2015 tendrá lugar la histórica vigésima edición.

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UN CUENTO, DOS CUENTOS, TRES CUENTOS Y OTROS ANDREA MARTÍN CORCHERO

Un cuento, dos cuentos, tres cuentos... comenzaba a narrar Gloria Fuertes. Sentada en el suelo, con los ojos muy abiertos y la imaginación esperando en la puerta. Mamá ponía el casete y comenzaba la historia. Un sin parar de seres, escenarios, olores y sabores iban de aquí para allá en mi mente. Y es que por aquel entonces no sabía leer, pero me sabía el libro de poesías desde las dedicatorias hasta el último punto. Es increíble pero hace una semana que he sentido lo mismo que al escuchar aquella voz ronca todas las tardes de mi infancia. Al bajar del coche y poner el primer pie sobre el suelo de Los Silos, ese pueblecito al norte de Tenerife, sentí como se me erizaba la piel. Uno a uno todos mis sentidos fueron cobrando vida, no paraba de mirar el cielo de la plaza lleno de monstruos de plástico que danzaban al son del viento y cómo no, el ogro. Un ogro enorme que se encontraba en un lateral de la plaza y que inspiraba entre otras cosas terror. El ambiente que se crea en Los Silos a principios del mes de Diciembre está basado en la imaginación, en dejar salir todos los sentimientos y emociones. Cualquier sitio es válido, todo el pueblo se llena de escenarios, desde los balcones de las casas que rodean la plaza, hasta las montañas, pasando por el centro de salud, el ayuntamiento y el convento. Y cualquier momento es bueno parar desatar la imaginación, porque eso es lo que ha conseguido el director de este festival internacional del cuento Ernesto Rodríguez Abad, que en cualquier momento disfrutemos de cuentos e ilustraciones. Así nos los hizo saber durante los tres días que disfrutamos de festival donde vivimos diversas experiencias que nos hicieron analizarnos profesionalmente, ya que nos abrió los ojos con respecto a nuestra profesión. Es verdad eso que dicen de los contactos y que hay que echarle cara, porque gracias a los contactos de un día conseguimos las entrevistas de los demás. Hace ya diecinueve años desde que a un ingenioso escritor se le ocurrió esta magnífica idea de crear un festival donde se congregasen la cultura literaria. No es desvariar el decir que lo que vivimos fue único e irrepetible. Llegar a un sitio donde no conoces a nadie e ir preguntando a todo el mundo para que nos solucionen las dudas. El placer de conocer a profesionales del cuento, de convivir con ellos, de oír sus historias y no me refiero a sus cuentos de seres fantásticos, si no a sus vivencias. Por qué comenzaron a escribir, a leer o incluso, como André Neves, a ilustrar. Son anécdotas que hacen reflexionar a cualquiera, anécdotas como la entrevista a Andrés Novoa mientras tomábamos un café en el quiosco de la plaza y se liaba un cigarrillo, su mirada inquietante con esos ojos pequeños y amarillos. O la entrevista a Ernesto Rodríguez, un tanto más seria en una habitación fría del convento, mientras él se relajaba de todo el ajetreo de estos días. Su mirada transmitía ilusión, sus ojos se humedecían al contarnos cosas que habían sucedido durante el festival y que eran dignas de contar. Es de agradecer que me devolviesen a mi infancia y a mis tardes con la grandísima Gloria Fuertes y su, un cuento, dos cuentos, tres cuentos.

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ENTREVISTAS

ERNESTO R. ABAD: «EL FESTIVAL ES LA METÁFORA DE QUE LA PALABRA ACABA CON LA MALDAD» SONIA DEL CARMEN GONZÁLEZ GONZÁLEZ Y ANDREA MARTÍN CORCHERO

Ernesto Rodríguez Abad, director del Festival Internacional del Cuento de Los Silos, narrador y escritor sacó, entre todo el ajetreo, un poco de su tiempo para atendernos. La entrevista transcurrió con fluidez, en un entorno muy acogedor, casi familiar. Nos atendió en una sala en lo alto del convento donde se realizaban otras actividades a la vez. No faltaron las anécdotas, los datos personales e incluso alguna risa que otra, por lo que la entrevista se convirtió en una charla agradable y, sobre todo, interesante. Este año vemos que el personaje principal del Festival es el ogro, un personaje que inspira terror desde que eres pequeño. ¿Se debe al gran éxito que han tenido las Noches de Terror durante todos estos años? En parte puede que sí, pero fue una idea que se me ocurrió caminando por el campus de Guajara en el mes de enero. De repente pensé: «el ogro». Un personaje un poco olvidado últimamente es el ogro de los cuentos infantiles. Para mí, el ogro es toda esa parte malvada del ser humano, esa parte que lucha entre el bien y el mal, que simboliza desde un pederasta hasta un maltratador de mujeres pasando por un corrupto que roba, en definitiva, es el lado malo de la sociedad. Incluso, simbólicamente, dentro de la panza del ogro hay escritas frases mías como «el ogro come dinero», "el ogro come armas", porque está simbolizando todo eso malvado. La metáfora acaba con que en los cuentos se dulcifica. El Festival es la metáfora de que la cultura, la palabra, la sensibilidad acaba con la maldad. Por ello, el ogro es ese símbolo de terror y un homenaje a las Noches de Terror que son lo más exitoso del Festival y lo más controvertido, porque con los años he ido aprendiendo que escribir terror es lo más complicado del mundo y montar un espectáculo de terror es más complicado todavía porque a nadie nos da miedo lo mismo y hay gente que siempre dice: «Era poco». Pero tampoco quiero plantear nunca la casa de terror, no porque la critique, es una propuesta más, pero planteo literatura de terror, que se escuchen textos en un camino, en una cueva, en un lugar un poco agreste como esa montaña o en una sala; puede haber un guiño, algún pequeño susto pero yo creo que el terror es cuando después piensas en el texto que oíste.

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Ya que habla de eso, y lo hemos experimentado en la noche anterior, ¿podríamos decir que el terror no es una simple historia sino que va más allá? El verdadero terror, lo que te puede causar terror de verdad, es esa historia o esa frase que se te queda dentro y después de horas de haber visto el espectáculo o de leer el cuento o de escucharlo te viene la frase, te hace reflexionar y te hace mella. Existen diferentes miedos: la gente tiene miedo de ir en avión, a los insectos o a la oscuridad. El terror es ver en la cara de la gente lo que se refleja, y que a veces hay risas de susto o risas que esconden ese miedo interno. Es un género complicado. Al ser complicado, cuando está escribiendo los textos ¿piensa en la influencia que va hacer en el público, si va a asustar, si va a haber controversia? En el proceso de escribir el texto, no, porque entonces me vendería demasiado. Si pensase en el efecto que tiene que causar en el público, si pensase en asustar, me estaría vendiendo a hacer un texto comercial y que tenga efecto. Yo quiero crear desde la libertad, quiero crear sintiéndome libre ante una idea y trabajando en torno a eso. El hijo de una amiga me mandó una foto de unos ojos llenos de gusanos, que es una enfermedad real, y a partir de ahí creé una historia realmente escalofriante. El miedo está también en esa línea que no sabes si estás pasando o no estás pasando y en ese juego con la muerte. ¿Por qué si esta parte crea un momento de pensar, de terror, de miedo dentro de ti, porque cree usted que nos gusta tanto y, a la vez, tiene tanto éxito? Creo, que ante la literatura o ante un espectáculo, es muy constatable la emoción, se te eriza la piel, te escalofrías, tiemblas o gritas. Ante otros textos de amor o nostálgicos, la emoción es mucho más íntima. El humor, al igual que el terror, tiene mucho éxito porque la carcajada se exterioriza. Todos tenemos esa necesidad de sentir ciertas emociones. Creo también que todos tenemos muchos miedos en esta sociedad; y quien diga que no, miente. Todos vivimos llenos de miedos, miedos a un montón de cosas y, una manera de exorcizar, de apartar esos miedos, es enfrentarte a ellos. Confieso que tengo una fobia terrible a las cucarachas y cuento un cuento de cucarachas que me costó escribirlo una barbaridad porque me estaba enfrentando a mí mismo en esa historia. Teniendo en cuenta la brevedad de los cuentos ¿es fácil situar los momentos de miedo en la historia o en la narración? Es complicado. Escribir una novela de miedo no es igual. Tengo una novela para jóvenes, Jardín de brujas, donde trato ese mundo del misterio y del miedo, y me fue mucho más fácil escribirla porque en una novela tienes muchos momentos y tienes que ir pasando del misterio al miedo, luego al terror y luego al susto. En un cuento es todo inmediato, tienes que crear ese mundo rápido y meterte a la gente en el bolsillo. Una de las cosas antes de interpretar, es que tienes que crear una atmósfera. Tienes que crearla muy rápido y tienes que llegar a un pacto: “te voy a contar esto y tú vas a entrar”. Tienes que usar la mirada, el cuerpo, las primeras palabras, para convencer al espectador. Si se te va el espectador, se te va el cuento. Por lo tanto, ¿hay que crear un ambiente? Claro, tu cuerpo, tu voz, tu tensión corporal, tu mirada, tus gestos, el ritmo de la voz... tienen que converger ahí para crearle al espectador ese mundo y meterlo dentro. Si no, es el espectador quien te arrastra a ti y ya no va a sentir terror. 12


Contando con la gran imaginación y la mente despistada de los niños, ¿tienen que tener una edad estimada para poder contarle cuentos de terror? Es complicado. Creo que hay cuentos de terror para niños que cuando son muy pequeños son cuentos de susto, donde en un momento determinado les vas a «¡bu!»: asustas al niño, lo metes en un pequeño mundo de terror. Son los típicos cuentos de brujas o de ogros donde le enseñas la cara del mal pero no lo metes en una historia escabrosa. Entonces, al niño le muestras otra cara del terror adecuada a cada edad; incluso, no hablo de cuentos de terror para niños, sino de miedo. ¿Hay una diferencia? Es diferente, es más el enfrentamiento del bien y del mal. Para mí, uno de los cuentos de miedo más terribles es Hansel y Gretel. El miedo que te plantea esta historia de perderte en el bosque y no encontrar el camino de regreso, que te encierren después en una jaula y te engorden para comer, ahí está el terror. Y ese cuento, precisamente, sirve para curar los miedos a los niños. Muchas veces hay que contarles cuentos de miedos a los niños para enfrentarlos a sus propios miedos y para que puedan salir vencedores de ellos. En esta sociedad le hemos quitado mucha sangre, muchas historias crueles a los cuentos y perjudicamos a los niños, es muy bueno que ellos reciban estos cuentos sin el otro lado. Aunque en muchos de los actos del Festival sean para mayores de 15 años, hemos visto que los adolescentes entienden las historias de igual manera. Decimos para adultos para que no haya una avalancha de niños, pero siempre permitimos que a partir de los catorce o quince años entren a ver el espectáculo. Hay que saber hasta qué punto, porque ya tuvimos la mala experiencia de que un chico de dieciséis años se desmayó en las Noches de Terror del año pasado. ¿Cree que el género del terror ha evolucionado? Sí. Por una parte, creo que hay gente que ha seguido trabajando en serio y que sigue planteando una buena literatura. Pero, por otra, hay a veces una literatura o cine muy comerciales. Disney ha hecho mucho daño a muchas cosas y le ha quitado todo lo políticamente incorrecto a muchos héroes, cuentos, textos… y los ha dejado desnudos. Hay una frase de una escritora argentina que adoro, Graciela Cabal, que dice que “leer es perderse en el bosque y no encontrar el camino de regreso”. Si la lectura tiene que tener una explicación, si tiene que ser totalmente comprendida, deja de ser arte. La literatura tiene que tener una parte de locura. Tenemos que estudiar unas características, unas obras... pero leer; no tienes que explicar todo lo que sientes cuando lees. Entras en un mundo y el mundo se te abre delante de ti porque, a veces, en un libro entiendes más la realidad que en la vida. A veces vives mucho más porque el texto literario te pone al descubierto las emociones, lo que tenemos por dentro y vivimos llenos de capas. La sociedad nos hace ser hipócritas, falsos, en muchas cosas. Todos vivimos llenos de capas, intentando demostrar lo que no somos muchas veces, llenos de normas sociales. A mí me gusta esta fecha en este pueblo porque cada vez que llegan estos días de diciembre logramos que este se convierta en un pueblo de locos, de gente que se ríe, que dice lo que siente y creo que ese es el verdadero mundo del cuento, estar unos días libres y abrir el corazón. Creo que el éxito del Festival radica en eso, en que la gente encuentre un lugar donde expresarse. Nunca pensé dedicarme a la literatura de miedo. Antes, era muy poético y, ahora, quiero incluso publicar un libro de terror para jóvenes porque tengo un montón de historias; y en el 2015 voy a disciplinarme a configurar un

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libro de relatos para jóvenes porque están ahí y es una manera de ser subversivo o trasgresor, una manera de enfrentarte al mundo y rozar los terrenos que a veces no nos atrevemos a decir, un mundo irracional. En este mundo necesitamos fantasía, creatividad, necesitamos sentirnos libres. Cuando comenzó el Festival, ¿alguien se imaginaba que fuera a llegar a casi los 20 años, que tuviese este éxito? No, se ha convertido en la vida de este pueblo. Empecé como un juego. Me dije: “Voy a ofrecerle a mi pueblo algo que culturalmente sea especial”. Y se fue configurando porque al principio traté de traer a muy buenos narradores, a profesionales de verdad, narradores que en sus países están dedicados a esto. Ahora sí que estoy seguro que vamos a llegar a más, y que se ha cumplido mi sueño de crear en este pueblo un gran ambiente literario, no solo de narradores de cuentos; ya hay ilustradores, escritores... Esto tiene que crecer más para que todo ese mundo de la cultura en diciembre esté aquí. Y seguiremos luchando por eso y porque exista la casa museo del cuento de la que ya se habla como una realidad mayor. ¿Usted, como narrador, alguna vez se ha visto con miedo a que el público ponga un muro muy sólido y no pueda transmitir? Muchas veces. Hay veces que el propio cansancio te impide expresar el miedo, estás tan cansado que te olvidas de ti, de tu cuerpo y de todo y lo que tienes es que concentrarte y encausar tu cansancio. Hay veces que tienes que decir: “Me olvido de mi cuerpo y toda mi energía se la doy a la palabra y a la actuación”. Cuando se te vaya ese miedo a salir a actuar, estás perdiendo algo muy importante de la profesión, que no es el mismo que el del amateur. Es una sensación de caer al precipicio, pero tú sabes que vas a caer de pie al suelo. Lo que hay que usar es la mirada, la mirada tiene que dominar al público, no en el sentido dictatorial, proponerles y ganarte ese muro. Es muy difícil porque, cuando empiezas, pasas miedo de verdad, a veces el ambiente no propicia la comunicación y es complicado.

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WARLEY Y ROSANA (TAPETES CONTADORES): «LA FUNCIÓN DEL ARTE ES CONTESTAR, REABRIR LAS COSAS»

LAURA HERNÁNDEZ OJEDA, CRISTINA JEREZ JIMÉNEZ, AIDA GONZÁLEZ ROSSI

Tapetes Contadores sabe a inocencia dulce. La sonrisa de él, amable y cercana. La mirada de ella, fuerte y segura. Su capacidad para arrancar del aire cuentos susurrados. Pura magia que ocurra por segunda vez aquí, en el XIX Festival Internacional del Cuento de Los Silos. Contar telas o coser cuentos, Tapete: cose o cuenta, cuenta o cose. No importa, son siete narradores que hilvanan las historias, cinco brasileños y dos peruanos, telas bilingües. Más de 20 días, entre La Palma y Tenerife, arrancando sonrisas y lágrimas a niños y otros que no lo son tanto. Al llegar, nos sentamos en una mesa en corrillo. Estamos un poco nerviosas, pero no importa. En su rostro se refleja que son esa clase de personas, esa que tienden su mano y hablan de corazón. Lanzamos la primera pregunta, con miedo. ¿Cómo surge Tapete? Warley: Surgió en 1998. Nosotros estudiamos en la Facultad de Teatro en la Universidad de Río de Janeiro, y ahí conocimos a un artesano y director de teatro que hace un trabajo junto a su madre, en el interior de Francia, de creación de tapices como escenario de cuentos. Ellos hacen eso desde hace más de 25 años, y durante tres años estuvimos en contacto. Lo llevamos a Brasil para hacer un taller, para profundizar en este tipo de narración con manipulación de formas. Llevaba a cabo un proyecto que significa “los tapices de los narradores de cuentos”. Durante 3 años trabajamos con su material, y después comencé a coser tapices y otros materiales a partir de historias brasileñas o de la cultura latinoamericana. Por un tiempo, nosotros solo trabajábamos con tapices. Al viajar por muchos países descubrimos que mucha gente crea objetos con otros soportes plásticos para sus cuentos, por ejemplo, semillas gigantes o calabazas que son pirografiadas. Y el cuento está ahí adentro. Su grupo lleva la creatividad a otro nivel; ya no es solo la imaginación para escribir un cuento, sino para plasmarlo en diversos formatos. Rosana: Es un poco así. Como Warley dice, comenzamos con esos tapices con los que tuvimos un primer contacto, y, bueno, decidimos qué literatura queremos contar y qué otros materiales queremos usar. A veces es el cuento quien te pide un soporte, a veces ya viene con una historia, con una idea de “mira, me gustaría hacer este material o quisiera trabajar con esto”; es una pregunta abierta. Somos siete en el grupo. El núcleo de producción somos cuatro. Unos cosen más. Warley cose mucho junto con Cadu, yo acompaño un poco, diseño, ilustro… Warley también compone musicalmente. Nuestro otro compañero, Edison, trabaja con percusión. Entonces, en algunos momentos en nuestras contaciones, también hay música. Depende de la sesión.

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Sus proyectos nacen tanto de un cuento como de un material, ¿no? Supongo que la inspiración puede llegar por cualquier vía... R: Parte mucho del cuento. El cuento es el que nos motiva. El cuento es el núcleo. Tenemos una lista de cuentos guardados, a ver cuál va a salir. Pero, ¿cómo se decide, a partir de un cuento, lo que se va a hacer con él? Es decir, la música, los materiales con los que le van a dar forma. R: El repertorio que trajeron Warley y Cadu la vez anterior es bien variado. Había hasta una caja de luces, con la que se trabajaba el tema de los colores de las telas como un cierto teatro de sombras, donde la narración era sencilla y poética. Y, para eso, Warley hizo una canción porque, como era a partir de casi un libro-álbum, ¿cómo hacer un libro-álbum en la palabra sin mostrar el libro? Entonces, hicimos la canción para jugar un poco con las telas. Son preguntas que surgen de “¿qué cosemos?”. Parte del trabajo que hemos traído ahora, los cuentos de los animales de América, tres cuentos, fueron a partir de una pregunta que Warley y Cadu se hicieron: ahora vamos a jugar con cosas con volumen, porque trabajamos más con piso, de soportes altos pero que nos remita a la idea de un jardín. W: Esta idea de que uno es una maceta, una planta, y la propia maceta se abre con velcro y cambia en un tapiz, que es donde el mono vive. Son cuentos políticamente incorrectos para niños, o escatológicos. Hay otro que se llama el burro, la cabra, el perro, la gallina y el cerdo. Para burlar al tigre tienen la idea de que todos se pasen caca de vaca por el cuerpo. Eso a los niños les gusta, porque, si tienes una idea de una infancia muy disneylizada, como que aburre a los niños. Los padres están un poco a la defensiva, pero luego ya descontrolan. Para uno de los cuentos de hoy utilizamos una piedra grande que se abre y es un escenario, como una montaña de aquí. Parece un lugar donde no hay agua pero está lleno de frutas amarillas, y los animales no las comen porque no saben su nombre y les da miedo. Entonces, suben al cielo para preguntarle a Dios el nombre de la fruta. Tienes que hacer un dibujo para los animales, la bruja y para Dios. Pero ¿cómo es Dios? Cada uno tiene su imagen en la cabeza, y yo hice una regadera, porque, como es un lugar seco, es la idea de que Dios es el que nos da la supervivencia, en este caso el agua. Los niños se quedan en shock cuando sale la regadera que dice el nombre de la fruta, que es carambola. Incluso hay niños que dicen, ¿Dios es así? Nos está contando un cuento, le está dando forma y tiene que hacerlo de una manera que se salga de lo común. Es su visión del cuento. R: Porque también, imagínate, en la propuesta de hacer este primer esbozo, ¿cómo vas a presentar a Dios? Es un juego también, es un momento de jugar pensando. W: Ponemos nuestra visión de cuento y nuestra visión de infancia. La visión de infancia es cultural. Si haces todas la princesas rubias estás dando una connotación, si haces princesas de colores de piel diferentes estás dando otro tipo de ideas sobre el reinado. La función del arte es contestar, reabrir las cosas.

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R: Es una pregunta siempre. Qué vamos a contar, cómo lo vamos a contar y con qué lo vamos a contar. Ustedes trabajan más con cuentos para niños. Pero, ¿y los cuentos para adultos? R: En nuestros cuentos para adultos, los materiales pueden ser más abstractos, jugamos más con objetos que a veces no son tan ilustrativos. Warley y Cadu hicieron un trabajo más de adulto con un autor suizo-alemán que es palabra, son cuentos urbanos, filosóficos, sobre lo absurdo, y una soledad... Bien duros, pero también una cosa de una búsqueda. Y ellos le hicieron una propuesta de tres cuentos para adultos o para chicos de a partir de 15 años, con preguntas que nos tocan. Entonces, tú puedes tener una libertad de ser un poco más abstracto con el material que vas a usar porque tu público es adulto, entiende de otras líneas. Muchas veces esperamos a que el público entre y decidimos qué vamos a contar. En las visitas escolares nos han llegado tanto niños de tres años como de 10 o 14. E: ¿Alguna vez se han equivocado y han contado a una audiencia un cuento y no lo ha entendido, no lo ha interiorizado por la edad? W y R: A veces sí, tienes una idea de “voy a llevarlo por este lado”, y llega y no hay. Es diferente 15, es diferente 16. Los adolescentes son más difíciles. Hoy, por ejemplo, hay un cuento en el que un príncipe que se transformó en una hormiga, y donde únicamente logra esconderse es en el sujetador de la princesa (nos reímos). ¿Ves? Ya se están riendo. La gente de 15 años se vuelve loca, y hoy contamos eso a niños de a partir de 5 años y ya tenían una picardía... Si tú hablas del cuento de pasarse caca por el cuerpo a chicos de 15 años, no te van a aceptar, van a decir “este asunto no es para mí”. El adolescente tiene mucho eso de “no me vas a entender”. Entonces, si tú le pones un cuento y no se siente identificado, lo va a dejar claro. También tú propones un diálogo con tu cuento de que tú entiendes a ese adolescente medio rebelde con todo. W: Tenemos un cuento para adultos en el que el lagarto se come a sus mujeres. Es un cuento fuerte, porque es justamente un aspecto del encuentro entre el hombre y la mujer- En este cuento en el que el hombre tiene un aspecto negativo que él no sabe por qué. Hay muchos hombres que beben mucho y a veces pegan a la mujer y no saben por qué lo hacen, como que es un impulso. No se trata de una justificación para seguir pegando, no se trata de eso, pero ese tipo de cuento trata en un nivel que los niños se quedan… Y el hombre sigue exigiendo una mujer, y hay una frase que es: “bueno, siempre hay una mujer sobrando en la casa de los pobres”. Hay una visión social, política, crítica y a ellos (adolescentes) les gusta, porque ya tienen edad para comprender de verdad. Entonces, si el lagarto se lo come todo, vamos siempre a buscar mujeres para él. Aparece una chica de gafas que no le da tanta atención y no tiembla frente a él. R: Y a él le parece muy rara, nadie la conoce, y él la amenaza y ella sólo escucha. Eso a él le intriga, y ahí comienza esa relación en la que él comienza a desnudarse, a sacar las pieles en las que se escondía. Es una manera de aprender a amar. W: En una parte del cuento, en la intimidad, ella le arranca la piel, y, desnudo, lo abraza. Y por primera vez él sueña. Es lindo porque él antes no soñaba, solo comía.

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R: Es mitad hombre, mitad lagarto. El tema es una búsqueda, porque es una responsabilidad de leer, de escuchar, porque siempre estamos leyendo como el médico y el abogado. Este cuento es muy interesante para un repertorio adolescente-adulto. Es muy importante la lectura simbólica de todo eso. Le puedes dar una lectura superficial a los cuentos, y eso sucede mucho con los niños. La propia gente que trabaja con niños coge y dice “ah, mira, voy a contar esto”, y no. O sea, escoge bien y entiende bien la estructura de ese cuento, porque a veces, como el público es infantil, es como “le cuento un cuento así, así”, y no, hay cuentos donde cada momento el esqueleto de ese cuento hace un cuerpo en que cada uno son partes simbólicas. Él estaba hablando de este público juvenil-adulto, de las pieles, la paciencia, el donarse… Pero para los niños también hay otras literaturas, otras oralidades para las que tienes que entender cómo es, cómo es el camino. Entonces, nosotros aquí vemos, siempre estamos conversando, discutimos, porque es un diálogo que estamos proponiendo. Ustedes trabajan en diferentes países, principalmente en Brasil pero, cuando cambian de lugar y cuentan los mismos cuentos, ¿notan diferencias entre los públicos? R: Puede ser. Vivimos en Río, pero viajamos mucho dentro de Brasil, y también a algunos países. Por ejemplo, este año fuimos a México, y hay ciertos cuentos que dijimos: “este dialoga más con una cultura o con una determinada característica”. En Perú también hay cuentos muy parecidos o que hacen referencia a algo de ese lugar, y entonces casa mejor. Pero nosotros vemos que hemos contado aquí y cosas que se ríen en Brasil se ríen aquí. El cuento es universal. W: Hay diferencias, pero también hay infancias muy diferentes. Por ejemplo, había una escuela en la que empecé un cuento en que eran tiempos de hambre y había un niño que preguntó: “¿Y no había McDonald’s?”. Era una escuela de niños ricos, y, claro, se estaba burlando un poquito, como que “voy a hacer un chiste para quedar bien frente a mis amigos”. Y yo tenía que trabajar para decirle, “no, el hambre es un hueco grande que ves en la barriga, ¿ya pasaste hambre? No, ¿ya?” Y el niño… (hace una mueca de susto). Y entonces, en esa escuela, el primer cuento siempre era para bajar la arrogancia de los niños, porque están como a ver si tú me vas a animar, como si fueras una persona trayendo un perro caliente; y no, es un cuento. Y ahí, a partir del segundo cuento, volvían a ser como niños que escuchan sin una idea rica de las cosas. Tenemos un problema, que no es problema, como un encaje con niños muy pobres, que viven una situación de peligro. R: Son niños en riesgo de exclusión social. En Río trabajamos mucho en la periferia y ahí no llega, no hay cuentos. Hay violencia, balas perdidas, se escuchan tiroteos todo el rato y ellos nunca se calman. La bulla, el grito… Si tú les hablas bajo, les puede parecer raro, o se pueden burlar de eso. Para mí la diferencia está en las diferencias sociales. Tienes que saber cómo vas a establecer ese diálogo, porque los países son pequeñas cosas. W: Y hubo una vez en este lugar de violencia que yo narré un cuento, y era muy chistoso para que me escucharan, y el segundo era más calmo, y la mayoría se durmió. Y fue bueno para mi ego, porque lo mejor que yo les podía dar era un tiempo para descansar el alma. Porque estamos siempre en tensión, la supervivencia, en casa la madre pega, es una cultura muy violenta, el hermano es traficante, la otra se pone una 18


ropa muy corta, muy sexualizado y violento... Es un mundo muy lejano de un cuento que, a veces, es simbólico. Tú tienes que encontrar el sendero. ¿Hay que jugar con sus emociones y sensaciones a lo largo de la narración? (Rosana para un momento. Fija la mirada en mí y después la eleva al techo. Repite varias veces la palabra ‘jugar’, y después, con toda la ternura de un cuento, explica) R: Jugar con no, jugar junto. Como respirar juntos. W: A veces lo adultos se quedan un poco… Uno de los cuentos que tenemos aquí trata de una vaca que se va quedando sin sus partes del cuerpo. Era mi mascota. La cola se fue. Al día siguiente, las manchas, las ubres, y empecé a tomar leche de caja. Habla de la muerte, y ahí un día abrí la puerta y no estaba mi vaca. Busqué a los vecinos, y es bonito porque los cuernos son la luna y las manchas nubes, la cola es una estrella fugaz. Y los niños no esperan como es el final, y me quedé echado en el suelo diciendo “voy a quedarme aquí hasta que mi vaca regrese”, y de sorpresa, cuando miré al cielo, eran las partes de mi vaca y las ubres eran el sol naciendo. Así, cuando extrañe a mi vaca, miraré al cielo. Durante el cuento yo siento que algunos adultos están como “está hablando de pérdida, de muerte, no es necesario hablar de eso ahora en la vida”. Entonces, ¿el cuento nos ayuda a entender el mundo? R: Sí, y a entendernos. W: Son radiografías del mundo.

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ÓSCAR BACALLADO: «EL TEATRO ES IMPORTANTE NO SOLO PARA CREAR ESPECTADORES, SINO PARA FORMAR PERSONAS» LUZ MARTÍN GARCÍA, STEPHANY MARIANA DE OLIVEIRA GONZÁLEZ

¿Qué le parece que se celebre el Festival Internacional del Cuento en un pueblo como Los Silos? Muy bien. Me parece grande, enorme, porque generar una actividad en una isla, con constancia, es muy complicado, y Los Silos lleva 19 años organizando esto. Me parece que lo mejor que le puede pasar a cualquier tipo de iniciativa es la constancia y algo que tenga que ver con la cultura. 19 años manteniéndose en un pueblo que ha generado toda una estructura, al final todo redunda en una cuestión de identidad. El Festival adquiere identidad y no digo que luego se faciliten las cosas y vaya todo mucho más rápido, pero está claro que la clave del éxito, y este Festival lo demuestra, es la constancia. ¿Qué opina de la imagen del cartel y de la identificación del ogro con el mal, la agresión...? Me parece que dentro de los cuentos hay de todo, la vida y la muerte, el bien y el mal... Me parece una alternativa más. De todas maneras, yo detrás de ese ogro también estoy viendo belleza. Es fantasía y me parece muy bonito. ¿Qué fue lo que le llevó a dedicarse a las artes escénicas? ¿Por qué decidió ser escritor? Primero, por una posibilidad. Creo que fue la posibilidad de encontrar a alguien que te lleva a un sitio. Ese alguien puede ser, desde la influencia de unos dibujos animados cuando eras muy pequeño, a una película, un actor, o alguien con quien conectas años más tarde, que practica esa actividad y te lleva de la mano. Al fin y al cabo, en ese viaje lo que uno encuentra al final es un espejo, cuando uno encuentra un espejo dice: “Aquí creo que podría ser feliz”. Tenía esas intuiciones, pero no sabía definirlas. Aún no sabía qué me iba a dedicar en mi vida a las artes escénicas. Siempre fui muy inquieto, según mi madre “nunca fui muy completo”. Creo que ese toque de locura fue el que hizo que me introdujera en ese mundo. Yo, en resumidas cuentas, empecé a escribir porque era el teatro que mejor conocía, no por vanidad, sino porque conocía ese teatro. Interpretar teatro es muy complicado. ¿Alguno de sus familiares ha estado relacionado con la escritura? No, nadie. He sido el único. Ni siquiera tengo referencias tampoco, ni por parte de mi padre ni por parte de mi madre, de alguien que se dedicara o tuviera algún tipo de actitud así, artística. Aunque sí sé de familiares por parte del apellido paterno que se han dedicado al arte: unos pintan, otros son ilustradores, incluso uno trabaja en Hollywood, en películas como Apocalypto fue el encargado de hacer todos los dibujos. Me imagino

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que por el apellido procederemos todos del mismo tronco común. Cuando era niño, ¿leía? Sí, cuando era niño leía, leía y veía muchas películas. Para mí, esa fue la mezcla perfecta, porque era lo que me ayudaba a imaginar y, por tanto, me ayudaba a desarrollar mi sentido crítico. Con lo cual, era un poco “estrategia”. Por mi trabajo se acentuó cada día más, y sigo, aunque cada vez me parece que leo menos aunque lo haga constantemente. ¿Cuál es su libro favorito? ¿Una obra suya o de otro autor? Todos mis libros favoritos son obras de otros autores. Siempre tiene uno la sensación de que lo que hace está de alguna manera siempre incompleto. De hecho, cuando me represento en mis propias obras es como si generara otro texto a raíz de lo que escribo y no me acuerdo ni siquiera de que aquello lo escribí con una finalidad, lo que hago es ajustarlo siempre a lo que está pasando, y eso en teatro tiene que ver con las energías de los actores y, en función de eso, se reescriben las historias. Por eso, me quedo con las historias que ya están hechas, porque con las mías siempre tengo la sensación de que hay que reescribirlas. Hay cosas maravillosas que he leído que me han gustado muchísimo, tanto novelas como teatro. Algunas de sus obras tratan de fundir el arte con proyectos sociales y didácticos. ¿Qué quiere conseguir? ¿Cuál es su objetivo a nivel social? A nivel social, como los trabajos son dirigidos a un target de edad, hay riesgos, y en los últimos años que he estado escribiendo han sido obras de teatro, proyectos de cuentos. En El teatro de la vida y en El baúl volador, uno se dirige a adolescentes y, otro, a niños desde infantil hasta sexto de primaria. Ambos lo que tienen en común es sensibilizar y generar hábitos saludables, prevención de drogodependencia... Según van creciendo las edades, los argumentos se van complicando, las estrategias son otras porque los niños entienden un cuento y los adolescentes trabajan otros. Con el teatro lo que pretendo es escribir como si fuese la propia vida, cuando desarrollo un tema, una obra por ejemplo de consumo de alcohol, consumo de drogas, cocaína... Las obras no solamente desarrollan un tema, desarrollan mucho más porque en la vida, en una escena de la vida, la gente trae muchas cosas, no solamente un problema. Por eso, lo que pretendo socialmente es saber y confiar en que siempre hay segundas oportunidades y terceras... que la maldad por la maldad no existe. La gente ve las cosas y reflexiona cuando tenga que reflexionar, al tiempo, igual que la educación: educas a un niño y no sabes cuándo lo que le dices va a germinar, si dentro de diez o quince años. Con respecto a su experiencia en la Ciudad de las Ideas en 2011, ¿cómo describiría la experiencia? Ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida. ¿Saben lo que es la Ciudad de las Ideas? Solo sabemos que se celebra en México. (Risas) En la Ciudad de las Ideas se reúne a determinadas personalidades. Es “el

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Festival de las Mentes Brillantes”. Yo fui, pero no soy una mente brillante. Cada una de las personas a las que invitan, a nivel mundial, destacan en algo, son profesionales comprometidos con lo que hacen. En la Cuidad de las Ideas, durante tres días se realizan conferencias. Allí te puedes encontrar de todo, personalidades que destacan en todo, como un primatólogo que generó una teoría o un cineasta. El año que yo fui, coincidí con Oliver Stone, compartiendo hotel, comedor y charlas. Oliver Stone o Paul Browman, Premio Nobel de Economía, Punset y mucha gente, el abanico es enorme. ¿Qué nos une a todos? Un tema. Ellos nos dan un tema a desarrollar y en el año que yo fui fue Reset, el botón que tocamos para reiniciar nuestras vidas. Entonces, tu charla tenía que ver cómo la arquitectura habla de reformas, de renovar... Cómo desde el desamor, Punset; cómo cambiar, el alpinista, el esfuerzo por la cumbre; el primatólogo, las nuevas tecnologías... Son tres días de conferencias desde las diez de la mañana hasta las seis de la tarde, pero tienen un atractivo maravilloso: todo el ciclo de conferencias genera y son, a su vez, un gran espectáculo. Es una pasada, yo no he visto organización más potente que esa. La organiza un famoso periodista mexicano que acaba de recibir premios en Harvard, Andrés Roemer. ¿Qué técnicas utiliza para llegar a las personas a través de la palabra y contagiar el entusiasmo tanto fuera como dentro del escenario? Esto es interesante. El espectáculo con el que últimamente estoy estrenando todas mis cosas se llama Cuentos para mirar. Las palabras no se pueden mirar, pero es lo que yo intento hacer. ¿Cómo se consigue eso? Intento que la técnica principal ante todo sea olvidarte de ti porque hay que ser bastante generoso. Tienes que ser muy generoso para hablar y que la gente no solo escuche, sino vea lo que estás contando, las emociones. A parte de esto, otra técnica es la proyección de la voz. Me preocupa mucho siempre trabajar la voz y he tenido buenos maestros. De todas las emociones que intento, cada cuento que elijo, me gusta mucho tirar del humor y vocalizar. ¿Cree que a través del teatro se puede enriquecer, transformar o, por lo menos, hacer pensar a la sociedad? Sí, claro, pero con cada cosa que se haga. Yo creo que el arte no solamente tiene que ser estrictamente reivindicativo, tiene que haber de todo y lo que se plasme uno nunca va a saber con qué va a conectar con el espectador. Tiene que haber textos comprometidos, texto de denuncias, pero tiene que haber también textos tremendamente lúdicos. Lo malo es cuando hay solo de una cosa, entonces es cuando se pueden pasar de extremos, lo reivindicativo se puede transformar en dogma, dogmatismo. Desde lo simplemente ligero hay también una especie de enfriamiento de la actitud. Creo que tiene que haber de todo. Hace unos días, acabamos de estrenar nosotros una obra de teatro y el tema que tocamos con humor fue sobre las plataformas petrolíferas. Cada cual que haga lo que quiera pero cuando una sociedad siempre demanda lo mismo es cuando debemos de empezar a preocuparnos. ¿Cree que es necesaria una creación teatral que tenga en cuenta la comunicación de los niños? Claro, por supuesto. Es más, te voy a poner un ejemplo. Cuando estuve viviendo en Berlín, me iba a un teatro pedagógico y allí solamente programan actividades infantiles y juveniles. Si los niños desde pequeños los estás formando, porque no los formas como

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espectadores sino como personas, luego generas público que demanda y desarrolla un determinado tipo de sensibilidad. Cuando me fui al teatro vi una obra de infantil, de niños de preescolar. La obra duró dos horas. Eso aquí es imposible. Yo fui maestro durante unos años y siempre el resto de maestros decían: “Que la obra no dure más de media hora”. Es verdad que todos tenemos un tanto por ciento de absorción de información y digamos que de una obra hay unos ocho minutos que tenemos claramente absorbidos. No quiero decir que las dos horas los niños estuvieran totalmente absorbentes pero yo los vi bastante atentos. Eso sí, una vez que se corta el descanso, los niños eran gremlis endemoniados corriendo por el escenario. Creo que el teatro es importante no solo para crear espectadores, sino para formar personas. Por eso, no tenemos que estar hablando continuamente de que la cultura está mal. Si no generamos público, gente que la demanda para vivir, incluso para tener respeto por una calle, saludarse, ser amable, protestar, no dejarse amilanar, pues todo eso es necesario con gente que mire, observe y vea realidad. Eso le pasa a la lectura, a la poesía, al teatro… pero, si la gente no se acerca a eso, hay una descompensación. No hablo tampoco que esto sea la panacea que va a salvar a la sociedad pero sí creo que es un ingrediente importante. Sobre la relación entre la literatura y las nuevas tecnologías, ¿cree que pueden llegar a complementarse o tiene una perspectiva más tradicional y cree que el ordenador y el libro son elementos enfrentados? No, no creo. Creo que tiene que ver con el hábito. Por ejemplo, a mí me fatiga. Hay mucha gente que le fatiga leer delante de un ordenador. Prefieren el libro, el tacto, el olor, los pesos. Pero como he visto que en mi vida hay cosas en las que un principio partí anegado y luego para mí han sido descubrimientos magníficos, pues creo que todo es cuestión de ir haciendo. Al principio, hay un freno, hay una voz popular del papel, pero es que todo tiende a cambiar, se irán reformando las cosas y normalizando. Per,o bueno, algo tendrá que pasar. Ahora, con los libros electrónicos, internet, los medios informáticos de todo tipo desde ordenadores, móviles… está claro que algo tendrá que cambiar. Creo que estamos en un trance. ¿En cuanto a la educación, ¿cree que un estudiante aprende mejor con el método de enseñanza tradicional, o por medio de ordenadores, trabajos cooperativos, etc.? Puede haber un método malo pero, con un buen profesor, el método funciona. Hay un buen método y hay un mal profesor, y el método fracasa. Al final, todo tiene que ver con las personas y esto, incluso para explicar lo tecnológico y las posibilidades, porque le enseñanza consiste en mostrar posibilidades que tiene todo y las que tienes tú con todo, todo va siempre a depender de alguien que nos va motivar con algo. Igual pasa en el arte: yo siempre le digo a los actores que, cuando vayan a trabajar, si ven sitios de formación, intenten trabajar con gente muy buena porque son de los que realmente van a aprender bien, son ejemplos que se absorben aunque uno no quiera; entonces, si meten la tecnología y saben llevar bien el método, seguramente tendrá que ver con algo emocional, porque es lo que cautiva. ¿Cree que las nuevas tecnologías han afectado a la población a la hora de leer? Es decir, ¿cree que hace quince o veinte años la gente leía más? (Piensa) No sé qué decirte. No lo sé. Siempre se ha dicho que España es un país poco

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lector. ¿Lector de qué? Hay mucha gente que lee el Marca o revistas del corazón. Está Claro que la nueva generación es la que va a decidir. Estamos en un trance que empezó hace diez o quince años y está encajando todo. No sé si antes habían muchos más lectores, lo que había era escenas diferentes. Yo no sé qué decirte, recuerdo que cuando era niño, la biblioteca de CajaCanarias de la avenida de la Trinidad, en La Laguna, se llenaba de estudiantes que iban a estudiar, no a leer, y yo de niño era de los muy pocos que se sentaban a leer, no a estudiar. Nunca vi una masa de lectores. Tengo amigos que son amantes de libros y que van a las librerías. ¿Piensas que los medios de comunicación han provocado que los niños piensen que leer es aburrido? Sí, hay una competencia enorme, lo que pasa que cada cosa tiene su lugar. Por ejemplo, pasa con el teatro. Vas a una obra de teatro; nunca has ido, la obra es mala y, seguramente, saldrías diciendo: “No vuelvo más al teatro”. Porque aquello es una opción de vida, es vivo todo lo que ves y da la sensación que la expectativa que se genera tiene que ser mayor aún que la de una película porque, si la película es mala, a ti no te importa repetir la película una y otra vez hasta que te cautive y te emocione, pero en el teatro eso no pasa… o sí, dependiendo del ímpetu, del ánimo y del contagio. Al fin y al cabo, la propia ceremonia que te inspira el teatro se puede convertir en algo muy positivo o el algo que te echa para atrás porque. a lo mejor. lo que ves no te gusta y piensas: “Hacer todo el esfuerzo para esto”. Pero al final no es esfuerzo, es convertir aquello en una rutina normal. ¿En qué se basa su compromiso e implicación con la educación como escritor? ¿Mi compromiso? Intentar hacer las cosas bien, que tengan un mínimo resultado. Tiene que ver con que tú deseas la fama, yo lo que pido es ser respetado por un público, ser diferente. Busco hacer las cosas bien, sensibilizar, tener siempre la esperanza de que algo que pongas conecta con alguien que escucha y eso transforma o te sirve de trampolín para algo más, eso para mí es importante. Despertar algo, sensibilizar, emocionar a alguien, buscar, descubrir… ya eso es suficiente. Hay un cuento que les iba a contar: un señor que estaba sentado en la playa, en la arena, y de repente llegó una ola enorme que llenó la orilla de estrellas de mar. El señor se acerca a la orilla y empieza a devolverlas una por una al océano. Entonces, se acerca otro hombre y le dice: “¿Qué estás haciendo? Ni aunque tuvieras toda una vida podrías devolverlas a todas al agua. Además, ¿a quién le importa?” El hombre se agachó, tomó una estrella en sus manos y dijo: “A esta, ¡a esta le importa!” Esto significa que en esto de la educación tienes que asumir el fracaso como una posibilidad que siempre está delante y eso tiene que ver con la paciencia. La sensación de fracaso es continua en la educación. Decía una profesora mexicana que conocí que “la educación es la acción de la latencia”. Latencia porque lo que digas ahora no tendrá un efecto inmediato, pero más adelante sí, y de alguna manera va a repercutir en una especie de cadena. Decía una profesora que nosotros somos la única profesión que trabajamos con materia divina. Divina porque está inocente, abierta a que todo sea posible. Ya de mayores es más complicado por todo lo que arrastramos, nuestros dolores, nuestras malas experiencias. Creo que la educación es ayudar, despertar. ¿Por qué ha dedicado dos de sus libros al público infantil?

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Fui profesor durante muchos años. Hace ya doce años que dejé de educar y, de alguna manera, cuando yo educaba, mezclaba el teatro con la educación y habían unas armas muy poderosas, y no porque hiciera teatro, sino porque traía la teatralidad. No me puedo estar quieto, estoy metido en muchos frentes, escribo, dirijo proyectos infantiles… Acabo de estrenar un proyecto de animación a la lectura que se llama La caja oblonga, dirigido a los niños que están a punto de dejar la lectura porque aparecen otros tipos de “destrezas”. El teatro es una de las facetas que me llama mucho, el teatro con compromiso, con una buena presentación estética y con una reflexión. ¿Cuáles son sus proyectos de futuro? Tengo un proyecto para el que estoy bastante motivado. Bueno, tengo varios. Tengo en el trastero una comedia musical que tengo que escribir pero, como estos últimos años me he acostumbrado a trabajar por encargo, como El baúl volador, cuando no tienes fechas cuesta más, a mí me cuesta más. Y tengo una cosa de las que quiero hacer: me gustaría escribir un monólogo, que ya tengo la idea porque hace unos años escribí un monólogo pero no está desarrollado. Lo cuento, pero cuando lo cuento siempre le añado más cosas, con lo cual tengo que escribirlo ya de una vez y me gustaría ofrecérselo a un director colombiano, al que he visto trabajar y me parece brutal. Es dramaturgo y director, y me gustaría terminar de escribir eso para irme a Colombia y estar allí cuarenta y cinco días, que es el tiempo oficial de montaje teatral, y que lo dirija, porque el personaje que escribí es un colombiano; entonces, el lugar donde mejor lo puedo contar es allí. Es una historia que ocurrió hace muchos años en Venezuela donde detuvieron a un tipo que se estaba merendando a los vecinos.

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ANA GRIOTT: «APRENDÍ A CREER A LA GENTE QUE NO TIENE VOZ» CRISTINA JEREZ JIMÉNEZ, LAURA HERNÁNDEZ OJEDA, ANDREA ABREU LÓPEZ, AIDA GONZÁLEZ ROSSI Una entrevista a cuatro no es fácil. Tenemos que aprender a acompasar el ritmo de las pulsaciones. La respiración, arrebatada, intenta correr fuera de la garganta. Y no, no es fácil. Al entrar en la sala donde Ana Griott nos recibe, somos extrañas. Extrañas conocidas. También la habitación susurra cuentos, como todo el Festival de Los Silos. Una compañera atemporal que escucha las voces de otros narradores, una confidente más. Y no importa que nuestras miradas sean esquivas, confusas; basta una anécdota, una pequeña historia de Ana Griott para ser un solo cuerpo. “Gracias Ana –pensamos– gracias por romper la tensión de esta sala fría”. O eso pensamos al principio, hasta que el calor de sus narraciones derrite el hielo de nuestras esquinas. Antes de empezar a conversar, mientras buscamos la grabadora, Ana nos habla. Nos cuenta por qué ahora siempre graba con el móvil. El hielo se derrite, la grabadora empieza a robarnos las palabras. Ha participado en varios festivales de las islas. Entre ellos, el Festival de Agüimes, en el que aprovechó para contar por otros lugares de Canarias. Una odisea, la verdad. El trayecto en Binter (esa lata de sardinas donde los canarios nos metemos para volar entre islas) es una experiencia única. “No he pasado más miedo en un avión en mi vida”, afirma. Ella viaja mucho en avión, pero no está dispuesta a repetir la experiencia. Total, si ha estado 20 horas en un barco en Senegal, ¿por qué le iban a importar pasar un par de horas en un barco interinsular? ¡20 horas! ¿Qué puedes hacer tanto tiempo en un barco? “Escribir y leer mucho. Y luego escuchas y vives. Vives, que es una cosa maravillosa”. Ana es risueña y tenaz. Le gustan los aeropuertos; de hecho, escribió La asombrosa y verdadera historia de un ratón llamado Pérez en uno. Incluso se plantea quedarse algún que otro fin de semana en el Aeropuerto de Madrid-Barajas para escribir lo que pasa. ¿Cómo empieza su relación con el mundo del cuento? Yo tenía una abuela en León que jamás me contó un cuento, porque ella pertenecía a una generación de mujeres que aprendieron que esto de contar lo que fuera te significaba, y la gente que se significaba corría el riesgo de perder la vida. Muchos de los asesinatos que se cometieron con el fin de la Guerra Civil no tenían que ver con fines políticos, sino con envidias de la gente. Te acusaban de ser rojo y te mataban, o de ser masón, homosexual o cualquier cosa. Mi abuela callaba, y gracias a eso yo aprendí a escuchar el silencio y a creer a la gente que no tiene voz. Y empecé Filología en León, luego estuve en Salamanca, me diplomé en Filología Italiana, me fui a Siena, y allí me diplomé más en Filología Italiana. Me fui a Madrid y me licencié y me doctoré por la Universidad Autónoma (UAM). Mi trabajo de investigación de tesis doctoral era sobre la lírica de los que no saben leer ni escribir, de la lírica popular y de la influencia en la cultura. Porque tenía un padre que los domingos por la mañana nos metía a todos en su cama y nos leía a Lorca, y nos recitaba Lorca con acento de León, y también a Espronceda. Yo necesitaba buscar cómo conciliar a mi abuela y a mi padre, y me especialicé en la lírica popular y en su influencia en los poetas cultos. E, investigando

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en la tradición oral, en el Festival de Otoño de Teatro en el año 1992, vi Espectáculo de narración oral escénica, y fui a ver aquello. Eran una narradora colombiana y un narrador costarricense. Me quedé impactada, pero yo venía del mundo de la universidad. No tenía ninguna formación escénica. Me puse a hacer un taller de expresión corporal, de voz, y empecé con esto de la escena y a contar con adultos, porque en ese momento se contaba en los pubs de Madrid. Cada día de la semana podías ir a uno distinto a escuchar cuentos. Empecé a contar con adultos. Un buen día me pusieron niños y empecé a contar con niños. Contaba con niños y un buen día me pusieron bebés, bebés de 6 meses, en un tatami. Me gustó tanto la experiencia que empecé a contar con bebés. Y he contado también con bebés que no habían nacido, en las barrigas de las mamás. (Un bebé, qué cosa tan extraña. Ellos no decodifican el lenguaje, pero oyen cuentos, palabras con forma y colores. “¿Qué le cuentas a un bebé, Ana?” No entienden, dice, ellos no entienden, pero sienten. Sus oídos oyen ruidos de terror, de amor. La emoción del sonido que la palabra lleva. El primer cuento que contó a bebés fue La noche boca arriba, de Cortázar. Comparte sus emociones con los bebés. “Normalmente, se les ocultan las emociones a los niños –nos cuenta–, pero los niños saben que está pasando algo y que no se comparte con ellos, con lo cual, su capacidad de imaginar es mucho mayor”. Lo puse en el currículo: que 17 bebés me prefirieron a un biberón. ¿Cree que los cuentos son una buena manera de llevar a cabo la educación emocional? Totalmente. Y no sólo eso. Leí hace poco el trabajo de un compañero que decía que los cuentos tradicionales que se les contaban a los niños antes están llenos de estructuras paralelísticas. Cuando adquirimos el lenguaje, lo que se adquiere es la estructura, y luego se colocan la gramática, la semántica, en esa estructura que tú has construido en tu cabeza. Los cuentos paralelísticos dotan de esa estructura, porque hablan de jerarquías lingüísticas al cerebro de los niños. Los niños que escuchan cuentos desde muy temprano tienen más facilidad para adquirir el lenguaje. Además, se educa a los niños desde una edad temprana a la escucha, que es una cosa importantísima en la empatía con el otro, estar escuchando y sintiendo al otro. Y esas son las bases de la educación y de la felicidad, que es lo que persigue la educación por otro lado, o que debería perseguir. ¿Cuándo da el paso de estudiar la oralidad a escribir cuentos? Yo estaba haciendo mi tesis doctoral y a la vez estaba trabajando como editora en Siruela, que es la editorial del hijo listo de la duquesa de Alba (risas) y, bueno, trabajaba con el conde de Siruela y con el conde de Luna. Fijaos qué caché. Empecé a trabajar cuando estaba en 4º de carrera. Y compaginaba mi trabajo de investigación con mi trabajo como editora, y enseguida empecé a contar. El trabajo de narración tiene mucho que ver con que tú hagas el cuento tuyo. Los narradores versionamos mucho los cuentos, tanto los populares como los de autor. Entonces, empecé a familiarizarme con esto de escribir tu propio cuento. Yo escribo una versión y luego me olvido de que está escrita, y empiezo a contarla oralmente y le suceden cosas al cuento. Sucedió por azar, como suceden todas las cosas, y los amores también, yo estaba trabajando investigando las tradiciones orales, contaba y trabajaba en la editorial y, de pronto, cuando el conflicto en Kosovo, me pidieron que hiciera un trabajo de investigación de fuentes folclóricas del Mediterráneo, con un dinero europeo. Uno de los investigadores trabajó en el Algarbe. Hicimos Algarbe por el Mediterráneo, yo en España, otro en Francia y 27


otro en Italia. Es decir, Mediterráneo rico. Querían ver el folclore de la zona y la influencia que podrían tener los cuentos mediterráneos con los escandinavos, porque al final llegamos a la conclusión de la que partíamos: no hay cuentos catalanes, valencianos o murcianos. Los cuentos son universales. Tienen forma catalana, murciana o del maresme, pero los motivos que animan los cuentos no conocen patria, y por eso se utilizaron para mediar en el conflicto de los Balcanes. Entonces, la Fundación Santa María (SM) y la fundación del hogar del empleado, que es quien gestiona el Centro de Investigación por la Paz (CIP), quien me encargó a mí el trabajo, me pidieron que hiciera un libro de cuentos mediterráneos. Hice un libro de cuentos mediterráneos, pero SM es una editorial marianista. Había muchos cuentos que no les parecían teológicamente correctos, entonces quité esos cuentos de ahí y dejé más reducido el corpus. Se publicó el libro, y con esos cuentos hice otro libro para Siruela. Por esos cuentos, en el año 2012 me dieron un premio que compartí con Michelle Obama, Fundación Dieta Mediterránea. A mí, que soy de León. Entregaba el premio la infanta Cristina, pero se le portó mal el marido y no la dejaron venir. Yo, como me porté bien, fui y recogí mi premio (risas). Ese mismo año, me descatalogaron ese libro, publicado en 2005. En este país hay un sistema tributario que favorece la destrucción de los libros. Cuando una editorial destruye libros, Hacienda devuelve el 4% del IVA a los editores y, si lo donas, te cobran. Me descatalogaron el libro y me pidieron mi firma para destruirlos, y yo dije: “Lo siento, pero yo no voy a firmar eso”. Y me dijeron: “Pues te los tienes que quedar”. Y dije: “Vale, dámelos” Me preguntaron cuántos quería, y les respondí: “No, no, la pregunta es ¿cuántos tienes?” Y tenían 2 644. Yo vivo en Madrid, en Plaza de España, en un quinto sin ascensor. Pero tengo una amiga que vive en el campo, con una casa de herramientas que me prestó. Entonces, llegó un camión con siete palés de libros que pesan 2 000 kilos. Los descargamos en carretillas, y descubrí que tenemos aquí (señala los antebrazos) un músculo especializado en la descarga de libros. Y con la venta de esos libros estamos financiando la biblioteca en Senegal. (Ana Griott es una todoterreno. No solo ha estudiado lo que ha querido, cuando y como ha deseado. Además, ha hecho de todo. También ha trabajado en la cárcel, contando a internos de Soto del Real. En el festival de Los Silos revivió la experiencia con una de las jornadas, que estuvo destinada a contar las palabras encarceladas de la Tenerife 2. Dice que terminó agotada, como cuando contaba con bebés, porque las mayores emociones nacen de las situaciones más absurdas: letras con personitas sin lengua, letras libres en lugares de encierro. Ana tiene huellas, retazos de los lugares que le han hablado. Y la cárcel le contó la cara triste de la vida, es un lugar horrible y sucio, donde las violaciones y las drogas son tus compañeras de celda. Y un hombre encarcelado fue quien le contó, solo pedía que le escribiera el cuento que ella acababa de contar para su hijo. Ana le advirtió que ese cuento no era para niños, y él le respondió: “es que cuando yo salga de la cárcel, mi hijo ya no será un niño”.) Y seguimos hablando del tema mucho tiempo más. Porque las cárceles y la experiencia que puedes vivir en ellas son profundas, desgarradoras. Qué es la cárcel. Un lugar donde van las personas que infringen la ley. No, no es verdad. “A la cárcel se va por ser pobre”, dice Ana. Y la pobreza no se mejora –en todo caso, se empeora– en las cárceles) Pero bueno, al final la literatura es como una manera de salir de allí y de hacer otras cosas. También es verdad que la cárcel puede ser una oportunidad para muchos de ellos. Uno contaba que estaba haciendo el bachillerato en la cárcel; entonces, bueno, es una oportunidad formativa. Te puedes matricular en la universidad de la cárcel también a distancia. Yo estuve contando con el sindicato de estudiantes de Soto del Real, que fue impresionante, porque además el presidente me dijo que es mejor no preguntarle

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nunca a un preso por qué está en la cárcel. Es mejor no saberlo. Pero yo lo supe después de esto. El presidente del sindicato era un hombre amabilísimo, con una camisa rosa, un hombre que te besaba la mano, te abría la puerta… Pues era un asesino en serie. Mataba travestis. Cuando te enteras piensas: “El señor de la camisa rosa que me besaba la mano… ¡qué asco! Suelta mi mano”. Yo ayer no pregunté a nadie absolutamente nada pero, si tuvieran delitos de sangre, no estarían en tercer grado. (Crear cuentos de la nada, redescubrirlos de la tradición oral… Ana Griott arranca del pasado y del presente las historias que conforman la vida en sociedad.) ¿Qué temática le gusta más para escribir cuentos? Pues tengo 12 libros publicados y todos los cuentos son reescrituras de cuentos de la tradición oral o de leyendas. De hecho, el último es de los cuentos de Gran Canaria, los cuentos recogidos por los niños. Estuve el año pasado en Gran Canaria, en todos los municipios. Estuve en las escuelas. Mandábamos una encuesta de oralidad y una circular a los colegios. Los colegios se las daban a los niños, y los niños se iban a sus casas y se sentaban a escuchar a sus abuelos y a sus abuelas, escribían la historia y la traían al cole. Yo venía una vez al mes a Canarias y, el día que yo llegaba, los niños me contaban las historias de sus abuelos y yo les contaba las historias del pueblo de al lado. Entonces, restablecíamos la cadena intergeneracional de transmisión oral, y también la vecinal. Y con todos los cuentos que los niños me contaron, hice una selección, hice un editing en el caso de que hubiera muchos, hice una versión facticia, etc. Y publicamos el libro en una editorial propia que se llama Libros de las malas compañías, y allí está editado. Cometí el error de hacer muy poca tirada. Hice sólo 600 ejemplares y se queda muy corta, porque ha tenido muy buena aceptación, impresionante. Me han hecho mucha prensa, porque mi encargada de prensa es la encargada de prensa de Siruela. Se ha movido mucho en Canarias, porque estuvo de becaria en Canarias 7 hace muchos años. Y, entonces, nos han hecho radio, televisión, prensa… Y el libro es una belleza. Me contaron en La Aldea una versión de Los tres cerditos: Los tres cochinos. Un niño de 4 años que se llama Joel. El blog se llama vocesdenuestraisla.blogspot.com (El niño, contándole el cuento de Los tres cochinos, le dijo que la casa del tercer cerdito era “de bloques”. Ella lo cuenta y se ríe). Y luego me contaron otro cuento precioso que se llama La niña y el can. Es una niña de Tamaraceite a la que mandan a Telde a ver a su abuela con una cestita llena de sancocho y gofio, y por el camino se encuentra con el can, porque en Canarias no hay lobos (sigue contando el cuento, y al final la abuela se toma las medicinas y todo termina bien). También me contaron Los 7 baifitos. El libro es muy divertido, porque tiene dos mitos, uno americano y uno africano. Que es lógico, porque esto es plataforma continental de África, y es un sitio de transición hacia la emigración. Luego, un montón de cuentos tradicionales que dicen que no son canarios. Pero sí lo son, igual que de Alicante, de Murcia… Tienen voz canaria, es la versión de un niño canario del cuento de Caperucita, que no es de ninguna parte, porque ni siquiera es de los hermanos Grimm, ni de Perrault, ni de nadie. Estos lo tomaron de la tradición oral también. Y, como también trabajamos con los chicos del instituto, hay leyendas de todas las islas contadas por niños canarios. Luego, hay un apartado que se llama Cuentos de los nuevos canarios, que son niños canarios que tienen abuelas chinas, de marruecos… Llegué a un cole y vi a un niño no blanco, sino transparente, rubio, rubio, y le dije: “¿Tú eres canario?”. Y me dijo: “Yo soy canarrio, mi madre canarria”. Con una pinta de ser de Eslovenia… Lo que descubre en el proceso de investigación es fabuloso, ¿no? ¡Buah! Y es entrañable también, porque en Teror estuve en un cole y recogí un cuento

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precioso, en versión canaria, que se llama La flor del Oroval. Me lo contó un niño, y veo que a la maestra se le empiezan a caer las lágrimas. Y resulta que es un niño de integración, con muchísimos problemas sociales, que nunca había sido protagonista de nada, y de pronto me contó el cuento y me cantó la canción del cuento, y estaba feliz, feliz de ser el protagonista; además, delante de un nutrido grupo. Estaba delante de unos 200 niños metidos dentro de un gimnasio. Imagínate. Y, de pronto, él toma la palabra y cuenta un cuento, y es darle valor a su abuelo, darle valor a su familia, darle valor al niño… Todo esto, fijaos, porque mi abuela no me contó cuentos. Y luego estuvimos en Utiaca. El camión que llevaba la comida de los niños se quedó atascado, porque es así Utiaca, es tremendo. Y luego en Artenara, Tejeda... A Tejeda llegamos y estaba nevando. La segunda sesión la teníamos en Mogán, que hacía un calor que te mueres, y en Tejeda una nieve que te mueres... La ilustración la hizo una chica de Las Palmas, súper bonita; se llama Tania Brito y ha quedado súper bonito. Yo pensé que en la península no iba a tener mucha repercusión, pero no os podéis imaginar. Porque los canarios son muy canarios. Ha tenido mucha repercusión y, bueno, ¿quién no tiene un amigo canario, un primo canario, alguna vecina canaria? ¿Quién no ha venido alguna vez a Canarias? Quiero decir que hay mucho vínculo afectivo con esta cosa que es Canarias. El proyecto es súper bonito, esto de recoger cuentos de los niños. ¿Y cómo se le ocurrió venir y recoger los cuentos? Se me ocurrió porque en todos mis libros hay cuentos canarios y, cada vez que necesito un cuento canario, tengo que venir a grabar, porque no hay nada publicado. Hay una cosa de un tipo que se llama Diego Cuscoi, un tinerfeño que en el año 40 del siglo pasado publicó un volumen de folclore e incluyó algunos cuentos. Y ya, no hay nada más. Está muy bien recogida la tradición del romancero que, por cierto, lo ha recogido uno de León que se llama Maximiliano Trapero, que está en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPG), y eso está muy bien recogido, pero de hecho todo el mundo me decía: “En Canarias no hay cuentos”. El primer día íbamos a presentar todo el proyecto al Cabildo. Hacíamos una presentación oficial en la biblioteca insular en Las Ranas, y yo me fui a la peluquería a pintarme las uñas. Y estaba allí, en la peluquería, y de repente me empezaron a contar cuentos. Así que yo presenté mi propuesta al Cabildo y dije: “Empezamos por los coles y seguimos por las peluquerías”. En las peluquerías hay muchísima información, y en las barberías ni te cuento. ¿Que en qué otro sitio curioso se transmiten cuentos? Pues… en los velatorios. En Canarias la tradición de los duelos sigue siendo todavía muy fuerte. Los velatorios aquí son geniales ¿No habéis oído el refrán que dice “de la vieja, la conseja”? ¡Eran las viejas las que contaban los cuentos en los velatorios! La conseja no es el consejo, sino el cuento… Un cuento típico de viejas en los velatorios. Su contenido es, normalmente, erótico, y aumenta de intensidad a medida que pasa la noche y la botella de anís. (¡Ja, ja, ja! Reímos todas, y Ana nos mira con complacencia. Tiene una voz dulce. Sus palabras, más que vibraciones, podrían ser moléculas de glucosa. Disacáridos que portan cuentos y surcan el aire para acariciarnos el oído. Se establece una conexión tan fuerte entre su garganta y mi tímpano, que es difícil no prestarle atención. Tan difícil como hacer un agujero en el agua…) Los velatorios son grandes sitios (continúa Griott, con la sonrisa en la boca) pero las peluquerías son un filón. De hecho, en la peluquería, me contaron la historia de Antoñita Lamaroné. Una mujer muy pobre de Agüimes que lavaba para las señoras ricas. Los hombres de dinero se la trajinaban y así tenía un hijo con cada uno de ellos… La pobre se volvió loca. Cuando lavaba cantaba siempre la canción de La asturianita.

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Allí, en la peluquería, me contaron quiénes eran sus parientes, sus descendientes, dónde vivían… ¡Y me cantaron la canción que ella cantaba! Siempre vengo a Canarias porque necesito cuentos… Tengo un libro de monstruos canarios, otro de brujas canarias y otro más que se llama Geografía mágica que empieza con un cuento de aquí… Cuando desde el Cabildo me dijeron que les planteara algún proyecto de recogida decidí no ir grabando directamente a los abuelos, que son los que saben los cuentos, sino a los niños. Me parecía mucho más interesante comprometer a los pequeños en ese trabajo, sobre todo para que ellos aprendieran las historias. Y para que los cuentos no se pierdan… Claro, los abuelos cuentan sus historias a los chavales, historias que no tienen desperdicio. Las hemos agrupado por historias de mar, de la pobreza, de la emigración, de la guerra, de amor y otras historias. (Hablamos un rato sobre la trasmisión de los cuentos. Descubrimos que sí, a nosotras también nos los cuentan. Ana nos habla sobre una de las historias y nos reímos. Le decimos que nos suena muchísimo de haberla oído por ahí. “Queríamos darle valor a esas cosas que cuentan los abuelos, porque es vuestra historia y no se os puede olvidar”. Sonreímos. Hablamos de las ventas de aquí. Siempre hay una señora mayor sentada al lado de la hija, que es la que atiende, y te dice: “Ven, mi niña, que te voy a contar un cuento”. Las abuelas también lo hacen. “Claro, es su historia”, nos explica Ana. Un niño le contó que el hermano de su abuela se fue a América a conseguir dinero para hacer una granja. Estaba muy ilusionado y consiguió el dinero. Pero, cuando volvió, se puso enfermo, y lo tiraron al mar y se lo comieron los peces. “Pero mi abuela tuvo su granja”, le dijo el niño.) Hay muchas historias de emigración. La gente trae cuentos. Son las vivencias que no podemos perder. Los niños cuentan las historias de sus abuelos, y eso les da valor. Este es uno de los propósitos del trabajo de Ana Griott. Dar valor a los que no cuentan, a los que no tienen voz. Ahora está recogiendo cuentos de negros. En Libros de las malas compañías están preparando una colección, Serie negra. Y no será de libros policiacos, sino eso, cuentos de negros. Nos transmite la ilusión por su trabajo. Es raro ver a alguien que disfruta tanto de lo que hace. Está recogiendo cuentos en las comunidades africanas de Paraguay y, además, prepara una biblioteca en Senegal. “En lugar de invertir para comprar cuentos en francés para los niños o clásicos en francés, mientras no tuvimos libros prestamos, abuelos”. Ana Griott contactó con los narradores comunitarios e hizo un listado de abuelos y de los cuentos que contaban. La gente podía llevarse un abuelo para casa. ”Pero había que devolverlo”, dice riendo. También prepara un libro de cuentos diolas. Su idea es reinvertir los beneficios del libro en un proyecto de educación. “Y nada, en eso estoy, en seguir dando voz a la gente que no la tiene, y en seguir escuchando y viendo”. Ana tiene muy claro lo que hace. Mientras nos lo cuenta, no deja de sonreír. Desgrana los detalles de su trabajo, de su vida, de esos cuentos grabados con su móvil. Descubrimos en ella lo que es de verdad escuchar. Porque no pensamos nunca que contar tiene tanto de oír, y que de las palabras puede salir un hilo tan largo, con tantos agarraderos. Ella no solo cuenta cuentos. Y no lo dice así. Gotea en sus palabras. Gotea en ella. Y debemos preguntarle algo, porque a todas nos resuena en la cabeza) ¿Cree que eso te hace feliz en la vida, que es una misión? Sí. Fíjate, yo soy doctora en Lengua y Literatura Hispanoamericana. He estado 11 años estudiando en 4 universidades distintas y a mí me gusta mucho cuando voy a los

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institutos y les digo a los chavales que soy doctora. Que he estado 11 años en la universidad y que, gracias a eso, puedo hacer una cosa que hacemos las personas que estudiamos: elegir. Yo elijo esto. Elijo estar aquí con vosotras, ahora, que es lo que me parece lo más importante del mundo. Por eso quiero transmitirles eso a los chavales. En un mundo en el que triunfa el que más roba, quiero ofrecerles otros modelos de persona, de gente que estudia y elige. Y elige contar cuentos, que puede parecer lo más arrastrado del mundo… ¡Un cuentacuentos! “Ni siquiera eres payaso”, solía decirme una amiga mía. Y, sin embargo, ¡fijaos! Es una labor humanitaria muy importante. Con los cuentos se pueden hacer montones de cosas. Yo cuento en los hospitales también. Hace poco en el Ramón y Cajal me mandaron a la UCI pediátrica a contar. Y, claro, había un niño en un box, con cáncer de cerebro. Estaba en coma. Su mamá estaba allí con él. En esos casos yo cuento solo con la madre, pero estaba contando y, de pronto, el niño sonrió. La madre me abrazó ¡Una cosa súper bonita! Luego, llegó la doctora y nos dijo que era un acto reflejo... pero eso era lo de menos. Para mí la oportunidad de poder compartir algo así no tiene precio. Poder ser un poquito artífice de eso, me parece una cosa prodigiosa y muy importante además. Esto es lo que quiero hacer. (Es emocionante encontrar personas que se preocupan y buscan mejorar el mundo, esta extraña bola de tierra que es de todos. Es como cuando encuentras un trébol de cuatro hojas. Para Ana no es así, no es la excepción sino la norma: “Pero fíjate, la gente al final lo que quiere es hacer el bien. Nos quieren hacer creer que no, pero realmente la gente…”. Y se queda parada y, después, de un minuto nos cuenta.) Esta mañana les contaba a mis alumnos que lo que un narrador tiene es a sí mismo, y lo que pone en juego en un escenario es a sí mismo. Y eso da mucho vértigo pero, cuando tú eres capaz de atreverte a hacer esto, jamás sucede que no te quieran, porque la gente, a quien se arriesga, lo cuida. Nadie va a ponerte la zancadilla, ni siquiera el más macarra de los adolescentes. En cuanto ven que tú estás ahí, ofreciendo tu corazón, ofreciendo lo que eres y no engañando, todo el mundo está ahí para quererte y para cuidarte. Hay un punto ahí como de rescatar esto en lugar del vértigo y en lugar de la entrega. Yo siempre digo que cuando empecé a contar nunca pensé que fuera a dedicarme a esto profesionalmente. Por ejemplo, el proyecto de Gran Canaria os lo he contado porque tiene mucho significado. Es el lugar donde yo he podido trabajar como investigadora, contar cuentos y editar, que son mis tres oficios. Entonces, de pronto, se van haciendo uno solo. Me he pasado todo el verano editando con el ordenador, y es como, ¡la playa! ¡tengo que terminar el libro! Lo presentamos el 24 de octubre, que es el Día de la Biblioteca. Tenía que estar para esa fecha, tenía que llegar en barco, me pusieron miles de problemas en la aduana... Entonces, yo no sabía que me iba a dedicar profesionalmente a contar, y al principio de mi carrera como narradora fui a contar a León, que fue la primera vez que conté con niños, y dije “¡oh, cielos!” Cogí mi repertorio popular y lo adapté a los niños. En ese viaje me dijeron que mi compañera del instituto, Montse, que era la más guapa de todas, con un pelo que te mueres, se estaba muriendo de SIDA. Entonces me fui a su casa. Me abrió la puerta su madre y me dijo que estaba en el sofá. Me fui al sofá y estaba allí. A los enfermos terminales de sida se les cae el pelo, se les caen los dientes, y se vuelven mucho más pequeños. Estaba como encogida. Vuelven como a ser fetos. Estaba allí y me dijo: “Tengo frío”. Me acosté a su lado y la abracé, y me dijo: “¿Qué haces en Madrid?”. Y contarle que era investigadora de la tradición oral, que estaba haciendo una tesis sobre neopopulismo en la lírica en el siglo XX y que trabajaba con un conde en una editorial me pareció un coñazo, así que le dije: “Cuento cuentos”. Y me dijo: “Cuéntame un cuento”. Y empecé a contar un cuento y, a medida que iba contando el cuento, de pronto empezó a subírsele el color a los

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mofletes. Ella siempre era muy colorada de mofletes. Empezó como a tener vida en los ojos y a sonreírme con esa boca sin dientes, y cuando acabé me abrazó y me dijo: “Ay, qué cosa tan bonita haces”. Pues se murió dos semanas más tarde. Y yo pensé que si para mi amiga Montse en ese momento era lo más importante del mundo, entonces debía serlo, y fue así como me dediqué a contar profesionalmente. Y yo la llevo ahí, porque los narradores contamos las historias de los que no están, traemos la memoria de la gente que no está para que no nos olvidemos nunca de ellos. (En el filo del ojo rebosan algunas lágrimas. Primero son tímidas, como cuando entramos en la sala. Luego se convierten en lágrimas de todas. ¿Quién es ahora la entrevistada? ¿Quién es la periodista? Seguro que Ana se siente tan desnuda como nosotras. Nos emocionamos, y las gotas son impetuosas, descaradas, lágrimas con carácter; saben que están y no necesitan esconderse. Para qué. “No me hagáis llorar a mí también”, nos pide Ana Griott. Ella ama lo que hace, y por eso es tan bonito lo que dice. Tenía que llegar ella y contarnos una historia. Y no hacen falta más palabras que expliquen, porque hay historias que llaman a las lágrimas. Y a veces llorar por el simple hecho de que alguien te cuente su trabajo es necesario. Ana se emociona con nosotras. La grabadora sigue guardando lo que ocurre. Después, cuando la apagamos, las palabras se quedan en la sala. Una hora más de palabras sobre cuentos, sobre trabajo, sobre la vida. Sobre las personas.) Es que estamos un poco desmotivadas. Que si la carrera, que si la vida… Pero mirad, chicas: las carreras no son para trabajar, son para vivir. Y la formación que te da una carrera universitaria te permite vivir de una manera y te permite elegir. Elegir es una cosa importantísima. Aunque no tengáis muy clara la vocación periodística, tenéis que estar ahí. Y la comunicación es una cosa fundamental y muy manipulable. Tenemos que tener profesionales que crean en su profesión, y que no se vendan por dos pesetas.

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LUIS CORREIA: «LO QUE BUSCAMOS EN UN NARRADOR ES COMPLETAMENTE DISTINTO EN CADA PERSONA» NIRA SOSA SANTANA, FÁTIMA Cª TAPIA ADRIÁN Cuando alguien va a hacer una entrevista, normalmente sabe a dónde se dirige o, al menos, cómo llegar. Ese no fue nuestro caso. El 5 de diciembre de 2015 salimos de La Laguna rumbo a Los Silos, donde se celebraba el XIX Festival Internacional del Cuento. Podría entenderse que no siguiéramos la ruta correcta si hubiéramos recurrido al arcaico mapa de papel, pero cuesta comprender que nos perdiéramos habiendo utilizado un GPS, que en todo momento nos daba las indicaciones pertinentes con su distintiva voz. Aunque quizás sería conveniente empezar por el principio. Salíamos de nuestro punto de partida cuando un turista asiático nos abordó en la pasarela de la Facultad de Ciencias Políticas Sociales y de la Comunicación, a la voz de “ladies, please” para capturar una instantánea nuestra, a la que nos negamos entre risas, aunque no sirvió de nada porque consiguió su objetivo. Una vez en camino, como el trayecto era muy largo, acordamos hacer una parada para descansar y tomar un aperitivo, y fue a partir de este momento cuando empezaron nuestros problemas… Tendríamos que habernos dado cuenta de que la combinación de una tinerfeña al volante que desconocía el destino, y de una canariona con muy mala orientación de copiloto no resultaría factible. Quedaban cinco kilómetros para llegar cuando tuvimos un momento de incertidumbre en una glorieta donde –queremos creer que por cuestiones del azar– escogimos la salida incorrecta, que nos llevó a un camino muy poco transitado y peculiar, con unos largos túneles y una calzada de asfalto blanco que no nos permitía retroceder. Cuando nos dimos cuenta de que no sabíamos dónde estábamos, tuvimos que hacer una parada de emergencia, en la que una hizo una llamada y la otra consultó el mapa, en el que se podía observar que nos desviábamos hacia el sur. Finalmente, conseguimos llegar al pueblo, aunque una vez que aparcamos necesitamos acudir a varios habitantes para encontrar el exconvento de San Sebastián, donde se había concertado el encuentro con Francis, el jefe de prensa del evento. Por fin llegamos al Centro de Salud, aunque no sin ayuda, y pudimos disfrutar durante media hora de la experiencia con internos del Centro Penitenciario de Tenerife, con sus Palabras Prisioneras. A las cinco, los narradores ya estaban preparados para la entrevista, de modo que Francis nos guio hasta el lugar donde íbamos a realizarlas. Cualquiera que hubiese estado ahí se hubiera dado cuenta de lo nerviosas que estábamos, así lo mostró Kamel Zouaoui, el narrador franco-argelí que, señalando a una de nosotras, le dijo a nuestro entrevistado, Luis Correia: “Esta está nerviosa, aunque no te lo va a decir”. A lo que este respondió riéndose. Podríamos empezar mostrando la propia introducción que, con posterioridad, hizo el narrador de sí mismo en la presentación en la mesa redonda Conversación con los narradores invitados en la sala Pérez Enríquez: “Soy Luis Correia, vivo en Portugal

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desde hace poco más de veinte años, pero crecí en Brasil, así es que cuando hablo en Portugal se nota que tengo un acento distinto, aunque cuando vivía en Brasil me llamaban el portugués. Es un placer estar aquí, me recuerda mucho a las islas portuguesas (Azores), así que me siento como en casa. Hace mucho que había escuchado hablar del Festival de Los Silos, muchos compañeros han venido aquí y me hablaron de él. Todos los festivales tienen cosas maravillosas, pero los que son en pueblos así, más pequeños y específicos, tienen una magia diferente. Cuando me hablaron de esto yo quería venir, y estoy encantado de estar a la mitad de estas jornadas. Muchas gracias.” Una vez, dicho esto, expongamos la entrevista realizada. ¿Por qué decidió estudiar teatro? No sé, seguí un camino. Yo ya hacía teatro antes de estudiar, empecé cuando tenía dieciséis años. Empecé haciendo cursos, porque tenía la necesidad de hacerlo, tenía un gusto hacia ello. Y cuando lo decidí fue cuando fui a la universidad. Primero, empecé Historia del Arte, hice el primer año y vi que no, que quería hacer teatro. ¿Tuvo algún mentor? Muchísimos. Tuve muchos profesores desde que empecé con dieciséis años los cursos. Siempre tuve personas y profesores, unos más importantes que otros, o unos con los que compartía más ideas, más maneras de sentir las cosas. Pero no sabría decirte porque fueron muchos, no solo profesores, sino personas con las que trabajé o personas que vi una vez y me tocaron de una manera especial. Tuve muchos mentores. ¿Siempre quiso dedicarse a contar cuentos? No, fue algo que sucedió naturalmente. Yo siempre lo tuve en mi imaginación, porque yo crecí leyendo un tipo de literatura que se llama fantástica, y siempre existió ese personaje y ese momento de contar historias, y las historias en ese tipo de imaginario fantástico es muy importante; crecí con ese imaginario. Pero no sabía que quería contar cuentos, no sabía que existía una profesión como esta. Fui actor y director de teatro pero, naturalmente, los trabajos que hice en teatro se fueron cada vez más acercando a algo más narrativo y menos dramático. Un día, hice un espectáculo de teatro en el que contaba cuentos con un compañero, y fuimos por engaño, invitados a un festival de narradores, pero no éramos narradores. Teníamos un espectáculo y, cuando llegamos, comprendimos que había narradores y que había festivales de narración, descubrimos lo que era narración. Pero fue un camino natural, yo no creo que lo que hago hoy es distinto de lo que hacía antes, es un camino. ¿Qué cualidades cree que debe tener alguien para ser cuentacuentos? Hay que ser una persona, los animales no sé si son capaces (risas). Existe la respuesta buena, políticamente correcta, para eso y la respuesta que a mí me gusta más. Hay tantas maneras de contar como personas hay. Lo que buscamos en un narrador es completamente distinto en cada persona, lo que nos gusta en uno es diferente a lo que nos gusta en otro. Así como decir lo que es importante para contar, es muy difícil porque, evidentemente, aspiras a un nivel que es el básico, hay que saber una lengua, aunque sea un lenguaje gestual, pero hay que saber una lengua. Hay que tener voluntad de hacerlo, hay que ser comprensible para los otros. Después, hay cosas técnicas, hay que saber moverse o estar sentado o de pie, pero son cosas muy técnicas que tiene que saber el profesor, el maestro, el político para hablar para la gente, el actor de teatro… Hay cosas que son comunes a otras actividades que tienen que ver con estar delante del

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público y hablarles. Pero para ser un narrador, es tan difícil para mí como decir qué es necesario para ser un pintor: se puede pintar bien pero, ¿qué es pintar bien? Antiguamente, era pintar como era la naturaleza, pero ya hace mucho que no es así. Entonces, ¿puede decir que ser un narrador es un arte en sí? Es un arte, sí. ¿Cómo ha sido su trayectoria profesional? Empecé como actor en grupos juveniles, pero ya profesionales, y muy rápidamente empecé a ser director y me fui a estudiar a otra ciudad y ahí fundé un pequeño grupo, una pequeña cooperativa de teatro, y hacíamos pequeños trabajos con poca gente, con poco dinero, muy móviles, andábamos por el país... Pero nunca trabajé como actor para otros, tan solo dos o tres veces en otras compañías de teatro o en la televisión. Pero nunca fue algo de lo que yo viviera. Yo vivía del teatro, de tener una compañía. Háblenos de Cuenta Tina. Cuenta Tina es un repertorio de cuentos. Son cuentos que uno es una adaptación de un cuento tradicional, otro es una adaptación de una leyenda urbana y otro es una adaptación de un autor portugués; los otros son todos originales. Fueron cuentos que empecé trabajando para contar con el acordeón diatónico, que en Portugal se llama concertina, al cual yo de una manera cariñosa la llamo Tina. Entonces, Cuenta Tina es un repertorio en el que la concertina cuenta conmigo, donde la música y las palabras están muy unidas. Nació en Portugal pero se crió en Brasil. ¿Por qué? Mis padres eran de Portugal pero de África, de las colonias. Mi madre era de Angola y vivían en Mozambique. Luego fue la revolución portuguesa y las colonias quedaron independizadas, así que mucho de los portugueses que ahí estaban tuvieron que salir, y mis padres salieron y se fueron para Lisboa, pero tampoco era su tierra, porque sus padres, sus abuelos, ya no vivían allí. Entonces, no sabían dónde ir. Pero mi madre estaba embarazada, esperaron a que yo naciera y luego se fueron a Brasil porque ella tenía un familiar ahí. ¿Por qué hizo una disertación sobre La Representación de la Muerte en Cuentos Tradicionales Portugueses? Es algo que está en mi vida. Yo he tenido una experiencia en la vida donde la muerte ha estado muy presente, porque perdí un hermano cuando tenía once años, y luego perdí una hermana cuando tenía veinte. Perdí a mi mejor amigo hace poco tiempo y a mi madre hace un año y medio. Así que crecí siempre con la pérdida de una persona muy cercana. Fue algo con lo que siempre estuve, de adolescente, de joven, cuando era adulto; y es algo que en nuestra sociedad es tabú, de lo que no se habla mucho, pero que para mí es un tema cercano. Yo hago investigación también porque pertenezco a la universidad. Hago investigación en cuentos y en narración oral y siempre quise hacer una investigación sobre los personajes muertos en los cuentos. Elegir el acordeón para contar sus cuentos, ¿es por qué le gusta o tiene alguna otra razón? No, siempre fue un instrumento que yo quería aprender a tocar, pero que yo no pensaba que iba a utilizar al principio. Pero como quería aprender, pensé que la mejor manera era utilizarlo en el trabajo que tenía que hacer todos los días. Entonces, empecé así. Luego descubrí que es un instrumento muy versátil. El nivel del tipo de sonoridad que

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se puede dar, es un instrumento que tiene mucho ambiente. Es un instrumento muy completo. Fue una felicidad que se conjugó, no fue algo que se pensó sino que fue sucediendo. El hecho de utilizar el acordeón, ¿cree que es un apoyo para llamar la atención de la gente? Depende de lo que pensemos como apoyo, porque lo malo de un instrumento o de contar algo delante de la gente es que, cuanto más llamemos la atención, menos gente tiene atención a la historia. Es muy bueno tener algo que llame la atención pero, si toda la gente pasa el tiempo escuchando el acordeón y no escucha la historia, no es bueno. Para mí, en mi manera de narrar están muy bien destacadas las palabras, ya que no me muevo mucho, no hago muchas cosas, que no quiere decir que sea la mejor manera de hacerlo, solo la mía. A mí me gusta que las personas estén muy atentas a las palabras, y la música, ya sea con el acordeón o con otro instrumento, a nivel musical es algo muy monótono, siempre es lo mismo, para que la gente solo escuche las palabras. Además, para mí, en un principio es algo bueno, pero luego es un desafío técnico porque tocar y hablar al mismo tiempo es algo complicado. Cuando está contando los cuentos, ¿en qué piensa? Muchas cosas van pasando cuando cuento cuentos, porque cuando contamos pensamos en dos cosas: el evento donde estamos narrando y los eventos que estamos narrando. Estamos aquí y ahora pero está también la historia. Y estamos siempre en ese viaje, ahora estamos aquí y ahora estamos allá. Cuando estoy aquí, normalmente estoy pensando en lo que está sucediendo entre el público y yo, las personas que me escuchan, estoy viendo las miradas, la gente que sonríe, la gente a la que no le está gustando… Hay una atención muy grande sobre lo que está sucediendo y creo que todos los narradores lo tienen. Y cuando estoy allá, estoy visualizando lo que estoy haciendo. ¿Escribe los cuentos que narra? Sí, escribo siempre todo lo que cuento. ¿Hay algún tema en especial sobre el que le guste escribir? Amor, porque es la cosa más hermosa que hay. Amor de una manera general. ¿En qué lugar prefiere contar los cuentos? El público que me gusta más es el adulto. Ahora mismo estoy estudiando otra vez, así que no cuento tanto para niños como antes, aunque próximamente volveré a trabajar al cien por cien en cuentos infantiles. Respecto a los lugares, es muy difícil elegir un sitio, porque no tiene que ver con los espacios. He tenido tantas experiencias buenas en grandes teatros como en pequeñas casas, en viviendas, patios, plazas… Por ejemplo, en Portugal hay muchos festivales en los que las personas prestan su casa para hacer las funciones e invitan a un narrador y diez espectadores, y ahí ocurren cosas maravillosas; tuve noches muy lindas así. Pero también tuve noches muy lindas, por ejemplo, en Costa Rica o Colombia con 600 personas en un teatro enorme. Todo depende de la gente y de cómo estás. No creo que pueda decidir qué lugar me gusta más o menos. ¿En cuántos países ha contado cuentos? He contado cuentos en Portugal, España, Sudáfrica, Italia, Bélgica, Argentina, Costa Rica, Colombia… Y quizás me olvide de alguno. Ha contado cuentos en muchos países. ¿Qué le hizo aceptar la invitación para venir a Los Silos, un sitio tan pequeño en Tenerife? 37


Fue por la persona que me invitó. No dudé en aceptar. Yo tenía muchos amigos que ya habían venido a Los Silos, porque el mundo de los narradores no es muy grande y nos conocemos todos, así que yo había escuchado hablar de Los Silos, y el año pasado en Costa Rica conocí a Cayetano, uno de los organizadores; me habló del Festival y me invitó y, por supuesto, acepté. Además, me encantan los lugares pequeños, más que los grandes. ¿Solo se dedica a escribir cuentos? Sí, yo los escribo pero no los publico, los escribo como instrumento de trabajo. Hay períodos de mi vida en los que estoy solo contando y otros en los que estoy investigando para proyectos de la universidad. Con las investigaciones recibo becas y apoyos pero, cuando no estoy investigando, vivo solo de narrar. ¿No le gustaría publicar los cuentos? Tengo publicados audiolibros, para escuchar, es lo más parecido que tengo. Si alguna editorial se interesara, no tengo nada en contra de la escritura, pero lo que me gusta es narrar, es eso en lo que trabajo. Cuando escribe los cuentos, ¿cómo se inspira? Escucho mucho, miro… Las ideas no vienen de dentro sino de alrededor, luego las escribo y, mientras, voy visualizando e imaginando. Nunca tengo prisa. A veces, un cuento se demora años porque son ideas que se van quedando. Por eso las escribo, para que se queden esperando el momento oportuno. ¿Qué consejo le daría a alguien que quisiera empezar a escribir cuentos y narrarlos? Dar consejos es una cosa terrible (risas). Creo que el único consejo es que, si no tienes voluntad, no haces nada. Nos olvidamos muchísimo de que a veces estar delante del público implica una responsabilidad muy grande, porque tenemos el poder de la palabra, de decir algo de otra gente, y también tenemos que ser responsables con nosotros mismos, porque somos muy sensibles a las reacciones de los otros, y estar de cara al público a veces puede ser para algunos una cosa muy violenta y difícil, pues hay que hablar en público y mostrarse a él. La gente siempre debe ubicarse donde se sienta cómoda. (No podemos negar que esto ha sido una grata experiencia, en la que hemos sentido que nos acercábamos a lo que nos vamos a dedicar en un futuro próximo. Además, realizar esta entrevista, a pesar de los nervios prematuros, ha sido muy sencillo, pues Luis Correia presentaba una actitud muy cercana y nos trataba como si ya nos conociéramos. Nos ha gustado que, incluso habiendo tenido tanto éxito, es una persona humilde y muy amable, sin considerarse superior por la fama que ha podido ganar, como ocurre en otras ocasiones. Pensábamos que, al ser un extranjero, íbamos a tener dificultades con la comprensión pero, por el contrario, habla muy bien nuestro idioma, con su particular acento, que como él mismo reconoce no es ni brasileño ni portugués, y las pocas veces en las que no encontraba el término adecuado nos pedía ayuda, lo que daba lugar a una batería de respuestas por nuestra parte, y acabábamos riendo. Sin duda, repetiríamos la experiencia, y esperamos poder hacerlo el próximo año.)

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KAMEL ZOUAOUI: «NO HAY UN PÚBLICO MEJOR QUE OTRO, SOLO SE NECESITA TENER OREJAS» LAURA MARRERO BACALLADO, MARTA RODRÍGUEZ LEITON

¿Cuál ha sido su trayectoria profesional hasta llegar al Festival? He estudiado teatro desde los ocho años y pasé Bachillerato de Teatro y Lenguas Extrajeras. Después, estudié Psicología en la Universidad de Lyon, en Francia. Me fui a vivir en París, y he trabajado en museos y en varios tipos de ocupaciones antes de dedicarme completamente a los cuentos, desde hace más o menos diez años. Mi ocupación profesional es narrador, contar cuentos. ¿Qué le hizo aceptar la invitación a este Festival? Tengo un amigo que estimo mucho que se llama Hammu Topia, que es un cuentacuentos español, marroquí y bereber. Y nos hemos encontrado en un festival de cuentos en Argelia y me ha hablado de Ernesto y del trabajo que se hace aquí, de la dimensión muy humana, muy íntima del Festival. Me gustan las experiencias nuevas y, aunque tengo varias de ese tipo, venir a contar en español a Tenerife es un reto, algo muy nuevo. He contado en Barcelona y Córdoba, pero aquí no. ¿Es su primera vez aquí entonces? ¿Qué le parece la isla? ¿Le gusta? Sí, es magnífico porque lo de la montaña y el mar impone mucho sobre la mente de las personas y aquí se ve mucha serenidad en este pueblo. ¿Por qué comenzó a practicar teatro desde tan joven? Me parece que es una necesidad o que es un camino que no es mental. Tú vas al teatro por razones íntimas del interior, te llama la atención. A algunos les gusta el fútbol, a otros la música, a otros la pintura; a mí me llamó la atención el teatro. Empecé con un personaje, Charles Chaplin, a los ocho o nueve años y jamás he terminado con eso. ¿Y en qué momento decidiste dedicarte profesionalmente a eso? Hace más o menos diez años, más que eso. Yo trabajaba y, al mismo tiempo, contaba historias a mis amigos. Yo quería contar. El último trabajo que tuve fue trabajar en un restaurante de lujo de comida de Marruecos y al final de mi servicio tenía como costumbre compartir historias con los clientes, porque para mí era vital. No era para la propina o servicio, sino porque quería compartir. Cada día andaba al trabajo por razones económicas pero, al final, contaba historias a los clientes. Me di cuenta que era una necesidad para mí dedicarme lo más posible con humildad y con este deseo de aprender y aprender, de dedicarme a esto, a esta energía. ¿Y tuvo algún mentor a la hora de aprender teatro, una figura que le guiara en el camino? He encontrado a una gran mujer del circo en Francia, Annie Fratellini. Tuvimos un ensayo juntos cuando yo era joven y eso me abrió los ojos al arte del circo. Cuando de

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pequeño veía un circo en mi ciudad y se iba, siempre lloraba, porque la magia, las estrellas se van. Y, por eso, cuando me construí, he pensado: ¿De qué manera puedo quedarme con las estrellas sin tener que llorar, porque se van? Y hay estrellas de la luz artificial, pero hay una estrella de vivir su sueño y de poder comprometerse y luchar para poder vivir de eso, de sus sueños. Después fue Ariane Mnouchkine, que es una gran señora del teatro en Francia y en el mundo. Ella también al verla trabajar y a compartir un poco con ella me ha abierto los ojos del corazón. Es un collar de encuentros que me ha ayudado a elegir y a aceptar vivir como narrador. A lo largo de su carrera, ¿qué es de lo que más orgulloso se ha sentido? Compartir el día de hoy con ustedes. Es un gran suceso porque el orgullo del narrador es poder compartir una historia con los otros con la sinceridad de dejar la historia y solamente llevarla si existiera dentro de los recuerdos del momento de la historia. Y lo más importante para mí.... hace tres semanas estaba en Caledonia, al lado del Australia, para el festival de cuentos. Después, fui a Vanuatu para trabajar con la Alianza Francesa y me invitaron a contar en el Volcán Yasur, delante de diez chicos que acompañan a los turistas en general y era muy improvisado pero compartimos unos cuentos arriba, en el volcán, y eso para mí es un gran suceso porque pude sentir el corazón del ser humano y el corazón del volcán a veces. Tienen puntos en común. Para mí era un momento de gran importancia. Para concluir, tengo muchas razones para sentirme orgulloso, porque me encuentro con vosotros. Una vez estaba presentando un espectáculo en el sur de Francia y había una señora muy vieja que estaba acurrucada y tenía noventa, cien, no sé... viejita y su hija tenía sesenta años. Y estaba escuchando mi trabajo y al final le dije: “Señora, ¿le puedo dar un beso? Gracias por su energía”. Y ella me dijo: “Sí, claro”. Y después le dije: “Muchas gracias por su luz que usted ha compartido conmigo durante el espectáculo”. Y ella me miró y me dijo: “Ah, usted ha visto mi luz, pues consérvela bien y no se lo diga a nadie, porque no la doy a nadie, solo la comparto con muy poca gente.” Esa es una razón para considerarme orgulloso. ¿Qué temas suele utilizar para sus cuentos? ¿Y cuál prefiere? Yo tengo dos orígenes: nací en Francia, pero mis padres son argelinos, soy binacional. Me gustan las historias donde hay una moral, algo que puede ayudar a reflexionar sobre quiénes somos, dónde estamos, por qué caminamos, cuál es la razón de nuestra existencia. Y, con el cuento, este tema de pensar y de ayudar a la gente a encontrarse me importa mucho. El cuento es como una razón más para encontrarse. La historia es la historia, pero la emoción que se comparte es algo importante para mí. ¿El cuento es entonces, para usted, algo más que narrar una historia? Claro. El cuento es un momento que se comparte, con toda la riqueza que puede llegar a tener. El otro día, estaba en el Festival de Teatro de Avignon, durante un mes actuamos cada día. Y uno de los chavales de mi público me dijo al salir del teatro: “Señor, es la primera vez en mi vida que me quedo en la sala mirando la cara de la gente saliendo de la obra, porque eran como luces”. La gente cree que es el cuentacuentos quien da la luz, pero no, cada uno tiene su propia luz y, a veces, cuando se deja ir, a escuchar, a compartir, todos los filtros se van y la luz interior sale.

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Ha escrito una trilogía sobre un personaje del islam, Nasreddin Hodja, ¿Por qué decidió hacer una historia sobre este personaje? ¿Puede contarnos algo sobre él? Este personaje era un tonto sabio del siglo XII del islam. Nació en la frontera de Irán y Turquía y fue reconocido por la UNESCO en el año 1986 como pertenencia del folclore mundial. Sus historias se comparten desde Extremo Oriente hasta África y en cada lugar donde se comparten este personaje tiene un apellido local, por así decirlo. He hecho una trilogía sobre este personaje porque existen más o menos 2960 historias sobre este tipo. Se dice que, después de su muerte, la gente le dedicó historias. Y es muy importante en el islam. Yo, con mi cultura franco-argelina, tengo como religión el islam. Hemos nacido en la república, pero nos damos cuenta hoy en Francia que tenemos un problema para convivir. Lo que hay fuera, la organización política, nos da la sensación de que no estamos hechos para vivir juntos. Y los jóvenes que han nacido en Francia y no conocen el islam, los musulmanes de Francia que no conocen el patrimonio, piensan que el islam es solo terrorismo, que es algo duro, malo. Y trabajar con el personaje Nasreddin Hodja.... Hodja significa ''el maestro'', ''el profesor''. Yo quiero dar humildemente una posibilidad a esas personas para recordar que el islam no es solamente violencia y que hay una luz dentro de eso. El vivir juntos, el burlarse del que está arriba... no del dios, del rey en la época de Nasreddin, del rico, del burgués, del que se burla de los otros. Es muy humorístico este personaje y, por eso, me encanta cuando lo comparto. En general, mi público viene de todas las secciones sociales, pero dentro de cada uno hay algo universal que reúne a la gente. Por ejemplo, un día estaba Nasreddin charlando con el rey y le dice que quiere ser su ministro. El rey le responde: ''¿Mi ministro? Ya tengo a todos los ministros, no te puedo elegir ministro... ¿de qué? ¿de qué quieres ser ministro?'' Nasreddin le dice: ''Yo quiero ser ministro del petróleo''. El rey le dice: ''Nasreddin, sabes que no hay petróleo en nuestro país. Si te doy el cargo de ministro de petróleo, la gente no lo va a comprender y tampoco lo va a aceptar''. Y Nasreddin le dice a su rey: ''Claro que lo van a aceptar... Mira, aceptan que tengas un ministro de la justicia…''. ¿A quién considera mejor público? ¿Niños o adultos? Todos los que tienen orejas, porque a veces tenemos que encasillar el arte del cuento para niños o para adultos. ¿Quiénes somos nosotros para considerar que a partir de una cierta edad no van a entender o no van a aceptar? Mi público preferido es cuando tengo familias con abuelos, jóvenes, cuando tienen una sonrisa personal y familiar de interacción, como cuando el padre mira a su niña y, oyendo la historia, se miran y hay complicidad. Ese es mi trabajo, me llena. Para mí no hay un público mejor que otro, solamente se necesita tener orejas, orejas de dentro —corazón— y de arriba —oído—. Para los niños, un cuento puede tener un valor de formación, de transmisión, y para los adultos puede tener el valor de acordarse del hecho de que hemos sido un día niños, de quedarse conectado consigo mismo. ¿Qué países ha visitado como cuentacuentos? ¿Cuál ha sido el que más le ha gustado? He estado en Egipto, Argelia, Marruecos, España, Italia, Francia, Caledonia, Vanuatu, Suiza, Alemania... Seguramente gracias al cuento he encontrado a Argelia, porque yo nací en Francia y en Argelia jamás había estado. En enero de 2011, cuando había comenzado mi primer espectáculo de la trilogía de Nasreddin, presenté un personaje femenino árabe, con una manera de hablar y todo... Me dije que sería una mentira no ir

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a un país árabe a presentar este trabajo y escuchar lo que me puedan dar como informaciones las personas. Entonces, lo presento en Argelia y, si funciona, trabajaré muchos años con este espectáculo pero, si no les gusta, por respeto a mis raíces y a mis ancestros, paro. Me ha gustado porque es el país de mis antepasados, de mis padres. Le pedí a mi padre que me acompañara a nuestro pueblo y, cuando estuvimos arriba en el pueblo, fui a tomar una piedra de la casa de la abuela de mi madre. Mi primo me dijo que qué estaba haciendo y le respondí que, a partir de ese momento, si alguien me pregunta de dónde vengo, dónde están mis orígenes, le voy a decir que ahí, en esa piedra. Y a partir de ese día, no sé si soy alguien bueno o no, pero me he considerado alguien completo, con todas las informaciones para construirme. Eso fue en 2011, por lo que puedo decir que el de Argelia ha sido el mejor de mis viajes. ¿Fue un momento especial estar en el sitio donde nacieron sus padres, no? Sí. Estuve 15 veces en Argelia durante tres años para contar en las ciudades, en los campos, en las montañas, para encontrar… Es extraordinario. Por lo que hemos visto, usted piensa que todos somos un solo mundo. ¿Eso ha venido por lo que usted estaba diciendo de ser francés y de Argelia? ¿Ha influido tener una doble nacionalidad en ese pensamiento? Me parece que tener este tipo de sentimiento viene de la formación que tenemos desde la infancia. Mis padres vienen de una cultura oral del norte de África, los bereberes. Pues ser bereber de nacionalidad argelina y trabajando en Francia ya te abre un poco la mente. He tenido la suerte de encontrar de joven chilenos, españoles... Hemos crecido en una ciudad, Saint-Étienne, en la cual había mucho extranjero inmigrante, y me cayó como algo normal esa idea de tener la certeza de estar en un único mundo. Y hay un punto que nos informa de eso, cuál sea tu lugar en la vida. Un día te vas de esa vida, cual sea el pasaporte, visa, la situación económica, religiosa… pasamos por este mundo y si entiendes la cosa, tú solo puedes asegurarte de que hay un sitio para cada uno. El otro día, en Vuanuatu, compartí una historia con unos chicos de allá. Les conté una historia de Nasredim. Un día, había dos hombres que se peleaban porque cada uno decía: “Esa tierra es mía”. Lo que pasa actualmente entre Gaza e Israel. Los dos se peleaban y fueron a preguntar a Nasredim, pidiéndole que decidera a quién le pertenecía la tierra. Nasredim les dijo: “Ok, mañana os doy una respuesta”. Se pasó toda la noche escuchando la tierra como un loco y, al día siguiente les dijo, “¿Sabéis? Si entiendo lo que me ha dicho la tierra esta noche, no son ustedes los propietarios, pero ella es la propietaria de ustedes.” Y el chico con el que compartí esa historia en Vanuatu lloraba, porque en su país el significado de pasar solamente en la vida es tan importante, que la tierra es algo que tenemos que proteger… Usted dice que no, pero se maneja bastante bien con el español. ¿Eso lo ha estudiado usted o ha sido por el hecho de viajar tanto? Lo he estudiado hasta el fin del liceo (bachillerato), seis o siete años en la escuela, y lo practico cuando puedo con mis amigos chilenos. Estuve en México, en el DF, hemos hecho un intercambio con la UNAM, la universidad. Pues pienso que un idioma es como lo que tenemos adentro del alma; si no lo practicamos, lo olvidamos, y practicar un poco los idiomas me ayuda a no perder todo lo del alma.

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¿Y con qué más idiomas se maneja? Inglés, italiano, un poquillo portugués… varias lenguas. Es decir, tiene la felicidad de que al país donde vaya a contar un cuento puede decirlo en el propio idioma, ¿no? Puedo trabajar con tres idiomas: el español, el inglés y el francés. Los otros serían más difíciles, pero tengo un punto importante, y es que cada vez que voy a un país intento en la trilogía de Nasredim incluir palabras del lugar, para que cada uno se sienta incluido en la historia. Porque narrar una historia para mí no es venir y decir: “Pues yo conozco un montón de historias para compartir con ustedes porque tengo la técnica”. Es vivir un momento del presente, del ahora, un momento excepcional que no se puede reproducir el día después. Y tú puedes venir con una historia de un siglo cualquiera, pero si estableces una conexión con la realidad de la gente en el momento la historia, parece tan actual… y eso es una cuestión de estar en el momento, y de presentar la historia a la persona o la audiencia, las personas que están enfrente, de manera… con buen deseo. Cuando presentas un amigo a una amiga, le dices, “Te presento a…”. Con esa emoción y esa sinceridad. Me parece que la sinceridad es una técnica del cuentacuentos, del narrador. Pero, para concluir sobre este punto, respecto a esa idea de ser de un solo mundo, es para ofrecer un poco más serenidad a la gente, cuando nos damos cuenta de eso, los filtros se van y cruzamos la vida de manera más alegre, más tranquila; porque, mira, tenemos cien años en esta tierra, con suerte, pues ¿por qué tomarse la cabeza? Hemos visto en vídeos e imágenes que usted utiliza un fez en sus actuaciones. ¿Eso por qué motivo es? ¿Por sus raíces o por algo en especial? Sí, con el fez y los vestidos, como es un cuento árabe el de Nasredim, cada ropa que tengo viene de un país diferente. Tengo una bufanda que viene de Egipto, la chilaba, mi primera ropa, viene de África negra, la otra viene de Argelia, algo viene de Indonesia, el fez viene de Túnez… O sea, que mezclar los orígenes del vestido es el mismo tema de un solo mundo, de abrir un poco. Pero, para mí, era un juego y un encuentro de identificación de actuar, de presentar mi primer cuento con vestidos árabes. Intento utilizar un francés muy elaborado, accesible a todos porque es importante; me gusta mucho la francofonía porque es un idioma que me interesa y los valores que se puede compartir con el francés… entonces hablo el francés lo mejor que puedo, y el vestido árabe es como un puente, porque a veces tenemos dos muros y muchos dicen: “Tenemos que romper los muros”. Pero olvidan a veces de decir que con las piedras de esos muros podemos hacer puentes. Y el vestido y el idioma es esa manera de romper los muros y construir puentes. Y es muy difícil porque la gente, sin generalizar, cada uno se asola… Mi trabajo lo oriento sobre tres tipos de cosas: la trilogía de Nasredim, los cuentos que escribo sobre el exilio y los dos lados del mar Mediterráneo, y los cuentos tradicionales que tenemos en el patrimonio. Me gusta compartir. Y, en esas tres calles, tres maneras, tengo una energía diferente, porque la magia es lo que hay dentro de los ojos de quien te escucha, y a veces es como una gran fiesta lo que hay dentro de los ojos. El hecho de que cuente de una manera tan teatralizada se debe precisamente a que ha estudiado teatro, ¿no?

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Claro, me ayuda, pero he tomado la decisión de teatralizar este cuento porque hay muchas personas que no conocen el universo del cuento. Para ellos es una memoria de la infancia en el cual una vieja o un hombre le contaba historias que no le llamaban la atención. Era muy difícil concentrarse y el hecho de materializar las palabras con actuación es una puerta de entrada en el universo del cuento. Lo hago como los guel, “el que dice”, en Magreb, en el norte de África, que son como cuentacuentos que dicen: “Voy a compartir con ustedes la historia de una mujer”. Y, chik, por un momento el chico es una mujer, pero no es el personaje, él te lo muestra pero físicamente; y después: “Y su esposo…”. Y encarna al esposo. Eso es una técnica del norte de África. O sea, que esos espectáculos de la trilogía vienen con esta forma. Pero, también, hay siempre una conexión entre dos o tres cosas, para no cerrarme en un tipo. Por ejemplo, yo no soy un cuentacuentos magrebí. Muchos piensan: “¿Árabe? Seguro que me va a contar Las mil y una noches”. No, yo me veo muy claustrofóbico; si me metes en una cosa, me muero, hay que abrirse… La primera vez que se puso delante de un público y actuó, ¿qué sentió? Estaba muy orgulloso porque yo tenía nueve años, y era lo de Charlot, de Chaplin, y era en mi barrio, en Saint-Ètienne. Habíamos hecho teatro para no ir a la delincuencia, programas para los jóvenes. Y al salir de la escena alguien me pidió un autógrafo. Era el cura de mi barrio. Eso te forma toda tu vida. Pero siempre tengo un gran miedo, y cuando termino, cuando veo que hay luces en los ojos, me considero contento. Si no hubiera sido cuentacuentos, ¿a qué cree que se hubiera dedicado? Estaba aprendiendo psicología, así que sería un trabajo como los otros. Hoy día sería más sociólogo que psicólogo. Me interesa mucho el hombre, es un animal interesante.

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ANDRÉ NEVES FABIO BENÍTEZ, VIRGINIA HERNÁNDEZ, NEREA MANCISIDOR, RUBÉN ASENSIO, PABLO FANJUL, ALEJANDRO REYES

André Neves nació en 1973 en Recife, capital del estado brasileño de Pernambuco. Allí se graduó en Relaciones Públicas y Bellas Artes y comenzó a desarrollar sus primeras actividades relacionadas con la literatura infantil. Actualmente vive en Porto Alegre, donde trabaja escribiendo e ilustrando obras tanto suyas como de otros autores y como diseñador gráfico. Ha elaborado e ilustrado un gran número de publicaciones para niños de todas las edades y ha recibido diversos premios como reconocimiento a su trabajo. En el Festival Internacional del Cuento de Los Silos tuvimos la oportunidad de charlar con él. ¿Es la primera vez que viene a este municipio, a este lugar? ¿Cuáles fueron sus primeras sensaciones cuando vio esto? Sí, es la primera vez. Fui invitado para estar aquí, en Tenerife. Lo primero que me llamó la atención fue comprobar el conocimiento que hay de mi trabajo. Llegar aquí y ver que tantas personas conocen mi obra es algo increíble. Esto es lo que más me ha impactado. Otra de las cosas que me han llamado la atención ha sido ver cómo este festival ya tiene una cierta tradición, historia y un público lector. Pienso que además este evento tiene la capacidad de, en un futuro, ser algo de interés turístico también, como ocurre con otros festivales literarios que movilizan a mucha gente, como la Gira del Libro de Paraty, en Brasil, que organizan autores, escritores e ilustradores de todo el mundo. La cultura dentro de la economía es algo muy particular ¿Cómo ve la relación entre estos conceptos? La relación entre cultura y economía es verdadera en muchos ámbitos pero yo pienso que aquí hay un asunto más importante: Si la economía viene por el turismo y por la venta de libros, por decirlo de alguna manera, no es este el perfil del festival, desde mi punto de vista, porque el festival atiende ante todo la formación lectora de todas las personas de la isla que vienen aquí. La parte turística no conoce el festival y la venta de libros no es, a mi modo de ver, lo más relevante. Lo más importante para el festival es formar una comunidad lectora en toda la isla. La economía pienso que ahora forma parte de un segundo plano. Lo primero es crear un gran evento. ¿Usted cree que se está consiguiendo ese objetivo de formar a la gente? Ha venido menos gente que en otros años al festival. Sin embargo sigue teniendo el apoyo de los vecinos y de la isla. Yo no estuve en las anteriores ediciones. Escuché lo que se hablaba sobre el festival y vi que la participación era principalmente de los niños. La formación de lectura se centra fundamentalmente en los niños. Los niños que leen hoy serán, en un futuro, padres y madres lectores. La gran dificultad de la lectura, en el ámbito mundial, es la formación de lectores dentro de la familia. Padres y madres que son lectores forman hijos lectores. El mundo hoy en día va muy rápido y las personas no tienen tiempo de leer. Es una

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nueva estructura de lectura que hay que formar, y esa formación debe centrarse en los niños. Los chicos que ya tienen una educación para la lectura ya conocen el festival, ya saben cómo lo que van a ver, leer, lo que pueden esperar… Valora mucho que los niños tengan el hábito de leer. ¿Qué valores puede proporcionar a una persona la lectura? Todas las personas que leen desarrollan una capacidad de pensamiento que otros no tienen. Por ejemplo, a través de la lectura, de la concentración al leer, logro estar solo, conmigo mismo y nada interfiere en mi pensamiento en ese momento. La cuestión de la lectura a través de cuentos, romances o libros hace que yo piense en lo que estoy leyendo y reflexione sobre ello. Porque se dice que un libro siempre va a ser mejor que una película sobre el propio libro, porque en la película se ve todo al instante, obtienes rápidamente todas las respuestas. Además, si veo una película en casa tengo también otras interferencias: Hermanos, padres... Con el libro yo tengo que concentrarme y pensar conmigo mismo, de la misma forma que todos los seres humanos debemos hacer para reflexionar sobre la vida y resolver nuestros propios problemas. Digamos entonces que la persona que tiene el valor de la lectura gana en reflexión, en autocrítica y en crítica. Con la lectura se crece como ser humano y como sociedad porque se forma un comunidad lectora constituida por personas que tienen las cosas más claras a la hora de reflexionar, pensar y decidir sobre sus derechos, sean los que sean porque la lectura no forma derechos, sino seres humanos que piensan y deciden por sí mismos lo que quieren con sus derechos. Quizá por eso en momentos donde hay regímenes dictatoriales, extremos en algunos países, una de las primeras cosas que se hacen es cerrar las fronteras a la cultura exterior. Aquí en España pasó, en Latinoamérica ha pasado, de hecho. Si pasa, independientemente del tiempo de existencia de cada país porque, por ejemplo, Brasil es un país muy joven (tiene unos quinientos años) en relación a Europa pero tenemos la misma capacidad de pensamiento como seres humanos. Todos somos iguales. La lectura es una capacidad increíble del ser humano, pero la gran dificultad es que el mundo hoy es muy difícil, es complicado encontrar tiempo para leer, para saber que la lectura es un beneficio y que antes incluso que un beneficio, es un derecho. Si todas las personas tuvieran la certeza de que la lectura es un derecho cambiaría la sociedad, el país, las instituciones que cuidan de las personas. Tienes que entender que la lectura no es un beneficio en el sentido de bien cultural, es un derecho como ser humano. Sin embargo André, Brasil es un país donde las clases están muy polarizadas. Hay mucha pobreza y delincuencia. Se da una imagen diferente hacia fuera y sin embargo la que hay dentro es completamente diferente. ¿Qué están haciendo ustedes, como ente cultural, como parte cultural del país? Lo que hago yo en Brasil es un poco diferente de lo que hago aquí. En Brasil también trabajo con la formación de lectura y la promoción de esta. Solo que en Brasil, yo como ciudadano tengo una relación diferente con la vida. Para gran parte de la sociedad

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brasileña yo tengo la obligación como ciudadano de formar la base de un país, y la base de un país se forma a través de la clase baja. Yo tengo un trabajo de formación en una cosa que no sé si tenéis aquí, que es la implantación de bibliotecas comunitarias en zonas (favelas y comunidades) muy pobres. En Porto Alegre, trabajo con una ONG que solo trabaja para la lectura, con trabajos voluntarios para formar bibliotecas en sitios de riesgo, donde la población, principalmente los niños, sufren riesgos. Antes de que nos cuentes tu perspectiva como autor, me gustaría que me hablaras sobre la inspiración que tienes a la hora de ponerte a escribir o a ilustrar. La inspiración para mí es importante, porque yo no escribo una historia, no ilustro una historia, yo creo una historia con imágenes y palabras. No tienes una cosa que surge primero. La única cosa que viene es muy bella: yo escribo palabras y hago imágenes. Y todas mis historias me han sucedido o son un recuerdo del pasado y de una manera con la fantasía creo el objeto-libro. En la creación del objeto-libro para mí lo más importante no es pensar en lo que el lector va a leer. Lo primero para mí cuando surge la idea es la fuerza de la creación de mi necesidad como artista de hacer algo creativo, de contar algo con creatividad. Cuando esto está claro en mi cabeza es cuando pienso en quién va a leer. Es difícil para nosotros poder leer, o incluso escribir un artículo, o un reportaje de calidad, para usted será difícil encontrar esa inspiración. ¿Cómo llega a encontrarla? Cómo se hace eso en el tiempo de hoy. Las personas hoy en día necesitan fantasía. La vida es una cosa que no es buena en el sentido de que es repetitiva. Si pensáramos que la vida de todo ser humano es despertar, hacer desayuno, trabajar o estudiar, regresar a casa, cenar y dormir no vale para nada. En la vida vale la pena ver la fantasía. La vida de todo el mundo es igual, pobre o rico. Pero la pregunta quiero que sea clara. ¿Es casualidad cuando llega la inspiración para poder escribir o hay una preparación previa para poder realizarlo? Hay una preparación para poder realizarlo. ¿Tiene más obras guardadas que publicadas? Tengo muchas más ideas guardadas que obras publicadas. ¿Cómo apuntas esas ideas? Cuando por ejemplo vengo aquí y veo tantas cosas que son diferentes para mí, eso me encanta y me da un prólogo para al volver a Brasil crear alguna cosa culturalmente influenciada. No sé si conoces que podemos dividir la comunicación por sensaciones, por lo que vemos y por lo que escuchamos. ¿Con cuál te quedas? Como creación, la parte visual. Me toca más la imaginación. Pienso más por imagen que por las palabras. Siento más, me emociona más ver, mirar una imagen. Hacer una imagen que crear a raíz de las palabras.

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Todo artista tiene una formación visual que le acompaña. O por el arte en sí mismo o por la propia relación cultural. Mis personajes tienen una relación cultural con el pueblo que está en el norte de Brasil: Pernambuco. Son marionetas propias de mi región en Brasil. Con técnica, con colores, con composición, con todas las otras cosas que necesito tener para hacer un libro. Pero esta es la base de mi presencia visual como creador. Siempre tengo pájaros en mis libros. ¿Tiene relación con la libertad? Sí. ¿Cuándo empezaste a crear? Desde los dieciocho años. Y desde esa edad no has parado. No. Yo no hago solo libros. Todos piensan que los escritores y los ilustradores se quedan en casa a dibujar y a escribir, y no es así. Así no es un escritor. Para ser un escritor o ilustrador, desde mi punto de vista, se necesita ser también un promotor de la lectura. Yo soy un promotor de la lectura. ¿Nunca has pasado por un momento de falta de ideas o de desgana a la hora de escribir? Siempre existen esos momentos. Cuando estoy bien creo cosas buenas, cuando no estoy bien tengo que tener más tiempo para pensar para poder producir. La creación es algo que sale de dentro. Mi creación no es hacer un cuadro o una escultura. Cuando te dedicas a la cultura y ese es tu trabajo, ¿crees que se puede convertir esa creación en una herramienta para expulsar energías negativas? Sí. Aquí tienes una prueba de esto (señala un libro). Primero hice el libro. Cuando lo terminé, estaba muy mal. Sentí la necesidad de hacer otras cosas, como esculturas, otras imágenes, otras formas de expresión que ya no eran para hacer libros, era para curar lo que sentía yo. En este festival, en el que presentabas tu nuevo libro, ¿cómo has sentido la acogida? Bien. La posibilidad de hacer una exposición con imágenes originales es fantástica porque existe una relación de fantasía entre el libro y esas imágenes. Cuando se mira una ilustración como arte, como un cuadro, el lector puede tener otras sensaciones que el libro por sí mismo no despierta, puede sentir un encanto mayor. A la hora de comenzar un libro, ¿tienes alguna idea premeditada o vas plasmando lo que te sale de dentro? Cuando escribo y cuando ilustro una idea que puede surgir de repente no me quedo parado pensando: “voy a hacer ahora una historia…” Veo o leo una cosa que me llama la atención. Veo alguna película que me dice alguna cosa, y esto me despierta y me abre otro mundo. Otro mundo sobre el que voy a trabajar y sobre el que voy a hacer mi creación.

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Hay autores que suelen decir que se levantan y van recogiendo ideas a lo largo del día y después las plasman. ¿Se podría decir que es tu caso? El proceso de creación de cada autor es diferente. Hay escritores que trabajan cada palabra. Yo hago otra cosa, que es una relación con palabras e imágenes. Lo único que creo que diferencia a mi trabajo del de los otros es que también miro esto en algunos escritores que también son ilustradores. Yo pienso que mis libros no son para niños, solo hablo de libro para la infancia. Para mí es diferente. Existen libros que son para niños y que para mí no sirven. Los libros para niños no sirven para siempre, los libros Has ilustrado también libros para otros autores. ¿Cuál es el proceso a seguir, primero te lees el libro para luego ilustrar o te haces una idea general? Yo leo y también tengo alguna que otra idea visual para hacer las ilustraciones de estos libros, que parten primero de una fantasía de un escritor; yo veo cuál es la fantasía y la transporto para la mía. Lo que digo yo con una imagen en el libro no es lo que está diciendo la historia. Yo me coloco en la historia, en otro universo, para que el lector pueda percibir otros puntos de vista en los que quizá no había pensado. Pero ahora, en los últimos años he tenido la preferencia de hacer libros que son escritos e ilustrados por mí, porque cuando pienso en una historia que está escrita e ilustrada decido las palabras y las imágenes que quiero. En cuanto a las nuevas tecnologías que van apareciendo, ¿qué opinas sobre los libros digitales? ¿Crees que se pierde la esencia? No, no creo que se pierda la esencia. La lectura es una cosa mucho más amplia. El beneficio de un libro no es el objeto sobre el que se lee, es la lectura. La lectura puede ser en un iPad, en un móvil… Yo publico los libros en papel porque me gusta, pero no pienso que otras formas de leer no sean beneficiosas. ¿Entonces, da igual el soporte, podemos decir que lo importante es la lectura? Lo importante es que se forme un lector, independientemente de los soportes.

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ESTUDIOS Y REFLEXIONES

TRADICIÓN ORAL EN CANARIAS: APORTACIONES A LA ROMANCÍSTICA TINERFEÑA JAVIER RODRÍGUEZ MÉNDEZ, ESTEFANÍA ACOSTA ARMAS

INTRODUCCIÓN A quienes el pasado ya no pertenece y tampoco, todavía, el futuro. R.M. Rilke

La cultura de un pueblo es usada por todos, se convierte en una tradición común que, paradójicamente, no pertenece a nadie en particular. Sólo tenemos la responsabilidad de conservar lo que hemos heredado de nuestros antepasados y transmitirlo a las generaciones venideras. En cierto modo nos convertimos en un factor de vital importancia para el legado de la tradición oral. Sería una gran imprudencia olvidar aquel patrimonio inmaterial que nos ha transmitido una cultura predecesora que ya se preocupó de conservarla hasta sus días. A lo largo de estas páginas se pretende hacer un breve estudio sobre la situación actual de la romancística canaria, así como explicar sintéticamente el recorrido de esta poesía tradicional. Debido al carácter fundamentalmente oral de este género poético, hemos querido contar con el testimonio de algunos vecinos de la Isla Baja. Tales aportaciones nos han demostrado que el romance sigue vivo en algunas zonas de Canarias. Concretamente, hemos encontrado en el barrio de Las Canteras, situado entre los pueblos de Los Silos y Buenavista del Norte, algunos romances que, tanto por su contenido y forma, merecen ser analizados. Éstos han sido recitados por Dña. Rosa Amelia Regalado Regalado, de 67 años, quien, en su infancia, vivió en Teno Alto. Siempre destacó por su alto interés hacia los estudios, aunque sólo pudo cursar los primeros años de la formación elemental, y sus buenas aptitudes permitieron que los romances sobrevivieran en su memoria. Su madre y sus hermanas han sido transmisoras de muchos cuentos y romances que hoy ella nos transmite. 50


La niñez de Dña. Rosa Amelia quedó enmarcada en un ambiente rural totalmente favorable para la tradición romancística, pues todavía hoy es posible escuchar en este singular paraje muchas historias de un pasado no tan lejano. Las condiciones de vida con las que convivían los habitantes de Teno Alto fueron muy duras, no sólo por su escaso potencial urbanístico sino por su compleja accesibilidad. La carretera que hoy en día comunica este barrio con el municipio de Buenavista del Norte es relativamente reciente. Estas circunstancias obligaron a que los vecinos de este caserío se dedicaran enteramente a actividades productivas, tales como el pastoreo, la elaboración de quesos, la agricultura de subsistencia –con el cultivo principalmente de trigo y papas–. Estos alimentos servían tanto para abastecer a la población como para cambiarlos por otros entre los pueblos más cercanos y enriquecer así su dieta. Las condiciones históricas de aislamiento de Teno Alto serán las que favorecerán que la memoria de este pequeño caserío se conserve casi intacta.

1. El Género del Romancero Siempre que España quiere hallarse a sí misma, en su esencia histórica y poética, vuelve los ojos a ese romancero elaborado en siglos y siglos por generaciones pretéritas. Menéndez Pidal1

El Romance, según Menéndez Pidal, pilar básico en la difusión y rescate de la tradición oral española, es un «poema épico-lírico que se canta al son de un instrumento, sea en danzas colectivas, sea en reuniones tenidas para el recreo simplemente o para el trabajo en común» (Menéndez, 1977: 9). Tanto su estilo literario como su origen presentan muy distintas variaciones. Para el profesor Maximiano Trapero (1982: 3), doctor en Filología Románica y Catedrático de Lengua y Literatura Española, un romance es «un poema eminentemente narrativo en donde se cuenta una historia en versos generalmente octosílabos y rimados en asonante». Sin embargo, esta definición cuenta con muchas excepciones en la realidad, puesto que estas composiciones se caracterizan por una estructura abierta que les permite variar y adaptarse a cada contexto histórico y lugar. La palabra romance deriva del latín vulgar romanǐce y su traducción literal es «en lengua vernácula»; en los siglos XIII- XIV aparece como romanz o romançe para significar «obra literaria en lengua vernácula, no en latín». Para la segunda mitad del siglo XV, romance ya significaba lo mismo que hoy, y romancero, por analogía con cancionero, surge finalmente para indicar una colección de romances o el conjunto de los romances castellanos o de otra comunidad específica (Rodríguez, 1992: 5). La historia del Romancero nace en la Edad Media, tras la decadencia de la épica medieval castellana, y alcanza su esplendor en los siglos XVI y XVII. En sus orígenes 1

Cf.: Trapero, 1982: 12.

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tuvo gran aceptación, siendo acogido incluso por la corte. Grandes poetas de nuestra literatura cultivaron este género2. Junto a ellos también encontramos a juglares, trovadores, ciegos, iletrados, campesinos de montaña y, en definitiva, todo el pueblo llano. Pero, con el devenir de los siglos, fue reducido a las aldeas y a los pueblos más aislados, conservándose curiosamente en las mentes de los menos alfabetizados (Trapero, 1982: 4). A pesar de ello, hoy en día el romance constituye la forma narrativa poético-literaria más utilizada y por ello más general de la literatura española (Hernández, 2006: 13). Cabe destacar que el gran éxito del Romancero coincide con la invención de la imprenta. Gracias a esto, durante la primera mitad del siglo XVI se produce el extraordinario fenómeno de aparición de pliegos sueltos en el mercado literario, los llamados pliegos de ciego (Rodríguez, 1992: 12). Entendemos por pliego de ciego o suelto un impreso de pocas páginas, normalmente, ocho o dieciséis, doblado al modo de cuadernillo de imprenta. Los pliegos sueltos eran impresos muy baratos, que se vendían sin encuadernar y sin cortar, normalmente por vendedores ambulantes, algunos de los cuales eran ciegos que cantaban o recitaban de memoria para luego cobrar por ello y ganarse unas monedas (Díaz, 2008: 120). El Romancero como género literario refleja todas las facetas del hombre, tanto individuales como sociales. Es la forma poética predilecta y por ello más general de la literatura española. En palabras de Trapero (1990a: 17), ha sabido tomar como argumento de sus fábulas particulares todo el sentir y pesar del hombre: El Romancero ha servido tanto para cantar el amor más delicado como para narrar los crímenes más bajos; el Romancero ha sido tanto noticia efímera del momento como poesía para siempre; en el Romancero están juntos los episodios de la historia grande de nuestro país y las desavenencias minúsculas de unos personajes de aldea; el Romancero es, a la vez, realista y fantástico, histórico y novelesco, culto y anónimo, artístico y vulgar, cortesano y popular. (Trapero, 1982: 4)

En los distintos manuales de Literatura Española, el Romancero ocupa una parte significativa y es enfocado desde diversas perspectivas por los estudiosos. Muchos son los autores que han dedicado en su compendio de literatura un apartado al Romancero Español. Entre ellos destacan Alborg, Díaz Borque3, Jiménez y Cáceres4, Giuseppe di Stefano5 y Valbuena6.

2. El Romancero en Canarias 2

Estos poetas crean un nuevo corpus de romances llamado el romance nuevo o artístico, que se transmiten de forma impresa, imitando los géneros y el estilo del romancero viejo (Rodríguez, 1992: 15). 3 DÍEZ BORQUE, J. Mª, (1982), Historia de la Literatura Española, Tomos I y II. Ed. Taurus. Madrid. 4 PEDRAZA JIMÉNEZ, FELIPE & RODRÍGUEZ CÁCERES, MILAGROS (1981), Manual de Literatura Española, I. Edad Media, Tomo I, Navarra. 5 AA.VV. (1990), Historia de la literatura Española. Vol. I: Desde los orígenes al siglo XVII. Ed. Cátedra. Madrid, pp. 343- 369. 6 VALBUENA PRAT, ÁNGEL (1968) Historia de la Literatura Española, Tomo I, Ed. Gustavo Gili S.A., Barcelona.

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La tradición cultural de romances en las Islas Canarias es fruto de diversas influencias. Históricamente, la conquista de Canarias coincide con un período de esplendor en el Romancero peninsular, de ahí que los romances conservados en las islas sean casi todos provenientes de la cultura andaluza, castellana, extremeña y gallego-astur-leonesa7. Sin embargo, la tradición recibida de Portugal y de Francia no es en nada desdeñable. También parece claro que la influencia judía es notoria en el romance canario. América también juega un papel importante en este proceso, pero ya de manera tardía, pues de allí regresó lo que en un primer momento salió de las islas para la colonización del continente y retornó a su manera, es decir, americanizado. Canarias es y ha sido puente fundamental entre la cultura europea, africana y americana, de ahí la rica variedad que presenta el romancero canario. El pueblo adoptó este fenómeno literario como una nueva forma de transmitir sus historias y aquellas noticias que debían perdurar en el tiempo (Hernández, 2006: 13-14). En la vida de los romances tradicionales se distinguen dos períodos o etapas: la etapa aédica o de creación y la rapsódica o de remodelación. Cuando los conquistadores llegaron a las Islas, los romances habían acabado su período aédico, pues ya no se escribían nuevos romances. Es por este motivo por el que no hallamos romances sobre la conquista de las Islas ni composiciones autóctonas, sino reelaboraciones (Hernández, 1989: 12). Las Islas Canarias son privilegiadas no sólo por sus circunstancias históricas sino por su tradición literaria. Éstas albergan romances hoy conservados en muy pocos lugares del mundo y todavía patentes en la tradición oral del Archipiélago. Además, cada isla ofrece su propia cultura popular, creando un panorama del romancero muy interesante para el investigador. Con todo lo dicho, Canarias es una de las comunidades que mejor conoce su tradición oral de todo el mundo de habla hispana (Hernández, 2006: 16). Trazando un orden cronológico en la investigación del romance, las primeras noticas que tenemos acerca de estas composiciones las da en el año 1875 D. José Antonio de Urtusáustegui, quien en sus Memorias8 afirma que en la Isla de el Hierro había contemplado una danza acompañada de canto, a la que denomina el baile de los tres: Me obsequiaron con una huelga de bailes a su modo, que acompañan con mucha agilidad, así hombres como mujeres, especialmente una especie de contradanza muy bonita que llaman cruzar o el baile de los tres, compuesta de un hombre que ha de ser muy ligero y robusto, y de tres mujeres muchachas ágiles, al son de cierto guinso o tambor o flauta, cantando en este ínterin endechas o corridos con mucha gracia y expresión, aunque en tono melancólico; esta danza es peculiar de esta isla y consta de varias figuras.

Como vemos, esta descripción coincide con la de un baile romancístico herreño. No será hasta los primeros años del siglo XX cuando Menéndez Pidal intentó sacar de su letargo al romancero isleño, probablemente motivado por las declaraciones de Menéndez Pelayo: 7

Es notorio que algunas regiones peninsulares han ejercido en Canarias una mayor influencia que otras, como son los casos de Galicia, Castilla y Andalucía (Yeste, 1979: 11- 12). 8 Cf.: D.V. DARIAS Y PADRÓN, Noticias históricas del Hierro. La Laguna, 1929, p. 291.

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Ya he indicado la sospecha de que en Canarias puedan existir viejos romances llevados allá en el siglo XV por los conquistadores castellanos y andaluces. Si se encontrasen sería buen hallazgo, porque en casos análogos se observa que las versiones insulares son más arcaicas y puras que las del Continente, como sucede en Mallorca en relación a Cataluña, en Madeira y las Azores con relación a Portugal. (Menéndez, 1945: IX, 332).

Una de las medidas que el propio Menéndez Pidal utilizó para el rescate de la tradición oral fue la publicación de un llamamiento a la ciudadanía en el que solicitaba la colaboración para realizar esta ardua tarea9: «El romance vive en general escondido en el campo y hay que buscarlo con trabajo». Desgraciadamente este esfuerzo no se vio recompensado, pues el romancero tradicional canario continuó siendo completamente desconocido. (Catalán, 1969: 10). Ya bien avanzados los años veinte, personajes como María Goyri, el ya mencionado Menéndez Pidal y Agustín Espinosa se esforzaron por presentar al público las primeras muestras de romances en Canarias (Catalán, 1969: 19). El primer estudio en profundidad sobre el romancero tradicional canario se debe a D. José Pérez Vidal, que recoge romances hallados entre 1948 y 1951 (Catalán, 1969: 33). En la isla de Tenerife, concretamente, Leopoldo de la Rosa Olivera y el profesor Manuel García Blanco, en torno a 1927, se interesaron por los romances de esta isla. La historia de la recolección romancística en Canarias la cuenta D. Diego Catalán en su introducción a lo que se llamará Primera parte del Romancero General de las Islas Canarias, La flor de la marañuela, una «colección de colecciones» que reúne todos los textos, tanto publicados como inéditos, recogidos por muy distintas personas desde la década de 1920 hasta 1966. La colección, con ser espléndida (682 versiones de 155 temas romancísticos de gran interés), representaba muy desproporcionadamente la tradición de las diversas islas del Archipiélago. Los esfuerzos recolectores se habían fijado sobre todo en dos islas, Tenerife y La Palma, y habían quedado las otras cinco prácticamente inéditas. De las seiscientas versiones totales, unas cuatrocientas son de Tenerife, un centenar de La Palma, sesenta y seis de Lanzarote, cincuenta y cuatro de Gran Canaria, veintitrés de La Gomera, once de El Hierro y sólo tres de Fuerteventura (Trapero, 1989: 12 ). Tras la publicación de La flor de la marañuela, el Romancero canario adquiere un mayor interés social. Además, otro factor que ayudará a activar el Romancero será la introducción de la especialidad de Filología Española en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Laguna. El interés de los nuevos licenciados por sacar los romances del olvido provocó que paulatinamente fueran surgiendo nuevas colecciones. Una labor destacable en estas investigaciones es la de Mercedes Morales y María Jesús López de Vergara (Catalán, 1969: 44). Sin embargo, en la década de los 70 hubo un descenso en la investigación del patrimonio oral canario y será partir de 1980

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Veáse MENÉNDEZ PIDAL, RAMÓN, «El Romancero español y las Canarias». Diario de Tenerife, 29-11904.

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cuando se vuelva a reactivar la investigación sistemática en las lagunas dejadas en La flor (Trapero, 1989: 12).

3. Forma, Estilo y Temática del Romance El romancero canario está generalmente basado en composiciones poéticas monorrimas de dieciséis sílabas con una ligera cesura en su octava sílaba. En cuanto a la estructura interna, se entremezcla magistralmente la narración y el diálogo, aportando un mayor tono de dramatismo a las composiciones. El narrador puede aparecer en primera o tercera persona. Si hablamos de cuestiones de estilo, el romance se caracteriza por la mezcla de tiempos verbales para evitar la monotonía que podría aparecer en poemas de este tipo. Junto a este recurso también se observan repeticiones, antítesis y enumeraciones que aportan mayor estilística literaria a estos cantares. (Hernández, 1989: 13-14) En cuanto a la clasificación temática del romance 10, existe una multitud de composiciones, las más antiguas tratan temas relacionados con la épica hispana, generalmente las aventuras de héroes nacionales (los siete infantes de Lara, Bernardo del Carpio o Fernán González, entre otros). Un segundo grupo lo constituyen los romances históricos, desarrollados con distintos episodios de la historia de España. Un tercer tipo es el de los romances clásicos, entendidos como composiciones que tratan la mitología griega y latina. Y por último, los romances religiosos y hagiográficos, que tratan las escenas del nacimiento e infancia de Jesús, la vida de los santos, los milagros e incluso algunos episodios de los evangelios apócrifos. Pero el grupo mayoritario y verdaderamente importante para nosotros no obedece a estas temáticas, sino que se adscribe al género del romance novelesco, un nuevo tipo de relato que se fija en las situaciones típicas del individuo: el amor feliz o desdichado, el adulterio, el incesto, el nacimiento de hijos fuera del matrimonio, episodios de cautiverio o exilio, modelos de conducta conyugal o filial, aventuras de héroes ficticios, escenas picarescas, cantares infantiles etc. (Díaz, 2008: 117). Por último, existe un grupo más reducido que lo conforman los romances locales, relatos de ámbito regional motivados por algún suceso importante (enfermedades, catástrofes naturales o visitas importantes a los municipios o barrios, entre otros).

4. Romances Recogidos Presentamos a continuación tres composiciones del romancero canario con la peculiaridad de que las dos primeras que se presentan son inéditas para la tradición 10

Sobre la tipología del romance: Cf. Díaz, 2008: 117; Hernández, 2006: 17-23; Trapero, 1990b: 22-24; Rodríguez, 1992: 20; Alborg, 1997: 414- 423.

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romancística publicada en Canarias. Decimos esto con especial cuidado, puesto que en los diferentes romanceros publicados por Maximiano Trapero, Diego Catalán, Cecilia Hernández y otros tantos investigadores no encontramos tales romances. Sin embargo, no negamos la posibilidad de que estos romances estén recogidos en el amplísimo romancero peninsular. Bajo estas observaciones éstos son las tres composiciones que aquí se recogen:

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INÉS Y MARCIAL CONRADO Y LOS AMORES DEL CRIADO Oigamos la mujer que dio muerte a su marido. Hombres, niños y mujeres hay que poner atención para explicar este crimen que da pena y dolor. En la provincia de la Coruña, según la letra declara, habitaba un matrimonio de una familia honrada. Él se llamaba Marcial y ella Inés Conrado. Éstos tenían dos hijos: un varón y una hembra. Para explicar este crimen dice la primera escena: ningún nacido del mundo hay quien lo pueda explicar el valor que tuvo Inés para matar a Marcial. Vivía muy felizmente este matrimonio honrado hasta que Inés la mundana se enamoró del criado. Una tarde que el vecino a Inés la vigilaba la vio hacer bromas con el criado que no son de mujer honrada. Al otro día siguiente se encontró con Marcial, dándole los buenos días el caso le fue a contar: –Te desengañas Marcial que eres un vecino honrado, ten cuidado con Inés que hace bromas con el criado. Y Marcial le contestó: –No me convences con eso, a mí no me haces menor. Pero al llegar a la casa, él iba desesperado y le dice: –Mira Inés despachemos al criado. Y ella le contestó: –Haz lo que quieras Marcial mucho nos hace en la casa y quiere mucho a tus hijos. Aquella noche Marcial se fue a acostar enseguida y ella se aconsejó al criado en la cocina: -Mi marido está enterado, de seguro se lo han dicho, pues ya lo desengañaron que tengo que ver contigo, así que tendrás valor y a esto me aceptarás: hay que matarlo esta noche antes que se entere más. Y el criado le contesta: –Matarlo no puede ser hay que cavilar las cosas piensa en lo que haces, Inés. Es mejor que nos marchemos , nada nos podrán hacer. La traidora suplica y por fin lo consiguió: –Hay que matarlo esta noche, sino seremos perdidos. Cuando él esté durmiendo, yo daré un tosido fuerte

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y tú subes preparado y lo matas de repente. Cuando Marcial descansaba, ella dio la contraseña y él con el hacha en la mano sube pronto la escalera y le dio un golpe mortal encima de la cabeza. Y se levantaba Marcial y estas palabras decía: –Virgen Sagrada del Carmen cómo me quitas la vida. Entonces esta mujer como una maldita fiera le corta rape el cuello con la navaja barbera. Lo cogen y lo mudaron y lo meten en un cesto, pero al ver que no cabía, lo partieron por el medio. Lo cogen los criminales y lo llevan a un camino, lo ponen de boca abajo en la misma orilla del río. Al otro día siguiente, un vecino lo encontraba y resultaba ser quien a Marcial desengañaba. Más arriba se encontró al traidor del criado y este caso le contó el hombre atemorizado: –A(h)í queda un hombre muerto de seguro lo han matado. Y el criado le contesta haciéndose el desentendido: –¿Quiere usted hacer el favor de volver conmigo allí? Y el criado ha contestado yo por la ropa conozco que éste es mi amo. Le pasan aviso a Inés, y ella grita de repente: –Este vecino traidor a mi marido dio muerte. Ahí viene el señor alcalde a registrarle la casa. Registrando han encontrado la ropa de esta desgracia, que estaba empapada en sangre enterrada en la cuadra y la traidora la presenciaba: –Marcial, marido del alma, tanto como yo te quería ¡cómo yo tener valor para quitarte la vida! Se despide de sus hijos aquella mujer mundana: –Hijos de mi corazón inocentes de mi alma quedáis sin padre y sin madre por ser yo una mujer mala. Aquí se acaba la historia de Marcial e Inés Conrado, que dio muerte a su marido por amores del criado.

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Este romance comienza demostrando su carácter oral, prueba de ello es la linealidad con la que se trata la historia de Inés y Marcial Conrado, puesto que no hay saltos ni al pasado ni al futuro. Las primeras apelaciones al público captan la atención de los receptores para narrar el episodio. Es necesario destacar la fórmula inicial «En la provincia de la Coruña, según la letra declara», puesto que nos da interesantes referencias sobre el origen y época. Como ya indicamos a lo largo de este trabajo, entre los principales colonizadores de las islas se hallaban los gallegos, quienes probablemente trajeron consigo este romance. La principal característica del romance novelesco es su escenografía popular y en esta composición la escena se desarrolla en un ambiente familiar, donde el amor vuelve a ser el núcleo temático. En este caso se presenta un triángulo amoroso, un tópico común que desde la Antigüedad Clásica vemos reflejado en el conocido drama de Esquilo sobre Agamenón. Este romance cuenta con cuatro personajes, tres de ellos protagonistas en toda la trama. El eje central está constituido por el personaje de Inés, mujer de Marcial Conrado, que es el verdadero sufriente de toda la situación. El personaje del criado, muy común en este tipo de composiciones, se manifiesta como una persona calculadora y fría en el momento de matar al marido de su amante. Por último, es de vital importancia en desarrollo de los acontecimientos el papel que cumple el desengañador, pues aparece al principio y fin del romance: en la primera ocasión para comunicarle a Marcial la sospecha de que Inés le es infiel con su criado –tal rumor la incita a asesinar a su marido en compañía de su amante–, y su segunda aparición sirve para delatar el lugar donde los criminales dejaron el cadáver. No deja de ser curiosa la historia de Marcial en este romance, que sufre constantes vejaciones por parte de su mujer y su criado: primero recibe un golpe mortal con un hacha, luego un corte en su cuello con una navaja barbera, y como no cabía en el cesto en el que lo intentaban meter, lo partieron por el medio. Por último, colocan su cuerpo, boca abajo, en la orilla de un río. Respecto al cierre del poema, Inés se arrepiente profundamente de sus hechos e intenta culpar al desengañador para librarse de su condena. Sin embargo, el elemento delator que sirve para declarar a Inés como asesina es la ropa ensangrentada que el alcalde encuentra enterrada en la cuadra. Por último, tratando cuestiones de estilo, somos conscientes de la pérdida de rima que sufren algunos versos, y quizás debido a la huella que dejan los años en la memoria de nuestra emisora. NO SERÁS PARA MÍ, NI PARA NADIE

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En la provincia de Sevilla, según la letra declara, en una pequeña aldea de una pobre montaña hija de una familia humilde una joven habitaba. Ésta tenía relaciones con un mozo postinero, aunque no era de lejos habitaba en otro pueblo. Habló con ella dos años, mientras que le dio la gana, y dejó las relaciones y se fue a tomar tamaña. Al saberlo otro mozo, empezaba a cortejarla . Cuando el otro se enteró parece que le dio rabia y quiso seguir la relación que ya tenía olvidada. Hablando un día con ella le juró tener venganza: –Tú para mí no serás, le dijo aquel infame, pero también te aseguro que no serás para nadie. Ella de eso no hizo caso hasta que un día fatal sola se hallaba en sus manos. Cogiendo leña en un monte aquella infeliz se hallaba cuando aquel león sangriento sobre ella se abalanzaba. Hizo de ella lo que quiso y con un sangriento cuchillo de arriba abajo la abrió. Y muy sereno y tranquilo la asadura le sacó. La envuelve en un pañuelo y hacia el pueblo la llevó. Al poco de oscurecer, en una taberna entró. Le dice a la tabernera que le prepare la cena: –Traigo aquí una asadura que la tiene que arreglar que voy a buscar a un amigo para que venga a cenar. Al ver la tabernera le vuelve a preguntar: –¿De qué es esta asadura que no he visto cosa igual? –Pues sea de lo que sea, le contesta el criminal, –Arréglela usted pronto que la queremos cenar. Llegó a la casa del amigo y lo invita a cenar. Aunque no vino tranquilo, pues le vino a acompañar. Llegaron a la taberna y se pusieron a cenar como si nada pasara con toda tranquilidad. Al terminar la comida, le dice el criminal: –Ahora mal que te pese quiero que vengas conmigo. Y donde estaba el cadáver engañado lo llevó y con la sonrisa en los labios al mozo le preguntó: –¿Conoces a esta mujer? –La mujer de mi ilusión. –Pues no la querías mucho porque hace pocos minutos le comiste el corazón y así como la ves a ella, así te voy a poner para que así juntitos gocéis la luna de miel. –Déjame hacer un cigarro te lo pido por favor para fumármelo contemplando la mujer de mi ilusión. –Lo puedes hacer tranquilo y me das otro para mí y así fumamos los dos. 59


Para sacar el tabaco echó la mano al bolsillo y en vez de sacar tabaco le dispara unos tiros. El mozo cayó en el suelo dando gritos de dolor con la pistola en la mano sin lograr su intención. El mozo atolondrado para el pueblo se marchó, dio cuenta a los vecinos. La tabernera y otros que allí lo vieron cenar a favor del pobre mozo todos fueron a declarar. Después de cuatro meses, dieron al mozo libre.

Vuelve a aparecer en este romance la forma inicial «En la provincia de Sevilla, según la letra declara», que revela otro sector poblacional importante en la conquista de Canarias, los andaluces. En este caso no encontramos los versos apelativos que inician el anterior poema, lo que puede deberse a que estas fórmulas de llamamiento hayan sido olvidadas. El ámbito humilde se enfatiza aún más en este relato, pues nos encontramos un entorno campestre en el que una muchacha campesina se enamora de un mozo adinerado. En este caso tenemos el tópico del amor imposible, sirviendo de pretexto el status social. Finalmente es el varón el que decide concluir la relación pero, como bien diría el refranero español, éste es como el perro del hortelano, ni come ni deja comer. Cuando la muchacha inicia relaciones con otro joven, su anterior pareja quiso seguir la relación que ya tenía olvidada y ante la negativa que ésta le da decide vengarse. El castigo impuesto resulta cuanto menos impactante: mata a la joven y le extrae la asadura, que luego le dará a comer al novio de ésta. El hecho de que un órgano de algún protagonista se sirva como comida es un tema recurrente en el género romancístico. Uno de los poemas que se valen de este recurso es el llamado La infanticida, en el que una madre da de comer la lengua de su hijo (en otras versiones el cuerpo entero) a su propio padre para evitar que el menor desvelara la infidelidad que ella cometía. Como último apunte, observamos la falta del segundo hemistiquio en el verso final del poema. También es cierto, que la falta de rima se empieza a notar un poco antes, afianzando la posibilidad de que el final sea un arreglo improvisado. DISPARATES Yo subí un barranco arriba, sin comer, sin almorzar con dos pelotas de gofio: una en polvo, otro amasado. Empecé por el en polvo y terminé por el amasado. Encontré un cirigüelero * de ciruelas vergando.

*

Esta palabra, que se enuncia de forma tan extraña, debe ser analizada con especial atención. Remitimos al libro: APARICIO SIMÓN, MATÍAS (2012), Palabras Enguerinas, Ed. Sierra, Valencia. En el capítulo XXIII, Matías Aparicio nos habla de ciertos vocablos llamados enguerismos, propios de la localidad

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Llegó el amo de las nueces con tres piedras en cada mano, me pegó una en un tobillo y me quejé del espinazo. Me fui a la curandera a que me cure de este brazo. Ella no estaba allí, estaba lavando. Tenía una perra parida con tres docenas de gatos, la cogía por la boca, me mordía por el rabo y del susto que cogí me tiré sobre el tejado. Me encontré con un nido de abobitos con tres patos colorados, con plumitas los fui asando, los más gorditos los fui comiendo, los más flaquitos los fui dejando. Este poema tiene estructura de romance, aunque es curioso su contenido, puesto que no sigue la línea general de los romances novelescos anteriormente recogidos. Los parámetros de la composición romancística sirven también para crear otro tipo de relatos, en este caso, humorísticos, pero no es lo común. Como vemos, éste es un romance acumulativo en donde todo el relato se sucede sobre acontecimientos que se enlazan interminablemente, todos ellos disparatados. Existen distintas versiones de este poema en algunas islas, sobre todo en La Gomera, donde los poemas son más largos que el aquí presentado y donde vemos algunas diferencias como los accesorios que lleva el campesino –además de gofio, también queso y vino– y la especie del ave que se menciona –a veces llamado taboso o tabobo en referencia a la abubilla y pichón en otras partes de la isla–. En algunas zonas de Gran Canaria nos volvemos a encontrar con composiciones más largas en las que intervienen otros animales –en este caso se hace referencia al mirlo–. En el romance rescatado hallamos nuevamente otra especie, la abubilla, tradicionalmente llamada abobito. Como característica común a la Gomera y a Gran Canaria, el adjetivo que se utiliza para calificar al ciruelero es el de ciruelas avarado. Sin embargo, en la versión recogida encontramos la expresión de ciruelas vergando. Nótese que el abundante léxico dialectal de este romance nos hace suponer que el verdadero origen de éste sea las Islas Canarias, aunque no se presenten topónimos referentes a lugares concretos.

5. Conclusiones Con un estudio de la romancística canaria, por muy breve que sea, somos conscientes de que todo el Archipiélago está en la decadencia absoluta de la tradición. Todavía quedan muchas personas que saben romances, pero el romancero como patrimonio cultural y colectivo se ha extinguido para siempre. Lo que nos queda no es otra cosa que los valenciana de Enguera. Siguiendo la tesis del autor, la provincia de Valencia, al ser colindante con Castilla ha recibido, y a su vez aportado, una influencia notable de léxico.

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últimos testimonios de una cultura que fue mayoritaria hasta hace poco tiempo. Descubrir, reconocer y analizar la tradición de un romance es como enfrentarse a un puzzle sabiendo de antemano que siempre faltarán piezas. Con nuestra tarea de campo hemos comprobado que el texto de una composición se convierte en un molde fácilmente adaptable a nuevos temas, contextos y personajes. No podemos hablar de concepciones fijas en el romancero, puesto que la oralidad del mismo deriva en una continua recreación del texto. Normalmente, dos personas no cantan un romance de la misma manera e incluso una misma persona puede llegar a modificar –consciente o inconscientemente– un mismo romance en una recitación y en otra hecha en momentos diferentes. A falta de un «padre» en la herencia romancística española y también canaria, la tradición hasta ahora recogida, que canta desde las gestas heroicas más notables hasta la poesía más llana es, como diría Trapero, una «Ilíada sin Homero». Dejando a un lado las ópticas pesimistas, queremos dejar claro que aún hoy debemos contribuir a alumbrar la tradición romancística canaria, pues ha quedado patente en diversos trabajos su riqueza y rareza. Con lo dicho, recoger hoy romances es una tarea muy parecida a la arqueología, pues el trabajo de campo se convierte en una labor muy difícil y que requiere mucha dedicación. Resulta paradójico que una sociedad como la de hoy, acuñada «de la información», con mayores capacidades comunicativas y con recursos mucho más precisos a la hora de investigar no encuentre la manera de dar solución a los vacíos que los actuales estudiosos destacan en la historia del Romancero.

6. Bibliografía TRAPERO, MAXIMIANO (1982), Canarias: Romances tradicionales (Antología). Excma. Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas -ICEF- Ministerio de Cultura. TRAPERO, MAXIMIANO (1989), Romancero Tradicional Canario, Biblioteca Básica Canaria, II, Madrid. TRAPERO, MAXIMIANO (1990b), Romancero de Gran Canaria II, Ed. Cabildo Insular de Gran Canaria, Madrid. TRAPERO, MAXIMIANO (1990a), Los Romances Religiosos en la tradición oral de Canarias. Ediciones Nieva, Colección Tartessos. HERNÁNDEZ Y HERNÁNDEZ, CECILIA (2006), Romances sacros y oraciones antiguas de La Palma. Centro de Cultura Popular Canaria. MENÉNDEZ PELAYO, MARCELINO (1945), Apéndice y suplemento a la «Primavera y flor de romances» de Wolf & Hoffmann, en Antología de poetas líricos castellanos (Edición Nacional de las Obras Completas de Menéndez Pelayo, IX). Santander, C.S.I.C. CATALÁN, DIEGO (1969), La flor de la marañuela. Seminario Menéndez Pidal. Madrid. DELFÍN YESTE, LEÓN (1979), Coplas Canarias, Ed. Libros Taiga, Tacoronte.

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MENÉNDEZ PIDAL, RAMÓN (1977), Flor nueva de romances viejos, Madrid. RODRÍGUEZ PUÉRTOLAS, JULIO (1992), Romancero, Ed. Akal. Madrid. DÍAZ-MAS, PALOMA (2008), «El Romancero, entre la tradición oral y la imprenta popular», Destiempos.com, Número 15, I Publicación Bimestral, México. ALBORG, JUAN LUIS (1997), Historia de la Literatura Española I: Edad Media y Renacimiento. Ed. Gredos. Madrid.

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SOY EL DUEÑO DE MI DESTINO (PROYECTO DE LECTURA EN EL CENTRO PENITENCIARIO TENERIFE II)

ERNESTO RODRÍGUEZ ABAD

Vivimos en una sociedad convulsa, inestable, en un mundo que busca verdades y se pierde en los vericuetos de la vanidad muchas veces. Prisas y ceguera nos manejan las vidas. Falta la reflexión, el diálogo, el conocimiento. Y, a pesar del desaliento, sigo pensando que el arte es el asidero al que siempre debemos agarrarnos. Muchos días aciagos he buscado la respuesta a una eterna pregunta: ¿Qué es la literatura? La mayoría de veces no encuentro una respuesta satisfactoria, me pierdo en los inesperados laberintos de la teoría, de ese demonio juguetón y me quedo con la simpleza de los argumentos más ramplones que dicen que literatura es todo lo impreso, todo lo que engloba la ficción, lo poético, la filosofía, lo que nos identifica con una lengua, con una civilización y nos hace más humanos. Hace veinte años comencé la ardua tarea de divulgar la literatura y los cuentos como una herramienta de educación. Este empeño lo englobé en un formato divertido y atractivo para hacer que los que se acercaran la propuesta no sintieran rechazo, huyendo a entretenimientos más banales. Así nació la idea del Festival Internacional del Cuento de Los Silos. Veinte años aprendiendo, innovando, buscando, atrayendo consumidores de palabras e historias a un pequeño pueblo han ido fortaleciendo mis teorías y haciendo que no ceje en el empeño de utilizar el arte y la palabra como elemento integrador en una sociedad con carencias de comunicación, incluyendo en el proyecto, poco a poco, a los más desfavorecidos. Pienso que un festival no es un foro para lucimiento de artistas ni para engordar egos. Un festival es un lugar de encuentro, de intercambio de pensamientos, de encuentro con la identidad. Así he trabajado en la búsqueda de métodos para que los cuentos y la literatura lleguen a los discapacitados, surgiendo ideas como «cuentos sin barreras», o talleres para buscar la manera de integrar a los que tienen dificultades para acceder al consumo y la expresión artística. Hace ya un año nació un proyecto en la prisión. He tratado de integrar a los internos a través de la creatividad. Así en el XIX festival se expusieron trabajos creativos de los integrantes de un taller en el que se trabajó el nudo del cuento como un recurso expresivo. Motivados por un relato narrado en el aula, empezábamos el diálogo, buscábamos las temáticas que los motivaban y comenzábamos la construcción de la historia que cada miembro del taller quería narrar. Dos eran los temas que se convertían en recurrentes: libertad y erotismo. Crearon textos y comenzaron a buscar recursos para leerlos o narrarlos en voz alta. El proyecto culminó con un día mágico: la narración ante público en el Festival del cuento. El público asistió a un momento de verdad único. Aquellos hombres y la única mujer que asistió al taller relataron sus historias ante los

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espectadores acostumbrados a la magia de los narradores profesionales. Los que no lograron permiso de salida fueron filmados. El día de la lectura de los trabajos ante el público mis dudas y teorías volvieron a debatirse en mi interior. Ante la emoción de los internos leyendo y los ojos brillantes del público las palabras cobraban sentido, el trabajo se justificaba en sí mismo. La palabra es un arma eficaz. El profesional te hace llegar el texto a través de recursos artísticos, los reclusos emocionaron con sus sentimientos, con sus verdades. Un interno, que participaba en el acto, al bajar de escena me miro y, con los ojos chispeantes, me dijo: «Hoy he sentido el respeto de los que escuchaban mi historia, me he sentido especial». Volvió a mi mente la cuestión: ¿Qué es la literatura? Mil respuestas se agolpaban en mi mente. Quizá, aún hoy sigo defendiendo que el hecho de que lo literario surge cuando hay emoción y verdad en la palabra usada como recurso estético. Aquel día lo hubo, lectores y oyentes vibraron como un único e igual ser humano. Capaz de expresar, de sentir, de ser. La continuación de este maravilloso proyecto que ideé hace años, se ha plasmado en un club de lectura. Los internos se reúnen conmigo una vez al mes para hablar de un texto. Las pautas de trabajo han variado. Para crear hay que conocer. Hemos debatido sobre la importancia de leer y de conocer los libros para poder escribir, hemos escuchado y hemos leído. Hemos visto también algunos álbumes, desentrañando la importancia de los lenguajes que configuran la obra artística. Después de escuchar y conocer diferentes géneros y propuestas literarias, los integrantes del club se ha decantado por la poesía. La lírica les llegaba directamente a los sentimientos. Les abría la mente. Nos llevaba a conversaciones profundas y humanas. “Estos no son los poemas que estudiamos en clase –me dijo un interno un día_. Estos nos llegan muy adentro”. El género que jóvenes, estudiantes y docentes resulta más arduo, difícil y complejo, nos había abierto la posibilidad del diálogo, no del comentario. «Nos hablan de nosotros», me dijo otro de los internos en otra ocasión. Claro que sí, les respondí. Me confesaron que aquellos versos los hacían sentir. A partir de los sentimientos surge la tertulia dialógica: libre, espontánea, sincera. Los versos de Miguel Hernández, Eduardo Galeano, Henley, Walt Witman o Pedro García Cabrera nos llevan a buscar dentro de nosotros, en lugares o zonas olvidadas. Sacamos recuerdos que nos explican lo que somos, entendemos lo que sentimos, los porqués de las emociones, recapacitamos acerca de lo que hemos hecho... Nos preguntamos qué queremos ser. La literatura y el arte nos vuelven a tocar en lo más íntimo, nos hacen ir hacia las verdades de la existencia y nos sumergen en el mundo de los pensamientos. Disfrutamos de la lectura del poema y del posterior debate sin teorías ni burocracias educativas, con la única intención de acercarnos más a lo humano, de conocernos más. Así continúo indagando, con mayor profundidad, en los mecanismos de la literatura y de la educación. Estoy seguro, lo único válido cuando educamos es hacernos más personas, más reflexivos, más libres. Me pregunto: ¿No es por encima de todo la enseñanza hacer pensar? ¿No consiste la educación en crear mecanismos de libertad de elección, de pensamiento? Educamos y

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hacemos volar a nuestros alumnos, les damos libros y los hacemos libres, como dice el poeta William Ernest Henley en Invictus: «No importa cuán estrecho sea el portal, /cuán cargada de castigos la sentencia, /soy el amo de mi destino:/soy el capitán de mi alma».

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EDUCA A LOS MONSTRUOS SONIA DEL CARMEN GONZÁLEZ GONZÁLEZ Lejos el ogro, personaje que daba imagen al XIX Festival Internacional del cuento de Los Silos, existen en la actualidad seres similares y menos ficticios. Humanos. El miedo, aunque no es materia, ni se crea ni se destruye, de igual manera se transforma. Surgen nuevos miedos en la sociedad. El peligro a la muerte, a que suceda algo fuera de lo convencional. Eso nos hace plantearnos algo, ¿debemos enseñar el miedo o descubrirlo solos? A través de los cuentos desde que somos pequeños nos enseñan que hay monstruos a nuestro alrededor. Al principio nos los imaginamos con muchos ojos, partes del cuerpo de animal y dientes afilados. Sin embargo, cuando nos hacemos mayores descubrimos la apariencia de los monstruos que habitan en el mundo real. Monstruos humanos que están en la calle, que en ocasiones aparecen en las noticias siendo personaje del cuento más real: la vida misma. Ladrones, violadores, asesinos, pederastas, drogadictos, traficantes, delincuentes de todo tipo. Entonces nos damos cuenta de que el miedo debe existir como mecanismo de defensa a los peligros reales. «Todos fuimos monstruos alguna vez, cuando nos llamaban feo en el colegio, se reían de lo que hacíamos o de nuestras calificaciones», decía Andrés Novoa, actor de las noches de terror del festival en una entrevista. Muchos monstruos empezaron así, sin embargo nunca vieron más allá de la simple historia de miedo, la lección moral que entrañaba. En su lugar vieron un referente en el cuento en lugar de utilizarlo para mirarse al espejo, para reflexionar. De este modo el género de la literatura de terror no va sobre sustos sino sobre crítica social para que las personas pensemos quiénes somos y encontremos a los monstruos que llevamos dentro, los miremos a la cara y nos enfrentemos a ellos. Algunos parece que no se van nunca, en ese caso es mejor que nos hagamos sus amigos para que, sin que se den cuenta, actúen bien con nosotros y con los demás. En ese caso, contemos cuentos a nuestros hijos, en el colegio, aquí y allá, para educar a los monstruos que nos rodean y a los monstruos que llevamos dentro.

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EXPERIENCIAS DOCENTES

LA BIBLIOTECA TE CUENTA… JACQUELINE NEGRÍN ROCHA Responsable de la biblioteca escolar CEIP Teófilo Pérez (Tegueste) «El tiempo para leer, al igual que el tiempo para amar, dilata el tiempo de vivir» Daniel Pennac

Desde la comunidad educativa del CEIP Teófilo Pérez queremos mostrar el trabajo que estamos desarrollando para fomentar el uso de la biblioteca escolar y de la biblioteca de aula. Queremos acercar la lectura al alumnado de forma atractiva y real, donde los medios estén a su alcance para que la lectura y la escritura se convierta, por un lado, en fuente de placer y, por otro lado, de funcionalidad en el aprendizaje, en una herramienta de búsqueda y en el procesamiento de la información. Hemos establecido unos objetivos en función de las necesidades analizadas de los distintos sectores de la comunidad educativa, centrándonos, sobre todo, en las dificultades del alumnado para superar con éxito la competencia lingüística, el tratamiento de la información y competencia digital, así como en potenciar la competencia de aprender a aprender. También se considera la necesidad de hacer partícipes mediante el Plan Lector a todos los sectores de la comunidad educativa, sobre todo a las familias, por la importancia de su papel mediador con la escuela, y a los docentes como figuras que sirven de modelo y guía al alumnado en el proceso de aprendizaje. «La lectura es la llave de plata para entrar en la sociedad del conocimiento» José Antonio Millán

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Nuestros primeros pasos comienzan con la transformación física de la biblioteca: crear rincones de lectura, zonas de trabajo, alfombra para los más pequeños, colocar estanterías abiertas y al alcance del alumnado, zona de ordenador, colocar cortinas nuevas… Desde el curso pasado hemos incorporado una pizarra digital. Este recurso está siendo fundamental para realizar charlas, talleres, cursos de formación, etc. Con estos grandes cambios conseguimos que este lugar sea, en estos momentos, uno de los espacios más atractivos y demandados para todos los usuarios y usuarias de la biblioteca escolar. Para la organización de los fondos decidimos que la edad de nuestro alumnado requería una organización sencilla y fácil de usar. Tenemos separados por estanterías y expositores los libros de información y revistas de los libros de ficción. Para su clasificación hemos optado por un código de nivel lector por colores para cada ciclo. De esta forma el alumnado puede conocer el lugar de ubicación de cada material y ser autónomo para su uso. Los préstamos en la biblioteca se realizan a la hora del recreo. Normalmente son los ayudantes de biblioteca los encargados de realizar los préstamos. La apertura de la biblioteca a la hora del recreo ha sido la mayor demanda del alumnado, junto con la realización de los encuentros de autores y la lectura a los mayores en el Centro de Día del pueblo. Ha sido muy importante para la continuidad de nuestro trabajo contar con el apoyo y colaboración de toda la comunidad educativa. Después de diez años, nuestro trabajo sigue realizándose con entusiasmo y motivación gracias a la participación del claustro, al interés del alumnado; a la implicación de las familias y a la motivación que se ha despertado en el personal laboral. El éxito del funcionamiento de nuestra biblioteca está en el trabajo e implicación del conjunto de esta comunidad educativa.

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AsĂ­ es nuestra biblioteca escolar

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Armarios, expositores y estantes para distribuir los fondos de ficción y de información

Dentro de nuestro Plan Lector destacamos algunas actividades que muestran el grado de implicación, interés y motivación de los distintos sectores de esta comunidad educativa:

LEEMOS

A NUESTROS MAYORES

Con el objetivo de dotar de finalidad a la técnica de lectura en voz alta, proponemos a los docentes del tercer ciclo realizar una actividad dirigida al alumnado de 5º y 6º. Además pretendemos compartir momentos de lectura y desarrollar lazos afectivos con nuestros mayores. Así como motivar a nuestro alumnado para mejorar la lectura en voz alta.

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Encuentro

con

grandes escritores

y buenos comunicadores

Esta es una de las actividades con más éxito entre el alumnado y también para los docentes. La visita del escritor o escritora, además de la importancia literaria, tiene una carga emocional muy importante para ellos, suelen mostrarse tremendamente curiosos y motivados por escuchar y por preguntar.

Andrés González Novoa

Plácido Bazo y Enrique Reyes

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Ernesto Rodríguez Abad

Invitación a las

familias

para escuchar sus historias

Las familias que participan de forma voluntaria con nuestra biblioteca nos aportan experiencias muy enriquecedoras para todos los grupos.

Elsa López, una abuela contadora de poesías

Talleres de comprensión en nuestro blog

lectora

a

través de enlaces y

páginas web

Nuestro blog está siendo una gran herramienta de trabajo para la realización de muchas actividades, sobre todo para mejorar la comprensión lectora. Estamos empleando distintos enlaces que posteriormente el alumnado puede utilizar para seguir trabajando desde su casa.

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Actividades

de animación a la lectura

Los grupos asisten periódicamente a la biblioteca para realizar talleres puntuales sobre animación a la lectura con la maestra responsable de la biblioteca.

Expositor de lecturas en la sala de pediatría del centro de salud del pueblo Desde hace años instalamos un expositor de pared en el centro de salud con la intención de fomentar la lectura en momentos de espera. Curiosamente el número de libros que hay en el expositor va en aumento.

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Visitas a la

biblioteca

municipal de Tegueste

La proximidad de nuestro centro con la biblioteca municipal facilita la visita de los grupos a este lugar para conocer otras formas de organización y también para aproximarnos a otros recursos que nos ofrece esta biblioteca.

Guía de la biblioteca para

usuarios y usuarias

Es importante que sobre todo las familias conozcan la “Guía de usuarios y usuarias de la biblioteca”: normas, horarios, organización…

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Carpeta viajera de lectura en familia Cada nivel dispone de una carpeta, de manera itinerante visita cada familia durante todo el curso. El material que va en esta carpeta es variado: cómic, revistas para adultos, cuentos, folletos informativos de interés a la familia y la guía de usuarios y usuarias de la biblioteca.

Formación

docente

Durante el curso procuramos que los docentes dispongan de materiales, recursos y formación relacionada con la literatura infantil y con la importancia del uso de la biblioteca escolar y de aula para mejorar , sobre todo, la competencia lingüística, la competencia de aprender a aprender; la competencia del tratamiento de la información y competencia digital. Celebración de l Día de las Bibliotecas : Liberamos libros por el pueblo Esta actividad ha resultado muy motivadora para el grupo que libera y sobre todo para las personas que se sorprenden encontrándose con libros por distintos lugares del pueblo.

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Participación de las familias y demás miembros de la comunidad educativa en actividades de biblioteca En fechas señaladas invitamos a las familias, docentes y personal laboral del centro a participar en trabajos relacionados con búsqueda de información, lecturas de cuentos, ilustración, etc. En general son muy bien aceptados y participan con mucho interés.

Uso de las bibliotecas de aula Cada tutoría dispone de un carro para colocar los libros y materiales necesarios y apropiados a cada nivel. Desde estas bibliotecas el alumnado dispone de materiales para la realización de trabajos y también para compartir con su grupo lecturas por placer.

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«La mejor animación a la lectura en toda la etapa consiste en leer de manera gratuita y enseñar a comprender. Implicar a la familia y a la sociedad en esta educación lectora producirá más y mejores efectos…» INTRODUCCIÓN del currículo de Lengua Castellana y Literatura de la Comunidad Canaria

La reflexión que hacemos sobre el trabajo desarrollado nos anima a mantener lo que ya hemos iniciado y nos motiva a continuar dando respuesta a las demandas que cada sector nos sugiere. Además observamos que algunas de las actividades realizadas después de muchos años se van consolidando en la dinámica de trabajo de las tutorías y del centro. Esperamos que esta experiencia pueda servir a otros centros y, sobre todo, aportar herramientas de trabajo para mejorar el interés por el uso de las bibliotecas como potente recurso didáctico.

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MARIELITA, CUÉNTAME UN CUENTO M. ELINA VALENZUELA DUPUY DE LÔME ¡Hola! Soy la brujita Marielina y me gusta cantar-cuentos, contar-cantos y jugar con las canciones de Maricastaña esas con las que ya jugaban nuestras abuelas ¡y también con las que hoy juegan los chicos en el patio del cole o en las plazas! Dicen que en África cuando se muere un anciano se pierde una biblioteca y lo que nos está pasando es eso. Estamos teniendo una cultura de masa que según se la mire está siendo interesante y valiosa pero no se tiene que perder lo que traíamos que es nuestro y es nuestro acervo cultural, nuestra tradición oral, nuestros cuentos, cantos y juegos y que si bien tiene muchas señas de identidad ancestrales con la Cultura Canaria guarda lazos y parecidos con el resto de España y Latinoamérica.

Marielita, cuéntame un cuento: Se trata de una experiencia con carácter de Maratón de cuentos contados y cantados… para Infantil y Primaria. El fin que persigo es potenciar  la música,  la animación a la lectura,  el juego dramático,  la expresión corporal,  la psicomotricidad, etc.  Considero a todas ellas como formas de expresión y comunicación. La he realizado como experiencia en diversos centros de Educación Infantil y Primaria en la isla de Tenerife y en Andalucía.

Estas experiencias se llevan a cabo en varias sesiones como una Maratón de cuentos, a partir de un abanico de cantos-contados y cuentos-cantados, juegos de lenguaje, retahílas, rifas de sorteo, jitanjáforas, cuentos de nunca acabar y con canciones tradicionales y de autor. Dichas maratones de cuentos las he realizado en torno al Día del Libro en algunos colegios de infantil y primaria como:  el CEIP Armeñime

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      

el CEIP Las Cuevecitas el CEIP Los Cristianos el CEIP Isabel La Católica el CEIP Carmen Álvarez de la Rosa el CEIP Príncipe Felipe el CEIP Punta Larga el CEIP El Puertito

También se han impartido en sesiones similares en bibliotecas:  Biblioteca infantil del T.E.A.  Bibliotecas de Candelaria casco, Las Caletillas, Cuevecitas e Igueste.  Biblioteca de Güimar  “Laberinto de los libros” en Candelaria desde 2011. He contado y cantado con niños y sus familias en diversos eventos culturales como: De libros por Tegueste, Gran apañada de la almendra en Aripe desde 2012, Día de las tradiciones en Igueste, Rebumbio canario de Candelaria desde2011, Festival de Cuentos de Los Silos, Juegos para el envejecimiento activo en Abades-Arico desde 2012. Contar y cantar en distintos ámbitos como: Librería de mujeres, Librería Baobab, Ámbito Cultural de El Corte Inglés, Juguetería Lifer de Candelaria, Mercadillo de Navidad de La Orotava y desde 2012 participo en los Juegos para el envejecimiento activo en Abades- Arico. Recientemente he realizado una serie de actividades similares en el “X Festival Bimbache open ART” en El Hierro. Mi mayor motivación de realizar este tipo de Maratones es  porque muchos de esos cuentos, cantos y juegos se están perdiendo,  los papás tienen poco contacto con sus hijos y algunos ni siquiera conocen estos cuentos y canciones, no le dan importancia al valor social que tiene ese compartir tradiciones.  poco contacto con los mayores  por ello las aulas, las bibliotecas y los patios de los colegios deben convertirse en esos centros de recuperación casi etnográfica de nuestra tradición oral.

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MARIELITA CUÉNTAME UN CUENTO Maratón de cuentos destinado a niños en edad escolar, padres, abuelos, maestros Campo temático: Cuentos, juegos musicales, de lenguaje, expresivos de hoy y de siempre que estimulan el desarrollo sensoriopsicomotor, socioafectivo, cognitivo, la comunicación y el lenguaje de los niños de 3 a 12 años entre ellos y con sus mayores. El fin que buscamos: valorar el quehacer musical y artístico así como nuestro acervo cultural teniendo el cuento, las canciones y el juego como medio de expresión y comunicación, de interpretación, como fuente de energía positiva, fomento de la creatividad, la fantasía, la solidaridad y la alegría. OBJETIVOS: - Recuperar, conocer y aprender cuentos tradicionales y de autor, canciones de corro, retahílas, cuentos de nunca acabar, típicas del cancionero infantil canario y de latinoamérica. - Interpretar canciones y juegos musicales tradicionales y otras de reciente creación. - Estimular la creatividad, la coordinación visomotora y espacio temporal mediante juegos de corro, canciones psicomotrices y otras actividades holísticas de integración con las demás artes, la expresión corporal, etc. - Profundizar en la toma de conciencia de los valores psicomotrices, socioafectivos, sensoriales y cognitivos de la “Educación Musical Temprana” a partir de jugar en este mundo sonoro que nos rodea. - Conocer un cancionero didáctico con juegos y canciones tradicionales de nuestras abuelas a hoy. - Fomentar el eco-consumo al jugar con marionetas e instrumentos construidos con desecho, etc. - Superar las inhibiciones de expresión a través de juegos dramáticos y/o musicales favoreciendo la comunicación grupal y la recuperación de nuestra memoria colectiva de juegos y canciones. CONTENIDOS: Cuentos tradicionales y de autor, retahílas, jitanjáforas y cuentos de nunca acabar. Juegos psicomotrices, canciones de esquema corporal, de expresión Corporal, lateralidad y de coordinación visomotora. Canciones de corro, psicomotrices, gestuales, juegos de lenguaje, etc. ACTIVIDADES: - Disfrutar de escuchar y participar de cuentos interactivos con marionetas, instrumentos musicales, la voz y el propio cuerpo. - Aprender canciones de corro, de esquema corporal, de animación, gestuales, sumativas, etc. - Juegos espaciotemporales que estimulan el esquema corporal, la lateralidad y la coordinación general dinámica. Temporalización: 1 sesión de 50´ para cada grupo clase o nivel. Los participantes deberán asistir con ropa cómoda. Recuperar la memoria colectiva y la tradición oral de sus mayores:

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Recuperar nuestra memoria colectiva: En el curso 2007/08 en el C.E.I.P Carmen Álvarez de la Rosa junto a la compañera Verité y con la colaboración de Sara de la Rosa como becaria de Pialte impartimos un Proyecto de Animación a la Lectura fomentando el uso de la biblioteca del centro y del Aula. Les invito a conocer el librito de recopilaciones de juegos de lenguaje que se realizó con el aporte de lo que cada alumno desde segundo a sexto de primaria recuperó de su contexto familiar y la tradición oral de sus mayores teniendo como base nuestro acervo cultural canario, a partir de lo transmitido por su entorno familiar y social y de textos. Se trata de Cuentos de nunca acabar, adivinanzas, retahílas, recuperados de la tradición oral así como de sus propios juegos de corro, comba, manos, etc. Además de ser un libro online le dimos formato papel esperando que se convierta en un libro viajero que pase por todas y cada una de las familias del centro. http://www.gobiernodecanarias.org/educacion/3/WebC/ceipcalvarez/documentos/cuent os%20de%20nunca%20acabar.pdf

Cada sesión de contar, cantar y jugar con los niños y con sus familias es una forma de hacer realidad con gran y renovada ilusión: “Mi sueño de que los niños, padres y sus

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mayores recuperen su tiempo y espacios de juegos, puesto que uno disfrutó de una infancia feliz sin tantas maquinitas, con cantos y cuentos de los papis y los abuelos...”

CUENTOS CONTADOS, CANTADOS E INSTRUMENTADOS en las sesiones de Marielita, cuéntame un cuento INFANTIL:  La Margarita blanca, cuento tradicional (con marionetas recicladas)  El elefante, la ardilla y la rana (expresión corporal con acompañamiento de tres timbres instrumentales)de María Cateura.  El gato Zum y la ratita Chita (instrumental) de María Cateura.  El burrito Pepe, ambientación sonora que he creado para la canción de Esther Schneider.  El gusanito y la señora lengua de Adriana Szusterman.  Juanón el vientito desobediente, versión que hago orientando en valores algunas historias tradicionales.  Elmer de David McKee.  Cinco tortugas, cuento que recreo para introducir el juego y canción de expresión corporal de Juan Cervera. 83


Canciones y juegos infantiles con y sin marionetas de La Brujita Tapita y otros autores (Cinco ratoncitos, Soy una serpiente, Bartolito).  Uso mi cuerpo: El resfriado cuento con ruidos y gestos corporales. PRIMARIA:  La granja de Pablo: cuento que he creado con dos libros de pegatinas, uno de ellos para realizar las marionetas.  Elmer de David McKee.  La tortuga sabia (Susana L. de Gomara).  Cuentos con instrumentos: - El gato zum y la ratita Chita (María Cateura). - Pandero y el pequeño flautín (María Cateura). - El lobo ha vuelto (con marionetas de dedos)de Geoffroy de Pennart. - Las aventuras de Alisio y otros cuentos canarios de Mayte Pozo - Un sancocho a las ocho de Pepa Aurora (con pictogramas). - Leyenda de Garajonay - Leyenda del árbol Garoé. - La nube gandula de Isabel Medina.  Cuentos para educar en valores e igualdad de género: - El príncipe Ceniciento. - El oso busca niñera (cuento popular). - Los bonobos con gafas. - En el lejano oeste con percusión corporal - al terminar se canta y baila Ani Kuni.  El dragón y la princesa, cuento que he recreado para instrumentos y lo cuento con las manos y los pies.  Canciones y juegos de animación. Nota: Cuando la sesión de cuentos, cantos y juegos se realiza en torno al Día de finados, toma el nombre de “Qué animadas están las ánimas” y cuento-canto  canciones e historias de miedo: - Conjuros. - El vampiro negro (Luis Pescetti). - Tumbas. - Frente a las ruinas. - Twist de los esqueletos, etc. - Romance de la muerte y el enamorado (tradicional).  Relato historias de desaparecidos o de apariciones como: - La Pericana, - La Llorona, - El hombre del saco, etc. Se reseña como se conmemora el Día de finados en la tradición canaria y en otros países latinoamericanos como México (Catrina y San La Muerte), en Argentina, etc. BIBLIOGRAFÍA:

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BETTELHEIM, B. (1986) Psicoanálisis de los cuentos de hadas. (Barcelona. Ed. Crítica. Grijalbo). RODRIGUEZ ABAD, E. (2007) Te cuento para que me cuentes.(Madrid. Catarata). CATEURA, M. (1981) Carrillón. (Barcelona. Ed. Vicens-Vives). ESCUDERO, M. P. (2000) Cuentos Musicales. (Madrid. Real Musical) RODARI, G. (1991) Gramática de la fantasía. (Barcelona. Ed. Aliorna). CONE BRYANT, S. (1976) El arte de contar cuentos. (Barcelona. Ed. Nova Terra). PELEGRIN, A. (1988) La aventura de oír. (Madrid. Ed. Cincel). MEDINA, I. (2011) Cuentos Canarios para niños. (Tenerife. Ed. Idea). PEPA AURORA. (2006) Cuentos canarios para chinijos. (Tenerife. C.C.P. Canaria). POZO, M. Cuentos y actividades para un ratito divertido. Formula Creativa. ROGIER, C. y MARCEILLAC, E. (2007) Cantojuegos canciones para jugar. (Madrid. Ediba). VALENZUELA D. M. Elina – (2006) Desde Maricastaña hasta hoy.(Tenerife. Excmo. Ayto. de La Orotava). *M. Elina Valenzuela Dupuy de Lôme, docente de Música y tutora de Primaria del CEIP El Puertito, autora de Desde Maricastaña hasta hoy (Excmo. Ayto. de La Orotava), y colaboradora en diversas publicaciones en torno al tema de la iniciación musical temprana, el juego, etc. Email: marielina60@gmail.com

www.elblogdelabrujitamarielina.blogspot.com

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TEATRO Y EMERGENCIAS EN EDUCACIÓN INFANTIL AGUSTÍN HENRÍQUEZ ABRANTE “Enseñanza de Emergencias en Educación Infantil” nació con la intención de utilizar un recurso literario como es el teatro para enseñar al alumnado una forma de prevenir y actuar, adecuado a las características propias de su edad, ante situaciones de emergencia o urgencia que con más frecuencia se pueden dar en su entorno. En su artículo 3, del Decreto 183/2008 de 29 de julio por el que se establece la ordenación y el currículo del 2º ciclo de la Educación Infantil en la Comunidad Autónoma de Canarias leemos lo siguiente: “La finalidad de la Educación Infantil es contribuir al desarrollo físico, afectivo, social e intelectual de los niños y niñas” a través de una metodología global, respetando las individualidades de cada niño y niña permitiendo que aprendan haciendo, jugando, investigando… Rodríguez Abad afirma en Juegos teatrales para animar a leer (2008): “El teatro es juego, desde pequeños somos capaces de adquirir roles diferentes, de inventar juegos que desarrollen nuestra capacidad de interpretación”*. Por otra parte, en una pionera experiencia teatral, Luis Alandro recopila una serie de obras de teatro sobre más de mil manuscritos entre los años 1960-1971 desarrolladas por el alumnado de varios centros educativos. Esta iniciativa, llevada a cabo hace más de 40 años, prueba la creatividad, capacidades dramáticas, originalidad e imaginación que desarrolla el alumnado cuando se le propone una actividad literaria como es el teatro. En su introducción, Luis Alandro afirma que “El ratón del Alba dio, en su día, testimonio de la existencia de un Teatro infantil. Los hombres de teatro, dramaturgos, actores, directores, artesanos, estudiantes y críticos, testificaron su trabajo. La palabra de estos hombres se guarda con el resultado de la experiencia. Figura el animal entre los que defendieron su ejército.”† El teatro, es, pues, una actividad completa e integral que engloba el trabajo de todos estos aspectos y es por eso que es uno de los dos pilares sobre los que se sustenta este proyecto. Para la puesta en escena de una obra de teatro el alumnado debe desarrollar sus habilidades físicas, conocer su cuerpo, trabajar sobre su tono muscular, discriminar entre tensión y distensión, controlar su postura, situar su propio cuerpo en el espacio, con respecto a objetos y a otros iguales, además de desarrollar otras destrezas y aptitudes. También se desarrolla lo afectivo, ya que la dramatización permite jugar con las emociones, vivenciándolas e identificándolas de forma clara y sencilla, como afirma Rodríguez Abad “en la enseñanza de cualquier disciplina artística se destaca y desarrolla aspectos del ser humano que no abarcan otras materias”. Es pues una oportunidad única para que el alumnado desarrolle sus emociones. El trabajo en el ámbito social del alumnado resulta innegable ya que deben adaptar sus ritmos tanto a los de sus compañeros como al de la obra que estén trabajando. El desarrollo intelectual de los niños y niñas es indudable, podríamos nombrar en este apartado el trabajo de capacidades intelectuales como la mejora de la atención, * 2

Rodríguez Abad, Ernesto, Juegos teatrales para animar a leer, Madrid, Catarata, 2008. Luis Aladro, Carlos, El ratón del Alba, Editorial Nacional, Madrid, 1976, p. 10-11.

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memoria, comprensión, mejora de la expresión y habilidades comunicativas y una vez más un largo etcétera. Debido a este detallado listado de virtudes consideramos que en una propuesta de trabajo en Educación Infantil no puede faltar el teatro. El segundo pilar fundamental que se sostiene este proyecto es educar en emergencias. Una niña o niño de tres, cuatro o cinco años puede aprender que hacer en caso de encontrase en una situación de este tipo. No olvidemos que una parte importante de este ámbito es la prevención. Sobre este eje gira todo nuestro proyecto, en cuanto a la formación en emergencias se trata. La intervención del alumnado por razones obvias se limita a prevención y alerta. Acercar a la ciudadanía a la correcta actuación frente a contingencias derivadas de situaciones de emergencia o posible emergencia redundará en una mejora de la atención por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, bomberos y sanitarios, disminuirá los efectos secundarios por una mala praxis en los primeros momentos de esas situaciones. Si desde edades tempranas comenzamos a formar al alumnado en cómo actuar frente a Fenómenos Meteorológicos Adversos, evitaremos por ejemplo que se realicen desplazamientos innecesarios, o si alguna persona sufre un desvanecimiento su entorno sepa cómo actuar de forma efectiva, evitando así complicar más el estado de la persona afectada y posibilitando las circunstancias que minimicen los daños posteriores. Con el teatro y la prevención en emergencias como base y con la convicción de que el trabajo creativo en el aula contribuirá tanto al proceso educativo como a potenciar capacidades de forma global e integradora comenzamos con la fase de planificación y diseños de la propuesta didáctica a desarrollar en los distintos niveles del Segundo Ciclo de la Etapa Infantil. En un primer momento pretendíamos realizar una sola obra de teatro que aglutinara las emergencias más comunes, pero sustituimos esta opción por la de que cada nivel de la etapa estudiara en profundidad una emergencia concreta. Así escribimos una obra de teatro y propuesta didáctica para cada situación de emergencia catalogada a través de los diferentes planes de emergencias del gobierno de Canarias: Fenómenos meteorológicos adversos (PEFMA), riesgo volcánico (PEVOLCA), riesgo sísmico (PESICAN), plan general PLATECA y protocolos de actuación. Finalizada la fase de diseño y programación de las obras de teatro, pensamos que la información dada al alumnado a través de las sesiones de trabajo debía tener una mayor difusión trasladando todo lo aprendido al resto de miembros de la Comunidad Educativa. En el caso concreto de las familias creamos unos trípticos que recogen la información fundamental y donde se explica de forma clara como actuar de manera correcta ante las situaciones que planteábamos en las obras. Una vez terminado el diseño, era necesario buscar un centro que estuviese dispuesto a colaborar en la puesta en práctica de esta iniciativa. Nos pusimos en contacto con Dª María Isabel Plá, directora de CEIP El Puertito de Güímar, que nos brindó todo su apoyo y colaboración. Este colegio es un centro preferente de motóricos que se encuentra localizado en la costa del municipio de Güímar, en él se promueven muchas actividades tanto desde el ámbito del claustro como desde su AMPA, a los que debemos nuestra admiración y gratitud.

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Realizamos la obra de teatro con el alumnado de un grupo de 5 años contando en todo momento con el apoyo de su tutora Dª Carmen Pilar Navarro Magdalena, a la que estamos inmensamente agradecidos. En la primera sesión con la intención de conectar con los conocimientos previos y hacer una breve recogida de información, realizamos al alumnado de esta una serie de preguntadas motivadoras como: ¿Qué es el teatro?, ¿has ido alguna vez?, ¿con quién? Muchos habían ido al teatro con su colegio a ver obras infantiles, pocos habían ido alguna vez con sus padres, e incluso para varios era su primer contacto con el teatro. Esta última afirmación nos hizo reflexionar que en muchos casos la aproximación que haga la escuela al teatro puede ser la única posibilidad que tenga parte del alumnado de acceder a éste. En sucesivas sesiones trabajamos con el alumnado aspectos emocionales: cómo exteriorizar y canalizar emociones a través de la pintura, creación de material para la obra, la relajación/visualización, la dramatización de situaciones cotidianas, conceptos relacionados con el teatro como elemento físico de nuestro entorno social, realizamos los ensayos para representar la obra… Una vez realizadas varias sesiones de ensayo, el alumnado ya se había familiarizado con algunos conceptos propios de este tema en concreto, aprovechando este acercamiento preguntamos al alumnado si sabían qué era el viento, o una nube, y qué pasa cuando el viento sopla muy fuerte y llueve mucho, es en este punto donde el alumnado aprende, teniendo la obra de teatro como referente que es un FMA (Fenómeno Meteorológico Adverso) y cómo actuar frente a estos. El día de la actuación llegó y frente a compañeros y familiares observamos sus nervios, cómo los gestionaban y su cara de satisfacción al terminar la representación y ver a sus familiares y compañeros aplaudiendo. En este momento constatamos que este tipo de propuesta didáctica atiende a la individualidad y diversidad del todo el alumnado que colaboró, contribuyó, vivenció y desarrollo nuestra obra que hizo suya. Después de la obra hablamos con los padres explicándoles cual era la finalidad de la obra de teatro y del proyecto en sí, dándoles unas indicaciones sobre los FMA y cómo actuar ante ellos, toda esta información se les entregó en un tríptico a modo de resumen.

El texto teatral y la representación En el escenario aparecen los niños sentados escuchando como la profesora les está contando el cuento de Caperucita roja en el que va por el bosque. Los niños sentados alrededor de ella escuchan atentos. Al fondo del escenario, un mural lleno de cosas bonitas (previamente pintado por los niños). El resto de la escena vacía.

Primera escena Profesora: …Y Caperucita fue por el bosque en vez de hacer caso a su mamá e ir por el camino más largo! (Ruido de viento y lluvia. Mira por la ventana) Niños hoy no vamos 88


a poder salir al patio a jugar hay mucho viento y lluvia, así que tendremos que esperar que mamá o papá vengan a buscarnos. Todos: ohhhhhh!!! Un niño: Pero yo quiero salir a jugar Profesora: No se puede, es peligroso salir a fuera con tanta lluvia y tanto viento. Niño rebelde 1: Somos grandes y fuertes, no nos pasará nada, Niño rebelde 2: En cuanto podamos nos vamos a casa solos. La profesora sigue contando el cuento y no se da cuenta que se va Niño rebelde.

Segunda escena Ha cambiado el fondo de la escena, en lugar de un mural con cosas bonitas hay uno todo pintado de negro. Hay hojas y papeles por el suelo. Se ve a Niño rebelde caminando solo, hay mucho viento. Soplan la serpiente del viento. Niño rebelde 1: Ya tenemos que estar cerca de casa Niño rebelde 2: Ya deberíamos haber llegado, nos habremos perdido? Niño rebelde 1: ¡No! ¡Mira (señala) ahí está nuestra casa! En ese momento entran en fila los niños que hacen de viento. Llevan algunos flautas de viento haciendo ruido, otros llevan papel de seda cortado en tiras atados a palos, se mueven mucho en círculos siguiendo al primero de la fila. Niños del viento: Entran en escena todos en fila, siguiendo al primero haciendo todo el tiempo el ulular del viento, dan varias vueltas al escenario Cantan: somos el viento fff ffff (flautas de viento) El aire en movimiento fffff fffff (flautas de viento) Entre todos cogen a niño rebelde1 y Niño rebelde2 y los cambian de posición en el escenario. Niño rebelde1: ¿qué hacen?! Niño rebelde2: Yo me quiero ir a mi casa Niños del viento: vuelven a moverse como una serpiente por el escenario y vuelven a cambiar a Niño rebelde1 y niño rebelde2 de sitio en el escenario. Se van todos cantando la canción del viento. Niño rebelde1: Ya no sé dónde estamos!! Niño rebelde2: ¿Y ahora qué hacemos? Niños del agua: Entran con botellas con arroz y con un plástico a modo de pancarta para llevar del suelo hasta la cintura. Cantan: Canción del agua: Chip chip chipi chop Cae la lluvia Chip chip chipi chop Cae un chaparrón.

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Cogen a los niños Rebelde1 y Rebelde2 y los desplazan del sitio en el que están. Niño rebelde1: ¡Déjennos tranquilos! Niño rebelde 2: ¡Quiero ir a casa! Los niños del agua siguen cantando, entran en escena los niños del viento y todos cantan y se mueven. Los niños Rebelde 1 y Rebelde 2 se mueven por escenario tratando de evitar a los niños del viento, en ese momento llegan los niños de rojo y azul. Cuando estos llegan los niños del agua y del viento van saliendo del escenario. Niña de rojo: ¿Qué les pasa chicos? Niña de azul: ¿Están perdidos? Niño de amarillo: ¿Quieren ir con sus padres? Niña de azul: están en el colegio esperándoles. Vamos!!! El niño de rojo y el niño de azul comienzan a cantar la canción de que hacer en caso de haber mucho viento y mucha lluvia: Niño de rojo, Niño de azul y el niño de amarillo: En caso de lluvia En caso de viento Tengo que esperar Dentro del colegio. Cambio del fondo de escenario; llegan al colegio donde están todos los niños esperándolos y todos terminan cantando la canción del niño de rojo y niño de azul.

Todos los niños: En caso de lluvia En caso de viento Tengo que esperar Dentro del colegio.

FIN

Como se puede observar es una obra corta, con diálogos muy simples y dotada de mucho movimiento, no debemos olvidar que es una obra de teatro a realizar por alumnado de la etapa de infantil, que no ha aprendido, en general, a leer. Este hecho es una oportunidad inmejorable para fomentar en los niños y niñas el amor por la lectura, que esta nos sirva como entretenimiento más allá de la obligación de aprenderla. Una vez llevado a la práctica creemos que este proyecto es una herramienta útil en la etapa de Infantil. Cuando comenzamos el proyecto no sabíamos si esta iniciativa

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conseguiría realmente cumplir su objetivo, al terminar la obra de teatro observamos como el alumnado es capaz de integrar de una manera natural la forma correcta de actuar frente a un FMA, saben que es una tormenta y que deben estar en un lugar seguro para evitar daños. No queríamos que la obra de teatro fuera un simple acto escolar en el que los familiares observan lo bien que lo hacen sus hijos, pretendíamos que fuera el alumnado a través de su actuación el que informara a sus familiares.

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HOMENAJE A ANA MARÍA MATUTE

ANA MARÍA MATUTE: UNA CONTADORA DE HISTORIAS * PEDRO C. CERRILLO Ana María Matute (Barcelona, 1926-2014) es un caso de precocidad literaria: a los cinco años, tras una grave enfermedad de riñón, escribió su primer relato, que ella misma ilustró (“El duende y el niño”, que incluimos al final de este texto). A los ocho años volvió a padecer otra enfermedad grave y la enviaron a vivir a Mansilla de la Sierra (Logroño) con sus abuelos. Luego se educó en un colegio religioso en Madrid, a los 17 años escribió su primera novela, Pequeño teatro y con veintidós publicó Los Abel (1948), con la que se dio a conocer en la literatura española. Los Abel es una novela inspirada en la historia bíblica de los hijos de Adán y Eva, en la que reflejó, desde la mirada infantil, el ambiente de España tras el fin de la Guerra Civil, una mirada que volvió a aparecer en otras novelas posteriores y que compartió con algunos coetáneos de la llamada “generación de los niños de la guerra o generación de los niños asombrados”. En mi casa siempre hubo una gran tradición de lectura. Mi padre tenía una biblioteca muy grande para un señor de aquella época, que no era un intelectual. Y mi madre era una lectora infatigable. Para nosotros ver leer a una persona mayor era normal. En casa, cuando éramos pequeños, la tata nos leía y luego la cocinera nos encantaba con aquellos cuentos de miedo que nos contaba...Yo creo que se nace escritor, como se nace científico o pintor...

Ana Mª Matute ha escrito libros autobiográficos (A la mitad del camino o El río), relatos cortos (Los de la tienda) y novelas que le han dado un merecido prestigio y le han hecho ganar importantes premios: el Café Gijón con Fiesta al Noroeste (1953), el Planeta con Pequeño teatro (1954), el Nacional de Literatura con Los hijos muertos (1958), el Nadal con Primera memoria (1959), el Fastenrath de la Academia Española de la Lengua con Los soldados lloran de noche (1969), o el Nacional de las Letras Españolas en 2007. Las novelas de Ana María Matute no están exentas de compromiso social, aunque no explicitan ninguna ideología política. La autora, a partir de la visión realista que dominó en la literatura de los treinta años posteriores al fin de la Guerra Civil, es dueña de un estilo muy personal, en el que son muy importantes las emociones, la imaginación y el lirismo, que hace posible una obra en la que se unen una cierta denuncia social y un incuestionable elemento poético, que se ambienta con frecuencia *

Texto leído por su autor en Toledo, con motivo de la concesión del Premio Lorenzo Luzuriaga a Ana Mª Matute.

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en el universo de la infancia y la adolescencia de aquella España de la posguerra. Ana Mª Matute es también autora de varios libros para niños y jóvenes, prestigiando, sin duda nuestra Literatura Infantil: El saltamontes verde, Caballito loco, El polizón del Ulises, con el que ganó el Premio Lazarillo en 1965; Paulina, Solo un pie descalzo o El verdadero final de la Bella Durmiente, en que recrea el final del popular cuento. Ella considera que los cuentos infantiles nunca han ocultado la realidad a los niños: “el lobo está detrás de cualquier árbol a lo largo de toda la vida” (ABC, 10 de julio de 1997). En alguna ocasión ha confesado que su niñez “no fue todo lo feliz que cabría esperar”. En sus libros está muy presente el mundo de la infancia: la infancia perdida y la infancia recuperada. Ana Mª Matute sabe captar las necesidades afectivas del niño, lo sabe comprender y se sabe colocar, a tiempo, en su lugar; ella ha dicho que: Es un gran error decir que el niño es un proyecto de hombre; yo pienso que es al revés: que el hombre es un trocito del niño que fue, porque a lo largo de la vida si cambiamos, siempre es para empeorar.

La escritora barcelonesa ocupa el sillón k en la Real Academia Española de la Lengua. El 18 de enero de 1998 leyó su discurso de ingreso, “En el bosque”, en el que dijo: Pienso que la poesía es la esencia misma de la literatura, la máxima expresión literaria. Quizá el lenguaje poético sea, en el fondo, el más próximo a mi concepción personal de lo que es la escritura: el uso de la palabra para perseguir y desentrañar el envés del lenguaje.

Hay obras de Ana María Matute traducidas a casi treinta lenguas. En 1970 fue finalista del prestigioso Premio Andersen de Literatura Infantil y ha sido propuesta, en varias ocasiones, para el Nobel de Literatura. Su gran capacidad para la imaginación, su talento creativo, su desbordante fantasía y su dominio de la lengua han hecho posible, en su conjunto, una obra literaria muy importante que ha tenido justa recompensa en el éxito de público de sus últimas novelas, sobre todo Olvidado Rey Gudú. Ella misma se ha definido como “una contadora de historias”, defendiendo la fantasía, el ensueño y la imaginación en la literatura, “algo para mí tan vital como comer y dormir”. “El duende y el niño” Pepito era un niño que nunca había tenido un traje de marinero; tenía cinco años, y era de lo más perezoso que se ha podido ver. Un día fue a su cuarto y llamó al duendecito, este salió del cajón de la mesilla dando un salto desde ella hasta el suelo, ¿qué quieres ahora?, le preguntó el duende. Pepito dijo que quería un traje de marinero azul marino, y el cuello con una raya alrededor blanca. Enseguida el duende le trajo uno, pero luego se lo llevó porque no tenía las medidas, y el duende llamó a Pepito diciéndole que le diera las medidas, pero como era 93


tan perezoso no quiso porque tenía pereza. El duende le trajo uno, se lo puso y le estaba muy corto, tan corto que se le veían la camisa y los calzoncillos. Le llamó otra vez y le dijo que uno más largo. El duende se lo trajo, se lo puso y le estaba larguísimo, los pantalones le colgaban, la blusa le caía por las rodillas y las mangas llegaban por encima de las rodillas, estaba feísimo. Le llamó al duende y le dijo que era muy tonto, y el duende le dijo que viera lo que le había pasado por perezoso, y a los perezosos todas las cosas les salen igual. Entonces Pepito no volvió a ser perezoso. (“Fin del primer cuento”)

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NOTA DE LECTURA DE TODOS MIS CUENTOS, DE ANA MARÍA MATUTE PEP BRUNO (www.pepbruno.com)

En los pasados días de verano leí Todos mis cuentos, un libro de la añorada Ana María Matute publicado por Lumen en el año 2000 que recoge, en 369 páginas, un total de nueve cuentos publicados por la académica entre 1960 y 1995. La extensión de algunos de estos cuentos hace que casi hablemos de novelas cortas (de hecho creo recordar que algunos de estos cuentos están publicados como libros independientes). Demos una somera visión de cada uno de los textos. En el primero de los cuentos, “El saltamontes verde” (1960), nos encontramos con Yungo, el protagonista, un niño “incompleto” que diría Gustavo Martín Garzo, pues no tiene voz. Esta carencia es la que impele al muchacho a emprender un viaje de búsqueda y recuperación de su propia voz. Le acompaña en esta aventura una especie de Pepito Grillo pero a la inversa, el saltamontes verde no es la conciencia que critica lo malo sino la voz que trata de mejorar lo que hay. Una vez más nos topamos con un viaje hacia uno mismo pues, sucede de nuevo que, lo que busca Yungo, está muy cerca de él. El segundo cuento es el de “El aprendiz” (1960), en él se puede ver que lo bueno que hacemos nos vuelve, aunque sea poco (y mucho sea lo malo). Es más, esto que hicimos y fue bueno, puede llegar a salvarnos. En “Caballito Loco” (1962), el tercer cuento, hay un protagonista (el propio Caballito) que desobedece y no hace lo que le dicen. Este romper las reglas se convierte, una vez más, en el motor de la acción que pone en funcionamiento el cuento. A pesar de este inicio de ruptura, el cuento acaba por ser una historia bastante triste con un final buenista. El cuarto cuento, titulado “Carnavalito” (1962), nos encontramos en un contexto terrible de guerra en el que la maldad domina. Es en este momento cuando más evidente resulta que las historias pueden salvarnos, que la ficción, las “mentiras”, pueden acercarnos a los otros y darnos esperanza y, sobre todo, llevarnos hasta la tierra de la paz.

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Llegamos a la quinta historia: “El polizón del Ulises” (1965), acaso su novela breve (o su cuento largo) más conocido. Aquí nos encontramos con un protagonista de origen desconocido (como sucede en muchos cuentos tradicionales) que encuentra en el desván de la casa el lugar donde ficción y realidad se abrazan. Convierte el desván en un “barco”, el Ulises (la referencia a Odiseo es directa, a la aventura, al viaje por antonomasia de todas las tradiciones literarias del mundo), que le permite viajar lejos de los días, de la realidad. Este hermoso cuento habla de la necesidad de las tierras de ficción y de su poder, pero también del equilibrio necesario para no “morir de ficción” que, de alguna manera, es casi lo que le sucede al niño protagonista. La infancia se presenta como el paraíso y la vida de los adultos transcurre en la tierra que pisamos. El final feliz deja triste al lector: todos preferimos al Ulises y que las historias del polizón (cuyo nombre real desconocemos) sean ciertas. Existe también esa frontera, ese río, entre los dos mundos: tratar de cruzarlo sin dejar atrás la infancia (y su constelación de imaginaciones y juegos) puede resultar imposible: pasar a la otra orilla es entrar en el mundo de los adultos y abandonar, de algún modo, los días felices en el paraíso de la ficción que naturalmente habitan los niños. En este cuento además se ve claramente la diferencia entre ficción/juego y ficción/mentira, en el primer caso es un niño quien la transita, en el segundo, un adulto. Quizás sea este el texto más redondo de todo el libro: tiene gran hondura en sus personajes, una trama rica y bien urdida, y una resolución coherente. La profundidad de sus significados es rica e invita a la reflexión y la relectura. Y su protagonista resulta inolvidable por ese candor, esa inocencia, ese amor que es capaz de transformar el corazón de los adultos, hasta de los peores entre ellos. El sexto cuento, “Paulina” (1969), tiene dos protagonistas tan del gusto de la tradición oral por sus carencias: Nin es ciego y Paulina no tiene padres. Juntos son mejores y juntos logran sus objetivos. Este cuento es, de nuevo, un canto a la infancia: los niños son la alegría y por lo que merece la pena todo lo demás. Pero en este cuento encontramos algunos elementos diferentes con respecto a los cuentos anteriores. Por ejemplo un canto más directo a favor de lo rural, pero, y a raíz de esto, una idea revolucionaria transita el texto: hay una ruptura de la diferencia de clases y, por tanto, la tierra merece ser de quien la trabaja. 96


El texto se elabora con personajes de gran hondura y con silencios muy elocuentes. Los deseos de estos personajes provocan la acción del cuento y todo encaja a la perfección. Es un texto de gran coherencia al que sólo le pondría un “pero”: el final resulta demasiado abrupto. Es “El País de la Pizarra” (1978) la séptima historia de este libro, un texto que supone un cambio radical con los cuentos que le preceden: un divertimento que huye del realismo y se zambulle plenamente en la fantasía. El octavo cuento se titula “Sólo un pie descalzo” (1983). Gabriela, la protagonista de esta historia, tiene algo que la diferencia del resto de niños: siempre acaba por perder una zapatilla y quedarse con un pie descalzo. Esta es una clara alusión a “La Cenicienta” y simboliza, al mismo tiempo, el sentimiento de exclusión con respecto a los otros y también su cercanía a las tierras de ficción (una vez más). Gabriela se evade de lo real, que no le gusta, a través de la fantasía. Sin embargo esta puerta de evasión se cierra con la aparición del otro (Gabriel) que nos completa. Es muy interesante esta necesidad de los otros para ser, que supone, además, alejarnos de las tierras de ficción. En este cuento vuelve a recuperar Ana María Matute el símbolo del desván como el lugar donde se acumula lo inútil (y el niño marginal), lo inútil que es tan útil pues el desván aparece como ese rincón donde se almacenan las historias y las aventuras, los sueños. Este cuento es muy largo y aunque tiene elementos (muchos) comunes con “El polizón del Ulises” no resulta tan redondo pues, desde mi punto de vista, se pierde el ritmo narrativo en la “escucha” de las cosas y en las divagaciones fantásticas. “El verdadero final de la Bella Durmiente” (1995) es el último de los cuentos recogidos en este libro. Un texto que nos recuerda a otros de la tradición oral (por su estructura, personajes, trama) pero que, sin embargo, no alcanza su perfección, al menos por dos motivos: por un lado el lenguaje utilizado está más cercano a lo literario (por ejemplo en sus demoradas descripciones) y, por otro, parece subyacer una voluntad políticamente correcta (con el suicidio de la reina ogra) que afloja el poder del cuento. Creo que hay una interesante diferencia, en mi opinión, entre los seis primeros cuentos publicados en la década de los sesenta y los tres restantes (publicados entre los años 78-

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95). Aun así hay elementos comunes a todos ellos: de estructuras y personajes que podemos identificar como habituales de los cuentos tradicionales; personajes solitarios (y marginales) que encuentran refugio en tierras de ficción; y la idea de que la infancia es el espacio natural de la fantasía, entre otros elementos transversales prácticamente a los nueve textos. Desde mi punto de vista uno de los grandes valores de estos cuentos es su cercanía a la tradición y su voluntad de embellecer y acercar estos textos a los lectores: si se me permite la expresión hacer una especie de literatura tradicional renovada, trasvasada magistralmente de lo oral a lo escrito, tema que, como os podéis imaginar, me interesa mucho. Ojo, no quiero decir que estos cuentos sean adaptaciones de textos tradicionales, aunque hay motivos tradicionales que podemos reconocer (el viaje demorado de los príncipes enamorados que vuelven a su reino; la suegra reina ogra; los protagonistas niños candorosos e incompletos que diría Gustavo Martín Garzo; etc.). De entre todos los cuentos, sin duda, el más conocido (y que más me ha emocionado) ha sido el de “El polizón del Ulises”, un cuento extraordinario y muy redondo. Una delicia. Un libro que merece la pena leer y disfrutar. Un canto a las tierras de ficción y a la infancia. Un libro para recordar a una de nuestras mejores autoras.

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CREACIÓN

MI MONSTRUO Y YO SONIA DEL CARMEN GONZÁLEZ GONZÁLEZ Estoy dentro de un monstruo y hay un monstruo dentro de mí. Normalmente nadie lo nota pero ahí está. Ni yo misma sé muy bien si el monstruo es él o soy yo. La ventaja es que él también lo desconoce. Jugamos a ser malos y ser buenos. Un tira y afloja que da abrazos y grita, que llora y ríe, que besa con los labios y con los puños, enseña su mejor sonrisa y los colmillos más afilados, da la mano y araña con sus garras. Hemos crecido juntos, conoce cada parte de mi cuerpo. Sube hasta la coronilla, me susurra cosas al oído para que salgan por mi boca y desciende por la nuca camuflándose en la cerradura tatuada en mi piel. Clava sus uñas en mi huesuda clavícula para producir desesperación. Rueda por mi vientre hasta despertar los aleteos internos de los nervios dormidos. Pone peso en mis rodillas para que levantarme sea una odisea. Se convierte en mis pies para que me ponga en su lugar, para ponerse él en el mío y andar juntos. Derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha… Sé que no me hace ningún bien, pero lo quiero. Lo quiero porque me quiero a mi misma. Y quien me quiera que me quiera con mi monstruo. * ** EL FIN DE LOS DIOSES BLANCOS ANDRÉS GONZÁLEZ NOVOA En el país de los mangos y a la sombra de los baobas creció el largo Amadou que tenía manos de Diolla y un amor profundo a escuchar los sonidos del mundo. Era negro y por eso tenía marcas de grilletes. No en su piel, pero si en el alma y en la memoria. Por eso buscaba palabras que le trajesen recuerdos lejanos en los que sus abuelos corrían entre los jaguares formando parte de la tierra y del cielo. En la escuela le enseñaron el francés, aunque él, seguía contando sus historias en Wolof, en su opinión, era el único idioma que sonaba como su corazón. Llegó 1942, el año en que la música y sus sueños se vistieron de uniforme. A empujones y como ganado fueron llevamos a las afueras de Dakar, a los campos de Thiaroyé. Cambió la Cora por el fusil. Sus manos lloraban mientras su corazón se hacía de piedra. La guerra de los blancos está llena de miedo.

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Un día los montaron en camiones y después en aviones y pensó, al llegar, que había muerto de verdad y su alma había sido trasladada al infierno de los infiernos. No tenían memoria en Wolof para expresar lo que allí vivieron y lo que allí perdieron, tampoco lo que ganaron. Aprendieron a usar el francés que tiene palabras como horror, massacre, torture, patrie, douleur e holocauste. Pero algo sucedió en el interior de las trincheras, algo que jamás creyeron vivir para sentir. Avanzaban oscuros como la noche, pegados a la tierra para escuchar sus latidos, escupiendo fuego sobre otros hombres y contemplando un cielo herido de nubes rojas. Entonces, cayó el blanco, y otro, y muchos morían con el mismo color carmesí. En su corazón se escribía el final de los dioses y en su mente surgían letra a letra los senderos de libertad. Lucharon como hombres negros con hombres blancos, se ganaron el respeto de aquellos dioses empequeñecidos por el miedo y volvieron a casa en el invierno de 1944. Esperaban una gran fiesta, escuchar el sonido de los tambores, saborear el preciado Tiéboudienne y besar a sus familias. Pero no hay gloria para el esclavo. El 1 de diciembre de 1944 los jefes para los que lucharon les comunicaron que no tenían derecho a paga. Que solo los soldados con nacionalidad francesa cobrarían por la terrible guerra. Ni medallas, ni pensiones, ni un solo merci. Pero ya no eran los mismos y sus dioses tampoco. Aprovecharon el suntuoso vestido de la noche de la sabana para recrear otra vez las trincheras. Eran sombras de felinos que clavaban las garras en el alma de sus carceleros. No sabemos cuánto paso hasta que la mañana y el eco de los franceses les fue rodeando. Treinta y cinco lucharon por todos y murieron como treinta y cinco. El comunicado oficial: Llevamos a estos hombres a la obediencia. Esta fue su historia, sin el sabor de los labios de sus mujeres ni el abrazo del mar al atardecer. Dicen sus abuelos que cuando terminan un cuento nace otro a su sombra. Siempre pasa, es la gran orquesta de los corazones que nunca cesa mientras haya un solo tambor en África. Y así, con los años sus hijos crecieron orgullosos de la memoria hasta que un día, inmenso como la libertad, muchos llegaron a la Isla Goreé, entraron en la Mansión de la Esclavitud y lloraron por sus abuelos y tantos años de miedo. Después, estoy seguro, que bailaron hasta el amanecer para despertar la paz entre los espíritus. El largo Amadou nunca volvió a tocar la Cora. En 1959, el primer presidente de Senegal fue un poeta.

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ÉL VINO INDOCUMENTADO

Aterrizó exhausto sobre la arena negra convirtiendo su figura en una escultura del desierto. Cuando despertó se enfrentó al tricornio y a unas palabras que tenían el acento del diablo. Mientras pintaban sus dedos y le tomaban fotos pensaba en los motivos de su odisea y fue, por un momento, radiografía de la nostalgia. Cerrando los ojos sobre la oscuridad de la celda evocó los atardeceres del Atlas, el sabor de la calima y el color de unas palabras que, como las dunas, recordaban a los hombres cuan libres eran. Un paisano disfrazado de infiel le comunicó apesadumbrado que lo iban a deportar en dos días y toda su fe se convirtió en babas de camello. Lloró amargamente y suplicó a Alá una muerte que limpiara el honor de mirar a su familia con las manos vacías. Se sentía como un guerrero sin batalla. Aquella noche sonaban las campanas y la gente entusiasmada cantaba las bonanzas del nuevo año. Toda la comisaría se disfrazaba de sonrisas y el alcohol bailaba de mano en mano. La compasión no tardó en aflorar y una botella se deslizó entre los barrotes. Se sintió en aquel instante como Dácil al probar el vino que pensará veneno en la obra de Lope. Fuego en el cuerpo, sudores y una fuga de pasiones que le arrancó el miedo como si fuera la piel. Cantó con tanta fuerza que todos los presentes fueron orejas de emoción hacia el extranjero. Lo que siguió fue tan confuso para él como para sus carceleros. Llaves que pasaban de mano en mano, abrazos, más canciones, más tragos y un callejón con un ángel vestido de verde. Corrió entre paredes que se acercaban y alejaban, luces y personas oliendo a jazmín y lavanda, gritos y música, había muerto, pensó, con el veneno de los infieles, sin duda, pero que dulce muerte. Una mujer vomitaba en una esquina de la calle todo lo que le sobraba a su quijotesco cuerpo. Se incorporó intentando ajustar su rostro sin espejo, tanteando con las manos una belleza escondida tras un maquillaje tornado en una pesadilla de Dalí. Sintió la vergüenza recorrerle la conciencia y creyó desvanecerse, pero la calidez la detuvo. Se miraron a los ojos, él asustado, ella también. Un beso los borró del mundo y el amanecer los despertó fundidos como la arena y el viento. Ella, divorciada, desperdiciaba su vida como cajera de supermercado. Él, indocumentado y olvidado por el mundo, recuperaba su vida en los brazos del pecado que en cristiano llamaban resaca. Ambos, en un paseo de manos dejaron el pasado en el muelle, flotando en la inmensidad abisal del océano. Ella le sorprendió, un día, con dos trazos rosados que florecían de un bolígrafo que escribía el futuro. Él, con un contrato de trabajo como carpintero de ataúdes. Ambos reían al atardecer ajenos a un mundo que los trataba como esclavos. Un día Abdelaziz regresó de la biblioteca con una sonrisa en la cara. Abrió una bolsa de plástico y sacó dos cartones de vino ante la sorpresa de ellas. Entonces las palabras y el rojo elixir se fundieron en el cuento que había descubierto, donde el rey Jamshid, en el corazón del Imperio Omeya había saboreado el vino en un acto de amor, tan puro que,

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era imposible cercenarlo en pecado. Ella, acariciando su barriga al desnudo oteaba el horizonte pensando, una vez más, qué curioso resulta en los humanos la relación entre el pecado y lo divino. Esas verdades tan fuertes que son cárceles, necesitan sin duda de mentiras besables, de viajes a lo desconocido y de oídos sin tanto miedo. ***

CUENTOS DE COLORES SOFÍA Y SU MAMÁ JENNY DEL PINO GARCÍA SÁNCHEZ

La preciosa Sofía es la verdadera creadora de los cuentos de colores. Sofía solo tiene 28 meses, pero antes incluso de llegar a esta edad, ya había creado estos maravillosos cuentos. Su imaginación parece no tener límites, alcanzando no solo las metas que le impone el descubrimiento del mundo, sino añadiéndole a cada día un poquito más de luz con cada sorprendente ocurrencia. Su primer libro lo mordió y estrujó a los seis meses. Y desde ese momento, hechizada por el embrujo de las páginas, ha vivido atenta a las historias que le cuentan. Pero no ha sido suficiente. Su energía pedía más. –Mamá, cuéntame un cuento azul. Su petición fue acogida con sorpresa y sonrisas. Y sin más, me dispuse a llenar de contenido el cuento azul. Un cuento tranquilo, inmenso e inteligente, como marcaban los cánones para el color del cielo. Al día siguiente le tocó el turno al color blanco, y al otro, al amarillo, al verde... Era la imaginación a prueba constantemente. De esta sencilla y elocuente manera nacieron una serie de historias ya perdidas en el infinito de las ideas voladoras, esas que aparecen y se olvidan en el recuerdo. Pero una idea tan genial no podía desaparecer. Sofía debería volver a escuchar y, más adelante, releer sus cuentos de colores. Aquellos creados expresamente para ella, para colmar su curiosidad y avivar su imaginación, más si cabe dicha posibilidad. Y aunque no volverán los primeros cuentos contados, debían contarse otros, regidos por los mismos principios; para satisfacer a los oídos más curiosos; y para que cada noche, un color inunde la oscuridad y acompañe en sus sueños a los más importantes de nuestras vidas, los niños. Los cuentos de colores son simplemente cuentos de colores. Donde cada historia le pertenece a un color. Dónde predomina su sentido, sus valores positivos y dónde vivir en un mundo lleno de luces y matices es tan sencillo como dejarse llevar.

EL CUENTO NARANJA El osito aventurero En el tranquilo y frondoso bosque de Vica vivía la familia de osos pardos más grande conocida hasta ahora. Bubu era el osezno más pequeño pero también el más curioso. Le

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gustaba estar con los osos mayores porque con ellos aprendía cosas nuevas. Los osos de su edad se pasaban el día jugando al «escondite» o al «pilla, pilla», y Bubu se aburría mucho al poco rato. Él prefería hacer preguntas. –Por qué se caen las hojas de los árboles? –preguntaba. –Porque los árboles quieren vestirse con nuevas hojas verdes y estás ya están muy amarillas y no les gustan –le contestaban los osos mayores. –Y… ¿por qué recogemos las hojas amarillas del suelo? –insistía. –Estas hojas sirven para preparar las camas de las cuevas cuando tengamos que hibernar. –¿Hibernar? ¿Qué es eso? –seguía y seguía preguntado, y escuchando siempre con gran atención. Bubu era tan pequeño que no había hibernado nunca. No sabía que algunos osos se pasaban el invierno aletargados en las cuevas para soportar el frío. Ese año hibernó por primera vez y no le gustó nada tener sueño todo el tiempo y no poder salir de la cueva. Solo le entretenía escuchar a los mayores hablar de sus viajes y aventuras. –Cuando yo era joven, un grupo de fornidos osos, fuimos a Asia para conocer a los osos panda. Queríamos saber si era verdad que eran de dos colores como nos habían dicho, blancos y negros, y si solo comían unos palos con hojas a las llaman bambú – contaba uno de los osos más viejos. Bubu disfrutaba con cada historia y se sorprendió mucho de que existieran otros osos, y además tan distintos a ellos. Y sobre todo le asombró que hubiese un mundo más allá del bosque de Vica. –¿Hay más osos raros por el mundo? –pregunta Bubu. Los mayores se rieron ante la pregunta del osezno. Pero no tardaron en contestarle. –Bubu no hay osos raros, solo diferentes. Nosotros también somos diferentes para el oso polar o el oso panda... –¿El oso polar? ¿Cómo es? ¿Dónde vive? –pregunta entusiasmado sin parar. –El oso polar vive muy al norte, donde solo hay hielo y mucho, mucho frío. Es blanco y solo come pescado. Bubu decidió en ese momento que quería ver con sus propios ojos a un oso polar. Visitarle como habían hecho otros con los osos panda. Y durante todo el invierno estuvo preguntando sobre él, y maquinando como podría visitarle. Cuando llegó la primavera y los árboles vestían sus nuevas hojas verdes, todos los osos salieron de la cueva. Los más pequeños a jugar como siempre hacían, y los mayores a recolectar comida. Pero Bubu se pasó toda la primavera recogiendo troncos y buscando las ramas más flexibles y fuertes. Estaba construyendo una balsa que le llevara a conocer al oso polar. Estaba feliz y no pudo ocultar más su emocionante viaje a su mamá. –Mamá voy a salir de viaje. Estaré de vuelta para hibernar, porque sé que el Polo Norte será muy, muy frío en invierno, más de lo que yo podría soportar. –Bubu no lo hagas, eres muy joven y no puedes ir solo –le insistió su madre que no podía dejar de preocuparse por su pequeño. Todos le dijeron a Bubu que no lo lograría. Que tendría que navegar por aguas desconocidas y que pasaría mucha hambre en esa balsa. A pesar de todo lo que le decían, estaba deseando realizar su viaje. No lo dejaría por nada del mundo. Quería conocer nuevos lugares, conocer a otros osos, y ver cómo viven. Quería aprender y con su entusiasmo convenció a todos, sobre todo a su mamá, que finalmente le animó a realizar su sueño. Y llegó el día de su partida. –Bubu cuídate mucho hijo. Da media vuelta si crees que no puedes conseguirlo, te estaré esperando con los brazos abiertos –le decía triste, pero a la vez muy orgullosa su

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mamá. –Mamá no llores, volveré, te lo prometo, y aunque no consiga llegar al Polo Norte traeré nuevas historias que contarles a los más pequeños –le dijo Bubu sonriendo. Bubu navegó y navegó durante días por los mares que le llevarían a los lugares más fríos dónde vivía el oso polar. Descansaba en nuevos bosques dónde había otros osos como él, y ciervos, y conejos, y ardillas… un sinfín de animales que no conocía. Su viaje estaba cargado de sorpresas inimaginables, mientras su barca avanzaba hacia su destino. –El viaje no era siempre fácil, y muchas veces echaba de menos a su mamá y a toda la manada. Pero cuando eso pasaba Bubu miraba al cielo del atardecer. Un precioso cielo anaranjado que le recordaba a su casa y que le animaba a seguir su viaje. Porque por muy lejos que estuviera de su mamá, sabía que los dos estarían contemplando el mismo cielo. –Y por fin llegó al Polo Norte. Hizo buenos amigos entre los osos polares, y se atrevió a probar el pescado, aunque no le gustó mucho. Bubu les contaba historias de su manada y aprendía todo lo que podía de ellos. Antes del invierno ya había regresado a Vica. –Todos estaban expectantes por el regreso del osito, ya hecho un oso valiente y aventurero como pocos. Cuando llegó la hora de hibernar fue Bubu quién cautivó a grandes y pequeños con las historias de su viaje hacia el Polo Norte. Durante el invierno todos juntos preparaban el nuevo viaje de Bubu, quién sabía que el cielo naranja siempre estaría para recordarle de dónde venía y a dónde quería llegar.

EL CUENTO VERDE En busca de la seta verde Como todas las mañanas la tortuguita Ana iba a casa de sus tíos para buscar a su pequeño primo Mateo. Juntos pasaban el día de un lado para otro, pero sobre todo les gustaba ir al lago, dónde se bañaban durante mucho rato. –Ana debes cuidar mucho a tu primo, que sabes que es muy glotón y come todo lo que encuentra –le dijo su tía. –No te preocupes, le vigilaré –le dijo muy contenta. El lago estaba muy cerca de casa, así que no tardaron casi nada en llegar. Se lanzaron al agua y nadaron durante mucho tiempo. El pequeño Mateo quería descansar y tenía mucha hambre, así que salió del agua. –Ana sal del agua, ven conmigo –le dijo a su prima. –Quiero seguir nadando Mateo, quédate ahí y no comas nada que en un rato salgo. Pero Mateo tenía tanta hambre, que desobedeció a su prima, y sin que ella le viera, comió algunas flores y un poco de hierba, que tenía una pinta deliciosa. –¡Ay, ay! Cómo me duele la tripa Ana –gritaba el pequeño. Ana salió del agua y se dio cuenta de que su primo estaba muy enfermo seguramente por comer algo que no debía. Sabía que si le llevaba a casa, sus tíos y sus padres le regañarían, pues prefirió seguir nadando antes que cuidar a su primo. Pero Mateo se quejaba más y más. La tortuguita Ana recordó que cuando ella se ponía malita visitaban al Sabio Búho, que tenía remedios para todo. Así que se dispuso a llevar a Mateo a la casa del Sabio, que nada más ver al enfermo, dijo: –Pequeña tu primo ha comido los hierbajos malos del lago, y pronto el dolor que siente se convertirá en un profundo sueño, del que no despertará si no le damos antes

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del amanecer una seta verde. –Aguarde que yo la traeré, le dijo muy convencida. –Ana debes tener en cuenta que será muy difícil encontrarla. Deberás ser paciente y seguir buscándola hasta conseguirla, le dijo el Sabio Búho. –La encontraré, respondió muy segura. Sin pensárselo se dirigió al monte de las setas, sabía que allí había muchísimas. Cuando llegó un manto de setas cubría toda la colina, pero eran todas rojas. Ana no se desanimó, ya le había dicho el Sabio Búho que sería muy difícil encontrar una verde. Caminó y caminó lo más rápido que pudo, y buscó y buscó entre todas las setas, pero no conseguía encontrar la seta verde que hiciera despertar del sueño a su primo Mateo. Pasó tanto rato buscando que pronto se hizo de noche. En la oscuridad Ana se puso muy triste y, por primera vez, pensó que no encontraría la seta que necesitaba. Había caminado tanto y tan rápido para sus patitas de tortuga que estaba muy cansada y ya no tenía fuerzas para seguir buscando. Pero no quería volver a casa sin la seta verde porque sin ella Mateo no se despertaría, como había dicho el Sabio Búho. –Por qué dejé solo a Mateo en la orilla del lago –se preguntaba Ana con los ojos llenos de lágrimas. La Luna que la observaba brillante desde el cielo, le preguntó: –¿Qué te ocurre pequeña? ¿Por qué lloras tan desconsolada? –Mi primo ha enfermado por comer hierbajos del lago, y solo una seta verde podrá salvarlo de dormir eternamente. Pero he buscado y buscado y no hay ninguna en el monte. –¿Has mirado bien Ana? –le pregunta la Luna. –Si claro que sí, por todos lados, ya no sé por dónde buscar –le dijo. –¿Has buscado bajo las setas? –¿Bajo las setas? –le preguntó muy sorprendida. –Ana, a veces hay que buscar con más calma para encontrar lo que necesitas, y sobre todo, no debes perder nunca la esperanza, porque sin ella, simplemente dejarás de buscar. Mira bajo las setas rojas –le dijo la Luna. Y así hizo, se acercó bajo una de las tantas setas que había en la colina y allí encontró una seta verde muy pequeñita. –Las setas nacen verdes y cuando crecen se vuelven rojas. Están bajo las más grandes para protegerse de la lluvia y del sol –le contó la Luna. Ana no podía ser más feliz. No le quedaba mucho tiempo porque el sabio Búho le dijo que volviera antes del amanecer, sino sería demasiado tarde para despertar a Mateo. Así que le agradeció a la Luna su ayuda, cogió la seta y llegó al lado de su primo lo más rápido que pudo. El Sabio Búho se la dio a Mateo, y el pequeño se despertó en un instante. –¿Qué ha pasado? ¿Por qué todos están tan contentos?, preguntó desconcertado Mateo. –Porque Ana ha aprendido hoy que nunca hay que rendirse, le contestó el Sabio Búho.

EL CUENTO ROJO El sombrero de Milo El día se había despertado lluvioso y gris, y estaba empezando a hacer mucho frío en el pueblecito de Tortu, situado en lo alto de la montaña más alta del mundo. En invierno todo que se quedaba cubierto de nieve, y a veces nevaba tanto que se cubrían las casas

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hasta el techo y no se podía ni entrar, ni salir. Solo Milo hacía que Tortu estuviera calentito. Milo era el gran dragón de la montaña, que al llegar el frío invernal daba calor con su enorme llamarada de fuego a los habitantes del pueblo. Les encendía las chimeneas, derretía el hielo de las calles y mantenía muy cálidas las camas de todos los niños en las frías noches. Pero ese año, el gran dragón Milo había pasado el verano solo en su cueva. Y se había sentido olvidado, tanto que una profunda tristeza se apoderó de él. Era incapaz de levantarse, de comer, de asearse, no tenía ganas de nada. Se pasaba el día suspirando. –¡Ay! Qué desgraciado soy, siempre solo, nadie me quiere, nadie me visita. Durante el verano todos han ido a la playa y nadie me ha llevado consigo –se lamentaba Milo. Y así un día tras otro pasó todo el otoño, hasta que llegó definitivamente el invierno. Las gentes del pueblo se preguntaban dónde estaría el gran dragón al que no veían desde hace mucho tiempo. Estaba haciendo mucho frío, y el no aparecía a encender las chimeneas, a derretir el hielo de las calles ni a mantener muy cálidas las camas de todos los niños. Algo que venía haciendo desde hace mucho, mucho tiempo, más del que nadie recordaba. Llevaba varios días nevando, y el frío era tan insoportable que las manos y los pies dolían. Así que al ver que el gran dragón no venía, fueron a buscarle a su cueva. –Milo ¿Qué haces ahí? ¿No ves que nos estamos helando? Ven ahora mismo a calentar nuestras casas - le ordenaron un grupo de vecinos del pueblo que fueron a visitarlo. Pero el gran dragón Milo no les contestó. Estaba tan triste que no se había dado cuenta del frío que hacía. Y ahora también estaba muy enfadado. Tanto tiempo sin verle y le ordenan que baje inmediatamente a calentar el pueblo. Así que Milo ante esa situación, escupió una llamarada enorme que alcanzó a la cabellera de quiénes le habían visitado. –¡El gran dragón se ha vuelto loco! ¡Nos quiere quemar a todos! –gritaban por el pueblo. Los habitantes de Tortu se asustaron tanto que decidieron no salir de sus casas por temor al gran dragón. Pero el frío era cada vez más y más fuerte, los niños comenzaron a enfermar, y no había manera de encender una hoguera porque toda la madera del pueblo estaba helada. Paola tenía solo siete años y no entendía porque Milo, un dragón tan bueno y cariñoso, quería quemar a los vecinos de Tortu. Cada día tenía más y más frío, y ni toda la ropa del mundo conseguía que dejara de tiritar. Así que decidió, sin decírselo a nadie, ir al ver a Milo, aunque tenía mucho miedo por lo que decían de él. Caminó y caminó por la fría colina dónde se encontraba la cueva del gran dragón. –Hola gran dragón –dijo con los labios morados por el frío. ¡Fuera, fuera, o quemaré tu cabellera con mi llamarada! –le gritaba Milo sin mirar a Paola. –No me importa, tengo tanto frío, que prefiero quedarme sin pelo a volver al helado pueblo –le dijo la pequeña. Milo se volvió para ver bien que le hablaba con ese atrevimiento y esa dulce voz. –¿Acaso no me tienes miedo como todos? Si crees que podrás obligarme a calentar al pueblo, pierdes el tiempo, no iré –le dijo tajante a la niña. –No quiero obligarte a nada gran dragón, solo quiero saber qué te ocurre. ¿Por qué no vienes como todos los inviernos a ayudarnos? –le preguntó. –Tú y todos los del pueblo solo se acuerdan de mí cuando tienen frío y además, no me respetan. –Cómo no respetarte, sin con tu fuerza y valor demuestras lo importante que eres.

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Gran dragón Milo, eres el único que puede salvar a los niños de enfermar, el único que puede mantener las calles sin hielo, y el único que calienta nuestros hogares. No nos hemos olvidado de ti. Pero todos damos por hecho que nunca nos faltarías. Ha sido un grave error, y por ello te pido perdón. –De todas formas, estoy muy apenado para trabajar. Vete a tu casa. Te calentaré el camino, pero no vuelvas más. Y así ocurrió. Paola llegó al pueblo y les contó a todos que el gran dragón Milo estaba muy afligido porque no le trataban bien y se habían olvidado de él tras el pasado invierno. Debían demostrarle lo mucho que lo necesitaban y apreciaban. El gran dragón debía ser uno más de ellos. Paola recordó que su papá, cuando se ponía triste, se colocaba un gorro rojo que se había traído de una ciudad situada cinco montañas más allá, dónde había conocido a su madre, y por tanto el amor y la familia que tanto anhelaba. Decía que le traía tan buenos recuerdos, que con él no podía estar triste. –Y si le hacemos un gran gorro rojo al gran dragón Milo –dijo la niña a todo el pueblo, explicando el porqué. Pensaron que era una buena idea. Lo mínimo que podían hacer por él. Se habían dado cuenta de que no lo respetaron y apreciaron como merecía. Todos los vecinos ayudaron en la elaboración del gran gorro rojo, y una vez terminado. Todos juntos fueron a la cueva para entregárselo. –Gran dragón, sé que me dijiste que no volviera. Pero como prueba de nuestro agradecimiento a tu dedicación, te hemos traído un regalo –le dijo Paola con su melodiosa voz. Milo se sorprendió al escuchar las palabras de la niña, y se emocionó al escuchar que le habían traído un regalo, pues no recordaba la última vez que había recibido uno. –¿Un regalo? ¿Qué regalo? –preguntó curioso. –Este gran sombrero rojo, te dará la alegría que necesitas y te demostrará, que el pueblo te quiere como uno más. A Milo le pareció muy hermoso el gran sombrero rojo, y no dudó en ponérselo un instante. No quería reconocerlo pero estaba muy contento de volver a ver a todas las gentes del pueblo, les echaba mucho de menos, porque ellos eran su verdadera y única familia. Desde ese momento, todos los inviernos el gran dragón se coloca su alegre sombrero y sigue encendiendo las chimeneas, derritiendo el hielo de las calles y manteniendo muy cálidas las camas de todos los niños en las frías noches, cómo siempre había hecho. Y desde ese momento Milo no volvió a estar solo nunca más, ni siquiera en verano.

EL CUENTO AZUL El reino sin fronteras Cuenta una leyenda que hace muchos, muchos años existía un reino en el que nunca se enfadaba nadie. Todos vivían en armonía, se cuidaban los unos a los otros y se divertían juntos. Pero el reino no fue siempre así. Antes, el enojo, el miedo y el disgusto eran diarios. Hasta que un día un nuevo Rey llegó al poder. Él como principal gobernante, ejercía la tarea de imponer el castigo a aquellos que contravenían las leyes. Y había muchas leyes y algunas muy injustas, porque nadie se había molestado en derogar sino en imponer más leyes desde hacía siglos y siglos en aquel pequeño reino. Por eso el joven Rey se pasaba gran parte del día enjuiciando a los habitantes de su reino, una tarea que no le gustaba y para la que no estaba preparado.

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–¡Qué fastidio estar todo el día imponiendo el orden! En este reino nadie obedece. Me paso el día castigando y castigando y no puedo hacer lo que más me gusta. Porque al Rey lo más que le gusta del mundo, era coger sus lápices, pinceles y pinturas y dibujar todo lo que se le ocurría. Pintaba árboles, lagos, barcos, todo, todo lo que le apetecía. Pero desde que era Rey no había tocado ni un solo color. Pensó que tenía que hacer algo y se le ocurrió, una gran idea. –Voy a dictar una sola ley que evitará que yo tenga que seguir castigando. Y la gran idea, no era una idea brillante, era más bien, una pésima idea. Se dedicó a prohibir todo lo que pudiera provocar enfados entre la gente. Prohibió a los niños jugar porque molestaban. Prohibió a los mayores salir a pasear porque estorbaban. Prohibió a todos reír porque hacían ruido. Prohibió y prohibió tanto hasta que no quedó nada que prohibir. En pocos días el silencio se había apoderado del reino, en la mañana, en las tardes y en las noches. Y mientras eso ocurría el joven Rey estaba feliz porque pintaba en palacio todo lo que quería. Un día cansado de pintar las mismas cosas, decidió salir a pasear para inspirarse en su reino y en las gentes, quería pintar a niños jugando y a doncellas bailando. Pero cuando salió de palacio no vio a nadie. Caminó y caminó por todas las calles buscando a cualquier persona, pero estaba solo, completamente solo. No se le ocurría ningún lugar tan desdichado y gris como su reino. Se sentó apenado en la fuente de la plaza dónde vio a un pequeño pajarito que se refrescaba. –¿Dónde están todos? – le preguntó con una profunda melancolía. –Joven Rey, has prohibido tanto que el miedo se ha apoderado de las gentes del reino y ya nadie sale de su casa por temor a que les castigues –le contestó el pajarito. –Solo quería paz y tranquilidad para poder pintar. Estaba cansado de pasar todo el día castigando a todo el mundo. Y así he conseguido pintar decenas de cuadros maravillosos… –¿Qué ocurriría si al joven Rey le prohibiesen pintar? –le interrumpió el pajarito. –A no, eso sí que no ¡Es lo más que me gusta del mundo! –Y a los niños lo que más les gusta es jugar, y les has prohibido que lo hagan. En ese mismo instante, el Rey se dio cuenta del gran error que había cometido. Había abocado a su reino al miedo más absoluto y se había convertido en el lugar más lúgubre de la tierra. –¿Qué puedo hacer para que esto cambie? –preguntó. –¡Haz y deja hacer! - dijo el pajarito mientras levantaba el vuelo. El Rey se pasó toda la noche pensando y pensando en las palabras de aquel pajarito. Y a la mañana siguiente decidió cambiar las cosas. Empezó haciendo lo más que le gustaba, que era dibujar y pintar. Cogió todos sus colores y pinceles, y salió a la calle. Comenzó a pintar una a una todas las paredes del reino. Dibujó y coloreó durante días y noches, ante la mirada atónita de todos los habitantes, que pensaban que se había vuelto loco. Pintaba barcos, montañas, niños, ángeles, todo aquello que le gustaba. El joven Rey solo dejó una pared en blanco, en ella no pintó nada. Animó a todos los habitantes a salir de sus casas. Y cuando todos estuvieron delante de él dijo: –A partir de hoy la única ley que regirá este reino será ésta. Cogió su color favorito, el azul, y escribió en letras enormes la frase: ¡HAZ Y DEJA HACER! Las palabras que le había dicho el pajarito. Desde ese día quedaron derogadas todas las leyes que prohibían. Y el reino se transformó en el lugar maravilloso dónde todos estaban tan felices que dejaron de existir los enojos y las peleas. Hubo tanta gente que quería vivir en un lugar tan tranquilo y agradable, que el reino se convirtió durante muchos, muchos años en un lugar inmenso

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que no tenía más frontera que el cielo y el mar.

EL CUENTO BLANCO La gaviota egoísta Lo más que les gusta a todas las gaviotas es dejar sus huellas en la arena de las playas más bonitas del mundo. Y Mica no podía ser menos. Cada vez que llegaba a un nuevo lugar firmaba con sus patas en la arena recién mojada. Mica era sin duda la mejor pescadora de la bandada, y por ello se había ganado la admiración del resto de las gaviotas. No todas tenían su maestría y solían pedirle ayuda para poder alimentarse. Ella sabía lo buena que era pescando, y le gustaba que las demás gaviotas la adularan un día sí y otro también. Era tal su ego que si no le decían lo maravillosa que era a cada instante, no movía una pluma en ayudar. –¿Mica podrías pescar para nosotras con tu excelente habilidad para coger peces con tu precioso pico? –le preguntaban sus compañeras. Pero esta gaviota tan pretensiosa no se conformaba con los halagos, sino que comenzó a exigir favores a cambio de su ayuda. –Depende, de lo que puedas hacer por mí – contestaba Mica a cada petición que le hacían. –¿En qué pueden ayudar estas humildes gaviotas a una diosa de alas tan bellas como las tuyas? –Quiero ser siempre la primera en llegar a cada playa, que nadie pise la arena antes que yo. –Pero Mica tu revoloteas por el camino, y hay gaviotas mayores que necesitan descansar… –Pues si no se hace lo que digo, no pescaré para nadie – sentenció Mica. Los días pasaban y Mica era más y más arisca. Las demás compañeras se estaban hartando de su comportamiento. Preferían pasar hambre que pedirle ayuda a ella y además sus peticiones eran cada vez más insostenibles. Ya nadie soportaba a una gaviota tan gruñona y egoísta como ella, y Mica poco a poco se fue desplazando de la bandada, y se pasaba muchas, muchas horas cada día sola. Su amiga Ava era la única que todavía le daba compañía de vez en cuando y la única que la intentaba convencer de ser la Mica agradable y amable de hace mucho tiempo. –Mica te encanta pescar ¿por qué no lo haces sin exigir nada a cambio? –le preguntaba Ava. –Tienes razón, me encanta pescar. Así que pescaré y pescaré, pero solo para mí. No había manera de que cambiara de opinión. Y ese día Mica se pasó todo el tiempo pescando y comiendo para no dejarle nada al resto de las gaviotas por ser tan desagradecidas con ella. Comió y comió tanto que empezó a sentirse empachada y a tener a tener mucho sueño. Para dormir a pata suelta voló hacia una de las nubes más altas, que era cálida y fresca a la vez, esponjosa y muy blanca. Desde tan alto apenas se distinguía a sus compañeras, pero eso poco le importó. Hacía tiempo que solo se relaciona con Ava, pero ya no eran tan amigas como antes. En aquella nube todo era tranquilidad y silencio y no le costó nada quedarse dormida. La bandada de Mica iba a salir esa misma tarde hacia otras orillas más ricas. Pero ninguna reparó en qué ella se había ido a descansar. Llevaban tanto tiempo sin contar con Mica, que se despistaron en el recuento. Y emprendieron el vuelo sin ella.

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Mica había dormido mucho rato y había tenido una pesadilla horrible. Había soñado que se quedaba sola porque nadie la aguantaba, porque había sido tremendamente egoísta y antipática. –Qué tontería pescar y comer tanto sin compartir. He tratado mal a las demás y sin ellas ni siquiera pescar es divertido. Ya sé lo que tengo que hacer. Estaba decidida a disculparse con el resto de la bandada y a prestar ayuda a quién lo necesitase sin exigir nada a cambio. Pero cuando regresó se asustó muchísimo porque no vio a ninguna de sus compañeras en la playa ¡Se habían olvidado de ella! –¡Qué tonta y egoísta he sido! Ahora estaré siempre sola –pensaba mientras lloraba desconsoladamente, lamentando su actitud. Mica lloraba tanto que no se dio cuenta de que se acercaba una enorme bandada con cientos de pájaros dónde había pardelas, pelícanos, águilas pescadoras y muchas, muchas gaviotas. Hasta que de repente oye… –¡Mica, Mica! ¿Eres tú? ¿Estás bien? Eran todas sus compañeras que se habían dado cuenta de su ausencia y por eso avisaron a todas las colonias de aves que conocían para que les ayudaran en su búsqueda. Mica comprendió que sus compañeras habían sido más nobles ese día, que ella en toda su vida. Desde ese momento la gaviota egoísta dejó de serlo, y se convirtió en una más, la más dispuesta a ayudar siempre que alguien le necesitara.

EL CUENTO AMARILLO El pez que quería ser delfín Mientras en la superficie los niños juegan y aprenden en la escuela, debajo de las aguas de todos los mares y océanos del mundo, quiénes juegan y aprenden son los peces. Los peces, al igual que los niños deben aprender cosas muy importantes. Deben conocer a sus depredadores y cómo escabullirse de ellos, qué pueden comer y que no. Deben conocer los cebos que el pescador pone en su caña para atraparlos... Deben aprender un sinfín de cosas, si quieren nadar durante mucho tiempo bajo el inmenso y bello mar. A Néstor, un pequeño pez mariposa amarillo como el sol, le costaba mucho aprender. Y siempre andaba preocupado. No quería que le pasara lo mismo que a su tío, quién no quiso ir a la escuela porque no le gustaba leer ni estudiar. –Néstor si no quieres acabar en un estanque para peces de colores como tu tío, vete a la escuela y aprende –le decía su mamá. Al tío de Néstor lo había cazado un humano para un estanque de peces, y desde entonces no había vuelto. Por eso Néstor atendía mucho en clase, pero se daba cuenta que al poco rato se olvidaba. Pensaba que era tonto. Y un día le preguntó a su profesor Don Carpo, lo siguiente: –¿Cuál es el animal más inteligente del océano? –Sin lugar a dudas el delfín –le contestó al instante. –¿Dónde puedo encontrar a uno? –pregunta ansioso. –Bueno, ahora podrían estar al final del coral de los siete vientos, en esta época del año suelen quedarse allí... Néstor no esperó a que el profesor terminara de hablar y salió nadando a toda prisa hacia el coral de los siete vientos. Tengo que encontrar a un delfín y preguntarle que hace para ser tan inteligente, porque yo quiero ser como un delfín –iba pensando. Pero Néstor no se había dado cuenta que el camino hacia el coral de los siete vientos era muy peligroso para un pez mariposa como él. Podían comérselo peces más grandes, o podía perderse. Néstor se estaba asustando tanto que solo pensó en volver a casa,

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quería estar con su mamá y en su cuarto, dónde se sentía a salvo. Y de repente recordó, que precisamente en su cuarto había colocado unos dibujos de los peces que podían atacarle. Lo hizo para no olvidarse y estaba dando resultado. También recordó otras cosas importantes que había aprendido y que trató de enseñar a su madre. Y mientras nadaba recordaba las conversaciones que tenía con ella. –Mamá, sabes que el puntito negro que tenemos en la cola se llama «ocelo». –Qué nombre tan raro hijo, y ¿para qué sirve? –recuerda que le preguntó su mamá. –La palabra “ocelo” significa falso ojo mamá. Con él engañamos a otros peces, y les hacemos creer que tenemos un ojo que les acecha. Así que si alguna vez te sientes en peligro, solo debes mover mucho la cola. Pensarán que los has visto y no te cogerán –le explicaba a su madre. Así que Néstor no paró de mover la cola ni un instante, para que así nadie le atacara en su viaje. Y mientras también iba pensando en aquella vez que había dibujado un delfín para acordarse de él. –El delfín es de color gris, tiene una nariz alargada y tres aletas, una sobre el torso y dos a los lados, además de la cola –repetía una y otra vez. El pequeño pez mariposa estaba tan concentrado y había nadado tan rápido que, sin darse cuenta, se encontró de frente con una familia de delfines. Tenía razón el profesor Don Carpo, ahí estaban los animales más inteligentes del océano, en el coral de los siete vientos. Los había reconocido gracias a su dibujo. Sin disimular su sorpresa, Néstor se acercó a Kira. –Hola señora delfín, soy un pez mariposa –le dijo. –Ya se ve que eres un pez mariposa pequeño, pero ¿cómo te llamas? –le preguntó sonriendo. –Néstor –le dijo algo avergonzado. –Néstor yo soy Kira. Has hecho un largo viaje hasta aquí ¿Qué has venido a buscar? –le preguntó la señora delfín. –A ti, perdón, quiero decir a un delfín. Quería saber cómo consiguen ser los animales más inteligentes del océano. Yo soy muy tonto, y me gustaría ser delfín para ser muy listo –le contestó algo apenado. –Ya veo. Héctor ¿Cómo has llegado hasta aquí? Sé que hay muchos peces peligrosos que podían haberte atacado –le pregunta Kira. - Bueno en casa, después de que me lo enseñaran en la escuela, apunté y repasé los nombres y cómo eran todos los peces que podían atacarme. Y mientras nadaba me fui acordando. También recordé que tenía que mover mucho la cola para asustarlos con mi falso ojo –contestó muy convencido. –Muy bien Héctor. Por lo que veo también sabes cómo somos los delfines. –Claro que sí. Dibujé un delfín después de clase para repasar –le dijo. –Entonces, por qué dices que no eres listo e inteligente –le pregunta Kira. –Porque a veces me olvido de las cosas que aprendo –le dice algo avergonzado. –Pequeño Néstor, estudiar y repasar cómo tú lo has hecho es una de las cosas más inteligentes que se pueden hacer si se quiere aprender. No siempre es fácil comprender lo que dicen los maestros, pero preguntando y trabajando, todo se consigue. Sin esfuerzo, incluso el ser más listo se puede volver tonto de remate. Eres muy inteligente Néstor, que nadie te diga nunca lo contrario. Y ese viaje le hizo comprender al pequeño pez mariposa, que con tesón, ánimo y muchas de aprender, se puede ser el ser más inteligente de la tierra.

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RESEÑA

PERIODISMO DE SERVICIO, LITERATURA DE VOCACIÓN DANIEL PINELO El 22 de octubre asistía en la Casa de Canarias en Madrid, muy cerquita del Congreso de los Diputados, a la presentación de una obra literaria gestada por un periodista. Se trata de un fenómeno ya habitual entre los transmisores de información, aunque todavía hoy sigue suscitando recelos desde algunos sectores. ¿Un periodista literato? ¿Un literato periodista? La duda se la pregunté directamente a él. El autor de El niño de las siete (las seis en Canarias), de Diego Pun Ediciones, lo tiene muy claro: “yo soy periodista; cuando escribo literatura, hago literatura”. Y a Juan Cruz se le escapa una sonrisa mientras lo dice. No es, ni de lejos, su primera obra de ficción, pero este isleño con despacho en la capital del reino no duda a la hora de declararse, por encima de todo, periodista. A ese periodista creador de literatura le abordo con uno de los planteamientos con los que, seguramente, más tienen que lidiar quienes se dedican a ambos oficios. ¿Puede el lector llegar a sentirse confuso ante la conjunción de textos periodísticos y literarios? ¿Podría sentirse incapaz de determinar en qué momento se pasa de periodismo a literatura o viceversa? “El periodismo tiene que estar bien escrito, y la escritura es fundamental para explicar bien las cosas”, señala Cruz. Si estuviera mal escrito, opina, sería mal periodismo. Y es en este punto donde se muestra más contundente: “el periodismo tiene que obligarse a sí mismo a estar escrito, incluso, que la literatura”. Un deseo que cada vez se proclama más alto a los cuatro vientos en un contexto de crisis periodística desconcertante. ¿Qué pasa cuando un periodista, obligado deontológicamente a contar hechos veraces, escribe literatura? A priori, parecería lógico pensar que esa situación corre el riesgo de suponer un antes y un después en la relación entre autor y lector. Si este último, acostumbrado a leer diariamente a un periodista en la prensa contando historias reales, comprueba cómo ese periodista escribe un relato ficticio, quizás ponga su credibilidad en entredicho. Sin embargo, el adjunto a la dirección de El País advierte que la escritura nunca debe desmejorar la información. Así, Juan Cruz —periodista que hace literatura—, relata en El niño de las siete (las seis en Canarias) la historia de su nieto,

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nacido en Madrid, que se despierta por primera vez en Tenerife a las seis de la mañana y comienza a descubrir todo un mundo alrededor de él. Y me vuelve la misma idea: “la escritura nunca debe desmejorar la información”. Cruz consigue así que un lector de El País y de El niño de las siete… no pueda poner en duda su credibilidad periodística. Pero no se queda ahí, porque este canario nacido en el Puerto de la Cruz cree firmemente que la prensa debe apostar por introducir dosis de literatura en sus contenidos. “Es lo que pasa en América”, apostilla. Y me dice que sí, que eso ayudaría a paliar la crisis por la que atraviesa un periodismo en la UVI. “Pero ya saldrá”. La receta es, por tanto, mejor periodismo; un periodismo que —en este caso, sí— difiere de la literatura en que esta se hace por vocación y, aquel, por servicio a la ciudadanía. De esta manera, la visión de Juan Cruz choca con la de aquellos que propugnan la idea de una profesionalización de la literatura. Periodismo y literatura, una vez más, tan próximos y tan rebeldes.

El niño de las siete (las seis en Canarias), el cuento de las palabras de Óliver “No es un libro sobre mí, sino sobre una persona que me prolonga. Probablemente, cuando él ya tenga uso de razón y pueda imaginar por qué lo escribí, yo ya no esté, y eso es muy emocionante”. Ese niño sobre el que habla Juan Cruz y que sirve de inspiración para su nueva obra literaria —la “más emociónate” que haya publicado hasta ahora—es el pequeño Óliver, su nieto peninsular que viaja a la tierra de su abuelo y vive toda una aventura de sensaciones por medio de sus medias palabras. Para Cruz, el momento en que se decidió a escribir sobre Óliver fue la mañana en la que este despertó en Tenerife. La aportación de las ilustraciones de José Luis Fajardo da al libro un aire “atlántico”. El periodista, que se reconoce enamorado de las casualidades, destaca el encaje de las pinturas del artista lagunero porque, dice, parecen que están realizadas expresamente para esta obra literaria. Quizás llegue el día en que el niño de las siete (las seis en Canarias) quiera devolverle a su abuelo esa herencia atlántica en forma de narración.

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Dirección: Ernesto J. Rodríguez Abad Benigno León Felipe Secretaría de redacción: Andrés González Novoa Daniel Pinelo Casas Coordinación editorial: Cayetano Cordovés Dorta Consejo de redacción: Rosalía Arteaga Serrano (Ecuador) Benita Prieto (Brasil) Celso Sisto (Brasil) Pépito Mateo (Francia) Marc Laberge (Canadá) Liliana Cinetto (Argentina) Luis San Vicente (México) Juan Madrigal (Costa Rica) Elvira Novell Iglesias (Barcelona, España) Pep Bruno (Guadalajara, España) Carles García Domingo (La Rioja, España) Omaira Afonso Hernández (Tenerife, España) Luis Alzola Fariña (Tenerife, España) Juan Jesús Pérez García (Tenerife, España) Ilustración cubierta: Fabio González (diseño), Ascensión Méndez (bordado) Editor: Asociación Cultural para el Desarrollo y Fomento de la Lectura y el Cuento - Los Silos ISSN: 1578-181X

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Mnemósyne digital nº 18 2015