El silencio no es vacío. Es materia densa, viva, muchas veces incómoda. Es espacio donde se esconden los duelos no nombrados, las memorias veladas, los gestos que nadie miró. El silencio guarda lo que no se pudo decir, lo que fue silenciado, lo que eligió quedarse quieto para sobrevivir.
En este número, el silencio no es ausencia: es presencia insistente. Es resistencia, es memoria, es grito contenido. Porque a veces, callar no es callarse — es otra forma de hablar.
Esta es una invitación a escuchar con otros sentidos. A acercarnos al arte como quien se asoma al susurro de lo que no tuvo voz, pero sí historia.