Boletin Salesiano Uruguay Agosto

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URUGUAY / Cuarta época / Año XLII / Nº 6 / Agosto 2020 / www.issuu.com/bsuru

ANDRÉS CARDARELLO

“La pandemia nos cambió un poco el corazón” ALEXANDRA CABRERA

Rectora Académica del Colegio salesiano de Paysandú Cómo transitar un tiempo desconocido sin renunciar a la identidad

SOMOS MUCHOS


o i r a m u s

PÁG 4. ¡SÍ, HAY ALGO NUEVO BAJO EL SOL!

Alexandra Cabrera Cómo transitar un tiempo desconocido sin renunciar a la identidad

PÁG 7. SINTONIZANDO CON DON BOSCO

PÁG 3.

Don Ángel Fernández Artime “Jóvenes profetas intrépidos”

CARTA DEL DIRECTOR Entrelazar las vidas para co­crear

PÁG 8. FELICES LOS QUE CONSTRUYEN LA PAZ

Carlos Arturo Cassi Solari y Beatriz Rocha de Cauduro.

PÁG 10. PÁG 11. ME GUSTA, COMENTO, COMPARTO

P. Francisco Lezama sdb “¿Salvar la propia vida? ¿O encontrarla?”

FAMILIA EN OBRA

Dr. Daniel Trías “Pequeños pasos hacia el bienestar”

PÁG 24. SINTONIZANDO CON DON BOSCO

Madre Yvonne Reungoat fma “Reaviva el don de Dios que está en ti”

PÁG 16. CON NOMBRE Y APELLIDO

PÁG 12. VALE LA PENA VIVIR ASÍ

Andrés Cardarello “La pandemia nos cambió un poco el corazón”

Lic. Ana María Díaz VIDA vocacionada: entre nuevas miradas y nuevas narraciones

PÁG 20. AQUÍ Y AHORA

Piscológos Hugo Selma y Vicente Chirullo La salud mental de los uruguayos en pandemia

PÁG 25. SABOR A BUENAS NOCHES

P. Adrián García sdb “Apadrinándonos en el ruedo de la vida"

PÁG 26.

PÁG 28.

DEL ÁRBOL SALESIANO

UNA MANO AMIGA

PÁG 31. GALERÍA DE INSTAGRAM

Magdalena Chemello HMA ¿Para qué la vida si no es para darla?

Un homenaje a “la abuela” del Oratorio Club de la Alegría

Boletín Salesiano Revista de información sobre la Familia Salesiana y de cultura religiosa Director: P. Sergio Álvarez sdb Redactora Jefe: Adriana Porteiro

Diseño: gustavo@tanganika.com.uy Impresión: Mosca

Columnistas: P. Francisco Lezama sdb, P. José Adrián García sdb y Dr. Daniel Trías. Equipo de redacción y responsables de secciones: P. Daniel Bernardoni sdb, Hna. María Baffundo hma, Lic. Natalia Roba, Lic. Marcelo Hernández, Lic. Joaquín Castro, Juan José Malvárez, Nicolás Vilche, y Ramiro Pisabarro.

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P. Sergio Álvarez sdb

CARTADELDIRECTOR

ENTRELAZAR LAS VIDAS PARA CO-CREAR

Co­crear es estar presentes en la vida, junto a los demás, con los demás, de tal manera que podamos transformar la realidad. Dios en lo más humano que somos "crea", y así como María fue partícipe desde su "sí", Dios con nosotros co­crea en las cosas de todos los días.

Tenemos que ponernos a cocrear y recrear con los demás esta realidad en la que vivimos. En esta imagen hay textura entrelazada, es sobre un terreno diverso donde hay luces y sombras, y frutos. Puede ser representación de la mirada contemplativa que descubre el entretejido de las vidas compartidas puestas a disposición para la construcción de una nueva realidad. Alegres e involucrados en la experiencia de una vida que se nos da en abundancia, y reconociendo lo que la entristece, con la mirada atenta y confiada en Dios, estamos dispuestos a vivir la transformación que realiza la presencia de su Amor en nosotros y desde nosotros. Cuando leo este Boletín Salesiano... me quedo mirando, contemplando, lo que Dios va viviendo en el otro, y la vivencia que el otro tiene en Dios. ¡Léelo, te vas a encontrar! En nombre del equipo de edición, un cálido saludo…

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¡SÍ,HAYALGONUEVO BAJOELSOL!

Entrevista

Alexandra Cabrera Rectora Académica del Colegio Nuestra Señora del Rosario (Paysandú)

Cómo transitar un tiempo desconocido sin renunciar a la identidad

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“Aunque no hubiera ninguna certeza, teníamos que estar”. Esta fue tan solo la primera intuición, de muchas, plasmadas en la hoja de ruta diseñada por el equipo directivo del Colegio Nuestra Señora del Rosario de Paysandú para atravesar las barreras impuestas por el distanciamiento y la “nueva norma­ lidad”, utilizando nuevos recursos y estrategias. Alexandra Cabrera, Rectora Académica, quien lleva más de 20 años en el colegio, asegura que este es un tiempo “de pregun­ tas abiertas, honestas, desprejuiciadas acerca de la tarea” que implica “educar, acompañar, gestionar, conducir, seguir, escu­ char siempre y aprender, estar dispuesta a incorporar lo ocu­ rrido en una clave nueva, hacerlo propicio para que lo venide­ ro sea mejor”.

¿Cómo han trabajado y qué procedimientos ejecutaron una vez que se decretó el aislamiento? Decretada la emergencia, suspendidas las clases, nos encontramos para ver cómo seguir y cómo llegar a cada hogar. No había tiempo que perder, ni dudas acerca de esto. Aunque no hubiera ninguna certeza, teníamos que estar. Así surgió la primera fase que llamamos “Acompa­ ñamiento pedagógico”, la segunda “Voy a tu encuentro”, la tercera “Juntos seguimos aprendiendo”, la cuarta “Retorno al colegio”, que la estamos transitando en una presencialidad organizada de acuerdo a los recaudos sanitarios. ¿Cuáles han sido los desafíos y cuáles son los que se presentan aho­ ra? Sintetizaría los desafíos de cada fase en la comunicación con todos los integrantes del colegio, los educadores, sin duda, y también las fami­ lias y los chiquilines. Y esta cuestión tan trillada y obvia en apariencia, cobró una significación muy particular. Había que convencer, animar, alentar la posibilidad de vivir un tiempo desconocido, de un modo distinto para sostener la identidad, el legado educativo pastoral de la casa salesiana al que no estábamos dispuestos a renunciar. Este es un punto bien importante, desde mi perspectiva, porque hace a la cues­ tión de no abandonar, de estar, de seguir ofreciendo una propuesta. Se comprenderá que trascendía ampliamente los soportes tecnológi­ cos que permitían conectar, queríamos comunicar y sobre todo, estar. Ahora, diría que este es un tiempo de preguntar, de observar, de buscar los indicios acerca de las acciones emprendidas. Esta actitud de mirar, de provocar las certezas, es imprescindible para seguir adelante. Tampoco, en este caso, proponemos esta mirada exclusivamente desde mediciones puntuales de saberes; es más lo que está en juego. Antes de medir lo aprendido hay que poder considerar lo enseñado y en esa búsqueda nada es obvio, ni como se hacía antes. Es una mirada reflexiva, honesta, que nos asuma como sujetos de un tiempo que a todos nos dejó sin asunto, por lo menos sin los asuntos habituales. ¿Qué pudiste aportar y cómo te has sentido tú en este período? Voy a empezar por lo segundo: me sentí concernida y dispuesta a sostener alguna de estas ideas que son y están más allá de la clausura, del cierre, del tiempo suspendido, porque educar supone estar dispo­ 5


¿Y a los alumnos y sus familias? Lo hicimos con serenidad, paciencia y comunicación. Esencialmente porque desde el comienzo estaban ahí, apostaban al colegio, contaban con nosotros así que nos debíamos más que nunca a ellos, entendiendo morosa­ mente que era riesgoso suponerlos, acercarnos con las certezas e información que teníamos antes de descol­ garse todo esto. De ahí la serenidad para responder a los planteos y preocupaciones y la paciencia para abor­ dar una y otra vez todas las situaciones, todos los recla­ mos. La comunicación la transitamos por todas las vías posibles porque había que llegar. Insisto en que dentro de todo lo que estaba “patas para arriba”, había perso­ nas encarnadas en alumnos y familias que estuvieron incondicionalmente. ¿Qué enseñanzas y qué secuelas te ha dejado a nivel personal este tiempo? He aprendido un montón, tengo marcas indelebles, más que secuelas. Porque estoy segura de algunas cosas, que este es tiempo de preguntas abiertas, honestas, desprejuiciadas acerca de la tarea, cualquiera sea den­ tro de la institución: educar, acompañar, gestionar, conducir, seguir, escuchar siempre y aprender, estar dispuesta a incorporar lo ocurrido en una clave nueva, hacerlo propicio para que lo venidero sea mejor. nible. Entonces viene lo otro que conduce a algo que anticipé, aporté esas inclaudicables convicciones y hay un grupo estupendo que las acuna o las incorpora. ¿Cómo procuraron sostener al cuerpo docente? Lo hicimos confiando en todos y cada uno de los educa­ dores, trasmitiendo la convicción de que éramos capa­ ces de llevar adelante la propuesta y que valía la pena. Les escribimos, les enviamos audios, les llamamos y un tiempo después los fuimos esperando con mucha ale­ gría y agradecimiento por haberse “prendido”. Acompa­ ñamos también con soporte tecnológico, máquinas, aulas virtuales y el entrenamiento paciente de otro equipazo que tiene el colegio que es el del área infor­ mática. Ellos con los asistentes, las secretarias de ambos sectores, los educadores que resolvían y ayudaban y luego fuimos todos: auxiliares, funcionarios, porteras, biblioteca, en verdad se mira hacia atrás y la satisfacción y la emoción son enormes. 6

¿Y a nivel educativo? A nivel educativo hemos relevado indicios sobre los saberes, sobre las estrategias y hemos tomado decisio­ nes curriculares, vinculadas a los contenidos, a la eva­ luación, a los acompañamientos posibles y los necesa­ rios. Hemos fortalecido los espacios pedagógicos virtua­ les y presenciales. Procuramos sostener y mejorar la virtualidad porque ha habido cosas interesantes que han ocurrido en esa dimensión y sobre todo porque tampoco hay certezas sobre la presencialidad y su dura­ bilidad. ¿Qué proyecciones tienen para el futuro? Fortalecer los vínculos que conciernen a las relaciones pedagógicas. Recuperar las buenas experiencias para compartirlas y desarrollarlas, asumir las no tan buenas para corregirlas. Identificar y alentar las nuevas estrate­ gias, acciones, intervenciones para incorporarlas a la propuesta del colegio.


JÓVENES PROFETAS INTRÉPIDOS Les saludo muy cordialmente, amigos y amigas lectores del Boletín Salesiano, tan amado por Don Bosco. Les quería compartir hoy un bellísimo testimonio de jóvenes, en palabra de una joven. Ella es venezolana. Fue el 9 de febrero del presente año cuando visité de nuevo Venezuela y allí tuve un hermoso Encuentro Nacional con jóvenes. Ese día la joven Eusibeth había escrito de su puño y letra algo que llevaba muy en el corazón, y lo hacía en nombre de los jóvenes genero­ sos, esperanzados y sufridos de aquella bella tierra. Y escribía esta carta: “Querido Don Ángel: desde lo más profundo de nuestros corazones damos gracias al Señor por su visita a nuestro país y, a su vez, por tomarse un tiempo para encontrarse con nosotros, sus queridos jóvenes. Mis palabras quieren expresar el sentir de cada uno de nosotros que vivimos esta propuesta de santidad y tenemos un corazón salesiano. Desde los mucha­ chos indígenas que corren por la selva del Amazonas, los hermanos andinos llenos de cercanía y amabilidad, los jóvenes de la región central que cons­ truyen con alegría la civilización del amor, los guaros, orientales, corianos, zulianos, todos nosotros que tenemos la dicha de ser venezolanos. A este momento se une cada joven que ha tenido que salir de nuestra tierra, convirtiendo suelos extranjeros en una casa, escuela, parroquia y patio.

Si existe algo que nos caracteriza como jóvenes, además de nuestras peculiares personalidades y diferentes maneras de pensar, es que nos une una misión: la salvación de muchas almas, sin olvidar­ nos primero de la nuestra como lo decía nuestro amado papá Don Bosco. Para nadie es un secreto lo que nos toca vivir cada día: una realidad en donde somos atropellados por las corrientes del mundo que quieren impedir que soñemos infinito y aposte­ mos por grandes ideales. La espirituali­ dad juvenil salesiana nos ha permitido caminar esperanzados, renovando nuestra fe, aun cuando a veces todo nos parece incierto e imposible. Los jóvenes venezolanos somos sin duda profetas valientes, que a pesar del miedo a ser juzgados o agredidos, no permitimos que apaguen nuestra voz. Somos jóvenes que al levantarnos cada mañana, sin tener qué comer, para ir al colegio o a la universidad, seguimos con tenacidad y esfuerzo la tarea para tener una formación integral, estudian­ do entre muchos kilómetros de por medio, comprometidos con la educa­ ción, siendo este nuestro mejor instru­ mento para todo. Que aun en nuestra fragilidad, experimentando que el mundo en cierto modo se viene abajo y queremos tirar la toalla, la mirada amorosa de Dios y la protección mater­ nal de María nos invitan a seguir colo­ cando nuestra vida al servicio de los demás, especialmente de los mucha­ chos y muchachas más pobres y des­ protegidos.

Ser jóvenes salesianos nos ayuda a dar respuesta como fieles discípulos ante todo lo que estamos viviendo. Somos 'chamos' reales, auténticos, arriesgados, santos del hoy: con jeans, zapatos y camisetas, como dice el Papa Francisco. Don Ángel y todos los miembros de nuestra familia salesiana: su presencia nos anima a marcar la diferencia, a seguir luchando por una Venezuela justa y santa, apostándolo todo por el bien de la juventud. No dejen de acom­ pañarnos ni de creer en nosotros. ¡Gracias por tanto!”. Hasta aquí este testimonio juvenil. Escuchar en aquel momento a Eusibeth ante 800 jóvenes, en una cálida tarde Caraqueña, me hizo pensar en cómo y cuánto Don Bosco creía en sus mucha­ chos, en sus capacidades, en su poten­ cial, en la bondad que hay en cada corazón de un joven. Y lo que sucedía con Don Bosco hace 160 años sigue sucediendo hoy en todas las partes del mundo. No es cierto que los jóvenes de hoy no tengan un corazón hermoso. Sigan bien y que el buen Dios les llene de su paz, amigos y amigas.

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Tiene 73 años. Vive en Montevideo con Ángel, su esposo desde hace 49 años, exalumno salesiano.

¿Qué te hace feliz? Reunirme con toda mi familia los domingos. ¿Qué música escuchás? Me encanta el tango, pero me gusta toda la música y me encanta bailar. ¿Qué es lo primero que pensás cuando te levantás? Pienso en darle gracias a Dios por un día más de vida, lo mismo que al acostarme, darle gracias por todo lo que me dio y rezar. ¿Qué cosas te cuesta perdonar? La injusticia, el abuso del poder y el egoísmo. ¿Cuál es tu mayor miedo? Es el sufrimiento de mis seres queridos. Si tuvieras que elegir un acontecimiento que te marcó, ¿cuál sería? Cuando conocimos el Cole de Don Bosco. ¿A quién admirás? A las personas que ayudan a la gente en situación de calle. Felices los que... Nunca se apartaron de Dios. 8

En este momento me gustaría estar en... Italia, con todos mis hijos, nietos, nueras, yer­ nos, que conocieran las raíces donde nació su abuelo y ver la casa de sus bisabuelos. ¿Qué fue lo que más extrañaste en este tiem­ po de COVID­19? Reunirme en el Colegio Domingo Savio con el grupo Saber Vivir del adulto mayor. ¿Qué aprendizaje te está dejando la pande­ mia? Que se puede vivir con menos cosas y estar más en familia. ¿Cómo se “abraza” en estos tiempos donde no es posible hacerlo? No solo con el codo, sino con el corazón. ¿Qué alegría destacarías de lo vivido este año? El nacimiento de mi sexto nieto, Santino.


Tiene 71 años. Vive en Villa del Cerro con su esposa Gloria Pereira.

¿Qué te hace feliz? La familia que con Gloria hemos formado hace 48 años. Nuestros dos hijos, Nacho y Ceci, más los dos de adopción, la nuera, Ma. Rita y el yerno, Gustavo. Los 5 nietos, Juanchi, Santi, Juaco, Felipe y Cami, son el mejor regalo que el Señor nos dio. También la vocación del Diaconado, servir es motivo de felicidad. ¿Qué música escuchás? Un poco variada, sobre todo folklore, popular, tango y algo en italia­ no. ¿Qué es lo primero que pensás cuando te levantás? Dar gracias a Dios. ¿Qué cosas te cuesta perdonar? Por lo general no me cuesta perdonar. La injusticia me rebela. ¿Cuál es tu mayor miedo? El mayor miedo o temor es quedar en situación de enfermedad y ser una carga pesada para alguien. Si tuvieras que elegir un acontecimiento que te marcó, ¿cuál sería? Hace unos 35 años una experiencia de Encuentro Matrimonial marcó nuestras vidas, fortaleció el matrimonio y volvimos a la Igle­ sia, que habíamos semiabandonado. Reafirmamos la fuerza de las pequeñas comunidades y hasta el día de hoy participamos de una comunidad de matrimonios. ¿A quién admirás? A Jorge Techera, un sacerdote de 81 años que tiene el don de escu­ char, acompañar, aconsejar sin decir "esto es así”. Hace años nos conocemos y lo disfrutamos en una comunidad donde comparte como uno más.

En este momento me gustaría estar en... Si no fuera por el virus, me gustaría ir a España (sueño de mi esposa) y junto con ella conocer ese país y visitar a unos amigos. ¿Qué fue lo que más extrañaste en este tiempo de COVID­19? Extrañé no poder reunirnos los domingos con hijos y nietos. No poder celebrar y comulgar con la comunidad. ¿Qué aprendizaje te está dejando la pandemia? El dejarme cuidar por la hija, que nos surtía de lo que necesitáramos. ¿Cómo se “abraza” en estos tiempos donde no es posible hacerlo? Creo que la tecnología nos ayuda a ese abrazo virtual. Es un saludo con mucho cariño y deseo que pronto pueda hacerse efectivo. ¿Qué alegría destacarías de lo vivido este año? El encuentro con los hijos y nietos después de esos meses sin vernos. Solo a través de video llamada.

Felices los que... Son solidarios y están atentos al que necesita una mano.

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FAMILIAENOBRA

La pandemia nos ha obligado a convi­ vir con la incertidumbre y probable­ mente lo seguirá haciendo. Ni qué decir que los cambios afectan profun­ damente distintas dimensiones de nuestra vida: lo educativo, el trabajo, la familia y los afectos, el tiempo libre, la actividad física. Quizá en algunos momentos podremos sentirnos abru­ mados y casi paralizados, pues nos desbordan las exigencias y no vemos clara la salida. Encontrar pequeños pasos que podemos dar y dependen de nosotros mismos, es una de las claves para cuidarnos en este contexto de emergencia. Los estudios sobre motivación huma­ na destacan tres necesidades básicas que contribuyen positivamente al bienestar y que deberíamos atender especialmente en estos tiempos: el relacionamiento, la autonomía y la competencia (Ryan y Deci, 2000). Esto vale desde los niños más pequeños hasta los adultos mayores, y para distintos contextos como el educativo, deportivo, laboral y familiar. En tiempos donde tanto se habla de “lo que dice la ciencia”, no está de más que la ciencia nos recuerde lo impor­ tante que es para nuestro bienestar el

relacionamiento con los otros. El aislamiento y las condiciones impuestas en la pandemia pueden atentar contra esa necesidad. Debe­ mos estar alerta y buscar formas creativas para mantener las relacio­ nes de apoyo mutuo, manteniendo y fortaleciendo grupos, equipos, fami­ lias y comunidades. Para ello necesi­ tamos recuperar el tiempo y el espa­ cio para cultivar nuestros vínculos. Otra necesidad a atender es la auto­ nomía que se alimenta de la sensa­ ción de control y de la posibilidad de elegir. Vernos a nosotros mismos sin alternativa o con infinitas posibilida­ des de elección reduce nuestra autonomía. Ambos escenarios son frecuentes en la pandemia. Tomar conciencia de nuestros propósitos y objetivos puede ser una forma de crecer en autonomía. También es relevante cuidar nuestros espacios personales y colectivos de participa­ ción y decisión. Sentir que somos capaces de enfren­ tar los obstáculos que se nos presen­ tan es otra de las necesidades que ayudan a nuestro bienestar. Cuando nos vemos desbordados experimen­

tamos ansiedad, y cuando algo es demasiado fácil no nos moviliza. Los buenos educadores dominan el arte de proponer el desafío óptimo. Tomar conciencia de nuestras fortalezas, de lo que sabemos y lo que podemos, puede ser una manera de seguir cre­ ciendo y asumiendo los desafíos que la emergencia nos impone. Seguramente en esta lectura, habrán pensado en estudiantes, hijos, familia­ res, compañeros de trabajo, o en ustedes mismos. Volver sobre las necesidades de relacionamiento, autonomía y competencia puede ayudarnos a comprender sobre los modos en que la pandemia nos está afectando, a la vez reconocer algunos caminos a recorrer buscando nuestro bienestar. Ustedes dirán cuál es el paso que toca dar ahora.

Dr. Daniel Trías Psicólogo Educativo. Docente en UCU.

Referencias: Ryan, R. M., & Deci, E. L. (2000). Self­determination theory and the facilitation of intrinsic motivation, social development, and well­being. The American Psychologist, 55(1), 68­78. Retrieved from http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11392867 10


MEGUSTACOMENTOCOMPARTO

¿Salvar la propia vida? ¿O encontrarla? Esta página se refiere a la lectura del Evangelio según san Mateo (16,21­27) proclamado en la Misa del 30 de agosto, Domingo XXII del Tiempo Ordinario. Recuerdo perfectamente la prime­ ra vez que escuché ese estribillo: fue en el momento de oración en la reunión de animadores del Ora­ torio Aires Puros, después de una calurosa y larga tarde de oratorio. El “Pali” Casariego agarró la guita­ rra y tocó una canción que parecía vieja, pero que esa tarde sonó como nueva, y puso palabras y notas a lo que muchos de los que estábamos allí vivíamos desde nuestro corazón oratoriano. Canta­ ba el estribillo: “Si amo mi vida la perderé, si doy mi vida la ganaré…” Es una propuesta arriesgada la de Jesús. En empos en que se insiste tanto en el cuidado de sí mismo,

Es sin dudas, y en primer lugar, un llamado de atención contra todo po de ac tud aprehensiva, de excesiva atención a nosotros mis­ mos, que suele ser una manifesta­ ción de egoísmo y autorreferencia­ lidad. Estas ac tudes, lejos de ser de cuidado hacia la vida, terminan siendo autodestruc vas, porque nos encierran y van contra nuestra propia condición humana, que es comunitaria: nuestra vocación de “ser con los otros”. El que se obse­ siona con su propia “salvación”, por su propio des no, termina transformando su vida en un sin­ sen do de desesperación y deses­ peranza.

individualista, la construc­ ción de murallas de protec­ ción en torno a la propia vida P. Francisco Lezama sdb para no correr peligro. La dinámica de la enfer­ medad, que fuimos conociendo de a poco, nos exigió un cuidado mutuo. No se trata solamente de evitar el propio contagio, sino de contribuir a que como sociedad podamos enfrentar la situación, sin saturar al sistema de salud, cuidan­ do especialmente a la población de riesgo, y atendiendo a otros factores (aparte del sanitario) que hacen también al bien común. Es interesante que cuando Jesús plantea, en la segunda parte de la frase, la alterna va a “querer salvar la vida”, no la plantea como “querer perder la vida”, sino como “perder la vida por mí”. Su invita­ ción no es a desear arruinarse, o a estar peor: se trata de encontrar un sen do por el cual entregarse. Y el fruto no es “salvar” la vida, sino “encontrarla”. Como el grano de trigo, quien ofrece su vida la encuentra: aquí está el secreto de la Pascua de Jesús.

puede sonar contradictoria una de las afirmaciones más duras de Jesús, que escuchamos en el evan­ gelio y en la que se basa el mencio­ nado estribillo: “El que quiera salvar su vida, la perderá”.

Por otra parte, esta pandemia por la que transitamos nos ha puesto ante una nueva perspec va del cuidado, que está también relacio­ nada con el planteo evangélico. Ya no corre el “sálvese quien pueda” 11


VALELAPENAVIVIRASÍ

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ANDRร S CARDARELLO

La pandemia nos cambiรณ un poco el corazรณn

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“En estos tiempos se nos exhorta a cumplir con el distanciamiento social”, pero “pensemos en las personas que viven distanciadas, pero de los corazones de los otros, no por un mandato de las auto­ ridades, sino por el mandato social del prejuicio”, plantea Andrés Cardarello, exalumno de 19 años del Colegio Pío IX, que integra el grupo de “La olla”. “La situación de la pandemia nos movió a todos un poco el piso. Nos hizo caer en la cuenta de nues­ tras fragilidades y nos llevó a aferrarnos a las cosas que no perecen, así como a ver los regalos que nos da Dios”, asegura el joven al ser entrevistado por el Boletín Salesiano. ¿Cómo te vinculaste con la familia salesiana, qué recorrido has hecho dentro de ella, animación, volunta­ riado, etc.? Mi familia está vinculada a los sale­ sianos desde que mamá trabaja como psicóloga en el Pío. Como además nos queda a una cuadra de casa, mis hermanas y yo estudiamos ahí toda nuestra vida. En primaria y secundaria participé de los Grupos Asociativos y como exalumno partici­ pé de la Comunidad Apostólica Sale­ siana (CAS). En el Juan XXIII hice Confirmación y participé de la Juven­ tud Misionera Salesiana, que me abrió las puertas al Oratorio Miguel Magone. Actualmente estoy animan­ do los grupos asociativos en el Pío y participando de “La olla” de Villa Colón. También me reúno con mi comunidad de confirmación en el Centro Monseñor Lasagna (CML), para compartir nuestras vidas. Brevemente, ¿cómo surgió la idea de hacer “La olla”? “La olla” surgió en 2016, a partir de un grupo de exalumnos universitarios que fueron discerniendo su apostola­ do, y continúa hasta el día de hoy. ¿Quiénes la integran y cómo funciona? Del grupo de “La olla” formamos parte 15 personas. La gran mayoría somos exalumnos del Pío, aunque también nos acompañan integrantes de la comunidad de salesianos de Villa Colón y de la Parroquia. Salimos los viernes por los barrios de Villa Colón y Colón y nos encontramos con 14

entre 40 y 50 personas. Los que organizan el grupo son el P. Pancho Lezama y el joven Juanchi Ferreira. Nos juntamos a las 18:30 en el patio del Pío y empezamos a cocinar todos juntos con las donaciones o compras del día. Generalmente los alimentos con los que cocinamos son donacio­ nes de comercios de la zona y fami­ lias del barrio. Mientras unos prepa­ ran el guiso, otros ordenan las dona­ ciones de ropa. Cuando está el guiso pronto rezamos para después salir en camioneta a repartir por el barrio. Como salimos a la hora del trabajo de muchas personas a las cuales les entregamos la comida nos arrima­ mos a esos lugares en vez de concen­ trarnos en un solo sitio. Este año empezamos a repartir también por algunas casas de familias que se nos acercaron.

¿Qué medidas sanitarias implemen­ tan? Nos encargamos de tener las manos siempre limpias y a la hora de cocinar estar al aire libre. Cuando salimos a repartir todos llevamos tapabocas, y el que reparte el guiso, guantes. En cuanto a las personas a las que les llevamos la comida, pocas usan pro­ tección, generalmente los que usan tapabocas son los cuidacoches. ¿Cuáles son las principales necesida­ des que estas personas logran expre­ sarles? Las peticiones explícitas son, general­ mente, un plato más de comida para algún compañero o para ellos mis­ mos. Cuando se están por venir los fríos también nos piden frazadas y ropa de abrigo. Más allá de estas necesidades materiales, que son sin


duda muy relevantes, creo que también hay pedidos no tan explícitos que son de igual importancia y tienen que ver con la marginación en la que viven. Muchas veces se nos acerca gente con muchas ganas de hablar y de contar sus historias; su historia. Este año caí en la cuenta de una petición que varias personas en diferentes encuentros nos mencionaron: el juego. La didáctica, la diversión, un truco, un fútbol, una conga, que en definitiva son sinónimos de encuentro fraterno con el otro, que muchos dejaron de tenerlos hace tiempo. ¿Qué te genera, y qué les genera a tus compañeros dar una mano en estos tiempos de pandemia que son especialmente difíciles? La situación de la pandemia nos movió a todos un poco el piso. Nos hizo caer en la cuenta de nuestras fragilidades y nos llevó a aferrarnos a las cosas que no perecen, así como a ver los regalos que nos da Dios. Es en la experiencia de reconocer las riquezas de mi vida que uno también se vuelve sensible a las injusticias que corren otros y viceversa. Antes de cambiar algo práctico, que sí lo hizo, la pandemia nos cambió un poco el corazón. En estos tiempos se nos

exhorta a cumplir con el distancia­ miento social para entrar a la facul­ tad, en la fila de los supermercados, etc. Pensemos en las personas que viven distanciadas, pero de los cora­ zones de los otros, no por un manda­ to de las autoridades, sino por el mandato social del prejuicio. Nos invitó a acercarnos. A romper con ese distanciamiento. A preguntarles el nombre a los que rara vez se los llama por este, a preguntarles cómo están. Nos invitó a mirarlos a los ojos, a mirarles el corazón. Nos invitó a que nos motive su alegría, pero a que también nos arda su sufrimiento.

PERFIL Andrés Cardarello, 19 años. Vive en Villa Colón con sus padres, Claudia y Carlos, y su hermana Belén de 24 años. Hasta hace unos meses vivían con ellos sus otras dos hermanas, Selene y Camila, de 26 y 28 años. Inicial, primaria y secundaria los hizo en el Colegio Pío IX. El bachillerato lo cursó en el Instituto Juan XXIII. En 2020 comenzó la carrera de Psicología en la UdelaR. 15


CONNOMBREYAPELLIDO

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“Epifanía esencial”, “repensar el relato de nuestra vida”, “desnarrar”, “dejar de mirarnos con sospecha”, “cómo contarnos” y “cómo enseñar a otros a contarse”, “dialogar nuestro encasillamiento en el tiempo”. Estas son tan solo algunas de las expresiones que Ana María Díaz, experta en educación y pastoral, entre otras especialidades, des­ grana en esta entrevista, en la que la invitamos a ahondar sobre la llamada vocacional y los desafíos que supone decodificarla. La terapeuta chilena sostiene que “la pregunta vocacional no es nunca ¿qué tengo que hacer? Sino ¿quién soy? Y la respuesta siempre implica una metanoia, una deconstruc­ ción de las claves con que ordenamos la respuesta que nos estamos dando”. Descubre en la pandemia muchos efectos positivos y confiesa que le gustaría que no se pierdan. No obstante, extraña esa “liturgia” compartida con compañeros de ruta y amigos del alma celebrando, igual que muchos otros, “lo mejor” de la vida en lo que sería su “bar de la esquina”. ¿Cómo te vinculaste y qué has cosechado de tu partici­ pación en el mundo salesiano? Mi padre y su hermano estudiaron siempre en un colegio salesiano, y cuando llegó el momento, le pareció natural que mis hermanas y yo ingresáramos a las Hijas de María Auxiliadora. Todos esos años dejaron huellas definitivas en mí, me ofrecieron experiencias que me han acompa­ ñado siempre, como el amor al trabajo bien hecho, la alegría colaborativa del trabajo en equipo, trabajar con método y fines claros, creer en el estudio y la capacita­ ción, creer en afinarse como instrumento de trabajo. Y aunque la fe fue fruto principalmente de mi hogar, en el colegio aprendí a amar la espiritualidad compartida, la tarea misionera y el servicio, los rituales, la belleza y el canto, como alimentos y expresión de la fe. Te conocimos hace tiempo, y en estos años nos has acompañado a profundizar lo vocacional, como una clave esencial en el proceso de desplegar quienes somos, ¿Podrías compartirnos los pilares fundamentales de tu propuesta sobre el tema? Actualmente, entendemos la espiritualidad vocacional como desafíos en ampliar nuestra conciencia acerca de qué es y cómo se articula nuestra biografía vital. Un primer desafío que descubrimos es repensar el relato que hacemos de nuestra vida. El relato biográfico que solemos hacer, recoge lo común, esperable y pautado, con una estructura narrativa que nos asimila y nos con­ vierte en un producto en serie. En cambio, si lo pensamos 18

más hondamente, nos damos cuenta de que nuestra vida está plagada de momentos de epifanía esencial, momen­ tos que han hecho y hacen aflorar nuestra singularidad más original. Sin embargo, la narración biográfica están­ dar arranca esos momentos del relato y los relega a rinco­ nes olvidados, a pesar de lo clave que han sido en la epopeya de nuestra vida. Por eso, necesitamos acompa­ ñar a los niños, adolescentes, jóvenes y adultos a descu­ brir estructuras de ordenamiento y lenguajes narrativos, que en lugar de “desnarrar” nuestra vida, pongan de manifiesto nuestra singularidad, hagan aflorar esos momentos que nos han hecho coincidir con quien somos, y de ese modo, ser más fieles a nosotros mismos y honrar el amoroso cuidado con que la ternura de Dios nos instala en la vida. Un segundo desafío en el que trabajamos es aprender a dejar de mirarnos con sospecha. Esa mirada de sospecha se debe en gran medida a una larga historia de contarnos al “debe”: lo que no somos, lo que no hemos aprendido, lo que no tenemos, lo mal que hacemos esto o lo otro, las

marcas negativas que la vida nos ha dejado, como trastor­ nos, inhibiciones, traumas, etc. Sin embargo, es una histo­ ria mal contada, llena de atribuciones de causalidad erró­ neas, con los aspectos más pulsantes de la vitalidad bur­ damente negados, con claves existenciales omitidas, con fuerzas de desarrollo desconocidas o no consideradas. Por esto, necesitamos descubrir que la llamada vocacional es una convocatoria a desplegar el regalo de la vida, y que esta no se va ensuciando, deteriorando, empobreciendo o llenando de traumas a medida que la vamos viviendo. Por el contrario, nos vamos haciendo resilientes, positivos, valientes, capaces de desplegar recursos alternativos, honestos respecto a sí mismos, comprometidos con la vida, generativos, abiertos y sabios. Pero hay que hacer una opción acerca de cómo contarnos y de cómo enseñar a otros a contarse. Es cuestión de contemplar cómo Jesús enseñaba a la gente a contarse, a cambiar el relato con que se narraban. Un tercer desafío es revisar el ordenamiento cronológico que le damos a nuestra vida. Vivimos hundidos en el eje temporal con una rígida división entre pasado ­entendido como irrecuperable –, presente ­ entendido como algo superficial, sin peso ni profundidad ­, y futuro ­ que bien


procrastinamos sin pudor, o nos esclavizamos a él. Sin embargo, las cosas que verdaderamente nos importan, las sentimos y vivimos fuera del tiempo: nos enamoramos para siempre, creamos pensando en posteridad, lucha­ mos por absolutos. Por eso, necesitamos dialogar nuestro encasillamiento en el tiempo, que empobrece y limita el despliegue del llamado a vivir fecundamente. Necesita­ mos aprender que el pasado se puede cambiar, que hay un presente eterno y que podemos vivir anticipadamente el futuro. Como en el encuentro de Jesús con el joven rico, donde la respuesta a la pregunta, ¿Qué más tengo que hacer?, fue una invitación a abandonar las claves que sostenían la pregunta. La pregunta vocacional no es nunca ¿qué tengo que hacer? Sino ¿quién soy? Y la res­ puesta siempre implica una metanoia, una deconstruc­ ción de las claves con que ordenamos la respuesta que nos estamos dando. Por cierto, estos desafíos implican procesos, habilidades, programas, itinerarios, metodologías, para llevarlo a la práctica.

horarios, coordinar turnos, alternar el trabajo presencial con el trabajo online. La pandemia nos ha desestructura­ do, ha abierto la mente y el corazón para atrevernos a probar cosas nuevas. Me gustaría que no volviéramos a ser inflexibles en tantas cosas, como antes de la pande­ mia.

Con relación al momento que vivimos, las formas de trabajo y de relacionarnos han cambiado con la pande­ mia, ¿qué quisieras que ya no volviera a ser como antes? ¿Qué extrañas más de “antes”? Vivo en una ciudad de 7 millones de habitantes y todos nos movilizábamos a la misma hora para ir a nuestras actividades y para regresar de ellas. Era un inmenso caos de aglomeraciones, atascos, demoras y alteraciones. Por fin nos hemos dado cuenta de que es posible escalonar

Extraño de antes, que cerraran el Café Tavelli, que es como mi “bar de la esquina”, donde por más de 20 años, me he encontrado con amigos y amigas a compartir lo que nos importa, a proyectar trabajos que nos apasionan, a hablar de cine y literatura, a celebrar el regalo de ser compañeros de ruta y amigos del alma. Además, toda la gente que estaba allí al mismo tiempo, estaba en lo mis­ mo, celebrando lo mejor de su vida. Extraño mucho esa liturgia.

La Lic. Ana María Díaz, nacida en Santiago de Chile, es trabajadora social y terapeu­ ta familiar. Es Diplomada en Aprendizaje Creativo, Diplomada en Educación y Desa­ rrollo Cognitivo, y Licenciada en Investigación Social y Estudios del Desarrollo. En los últimos 30 años ha acompañado y elaborado contenidos para distintas institu­ ciones educativas, tanto en procesos formales como no formales. Al mismo tiempo se ha especializado en acompañar adultos en su desarrollo personal. Ha dictado más de un centenar de cursos y conferencias en Chile y en varios países de Latino­ américa en áreas de investigación, educación y pastoral. Es autora de “El Canto de la Alondra”, “Espiritualidad para los no creyentes”, “El Reclamo de los Sueños”, “La vocación humana”, “Garantes de mi mundo”, “Educan­ do las emociones”, “El sonido del viento”, “Una espiritualidad para la era tecnológi­ ca", entre otras publicaciones. Desde hace algunos años viene aportando a la Pastoral Vocacional de la Inspectoría Salesiana San José de Uruguay elementos para la elaboración de su proyecto “Ennoblecer el corazón”. En 2019 fue una de las ponentes principales en el Semina­ rio de la Dimensión Vocacional de la Pastoral Juvenil “La abundancia de la vida”. 19


AQUÍYAHORA

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Pandemia. Coronavirus. Emergencia sanitaria. Crisis. Pérdida de empleo. Inestabilidad. Incertidumbre. Aisla­ miento. Angustia. Muerte. Son palabras que se repiten desde que llegó el COVID­19 a Uruguay el 13 de marzo y nos obligó a parar, pero no son solo palabras sino que todos hemos vivido en carne propia unas u otras. Por eso desde el Estado se habilitó la Línea Telefónica de Apoyo Emocional 0800 1920 y en los dos primeros meses de funcionamiento registró 8.100 llamados en todo el país, lo que significó 14 por hora. Esta línea que es gratuita y funciona las 24 horas, recibió consultas por síntomas depresivos, de ansiedad, soledad y aislamien­ to, entre otros. El 73 % de las llamadas fueron hechas por mujeres y el 23 % por hombres. A su vez, el 42 % de los usuarios pertenecían a ASSE, 35 % a mutualistas del sector priva­ do y el 22 % restante no aportó datos. Preocupados por los efectos que pueden tener el aisla­ miento en un país como Uruguay, con predisposición a la depresión, un equipo de la Facultad de Psicología decidió hacer un estudio para profundizar en la situa­ ción de los uruguayos frente a la pandemia y la principal conclusión a la que llegaron es que la salud mental se ha deteriorado. El muestreo realizado a través de las redes sociales a 1.060 personas arrojó que casi el 38% de quienes res­ pondieron el cuestionario manifestaron depresión y el 7,1% ha padecido depresión grave.

Vicente Chirullo, grado 1 de Psicología Clínica y también participante del estudio, afirma que “la depresión como cuadro clínico” se expresa a través de un conjunto de síntomas: tristeza, apatía, dificultades para experimen­ tar placer (lo que antes llenaba ya no colma), decaimien­ to, irritabilidad y una visión negativa de uno mismo, del futuro y del mundo. “Otra cosa ­aclara­ es la angustia como emoción, todos tenemos emociones y experimen­ tamos angustia vinculada a la existencia de un peligro”. Selma agrega otros síntomas a los que hay que prestar atención: el adelgazamiento, alteraciones del sueño ­ dormir poco o en exceso­ sentir cansancio y la falta de motivación. Si bien no hay un tiempo predeterminado para hablar de que se está ante un cuadro clínico, esos síntomas se tienen que prolongar en el tiempo. Selma indica que uno de los tipos de depresión que se llama distimia no presenta síntomas tan fuertes pero persisten en el tiem­ po, y pueden prolongarse por un año, en el caso de los menores, y más tiempo en el caso de los adultos. Pero también puede presentarse con síntomas más intensos y en ese caso alcanzará con que se extiendan a un mes o un poco más para que sea necesario consultar: cuando la persona le cuesta salir de la casa, no quiere ir a trabajar, no se higieniza. Para referirse a la importancia de tratarse cuando se presentan estos síntomas, Selma señala que en el 90% de los suicidios consumados hay un trastorno social de base y uno de los más frecuentes es la depresión. En casos más graves se requerirá de tratamiento farmacoló­ gico con psiquiatra.

Hugo Selma, profesor adjunto de Psicología Clínica y uno de los docentes que dirigió el estudio, explica que al ser un cuestionario para responder en línea les costó acce­ der a los adultos mayores, menos habituados a la tecno­ logía, por lo que el promedio de edad que participó es de 37,5 años y de Montevideo. “Hemos tenido un rango de 19 años hasta 80, pero nos costó acceder a esa población mayor que probablemente sea la que lo está pasando peor, donde hay índices de depresión bastante altos y un problema de suicidios, particularmente en hombres”, dice.

Los psicólogos entienden que el aislamiento social en la pandemia fue un estresor muy grande, que sumado al factor económico, aumentó la sintomatología general.

Cómo se manifiesta la depresión Casi un tercio de la población mundial en algún momen­ to de su vida tiene un trastorno depresivo por lo que es lógico pensar que con la pandemia mundial se intensifi­ que.

Por eso, teniendo en cuenta que para el ser humano son importantes los rituales, Chirullo entiende importante mantener las rutinas, los horarios y las actividades. Y en el caso de los más jóvenes destaca la importancia de celebrar los cumpleaños "así sea solo con padres y

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El estudio demostró que 11% de los participantes pre­ sentaba riesgo entre moderado y alto al suicidio. Alrede­ dor de 1% tiene riesgo alto: son aquellos que respondie­ ron que les gustaría suicidarse o que lo harían si pudie­ ran.


Psicólogos Vicente Chirullo y Hugo Selma

hermanos porque es un momento importante para ellos”. En su opinión, los niños y los adolescentes son los que mejor cumplieron la premisa de que "distanciamiento físico no es distanciamiento social", ya que son los más aggiornados a la tecnología y se vinculan a través de las redes sociales o por juegos en línea. En el otro extremo, generan preocupación los adultos mayores. “Es una población más vulnerable a la depre­ sión y al suicidio y están más solos. Es una ecuación difícil, es importante tratar de que no queden solos, utilizando la tecnología”, acota Selma.

“Uno de los problemas actuales es el alto nivel de exi­ gencia que nos lleva a focalizar en aspectos negativos, ver el medio vaso vacío o ser excesivamente perfeccio­ nistas. Nos lleva a episodios de ansiedad por no cumplir los estándares o a depresión”, agrega. La clave está en correrse de los extremos y buscar el medio. “Lo ideal sería poder ponderar, tomar las expe­ riencias negativas como instancias de aprendizaje y disfrutar de los momentos de goce plenamente”, dice.

“Problemas tenemos todos” ¿Por qué nos cuesta aceptarnos como somos? ¿Por qué tenemos baja autoestima? ¿Por qué pensamos que nos va a ir mal? ¿Por qué nos decepcionan los demás?

Selma explica que “cuando una persona es demasiado exigente consigo misma suele haber un patrón familiar que lo llevó a pensar de esa manera” entonces hay que trabajar para lograr una visión más realista. “Sin ir al extremo de esas frases que dicen ´eres especial´, ´eres único' se trata de aceptar que tenemos virtudes, defec­ tos, que algunas cosas nos salen bien y otras no”.

La respuesta a estas preguntas muchas veces se relacio­ na con la forma en la que interpretamos lo que nos pasa. Chirullo afirma que “hay personas que tienen una manera de ver el mundo y lo que les pasa de forma más flexible y otras tienen formas más rígidas”.

“Problemas tenemos todos, el tema es poder encararlos de una manera saludable. Hay cosas que son inevitables, habrá cosas que no saldrán bien. No hay manera de evitar que eso pase salvo que se viva adentro de un tupper”, concluye. 23


SINTONIZANDO CONDONBOSCO

DEOTROSLARES

Sor Yvonne Reungoat Superiora General de las FMA

REAVIVA EL DON DE DIOS QUE ESTÁ EN TI (2 Tim 1,6)

Esta fase sin precedentes de la historia humana, atravesada por una grave crisis ambiental, ética, económica y existencial, ahora agravada por la experiencia de la pandemia, plantea interrogantes sobre "qué hacer", cómo actuar, qué perspectivas se abren ante nosotros. Sobre todo, estamos invitados a discernir quiénes somos y quiénes estamos llama­ dos a ser. Inmersos en este escenario com­ plejo de la sociedad contemporá­ nea, con una fe renovada, esta­ mos seguros de que el Señor está presente con su Espíritu. Esta es la única y verdadera fuerza: creer en su presencia, que es un regalo para ser reconocido y aceptado como una condición para reavivar la esperanza en nosotros y a nues­ tro alrededor. El Espíritu Santo nos elige como sus colaboradores y colaboradoras. Estamos invitados a profundizar el significado de esta llamada. El Espíritu necesita nuestra partici­ pación dócil, activa, constante y creativa. Esta puede ser una forma concreta de reavivar el don de Dios que está en nosotros mante­ niendo encendido con audacia y sin miedo su fuego que arde en el corazón de toda la humanidad, que, quizás en este momento, 24

corre el riesgo de debilitarse y, en algunos casos, de apagarse. La palabra de Pablo a Timoteo es motivo de reflexión para penetrar en lo "vivido" no como un tiempo destinado a la decadencia, sino como posibilidad de una nueva vida, la que fluye del Espíritu que es Amor. Pablo escribe en un tiempo difícil para la Iglesia y para su propia vida personal y es en este contexto cuando le dice a Timoteo: «Reaviva el don de Dios que está en ti». A veces son los propios jóvenes quienes nos dicen de una manera que quizás no resulte comprensi­ ble inmediatamente: “Reaviva el don de la vocación que Dios ha puesto en ti; la luz que emana de tu vida nos despierta curiosidad, nos atrae, nos cuestiona, espolea nuestra vida tranquila”. El tiempo que nos ha tocado vivir está lleno de incógnitas, desafíos y oportunidades. Depende de nosotros darle valor y convertirlo en una hora de gracia, un verda­ dero kairós en el que podamos percibir el "susurro del Espíritu" que habla al corazón de todos.

Mauritius ­ El Padre Maurizio Rossi sdb denuncia “Un desastre que todos ignoran” El Padre Maurizio Rossi sdb denuncia la pesadilla del desastre ambiental que tiene lugar delante de las costas de las Mauritius: la petrolera japone­ sa MV Wakashio, que encalló el 25 de julio, se ha partido en dos saliendo una enorme cantidad de petróleo que ahora amenaza la barrera coralina y toda la economía del pequeño Estado del Océano Índico sur­occidental. El Padre Rossi, que desde hace 27 años trabaja en esta zona, intervino ante este evento y recordó que “este es nuestro planeta, debemos cuidarlo y también la clase política tiene que participar en esta tarea”. Fuente: ANS

Líbano ­ La tragedia de Beirut y la inmediata respuesta salesiana Tras la explosión acaecida en Beirut el 4 de agosto, los salesianos del lugar se movilizan para prestar aten­ ción médica, alimentos, hospedaje, asistencia espiritual, moral y econó­ mica a las familias golpeadas por la tragedia. Movidos por los jóvenes de todos los ritos y religiones que se pusieron voluntariamente al servicio de las familias más afectadas de la capital, los hijos espirituales de Don Bosco están dando techo y asistencia a quienes perdieron familiares, casa y trabajo. Fuente: ANS


SABORABUENASNOCHES

APADRINÁNDONOS Quiero nombrarte valiente a vos que en las jineteadas contemplás una camperiada observando atentamente al que sale del palenque jugándose arriba de un flete. Tu presencia que promete y el brazo es la salvación porque traés en tu profesión la seguridad de cada jinete. Te escribo, apadrinador, a vos que en cada jornada en los campos de jineteada das de ti lo mejor para que el gaucho montador se salve del golpe mismo, ahí se ve el profesionalismo cuando en un empujón machazo, te quedás con el jinete en brazos llegando el tiempo cumplido. Cuando el bellaco se niega al piguelo o a la sotera y dispara a campo afuera entregado sin dar guerra, es cuando el peligro llega en un ciego carrerón, complica la situación pero la baquía se presenta, salvando a todo aquel que muenta porque estás ahí apadrinador. He visto a muchos criticar cuando un error se presenta, pero el que critica no muenta ni se pone en ese lugar, apadrinar no es solo ensillar y meterse entre la gente, hay que ser campero, valiente y conocedor en la envestida porque un apadrinador se juega la vida para evitar cualquier accidente. Si la jineteada es machaza, el jinete se juega entero para lograr un primero y también demostrar su raza, mientras el potro se abalanza como pa hacerlo pedazos,

el gaucho espera el abrazo del seguro salvador es cuando llega el apadrinador y queda con él en brazos.

que mientras se corre el atador, no faltará el buen apadrinador en los campos de jineteada.

Sos eslabón de lo campero dedicado ángel guardián de seguidores que van rumbiando al mismo sendero, fiel amigo compañero, eres la pura evidencia, una vida de experiencia, que en cada festival asoma brindando a los campos de doma tan importante presencia.

Ya no en cuestiones rurales igual es el homenaje a gente de humilde traje, al personal hospitalario, ángeles fieles y necesarios, doctores de gran compasión al enfermo, abren el corazón poniendo en riesgo su salud se brindan con total gratitud protegiendo a la población.

Hay que hacer un monumento para todo apadrinador el que se juega el valor en un ruedo o a campo abierto, fuiste alumno y sos maestro, hijo y padre dedicado, lograste ser consagrado hoy tu estampa se enaltece y nuestra patria resplandece por el servicio prestado. Que la vida te encamine, que el destino te dé confianza manteniendo la esperanza que el Tata Dios te ilumine, que tu futuro germine brindando a la paisanada seguridad en cada jornada

A todos los orientales apretando bien los P. Adrián García sdb dientes y mirando siempre al frente, uniéndonos con coraje cuando Tata Dios nos abrace como apadrinador, como enfermero, cuidándonos también cuidaremos a todos quien nos rodean, porque como Él nos ama, vean, se salvará el mundo entero.

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DELÁRBOLSALESIANO

¿Para qué la vida si no es para darla? La hermana Magdalena Chemello a los dos años llegó con su familia desde Italia a Montevideo. Se radicaron en Colón y a los 15 años ingresó a la Congregación de las Hijas de María Auxiliadora. Hoy tiene 91 años, lleva 75 de vida consagrada y vive en la casa Madre Promis de Las Piedras. Se ha hecho famosa por sus tejidos que dona a quien los necesite: “Como nos decía Madre Mazzarello, todo lo que hacemos lo debemos ofrecer, por eso tejo y ofrezco cada punto por la conversión de mis hermanos”. 26


¿Cómo fueron los primeros años de vida en Uruguay? La familia se vino entera para acá, eran tiempos difíciles en Europa y nos vinimos a buscar nuevos horizontes. Nos instalamos en Colón, mi padre puso una peluquería y mis hermanas fueron al Colegio de las Hijas de María Auxiliadora. Colón es una zona muy influenciada por los salesianos, hay una presencia muy viva. Eso sin duda nos marcó mucho a toda la familia, ya que terminamos, con mis dos hermanas, siendo religiosas. ¿Cómo nace su vocación? Es difícil para mí encontrar un momento preciso. Tengo recuerdos desde muy pequeña y ya tenía una inclina­ ción hacia lo religioso. Estando en Italia, mis hermanas iban a una escuela y yo me quería quedar ahí. Por eso, las hermanas me hicieron un hábito para mí, siendo muy pequeña. Luego nos vinimos a Uruguay y yo quería ir al Colegio San José de Colón con mis hermanas. Para mí, el tema vocacional fue muy natural y ya pasaron 75 años. ¿En qué obras le tocó estar? La lista es larga ya que son muchos años en la Congrega­ ción. Pero estuve de portera en Juan Lacaze, asistente de pupilas en Paso de los Toros, también en Melo, IMA, Colón, y por supuesto en las casas por donde pasé participé del proceso formativo. Son muchas y una cantidad impresionante de gente con la que he compar­ tido la vida.

¿Cómo nació el gusto por el tejido? Estando en Juan Lacaze, me tocaba la portería, muchas horas sentada. Si no hacés nada te aburrís y encontré en el tejido una forma de entretenerme y de rezar. Tal es así que me preguntaban por el punto que tejía porque ahorraba lana y quedaba lindo. Siempre tejí igual y hasta el día hoy lo sigo haciendo. Mi hermana teje mejor que yo, hace cosas preciosas.

¿Hace cuánto está en Madre Promis? Estoy desde el 2013. Mi salud se deterioró y acá encon­ tré un lugar donde estar cuidada. Además, estuve ese primer año con mis dos hermanas, en el 2014 falleció una de ellas. Quedamos con Magdalena…

¿Todo lo que teje lo regala? Sí, de hecho, la Madre Inspectora se llevó lo que tenía y me quedó un gorro. Tejo cosas prácticas, que se puedan usar. Estuve haciendo gorros para las hermanas de la casa, los usan para dormir. La idea es rezar mientras tejo y después regalarlo.

¿Cómo es la vida en Madre Promis? Eso depende de cómo estemos nosotras. Si alguna está enferma, eso hace que los horarios se cambien y que la vida de acá se modifique. Si no, nos levantamos a las 7, rezamos juntas y después cada una hace sus activida­ des. Comemos juntas, en comunidad, y también tene­ mos tiempos personales en el cual hacemos distintas cosas. Yo, por ejemplo, tejo.

Mirando hacia atrás todo el camino recorrido ¿Qué balance hace de su vida? Soy feliz de ser Hija de María Auxiliadora, estoy agrade­ cida por lo que Dios me regaló. Volvería a elegir lo mismo y rezo por todos aquellos que no conocen a Dios, para que lo puedan experimentar en sus vidas, así como yo lo experimente. 27


UNAMANOAMIGA

“… si estos jóvenes hubieran tenido un amigo que se preocupara por ellos, los acompañara y les mostrase el amor de Dios, quien sabe si no se hubieran alejado de esta vida que llevan…” Don Bosco (MO)

Un homenaje a “La abuela” del “Club de la alegría” Un 27 de marzo del año 2000 nacía en el barrio de La Teja el “Club de la Alegría”. Fue una iniciativa del grupo de animadores del Oratorio María Auxiliadora, que forma parte de la Presencia Salesiana de La Teja. Preocupados por la situación en que se encontraban los/as niños/as y sus familias surgió la necesi­ dad de ampliar semanalmente la jornada dominguera del oratorio, brindándoles en el barrio un espacio de apoyo escolar, juegos y talleres. Hoy, 20 años después, continuamos con la misión de acompañarlos/as teniendo presente el espíritu salesiano. Es así que, desde el cariño y la alegría transcurren nuestras tardes. 28


Durante estos años, han pasado muchos niños/as y familias, también edu­ cadores que con su entrega y compromiso nos mantienen como un centro de referencia para la comunidad. Queremos aprovechar esta oportunidad de brindar un sencillo homenaje a una persona que nos acompañó desde el comienzo y a fines del año pasado logró su descanso laboral después de tantos años de entrega y compromiso.

Miriam Macedo “La abuela”, desde su rol de cocinera, supo ganarse el cariño de todos y todas yendo más allá de su tarea y transformándose en una consejera y referente para niños/as y también educadores. En la intimidad de la cocina surgieron charlas muy reveladoras donde los niños/as se sentían en confianza para expresar sus vivencias, muchas veces los/as mimaba para que se sintieran mejor. También creaba un espacio de ale­ gría, con muchas bromas con sus respuestas sorpresivas y espontá­ neas o sus rezongos cuando no le

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gustaba algo que sucedía. En esas circunstancias los educadores se aprovechaban para hacerla rabiar… ¡vaya que lo lograban! Pero siempre con el cariño que generaba por ser la “abuela” de todos. Siempre con la camiseta puesta del “Club de la Alegría”, su empatía y cercanía le hacían sentir como pro­ pias las alegrías o tristezas de los niños y niñas. Por supuesto que nunca nos vamos a olvidar de sus ricas pizzas, de sus tortas, de sus comidas, del cuidado de cada material que llegaba a sus manos y celosamente cuidaba. Valoramos y recordamos su voca­ ción de servicio, el sentir como parte de la familia al “Club de la Alegría”. Queremos aprovechar esta oportunidad para agradecerle todos estos años compartidos, las alegrías y risas, que formaron parte de su pasaje por el club. 30


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