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IN MEMORIAM Andrés B. ROMERO MANTERO


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racias a la amabilidad de nuestro Párroco, he tenido ocasión de conocer las Reglas de la Hermandad de Las Ánimas de nuestra Parroquia que datan de 1.736. En este librito de pergamino, aparecen dos aguadas a color, una de las Ánimas del Purgatorio y otra de la Virgen del Reposo, ambas ejecutadas con una técnica pobre, pero con una gracia candorosa, (que en el mundo artístico podrían encuadrase entre la pintura naiff ó ingénua, parecidas a los "cristales pintados" que se encuentran por los pueblos del Andévalo), y que por su interés y curiosidad sentimental, exigen su difusión entre la comunidad valverdeña en un día tan próximo al del recuerdo de nuestros antepasados difuntos. Las acompañamos con unas reflexiones propias de su contenido y del momento

1.- El miedo a los muertos ó a la muerte. ¿ Qué valverdeño, en su niñez, no ha vivido con morbo la cultura de la muerte ?. La oscuridad.- ¿ Por qué asociamos la muerte con la oscuridad; más con la noche que con el día ?. Nadie cumplía la apuesta de llegar a la tapia del cementerio de noche . . . . . .y volver. Recuerdo los apagones de la luz en mi niñez o el acostarse con la presencia de la lamparilla encendida. Visitar a hurtadillas la casa del muerto, y . . . . . . . . ¡¡ver o nó ver el cadáver!! Cadáver del niño rodeado de flores blancas en su caja blanca. O teníamos la osadía de jugar con el bolinche de mármol que nos decían ser del Cementerio Viejo. Y participábamos de la triste solemnidad del doblar de las campanas, que se hacían más dolorosas la noche de difuntos. Y era un acontecimiento enterarse, entre susurros, de cuando traían al pueblo al ahogado.

No sabemos con certeza si el miedo a los muertos no es más que el reflejo del miedo a la muerte, ó a nuestra muerte y a su vez a lo desconocido. O es una mezcla compleja de todos estos sentimientos y actitudes. Pero sí sabemos que la comunidad se ha expresado, en el transcurso del tiempo, intentando asegurarse el futuro a base de "comprar" la redención del alma con oraciones o a base de mandas, dádivas, misas, capellanías..etc Por documentos antiguos conocemos como se manifestaba más acusadamente esa mentalidad -coherente con toda la sociedad-, en la que la vida estaba tan sacralizada que se entendía ésta como un "calvario" que había que sufrir para pasar a la otra más sublime y definitiva. Era una mentalidad basada en el temor de Dios, en el Dios terrible y justiciero; y la muerte, el pecado y la intolerancia de lo heterodoxo imperaba y acongojaba a la persona. Al menos había en todas las Reglas de Hermandades la obligación del acompañamiento del cadáver del cofrade o familiar.


2.- La Esperanza Frente a esta visión triste y comprensiblemente dolorosa -no en vano se nos vá un eslabón de nuestra cadena a la que estamos tan aferrados, sin saberlo-, frente a esa oscura visión, no somos capaces de ver la esperanza en Dios después de haber vivido en Dios con alegría -sin sectarismos ni intolerancias, de una manera sencilla-. O nos falta una gran dosis de fé o no nos aprendemos la lección de la Resurrección. Menos mal que hoy, el concepto eclesial se ha extendido por todas las calles y corren aires de tolerancia y de diálogo Se me ocurrió poner en la tumba de mi padre el epitafio NUNC COEPI, que quiere decir, aproximadamente, AHORA EMPIEZO, con el doble concepto, de un lado, tan suyo, de estar permanentemente proyectando, y de otro, fundamentalmente para darle el énfasis de ahora comenzar la vida eterna. Ya tuvo la frase su correspondiente anécdota, pues al contemplarla dos valverdeñas mayores, dijo una a la otra,...¿y aquí qué dice? y le respondió la otra : pos ná... notario.

3.- Los Cementerios En la época que, vista desde aquí, suponemos tristemente lóbrega e intransigente, los enterramientos se hacían en el suelo de la Iglesia, quizás para tener la seguridad de que -con la muerte- ya se duerme en el regazo materno, y correr con ella la misma suerte futura. Y fué por un problema de higiene por lo que se obligó -con resistencia de los fieles- a la construcción del Cementerio. En el actual, y gracias a una mentalidad más respetuosa y tolerante -de más caridad según el creyente- con todas las personas, se hizo desaparecer el anexo que se destinaba para los nó católicos o los que morían por suicidio. No cabe hoy en nuestra cabeza que la intransigencia se llevara hasta la muerte. Hay cosas de nuestro Cementerio que a mí no me gustan : Una de ellas es la configuración de los últimos nichos ejecutados como si fuera un almacén de apilar restos humanos, dadas las dimensiones tan exiguas de sus calles y su disposición, en un Cementerio que no tendría dificultades para su ampliación. Un Cementerio no tiene por qué tener otra tristeza añadida por una mala concepción en su distribución. Otra dificultad, es el tiempo de los enterramientos por no utilizar placas para el cerramiento de los nichos, en vez de ladrillos. Hay que tener en cuenta los momentos tan sensibles y vulnerables ante cualquier imprevisto o tardanza innecesaria. Otra más es la tala indiscriminada de las ramas de los cipreses. Cada árbol tiene su


propia tala. A la pregunta de tal acción se me contestó que era para ver mejor entre los troncos de los árboles. Quien ordenó tal operación no entendió que estaba tratando con cipreses y no con palmeras. Y por último, supongo que los temas de acomodación de los restos de los valverdeños no tendrán problemas municipales en el momento de su enterramiento. 4.- Hasta que dure la memoria. ¿Y cuál ha sido el más entrañado resorte de la vida de nuestro pueblo español sino el ansia de sobrevivir, que no a otra cosa viene a reducirse lo que dicen ser nuestro culto a la muerte?. No, culto a la muerte no; sino culto a la inmortalidad. Cap VIII El toque está en dejar nombre por los siglos, en vivir en la memoria de las gentes.- Cap LXVII M.Unamuno. Vida de Don Quijote y Sancho

Me ha dado en utilizar mi ocio con los nacimientos de los valverdeños manejando los libros de la Iglesia, los que quedan después del estúpido incendio. Y al recorrer los nombres de nuestros paisanos ya desaparecidos, me imagino el tropel valverdeño volando por esos cielos como bandos de pájaros que se dirigen permanentemente hacia el mismo sitio pero que a la vez otean a los vivos que aún quedaron por estos pagos; y me entran ganas también, de volver a reconocer su existencia por aquí mediante la estampación, en unos azulejos que podrían colocarse en los muros del Porche, con todos sus nacimientos, para que estén siempre en la memoria de nuestro pueblo. Recorre uno el Cementerio y piensa, hasta cuándo pervivirán los nombres allí grabados, y cuando correrán el mismo destino que nuestros paisanos del Viejo. Disquisiciones que no conducen a más conclusiones que todo esto estará en nosotros HASTA QUE DURE LA MEMORIA. El ansia por sobrevivir en la memoria de un pueblo lo ratifican los vivos mediante el homenaje de reconocimiento. Pero en nuestra comunidad existe una cierta "predilección" por reconocer los méritos de los valverdeños más foráneos antes que los de raíces más viejas. Por lo que hay que concluir que no siempre se ha actuado con el mismo tino. A modo de curiosidad, valgan algunos ejemplos: A Don Rodrigo Cavallero Illanes y a su sobrino Don Pedro Castilla tardaron más de cien años después de su muerte para que se reconociera su memoria en las calles de su pueblo natal. Y por el contrario nos hemos puesto manos a la obra rápidamente para recordar a otros hijos que estuvieron muy poco tiempo entre nosotros, y de los que fué su fama personal unido a su cuna natal, el motivo de nuestra memoria. Menos mal que


corregimos los entuertos de otros tiempos. El 13 de Noviembre de 1.843 nace Francisco Benito, hijo de Don Francisco Fernandez Tte Capitan del Rgtº del Rey nº1, natural de Burgos y de Doña Benita Bernal, natural del Castillo de las Guardas. Abuelos Paternos: D. Pascual Fernández Comandante del Rgtº de Aragón nº 21, natural de Ciezar.-Murcia y Dª Juana Purgines (Borgoña - Gascuña.- Francia).- Abuelos Maternos : Don José Bernal, Subdelegado de Farmacia, natural de Benacazón y Dª Benita Lozano Shz Granados, natural de Almadén (Se trata del general Fernández Bernal, nacido en Valverde, que llegó a tal fama en las contiendas africanas, que por ello consiguió que su nombre figurara en la calle más importante de Valverde) 1.860.- En 25 de Octubre, José Hilarión, que nació el día 21 a las 8 de la noche, hijo de D. Manuel Nogales y de Dª María del Rosario Nogales, calle de D. Rodrigo Caballero. Abuelos Paternos, D. José Gil Nogales y Dª Manuela López; Maternos, D. Manuel Nogales y Dª Rita Gonzalez, todos ns y os de Aracena. Padrinos, D. José Gil Nogales, su abuelo paterno y si tía Dª Manuela Nogales; Testigos D. Pedro Avendaño, D. José Mª Benítez y D. José María Monsalve, todos vecinos de esta villa. El 18 de Julio de 1.901 nace Diego, hijo de D. Diego Angulo Laguna, Registrador, natural de Vitoria y de Dª Mª Ignacia Iñiguez Garrido natural de Madrid. Abuelos Paternos : Santos Angulo (Pancorbo-Burgos) y Juana Laguna (Belorado).Abuelos Maternos: Benito Iñiguez, natural de Moguer y Mª Josefa Garrido, natural de Gibraleón.

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POESÍA ANTOLÓGICA DE LA MUERTE Y LA VIDA El tema de la muerte, como final de la vida, como superación de la misma y, en definitiva como contrapunto de ella, ha sido abundante en nuestra literatura. Valga esta pequeña antología para exponer con la belleza garantizada de tanta sensibilidad emocionada, como las reflexiones sobre la desgarradora búsqueda de Dios desde la muerte (en Blas de Otero), o la afirmación de la persona por encima de la simple naturaleza (en Quevedo), o la supuesta melancolía de la marcha dejando tantos rastros queridos (en Juan Ramón Jiménez), o en definitiva la esperanza de la resurrección (en J.L. Martín Descalzo).


HOMBRE Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte, al borde del abismo, estoy clamando a Dios. Y su silencio, retumbando, ahoga mi voz en el vacío inerte. Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte despierto. Y, noche a noche, no sé cuando oirás mi voz. Oh Dios, estoy hablando solo. Arañando sombras para verte. Alzo la mano y tú me la cercenas. Abro los ojos: me los sajas vivos. Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas. Esto es ser hombre: horror a manos llenas. Ser –y no ser- eternos, fugitivos. ¡Ángel con grandes alas de cadenas! Blas de Otero u CERRAR, PODRA MIS OJOS . . . Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare al blanco día, y podrá descartar esta alma mía hora, a su afán ansioso lisonjera. Mas no de esotra parte en la ribera dejará la memoria en donde ardía; nadar sobre mi llama la agua fría y perder el respeto a ley severa. Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido, venas, que humor a tanto fuego han dado, médulas, que han gloriosamente ardido, su cuerpo dejará, no su cuidado; serán ceniza, más tendrán sentido; polvo serán, más polvo enamorado. Francisco de Quevedo


Y SE QUEDARÁN LOS PÁJAROS CANTANDO.

. . . . .Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando, Y se quedará mi huerto con su verde árbol y con su pozo blanco. Todas las tardes el cielo será azul y plácido, y tocarán, como esta tarde están tocando las esquilas del campanario Se morirán los que me amaron y el pueblo se hará nuevo cada año; y lejos del bullicio distinto, sordo, raro del domingo cerrado del coche de las cinco, de las barcas del baño, en el rincón oculto de mi huerto encalado, entre la flor, mi espíritu errará callando. Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido. . . . Y se quedarán los pájaros cantando. Juan Ramón Jiménez

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EL DESPERTAR Y entonces fue cuando el Resucitado se desciñó las vendas, lento, como si despegara manos acariciantes, como si las tuviera que reservar para otro. Se desciñó las vendas y contempló su cuerpo que por primera vez pareció innecesario. Su palidez le recordó la nieve y una lejana infancia que no pudo saber si era la suya. Miró sus manos y los blancos lienzos que alguien –no recordaba quién- le prestó hace tres noches y se sintió cansado y como resistiéndose a algo vertiginoso que llegaba y llegaba. ¡Era tan mecedora la humedad de la tumba! Allí podía estarse eternamente, dejando que los ojos reposasen de la luz violenta, saboreando el frío de la mañana inerme. Por eso se quitaba las vendas lentamente como si no quisiera terminar nunca de resucitar, como si estando muerto continuara más cerca de los suyos. A cada venda que se desenrollaba caía a sus pies un gran bloque transparente de la inmortalidad sentía crecer la música de su sangre, notaba que su alma desbordaba en su alma. ¡Ah, no habría podido soportar tanta vida de no haber sido Dios! Se preguntaba, incluso, si no debería dejar su cuerpo en el sepulcro como un traje que se queda pequeño; y, si al fin lo llevaba, era solo como quien salva un oso de peluche del incendio feroz de toda adolescencia. No, no fueron necesarios los ángeles: Si la piedra estalló fue solamente porque ya no cabía en el sepulcro. José Luis Martín Descalzo

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IN MEMORIAM  

Reflexiones sobre la muerte, la vida y la memoria en la comunidad

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