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DON RODRIGO CAVALLERO Y SALAMANCA.

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odrigo Cavallero Yllanes, nace en Valverde el 25 de Julio de 1.663, probablemente en la calle de la Fuente, y

murió en Madrid el 25 de Agosto de 1.740. Se casó en Chiclana (noviembre de 1.685) con Doña Agustina

Enríquez de Guzmán y Perea de la que tuvo diez hijos, María Jomar, Sebastián, Vicente, Margarita, Juan, Francisco, Florentina, Diego, Francisco y Agustín. También tuvo dos hijos naturales habidos anterior y posteriormente a su matrimonio, Rodrigo (1685) y Agustín (1713) D. Rodrigo llega a los altos puestos de la carrera administrativa (y de estrecha confianza de la Corona), partiendo de un ambiente español donde se empieza a desbrozar el mundo mágico, oscuro y anquilosado, que protegía a los intereses de la clase dominante para dar paso a la racionalidad, el rigor, la utilidad pública y a otros conceptos de la ciencia, el comercio y la industria, que serían la base de la posterior ilustración de la segunda mitad del XVIII. La Sociedad de Medicina y Ciencias de Sevilla (1690) y su impulsor Juan Muñoz Peralta; el médico Martín Martínez (1684-1734). La Academia Real de Barcelona (“Academia de los desconfiados”), que fue fundada a fines del s. XVII. La Academia Real de la Lengua Española (nov. de 1713). El físico Isaac Cardoso (1615-1680). El matemático Vicente Tosca (1651-1723). El médico Juan de Cabriada (n. 1666). El analista, crítico y literato Fray Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764). etc., hacen de esta nueva mentalidad floreciente el comienzo del revulsivo que necesita la sociedad mortecina de los últimos años del siglo XVII. “En el arco cronológico que va de 1680 a 1715, el historiador Paul Hazard coloca el integral examen de conciencia de Europa, es posible individuar en España un período de transición, caracterizado por el doble proceso de toma de conciencia de un retraso cultural que hay que colmar y el comienzo de la asimilación de de las nuevas corrientes científico-filosóficas” Nuestro paisano, Don Rodrigo, se mueve en los ambientes de Sevilla y Cádiz en el que las nuevas ideas llagaban de la mano del comercio exterior y, posteriormente en Valencia no es ajeno a las mentalidades del grupo avanzado que allí surge. Los Intendentes.- “Entre los intendentes nombrados en 1.711 el más prominente es, José Patiño para la intendencia de Extremadura el 1 de diciembre de 1711, con residencia en Mérida. Rodrigo Cavallero y Llanes fue nombrado para Valencia en la misma fecha, Antonio Orellano para Salamanca y Tomás Moreno Pacheco para León.

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Estos intendentes fueron nombrados oficialmente para desempeñar todas las tareas de finanzas, policía, justicia y guerra. . . . Por lo menos en Valencia, sin embargo, los poderes del intendente eran mucho más amplios. Las órdenes administrativas de Rodrigo Cavallero parecen haber sido obligatorias para los gobernadores de localidades de Valencia: en Julio de 1.713 le fue dado control completo sobre las finanzas valencianas, y otras fuentes lo muestran dirigiendo la construcción de una capilla en Alicante, pagando el hospital central de la ciudad de Valencia con las rentas eclesiásticas confiscadas, pagando salarios oficiales con confiscaciones y dirigiendo la restauración de caminos en la provincia. La experiencia adquirida por este conocimiento amplio de la administración en las diferentes partes de la Península era una de las innovaciones más beneficiosas de la monarquía borbónica; significaba que una nueva clase de administradores estaba siendo entrenada, hombres que por primera vez podían ayudar a tomar decisiones oficiales sobre la base de su conocimiento personal de las provincias de España. … intendentes como Patiño, su hermano el Marqués de Castelar, Rodrigo Cavallero y Melchor Macanaz deben ser recordados como los constructores de la supremacía borbónica en España”.

Henry Kamen.- El establecimiento de los

Intendentes en la Administración Española.- Hispania nº 95. Año 1965.- CSIC.- Madrid

Y llega a Salamanca en 1726, a sus 63 años, después de haber ocupado las Intendencias de Valencia, Cataluña y Galicia con la responsabilidad de ser Corregidor e Intendente…….. Y se pone manos a la obra con varios cometidos, destacando entre todos el de la innovación y posterior construcción de su Plaza Mayor. El espacio que hoy ocupa la Plaza Mayor era, anteriormente un gran vacío de la trama urbana de Salamanca que se subdividía, mediante construcciones de escasa entidad –si se exceptúa el edificio de la Iglesia de San Martín de Tours, en una secuencia de pequeñas plazas como la de Carboneros, de la Lonja, el Corrillo y la Plaza Mayor. Su aspecto era deplorable si se comparaba con el conjunto de edificios religiosos, de la Universidad o de sus Colegios Mayores que albergaba una Ciudad con prestigio nacional y, por tanto, su nueva configuración era algo que estaba en la mente de los ciudadanos como una necesidad cuya solución habría que afrontar y por ello fue objeto de varios intentos que nunca fructificaron. Estos recintos se dedicaban al mercado de productos de primera necesidad y al comercio de útiles de la vida cotidiana, calzado, paños, etc., o de productos artesanales como el de los herreros, lenceros, petrineros, etc., y en algunas ocasiones a espectáculos públicos como las Corridas de Toros. A su mal aspecto se añadía el que aportaba el estado y mala calidad del conjunto de edificios de su entorno inmediato que, en muchos casos, se dedicaban a residencia de los propios comerciantes. Tuvo que llegar Don Rodrigo Cavallero Illanes como nuevo Corregidor de la Ciudad e Intendente (de la Justicia, Policía, Guerra y Hacienda del Ejército) y fronteras de Castilla, en noviembre de 1.726, para que, entre otros proyectos para la economía y el comercio de la Ciudad, acometiera el de la construcción de una Plaza Mayor. “Se trataba de un Corregidor dinámico, emprendedor y habituado a este tipo de trabajos para llevarlo a efecto de manera cabal y perfecta. De carácter metódico, enérgico y enormemente disciplinado…… estaba muy habituado a la rígida disciplina castrense y a los minuciosos y complicados pertrechos y avituallamientos de tropas y flotas. Partícipe de una mentalidad racionalista e ilustrada, fruto prematuro en algunas contadas individualidades de la primera mitad del siglo XVIII, se interesó también por los problemas no solo de la fortificación militar sino del urbanismo. Así, recién llegado a Salamanca, instaló definitivamente el Hospicio y creó una fábrica de anascotes, paños de lanas,

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bayetas y otros géneros en el palacio de las cuatro Torres”

Alfonso Rodríguez Gutiérrez de Ceballos.- La Plaza Mayor de

Salamanca.- Salamanca. 1977.

La labor de Don Rodrigo Cavallero, como Político, fue la innovación de las obras necesarias para las Ciudades donde ejercía su responsabilidad, como la construcción de la Alameda en los extramuros de la Ciudad de Valencia y caminos y puentes en las provincias de su reino, la traída de aguas a la Ciudad de La Coruña, la Plaza Mayor de Salamanca, y en Sevilla “….también emprendió gran número de reformas y mejoras públicas que, desde hacía tiempo permanecían en el más riguroso de los olvidos. El embellecimiento y riego de los paseos, rondas, entradas y salidas de la población, la ejecución de nuevas fuentes públicas, mejoras en el sistema del alcantarillado y la acometida de obras para el ensanche de calles y plazas estrechas y dificultosas en su recorrido, fueron sólo una pequeña muestra de su copiosa labor que culminó con la publicación de un Edicto donde se ordenaba a todos los vecinos que colocaran faroles a las puertas de sus casas para iluminar aquellas de noche, de cinco en cinco, conformando el primer ensayo de Alumbrado Público de Sevilla”.- Manuel Macias Miguez.- Alumbrado público de Sevilla.- Ayuntamiento de Sevilla. 1.985 La labor de Don Rodrigo Cavallero, como Gestor público, se caracterizó por la minuciosidad y el rigor con que desarrollaba las obras y proyectos emprendidos. En el caso que nos ocupa, de la Plaza Mayor de Salamanca, el aspecto político de Don Rodrigo Cavallero fue el sacar de su propia iniciativa y liderar el gran proyecto de la Plaza, y para lo cual, el 9 de julio de 1728 presenta ante el Municipio –que preside, como Alcalde Mayor, Don Pedro Castilla Cavallero, otro valverdeño, sobrino carnal de Don Rodrigo- un INFORME, como proyecto ilusionante, en el que daba los argumentos para construir la Plaza. El primer argumento se basaba en su necesidad, por motivos de ornato público, de una obra civil en coherencia con la alta calidad de los edificios de la Universidad, y sus Colegios y edificios religiosos (Catedral Vieja y Nueva en construcción, otras Iglesias y edificios de Comunidades religiosas). Se ponen como referentes la Plaza Mayor de Madrid, la del Ochavo de Valladolid y la de la Corredera de Córdoba. El segundo argumento era el de la ordenación espacial del comercio para que los puestos de mercado se estableciesen bajo soportales para resguardarse de las inclemencias del tiempo y para que no interrumpieran el tráfico por el espacio abierto. Y por el tercer argumento, para que se ganara un espacio-escenario para la celebración de los festejos públicos y, entre otros, las celebraciones de corridas de toros. El 28 del mismo mes de julio se vuelve a reunir el Consistorio, con la presencia del Corregidor-Intendente Don Rodrigo Cavallero, para analizar la fuente de los recursos económicos y para determinar la petición del permiso para la citada construcción al Consejo de Castilla. Se llega a la conclusión de que existen recursos suficientes sin que la Corona tenga que apoyar económicamente la obra de la Plaza. Desde este momento vemos al Don Rodrigo gestor de las empresas que acomete pues se dedica a plantear la viabilidad de su proyecto político y pretende que el Consejo de Castilla no le ponga trabas por no tener que aportar la Corona recursos económicos, ni el permiso para elevar impuestos extraordinarios por la obra. Y viéndose la viabilidad económica autosuficiente, se solicita permiso al Consejo de Castilla. Esta solicitud iba acompañada de los planos e informe de obra elaborado y valorado por el arquitecto Alberto de Churriguera quien estaba terminando las obras de la Nueva Catedral y que había sido encargado por el Corregidor

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para el trazado de las obras de la Plaza. La obra quedaba valorada en 66.000 ducados (726.000 reales) y un período de ejecución de seis años. En los documentos que se presenta al Rey, Churriguera define la Plaza a través de planos de su traza y de una memoria que, en once apartados, describe minuciosamente las obras que se han de llevar a cabo: Replanteo de las dimensiones; Cimientos a base de mortero de cal y piedra tosca de la Pinilla; Machones del pórtico a base de piedra franca de Villamayor; Con igual tipo de piedra de Villamayor (limpia y sin gabarros) formando las ventanas, pilastras, molduras, corredores, bustos y estatuas “según y como se demuestra en mi traza”; Balconaje de hierro forjado; Forjados de vigas de madera de tercia y cuarta de los pinares de Hoyo Quesero y Navarredonda; La línea que mira al norte ha de tener doscientos cuarenta y cinco pies de largo y la de poniente doscientos setenta y cinco de largo…. “me pareze tendrá de costa sesenta y seis mil ducados de vellón” El correspondiente permiso se obtiene en enero del año 1729 y en el mes de marzo el Consistorio aprueba un minucioso REGLAMENTO elaborado por Don Rodrigo, para el desarrollo de las obras. Con este reglamento, se acusa el aspecto de gestor de don Rodrigo y su larga experiencia administrativa que ha acumulado en su vida de administrador de justicia, de coronel del ejército y de intendente en anteriores e importantes lugares. “El Maestro Mayor que es o fuere a de tirar sus lineas, ajustar sus medidas, cuidar de los planos, reglas y compases y niveles con toda perfezión que corresponde a la mayor firmeza, hermosura y seguridad de la obra desde sus fundamentos asta los remates, observando siempre las proporciones correspondientes a una perfecta Arquitectura…. Asimismo por su persona o por la de buenos aparexadores a de repartir los maestros y ofiziales así de cantería como de albañilería a proporción de la inteligencia de cada uno, de forma que ocupen siempre los más diestros en lo más fino y los menos inteligentes en lo más ordinario. . . . . . . . . . . El sobrestante de esta obra. . . será de su obligazión comunicarse todos los días con el Maestro Mayor o sus aparexadores a fin de prebenir para los subzesibos el mayor numero que fuere conveniente de ofiziales, peones, carros, bagaxes y otras cosas. Asimismo por las mañanas al tiempo de el almuerzo y por las tardes al tiempo de la merienda a de pasar cada día dos rebistas llamando por sus nombres y apellidos a todos los canteros, arbañiles, carpinteros, peones y demás jornaleros. . . . . se a de continuar sin intromisión así de invierno como de verano y que la mayor razón de continuarse en invierno, quando zesan casi todas por las pocas oras del día, a de ser por ocupar y mantener trabajadores pobres y honrados que en aquel tiempo no hallan en qué ganar un jornal…… Se nombrarán los tenedores o guarda almazenes que . . . an de estar prontos en cualquier tiempo a rezivir y entregar con quenta y razón la cal, el yeso, teja, ladrillo, maderas, herraxes, y otros jéneros y bendrán a tomar hórdenes para estar ynstruidos de las partidas que debieren rezivir y de las personas que las debieren entregar no sin antes que lo examinen y reconozcan el Maestro mayor o sus aparexadores y lo declaren de buena calidad. . . .” Al final de este auto de Reglamento se dice que el Secretario del Consistorio “. . . hará saber a la ciudad que en las juntas que se tubieron en mi posada después que se resolbió esta obra. . . . quedó elegido Dn. Alberto Churriguera, Maestro Mayor de la Sta. Iglesia Catedral y del Colegio mayor de Quenca” Don Rodrigo Cavallero y Llanes, autor de este importante reglamento y alma y motor de la obra durante su primera y decisiva fase, cesó en su cargo de Corregidor a finales de 1732 para pasar con igual responsabilidad a Sevilla (y los cuatro reinos de Andalucía). La obra sufrió, con su marcha una interrupción por un cúmulo de dificultades que no supo resolver con la presteza de Don Rodrigo su posterior sustituto. La obra terminó en 1755 por lo que ahora se celebra su 250 aniversario.

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Pero a los valverdeños nos interesa cómo nuestro paisano más ilustre, ideaba nuevos y necesarios proyectos para la vida pública, alumbrando caminos, desbrozando dificultades y, con rigor, constancia y buen gobierno, llevaba su gestión recorriendo difíciles y nuevos itinerarios que, en ocasiones, otros culminaban con las directrices que él había impuesto. En la obra de la Plaza intervino, posteriormente, otro Maestro Mayor, Andrés García de Quiñones, arquitecto gallego que, respetando la traza general de su antecesor Alberto Churriguera, diseñó el pabellón del Ayuntamiento. Este pabellón, más florido y “espectacular”, rompe con la línea homogénea de las fachadas del conjunto, pues, para su resalte, interrumpe el juego de cornisas corridas y número de plantas del conjunto armónico del resto de la Plaza. En definitiva, nuestro paisano Don Rodrigo era un hombre de mentalidad abierta, rompedor de rutinas somnolientas y, a su vez, tenía el temple, el rigor y la perseverancia que necesitaban las empresas que acometía. Un hombre profundamente religioso pero que no le temblaba el pulso cuando tenía que procesar a los monjes valencianos que sorprendió traficando ilegalmente con la sal. Un hombre que pagaba a sus expensas la Ermita de la Soledad en la Alameda valenciana o que fundaba un Monte de Piedad en Salamanca o en nuestro Valverde, haciendo construir la capilla del Santo Cristo de la Misericordia (en cuyo retablo aparece su escudo de armas que hoy se puede contemplar en la capilla de la Virgen de los Dolores de nuestra Parroquia); o que hace la donación de la corona de oro y diamantes a la Virgen de Coronada; o que profesa una fervorosa devoción a la Virgen de la Soledad por haberle salvado la vida su medalla de un tiro recibido en la batalla, en que participó, de la pretendida invasión inglesaholandesa e igualmente lo vemos con tal empeño en la consecución de sus proyectos que pone dinero de su pecunio particular para la ejecución de las obras de la Plaza Mayor, ya que prestó a la Ciudad de Salamanca 400.000 reales que recibirían, posteriormente a su muerte, sus hijas María y Margarita (esposa de su sobrino Don Pedro Castilla). La celebración del 250 aniversario de la Plaza Mayor de Salamanca no puede quedar en el olvido en nuestro pueblo ya que Don Rodrigo fue su creador, impulsor y trazador de su culminación, aunque su intervención más destacada se hubiera desarrollado en sus comienzos, es decir, en el año 1978 se cumplieron 250 años de la creación de tan magnífica Plaza que salió de la mentalidad y el esfuerzo de un valverdeño.

Andrés Bruno ROMERO MANTERO Valverde, Octubre de 2.005

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DON RODRIGO CAVALLERO Y SALAMANCA  

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