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La revolución de las conciencias

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Lo que el viento no se llevó

Lo que el viento no se llevó La herencia política y pedagógica de la Reforma Universitaria de 1918

1 - INTRODUCCIÓN Hacia 1909, Alejandro Korn comenzó a divulgar la filosofía del impulso vital y la evolución creadora (...) aunque sus defensores no se encontraban suficientemente preparados, actuaban con un poderoso espíritu crítico que los iba encaminando hacia las corrientes más avanzadas de la investigación europea. Entonces se produjo una sostenida lucha de ideas que alcanzó la vehemencia de las polémicas que se suscitaban alrededor de la llamada Reforma Universitaria ocurrida en 1918. (1) (...) El primer gobierno radical no efectuó ningún aporte destacable para el progreso de nuestra educación. La única excepción la constituye el apoyo que prestó a la reforma universitaria, movimiento estudiantil iniciado en 1918 en la Universidad Nacional de Córdoba, apoyo que consistió en la modificación de los estatutos que regían las altas casas de estudio. (2) Las dos citas precedentes corresponden a sendos autores argentinos de historia de la educación. En el segundo caso, se trata específicamente de historia de la educación argentina. En ambos, los párrafos transcriptos constituyen la única mención de los autores como hecho secundario, en relación a otro

a lo largo de sus respectivas obras, acerca de ese fenómeno pedagógico y social que protagonizaron los jóvenes argentinos a comienzos de siglo y que mereciera la calificación de el hecho cultural más importante del siglo en América Latina por parte del destacado escritor y político peruano José Carlos Mariátegui. A quienes nos iniciamos en el estudio de la pedagogía y la historia de la educación hace algunos años, nos sorprende aún y hasta nos indigna el ostracismo impuesto a ese movimiento que sobrepasó las fronteras nacionales y del continente y, sin embargo, sigue siendo ignorado por los planes de estudio, las celebraciones oficiales y, lamentablemente, la mayoría de los estudiosos de la pedagogía en nuestro país. La bibliografía sobre el tema no abunda. En las asignaturas sobre historia de la educación se lo pasa por alto. Las efemérides oficiales lo ignoran. Por si esto fuera poco, los postulados centrales del movimiento reformista siguen incumplidos. Algunos de ellos fueron plasmados por distintos gobiernos democráticos, y suprimidos en cada ocasión por la correspondiente dictadura usurpadora del poder. Los libros escritos por los principales

(1) Juan Carlos Zuretti, “Historia de la educación”, Ed. Itinerarium, Bs. As., 1965, 16ª edición; pág. 296. (2) Manuel Horacio Solari, “Historia de la educación argentina”, Ed. Paidós, Bs. As., 1983; pág. 203.

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líderes o inspiradores de la Reforma son prácticamente inhallables. Pocos han leído alguna línea surgida de la pluma de Deodoro Roca, Saúl Taborda, Julio V. González, Gabriel del Mazo, o de los maestros que adhirieron y argumentaron a favor del movimiento, como José Ingenieros, Alfredo L. Palacios o Alejandro Korn. A quien redacta estas líneas le tocó vivir un hecho poco menos que desolador: que un docente del profesorado de Filosofía, Psicología y Pedagogía no sólo ignorara las obras de estos hombres, sino además la propia existencia de los autores. Tal ostracismo no puede ser casual. En todo caso, se trata del hecho pedagógico de más resonancia en la joven historia nacional y esa razón debía bastar para que se le otorgara un lugar en los libros y en la memoria colectiva. Ese lugar se le sigue negando hasta hoy a la Reforma Universitaria de 1918, lo que equivale a la negación de los ideales que la animaron y que sigue proyectando como deuda postrera para nuestra identidad nacional. El manto de olvido implica, por otra parte, algo más que su exclusión de las efemérides. Vale decir que un acto más o menos cada 15 de junio no modificaría el hecho innegable de que la Reforma halló respuestas más prontas en Francia que en Argentina. En efecto, Europa aplicó con mayor celeridad los postulados surgidos de la Reforma de 1918; entretanto, nuestro país era testigo de los quita

y pon de gobiernos populares y posteriores dictaduras, que culminan con la privatización de la educación pública que intenta el actual gobierno nacional, a través de la mal llamada transferencia y de la drástica reducción del presupuesto para las universidades, impulsando además el manejo financiero de la misma por parte de fundaciones privadas. Las orientaciones pedagógicas no pueden aislarse de los tiempos en que están inmersas, así como el filósofo no puede escapar a su condición de hombre concreto en un espacio y tiempo determinados. Por esto, lo anterior debe considerarse como una mera y necesaria ubicación espacio-temporal a los fines de comprender las razones de este trabajo. La intención puede presentarse como: saber qué fue la Reforma de 1918; conocer sus postulados y propuestas; analizar cómo repercutió en la educación universitaria argentina; y finalmente, ver qué quedó de ella en estos setenta y cinco años de post-Reforma . Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. (...) Los dolores que quedan son las libertades que faltan. (3) Esta frase resume quizás el espíritu de este trabajo, que sin duda conviene hacer esta advertencia distará de ser objetivo e imparcial; pero, como decía Alejandro Korn, si bien no siempre cabe ser imparcial, siempre se puede ser sincero .

(3) “Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Entre Ríos, C. del Uruguay, 1988; pág. 5.

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2 - LA REBELDÍA ESTALLA EN CÓRDOBA

La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es violenta porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de Mayo . (4) En 1918, había 5 universidades en la República Argentina. Tres de ellas (Córdoba, Buenos Aires y La Plata) eran nacionales, y las dos restantes (Santa Fe y Tucumán) provinciales. Ninguna de ellas había sido fundada por el Estado nacional. En la Universidad Nacional de Córdoba, por imperio del art. 52 de su Estatuto, los cuerpos directivos no se renovaban jamás. Sus miembros eran vitalicios. Ni siquiera el cuerpo docente se hallaba representado en la conducción de la casa de estudios. Fundada en 1613, mantuvo hasta el Grito de Córdoba un contenido clerical en sus estudios y una fuerte influencia de la Iglesia, incluso a través de sociedades secretas como la Corda Frates , ni partido, ni club, ni sociedad... Es una tertulia de doce caballeros católicos éste es su más fuerte vínculo espiritual (...) universitarios en su mayoría, políticos casi todos, funcionarios y ex-funcionarios, legisladores... (5). En 1918, el programa de Filosofía del doctor Ignacio Garzón constaba de una bolilla 16 cuyo tema era Deberes para con los siervos . El país y el mundo se hallaban en franco trance de transformaciones. La inmigración había dado origen a las primeras protestas sociales lideradas por socialistas, anarquistas y

sindicalistas. Al mismo tiempo, la clase media argentina irrumpe a través de Hipólito Yrigoyen a la escena política nacional: en 1915, la primera elección presidencial con voto universal en nuestro país consagra al líder de la Unión Cívica Radical presidente de los argentinos. La caída de las monarquías, la Revolución Soviética, los avances tecnológicos, imprimían vértigo al siglo que comenzaba. En este contexto, y por una causa a esta altura anecdótica, la rebelión estalla en Córdoba. El 15 de junio de 1918, la Asamblea Universitaria que debía designar al nuevo rector, signada por hechos turbios, acusaciones de presión y hasta compra de votos, es interrumpida por una multitud de estudiantes, que se ocupan de desalojar a los asambleístas y arrojar fuera a la policía. Sobre el pupitre rectoral, un dirigente estudiantil escribe: La Asamblea de todos los estudiantes de la Universidad de Córdoba decreta la huelga general. Junio 15 de 1928. Más de mil estudiantes rubrican el acta. La elección del rector es abortada. Antes de que la iniquidad fuera un acto jurídico, irrenovable y completo, nos apoderamos del salón de actos y arrojamos a la canalla. (6). Los estudiantes, sin cuidar demasiado las formas, responden así a las maniobras con las cuales ...en la sombra los jesuitas habían preparado el triunfo de una profunda inmoralidad. (...) A la burla respondimos con la revolución. (...) Entonces dimos la única lección que cumplía y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical. (7)

(4) “Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Entre Ríos, C. del Uruguay, 1988; pág. 5. (5) “La Reforma Universitaria”, Alberto Ciria y Horacio Sanguinetti, Centro Editor de América Latina, Bs. As., 1987; Tomo 1, pág. 25. (6) “Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Entre Ríos, C. del Uruguay, 1988; pág. 9. (7) Ídem; pág. 9.

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La rebelión de los estudiantes generó una profunda conmoción en la sociedad cordobesa. De inmediato, recibieron las adhesiones de las restantes organizaciones estudiantiles del país (comenzando por la de la Federación Universitaria de Buenos Aires, la más antigua de las entidades gremiales universitarias), de destacadas personalidades nacionales (Leopoldo Lugones, Alfredo Palacios, José Ingenieros, Augusto Bunge, Alejandro Korn, etc.) y de distintas instituciones sociales, suscitando el apoyo de los sectores proletarios y sus agrupaciones sindicales. El 21 de junio de 1918 se publica en Córdoba el célebre Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria, bajo el título La Juventud Universitaria de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica , redactado por Deodoro Roca en su parte fundamental. Escrito en caliente, el documento expresaba el sentimiento de los jóvenes universitarios, pero a la vez contenía los caracteres fundamentales que acompañarían en el futuro al movimiento reformista. A través del Manifies-

to, los estudiantes impugnaban con crudeza a sus docentes y autoridades, pero anclaban la punta del ovillo en la sociedad que los generara. Con durísimas palabras, describían la realidad de la Universidad de 1918: Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y lo que es peor aún el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático . (8) Ya en ese documento se perfilan los dos grandes matices con que el movimiento de 1918 se instaló en la sociedad argentina: por un lado, como movimiento socio-político. Por el otro, como movimiento pedagógico.

3 - LA REFORMA COMO MOVIMIENTO POLÍTICO Y PEDAGÓGICO

Desde las primeras líneas hasta el final del Manifiesto, se percibe el carácter político del movimiento: Las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana. (9) En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no se han presenciado desórdenes; se ha contemplado

y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera todos los hombres libres del continente. (10) La juventud ya no pide. Exige se le reconozca el derecho a pensar por su propia cuenta (...) Está cansada de soportar a los tiranos . (11) El anticlericalismo, característica impor-

(8) “Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Entre Ríos, C. del Uruguay, 1988; pág. 5. (9) “Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Entre Ríos, C. del Uruguay, 1988; pág. 5. (10) ídem; pág. 8 (11) Ídem; pág. 11.

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tante y fundacional de la reforma, se halla presente también en el Manifiesto: En nombre del sentimiento religioso y bajo la advocación de la Compañía de Jesús, exhortaban a la traición (...) ¡Curiosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad! ¡Religión para vencidos o para esclavos! (12) No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa ni al juego de intereses egoístas . (13) Cinco años después, Julio V. González, otro insigne reformista, escribe que fue el clericalismo su enemigo más tenaz, el único quizás que tuviera, porque es el parásito odioso que se prende con saña a todo retoño de libertad y progreso . (14) La verborragia revolucionaria de Deodoro Roca y los estudiantes cordobeses, furiosos anticlericales, con años de resentimiento cultivado por el dogmático contenido de los estudios y el despótico orden impuesto, espantan y alarman a muchos que creen ver en la Reforma a los soviets asomando a la vuelta de la esquina. Personalidades de renombre salen a la palestra en defensa de los estudiantes reformistas. Entre ellos, el filósofo Alejandro Korn, quien en 1919, intentando justificar algunos excesos, producto de la rebeldía estudiantil, escribe: Hace poco más de un año, al asumir una función académica, dije que algún estrépito había de ocasionar el crujir de los viejos moldes. No debióse tomar la metáfora en su sentido literal, pero algunos vidrios estrellados y una venerable poltrona perniquebrada nos tienen sin cuidado. Están en juego prendas más valiosas. (15) Otra característica esencial del movimiento será su profundo contenido nacional y (12) (13) (14) (15) (16)

antiimperialista. El Manifiesto alude en su primer párrafo a la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación , y a partir de este documento, el contenido latinoamericanista y anticolonialista de los escritos de los reformistas se irá acentuando. El augurio de Deodoro Roca se cumplirá en los años subsiguientes. En toda América Latina se suceden los movimientos reformistas inspirados en el grito del 15 de junio. Distintas personalidades de la cultura y luchadores antiimperialistas de Iberoamérica abrevan en las fuentes de la Reforma de 1918: Víctor Raúl Haya de la Torre en Perú, José Vasconcelos en México, Juan José Arévalo en Guatemala, Julio A. Mella en Cuba, etc. Acusados de anarquistas , apátridas los habituales argumentos de la reacción , los reformistas hacen especial hincapié en su nacionalismo popular. Julio V. González, enfurecido, contraataca: La noción de patria ha sido subvertida por obra de los que se atribuyen el derecho exclusivo de cultivarla e imponerla. Hoy se encuentra ella turbiamente mezclada con los intereses del capitalismo, con los privilegios de las clases ricas, y corre el riesgo de perderse en el derrumbe... (...) La nueva generación arranca del fondo de la historia el verdadero concepto de patria, el legítimo espíritu de la nacionalidad, que se tradujo en la hora de la Revolución de Mayo, con los anhelos proclamados de libertad, igualdad y fraternidad... (16) Pero el movimiento reformista, desde sus propios inicios, está signado por la heterogeneidad, la autenticidad, la espontaneidad.

Ibídem; pág. 9. Ibídem; pág. 10. Julio V. González “Significación social de la Reforma Universitaria”, Edic. MNR, Bs.As., 1984; pág. 18 Alejandro Korn, “La Reforma Universitaria”, reproducido en A. Ciria y H. Sanguinetti, Op. Cit., Tomo 1, pág. 67-68. Julio V. González Op. Cit.; pág. 32

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No hubo una inspiración filosófica previa común a los estudiantes. No hubo un programa de acción predeterminado. Por esa razón, el movimiento fue, también, seno de grandes contradicciones que, con el transcurrir de los años, dieron lugar a pequeñas frustraciones, traiciones de algunos maestros de la juventud y grandes desencuentros nacionales. Así, mientras desde el Manifiesto se convocaba a todos los hombres libres a una revolución americana , mientras Deodoro Roca citaba a León Trotsky en sus exquisitos discursos, otros dirigentes estudiantiles esbozaban modelos bien distintos o exorcizaban la política dentro del movimiento: el presidente de la Federación Universitaria Argentina, Osvaldo Loudet, en su discurso de apertura del Primer Congreso Nacional de Estudiantes, celebrado en Córdoba, en 1918, decía lo siguiente: Señores: éste es un congreso universitario y ha de estudiar los problemas con espíritu universitario. Quiero decir que todo es ajeno a él, menos las cuestiones de pedagogía superior . (17) El modelo de universidad del joven dirigente postulaba que de las universidades no deben salir únicamente médicos, abogados, ingenieros; deben salir hombres, deben salir caballeros como los que se forman en las universidades inglesas. (18) Más allá del concepto que se tenga de un caballero como los que se forman en las universidades inglesas , este concepto de la Universidad deben salir hombres , y no médicos, abogados, etc. se reiterará en el movimiento reformista durante mucho tiempo, fundamentalmente a partir del pensamiento de Deodoro Roca (ver punto 7 de este trabajo). Sin embargo, con el paso del tiempo se perderá, quedando relegado, tal vez, por

ser el más utópico de los postulados reformistas. Por otra parte, tampoco sobre las cuestiones de pedagogía superior se hallarán trabajos orgánicos o integrales de intelectuales surgidos del movimiento reformista, sino más bien apuntes dispersos o aportes individuales, como es el caso de Saúl Alejandro Taborda. Tampoco desde el punto de vista filosófico se puede afirmar que existió un pensamiento homogéneo en el origen del movimiento. Basta detenerse un momento en los nombres ilustres que prestaron su apoyo a la Reforma para percatarse de ello. Positivistas y antipositivistas, materialistas dialécticos e idealistas kantianos, ateos y católicos formaron parte desde el propio 15 de junio de 1918 del singular movimiento que nacía. Estas diferentes tendencias se irán consolidando y organizando con el paso de los años, a través de la formación de agrupaciones de distinta orientación, todas ellas coincidentes en los postulados fundamentales del movimiento reformista. Idéntica situación se aprecia desde el punto de vista de las orientaciones políticas, donde el panorama reformista abarca desde viejos conservadores que observan con simpatía el movimiento (como Joaquín V. González, padre de Julio), hasta socialistas de extrema izquierda como Aníbal Ponce (luego comunista), pasando por radicales (Gabriel del Mazo), nacionalistas populares (Saúl Taborda) o socialistas (como Alfredo Palacios y Juan B. Justo). Este amplio abanico impide etiquetar al movimiento, vieja aspiración de sus enemigos, que siempre resultaron desconcertados por el arco ideológico y filosófico cuya adhesión concitó la Reforma. Aún en nuestros días, son varias y variadas las corrientes ideológicas y filosóficas que siguen

(17) Discurso reproducido en A. Ciria y H. Sanguinetti, Op. Cit., Tomo 1, pág. 56. (18) Ídem, pág. 57.

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levantando las banderas de los jóvenes del 18. Las motivaciones de la Reforma son visualizadas, asimismo, de modo diferente por los distintos hombres que la protagonizaron. La coincidencia unánime está puesta en la mediocridad, el dogmatismo y el oscurantismo reinantes en la vieja Universidad de Córdoba. Así, por ejemplo, Gabriel del Mazo señala que la Reforma fue en lo inmediato, una protesta por (el) estado (de la Universidad) de atraso espiritual, docente y científico, y por su gobierno oligárquico , (19), pero advierte que la Reforma Universitaria sólo se comprende en su globalidad como parte de una transformación más amplia y más profunda: (...) sólo así se explica en su total significado, de Reforma general social, de Reforma nacional, de la Gran Reforma . (20) Este concepto se vuelve recurrente en las reflexiones y teorizaciones posteriores de los intelectuales reformistas, fundamentalmente a partir de Deodoro Roca. El Manifiesto Liminar redactado por Deodoro afirma que la juventud universitaria jamás hizo cuestión de nombres ni empleos, sino que se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente y contra un concepto de autoridad. Y describe la patética situación de la Universidad de Córdoba: Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban ni planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de hoy para ti, mañana para mí , corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viviados

de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la universidad apartada de la ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición interminable de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuerpos universitarios, celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la ciencia. (21) Julio V. González, lúcido dirigente reformista, escribe en 1923: Del pueblo se acordaban para educarlo con la difusión de escuelas, pero nunca para consultarlo. Teníanlo por un niño sin discernimiento, a quien era menester conducir de acuerdo con principios y normas que él no podía comprender. La universidad fue un trasunto fiel de este estado de la conciencia social. Sus aulas, a fuerza de incubar sistemas y formar hombres imbuidos de principios abstractos, concluyeron por ser la matriz donde se engendraba una clase privilegiada que debía gozar exclusivamente de los beneficios de su enseñanza. Fue aislándose en esa forma del medio en que actuaba hasta constituir un reducto burocrático, que el nuevo orden de los sucesos concluiría por convertir en foco de reacción . (22) El mismo señala, además, la idea de que la Reforma no se agota en la transformación de la sociedad: No podrá separarse nunca la Reforma Universitaria de la Reforma Social, porque ambas fueron emprendidas simultáneamente y nacieron por lo tanto unidas. (23) La solidaridad entre los jóvenes universitarios y la clase obrera fue una realidad

(19) Gabriel del Mazo, “La Reforma Universitaria”, Ediciones MNR, 1984; pág. 7. (20) Gabriel del Mazo, “La Reforma Universitaria, brazo de una conciencia nacional”, Ediciones Movimiento Nacional Reformista, 1987; pág. 5. (21) “Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Entre Ríos, C. del Uruguay, 1988; pág. 10. (22) Julio V. González, “Significación social de la Reforma Universitaria”, Edic. MNR, 1984, págs. 12-13.

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indiscutible y duradera en los días posteriores al estallido cordobés. Ese hecho signó un carácter solidario y comprometido con los sectores más desprotegidos de la sociedad al movimiento, carácter que fue marca distintiva del reformismo de allí en más. Comprobamos, además, en las palabras de Julio V. González, la idea de que la Reforma debía entenderse como un capítulo de una transformación a nivel social. El doctor Juan Bautista Justo, en ese momento diputado nacional, inspeccionó personalmente la vieja casa de Trejo , antes de los sucesos de 1918, para informar al Congreso Nacional acerca de la situación de la misma. Él fue quien denunció que en la cátedra de Filosofía del Derecho se estudiaba la Bolilla Nº 3, que consistía en Deberes para con los siervos . Denunció, además, que había ocho cátedras en la Facultad de Medicina, cuya enseñanza era exclusivamente verbal: (...) Terapéutica, que se enseña sin mostrar un medicamento ni hacer una experiencia en el hombre vivo ni en los animales; Clínica Terapéutica, otra cátedra redundante (...); Patología externa, que se pretende enseñar sin mostrar un enfermo; Patología interna, que se enseña en las mismas condiciones; Patología general, que se hace también a base de puro verbalismo; Medicina legal, de la que no se enseña nada experimental ni práctico; de manera que los médicos que salen de aquella Universidad no son capaces de hacer un verdadero peritaje; Toxicología, que se enseña también sin elementos materiales de ninguna clase; y Botánica. (24) También Alfredo L. Palacios alude al carácter regresivo de la vieja Universidad:

Seguía flotando sobre la vetusta casa de estudios el alma de la teología. Era una bastilla: allí las fuerzas regresivas torturaban las inteligencias y detenían el pensamiento; la mente giraba alrededor de una ciencia silogística que sólo se alimentaba de palabras. (25) Deodoro Roca fue más lejos en su análisis: Enseñoreada en el Estado, en la propiedad, en la iglesia y en la familia, regía una tiranía clérico-conservadora. (...) La universidad representaba el embrutecimiento metódico, la corrección de todo entusiasmo, el ajusticiamiento de toda renovación . (26) Los jóvenes, según Deodoro, se alzaron contra esa tiranía e iniciaron una cruzada destinada a abolir las causas profundas de la misma. Así, enuncia por primera vez entre los téoricos reformistas el postulado de la Reforma social. Mariátegui, sólo siete años después dirá lo mismo en otras palabras, más afines a la fraseología materialista dialéctica, en la cual sólo anárquica y románticamente había abrevado Deodoro. El problema de la enseñanza no puede ser bien comprendido al no ser considerado como un problema económico y como un problema social. El error de muchos reformadores ha residido en su método abstractamente idealista, en su doctrina exclusivamente pedagógica (27), escribirá Mariátegui en La enseñanza y la economía . El romántico e idealista Deodoro Roca, afirma, en un discurso en 1920, que ...el mal de las universidades es un mero episodio del mal colectivo (...) El problema ya no es sólo el de darse buenos o malos maestros. En el antiguo régimen, los buenos maestros, tenían que ser, fatalmente, los peores maestros.

(23) Ídem, pág. 22. (24) Juan B. Justo “Discurso en la Interpelación al ministro de Instrucción Pública”, Diario de Sesiones, 1918. En Juan B. Justo, “Labor Parlamentaria”, Ed. Alberto Palcos, 1938; pág. 201. (25) Alfredo L. Palacios, “La Universidad Nueva”, M. Gleizer Editor, 1925; pág. 33. (26) Deodoro Roca, “La Revolución de las conciencias”, 1918. Reproducido en “Homenaje a la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Rosario, 1987; pág. 99.

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(...) El problema es muy otro ya. Mientras subsista la odiosa división de las clases, mientras la escuela actual que sirve cumplidamente a esa división no cambie totalmente sus bases, mientras se mantenga la sociedad moderna constituida en república de esfuerzo (...) las universidades seguirán siendo lo que son (...) fábricas de títulos. (28) Jorge May Zubiría, dirigente reformista del ala más radicalizada, analizaba la Universidad prerreformista de la siguiente manera: La Universidad argentina vivió casi un siglo de su existencia aislada por completo de la sociedad que la circunda. Sus profesores, pertenecientes a lo más rancio de la aristocracia ganadera, fomentaban esa absoluta separación en defensa de sus intereses de clase privilegiada. Para ellos no existía cuestión social; el hambre del pueblo era una invención de unos pocos agitadores profesionales (...) (29) Otro exponente de los reformistas de izquierda, Aníbal Ponce, percibía a la Universidad extraña a la vida que en torno suyo rumoreaba; dócil instrumento de una clase que por ella pasaba para llegar al poder más fácilmente; tribuna poco sonora de profesores envejecidos, incapaces de auscultar las voces del tiempo; la Universidad se alzaba desafiante como un baluarte de ese mismo pasado contra el cual nos rebelábamos (...) . (30) Por su posterior definición ideológica, Aníbal Ponce pondrá el énfasis en la necesidad

de integrar los postulados reformistas dentro de un planteo revolucionario más amplio y más radical. Así lo expresa cuando, al analizar el movimiento reformista lo define como no proletario , razón por la cual no acertó a definir la calidad de la fuerza que lo impulsaba (31). Según Ponce, la educación siempre está al servicio de las clases dominantes hasta que otra clase revolucionaria logra desalojarlo e imponer su propia educación. Cuando no lo consigue por no ser lo suficientemente poderosa, se conforma provisoriamente con que las clases dominantes se estrujen un poco para hacerle sitio. En ese caso no hay una revolución en la educación sino simplemente una reforma . (32) La Reforma, empujada por estudiantes universitarios provenientes de la alta clase media y de la oligarquía, suscitó la adhesión de los trabajadores, que la miraron según Ponce con simpatía pero sin fe . Polémico corolario: la burguesía con desconfianza, pero sin temor . (33) Concluye Ponce: Es que al lado del aspecto técnico de la Reforma (...) hay otro sentido más generoso y más amplio que incluye a la Reforma dentro de la Revolución. (...) Los estudiantes aprenderán que no se es defensor legítimo de la Reforma cuando no se ocupa al mismo tiempo un puesto de combate en las izquierdas de la política mundial . (34) El análisis de Ponce con al menos un punto débil históricamente: la clase dominan-

(27) José Carlos Mariátegui, “Obras”, Ediciones Casa de las Américas, 1972; Tomo 2, pág. 439. (28) Deodoro Roca, “La Universidad y el espíritu libre”, 1920. Reproducido en “Homenaje a la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Rosario, 1987; págs. 104-105. (29) Jorge May Zubiría, “La organización universitaria y los trabajadores”, reproducido en A. Ciria y H. Sanguinetti, Op. Cit., Tomo 1, pág. 98. (30) Aníbal Ponce, “Hacia la democracia proletaria”, prólogo a Julio V. González Op. cit. (31) Aníbal Ponce, “El viento en el mundo”, Obras completas, Editorial Cartago, 1973; Tomo 3, pág. 163. (32) Aníbal Ponce, “Educación y lucha de clases”, Obras completas, Editorial Cartago, 1973; Tomo 3, pág. 428. (33) Aníbal Ponce, “El viento en el mundo”, Obras completas, Editorial Cartago, 1973; Tomo 3, pág. 164. (34) Ídem, pág. 164.

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te ¿la miró sin temor? resulta sumamente polémico por sus conclusiones y su exhortación política. Pero viene a confirmar la extensión de miras que, en general, alentaron los líderes de la Reforma Universitaria. Y en cierta forma, adelanta una de las explicaciones a las subsiguientes y reiteradas derrotas históricas que sufriera el movimiento (la defección de numerosos ex-reformistas, las idas y venidas de las concreciones reformistas en cada administración gubernamental, la ilusoria conexión universitaria con la sociedad circundante, la derrota en el decisivo debate mal llamado Laica vs. Libre , la incomprensión de los universitarios acerca de fenómenos sociopolíticos fundamentales para el país, como el yrigoyenismo y el peronismo, etc.). Pero el carácter más pronunciado del movimiento gestado en 1918 por los jóvenes cordobeses, puesto en evidencia a cada paso, en cada palabra y en cada acto de sus protagonistas, es su contenido irreductiblemente democrático y democratizador. Democrático por su esencia y su amplitud espiritual, por sus

demandas concretas y sus inspiraciones ideológicas; democratizador porque a su paso caen las barreras y la Universidad se abre a la sociedad; porque sólo una vez concretados sus postulados la Universidad estuvo abierta al pueblo. La Reforma de 1918 es, en este sentido, el equivalente universitario de las elecciones que consagran presidente a Yrigoyen: a partir de la Reforma y sólo por ella, las universidades conocieron la democracia. A partir de la Reforma y sólo por ella, el pueblo los hijos talentosos de las clases y capas populares conoció la Universidad. Por eso, el Centro de Estudiantes de Arquitectura, Diseño Industrial y Gráfico de la Universidad de Buenos Aires publicó el 15 de junio de 1991 como pequeña solicitada en el suplemento dedicado al aniversario de la Reforma de 1918, el siguiente texto: Hace 73 años el pueblo ingresó a la Universidad; no permitiremos que se vaya. (35)

(35) Suplemento “73 años de la rebelión universitaria”, Página/12, 15 de junio de 1991.

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4 - LOS POSTULADOS REFORMISTAS La mayoría de los autores que estudian la Reforma Universitaria coinciden en señalar tres grandes banderas de la Reforma . Ellas son las siguientes: la modernización de la enseñanza; la participación de los estudiantes en el gobierno universitario; el antiimperialismo y la unidad de los pueblos latinoamericanos. (36) Podríamos agregar que sólo en los dos primeros temas la Reforma estableció pautas concretas a seguir para su consecución. En lo referente a la tercera, fue una consecuencia natural y directa de la acción universitaria, signada por actos concretos de unidad con estudiantes de otros países o declaraciones altisonantes de antiimperialismo, o bien marcada en la realidad incontrastable de que, muy pronto, la Universidad argentina Reformada comenzó a atraer a numerosos jóvenes y no sólo de los hermanos países de América Latina a sus aulas. En 1959, por ejemplo, el 10% de los estudiantes inscriptos en la Universidad de Buenos Aires eran extranjeros. Más precisamente: la citada casa de estudios alojaba más de 5.000 estudiantes de otros países, de los cuales 2.500 eran latinoamericanos (fundamentalmente provenientes de Perú, Colombia, Venezuela, Uruguay, Paraguay, Costa Rica y Chile). (37) Por otra parte, unos pocos años después de la Reforma, algunos de sus más ilustres adherentes, conformaron la Unión Latino-Americana con el objetivo funda-

mental de orientar las naciones de la América Latina hacia una Confederación que garantice su independencia y libertad contra el imperialismo de los Estados capitalistas extranjeros, uniformando los principios fundamentales del derecho, público y privado, y promoviendo la creación sucesiva de entidades jurídicas, económicas e intelectuales de carácter continental . (38) Algunos de los insignes nombres que rubrican esta Acta son los de José Ingenieros, Alfredo Palacios, Carlos Sánchez Viamonte, Gabriel del Mazo, Julio V. González, Aníbal Ponce, Florentino Sanguinetti, Deodoro Roca; quizás los más conocidos y respetados de los líderes reformistas y de los intelectuales que a ella adhirieron. Es un documento interesante, además, porque es el primero en el que se recogen algunas ideas concretas que luego serán muy desarrolladas, como la de Confederación y que aún hoy pueden tener validez, tales como la unificación del derecho, la acción diplomática conjunta de los países latinoamericanos en todas las cuestiones de interés mundial , la eliminación de la diplomacia secreta entre países hermanos, etc. El carácter latinoamericanista y antiimperialista de los jóvenes cordobeses que no es un capricho ni una vocación de igualar hacia abajo , sino una toma de conciencia avalada por la propia autoubicación en el

(36) Sergio Bagú “Universidad y Estado en América Latina”, Revista MExicana de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, nº 134, Octubre Diciembre 1988; pág. 27.. (37) “La Reforma Universitaria”, Alberto Ciria y Horacio Sanguinetti, Centro Editor de América Latina, Bs. As., 1987; Tomo 2; pág. 191. (38) Acta de Fundación de la Unión Latino-Americana, redactada por José Ingenieros. Reproducida íntergamente en “La Reforma Universitaria”, de Alberto Ciria y Horacio Sanguinetti, Centro Editor de América Latina, Bs. As., 1987; Tomo 1; pág. 69.

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contexto histórico, fundamentalmente a partir de la identificación con la historia, de ese concepto patriótico al que hacía referencia Julio V. González, remontado a la Revolución de Mayo, donde América fue una, y donde abrevaron los reformistas del 18 está marcado desde el primer párrafo de su Manifiesto Liminar, ya citado varias veces, cuando afirman estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana . O cuando revelan que sabemos que nuestras verdades lo son y dolorosas de todo el continente . O más adelante, cuando advierten que se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente . En 1918, en la clausura del Primer Congreso Nacional de Estudiantes, invitado especialmente a cerrarlo, Deodoro Roca dirá que ¡Crear hombres, hombres americanos, es la más recia imposición de esta hora! (39). El carácter americanista, heredado de la Revolución de Mayo de la cual los jóvenes del 18 se sienten herederos estuvo, como puede verse, presente en el propio inicio del movimiento. Dicho esto sobre la tercera de las consignas liminares de la Reforma de 1918, podemos pasar a recorrer las dos primeras, que son las que atañen directamente a la educación: la modernización de la enseñanza y la participación estudiantil en el gobierno universitario o democracia universitaria. Valga aclarar antes, para ambos puntos, que lo que aparenta ser sólo una consigna electoral o un reclamo juvenil un tanto difuso (como aquellas pintadas políticas que rezan por un país mejor , sin aclarar qué y cómo mejorar ni en qué consiste la mejora), resulta,

al ser analizado con detenimiento y en profundidad, un planteamiento pedagógico original y profundo, con escasos antecedentes históricos y con un sólido respaldo argumental filosófico, basado esencialmente en la libertad del ser humano. Sorprende aún en nuestros días repasar algunos de los postulados reformistas, imaginar qué efectos provocaron a comienzos de siglo y comprobar que aún 75 años después, conservan toda su validez, siguen siendo propuestas audaces y revolucionarias, así como se revelan profundos y llenos de amor por la libertad los argumentos esgrimidos en aquellos días para sostenerlas. El Primer Congreso de Estudiantes Universitarios, reunido en Córdoba, en 1918, fue el encargado de dar la primera forma orgánica a una serie de propuestas e ideas que rondaban el pensamiento juvenil. De él surgieron algunas de las propuestas más novedosas de la Reforma: asistencia libre, docencia libre, periodicidad de la cátedra, etc. La asistencia libre se plantea en primer término y con relación a la docencia libre, no sólo porque el estudiante y no el profesor es el objetivo central de la Universidad, sino porque la libertad del estudiante dentro de la Universidad es indispensable para una enseñanza efectiva y esencial . (40) La asistencia libre, tan resistida como cualquier otra de las reivindicaciones reformistas, es, en su momento, una de las propuestas centrales de la Reforma. Uno de los dirigentes estudiantiles más lúcidos que tuvo la Reforma, Héctor Ripa Alberdi fallecido tempranamente en 1923 argumentaba a favor de la libre asistencia de la siguiente manera:

(39) Deodoro Roca, “La Nueva Generación Americana”, 1918. Reproducido en “Homenaje a la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Rosario, 1987; pág. 95. (40) Gabriel del Mazo, “Estudiantes y Gobierno Universitario”. Editorial El Ateneo, 1946; pág. 62.

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Ls modernas orientaciones pedagógicas nos llevan hacia la emancipación completa del educando, a la formación libre de la personalidad intelectual. (...) La asistencia voluntaria no sólo destruye la mecanización de la enseñanza, sino que pone en manos del alumno un instrumento de defensa contra el profesor mediocre. (...) La asistencia libre nos da la solución al respecto, dado que sólo tendrá alumnos en su clase el maestro que sepa atraerlos con su enseñanza. (41) Aunque parezca inverosímil, las respuestas que recibían en aquellos días son las mismas que hoy resuenan cuando a alguien se le ocurre proponer algo similar a la asistencia libre: facilismo , quieren venir a pasear , etc. Las almas generosas que opusieron todos sus esfuerzos a la honda renovación que marcaban los jóvenes del 18 parecen haber sembrado también su propio camino, puesto que ni los argumentos han modificado en estos 75 años. La argumentación reformista, sencilla pero profunda, supo concitar el respaldo de autoridades intelectuales de su época. El argumento fundamental es la libertad. La autoridad, en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando sino sugiriendo y amando: enseñando . (42) Los reformistas cuestionaban no la autoridad del profesor o del director de la Universidad, sino la base de apoyo de esa autoridad. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen carcelario, pero no una labor de ciencia. (43) La autoridad de una casa de estudios no

puede emanar de la fuerza, porque va en contradicción de los propios fundamentos de la existencia de esa casa de estudios, puesto que toda la educación es una obra de amor a los que aprenden . Por eso los reformistas quieren arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de autoridad . ¿Es, acaso, un mandato de origen divino, como el de las monarquías? ¿Se crea a sí mismo, en él nace y en él muere ? Si no es así, ¿quién, fuera de las universidades o extraño a la esencia de los estudios, puede otorgar autoridad a quien deberá regir esos estudios? Los vientos de la democracia quiebran los vidrios del aislamiento universitario. Los jóvenes quieren decidir. Así como en la república el pueblo elige a sus gobernantes, en la república universitaria , el pueblo debe tener el derecho de hacerlo. Porque la juventud no ha tenido tiempo aún de contaminarse. No se equivoca en la elección de sus maestros y directores... (44) Los jóvenes proponen una forma distinta de aprender, para ellos. Pero sugieren cuál es la forma de enseñar, para sus profesores. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa que cabe en un instituto de ciencia, es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla . (45) Todo el postulado es lo que sorprende. La Reforma de 1918 no es sólo un movimiento político que pugna por abrir espacios de decisión administrativa al estudiantado, lo cual de por sí le da ya bastante mérito (aunque en ese caso no tendría sentido este trabajo). Es

(41) Reproducido en: Gabriel del Mazo, “Estudiantes y Gobierno Universitario”. Editorial El Ateneo, 1946; pág. 63. (42) “Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Entre Ríos, C. del Uruguay, 1988; pág. 6. (43) “Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Entre Ríos, C. del Uruguay, 1988; pág. 6. (44) Ídem, pág. 7 (45) Reproducido en: Gabriel del Mazo, “Estudiantes y Gobierno Universitario”. Editorial El Ateneo, 1946; pág. 130.

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mucho más que eso, y también en lo político. Pero su propuesta es revolucionaria en la educación superior. Es una nueva concepción de lo que debe ser la enseñanza, de lo que debe ser la docencia y de lo que debe ser la universidad. El estudiante se cansó de escuchar, se aburrió tanto en clase que reaccionó con furia. La educación no puede ser esto , pensó. Vamos a ver, y ¿cómo tendría que ser? . Y empezó a anotar en lo que tenía más a mano: Asistencia libre. Libertad de cátedra. Periodicidad de cátedra. Integración con la sociedad. Autonomía universitaria. Gratuidad de la enseñanza superior. No limitación numérica en el ingreso. Agremiación estudiantil. Las mencionadas fueron y son las propuestas más conocidas del movimiento reformista, algunas de las cuales están en vigencia fuera de toda duda (periodicidad de cátedra, agremiación estudiantil); otras se implementaron en algún momento pero, abolidas por las distintas dictaduras que usurparon sucesivamente el poder, jamás se reimplantaron (asistencia libre, libertad de cátedra); otras más, cumplidas pero en grave peligro (autonomía universitaria, gratuidad de la enseñanza superior, no limitación numérica en el ingreso); y finalmente, las que no pasaron de ser una propuesta, o a lo sumo un caso aislado (integración con la sociedad). Las propuestas reformistas, sumamente audaces para su época, contaron como ya dijimos con el decidido apoyo de profesores ilustres, como Alejandro Korn, quien refiere acerca de la periodicidad de las cátedras: Así, pues, como la asistencia libre es condición

indispensable para estimular al docente, la renovación a breve plazo de los cuerpos académicos con la cláusula de la no reelección es la segunda exigencia de la reforma a fin de evitar la estabilización, algunas veces vitalicia, de los mismos personajes en los puestos directivos. (46) El profesor Korn, médico y filósofo, con varios años encima en 1918, no le teme a la libertad de cátedra: Una cátedra libre rodeada por estudiantes libres, dueños y responsables de sus actos, ha de contribuir mejor a formar el carácter nacional que la tutela verbosa de quienes jamás dieron un ejemplo de entereza . (47) Casi 40 años después de que Korn escribiera estas palabras, todavía era necesario que la Federación Universitaria de Buenos Aires afirmara en una declaración: Venimos sosteniendo desde 1918 que los estudiantes tenemos derecho a participar en el gobierno de la Universidad. Es la consecuencia de un concepto moderno de la educación que mira al estudiante como actor de su propio proceso de conocimiento y no como simple receptáculo de una enseñanza impartida desde la alta autoridad magistral de una cátedra. (48) También el filósofo español Ortega y Gasset manifestó su coincidencia con la concepción reformista. Para él la Universidad debe ser la proyección institucional del estudiante. Afirma que debe centrarse la actividad educativa en el estudiante y no en la autoridad del profesor, como era habitual: En la organización de la enseñanza superior, en la construcción de la Universidad, hay que partir del estudiante, no del saber ni del profesor. (49)

(46) “La Reforma Universitaria”, Alberto Ciria y Horacio Sanguinetti, Centro Editor de América Latina, Bs. As., 1987; Tomo 1; pág. 66. (47) ídem; pág. 67. (48) “La Reforma Universitaria”, Alberto Ciria y Horacio Sanguinetti, Centro Editor de América Latina, Bs. As., 1987; Tomo 1, pág. 155 (49) ibídem, pág. 166.

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Pero los reformistas quieren más que eso. No quieren que otros hagan la educación de acuerdo a lo que esos otros consideran que necesita el estudiante. Ellos quieren tener ingerencia en los asuntos cotidianos y en los trascendentes de la vida universitaria, quieren poder decidir en todo lo relativo a sus estudios, pero también en lo referente a la educación, a los que la imparten y a la función social de la misma. Carlos Cossio utiliza por primera vez el concepto de ingerencia, para dar mayor relevancia al rol activo que le debe corresponder al estudiante en la nueva universidad: Ninguna expresión mejor que ingerencia estudiantil para significar la esencia de todo el nuevo derecho universitario. Porque efectivamente, no se trata de una mera participación en la vida de la Universidad, que pueda ser pasiva; ni de una simple colaboración en concordancia de voluntades; sino de toda una fluctuación armónica y desarmónica; de una constante, áspera e impetuosa, como la juventud misma, que carga de una tensión variable todo el nuevo derecho universitario, por cuanto es fuerza funcionalmente integrada al mecanismo, que ahora existe como tal en la medida en que conserva su carácter de totalidad. (50) Para Alfredo Palacios, rector de la Universidad de La Plata uno de los primeros rectores elegidos por los estudiantes luego de la Reforma también toma el concepto de ingerencia, cuando escribe que resulta incomprensible, desde un punto de vista superior, el empeño en negar la ingerencia estudiantil. No hay un elemento más precio-

so para el verdadero maestro (...) Y si esa intervención ha sido frecuentemente hosca y tumultuosa, es debido al ambiente subalterno de menguados intereses personales que suelen prosperar, indebidamente, en las Casas de Estudio . (51) Agrega luego: En la nueva dimensión que ha de abarcar la Universidad, tiene asignada tarea predominante el dinamismo idealista de la juventud. Sin su colaboración consciente y voluntaria, la Universidad realizaría una labor deficiente; pero no puede existir colaboración sin libertad de determinarse en el alma juvenil. (52) Pero la propuesta reformista bordeó límites más agudos aún que los que tocan los postulados referidos. Habló de la supresión de los exámenes, de la eliminación de los títulos profesionales , de una educación que coopere con la eliminación de las clases sociales, de una universidad que forme hombres americanos y no seres parcelados , con un título de médico o abogado. Ésta es, quizás, la versión menos difundida de la Reforma, y posiblemente la más utópica. La que soñaba Deodoro Roca. Una de las propuestas reformistas más polémicas justamente porque roza ese vértice en el que se separan las aguas surgida del Congreso de Estudiantes de 1918, es la que, ligada a la función social de la Universidad, se refiere a su vinculación con el medio social, conocida en el ambiente universitario como extensión universitaria . Desde la creación luego de la Reforma del primer Departamento de Extensión Universitaria, la polémica sobre este tema no ha finalizado. Los sectores más radicalizados del movimiento reformista siempre percibieron a la exten-

(50) Carlos Cossio, “La Reforma Universitaria o el problema de la nueva generación”, Tesis doctoral, Buenos Aires, 1927. Reproducido en “Historia Documental de la Reforma”, V. García Costa, tomo 2, pág. 223-224. (51) Alfredo L. Palacios, “Espíritu y Técnica en la Universidad”, Universidad Nacional de La Plata, 1943; Pág. 68. (52) ídem, pág. 115.

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sión como algo más parecido a la caridad que a la justicia; como a una actitud bien intencionada pero ingenua, incapaz de llegar al fondo de la cuestión social; o como una muestra de soberbia casi doctoral, imbuida de elitismo, puesto que los Centros de Estudiantes reformistas (influidos probablemente por esa idea recurrente en los llamados Maestros de la Juventud de que una de las misiones de la Universidad, la más importante, era orientar culturalmente el espíritu nacional, y por qué no, no tan culturalmente, ya que hablaban de que era la Universidad la que debía planificar la nueva Argentina, y realizar la renovación de la sociedad ) se consideraban obligados por un deber en el desarrollo de la cultura de los trabajadores manuales e impulsados por un noble concepto de reparación justiciera. Los estudiantes de la Reforma crearon así muchas veces cursos para obreros. Por la tarde y por la noche concurrieron a los locales especiales o a las fábricas a enseñarles. Refiriéndose en especial a la extensión a cargo de los estudiantes de ingeniería de Buenos Aires, dice el ingeniero Augusto J. Durelli: estudiante robando horas a su descanso para enseñar a obreros es algo típicamente argentino . (53) Para Saúl Alejandro Taborda, uno de los reformistas que más atención prestó a los asuntos filosóficos y pedagógicos, la extensión universitaria debe ser solamente una función provisoria de la Universidad, y es anómala si al mismo tiempo sus impulsores no propugnan la educación pública universal y completa, denunciando la injusticia en que tal extensión se asienta. Es decir, la extensión como aporte actual, no como caridad institucionalizada, hasta que la sociedad sea

distinta: no puede satisfacernos la extensión , precaria concesión desde arriba , porque la integración de la Universidad con la vida del pueblo exige toda la educación, toda la escuela hasta llegar a la Universidad. De lo contrario, la masa, capaz de dar vida a la cultura, sigue en estado precultural y la élite se intelectualiza y reseca por falta de germen nutritivo. (54) Para la misma época (1936) en que Taborda escribía lo que antecede, Deodoro Roca afirmaba a través de una postura similar, su mismo planteo de 1918: Sin reforma social no puede haber cabal Reforma Universitaria. En la memorable lucha, la Universidad fue para la juventud una especie de microcosmos social. Descubrió el problema social. Y ligado a su dramático destino. Bien pronto advirtió que Estado, Sociedad, Universidad, se alimentaban de la misma amarga raíz. Y los mismos comandos. Las mismas manos manejando los mismos compases. Lo que empezó como defensa contra la toxicidad de los malos maestros, y afán oscuro y torpe de reformar el sistema educacional que los hacía posibles , se convirtió al cabo en proceso al sistema social, que es donde arranca la dogmática, la represión y la penuria de entonces, y más visiblemente aún , de la de ahora. (55) Y ésta es la Reforma más polémica. Porque, aunque posea las respuestas, no puede evitar la pregunta: ¿es posible una Universidad reformada en el sentido en que lo querían Deodoro y Taborda en el seno de una sociedad como la actual? ¿Cómo conciliar una casa de estudios abierta a todos las clases sociales , gratuita, igualitaria y democrática, con una comunidad en franco retroceso social,

(53) Gabriel del Mazo, “Estudiantes y Gobierno Universitario”, Libr. y Editorial “El Ateneo”, 1946, pág. 69. (54) Saúl A. Taborda, “Investigaciones pedagógicas: La extensión universitaria”, Revista de la Universidad de Córdoba, 1937, pág. 56. (55) Dedoro Roca, “¿Qué es la Reforma Universitaria?”, 1936. Reproducido en “Historia Documental de la Reforma”, V. García Costa, tomo 1, pág. 96.

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donde la brecha de la desigualdad socioeconómica se agranda día a día, donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres? Para Jorge May Zubiría, reformista de izquierda, la democratización de la universidad tampoco se puede conseguir bajo el sistema burgués. Aunque se estableciera la gratuidad de la enseñanza, resultaría absurdo pretender que el obrero asistiera a las aulas oficiales después de haber realizado durante todo el día las pesadas tareas que el sustento de su familia le requiere. Cabe agregar que no tendría interés en asistir a clases donde no se enseña nada que pueda serle fundamentalmente útil para resolver su

pavoroso problema inmediato. Sólo podrá existir la universidad de la Reforma cuando cambie la actual organización social, y desaparezcan las diferencias de clase y el predominio de una minoría sobre la humanidad. (56) La respuesta que, desde 1918, se le viene dando a este planteo, ha sido, en la praxis, más poderosa que la voluntad reformista. De hecho, actualiza las palabras de Deodoro Roca, ya citadas aquí: ...el mal de las universidades es un mero episodio del mal colectivo . O como escribió Julio V. González: No habrá Reforma Universitaria sin Reforma Social . (ver capítulo 7 de este trabajo)

5 - UNA PROPUESTA ORIGINAL Es fundamental en toda la propuesta reformista la revolución copernicana que significó colocar en el centro de la cuestión universitaria el lugar del estudiante. Todo el conglomerado de propuestas elaboradas a posteriori giran en torno de esa idea central, que resultaba a todas luces revolucionaria en 1918. Además de revolucionar a los viejos profesores y mandatarios educativos, la idea nueva sorprendió gratamente a pensadores políticos y filosóficos. Ya hemos visto cómo muchos de los espíritus más elevados de la época se erigieron en defensores de la Reforma y de los estudiantes, inclusive en los momentos más difíciles de revueltas y enfrentamientos. Pero la pregunta que surge naturalmente se refiere al origen y a os antecedentes

conocidos de esa concepción nueva, surgida de los disturbios y el alboroto estudiantiles en los agitados días de junio del 18. ¿De dónde surgió ese nuevo concepto pedagógico? ¿Qué corriente pedagógica o filosófica la aportó y a través de qué vocero, dentro de las luchas estudiantiles? El estudiante como actor de su propio proceso de conocimiento , idea nueva y progresista, se erigió, justamente, en la base esencial del edificio ideológico-pedagógico del movimiento reformista. Como realidad concreta, la participación de los estudiantes en el gobierno universitario fue decisiva: la modificación del estatuto de 1918, reforma criolla avanzadísima de ultra democrática participación estudiantil en la elección de autoridades universitarias, ha cambiado en absoluto el aspecto de nuestra instrucción

(56) Jorge May Zubiría, “La organización universitaria y los trabajadores”, reproducido en A. Ciria y H. Sanguinetti, Op. Cit., Tomo 1, pág. 100.

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superior . (57) Esto decía al respecto el profesor Ernesto Quesada, en un discurso en el año 1921. Y agregaba, a continuación, que este régimen universitario ha dicho uno de los actuales miembros del Consejo Superior sólo tiene en su favor el ser una invención nuestra, que buscaríamos en vano en cualquier país civilizado que pueda servirnos de modelo, pues con iguales fundamentos debería entregarse a los empleados de la administración la elección de sus jefes administrativos, y a los ciudadanos conscriptos la de sus oficiales y jefes militares. (58) (Subrayado nuestro) Quesada retrucaba a su colega docente afirmando que así como el contribuyente elige a sus gobernantes, la masa estudiantil el pueblo de la república universitaria debe poder elegir a los suyos, pero y esto es lo que nos interesa en este caso vuelve a insistir con el concepto de invención : (...) La Reforma de 1918 lo único que hace es ensayar una solución netamente argentina del problema universitario . (59) (Subrayado nuestro) Gabriel del Mazo, viejo compilador de temas reformistas, comenta en su libro La Reforma Universitaria : Los estatutos de las universidades de veinte países de nuestra América han adoptado los grandes principios (de la Reforma de 1918), llamados en todos ellos principios argentinos, entre los que se encuentra el típicamente nuestro de la ingerencia estudiantil, activa y orgánica, en la vida y en el gobierno de las universidades, y son diez ya, de entre esas naciones americanas de nuestro común origen, las que han llegado a

consagrarlos en sus leyes. (60) (Subrayado nuestro) Para los países vecinos estaba claro que esas ideas raras eran argentinas. De esto parece desprenderse como lo repitieron además los propios líderes de la Reforma que la idea de ingerencia estudiantil (como le gustaba decir a Alfredo Palacios y a Del Mazo), es realmente una propuesta original y sin antecedentes. De hecho, además de carecer de experiencias extranjeras al respecto, no se conocían escritos o textos de autores importantes del exterior que participasen del concepto. Por eso resultó tan importante para la reforma la adhesión de intelectuales reconocidos de nuestro país, como Korn o Ingenieros. También para Alfredo Palacios las ideas de participación estudiantil son originalmente de los jóvenes protagonistas de la Reforma Universitaria de 1918. Refiriéndose a la ingerencia estudiantil en el gobierno de la Universidad , refiere que fue éste un azaroso y arriesgado experimento. Iniciado en la Universidad de Córdoba en 1918, constituye un movimiento original, democratizador de la enseñanza que carece de precedentes en el mundo. (61) (Subrayado nuestro) Los distintos protagonistas de la Reforma que han hecho memoria sobre su actuación atribuyen el estallido juvenil a circunstancias políticas y sociales (tales como la irrupción de la pequeña burguesía de origen inmigrante en la política argentina a través del yrigoyenismo, la revolución soviética, el fin de la Primera Gran Guerra, el comienzo de la era científico-tecnológica) más que a influencias de orden filosófico o ideológico. Coinciden en caracterizar al movimiento como

(57) Reproducido en: Gabriel del Mazo, “Estudiantes y Gobierno Universitario”. Editorial El Ateneo, 1946; pág. 130. (58) Ídem; pág. 130 (59) Reproducido en: Gabriel del Mazo, “Estudiantes y Gobierno Universitario”. Editorial El Ateneo, 1946; pág. 130. (60) Gabriel del Mazo, “La Reforma Universitaria”. Librería y Editorial El Ateneo, 1938; pág. 97. (61) Alfredo Palacios “Espíritu y Técnica en la Universidad”, Universidad Nacional de La Plata, 1943; pág. 114.

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profundamenta libertario, antidogmático y anticlerical, pero no arriesgan definiciones. El desordenado pero perdurable sistema de pensamientos inaugurado a través de la Reforma ratifica estos conceptos, aunque en muchos casos permite descubrir también la gran influencia que tuvo en los jóvenes del 18 el predicamento antipositivista en algunas de sus vertientes, y positivista en otras. Así, por ejemplo, Florentino Sanguinetti escribe: (...) La enseñanza debe superar al profesionalismo unilateral y agnóstico, creando por sobre el adiestramiento para el lucro, un tipo de cultura desinteresada y excitante, que rompa brecha en las murallas de la especialidad. (...) El siglo XIX fue el siglo de la técnica y de la crítica, del método inductivo y del positivismo, del análisis y de la fuga

romántica. Fue el siglo burgués. Ahora no aceptamos todas esas maneras de vivir, de ver y de conocer, que convergen en la ciencia como religión de reemplazo (...). (62) Al mismo tiempo, el aire positivista se respira en las descalificaciones anticlericales de otros dirigentes, como Julio V. González (hijo de un destacado político de la era positivista ), Deodoro Roca o en los llamamientos a la juventud amante de la ciencia y el estudio de Palacios e Ingenieros. Por estas razones decíamos al comienzo de este trabajo que el movimiento reformista, desde sus propios inicios, está signado por la heterogeneidad, la autenticidad, la espontaneidad. No hubo una inspiración filosófica previa común a los estudiantes.

6 - LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ En el capítulo anterior mencionamos al paso, al tiempo que las principales propuestas surgidas del movimiento reformista universitario, la vigencia o no de las mismas a lo largo de los años. Indudablemente la implementación de muchas de las propuestas reformistas distó de ser en los hechos lo que los jóvenes del 18 soñaban que significarían. Así, por ejemplo, la libertad de cátedra que tenía en sus albores una doble dimensión: reivindicación de la libertad de ideas dentro de una cátedra, pero además, la casi utópica ambición de que todo aquel que tuviera algo que enseñar encontrara un lugar en la Universidad donde dictar su propia cátedra se desvaneció en la medida en que se efectivizó la existencia de

concursos limpios, a través de los cuales se hizo realidad otra de las propuestas reformistas, la periodicidad de las cátedras. En el análisis de un actual dirigente estudiantil entrevistado para este trabajo, el cumplimiento de una de las propuestas reformistas hizo innecesaria la efectivización de otras dos . Es decir que en su análisis la implementación de concursos legítimos por antecedentes y oposición, al posibilitar de hecho que acceda a la cátedra el mejor docente y generar en el estudiantado un sentimiento de confiabilidad en el docente que se impone en el concurso, implica la muerte por inanición de dos de las propuestas más revolucionarias del movimiento reformista por lo que implicaban de ensanchamiento

(62) Florentino V. Sanguinetti, “Universidad y universalidad cultural”. Reproducido en “Historia Documental de la Reforma”, V. García Costa, tomo 1, pág. 85.

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de la libertad académica como fueron la asistencia libre y la libertad de cátedra. Un juicio discutible, puesto que, posiblemente, se le escapan los motivos más profundos de esos postulados, que con seguridad no se centraban tanto en que gane el mejor sino, más bien, en ideas como las que expresan las siguientes palabras de Héctor Ripa Alberdi: Sólo el amor puede dar la comprensión clara de las cosas, y tanto el amor a la ciencia como el amor a la casa de la ciencia, no nace de la autoridad de los reglamentos, sino que surge espontáneamente de la sustancia medular de cada vocación. Nunca puede tener la simpatía amplia del estudiante aquello que comienza por humillarlo, por someterlo a normas establecidas, encadenando así, su libertad en lo que se refiere a la elaboración de sus conocimientos. (63) Por otra parte, la acusación de los reformistas al sistema disciplinario vigente en su época que partía del tomar asistencia no le ahorraba calificativos, como, entre otras cosas sistema infantil y colegialesco , Tiranía disciplinaria , etc. Lo cual trae a la memoria anécdotas de nuestro profesorado. En uno de los tantos debates realizado con motivo de una reforma implementada en el año 1987 por el entonces Director Nacional de Enseñanza Superior, Dr. Ovide Menin un militante del movimiento reformista desde su juventud , que, entre otras cosas incluía un sistema de asistencia libre, una docente argumentó que era darle demasiada libertad a alumnos que, en terciaria, aún están acostumbrados a usar machetes o a copiarse en los exámenes. A lo que un dirigente estudiantil de nuestro profesorado respondió que lo que hacía que el estudiante se comportara como un colegial no era el estudiante en sí mismo, sino fundamentalmente el sistema en vigen-

cia y el trato que recibía de las autoridades. Es coherente que a aquel alumno al que se le controla si va a las clases programadas se le ocurra ante un examen otra institución que la Reforma proponía abolir preparar un ayuda-memoria , más conocido en la jerga estudiantil-docente como machete . Como parábola de la eterna reforma, vale la pena consignar que el nuevo sistema bajado por Ovide Menin motivo de la discusión fue corrigiéndose paulatinamente, incorporando cláusulas que lo modificaban esencialmente, hasta nuestros días, en que la asistencia libre ha pasado a ser, casi, una entelequia. Lo cual viene a mostrar, en un pequeño ejemplo, restringido a la educación superior y en un lapso relativamente corto la experiencia no llegó a durar siquiera un lustro lo que ha sido hasta hoy el destino de las propuestas reformistas que sí llegaron a implementarse. A partir del primer gobierno de Yrigoyen, después de 1918, muchas de ellas fueron realidad, tales como la asistencia libre, la periodicidad de las cátedras, la realización de concursos, el cogobierno tripartito docentes, estudiantes y egresados de la universidad, etc. Sin embargo, más de medio siglo después, en 1976 - 1983, período en que usurpó el poder republicano la dictadura de Videla y compañía, en las universidades intervenidas ninguna de las propuestas efectivizadas a partir de 1918 estaba vigente. Por el contrario, se restringió el ingreso, se instauraron los aranceles, se eliminaron los concursos y ni hablar de cogobierno. Ésa fue la especialidad académica de las distintas dictaduras que se turnaron en la usurpación de las instituciones republicanas a partir del año 1930 primer golpe de estado que inaugura una nefasta tradición

(63) Reproducido en Del Mazo, “Estudiantes y gobierno universitario”. Librería y Editorial “El Ateneo”, Buenos Aires, 1946, pág. 62.

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antidemocrática en las Fuerzas Armadas y determinados sectores de la sociedad argentina : la destrucción sistemática de todas y cada una de las conquistas y de los avances logrados por el movimiento reformista. Ejemplo patético de esta actitud fue el que le tocó vivir a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires a los pocos días de la instauración del onganiato que acababa de derrocar al presidente Arturo Illia. La mencionada facultad conducida por reformistas de larga data, como su decano Rolando García había logrado importantes avances científicos en pocos años. Además de formar investigadores de prestigio internacional, además de atraer por ese mismo prestigio a estudiantes de todo el mundo, la Facultad de Ciencias Exactas y Sociales había logrado crear, en base a una computadora electrónica comprada por el rector de la U.B.A. Risieri Frondizi un par de años atrás, la primera computadora electrónica construida en un país de habla hispana en todo el mundo. En el año 1965 hizo su aparición Clementina así la bautizaron . El tesonero trabajo de García y sus colaboradores estudiantes y docentes cachorros de la Reforma , como los llamó en 1958 el veterano reformista Enrique Barros, quien fuera presidente de la Federación Universitaria de Córdoba en 1918 , fructificaba en hechos concretos fundamentales para impulsar el desarrollo tecnológico nacional. Pues bien, luego de la entronización de Onganía, Rolando García, sus profesores y sus estudiantes, fueron expulsados a golpes de bastones policiales de la intervenida Facultad de Ciencias Exactas y Sociales en la tristemente célebre Noche de los Bastones Largos . Uno de los represores policiales se dio el gusto de abollar el cráneo

científico y reformista del decano García, que dicho sea de paso, jamás volvió a trabajar en nuestro país. Así fue abortada la naciente investigación tecnológica informática en nuestro país. Alcanza mirar alrededor, apreciar la invasión de PCs provenientes del norte y del extremo oriente y la proliferación de software y hardware de los Tigres de la Malasia para comprender el daño inconmensurable que, entre otros, cometió contra el desarrollo nacional la dictadura de Onganía. (64) La primera dictadura que derrocó al presidente Yrigoyen hacía reflexionar de este modo a Deodoro Roca en 1936: El estudiante de 1918 tenía frente a sí las cóleras divinas ; excomunión y anatema. Entonces herían, estremecidas, las campanas. El estudiante de 1936 tiene frente a sí a la Sección especial de la Policía de Buenos Aires, la okrana argentina, y la Cárcel de Villa Devoto. El problema universitario se ha tornado, para el Estado, un problema de policía. (65) Esto equivale a dejar fuera muchos años de vida universitaria argentina en el análisis de lo que significó la aplicación de las propuestas reformistas. No vale la pena llorar sobre los platos rotos, sobre todo cuando ya nadie se rasga las vestiduras y poco se hace para revertir la herencia de los años oscuros. Hubo distintos intentos reformistas que vale la pena repasar, aunque no pasen de ser planteos en cierta medida aislados y que han sido abandonados en el camino por los reformistas posteriores, por aquellos cachorros de la Reforma a los que hacía referencia Enrique Barros. Un ejemplo de lo que el viento se llevó son las incisivas propuestas de Deodoro Roca y Saúl Taborda, referidas funda-

(64) Datos recopilados de un reportaje a Rolando V. García y de un informe periodístico en Página/12, 15/08/1992, págs. 10-11. (65) Dedoro Roca, “¿Qué es la Reforma Universitaria?”, 1936. Reproducido en “Historia Documental de la Reforma”, V. García Costa, tomo 1, pág. 94.

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mentalmente a la función de la universidad en el primer caso y a la orientación pedagógica de los estudios universitarios en el segundo, y sobre las cuales nos detenemos en el próximo capítulo. Para redondear algunas nociones sobre los efectos que tuvo la Reforma Universitaria de 1918 sobre la Universidad argentina posterior, bastará reseñar unos pocos datos, algunos de los cuales ya han sido mencionados en este trabajo. · Alfredo Palacios, decano reformista, elegido por los estudiantes, de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, crea en 1924 el Laboratorio de Psicofisiología de esa facultad, y posteriormente, dentro del Museo Vucetich , el Laboratorio de Identidad, basado en su método dactiloscópico, ambos laboratorios únicos en el país durante varios años. (66) · La Universidad Nacional de La Plata, bajo el rectorado de Alfredo L. Palacios y con Gabriel del Mazo como vice, creó entre 1941 y 1943: - la primera carrera de Periodismo de Argentina, el Teatro Universitario, la Orquesta Sinfónica y la primera estación radiotelefónica universitaria del país, así como la Comisión de Fonografía Cultural y Pedagógica, dirigidas hacia la comunidad y al borde de los más recientes para la época avances tecnológicos; el Instituto Iberoamericano, que contaba con biblioteca específica, hemeroteca, colección de arte, discoteca y archivo musical y cinemateca documental ¡en 1943! Como dato conexo, en la retiración de contratapa de la reseña de la gestión de Palacios se lee lo siguiente: El Dr. Alfredo L. Palacios ha costeado la impresión de este libro que edita la Universidad y se refiere a su

gestión rectoral . (67) · En 1960, con Risieri Frondizi como rector y gracias a la gratuidad absoluta y la no restricción numérica en el ingreso, la Universidad Nacional de Buenos Aires era la más grande de América Latina. Contaba con 63.000 estudiantes le seguía la Universidad Nacional de México con 58.000 de los cuales más de 5.000 eran extranjeros, 3.000 de ellos norteamericanos y europeos. · En julio de 1958 se creó por inspiración reformista la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), que en sólo siete años de vida útil hasta el golpe de 1966 publicó 802 títulos en casi doce millones de ejemplares, es decir que editaba un libro cada tres días. Los precios de los libros de EUDEBA eran menores que los de un atado de cigarrillo por ejemplar. Puso al alcance de todo el pueblo e incluso de países vecinos, expresiones fundamentales del pensamiento universal. En sus primeros tres años de vida, ya había excedido el total de lo publicado por las universidades argentinas desde sus albores. . La misma administración de la UBA dio inicio a las obras de la Ciudad Universitaria, interrumpidas en 1968 por la dictadura militar. (68) Las anteriores son muestras de lo que fue una Universidad que no resultó a imagen y semejanza de lo que querían los reformistas, pero a la que le imprimieron su fructífera marca a través de los años. Importa destacar que de las universidades nacionales, posteriormente a la Reforma y aquí no cabe si gracias a ella o no, sería hilar demasiado fino egresaron tres premios Nobel científicos: Bernardo Houssay, Luis F. Leloir y

(66) Datos extraídos de A. Palacios, “La Universidad Nueva”, Ed. Manuel Gleizer, 1925; págs. 171-172 y 197-198. (67) Datos extraídos de A. Palacios, “Espíritu y Técnica en la Universidad”, Universidad de La Plata, 1943; págs. 175 a 209 y retiración de contratapa.

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César Milstein, éste último caso también paradigmático de lo que ha sido la evolución cultural argentina: recibió el Nobel por trabajos desarrollados en Gran Bretaña, exiliado de su

país, en donde por sus ideas de izquierda de acuerdo a la ficha que prolijamente confeccionó la SIDE no podía desarrollar sus actividades de investigación. 7 - LAS IDEAS MALDITAS DE LA REFORMA

En la introducción a este trabajo hicimos referencia al ostracismo impuesto a la Reforma Universitaria de 1918 por el establishment educativo y cultural argentino, ostracismo que se torna trágico cuando uno se detiene a analizar la obra y el pensamiento de algunos de los exponentes más lúcidos del movimiento, como lo son a nuestro juicio Deodoro Roca y Saúl Alejandro Taborda. Dijimos también que este olvido no puede ser casual. Veremos en este capítulo las causas profundas de ese olvido, ancladas en el pensamiento de estos dos hombres, hondamente cuestionadores del sistema del que forman parte quienes se encargaron de impedir que sus ideas se difundieran posteriormente a su desaparición física. Nadie definió mejor la inspiración de los enemigos de la Reforma, de los encargados de cumplir esa labor, que una pastoral del Obispo de Córdoba, publicada en el diario clerical Los Principios : Con ella (la Reforma) habrá llegado aquella hora de las democracias y del proletariado creada y saludada con ardor por los apóstoles de la demagogia, hora de subversión y anarquía general, de agresiones y repulsas, en que a la misma fuerza armada le faltará eficacia para garantir el orden y defender el trono, porque el ejército estará

igualmente contagiado de rebelión, como las masas de donde ha salido, y en vez de rechazar los asaltos subversivos, presentará las armas a los agresores. Sin freno que las contenga, serene y amanse, correrán las masas sin que haya poder que las entre en concordia con los capitales y capitalistas, las empresas y empresarios, las industriales y los industriales, una vez que por desgracia falte en ellas la conciencia cristiana, el temor de Dios... en lugar de cordialidad, lanzarán rayos de la aversión más enconada y detestable, como la que hacen comprender ya muchos mendigos dispuestos a morder impacientes la mano caritativa que les alcanzaba la limosna, al revés de los de otro tiempo que estrechaban y besaban cariñosamente la mano que se les alargaba. (69) Casi 20 años después, un editorial del mismo diario cordobés sintetizaba lo que significó la Reforma para ellos: Para nosotros, la reforma universitaria sólo fue un motín político-izquierdista, inspirado por agitadores profesionales y por profesionales que pretendían escalar posiciones en la Universidad, aprovechado por inescrupulosos políticos y coreado por niños indóciles, jovencitos divertidos y estudiantes crónicos envejecidos en la contemplación de

(68) Datos extraídos de A. Ciria y H. Sanguinetti, “La Reforma Universitaria”, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1987; tomo 1, págs. 147-148 y tomo 2, págs. 190 a 198. (69) “Los Principios”, 24 / 11 / 1918, Córdoba; reproducido en A. Ciria y H. Sanguinetti, “La Reforma Universitaria”, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1987; tomo 1, pág. 38.

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las tapas de los libros y en otros entretenimientos juveniles impublicables. (70) Hay, como sugiere el título de este capítulo, una serie de ideas surgidas de la Reforma que podrían denominarse ideas malditas ; propuestas que han sido abandonadas incluso por el propio movimiento reformista, que en demasiados casos, reivindica y homenajea las figuras de los mencionados pero calla prolijamente o tal vez ignora esas polémicas ideas. El propósito del presente capítulo es hacer un breve repaso de los dos hombres mencionados, de las ideas que postulaban y que hoy prácticamente se desconocen. En determinado momento o, con intervalos, en determinadas etapas de la vida universitaria argentina esas ideas estuvieron en el centro del debate educativo cotidiano, en tanto están directamente vinculadas con la función social de la Universidad y con una nueva concepción pedagógica de la que, hasta cierto punto, algunas iniciativas gubernamentales se hicieron eco, si bien aisladamente. Veremos además, algunas referencias a la labor de estos hombres, por su indisoluble vinculación con sus ideas. Saúl Alejandro Taborda era, como Deodoro Roca, un abogado apenas recibido cuando estalló la Reforma de 1918. Desde su época de estudiante en la Universidad de La Plata había participado en distintas instancias en el mismo sentido, como por ejemplo el Congreso Universitario de 1910. Su pasión por la educación no lo dejó alejarse del tema universitario. En 1921 fue elegido rector del Colegio Nacional de La Plata, a propuesta de los estudiantes y tras un largo conflicto. Taborda se trasladó desde Córdoba dispuesto a poner en práctica diversas ideas

que poseía acerca de lo que creía una nueva concepción pedagógica. Sugirió a los docentes nuevas formas de enseñanza, intentando hacerse eco en ellos de sus ideas sobre pedagogía, tales como la implementación de cátedras teórico-prácticas obligatorias, tendientes a la definitiva eliminación del puro verbalismo en las cátedras. Al mismo tiempo, eliminó el severo sistema disciplinario existente, reemplazándolo por un régimen de autocontrol basado en los propios alumnos. En sus escritos sobre esa experiencia, Taborda asegura que aunque se me había reconvenido reiteradamente acerca de la inviabilidad de mis reformas pedagógicas, su aplicación demostró que es posible crear otra educación, en la que el aislamiento feudal del domine y la categoría casi infantil del estudiante puedan, por fin, desaparecer para siempre. Taborda debió interrumpir abruptamente su rectorado por una acusación que hoy parece ridícula. El consejero Carlos Melo lo acusó de anarquizador y de sentarse a guitarrear con los estudiantes y objetó su permanencia en el cargo ante el Consejo Superior. Como Taborda se negó a dimitir, fue separado del cargo. En su madurez, dirigió el Instituto Pedagógico de la Escuela Normal Superior de Córdoba y su revista Educación. Durante su vida,interrumpida en 1944, no publicó ningún libro, pese a las sugerencias de sus amigos y colegas. Recién en 1951 se publican sus Investigaciones Pedagógicas y en 1959 La psicología y la pedagogía, libros hoy inhallables y con los que lamentablemente no pudimos contar para este trabajo. Hemos mencionado ya la crítica que Saúl Taborda, en la misma línea de Deodoro

(70) “Los Principios”, 1º / 07 / 1936, Córdoba; reproducido en A. Ciria y H. Sanguinetti, “La Reforma Universitaria”, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1987; tomo 2, pág. 304.

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Roca, hiciera a la cuestión de la extensión universitaria . Para Taborda la extensión consistía en no más que una limosna, que no llegaba al fondo de la cuestión. No alcanza, decía Taborda, que la Universidad salga cada tanto a dictar conferencias a los sectores desprotegidos. Lo que debe resolverse es la cuestión social, debe reformarse la sociedad para que la reforma en la universidad tenga sentido. Parámetros similares utiliza en la renovación pedagógica que alienta para toda la educación. Como base de toda su elaboración, Taborda centra la cuestión educativa en la idea de libertad. La relación de ambos términos de la enseñanza, profesor y alumno, debe estar basada en la libertad y en el respeto del otro como ser humano. (...) Esto declara la abolición definitiva de los regímenes disciplinarios existentes . Para Taborda, el gran mal de la educación es la esclavitud de un término por el otro, consecuencia y a la vez reflejo de la esclavitud social, de una clase social por otra. La vinculación de su análisis social anticapitalista con fuerte sentido nacional y americano con la problemática de la educación, implicó que Taborda se centrara, más que en teorizaciones, en investigaciones prácticas, fundamentalmente de métodos nuevos. (71) Resulta difícil ordenar los pensamientos de Deodoro Roca debido a esa característica ebullición de ideas que suele darse en la mayoría de los escritos o discursos conocidos del abogado cordobés. Deodoro se negó en vida a compilar sus numerosísimos escritos en uno o más libros, y sólo después de su muerte, y con mucho esfuerzo, sus amigos decidieron ir en

contra de su voluntad y comenzar a publicar lo poco que desgraciadamente pudieron rescatar de la cantidad de escritos dispersos en revistas, diarios y publicaciones estudiantiles y de toda índole. De esa forma se editaron cuatro libros de textos de Deodoro, el último de los cuales ( Prohibido prohibir ) vio la luz en 1972. En su mayoría inhallables, para esbozar este resumen de algunos de los pensamientos de Deodoro Roca, sólo fue posible contar con uno de ellos, el tercero, Ciencias, Maestros y Universidades , reeditado por la Universidad Nacional de Rosario en el marco de una recopilación de textos de pensadores surgidos de la Reforma de 1918, en Homenaje al 67º Aniversario de la misma. La figura de Deodoro Roca en sí misma concita polémica. Miembro de una familia de rancia estirpe aristocrática en la Córdoba colonial y clerical; su antepasado Felipe Roca cabalgó en un mulo montado hacia la cola, por contrarrevolucionario y por orden de Castelli; su bisabuelo materno fue fusilado en Cabeza de Tigre, por la misma razón y por resolución de Mariano Moreno; con estos antecedentes, Deodoro redacta en el primer párrafo del Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. (...) Era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de Mayo. Ya abogado cuando estalla la Reforma, por voluntad de los estudiantes se convertirá en uno de sus líderes indiscutidos y más respetados. En su particular actividad profesional, Deodoro defiende los casos más insólitos (como su defensa de un toro que en Ongamira atropelló a un turista) y se dedica

(71) Datos extraídos de A. Ciria y H. Sanguinetti, “La Reforma Universitaria”, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1987; tomo 2, págs. 312 a 317.

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exhaustivamente a defender presos políticos; no cobra sus servicios profesionales pero tampoco paga sus numerosas deudas para que los acreedores se acuerden de Deudoro , como argumenta él mismo. En su vida política, Deodoro fue desde un anarquismo romántico y antiburgués a una muy breve afiliación al Partido Socialista, del que fue expulsado en 1937 por enviar una carta a Nicolás Repetto, líder del P.S., invitándolo a afiliarse al Partido Conservador, para ser fiel a sus ideas . Nunca fue comunista, como a veces erróneamente se le atribuye: no porque abomine de serlo, sino sencillamente porque no lo soy; por la misma razón que no tengo los ojos verdes, ni soy enano, ni secretario de Acción Argentina , responde, irónico, a la revista de Acción Argentina, organización clerical de derecha que lo acusa de comunizante . Enemigo declarado de la solemnidad, sorprende en su actividad profesional con alegatos irreverentes, como en el caso Suárez Zabala , un pobre hombre que resultaba inculpado por una casualidad propia de un cuento de Kafka. Deodoro lo resume diciendo que todo había sido consecuencia de una gran cagada . La preocupación por la cuestión universitaria lo ocupó hasta el final de sus días. En 1936 escribía: Se han escrito gruesos libros. Unos hablan del 18 , otros del 22 , del 28 , del 32 o del 36 . ¿Qué es todo esto? ¿Es una corriente o es un departamento de Museo con muestrarios y fichas? Para la misma época, y amargado muy pese a su carácter por el paso del tiempo y los pocos hechos concretos, insiste con su idea, ya mencionada en este trabajo, de que sin Reforma Social no habrá Reforma Universitaria . Y, con esfuerzo, compone una nueva advocación a los herederos del reformismo:

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¿De lo que fue la Reforma sabemos más que antes? No es probable. Pero dejemos su túnica para que otros se la repartan. Sabemos más y es lo que importa de lo que es , porque esto lo vivimos, y porque es renovada creación. Ahí los atajacaminos . Los necrófagos. La fruición de los cadáveres. Para ellos los despojos. El pasado inconcluso o muerto. Para eso y para ellos, nueve dioptrías. El cajón de basuras. Para nosotros, lo que es, lo que pugna por ser, lo que queremos que sea, lo que será. Antiyrigoyenista, fue durísimo en sus conceptos hacia el líder radical, quien, según su análisis, sólo apoyó la Reforma por una conveniencia política, por un cálculo mezquino. Antiimperialista, miembro fundador de la Unión Latino Americana junto a José Ingenieros, Palacios y otros, fue de los pocos en advertir, ante las conjuras al imperialismo yanqui que pretende sojuzgarnos que el imperialismo concreto que ya nos sojuzgaba desde hacía años era el de origen británico. Revolucionario, sabía defender las tradiciones cuando son auténticas. Cuando la municipalidad de Córdoba quiso demoler el paseo Sobremonte para dar perspectiva al moderno palacio tribunalicio , Deodoro inicia una campaña en defensa del paseo y propone voltear el palacio para sí dar perspectiva al Paseo . Eje cultural del interior argentino, por su legendaria casa pasan los representantes más conspicuos del arte y el pensamiento contemporáneos. Por ella desfilan Ortega y Gasset, Stefan Zweig, Eugenio D Ors, Germán Arciniegas, Haya de la Torre, Adolfo Posada, Keyserling, Margarita Xirgu, Caruso, Rafael Alberti, Lugones, Atahualpa Yupanqui, Arturo Capdevila... La legión de amigos ilustres de Deodoro es inconmensurable. La muerte de


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Deodoro en 1942 los enluta. Enrique González Tuñón escribe de él: Dijo la palabra esencial. Vivió poéticamente. Oyó latir el corazón del tiempo. (72) Todo esto fue el hoy ignorado Deodoro Roca. En sus escritos está la causa del olvido. La transformación de la Universidad, la forma de ponerla al servicio de las necesidades del de la nación, y abierta a todos sus hijos, fue su preocupación ya desde el momento en que se gradúa, en 1915, cuando, en pleno discurso de colación, inquieta a toda la plana mayor de fósiles universitarios al anunciar que al pie de las murallas, una multitud espera. ¡Nada de pedantismo, nada de solemne aparatosidad, nada de recetas! ¡Debe aspirarse antes que todo a desarrollar el espíritu de investigación, el espíritu filosófico, muerto y amortajado en las universidades y en todos los institutos oficiales de cultura! ¡Recordemos con Taine, que la filosofía nació en Grecia, no como entre nosotros en un gabinete y entre papeles, sino al aire libre, al sol, cuando fatigados por ejercicios de la palestra y apoyados en una columna del gimnasio, los jóvenes conversan con Sócrates sobre el bien y la verdad! (73) Como discurso de un egresado de 25 años y en la universidad prerreformista, las palabras de Deodoro habrán resultado por demás irritantes. En ellas está el germen de unas cuantas ideas que habrá de desarrollar, desordenada pero profundamente, en numerosos discursos y escritos posteriores. Aquí debe elaborarse el pensamiento nacional, aquí la juventud tocada de graves inquietudes debe encontrar las altas señales... La universidad como centro de la cultura nacio-

nal. Y no como lo que es cuando pronuncia esas palabras: una fábrica de títulos, una usina de burócratas, proveedora de una clase estéril, reclutada ¡quién lo creyera! entre los que ostentan títulos universitarios . En Deodoro Roca, la Universidad es la herramienta para una transformación social desde el vamos. No es una elaboración a posteriori de la Reforma y como consecuencia de los hechos sucesivos. En sus primeros escritos, como vemos, ya existe la alusión directa a que al espíritu de la Nación lo hará el espíritu de la Universidad , a que en la Universidad está el secreto de la futura transformación. Ir a nuestras universidades a vivir, no a pasar por ellas; ir a formar allí el alma que irradie sobre la nacionalidad; esperar que de la acción recíproca entre la Universidad y el Pueblo, surja nuestra real grandeza. (74) Puede discutirse, sin ninguna duda, esta concepción. Ya en su época los reformistas de izquierda la cuestionaron, señalándola como elitista o criticando la falta de rigor histórico en el análisis de Deodoro sobre el progreso social. Pero esto es otra historia. Lo que interesa señalar es que nunca consideró en forma separada el problema universitario del problema social. Por eso a continuación de lo que debe ser la Universidad, Deodoro añade la necesidad de ponerse en contacto con el dolo y la ignorancia del pueblo, ya sea abriéndole las puertas de la Universidad o desbordándola sobre él. Por eso, desde sus primeros escritos, advierte que mientras la sociedad exista como la dominación de una minoría por sobre las restantes, mientras subsista la odiosa divi-

(72) Datos extraídos de A. Ciria y H. Sanguinetti, “La Reforma Universitaria”, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1987; tomo 2, págs. 283 a 305. (73) Deodoro Roca; Discurso en representación de los graduados. 8/12/1915. “Ciencias, Maestros, Universidades”. En “Homenaje a la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Rosario, 1987; pág. 90. (74) Deodoro Roca; Discurso en el Primer Congreso de Estudiantes. 31/07/1918. “Ciencias, Maestros, Universidades”. En “Homenaje a la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Rosario, 1987; pág. 95.

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sión de clases sociales , no habrá otro rol que cumplir que el de fábrica de títulos , creando profesionales vanos, domésticos doctorados , científicos mutilados atados a la clase dominante, (cuya) función es la de estructurar las jerarquías y valores que la definan (...) Lo que por sí sola no haga la potencia de los instrumentos centrales de la dominación, deberá ser realizado por los lacayos de la inteligencia . (75) El modelo, entonces, está completo con la educación. No es más que eso: un instrumento de dominación social, una herramienta para moldear los técnicos que se requieren para determinada actividad o los intelectuales que den razón de ser a ese estado de cosas. El círculo se cierra, y a medida que el pueblo eterno se marchita en la oscuridad de las minas o se despedaza en el trabajo embrutecedor de los talleres y las fábricas, se asegura la dominación en los establecimientos educacionales . Por eso, razona Deodoro, es necesaria la especialización en la educación. Mientras haya división de clases sociales, los institutos educativos no formarán seres humanos sino criaturas parceladas. De ahí esa ignominia que separa desde los primeros bancos de escuela, a los hijos de los pobres de los hijos de los ricos; de ahí esa prolija enseñanza unilateral y calculada que se insinúa en la ramazón de las clases: escuelas adaptadas a objetivos parciales, a categoría predeterminadas; de ahí esa hostilidad a los arrestos de la pedagogía social reclamada por tantos pensadores ilustres, desde Pestalozzi a Natorp que exige la educación por y para la comunidad, conforme a la abstracción con que lo aniquila; de

ahí esa hostilidad hacia la escuela única, que se realiza en nuestros días bajo la fórmula de Lunacharsky: la escuela unificada del trabajo , que (...) reclama para la sociedad el derecho absoluto de la educación del pueblo, negando a la familia el presunto derecho de educar a sus hijos, y combate la organización actual de la escuela que escinde, a sabiendas, la unidad humana. (76) La educación no debe formar profesionales: debe impulsar el desenvolvimiento de todas las fuerzas y sentimientos humanos, dentro de la ética de la educación para el trabajo. Claro que esto exige otra sociedad como marco. Y esto retrotrae al problema ya planteado en el capítulo 4 de este trabajo. Que es, quizás, el dilema central de la problemática reformista. Deodoro encuentra una resolución dialéctica del problema. No podemos quedarnos de brazos cruzados, dice, hasta que esa sociedad aparezca por obra y gracia de la voluntad divina. Se contradecirá con el Deodoro inicial al comprobar que es igualmente inviable transformar la Universidad para que sea ella la que transforme la sociedad, desbordándose sobre el pueblo . Es el huevo o la gallina de su pensamiento. No se resigna a que la educación deba ser esto. Pero, afirmándose sobre sí mismo, así como había dicho hagamos siempre nuestra obra personal sin perder jamás de vista la obra colectiva , dirá ahora transformemos la Universidad sin perder de vista la transformación social . En una muestra de lo que debía hacerse para no perder ese rumbo, para transformar lo inmediato para contribuir a la transformación de lo mediato, Deodoro comienza a elaborar proyectos. Se propone, hasta que llegue el

(75) Deodoro Roca; “La revolución de las conciencias”.1918 “Ciencias, Maestros, Universidades”. En “Homenaje a la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Rosario, 1987; pág. 102.. (76) Deodoro Roca; “La revolución de las conciencias”.1918 “Ciencias, Maestros, Universidades”. En “Homenaje a la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Rosario, 1987; pág. 103.

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momento de erigir la nueva Universidad soñada, en el marco de la nueva sociedad, ir aportando en terrenos restringidos, materiales que corroan la actual y preparen la futura. Como consejero de la Facultad de Derecho, propone la abolición del título doctoral. En sus fundamentos expresa la idea que acabamos de desarrollar: La ley impone a las universidades la obligación de formar profesionales. esto es claro y nuestros medios actuales no nos permiten contrariarlo. Yo pienso que las universidades no debe formar profesionales: pero ya que esa tarea nos es ineludiblemente impuesta, procuremos integralizar la cultura del profesional hasta que llegue el momento de orientar la Universidad por otras vías y asignarle la función que claramente le corresponde. eso está en nuestros medios. Eso podemos hacer. Mientras se preparen los materiales de la nueva universidad con que soñamos, derribemos una a una las instituciones características de la vieja, las que más claramente indican su deformación. Por ahora comencemos con ésta. (77) Deodoro reivindica un esbozo de la concepción pedagógica que se conocerá años más tarde con el nombre de escuela activa . Ante la clase magistral , ante el verbalismo y la actitud pasiva en la cátedra, ante el esquema de educación tradicional en el que hay alguien que sabe y habla, transmitiendo ese saber, a otro alguien que no sabe y escucha para incorporar esos conocimientos, se planta Deodoro con nuevas ideas para la relación enseñanza-aprendizaje. (...) El objetivo de la escuela actual no satisface ya a la pedagogía nueva que recoge los módulos de nuestro

tiempo. Frente al puro saber de cosas se levanta la necesidad de vivirlas. A la mera intelección pasiva se opone la creación activa; al conocimiento superficial, la vida profunda. (78) Otro problema de la relación enseñanza-aprendizaje desvela a Deodoro. Las relaciones de poder, un asunto sutil, pero decisivo. La educación, señala Deodoro, no puede estar basada, en ninguno de sus niveles, pero especialmente en el universitario, en la dominación de uno de sus términos por el otro. Para equilibrar la relación educativa se requiere una transformación drástica, y por eso y para eso se alzaron los jóvenes reformistas. Nada más extraño a esa aventura (educativa) que la presencia por una parte, de un dómine, y por la otra de un alma servil. Esta relación repugnante era característica de la Universidad anterior al 18". (79) Además de la supresión del doctorado, Deodoro presentó otros proyectos: eliminar los premios, los exámenes y el sistema de clasificación numérica, entre otras cosas. Respecto de los premios, dice lo siguiente: En principio también soy contrario a los premios. Siempre se acomodan a vanidades pueriles. (...) A la Universidad no puede interesarle la pura vanidad personal colmada. Y es sabido que los tales premios y estímulos no llevan fuerza impulsora, no van más allá de la medallita y el diploma. En cambio, a la Universidad puede interesarle otra cosa. Puede interesarle, por ejemplo, enviar todos los años al extranjero, a perfeccionar los estudios en que se hayan destacado, a los egresados de espíritu más selecto. (80)

(77) Deodoro Roca; Proyecto de supresión del Doctorado en Derecho. 1920 “Ciencias, Maestros, Universidades”. En “Homenaje a la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Rosario, 1987; pág. 107. (78) Deodoro Roca; ídem; pág. 125. (79) Deodoro Roca; “Estamos en lo mismo”. En diario Crítica, 1933 “Ciencias, Maestros, Universidades”. En “Homenaje a la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Rosario, 1987; pág. 133. (80) Deodoro Roca; Proyecto de supresión del Doctorado en Derecho. 1920 “Ciencias, Maestros, Universidades”. En “Homenaje a la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Rosario, 1987; pág. 113.

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La eliminación de los exámenes requiere más de una discusión que acalora y más de un artículo del estilo incisivo de Deodoro, que propone alternativas a lo que él llama la lotería docente . Sugiere incluir al examen entre los juegos prohibidos, en defensa de la inteligencia, y se burla de él con frases como: Mientras esto no ocurra, se seguirá oyendo en escuelas, liceos, colegios y universidades, las dramáticas y fatídicas palabras del croupier docente: ¡No va más! (81) Pero en el marco del debate en el que se sume para la supresión de los exámenes, hace algunas de sus observaciones más certeras y profundas sobre la educación. Las mal llamadas pruebas deben ser desterradas porque hacen depender de un éxito, de una buena jugada, a veces toda una vida. Y nada debiera depender de él mientras se ofreciera como un desafío en el que nunca el alumno suele elegir las armas y el terreno. Las pruebas de un alumno, dice Deodoro, deben durar toda su infancia, toda su adolescencia; y no unos minutos, sino unos años durante los cuales deberá escoger por sí mismo su texto, después de haber averiguado su preferencia. En base al examen, opone los dos modelos de educación, la abierta, la verdadera , la que fomenta la duda y no la fe; la

pregunta y no la credulidad. La falsa educación, la que tiene en su heráldica el examen, la educación juego, azar, lance (...) se nutre necesariamente de respuestas oficiales a preguntas más oficiales todavía. Se nutre de diálogos preconcebidos. Se nutre de premios y castigos, bárbaramente llamados estímulos (...) Va concebida como medio de adquirir un poder sobre el alumno y no de favorecer su futuro desarrollo. La falsa educación (...) reposa en una cabal falta de respeto al discípulo. (...) ¡Menos loterías, señores profesores! Los exámenes, las verdaderas pruebas aunque así se llamen , deben cifrarse no en las respuestas de los dicípulos sino en sus preguntas. De la desnuda y oportuna pregunta del discípulo debe inferirse su curiosidad, su capacidad, su aptitud, la calidad de su espíritu, su grado de saber y su posibilidad. La única relación legítima y fecunda que debe trasuntar un examen que aspire a salvarse es la de un discípulo que pregunta y la de un tribunal que responde. ¡Son ustedes los que deben rendir , señores profesores! (82)

(81) Deodoro Roca; “Palabras sobre los exámenes”. “Ciencias, Maestros, Universidades”. En “Homenaje a la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Rosario, 1987; pág. 118. 82) Deodoro Roca; “Palabras sobre los exámenes”. “Ciencias, Maestros, Universidades”. En “Homenaje a la Reforma Universitaria”, Universidad Nacional de Rosario, 1987; pág. 118.

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Lo que el viento no se llevó

8 - CONCLUSIONES Libertad: quizás sea la mejor definición de la propuesta reformista, en sus exponentes aquí comentados Saúl Taborda y Deodoro Roca , para la renovación pedagógica que alentaban. Se ha querido ver en el movimiento reformista alguna particular línea pedagógica, o se ha intentado encontrar sus fuentes inspiradoras en el terreno de la pedagogía y la filosofía. Así, por ejemplo, el profesor José Lo Valvo, de la Universidad Nacional del Litoral, sostiene que la Reforma, al destacar el derecho del alumno a intervenir en los destinos de la Universidad, lleva el acento de la revolución pedagógica que se anuncia en Comenio y se expresa en el linaje que viniendo desde Locke, Rousseau y Pestalozzi, se encarna en las figuras contemporáneas de la nueva educación . Es preciso no olvidar que la moderna pedagogía ha operado todo un milagro concentrando su atención en el discente, iluminando en cuadro con nuevos tintes, haciendo que, cual personaje del teatro antiguo, el educando salga de las sombras del foro para ocupar el escenario de la escuela de hoy. (83) Nosotros hemos visto en este trabajo que, si hay algo en lo que coinciden la mayoría de las opiniones autorizadas sobre la Reforma, es en su carácter original, que produjo que una vez difundidos en América Latina, los principios reformistas pasaran a ser llamados principios argentinos, como narra Gabriel del Mazo. Por supuesto que esto no implica des-

conocer las coincidencias ideológicas que se pueden encontrar en todos los exponentes de importancia del pensamiento reformista (y aclaramos: coincidencias ideológicas y no filosóficas, porque como hemos visto en el capítulo 3 de este trabajo, la diversidad de corrientes filosóficas que, a través de adherentes ilustres, se hallan representadas en el movimiento, impiden cualquier encasillamiento ). Como puede apreciarse, muchas de las propuestas aquí referidas tienen actual vigencia. Aún hoy, los sistemas disciplinarios y de asistencia resultan anacrónicos y carentes de sentido. Aún hoy, el estudiante debe someterse a la lotería de los exámenes para definir las etapas de su carrera. Aún hoy, el sistema de calificaciones genera miserias morales de esas pequeñas pero con las que cohabitamos diariamente en los ambientes educativos. Aún hoy... Sin detenernos a establecer paralelismos de la actualidad con la etapa histórica en la que se plantearon estos debates y estas ideas, podemos afirmar que existen muchos más aúnhoyes... , que no corresponde enumerar porque trascienden la cuestión educativa y, por eso mismo, los límites de este trabajo. Pero permítasenos reiterar, una vez más la frase de diágnostico que hace trágico el destino de la Reforma Universitaria de 1918: el mal de las universidades es un mero episodio del mal colectivo... A los fines de este trabajo, es importante destacar la existencia de un fenómeno que

(83) Cit. por Gabriel del Mazo, en “Estudiantes y Gobierno Universitario”, Librería y Editorial “El Ateneo, Buenos Aires, 1946; pág. 62.

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La Reforma Universitaria de 1918

se llamó Reforma Universitaria de 1918. Que fue un movimiento político, tanto como fue un movimiento con implicaciones pedagógicas. Que ambas cosas, al menos en este caso, se implican, y si obviamos una, en este contexto, desaparece también la restante. Que se dio en nuestro país, en una sociedad muy diferente a la actual. Que transformó, para siempre, la educación universitaria argentina, pero también la de América Latina y muchas de más allá del continente. Que no fue aplicada en su totalidad, hasta hoy, 75 años después. Que las pocas propuestas que se aplicaron debieron soportar el ímpetu de las dictaduras, sobrevivir a duras penas, reafirmarse en democracia, para que hoy, bajo un gobierno elegido por el pueblo, estén peligrando. Pero en función de este trabajo, falta una pregunta que se orna importante sobre el

final. Parafraseando a Deodoro Roca, podríamos preguntar si de lo que fue la Reforma, desde el punto de vista pedagógico, sabemos más que antes. Y, al tiempo, respondernos, sincerándonos: no es probable. Ni tampoco demasiado importante. Pero dejemos su túnica para que otros se la repartan. Sabemos más y es lo que importa de lo que es , porque esto lo vivimos, y porque es renovada creación. Ahí los atajacaminos . Los necrófagos. La fruición de los cadáveres. Para ellos los despojos. El pasado inconcluso o muerto. Para eso y para ellos, nueve dioptrías. El cajón de basuras. Para nosotros, lo que es, lo que pugna por ser, lo que queremos que sea, lo que será.

Américo Schvartzman

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