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Sergio Bueno Santiago - Chile

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INDICE

TITULOS

PÁGINAS

INSECTARIO

1

ESCARABAJO

2

LA POLILLA ENAMORADA

4

UNA NUBE EN EL CIELO AZUL

5

POSIBLES DOMINADORES DEL MUNDO

7

NOCHE DE INSOMNIO

8

CHAQUETA AMARILLA

9

EL GRILLO EN CALERA DE TANGO

10

LUX, LA HERMITA VENGADORA

11

LA VANESA DEL CARDO

12

EL SUEÑO

14

DIBUJOS

16

EL SALTAMONTES

17

MARIPOSA DE ENSUEÑO

19

LA CHINITA

21

INSECTARIO 3


Pequeños, reducidos en su dimensión, se ocultan fácilmente para desaparecer debajo de una hoja o en un dedal. Dentro de su hábitat, son perfectos. Bellísimos en su arquitectura, en su colorido en esta vida diminuta que, también, se agita en estas páginas Cada pueblo le da un nombre que se identifica en su habla, pero tiene otro universal que lo hace respetable en los laboratorios de la ciencia, con un sello para que no se pierda en las tantas palabras que tienen los hombres. Los dejamos aquí. No clavados (y heridos) con un alfiler asesino. Por el contrario, aprisionados con la emoción y encanto que entrega la presencia de cada uno de ellos Ojalá que no se vuelen…

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ESCARABAJO El Encuentro Internacional de Escarabajos, en un lugar de la tierra sin nombre ni destino, tiene un propósito bien definido: terminar con el calificativo de depravados, de criminales, de crueles y exterminadores a estos indignados insectos. La sesión inicial, dirigida por el escarabajo baticabezas, es celebrada con regocijo porque asombra con su gracia de malabarista: de espalda, que cualquiera lo creyera moribundo o enfermo- con la sorpresa de todos los congresales-, salta el aire, cual ave fénix. Los aplausos no se hacen esperar. -Agradezco este gesto fraterno –dice, conmovido-, pero no me abandona la triste sentencia que cae sobre nosotros: “son una de las plagas más destructivas- dicen los libros de los hombres- ¡qué quieren! Vernos muertos de hambre, igual que a nuestro hijos. ¡Protestamos enérgicamente! Nuevos aplausos. Salta, acompañado de un sonido de golpe seco perceptible cuando lo desencadena un movimiento repentino de la unión entre el primer y el segundo segmento del tórax. Lo sigue el escarabajo de la patata. Viene con su traje brillante y bien lustrado, convexo, como una nuez partida por la mitad, con rayas longitudinales negras y amarillas en los élitros o alas endurecidas. -Nosotros también somos difamados. Les leo:” La hembra- mi esposa- pone huevos de color naranja en las primeras hojas de la planta. Eclosiona al cabo de una semana – (¡ por Dios, cómo se meten en nuestra intimidad¡)- naciendo larvas rojizas que se alimentan del follaje. Cuántos más larvas y adultos haya, más follaje será devorado, con lo que muere la planta o la cosecha disminuye considerablemente.

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- ¡Qué infames! – replica en un coro al unísono los escarabajos, tras un estandarte donde se lee “Canallas”, bajo el retrato de un agricultor con un frasco de insecticida. Abandona el diario, en cuya primera página aparece la siguiente noticia: “¡Matanza deja mil muertos en la India!” -

¡Es nuestra venganza!- grita complacido el escarabajo de la patata.

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LA POLILLA ENAMORADA Antes de desaparecer, la noche quiere quedarse en esta tierra. Se apiña en la oscuridad y, al alba, es una polilla inquieta, saltarina, ansiosa de conocerlo todo, vivirlo intensamente… Su cuerpo frágil danza en el aire, pero busca a su amado que la dejó abandonada. El peso de su tristeza no impide, sin embargo, que sea un remolino movedizo que sacude y limpia la atmósfera. En verdad, la polilla está espiritualmente despedazada. Después de recorrer hasta los más distantes rincones de la oficina se queda quieta, casi con los ojos desorbitados, ante el sable de los sumarais- pequeña pieza artesanal, regalo de Victoria- que está encima de mi mesa de trabajo. Su corazón queda detenido, su respiración confusa, agobiada. En su desesperación busca la ventana para alcanzar al parque y de ahí, proseguir tras la huella del fugitivo. Pero los vidrios se los impiden continuar con el vértigo de su vuelo sin descanso. Por uno y otro lado busca un intersticio por donde huir, escapar… Pero, nada. El lugar está cerrado herméticamente. Es una fortaleza sin salida, una prisión… Ante la evidencia de no poder alcanzar a su amado –ahora, tan distante-, se deja caer con todo su ímpetu sobre el sable y su cuerpo queda mortalmente herido. En la cubierta del escritorio, queda una lágrima de sangre.

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UNA NUBE EN EL CIELO AZUL

En el cielo azul, límpido, casi transparente nada turba su bóveda de ensueño. De norte a sur, ninguna nube; de oeste a este, es de una transparencia diáfana. El cálido sol es una medalla que irradia luz. A medio día, sin embargo, surge una nube de lento deslizamiento, formada por hormigas que se desplaza para formar un nuevo nido. No son especies separadas, sino miembros reproductores de la colonia, dejada atrás, sin dolor ni nostalgia. Es una nube sin precipitación. Cautelosa busca el lugar para el descenso. No es fácil hallarlo. Pero el instinto guía a estos insectos hasta su sitio de destino. Cuando bajan a tierra, el cielo se vuelve azul sin ninguna mancha que lo opaque. Al fin, en la nueva habitación, llevadas por su espíritu ancestral y, conscientes del papel de cada una, van conformando el nuevo hormiguero. Las obreras, se inmediato se ponen a construir las galerías, los espacios para proteger a las más jóvenes, las crías. Un lugar único y especial para la hormiga reina que, solitaria, después del vuelo nupcial, ya fecundada en el aire, aterriza y se arranca las alas con sus maxilares y empieza a cavar su pequeña cámara, sobrio aposento; muy pronto sus huevos se transforman en obreras. La vida avanza. Cada una en su función, determinada por la especie. Sin descanso con los dolores, alegría y el trabajo, que cansa y enaltece. Nada turba la laboriosa tarea de todos los días. Hasta que un hecho conmueve a la colmena. En el portón del frontis, se oye el lento golpear en la puerta. ¿Quién será? Se preguntan las hormigas y, por sus ventanas, miran hacia el sendero. -¡Es la hormiga soldado!- responde el bibliotecario que, sacando uno de los volúmenes de la estantería, lee. “Las hormigas soldado no construyen hormigueros. Se mueven en grandes columnas en el campo. Limpiando de otros insectos e incluso pequeños pájaros y mamíferos.

8


Cada noche acampan bajo un tronco o sitios similares y marchan de nuevo a la mañana siguiente -Pero, viene sola, no en columna, posiblemente se ha extraviado. Me gustará conocerla, saber de sus aventuras, de sus noches bajo la luna…- exclama una de las obreras. -Por ningún motivo...- responde su vecina- por ningún motivo. Alteraría nuestra vida familiar, se comería nuestras reservas de alimento, ¡jamás! Se abren las puertas de a colmena y saludan al visitante. -…perdí el rumbo de mis compañeras, llovía torrencialmente y caí al barro- explica la hormiga soldado- les pido un jarro de agua y algunos granos. Para tener fuerzas para alcanzarlas. Perdonen las molestias Las dos obreras se apresuran rápidamente y traen dos tiestos con lo pedido por el viajero. -¿Es usted feliz, en constantes viajes, sin quedarse en ningún lugar?- pregunta el bibliotecario. - Debemos acatar el destino que se nos impone y cumplir, lo mejor, la tarea posible que es nuestra obligación, así somos felices. Al poco rato, tres pañuelos despiden a la hormiga

soldado que, triste, dice su

adiós…

9


POSIBLES DOMINADORES DEL MUNDO El bibliotecario,

agotado por su tarea de bajar y subir

libros en los

anaqueles, durante todo el día, con peligro de su vida sobre las escalera, frágil y delgada, se queda dormido sobre el libro abierto. Aprovechemos de leer: “Posibles dominadores del mundo. Los insectos, aunque generalmente son pequeños e insignificantes, constituyen el grupo animal más perjudicial para el hombre, a causa sobre todo, de su incalculable cantidad. Debido a su capacidad para adaptarse a los medios más diversos los insectos constituyen el grupo animal más numeroso de nuestro planeta.” Dejemos que duerma; posiblemente está soñando que es el único ser en la tierra, rodeados de millares de insectos que, sin duda, lo nombrarán, rey del universo.

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NOCHE DE INSOMNIO El día empieza más tarde cuando el insomnio se equivoca de horario. Por la ventana, apenas escasa luz. La luna casquivana me deja solo. Al parecer, el reloj se ha quedado dormido y no avanza con la rapidez acostumbrada. Todo es silencio… ¡No! Estoy con una musical compañía: un zancudo, no sé de dónde viene, revolotea con el susurro de su monótona canción que no para. Tal vez se detenga cuando tenga que ir al colegio Hago esfuerzos por cerrar los ojos. Finjo una abrumadora pesadez y, olvidándome de todo, quiero simplemente dormir. ¿No se puede pedir

algo tan

inocente y de poca monta? Otra pregunta, ¿olvidándome de todo?, ¡imposible¡ Se me vienen de cada rincón del cuarto las preocupaciones, las dudas, las obligaciones, las tareas sin hacer, al gruñón del profesor y los personajes que pueblan mi mundo…¡ Sin faltar ninguno! Y, particularmente, el zancudo con el canto alado que me desespera hasta las lágrimas. Creo que, en cualquier instante, al mínimo descuido, me deja enclavado entre las sábanas. Para mayor angustia, el alba tan venturosa siempre, tarda o, simplemente, también duerme. Pasa el tiempo y el zancudo, posiblemente, interesado en darme aliento marca el compás de una marcha militar, de farándula, de festival carioca. Ya no doy más y entro a la oscuridad del sueño. De súbdito, el zancudo me clava su aguijón, y amanezco, en esa maravillosa y esperada aurora con una rosa granate en el extremo de mi nariz…

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CHAQUETA AMARILLA ¿De dónde viene este sobrenombre? Nadie responde, pero nadie también vacila en tal apelativo. Pensamos, que por su presencia, por el afán de parecer inocente, víctima, inofensivo pero, ¡caramba!, según la abuela Micaela, no vacila en hablar en voz baja – por si acaso…-, no vaya a ser cosa qué… -…Es un parásito criminal, cruel como ninguno, que no trepida en cortar cabeza, en destruir colmenas, en devorar a las trabajadoras abejitas, con el fin -¡líbreme Dios!de robar su miel… ¿Es posible tanta crueldad? La abuela mira de un lado para el otro y, más silenciosamente, continúa: -¡No le teme a nuestro Dios ni al diablo, tan cruel y perverso! Pero se hace la mosquita muerta para escapar de la justicia: se asimila a otro insecto más peligrosos todavía, si eso es posible, una simbiosis con otro depravador ¡Qué siniestro es ese minúsculo espacio de los insectos! Lanza un grito de horror la pobre Micaela cuando en su mano, que sostiene el mate, una chaqueta amarilla trata de acercarse al perfumado líquido. -¡Ándate,

asesino!-

y

hace

empeño

de

golpearlo,

pero

se

arranca

precipitadamente… Cerca de la hierba, del azúcar, de la bombilla, un titular del diario:” Macabro crimen, joven aparece decapitado.” La pobre Micaela tiene ganas de llorar…

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EL GRILLO EN CALERA DE TANGO La mañana, con su niebla, cierra el jardín en un espacio pequeño: han desaparecido los árboles, las casas sólo dejan sus sombras y el grillo, un poco confundido, mira para todos lados. Con pena busca a su amada que, al parecer, está perdida tras ese visillo de rocío -“¡Qué chico queda el mundo!”- suspira A pesar de este día gris, el paisaje vive todo su esplendor en la belleza de las flores, en el murmullo de la cascada con su mensaje de agua perfumada y en la incógnita de una ventana que se abre. Se asoma, expectante y conmovida, con sus ojos negros llenos de asombro, Camila, para descubrir las maravillas de su nueva residencia; sonríen sus pupilas y siente la caricia suave de viento con su saludo de trasnochada. El grillo queda extasiado y, ni corto ni perezoso, estremece al aire con su violín de oro. Camila, conmovida, agradece este canto de amor…

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LUX, LA HERMITA VENGADORA La pequeña, dulce y pacífica termita, se sobrecoge a los gritos de los peones y de las sirvientas castigadas duramente por un látigo de don Butardo Matamala, el patrón prepotente y duro. La tímida Lux observa todo con espanto, encaramada en el poste de madera de la vieja e impresionante mansión. Ella vuelve a su termitero y le avisa a la reina, a los obreros, a los soldados, a los machos y a las hembras. Un escalofrío de espanto recorre el nido. A una orden superior, desconocida y enigmática, todo su mundo, en una oscura y silenciosa noche, lo abandonan y se cuelgan de las vigas de la vivienda esplendorosa. -¡Hay que vengarse!-es el grito de pelea. Saben las termitas que la tarea es lenta, difícil, agobiadora; pero no importa. La crueldad del tal Butardo no se aminora, sigue castigando a sus sirvientes, en forma despiadada y cruel. Estos verdaderos arquitectos destructores, pacientes y comprometidos, saben que el fin está cerca. Esperan esa noche de fin de semana, cuando todo el personal se ha ido y el pérfido patrón duerme en su cama de lindos cobertores, de dos plazas y blanda como un plumón de suave terciopelo A una orden, tan misteriosa como la primera, se derrumba estrepitosamente el techo de la mansión sobre el desprevenido cuerpo de viejo patrón… Antes de ser sorprendidas las valientes y justicieras termitas vuelven a su residencia, felices y justicieras.

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LA VANESA DEL CARDO -"La Vanesa del cardo – nos lee el bibliotecario, con los lentes que descubren todas las letras-, sale del África en primavera, sobrevuela el Mediterráneo y se dispersa por Europa". Descansa un poco, toma un vaso de agua, y prosigue. -"…Llegando incluso hasta Irlanda. Pero el viaje de regreso lo efectúa ya otra generación- carraspea el bibliotecario-, como la vida de las mariposas es breve, son sus descendientes las que regresan a África". Le pedimos que repita el párrafo, porque lo consideramos casi imposible… Lo hace de manera tranquila y resignada, actitud propia de todo buen lector que se respeta y, antes de salir de nuestro asombro, continúa -" Dónde ponen huevos de los que, en primavera, nacerá la tercera generación que, a su vez, tomará el camino hacia Europa" Todavía maravillados del milagro- no puede ser de otro modo-concluye. -"Existen alrededor de 400 especies de mariposas migratorias. Abandonan un región en enjambre de varios millones de individuos, y no se dispersan más que cuando han llegado a su destino" El bibliotecario, poseedor de esta riqueza, guarda la "Gran Enciclopedia, la clave del saber", en un espacio de la estantería. Asimismo, guarda sus lentes y, como un mago, encandilado de estas joyas luminosas, abre otro libro con iguales misterios. Nos quedamos en silencio. Al despedirnos, revolotea una mariposa, que nos envuelve en su colorido deslumbrante y, precipitada, sale en vuelo majestuoso. Queremos seguirla, pero se ha escapado. Quizás, emprenderá pronto el vuelo hacia un país desconocido. ¡Buen viaje, mariposa, del eterno viaje! Y emprende el vuelo, rápido en la búsqueda de su propio destino.

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EL SUEÑO Valentina está asombrada y contenta con su nuevo juguete: un libro, protegido de gruesas tapas de cartón, hecho de colores y de insectos de cartulina que sobresalen de la página. En la portada, las figuras miran a esta pequeña de seis años, igualmente asombradas. Tiene el placer de dar vuelta una página y la hoja se cubre de hierba, de las mismas que están en el jardín de su casa. Intenta abrir la siguiente y, como iniciando el vuelo, el escarabajo la atemoriza. Su mirada fija; sus alas superiores rojas con manchas negras. Más tranquila, admira sus antenas, su boca y las alas para ganar el cielo… Después, viene una araña que no la asusta, a pesar de su exacta artesanía para dar miedo. Lo que no puede olvidar es su tejido de finísimo hilo que la sirve para construir su casa. Se pregunta, la linda Valentina, ¿de qué se alimenta? Con sus deditos va sosteniendo las letras para que no se arranquen y, con cierta vacilación, lee:" Me alimento de los insectos que quedan atrapados en mi red" y, en su ensimismamiento, parece oír una finísima voz… de araña. Con los dedos pulgar e índice acaricia su cuerpo, afirmada a la hoja con sus incansables seis patitas. Otra sorpresa la entusiasma, sobre el arroyo de aguas nítidas y transparentes, la libélula pasa su pequeña y mínima infancia que, se denomina este proceso como crisálida, pero el agua corre y también corre el tiempo y se transforma en un insecto travieso y juguetón. No puede acallar su grito de alegría y felicidad cuando, en su última lámina, aparece, encantadora y graciosa, bellísima como la primavera, su reina indiscutible, la mariposa. Está sobre el pétalo de una flor pura y alba, nada menos que en una rosa blanca.

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La pequeña, agotada de este esfuerzo y por el encantamiento vivido en el libro, se duerme sobre los cojines que la sostienen. Y sueña con estos insectos esparcidos por el cielo, en el gozo maravilloso de su espacio que les pertenece. Los

divisa en vuelo sobre el jardín, alimentándose del néctar de las flores y su dicha es mayor porque gozan de la libertad tan querida. Cuando Valentina despierta, recurre nuevamente al libro y, sorprendida, de que en sus páginas ya no están sus queridos insectos. Realmente se han volado…

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DIBUJOS Si tú te detienes ante una página con insectos dibujados y pintados a todo color, tendrán ante tu vista una espectáculo maravilloso en su armazón, generalmente, simétrica, articulado por mano de experto artífice, de colorido exuberante y, en algunos casos, de aspecto de pocos amigos, ante su existencia entregada a la defensiva y al ataque y, con la ventaja que no te picarán ni de dejarán ronchas. Puedes contemplarlos horas y horas y, muy atentos por tu observación, no cambiarán de posición y te quedarán mirando estupefactos… Te sorprenderá que tengan cerebro, no tan perfecto como el tuyo, pero cerebro. También, un corazón que, posiblemente, ama y sufre; también respira al recibir oxígeno y eliminar óxido de carbono y, para mayor maravilla, vuelas gracias a sus vigorosas alas; otro más favorecido por la naturaleza, emprende saltos enormes; igualmente ven, no con los bellos ojos tuyos, si no por un órgano, denominado ocelo; o ya emiten sonidos… Después de contemplarlos, déjalos que sigan en la página para que otros niños como tú, los sigan admirando.

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EL SALTAMONTES Sus grandes ojos ovalados, de mirada escrutadora, están pronto a buscar la hierba que lo alimenta, a reconocer a sus enemigos, a encontrar un espacio donde desplazarse. Da gusto observarlo con su figura de guerrero, con su capa metálica, tras su cabeza que protege el tórax. Sus alas también esperan el movimiento de alcanzar el aire. Para qué decir de sus patas posteriores, visibles a la distancia, engarzadas a su cuerpo

de

atleta,

dispuestas

a

saltar

como

impulsadas

por

un

elástico.

Inesperadamente, se atraviesan en nuestro camino y, por el milagro de su instinto protector, desaparece. Nos queda el recuerdo de un ser mítico, quizás un espía del más allá. Está en cualquier punto de la tierra, de ahí nuestra interrogante de ojo escrutador, de insospechado testigo, de mensajero de un destino desconocido, oculto. A veces, sorprendidos, escuchamos un sonido, apenas perceptible al comienzo y, luego, más intenso, logrado a su astucia de frotar contra las alas delanteras plegadas que sin ocultarlo, tienen una intención amorosa, de conquista.

Si no es oído, se

contornea, danza con todo el ritmo de su cuerpo y antenas. Pero si la ingrata hace oído sordo, no se acongoja. Y, gracias a su mimetismo, se convierte en una astilla, en un trozo de madera sin corazón. O bien, despechado, salta con todo su ímpetu y desaparece, aunque herido, sin importarle nada. En mis juegos, recuerdo a un saltamontes, en un pajar después de la trilla. Gustaba de mirar el paisaje, descubrir el misterioso universo de lo pequeño, de la flora y la fauna, a flor de tierra, admirado de la grandeza en la insignificancia… Sin miedo, más bien, provocador. Se subía sobre nuestros juguetes con la intención, posiblemente, de ser uno de ellos. Admiraba su armazón, su atlética estampa y esa cualidad, indiscutiblemente ansiada por un niño, de saltar, de emprender el vuelo sin alejarse mucho.

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-No te alejes, Sandokán, le recordaba. Necesito tu ayuda. Quiero mandar un mensaje a esa nube tan cercana. En verdad, no se movía y, al parecer, también gustaba del apodo, que es el nombre de uno de mis héroes favoritos. -Dile a Blanca Nieve, esa nube cerca del cerro que se vaya, pues no quiero lluvia, en este veraneo en el campo. Escuchaba, atentamente, gracias a sus potentes antenas. Le repetí el mensaje para que no se olvidara y, de súbito- saltamontes al fin- desaparecía. Para gozo mío, Blanca Nieves, ya no estaba. De vez en cuando, lo llamaba. Salía a buscarlo y nada. En el momento menos previsto se hacía presente, saliendo del montón de gavilla, quizás, riéndose, de sus travesuras. Como era un niño solitario, conversaba con él y, muy cortes y complacido, no se movía. Por desgracia, no podía responderme. Un día, lo tomé entre mis manos. Y lo sentí, moverse al ritmo de una melodía que acompañaba con el suave movimiento del cuerpo. Era su despedida. - Adiós, Sandokán, buen viaje.

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MARIPOSA DE ENSUEÑO Nos asombra que exista vida en seres tan diminutos, como son los insectos. Algunos casi invisibles a la vista. En escala inferior, están provistos de todos los recursos para subsistir. La naturaleza, siempre sabia, les ha entregado los medios para reproducirse, alimentarse, gozar de la pequeña dicha de existir, defenderse y, como todo ser vivo, morir. El caso más admirable es la mariposa. Sus procreadores han formado el huevo; en seguida, nace la larva, la pulpa o crisálida y después el alado adulto o imago. Sin dejar de admirarnos, el bibliotecario nos explica: la larva crece hasta determinadas proporciones, estirando su cutícula quitinosa; pero, a intervalos, ésta se rompe y aparece otra nueva que se formó debajo. A veces nos imaginamos como es el proceso del crecimiento de las ideas: quizás un minúsculo

estremecimiento de una vida que nace; leve e

imperceptiblemente va adquiriendo forma, sin saber a dónde va; el tiempo perfila sus rasgos y la da individualidad; por lo frágil y todavía débil, se desvanece como si no existiera, pero cambiando otro tipo de "escamas", toma cuerpo, se fortalece y, en el instante menos pensado, ha germinado en algo definitivo, próspero, con futuro, es la idea. Esta idea, ya convertida en pensamiento, lógico y razonado, echa también a volar en el propósito de consolidad su destino, de avanzar con cautela, temeroso, contra los enemigos, las zancadillas; los envidiosas de todas partes. Así se crece, fortaleciéndose en esta lucha diaria y, por fin, de igual manera, que la mariposa maravillosamente bella, de colores de ensueño sobre la rosa del jardín, nuestra idea está integrada al sueño del mundo. Así, reflexionamos, admirados de la fragilidad de las alas, diáfanas, armoniosamente pintadas de caprichosas e indescifrables figuras- un mensaje que sólo

21


Dios entiende-, sus antenas que absorben los colores de la naturaleza y, encima de la rosa, es otra rosa más con el privilegio de soñar. -"Debería extenderse – dice nuestro bibliotecario-, la acción protectora de la naturaleza por su actuar sin ofensa y por su aporte al goce estético y al interés en la vida agrícola…", agregamos nosotros, los hombre deben proteger a estas maravillas que vuelan. E, igualmente, defender las ideas como mariposas iluminadas en el camino oscuro y siniestro de la vida.

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LA CHINITA Cuando la vida, la nuestra, plena de los goces de la existencia, apreciados por nuestros cinco sentidos, que nos permite vislumbrar el infinito gracias a los prodigios de nuestro cerebro; nos hace posible el miedo y la felicidad, no podemos dejar de agradecer a Dios la inconmensurable felicidad de estar vivos. Pero nuestra gratitud es mayor si, al mirar nuestro entorno en los seres prodigiosamente pequeños, como son los insectos, verbigracia, también tienen vida, quizás una existencia más reducida, pero igualmente dichosa. Nos quedamos perplejos, admirados de su armazón, su bella estructura, la armonía de su cuerpo, cuyos elementos que lo componen tienen su misión, su objetivo claro y preciso. Mientras vamos avanzando por estas líneas –a tropezones, embrujados por la admiración que nos embarga-, una chinita se detiene sobre la página, camina llena de fe por las líneas del cuaderno y se detiene para agradecernos estas palabras de admiración y elogio. Si admirable es la presencia de su propio hábitat, de cada uno de estos individuos, más pavorosamente admirable, es su vida en comunidad, con sus leyes, jerarquía, respeto y, cuando el caso lo requiere, la mayor ferocidad, implacable, porque se está defendiendo a sus congéneres, se está luchando por el futuro, en un mundo, a todo nivel, duro difícil, exigente. ¡Cuánto debemos aprender de ellos los seres superiores que somos nosotros! Pueden enseñarnos a superar nuestra soberbia, nuestra crueldad injustificada, el afán de obedecer a consignas arbitrarias y discriminatorias, que una voz más potente que las otras impone a su arbitrio, reducir la estupidez humana que, según el pensador, es lo más cerca de la infinitud….

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Vamos al jardín, vamos a la huerta, vamos a la plaza y, con veneración y siempre admirados, busquemos a la chinita- tan pequeña y maravillosa, para agradecer su visita. En nuestra infancia, ella recorría nuestra mano, iba de dedo en dedo y, mientras mayor fuera su permanencia, era mayor nuestra suerte. Busquémosla como símbolo de felicidad.

24


…Fin...

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INSECTARIO por Sergio Bueno