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¿POr qué se nOmina a CeCilia?

 TexTo: CARMILL A FLoYD FoTo: KIM NAYLoR

Cecilia Flores-Oebanda es nominada al Premio de los Niños del Mundo 2011 por su lucha de 20 años contra el trabajo infantil y la trata de personas. Cecilia empezó a trabajar a los cinco años de edad y adoptó como misión de vida luchar por los derechos de los más pobres y de los niños más expuestos. Cecilia fundó la organización Visayan Forum que ha rescatado a miles y miles de chicas del trabajo esclavo y la trata de personas. Hace un trabajo preventivo en los poblados rurales y en las ciudades para que no se aprovechen de los niños. Cecilia ha influenciado en la legislación de Filipinas y de los países cercanos de forma tal que los niños recibieran más protección. A pesar de las constantes amenazas de muerte, ella no se rinde. Cecilia y Visayan Forum dirigen ocho Centros de Reinserción Social para niñas en todo el país, cuatro centros de ayuda para criadas y una Casa segura, un hogar para las más afectadas. Desde el año 2000, Cecilia y Visayan Forum han ayudado a 60.000 víctimas de la trata de personas y llevado varios casos a juicio. Han brindado formación a miles de colaboradores en el trabajo contra la trata de personas, entre ellos jueces, fiscales, policías, agencias de viaje y autoridades.

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NOMINADA • Páginas 68–87

Cecilia Flores-Oebanda El teléfono suena a medianoche. Una voz murmura en la oscuridad: “Deja de trabajar contra la trata de personas o te mataremos a ti y a tus hijos.” Pero Cecilia Flores-Oebanda no se deja intimidar. Está acostumbrada a las amenazas tras años de lucha contra los que compran y venden niñas para el trabajo esclavo. Hoy es una de las principales defensoras del mundo contra la esclavitud moderna.

V

amos, suele decir Cecilia. Pienso luchar hasta la última gota de sangre. Nada puede hacer que abandone su sueño: que todos los niños de Filipinas tengan derecho a una vida buena y segura, en la que no tengan que trabajar y vayan a la escuela. La trata de personas es el tercer negocio ilegal más redi­ tuable del mundo, después del narcotráfico y las armas. Muchos pierden dinero con la lucha de Cecilia. – Pero ahora me temen. Saben que nunca me rindo, dice. Cecilia se asustó cuando fue amenazada por primera vez, ante todo por sus hijos.

– Pero todos mis hijos estu­ vieron de acuerdo en que debía continuar. Verjas cerradas

Cecilia está siempre alerta cuando viaja al trabajo. Una guardia abre la verja de hierro del muro y es cuidadosa al volver a cerrar el pesado can­ dado. Tres pequeñas niñas vienen a toda carrera y rodean a Cecilia con sus bra­ zos. – Tía Dai, exclaman, el apo­ do cariñoso de las niñas para Cecilia. ¡Ven a jugar con nosotras! Cecilia y las niñas a las que ayuda suelen ser amenazadas y necesitan protección. Pero Cecilia no tiene miedo, nunca deja de luchar.

Las niñas son primas de Cebú, en el grupo de islas Bisayas, una de las zonas más pobres de Filipinas. De allí provienen muchas de las víc­ timas de la trata de personas. Rosalie, de 10 años, y sus pri­ mas acaban de ser rescatadas por la organización de Cecilia, Visayan Forum.


rosalie, 10, y sus primas fueron rescatadas de bailar desnudas frente a las cámaras en un cibercafé. ahora están a salvo en la Casa segura de Cecilia.

trabajado para Archie. Nos asustamos mucho y nos escondimos. Pasaron varios meses hasta que también nos fueron a buscar. No parecía seguro que los niños afectados se quedaran en la región. Por eso Rosalie y sus primas se mudaron con Cecilia y Visayan Forum a Manila. – Pero ahora estoy conten­ ta. Extraño a mi familia, pero el abuelo dice que estoy mejor aquí y que debo dar lo mejor de mí en la escuela.

Pronto van a mudarse a su Casa Segura. Allí viven las niñas que no pueden regresar con su familia. Algunas fue­ ron vendidas por sus propios padres y corren el riesgo de ser vendidas nuevamente. – Mi papá está muerto y mi mamá no hacía nada para conseguir comida para mí y mis hermanos, cuenta Rosalie. Yo vivía con mi abue­ lo. Archie, uno de los vecinos de Rosalie, a menudo insistía con que ella y sus primas debían dejar la escuela y tra­ bajar para él. Él y su amiga Stella tenían un cibercafé y decían que necesitaban mode­ los para sus filmaciones. Archie dijo: “Pueden ganar mucho dinero”. – Ni siquiera teníamos qué comer y tuve que dejar la escuela, dice Rosalie. Fue entonces que mis primas y yo empezamos a trabajar para Archie. Archie había prometido que en la imagen sólo se vería el rostro de las niñas, pero era mentira. – Tuvimos que bailar des­

nudas frente a una cámara. Archie dijo que los hombres de otros países pagaban para vernos. Todo lo que Rosalie hacía era filmado con una cámara web. Las películas se emitían en directo por Internet para hombres de EE. UU. y Australia. Mientras los hom­ bres miraban a las niñas, le enviaban a Archie mensajes de chat diciendo lo que que­ rían que ellas hicieran frente a la cámara. Por más de dos años las chi­ cas trabajaron para Archie y Stella. Le daban el dinero que ganaban a su familia. Muchos otros niños hacían lo mismo. Archie decía que no debían contarle a nadie lo que hacían. interviene la policía

Un día la policía armada rodeó el cibercafé. A la dis­ tancia, Rosalie vio que arras­ traban a Archie y a Stella a un patrullero. Cuatro niños tam­ bién salieron de la casa y llo­ raron al ser trasladados por la policía. – La gente decía que íbamos a acabar en prisión por haber

De pequeña Cecilia vendía pescado para ayudar a su familia a sobrevivir y para poder ir a la escuela.

la historia de Cecilia

La familia de Cecilia era una de las más pobres de los pobres. – Vivíamos entre un verte­ dero y un río, cuenta. Empecé a trabajar cuando tenía cinco años. Mis hermanos y yo ven­ díamos el pescado que mi papá atrapaba en el río. Yo caminaba al calor con el cesto de pescado sobre la cabeza, mientras el agua maloliente y el aceite de pescado me corrían por el pelo y la cara. Pero sabía que no debía regre­ sar a casa sin vender hasta el último pescado. – La gente decía: “Baila para nosotros, pequeña, así compraremos tus mercan­ cías”. Entonces yo bailaba y cantaba. Cecilia y sus once herma­ nos buscaban en el vertedero cosas que pudieran vender. A veces no podían correrse cuando llegaba el camión de la basura.

¿qué es la trata de personas? La trata de personas es el tercer negocio ilegal más redituable del mundo, después del narcotráfico y las armas. Las personas pueden ser vendidas una y otra vez siempre que alguien quiera comprarlas. Niños y adultos son trasladados cruzando fronteras o dentro de su propio país para ser usados en el trabajo forzado. Se lo llama esclavitud moderna. Muchos son explotados como sirvientes o esclavos sexuales. Los niños son raptados, vendidos, engañados u obligados. La mayoría de los afectados proviene de familias muy pobres. Los tratantes de personas controlan a sus víctimas mediante la violencia, la presión y las amenazas de hacer daño a sus padres y hermanos.

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en Filipinas las niñas criadas a menudo son tratadas como esclavas. muchas piden ayuda a través de la línea telefónica de Cecilia las 24 horas.

– ¡Una vez quedé sumergi­ da en la hedionda basura has­ ta el mentón! adoraba la escuela

La mamá de Cecilia tenía educación y ponía cuidado en enviar a los hermanos a la escuela. Prefería pasar ham­ bre antes que no pagar las cuotas escolares. A Cecilia la fastidiaban en la escuela por tener sandalias sin pareja y porque su pelo y su ropa gastada siempre olían a pescado y a basura. Lo peor fue en la adolescencia. – Es bonita, pero apesta, decían los muchachos tapán­ dose la nariz cuando ella pasaba. – ¿No saben que es un nue­ vo perfume?, decía Cecilia intentando sonar osada, pero por dentro se sentía triste y enojada. Veía que muchas familias no trabajaban ni la mitad de lo que hacía la suya y

comían suficiente. Entonces decidió que sus hijos lo pasa­ rían mejor que ella. El papá de Cecilia le explicó que debía ser brava para sobrevivir en un mundo duro. – ¡Me enseñó a boxear y apostaba dinero a que yo ganaría los partidos! Y me arrojaba al río para que apren­ diera a nadar. Pronto fui como un pez en el agua. Cecilia ganó varios con­ cursos de natación y obtuvo un puesto en el equipo de la escuela. Por eso recibió una beca que cubría las cuotas escolares y los libros. lucha contra el dictador

Mientras Cecilia crecía, Filipinas era gobernada por un dictador, Ferdinand Marcos. Ya a los 14 años ella empezó a manifestar contra el régimen pese a que era muy peligroso. Estaba enojada porque Marcos y sus amigos

en el hogar protegido de Cecilia para niñas que fueron vendidas por tratantes de personas ellas tienen la chance de ser niñas otra vez.

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vivían en el lujo mientras los pobres pasaban hambre. Un día, algunos años más tarde, Cecilia supo que los militares planeaban una razzia contra su casa. Huyó a las montañas y fue conocida en todo Filipinas como Comandante Llway. Pocos sabían que el temido luchador por la liber­ tad era una chica adolescente. Tras varios años de dura lucha con la guerrilla, fue rodeada por los soldados de Marcos. Exclamó: “Habla la coman­ dante Llway. No disparen, voy a salir.” Algunos soldados cortaron un mechón de su largo cabello como prueba de que habían participado en su captura. ayuda a niños pobres

Cecilia tuvo tres hijos duran­ te el período en las montañas y los años en prisión. Los

niños nacidos en la cárcel se llamaron Dakip (Atrapado) y Malaya (Libertad). Finalmente cayó el dictador Marcos. Millones de personas salieron a las calles y a las pla­ zas y obligaron a él y a su régi­ men a rendirse. Cecilia quería darle a sus hijos una buena vida. Pero también quería luchar por todos los niños de Filipinas que viven sumidos en la pobreza. Recibió la ayuda de sus hermanos y empezó a levantar una organización propia en Manila. Entonces la tierra natal de Cecilia fue azotada por un tifón que acabó con la vida de 10.000 personas y dejó a miles sin hogar. Cecilia descubrió que los tratantes de personas aprovechaban desconsidera­ damente la desgracia ajena. Prometían trabajo y educa­

Cecilia adora estar junto a las chicas rescatadas por su organización Visayan Forum, hablar, cantar y reír.


Cecilia le enseñó a los policías y guardias de puertos y aeropuertos a reconocer a los tratantes de personas y a las niñas que cayeron víctimas de la trata. ahora la ayudan a atrapar a los que compran y venden niños.

ción a los niños que habían quedado huérfanos o en la calle con su familia tras el tifón, pero en cambio los ven­ dían como esclavos. A medida que el trabajo de Cecilia se hacía conocido, los niños empezaban a acudir a ella en busca de ayuda. – Conocí chicas que habían huido del trabajo esclavo como sirvientas de familias ricas. Algunas tenían cicatri­ ces por haber sido quemadas

con cigarrillos o planchas. Una chica fue obligada a beber ácido corrosivo y murió por las lesiones. Vino a noso­ tros demasiado tarde. Entendí que debía dar todo

para ayudar a esos niños. En 1991 Cecilia organizó la primera marcha mundial contra el trabajo infantil, Global March Against Child Labour, que hoy une a millo­

la colaboración salva niños – Todos deben participar en el trabajo contra la trata y el trabajo infantil o nunca alcanzaremos nuestra meta, dice Cecilia. En los puertos navales y aeropuertos colabora con policías, guardias de seguridad, chóferes de taxi y personal a cargo del equipaje. Reciben instrucción por parte de trabajadores sociales y chicas que fueron víctimas de la trata. Aprenden cómo descubrir a los tratantes y a sus jóvenes víctimas, vigilan y hacen preguntas, a la vez que reparten volantes con información sobre la línea telefónica de Cecilia. Siempre se puede llamar allí y pedir ayuda o dar datos si se sospecha de un caso de trata.

¿Qué hacen Cecilia y Visayan Forum? Cecilia y Visayan Forum consideran que todos deben participar en la lucha contra el trabajo infantil y la trata de personas. Luchan en todo el país y se ocupan de que quienes están en el poder ya no puedan cerrar los ojos ante la compra y venta de niños como mercancías: • Los niños y adultos de las regiones más pobres de Filipinas, de donde proviene la mayoría de los niños víctimas de la trata de personas, reciben educación y apoyo. En especial se brinda información a las madres para que puedan proteger a sus hijos. • En los puertos y aeropuertos, Visayan Forum colabora con todos los que trabajan allí, con la policía y otras autoridades, para descubrir a los tratantes de personas y rescatar a sus víctimas. • Se realizan operaciones de rescate para liberar a los niños explotados en burdeles o como sirvientes en hogares privados. • Hay líneas de ayuda telefónica las 24 horas para los niños y adultos que necesitan ayuda o quieren reportar casos sospechosos de trata o trabajo esclavo.

• En los Centros de Reinserción Social de todo el país se brinda protección a las niñas rescatadas y ayuda para recuperar su autoestima y fe en el futuro, así como para reunirse con su familia. Las niñas que no puedan regresar a casa tienen un hogar y educación en la Casa Segura de Cecilia. • Se costea la educación de los niños menores de 14 años, que según la ley filipina no pueden trabajar. Las chicas mayores tienen entrenamiento y prácticas laborales, a veces incluso ayuda económica. Se alienta a los ex niños trabajadores a crear clubes locales por los derechos del niño, donde juegan y se divierten a la vez que divulgan información sobre la trata para rescatar a sus coetáneos. • Para ganar la guerra contra la trata de personas se exigen mejores leyes para proteger a los niños y facilitar el envío de los tratantes a prisión. Cecilia influencia a los políticos tanto de Filipinas como de los países cercanos y hace que cambien las leyes y las reglas.

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los niños rescatados del trabajo infantil ayudan a Cecilia en la lucha por los derechos del niño manifestándose contra la trata de personas.

nes de niños y 114 organiza­ ciones en todo el mundo en la lucha contra el trabajo infan­ til y la esclavitud. Global March lucha por los 250 millones de niños trabajado­ res del mundo. De ellos, cinco millones son filipinos. Los cientos de miles de sir­ vientas de las familias de Filipinas no tenían derechos y

a menudo eran tratadas como esclavas. Por eso Cecilia creó en 1995 el primer sindicato de empleadas domésticas de Filipinas, Sumapi. Hoy Visayan Forum es una de las principales organizacio­ nes en la lucha contra la escla­ vitud moderna y la trata de personas. Cientos de volunta­ rios y empleados trabajan jun­

to a Cecilia en Manila, en la Casa Segura y los Centros de Reinserción Social de todo el país y en tareas de prevención en los pueblos y barrios bajos. Cecilia es conocida en todo el mundo, pero nunca olvida sus raíces. – Aún siento el olor a pesca­ do y basura en mi cuerpo, dice Cecilia. 

la Casa segura de Cecilia Algunas chicas no pueden volver a reunirse con su familia y entonces se mudan a la Casa Segura de Cecilia “Center of Hope” (Centro de Esperanza), con dirección secreta en Manila. A menudo las chicas de allí fueron amenazadas de muerte por sus captores. Reciben la ayuda de los padres de la casa, trabajadores sociales, psicólogos, maestros y guardias de seguridad. – Deben sentir que es un verdadero hogar. Aquí les damos protección y fe en el futuro, dice Cecilia. El terreno para la Casa Segura fue comprado gracias a una donación de J.K. Rowling, la escritora de los famosos libros de Harry Potter. Ahora se construirán allí una escuela y un centro de entrenamiento.

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¡aprende filipino! Los casi 100 grupos étnicos distintos de Filipinas, en 7.107 islas, hablan 170 idiomas y dialectos diferentes. El idioma nacional es el filipino. Como Filipinas perteneció primero a España y luego a EE. UU. durante 400 años, el idioma contiene muchas palabras españolas e inglesas. Hola = Kumusta Hó Adiós = Babay Sí = Ohó No = Hindi Hó ¡Socorro! = Saklala! ¡Viva! = Mabuhay! Amigo = Kaibigan Pandilla de amigos = Barkada


samraida traficada para trabajar como esclava Samraida tenía 14 años cuando fue traficada ilegalmente de Filipinas con un pasaporte falso. La llevaron en avión miles de kilómetros para trabajar los siete días de la semana, 20 horas al día, como criada de una familia rica del Medio Oriente. – Me trataron peor que a un animal y me vendieron a otro empleador contra mi voluntad, dice Samraida.

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 TexTo: CARMILL A FLoYD FoTo: KIM NAYLoR

esde que Samraida tie­ ne recuerdo, su mamá trabajó en el exterior. Su familia vive en Mindanao, una de las zonas más pobres de Filipinas, que fue muy afectada por la guerra civil durante más de 30 años. Muchos niños pobres de Mindanao crecen sin su mamá. La mayoría de las familias de allí son musulma­

nas y por eso las chicas y mujeres son valoradas como sirvientas en los países musulmanes ricos, como Arabia Saudita. – Mamá sólo venía a casa cada dos o tres años, cuenta Samraida. Cuando tenía diez años le pedí que se quedara. Lloré y me aferré a ella, pero se enojó y gritó que trabajaba como esclava por mí. Esa

noche decidí dejar de extra­ ñar a mamá. De todos modos, apenas nos conocíamos. A pesar de que la mamá enviaba dinero todos los meses, la familia a menudo pasaba hambre. El papá tra­ bajaba muy duro en la granja, pero apenas conseguía la comida del día. Cuando Samraida llegó a los doce años debió empezar a trabajar

El jeepney transporta niñas esclavas El jeepney es el medio de transporte más común de Filipinas. Siempre se decoran fantasiosamente con fuertes colores, dibujos y adornos. El jeepney se utiliza a menudo para transportar a las víctimas de la trata de personas. Tiene lugar para 15 personas, pero la policía a veces ha detenido autobuses jeepney en los que los tratantes apretujaron a 50 chicas. A menudo los cubren con lonas y los tratantes le dicen a la policía y a los trabajadores portuarios que el espacio de carga contiene verduras o alguna otra mercancía.

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como criada. También se ocupaba de sus hermanos pequeños y de la casa. El trabajo de Samraida era pesado y la paga era pésima. Por eso decidió viajar tam­ bién ella al extranjero, a pesar de que la mamá había dicho que era terrible. Los trabaja­ dores ganan mejor en el extranjero y dos ingresos ayudarían a la familia. Pero Samraida era demasiado joven para obtener su pasa­ porte– se debe tener al menos 23 para trabajar en el exterior según las leyes filipinas. Documentos falsos

El viaje de Samraida hacia su trabajo en el Medio Oriente comienza cuando ella tiene 14 años. Entonces llega al pueblo

Samraida Esmael, 18 Quiere ser: Trabajadora social y trabajar para Cecilia. Ídolos: Las cantantes Celine Dion y Sara Geronimo. le gusta: Cantar, especialmente canciones tradicionales filipinas. admira a: Cecilia, Erica y los demás de Visayan Forum.

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el gran aeropuerto asustó a samraida – nunca había volado antes de ser llevada ilegalmente a trabajar como esclava en el extranjero.

un hombre de Manila. Es reclutador, alguien que busca chicas que quieran trabajar en el exterior. El hombre pro­ mete conseguirle a Samraida pasaporte y empleo si ella lo acompaña. Samraida se entusiasma con la oferta. Temprano una mañana emprende el viaje a Manila junto al reclutador y dos chicas mayores. Toma casi cuatro días, primero en jeep­ ney y luego en transbordador. – Sus visas aún no están listas, explica el hombre. Mientras esperan pueden vivir con mi esposa y conmi­ go y ocuparse de la casa. Samraida y las otras chicas quedan encerradas en la casa sin sueldo. Por el contrario, el reclutador dice que deben pagar alojamiento y comida. – Deduciremos los costos

del sueldo que reciban los pri­ meros siete meses en el Medio Oriente, dice. larga espera

El reclutador le da a Samraida un papel con los datos que figuran en su pasaporte falso. La edad fue cambiada a 23 años, le han puesto otro nom­ bre y otra ciudad natal. Debe saber todo de memoria por si la policía le hace preguntas en el aeropuerto. Las semanas pasan y Samraida se siente asustada y engañada. ¿Deberá quedarse allí, como esclava del recluta­ dor? El oscuro cuarto donde duerme en el suelo junto a las otras chicas se siente como la celda de una prisión. Quiere ir a casa. – Como quieras, dice el reclutador. Pero primero

debes pagarnos siete meses de sueldo, nos lo debes por la comida, el alojamiento y los gastos del viaje. Y paga tú misma el viaje a casa. Samraida no tiene dinero y no sabe adónde ir. Seis meses después llegan nuevas chicas a la casa. Y el reclutador dice que la visa de Samraida está lista. Un empleo le espera en Kuwait. Tres días más tarde va camino al aeropuerto, llevando un velo y una falda larga. La esposa del reclutador la maquilló para que pareciera mayor. Un hombre se reúne con Samraida en el vestíbulo de salidas con su boleto y su pasaporte falso. – Muéstrate segura de ti misma. Ponte derecha y avan­ za decididamente. Y elige la ventanilla dos cuando llegues


la policía interrogó a samraida al descubrir que su pasaporte era falsificado.

al control del pasaporte, dice el hombre antes de desapare­ cer en el gentío. El corazón de Samraida late muy rápido cuando se acerca al control del pasaporte. Las manos le tiemblan al presentar el pasa­ porte falso, pero el policía apenas lo mira. – Pasa, le dice. Samraida entiende que los contrabandistas de personas le pagaron al policía para que la deje pasar. llega a Kuwait

Mareada y con náuseas, Samraida baja del avión en Kuwait. En el vestíbulo de llegadas la espera un hombre que tiene un cartel con el nombre falso de Samraida. Pero no la lleva a su lugar de trabajo, sino a una oficina de empleo de la ciudad de

Kuwait. Samraida es encerra­ da en un pequeño cuarto sin ventanas que ya está lleno de chicas y mujeres jóvenes. Algunas vienen de Filipinas, otras de Sri Lanka, Indonesia y Etiopía. Por la noche, Samraida y otras chicas deben ponerse en hilera y mostrarse ante tres hombres. Samraida se asusta. Uno de los hombres dice que tiene seis hijos y quiere una muchacha que se ocupe de ellos y de todas las tareas domésticas. – Deben trabajar desde las cuatro de la madrugada hasta las dos de la madrugada siguiente, siete días a la sema­ na, dice. Samraida hace un rápido cálculo. ¡Son 22 horas! – No puedo hacerlo, dice. El hombre se enoja. – ¡Eres haragana! ¿Por qué

viniste aquí si no quieres trabajar? Durante dos semanas Samraida ve una larga hilera de hombres con exigencias similares. Acompaña a uno de ellos para mostrar lo que sabe hacer. Debe trepar una alta escalera de mano y limpiar un armario, pero pierde el equili­ brio y casi se cae. El hombre la devuelve. – Ella no sirve, dice. El dueño de la oficina de empleo se enfurece e intenta golpear a Samraida, que sale corriendo. – ¿Por qué intentas lasti­ marme?, pregunta. Vine aquí para trabajar, no para ser tra­ tada como un animal. Cuando Samraida es lleva­ da de regreso al cuarto lo ve más repleto que nunca. A dia­ rio llegan chicas del aeropuer­ to y ya no hay lugar para acos­ tarse. Samraida tiene que dormir sentada, pero es casi imposible por el calor. En el cuarto no hay ventanas ni ventiladores y resulta difícil respirar. Samraida compren­ de que debe aceptar cualquier empleo para salir de allí.

Exporta personas Casi ningún país del mundo tiene tantos habitantes que trabajen en el extranjero como Filipinas. Allí hay una larga tradición de viajar al exterior para trabajar, que fue alentada y desarrollada por el ex dictador Marcos. Casi la mitad de los niños de entre 10 y 12 años dicen que han pensado en trabajar en el exterior. El país es hoy una de las fuentes más importantes de trabajadores migrantes. Algunos viajan legalmente, pero cientos de miles son contrabandeados y vendidos en países vecinos como Malasia y Hong Kong, o incluso en el Medio Oriente, África, EE. UU. y Europa. – Otros países exportan té, café o electrónica. Filipinas exporta personas, dice Cecilia.

el primer empleo

Luego de 18 días, Samraida es tomada como criada en una familia con cinco hijos, de los cuales tres son adultos pero viven en la casa. Es una gran casa de cuatro pisos. Una fili­ pina algo mayor se encarga de la cocina. Samraida se ocupa­ rá de la limpieza y el lavado. El empleador explica las reglas de la casa: – Nunca puedes abandonar la casa,

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eres demasiado joven para salir sola. Debes llevar velo y no puedes llevar ropa ajustada ni camisetas escotadas. Nunca pierdas tiempo hablando con la otra criada ni telefoneando a casa. Y está prohibido el contacto con las criadas de los vecinos. Después del primer día de trabajo Samraida está agota­ da. Le duele todo el cuerpo tras haber fregado los pisos y lavado los platos y la ropa des­ de las cuatro de la madrugada hasta la medianoche. La otra criada trabaja para la familia desde hace siete años. Le susurra a Samraida que debe cuidarse del hijo menor. – Miente y dice que las cria­ das le robamos cosas para lla­ mar la atención de su mamá. Samraida trabaja siete días a la semana, desde el alba has­ ta la medianoche. Los días se entremezclan. La casa es la prisión de Samraida. Quiere ir a su hogar, pero ha firmado un contrato y prometido tra­ bajar para la familia dos años. Cada mes envía todo su suel­ do a su familia en Mindanao. Ellos le cuentan en las cartas acerca de la casa que constru­ yen con el dinero de Samraida. Eso la hace sopor­ tar un poco más. samraida huye

Cuando pasan dos años Samraida está agotada, pero feliz. Va a poder ir a casa. En el contrato dice que el empleador le devolverá el pasaporte y le dará un boleto de avión. Pero entonces, llega la conmoción. El empleador se niega. Quiere que

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Samraida se quede trabajando. – Vete a casa si quieres, le dice. Pero conservaremos tu pasaporte y no te daremos ningún boleto. La familia deja de pagarle el sueldo y no obstante obliga a Samraida a seguir trabajando. Pero luego de cuatro meses se cansan de sus lágrimas y rue­ gos de volver a casa. La devuelven a la oficina de empleo. Allí le dicen que debe trabajar para ahorrar dinero para el boleto de avión y ven­ den a Samraida a una nueva familia. En la nueva familia Samraida debe ocuparse de una pequeña niña. Cuando la niña se enferma, Samraida la lleva al hospital y allí ve la oportunidad de escapar. Pide ir al baño, pero en su lugar se apresura a bajar las escaleras. En la calle hace detener un taxi. – ¡Lléveme a la estación de policía! La policía escucha a Samraida contar que fue vendida contra su voluntad. – Intentaremos ayudarte, le dicen. Mientras tanto puedes quedarte aquí. En una celda se apretujan unas 80 niñas y mujeres, de Filipinas y de muchos otros países. Todas son criadas que esperan un juicio o poder via­ jar a casa. Samraida pronto se hace una gran amiga, Katy. Ha escapado de su empleador, que la violó. – Me atacaba cada vez que su esposa dejaba la casa, cuen­ ta. Cuando Katy escapó, el empleador la denunció por robo. Ahora ella espera el juicio.

Cecilia y el tiempo pasado en su hogar protegido le han dado a samraida nuevas esperanzas para el futuro.

Samraida se asusta. ¿Y si a ella le pasara lo mismo? Pero luego de ocho meses en la cel­ da, finalmente le dan su pasa­ porte y un boleto de avión. Cuando vuela a casa, Katy sigue en la cárcel. Ha sido condenada a varios años de prisión por el supuesto robo. al fin en casa

A Samraida aún le espera otra

“el trabajo doméstico es un empleo decente”. Cecilia lucha por los derechos de las criadas.

conmoción al llegar a Mindanao. La nueva casa, en la que se usó todo su dinero, ya no está. Los rebeldes y las fuerzas del gobierno se han enfrentado en su pueblo. Muchos han muerto y la vivienda fue quemada hasta los cimientos. El papá y los hermanos viven en un campo de refugiados. Están felices de que Samraida haya regresado,

samraida es musulmana y ora varias veces al día.


¿Qué es un centro de reinserción?

samraida estuvo encerrada como esclava varios años. Hoy va a la escuela otra vez y quiere trabajar para Cecilia y Visayan Forum. Ya trabaja contra la trata de personas, difunde información y hace manifestaciones de apoyo la campaña contra el tráfico.

pero lloran al contar lo ocurrido. – Ni siquiera pudiste ver tu propia casa, le dicen. Samraida decide volver a viajar al exterior. – Pienso ahorrar dinero para una nueva casa. – De ningún modo, dice el papá agitado. En ese caso, tendrás que caminar o nadar hasta Manila. Pero Samraida se muestra inamovible y al final el papá debe ceder. Una noche, algunas sema­ nas más tarde, Samraida está nuevamente en el aeropuerto. Pero esta vez el policía que controla el pasaporte llama a las fuerzas especiales del aero­ puerto contra la trata de per­ sonas. Ha sido instruido por Cecilia y Visayan Forum y sabe cómo reconocer a las víctimas de la trata. Samraida asegura tener 25 años, pero el médico de las fuerzas especia­ les examina sus dientes y

determina que es menor de 18 años. Luego llaman a Erica, una de las trabajadoras socia­ les de Visayan Forum. el centro de reinserción protege

Cerca del aeropuerto y detrás de altos muros está el centro de reinserción social de Cecilia, donde las chicas res­ catadas de ser llevadas al exte­ rior reciben protección. Ya es pasada la medianoche cuando un guardia abre el pesado candado de la verja. Samraida llora en silencio. Ha perdido la oportunidad de ayudar a su familia. ¿Y si termina en pri­ sión por haber intentado via­ jar con un pasaporte falso? Erica la lleva a un cuarto en el primer piso. En la oscuri­ dad Samraida distingue filas de estrechas camas y entra en pánico. ¿Está otra vez en pri­ sión? Pero una de las chicas se despierta y susurra:

– No te preocupes. Llegaste a un buen lugar. Duérmete, mañana hablaremos más. La mañana siguiente las chicas se reúnen en torno a Samraida. Todas han caído en manos de la trata de personas, pero fueron rescatadas por Visayan Forum, que ayuda a las chicas a ir a la escuela y volver a reunirse con su familia. Una semana más tarde Samraida despierta a media­ noche. Hay una chica sentada en la cama junto a la suya. Acaba de llegar del aeropuer­ to y se ve asustada y confun­ dida. – No tengas miedo, dice Samraida. Llegaste a un buen lugar. Duérmete, mañana hablaremos más. 

Cecilia y Visayan Forum han construido nueve así llamados centros de reinserción social junto al aeropuerto de Manila y cerca de los puertos utilizados por los contrabandistas de personas. Las chicas rescatadas son llevadas directamente a los centros para recibir protección y asistencia aguda. En los centros de reinserción social hay trabajadores sociales y comunitarios que están listos para salir todo el día. También hay un “papá de la casa” que se ocupa de que las chicas tengan todo, desde comida y una cama hasta calidez y amor. A partir de su situación personal, cada chica puede recibir ayuda para reunirse con su familia, aportes para los gastos escolares y asistencia jurídica y psicológica. Los centros llevan adelante una guardia telefónica y dan formación al personal del aeropuerto y de los puertos para que puedan descubrir y rescatar a las víctimas de la trata de personas. aporte

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6.00 ¡Hora de despertar! A veces llegaron chicas nuevas del aeropuerto por la noche. A menudo están tristes y asustadas y necesitan una cálida bienvenida cuando las demás se despiertan.

un día en el Centro Cerca del aeropuerto queda uno de los Centros de reinserción social de Cecilia, un hogar protegido para chicas rescatadas de ser llevadas ilegalmente al extranjero para realizar trabajos forzados.

6.20 Gimnasia matutina Incluso las más remolonas cobran vida. 6.40 limpia y bonita Un rápido cepillado de dientes y fregado, nadie quiere perderse el desayuno.

7.30 Todas ayudan Todas ayudan a la mamá de la casa Alice a cocinar y poner la mesa. 11.00 ¡Construyan el refugio! ¡se acerca el tifón! El juego Bahay, Bata, Bagyo (Hogar, niño, catástrofe) trata de que los niños necesitan protección y un hogar seguro. El juego empieza cuando alguien exclama que se acerca un tifón. Entonces todos deben apresurarse a “construir” una casa donde guarecerse.

9.00 Hola, Cecilia Hoy Cecilia va de visita. Juega y habla con las chicas. A pesar de que muchas comparten sus vivencias dolorosas también hay muchas risas. 78


12.00 Pescado para el almuerzo Krista, de 16 años, ayudó a freír el pescado para el almuerzo.

13.30 el juego de la silla con lady Gaga Lady Gaga retumba en los parlantes cuando las chicas hacen el juego de la silla. Todas gritan de la risa cuando la última silla se desploma bajo la feliz ganadora. Fue rescatada hace sólo unos días tras un intento de violación en la familia para la que trabajaba como sirvienta.

o de reinserción social 18.00 Plegarias cristianas y musulmanas Un pequeño cuarto del piso superior es usado como capilla por las chicas católicas mientras que las chicas musulmanas a menudo utilizan el dormitorio para orar.

las chicas más jóvenes dibujan y escriben acerca de lo que les ocurrió.

22.00 silencio en el Centro de reinserción La luz se apaga y llega el silencio y la calma. Pero quién sabe cuántas chicas nuevas serán rescatadas esta noche.

 TexTo: CARMILL A FLoYD FoTo: KIM NAYLoR

20.00 Karaoke nocturno y cartas Por la noche muchas se reúnen frente a la TV para cantar karaoke. Otras aprovechan para escribir cartas a casa.

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mary-ann llegó enga Luego de que su papá enferma de gravedad, Mary-Ann debe dejar la escuela. La familia está pasando hambre cuando a ella le ofrecen un trabajo bien pago en un restaurante de Manila. Pero todo es mentira y en su lugar Mary-Ann es obligada a trabajar como esclava en un burdel.

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 TexTo: CARMILL A FLoYD FoTo: KIM NAYLoR

ary­Ann crece en Samar, donde la fami­ lia tiene una pequeña granja. Viven en una choza de bambú rodeada de prados, montañas y grandes árboles. Es hermoso, pero son muy pobres. La familia rara vez come lo suficiente. Cuando el papá enferma, Mary­Ann debe dejar la escuela y traba­ jar como criada. El sueldo es malo y ella llora todas las noches hasta quedarse dormi­ da debajo de la mesa del due­

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ño de casa. Medio año des­ pués regresa a su casa y le pide a su mamá volver a la escuela. Pero es imposible. Unos días más tarde viene de visita Nena, una prima de su mamá. Dice que puede conseguirle un empleo a Mary­Ann en un restaurante de la capital, Manila. – Es demasiado joven, dicen primero los padres, pero acce­ den cuando Nena promete cuidar bien a Mary­Ann. Emprenden el viaje tempra­

no la mañana siguiente. También las acompañan otras chicas del pueblo. Es la pri­ mera vez que Mary­Ann deja Samar y viaja en transborda­ dor. Se siente mal por las olas altas, pero está expectante. Al dejar la terminal de transbordadores de Manila, velozmente ve pasar altos edi­ ficios y anchas calles desde la ventanilla del taxi. Las luces de neón y las vidrieras de las boutiques brillan en la oscuri­ dad de la noche. Pero Mary­


mary-ann fue rescatada del trabajo esclavo en un burdel y recibió protección en el hogar para chicas de Cecilia.

ñada al burdel Ann se siente decepcionada cuando el taxi se detiene. Detrás de unos muros altos se ve una casa sucia y deteriorada. – ¿Dónde está el restauran­ te?, pregunta. – Primero deben descansar, dice Nena con sequedad. Empuja a las chicas hacia el interior de la casa y las deja solas en un pequeño cuarto. Las demás se duermen en seguida, acurrucadas en el suelo. Pero Mary­Ann sigue despierta largo rato. Siente que Nena se comporta en for­ ma extraña y hay algo que no cuadra.

Prisioneras en el burdel

La mañana siguiente Nena cuenta la verdad. No hay nin­ gún empleo en un restauran­ te. Las chicas van a trabajar en un burdel y vender su cuer­ po a hombres extranjeros. Mary­Ann está consternada. – ¿Por qué no lo habías dicho?, grita. Nunca te habría acompañado. Mamá no lo habría aceptado. Nena simplemente se va. Cuando Mary­Ann intenta seguirla ve que la puerta está cerrada con llave. Junto a las demás chicas corre hacia la ventana y ve a un guardia tras la verja. Están prisioneras en el burdel.

Tras una larga espera viene un hombre a recogerlas y arrastrarlas a otro cuarto. Está lleno de chicas sentadas en el suelo que sólo llevan ropa interior. De repente Mary­Ann ve a sus primas de Samar. Nena también las tra­ jo aquí mediante engaños. Una de ellas, Paula, cuenta que las chicas están encerra­ das todo el día y sólo salen cuando van a ocuparse de los clientes. Los hombres que trabajan en el burdel se lla­ man proxenetas. Vigilan a las chicas y las llevan al hotel de los clientes. Paula siente lásti­ ma por Mary­Ann, que llora y

dice que quiere ir a casa. – Nena se queda con todo el dinero que ganamos, pero a veces los clientes nos dan una propina, dice Paula. He aho­ rrado bastante y puedo pagar­ te el boleto a casa. Pero al regresar, Nena dice que Mary­Ann debe quedarse. – El dinero de Paula no es suficiente. Me debes mucho dinero y debes pagarlo traba­ jando. No tienes alternativa. Uno de los proxenetas lleva a Mary­Ann a un consultorio médico. – No le digas ni una palabra a nadie, le advierte por el camino. 81


miles de chicas de familias pobres son vendidas por los tratantes a cabarets y burdeles en Filipinas.

Nena quiere saber si Mary­ Ann sufre alguna enfermedad y si es virgen y nunca ha teni­ do relaciones sexuales. Más tarde Mary­Ann se entera de que los clientes pagan mejor por las chicas jóvenes que son vírgenes. Ella es la más joven del burdel y vale mucho dine­ ro para los tratantes de perso­ nas. La doctora desconfía. Hace muchas preguntas, pero el proxeneta está a su lado y Mary­Ann no se atreve a pedir ayuda. Nena le da un jabón espe­ cial a Mary­Ann y dice que debe fregarse con él tres veces al día para aclarar la piel. También le da un vestido cor­ to y ropa interior liviana. La ropa de Mary­Ann es fea e infantil, dice Nena. Mary­ Ann arma un paquete con su ropa. Cuando nadie la ve, escribe una nota a su mamá y la esconde entre las prendas. Luego le da el paquete a Nena. el primer cliente

Pronto el proxeneta intenta llevar a Mary­Ann con el pri­ mer cliente, pero ella tironea hasta soltarse y se niega a acompañarlo. El día siguiente el proxeneta está enojado. Le dice cosas horribles a Mary­ Ann y grita que ella no puede creer que sólo va a comer y dormir, que debe trabajar. El proxeneta se lleva a la fuerza a Mary­Ann y la deja en un cuarto de hotel. El cliente, un comerciante chino, está irri­ tado por haber tenido que esperar a su virgen dos días. 82

Le dice que se quite la ropa y se dé un baño. Ella empieza a llorar, cae de rodillas y le pide no hacerlo. – Es la primera vez que lo hago, me están obligando. Al final el hombre también empieza a llorar. – No voy a tocarte. Pero no le cuentes nada al proxeneta, dice él. Acuéstate y descansa. Pero Mary­Ann no se atre­ ve, tiene miedo de que el hombre la ataque.

– No tengas miedo. Tengo hijas de tu edad, por eso te dejo en paz, dice. Después de unas horas, Mary­Ann se encuentra con el proxeneta a la entrada del hotel. – ¿Te dolió?, pregunta. Mary­Ann mira hacia abajo y sacude la cabeza. mary-ann intenta huir

El día siguiente Mary­Ann es llevada a otro cuarto de hotel.

El cliente lleva un delantal verde, como los que suelen tener los médicos. A él no le importan las lágrimas de Mary­Ann. – He pagado. Desvístete y haz tu trabajo, dice obligando a Mary­Ann a meterse en la cama. Ella intenta soltarse, pero él es muy pesado. Siente que va a asfixiarse. El hombre viola a Mary­ Ann. Luego la lanza fuera del cuarto. Ella baja la escalera


Mary-Ann, 17 le gusta: Escribir poesía y leer. Familia: Mamá y seis hermanos

– papá falleció. Quiere ser: Trabajadora social. Ídolos: Las estrellas de TV Kris

en el hogar para chicas rescatadas hay una pequeña capilla católica.

firmemente decidida a huir antes de que regrese el proxe­ neta. Pero cuando corre hacia la salida es detenida por el personal del hotel, que llama a Nena. Esa noche Mary­Ann se acurruca en el suelo del cuar­ to asfixiante y sin ventanas y llora de cansancio y dolor. ¿Esta será su vida ahora? llega el rescate

Al mismo tiempo, en el pue­ blo de Samar, la mamá de Mary­Ann encuentra la carta en el paquete de la ropa. Va de inmediato a la estación de policía, que se pone en con­ tacto con la policía de Manila. El día siguiente gol­ pean con fuerza la puerta del burdel. Afuera hay policías y trabajadores sociales. – Aquí no hay ninguna Mary­Ann, dice el proxeneta. Pero Mary­Ann oye su nom­ bre y grita pidiendo ayuda. En el auto camino a la esta­ ción de policía, el proxeneta gruñe que se quede callada. – De lo contrario, tú y tu familia lo pasarán mal. Mary­Ann se asusta. ¿Y si Nena envía pandilleros a

matar a sus padres y herma­ nos? Se niega a responder las preguntas de la policía y el proxeneta puede regresar al burdel. Mary­Ann es llevada a uno de los centros de reinserción social de Visayan Forum. Las demás chicas rescatadas de la trata de personas le dan la bienvenida y Cecilia le dice que no tenga miedo, que está a salvo. Entonces Mary­Ann empieza a contar. Así la poli­ cía y Visayan Forum pueden además efectuar una opera­ ción de rescate y liberar a todas las chicas prisioneras en el burdel. Feliz y libre

Con el apoyo de Cecilia y Visayan Forum, Mary­Ann se atreve a atestiguar contra los tratantes de personas en un juicio. – Quiero vengarme, le dice a Cecilia. Me han robado la infancia. Antes y durante el juicio, Mary­Ann y su familia reci­ ben varias amenazas de muerte. Pero Mary­Ann no se deja amedrentar y su familia la apoya.

Al final Nena es condenada a prisión. Pero Mary­Ann sabe que otros han tomado el mando y ya están reclutando chicas para un nuevo burdel. Por eso continúa colaborando con Cecilia y Visayan Forum para difundir la información sobre la trata de personas y denunciar los casos sospecho­ sos. – Casi todas las familias de mi pueblo fueron afectadas de algún modo, dice. Muchos niños y mujeres fueron enga­ ñados y utilizados. Les advierto a mis hermanas y a todas las chicas del pueblo que no hablen con extraños. Les digo: “No escuchen las hermosas promesas de bue­ nos trabajos y sueldos altos, ni siquiera de personas que

Bernal y Aljur Abrenica. admira a: Cecilia y los demás de Visayan Forum.

conocen”. A mí me vendió alguien de mi propia familia. Mary­Ann aún se despierta a menudo por la noche debido a las pesadillas, sudorosa y con el corazón galopante. Pero es feliz de ser libre y aho­ ra va nuevamente a la escuela. – Voy a formarme como trabajadora social y trabajar para Cecilia, dice Mary­Ann. Quiero ser como ella y resca­ tar chicas de la esclavitud y el maltrato.  mary-ann y sus nuevas amigas luchan juntas contra la trata de personas.

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ruby le ganó a la tratante de personas Ruby nunca olvida el día en la sala de audiencias en que condenaron a prisión perpetua a su tratante de personas. Ella y Cecilia lloraron cuando se conoció el fallo. Fue una victoria histórica.

 TexTo: CARMILL A FLoYD FoTo: KIM NAYLoR

R

uby tenía 14 años cuan­ do una tratante de per­ sonas la engañó. Era la hija mayor y vivía con su familia en la región pobre de Mandaluyo. – Tuve que dejar la escuela y empezar a trabajar cuando tenía 12 años. Mi padrastro estaba desempleado y gastaba todo el dinero en bebida. Me golpeaba y mi mamá se quejaba de mí todo el tiempo. Un día, una de mis amigas dijo que su tía Nellie podía conseguirnos empleo en un restaurante de una ciu­ dad veraniega. Vi la posibili­ dad de evitar a mi padrastro y el sermoneo de mamá. Con un buen sueldo podría enviar­ 84

le dinero a la familia. Ruby y otras cinco chicas se reunieron en la casa de la tía de su amiga. – Nellie nos mostró la ropa de trabajo: una pequeña camiseta y una minifalda. También preguntó si éramos vírgenes. Eso me puso ner­ viosa, pero mis amigas no parecían preocupadas, así que no dije nada. Nellie dijo que dormiríamos en su casa y via­ jaríamos ya el día siguiente. De modo que no llegué a hablar con mamá. Temprano en la mañana viajamos cuatro horas en autobús a la terminal de transbordadores de Batangas.

¡el negocio de la zona de ruby debe protegerse de los ladrones!


Diploma escolar y premios de ruby. las chicas rescatadas llevan máscaras en la inauguración de la casa segura de Cecilia.

la interroga la policía

Justo cuando Nellie y las chi­ cas iban a subir a bordo del transbordador, las detuvo un guardia. Sospechó que Nellie era tratante de personas y lla­ mó a la policía. – La policía preguntó cuál era mi edad, cuenta Ruby.

Primero dije que 18, como Nellie me había indicado que dijera. Luego dije que 16. “Pareces de 12”, contestó el policía. Era un hombre gran­ de con voz enojada. Me asusté y finalmente dije la verdad. En la estación de policía Ruby también conoció a Chris, una trabajadora social de la organización de Cecilia, Visayan Forum. – Chris hizo que me sintiera segura. Explicó que habíamos estado a punto de ser vendi­ das a un burdel, dice Ruby. Que nos habían rescatado a último momento y que Nellie acabaría en prisión si atesti­ guábamos. Pero no me atreví a contestar más preguntas. Ruby y sus amigas fueron llevadas al centro de reinser­ ción social de Cecilia. Las chicas mayores estaban furio­ sas y querían irse de allí. – Yo en realidad quería que­ darme, pero no me atrevía a oponerme a mis amigas. Al final logramos escapar, pero la policía nos atrapó. Luego me hice nuevas amigas en el centro de reinserción. Aprendí más sobre la trata de personas y conocí chicas que habían sido esclavas sexuales en burdeles. Comprendí que había tenido suerte de ser res­ catada a tiempo. Entonces quise que los que me habían engañado fueran castigados. No sólo por mí, sino también por mis amigas.

atestiguara. Pero ella se negó. Me sorprendió, pero también me sentí orgullosa y contenta de que mamá me considerara más importante que el dinero. Fallo histórico

Nellie fue condenada a pri­ sión perpetua. Por primera vez en Filipinas un tratante de personas era condenado tras ser apresado al transpor­ tar a sus víctimas. – Me sentí feliz y también triste por Nellie. Me había enterado de que también ella había sido víctima de la trata de personas y que acababa de tener un bebé. El comerciante dueño del bar adonde iban a llevarnos la había hecho reclutar más chicas. Ahora Nellie está en prisión, pero el comerciante sigue libre. No parece justo. Hoy Ruby vive nuevamente

con su familia. El tiempo pasado en el centro de reinser­ ción social le dio fe en el futu­ ro y más amor propio. Puede negarse cuando los padres crean problemas. A menudo habla contra la trata de perso­ nas en encuentros de protesta y respalda a otras chicas. – Ahora estudio para ser trabajadora social. Mi sueño es tener un hogar y una fami­ lia propios, y trabajar para Visayan Forum. Es mi modo de pagar todo lo que hicieron por mí. La tía Cecil me inspi­ ró. Hizo posible que miles de chicas recuperaran su vida y nunca deja de luchar por nosotras. 

en casa de ruby – ¡un cuarto para toda la familia!

amenazada de muerte

Robileen ”Ruby” Acebo, 20 Quiere ser: Trabajadora social y trabajar para Cecilia y Visayan Forum. le gusta: Bailar, ¡pero soy demasiado tímida! Escribir poesía. No le gusta: El escándalo y las injusticias. Que se abuse y maltrate a las chicas. admira a: Cecilia. Me rescató y me inspiró a rescatar a otros.

Cuando Ruby y otra chica accedieron a atestiguar en un juicio, ellas y sus familiares fueron amenazados de muerte. – A veces me sentía deses­ perada y quería rendirme, recuerda Ruby. Pero recibí apoyo de Cecilia y de Visayan Forum para poder continuar. La primera vez que atestigüé estaba muy asustada. La familia de Nellie y sus amigos estaban allí y me miraban amenazadoramente. Más tar­ de supe que le habían ofrecido mucho dinero a mi mamá para que hiciera que yo no 85


el teatro callejero infantil alerta contra los tratantes de personas.

niños contra la trata de personas Cuando un incendio afectó la región pobre de Pandacan las viviendas de más de 50 familias fueron destruidas. Muchos niños debieron dejar la escuela y empezar a trabajar para sobrevivir. Uno de ellos fue Dane Padel, de 12 años. Ahora Dane va de nuevo a la escuela con la ayuda de una beca del club por los derechos del niño de Cecilia en Pandacan. Dane y otros niños que fueron librados del trabajo, ¡son también hoy luchadores por los derechos del niño! – Hacemos teatro callejero para advertir a niños y adultos sobre los tratantes de personas, cuenta Dane. Él y sus amigos también hicieron camisetas por la lucha contra la trata de personas. Dane escribió: “Basta de abusos” en la suya. Dane Padel

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Victor Reyes, 11 le gusta: La escuela, sobre

todo matemáticas.

Qué hace eN el club: Teatro.

Me gusta actuar y nunca me pongo nervioso. Quiere ser: Policía. Quiero esposar a todos los tratantes de personas y traficantes de drogas, para proteger a los niños. La policía nunca viene a nuestro barrio. admira a: Mi abuela. Es una de las líderes de Visayan Forum en nuestro barrio. le gusta: Cuando hicimos la fiesta de Halloween. No le gusta: Los incendios. Cuando supe que Visayan Forum ayudó a los afectados por el gran incendio me uní al club por los derechos del niño.

Geronimo Garcia, 13 Qué hace eN el club: Me encuentro con amigos, actúo, canto y bailo. Soy un buen actor. También recibo ayuda para los gastos escolares. le gusta: Mi abuela. Mamá me dejó con ella hace siete años y nunca regresó. La abuela es ciega, así que la ayudo con todo. No tenemos casi nada de dinero, los vecinos nos dan comida. No le gusta: Cuando la gente bebe, se golpea y grita. Hay pandillas aquí que se golpean unas a otras. Trato de evitarlas. Quiere ser: Diseñador de moda y artista. Me encantaría diseñar vestidos de fiesta. Sueña con: Detener la violencia en mi región y en mi país. mejor experieNcia: Cuando visitamos el parque de diversiones El Reino Embrujado. peor: El gran incendio. Arruinó la vida de muchos.

¡estén alertas! Kert quiambo, 12 ¡no estoy en venta! renamae Timoteo, 10

¡no hablen con extraños! Charlie Fernando, 11


La actriz Maricar

el guardarropas de maricar

Maricar, de 13 años, adora el club por los derechos del niño de Cecilia. Cada día después de la escuela se reúne con sus amigos y ensaya la pieza infantil contra la trata de personas.

Maricar guarda su ropa en un armario en el callejón. Allí su familia guarda todas sus posesiones, pues no tiene una casa propia.

Maricar y su familia no tienen casa, sólo un pequeño banco y un armario en uno de los estrechos callejones de la zona pobre de Pandacan. En el banco duermen sus padres. Maricar y su hermano suelen dormir en el suelo en casa de familiares. – Espero que algún día tengamos una casa propia, dice. Deseo tener una bonita casa pequeña de cuatro habitaciones. Antes Maricar debía trabajar para ayudar a la familia, pero ahora recibe ayuda del club por los derechos del niño para los gastos escolares. – Lo que más me gusta es el grupo de teatro, también aprendemos a bailar. Representamos escenas sobre la trata de personas. En una escena actúo de una criada que es maltratada por su empleador y va a la policía.

ropa para jugar

– Esta es mi ropa para jugar. Es cómoda y resulta fácil moverse. Las sandalias de plástico son prácticas y baratas. En especial durante las lluvias monzónicas, cuando suele haber inundaciones en Pandacan. Quiero zapatos de taco alto y zapatillas de baile a cuadros, pero son muy caros. uniforme escolar

Si ven algo sospechoso, no sean pasivos, ¡hagan algo!” Mi mamá se sorprendió de muchas cosas que le conté. Como que existe la delincuencia organizada y gente que compra y vende niños. Si los tratantes de personas intentan reclutarme, voy a denunciarlos a la policía. Si intentan raptarme, voy a liberarme dando golpes. ¡Soy buena dando golpes! Maricar se alegra al oír que un tratante de personas fue condenado a prisión. – Pero sólo ocurre rara vez, dice.

– A la escuela debemos llevar camisa blanca y pantalones rosas. Los compramos usados a niños mayores a los que les quedaron chicos. Ahora son las vacaciones de verano, extraño la escuela y mis amigos de allí. Vestidos de fiesta

– El club por los derechos del niño me presta los vestidos cuando voy a bailar danzas filipinas como Tatarin y BulingBuling. Adoro las fiestas, en especial la festividad del Santo Niño. Entonces jugamos y bailamos en las calles. El Santo Niño, o el Niño Jesús, es el santo patrono de Pandacan. Según la leyenda, la región fue atacada por el ejército español en el siglo XIX. Pero los soldados interrumpieron el ataque al ver a un pequeño niño jugar frente a sus cañones. Los habitantes de Pandacan dijeron que debió haber sido el Niño Jesús que los salvó. Desde entonces se festeja la conmemoración del Santo Niño en enero de cada año.

Divulga el conocimiento

 TexTo: CARMILL A FLoYD FoTo: KIM NAYLoR

Maricar aprendió mucho sobre la trata de personas y los derechos del niño. Ese conocimiento lo divulga entre todos los que conoce: familia, vecinos y compañeros de la escuela. – Les digo: “No sean ciegos, miren a su alrededor.

maricar junto a su familia. el pequeño banco y el armario en el callejón son su “casa”.

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Esp Cecilia Flores-Oebanda