HÁBITAT >19
EL VOCERO DE PUERTO RICO > SÁBADO, 29 DE JULIO DE 2017
Al mencionar los vínculos históricos entre ambos países ella mencionó al puertorriqueño Fermín Tangüis como el salvador en 1912 de la cosecha de algodón del Perú en momentos en que la misma había sido destruida casi en su totalidad por una plaga procedente de los Estados Unidos. Esa alusión a don Fermín Tangüis provocó en mí un interés especial por investigar su vida y sus logros, ya que los estudiosos e historiadores de nuestro país apenas conocen los logros y hazañas de muchos puertorriqueños que han recorrido el mundo dejando una huella memorable en la historia. Fermín Tangüis nació en San Juan el 29 de marzo de 1851, hijo del emigrante francés Enrique Tangüis y la criolla Justa Uncal. Como muchos jóvenes de su época salió a buscar educación y fortuna primero a Cuba, luego a Panamá y finalmente a Perú donde en 1884 se casa con la joven pisqueña Inés Novoa. Tangüis era un amante de la agricultura y la investigación científica. Establece con gran éxito, extensos sembradíos de algodón en el Valle de Pisco hasta que al igual que todos los agricultores de Perú sufrió en los primeros años del siglo XX los embates de una terrible plaga que destruyó paulatinamente las plantas de algodón a nivel mundial.
Tangüis, héroe civil de los peruanos
Por varios años Tangüis estudió y experimentó con diversas variedades de algodón hasta que en 1912 logró crear una cepa resistente a la plaga que luego fue bautizada con su nombre. En vez de utilizar la nueva variedad de algodón para beneficiarse, don Fermín distribuyó gratuitamente las semillas resistentes entre todos los agricultores, lo que convirtió rápidamente a Perú en una potencial mundial en la producción y exportación de algodón. Fiel a su espíritu desprendido y patriótico para con su país adoptivo, nunca don Fermín quiso recibir homenajes o compensaciones por su generoso gesto, incluso no quiso que se le llamara con su nombre a la variedad de algodón que él había desarrollado. Tangüis falleció el 24 de agosto de 1930 y solo después de su muerte los peruanos lo honraron como un gran héroe civil construyendo un impresionante mo-
numento ecuestre, honor solo consagrado a los héroes militares. En las escuelas de Perú a todos los estudiantes se les enseña a aprender e imitar el espíritu de estudio, abnegación, generosidad y amor a la patria peruana que demostró Fermín Tangüis a lo largo de su vida. Mi admiración por este distinguido prócer peruano de origen puertorriqueño me hizo prometer que en algún viaje futuro al Perú visitaría su impresionante estatua ecuestre localizada en el hermoso Parque de la Reserva de Lima donde se encuentra el espectacular Circuito Mágico del Agua, visitado todas las noches por miles de ciudadanos de la ciudad capital.
El antiguo poblado inca del Machu Picchu fue construido antes del siglo XV.
Tumbas Reales de Sipan
Misión cumplida
El Complejo arqueológico Chan Chan fue uno de los lugares visitados por el grupo del CEAPR durante el viaje de estudios.
Hace apenas unas semanas (a principios del mes de julio) tuvimos la oportunidad de visitar y homenajear a don Fermín, y recordarlo como un puertorriqueño que emigró a Perú y que se convirtió en una de las figuras más veneradas y admiradas de su historia moderna. Junto a un nutrido grupo de estudiantes y amigos del Ceaprc, vistamos más de 15 yacimientos y museos, incluyendo las Tumbas Reales de Sipan y la Huaca de la Señora de Cao de la cultura Mochica, la ciudad de Chan Chan, el Museo Larco de Lima, la histórica ciudad de Cusco y la localidad Inca de Machu Pichu, considerada una de las 10 maravillas del mundo. En nuestra visita a Lima y después de muchas dificultades, llegué finalmente al monumento de don Fermín Tangüis acompañado por un grupo de estudiantes graduados del Ceaprc y por algunos peruanos
que esa noche visitaban con sus familias el Parque de la Reserva. En mi breve mensaje expresé mi compromiso con el rescate de la memoria de don Fermín Tangüis como ejemplo de la hermandad y solidaridad entre los pueblos de América. Agradecí a los estudiantes que participaron conmigo en el acto y recordé la importancia de reconocer los hombres y mujeres que han forjado la historia de Puerto Rico, dentro y fuera de los límites de nuestra Isla pues son parte de la grandeza del pueblo puertorriqueño. No se nos permitió acercarnos más al monumento y dejar junto a él una bandera de Puerto Rico porque para ello se necesitaba un permiso especial. Sin embargo, estamos muy agradecidos con Mari Angelie Rivera, Liz Rivas, Ángel Pons, la doctora Zobeida González, así como con el joven peruano Christian Herrera Guadalupe quien nos ayudó a localizar el monumento y nos acompañó durante esa noche.