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Se despertó Glornik, sobresaltado. Oyó gritos, movimientos bruscos, oyó disparos y pasos rápidos. Y lo peor, oyó rugidos. Súbitamente, Glornik se vistió con “Colmillo” y “Garra”, su espada y su daga. Miró por la ventana y multitud de paladines acudían a las murallas, algunos iban descamisados, otros ni siquiera habían cogido los cascos. Glornik saltó por la ventana y corrió al lado de uno de ellos. -¿Qué ha ocurrido?-Preguntó gritando. -¡Los hombres lobo, han faltado a su palabra, nos han sorprendido, ni siquiera los vigilantes los han visto llegar, están intentando abrir la puerta con un ariete! Entonces Glornik se paró en seco. No, no era lógico, sin embargo, no le quedó más remedio que seguirle, ya que pensó que el grueso del ejército estaría en las murallas, y debía hacer lo posible por protegerlo. Al llegar, sintió su sangre hervir de nuevo como antaño. Cientos de hombres lobo empujaban las murallas sin esfuerzo, riendo entre sí, algunos carcajeándose, otros incluso empujando con un solo brazo. Todo cambió cuando vieron llegar a Glornik. Entonces, la puerta se abrió de par en par, los cientos de paladines salieron volando y desenvainaron, expectantes, quietos y nerviosos. Glornik se adelantó, una mano en su empuñadura, con la otra, saludó formalmente a sus antiguos soldados, acto seguido, se transformó en uno de ellos ante la atónita mirada de los paladines. Al instante Glornik, glorioso, vestido con sus ropajes ajados y con su espada a la espalda y su daga al cinto, esperaba la reacción de los que un tiempo atrás eran sus compatriotas. -Señor-Le saludó el que iba a la cabecera. Como respuesta, Glornik solamente asintió. -No entendíamos el motivo del ataque de Kuolfra a esta ciudad, ahora nos es más que evidente. No osaremos desafiar a Thankuol mas os seremos fieles una vez más, rendíos y pediremos a Kuolfra que tenga piedad de vos. Glornik miró sombríamente al joven hombre lobo, mas de una vez le habría enviado a la batalla, ahora, su vida, casi con total seguridad no había terminado gracias a él. -Joven soldado, varios motivos me hayan atado a esta ciudad, uno de ellos, la lealtad, otro, agradecimiento, y otro que ni yo mismo conozco, así que si vuestras órdenes son mi ejecución, así sea. Como única respuesta, el hombre lobo susurró: -Kuolfra se encuentra en estos mismos momentos en la sala del trono del rey por el que has luchado, marchad. Glornik, sorprendido, miró fijamente al hombre lobo y corrió, conocedor de que en el momento en que diese la espalda a la manada, saltarían sobre él como una presa cualquiera, pero no le cogerían. No ahora, que su rey y su princesa se hallaba en peligro. … -Así que tú eres el soberano de toda una nación.


Travius esgrimía su espada en dirección al enorme hombre lobo que caminaba de un lado a otro de la sala, justo por delante de los cinco paladines que el rey había procurado para su protección. -¿Cómo puedes gobernar un territorio de semejante tamaño sin fuerza, sin brutalidad, sin un dios verdadero? Landariel se hallaba escondida tras el trono de oro de Travius, en cuclillas, sujetando con fuerza su mochila que, a pesar de todo, había procurado, bajo las instrucciones del caballero Glornik. -Es más, como puedes siquiera llamarte rey cuando yo solo, delante de ti, provoco pavor y terror a cinco de tus mejores guerreros. Acto seguido, Kuolfra degolló uno a uno a los petrificados paladines que no osaron desenvainar su espada. -Y ahora, mi rey, es vuestro turno, decidme, ¿por qué Glornik se ha interesado por esta ciudad? -Maldito demonio del infierno, morirás antes de volver a salir de estas murallas. Kuolfra, rápidamente, levantó a Travius con un solo brazo, estrangulándolo mientras le miraba fijamente a los ojos. Kuolfra, con un tamaño semejante al de Glornik, era una masa de músculos que parecían querer explotar en cualquier momento, con una cara fina y marcada, tenía un rasgo muy característico. Marcas de cicatrices por todo el cuerpo. -No lo volveré a repetir, humano, ¿por qué Glornik se apiadó de unos irrisibles humanos? Y en ese momento, bajo los gritos de Landariel, Glornik, en forma humana, entró en la sala, a través de una de las vidrieras, golpeando y tirando al suelo a Kuolfra. -¡Glornik!-El rey, sin aliento, cogió a éste del brazo desde el suelo-¡Llévate a Landariel, llévala a Ephilium! -Pero mi rey... -¡Hazlo! Mas, sin previo aviso, Kuolfra se lanzó sobre Glornik descargando sobre este su hacha, por suerte para él, logró parar el golpe con Colmillo. -Kuolfra, ¿cómo te atreves a irrumpir en esta tierra y romper el tratado de paz?-La voz de Glornik temblaba de rabia. -Es necesario erradicar todo rastro de luz. Glornik no entendió la respuesta de Kuolfra, mas poco tiempo tuvo para pensar, ya que Travius con su espada, emergió tras Kuolfra, y colocando su espada en su cuello, empezó a estrangular a Kuolfra mientras intentaba desollarlo. -Glornik, ¡ahora! -No necesitó más tiempo. Corrió al trono de oro y lo apartó de un solo movimiento. Allí estaba ella, en posición fetal, llorando abrazada a su mochila. Tan bella, tan inocente como un niño. Glornik sintió su corazón morir de encanto y asco. -Princesa, hemos de marchar, vuestro padre vela por nosotros. Dicho esto, Glornik cogió de la mano a Landariel, y saltaron por la vidriera por la cual había entrado Glornik. Aterrizó este primero, cogiendo al vuelo a Landariel, que presa del pánico, no advirtió de la altura de la caída.


Ahora tenían que escapar fuese como fuese, mas la ciudad era un hervidero de batallas y trifulcas, que empezaba a ser pasto de las llamas y que daba pocas esperanzas a Glornik de escapar sin ser advertidos. -Princesa, ¿conocéis algún pasadizo o alguna forma de salir de Crisoloro sin ser descubiertos? La mirada aterrada de Landariel confirmó la negativa de Glornik, siguieron corriendo hacia una de las puertas de la muralla. De pronto, tres hombres lobo se presentaron ante ellos. Aunque Glornik vestía unos desarrapados pantalones y unas botas, aún conservaba su espada y su daga, y sabía que tres hombres lobo no resultaría ninguna dificultad para él mientras las conservase. Desenvainó ambas y atacó a los tres adversarios, los cuales atacaron a la vez lo que permitió a Glornik lanzar una estocada lateral mientras que aprovechando la maniobra de los tres por esquivarla, hería de gravedad con su daga a uno de ellos. Seguidamente se giró y lanzó la daga a otro de ellos, cayendo débil y atónito para recibir una patada en el rostro. El último murió atravesado por una bola de fuego, aunque Glornik desaprobó aquella muerte innecesaria, no iba a cuestionar los métodos de un monarca para salvar su ciudad. -Quizás no sea tan débil como me imaginas, paladín-Glornik miró a Landariel, y, por primera vez en mucho tiempo, se admiró por ella. De nuevo volvía la Landariel que él había conocido, sorprendente y capaz. -Vamos princesa, tenemos que salir de aquí. -Glornik... -¿Si? -Llámame Landariel. -Como respuesta Glornik le dedicó una mirada amigable. Al poco llegaron a la puerta. Era un hervidero de cadáveres, donde la abundancia era ocupada por los humanos, y los hombres lobo se divertían acosando en un pequeño círculo a los pocos y exhaustos paladines que quedaban. -Landariel, quedaros aquí, sé de vuestro poder mas no pueden conocer vuestro paradero. -Como digáis. Y se precipitó Glornik a auxiliar a los humanos. Mas de repente, una mano peluda tapó la boca de Landariel, y la llevó al callejón de atrás. Kuolfra le mostró a Landariel la corona de su padre ensangrentada. -Muy bien princesa, ahora que has visto lo que puedo llegar a hacer si no me dices lo que quiero saber, te lo preguntaré a ti. ¿Qué es lo que... Mas, en ese mismo instante Glornik golpeó violentamente a Kuolfra, mandándolo al otro lado del callejón, cogiendo a Landariel y corriendo con ella en dirección a la puerta. Pero Kuolfra ya tenía lo que quería, por la bravura con la que protegía a Landariel, por su pasión por su bienestar, Kuolfra acababa de comprender el porqué de que Glornik el hombre lobo se hubiese quedado en una ciudad humana. Y escupió al suelo por ello. Glornik no quería que Landariel supiese de su naturaleza. Necesitaba toda la entereza de la princesa para escapar de allí.


Corría cogido de la mano de ella, mientras buscaba la forma de salir. En ese momento, oyó un inmenso rugido, impresionante, que hizo vibrar el suelo. Fue un rugido antinatural. Al girarse Glornik, vio, a lo lejos, tras la enorme cortina de humo, una figura, enorme, colosal, que con un solo golpe de brazo, destruyó el castillo de Crisoloro. Glornik, no sin ponerse un poco nervioso miró de nuevo en dirección a las cuadrigas, pues no era él quien ahora conducía, Landariel tiraba de él como un niño pequeño. Al llegar a ellas, Glornik mandó a Landariel desatar tres caballos, pues justo por el frente del establo, se acercaban decenas de hombres lobo. -Y recordad, no miréis atrás, si en el momento en que habéis desatado al último caballo no estoy ahí, marchaos. -Landariel, con un renovado sentido de la responsabilidad y coraje, asintió. Y justo en el momento en que dio la espalda a Glornik, el valiente caballero, vestido con harapos, su daga y su espada, se volvió a convertir en hombre lobo. Al ver esto los restantes que venían se pararon en seco. Era más que conocida allí en Lunaterra la espada Colmillo y más aún, la daga Garra, perteneciente al padre de Glornik. Cuando los tres primeros echaron a correr, los demás imitaron su ejemplo, con lo que ocho hombres lobo se adelantaban en dirección a Glornik. Éste por su parte, esperó, hasta el momento en que una escasa distancia de tres metros los separaba, momento que utilizó para saltar tras el grupo de soldados que, pese a estar bien entrenados, no contaban con la agilidad de Glornik. Los dos primeros cayeron sin ni siquiera darles tiempo a girarse, los dos siguientes fueron empalados en mitad del torso, sin respiración. Los otros cuatro cayeron en un ensangrentado combate, en el que Glornik no utilizó más sus armas, y se ensució las garras, cuidando especialmente las vidas de sus camarads. Afortunadamente había una enorme cuba para los caballos fuera, donde pudo limpiarse. Al llegar a las caballerizas, vio en el suelo a dos hombres lobo, con el pecho calcinado y el cráneo abierto. Al parecer la princesa que Glornik creía desamparada empezaba a valerse por sí sola. La vio esperándole a la salida. Otra ocurrencia de ésta y su magia fue abrir un hueco por la pared de la muralla a la que las cuadrigas estaban pegadas. De esta forma lograron salir de Crisoloro. La ciudad estaba construida cerca de un claro, por el que Glornik y Landariel debían trotar en su escapada. Para Glornik ir en caballo, era incomodo, pero además, lento y aburrido. En su forma humana podía correr igual que uno de ellos y en su forma lobuna, lograba correr mucho más rápido que un caballo, mas debía guardar su forma, la humana odiaba a los hombres lobo. Justo a la mitad del claro, volvieron a oír el enorme rugido de antes. Glornik le ordenó a Landariel seguir trotando, mientras él se paraba. Por encima de la muralla, caminaba sobre dos patas, un enorme y colosal hombre lobo, de más de cincuenta metros de altura. Sus músculos mostraban enorme puntos de sutura que habían sido cosidos tristemente con cuerdas o incluso con cadenas. Sus extremidades se movían lentamente, pero con una determinación aterradora, y su cara estaba tapada con varios trapos, exceptuando los ojos, en los que se adivinaba un color rojizo sanguíneo.


E iba directo hacia ellos. Glornik calculaba que en treinta pasos los habría alcanzado, sin contar si podía correr, por lo que tomó la decisión de enfrentarse a esa cosa. Si Kuolfra no había acudido ya a por él era porque sabía que esa cosa acabaría con él. Bajó de su caballo, dispuesto a transformarse, pero justo en el momento en que tocaba el suelo, Landariel, con un blanquecino báculo acabado con un colibrí en su punta, pasaba por su lado en dirección al monstruo. -¡Landariel! ¡Dad la vuelta ahora mismo! -¡Esa cosa ha destruido mi hogar, y pertenece a la panda de asesinos de mi padre! ¡Me lo debo a mi misma! Glornik aunque horrorizado, se admiró por la princesa nuevamente, aun cuando podía morir, los sentimientos se apoderaban de ella, justo como él hacía contra los ogros o gigantes cuando era militar. Landariel empezó a lanzar bolas de fuego a la criatura a la cara, quemando los enormes trapos con cada disparo. Al poco, el olor a pelo quemado inundaba el lugar, pero el gigante monstruoso no cesaba en su paso. Entonces algo hizo estremecer a Glornik. El monstruo se puso a cuatro patas, aunque para aquella cosa era evidente que cada paso era un tremendo dolor, algo atenazó súbitamente su corazón para embestir. Pero lo peor fue cuando pasó por encima de Landariel, sin prestarle atención ni provocarle daño alguno, precipitándose hacia Glornik. Éste montó en el caballo y cabalgó hacia su izquierda, intentado romper la línea recta de la trayectoria del monstruo, pero su brazo era exageradamente largo, con lo que Glornik, a pesar de saltar en el instante en que algo levantaba a su caballo, cayó al suelo. Ahora se hallaba delante de un inmenso hombre lobo que lo miraba fijamente, con los ojos inyectados en sangre y...en lágrimas. Su cara estaba cosida de la misma forma que sus músculos, pero ahora Glornik podía ver costras de sangre por toda ella. El dolor que había debido sufrir aquel desgraciado debía de ser increíble. Glornik estaba en actitud defensiva, y restó así unos segundos, mirando fijamente al hombre lobo. De repente miró su ojo derecho, y entendió. Entendió todo, y se arrodilló, llorando. Aquel hombre lobo era Kaleb, su mejor amigo en la milicia lobuna, al que en una batalla en la que quedaron solo Glornik y él, una flecha casi deja ciego a Kaleb, aunque por suerte era una flecha estrellada, con lo que no llegó a penetrar en el ojo, pero sí que le dejó una marca por toda la cuenca. Glornik lloró, y miró a Kaleb a los ojos. Vio como caían lágrimas de este también, y como acercaba su cara lentamente a Glornik. De repente Landariel llegó tras Glornik y le gritó: -¡Apartaos! ¡Con un solo disparo acabaré con él! Glornik giró su cabeza hacia ella, entre sollozos, con lo que Landariel bajó del caballo, sin dejar de mirar al gigante y de apuntarle con su báculo. -¿Qué ocurre? -Landariel...es a mí a quién corresponde matar a esta criatura. -¿Por qué?


-Es un viejo conocido, y me lo está pidiendo como favor. Landariel no entendió muy bien, mas sabía que algunos humanos habían sido mordidos por hombres lobo y se habían vuelto alimañas apestosas como estos, así que montó su caballo y le dio la espalda a Glornik, dándole intimidad. -Haced lo que tengáis que hacer. Glornik se levantó lentamente. Sus harapos ya solo consistían en unos pantalones hechos trizas y algo que en un tiempo había sido una camisa blanca. Ahora no traspasaban las tiras de tela. Desenvainó a Colmillo, que brilló sutilmente bajo la luz de la luna. Kaleb, aún a cuatro patas miraba fijamente a Glornik. Sus espasmos de dolor eran evidentes y la postura con la que aguardaba le provocaba una tensión en los brazos que debían de estar torturándolo sumamente. Esa criatura no había sido creada para luchar, sino para aterrar e informar a Glornik del destino de los que habían defendido a su camarada y general. Pausadamente Glornik se acercó a Kaleb, le acarició la deformada nariz y subió a él. Se colocó en el punto más alto de su cráneo ya casi sin pelo debido al fuego de Landariel. Su semblante era triste, pero la práctica le había hecho aprender a llevar la pesadumbre de la pérdida de una forma noble y digna. Levantó su espada y dijo: -Te pido perdón Kaleb. -Mientras, el sonido del romper del cráneo del monstruo era seguido de otro aún más fuerte, de un gran cuerpo desplomándose en el suelo, sin vida.

Capítulo 2  
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