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Glornik llevaba dos días buscando ansiosamente a Landariel. Su ropa estaba empaquetada en una pequeña mochila y la llevaba a la espalda, junto con Colmillo. Su daga, Garra, estaba como siempre sujeta a su cintura por un cinto. No entendía por qué Landariel había huido de él. Esa reacción la habría esperado de haberle visto en su forma actual, pero en forma humana era imposible que sospechase algo. Corría a cuatro patas, silenciosamente en dirección al pueblo donde vio a Selene, de nuevo, ya que con su velocidad había sobrepasado con creces la distancia máxima a la que la princesa podría haber llegado. Por tanto, o Landariel se había escondido, o algo peor. El hombre lobo tenía varios interrogantes en su cabeza, como, por ejemplo, ¿quién era Selene?, ¿Qué pretendía Kuolfra? Y lo más importante ¿Qué planeaba Thankuol? Paró un instante a pensar. Y no pudo más que pensar en su padre, Glorn. En Lunaterra, en su ciudad natal, Claritud, Glorn era muy respetado. Era miembro de la más alta política del estado y solo rendía explicaciones a Thankuol. Gozaba, además, de una fama de guerrero como pocos, y circulaban rumores de que Thankuol nunca pudo vencerle, odiándole por esto mismo. Más un día, al llegar Glornik a su hogar, sin ni siquiera tener edad de ser un soldado, vio a Thankuol, sentado en su cocina, la cocina que su padre había diseñado, con la cabeza gacha. Su padre había muerto en una incursión sin sospechosos. Thankuol, entonces lo adiestró y le inculcó los ideales que todo guerrero debía tener. Sangre fría, falta de compasión, determinación y valentía. Glornik creció como un asesino, y acabó como tal, a la cabecilla del ejército de los hombres lobo. Mientras corría por los vastos campos que con toda seguridad, Landariel no había alcanzado, advirtió un rastro. Un olor a humana, seguido de uno que Glornik creía recordar. Nocturnos. Seres que antaño fueron humanos, y que debido a cierto mago que causó una guerra civil en Mundoterra, mutaron, volviéndose en seres azules, sin pelo y totalmente alérgicos a la luz del sol. Glornik se temió lo peor pues estaban mas ligados al mal que al bien. Siguió el rastro durante horas. Era muy débil, y su dirección, como buenos guerreros que eran los nocturnos, bifurcaba astutamente cada varios metros. Finalmente, al anochecer, encontró lo que buscaba: una madriguera nocturna. Se decía que todas las madrigueras nocturnas estaban conectadas entre sí, formando un complejo subterráneo de gran tamaño. Glornik no lo pensó dos veces, y, tras vestirse, entró por el enorme boquete en el suelo, solamente disimulado por unas hojas de árbol. La primera impresión que tuvo Glornik tras entrar en la cueva fue de pérdida. Sintió el frío de la caverna en su piel humana, y pensó en que si Landariel moría, su vida no merecería la confianza que Travius depositó en él. Mientras se adentraba más y más en las profundidades de la tierra consiguió acostumbrar sus ojos a la oscuridad de lo subterráneo.


Finalmente, oyó unos pasos: -¿La humana ya ha cedido?-Dijo una de las voces que se acercaba hacia Glornik. -No, sigue obstinada en no convertirse en la esposa del Yan-Respondió un segundo. Glornik, al escucharlo, y entender los planes de los nocturnos, esperó a que estuviesen a su alcance. Sintió su sangre bullir como antaño ante la presa que no avecina su muerte. Empuñó a Colmillo con fuerza, la levantó hasta la altura de sus cabezas, y, en el momento en que llegaron a su altura, atravesó ambos cráneos, uno al lado del otro, de un solo golpe, dejando sus cuerpos caer suavemente. Entonces se dio cuenta de donde estaba, de cómo todo había cambiado, y se dio prisa en la búsqueda de Landariel. Los pasillos eran largos, estrechos, bastante bajos. Las paredes eran tierra que en ocasiones soltaba polvo. Glornik recorrió cientos de ellos, durante horas. Durante su búsqueda, la muerte de varios nocturnos con su posterior ocultamiento fue casi una rutina. Guerreros débiles que no esperan el peligro en alguna esquina. Mediante el sigilo y la astucia, llegó a oír a uno de ellos hablar sobre un ritual que se daría esa misma noche, ya que la prisionera habría descansado y podría soportar el dolor de la conversión. Glornik no entendía, pero decidió darse prisa. Al poco, quiso la suerte que llegase a oír murmullos, una auténtica aglomeración de voces y de conversaciones que, aunque en baja frecuencia, indicaban el centro de todo un mundo subterráneo. Glornik sabía que si llegaba por la fuerza a la muchedumbre, sería atacado y ejecutado en el acto. Entonces se fijó en que uno de los anteriores cadáveres de nocturnos vestía con un ropaje azul de baja calidad. Glornik, rápidamente, desgarró un enorme trozo de la tela y la mojó en un cubo de agua. Al poco, el agua se volvió azul, cosa que aprovechó Glornik para tintarse la cara, las manos y las pocas partes que se le podían apreciar. Al poco, Glornik, al deshacerse de todo su pelo corporal con su capacidad de hombre lobo, parecía un Nocturno común. Entonces se desplazó a la salida, donde dejó a Colmillo y su mochila, y se adentró a la caverna con Garra escondida, en busca de Landariel. Al acercarse al lugar de donde procedían las voces Glornik apreció que el frío era más palpable, e incluso llegó a atisbar pequeños insectos muertos por el frío. Finalmente llegó al lugar. Una puerta que era un hueco de la pared dejaba ver un enorme coliseo subterráneo, en donde debía haber miles de nocturnos. Todos hablando, gritando a dos guerreros que se peleaban en la estructura. La sala estaba iluminada por cientos de antorchas y cuatro puertas como en la que estaba Glornik conectaban el coliseo con los pasadizos. Glornik apreció el ejército nocturno, compuesto de soldados humanos, fuertes y atléticos, armados con ballestas y espadas muy rudimentarias. Aun así, Glornik no temía a sus armas, sino a su magia.


Bajó disimuladamente por las escaleras que llegaban hasta el borde de la arena donde había colocados varios nocturnos, gritando y proliferando insultos a los luchadores. Glornik se preguntaba porque el olor de Landariel era tan presente. -¡Eh!¡Tú!-Alguien gritaba a Glornik, mientras este acariciaba a Garra. Al girarse vio a un gran nocturno que le doblaba tanto en altura como por envergadura por medio metro. -Eres Hayas, ¿cierto? Glornik apartó la mano de Garra y asintió. El soldado que era de alto rango a juzgar por su decorado uniforme, mostraba cicatrices en su cara. Glornik no conocía las guerras en que habían tenido lugar los Nocturnos. -Te necesitan para sacar a la princesa humana del calabozo, ve y tráela junto con los demás. Glornik sonrió para sí al ver que solo cuatro nocturnos aguardaban su presencia sobre las escaleras. Subió con ellos, y dejó que le guiasen por los cientos y cientos de pasillos, donde ellos parecían orientarse perfectamente. Al llegar a las mazmorras, Glornik no pudo más que reprimir un estornudo. La cantidad de huesos humanos era escalofriante, pues las mismas celdas estaban compuestas de restos. Las paredes estaban tapizadas con piel de lo que en su día debieron de ser personas, y varios esqueletos habían sido colgados por el techo formando obscenas posturas. -A ver, Hayas y el nuevo, abrid la celda, yo voy a por sus efectos personales para purificarlos en la hoguera. -Glornik se acercó a la mazmorra, vagamente iluminada por una sola antorcha en la pared opuesta a la puerta de huesos. Y finalmente la vio. Landariel estaba en el centro de la celda, echa un ovillo, con los ojos cerrados, y la cara totalmente mojada de lágrimas. Sus ropas no eran más que trozos de tela que habían sido mal cosidos por algún mal costurero, y su cara mostraba cierta dosis de delgadez que a Glornik preocupó. Tras abrir la puerta Landariel se despertó, y, entre gritos, se apartó hasta el fondo de la celda. -¡No! ¡No me convertiréis en uno de vosotros! ¡Glornik! Para Glornik fue duro ver que, en su corazón, Landariel lo tomaba por su salvador, y que en ese momento no reparase en él. -Jefe-Dijo de pronto el hombre lobo-Deberíais venir, la humana se niega a colaborar. Landariel se calló de repente, había reconocido su voz. -Maldita sea, se trata de una simple humana-El soldado de más rango entró en la celda junto al restante nocturno. Glornik entonces decidió actuar. Sacó a Garra, y la lanzó al cabecilla, mientras con la otra mano golpeaba duramente al nocturno a su lado, ya que estaba más cercano a la puerta. El tercer nocturno, el llamado “nuevo” se agarró a Landariel, y la amenazó con su espada ante Glornik. -¡Si os movéis le cortó el cuello!


Glornik entonces sintió una impotencia que nunca había sentido. La impotencia de necesitar a alguien, de no poder hacer algo que quisiera hacer. Su sangre empezó a bullir y notaba como su parte más salvaje deseaba salir a la superficie, pero consiguió aguantar. Poco a poco, el nocturno empezó a rodear al azulado paladín en dirección a la puerta. Landariel miraba atónita a Glornik. Con solo una mirada, le rompió el corazón de pena, pues si no hacía algo pronto, llamaría a los refuerzos, y, por lo visto, la convertirían en la esposa del señor de los nocturnos. Como princesa humana, debía de ser muy codiciada por ello. De repente, al llegar al marco de la puerta, Landariel saltó hacia atrás, provocando que su captor se golpease duramente la cabeza. Al soltarla, Glornik se abalanzó hacia él y lo tumbó en el suelo. Landariel le alcanzó a Garra, y ejecutó tanto al recién indefenso nocturno como al que anteriormente Glornik había golpeado. Tras ello, Landariel abrazó con fuerza, lágrimas y risas al caballero. -Glornik, disculpadme, no supe lo que hice, perdonadme por favor-Su voz era triste, y se rompía con cada lágrima-Por favor, sacadme de aquí. Glornik no pudo más que sonreír ante el abrazo de la princesa, evidentemente la chica había cambiado, ningún miembro de la nobleza a excepción de Travius habría nunca abrazado a un militar. Glornik se sintió muy unido a Landariel por su humildad y fuerza. -Princesa, la tarea fácil era entrar, salir ya es otro cantar. Aun así debemos apresurarnos. Salieron ambos a toda prisa, cogidos de la mano, y con los objetos personales de Landariel. La princesa no supo porque el paladín la cogía pero lo agradeció sumamente. Torcieron varios pasillos, vieron las mismas antorchas una y otra vez. Por suerte, ningún soldado se les había cruzado, estarían todos en la sala de audiencias esperando su llegada. Glornik no iba a permitir que volviesen a Landariel en una nocturna. Al poco de estar corriendo por los angostos pasadizos de la ciudad nocturna, Glornik empezó a dudar de su sentido de la orientación. -Landariel, no conoceréis ningún conjuro para saber el camino, ¿me equivoco? La negativa de Landariel hizo a Glornik carraspear. Por primera vez pensó que se habían perdido, él, que en tiempos antiguos había entrado furtivamente por bases enemigas y los había asesinado a todos en silencio. Siguieron corriendo por los túneles. Glornik ya no prestaba atención a su frente, sino a sus lados, buscando una señal de referencia. Hasta que entró en la misma boca del lobo. Sin quererlo, Glornik se adentró en el coliseo, y, al entrar, las puertas fueron cerradas, dejando en Glornik un sentimiento de desesperanza que jamás había sentido. El problema no era el peligro en su vida, sino la de Landariel. -Al fin ha llegado-Una voz profunda procedente del centro del coliseo, al final de la escalera empezó a hablar-Procede entonces, soldado, a traérmela aquí, a mi lado, donde permanecerá por siempre. Una lluvia de aplausos obligó a Glornik a bajar poco a poco con Landariel a su lado, temblando. -¡Hoy nace un nuevo día!-Siguió el que Glornik adivinó, era el rey nocturno-¡La princesa de los humanos se unirá en sagrada unión con el rey de los moradores del subsuelo! ¡Ahora podremos intentar hallar una raza perfecta, pura, que pueda volver a ver la luz del sol!


Glornik descendía lentamente, haciendo caso omiso al discurso del gobernante. Miraba nervioso en todas direcciones, y no veía nada. Solamente advirtió que de haber estado solo, podría haberse vuelto fácilmente en hombre lobo y escapar por el techo, de apariencia más bien frágil. Al llegar al último escalón, incluso Glornik notó el escalofrío. Fue llevada Landariel por unos guardias al centro de la sala, mientras Glornik esperaba, casi fuera de sí, al pie de la escalera. Pudo entonces apreciar mejor al monarca. Era más alto que los demás, y su cuerpo denotaba tanto longevidad como fortaleza. Su semblante era digno y sus brazos, muy largos. Su rasgo más característico era la presencia de la enorme cicatriz que le atravesaba la cara desde el ojo izquierdo hasta la oreja derecha, atravesando totalmente su nariz. Al ver éste que Landariel, asustada, también la observaba, le explicó: -Esta señal, mi princesa, me la provocó un viajero errante en una refriega, siguiendo vuestros credos de exterminarnos, por mandato de vuestro padre, ahora, deberéis aprender a amarla. Se apartó entonces el rey de Landariel, y miró a la multitud, y a voz en grito, chilló, haciendo lo mismo los nocturnos congregados en la sala. Glornik se tuvo que tapar los oídos, al igual que Landariel. Entonces el paladín desenvainó su daga, conocedor de su condición de inútil defensa contra la magia nocturna. En dos zancadas llegó a la espalda del rey nocturno, aun chillando. Y con un simple movimiento, le atravesó el vientre, y le susurró al oído: -Adivina quién era el que te provocó la cicatriz, cerdo. Acto seguido toda la muchedumbre se dividió en dos. El grupo de mujeres y niños salió corriendo al ver la sangre brotar del cuerpo de su monarca. Otro grupo, mucho mayor, lanzó acto seguido decenas de conjuros de energía hacia Glornik, el cual se cubrió con Garra, esperando la muerte, impotente, pero orgulloso de haber salvado a Landariel por última vez con su propia vida. Pero no quiso el destino que su aventura terminase ahí, pues la princesa se colocó a su lado, y antes siquiera de que uno solo de los truenos tocase a Glornik, creó un escudo esférico alrededor de ambos, extendiendo los brazos hacia arriba, con los dientes chirriando. -¡Princesa!-La cara de Glornik era de puro asombro. -¡Paladín! ¿Alguna idea? No creo que pueda aguantar mucho, son demasiados. Y como instigado por el destino a hacerlo Glornik la miró, serio y oscuro, y le dijo: -¿Podríais romper el techo? Landariel miró confusa a Glornik, pero mirando a sus atacantes asintió. Tras cerrar los ojos Glornik se colocó tras Landariel. Se desvistió y, gracias al ensordecedor ruido en la sala, pudo transformarse en su lobuna forma sin llamar la atención de Landariel, pero si la de todos los nocturnos. Algunos abandonaban, aterrados, otros blandían sus espadas, lanzándose tras el multiforme. Otros simplemente aguantaban la increíble resistencia de la princesa, entre espasmos de cansancio entre ambos bandos. De repente, el escudo de Landariel se intensificó, e incluso llegó a devolver los conjuros de algunos nocturnos. Glornik, mientras tanto, mataba con sus garras y colmillos a los nocturnos que osaban traspasar el mágico escudo, capaz de evitar solamente la magia.


Finalmente, Landariel, abriendo los ojos pero sin ver absolutamente nada, gritó, y lanzó una enorme columna azulada hacia el techo de la caverna. Provocando, al mismo tiempo, su desmayo, agotada, y el derrumbamiento del lugar. Glornik, sin pensarlo ni un solo segundo se giró en torno a Landariel, la abrazó para protegerla tanto de los escombros como de los magos enemigos y esperó, sufriendo terribles heridas. Al caer todos los fragmentos del suelo del piso superior, la nube de polvo que Glornik esperaba le cubría la perfecta huida. Se subió al fragmento más grande del suelo, y flexionando tanto como pudo las piernas, saltó. Saltó gritando, rugiendo, mirando y deseando poder llegar a la increíble altura que era improbable que llegase. Y llegó. Consiguió clavar sus zarpas en el borde del agujero. Consiguió lanzar a Landariel al piso superior. Y, entre espasmos de dolor por sus numerosas heridas, consiguió izarse y subirse también. Vio entonces a Landariel en toda su majestuosidad. No vio a una princesa, vio a la mujer que le acababa de salvar la vida de una manera apasionante. Glornik, entre jadeos, aulló para sí, confuso de su propia mente. Tras recobrar el aliento cogió a Landariel, la subió a sus hombros y echó a correr. Rebuscó, husmeó y oyó los numerosos pasos de los nocturnos tras él. Glornik estaba en una desventaja que, aunque seguía siendo inferior a muchas de sus diversas escaramuzas, le ponía en una situación mucho más indefensa, debido a la presencia de Landariel. Finalmente halló, tras varios cambios de ruta, la salida. No recordaba haber entrado por un pasillo tan largo, pero ahí estaba. Corrió, y, aunque agotado, supo que lo iba a conseguir. Veía el sol, sonreía ante su presencia y ante la impotencia de los nocturnos al salir. Estaba a unos escasos diez metros. Cinco. Y calló al suelo, lanzando afortunadamente, a Landariel, aún inconsciente, fuera de la cueva, bajo el cobijo del sol. Al caer tomó tal bocado de sangre en su boca que tuvo que toser. Notó como los nocturnos habían atado sus piernas con una simple cuerda de cazar. Clavó a Garra en el suelo, evitando ser arrastrado, procurando con su fuerza, aguantar tanto como pudiese. Si iba a morir, no sería en balde. Aulló de tal manera que notó un pequeño desliz en la fuerza de sus captores, pero seguían siendo decenas los que tiraban. <<Me lo veo crudo>>-Pensó Glornik para sí, tratando de romper su impotencia. Los segundos se volvían eternos, y oía como caminaban lentamente hacia él. Todo estaba perdido. Más un ruido mucho mayor provocó la caída de un cuerpo nocturno. Glornik miró hacia arriba, y vio a un hombre, vestido con una manta a modo de poncho de viaje, un sombrero de ala ancha y unos pantalones, empuñando sendos pequeños artilugios con tres orificios cada uno. De ellos sobresalieron cinco bolas, que añadieron cinco cadáveres más a la matanza de nocturnos.


Glornik, confuso, miró fijamente a Landariel, allá a lo lejos. Y con un rápido movimiento gracias a su fiel daga cortó las cuerdas que lo amarraban. Al levantarse, pudo observar el largo y rubio pelo de su salvador, que se cubría la cara con un pañuelo. Al querer dar un paso hacia los atacantes, Glornik tuvo que arrodillarse de dolor. Su impotencia y debilidad le resultaba una deshonra y dio otro paso levantándose. Más el nuevo aliado le puso una mano en su peludo pecho de lobo, y le señaló su mano derecha. Llevaba una bolsa de pólvora, con una mecha dentro, encendida. La bolsa era igual de grande que la cabeza de Glornik. Ambos salieron corriendo tras lanzar la bomba casera, y en la misma puerta de la caverna, Glornik recogió el cuerpo inerte de Landariel, saltando por los aires.


Capítulo 4