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entre el cie Por TĂŠmoris Grecko

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Estambul

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foto: getty images


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el infierno foto: tĂŠmoris grecko

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La milenaria ciudad turca experimenta un emocionante renacimiento que, sin embargo, ha sido oscurecido por la destrucción de algunos de sus barrios más tradicionales y la expulsión de sus habitantes. a avenida Istiklal es tan importante para Estambul como las Ramblas lo son para Barcelona. Con la ventaja de que aquí los coches han sido expulsados y, en su lugar, circula un lento y romántico tranvía que nos pide abrirle paso con el repique de una campana. También está mucho más llena de gente. Y no tanto de turistas, como ocurre en el puerto español, sino de una marea de istanbulus (habitantes de Estambul, en turco) densa y constante. Los peatones se desplazan entre tiendas de grandes marcas, cines y librerías, para salir por una infinidad de calluejuelas que están salpicadas de fruterías, lavanderías, talleres de ebanistería y comedores de barrio; de boutiques de jóvenes diseñadores, bazares de antigüedades y estudios de artistas emergentes; de cafés, restaurantes y bares en números que dejan pequeños a los de otras ciudades europeas. Siete años atrás, cuando visité Estambul por primera vez, me deslumbraron los tesoros arquitectónicos acumulados desde su fundación, hace 2,700 años. Pero la ciudad se percibía vieja, decadente, desanimada. Ahora me sorprendió la fuerza de su renacimiento: emana una energía que hace vibrar a propios y a extraños, que seduce y emociona, y que se siente lo mismo en la colina de la plaza de Taksim que en las orillas del Bósforo, por donde navegan barcos de carga y enormes cruceros de lujo. Estambul revivió intensa y fascinante. Durante 2010 será la “Capital Europea de la Cultura”, debido a una resolución del Consejo Europeo tomada en 2006. Y yo, que vengo de América Latina, una región desconcertada y presa de tribulaciones, me pregunto quién consiguió generar esta transformación. Aunque tengo, por otro lado, una inquietud: ¿todo este dinámico glamour se logró sin costos, no afecta a nadie? “¿Cómo podrías salir una noche por Istiklal, ver toda esta vida y no sentirte emocionado?”, me dice Ahmet Turhan Altıner, un arquitecto, planeador urbano, activista y periodista local. Pero advierte: “Tenemos que mirar el otro lado

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también, el contexto en el que esto está ocurriendo. Y no es agradable: está haciendo de Estambul una anti-ciudad.” “La mitad de Estambul será demolida”, ha advertido Erdo an Bayraktar, titular de toki, el órgano gubernamental encargado del proyecto de transformación de la ciudad. Las consecuencias ya se pueden ver: barrios arrasados, pobladores despojados de sus viviendas y gentrificación (aburguesamiento o encarecimiento de áreas urbanas), entre otras. En palabras del arquitecto Korhan Gümü , quien encabezó el esfuerzo por darle a Estambul la capitalidad cultural europea: “Las autoridades ven a la ciudad como un sitio en contrucción que dará beneficios económicos. Los desarrolladores (de bienes raíces) ven a la arqueología como un enemigo. Y la gente común ve el patrimonio (cultural) como algo de los ricos y como un obstáculo para ella misma.”

nuevo esplendor Estambul es la única metrópolis del mundo que se extiende sobre dos continentes: Asia y Europa. El transporte diario de muchos de sus entre 12 y 15 millones de habitantes (las estimaciones varían por la población flotante y la migración) no son los autobuses públicos ni el metro, sino los transbordadores que cruzan el Bósforo, el estrecho que comunica el Mar Negro con el Mármara, el Egeo y el Mediterráneo. Esta ciudad, que ha cambiado varias veces de nombre entre Bizancio, Constantinopla y Estambul, goza de una posición estratégica única en el Viejo Mundo como punto de conexión entre Europa, Asia y África. A ella llegaban las caravanas desde China y los navíos desde Gibraltar, el marfil de Dar es Salaam y las pieles de Moscovia. En tiempos turbulentos para Roma, fue la capital de ese Imperio, luego de su mitad oriental y, después de la caída de la Ciudad Eterna, mientras los reinos europeos pasaban por el oscurantismo de la Edad Media, fue gran centro intelectual durante 1,000 años y máxima ciudad de la Cristiandad. Tras 200 años de asedio, los turcos la tomaron en nombre de Mahoma en 1453 y la hicieron capital de su imperio otomano. En la Primera Guerra Mundial se aliaron con Alemania y Austria-Hungría, fueron vencidos y el imperio fue desintegrado.

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Estambul es la única ciudad del mundo que se extiende sobre dos continentes: Asia y Europa.

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Mustafá Kemal “Atatürk” (padre de los turcos) encabezó la lucha contra las potencias invasoras (Grecia, Francia, Gran Bretaña y Armenia) que estaban desmembrando su país, y en 1923 dio fin a la monarquía y creó la república turca. Recuperó también Estambul, que de otra forma se hubiera convertido en “puerto internacional”. Sin embargo, el nacionalismo kemalista, que había trasladado la capital a Ankara, veía a Estambul como símbolo retrógrado del viejo orden otomano y la dejó caer en decadencia. Sólo después de la Segunda Guerra Mundial iniciaron los esfuerzos por rescatarla, aunque sin mucho éxito. Fue necesario superar el terremoto de 1999 (que tuvo una magnitud de 7.6 grados Richter y epicentro a 230 kilómetros de la ciudad, y causó entre 17 mil y 40 mil muertos en la región) y la crisis económica de 2001-2002 para que el proceso pudiera cobrar impulso. Apenas llegar, y situado frente a la torre de Gálata (con 66 metros de altura y construida en 1348), percibí una ciudad foto: getty images

distinta a la que visité en 2002. Grupos de jóvenes (la mitad de la población turca es menor de 30 años) se reunían alrededor de músicos que tocaban saz y kemenche —instrumentos tradicionales—, y saxofón. Más adelante, en la plaza de Tünel, varias calles pequeñas estaban saturadas de mesas, parroquianos y luces. Ahí empiezan los rieles del tranvía y la Istiklal caddesi (avenida Independencia), que corren juntos por unos tres kilómetros, cruzan la plaza de Galatasaray y terminan en la de Taksim. Se estima que tres millones de personas pasan por Istiklal cada día. Más allá de Taksim, está el lujoso barrio de Ni anta i, donde creció el Nobel de Literatura 2006, Orhan Pamuk. Se puede decir que Estambul está dividida en tres por sus brazos de agua. Además de que el Bósforo separa la mitad asiática de la europea, a esta última la atraviesa la entrada de mar conocida como Cuerno de Oro: en su orilla sur están los distritos de Sultanahmet y Fatih, que fueron el origen de la ciudad, y en la norte, Beyo lu, donde está Istiklal.

Beyo lu no es la única zona que desborda vida moderna: en la parte asiática, los barrios de Kadiköy y Moda son muy trendy. Y en las orillas del Bósforo, hacia el norte, las plantas de carbón, los almacenes de mercancías y los depósitos de tabaco han sido reemplazados por clubes y restaurantes flotantes, parques y jardines, hoteles y centros comerciales, de barrios acomodados como Bebek, Kanlica y Emirgan. Estambul ha sido apasionante incluso en sus peores tiempos, y artistas e intelectuales la han plasmado en sus obras a través de los siglos. Esta costumbre ha sido reforzada en la época actual con novelistas como Pamuk y Elif Shafak, cineastas como Nuri Bilge Ceylan (mejor director en Cannes en 2008) y el turco-alemán Fatih Akın, pintores como Leyla Gediz y Abdurrahman Öztoprak, y tantos más. Por otro lado, la vitalidad cultural de la ciudad se recupera de una larga convalecencia. En los últimos años han abierto cuatro museos y hay más proyectos en camino, como una sala de conciertos dise161


ñada por Frank Gehry. En los barrios de Çukurcuma y Cihangir, al este de Istiklal, se multiplican las galerías de arte y los estudios de diseño. Y si en septiembre tuvo lugar un evento de cultura en un sentido amplio, la vi Bienal de Arte de Estambul, en octubre la siguió uno muy especializado, el Salón del Libro Antiguo, entre muchos otros que ahora animan esta metrópolis.

guerra sin guerra

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Fue como entrar a una ciudad arrasada por la guerra, con un 90 por ciento de los edificios hechos pedazos o a medio derribar, unos pocos aún en pie, y los sobrevivientes merodeando entre los escombros. Tres meses antes, yo había estado en Agdam, una ciudad azerí conquistada y destruida por los armenios de Nagorno-Karabaj. La diferencia es que allá la devastación revelaba el caos de la guerra, el azar y el error. Aquí, en el barrio de Sulukule, dentro del distrito Fatih del Estambul más antiguo, junto a la muralla Ciudad legendaria que hizo erigir el emEl Bósforo divide a Estambul en una perador Teodosio II, el parte europea y otra asiática. En este arrasamiento tenía un mapa ubicamos los principales barrios y distritos que se mencionan en el texto. carácter planeado, sistemático, preciso. Encontramos una casa de tonos rojo y ocre abandonada, a punto 10 de demolición y pegada a otra de color rosa recién pintada, como 8 ro 9 4 sfo 7 nueva. La mujer que viBó 5 ve en esta última —que 6 prefirió no dar su nombre— nos dijo que ella no 2 1 permitiría que la echa3 ran de su barrio; quería que las autoridades vieran que su casa no Mar de Mármara estaba en malas con14 diciones. Más adelante había otra vivienda, con una primera plano or de

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departamento, partido casi por la mitad: “Como no han tenido tiempo de demoler todo, pero no quieren que regresemos aquí, se dieron por satifechos con dejarlo inhabitable. Lo mismo hicieron con muchos de mis vecinos.” Dilek Aydin, la abogada turca que accedió a guiarme, solía visitar Sulukule cuando era más joven. “Me encantaba porque era un lugar lleno de vida”, me dijo, afectada porque le costaba aceptar lo que veía. “La gente que vivía aquí es roma (el nombre que los gitanos se dan a sí mismos), muy abiertos y amables. Me gustaba conversar con ellos sobre cualquier cosa y sentarnos a beber chay” (té oriental). Ignorado por la industria turística, Sulukule tenía fama entre los istanbulus por ser un lugar de amenos cafés, salas de baile del vientre y bares con música. Era el asentamiento gitano permanente más antiguo de Europa. El argumento de toki (siglas turcas de la Administración de Vivienda Masiva) para de12 moler Sulukule es que era 13 una zona de “gecekondus” (significa “construido de la noche a la mañana” y 11 es el nombre que se da a los asentamientos irregulares) y casas dilapidadas en peligro de caer por un terremoto. En 2005, toki lanzó un programa de lo 1. Fatih (Sulukule) que llama “kentsel dönü2. Süleymaniye üm” (transformación ur3. Sultanahmet 4. Balat bana), con el que pretende 5. Fener modernizar Estambul en 6. Gálata 7. Galatasaray 15 años mediante la erradi8. Tarlabaşı cación de los gecekondus 9. Beyoğlu 10. Nişantaşı y viviendas debajo de cier11. Bebek tos estándares, y reubicar 12. Emirgan 13. Kanlica a los residentes en “casas 14. Moda seguras y modernas”. 15. Kadiköy Los académicos que estudian el fenómeno no 15 creen este argumento y señalan que no importa-

ta de cemento pintada de azul claro y amarillo, y una superior toda de madera. Estaba demolida a medias y llena de grafitti, uno de los cuales decía “cehenneme ho geldiniz”: bienvenidos al infierno. Más adelante, una chica de unos 14 años, con el uniforme de la escuela secundaria, se concentraba sentada sobre unas piedras, con un lápiz en la mano derecha y un cuaderno sobre las rodillas. A su lado, su mochila y una bolsa roja de plástico se ensuciaban en el piso polvoriento. Detrás de ella, estaban los restos de su hogar. A unos 10 metros, varios jóvenes conversaban junto a una ventana, como en la sala de una casa… a la que sólo le quedaban dos paredes. En otro lado, un grupo de ancianos sentados sobre bancos de plástico departía encima de los escombros. Un edificio de tres plantas estaba a medio destruir. Erkan, un músico de unos 45 años, nos mostró lo que fue su

mapa: francisco gonzález y garcía


Erkan muestra los restos de su casa en Sulukule, barrio que fue demolido como parte de la transformación de Estambul.

ba el estado de las construcciones (fueron destruidos muchos edificios en buenas condiciones y otros que eran parte del patrimonio histórico otomano), sino que la gente que las habitaba es muy pobre. “Los burócratas usan el concepto de ‘transformación urbana’ como si fuera algo nuevo, pero su significado real no lo es”, dice Adıle Avar, investigadora del Departamento de Planeación Urbana del Instituto Tecnológico de Izmir. En el primer mundo, “desde hace 200 años, el espacio urbano ha sido un bien útil para la acumulación de capital, y la riqueza se ha creado mediante la expulsión de las clases trabajadoras a través de grandes proyectos de inversión y renovación urbana”. Desde su punto de vista, lo de darle una mejor calidad de vida a la gente desplazada es un pretexto: con el crecimiento de la ciudad, el valor de los terrenos que ocupan personas como las de Sulukule está aumentando con rapidez, hay gente de mayores ingresos que está dispuesta a pagar por vivir allí y eso genera una oportunidad de inversión. Conclusión: los pobladores originales están de más.

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Así es que los mandan lejos; a Ta oluk, una urbanización a 40 kilómetros de Estambul, en el caso de los habitantes de Sulukule. Y a vivir en sitios que no les gustan. ükrü Pündük, presidente de la Asociación para el Desarrollo y el Apoyo de la Cultura Roma, explica que “mis conciudadanos han sido exiliados en cabañas de concreto tras haber vivido por años en casas con jardín. Teníamos una vida de comunidad en la que la gente se ayudaba entre sí”. El Grupo Asesor en Desalojos Forzados (gadf), del Programa de Asentamientos Humanos de Naciones Unidas, examinó el caso de éste y otros barrios de la ciudad, como Ayazma, afectados por la “transformación urbana” de toki y dictaminó en junio de 2009 que los pobladores habían sido forzados a vender sus propiedades a precios muy bajos, que sus derechos básicos habían sido violados, que no estaban en condiciones de pagar las hipotecas de los departamentos donde vivían ahora y que estaban tan retirados de sus lugares de trabajo que ni siquiera podían cubrir los costos de transporte (cuatro veces más caro que en la Ciudad de México).

La onu dictaminó que los pobladores de sulukule habían sido forzados a vender sus propiedades a precios muy bajos y que sus derechos básicos habían sido violados, entre otras conclusiones. foto: témoris grecko

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“están convirtiendo a estambul en una ‘ANTI-CIUDAD’”, DICE EL ARQUITECTO AHMET TUHRAN ALTINER. “NO HAY PARTICIPACIÓN SOCIAL, NI INVERSIÓN CULTURAL. SU OBJETIVO ES CONSTRUIR COMUNIDADES CERRADAS DE TIPO FEUDAL.” El resultado es que sólo 27 de las 300 familias desalojadas de Sulukule permanece en Ta oluk, según el gadf. Muchas vendieron sus derechos sobre los nuevos departamentos por migajas. Ahmet y Mustafá, dos chicos que conocimos en el último merendero del vecindario que sigue en pie, contaron que sus padres hacen lo posible por usar el dinero de la venta para mantener a la familia, pero ahora tienen que pagar alquiler por un pequeño espacio en un barrio vecino y el dinero se les escapa como agua entre las manos.

lucha de gigantes Estambul es uno de los escenarios de la confrontación entre los dos principales grupos políticos y económicos de Tur-

quía. Por un lado está la cúpula tradicional, beneficiaria del poder casi absoluto del que gozaron los kemalistas durante el siglo xx, representada por el Partido Republicano del Pueblo (el nacionalista secular chp) y simbolizada por el Berlusconi turco, Aydın Do an, propietario de siete diarios, 28 revistas y tres canales de televisión, además de otras empresas. Por el otro lado está el Partido de la Justicia y el Desarrollo (akp), que encabeza actualmente los gobiernos nacional y de Estambul, de inspiración musulmana. El arribo al poder del akp activó las alarmas en Occidente por el temor de que arrastrara a Turquía al islamismo radical. Pero si este partido es conservador en los temas sociales, en lo económico es liberal y esto lo acerca a Europa y a Estados Unidos, principales socios comerciales del país. El akp representa a los Tigres de Anatolia, una generación de exitosos empresarios musulmanes de ciudades de la Turquía asiática que le disputa la primacía a la oligarquía tradicional istanbulu. La expresión más reciente de este conflicto se dio en octubre pasado, cuando un juez le impuso a Do an una multa de 2 mil 500 millones de dólares por evasión de impuestos y después, para que el tycoon pudiera presentar una apelación a dicha multa, le exigió 3 mil 200 millones de dólares como respaldo.Do an acusó al primer ministro, Recep Tayyip Erdo an, de querer apoderarse de su imperio mediático con miras a las elecciones nacionales de 2010. Todo esto pasa en medio de rumores de que el ejército, que en el siglo xx dio varios golpes de Estado y se asume como garante de la ortodoxia kemalista (varios de sus altos oficiales, además, están envueltos en corrupción, guerra sucia y tráfico de drogas), podría actuar de nuevo para desplazar al akp y defender sus intereses. La determinación de toki de demoler media ciudad queda clara en sus intervenciones en más barrios tradicionales, como Fener, Balat, Süleymaniye, Tarlaba ı y Keyzer. El arquitecto Ahmet Tuhran Altıner, quien de 1989 a 1997 editó la revista de planeación urbana Yasama anati. The Art of Living, percibe en esta fiebre de “transformación” una competencia entre estos grupos por adueñarse del pastel, que “les da beneficios hasta 20 veces mayores que la inversión”. Todo esto se está haciendo, además, sin participación social: “Como Turquía quiere entrar en la Unión Europea, hemos adoptado una serie de normas en el papel, pero no en

La Administración de Vivienda Masiva de Turquía ha advertido que la mitad de Estambul será demolida.

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foto: témoris grecko


El arte es el remedio El arquitecto istanbulu Korhan Gümüş descubrió en 1999 que Estambul podía aspirar a ser la “Capital de la Cultura Europea” e impulsó el proyecto hasta que se hizo realidad. En 2010, esta urbe ostentará ese título. Consciente de los problemas que la transformación urbana ha ocasionado en su ciudad natal, Gümüş expone el problema básico de enfoque por parte del gobierno y de las empresas constructoras, así como de comunicación con la sociedad, presentado en el texto principal de este artículo: Estambul es un sitio en construcción para las autoridades; la arqueología, un enemigo para los urbanizadores; y el arte, algo ajeno para la gente. Por eso, Gümüs propone al arte como un mecanismo de comunicación que promueva la participación social. En su perspectiva, el arte es un antídoto contra el abuso de las autoridades, que interpretan lo “público” como si fuera algo “anónimo”, con lo que pueden hacer lo que quieran. El arte, en cambio, “le dice a la autoridad 'tú eres discutible' y balancea la política, es un mecanismo para abrir el área pública a los ciudadanos”. El Estado turco debe interesarse en el arte y destinarle inversión pública, no como hasta ahora, que únicamente es privada, “porque si no, la gente siente que el arte es sólo de quien lo puede pagar”. Para Gümüş, la capitalidad cultural de Estambul podrá servir para “crear instrumentos culturales que nos permitan establecer comunicación” entre sociedad y autoridades, que de esta forma se han visto forzadas a ponerle atención a este tema. “Por eso veo 2010 como un salvavidas para la ciudad, no sólo para la gente rica, sino también para la gente pobre”.

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En la popular y glamorosa avenida Istiklal conviven tiendas de grandes marcas, librerías y salas de cine.

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los hechos, porque no se respetan”, dice Altıner. Entre ellas están algunas que requieren que se involucre a la sociedad en las decisiones del gobierno. Pero “las municipalidades estiran las reglas a su antojo, dan a conocer un proyecto y al día siguiente, ya adjudicaron los contratos, y la sociedad y los habitantes sólo se enteran cuando ya está todo en marcha. Son hoyos negros (lagunas legales) que saben explotar muy bien”. Aunque Altıner admira la actividad cultural de zonas como Istiklal caddesi, señala que esto no es resultado de la visión de las autoridades ni de los grandes grupos económicos, sino de las iniciativas de pequeños empresarios y jóvenes creadores, cuyos “esfuerzos son muy valiosos, pero son privados, insuficientes y con frecuencia poco profesionales, y les faltan recursos”. No hay plan gubernamental alguno de renacimiento cultural, todo lo contrario: “La cultura está ausente de los proyectos (del gobierno).” Lo que están haciendo es convertir a Estambul en una “anti-ciudad”, que Altıner describe así: “No hay participación social, ni inversión cultural. Su objetivo es construir unidades urbanas con accesos cerra©

dos, es decir, comunidades de tipo feudal. En ellas no hay infraestructura cultural, las aceras son estrechas o las desaparecen, no hay áreas verdes. Si quieres caminar vas al centro comercial, si quieres cultura, eso es lo que hay. Ése es el nuevo espacio social, uno donde los ciudadanos dejan de serlo; ahora son consumidores y se sienten dioses.” En el proyecto de toki se establece que en lo que fue Sulukule y áreas cercanas, ahora se construirán 665 edificios residenciales y 45 centros de comercio. No se menciona ni un parque, ni una cancha deportiva, ni una biblioteca. En el restaurante Kitchenette, del The Marmara Hotel, frente a la plaza de Taksim, subieron el volumen de la música y nos cuesta escucharnos. “Esto me rompe los oídos”, se queja Altıner, de 64 años. “Lo odio, y así pasa también a todo lo largo de Istiklal caddesi. Pero veo a tantos istanbulus que caminan y caminan, conversan en los cafés, gritan consignas en las manifestaciones por la avenida y admiran obras de arte en las callejuelas. Y lo prefiero así, sonoro. Que no nos callen. Los ciudadanos hacen ruido. Los consumidores compran”.

The Big Black Book. Marca Registrada. Fecha de publicación: 15-12-2009. Edi-


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