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Itinerario fotogrรกfico de Yuri Valecillo Textos Carlos Yusti


La realidad confrontada Itinerario fotográfico de Yuri Valecillo

Portada: Mural épico 028 / De la serie “La Mirada Pública” Contraportada: Mural épico 022 / De la serie “La Mirada Pública”.

Textos: Carlos Yusti


Itinerario fotogrรกfico de Yuri Valecillo

Carlos Yusti


Contenido La fotografía como pasión crítica Fotografíar lo humano Las ventanas de la realidad Globalizados o las distintas lecturas de la realidad Fotografías Tres textos de Yuri Valecillo Fotografía: la razón del impacto Nerio Valarino o un fotógrafo para un premio Grafitis Cronología Yuri Valecillo

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La fotografía como pasión crítica Y

uri Valecillo es un fotógrafo venezolano/valenciano, residenciado en México, que ha intentado convertir la fotografía en un discurso inusitado e impregnado a su vez de una convincente y equilibrada estética, que por lo demás rehúye, de manera deliberada, la imagen edulcorada, manipulada y maniquea en aras de la foto desnuda que mezcle depurada técnica, azar y controversia. La fotografía más que una rutinaria operación mecánica en Yuri posee la virtud de constituir una toma de posición ante la vida que pasa delante de su lente, con sus miserias y sus metáforas. Trata de captar lo que sucede en su entorno sin ningún apego a la retórica esteticista. Busca el otra lado de la moneda de la imagen. Sus fotos se pasean por el individuo, cualquiera sea su contexto vivencial: obreros en huelga, procesiones religiosas, mendigos, guerrilleros. Más que imágenes comunes, o manidas, procura capturar pedazos de una poética que convive a diario con nosotros y que no logramos percibir debido a las urgencias personales de cada cual. Ha realizado varias exposiciones un tanto inusuales. En una oportunidad sobre dos andamios de aproximadamente un metro cada uno, montó sus fotografías, de gran formato, al aire libre. De esta manera no sólo los invitados a la muestras participaban, sino que los transeúntes se detenían y se sumaban al vernissage convirtiendo aquello en un jolgorio de proclamas, burlas y discursos en torno a las fotos y sus marcadas imágenes políticas. En otra oportunidad colocó sus fotos como indican las normas expositivas, en decir en la pared. No obstante colocó una gran cantidad de sus fotos, de

distintos tamaños, en el piso cubriéndolo en su totalidad. Cuando los espectadores recorrían la exposición inevitablemente tenían que pisar las fotos extendidas en el piso como una alfombra, lo que causaba una gran incomodidad. Otra de sus exposiciones estaba conformada por fotos de gran formato con una imagen especifica, o central, dentro de esta foto había cuatro fotos, en un extremo, de mediano formato. Las imágenes de las fotografías pequeñas eran una antípoda de la imagen principal. Por ejemplo había una fotografía donde la imagen principal era un caballo muerto en plena vía pública. Las fotos pequeñas mostraban una manifestación en pro de los animales, otro mostraba un desfile de moda con abrigos de animales, otra representaba a un domador de tigres. Yuri en más de una ocasión me ha comentado que él antes de considerarse artista de la fotografía, prefiere ser catalogado como un reportero gráfico, con más estudiado tacto para captar con delicadeza estética una imagen. Y en cierta medida Yuri es más un cronista de lo humano que un artista apostado en el subsidio cultural para hacer fotos estéticamente vacías y amordazadas. Sus fotos gritan. Presentan el espacio urbano como un desgarrón. Hacen del hombre una estética sin grandilocuencia, pero con impecable sensibilidad. Conozco a Yuri desde hace bastante tiempo. No tenía yo por aquellos día ningún apetito por escribir. Más bien quería beber y hablar de literatura. Creo que Yuri, por supuesto, tampoco hacía fotos y como buen abstemio sólo quería ser militante político. En ese trance de su militancia masista lo conocí. Me enseñó a preparar niples, molotovs y a

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escribir panfletos. Yo por mi parte le enseñé a ser menos ortodoxo (leía sólo literatura marxista) y a disfrutar un poco más de la vida, de los bares y de las prostitutas. Desde entonces cada quien anda en lo suyo: el haciendo fotos por todo Latinoamérica y yo escribiendo diatribas de lo humano y lo divino. Yuri, al igual que yo, ha ido aprendiendo el arte de la fotografía en la calle y en los libros. Su trayectoria fotográfica no ha sido fácil. Estuvo en París y más que estudiar fotografía la hizo de mochilero sin brújula. Estuvo vagando por museos, bibliotecas y cualquier centro cultural aprendiendo, barnizándose los sentidos y el corazón con mucha lectura y mucho arte visto y vivido. Ha obtenido algunos premios importantes. Viene con regularidad a Venezuela y siempre trae un proyecto artístico entre ceja y ceja. De espíritu hiperquinético no puede dejar el arte y la vida para después necesita registrarlo todo, laminarlo todo en una foto y vivir con un desafuero

noctívago incansable. Yuri ha recorrido todo Latinoamérica. Ha hecho fotos en los sitios más insólitos. A este respecto ha dicho sin ambages: “De viajar por todo Centroamérica he sacado en limpio algunas cosas. Que esos países son lo mismos. Que el hambre es una maldición y que Shakespeare tenía razón cuando aseguraba que todas las bajezas humanas eran universales”. En otra oportunidad Yuri expresó: “La foto no es para mí un medio, ni siquiera un arte es más bien una pasión, pero una pasión crítica, una pasión sin ataduras ni afeites. Me interesa el mundo no como un todo, sino como un fragmento, como un pequeño trozo al que es necesario congelar en una imagen. Indago con la imagen, busco con cualquier imagen la metáfora oculta de ese todo que es el mundo y que yo resuelvo y poetizo en ese breve instante en el que acciono mi cámara.”

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Fotografíar lo humano E

l premio Pulitzer del año 1994 se le otorgó al fotógrafo de Sudáfrica Kevin Carter. La foto con la que obtuvo el premio es la suma de lo inhumano: en primer plano un niño sudanés está doblado sobre la tierra, casi moribundo, a causa del hambre. Unos metros más allá, un buitre observa con serena impaciencia el desenlace del drama para iniciar el banquete. Se especula que la terrible foto fue el detonante para cerrar la trama con el suicidio de Carter, unos meses después de la premiación. Tenía 33 años. David Suárez escribió: “El encuadre de Kevin Carter es el mismo que el del ave de rapiña que espera impaciente la muerte del niño. Son dos testigos de una misma agonía: para el buitre, el plato a devorar; para el fotógrafo, es la imagen maldita de la muerte del hombre, de todos los hombres”. Esta condición de ser testigos de los acontecimientos es quizá el reto más difícil a la hora de asumir la fotografía, como un medio para enfrentar lo humano con sus momentos dolorosos, alegres o singulares. Yuri Valecillo, fotógrafo valenciano residenciado en México, más que un artista de la fotografía, se preocupa en ser un testigo crítico del mundo que le rodea. Activista político desde los diez años de edad, se ha quedado con la fotografía como irreductible trinchera. Con su cámara a cuesta ha recorrido Latinoamérica. Se adentró en la selva colombiana, luego estuvo en Chiapas. También ha recorrido Cuba, los barrios más deprimidos económica y culturalmente de Guatemala, Brasil y Venezuela. En su trabajo fotográfico no pierde la perspectiva ni política ni

histórica ni estética. Quiere arreglar cuentas con el entorno social, pero sin caer en el panfleto, dejando en claro su pasión por lo técnico y lo artístico. Conversando un poco con Yuri en referencia a su trabajo reciente me explicaba que había duplicado el tamaño de sus fotografías, que se había esmerado el doble en cuanto a técnica y calidad plástica se refiere. Su tema es el hombre y su circunstancia, el mundo en su traje de amor, desamor, drama y alegría. A este respecto afirma: “Todo artista en su tiempo trata de imponer su manera de ver el mundo. Yo en este tiempo de cambio, transformaciones y saltos, cualitativos y cuantitativos, hacia adelante, trato de estar a tono y busco con mis fotos presentar un poco el reverso de la medalla. Voy siempre en sentido contrario. En el mundo del confort, asumo al fakir. En el mundo de la libertad trato de ver al prisionero. Y de la riqueza sólo conozco el Dorado, la cárcel por supuesto”. Su última exposición, realizada apenas hace un mes en la Universidad de Carabobo, se titulaba www.Globalizados.com Fotos de gran formato que daban cuenta de la realidad y sus distintas lecturas. Mendigos, gente manifestando, niños de la calle, boxeadores retirados eran los motivos principales de esta muestra. La fotografía más que una rutinaria operación mecánica posee en Yuri la virtud de constituir una toma de posición ante la vida que pasa delante de su lente, con sus miserias y sus metáforas. Yuri intenta captar lo que sucede en su entorno sin ningún apego a la retórica esteticista. Sus fotos se pasean por el individuo, cualquiera sea su contex-

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to vivencial: obreros en huelga, procesiones religiosas, mendigos, guerrilleros. Más que imágenes comunes, o manidas, procura capturar pedazos de una poética que convive a diario con nosotros y que no logramos percibir debido a las urgencias personales de cada quien. Yuri Valecillo ha realizado varias exposiciones un tanto inusuales. En una oportunidad sobre dos andamios de aproximadamente un metro cada uno, montó sus fotografías de gran formato al aire libre. De esta manera no sólo los invitados a la muestras participaban, sino que los transeúntes se detenían y se sumaban al vernissage, convirtiendo aquello en un jolgorio de proclamas, burlas y discursos en torno a las fotos y sus marcadas imágenes políticas. En otra oportunidad colocó sus fotos como indican las normas expositivas, en decir, en la pared. No obstante, colocó una gran cantidad de sus fotos, de distintos tamaños, en el piso cubriéndolo en su totalidad. Cuando los espectadores recorrían la exposición, inevitablemente tenían que pisar las fotos extendidas en el piso como una alfombra, lo que causaba una gran incomodidad. Su última exposición estaba conformada por fotos de gran formato con una imagen específica, o central, dentro de esta foto había cuatro fotos, en un extremo, de mediano formato. Las imágenes de las fotografías pequeñas eran una antípoda de la imagen principal. Por ejemplo, había una fotografía donde la imagen principal era un caballo muerto en plena vía pública. Las fotos pequeñas mostraban una manifestación en pro de los animales, otro mostraba un desfile de moda con abrigos de animales, otra representaba un domador de tigre. Yuri no deja al margen sus posturas políticas o, como él mismo lo ha dicho: “La política implica la posibilidad para desarrollar y discutir las ideas,

tanto las tuyas como la de los demás. El arte implica la posibilidad para darle carnadura de belleza a las ideas. El verdadero artista no es aquel que en el mercado del arte tiene una presencia. El verdadero artista se cotiza en el mercado humano y su obra más que una mercancía tasada en dólares es una propuesta, es una idea, es un espejo de ese mundo neo-liberal donde todo se vende y donde todo se compra”. Yuri Valecillo realizó en México una exposición de sus últimos trabajos fotográficos. Con fotos de gran formato que abarcan un nutrido número de temas, los cuales están relacionados con la Latinoamérica. Son fotos rastrean el caos urbano, la política y las vicisitudes de la vida. Yuri asume su condición de testigo e intenta a través de sus fotografías mostrar una realidad siempre deformada por los medios de comunicación. Así, por ejemplo, nos muestra a las feroces mujeres de Chiapas. Encapuchadas, pero cumpliendo con su rol de madre dispuesta a todo por sus hijos. Conozco a Yuri desde hace tiempo. Hemos sido unos malandrines, en el buen y peor sentido, con dedicación exclusiva, pero conscientes de las posibilidades de la fotografía y la escritura. En cierta oportunidad Yuri me aseguró: “Un verdadero fotógrafo no maquilla los hechos ni prepara la comparsa y el tinglado para hacer la foto. El verdadero fotógrafo asume el mundo como viene en fragmentos, en ráfagas de imágenes al azar la sensibilidad y un sentido crítico le proporcionan su toque técnico y artístico”. A Yuri le gusta arriesgar en eso de tomar fotos. Se mete en todos lados y se salta todas las reglas. El gobernador del estado Guárico, Eduardo Manuit, me contaba que durante la cumbre de presidentes

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en México ( Manuit formaba parte de la comitiva que acompañaba al presidente Chávez) Yuri mostró sus credenciales de fotógrafo y logró burlar la seguridad. Luego en la recepción del hotel pidió la lista de los delegados, para averiguarla habitación en la que se encontraba el gobernador Manuit. Consiguió otras nuevas credenciales y pudo colarse en la rueda de prensa. Ya entre los fotógrafos y ministros se acercó a José Vicente Rangel y se puso a charlar con él recordando aquellos viejos años de militancia en el MAS, cuando José Vicente era candidato y Yuri pegaba sus afiches.

Yuri se convirtió en fotógrafo a fuerza de constancia y caradurismo. Y aunque sus fotos poseen gran calidad estética y técnica, jamás ha comulgado con eso de que se le etiquete como artista. Yuri prefiere ser considerado un reportero gráfico que deja las gradas de las galerías o museos y baja a la arena de lo cotidiano a encuadrar lo humano, a laminar en una fotografía la vida del hombre común, sin otro artificio que una buena sensibilidad visual.

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Las ventanas de la realidad L

as posibilidades estéticas, políticas, sociales y culturales de la fotografía hoy no se cuestionan en lo absoluto. Además, tiene como único límite un fotógrafo insensible. En nuestros postmodernos días el tema político y social en el arte parece sumido en cierto agotamiento. Algunos fotógrafos han dejado de lado la fotografía como una denuncia de la realidad, para allanar el jardín de las delicias del arte. Quieren ser artistas en un sentido peyorativo del término y someten así a la fotografía a operaciones mecánicas que cambian su textura, su formato, buscando con ello que su trabajo compita con la pintura, el arte conceptual y las instalaciones. Pocos fotógrafos hoy buscan la foto que los redima, que sea una propuesta crítica demoledora. Son contados los que buscan la imagen azarosa del acontecimiento cotidiano, sin otra pretensión estética que la de captar aquello que se organiza por azar y se convierte en una imagen, en una metáfora de múltiples lecturas. Yuri Valecillo es uno de esos pocos fotógrafos que tratan de convertir la operación simple de tomar fotos es una actividad crítica. En un comportamiento ético enraizado en la denuncia de las desigualdades sociales, políticas y culturales, pensando por supuesto, en la alta visión estética que debe estar implícita en la foto. Yuri Valecillo es un nómada incansable. Ha viajado por Francia, Holanda, Cuba, Guatemala, El salvador. Residenciado en México, desde hace algunos años, vuelve siempre al país. Ha realizado una veintena de exposiciones individuales y colectivas. Su visión sobre el quehacer fotográfico es

sencillo ya que se preocupa por asir la realidad del entorno, al momento justo en que dicha realidad se ha movido de los parámetros de la normalidad causando en el espectador un desmatizado impacto o como Yuri mismo afirma: “El punto básico de una buena foto es su capacidad de sacudir al espectador. Uno como fotógrafo busca la razón del impacto de los hechos por más triviales, trágicos o risibles que estos puedan ser. No hago fotos para que se me catalogue como buen fotógrafo, sino para reflexionar con imágenes sobre el mundo que me rodea. Por supuesto que cuido la técnica, el sentido compositivo de los elementos que retrato, pero sobre todo intento estar delante de los sucesos diarios menos como espectador que como sujeto actuante de dicha realidad para transformarla. Para hacer buenas fotos más que una buena cámara, se requiere tener sensibilidad y ética. Puedes tener un formidable equipo, pero si careces de sensibilidad, o de ética, la foto que hagas será una imagen más en un mundo volcado hacia la producción de imágenes en series, volcado hacia eso que yo denomino como el caos de la imagen mediática”. El trabajo fotográfico de Yuri Valecillo no recurre a efectos especiales, mucho menos manipula las fotos ni las interviene. Sus fotos son una ventana para que el espectador se asome y descubra el grito, la estética, la belleza y el ruido de la realidad o como él lo ha dicho: “Mis fotos son pequeñas ventanas que dan al mundo, sólo que en esas ventanas también intervengo. Mi trabajo rastrea el azar de la existencia y yo participo ac-

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tivamente para subvertir ese orden de la realidad más como sujeto político que como fotógrafo como veleidades artísticas”. No es por casualidad que sus fotos a veces se exhiben en las calles, colgadas sobre andamios, o están a veces esparcidas por el piso donde se exhiben esas mismas fotos montadas en la pared. Más que fotógrafo Yuri prefiere contarse en el renglón de los reporteros gráficos. Sus fotos buscan dejar constancia del movimiento fluctuante que ocurre en los colectivos humanos, quiere dejar huella de la historia diaria con sus héroes y sus villanos anónimos, con sus dramas y sus alegrías

de rigor. Fotografiar esa historia donde todos nos movemos y que quizá jamás tenga su página en la historia oficial. Yuri Valecillo se esfuerza de captar con sus fotos el sentido vital de la existencia, su continúa lucha. No programa las imágenes y cualquiera le sirve (un mendigo, un objeto, un hombre tocando un instrumento) en su afán más político-crítico que artístico. Con su trabajo fotográfico Yuri quiere dejar en claro que el hombre subvive en las pesadillas urbanas soñando un mundo siempre mejor y menos hostigante.

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Globalizados o las distintas lecturas de la realidad L

a fotografía es un pacto con el instante. El fotógrafo es un pescador paciente de esos instantes. Mira al mundo desde sus encuadres y motivaciones particulares, desde su emoción personal. Una foto no se parece a otra, aunque el motivo (o el asunto fotografiado) sea el mismo. Una foto responde al ritmo interior como un poema o una flor. Yuri Valecillo es un fotógrafo inusual. Un soñador en vigilia que cree en el sentido político, social y estético de la fotografía. Más que hacerse de un arte busca hacerse de una dialéctica, de una conciencia crítica dispuesta a la solidaridad y al combate. Demás está afirmar que su trabajo fotográfico posee todo el rigor de una formulación plástica pensada que asume riesgos estéticos, retos plásticos de una creativa rebeldía. Yuri Valecillo combina con equilibrada sensibilidad la planificación estética con su toma de partido. Sus fotos son abiertas proclamas políticas. Son una mano a favor de los desplazados, los negados, los desclasados y los oprimidos que habitan en las grandes urbes, como sinónimos inquietantes de un mundo donde todos los valores se han trastocado, donde los índices macroeconómicos son más importantes que la gente. www.Globalizados.com no es otro sitio en la red, sino una exposición fotográfica de Yuri Valecillo. Son 19 fotografías de gran formato que conformaron esta muestra cargada de exactitud, técnica, belleza estética y compromiso político, raro en

este tiempo de saldos y remates ideológicos. www.globalizados.com tiene como tema constante el individuo, sea mujer, hombre niño o adolescente. La ciudad, ese microcosmos acelerado y de altos contrastes que se encuentra diseminado por toda Latinoamérica, como sumidero del caos y el oprobio, es el telón de fondo. La miseria, el lujo, la calle, el olvido, el recuerdo, el dolor, la alegría, el poder y el asombro son sus temas recurrentes. La foto, como un inmenso guiñol donde hay héroes y villanos, donde la metáfora no falta y donde la rabia te muerde el estómago. En Yuri Valecillo la foto cumple (o adquiere) un rol social implacable. Alejada del panfleto y de la foto fraguada en estudio para convertirla en arte, cumple la función de una autopsia. Son fotos que diseccionan la realidad social. Yuri, a través de imágenes captadas al azar, asalta la cotidianidad y la congela con toda la estética y la ética de la crudeza sin artificios. Para Yuri la foto es un discurso político, o como el mismo lo ha expresado: “A través de mis fotos entablo un diálogo, realizo una arenga, expreso mi opinión. Nunca he dudado de contarme en el gremio de los reporteros gráficos antes que en el de los artistas. Por supuesto, no descuido la técnica, la estética y mucho menos mi alta responsabilidad política ni ciudadana. Para mí la fotografía es una barricada de lucha”. No por ello la foto hecha por Yuri cae en el panfleto subalterno. Tiene un toque estético especial. Cierto manejo decantado y sutil de la luz y el encuadre. En la

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foto los elementos (a veces disímiles) se encuentran en perfecta armonía. Nada es dejado al azar. Todo responde a una motivación, a una pasión de mirar sin artilugios la realidad, pero rescatando de ella su oculta poética y su inusitada metáfora. En las fotos que integran www.globalizados. com, el motivo central, el letrero de fondo y los otros elementos secundarios se engranan para brindar al espectador un discurso estético y político de gran impacto, donde no falta habilidad técnica. La imagen que Yuri captura con su lente ofrece una lectura, pero él también se esmera en que leamos más allá de la imagen: una pintada en la pared, un letrero de neón, un anuncio de cine, un slogan político, el nombre de un establecimiento. En esta segunda lectura que el fotógrafo nos propone de sus fotos viene la crítica, la ironía inteligente, el puñetazo que devuelve al espectador a esa realidad que nos circunda, que está allí a la vuelta de la esquina, delante de nuestros ojos y no sabemos leer. Cada fotografía brinda al espectador un abanico amplio de posibles interpretaciones. Por ejemplo, tenemos la foto del obrero siderúrgico (Sidor) durante una huelga, que mira directamente al espectador. El guardia está al fondo, de espaldas al obrero y al espectador. Hay una amenaza latente. La fábrica al fondo. El cielo al fondo y el FAL del soldado que no presagia nada bueno. Otra foto, que denomino la escalinata, recordando la película El Acorazado Potemkin, tiene tres imágenes yuxtapuestas. Tenemos en primer término a un grupo de fotógrafos. Le sigue en línea descendente de la escalera militares antimotines

a la espera. Más abajo un fotógrafo solitario. En otra foto tenemos a un “huelepega”. De fondo hay un letrero: Kapricho. También tenemos la foto de una gloria del boxeo. Está en primer plano, ceñudo y desafiante. Al fondo una pintada: felicidades. Así mismo tenemos la foto de los militares guatemaltecos. Formados. De fondo un cartel de cine anuncia: vivir y morir en los ángeles. Sobran los comentarios. La ironía, la crítica y el sentido plástico nunca han dejado de estar presente en el trabajo fotográfico de Yuri Valecillo. Habitante incondicional de las ciudades, rastrea los personajes más extraños y grandilocuentes: mendigos, Are Krisnas, obreros, manifestantes y los sobrevivientes más obstinados. La ciudad, como hecho vinculante, la calle como nudo corredizo; las plazas, las avenidas, el metro, los suburbios, como tratado de subsistencia. En fin, la ciudad como infierno y paraíso, como flor y cuchillo, como poética terrible de la vida y de muchos sueños aplazados. De muchas vidas globalizadas en la miseria y la infamia, sin otra oportunidad que ser carne de cañón en esos grandes parajes de hormigón. El trabajo fotográfico de Yuri Valecillo reivindica la posibilidad del arte como expresión crítica, como toma de posición frente a los que sufren la historia, frente a quienes desde sus posiciones de poder engañan y se convierten sólo en discurso hueco y burocrático. Yuri saca la fotografía de su posibilidad meramente artística para enfrentarla con la calle y convertir el hecho fotográfico en una pasión política, en una poética social, para que podamos leer la realidad en una dimensión exacta: con conciencia crítica y espíritu de solidaridad.

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De la serie mĂşsicos andantes

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De la serie mirada pĂşblica

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De la serie grafĂ­a urbana

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De la serie Valencia la de Venezuela

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Fotografía: la razón del impacto

fo puede estar al asecho de los hechos noticiosos. Esperar, trabajar con horario asignado y utilizar equipo apropiado, no obstante si la intrepidez, la pericia, la ruptura con los cánones establecidos a la hora de mirar, la entrega a su labor y la suerte no están de su lado es difícil que su trabajo fotográfico sea aceptable. Cualquiera puede tomar fotos y son muy pocos quienes pueden convertir esa actividad mecánica de “hacer fotografías” en un acto de vida con marcada fuerza estética y denodada maestría discursiva. Un fotógrafo impulsado por la pasión y la inteligencia trata de ver el reverso de la urdimbre social, intenta captar con sus fotos el lado oscuro de las almas, de los objetos y la naturaleza. Nunca se conforma. El fotógrafo animado por su implacable don de mirar más allá de las apariencias potables de todos los días, se infiltra en las oscuridades jabonosas del medio que lo rodea para dar con la imagen inusitada, inesperada y poco habitual. Por ejemplo la foto de un político en chinchorro, durmiendo a pierna suelta, es simplemente un acto que rompe con lo establecido. Un político vende la imagen de ser infalible e incansable. Pillarlo en una actitud contraria, donde al militante disciplinado y activo se le escapa su oficio y la imagen falsa que lo postula al mundo como un modelo contrario a la burocracia. Siempre será común ver un bombero apagando un fuego, lo complicado será verlo encendiendo un cigarrillo entre las llamas. Pero justo ahí está la toma, ahí en esa imagen paradójica esta la fotografía. Donde en muchos casos el fotógrafo desaparece para dar paso a la imagen por la cual estuvo a punto de perder la vida. Como sucede con la histórica foto del cura de la Alcantarilla, sector de Puerto Cabello, durante los sucesos del Porteñazo, realizada por Héctor

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oda experiencia fotográfica va cargada de un inusitado esfuerzo, que no sólo se traduce en el instante de la toma, en el momento inapelable que se acciona el disparador, sino en la connotación posterior a este hecho. Cualquier muestra de sensibilidad y pasión son expuestas en un instante, quizás irrepetible. La foto responde a un azar, pero al mismo tiempo a un saber mirar más allá de la superficie de los hombres y las cosas, un saber penetrar donde revoletea el alma. De igual manera que el escritor, a través de sus escritos, deja al desnudo sus ideas, sus fantasmas y sus sueños, el fotógrafo a través de la imagen desarrolla un discurso con pocos signos, pero infinidad de tonos íntimos, que producen un enorme impacto en la retina y las neuronas del espectador. Lo que el escritor hace con palabras el fotógrafo lo realiza con imágenes. La imagen fotográfica no es sólo lo que se busca, sino también lo mucho que se encuentra. El fotógrafo es una especie de cazador furtivo de imágenes. Ve el mundo en fragmentado en encuadres paradójicos y contrastantes, para el fotógrafo el entorno no es un todo, apenas un sublime, o trágico, rompecabezas de imágenes que pasan de manera subrepticia delante de nuestros ojos. Un fotógrafo es un ser atento que intenta congelar (o laminar en una foto) dichas imágenes, las cuales podrán ser parecidas, pero nunca iguales. (No se encuentra la imagen 9933872) El fotógra-

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Rondón (premio Pulitzer). Es común pensar en un sacerdote encabezando una procesión religiosa, o bautizando un niño, pero lo que muy pocos ojos ven y existe en ese lugar, con esa mística y esa suerte, es el fotógrafo captando la imagen contraria: un religioso en una trinchera, exponiendo su vida en una batalla y a partir de ese acto fotográfico lo que era privativo de una pocas miradas se convierte en una visión común a todos y que a todos nos impacta por igual, no sólo la toma como tal, sino también el riesgo del hombre de la cámara, sin mencionar esas otra sensaciones que sentimos al ver congeladas las llamas y la sangre, al escuchar, sin necesidad de audio, los lamentos de un ser humano acribillado por las balas. Aquí la intrepidez, la inteligencia y la suerte jugaron un papel cardinal en el oficio de ser fotógrafo. Otro ejemplo lo tenemos en el recién fallecido Korda. Sus fotos de la revolución cubana, comandada por Fidel Castro, van más allá de la foto-testigo. Korda no se pillaba los dedos con mucha intelectualidad que se diga, pero un hombre llano, alegre y sus fotos tienen un espíritu grave, pero están cargada de una enorme intuición vital. En mi caso particular me resulta embarazoso ha-

cer planteamientos equilibrados acerca de mi trabajo, pero es todavía más complicado esperar semanas, meses o años para encontrar una imagen desconocida de seres, objetos, o de la naturaleza, con imágenes demasiado conocidas. Mi trabajo se ha nutrido de la calle, de la gente que tiene ideales, que lucha por hacer del mundo un lugar más lleno de justicia. Trato que la foto posea arte y parte. Que sea un instrumento visual para evidenciar el desequilibrio político, social y cultural que aqueja a muchas ciudades latinoamericanas. A través de la fotografía convertimos a los hombres en nuestros conejillos de indias predilectos y no sólo los clasificamos, archivamos y fichamos jóvenes, enfermos, agotados por el tiempo o vigorosos, sino que los mantenemos vivos y presentes después de muertos. Por eso no parece descabellado catalogar la fotografía como un instrumento de vida. Una nueva y distinta lógica nace después de la invención de la fotografía, que paraliza, congela, detiene, reduce o amplia un instante, que no sólo pasa a través del lente de la cámara fotográfica, sino que permanece en la impresión e impresiona siempre con exactitud exagerada.

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Nerio Valarino o un fotógrafo para un premio

tema o dejar de hablarle. La casa de mis padres tenía una edición de “Memorias de un Venezolano de la Decadencia” y para aquel tiempo resultó una mina de cosas interesantes. Era una edición de cuatro libritos, en un estuche, impreso en España. Para mí, que ya comenzaba a darle carnadura a mi trabajo como fotógrafo, lo que despertó mi interés no fue ya el texto, que había leído años atrás y quizás tenía colocado en un rincón de la memoria, sino las fotografías que aparecían en dicho libro. Mi impresionaba la fuerza de las imágenes, o el detalle de Man Ray, ese fotógrafo amigo de los surrealistas, y la foto de la Alcantarilla aquella foto del porteñazo con la que Venezuela obtuvo su único pulitzer, la mil veces nombrada fotografía de Héctor Rondón. Las fotos del libro de Pocaterra fueron hechas por Nerio Valarino. Valarino es, sin darnos cuenta, un fotógrafo en su circunstancia. Fotógrafo en las peores condiciones y con un riesgo que rayaba en lo suicida. Siete fotografías que bastarían para hacer una película al estilo Hollywood. Valarino logra incrustarse, o más bien estaba detenido, en una cárcel del dictador Juan Vicente Gómez, la más tétrica y renombrada de todas: La Rotunda y el prisionero comienza una campaña mediática de convencimiento a sus carceleros y verdugos, para le creyeran por loco, demente o algo por el estilo, que con una lata de sardinas a modo de cámara le hace fotos a los otros prisioneros. Luego de esto necesita construir una cámara. A través de “tinta simpática” se comunica con sus familiares. Comienza a pedir piezas y lentes con los cuales armar su aparato fotográfico. Bien la tinta simpática se escribe con una sustancia x y reacciona con otra y así puede ser leída o vista por el

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a fotografía está llena de héroes anónimos en Venezuela, si bien es una cantera de ellos y de estar a la vista diaria, su obra, su presencia en el mundo literario, cinematográfico o investigativo no existe. La actual república, la V según algunos, trata a su manera de recuperar el patrimonio cultural, social, político, académico y la herencia a que tenemos derecho y claro cuando se hereda se reciben cosas que nos parecen magnificas y otras que no lo parecen tanto, pero herencia es herencia y aunque el tío sea malo y se haya comportado como un crápula los bienes heredados si son muchos y valiosos es difícil que los discuta o los rechace el sobrino. Tenemos también federaciones, asociaciones, fundaciones, colegios de profesionales, partidos políticos, grupos de teatros, coordinadoras, club y hasta círculos y uno de los más conocido es el de “reporteros gráficos”, es interesante esto de los círculos y no lo de espirales ascendentes. A mi amigo Carlos Yusti, hace años, le interesó un personaje (de esos que son como capitales o columnas de una sociedad), que también era escritor: Pocaterra. Si, José Rafael Pocaterra era el personaje del cual Carlos comenzó a buscar datos, fechas, cifras y otros detalles. Al final su esfuerzo tuvo su recompensa que concluyó con un trabajo impreso; el libro Pocaterra y su Mundo y claro eso de ser amigo de un tipo que escribe y junto a eso que te platique día y noche del mismo tema te coloca en la encrucijada de hablar del

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la decadencia”, de José Rafael Pocaterra, a partir de su segunda edición, primera edición venezolana, completa, en dos tomos, publicada en 1936, ya muerto Gómez. (Hay edición reciente de Monte Ávila Editores Latinoamericana). El libro de Pocaterra, sin duda su obra más importante, narra y describe, con extraordinario realismo y vigor, el infame régimen interno en las cárceles de Castro y Gómez, dos de los más sombríos y vesánicos tiranos padecidos por los venezolanos. Creo que una sala de lectura de una biblioteca del Municipio Caroní también (lleva o llevaba) el nombre del valiente fotorreportero. Tomamos como ejemplo para las imágenes las grandes fotografías o las más premiadas, pero no las que significan una denuncia histórica de un atropello como los presos de los principios de siglo en Venezuela y nos vamos por la instantánea que aunque riesgosa está muy lejos de nuestra lógica espacial y lo digo por el espacio geográfico en los que nos toca vivir. De poder armar un premio de fotógrafos o de periodismo le colocaría Nerio Valarino y convertiría o haría de su trabajo material obligatorio de estudio y de creación. Su técnica grafica quizás se pueda discutir. Lo que es indiscutible es el trabajo tesonero de un fotógrafo tan nuestro como nosotros. Valarino puso su talento al servicio de lo que el considero correcto y honorable y también con gran pericia sorteo todas las dificultades, debemos verlo como un ejemplo magistral del oficio de reportero grafico. La última imagen aún no está revelada y nos toca a nosotros como fotógrafos ir desempolvando lo que por derecho nos pertenece, la posibilidad de saber como nuestro al fotógrafo más temerario que haya existido nunca.

interesado, el caso es que Valarino, nuestro héroe, logra realizar unas fotografías magistrales en esos años donde el silencio era la moneda circulante y el miedo el despacho diario. Buscando el apellido Valarino encuentro que un médico en Caracas lleva su nombre y sería interesante saber si es o no es familiar de el fotógrafo más valiente, temerario y paciente del que tenga noticia. Por estos caminos de lo digital y el ciberespacio encuentro un texto fabuloso, o por lo menos que a mí me agrada mucho, de Alexis Márquez Rodríguez que entre otras cosas apunta: “Cuando los presos eran llevados a trabajar en las carreteras unían a los grillos una larga cadena, en cuyo extremo libre iba una pesada bola de hierro. De ese modo el preso no podía correr y escaparse. Para poder caminar, como cuando iba del campamento al lugar de trabajo, y a la inversa, el preso se pasaba la cadena con su bola por encima del hombro. De ahí viene la expresión “echarse las bolas al hombro”. Y posiblemente, según he leído en alguna parte, también la expresión “jalar bolas”,…” Afortunadamente, gracias a un hábil y valiente fotógrafo, Nerio Valarino, preso en La Rotunda en el año 1930, se pudo conservar un testimonio fotográfico de lo que fueron los grillos en tiempos de Castro y Gómez. Con gran ingenio y audacia inaúdita, Valarino logró obtener de sus familiares los materiales para construir, dentro de la cárcel, una pequeña cámara fotográfica, rústica pero técnicamente perfecta, y obtener un conjunto de siete fotografías, de presos con los grillos puestos. Un año duró el proceso de fabricación de la cámara y la obtención de las fotos. Pero el resultado compensó el esfuerzo y las angustias que aquello trajo consigo. Las fotos fueron luego incluidas como ilustración en las “Memorias de un venezolano de

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grafitis

se cumpla al pie de la letra. La pintura grafiti va mas allá de donde creemos el viandante se impacta de la belleza de algunas imágenes aunque sabe que nada es tan repugnante como lo que ocurre unos pasos más allá. Cuando converso con algún artista del aerosol y de la tinta me conmueve al darme datos periódico en mano de una sociedad ya saciada. Saciada de emociones de muertos en la esquina, de transformadas en lupanares y de espacios de lectura cerrados por orden de algún “burdomaestre” que no entiende todavía el valor de la lectura. Conozco grafiteros que andan con el spray en bolsas de mercado, los veo que andan en la soledad de la noche o Crew: Son un grupo quienes pintan las iniciales del crew junto con su tag, Tag: La forma mas simple del graffiti. El logo del writer con su estilo propio, muchas veces con los sufijos “oner”; “er”, “em”, “rock”. Acciones y más acciones son las que marcan el prestigio del grafitero, algunos se prestan para alguna campaña de gobierno o de una empresa privada y ese es un receso para su causa rebelde, los chicos y chicas que están en el grafiti avasallan con su toma de partido y siempre van mas allá de las declaración vacía y burda del “timonel de turno”. Son de las pocas unidades de militantes que quedan haciendo tareas de campo, son de las muy pocas que quedan estructurando el derrumbe de lo existente y son los que están hay detrás del punto y la línea, detrás del tono y el color.

P

ara mí los grafiteros caminan de espacios pero actúan con rapidez inaudita, desenmascaran a la sociedad y realzan aun con su trabajo que impactan paredes mudas, vacías en blanco. Para un grafitero una pared en blanco es como una memoria en blanco y el grafitero combate el autismo de las ciudades con formas y con colores, a veces están en la modernidad de las redes sociales. Van por las calles y se reúnen en sitios insospechados, puede ser en los bancos de una iglesia o en un bar de mala muerte y no tienen rutinas para acometer la acción que viene. No esperan halagos del gobernador de turno el mismo que es capaz de destruir con la mano en la cintura un teatro de ópera y se ríe de su propia ignorancia. No espera reconocimientos o medallas de un alcalde que gasta el presupuesto de la ciudad en liposucciones para su mujer de turno, ni tampoco espera estar al lado de algún director o secretario de cultura ya que sabe que su propuesta aún efímera tiene más carga que el puesto de quien intenta premiarlo. El artista clandestino muchas veces que firma con nombres de combate esta allí donde el accionar de lo cotidiano pasa y ocurre con más fuerza, el grafitero es atrevido y sabe que su obra esta hay para confrontar “con el buen comportamiento” de un jefe que hace lo contrario de lo que dice, pero exige hacer lo que el habla y que

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Instructor

Perfil Profesional Desarrolla su actividad de manera continua en el diseño gráfico, publica actualmente en más de 20 medios de Europa y América Latina, cuenta con 41 exposiciones individuales de fotografía y más de 50 portadas de revistas y libros, colaborador incesante en medios de Venezuela y América Latina, habla y lee francés, expositor de la Cátedra de Fotografía para la Revista Generación (México). Ha impartido cursos y talleres de fotografía en la Universidad de Carabobo (Venezuela). Coordinador de Fotografía de la Revista Rino (México), Colaborador de la Revista El Cotidiano (UAM), Cofundador de la Revista Generación, cuenta con varios escritos publicados.

2008 – 2009 Cancillería de la República Bolivariana de Vzla. Segundo Secretario en Servicio Exterior 2007 Ministerio de Información y Comunicación, Asesor Despacho del Ministro 2006 Asamblea Nacional República Bolivariana de Venezuela Asesor Parlamentario 2005 La Hoja Bolivariana Editor 2005 Revista www.arteliteral.com Director de Fotografía

Formación académica 2008 Lengua y Civilización Francaise, Alliance Francaise, St. Vincente y las Granadinas. 1996 Diplomado en Periodismo, Gama Comunicación, México, D.F. 1994 Diplomado en Propaganda Política, Gama Comunicación, México, D.F. 1985 - 1987 Estudios de Fotografía, Ecole Francaise de Photographie, París, Francia 1985 – 1987 Estudios en Lengua y Civilización Francesa, Alliance Francaise, París Francia. 1982 – 1985 Estudios de Arte Puro, Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena, Valencia, Vzla. 1982 Diplomado en Fotografía Escuela Ramón Zapata, Valencia Venezuela.

Experiencia profesional 2004 Revistas La Hoja Bolivariana, Coyuntura, Memoria, México. D.F. Coordinador de Fotografía 2001 – 2004 Exposiciones de calle en México, La Habana, Caracas, Valencia, Managua, El Salvador Salón de Fotografía Popular en México, D.F. (Tianguis Cultural del Chopo) Coordinador y Expositor 1998 - 2000 Revista Tecno / lógicas Venezuela Director Editorial

Experiencia profesional

Exposiciones y Publicaciones recientes

2012 Cátedra en Casa Lamm México. D.F. Conferencista 2011 Taller de Fotografía, Universidad Bolivariana Vzla.

Publicación Km. Cero. Fideicomiso Centro Histórico de la Cd. de México, No. 44, Marzo 2012

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La ciudad en tu mirada. Primer Concurso de Fotografía Turística de la Cd. De México, 2011 Exposición Por los Caminos del Sur, Embajada de la Re pública Bolivariana de Venezuela, Junio 2012 Exposición Por los Caminos del Sur, Ayuntamiento de Chilpancingo, Gro., Agosto 2012 La mirada pública, exposición sobre la elaboración de graffitti, Deleg. Cuauhtémoc, Marzo, 2012 Exposición Divino y Profano Biblioteca Manuel Feo La Cruz, Valencia, Venezuela, 2010 Exposición Remisiones Librería la Palabreta Orizaba y Álvaro Obregón, Col. Roma, 2009 Colaboraciones Diarios: Noti Tarde, El Nacional, Venezuela Analítica, Tal cual, Prensa Latina, El Carabobeño, Coyuntura México, El Cotidiano México, L”Herbe Rouge Francia, La Jornada México, Revista Foto España, www.cayomecenas.com, Noticiero Latinoamericano, www.arteliteral.com Actualmente mantiene la columna “Notas Sin Filtro” acerca de Fotografía, en el Diario “El Venezolano” Guayana Venezuela. Miembro Sindicato Nacionall de Trabajadores de Prensa (SNTP) Venezuela. Asociación de Escritores de México. Centro Cubano de la Imagen Fotográfica. Salón Michelena. Valencia, Venezuela.

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Libro de Yuri