Edición Especial mayo 2010

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Edición Especial

Fuete y Verguilla

mayo 2010

Fuete y Verguilla E D I C I Ó N E S P EC I A L

Programa de Colegio Sea Grant y el Centro Interdisciplinario de Estudios del Litoral (CIEL) de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez

Fuete y Verguilla es... iuna revista para el sector pesquero. iun medio para informar y dialogar sobre asuntos de interés y de importancia. iuna manera de estar al día.

M

ia r o em

a plen

Por:

David G onzález

Barreto

isu revista.

Memoria Plena

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Cataño

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Vieques

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Zona Oeste

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En el próximo número

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Foto: Jannette Ramos García

En este número

Pescadores en Puerto Real.

Tributo a los pescadores a través de la plena, “la querendona del pueblo.”


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Cataño Lancha de Cataño

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Foto: Jannette Ramos García

uatro de la mañana: me encuentro en la Puntilla en Cataño, barrio de pescadores frente a la bahía de San Juan. Es mi primera experiencia de pesca y tengo ocho años. A pesar de la ansiedad que experimento, me siento muy seguro porque me encuentro acompañado por mi padre y por Chichiloi, un viejo sabio de mar con más de 65 años de experiencia en la pesca alrededor de la bahía. En ese momento, una ola de mar bate sobre un peñasco y Chichiloi me señala: “escucha el bajo, el tumbador,” era el cun, cun, cun, el batido continuo o en tiempo de olas sobre el peñasco. A renglón seguido se escucha “quin quin,” dos olas consecutivas sobre otro peñasco y, nuevamente, Chichiloi me apercibe gritando “el punteador,” entonces él comienza su improvisación vocal haciendo los cortes y las progresiones percusivas del quinto para completar el trío inconfundible de panderetas de nuestra plena boricua, la querendona del pueblo. Me percato que, además de pescador, Chichiloi es plenero. ¡Claro, si es de la Puntilla en Cataño, barrio de pleneros y pescadores, de la tradición de los Valentín, los Maysonet y de los del Truco!

Chichiloi.

Foto provista por la familia Ramos.

El recorrido comienza en la Puntilla hacia la Isla de Cabras, a pescar toninas y sardinas para usarla de carná. “Así, con el ciclo completo primero la carná y luego la pesca” demanda Chichiloi, nuestro capitán. Mi padre pregunta “¿Chichiloi nos vamos de silga o de fondo? a lo que él responde sin titubeo: “de fondo pa’ que el nene coja la experiencia.” Me siento afortunado en esta aventura. Nos movemos hacia la salida de la Boca del Morro, la salida mar abierta de la Bahía. Siento el primer halón; me pongo nervioso, batallo contra el peje y logro traerlo a la yola. Es un corvino de tamaño mediano que, por eso de seguir las enseñanzas del viejo de mar, me pareció enorme. Sentí tremenda satisfacción. Mi segunda captura fue un bonito. Ya en la tercera ocasión que subí algo al bote, me percaté de que era una cocolía 2


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Foto: Jannette Ramos García

que venía enganchada de la potala, y cuando la desprendía para regresarla al mar, Chichiloi, nuestro sabio de mar, sentenció: “no la tires, con eso es que Tuto prepara las alcapurrias de jueyes.” De esta manera, la cocolía pasó a ser mi tercer tesoro arrebatado al mar. Ahí surge lo que debió ser mi primera plena, la que considero catañesa. Salen de la Puntilla a la bahía e’ San Juan van pescando corvinos y bonitos van ganándose el pan. Cocolías Vázquez

Foto: Jannette Ramos García

“Tres capturas en 10 minutos no está mal para empezar,” pienso sin articular palabra. Escucho la voz de nuestro capitán, nuevamente hablándole a mi padre: “muévete en dirección a La Perla que aquí no hay na’”. Otra vez, sin articular palabra alguna, pensé “no hay na’ pa’ ustedes que están en chiva ya yo tengo tres al la’o de acá,” cuestionando la decisión de nuestro capitán. ¡Qué lejos estaba yo de la verdad! Tan pronto anclamos frente a La Perla, los corvinos, las sierras y las colirrubias subían a la yola casi por su propia voluntad. Chichiloi sabía. ¡Claro que sabía! Uno que otro congre también subió. La furia de esta culebra de mar me impresionó. En el recogido de peces, Chichiloi se espetó un anzuelo bajo el dedo pulgar de la mano izquierda y presencié cómo se lo quitó, usando sus dientes. No solamente era sabio el viejo, era súper valiente y con una aparente buena resistencia al dolor. Al regreso de un día que resultó mágico por todo lo aprendido y presenciado, me sentía en éxtasis pleno. Desde ese instante, cada costa me suena a plena. Imposible separar la maravilla polirítmica plenera, con el batir de las olas, de cualquier zona costera. Además, desde ese instante veo a los pescadores como sabios valerosos.

Jorge Ramos, hijo de Chichiloi.

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mayo 2010 Foto: Jannette Ramos García

Vieques

Lancha de Vieques.

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inco de la mañana: me encuentro en el puerto de lanchas de Fajardo que viajan hacia Culebra y Vieques. Es mi primer viaje a Vieques. Tengo dieciocho años y siento tremenda ansiedad por la travesía. Me acompaña Juan Martínez, el “Llonsi” menta’o por todos los pleneros, uno de los mejores compositores de plena del país y director de Los Sapos del Caño. Somos parte de un grupo de puertorriqueños que nos reuniremos con los pescadores viequenses a la entrada de Isabel II para juntos formar una flota para detener los bombardeos a la isla por parte de la Marina estadounidense. La travesía

para sustentarse. Bueno, pues no le hice caso y ahora pagaba las consecuencias a lo largo del viaje. La travesía se complicó, ya que nos enviaron hacia Vieques en el ferry, en lugar de la lancha que típicamente realizaba el viaje. Todos pensamos que no era pura casualidad que nos enviaran de esta manera, pero ese viaje a la intemperie resultó más placentero aún. Ya en la cercanía de Isabel II, las palpitaciones del corazón aumentaban. A la distancia, se divisaban varias embarcaciones de los pescadores que aguardaban por nuestro arribo. Era una escena para perpetuar, y así lo hice con mi mente por no tener ningún otro mecanismo. Al día de hoy todavía está grabada. Cuando atracamos, el Llonsi comenzó a tocar la pandereta, y a cantar, lo que luego sería uno de los estribillos populares en la lucha viequense y que él había compuesto para esa ocasión: Ay Vieques sí Marina no, que la Isla Nena es pa’l pescador.

de Fajardo a Vieques es tortuosa: el mar está pica’o. En ese momento, recuerdo al señor del puerto que decía: “se acordará de mí cuando le dé el mareo,” y cuando exclamaba“¡Cómo está esa mar!” invitando a todos los pasajeros a que obtuvieran dramaminas que él vendía

Al desembarcar, ya varios nos habíamos sumado a la plena y ya podía decirse que era una plena del nivel que se merecían los pescadores y los habitantes de Vieques. La recepción fue inolvidable, 4


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bote, le hacían frente a aquel acorazado de la Marina con una onda en sus manos. Años más tarde, observé una foto que captaba este o un momento similar a este. Con onda, con panderetas, con botes pequeños, pero ágiles, y con el arrojo de todos se logró detener los bombardeos aquella tarde. Ya mañana volverían, pero hoy no, hoy los detuvimos y fue una pequeña pero enorme victoria De regreso a Isabel ll, para la partida, los ánimos eran de victoria. Comprendí, en aquel momento, que yo volvería a ser cómplice y solidario de aquellos valerosos pescadores y que ésta sería la primera de múltiples visitas a este paraíso. Muchos años más tarde, fui testigo de la mayor alegría colectiva que he presenciado:

Pescador viequense se enfrenta a buque de la Marina estadounidense.

Pescadería de Vieques.

Tira, tira la atarraya, tira, tírale el arpón pero ten cuidado con el tiro del cañón. Salimos hacia la zona de los bombardeos, como decía doña Ramona, mi abuelita: “una cosa es con guitarra y otra es con violín.” Cuando nos acercamos a la zona, y escuché aquel estruendo, lo supe. Estaba en la guerra. Así estuvieron los viequenses por más de cuatro décadas: en guerra. Presencié un acto de valentía tal que aún lo tengo grabado en mi mente. Vi cómo dos pescadores, desde su

Foto: Ramón Korff

Jannette Ramos García

Foto: Archivo Museo Conde de Miraflores, Vieques.

con los pescadores en el terminal de lanchas. En esa ocasión, fue cuando, por primera vez, vi en mi vida a Taso Zenón, Ismael Guadalupe, pero también a doña Isabelita Rosado y a Ángel Rodríguez Cristóbal, entre otras legendarias figuras de tantas luchas justas. El hecho de traer la plena y las panderetas nos dio un lugar de privilegio, pues nos montaron en uno de los primeros botes, para -entre otras cosas- mantener el ánimo en alto, como si alguno de los que estuviéramos allí necesitara razones adicionales. En el bote del lado, se montaron los Pleneros de Biequé, que nos recibieron con un coro de plena que jamás podré olvidar. La misma hacía referencia a las vicisitudes de los pescadores viequenses con los bombardeos de la Marina. La plena decía:

Fuete y Verguilla

Carlos (Taso) Zenón, pescador y líder viequense.

el fin de los bombardeos. Cuando nos aprestábamos a subir a la lancha, se nos avisa que la misma tenía desperfectos. Los Pleneros de Biequé nuevamente nos hablaron de sus limitaciones diarias y nos ofrecieron: No puedo más. No, no, no puedo más con esa lancha que tiene la autoridad. Todos escuchamos con suspicacia el anuncio de los desperfectos por parte de las autoridades. 5


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Foto: Jannette Ramos García

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Zona Oeste

Puerto Real, Cabo Rojo.

a la disposición y me brindó esperanzas: “son muchas las historias de regresos por estos lares.” Era ya de tarde y acordamos zarpar en la mañana siguiente a las 4:30 de la mañana. Al día siguiente, allí estuve puntual; presencié la despedida entre pescadores y algunos familiares. Me pareció más como un pequeño ritual que como un hasta luego. Pensé que siempre existe la duda del regreso, como era ahora el caso de mi amigo y su padre. Me pregunté si se habrían despedido. Con este pensamiento, llegó a mí la plena lamento mayagüezana del orgullo del caserío de la playa, Norberto Sánchez, que describe la tristeza del no regreso de un pescador: Llegaron los remos. Llegaron los remos. Llegaron los remos y no llegó Nicolás. Nos hicimos a la mar con un objetivo claro: la búsqueda. de nuestros amigos. Me sobrecogió la disposición de Tito; mis amigos eran unos desconocidos para él y no puso

Foto: Jannette Ramos García

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uatro de la mañana de un martes que seguía al día del trabajo en septiembre. Tengo veintiocho años. Recibo una llamada que me indica que un compañero de trabajo, junto a su padre, había desaparecido en altamar. Ambos salieron para la Isla Desecheo el día anterior a pescar y no habían regresado. Pasan por mi mente experiencias previas y me digo “no podemos cruzarnos de brazos.” Me visto para dirigirme a la casa del compañero. Cuando llego, veo el desespero en los rostros de familiares y amigos. Ante ese cuadro, decido que, como pueda, voy a colaborar en la búsqueda. La primera gestión fue hablar con un piloto conocido que, además, poseía un pequeño avión. Él me advirtió de lo difícil de la tarea de búsqueda por aire: “cualquier movimiento minúsculo que realices hace imposible regresar al punto observado.” Nos montamos en el avión y, por aproximadamente cuatro horas, buscamos entre Desecheo, la Isla de la Mona, y la costa oeste de Puerto Rico; la advertencia de mi amigo piloto la corroboré hasta rabiar. Lección aprendida: si algún día tengo un bote o una yola, el piso será de un color chillón, para distinguirlo de las olas y la espuma de mar. Dos intentos aéreos adicionales, más tarde en la semana, resultaron nuevamente infructuosos. Lo lógico es que si no podemos por aire será por mar. Me desplazo hasta Puerto Real, la villa pesquera por excelencia. Allí me comunico con Tito, un pescador veterano del que me habían dado referencia. Me recibió con una sonrisa y un apretón de mano, con la sinceridad en esos gestos que producen genuinamente los trabajadores, las personas humildes. De inmediato, se puso

Puerto Real, Cabo Rojo. 6


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condiciones para ayudarnos. Al momento de la salida, Tito me comunica que, “aunque la pesca no es la prioridad hoy, voy a dejar unas líneas por si cae algo, lo que caiga es para la celebración de la familia de tus amigos cuando regresen” reiterando, una vez más, la esperanza. Preocupado porque ya es miércoles, y llevan dos días en alta mar, no me percato de que el sol ha salido en medio de la inmensidad frente a mis ojos. Escucho a Tito laborando; trae un hermoso dorado al bote: “buen augurio, la comida de la celebración estará rica,” lo decía mostrando una enorme sonrisa. Tito siguió la ruta que había discutido con otros pescadores de Puerto Real bajo la premisa de que estaban a la deriva y considerando las corrientes de la zona. Ya para el mediodía regresábamos sin lograr nuestro objetivo, pero con un par de dorados y un par de sierras. Tito notó mi decepción y, mirándome fijamente a los ojos, me dijo: “Papo estuvo cuarenta y cinco días, estuvo a la deriva como una semana y lo recogió un barco pesquero panameño y regresó al mes y medio, levanta ese ánimo que no te puedes caer.” Le tomé la palabra de inmediato y me puse a ayudarle para preparar el regreso y atracar. Tito se despidió: “se lo digo a los muchachos para que estén pendientes cuando salgan y me llevo la pesca para prepararla para la cena de celebración. Nos mantenemos en comunicación, cualquier cosa tú sabes,” se marchó con el mismo apretón sincero de manos.

Tito. Dedico el día del viernes a contestar el teléfono en la casa de mi amigo. Un par de llamadas morbosas me impactan de manera negativa, pero pienso en Tito y en el “no te puedes caer.” Ya sábado en la mañana los anhelos están agotados. Sigo atendiendo el teléfono, presagiando lo peor. Once de la mañana. Suena el teléfono. “¿Quién habla?” pregunta, digo mi nombre, él me dice el suyo. Estallando de emoción, todo el mundo comprende; comienzan los abrazos, las sonrisas, las emociones, la segunda alegría colectiva mayor que he presenciado. Le pregunto cómo fue, a lo que me respondió: “estuvimos a la deriva por varios días y unos pescadores dominicanos nos rescataron cerca de la costa que lleva hasta Higüey.” A los pocos minutos, Tito llegó con su promesa. La plena y los pescadores nuevamente hermanados en la siguiente composición que ya considero mayagüezana:

Jueves en la mañana partimos a la mar con Pedro, desde la villa pesquera de Aguadilla. Muchas horas en el mar, la misma solidaridad, pero iguales resultados. La esperanza se agota. Pienso en los remos solos, los familiares, la inconclusión, en cómo se cierra una historia como ésta. No existía instrumentación capaz de medir los niveles de desespero. El viernes en la mañana nos sorprende el anuncio de que el huracán Helen pasará entre la costa oeste de Puerto Rico y la oriental dominicana la noche del sábado, llevando casi a cero las esperanzas de las que me había hablado

Estas tres historias son experiencias vividas por mí, prácticamente según las relato. Llevo a mucho orgullo que se me considere plenero. No puedo separar la plena de la costa ni de los pescadores. De igual manera, entiendo que las características comunes en estos relatos, que me cautivaron, fueron la humildad, la solidaridad, la valentía y la sabiduría, que también distinguen a la mayoría de los pleneros que conozco. En ese espíritu de hermandad costera, comparto mis relatos, mi Memoria plena...

Se probó que en el conjunto es más bella la labor. Se vivió que con las manos, cada cual con su sudor, es que todos contribuyen el piloto, el pescador...

David González Barreto, plenero.

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Foto: Jannette Ramos García

Se vivió que todos juntos es energía mayor.


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Programa de Colegio Sea Grant y el Centro Interdisciplinario de Estudios del Litoral (CIEL) de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez Programa de Colegio Sea Grant Recinto Universitario de Mayagüez Call Box 9000 Mayagüez, Puerto Rico 00681-9000 Tel: (787) 832-8045 Fax: (787) 265-2880 E-mail: fueteyverguilla@gmail.com seagrant@uprm.edu Página electrónica: http://www.seagrantpr.org

mayo 2010 Sobre Sea Grant La misión de Sea Grant consiste en conservar y usar, de manera sustentable, los recursos y los ecosistemas marinos y costeros de Puerto Rico. Para alcanzar su misión, el programa cuenta con proyectos de investigación, de educación y de extensión marina. Sobre el CIEL El CIEL es un centro interdisciplinario para el estudio de procesos sociales costeros. Ponemos atención a la relación entre los seres humanos y la naturaleza. Colaboramos en planes de manejo de las reservas naturales y marinas. El CIEL es subvencionado por el Colegio de Artes y Ciencias, el Instituto Caribeño de Arrecifes de Coral y el Programa Sea Grant del Recinto Universitario de Mayagüez. Nuestra página es: http://amp-pr.org/ciel Fisheries Enhancement Grant Esta revista ha sido producida con fondos para mejoras en los servicios de extensión para las pesquerías (Fisheries Extension Enhancement Grant) del Programa Sea Grant.

En el próximo número… Presentaremos una serie de datos socioeconómicos sobre los pescadores y las pesquerías de Puerto Rico. Incluiremos también información reciente del censo de pescadores.

Este número de Fuete y Verguilla se publicó bajo la dirección de Manuel Valdés Pizzini. Fue supervisado por Jannette Ramos García. La diagramación y el diseño gráfico estuvieron a cargo de Jannette Ramos García y de Olvier Bencosme Palmer. Memoria plena fue escrito por David González Barreto, plenero e ingeniero y editado por Mydalis M. Lugo Marrero. La foto de la portada fue tomada por Jannette Ramos García. La impresión fue llevada a cabo por la Imprenta del Programa Sea Grant, Sección de Comunicaciones y Publicaciones, dirigida por Cristina D. Olán Martínez. El jefe de impresos es Guillermo Damiani González.