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¡SAPO CUENTOS! Revista Sapo en su versión Cuentos, está dedicada a todos los amigos de Revista Sapo; a aquellos que no dejan de soñar. Marcelo Díaz S. Revista Sapo.

Revista Sapo Chile DIRECTOR GENERAL: Marcelo Díaz S. EDITOR: Karen Chávez. MariCris Borroye.

DISEÑO: Marcelo Díaz. Pancho Hidalgo.

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Revista Sapo COLABORAN EN ESTA EDICIÓN:

Nacional (Chile). MariCris Borroye. Paulina Uribe. Rodrigo Escaff. Carlos Otondo. Ricardo Elias. Susana Beltrán. Pato Sáez. Nicole Castro. Danixa Villegas. Abdón Corral. Loreto Gárate. Internacional. Martín Letona, El Salvador. Marcos Carmona, México. Oswaldo Ramírez, México. José Andrés Rivas, Venezuela. Fausto Ramos, Ecuador. Daniél Padrón, Ecuador. Daniel Victor Luchina, Argentina. Ea Pozoblock, México. Katerine Ortega, Quito, Ecuador. Julio Cesar, Venezuela. Casandra Cárdenas. Flor In the flowerland, Argentina. Contacto contacto@revistasapo.com revistasapo@gmail.com www.issuu.com/revistasapo

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ÍNDICE SAPO CUENTOS 05 El ratón come cerebros. 09 Mañana de otoño. 12 Un dia de mi vida. 14 El perrito que hacia cuac cuac. 15 El Inframundo. 16 Marte. 17 El valor de Sectorizar. 18 Ayudando a un desconocido. 19 Speed. 20 Borrada. 21 Costumbre. 22 Un Momento de Calma antes del Crimen. 26 El capitán Melquiades. 28 Lugares comunes. 30 El espectro de los sueños. 32 Deja Vú. 36 Detrás de los barrotes. 37 (Extensión de una nota biográfica). 43 El Monstruo del Ropero. 46 Elsa. 47 Telefunke. 48 El hombre vagaba, en silencio, con la mirada perdida. 50 Escrito. 54 La galleta de Hóng Lóng y la suerte de Isabel. 57 Bizarren.

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EL RATÓN COME-CEREBROS

En

las

increíbles

experiencias

del hojas en unos cuantos minutos y cerca de las dos

científico Ronald Shoferman pudo descubrir horas la planta de frutilla ya tenía un pequeño un compuesto que hacía crecer todo con más fruto. rapidez, un compuesto hecho de jugo de corteza El científico, no comunicó su descubrimiento a de un árbol x y con otros compuestos secretos.

nadie por temor a que pudiera pasar algo malo.

Ronald Shoferman estaba totalmente impactado Después de seis horas el fruto ya estaba y emocionado, no podía creer que pudo descubrir completamente maduro y se observaban unas tal fórmula en sus experimentos. El compuesto cuantas frutillas más. El señor Shoferman estaba le llamó Cranty-Rasey debido a una amada que conmovido con este acontecimiento, miraba tuvo en su infancia y que nunca pudo olvidar.

cómo la gran y robusta frutilla roja había crecido

En el laboratorio, estaba ordenando sus restos en sólo dos horas y sólo con unas gotas de su de compuestos químicos y puso su mirada en experimento, las frutillas eran muy sabrosas, una pequeña planta de frutilla, él estaba con un tenían el porte de una pera, eran enormes. presentimiento que algo ocurriría con la planta.

El señor Shoferman regresó a su departamento

Al deshacerse de algunos compuestos, el después de seis horas en su laboratorio. científico unió por descuido dos componentes Él vivía sólo con su cachorrito de dos meses en el mismo tubo de ensayo estos eran el de edad, era un perro de raza, era un “ cóker “ y experimento número setenta y nueve y también con sus pececillos. beturanto radiactivo con residuo del Cranty- Al otro día el Señor Shoferman regresó a su Rasey, que eran compuestos muy delicados y vio laboratorio con el acuario y sus cuatro peces que al caer una gota de estos dos componentes pequeños, él quiso probar la formula con estos al recipiente donde tenía la planta de frutilla, pequeños animalitos. esta empezó a cambiar rápidamente, salían más

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Puso media gota del compuesto al alimento que se le debía dar a las once y media. Notó que los peces se alimentaban y cada vez empezaban a ponerse más enloquecidos, se movían rápidamente vueltos locos, el poco alimento les gustaba mucho, lo comieron como si hubiesen estado hambrientos. Los peces medían aproximadamente unos dos centímetros, donde habitaban, el acuario de un metro de largo por cincuenta de alto.

y empezaban a tener facciones de peces robustos, cambiaban de color a un color más obscuro. El comportamiento de los peces era como si estuviesen endemoniados, ya medían quince centímetros cada uno y cada vez eran más feos y más intranquilos, estos se movían de un lado para otro en el acuario. El científico anotaba todo el comportamiento de estos animales acuáticos en el computador. De repente un pez saltó fuera del acuario y el doctor no lo vio porque éste estaba

Los peces se colocaban cada vez más locos y sus pequeñas aletas vibraban y crecían poco a poco. En sólo diez minutos habían crecido el doble, el señor Shoferman no lo podía creer, no sabía cuanto más podían crecer estos cuatro pescadillos. Después de una hora los pececillos ya medían diez centímetros

escribiendo en el computador las observaciones de los peces. Cuando volvió a ver los peces encontró que uno de ellos estaba muerto en el piso, lo recogió y lo observó. Vio que sus ojos ya no eran redondos sino que estaban achinados, sus escamas eran duras y pudo observar que le habían salido pequeños dientes filudos.

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Pudo observar que el pez creció de dos centímetros a dieciséis centímetros en sólo cuarenta y cinco minutos, el pescado tenía facciones monstruosas. El señor Shoferman regresó a su departamento para almorzar y volvió en un par de horas al laboratorio, se encontró con la sorpresa de que sólo quedaban dos peces ya que los dos se habían comido al otro pez. Su tamaño ya era de casi treinta y cinco centímetros cada uno, ya no cabían en el acuario.

de experimentos trepaba la jaula que lo encerraba, el ratoncillo trataba de salir, porque olfateaba el generoso olor que provenía de la comida de los peces y de la pócima. Ya que este señor no le había dado de comer ya que estaba preocupado de su experimento y el pequeño animal estaba hambriento. El ratoncillo logró escapar de la jaula que lo separaba de la apetitosa comida. El ratón con su larga cola rosada comió rápidamente todo el alimento de los peces y

El científico trató de sacar un pez con la mano pero esto fue imposible ya que lo mordieron sacándole un pedazo de carne del dedo índice de la mano derecha.

también se tomó la pócima ya que ésta tenía un buen gusto. En unos cuantos segundos el ratón empezó a cambiar, la pócima dio efecto, el ratón cambió en sólo segundos. Cada segundo crecía más, el ratoncillo que medía sólo diez centímetros y ahora ya alcanzaba el medio metro en sólo diez minutos.

El señor Shoferman decidió darles muerte ya que no sabía cuanto más iban a crecer. Sacó el experimento de la cámara de aire y lo dejó sobre el mesón junto a la comida de los peces ya muertos. El científico sacó el experimento para probarlo y observarlo con una pulga de su querido perro Oliver; el resultado con la pulga no dio efecto así es que decidió continuar sus experimentos al día siguiente. La pócima del experimento quedó toda la noche en el mesón junto a la comida de los peces, y ya que con todo lo que había pasado ese día estaba agotado y olvidó guardarlo. Mientras el señor Shoferman descansaba en su casa, en el laboratorio un ratoncillo www.revistasapo.com

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La noche era larga, el señor Shoferman dormía en su casa y por ende no se percató de lo que estaba pasando en el laboratorio de la universidad, ya habían pasado dos horas, el ratón ya no era un tierno ratoncito de laboratorio, ya que su enormidad se semejaba a la de un perro gran danés, su comportamiento era salvaje, destruyó todo lo que había en el laboratorio, a la vez que crecía se volvía más peligroso. La enorme criatura ya tenía un rostro infernal y enormes dientes y colmillos, ya hasta había cambiado de color. El ratón escapó quebrando el enorme ventanal, los guardias de la universidad pensaron que estaban robando, y al investigar se encontraron con la enorme criatura, inmediatamente dieron cuenta a la policía. El ratón empezó a matar personas para alimentarse, éste sólo les comía la cabeza,

más bien dicho, el cerebro. Mató treinta y dos personas en sólo una hora, todo esto era un caos, el animal seguía creciendo y matando gente, toda la ciudad estaba aterrada, nadie sabía nada del animal mutante a excepción del científico Shoferman. Todos los diarios del país informaron lo que estaba sucediendo en su mayoría explicaban que venía de otro planeta ya que esa misma noche aparecieron objetos voladores no identificados en los cielos de la ciudad. El animal ya estaba del porte de un caballo y era muy rápido e inteligente ya que se alimentaba de cerebros humanos. En los titulares se leía “ Monstruosa rata mató a sesenta y ocho personas en sólo un minuto“. En el casino de juegos de la ciudad comió doscientos treinta cerebros, los militares andaban detrás del espécimen para darle muerte.

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El señor Shoferman escribió una carta a los científicos del país informándoles de su macabro descubrimiento. Este sabía que ya no podía vivir más ya que todo esto era por culpa suya, sacó las llaves de la camioneta y se marchó con su perro con rumbo al acantilado de Rua-perino, a unos cuantos kilómetros fuera de la ciudad, al llegar al acantilado tomó a su perro en brazos y se lanzó al vacío. La carta llegó a los científicos del país a los dos días. El ratón mató a millones de personas en sólo una semana, los militares no podían encontrarlo. El ratón apareció en la base militar atraído por su olfato, se había escondido en el bosque comiendo los cerebros de los animales, la base quedaba cerca del bosque. La rata tenía una piel muy dura ya que se alimentaba muy bien y ésta no permitía que

las balas de los militares la atravesaran. Los científicos querían a la rata viva o muerta, así para estudiarla, la rata se durmió debido al efecto producido por las bombas de gas lanzadas por los militares contra la rata, aprovechando esto le aplicaron un veneno que le causó la muerte en sólo minutos. Los titulares decían ahora, “ No más muertos “ y la gente, ya más tranquila, comenzó a salir de sus casas sin temor. El animal mató a trece millones cuatrocientos veinticinco mil seiscientas treinta y una personas sólo para alimentarse, en tan sólo siete días. Esta tragedia fue conocida en todo el planeta por sus crueles dimensiones causadas por un simple ratoncillo de laboratorio. Por: Mads

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MAÑANA DE OTOÑO De a poco se fue acostumbrando a su soledad. Esa fiel compañera que la vio crecer en la casa de sus padres, acompañada de dos hermanos más. Si bien tenía amiguitos con quien jugar, disfrutaba sus ratos de soledad en su dormitorio, imaginando mundos lejanos, creando personajes imaginarios, volando lejos con su mente. Ese estado solo se rompía cuando le llamaban a la

Así pasaron los días de su vida, leyendo, viajando, escuchando música, estudiando y conociendo nuevas personas que se volvían seres especiales para ella, pero seguía en su estado de soledad, por más que compartía con gente y seguía su andar. Cada vez que viajaba en bus o metro, observaba a la gente, leía lo que llamaba su atención en ese momento o simplemente contemplaba en

mesa a almorzar o cenar. Así fue creciendo, soledad el paisaje de la ciudad. siendo admirada por sus compañeros de colegio, como una de las mejores de su curso, compartiendo con amigos y amigas en el preuniversitario y luego en la U. Pero había algo que siempre la acompañó, pese al contacto social y lo sociable que aparentaba ser: su soledad. Ese estado tan familiar y tan cercano a cada ser humano, pero que no todos comprenden ni disfrutan. Si bien seguía amando esos estados de calma y soledad en su espacio íntimo, pronto se fue dando cuenta que sus amigos se casaban y tenían hijos, lo mismo que sus hermanos que se casaban, tenían hijos y separaban y ella, resultaba ser una observadora de todas esas relaciones hechas y rotas, y así seguía su vida, mirando pasar las relaciones humanas que resultaban inquebrantables a ratos, y en otros no tanto…

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Alguna vez amó con intensidad, pero también se sintió sola, porque él no alcanzaba a llegar a su mundo imaginado/rio. Ni la gata que llegó a su vida cubría ese espacio vacío que solo se llenaba con el estado de soledad que siempre la acompañaba. La gata solo servía como cable a tierra, como reflejo de un estado de debilidad que había que cuidar y proteger, algo que ella, desde la partida de su padre, siempre añoró y solo lograba cuidando a ese indefenso animal. La vida siguió su curso, pasaron los días, los meses; los años. Muchas estaciones pasaron, disfrutando de la calidez del sol en verano, la brisa fresca de la primavera, de la lluvia que todo lo inundaba en invierno y, una mañana

de otoño, disfrutando del sol que bañaba el parque, se sentó en una banca de la plaza a contemplar la vida y la gente que pasaba por su lado. En eso estaba cuando le vio aparecer, se miraron y se sonrieron, él se sentó a su lado y le tomó la mano. Ella le sonrió con un brillo especial en sus ojos, sintió cómo se energizaba al sentir esa mano junto a la suya y esa mañana de otoño, a sus setenta años, comprendió que su gran amiga de años se alejaba y que ya nunca más estaría sola… Por: MariCris Borroye P.

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UN DÍA DE MI VIDA Mientras la Sra. Sofía abría las cortinas, la cabra chica me tiraba los bigotes y me zamarreaba sobre el colchón. Me levanté y salí rápidamente; me encontré con Miguel, el colorín, al que todo el vecindario lo encontraba tierno. Estuvimos conversando largo rato hasta que llegó la hora en que mis tripas comenzaron a crujir. Oh es hora de almorzar le dije al colorín. Me dirigí a la casa como de costumbre, el almuerzo ya estaba listo y apestaba, esa gente no compraba otra cosa, todos los malditos días lo mismo, y la leche, como si no supiera que me daban los restos de la cabra chica, yo no podía hacer nada, ellos me mantenían; comí rápido y me fui a vagar. Fui al centro comercial donde vi mucha gente, y mi vista se perdía en la multitud, arranqué de ahí, tras haber sido visto por un policía, la verdad es que me tienen prohibida la entrada a ese lugar. Salí y me dirigí hacia la plaza, donde quería

tomar un poco de agua en los bebederos, pero no alcancé a hacerlo; debido a que un gran Bóxer se dirigía a mí; mi adrenalina subía; yo desesperado arranqué innatamente; se me erizaron todos los pelos del cuerpo; era un miedo que le tenía a los perros que no podía soportar. Corría cada vez más rápido y cada vez más fuerte, hasta que el perro dejó de perseguirme, mi corazón latía como nunca; esperé tranquilizarme y partí a mi casa. Cuando llegué (a la casa), estaba agotado y me acosté en el sillón, hasta que llegó nuevamente a fastidiar, “niñita mal criada”, era cariñosa pero yo no era ningún juguete, para que me estuviese zamarreando todo el rato. Poco a poco la cabra chica fue cayendo en el sueño, la Sra. Sofía salió a trabajar, y su esposo solo se veía aquí en las noches, la casa era cuidada por la “nana” y yo, aunque no era muy fuerte que digamos. www.revistasapo.com 12


Tal vez fue el aburrimiento que me hizo salir al patio a tomar un poco de aire fresco, ya que en la casa, la “nana” fumaba casi todo el día mientras sus patrones no estaban; a mí me apestaba el olor a cigarrillos; salir fue un alivio; Había un sol radiante, escuché la musiquita del programa favorito de la nana, el del canal 32, eso me anunciaba que tenía que subir al techo de la casa; en solo tres brincos ya estaban arriba, mientras esperaba que la mina de la casa del lado se apareciera; tomaba

llevaba apenas unos meses en esta casa; conversábamos de lo mejor hasta que llegó el imbécil del negro; este lo único que hacía era buscar pelea, y por mala suerte también le gustaba a la rubia de los ojitos azules, debido a esto empezó la pelea, me arañó toda la cara, mis orejas sangraban, yo era mucho más débil y Miguel no fue capaz de defenderme; el negro era el jefe de la pandilla, el que se metía con él moría. Ya solo veía por un solo ojo, yo sangraba entero; arranqué y llegué a mi casa,

sol en las tejas de la casa. La hora llegó, yo veía a través de la ventana, que daba al baño, por suerte nunca cerraban las cortinas, ella era hermosa era rubia con ojos azulados, era perfecta, la vi por algunos minutos lavándose, creo que estaba enamorado, bajé del techo y fui a encontrarme con Miguel el colorín, él era uno de mis mejores amigos, bueno yo

la nana me pescó y me llevó al veterinario; la cabra chica lloraba y decía con voz angustiosa “que le pasó a mi gatito”, en realidad yo estaba mal, quería morir, pero el veterinario me salvó la vida, me pusieron calmantes, y una anestesia, en donde despertaría esperando un nuevo día de gato, un día de mi vida. Por: Mads.

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Dedicado a toda la gente que no sabe leer y no podrá disfrutar de este libro.

–Cuac –hizo el perro. –¿Hizo cuac, como un pato? –preguntó Hernán, muy sorprendido. –Así es, eso es lo que escuché –dijo Patricio. –Cuac, cuac –hizo el perro de nuevo. Luego se acercó donde Patricio y siguió haciendo cuac. Al día siguiente, el perrito se arrancó. Saltó la ventana y salió corriendo. Los niños empezaron a buscarlo por todos lados. Ya iba a empezar a oscurecer.

Al día siguiente siguieron la búsqueda. Llegaron al parque, ahí estaba el perrito, jugando con los patos. –Cuac cuac –hacía el perrito. –Cuac cuac –contestaban los patos. Los niños decidieron llevar al perrito al EL PERRITO QUE HACÍA CUAC CUAC veterinario, ya que había pasado la noche en Hernán y Patricio fueron a adoptar la calle. una mascota.. Cuando llegaron al refugio Cuando llegaron al doctor, el perro empezó a de mascotas, había un perrito, blanco con hacer cuac de nuevo. negro, que saltaba y saltaba. –Niños, tengo que contarles algo. Este perro Mientras más se acercaban, más saltaba y es patosexual. Le gustan los patos en vez de ladraba el perrito. Era el candidato ideal. los perros –dijo seriamente el veterinario. Ambos hermanos lo adoptaron y se lo Los niños se miraban sorprendidos. llevaron para la casa, sin el permiso de sus Para su suerte, yo soy cirujano plástico, así papás. que voy a ponerle un pico de pato para que Una vez en la casa, el perrito solo jugaba con pueda encontrar pareja y ser feliz, y lo haré Patricio. Hernán estaba muy celoso. gratis, porque yo también soy patosexual – Hernán intentaba llevarse al perrito pero se les explicó el veterinario. escapaba y volvía donde Patricio. El resto del Y el perrito se quedó con el veterinario, tiempo estaba encerrado en el clóset, para formaron una familia y fueron felices para que los papás no lo encontraran. Un día, el siempre. perro hizo un ruido distinto, que nadie podía Por: Carlos Otondo. www.revistasapo.com 14 creer.


BARCELONA BARRIO GÓTICO

EL INFRAMUNDO Luego de la última guerra mundial pocos seres humanos sobrevivieron, los que quedan, viven ocultos entre los edificios que alguna vez fueron íconos de evolución. Desde las pequeñas calles, se asoman seres que viven en comunidades ocupas; algunos aún creen que Napoleón existe, otros prefieren caminar mirando el piso. Calles con un profundo hedor a desechos, viejos alcantarillados, antiguos restaurantes, hogar de las ratas que felices hacen de éste, un mundo cada vez más suyo. Por: Salomón.

ESPAÑA

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MARTES Apenas podía conducir un auto, pero supo intensificar voluntad; si no acudía al supermercado nadie lo haría por él. Cuando estuvo allí se acercó al estacionamiento para discapacitados pero notó que lo bloqueaba un cono naranja. Tomó una muleta con ambas manos, abrió la puerta del coche y logró ponerse en pie. Cogió el cono, lo movió, dio un paso en falso y resbaló. Pudo levantarse luego gracias a su capó verdusco. Caminó ahora agotado. Palpó la felpa del asiento, se dejó caer dentro del vehículo y estuvo a salvo por fin. Cuando logró estacionarse detuvo el motor al tiempo que un guardia golpeaba su vidrio: -¿Acaso vai a ser mamá, hueón? Ya, saca el auto. Fue entonces cuando sintió que su garganta se oprimía.

Por: Ricardo Elias. Santiago de Chile. www.revistasapo.com 16


EL VALOR DE SECTORIZAR El Lonko dispuso parada, era muy tarde y el cansancio los sumía en un ahogo catártico. Designó un enorme sector como baño público, que no tardaron todos en usar e identificarlo plenamente para jamás acercársele por equivocación. Las futuras generaciones hicieron lo mismo: defecaban y tomaban distancia de lo que suponían un sucio criadero de coliformes fecales. Vinieron tiempos españoles. El toqui amigo les indicó y los ejércitos a caballo fueron al baño. Actualmente ya no es posible tener acceso, menos mal, porque las calles están delimitadas y en el lugar hoy se alza el palacio de gobierno. Por: Ricardo Elias. Santiago de Chile.

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AYUDANDO A UN DESCONOCIDO

María trabajaba en una florería seguido acudiendo, pero hace unos meses

cerca de la costa; por las tardes, salía para acomodar los arreglos que los clientes desordenaban. Cada día, más o menos a la misma hora, veía pasar a un anciano frente a la tienda. El hombre, de unos noventa años de edad, postura encorvada y anteojos gruesos; siempre se detenía frente a las escaleras que se levantaban junto a la florería, las observaba con atención y bajaba la cabeza con tristeza, luego seguía su camino. La muchacha le veía alejarse a paso lento, ayudado por un bastón de madera. Le había preguntado a su jefe hacia dónde conducían esas escaleras y él le había dicho que hacia el mirador de la ciudad. Una tarde, María se decidió a saludar a aquel anciano. Se acercó algo tímida y le preguntó por qué siempre se detenía allí y miraba con tanta tristeza los eternos peldaños. El anciano le observó un momento y le explicó que antes de que su esposa muriera ellos visitaban cada tarde aquel mirador para ver el atardecer, luego de su muerte el había www.revistasapo.com

había tenido un accidente y ya no tenía las fuerzas para subir esos peldaños. Entonces, ella se ofreció a ayudarle. Le extendió la mano con una sonrisa y, con paciencia y esfuerzo, le ayudó a subir peldaño a peldaño. Para el atardecer, ambos estaban acomodados en una banca del mirador. El gigante rojo se ocultaba lentamente en el horizonte, las nubes se vestían de fuego y el cielo se teñía para dar, lentamente, paso a la noche. El anciano se puso de pie y avanzó hasta la baranda, se volteó y observó a la muchacha frente a él; le dijo que allí había conocido a su esposa, en esa misma banca le había pedido matrimonio, en ese mismo mirador se había enterado de que sería padre y allí mismo, donde él estaba, había llorado la pérdida de la mujer de su vida. Le miró con ternura, el viento se llevó algunas de sus lágrimas, y le dio las gracias. Por Susana Beltrán M. Santiago de Chile.

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8:48 SPEED Paro la micro… uf esta caña me está matando, maldito vodka… me subo y encuentro un asiento vacío, al lado de, por supuesto una gorda, me siento empujándola para dejarle claro que es “UN” asiento por persona… Dan la luz verde, la micro parte rauda aumentando su velocidad, excelente creo que lograré llegar a la hora a mi pega, la micro sigue subiendo la velocidad, pasando a todo lo que se le cruce por delante, la micro se mueve de un lado a otro, las ventanas tiritan inundado todo con su ruido, el chofer absolutamente poseído grita y hace ademanes a los otros conductores… Se pasa una roja… la micro en absoluto silencio, la señora de adelante toma su crucifijo y reza, la gorda me clava las uñas de su regordeta mano en mi blanca

y huesuda pierna, la miro, me mira, sus ojos café a punto de explotar en lágrimas, me dan ganas de abrazarla, me contengo…tomo valor y me levanto de mi asiento, para exigirle al chofer que baje la velocidad, aferrándome a los fierros de la micro logro llegar hasta el conductor, quien en ese momento frena la máquina, me mira, sonríe y abre la puerta delantera para que baje… Lo miro y con hilo de voz le digo gracias, me bajo, la micro parte a toda velocidad, la gorda me mira desde la ventana con cara de reproche y decepción… miro a mi alrededor… me baje 7 cuadras antes, no llegaré a la hora… pff, micro 1, yo cero. Por: Pato Saez. Santiago de Chile. www.revistasapo.com 19


BORRADA Se encuentra en tratamiento psiquiátrico hace ya más de dos años. La causa de su enfermedad principalmente es él. Él y lo que lo rodea, todo, incluso la cuidad en donde vive. Lleva todo este tiempo tomando pastillas para que logre olvidarlo (a él y lo que lo rodea, todo, incluso la cuidad en donde vive). Pasa sus días completamente dopada, tambaleándose de aquí para allá para conseguir alguna botella de cualquier trago fuerte para ayudar a las pastillas a acelerar el proceso de olvido. No come, no duerme. Sólo se desvive por olvidar, porque cree que así podrá aspirar a algo mejor, a pesar de que irónicamente olvidó todo lo que estaba fuera de su enfermedad. ...Olvidó todo lo que estaba fuera de su enfermedad, pero irremediablemente no lo borró a él, ni lo que lo rodea. Nada. Incluso ni la cuidad en donde vive.

Por: Nicole Castro. Santiago de Chile.

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COSTUMBRE Otra vez me quisieron asaltar. De nuevo en la calle, ante la mirada cómplice y muda de todos. Hoy, cuando iba por “Ale”, lo vi, y desde que cruzamos miradas, lo supe. Traté de ignorarle; seguí haciendo las cuentas del mes en mi cabeza. Pero aceleró el paso hasta que lo tuve frente a mí. Sacó un revólver de su camisa y dijo: “Chava, dame tu cartera”. ¿Qué clase de ladrón le dice “chava” a su víctima? ¿Por qué quiere fraternizar conmigo si lo que desea es pasarme por encima? ¿Será que así se sentirá menos culpable y más hombre? “Chava”. ¡Ja! ¡Cuatro veces me lo han dicho este mes! (Estoy quedándome sin carteras). Me aparté. Me siguió. Puso el cañón de la pistola entre mis cejas. Le dije en voz alta y lenta, para que todos los observadores cobardes me escucharan: “¡No te doy ni mierda!”. Avancé hacia él, empujando el arma con la frente y le grité: culero de mierda, abusivo hijo de puta... Entonces, dudó,

escuché un clic, cerré los ojos, esperé lo peor… pero, al no haber ruido por parte del arma, echó a correr. Yo, sujetada a mi cartera, volví a gritarle, fuerte, con rabia, como si de todas formas me hubiera ultrajado: bacteria inmunda, que se limpien el culo con tu alma, pendejo, culero, culero... Comencé a seguirlo, ondeando la cartera como una boleadora, pero los tacones de ocho centímetros me recordaron que Alexa seguía esperándome, que ya iba tarde para pagar la luz, que si no tomaba el bus en ese instante, tendría que esperar una hora hasta que apareciera el siguiente… Otra vez mi asesino huyó. Otra vez grité que volviera, que no fuera tan cobarde, que me matara de una vez por todas… Una se acostumbra a no morirse en esta ciudad. Por: Martín Letona. El Salvador. amzn.to/1pwidBJ www.revistasapo.com 21


UN MOMENTO DE CALMA ANTES DEL CRIMEN Si supieran a lo que me dedico me tacharían de criminal y es verdad, lo soy, pero yo no lo veo de esa manera, lo veo como una forma de ayudar a las personas a liberarse del odio, por lo tanto yo me autodenomino el “doctor de la liberación”. Si bien me apasiona mi trabajo, ser un sicario no es siempre agradable. He tenido que presenciar muchas veces situaciones que nunca pensé, ni quise hacer, pero aun así no me arrepiento de nada. Todos los días o al menos tres veces a la semana después de salir de mi trabajo acostumbro a tomar una taza de café en una cafetería que se ubica a dos cuadras de mi

trabajo. Me agrada tanto ese lugar, allí me siento tranquilo. Hoy como cualquier día de la semana decidí pasar a tomar una taza de café y comencé a recordar aquella época cuando tenía 19 años y trabajaba para Don Carlos Azcárate. En ese momento ya llevaba 4 años sin saber novedades de mi familia. A los 15 años me había ido de mi casa aburrido de mi miserable y normal vida. En fin, una noche Don Carlos me llamó aproximadamente a las 22:45 pm, lo recuerdo perfectamente porque acontecimientos como esos nunca se olvidan. Yo atendí el teléfono. www.revistasapo.com 22


Me avisaba que tenía un trabajo para mí. Para poder realizar este trabajo debía viajar a un pueblo rural que se encontraba a dos horas de allí. Al llegar debía buscar, en las orillas de un lago, a un hombre llamado Amadeo Valdés, ya que él se encargaría de llevarme a mi destino. El día indicado me levanté a las 6:00 am. Tomé desayuno y partí hacia la carretera. Llegué aproximadamente a las 8:10 am a

residencia del lugar. Amadeo se marchó y yo seguí caminando hasta que al fin vi una casa enorme y muy antigua, como una especie de casona abandonada. Alrededor de la casa había muchos árboles que como una reja natural cubrían todo el rededor del patio.

un pueblo bastante pequeño, desolado y oscuro, además de ser un pueblo bastante rural, ya que los caminos eran de tierra y en todo el trayecto sólo vi a dos personas caminando por las calles. Al llegar al muelle me esperaba un hombre alto, bastante delgado, que llevaba un abrigo negro y largo hasta los tobillos, tenía el pelo negro y una piel muy pálida. Jamás en toda mi vida había visto una cara tan pálida como la de aquel hombre y al verlo supe que era él. Me vio, lo salude, pero él no me devolvió el saludo. Se subió a un bote y no habló en todo el camino hasta que llegamos a la orilla; nos bajamos, amarró el bote y caminamos por un muelle que nos llevaba a un camino más amplio y me dijo que yo debía seguir caminando por un sendero que seguía derecho, por lo menos unos 20 minutos, y que al final del trayecto me encontraría con una casa y de seguro no me perdería ya que esa era la única www.revistasapo.com 23


UN MOMENTO DE CALMA ANTES DEL CRIMEN Al llegar a la puerta toqué el timbre y nadie me abrió, así que se me ocurrió rodear la casa por detrás, para entrar por alguna puerta trasera, pero todo estaba con llave, así que se me ocurrió abrir una ventana que daba a la cocina y entré… no se veía a nadie allí, pero escaleras arriba, en el segundo piso, se oía el televisor prendido. Caminé sigilosamente sin hacer ningún ruido y entré en la primera habitación que encontré. Allí se encontraba un anciano. Me miro y se sentó en un sofá verde. Yo no supe qué hacer. No trataba de defenderse, ni de pedir ayuda. Pensé en dispararle, pero haría mucho ruido. Luego pensé en degollarlo, pero preferí evitar ese sangriento espectáculo, preferí algo más sencillo y limpio. Así que lo tomé de los cabellos y lo empujé hacia el baño, llené la bañera con agua. Él, mientras me esperaba sentado sobre el excusado, no hizo intento alguno por escapar. ¿Cómo percibiendo la muerte tan cerca no haces nada para evitarlo? No lo entiendo. Fueron largos minutos es que la tina terminó de llenarse. Estuve atento, no se escuchaba ningún otro ruido en la casa. En un movimiento brusco, tomé su cuerpo viejo y liviano y lo metí en la tina, de espaldas. Quise mirarle el rostro mientras se lo hundía. Él me lanzó una mirada perdida y triste, que me www.revistasapo.com

estremeció tanto, que me causó espanto. Me pregunto si no tendría al menos una razón para luchar. Para mí parecía fácil. El más fácil de mis trabajos. Pero eso de no tratar defenderse… esa nulidad, su mirada… nunca en todos los años que llevo trabajando me había pasado algo tan espantoso. Tuve hasta la tentación de dejarlo escapar, pero si hacia eso Don Carlos me asesinaría a mí y a mi familia. Así que simplemente metí su cabeza a la bañera hasta ahogarlo.

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UN MOMENTO DE CALMA ANTES DEL CRIMEN Me quedé alrededor de una hora sentado en el sofá verde. Nadie llegó a la casa. Luego salí rumbo a la orilla del lago, donde me esperaba Amadeo. Nos embarcamos al instante. Mientras navegábamos, intenté relajarme y olvidarme de lo ocurrido, pero no lo lograba. Amadeo me miraba con cara de extrañeza, como si algo supiera, pero aún así nunca habló, ni preguntó nada. Llegué a mi casa donde traté de dormir, pero me fue imposible. Durante dos meses, cada vez que cerraba mis ojos antes de dormir, veía la cara

de ese anciano deprimido y arruinado. Meses después me enteré de que aquel anciano era el padre biológico de Don Carlos. Entonces comprendí la razón por la cual prefirió no encargarse personalmente de ese trabajo.

Por Danixa Villegas. Puerto Aysén, Chile.

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EL CAPITÁN MELQUIADES Hace tiempo el barco de Melquiades había sufrido un ataque con sus hombres a bordo, pocos saben del ¿Por qué?, ni un tripulante del navío se atrevió a preguntarle, hasta que una noche, el mismísimo capitán dijo a sus hombres unas palabras en forma de desaliento: ¡Compañeros, lo que sufrimos no fue solo para quitarnos el tesoro que hemos desenterrado de la tierra encantada, fue algo más!, todos con una gran expresión de asombro empezaron a cuchichear entre ellos acerca de que algo mas se refería , el capitán acomodándose de la inmensa barba que poseía mencionó: ¡Es una guerra por amor!

Me he enamorado y no solamente de las olas o de las gaviotas que pasan por nuestro barco todos los días, ni del viento resonando en mi cara por las mañanas, esto va mas allá de todo eso, además soy joven es normal que lo sienta. Todos no sabían qué hacer en ese momento unos se pusieron a trapear, otros a barrer y uno que otro listo fue hasta lo alto de el asta a reacomodar una cuerda. El capitán Melquiades de apenas 33 años y pico, desde el segundo día del ataque se encargó de escribir mensajes en botellas de vidrio vacías y arrojarlas al mar.

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Por Dios este no es capitán como el que conocemos, no cabe duda que cuando el amor atraviesa las barreras del interior, no hay quien se resista, rompe las delgadas líneas del tiempo y la felicidad, encierra la sonrisa y la tiene presa en los pensamientos de quien la extraña. Es gracioso pensar que las botellas que tenían los mensajes, fueron interceptadas por calamares, tiburones, medusas y uno que otro pescadito, pero no crean que se los tragaron, al barco de Melquiades le tenían un gran respeto y eso era porque él no se dedicaba a la pesca sino a los tesoros y rutas misteriosas o perdidas y en cambio el buque que lo atacó despiadadamente pescaba día tras días y solo por diversión, las criaturas marinas se encargaron que los versos llegaran a manos de la dama en cuestión. Melquiades tuvo

una misión de descifrar rutas que lo guiarían hasta el botín del pirata Octavio, pero como no se sabía con exactitud hacia donde se dirigía terminó perdiéndose en una tormenta tremenda, ya no hubo vuelta atrás. El último verso que le escribió a su enamorada fue: “Ni tan lejos, ni tan cerca me encuentro, busca entre tus silencios que ahí estará tu respuesta”, no cabe duda que cuando uno se enamora tanto sin estar siempre con ese ser amado, cada ocasión será perfecta para que estén presentes en los pensamientos, activos en el alma y amorosos con el corazón.

Por: Marcos Cardona, México.

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LUGARES COMUNES Rondando por la ciudad, me he varado. El sitio, podría asemejarse al mismo de hace cuatro años, pero la maleza se ha tragado todo, incluyendo la estatua de mármol que había en la fuente. Lo único rescatable, es una banca, bueno, la misma banca en la que pasaba horas y horas sentado esperando a que el amanecer me sorprendiera. Me senté para observar, también para descansar, caminar por la calle empinada hasta ahí, me había sofocado. Creo que seria bueno dejar de fumar, o al menos intentarlo.
Miro el reloj, son las seis de la tarde, y no tengo intenciones de caminar o de moverme de aquí.
- Cuatro años, y sigues usando la misma colonia y el pelo sin arreglar y como siempre, fumando un cigarrillo tras otro.- dijo una voz ronca y con tos de fumador rehabilitado.
Di la vuelta, y me di cuenta de que era el mismo viejo que años atrás, nos observaba a mi y a ella, en la misma

banca, besándonos, hablando y riendo.
 ¡Pavel!, es un gusto volver a verlo- exclamé yo, - Venga, siéntese a mi lado.-
Aquel hombre alto, de una edad no mayor ni menor a los 65 años dio unos pasos alargados, se mostró frente a mi sonriendo y se sentó.

- ¿Gusta un cigarrillo?- le pregunté, al mismo tiempo que extendía la mano con la cajetilla roja repleta de cigarrillos , suculentos cigarrillos. Cogió uno y sacó de la bolsa interior de su abrigo un encendedor de plata, finamente tallado y que tenía una rara inscripción en uno de sus lados. Encendió el cigarro, y exhaló el humo por la nariz al mismo tiempo que me preguntaba.
¿Por qué has venido muchacho?-
 - Es complicado Pavel, hace años que venía aquí con ella, a veces recordar ciertas cosas de mi pasado con ella, me hacen sentir vivo de nuevo. www.revistasapo.com 28


Me sorprende ver este lugar tan descuidado, ¿Que pasó?-
El viejo Pavel sonrió.
- Todo tiene un final muchacho, no hay quien cuide este lugar, los vecinos han decidido dejarlo así, es triste, era un bonito lugar, aquí tengo muchos recuerdos, y muchas personas mas también, yo, ya no puedo, la artritis me esta matando, y me han diagnosticado cáncer, así que no puedo más, según los doctores. ¡Vaya patrañas!, si supieran que me siento más vivo que nunca.-
- ¡Cáncer!, Pavel ¿Ya te has atendido?, y yo ofreciéndote cigarrillos.-
- Olvida eso muchacho, la vida es así. Deberías atenderte a tí mismo, no debiste venir., los lugares del pasado y sus fantasmas, no tienen nada nuevo que contarte. Parece que va a llover, será mejor que te vayas muchacho, y no regreses. Estos lugares son como navajas, filosas navajas, y entre más los frecuentes, más te lastimarás.-
- Pavel, ¿Quiere usted decirme entonces por qué ha venido también? Mi vida está casi a punto de terminar, a diferencia tuya, yo soy un viejo con cáncer, y para joderla más, con artritis, y que irónicamente sigue fumando a pesar de las indicaciones médicas.

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Digamos que sólo para asimilar que algún día, no muy lejano, moriré, y todo esto que está aquí, y los recuerdos, serán sólo eso, Recuerdos y nada más, así que anda y márchate de aquí.-
- Supongo que así será, no pienso volver más.-
- Así está mejor muchacho, bueno,- dijo mientras veía su reloj- creo que ya es hora de marcharme. Comienza a hacer frío, y la lluvia no tarda, chau muchacho, gracias por el cigarrillo, tenia veinte años que no probaba uno de esos rojos que te gustan tanto. En fin.-
Pavel se levantó al mismo tiempo que yo, me observó de manera nostálgica, y sonrió.
- Te extrañaré cuando me vaya de este mundo, eres un buen chico, pero deja de fumar, y sobre todo, haz caso a lo que

te dije hace un rato.- dijo mientras me daba una ligera palmada en el hombro. - Tengo algo para tí- y sacó de su bolsillo su encendedor, - Tómalo, y no te acuerdes de mí hasta que por fin hayas logrado deshacerte de todo eso que traes en la espalda, y en la cabeza. Chau.-
El viejo Pavel sonrió, se dio la vuelta y se marchó.
Observé el encendedor que me había dado, la inscripción que estaba grabada en uno de sus lados, decía lo siguiente:
“Nada es para siempre”. Por: Oswaldo Ramírez, México.

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EL ESPECTRO DE LOS SUEÑOS Ya, me ha pasado varias veces, pero nunca dije nada, siempre estaba ahí, señalándome, viéndome cada noche sin parar, sin nadie que me ayudara, solo lo podía ver como él me veía, me sentía impotente hasta el día que tuve valor y pude levantar mi mano, en ese momento ese ser se enfureció, pero mi silencio había acabado y lo que pasara lo llevaría hasta el final, me quiso matar pero pude resistir hasta el punto de acabarnos, pude ver como él reía al verme sangrando, pero yo era más masoquista y me carcajeaba, en ese momento se hizo más grande, pero mi corazón me decía que no me asustara que era sólo sombra, me atacó y lo esquivé y con un pedazo de vidrio de mi lámpara rota, le corté el brazo, si lo hubieran visto, explotó entero, su cara quedó tirada en el suelo llena de sangre y yo al asomarme me sonrió y me dijo “esta vez ganaste pero vendré de nuevo, sigue soñando” y salió huyendo por la ventana dejando una estela de sangre, que al parecer sólo yo podía ver, al mostrarme a la ventana

pude ver como miles y miles de almas me aplaudían, felices de haber destruido el espectro de los sueños, ahora todos dormirían sin verlo todas las noches allí, señalándolos y riéndose de ellos por ser como son, cuando vuelva acá estaremos todos que somos diferentes pero hermanos y lo venceremos de la misma forma como te vencí esta noche, así ni tú ni nadie nos podrá cambiar jamás, somos así y así nos quedaremos, somos una hermandad todos unidos seremos fuertes, y destrozaremos a todo el que nos quiera hacer daño, desde esa noche todos los que estaban siendo oprimidos por ese espectro todas las noches justo antes de hacerse las doce salen a su ventana y miran el cielo convirtiéndose en una hermandad. Los Iscariote. Por: José Andrés Rivas, Venezuela.

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DEJA VU DEJA VU- ACTO I Abro los ojos y me encuentro rodeado por gente que apresura el paso y levanta atropelladamente la cabeza, como garzas migrando a su destino. Parias que intentan alejarse o acercarse, viajando como sardinas enlatadas con miles de esperanzas y frustraciones a bordo. Tengo la sensación de que este cuadro lo he vivido una y otra vez. La turba frenética, los zumbidos de la gente, el aire turbio de una ciudad que se asfixia en su propia miseria. El cielo se rompe sorprendiendo a todos con un torrencial aguacero y recuerdo el aforismo popular que dice que el clima de esta ciudad se parece al carácter de las mujeres. La lluvia cae intempestivamente,

sin darnos tiempo a reaccionar; no son gotas, sino baldes con agua los que se desprenden del cielo. La gente corre desesperada, yo camino lentamente disfrutando cómo la lluvia me purifica y en cada gota se siente un beso tuyo. No hay mayor placer que saltar bajo la lluvia y sentir cómo me acaricia el rostro. Por el pasillo se dibujan dos ciegos ayudándose a caminar, para ellos parece estar más claro el horizonte que para mí. Más allá miro algo que me da esperanza: un padre sentado sobre el piso gélido, sosteniendo a su hijo sobre las rodillas mientras acerca una cuchara con cereal a la boca del crío. www.revistasapo.com 32


DEJA VU- ACTO II Me ubico en el umbral, junto a otro grupo de gente con caras lánguidas que espera que la lluvia amaine. Vuelvo la mirada a mi izquierda y aparece un payaso triste que me recuerda al Desfile de payasos apocalípticos de Georges Rouault. (La risa hecha pena, tan patético como tratar de leer un libro desde una estantería, como una vieja balada en inglés que solo hace más inolvidable tu ausencia o como hacerle el amor a tu retrato, ese que alguna vez te dije que lo había colgado para tapar una mancha en la pared). El payaso me mira con cara de funeral y yo suelto una carcajada inconsciente, le apunto con un dedo al rostro mientras me alejo de ese absurdo cuadro que algún pintor expresionista parece haberle dado vida.

Una madre lleva de la mano a una criatura de tres años, lo carga en brazos, le da su paraguas, y el niño lo levanta para luego perderse entre las gotas tupidas de lluvia que no dan tregua. Sacudo el cuerpo y me lanzo al diluvio, de pronto una pareja pasa cerca, la chica corre y alguien la persigue, por un instante pienso que intenta asaltarla, pero él la rodea con los brazos y aunque ella forcejea, finalmente, afloja el cuerpo en señal de rendición y se pierden en un beso apasionado. La lluvia también sana las heridas del amor. Miro la hora, cuarto para las nueve, quiero darte una sorpresa esperando fuera del ascensor, mirarte sonreír para redimirme con el cielo de tus ojos y luego perderme en el abismo de tus labios de manantial.

DEJA VU

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DEJA VU- ACTO III

DEJA VU

Camino por un callejón donde un gato se atraviesa, parece ser el mismo que he visto ya otras veces, le brillan los ojos como si quisiera decirme algo, maúlla desgarradoramente y se pierde por la pared. Cerca del basurero, un borracho ronca ovillándose entre costales y cartones que lo protegen del frío, al tiempo que unos perros raquíticos husmean desperdicios esparcidos por el suelo. La lluvia agónica levanta vapores que parecen contagiar a las personas con nostalgias y desencuentros. Junto al jardín del andén, una mujer llora desconsolada contemplando la niebla fugaz que se eleva. Como si con sus lágrimas quisiera avivar nuevamente el temporal. ¿Quién soy yo para juzgarla? Tal vez todos necesitamos mojar no solo el cuerpo, sino el alma, para sentirnos vivos. Estoy acercándome, los semáforos, los acróbatas del aire, los traga fuegos, los malabaristas de sueños, los vendedores de fruslerías… aparecen sobre el asfalto monótono, como los escarabajos sobre el pasto recién llovido.

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DEJA VU- ACTO IV Al llegar al edificio donde trabajas nadie me pide identificación, he venido tantas veces que me confunden con un empleado más. Son las nueve, sé que vendrás, lo presiento como a la gente, como al gato, como a este ascensor donde te robé el primer beso y donde el tiempo congeló el mundo para que nosotros creáramos un paraíso por encima de este infierno urbano. Te espero en el séptimo piso, cuento los segundos que faltan para verte, hasta que de pronto apareces. Mi sonrisa te busca, pero tu mirada me atraviesa con frialdad como si yo fuera simplemente una sombra. Ingresas a la oficina, pero al intentar asir tu mano, mi cuerpo es como aire pretendiendo retenerte. Naufrago en el eco de tus pasos lejanos, mientras por mi mejilla una lágrima involuntaria resbala. Aunque podrían ser rezagos de la lluvia, pues jamás te demostraría ese signo de debilidad. Miro el pasillo limpio, mi ropa luce impecablemente seca, abro el ascensor y no hallo mi reflejo. Si antes me reí del payaso de la estación, ahora mi mente pintaba en el espejo un rostro angustiado como El grito de Edvard Munch. Llegan como destellos los últimos recuerdos de algo borroso que sucedió: me miro saliendo en el auto a toda prisa en medio de un torrencial aguacero para pedirte que seas mi compañera eterna, un semáforo en rojo, un choque, un fulgor que enceguece…

Salgo del ascensor y camino sin rumbo por la ciudad, perdido entre recuerdos brumosos y esquinas con rascacielos, mientras mi sombra se difumina como la lluvia con el zenit. Mañana, la tormenta caerá sobre la ciudad y vagaré por estas mismas calles frías buscándote. En el camino, mientras llueve torrencialmente, aparecerá el payaso, el padre, el hijo, los ciegos, la madre, su niño… el gato; entraré al edificio y te veré salir del ascensor. Y, entonces, intentaré ser más que una sombra en tu memoria; tomaré tu mano y te narraré esta incomprensible historia que gira como un tiovivo eterno impelido por algún Dios travieso.

Por: Fausto Ramos, Ecuador.

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DETRÁS DE LOS BARROTES Mientras contemplo las grandes montañas desde mi ventana solo puedo preguntarme ¿que habrá más allá? Acaso esas montañas marcaran siempre el límite de mi mundo o será que hay algo más sé que hay un mundo, un mundo grande con lugares que el hombre ni siquiera puede imaginar pero mientras contemplo ese escenario desde los barrotes de mi celda imagino todo un mundo, llegue hasta aquí solamente por soñar, solamente por escapar de unas reglas absurdas de mi poblado en el que una persona va a prisión por robar fruta para alimentar a su familia mientras que unos oficiales déspotas pasean con toda libertad en las calles luego de aniquilar a un inocente niño a golpes, llegue aquí porque me rebele contra eso, llegue hasta aquí por tratar de defender a aquel niño, por hacer lo que las demás personas no se atreven a hacer por miedo a las consecuencias pero para mí

no existe una consecuencia más grave que dejar el mundo en manos de un gobierno autoritario que actúa sin consultar a nadie poniendo las reglas que se le antoja ese no es el mundo con el que soñé o más bien vi no lo sé mi cordura me ha jugado malas pasadas a lo largo de este tiempo pero sé lo que vi a un presidente arrodillado ante su pueblo pidiendo clemencia tal y como deberían ser las cosas y no un pueblo que muere en batallas pidiendo una botella de agua a un presidente, vi a un presidente que pedía al pueblo que lo dejara ir y no a un pueblo pidiendo a sus guardias que no lo lastime, luchare por ello porque sé que esto barrotes no me detendrán por mucho tiempo, acabare con el autoritarismo que domina a mi pueblo y luchare por su libertad solo unos cuantos días más me separan de ello. Por: Daniel Padrón, Ecuador www.revistasapo.com

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(EXTENSIÓN DE UNA NOTA BIOGRÁFICA) Digamos que José Antillanca nació en París. O, mejor, para ser exactos, en Saint Germain en Laye, que es la última estación de una de las catorce líneas del metro de la capital del mundo, según creen a pies juntillas todos y cada uno de los descendientes de los Parisii, y cuantos fueron llegando después. Nació, allí, de la unión de José Antillanca Palacios, y Clara Chabarriga Oyarzún (o Echabarriga, según el registro primero de su nacimiento, que después, quién sabe por qué, le dio por cambiar). Con el tiempo, su hijo José recuperaría el Echabarriga del que tan orgulloso estaba. Cuando aún apenas su edad rebasaba los límites de la cuna -que es emblema del municipio que le vio nacer, por ser cuna de reyes de Francia- siendo un ternísimo infante, decimos, vinieron sus padres al lluvioso Temuco, por razones, se entiende, de movilidad laboral (y con este insípido eufemismo nos ahorramos la necesidad de detallar toda una serie de escabrosos pormenores). El mínimo José no vio por la ventanilla de su avión aproximarse las tierras de sus antepasados, acaso alguna nube lejana, como todas aquellas del tiempo de la memoria de algodón, esa que llaman memoria implícita, que se graba en la piel pero no en la consciencia. La niñez de José fue temuquense.

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Creció en la calle Hochstetter, pero del otro lado de Pedro de Valdivia, lo que alguna vez generara algún tipo de malentendido en alguna conversación arribista, muchos años después. Porque claro, hay calles que, como José, nacen junto a un palacio real y desembocan en un canal, o en un arroyo. José pasó de la realeza a la realidad, de un plumazo. No serían pocas las veces que al niño Antillanca, más que hacerle burling, le dieron una paliza por andar cocodrileando en la pobla. De todos modos, no puede decirse que la niñez y adolescencia de José fueran un infierno: tuvo la suerte de educarse en el Liceo Gabriela Mistral de Temuco (después de pasar por varias escuelas y liceos encontró el que seguramente más le convenía), y allí, en los románticos galanteos de los pasillos conoció en carne propia las mieles y amarguras del amor. De resultas de sus escarceos pronto fue padre. Fueron ocho las señoritas que se encontraron en las lides más íntimas con quien pronto fue rebautizado como “tula bendita”, o simplemente “Tula”. A sus 21 años estaba en cuarto medio y era padre de 8 hijos, de siete madres distintas, sólo tres de ellas, todo hay que decirlo, compañeras de liceo. De entre todas ellas sólo Estefanía Baum, a quien conoció en primero E, le hacía pensar en asentarse; con ella tenía dos hijas, Bárbara Ena y Amalia Clara, y le obsesionaba la idea de que le diera un varón. A la postre, sería a ella a quien pidiera matrimonio, frente a la Catedral, con un ramo de rosas, un 12 de marzo del año 2008, a la edad de 23 años.

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Ella le dijo que no, que no quería casarse. Que ya vería. Quizá esa negativa provocó una reacción inesperada en José, que pretendía, acaso sin saberlo, con el vínculo del anillo, sujetar a su pareja: anularla. Puso más empeño que nunca en lo que quería, y desde aquel “no” fue, sin serlo, un marido perfecto. Nadie más cumplidor que José. Nunca un “no” fue tan fructífero, tan aleccionador. Estefanía vivía aún con sus padres en un barrio piola. También José, con el tiempo, acabó yéndose a vivir con ellos, primero en un departamento independiente en el patio –los padres de Estefanía eran ridículamente conservadores, y seguían soñando, por algún conducto ingenuo de su cerebro, que su hija se casara con un patrón de fundo- y finalmente la realidad se impuso (siempre lo hace), y durmieron ambos oficialmente en la misma pieza. José empezó a ganarse la vida con un pequeño taller de cletas, y quedaron atrás sus devaneos, hasta que, dos años después,

Luís Marín, novelista afincado en Temuco, le propuso pagarle con su novela Ciudad Sur la reparación de un fenomenal tortazo que no era fácil saber si había afectado más al ciclista o a la cicleta. Nunca hasta ese momento la ficción había afectado tanto la realidad de José como aquella vez, y no pocas veces ha venido a preguntarse si fue buena aquella concesión de dejarse pagar con un libro. Lo cierto es que aquellas páginas vinieron a prender una llama incógnita, un interruptor que había permanecido hasta entonces oculto, y que ya no podría apagar más. Y descubrir la literatura fue uno y lo mismo que descubrir a los escritores que pululan por las páginas de Marín, que estaba encantado con el entusiasmo sin límites de Antillanca, que pronto compartía cervezas en los bares con los protagonistas de los relatos, y aprendía a velocidad de vértigo todo lo que su atrofiada curiosidad había pasado por alto durante tantos años aciagos.

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En menos que canta un gallo, se convirtió en un cronista ineludible de cuantos eventos literarios llegaba a saber se desarrollaban en Temuco. No había homenaje, lectura, presentación, festival que el Tula se perdiera; y una vez más, todo lo fecundaba. Su desparpajo de antaño, que parecía opacado por la serenidad de la familia -el dulce silencioso pensamiento- dio paso a la algazara, y pronto empezaron a tomarse como proféticas las cervezas que parecía

con Marín, Claudio Maldonado, Christian Rodríguez Büchner, Cristian Cayupan, Juan Huenuán, Ramiro Villano y algún otro que entraba y salía, conoció al personaje que más le atraía de la novela de Marín: Dafne Liszt. Conocer a personajes novelescos era para Antillanca el súmmum de la experiencia literaria: y tal era su excitación que pareció perder el sentido que hasta tal punto parecía haber recobrado. Todas sus bicicletas se quedaron sin frenos. Dafne, según Ciudad

le habían dado nombre, tanto a él como a su incipiente guata. Y es que en más de una de sus juntas poético-festivas, Antillanca se tomaba con sus compadres unas estupendas cervezas artesanales de su mismo apellido, que vaciaban al por mayor, en una cabaña que ocupaba en la calle Lautaro Javier Aguirre -un empecinado sonetista español- hasta que un traspié le mantuvo al coño en el dique seco por una larga temporada. Fue allí donde,

Sur -que es indisimuladamente Temuco- era la poeta más talentosa retratada por Marín, y parecía, por cómo le dulcificaba su prosa, usualmente tan torturada, que tenía poderes mágicos. Y el bueno de José fue a enamorarse del reflejo de aquel sol. Así que Dafne, que se creía tan poca cosa, tenía todo un séquito de adoradores.

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Antillanca, como un Garcilaso, quemó etapas y pronto escribió sonetos mucho mejores que los de Aguirre, que tanto se jactaba de algunos; es probable que eligiera los catorce barrotes para desbancar precisamente a quien en aquel momento era pareja de la poeta. Lo que no sospechaba era que a ella los endecasílabos no le daban ni frío ni calor, a lo sumo lograban arrancarle una sonrisa y un “está bonito”, que en el fondo venía a querer decir, “ándate con la música a

botella de vino –terminadas las antillancas de envase plástico- saltó, y al aposentar su pie resbaló en el suelo húmedo, y se vino a romper la botella en su muñeca, surtiendo más sangre que el vino derramado (acaso la mayor tragedia), fue corriendo al hospital que estaba a dos cuadras y acabó volviendo a Galicia para operarse, y con la determinación de quedarse para siempre, atormentado por la señal que pensó una caída del caballo en el camino a Damasco. “Hay algunos que dan

otra parte” o como mucho “qué tierno que me escribas versitos”. Fue otro accidente -este de Aguirre, y sin bicicleta- el que determinó el destino de nuestro protagonista. Celebrando el cumpleaños de quien la Biblia de Antillanca definía como “mapuche sabio”, el anfitrión bajó apresuradamente las escaleras con una

asco”, esa fue la frase de Antillanca cuando Dafne Lizst contaba sus pesares en el “Che Carlitos”, bar universitario al que se aferraban algunos que ya peinaban canas.

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Cristian Cayupan rompió allí mismo su poema “los amantes del Che Carlitos”, que había dedicado a la pareja de la poeta y el sonetista. Y Antillanca, decidido a entrar de una vez por todas en la realidad, deslumbrado como estaba por los brillos de la ficción, besó a la Liszt bebiendo toda la música de su boca sedosa, adjetivo que según Cayupan era un derivado de “sed”. Lo que haya de suceder después sólo los protagonistas de esta historia lo sabrán. Es mucha la tinta que queda en el tintero, y en ella se agitan horribles calamares. No hay océano que contenga lo que nos queda por contar. El concurso de Collipulli tiene sus límites y no debemos excederlos. Sepan por las crónicas de Antillanca, por las novelas de Marín, por los poemas autobiográficos de Huenuán, por las ficciones de Maldonado o de Rodríguez, por los bestiarios de Dafne Liszt, qué ha sido de todos ellos. Acaso, entre líneas, adivinen algo. Acaso la tinta no consiga ahogarles. Baste decir -es cuanto sabemos- que ahora Antillanca escribe verso libre. Por: Abdón Corral. www.revistasapo.com 42


EL MONSTRUO DEL ROPERO Le costaba dormirse, según el padre era normal que eso le pase a su edad, que eran miedos infundados por leyendas urbanas, que a todos les pasa hasta que te hacés grande. A él no le importaban los demás, le importaba él. Se esforzaba para dormir sin importar si del miedo tuviese pesadillas, de la pesadilla te escapás despertando pero de la

Antes del último intento de mantener los ojos abiertos repasaba mentalmente si había cerrado todo, las ventanas por si entraba un asesino, las puertas por si el asesino tenía llave de la calle o entraba por la ventana de la cocina o la pieza de los padres, hasta la puerta del ropero era una amenaza. Pensaba que dentro del ropero había algo escondido y

realidad no hay salida. No sabía que era peor, si la imaginación de cosas extrañas en su cabeza o prender el velador y adivinar formas amenazantes en cada sombra. Un saco podía ser un hombre entero, una mochila en el piso un asesino acurrucado, una media tirada una víbora desplazándose hasta sus pies. Si prendía la luz venía el reto así que prefería pensar en cosas lindas para dormirse, pero era casi imposible.

todas las tardes revisaba entre la ropa antes del anochecer, sin la luz del día no se atrevía a hacerlo. Sabía que era una tontería, si no hay un asesino a la tarde seguramente a la noche tampoco, pero eso lo pensaba por las tardes, apenas empezaba a oscurecer la duda de que había algo entre la ropa se transformaba en certeza. Al caer el sol lo mandaban a bañarse y sabía que después vendría lo peor, comer y acostarse. www.revistasapo.com 43


Cómo si las amenazas se sirvieran de la noche para atacarte o que prefieran comerte después de la cena y la ducha para comerte bien lleno y sin tanta mugre encima. Lo mejor era poner una silla frente a la puerta del ropero. No impedía la entrada de monstruos pero al menos si intentaba salir del ropero se enteraría y podría correr hasta la habitación de los padres. Según le contó un amigo que era todo un estratega y había ideado un sistema muy bueno de detección, lo mejor era poner juguetes encima de la silla, muchos, así cuando caen hacen ruido, y tirar mucha ropa en el piso, lo mejor era poner camperas de las gordas, todas las zapatillas bien desparramadas para cubrir todo el rango de la pieza y algún que otro pantalón con las piernas abiertas para que cubra más, eso es bueno, así se le enreda en los pies y se cae para dar tiempo a huir. Los padres piensan que los chicos lo hacen porque son unos sucios, desordenados o simplemente vagos. Nunca van a saber que es parte de la supervivencia en la niñez y se empecinan en acomodar las zapatillas por par asomando las puntas apenas debajo de la cama y guardar la ropa en cada cajón, lo que hace que la noche siguiente el que tiene que tomarse el trabajo de desparramarlo es uno. Si no hacen eso los monstruos abren la puerta del ropero como si nada y te matan sin darte tiempo a decir ni mu. Él no sabía porque a alguien a punto de morir atravesado por una garra se le ocurriría decir mu en vez de auxilio, ayudenmé o simplemente pegar un grito. Tampoco quería averiguarlo.

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De repente vió que del ropero salía una luz y se escuchaban ruidos de pasos. Se acurrucó contra un rincón, el más alejado, mientras tanteaba en el piso para no caer enredado en sus propias trampas cuando el monstruo entre. De repente los pasos se hicieron cada vez más audibles y se detuvieron del otro lado, vió una sombra que aparecía por debajo y sintió que el picaporte del ropero se movía. Quedó acurrucado en la punta de su habitación tapándose la boca para no gritar, sentía que las manos no le alcanzaban para tapar ese alarido de terror que asomaba y tomó una media y la colocó en su boca. Un grito ahogado asomó entre ese amasijo de lana que tenía apretado entre los labios: “Mmu”. Se quedó palido y pensó, es el momento, voy a morir, al final era cierto y decías mu antes de que te maten. Estaba a punto de correr cuando escuchó una voz del

otro lado del ropero que decía. “Qué hacés levantado?” “Nada mamá, ya me acuesto”, respondío otra voz. La sombra se alejó del marco inferior de la puerta y los pasos se alejaron. Espero unos minutos y del otro lado se hizo silencio, se acercó lentamente esquivando sus propias trampas, miró por la cerradura del ropero y ahí estaba, los padres le decían que no existían, que era una leyenda urbana, que adentro del ropero no había nada, pero había y el lo vió. Era real, un chico de carne y hueso, con un pijama con colores estridentes y amenazadores, acurrucado en su cama y abrazando un oso, seguramente esperando el momento para atacarlo, mientras él dormía.

Por: Daniel Victor Luchina, Argentina.

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ELSA Elsa, me llamo Elsa, pero todos en el barrio me dicen la gorda fea. Mamá se llama Eva. Ella no quiso ponerme su nombre ya que hacerlo sería tanto como firmar un trabajo mal hecho. Mamá fue siempre muy perfeccionista. Siempre he sido gorda y fea. Cuando nací mi madre dijo al conocerme: ¡Dios mío, perdóname, no sé concebir hijos¡ Arrepentida por su error lloró toda la noche. Soy hija única. Laura dice que ser como yo es un delito contra el buen gusto porque todos deberíamos ser amables a los ojos de los demás. Tal vez Laura tenga razón; mamá la quiso siempre como la hija que nunca tuvo. Cuando cumplí mis primeros ocho años de odio corporal estudié danza, un poco para complacer a Laura – ándale, a ver si así te mejoras--, un mucho para creer en Dios. A mamá le encantó la idea. Esperaba que en el ejercicio perdiera volumen y me viera más

presentable. Siempre vivió la vergüenza de tener a una hija gorda y fea. Ella no lo sabía pero si acaso algo nos unía era la misma pena. Desde luego no hubo milagro, no perdí cintura ni fachada, mi ropero jamás conoció pantalones talla treinta. Mamá dejó de hablarme, pero yo volví a colgar los espejos en mi cuarto. Sin embargo, ser un héroe es tan simple como enfrentar la verdad. En la duela la encaré. El que sabe que no es su cuerpo está salvado. Me salvé. Ese fue el milagro. Celebré mi segundo nacimiento con flores y sin llantos, a los trece años de edad. Tuve suerte, muchos mueren sin haber nacido. Actualmente llevo una vida muy parecida a cualquiera: estudio, trabajo, amo y desamo a ratos, visito a mamá de vez en cuando. Si tengo un hijo con mi pareja actual, mamá tendrá seguramente un nieto muy feo. Por: Ea Pozoblock, México. www.revistasapo.com 46


TELEFUNKE - Nos sosteníamos el uno al otro como en un castillo de naipes; sabíamos perfectamente que si alguno de los dos fallaba en algún momento, todo habría terminado. “El hombre flaco tomó una hoja seca del suelo y la besó, luego se sentó en el banquillo mirando al sol. Su rostro sucio y la barba enmarañada eran lo primero que llamaba la atención de él; pero además, sus ropas viejas y las uñas largas no combinaban con los audífonos que llevaba puestos”. - ¿Te acuerdas? Apestábamos a orina y la gente nos miraba lelamente al pasar. La muchacha de rojo, ¿recuerdas? se sentó en el banco del frente y empezó a escribir. “Entonces el hombre miraba como miran los locos cuando saben que lo están: con esa mezcla de vergüenza y agresividad, con ese desencanto e impotencia de saber que algo no cuadra”. - ¡Cómo nos gustaba asustar a la gente!¿Viste que estaba bueno no bañarse?¿Viste que el trabajo de mendigo se nos da bien?¡Joder, la muchachita esa con su

esfero y la miradera! ¿Será que el tipo gana hoy lo necesario para un pan?- se preguntaba la joven, mientras escribía “…p a a n…” en la libreta. - ¡Ya te he dicho que no me gusta que empieces con “…p a a n…”! Caray, la loquera dijo que no existes… podría anularte en cualquier momento, así que estate callado… p a a n…p a a n… ¡shito! ¿Por qué usa esos audífonos el tipo?- se pregunta Dana- ¿Será que oye algo? ¿o no quiere oír esto de fuera?- insiste, mientras mira los audífonos del hombre, colocados en las orejas y conectados a ninguna parte, con el cable roto colgando de su cuello. - “… del cuello del tipo”. Oite Sofronisco: esta hembra se piensa que no oímos nada, ja; pero quédate quietito, calladito, así se oye mejor el chac chac de su pluma al escribir. “al escribir”, culminó la muchacha y vio de nuevo los audífonos del mendigo, conectados a ninguna parte. Por: Katerine Ortega,

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EL HOMBRE VAGABA, EN SILENCIO, CON LA MIRADA PERDIDA. El hombre vagaba, en silencio, con la mirada perdida. La gente de esas lejanas tierras lo reconocía, y lo miraban con desdén. Su historia era conocida por todas las personas del Reino, y de las Tierras de Afuera. Se le llamaba el Traidor. El siempre había estado junto a su viejo amigo Grael, hermano de la Reina. Siempre había estado ahí para él cuando lo necesitaba. No importaba que fuera, si tenía que defenderlo de mil maleantes o cruzar un rio infestados de peces asesinos, el lo haría por su, según palabras de él, hermano de otra madre. Y él pensó que el sentimiento era mutuo. Pero al parecer, estaba equivocado. Cuando se encontró a su esposa, la mujer que más amaba, besando a Grael, no sabía que decir. No había palabras para describir esos sentimientos que lo recorrían, pero las lágrimas que salían de sus ojos bastaban. Hubo un momento en que sus miradas se cruzaron. El Traidor se esperaba una mirada de angustia, de remordimiento, de pena. Grael ni se inmuto. Simplemente no le importaba. La cara de El Traidor merecía ser plasmada como un gesto de dolor, tristeza y decepción. Pero más aun, de odio. Una sed de justicia se podía notar en sus ojos. Quería venganza, quería quitarle algo que le doliera igual que a él. Y lo conseguiría. Claro que sí. www.revistasapo.com 48


La Reina había convocado una asamblea del pueblo, para notificar de los nuevos bajos impuestos y otros temas. Como no, El Traidor estaba entre los asistentes, y además era de los pocos que podían saludar de cerca a La Reina. Junto a la Reina estaba Grael, saludando con desdén a la plebe. Nunca le gusto la gente humilde. El Traidor se acerco a saludar a la Reina, como siempre hacia en estas ocasiones. Nadie había notado la daga que escondía entre sus ropas, y como la Guardia lo conocía, no necesitaron requisarlo. La desenvaino, y apunto al vientre de la Reina, gritando: ¡Te quitare a la mujer que quieres, como tú hiciste conmigo! El cuchillo entro y salió sin problemas. Ante los gritos de los asistentes, y mientras la Guardia tenía de rodillas al Traidor, Grael se acerco a el, y le susurro: Creo en

la vida después de la muerte, por lo cual te desterrare a las Tierras de Afuera, y decapitare a tu querida esposa. No podrás ni despedirte y no permitiré que se encuentren en el Más Allá, ya que mis hechiceros te darán un encantamiento que no te permitirá morir por tu propia mano, o por deseo propio. Vagaras eternamente hasta que algún ladrón o asesino te quite la vida sin tu permiso. ¡Esa será mi sentencia! Y henos aquí. El Traidor vaga por Las Tierras de Afuera, y Grael subió al trono. Se convirtió en un Rey despiadado con los pobres, injusto con todos y que solo se complace a él. Pero el plan del Traidor no ha terminado. Solo se ha prolongado un poco. El Rey morirá. El pueblo será salvado. El Traidor conseguirá su descanso. Por: Julio Cesar, Venezuela. www.revistasapo.com 49


ESCRITO Hoy, como siempre, dispersa en las neblinas que me dejo tu recuerdo, camino imaginando presentes inciertos, llenos de acciones perdidas en el mar de mi dolor, tu caminando hacia mí, con tu silueta tan definida, flotando al caminar, siguiéndome al avanzar, son fantasmas que ha dejado a su paso tu partida, acompañados de lastres amarrados a mi pecho que me impiden superar todo el dolor que me deja tu falsa presencia, aferrándome aún que sea a un pequeño indicio de un retorno que nunca sucederá. Brota en mi alma la esperanza creada por la necedad de mi ingenuo corazón, que supura miedo y se niega a aceptar la verdad, está realidad que carcome mi interior, hace que me sienta desgarrada, no me permite avanzar, me ha dejado inmóvil sin poder superar el duelo de perderte, atándome a tus cenizas

que a su paso dejo el fuego de tu egoísmo, incendiando sin consideración todo por lo cual comencé a vivir, que fue tu llegada, en el momento menos esperado; cuando había decidido caminar, abrir mis alas y seguir el viaje, tomaste como carnada la dulzura de tus mentiras y caí en la trampa, creyendo que tu amor me estaba liberando y me haría volar a donde yo quisiera, cuando lo único cierto es que cortaste mis alas cuando te percataste de que baje la guardia y me dejaste atada al firmamento, amando las cadenas que me impuso tu arrogancia.

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Y así, pasan los minutos, pasan las horas, pasan los días y aún no me entero en que momento el tiempo curara las heridas, sigue aquí el mismo vacío, la misma soledad que siente mi alma, que por más pieles que me tocan no logran cambiar el olor que la tuya me dejo impregnada, un olor suave, pero que al mismo tiempo raspa mi garganta, y llega a lo más recóndito de mi ser, para darme paz, ya que me recuerda que fuiste real, pero que me lastima al recordar que no estas

respirar, si él es tu aire”-. Camino por inercia, con la esperanza de hallarte, anhelando aunque sea una mirada indiferente, pero no estas, te escondes de mí, huyes; te comprendo, a mí también me daría pena ver a alguien como yo, muriendo por algo que nunca existió, que para ti no fue nada, mientras que yo me imaginaba a tu lado para siempre, caminando de la mano rumbo a la muerte, anhelando la eternidad junto a ti, iluminados por el universo, cuando incluso

cerca, que solo es parte de tu ausencia, que dejo a su paso esa esencia que duele, que lastima, que hiere mi alma, que me mata, pero a su vez me mantiene viva, a la espera de tu retorno, que por más paciencia que intento tener, me desgarra por dentro; estoy en coma, muerta, dispersa en las neblinas que me deja tu recuerdo, mi corazón me obliga a vomitar cada indicio en mi ser de felicidad, no me permite ser feliz sin ti, me llena de pensamientos negativos y grita en mi alma –“como vas a vivir, si él es tu vida, como vas a

no me hubiera importado el hecho de que no hubiera vida después de la muerte, por que con esta vida junto a ti me hubiera bastado; pero no, la vida no es tan generosa, ni siquiera un poco buena, se empeñó en destruir mi felicidad, me engaño, me engatuso con futuros imposibles para después arrastrarme contra el piso, dejarme medio muerta, ¿Por qué no me mato y termino tajantemente con mi agonía, porque me tiene aquí anhelando tu venida?.

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Inhalando mi agonía y exhalando tu existencia, arrastrando las cadenas y sufriendo mi condena, injusta y dolorosa, que solo demuestra una cosa, que sin ti ya no hay camino en el cual proseguir, y me encuentro perdida sin saber a dónde ir, aferrada a los recuerdos que me impuso tu venida y a su vez dejo a su paso este triste letargo, que prolonga mi amargura y asegura mi declive, anhelando lo imposible y colgada a tus fantasmas. No, no quiero a nadie que no sea a ti, si no eres tú no quiero volver a saber de amor, y más que yo lo quiera es porque no puedo, porque lo intente, y al momento en que empezaba a sacarte regresabas a la fuerza, derribando las murallas que creaba la poca razón que quedaba en mi cabeza, pisoteando

mi dignidad y haciendo que cayera de nuevo, allanándome… destruyendo mis sueños, haciéndome sentir que el fuego quema, aunque sea a la distancia. No recuerdo cuantas veces al sentir otros labios se me venía a la mente tu rostro susurrándome al oído “traidora”, cuando tú mismo fuiste el traidor, el cobarde por abandonarme, por retirarte... porque cuando comencé a entregarme, comenzaste a alejarte, será porque te di pieza por pieza mi alma, y a las personas no les gustan las cosas incompletas, preferiste abandonar la mercancía, ya usada, lo que no te diste cuenta es que yo llegue completa y fuerte, pero tú te encargaste de malgastarme, para luego tirarme, como si no tuviese valor ni garantía, como si solo fuese una basura. www.revistasapo.com 52


Dispersa en las neblinas que me dejo tu recuerdo, camino por los bosques de esta fría primavera, mi alma se congela, pero mi espíritu hierve, emanando el vapor que desemboca esta abnegación a no perderte, con la esperanza de ganar esta lucha, defendiendo tus recuerdos de la poca razón que queda en mi cabeza al momento en que quiere desechar todo lo que tenga que ver con esté amor, que me hace daño, pero que no puedo dejar ir. No pretendo emanar ardor, quisiera decir que sin ti me voy a levantar, que voy a seguir, que te voy a demostrar que sin ti soy feliz, pero no, podría mentirle a todos, menos a mí, yo sé que no puedo, sé que por más siglos que pasen seguirás aquí adentro desgarrando mis entrañas y arañando mi sentir, y yo, recordando mi agonía y sufriendo tu abandono, que sin ti pasaran los días pero para mí se detendrá el tiempo… Por: Casandra Cárdenas

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LA GALLETA DE HÓNG LÓNG Y LA SUERTE DE ISABEL. Cada viernes, Isabel se sentaba a comer junto a la ventana que daba en dirección a la calle. Desde allí podía verse el gran letrero con mucho colorido e iluminación que destellaba; Hóng Lóng, El Dragón Rojo. Isabel siempre ordenaba lo mismo para la cena y al recibir su cuenta pagada, el mozo le regalaba una galleta de la fortuna. Recuerdos poco claros venían a la mente de Isabel. En la galleta había algo que le hacía recordar a sus padres y su viaje juntos por China. En aquel entonces Isabel era muy pequeña, por lo tanto no lograba recordar algo que le daba una sensación de escalofríos. Isabel vivía sola, no tenía hermanos, sus padres habían fallecido hacía ya varios años y le heredaron toda su fortuna. Así que no tenía mayores preocupaciones porque sus padres le dejaron una gran suma de dinero, por esa razón Isabel podía viajar y cumplir con el sueño de sus padres de recorrer el mundo. Aquella noche cuando Isabel pidió la cuenta, el garzón quien le atendió era desconocido. La joven no lo había visto antes, pero lo más importante era que no le había llevado su galleta de la fortuna, así que la reclamó como derecho propio. El chico corrió a la cocina y regresó antes de que Isabel pudiese parpadear. www.revistasapo.com 54


Como en cada ocasión Isabel tomaba la galleta entre sus manos, observaba a su alrededor como si ocultase un gran tesoro valioso y luego la abría con mucha suavidad partiéndola por la mitad, hasta atisbar el trozo de papel con su fortuna dentro de ella. La mayor parte del tiempo, Isabel recibía mensajes de amor, o de que su salud podría estar un poco inestable, o de buena suerte en general. Aquella noche, la joven tomó el papel entre

era el mismo mensaje que sus padres leyeron cuando ella era pequeña allá en China. Tiempo después éstos fallecieron en un accidente de tránsito. Isabel buscó con la mirada al mozo quien le había entregado la galleta, pero ya no estaba. Fue a preguntar por él, no obstante la cajera le dijo que allí no trabajaba nadie con esa descripción. La joven corrió hacia la puerta con el corazón en la mano, palpitaba tan fuerte que podía oírlo todo el lugar. Las otras

sus manos, miró por la ventana y sólo vio un perro que la observaba. Volvió la vista sobre el trozo de papel y leyó: “Cuidado, hoy podrías morir”. En segundos que parecieron horas Isabel dejó caer el papel por entre sus dedos, miró nuevamente por la ventana, pero el perro ya no estaba. Observó dentro del restaurante y logró ver sólo imágenes borrosas. Su cabeza daba vueltas. Aquel mensaje le hizo recordar aquello que le causaba escalofríos. Aquel,

personas miraban a Isabel, porque estaba actuando de manera extraña. La chica sólo vio rostros distorsionados, figuras tan sombrías y borrosas que le sobresaltaron. Isabel quiso correr fuera del lugar, donde vio nuevamente al perro que antes la observaba a través de la ventana. Éste, le ladró asustando más aun a la pobre chica. Isabel caminó al tic tac del reloj por la misma avenida del restaurante.

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El sonido del tren subterráneo que se oyó sin previo aviso desde el alcantarillado la exaltó nuevamente, tornando su rumbo hacia un callejón. La cabeza de Isabel aun daba vueltas, sudor corría por la palma de sus manos y la obsesión de aquel mensaje idéntico al que recibieron sus padres no la dejaba caminar bien. En el camino, un mendigo extendió su brazo, pero Isabel no le oyó, sino que continuó caminando hasta que una sombra frente a ella le hizo cesar su marcha desorbitada. Era aquel mozo del restaurante, quien le había entregado su fortuna en la ahora tan aborrecida galleta. Isabel gritó y corrió de regreso, el mendigo le hizo tropezar por no haberle dado dinero antes. La joven se puso de pie, volteó y vio que el mozo la seguía y le gritaba algún mensaje, pero Isabel no entendía ya que las emociones no le dejaban ver bien ni oír lo que el chico le decía. La joven volvió a la marcha, hasta la esquina donde el perro se le lanzó haciéndola correr aún más

rápido y cruzar la avenida. La aflicción que sintió en aquel momento no le permitió si quiera atisbar el vehículo que en una fracción de segundos lanzó a Isabel por los aires, dejándola cubierta en sangre. Isabel yació en la avenida, el restaurante adornó el rostro de la chica con luces de color rojo y amarillo. El desconocido se aproximó a Isabel, junto al perro que le movía la cola, sólo buscaba con quien jugar. Finalmente el joven le dijo que solo necesitaba decirle que él era su hermano. Su padre había conocido a su madre en China, así que él había estado buscándola hasta que finalmente la encontró; dijo llorando y mirando la sangre de su hermana por sus brazos. Isabel únicamente cerró los ojos, le dijo que todo estaría bien y que no dejara que la fortuna guiara su vida, solo que disfrutara del día a día y forjase su propio destino. Por: Loreto Gárate, Chile. www.revistasapo.com 56


BIZARREN

Mientras estaban saliendo camino al médico, la abuela se olvidó de cerrar la puerta con llave. Eso debió ser una señal, se dijo Blanca, pero últimamente estaba tratando de no apoyarse tanto en eso de estar relacionando todo con todo, así que momentáneamente se olvidó del asunto. El tema fue al regresar, porque el destino le volvió a poner esta misma frase en la cabeza. La abuela no encontraba por ningún lado su dentadura postiza. Llamaron al médico, examinaron todo rastro del camino que habían hecho hasta el consultorio como si fueran Hansel y Gretel, pero ni señales del objeto en cuestión. Se habrá perdido… habrá que hacer una nueva -pensó Blanca resignada cuando la búsqueda la agotó. Así fue que intentando ubicar el número del dentista de la familia en la agenda que

estaba en el living, notó que Bizarren, el perro de la casa, estaba sentado a su lado y la veía de cierta forma diferente a la habitual. No entendió si fue por telepatía o qué, pero lo supo al instante: Bizarren tenía en su poder la dentadura desaparecida. Dejó la agenda y se puso a observarlo fijamente, mientras el can le devolvía mansa y lánguidamente la mirada. Ahí ella palpó su panza con suavidad a ver si percibía algún objeto extraño, pero no notó nada, y el galgo ni siquiera se movió. Entonces desestimó la idea, sería muy insólito que ocurriera una cosa así, justo en el día de tanta corazonada dando vueltas. De repente el perro abrió la boca de un enorme bostezo y lo que descubrió Blanca fue peor que lo que había imaginado: Bizarren tenía calzados los dientes como si fueran suyos. Lo peor del caso es que le quedaban tan bien que parecían hechos a propósito para el perro. www.revistasapo.com 57


No hubo forma de sacárselos con la mano, incluso tampoco pudo acercársele mucho el veterinario del barrio. Este último, entre resignado y confundido, le dijo: Por lo que pude ver, ni siquiera le molestan… -y titubeó antes de sugerirle- si usted no se ofende, le diría que se los deje hasta que se caigan solos… si es que llega a ocurrir. La propuesta era por demás de rara, pero no había otra cosa que hacer por el momento. Lo más complicado del caso fue que los

frente a la TV esperando que empezara la novela de las 4, el programa con los chismes de los famosos o los resultados de la Quiniela Nacional, mientras movía la cola, satisfecho.

días empezaron a transcurrir, y Bizarren no sólo que no se desprendía de la dentadura, sino que estaba empezando a cambiar de comportamiento. De cachorro juguetón que era sólo un mes atrás, había pasado a convertirse en un perro reposado, tranquilo y meditabundo. Hasta había dejado de comer con el frenesí y arrebato de siempre lo que le ponían adelante. Ahora su estómago digería sólo puré y alimentos no muy pesados, y había que darle cada noche una pastilla diferente para distintas dolencias que parecía haber adquirido de repente. A Blanca le costó asumirlo, pero la evidencia no le daba lugar a dudas: Bizarren no sólo le había usurpado los dientes a la abuela, sino también su personalidad. Bastaba mirarlo fijamente para saber que esos ojos contaban mucha historia y que cada vez se enfocaban más atrás en el tiempo, llenándolo de arrugas. Ahora hasta se sentaba impaciente

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Blanca intentó contar esta historia a varias personas, pero nadie pareció creerle y hasta escuchó a sus hijas susurrar en secreto algo relacionado con el manicomio de la zona, así que se resignó a dejar todo como estaba hasta encontrar alguna solución en silencio. La única que parecía haberla escuchado con verdadera atención era la abuela, que al hacerse la nueva dentadura pidió que le imitaran los dientes de una chica de 12 años con ortodoncia rosa. Caprichos de vieja, ¿vio? Deme ese gusto… – pidió al mecánico dental Dicen que ahora Blanca tiene bastante tiempo libre, porque la abuela se anotó para empezar el secundario, se compró unos rollers y sale todas las tardes a practicar al Parque España. Después se encuentra con sus amigos en Mc Donalds, y se queda escuchando rock en casa de alguno de ellos hasta la madrugada. A veces la acompaña Bizarren, que en las noches de luna llena suspira con nostalgia y aúlla sin cesar a quien quiera escucharlo, contándole qué buenos eran los tiempos donde con un solo peso se podían comprar 3 kilos de alimento para perro y todavía te daban vuelto. Por: Flor In the flowerland, Argentina. www.revistasapo.com 59


EL ÚLTIMO ÁRBOL

...HAY TRANQUILIDAD EN EL TODO, VUELO LEJOS DE TODOS LOS TIEMPOS LLEGANDO AL ORIGEN, ES UN LUGAR MARAVILLOSO, ES UN LUGAR DONDE PUEDO OBSERVAR QUE TODOS LOS LUGARES SON UNO, ES UN LUGAR DONDE TODOS LOS TIEMPOS SON UNO, DONDE TODO SE FUSIONA EN ALGO MARAVILLOSO, ESE ALGO QUE NO SÉ CÓMO LLAMARLO, PERO ES BELLO.

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