Miranda. Perdida en el planeta Tierra

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Era una tarde calurosa de verano en la plaza. El grillo hacía patinaje sobre la baba de la babosa cuando, de pronto, se llevó por delante a una nena. Era tan chiquita como él, y tenía dos antenas que le llamaron la atención. —¿Y vos quién sos? -preguntó el grillo. —Miranda.


En ese momento pasó rodando el bicho bolita: —¿Y vos quién sos? –preguntó. —Miranda. No terminó de responder que justo voló la abeja por encima de sus cabezas: —¿Y vos quién sos? –preguntó. —Miranda. El ciempiés se acercó a pedir ayuda; llevaba cinco horas atándose los cordones de las zapatillas y recién iba por la mitad: —¿Y vos quién sos? –preguntó. La nena, que había perdido la paciencia, gritó:


—¡Epaaaa! ¿Qué pasa aquí? –llegó el caracol subido a la tortuga, para hacer más rápido. —Es esta chica, que no sé qué bicho le picó –dijo el grillo. —¡Lo que pasa es que desde que estoy aquí, todos me preguntan quién soy…! —¡Ahhhh! –murmuró el caracol–. Te entiendo... ¿Y vos quién sos? —¡¡BASTAAAAA!! ¡Me llamo Miranda, vivo en el Planeta Negro y vine con mis papás y mis hermanas a pasear a la Tierra. Pero cuando regresaron, se olvidaron de mí ¡buaaaaaaaa…! —Peor me pasó a mí, que se olvidaron de hacerme la cara… –dijo la lombriz, que llegó atraída por el ruido.



—¡Terminala, nena, me despertaste de la siesta! –dijo el gusano, asomado por el agujero de una manzana podrida–. A ver si alguno la entretiene para que deje de llorar. —Yo tengo una peli que encontré tirada debajo del ombú –sugirió el grillo. —¡Genial! –exclamaron–. Vamos a verla. —Es sobre una familia que sale de viaje y deja a uno de los hijos olvidado en la casa…


—¡Buaaaaaaaa…! –volvió a llorar Miranda. —Mejor llevémosla a pasear por la plaza y mostrémosle cosas lindas –propuso el caracol. —¡Esoooo! –dijeron y, lo primero que hicieron, fue caminar hasta la zanja en donde la rana navegaba en un barquito de papel.