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SUPLEMENTO ESPECIAL VIERNES 23 DE MARZO DEL 2012

SUJETO DE DERECHO

RELATOS SOBRE INCLUSIÓN

«No olvidemos nunca y menos ahora: un país es también empresa, proyecto de vida en común, instrumento de trabajo en función del porvenir» –Jorge Basadre


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___El Comercio / SUPLEMENTO ESPECIAL ___Viernes 23 de marzo del 2012

CARTA DEL DIRECTOR –FRANCISCO MIRÓ QUESADA RADA

l tema de la inclusión en el Perú ha tenido y tiene diversos tratamientos y enfoques, pero pocas veces se ha abordado desde la perspectiva de la fotografía, que es un arte cuando en ella hay belleza. La gran interrogante planteada en este conjunto fotográfico se centra en el empeño de muchos peruanos que luchan, en cuanto sujetos de derecho, para autoafirmarse en su condición humana. La inclusión implica igualdad, igualdad como ciudadanos con capacidad de desarrollar libremente nuestras potencialidades, como sujetos con plenos derechos. Este es un criterio jurídico-político que recoge el principio universal de la dignidad del ser humano, que inspiró la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La persona es el fin supremo de la sociedad. Los peruanos debemos tomar conciencia de que nuestro progreso y desarrollo no debe limitarse al crecimiento económico, sino que implica asumir un conjunto de valores y de prácticas. El progreso y desarrollo del Perú pasa por superar las diversas formas de exclusión que todavía existen en nuestra sociedad. Estas son de carácter sociocultural, por eso la inclusión debe construirse en las relaciones familiares, en la escuela y a lo largo de nuestras vidas. El Perú será inclusivo cuando políticamente nuestra sociedad esté empoderada y poco a poco vayan desapareciendo las diversas formas de exclusión por razones de sexo, etnia, cultura, economía, política, edad y religión. Cuando los peruanos comprendamos que somos una sociedad plurilingüística, pluriétnica y multicultural, y que en este contexto nos reconozcamos en igualdad de condiciones, habremos dado un gran salto en el camino para alcanzar una sociedad más justa, libre y, en consecuencia, inclusiva. El Comercio apuesta por la inclusión, por eso promovemos y apoyamos la pluralidad de ideas y de imágenes, como las presentes en esta exposición, en la que cada fotografía nos confronta y habla por sí sola. Expresamos nuestro profundo reconocimiento a quienes tuvieron la loable iniciativa de desarrollar esta primera muestra fotográfica sobre el tema de la inclusión. Una sociedad inclusiva, con sujetos de pleno derecho, es la de “todas las sangres”, como nos habla el genial José María Arguedas. Es ese el destino del Perú. Invito a quienes cada día disfrutan en las páginas de este Diario del talento de nuestros profesionales de la fotografía a que asistan a esta muestra que se presenta en la Casa Rímac, ubicada en el jirón Junín 232, en el Centro de Lima. Y sí lo hacen en familia, mejor. Visitarla es una buena manera de encontrarnos como peruanos.

SUJETO DE DERECHO RELATOS SOBRE INCLUSIÓN

Director: Francisco Miró Quesada Rada Editor central de Edición Gráfica: Manuel García Miró CURADURÍA: Mayu Mohanna EDICIÓN GRÁFICA: Mayu Mohanna y Carolina Cáceres TEXTOS: Marco Avilés / Cometa ASISTENTES DE EDICIÓN GRÁFICA: Luciana Cárdenas, Joel Pantigoso ASISTENTE DE INVESTIGACIÓN: Jasson Curi Chang EDITOR DE DISEÑO: Ángel Hermoza DISEÑO GRÁFICO: José Blanco CUIDADO DE EDICIÓN: Isabel Tumi, Anselmo Escobar RETOQUE FOTOGRÁFICO: Javier Pozo


SUPLEMENTO ESPECIAL / El Comercio ___ Viernes 23 de marzo del 2012 ___

ay un nuevo barrio en las afueras de Lima cuyos vecinos se reúnen cada domingo para construir un camino hacia la ciudad. Es un conjunto de 23 casas de madera que se imponen sobre un cerro desierto. Desde la cumbre, y a lo lejos, se advierte una autopista solitaria, la Panamericana Sur. Los vecinos toman sus herramientas, retiran las piedras del cerro y aplanan el terreno por el cual, con el tiempo, entrarán los primeros vehículos. Los niños saldrán a estudiar, los padres a trabajar. Por allí también llegarán la luz, las conexiones de saneamiento y, quizá, más adelante, Internet. El camino aún no tiene señales, pero los vecinos de Laderas de Villa Jesús de Nazareth saben que algún día esta vía se encontrará con la lejana carretera y entonces les traerá el bienestar. El Comercio reunió a tres generaciones de fotógrafos para que cuenten historias de comunidades y personas que –como aquellos vecinos– trabajan para alcanzar sus derechos. Los quince fotorreportajes de esta exposición evidencian lo compleja que puede ser la exclusión en el país y, en esencia, muestran a quienes luchan para salir de ella; en unos casos, con el apoyo de instituciones, en otros, por sus propios medios, con valentía. Hay épicas colectivas, como la de una organización de discapacitados que funda una ciudad en el desierto. Ejemplos de crecimiento personal, como la campesina que aprendió a vencer las sequías gracias a un reservorio de agua. Historias de amor, como la de una reclusa que mantiene a su familia con los adornos que ella fabrica en prisión y que su esposo vende en la calle. Gestas de solidaridad, como la de unos deportistas que logran que los niños de un asentamiento humano se alejen de la delincuencia al enseñarles a surfear. Las historias se trabajaron con la persistencia de las comisiones periodísticas. En el camino, los fotógrafos definieron el lenguaje: construyeron reportajes clásicos, series de retratos y también historias que combinan ambos registros. El conjunto es una muestra diversa que refleja el talento y el temperamento de sus autores. Ellos supieron mirar a sus personajes para retratarlos en su real dimensión de ciudadanos. No hay héroes ni seres desvalidos en estas historias, solo sujetos de derecho que construyen caminos hacia su bienestar.

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KAREN ZÁRATE. Lima, 1979. Trabaja en El Comercio desde el 2011. Estudió Periodismo en la Escuela Jaime Bausate y Meza. Ha trabajado en los diarios Ojo y Perú 21. Participó en tres muestras fotográficas de Perú 21 y obtuvo una mención honrosa en el concurso Save The Children.

PASCUALA Y EL POZO DE AGUA

«Como le daba la gana el agua corría por el río» - PASCUALA NUÑUNCCA CCALLO

I El reservorio de Pascuala Nuñuncca tiene la apariencia engañosa de un espejo de agua, de esos que invitan a echarle monedas para pedir un deseo. Pascuala no le ha pedido ninguno, pero su vida mejoró desde que puede almacenar agua en ese pozo donde se reflejan las nubes y las montañas de Villa Tahuapalca, la comunidad donde vive, a cuatro mil metros de altura, en el Cusco. Por allí siempre asoman sus cuatro vacas lecheras: Karol, Dulce, Reina y Negra, la rebelde que no se deja ordeñar. Ahora todas son gordas porque siempre están pastando. Pero antes de que el reservorio existiera, en cuanto terminaban los tres meses de lluvias en los Andes, los pastos se secaban y las vacas no podían comer a su antojo. Eran animales flacos e improductivos. No daban leche. Pascuala acumula agua en el pozo y riega los pastos y cultivos durante los nueve meses de escasez. También tiene un sistema de riego por aspersión, con tubos que lanzan chorros potentes, y que la ONG Oxfam instaló en algunas viviendas de la provincia de Espinar, dentro de un proyecto piloto. Pascuala ha aprendido a preparar quesos. Los fines de semana, va a la feria comunal a intercambiarlos

por otros productos. A veces también los vende. Al volver a casa, trae consigo dinero para su familia. II A Pascuala le gustaría que las carreteras lleguen hasta su comunidad para poder sacar con más facilidad sus productos. La comunidad queda en Coporaque, un distrito al que solo llega una trocha afirmada que hace saltar a las camionetas. No hay luz, como en gran parte de las zonas altas de los Andes. De cada diez personas que viven allí, ocho son pobres y cuatro ni siquiera tienen agua potable. La historia de Pascuala –y su reservorio– puede ser un ejemplo para otras comunidades. La municipalidad del distrito estudia la posibilidad de construir reservorios para las 180 familias del lugar usando el presupuesto participativo. Si esto llegara a ocurrir, la historia de Pascuala sería la primera de una saga colectiva: un pueblo que goza del derecho al agua por primera vez en su historia. A Pascuala le gustaría enseñarles a sus vecinos lo que ha aprendido sobre cultivo de hortalizas y fabricación de quesos. «Educación es hasta la muerte», dice entusiasmada. Ella tiene 54 años.


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ANTONIO ESCALANTE. Lima, 1979. Trabajó en El Comercio entre el 2004 y 2010. Estudió Comunicaciones en la Universidad de Lima. Tiene una maestría de Fotografía Documental en LCC, University of the Art de Londres. Obtuvo el tercer puesto del Concurso Eugene Courret. Colabora con revistas del Perú y el extranjero.

EL DOCTOR DEL PUEBLO

I

II

La paciente acababa de dar a luz en el pequeño centro de salud de Querco, pero el parto se había complicado. Se desangraba. Tenían que atenderla en un hospital. La ambulancia del pueblo recorrió en dos horas las pendientes, baches y curvas que se desenredan de las montañas. El doctor Pablo Ramírez recuerda que viajó al lado de la mujer presionándole el vientre con una gasa para contener la hemorragia. Horas después, en el hospital de Huancayo, la mujer se salvó. El doctor Ramírez dice que por historias como aquella los pacientes de Querco, el distrito de Huancavelica donde trabaja, le quedan muy agradecidos. Vuelven a sus casas y regresan con regalos: un poco de maíz, una gallina gorda. Cuando se trata de un parto, la nueva mamá le pide que sea el padrino del niño. Huancavelica –junto con Cajamarca, Puno, Huánuco y San Martín– es una de las regiones donde la falta de médicos es un problema asombrosamente notorio. En Lima, donde pronto habrá un metro subterráneo, hay un médico por cada 333 pacientes. En Huancavelica, donde el transporte público y las pistas de asfalto casi no existen, hay un médico por cada 1.673 personas. Al doctor Ramírez le corresponden las ochocientas almas de Querco.

En el centro de salud, además del doctor Ramírez, trabajan un dentista, dos obstetrices, dos enfermeras y un técnico de salud. Querco es un distrito rural en la mitad de una montaña, a casi tres mil metros de altura. La mayoría de atenciones y consultas son por infecciones respiratorias, diarreas, controles prenatales y campañas de vacunación. A diferencia de lo que ocurre en una ciudad, dice el doctor Ramírez, en Querco no todos acostumbran a ir al médico. A veces se enferman y tratan de curarse ellos mismos. Otras veces los desalientan las grandes distancias que deben recorrer para llegar al consultorio. Los pocos médicos que atienden en los centros y postas de salud deben combinar su trabajo en el consultorio con las excursiones de campo para llegar hasta donde viven los pacientes. El doctor Ramírez llegó a Huancavelica cuando era un estudiante recién egresado que debía cumplir su servicio rural. Han pasado once años desde entonces. Le han salido algunas arrugas. Muchos niños llevan su nombre. Pero él no es del todo feliz. Cuando termina su día de trabajo, regresa a su casa y nadie lo recibe. Sus dos hijos y su esposa viven en Ica. El doctor Ramírez solo puede verlos cada quince días. A veces, dice, le gustaría tener la oportunidad de trabajar en la ciudad.

«Por ti mi hijo nació sanito –me dijo una señora–. Ahora quiero que seas su padrino». - DOCTOR PABLO RAMÍREZ PASACHE


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SERGIO URDAY. Lima, 1968. Trabajó en El Comercio entre 1993 y el 2003. Ha recibido los premios Rey de España y Pasaporte para un Artista. Fue editor fotográfico en la revista Etiqueta Negra y ha colaborado en diversos medios y agencias de noticias. Trabaja proyectos fotográficos sobre la identidad de los peruanos y la modernidad.

CONGRESISTAS 2011 - 2016

Ramón Kobashigawa Kobashigawa

Claudia Faustina Coari Mamani

Eduardo Nayap Kinin

LA LIBERTAD Integra cinco comisiones, entre ellas la de Descentralización, Regionalización, Gobiernos Locales y Modernización de la Gestión del Estado, y la de Cultura y Patrimonio

PUNO Integra cinco comisiones, entre ellas la de Pueblos Andinos, Amazónicos, Afroperuanos, Ambiente y Ecología, y la de Mujer y Familia

AMAZONAS Integra tres comisiones, entre ellas la de Pueblos Andinos, Amazónicos, Afroperuanos, Ambiente y Ecología, y la de Salud y Población

«Inclusión es compartir el crecimiento económico del país con todos los peruanos»

«Inclusión es que yo esté participando como congresista: una mujer indígena de las comunidades campesinas»

«Inclusión social es permitir que los indígenas y olvidados del país participen dentro del quehacer del estado»

Wilson Michael Urtecho Medina

Cenaida Cebastiana Uribe Medina

I Antes de 1956, no había mujeres en el Congreso. Ellas podían tener cualquier oficio o profesión pero no podían participar en la vida política. No postulaban a cargos públicos. La ley incluso les prohibía votar. Parece una época remota, pero aquel año, cuando fueron elegidas las primeras parlamentarias, las potencias del Primer Mundo ya se preparaban para enviar cohetes al espacio. Ahora el Perú tiene 130 congresistas o representantes: 102 son hombres; 28, mujeres. Para ser congresista, el ciudadano debe ser peruano de nacimiento, tener 25 años como mínimo y estar facultado para votar (quienes están condenados en prisión, por ejemplo, no pueden hacerlo). Los congresistas son elegidos cada cinco años. Todos los peruanos mayores de 18 años, en el país o el extranjero, tiene la obligación de votar. Para elegir a los congresistas, el Perú se divide en 26 zonas o distritos electorales. Son las 24 regiones más las provincias de Lima y del Callao. Cada uno de estos distritos obtiene una cantidad de representantes acorde al número de sus votantes. La ciudad de Lima tiene 36. Madre de Dios, 1. II El paso del tiempo y la modernidad han cambiado la composición del Congreso. En la lista de comisiones de trabajo también hay espacio para que los líderes regionales y los representantes de minorías étnicas puedan debatir asuntos específicos. Existe una comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología; y otra de Inclusión Social y Personas con Discapacidad. Ahora todos los departamentos tienen al menos un congresista. Antes no. Los líderes y ciudadanos indígenas y las personas analfabetas pueden acceder al Parlamento. Antes no. Antes de 1979, las personas que no sabían leer o escribir no podían votar. Es decir, no podían elegir ni ser elegidos. La Constitución Política de ese año permitió que unos dos millones de peruanos analfabetos –la mayor parte habitantes de zonas rurales– pudieran sufragar. A partir de entonces, cualquier peruano mayor de 18 años puede postular o, eventualmente, ser congresista.

LA LIBERTAD Integra las comisiones de Inclusión Social y Personas con Discapacidad y de Ética Parlamentaria

LIMA Integra cinco comisiones, entre ellas las de Juventud y Deporte y Seguridad Ciudadana

«Inclusión es llevar toda la ayuda posible a los lugares donde nunca hubo presencia del Estado»

«Inclusión es aportar igualdad y oportunidad a todos los sectores del país»


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JUAN PONCE. Huancavelica, 1958. Trabaja en El Comercio desde 1996. Obtuvo una mención honrosa en el Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa 2005 y ha participado en diversas muestras colectivas. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de San Martín de Porres y tiene una maestría en Sociología en la Universidad de San Marcos.

PIONEROS

I

«Una tierra donde vivir. Así se comienza, ¿no?» -WILSON VILLALOBO PAULLO

Varios cerros detrás de la carretera Panamericana Sur, en Lima, donde las pistas ya no llegan y donde hasta hace medio año solo soplaba el viento, ha nacido otro pueblo joven. Son veintitrés familias que antes vivían en la ciudad y que en octubre del 2011 se agruparon para invadir las laderas de un cerro, en las afueras de Villa María del Triunfo. El lugar se llama asentamiento humano Laderas de Villa Jesús de Nazareth, y los nuevos vecinos dicen que llegaron allí para tener una casa propia. Estaban cansados de pagar alquileres o de vivir donde sus parientes. Ahora que por fin tienen tierra, les falta electricidad, agua y caminos. Los domingos, los nuevos vecinos se reúnen a trabajar en obras comunales. Así empezaron a construir una carretera y una escalera para conectar el barrio con el mundo exterior. Las primeras vías debían llegar a la cumbre del cerro, donde existe un asentamiento más antiguo. Cerca de allí están los paraderos de dos líneas de combis. El Centro de Lima, a dos horas y media de viaje. II Medio año después de la invasión, a Laderas de Villa Jesús de Nazareth siguen llegando familias en busca de tierra. El secretario general del poblado, Cristian Vásquez Malpartida, les explica que aquel cerro es considerado zona no habitada y, por lo tanto, nada impide que la colonización prosiga. El desierto es grande. Los nuevos vecinos limpian sus terrenos de piedras para instalar sus esteras y maderas. Los más antiguos ya estudian dónde construirán los silos individuales. Cerca de ese asentamiento también merodean los traficantes de terrenos que ven la oportunidad con ojos de negociantes y pervierten la lucha de los que honestamente sí necesitan un lugar para vivir. En todo el país hacen falta 1,8 millones de viviendas para atender a quienes no tienen casa propia o para los que viven en sitios precarios, sin servicios. 1,8 millones de viviendas es poco más que todas las casas y departamentos que existen en Lima. Eso falta. Wilson Villalobos Paullo es uno de los vecinos de Laderas de Villa Jesús de Nazareth. Si alguien le pregunta por qué se mudó allí para comenzar de la nada, él dirá: «Lo hago por los hijos. Para que esté cómoda la familia. Para no estar andando de cuarto en cuarto. Para que no nos boten de un sitio». Tener un pedazo de tierra, añade, es el comienzo.


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ANA CECILIA GONZALES VIGIL. Lima, 1961. Trabajó en El Comercio entre 1994 y el 2003. Estudió fotografía en el Reino Unido y ha ganado diferentes premios internacionales como el World Press Photo. Ha realizado tres exposiciones individuales y participado en diversas muestras colectivas. Es profesora y editora de fotografía en Revistas Amauta.

PEQUEÑOS PRÉSTAMOS, GRANDES NEGOCIOS

«Con el primer crédito me compré un carrito sanguchero. Con el último, amplié mi negocio: puse mesas y sillas» I

–GRETA ARAGÓN

Greta Aragón tenía una tienda vacía en su casa y quería abrir un negocio. Necesitaba capital, pero los bancos no querían prestarle dinero. Una amiga le habló de la banca comunal, un sistema de microcréditos dirigido principalmente a mujeres que quieren iniciar una empresa pequeña: una bodega de abarrotes, una máquina de coser, un restaurante. A Greta le prestaron cuatrocientos soles, lo mismo que alcanza para comprar un teléfono celular, pero a ella le sirvió para financiar un carrito sanguchero. Pagó el crédito bajo las reglas del banco comunal: una cuota cada dos semanas hasta cubrir el préstamo, un porcentaje de intereses y una cantidad variable que se acumula en una cuenta a manera de ahorro. Así que cuando pidió un crédito por segunda vez, tenía más capital para invertir. Los clientes que iban a su negocio comían parados o se sentaban donde podían. Con el nuevo préstamo, Greta mejoró su local, y ahora es el lugar al que acuden los amantes del pollo broaster del barrio. Los agentes de los bancos que antes le negaban dinero ahora la buscan para ofrecerle sus servicios. II De cada diez hogares en el Perú, cuatro están dirigidos por una mujer. Pueden ser viudas, divorciadas, madres solteras, abandonadas. Ninguno es el caso de Greta Aragón, que tiene dos hijos y un esposo. Pero sí el de muchas prestatarias del sistema de banca comunal, que suman más de quince mil. Si se las pudiera reunir formarían un pueblo de micronegociantes. Los bancos comunales están en todo el país y sus nombres parecen lemas de batalla: «Muchuy Warakaq» (matar el hambre, en quechua), Mujeres Progresando, Jóvenes Activos Dispuestos a Trabajar. Greta es socia del banco Virgen del Carmen, que depende de Finca Perú, una organización con más de veinte años, fundada en Ayacucho para levantar la autoestima y el espíritu de trabajo de las mujeres de esa región, tan castigada por el terrorismo. Dos décadas después, las prestatarias no solo consiguen un crédito. También reciben clases y se vuelven estrategas del micronegocio. Leonarda Escalante es una colega de Greta Aragón. Su esposo trabaja en una fábrica de zapatos con muchos empleados. A la hora de almuerzo se vuelven un ejército hambriento. Leonarda vio la oportunidad, pidió un préstamo y una tarde fue a la fábrica para vender menú. Ahora aporta al hogar tanto o más que su esposo. Pronto ampliará el primer piso de su casa para atender allí a más personas.

(1) Luzmilla Tello de Quintanilla (2) Leonarda Escalante Tapara (3) Héctor Motta Palma (4) Greta Aragón Rojas


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___El Comercio / SUPLEMENTO ESPECIAL ___Viernes 23 de marzo del 2012

DANTE PIAGGIO. Lima, 1953. Trabaja en El Comercio desde 1989. Estudió Cine y Televisión en la Universidad de Lima. Se dedicó a la fotografía por vocación. Colaboró en la revista Sí. Ha cubierto los últimos sucesos sociales del país, también noticias sobre ecología, patrimonio cultural y derechos humanos.

CENTINELAS DEL BOSQUE «Chaparrí es pasar de la cacería a la conservación» -JOEL VALLEJOS

I A comienzos de los años setenta, el fotógrafo Heinz Plenge acudió al bosque de Chaparrí llevando su cámara y un rifle. El lugar era un destino clásico para los cazadores. Él advirtió un venado. No era un novato en ese lugar a setenta kilómetros de Chiclayo, pero aquella vez sintió que la relación entre el hombre y los animales locales podía ser diferente. Apuntó al venado, disparó al cuerpo y obtuvo una fotografía. Regresó en 1988 con un extraño proyecto. ¿Se podía convertir aquel lugar tan trajinado por los cazadores en una reserva? ¿Podía la conservación generar dinero para la comunidad? Plenge tuvo que motivar a la población. Chaparrí es parte de las propiedades de la Comunidad Muchik Santa Catalina de Chongoyape, que tiene más de cuarenta mil hectáreas de territorio. Solo en mil se podía cultivar. El resto era un bosque desaprovechado. Los comuneros aprobaron el proyecto, y destinaron a ello más de 34 mil hectáreas. En aquel momento no existían casos parecidos. Chaparrí fue la primera área de conservación privada del país. Hoy existen al menos treinta. II Las pavas aliblancas, que se creía extintas desde 1940, ahora pueblan la Reserva Ecológica Chaparrí junto con otras doscientas especies de

aves. Se han reintroducido guanacos, un camélido desaparecido del lugar desde los inicios del Virreinato; y también osos de anteojos, que estuvieron a punto de extinguirse, y a los que ahora se puede fotografiar en los árboles. Allí se encuentra la población más grande de estos animales en Sudamérica. Los comuneros, que antes eran agricultores y no obtenían mayor beneficio de ese bosque, trabajan como guías de los más de cuatro mil visitantes que llegan cada año. La comunidad obtiene el sesenta por ciento de las ganancias por las entradas. El resto del dinero se reinvierte en el sitio. En el Perú hay unas siete mil comunidades campesinas e indígenas que no siempre aprovechan sus territorios. Algunos de sus integrantes solicitan a sus colegas de Chaparrí citas para conocer esta experiencia. Allí aprenden que los comuneros de Chaparrí –Plenge incluido– le dan un sentido económico a la conservación: protegen para mejorar la calidad de vida de los habitantes. El ecoturismo genera 30 puestos de trabajo directos y 200 indirectos. Hubo un tiempo en que la cacería era una manera de estar cerca de la naturaleza. Aquella vez, apuntando al venado con su cámara fotográfica, Plenge entendió que protegerlo era el principio de algo mucho más grande.


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ROLLY REYNA. Cañete, 1969. Trabaja en El Comercio desde 1993. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de San Martín de Porres. Ha fotografiado la mayoría de los conflictos y acontecimientos sociales del país, y ha cubierto sucesos en América Latina, Norteamérica y Europa.

LOS OJOS DE PARÁN

“Yo hago las cosas como alguien que tiene visión, pero las hago al tacto” - AGAPITO MATEO PACHECO

I En Parán ocurre que, a cierta edad, algunos vecinos de la comunidad empiezan a quedarse ciegos. Puede pasarles cuando son niños o cuando son más viejos. El pastor del pueblo, Agapito Mateo, recuerda que a él le sucedió cuando tenía 8 años. Pero otro vecino perdió la vista a los 50, y desde entonces camina tocando las paredes. El mal comienza gradualmente cuando aparecen las primeras sombras en los ojos y un día las víctimas confirman que ya no ven nada. En el año 2011, algunos científicos llegaron atraídos por la rareza de la situación. Los vecinos se enteraron de algunas cosas. El mal se llama retinitis pigmentosa, se transmite de generación en generación y las mujeres son las portadoras: pocas veces muestran síntomas. Los hombres, por el contrario, son los que más sufren. No es un mal desconocido. En Estados Unidos, una de cada 3.700 personas lo padece. En China, una de cada 4 mil. En Parán –y esto es lo extraordinario–, uno de cada diez vecinos tiene la enfermedad. Algunos sobrellevan el mal con una mezcla de tranquilidad y resignación. El pastor Agapito Mateo, por ejemplo, dice que la enfermedad no es importante porque no le ha impedido trabajar. Cada fin de semana, con religiosa puntualidad, él da sus sermones a ese pueblo de 300 habitantes. Luego pasa los días cultivando los melocotones de su chacra, que es a lo que se dedica la mayoría de

lugareños. El pastor es un hombre risueño. Otros vecinos, por el contrario, lucen abatidos. Los deprime no poder trabajar tanto como quisieran y saber que sus hijos varones también se quedarán ciegos. II A comienzos del siglo XX, cuando el mundo no terminaba de acostumbrarse a los automóviles, cinco o seis familias llegaron a las cumbres de Huaura y fundaron la comunidad campesina de Parán. Una de las mujeres que iba en la expedición llevaba la enfermedad. Tuvo cuatro hijas portadoras. Los hijos varones de estas mujeres fueron los primeros ciegos de Parán. Un siglo después, son más de treinta los descendientes de aquella pionera, y no pueden ver o empiezan a perder la vista. Los investigadores de la Universidad de Pensilvania, que han estudiado a los pacientes de esta comunidad, trabajan en busca de una cura. Parán podría ser el lugar donde se prueben los medicamentos, dice el doctor Marco Valverde, de la ONG Fadre, que visita el lugar desde enero del 2011. Un día Fadre repartió anteojos entre los pobladores que aún no habían perdido la vista. Al ver el mundo con mayor claridad, una niña se tomó el rostro y rio emocionada. Su padre estaba un paso detrás de ella y pudo escuchar su felicidad.


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LOS OJOS DE PARÁN


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Foto: Rolly Reyna


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SEBASTIÁN CASTAÑEDA. Lima, 1970. Trabaja en El Comercio desde el 2005. Estudió en el Club de Fotografía de México, en el Centro de la Imagen y en el IPAD. Se tituló como abogado en la Universidad de Lima.

PAREJA DE BAILE

«Cuando bailo siento que soy una mansa paloma, con mi pañuelo y mi falda» - PAMELA SOTOMAYOR

I Pamela Sotomayor y José Carlos Mendoza eran como esos conocidos que coinciden en varios lugares hasta que, de pronto, algo los aproxima. Estudiaban juntos en el colegio, se encontraban en discotecas y en cumpleaños de amigos. Pero solo cuando empezaron a bailar juntos –y a competir– se gustaron. Ganaron el Festival de Marinera de Trujillo 2011 en su categoría y, por esos días cálidos de fines de enero, se hicieron enamorados. Han celebrado su primer aniversario. Les gusta salir a comer. Ella tiene 27 años y trabaja en el Ministerio de Justicia. Él tiene 21 años y trabaja en una empresa textil. Ensayan marinera dos veces por semana. Les gusta ir al cine, caminar y conversar. Sus madres siempre los acompañan, como ángeles de la guarda que solo aparecen cuando ellos las necesitan. Mientras tanto, procuran darles su espacio, los siguen de lejos, no los molestan. II A fines del 2011, el Estado Peruano multó a una empresa que vende seguros médicos porque esta no quiso afiliar a una mujer que tenía síndrome de Down. No había justificación alguna para esa negativa, según el Indecopi. El síndrome de Down no es una enfermedad. Se trata de una condición: de cada seiscientas personas, una nace con un cromosoma 21 adicional. En el centro Ann Sullivan, que funciona durante más de treinta años en el Perú, se dice que «las personas con habilidades diferentes son personas con los mismos derechos que cualquier otra». Y, por eso, añaden, «debemos procurar como sociedad que sean incluidas en todas las actividades de la vida». Pamela estudió formación laboral en esa institución y es una mujer competitiva. Nada en los cuatro estilos reglamentarios (pecho, crol, espalda y mariposa) y ha sido campeona de ese deporte. Maneja su propia computadora portátil. A José Carlos también le gustan las computadoras y le gustaría aprender un poco más sobre ellas. Ha sido campeón de natación y practica en todos los estilos. Son demasiadas coincidencias. Además del gusto por la marinera, tienen tantas cosas en común. A José Carlos le gustaría casarse. Pamela dice que, cuando eso ocurra, las dos familias también se unirán y se volverán una sola. El matrimonio es un asunto muy serio. Por ahora les gusta conversarlo por teléfono.


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GIANCARLO SHIBAYAMA. Lima, 1979. Trabaja en El Comercio desde el 2007. Estudió Comunicaciones en la Universidad de Lima. Realizó un taller de fotografía documental con Stephen Ferry. Participó en el Festival Visa Pour l’Image 2008, en Francia. Fue finalista de Descubrimientos Photoespaña 2009. Es miembro del colectivo Supayfotos.

CIUDAD CERRO CACHITO

I Cinco adultos y un niño discapacitados invadieron un arenal de Ventanilla y se convirtieron en los pioneros de una ciudadela insólita. Era el verano del 2003 y los acompañaban otras nueve personas. Juntos plantaron sus esteras, se mudaron a ellas y con muletas, bastones y sillas de ruedas, resistieron el calor, las corrientes de viento y cinco intentos de desalojo. Cerro Cachito, como se llama el lugar, se ha vuelto con el tiempo un pueblo simbólico. Colonizar un terreno no es el máximo logro de sus habitantes, sino haberlo convertido en un proyecto de ciudad para personas con discapacidades físicas. Nueve años después de la invasión, en el lugar viven 43 vecinos que forman parte de la Asociación de Discapacitados de Cerro Cachito. La mayoría sufre de problemas en las piernas y en los brazos. Algunos cuentan que sus males se agudizaron debido al esfuerzo descomunal que les exige la arena, pero de inmediato aclaran: nada los sacará del lugar. Ahora los vecinos tienen títulos de propiedad, electricidad en las casas y en las calles, reservorios de agua y, gracias al trabajo colectivo, un camino de tierra aplanada por el que transitan los vehículos. Pero quizá el mayor logro de la comunidad sea otro: haberse convertido en un grupo unido, reconocible. II Una de cada dos familias en el Perú tiene un integrante con discapacidad. Es una cantidad importante. Son casi tres millones de ciudadanos que tienen problemas en los ojos, las piernas, los brazos o limitaciones mentales. Reunidos formarían un país del tamaño de Uruguay, pero están dispersos en la compleja geografía del Perú y padecen en solitario las buenas, malas o inexistentes políticas nacionales e, incluso, familiares. En muchos hogares, un pariente con alguna discapacidad todavía es visto como una carga económica. La Asociación de Discapacitados de Cerro Cachito ha convertido la aparente debilidad individual en una fortaleza de grupo. No solo están urbanizando el desierto al cual llegaron hace casi una década. También han conseguido que algunas instituciones cooperantes les financien dos talleres donde producen panes y confeccionan ropa. Allí trabajan y siguen con su proyecto principal: ser un grupo autónomo a pesar de sus problemas. O gracias a ellos.

«La discapacidad no es una incapacidad. Es una fuerza que da para seguir luchando» –JONNY TORRES


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MUSUK NOLTE. Ciudad de México, 1988. Trabajó en El Comercio entre el 2009 y 2011. Es becario del programa para jóvenes creadores del Fonca- México. Ganó el Premio Nacional de Fotografía Eugene Courret y fue nominado al All Roads Photografy Award, de la National Geographic Foundation. Integra el colectivo Versus Photo.

EN TIERRA FIRME

I Un día violaron a una niña de 11 años en el puerto de Belén, Iquitos. La madre no quiso denunciarlo. Por algún motivo temía que su conviviente la abandonara. La historia la cuenta una dirigente vecinal que supo del caso. «Así pasa acá. Todo se sabe pero no siempre se denuncia». Belén es ese distrito de casas flotantes sobre el Amazonas y sus estadísticas parecen irreales: -En cada manzana hay seis bares clandestinos. -En ocho de cada diez familias se ejerce la violencia física por lo menos una vez al mes. El padre golpea a la madre, los padres a los hijos, los hijos a los padres. -Uno de cada diez niños abandona la escuela. -Una de cada cuatro mujeres es madre antes de cumplir los 20 años. -Cuatro mujeres son golpeadas o violadas cada día. Tienen entre 25 y 35 años. -Cada dos días, el que sufre la misma agresión es un niño menor de 11 años. La realidad de Belén es turbia, igual que ese río sucio sobre el que transcurre la vida del distrito. II

“No nos derriben nuestros sueños” - LUIS ENRIQUE GONZALES HUAYLLAHUA

En Belén también corren fuerzas en el sentido contrario. Varios de los jóvenes del lugar aprenden pintura, danza y teatro. Algunos incluso han viajado a Europa gracias a un programa de intercambio. El proyecto Crea Belén, de la ONG La Restinga, identifica a personas de entre 8 y 17 años que tienen un rasgo especial y los prepara para enfrentarse a la vida de su distrito. Son unos cien niños y cuarenta adolescentes que tienen habilidades protectoras: los que podrían reaccionar más rápido al ver que agreden a un pariente o a un compañero. Ellos asisten dos veces por semana a sesiones educativas y, a través de juegos y actividades, aprenden sobre sus derechos y qué hacer cuando los mayores los quieren corromper. En los bares clandestinos de Belén, por ejemplo, los adultos les venden alcohol a los adolescentes. Si sobre las aguas de Belén hay violencia, en La Restinga (que significa «tierra firme») se ofrece tranquilidad. Este año construirán un huerto flotante y también una miniempresa para producir y vender miel de abeja. Lo más alucinante –dicen los participantes– es el viaje de intercambio a Europa. Purificación Jaramillo, quien tiene 28 años, recuerda claramente la avidez con que los jóvenes de Noruega preguntaban sobre el Perú. Ella pasó diez meses en varias ciudades de ese país. Allí descubrió que le gustan los idiomas.


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LESLIE SEARLES. Arequipa, 1978. Trabaja en El Comercio desde el 2009. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima y Fotografía en The London College of Comunication. Ha participado en la Feria de Arte Scope, en Londres. Realizó su primera muestra individual en el 2009.

LA MALOCA DE BABEL

I Jim Adan bebió ayahuasca cuando tenía 12 años y soñó que debía irse de su pueblo. Él pertenece a la etnia awajun, una de las sesenta que existen en el Amazonas peruano, y ahora estudia en la universidad para ser ingeniero ambiental. Al volver a su comunidad, podría convertirse en autoridad. Si eso ocurre, manejará dinero, proyectos e ilusiones colectivas. Por ahora él vive en una comunidad universitaria para jóvenes estudiantes indígenas, en Iquitos. Son unos cincuenta y pertenecen a diez etnias: achuar, awajun, huampiz, kichwa, shawi, ticuna, matzes, cocama, bora y murui. Cada estudiante tiene su propia lengua, proyectos personales e ideas. Algunas empresas financian algunos gastos del grupo. Ser joven, convivir con miembros de otras culturas y organizarse para administrar el dinero no es fácil. A veces los estudiantes realizan obras para el beneficio común como casas

y la gran maloca donde se reúnen. Otras veces la comunidad es como un pequeño país de diez lenguas que trata de gobernarse: se acusan mutuamente, se destituyen de los cargos, se reclaman por no gastar el dinero con propiedad. Crean nuevas organizaciones y se fragmentan. Por ejemplo, uno de los jóvenes expulsados de la organización soñó que debía crear una ONG. Poco después, llegó a la comunidad con dos viejos maestros huitotos para que transmitieran su sabiduría. II Una vez al año los jóvenes participan en un ciclo de sesiones grupales de reflexión. El Instituto Tavistock, de Inglaterra, reúne a ponentes de varios países y organiza talleres experimentales, charlas y dinámicas basadas en el psicoanálisis. La Conferencia Esperanza para el Amazonas supone un paréntesis en la vida cotidiana de los

estudiantes. Tienen oportunidad de mirarse, escucharse y confrontar lo que piensan el uno del otro: el awajun del huitoto, el achuar del bora y así entre todos. En una de las actividades, los participantes deben comunicarse usando cada uno su propia lengua. Algunos se desesperan al no poder entender lo que dicen sus compañeros y gritan. Se molestan con los organizadores de la actividad. No entienden. Otros aceptan con paciencia la prueba. Los organizadores les explican que ser un buen líder –en la selva o en la ciudad– no se trata solo de tener una carrera. Importa saber escuchar las opiniones de los demás, aceptar las críticas, reconocer errores, descubrir virtudes en los adversarios. El aprendizaje puede ser lento, pero es útil. No siempre los líderes tienen el privilegio de repasar con calma y asistencia sus acciones.

«Siempre hay conflictos entre nosotros como pueblos indígenas. Tenemos que cambiar nuestra conciencia» - JHONY VELA


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DANIEL SILVA. Lima, 1975. Trabajó en El Comercio entre el 2000 y 2004. Ganó los premios World Press Photo 2005 y Visa d’Or del festival de fotografía Visa por l’Image. Ha publicado en diversas revistas del Perú y el extranjero, y colaboró con las agencias Efe, France Presse y Reuters. Es socio fundador de Editorial Cometa.

(NO) CONTACTADOS

I Aladino no tiene apellidos, no sabe su edad, no tiene DNI. Ni siquiera se llama Aladino. Su verdadero nombre se pronuncia en lengua machiguenga y él solo lo comparte con sus parientes: su madre, su mujer y los familiares de su mujer. Aladino es el que consigue los alimentos. Como cualquier jefe de hogar, sale todas las mañanas a cazar y a cultivar yuca en una chacra cercana a su hogar, un conjunto de cabañas ocultas dentro de la Reserva Territorial Kugapakori Nahua Nanti, en la selva del Cusco. Es una región más grande que el territorio de Holanda, y allí se refugiaron algunos pueblos y familias ahora considerados en aislamiento voluntario y contacto inicial. No tienen relación con el resto del país, tampoco figuran en los censos. Aladino y cientos de personas como él viven en ese confín desde que sus antepasados huyeron para protegerse de la llamada fiebre del caucho. A comienzos del siglo XX, el mundo se llenaba de automóviles. El insumo para los neumáticos salía del Amazonas. Allí se internaban los empresarios caucheros y esclavizaban a los nativos. Los obligaban a extraer el látex. Los mataban si se rehusaban. Los que podían huir se internaban en el monte para salvarse y abandonaban para siempre sus aldeas. Historias sobre esa época sobreviven en la memoria colectiva como relatos de algo parecido al fin del mundo. II Cuando era más joven, Aladino vio a los empleados de la corporación gasífera, quienes construían un pozo de extracción. Él y sus parientes sintieron miedo y escaparon. Durante la huida, encontraron a una familia. Aladino conoció entre ellos a quien ahora es su mujer. Sus nuevos parientes tenían una mayor relación con el exterior y lo llamaron Aladino. El gas de Camisea ha establecido un nuevo contacto entre los machiguengas aislados y el mundo occidental. Ahora usan ropa sintética y ollas de metal pero siguen haciendo el fuego frotando ramas secas. Parte del territorio donde viven se superpone al llamado lote 88, una prodigiosa reserva de gas natural. Al ser extraído y trasladado a las ciudades, ese combustible alimenta automóviles, da vida a las fábricas, enciende las cocinas de las casas y los restaurantes. Es difícil saber qué ocurrirá con esas poblaciones. A veces, mientras va de cacería, a Aladino lo sorprende el vuelo de un helicóptero. El ruido ahuyenta a los animales que él intenta cazar.


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ENRIQUE CÚNEO. Lima, 1967. Trabaja en El Comercio desde 1989. Estudió Comunicaciones en la Universidad de Lima.

EL MORRO Y EL MAR «Cuando entras al mar, te olvidas de los odios» - OMAR BRAVO CUYA

I Erick García tiene 11 años, el cabello largo y cada vez que entra al mar sale despeinado: los mechones caen sobre sus ojos como un dibujo animado japonés. Erick es pequeño para su edad y la tabla de surf casi le dobla el tamaño. Sus amigos lo ven y bromean, aunque él ha aprendido a lidiar con las bromas como quien se enfrenta a una serie de olas. Es temerario e hiperactivo. Su padre, que es obrero, siempre le dice que tenga cuidado para que no se ahogue. Pero a Erick le encanta la adrenalina del surf, y dice que el mar también tiene un efecto relajante. Para surfear en la Costa Verde –bajo las laderas de Alto Perú, el asentamiento humano donde él vive– es preciso darle la espalda a la realidad del distrito. En Chorrillos pululan unas cuarenta pandillas juveniles. Erick practica el surf por una casualidad. Un día hacía piruetas sobre una tabla de cor-

cho, en una playa de Miraflores, cuando lo descubrió el surfista Diego Villarán, que dirige el Proyecto Alto Perú con el que difunde el surf entre los niños del asentamiento humano donde Erick vive. Vio que el niño tenía condiciones y entusiasmo, y lo invitó a participar. Le ofreció una tabla, un wetsuit y un nuevo grupo de amigos. En total son 45 muchachos menores de 14 años. Tres instructores les dan clases gratuitas dos veces por semana; juntos ven películas y se alejan un poco de la ciudad, ese océano de estadísticas negativas. Solo en Lima 11 mil niños forman parte de pandillas, una cantidad suficiente para llenar dos veces el coliseo Dibós.

grande entre el imponente malecón de Chorrillos y las callejuelas polvorientas de Alto Perú. Ya de adulto, él abrió una escuela de tabla y los muchachos del barrio, que lo veían siempre, lo desafiaban a enseñarles a correr. Villarán invitó a cinco adolescentes e inició el Proyecto Alto Perú en el año 2006. Los instruyó durante un verano, pero cuando llegó la siguiente temporada los muchachos habían crecido y se habían vuelto reacios a aprender. «En la práctica formaban parte de una pandilla –recuerda Villarán–.Ya estaban en otra». Un año más tarde, el instructor decidió aplicar otra fórmula: solo trabajaría con niños. Dice que son más receptivos y que su edad los ayuda a alcanzar un mejor nivel deportivo. II Erick García admira a varios surfistas profesionales y le gustaría ser como ellos. El deDiego Villarán tenía 7 años cuando su padre porte –dice– ha cambiado su manera de ser. le regaló una tabla de surf. Vivían en una casa Por lo pronto, reconoce que tiene más físico.


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MIGUEL BELLIDO. Callao, 1974. Trabaja en El Comercio desde el 2000. Estudió Periodismo en la Escuela Jaime Bausate y Meza. Colaboró en medios como Etiqueta Negra, Gatopardo y La Vanguardia. Ha participado en varias exposiciones de fotografía. Ha cubierto los últimos conflictos sociales en el país. Es docente de fotoperiodismo.

MILAGROS DE SANTA MÓNICA

I Cuando Danilo Inga obtenga un RUC podrá ingresar al penal de Santa Mónica ya no solo como visitante de su esposa, que está recluida allí, sino como un empresario que busca proveedores. Ambos forman una sociedad de trabajo. En el penal, ella fabrica adornos de madera trupán que luego Danilo vende en el exterior. Con el RUC tendrán más beneficios: podrán trabajar como una empresa. Eso les han dicho. Milagros Ibáñez cumplía el primer año de condena cuando conoció a Danilo Inga. Era un día de visita de fines del 2007. Él acompañaba a un amigo. Ella estaba sola en una esquina. Se hablaron. Él volvió a la semana siguiente a buscarla en la misma esquina y allí se enamoraron. Tres años después se casaron dentro del penal. Danilo tiene 43 años. Milagros, 31. Está condenada a 30 años de prisión y apenas han transcurrido cinco. Dice que en el 2015 podrá pedir la libertad condicional, pero antes tendrá que pagar una reparación civil de 75 mil soles. Ella dice que no es imposible ahorrar el dinero. El secreto siempre está en el trabajo. II Milagros Ibáñez asiste a varios talleres en el penal y el que más le gusta es el de carpintería. Allí diseña figuras que imitan a Barney, Winnie The Pooh y Barbie. Ella tiene dos hijas y dos padres adoptivos a los que mantiene desde el penal. Con los adornos que fabrica (y que Danilo vende en un mercado) consiguen hasta 300 soles a la semana. Una parte del dinero es para los parientes y otra, para la compra de materiales. La reclusión no solo suspende la libertad de quienes cometen delitos. En la práctica, el preso ya no puede trabajar ni generar dinero. En el Perú, 52 mil personas están recluidas en penales. Muchas fabrican objetos y artesanías en los talleres que les ofrece el sistema penitenciario, pero pocos consiguen un mercado para venderlos. Los días de visita, en Santa Mónica, las compañeras de Milagros se aburren de ofrecer inútilmente sus productos. Casi nadie va a una cárcel con la idea de comprar un adorno para la casa. Después de entrar al penal muchas reclusas les pierden el rastro a sus hijos porque no pueden enviarles dinero. A diferencia de ellas, y gracias a su esposo, Milagros no ha perdido el derecho de tener unida a su familia.

«Cuando ella salga de la cárcel pondremos una miniempresa. Les demostraremos que se puede cambiar». –DANILO INGA OLMEDO


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RICHARD HIRANO. Huacho, 1979. Trabaja en El Comercio desde el 2003. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima. Obtuvo el segundo puesto en el concurso de fotoperiodismo Eugene Courret. Ha participado en diversas muestras colectivas: entre ellas «Tal como Somos», «Mírate» y «Visiones para una identidad».

YACHACHIQ O EL MAESTRO

I Las semanas en que Alodia Lazo aprendía a fabricar yogur apenas dormía dos horas al día. Quería que su producto tuviera buen sabor para poder venderlo. Pero a casi cuatro mil metros sobre el nivel de mar, en Pampamarca, el distrito del Cusco donde vive, las personas no tenían el hábito de tomar yogur. El que ella preparaba podía ser delicioso, pero si sus vecinos no lo consumían era inútil pensar en un negocio. Alodia tiene 43 años, tres hijos, una nieta, y es una de las primeras yachachiqs de su provincia. En quechua, yachachiq es «el que sabe y hace que otro aprenda». El que difunde con el ejemplo. Alodia enseña técnicas para fabricar derivados de leche. También sabe de riego por aspersión, de almacenamiento de agua y de crianza de ganado mejorado. Fue la primera en su comunidad en aprender esos conocimientos y ahora los comparte con sus vecinos.

II Ella es parte del programa Sierra Productiva que, desde 1994, incentiva el uso de pequeñas tecnologías entre los propietarios de parcelas rurales. Este es un universo de dos millones de familias, que habitualmente ha sido considerado el gran «bolsón de pobreza» del país. Practican la agricultura de subsistencia. Sus cultivos y ganados dependen del agua de las lluvias. No manejan dinero. Ahora el programa tiene un registro de 50 mil familias de ese sector que mejoran su calidad de vida gracias a su trabajo y a un apoyo inicial, que puede venir de una empresa, una ONG o un gobierno local. El apoyo no consiste en dinero sino en la instalación de herramientas tecnológicas. Un reservorio. Un invernadero para producir hortalizas. Aspersores. Una pareja de cuyes mejorados. Son 18 tecnologías diferentes. Cada una encierra una posibilidad.

Ese proyecto busca el financiamiento para instalar las herramientas entre los que enseñan y aprenden. El modelo se expande «por contagio». Un campesino ve el progreso de su vecino y se interesa en aprender. Los yachachiqs, que son los que enseñan, ahora trabajan en once regiones del país. Los programas de responsabilidad social de varias empresas financian parte de esta expansión. Ahora la yachachiq Alodia Lazo está ampliando su casa para mejorar su producción. ¿Cómo es que alguien logra progresar fabricando yogur en una zona donde la gente no estaba acostumbrada a consumirlo? Alodia tuvo que enseñarles a sus vecinos. Les hacía probar sus productos. Los motivaba a enriquecer su alimentación. Al hacerlo, también estaba formando a sus clientes. Ella les cuenta esta historia a sus aprendices.


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“Yachachiq es el que aprende y a la vez enseña de campesino a campesino” –MOISÉS VILA ESCOBAR

(1) Vicentina Camala Aguilar (2) Juan Tacusi Calla (3) María Trinidad Pinchi Cóndori (4) Gregorio Huarachi Condo

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eXPoSIcIoNeS 19 de marzo - 24 de junio No se puede mirar: Vera Lentz en la búsqueda del corazón de las tinieblas (NH)

19 de marzo - 6 de mayo Lima alterna: ciudad y barriada en las fotografías del pintor Bill Caro (NH) Organizan: Bienal de Fotografía de Lima / Municipalidad Metropolitana de Lima Curaduría: Gustavo Buntinx Espacio: Galería Municipal de Arte Pancho Fierro Pasaje Santa Rosa 114, Lima Horario: Lunes a viernes: 10 am – 8 pm / Sábado a domingo: 1 – 8 pm

Organiza: Bienal de Fotografía de Lima Curaduría: Armando Williams Espacio: Casa Rímac Jr. Junín 323, Lima Horario: Lunes a viernes: 10 am – 8 pm / Sábado y domingo: 1 – 8 pm

Organiza: Revela Perú Curaduría: Luana Letts González Espacio: Casa Rímac Jr. Junín 323, Lima Horario: Lunes a viernes: 10 am – 8 pm / Sábado y domingo: 1 – 8 pm

Organiza: Bienal de Fotografía de Lima Curaduría: Daniel Contreras Espacio: Casa O’Higgins - 1er piso Jr. de la Unión 554, Lima Horario: Martes a domingo: 10 am – 7:30 pm

19 de marzo - 24 de junio Los telones ambulantes de Javier Silva (NC)

19 de marzo - 24 de junio La calle es el cielo: fotografía de Daniel Pajuelo (NH)

Organiza: Bienal de Fotografía de Lima Curaduría: Armando Williams Espacio: Casa Rímac Jr. Junín 323, Lima Horario: Lunes a viernes: 10 am – 8 pm / Sábado y domingo: 1 – 8 pm

Organiza: Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) Curaduría: Ángel Colunge / Susana Pastor Espacio: Casa O’Higgins - 2do piso Jr. de la Unión 554, Lima Horario: Martes a domingo: 10 am – 7:30 pm

19 de marzo - 22 de abril 3er Salón de Fotografía ICPNA (NC)

Intervenciones complementarias Fachada de la Escuela Nacional de Bellas Artes, Centro histórico (Inauguración: 23 de marzo) Boulevard de la Cultura y la Av. Riva Agüero, en El Agustino (Inauguración: 24 de marzo)

Organizan: Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA) / Centro de la Imagen Espacio: Galería Juan Pardo Heeren ICPNA Lima Jr. Cuzco 446, Lima Horario: Martes a domingo: 11 am – 8 pm

19 de marzo - 28 de abril Memorias visuales: el retrato iluminado y la historia cotidiana (NH)

20 de marzo - 20 de abril Miscelánea (todo queda en casa) (NC) Organiza: Bienal de Fotografía de Lima Curaduría: Jorge Villacorta Espacio: Casa Inmobiliari Av. Javier Prado Oeste, esq. calle Los Castaños, San Isidro Horario: Lunes a sábado: 11 am – 8 pm

Organiza: Bienal de Fotografía de Lima Curaduría: Carlos Sánchez Giraldo / Sofía Velásquez Núñez Espacio: Casa de las Trece Puertas Jr. Ancash 273-299, esq. Jr. Lampa, Lima Horario: Lunes a sábado: 10 am – 6 pm

20 de marzo - 29 de abril A ras del suelo: la imagen documental. Exposición antológica de Herman Schwarz (NH)

19 de marzo - 22 de abril Del autismo a la contemplación: fotografías de Miguel Coquis (NC)

Organiza: Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA) Curaduría: Augusto del Valle Espacio: Galería Germán Krüger Espantoso - ICPNA Miraflores Av. Angamos Oeste 160, Miraflores Horario: Martes a domingo: 11 am – 8 pm

Organiza: Centro Cultural Inca Garcilaso Curaduría: Miguel Coquis Espacio: Centro Cultural Inca Garcilaso Jr. Ucayali 391, Lima Horario: Martes a sábado: 10 am – 7 pm / Domingo: 10 am – 6 pm

Organiza: Centro de la Imagen Curaduría: Roberto Huarcaya Participa: Moises Saman Espacio: Galería El Ojo Ajeno Av. 28 de julio 815, Miraflores Horario: Lunes a viernes: 8 am – 10 pm / Sábado: 9 am – 5 pm 21 de marzo - 25 de marzo Feria Internacional de Libros de Fotos de Autor (NC)

19 de marzo - 24 de junio Revela Perú: Callao (NC)

19 de marzo - 24 de junio El incidente: fotografía peatonal, Lima 1940–1960 (NH)

21 de marzo - 13 de abril Crónica de dos revoluciones: Egipto y Libia en 2011 (NC)

19 de marzo - 24 de junio Sujeto de derecho: relatos sobre inclusión (NC)

20 de marzo - 13 de abril Colectivo Versus (NC)

Organiza: El Comercio Curaduría: Mayu Mohanna Espacio: Casa Rímac Jr. Junín 323, Lima Horario: Lunes a viernes: 10 am – 8 pm / Sábado y domingo: 1 – 8 pm

Organiza: Municipalidad de Miraflores Curaduría: David Flores-Hora Espacio: Sala Luis Miró Quesada Garland Esq. Av. José Larco y calle Ernesto Diez Canseco, Miraflores Horario: Martes a domingo: 11 am – 10 pm

19 de marzo - 24 de junio En nombre de los ausentes: memorias de guerra (NC)

20 de marzo - 20 de abril Borde: fotografías del colectivo Supay (NC)

Organiza: Bienal de Fotografía de Lima Curaduría: Nancy Chappell Voysest Espacio: Casa Rímac Jr. Junín 323, Lima Horario: Lunes a viernes: 10 am – 8 pm / Sábado y domingo: 1 – 8 pm

Organiza: Municipalidad de Miraflores Curaduría: Adrián Portugal Espacio: Centro Cultural Ricardo Palma Av. José Larco 770, Miraflores Horario: Martes a domingo: 11 am – 10 pm

Organizan: Centro de la Imagen / Equipo Feria de Libros de Fotos de Autor Argentina Curaduría: Centro de la Imagen / Equipo Feria de Libros de Fotos de Autor Argentina Espacio: Centro de la Imagen Av. 28 de julio 815, Miraflores Horario: Lunes a viernes: 8 am – 10 pm / Sábado: 9 am – 5 pm 22 de marzo - 1 de julio Indicios: Milagros de la Torre (NC) Organiza: Museo de Arte de Lima (MALI) Curaduría: Edward Sullivan Espacio: Museo de Arte de Lima - MALI Paseo Colón 125, Lima Horario: Martes a domingo: 10 am – 8 pm / Sábado: 10 am – 5 pm 22 de marzo - 8 de julio David Zink Yi: oxidación / reducción (NC) Organiza: Museo de Arte de Lima (MALI) Curaduría: David Zink Yi / Sharon Lerner Espacio: Museo de Arte de Lima - MALI Paseo Colón 125, Lima Horario: Martes a domingo: 10 am – 8 pm / Sábado: 10 am – 5 pm 22 de marzo - 27 de mayo Todas las Limas: Primer Concurso Metropolitano de Fotografía Escolar (NC) Organiza: Municipalidad Metropolitana de Lima Curaduría: Municipalidad Metropolitana de Lima Espacio: Museo Metropolitano de Lima Av. 28 de julio s/n, Parque de la Exposición, Lima Horario: Martes a domingo: 9 am – 5 pm 23 de marzo - 27 de abril Arquitectura de remesas: sueños de retorno, signos de éxito (NC) Organiza: Centro Cultural de España (CCE) Curaduría: Walter Iraheta Espacio: Centro Cultural de España Jr. Natalio Sánchez 181, Plaza Washington, Lima (cdra. 6 Av. Arequipa) Horario: Martes a domingo: 10 am – 10 pm 23 de marzo - 10 de junio El show de Diana – Perú (1977-1997) (NH) Organiza: Fundación Telefónica Curaduría: Juan Enrique Bedoya G-M Espacio: Fundación Telefónica Av. Arequipa 1155, Santa Beatriz, Lima Horario: Martes a sábado: 12 am – 8 pm / Domingo: 12 – 7 pm 23 de marzo - 10 de junio Diana F+ a todo color (NE) Organiza: Fundación Telefónica Curaduría: Sophia Durand Espacio: Fundación Telefónica Av. Arequipa 1155, Santa Beatriz, Lima Horario: Martes a sábado: 12 am – 8 pm / Domingo: 12 – 7 pm 24 de marzo - 6 de mayo 50 x 60 Polaroid gigante (NE)

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Organizan: Centro Cultural de España (CCE) / Centro Andaluz de Fotografía (CAF) Espacio: Biblioteca Nacional del Perú Av. de la Poesía 160, San Borja Horario: Lunes a viernes: 9 am – 8 pm / Sábado y domingo: 4 – 9 pm

27 de marzo FOLiLAB (NE) Organiza: Museo de la Fotografía Lima (FOLI) Curaduría: Gonzalo Olmos Curadores asociados: Rodrigo Alonso (Buenos Aires, Argentina) / Rodrigo Orrantia (Bogotá, Colombia) Participan: Gianni Cipriano (Italia), David Colm Killeen (Irlanda), Alinka Echevarría (México), Santiago Escobar (Colombia), Alek Frank (Suiza), Klaus Fruchtnis (Colombia), Sayed Hasan (Reino Unido), Cynthia Lawson (Colombia), Rebecca Locke (Reino Unido), Julia Mensch (Argentina), Danilo Murru (Italia), Rubén Reyes (México), Jonathan Saruk (Estados Unidos), Brendon Stuart (Estados Unidos), Manuel Vásquez (Colombia), Verso Images (Rusia), Cia de Foto (Brasil), Organización Nelson Garrido (Venezuela), Enrique Castro-Mendívil Perú), César Delgado Wixan (Perú), Mario Silva (Perú), Eliana Vásquez (Perú), Lima Photo Libre (Perú), Proyecto Verte MirArte (Perú), Supay Fotos (Perú) Horario: Lunes a domingo: 10:30 am – 9 pm Espacios Parque Kennedy (Miraflores), hasta el martes 10 de abril Parque de la Muralla (Lima), del jueves 12 de abril – lunes 30 de abril 10 de abril - 12 de mayo El retrato como refugio: Ayabaca en la fotografía de Rubén Quevedo (1917 – 1940) (NH) Organiza: Bienal de Fotografía de Lima Curaduría: Andrés Garay Espacio: Galería L’Imaginaire Av. Arequipa 4595, Miraflores Horario: Lunes a sábado: 11 am – 9 pm / Domingo: 3 – 9 pm 12 de abril - 24 de junio Medio: Antonio Escalante, fotografías (NC) Organiza: Centro Cultural Inca Garcilaso Curaduría: Mayu Mohanna Espacio: Centro Cultural Inca Garcilaso Jr. Ucayali 391, Lima Horario: Martes a sábado: 10 am – 7 pm / Domingo: 10 am – 6 pm 24 de abril – 24 junio Juan Manuel Figueroa Aznar (1878 – 1951): esplendor y ocaso del Cuzco señorial (NH) Organiza: Bienal de Fotografía de Lima Curaduría: Gustavo Buntinx Espacio: Museo de Arte Italiano Av. Paseo de la República 250, Lima Horario: Martes a domingo: 10 am – 5 pm 8 de mayo - 13 de mayo ¿Norte o Sur?: Graciela Sacco (NC) Organizan: Semana de Arte / Museo Pedro de Osma Curaduría: Gastón Delau Espacio: Museo Pedro de Osma Av. Pedro de Osma 423, Barranco Horario: Martes a domingo: 10 am – 6 pm 9 de mayo - 2 de junio Patrick Hamilton (NC) Organiza: Centro de la Imagen Curaduría: Jorge Villacorta Espacio: Galería El Ojo Ajeno Av. 28 de julio 815, Miraflores Horario: Lunes a viernes: 8 am – 10 pm / Sábado: 9 am – 5 pm 11 de mayo - 24 de junio (Re)trazos: grafía / fotografía en el siglo XXI peruano (NC) Organiza: Bienal de Fotografía de Lima Curaduría: José Falconí Espacio: Casa Rímac Jr. Junín 323, Lima Horario: Lunes a viernes: 10 am – 8 pm / Sábado y domingo: 1 – 8 pm 6 de junio - 22 de julio Intensidad y altura: aerofotografía y mirada interior en la obra de Walter Osborne Runcie Stockhausen (18831967) (NH) Organizan: Bienal de Fotografía de Lima / Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú (CCPUCP) Curaduría: Carlos Runcie Tanaka / Gustavo Buntinx Espacio: CCPUCP Av. Camino Real 1075, San Isidro Horario: Lunes a domingo: 10 am – 10 pm


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