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Debido al uso excesivo de antibióticos, existe inminente riesgo de enfrentar superbacterias
y foto: Manuel Pool
El inmunólogo clínico Francisco Javier Murillo Nájera aseguró que, con el uso generalizado de antibióticos sin prescripción medica, pronto estaremos enfrentando una compleja situación en la que no se contará con medicamentos capaces de hacer frente a superbacterias
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“Es muy importante decirle al público en general que cuide su salud y sus hábitos alimenticios, sobre todo que no se automediquen en casa, que acudan al doctor para evitar el uso y el abuso de antibióticos, ya que esto tiene que ver con un tema fundamental y es que pronto estarán de moda las resistencias bacterianas que se generan con el uso de antibióticos en exceso, que van a producir superbacterias que no vamos a poder matar”, subrayó.
El también profesor titular adscrito a la Academia de Inmunología Clínica y Alergia de la Escuela Médico Naval recalcó que esta práctica de automedicarse y la mala alimentación, nos pasan factura con la disminución de nuestra microbiota intestinal, que se interrelaciona con algunas funciones cerebrales y pulmonares, dejándonos expuestos a cuestiones que inclusive tienen que ver con la depresión y la ansiedad. En este caso, hay que aclarar que la alteración de la microbiota no es la causa de depresión o ansiedad, pero sí un factor que contribuye a que se den estos fenómenos.
La microbiota, explicó, es el conjunto de bacterias que únicamente tienen efectos benéficos para nuestro cuerpo ya que van regulando muchas funciones, entre ellas la digestiva, pero hoy en día, se ha encontrado que también regulan las defensas inmunológicas.
“El abuso de antibióticos afecta a la microbiota y su alteración permite que muchas enfermedades ya existentes empeoren, o bien que aparezcan otras, obviamente con otros factores combinados”, dijo el especialista, quien detalló que en lo que se refiere al eje intestino-microbiota-cerebro se puede hablar de depresión y ansiedad e incluso de alguna exacerbación de los fenómenos de autismo.
“Pero en el caso, por ejemplo
DE ARTE, CIENCIA Y FILOSOFÍA / ESTILO
estilo se mantiene para identificarla; de tal manera que en referencia a ella hablamos de cubismo, impresionismo, surrealismo, etc., o los estilos también clásicos que van del Renacimiento (s. XVI) al Romanticismo (s. XIX).
del eje intestino-microbiota-pulmón, podemos ser más susceptibles al desarrollo de infecciones virales como la influenza, el covid o bien, el aumento de patologías alérgicas como el asma, por ello no debemos dejar que los niveles de nuestra microbiota disminuya”, indicó y enfatizó que tomar yogurt y otros productos fermentados como el Yakult no es suficiente.
Murillo Nájera también recordó que la dieta rica en carnes, sin ninguna fibra, es la que daña mucho la microbiota, por lo que dice es importante consumir fibra dietética y verduras para mantener la microbiota sana y estable y de esta manera se pueda reproducir y que haga sus funciones adecuadamente.
Todos estamos en riesgo de perder microbiota que se va adquiriendo a través de dos vías principales: a través del nacimiento por el canal de parto, ya luego se complementa con la lactancia materna.
“Cuando el niño va creciendo y se vuelve adolescente y adulto, con el consumo de muchas toxinas entre ellas grasas, picantes tabaco y alcohol, pero sobre todo el uso de antibióticos también se pone en riesgo la microbiota y finalmente en el paciente de tercera edad, pues vemos que tiene ya problemas con sus funciones intestinales y en la recuperación de su microbiota, así es que todos estamos en riesgo si no se cuida o no se recupera adecuadamente”, indicó.
Es muy importante, una vez que sospechamos que tenemos una alteración en la microbiota, utilizar los llamados probióticos, bacterias benéficas que vienen en presentación farmacéutica y que se ingieren para restablecer y recuperar. En este sentido, recordó que hay probióticos de origen humano y de origen animal, siendo que la evidencia científica ha demostrado es el lactobacilus paracasei Cncm I 1572, el que tiene más evidencia científica tras 50 años de uso en Europa específicamente en Italia.
MARIO BARGHOMZ mbarghomz2012@hotmail.com
Aprendí sobre los estilos al estudiar arte, luego a enseñarlo. Al diferenciar estilo de técnica, tendencia, moda o género. En música, por ejemplo, hablamos de géneros musicales para diferenciarla, aunque también puede hablarse del estilo clásico para referirse no ya a una tendencia o moda, sino a toda una época como la romántica o barroca. En la danza también suele uno referirse a lo contemporáneo, clásico o moderno.
En el caso de la pintura la técnica supera al género, pero el
Los movimientos generados desde finales del siglo XIX y todo el siglo XX, suelen etiquetarse como “ismos”; fauvismo, dadaísmo, futurismo, expresionismo…
En la Literatura se mantienen los estilos y los géneros. Pero aquí a veces el autor mismo es quien da nombre a un estilo literario; “kafkiano”, por ejemplo. O la época que junto al autor determinan un estilo propio como en el caso del “realismo mágico” de Gabriel García Márquez o la “poesía épica” de Homero. Aunque también los estilos literarios van unidos regularmente al resto de las disciplinas artísticas. Así cuando decimos “barroco” o “renacentista”; podemos estar hablando de música, de pintura, arquitectura o literatura.
El Romanticismo, por ejemplo; también puede aplicarse a todo un suceso ocurrido en un país o una época como en el caso de Alemania, considerada la cuna del Romanticismo durante el siglo XIX, el “Barroco” español o la “Época Isabelina” del período renacentista de Shakespeare.
Las “tendencias” por su parte, sólo son eso y no estilos, como el “Pop-art” o el “Happening” que surgieron entre los años 60 y 70 del pasado siglo. Pero sin duda es en el ámbito de la moda donde podemos hablar de una manera más clara de la diferencia entre un estilo y una tendencia que regularmente suelen confundirse.
En la moda, cuya misma palabra nos lleva a pensar en “modo”, gusto o medida; no podríamos referirnos a estilo (aunque algunos modistos lo hagan), sino a la tendencia definida por el color, el estampado o el corte también particulares y pasajeros de una determinada época del año o del tiempo si nos refe- rimos a toda una época (o década) que definieron los años 20, 30, 60 o 70 del siglo pasado.
El estilo es algo más determinativo en aquello que define la forma, sentido y belleza de algo representativo, de algo no pasajero sino definitivo en una composición musical como Beethoven representante del romanticismo o Vivaldi del barroco, una manera de bailar como la de Nijinsky o Varyshnikov, un modo de pintar como el de Boticelli o de hacer escultura como Bernini, Rodin o Miguel Ángel.
El estilo también puede corresponderle a un edificio, un castillo, una catedral o un templo, a la arquitectura de una época como el gótico medieval o el neoclásico post renacentista. La arquitectura griega, por ejemplo, estaba determinada por tres estilos: el dórico (estilo al que pertenece el “Partenón”), el jónico y el corintio definidos básicamente por su tipo de columnas.
Y quizá una manera también bizarra de hablar de estilo, sea en política. Leí alguna vez un libro del politólogo mexicano Daniel Cosío Villegas (lo leía mucho), titulado “El estilo personal de gobernar”. Pero Cosío Villegas, de manera por supuesto sarcástica, no se refiere a lo personal del gobierno de un presidente, sino al partido o las instituciones que daban lugar a gobernar al país de esa manera; siguiendo la tradición, la costumbre, la ruta, los modos y la manera de hacerlo siempre repitiendo lo ya hecho, lo que (bien o mal) se hacía siempre. Naturalmente sin modificarlo, sin perder el rumbo ni la idea institucionalista que daba precisamente la idea de “estilo”.
Y si de estilos hablamos; ¿cuál es el nuestro?, ¿a qué llamamos nosotros “nuestro estilo?; esa manera en que cada quien es y habla, esos modos y formas de ser que nos determinan a la hora de actuar y tomar decisiones.
Aunque sin duda habrá también aquellos a lo que nada los defina; personas sin estilo.
