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En este día de la mujer, nuestra revista saluda a nuestras mujeres y declara lo siguiente:

Manifiesto 8 de marzo de 2009 Este ocho de marzo, al igual que el anterior, seguro seremos bombardead@s, por televisión o radio, con una propaganda política que pretende convencernos de la fantasía democrática, convencernos de que la diferencia entre hombres y mujeres, que la “brecha de la desigualdad e inequidad” es algo que está superado y como muestra clara a validar esta hipótesis se nos muestra que ahora una mujer nos gobierna, o bien, que se organizó un mundial de fútbol femenino, o que hay otras muchas mujeres en la política, en los negocios o los medios. Tod@s sabemos que eso es más una mentira que una verdad. Estas mujeres no son nuestras madres ni hermanas, son como Bachelet y Cristina Kirchner, son la sonrisa de un pluralismo reconciliado, más falso que un beso de la Bolocco con Menem. Pasa que la diferencia entre hombres y mujeres es mucho más compleja y en modo alguno se soluciona cambiando un presidente u organizando un mundial de fútbol, además no somos una categoría homogénea, no todas las mujeres somos iguales, a la diferencia de sexo se suma un componente determinante, y es que es si esta mujer es pobre o rica, si esta mujer tiene el poder de elegir qué hacer con su vida o está destinada a hacer lo que la necesidad por llenar la olla le dicta. Y esto en tiempos de crisis económica, o por lo menos, con el fantasma de la crisis que sirve de excusa a los empresarios para despedir gente, la vida se pone más difícil para los miles de hogares que son sustentados por millones de mujeres que llevan en su espalda el doble trabajo de ser madre y trabajadora. La condición económica es la verdadera diferencia. Mujer, vecina, compañera de trabajo, madre, feriante, vendedora de dulces, te sientes representada por esa otra mujer presidenta?, que goza plácidamente de sus vacaciones de guatita al sol en el lago más cuico del sur de Chile, mientras otras muchas mujeres se rompen la espalda trabajando de temporeras para producir el mejor vino del mundo, pero producido por trabajadoras desprotegidas, sin contrato, sin cotizaciones previsionales, sin las regulaciones laborales mínimas, quienes bajo un sol extenuante desgastan su piel y su vida; o bajo el frío intenso de un frigorífico donde sus finas manos seleccionan lo mejor para exportar y lo peor para nuestros hogares: estas mujeres junto con sus familias, los hogares de estas mujeres pobres, son los que sufren la más descarada discriminación. Porque a las mujeres profesionales se les discrimina, lo que se evidencia cuando comparamos los puestos de poder y remuneraciones que ocupan “ellos” a diferencia de “ellas”; pero aquella discriminación no pone en juego su existencia ni la de sus hijos, constante preocupación de las miles de otras mujeres y razón por la cual deben aguantar las inclemencias de un sistema de trabajo que mata a sus trabajadoras y que deben aguantar por traer el sustento a sus hogares. La mujer ha protestado con la olla vacía y con su cucharón, y con sus cebollas ha alimentado a poblaciones enteras que durante los periodos de crisis han escuchado rugir sus estómagos esperando los porotos o los tallarines de las ollas comunes, que bien comunes se hacen cuando la ambición absurda de los dueños del mundo y de las fábricas , prefieren comprar helicópteros, autos y casas de lujo, mientras se declaran en quiebra y arrastran consigo miles de hogares que sufren de su irresponsabilidad. Son estas mujeres, nuestras madres, vecinas y hermanas, solidarias y trabajadoras las que hoy celebramos y admiramos, las que alimentan las luchas de este pueblo, situándose al centro, al frente y al lado de sus compañeros y construyendo la unidad en la difícil tarea de comer todos los días.


a desear igualdad dentro del campo de juego que ellos nos proponen, la del ciudadan@ representante de las capacidades definidas según las necesidades de una minoría dominante, podemos exigir la paridad dentro de los códigos y normas de la “democracia” haciéndonos cómplices en tanto avalamos un sistema que históricamente ha privilegiado las diferencias sociales y económicas a base de discursos falsos, incluso a sangre.

Ser mujer es nuestra determinación biológica y sexual, cuando marcamos en un formulario la respuesta a nuestra sexo, colocamos la crucecita dentro del recuadro que lleva arriba la F y no la M, y cuando hacemos este gesto, además de marcar una opción, delimitamos muchas cosas, más aceptamos un paquete grande de deberes, de roles, de destinos; nuestra identificación nos separa y diferencia en posiciones incluso antagónicas o, por lo menos, excluyentes al otro sexo. “Mujer no nace sino que se hace” diría una mujer hace muchos años atrás, en función a que no existe razón por la que estas diferencias se transformen en la base de la desigualdad genérica. Como mujeres somos relacionadas a “metas” y objetivos pauteados, normados en una estructura social dónde nuestro destino se reduce a la maternidad y al matrimonio, a criar y a amar; eso se nos hereda históricamente, la identificación y aspiración de ser la mejor mujer: la madre y amante que son las condiciones de esta sociedad donde la M prima, la sociedad de los hombres, del liberalismo, de lo falocéntrico, lo autoritario, lo disciplinador, subordinador. Estadísticamente se nos muestra la brecha aún existente entre la participación de la mujer en relación al poder masculino (aunque también se nos muestra la evolución y la tesis de cada vez menos!) , como la inequidad existente en ingresos y remuneraciones tanto como la ocupación de puestos políticos y del trabajo; pero si la desigualdad y el machismo son las enfermedades de una sociedad patriarcal, el remedio y la solución nos parece igual de nociva y peligrosa. En este modelo estamos subordinadas

Así defienden ellos su soberanía y su demagogia, regulando nuestras vidas con sus leyes, instrumentalizando los conflictos, nos quieren prisioneras del individualismo, aisladas, sin la capacidad de decidir, porque saben que la única forma de que la democracia sea el verdadero “gobierno del pueblo” es integrando a los seres humanos concretos, a mujeres y hombres, que a través de la participación, del movimiento social, del exigir y plantear se autodeterminan en relación a sus reales anhelos de igualdad, de cómo conseguirla y no en la abstracción de un concepto vacío escrito en algún lugar. Hay que tomar lugar y actuar con valentía, dejar de movernos en la silenciosa aceptación y consentimiento de una realidad violenta hacia nosotras, violenta en la disparidad económica y sexual, violenta en el lenguaje y en lo cotidiano, en lo violento de los prototipos, en querer bajar cinco kilos, en no comer, en las cirugías estéticas, en lo violento de los elementos estéticos culturales de convivencia y que crean una supuesta naturaleza de “normalidades”, “vicios” y “virtudes”, que hacen ver comunes ciertas normas y conductas a veces irracionales, sin ningún fundamento. No obstante, el sujeto nunca está totalmente determinado por las normas. Esta incompletud en la determinación, hace posible la desviación en la repetición y la ruptura de la norma que permite la reinscripción de nuevos significados rompiendo contextos anteriores. Son los espacios de libertad los que debemos expandir y crear, desde ahí, un nuevo modo de vida, alejado de las conductas e ideas que nos han transmitido generaciones de profesores, políticos, periodistas o personas común y corrientes que reproducen las pautas establecidas hace miles de años, normalizadas e institucionalizadas por el estado, la iglesia, y todo quienes usufructúan del sistema. En este 8 de marzo la comuna pone al frente estas demandas para avanzar hacia el día en que no tengamos conmemorar el 8 de marzo, ni el 1 de mayo, porque no existirá la opresión ni la explotación. lacomunadepuentealto@gmail.com


Manifiesto de feminista de La Comuna de Puente Alto