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Violencia de masas y violencia vanguardista, de la lucha espontánea a la acción consciente. por Chinchorrin Desde un tiempo largo hasta esta parte, hemos podido constatar en los medios (diarios, televisión, radios, internet) y principalmente en el diario vivir, que el descontento popular se hace cada vez mas radical. Las marchas ya no son eventos particulares con convocatorias minoritarias, con violencia particular y sin ningún efecto mediático más que los destrozos y los cortes de tránsito. Las manifestaciones populares se hacen cada vez más amplias, cada vez más innovadoras, cada vez más radicales. Se han manifestado los trabajadores mineros, muy bien organizados, con altas convocatorias y con objetivos concretos que de a poco han sido alcanzados. Los trabajadores forestales y los peñis han puesto sobre la mesa sus temas y han recibido, a solicitud de los empresarios y por intermedio del Estado, rechazo y muerte, pues no olvidemos que el “general del pueblo” se encargó de la represión de los Mapuches y los forestales en el sur de Chile, con las consecuencias por todos sabidas, pero acalladas por la Concertación, de la muerte del compañero Rodrigo Cisternas, acribillado por la policía. Los pescadores artesanales, a lo largo de Chile, ven cada vez mas reducidas sus cuotas de pesca e intervenidos sus sectores exclusivos de explotación por las grandes empresas pesqueras, las cuales son propiedad de algunos señores “honorables” Diputados y Senadores. Se han manifestado también los deudores habitacionales, utilizando nuevas formas de expresión que han llamado la atención y han causado escozor


entre “nuestros” representantes. Como olvidar aquellas interrupciones a Lagos o Bachelet en sus intervenciones públicas, provocando la ira más ridícula de éstos al enfrentar la realidad a la que han cerrado los ojos, ante lo cual recurren, como siempre, al desalojo policíaco de los descontentos. Se han manifestado los trabajadores de la Salud, de los Servicios Públicos, de la Locomoción colectiva, temporeras, y así podríamos seguir citando el descontento. Pero la guinda que corona la torta es la aprobación, en la cámara de diputados, de la Ley General de Educación (LGE), de la cual, algún ingenioso ridiculizó, certeramente, diciendo que es La Gran Estafa. Aquí quiero detenerme y analizar la violencia de masas y de vanguardia que hemos podido apreciar en TODAS las manifestaciones. Primero partieron solos, únicamente los estudiantes secundarios, luego se unieron los universitarios, en algún momento incluso acompañaron los apoderados y ahora se sumaron los profesores. Se juntaron en Valparaíso más de 20 mil personas y la prensa dijo que eran 8 mil. Los diputados, mientras discutían en el Congreso, vociferaban que la LGE manifestaba el sentir de la inmensa mayoría de los chilenos mientras, en las afueras del congreso, se manifestaba la inmensa mayoría de chilenos en contra de la ley. Los colegios y universidades han sido tomados más de 200 veces en los últimos meses y el gobierno hace vista gorda a ese hecho concreto. Se han tomado las sedes de algunos partidos políticos e incluso las sedes de la UNESCO y la ONU en Chile y para el gobierno no ha pasado nada. Ante todo eso, me asalta la pregunta ¿La Concertación cree que el pueblo tiene paciencia ilimitada? Nos aumentan el costo de la vida, suben los precios de todo, menos del salario, nos prestan servicios de pésima calidad, nos discriminan, nos pintan una película que nunca fue y nos hacen creer que gobiernan para todos nosotros, mientras lo único que hacen es legitimar, a través de la violencia del Estado, la propiedad privada de los ricachos y los puestecitos de los apitutados de la Concertación. Frente a esta situación, que cada vez se hace mas insostenible, debemos reaccionar, debemos movilizarnos y debemos entablar una discusión, por una parte moral y por otra parte, práctica. Moral en el sentido de la legitimación, por parte de nuestra clase, de la violencia, pero no de cualquier violencia, no de cualquier manifestación, sino de la violencia de masas, aquella que moviliza y avanza, en vez de desmovilizar y retroceder. Aquella violencia de masas en respuesta a la violencia policíaca del Estado. Ellos tienen las armas, nosotros nada más que nuestras cadenas que romper y nuestra fuerza popular. Ellos tienen las cárceles y su justicia, nosotros la justicia y el castigo popular. Moral también, en el sentido de atreverse a contestar, sí, sí a la violencia en respuesta a su violencia. Práctica en el sentido de ejercerla, pero no como lo hacen los narcos (a quienes también debemos criticar y denunciar, por cierto) cuando salen a disparar el 11 de septiembre o el día del joven combatiente, sino en el sentido de las tomas, de los


sitings (acto mediante el cual los manifestantes se sientan en la calle y no se mueven a menos que los saquen arrastrando), los mitins, la participación en las organizaciones populares, de base, donde se discuta en un lenguaje accesible a todos, donde quienes quieran aprovecharse de las circunstancias para su propio beneficio sean denunciados y sacados, de las manifestaciones organizadas, pasando de la espontaneidad del movimiento a la acción consciente de este producto de la preparación previa, de la acción premeditada. Hay quienes condenan la violencia vanguardista, ejemplarizadora, pero ante las circunstancias actuales, considero que se hace necesaria, como también se hace necesario dejar el temor del vanguardismo, cuando en realidad el vanguardismo somos todos nosotros, que de una u otra forma contribuimos al despertar consciente de quienes, producto de la enajenación a la que nos condena el Estado y sus relaciones sociales -de trabajo asalariado y explotación donde los ricachos se apropian del producto de nuestro trabajo, donde este lo vemos como algo ajeno, donde condicionan nuestras relaciones sociales con los demás y con la naturaleza, donde nos obligan a desarrollarnos solo en un ámbito para poder vivir- se han quedado dormidos o con temor. Ya basta de que nos pisoteen y se crean que somos una masa de rebaño al que guían y sacan provecho, somos nosotros, los más, los desposeídos, quienes tenemos el futuro en nuestras manos, y no sólo el nuestro, sino el de las futuras generaciones, que de seguir en estas condiciones de explotación y consumo brutales, de descuido con el medio ambiente, puede ser que ni siquiera alcancen a nacer. Yo no quiero eso para mi hija ni para ninguna personita que venga a este mundo, y creo que el sentido común de todos tampoco lo quiere, pero desde nuestras casas, creyendo todo lo que la televisión, los diarios y la radio nos dicen, no resolveremos nada. Es organizándonos en el pasaje, en la cuadra, en la junta de vecinos, en las organizaciones de base que existen ya en nuestras comunas, en los municipios y en la calle, como podemos hacer manifiesto el descontento que expresamos en nuestras casas al ver tanta injusticia. Es legitimando el uso de la violencia de masas y de vanguardia, y llevándola a la práctica, como podremos hacer que esto cambie. Sentados en el sillón, pateando la perra por lo incómodo que venía en la micro, por lo lejos que está la pega, por lo maricón que es el jefe, por la nula representación de los representantes, por lo mala que está la biblioteca del colegio de mi hijo, no llegaremos muy lejos. A la calle compañeros, a criticar entre todos, a poner a la orden del día los temas que realmente importan y no los que nos imponen desde el gobierno, a entablar la conversación con el compañero en la calle, a relacionarnos socialmente para criticar a partir de la realidad y no de la fantasía que se nos presenta como realidad. Por la organización conciente de los trabajadores, por la legitimación de la violencia de masas y por la libertad real de la humanidad.

Trabajadores al poder!!!

Violencia de masas yviolencia vanguardista,de la lucha espontáneaa la acción consciente.  

texto aparecido en el primer numero de la revista la comuna de puente alto

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