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Una Obra que Brota del Corazón

Hermana Eloísa Rogel Ch., Sr Carlos Kubick C., Madre Irene y Ana María Rubio L.

Congregación Del Buen Samaritano

Es motivo de orgullo para mí participar en este libro que publican las Hermanas del Buen Samaritano, ellas se han dedicado a la noble actividad de atender personas de la tercera edad y enfermos terminales, brindándoles una atención de primer nivel y principalmente afecto y dignidad.

Estimulados por la generosidad y el trabajo solidario de las Hermanas de Buen Samaritano hemos hecho numerosos aportes como camas clínicas, muebles, ropa de cama, y una enrome cantidad de artículos del campo de la salud. Todo este material ha sido aprovechado íntegramente por la congregación con un ingenio sorprendente. Nuestra Fundación que surge de Empresas Banmédica, el principal grupo de salud de Chile, ha hecho suya la actividad de promover la prevención en salud, y la promoción de estilos de vida saludable, haciendo de esta actividad un compromiso social muy sólido. Hemos liderado la prevención de enfermedades crónicas, de obesidad infantil en sectores vulnerables, y hemos dedicado un esfuerzo importante al proyecto “Mujer Descubre tus Piernas”, solucionando la patología de varices, mediante la donación de cirugías complejas que no están al alcance de todas las personas, devolviéndoles su dignidad y autoestima.

La oportunidad de estar junto a las hermanas, se dio también en un proyecto común, que es este libro donde se relata la vida de esta congregación y de la hermana Irene García de Prado. Creemos que este proyecto es un tributo más a la iniciativa de las hermanas y ayudará fuertemente a encontrar nuevos colaboradores que permitan ampliar la red de apoyo para continuar el desarrollo y acogida del Hogar el Buen Samaritano. Las Hermanas del Buen Samaritano constituyen de por si una obra extraordinaria que lleva a término tareas que en su inicio parecen imposibles.

Carlos Kubick C. Gerente General Empresas Banmédica Director Fundación Banmédica

Una Obra que Brota del Corazón

Nuestra relación con las hermanas del Buen Samaritano partió con una solicitud de cooperación que Fundación Banmédica acogió con mucho entusiasmo. Ejecutivos nuestros viajaron hasta Molina y conocieron en terreno la gran obra que han construido las hermanas, interiorizándose de las necesidades que su labor solidaria enfrentaba.

35 años de Fundación 70 años de Profesión Religiosa de la Madre Irene


Manual de Costumbres Introducción

Todas tenemos el anhelo de ser santas y si no lo tenemos, miremos a Jesús clavado en la cruz y nos vendrá el deseo de imitarle. Para ello, vemos como la Santa Madre Iglesia continuamente está canonizando las cosas sencillas y simples de la vida de muchas almas. Aparentemente no hicieron grandes cosas, pero las hicieron en unión a la comunidad a la que pertenecían. (Teresita del Niño Jesús, Santa Teresa de los Andes). Lo hicieron todo con perfección, con gozo de hacer la vida común, extraordinariamente vivida, con la alegría de quien se entrega al Señor en la plenitud del amor.


Autor: Luis Herrera Aguerrevere Gestión Institucional: León Cosmelli Pereira Diseño: Paulina Navarro Cruz María Luisa Navarro Cruz Fotografía: Tito Alarcón Pradena Investigación: María Gabriela Herrera Cuadros Impresión: Quad Graphics S.A.

NOVUM Media www.novumeditorial.cl

1ª Edición Julio 2013 – 2.000 ejemplares I.S.B.N: 978-956-8742-12-6 © Todos los derechos reservados NOVUM Editorial Ltda.

Especiales agradecimientos a: José Manuel Gutiérrez, encargado de comunicaciones audiovisuales de la Congregación de la Hermanas del Buen Samaritano. Créditos fotográficos: Archivo Congregación Hermanas del Buen Samaritano, pp. Archivo Fundación Banmédica


Una Obra que Brota del Corazón Congregación Del Buen Samaritano 35 años de Fundación 70 años de Profesión Religiosa de la Madre Irene


Índice Prólogo 1 Presentación 3 El Servicio, una Alegría 12 70 Años de Profesión Religiosa, 35 Años de Vida de la Congregación 30 Un Día en la Casa del Buen Samaritano 40 Testimonios 110


Presentaci贸n


> Hace algunos años, siendo director de Banmédica, fui invitado junto a otros ejecutivos de la empresa a conocer la obra de las Hermanas del Buen Samaritano, que dirige la madre Irene García de Prado, en la localidad de Molina. El motivo de nuestra visita iba relacionado con una donación de equipos y algún mobiliario que estaba haciendo una de las clínicas de Banmédica a esta obra, de la cual teníamos muy buenas referencias. Lo que allí encontramos supera con creces lo que uno pueda describir, pues sus pulcras instalaciones, su maravilloso jardín y las luminosas caras de las hermanas precedidas por la madre Irene, pueden ser fotografiadas, no así la espiritualidad que allí reina. Este ambiente, que es inmanente, lo explica con su amable elocuencia su directora y

Carlos Eugenio Lavín G.H., Madre Irene y Sebastián Balmaceda H.

fundadora cuando nos dice que aquí llegan los necesitados, los que el mundo abandonó hace rato y una mano invisible los lleva a buscar un asilo donde nadie les pregunta de adónde vienen, ni quiénes son. El samaritano del Evangelio no lo hizo y por ende tampoco lo hacen las hermanas. Lo más conmovedor de este magnífico asilo es que vive de la caridad. Allí no se produce ni se vende nada, sólo se reciben donaciones materiales que se transfiguran, en manos de estas hermanas, en el más puro amor a nuestros semejantes abandonados. La Fundación Banmédica quiere, a través del presente libro, homenajear esta obra, donde uno de los más bellos pasajes del Evangelio se transforma en realidad por las amorosas manos de las Hermanas del Buen Samaritano:

“Pedid y se os dará; buscad y hallareis; llamad y se os abrirá Porque todo el que pide recibe, y al que llama se le abrirá” Carlos E. Lavín G.H.

Presidente de Fundación Banmédica

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Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?» Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo»

El Servicio, una Alegría 10


La Verdadera Alegría También Nace Del Dolor

> Coincide la edición de esta obra con la asunción al pontificado del Papa Francisco, quien toma su nombre del santo de Asís, en medio de enormes expectativas. Francisco de Asís, gran santo y hombre alegre, sigue encantando a enorme cantidad de personas de las más diversas extracciones. Con su expresividad característica, Dante se refirió a él en estos términos: “Nació un nuevo Sol”. Es el mismo Francisco a quien el Papa Inocencio III vio en sueños, pequeño e insignificante, sosteniendo con sus hombros la Basílica San Juan de Letrán para que no se derrumbara, significando su vocación histórica. Hoy, en los albores del ejercicio de su ministerio, el Papa Francisco habla con firmeza y claridad sobre la pobreza, no sólo la material, sino también la enorme pobreza espiritual de nuestros días, que afecta a los países considerados más ricos y pone en peligro la convivencia entre los hombres.¹ Abordar la temática de la pobreza con la repercusión y sonoridad propias del comienzo de un pontificado, ha generado una oportuna expectativa. A propósito de la misma, se han

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Discurso al Cuerpo Diplomático, Sala Regia del Palacio Apostólico Vaticano – 22 marzo 2013

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oído algunas voces que reclaman soluciones materialistas, las cuales terminan humillando al hombre, ignorando justamente las profundidades de su humanidad. “El amor –caritas– siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa”.² Muy a diferencia de quienes piensan que lo que hace falta es un Estado que lo regule y domine todo, más bien es necesario uno que “generosa-

“El amor –caritas– siempre será necesario, mente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía de los hombres necesitados de auxilio”, como afirmaba Benedicto XVI.³ La pobreza tiene diversos rostros, sostenía con firmeza la madre Teresa, tan familiarizada con el hambre material: “Donde la gente parece más rica hay un hambre mayor y una pobreza más grave, que es la pobreza espiritual”.

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En esa vía entendemos la vocación providencial del Santo de Asís; irradiar con un profundo sentido de unidad la construcción de un mundo con capacidad de trascendencia, combatiendo la falta de rumbo y la indigencia de quienes han renunciado a Aquel que es fuente y fin de nuestra existencia. Sin duda, no basta ejercer la vocación de Buen Samaritano con la mayor competencia posible. La cuestión central reside en hacer el bien con pasión, en primera persona, donde sea. En definitiva,

“con un corazón que ve”; de esta manera podremos experimentar la riqueza de la humanidad, la de quien sirve con humildad y la de quien es servido con confianza. Servir, dedicarse, inmolarse de forma íntegra, es lo que produce la verdadera felicidad. Es la lección que nos invade y a cuyo influjo no podemos resistir luego de haber convivido con la Obra de la Madre Irene: podemos encontrar la verdadera felicidad justamente en aquello que pretendíamos evitar. Pensábamos que la feli-


cidad consistía en poseerlo todo. Hemos aprendido, por el contrario, que ella consiste en darse por entero. Nuestra sencilla pretensión es transmitir a través de estas páginas la vivencia de un verdadero milagro que se hace palpable a cada instante, no en la lejana África o en medio de los enigmáticos meandros humanos de Calcuta, sino muy cerca, en nuestro Chile, en una región acostumbrada a extraer de las entrañas de la tierra nobles caldos. Este milagro que se ha hecho cotidiano sucede en Molina, en el día a día de la Madre Irene y las Hermanas del Buen Samaritano. Ellas se constituyen por-

tadoras de luz y alegría y están acostumbradas a posar su mirada sobre la gente: “no para ver lo que queremos ver, sino aquello que es. Sin previsiones ni recetas”, como nos pide el Papa Francisco. Aspiramos a plasmar la realidad tal cual es. A veces cruda, otras ingenua y modesta, constantemente llena de sorpresas, pero siempre repleta de genuino amor. Este amor profundo y desinteresado que iluminó el rostro de San Francisco de Asís, que se sigue irradiando a través de los siglos y se hace realidad en nuestros días. Es el mundo del sufrimiento, en todas sus dimensiones, que implora con angustia el mundo del amor humano, pasando de la conmo-

ción a la compasión y de allí a la entrega generosa de sí, también en una dimensión total. Ha sido un privilegio inesperado para NOVUM Editorial convivir con las Hermanas del Buen Samaritano y aprender, como una lección de vida que quedará impresa para siempre en nuestros corazones, que la verdadera alegría también nace del dolor. Luis Herrera Aguerrevere

incluso en la sociedad más justa”

² Benedicto XVI. Carta Encíclica “Deus Caritas Est”, n°28 ³ Ídem, ibidem

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El Buen Samaritano nos urge y apremia a darnos a favor de los “pobres más pobres”. Es una misión de servicio sin proselitismo de ninguna especie y que no debe esperar recompensa o gratitud, entregándose a este apostolado en cualquier lugar donde la Iglesia nos necesite, en la población marginada y en ambientes de desamparo social, en soledad y en falta de afecto, en pobreza material o espiritual, con preferencia de tiempo y esfuerzo en favor de los pobres más pobres en quienes se encuentra la expresión personificada de esta misión en la Iglesia, todo y sólo por amor de Dios en ellos. Tratamos de vivir la parábola del Buen Samaritano. Constituciones Congregación del Buen Samaritano No 4

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do tu corazón, con toda tu alma, con todas tus dijo a Jesús: entonces: «Bien erzas Díjole yhascon toda tu mente; y a tu prójimo como a respondido. Haz eso y respondió: « vivirás». Pero él, queriendo le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo mismo». justificarse, dijo a Jesús: «Y a Jericó, y ca es mi prójimo?» «Amarás al Señor tu Dios con s?»¿quién Respondió: Jesús respondió: «Bajaba un después de de de Jerusaléncon a Jericó,toda y do tu hombre corazón, tu alma, con todas tus cayó en manos de salteadores, dejándole me despuéstoda de despojarle erzas que, y con tuy mente; y a tu prójimo como a golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz mismo». eso y vivirás». Pero él, queriendo justificarse, Ley? ¿Cómo dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?» Jesús or tu Dios con respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén on todas tus a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, ójimo como a 70 años de Profesión, después de despojarle y golpearle, se fueron 35 años de vida la Congregación dejándole medio de muerto. Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo 16


«Y ¿quién es mi prójimo?» Jesús «Bajaba un hombre de Jerusalén ayó en manos de salteadores, que, Años Apasionada Por Los Más Necesitados espojarle 70 y golpearle, se fueron edio muerto.

s

> Hace 35 años en la Parroquia Nuestra Señora del Tránsito, la mañana de un 17 de diciembre, novena de la Navidad, tres religiosas se consagraban a Dios en las manos de Monseñor Carlos González Cruchaga, Obispo y Pastor de la Diócesis de Talca. Han transcurrido en total setenta fructíferos años de profesión religiosa de la Madre Irene García de Prado, fundadora de las Hermanas del Buen Samaritano, ocasión ideal para introducirnos en su ejemplar historia, al mismo tiempo sencilla y emocionante.

Domnina de Prado, la decimosegunda hija de catorce hermanos, nació el sábado 5 de noviembre de 1927 en el poblado de El Burgo Ranero, en León, España, enclavado en el Camino de Santiago. Fue hija de don Cecilio García Fernández y doña Irene de Prado Tejerina, fervorosos católicos que supieron templar desde la más tierna infancia el alma de Domnina en el amor de Dios. “Llegó el pobre” se oía con frecuencia en su hogar, y el pobre era sentado a la mesa para recibir alimento y cariño. A los seis años de edad recibió su Primera Comunión, siendo confirmada cinco años más tarde por el entonces Obispo de León, Monseñor Luis Almarcha Hernández.

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Muy Joven Sintió Conmovida El Encuentro Con Cristo Un miércoles Santo, con escasos once años de edad, mientras se trasladaba junto a su hermana a un pueblo cercano para llevar los Santos Óleos por instrucción del cura del pueblo, un caballo desbocado lanzó contra el duro suelo al anciano que lo montaba. Inconsciente y sangrando en medio de la soledad del camino, fue asistido por la pequeña Domnina quien sujetaba su cabeza con fuerza conteniendo la hemorragia. Enfrentándose a la incertidumbre y el miedo con naturalidad, permaneció así arrodillada durante una hora hasta que su hermana llegara con ayuda. Gozaba ya de la satisfacción por servir al necesitado. Este hecho marcó su vida. Se produjo así un encuentro místico en el que sintió conmovida el llamado de Cristo, que fue alimentando, inspirando y consolidando la vocación samaritana desde su infancia, con el paso del tiempo. Muy joven se consagró al Señor y desde allí empezó a trabajar por los enfermos.

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Ingresó a la Congregación Religiosa de las Siervas de Jesús a la edad de 15 años en Bilbao, vistiendo el Santo Hábito el día de la festividad de San Lorenzo mártir —uno de los siete diáconos de Roma dedicado al cuidado de los pobres— en el Noviciado de Deusto. Recibió el nombre de Irene, que significa paz, justamente lo que ha dejado traslucir su rostro sin proponérselo, en medio de las más variadas circunstancias.

A la edad de 23 años hizo su Profesión Perpetua, el sábado 11 de agosto de 1951, en León, y el mismo año rindió sus exámenes de enfermería —especialidad que estudiaba desde su primera profesión de votos— en la Universidad Complutense de Madrid.


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Un Maestro Providencial Dos años más tarde es destinada a la ciudad de Bilbao como Jefa de Clínica, Administradora y Primera Enfermera de Quirófano, de un selecto grupo de profesionales bajo la batuta del eminente médico Dr. Eusebio García Alonso, gran maestro cirujano y pionero en la operación del cáncer gástrico en Europa. Inquieta como siempre, no deja de perfeccionar sus conocimientos en Medicina, sacando el tiempo de donde no lo había, en medio de mil ocupaciones. Durante 15 años supo aprovechar intensamente las enseñanzas del Dr. García Alonso, quien tal vez intuía el futuro Samaritano de la Madre Irene en las lejanas tierras de América, y le enseñaba con especial predilección y profundo sentido de humanidad. Su marcada sensibilidad y carácter compasivo permitieron a la Madre Irene, bajo una discreta complicidad, esconder a los pobres en su Sanatorio… Al fallecer el Dr. García Alonso el año 1966, y llena su alma de deseos de servir a los más necesitados hasta el olvido de sí, pide a sus superioras hacer una experiencia con la Madre Teresa de Calcuta. La congregación la destina sin embargo a la ampliación del Sanatorio, labor que concluye con éxito, pero siempre con la clara aspiración de una entrega más radical al servicio de los más pobres entre los pobres. Durante esos años supo aprovechar su responsabilidad como Administradora y Jefe de Clínica en favor de los más necesitados, auspiciando, permitiendo e impulsando innumerable cantidad de intervenciones a favor de ellos. Enfermera, pues, y abogada también de los más necesitados, de quienes siempre ha sido apasionada defensora.

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Arriba: Monseñor Horacio Valenzuela Abarca, Obispo de Talca, siempre en estrecha comunión con las Hermanas del Buen Samaritano

Abajo: Las Fundadoras con el Nuncio de Su Santidad en Chile, S.E. Mons. Ivo Scapolo


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“Si soy llamada a sufrir, sufrir y callar mejor todavía, pues es más agradable al Señor”

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Sufrir Y Callar Con “ganas de ser santa” transitó por momentos de gran adversidad. Son los túneles oscuros por los cuales se peregrina durante la vida religiosa y que no fueron eximidos a la Madre Irene, quien los ofrecía con la alegría de su corazón, con tanto más fervor cuando “Dios pareciera esconderse”. “Si soy llamada a sufrir, sufrir y callar mejor todavía, pues es más agradable al Señor”, enfatiza, mientras se percibe en su rostro el brillo intenso de la paz. Con un corazón encendido de angustia por los más necesitados, recibe el año de 1970 una noticia que presagiaba un cambio de rumbo hacia su gran anhelo: es destinada a Chile. “Allí tiene muchos pobres”, afirmó su Superiora, como queriendo confirmar el bendito premio que la Providencia le otorgaba después de años de paciente espera. Llega a Chile a sus 43 años de edad, justo el día en que Salvador Allende era electo Presidente de la República. Destinada como Superiora de la Casa de Talca, experimenta la miseria en sus poblaciones. La conmueve que no exista

una sola Posta, por lo que la mayoría de los pobres quedaba sin atención, y ante esa realidad pungente empeña todo su brío en hacer nacer los Policlínicos donde se atiendan sus necesidades médicas, pero sobre todo donde se les trate con dignidad. Es la dignidad que reclaman desde el fondo del corazón los postergados, muchas veces con medios económicos, pero con una sed auténtica del cariño y ternura que sólo pueden regalar las almas de aquellos que descansan en Dios. Siete años después es nombrada Superiora de la Casa de Concepción. Con la certeza de que “la medida de amar a Dios es amarlo sin medida”, presenta un proyecto para atender a los más necesitados entre los pobres, el cual no es aceptado por la Congregación. Acrisolada su vocación con el paso del tiempo y la cruz, y puestas sus esperanzas en el Altísimo, providencialmente es acogido su proyecto por Monseñor Carlos González Cruchaga, Obispo de Talca y con gran dolor deja la Congregación de las Siervas de Jesús, para seguir los caminos luminosos que la gracia le inspiró desde siempre.

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Nace en Molina la Comunidad del Buen Samaritano

Comenzaba de nuevo la historia, prácticamente desde cero, si no fuese porque lo sustancial estaba en su plenitud: la fe irreductible en el cumplimiento de su vocación. En abril de 1978 se hospeda en la casa de doña Mila Lafeble, madre de Monseñor Alejandro Jiménez, Obispo Auxiliar de Talca, y poco después le sigue la Hermana Eloísa Rogel, hermana de fe, amiga incansable e inseparable, compañera de mil batallas. El 19 de junio de 1978 llegan a Molina y son albergadas en habitaciones prestadas por las salesianas Hijas de María Auxiliadora. Al día siguiente instalan el primer Policlínico en el antiguo edificio de la Gobernación, facilitado por el Alcalde de Molina. Tres días después reciben la visita de Monseñor Carlos González y en la única mesa de que disponían, que hacía de escritorio y comedor al mismo tiempo, es celebrada la Eucaristía. En medio de gran recogimiento y en un ambiente en que “la gracia casi se podía tocar”,

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don Carlos bautiza la comunidad naciente con el nombre de “Las Hermanas del Buen Samaritano”. La evocación de la parábola del Buen Samaritano no podía ser más apropiada. El sufrimiento, presente de múltiples formas en nuestro mundo, invoca insistentemente, sin pausa, el mundo del amor humano, más aún cuando es iluminado por la gracia de Dios. Es propiamente el ejemplo de vida de esta comunidad: la plenitud que se encuentra en la entrega de sí a favor de los demás. Dios lo quiere. De inmediato comienzan la labor. Los pobres llegan, se pasan la voz, cada vez son más numerosos. Se entiende aquí la clarividencia de la Madre Irene cuando le preguntaban dónde quería ubicar su casa: “Donde los pobres puedan llegar a nosotros y nosotros a ellos”. Por fin, después de décadas no exentas de incertidumbre y aflicción, vuelve a florecer una vocación excepcional, nacida de la paciente y confiada espera. El 17 de diciembre de 1978, en medio de una profusa, alegre y colorida representación de todos los estamentos de la región, la Madre Irene y las Hermanas Eloísa y Purificación González hacen públicamente su Profesión Religiosa en la Iglesia de Molina.

Las Hermanas del Buen Samaritano con el Capellán del Hogar, el Padre Hernán Vergara I.


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La Obra Florece Y Trasciende Las Fronteras En pocos tiempo la Obra va adquiriendo peso específico y se expande con una velocidad que sólo es posible bajo el amparo del Altísimo. La misma trasciende vertiginosamente las fronteras y encanta a voluntarios que vienen especialmente de Europa y América. Funda una docena de Policlínicos en lugares estratégicos e incluso recibe en donación de “Manos Unidas” de España un Policlínico Móvil. Establece comedores escolares, entrega medicinas, cura a los heridos, atiende a los enfermos, da de su pan al hambriento. Sobre todo, trata con dignidad a cada uno, sean ricos o pobres, reflejando el verdadero rostro de Cristo, que no se esconde, que se da por entero sin preguntar nada, sin exigir nada.

Providencialmente el sacerdote español Adolfo Zaldívar, capellán de un hospital en la ciudad de Frankfurt, Alemania, se encontró allá con una hermana de Madre Irene, quien le describió con detalle sus actividades misioneras en la lejana América. Deseoso de vivir la experiencia samaritana, el padre Adolfo visita la obra en Chile y convencido de la

necesidad de ayudar a su expansión, entre el asombro y el entusiasmo, se convierte en su gran promotor en la lejana Europa. Muchos se impresionaron con su testimonio y, conmovidos los corazones, logró conquistar una ayuda generosa que ha hecho posible construir la primera etapa de la casa actual.

En su búsqueda afanosa de todo el que sufre, entiende que es urgente disponer de un establecimiento apropiado en el que se pueda atender con dignidad y competencia a todo el que lo necesita. Así, el año 1982 se coloca la primera piedra del actual Policlínico Hermanas del Buen Samaritano, en la calle Igualdad 1482 de Molina. Esa primera piedra colocada bajo el altar de la futura capilla, ha sido testigo mudo de un milagro que se renueva día a día: nunca falta cuando se trata de servir a los más necesitados.

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El 24 de agosto de 1985 se inaugura la capilla y el comedor de niños, y dos años más tarde se traslada toda la comunidad religiosa, donde ya se encuentran enfermos y ancianos abandonados. Han pasado 35 años del día en que nacía en el seno de la Iglesia Católica una nueva congregación de religiosas, que de forma sencilla expresa su carisma: “a los pobres enfermos los hemos de tratar como a los seres más importantes de nuestras vidas”. Ese compromiso hace fecunda una Obra que no se contenta con estar presente en Chile, en donde además de Molina tienen casas en Diego de Almagro, en la III Región, en Vallenar y en Curicó. Hoy tienen Hogares en España. México y Colombia, porque la necesidad no tiene fronteras. Esta religiosa pequeña de estatura, de gran corazón, y que hace recordar a Teresa la Grande por su espíritu de-

Arriba: De quirófano junto a la Superiora General de las Siervas de Jesús, en la azotea en construcción del “Sanatorio Bilbaino”.

“a los pobres enfermos los hemos de tratar como a los seres más importantes de nuestras vidas” cidido y apasionado de Dios, muestra su carácter sin vacilaciones: “Cuando recibimos un indigente, un enfermo desparramado en las poblaciones marginales, primero se les baña, se les atiende...y luego se les pregunta quienes son”. Más de 500.000 personas han pasado por los cuidados de las Hermanas del Buen Samaritano en solo Chile. Cientos de estos casos han sido atendidos por la Madre Irene, consolados por ella, aliviados por sus propias manos. Tiene la costumbre de besar las partes heridas de los enfermos que cura. Ellos siempre dicen que es el beso que los sana, ante la humilde protesta de la Madre que, no obstante su enfática negativa, continúa irradiando paz.

Abajo: En Talca como Superiora de las Siervas de Jesús

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Un Trabajo Que Se Convierte En Oración

Al participar de estas escenas conmovedoras, no tenemos duda en afirmar que algo sobrenatural se manifiesta en ese momento. Hay una conexión entre el cielo y la tierra sin aspavientos, que de forma sencilla, tierna y elevada apacigua al desvalido, conforta al sufriente y da fortaleza al necesitado. Inspira una gran confianza, y haciendo honor a su nombre de profesa, el contacto con ella produce especial sosiego. No una paz simplona o romántica; es la unión de los espíritus, como afirma Santo Tomás. Incansable, durmiendo apenas cuatro horas al día, encuentra su refugio en la oración. ¿De dónde saca la fuerza?,

se preguntan unos. Muchos otros no entienden como puede sostener semejante empresa e inquieren con cierto grado de suspicacia; ¿Cómo es posible? La respuesta es, según la propia Madre Irene, muy sencilla: solo Dios. “Todo el día estamos en oración, porque convertimos nuestro trabajo en oración”, afirma satisfecha. Preocupada hasta los mínimos detalles, siempre está procurando servir, aliviar el dolor. Le inquieta que se deje pasar la oportunidad de atender a quienes tocan a su puerta, hasta el punto de ordenar, con el calor propio de una buena superiora de sangre española: “Si faltan camas para los enfermos, les damos las nuestras, empezando por la mía”.

La Madre Irene a los 15 años de edad

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Enfermos de sida, tuberculosis, accidentes vasculares o parálisis cerebral, pacientes geriátricos en fase terminal, en fin, ante las más diversas, críticas e inesperadas situaciones, todos los que se acercan a la Casa son acogidos con cariño. Es la casa del Buen Samaritano, en la que no se rechaza a ninguno. Desde seres humanos abandonados que son recogidos literalmente esperando la muerte bajo un árbol, hasta sacerdotes que después de haber entregado su vida por amor a las almas, aguardan con los huesos cansados el encuentro con el Padre Eterno, todos son acogidos sin distinción, sin dilación, de inmediato.

“Todo el día estamos en oración, porque convertimos nuestro trabajo en oración”

Ellos son “nuestros señores”, recuerda siempre la Madre repitiendo aquellas conmovedoras palabras de San Vicente de Paul. “Jamás preguntamos quiénes son, que creen o que religión profesan. Tratamos de atenderlos hasta su total recuperación, o su ida hacia el Padre”, reitera la Madre Irene. 70 años de prolífica vida religiosa de la Madre Irene, 35 años de fundación en Chile de las Hermanas del Buen Samaritano, proporcionan la ocasión ideal para “retratar” la vida cotidiana de esta Obra que pone su acento en descubrir el sufrimiento existente en el interior de las personas, no con los ojos del cuerpo, sino con los del alma.

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El seguimiento de Jesús según nuestras constituciones es aprender a querer hacerlo en un forma total y verdaderamente novedosa. Será en amor, a veces doloroso, pero siempre fecundo, porque lo haremos en fe, por la acción del mismo Espíritu de Cristo. Seguir a Jesús en el estilo de la parábola del Buen Samaritano, en este aquí y ahora, es secundar la misericordia divina que a diario derrama la Santa Madre Iglesia, es infundir mayor esperanza en este mundo de hoy en la bondad de Dios Padre, es continuar derramando con El su misericordia a los más necesitados con el amor que infunde el Espíritu Santo, con formas creíbles de auténtico servicio evangélico. Molina, 15 de agosto de 1996 Festividad de la Asunción de la Santísima Virgen

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El Hogar del Buen Samaritano y la Made Irene, han recibido innumerables premios, reconocimientos y condecoraciones

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dejándole medio muerto. dijo a Jesús: «Y DíjoleCasualmente, entonces: «Bien has respondido. Haz bajaba por aquel prójimo?» Jes camino un sacerdote y, al verle, eso y vivirás». Pero él, queriendo justificarse, dio un rodeo. De igual modo, «Bajaba un ho un levita que pasaba por aquel dijo asitioJesús: «Y ¿quién es mi prójimo?» Jesús le vio y dio un rodeo. Pero a Jericó, y cayó un samaritano que iba de camino respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén llegó junto a él, y al verle tuvo salteadores, qu compasión; y, acercándose, vendó a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, sus heridas, echando en ellas despojarle y gol aceite y vino; y montándole sobre después de despojarle y golpearle, se fueron su propia cabalgadura, le llevó a dejándole medi una posada y cuidó de él. Al día dejándole medio muerto. Qué está escrito siguiente, sacando dos denarios, se ¿Quién de estos tres te parece que fue los dio al posadero y dijo: “Cuida mo lees?» de él y, si gastas algo más,prójimo te lo del que cayó en manos de los pagaré cuando vuelva.” marás al Señor salteadores?» Él dijo: «El que practicó la o tu corazón, misericordia con él». Jesús le dijo: «Vete y a, con todas tus haz tú loUn mismo» día en la casa del da tu mente; y a Se levantó un legista, y dijo para ponerle a Buen Samaritano o a ti mismo». prueba: «Maestro, ¿que he de hacer para 36


Y ¿quién es mi sús respondió: ombre de Jerusalén ó en manos de La Alegría Que Florece Del Dolor ue, después de lpearle, se fueron io muerto.

> 6:30 de la mañana. Las primeras claridades del alba anuncian un nuevo día, en medio de la tranquilidad propia de una pequeña ciudad que todavía se viste de campo. Repican las campanas anunciando el levantar y en pocos minutos la capilla acoge a las religiosas, que se desplazan silenciosas al encuentro alegre de Aquel que da la vida. Ángelus, Laudes y meditación, comprenden el primer encuentro en la oración a las 6:45 de la mañana, en el que las Hermanas del Buen Samaritano renuevan la frescura del alma. Se percibe, tras el misterio propio de las cosas de Dios, que en la oración universal de la Iglesia todas están unidas al Cristo Total. Observando las fisonomías comenzamos a discernir, que es justamente la oración, la fuente pródiga de la cual extraen el sustento para lo que ha de venir.

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Se ilumina repentinamente en la memoria lo que Edith Stein, Santa Teresa Benedicta de la Cruz, afirmaba: “en el diálogo amoroso de un alma con Dios, germinan los grandes acontecimientos que cambian el rumbo de la historia”. Es un momento sencillo y conmovedor a la vez, en el que la oración cantada con el alma, se ofrece con el espíritu alegre al comenzar un nuevo día. No es una oración triste, ni pincelada por la melancolía. Es, por el contrario, una oración que se expresa con lozanía y sencillez de corazón, con una resolución militante que se irradia por todos los rincones con la energía propia de los versos de Santa Teresa de Ávila, siempre presentes y resonando en los rincones de la Casa del Buen Samaritano.

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Vivo Sin Vivir En Mí Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero.

y causa en mí tal pasión ver a Dios mi prisionero, que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí, después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí: cuando el corazón le di puso en él este letrero, que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida! ¡Qué duros estos destierros, esta cárcel, estos hierros en que el alma está metida! Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero, que muero porque no muero.

Esta divina prisión, del amor en que yo vivo, ha hecho a Dios mi cautivo, y libre mi corazón;

¡Ay, qué vida tan amarga do no se goza el Señor! Porque si es dulce el amor, no lo es la esperanza larga:

quíteme Dios esta carga, más pesada que el acero, que muero porque no muero. Sólo con la confianza vivo de que he de morir, porque muriendo el vivir me asegura mi esperanza; muerte do el vivir se alcanza, no te tardes, que te espero, que muero porque no muero. Mira que el amor es fuerte; vida, no me seas molesta, mira que sólo me resta, para ganarte perderte. Venga ya la dulce muerte, el morir venga ligero que muero porque no muero.

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Aquella vida de arriba, que es la vida verdadera, hasta que esta vida muera, no se goza estando viva: muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero, que muero porque no muero. Vida, ¿qué puedo yo darle a mi Dios que vive en mí, si no es el perderte a ti, para merecer ganarle? Quiero muriendo alcanzarle, pues tanto a mi Amado quiero, que muero porque no muero. Santa Teresa de Jesús


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“en el diĂĄlogo amoroso de un alma con Dios, germinan los grandes acontecimientos que cambian el rumbo de la historiaâ€?

Edith Stein, Santa Teresa Benedicta de la Cruz

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Consagrando Al Señor Los Primeros Movimientos Del Alma Alimentada el alma, le corresponde ahora al cuerpo, sin interrumpir el ambiente meditativo que se prolonga en el refectorio. Durante el desayuno se escucha en silencio la lectura de algún texto sagrado, de las enseñanzas del Santo Padre y sus obispos, o bien la grabación de algún expositor sobre temas espirituales.

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La norma absoluta de nuestras vidas y la fuente de nuestra espiritualidad es el Evangelio. Constituciones No 6

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Después del desayuno, en la sala de labor, de rodillas, se reza la Consagración a la Santísima Virgen: “(…) Cobíjanos Madre, bajo los pliegues de tu manto y cuando llegue nuestra última hora, podamos contar con tu presencia amorosa y llena de dulce paz. Haz que a todos aquellos que hemos tenido la dicha de amar y cuidar en la tierra, gocen contigo y con nosotras eternamente en el cielo. Amén.”

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Terminado el acto de Consagración a la Santísima Virgen, en el mismo silencio contagioso que las ha acompañado desde el despertar, se retiran a ordenar las habitaciones.

pera de los consultorios de atención externa, el último recodo de la casa en el que todavía quedaba algún espacio libre, cuando llegó a su fin la consulta.

Al mismo tiempo, las hermanas designadas atienden al grupo de pobres e indigentes que peregrinaron la noche anterior desde los más diversos puntos de la ciudad, con la certeza de encontrar el techo y el pan que nunca les faltará en la Casa del Buen Samaritano. Algunos de ellos son trabajadores temporales en los campos cercanos, que vienen de otras regiones en busca de mejores oportunidades. Otros son humildes carentes de todo, abandonados a su suerte. Engrosan el grupo pobres alcohólicos, cuya única esperanza de ser acogidos la constituye esta casa bendita, donde la puerta se abre a todo el que llama, sin condición alguna.

Impresiona observar cómo esta verdadera legión del infortunio se mantiene ordenada, tranquila y agradecida. Salta a la vista que esto no sería posible en condiciones normales. No cabe duda de que algo así sólo puede suceder en la Casa de Dios.

Aseados, toman desayuno después de haber “levantado el campamento” que se armó la noche anterior en la sala de es-

Le preguntamos a Juan Diego, en cuya mirada triste aún se puede descubrir el brillo de la esperanza: “¿Cómo te sientes aquí?” Mirando instintivamente al cielo, responde tranquilo, con una seguridad que pareciera no serle habitual: “Aquí me dan el pan de cada día y me dan también hospedaje. Pero mucho más que eso, me dan cariño verdadero y es lo que me permite seguir viviendo”.

“Aquí me dan el pan de cada día y me dan también hospedaje. Pero mucho más que eso, me dan cariño verdadero y es lo que me permite seguir viviendo” 49


MarĂ­a, Reina y Madre de misericordia, serĂĄ el amparo y aliento cuando las hermanas experimenten los efectos de la humana fragilidad. Constituciones No 7

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Un Encuentro Lleno De Ilusión, Confianza Y Fe

Para las samaritanas, es momento de comenzar la rutina diaria. Es tiempo de servir hasta el olvido completo de sí. Varios frentes hacen que las hermanas se multipliquen y se dispersen veloces, teniendo fresca en la mente y el corazón las enseñanzas de la Madre Irene: “El enfermo es Cristo y como a Cristo debe tratarse con toda delicadeza, bondad y caridad”. Es viernes, uno de los tres días de la semana de atención en la consulta externa. Desde temprano se acoge a una muchedumbre que se renueva en completa armonía a medida que pasan las horas. Todos vienen con el dolor a cuestas, pero —podemos afirmar con la convicción que se consolida después de presenciar decenas de casos— que llegan colmados de ilusión, confianza y fe. Mientras los enfermos son atendidos en los consultorios, las auxiliares despachan cantidades insospechadas de medicamentos que se suministran gratuitamente. Muchos vienen con los récipes en la mano, emitidos por otras dependencias de salud. Niños, jóvenes, ancianos, lugareños o dolientes venidos de tierras lejanas, trabajadores, dueñas de casa, jubilados, religiosos… conforman una marea multicolor que es recibida con un cariño que no se agota, reflejado con una luz especial en el rostro de las Hermanas del Buen Samaritano.

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Compasivas, Sacrificadas Y Generosas La Madre Irene se dirige resuelta y discreta a la sala de curaciones, en donde encontrarla es habitual. Comienza atendiendo a María Neira, quien llegó hace dos semanas procedente del Hospital de Talca, hasta donde fue trasladada de Corralones, en la Comuna de San Clemente. “Pénfigo infectado” fue su diagnóstico. María después de dos semanas puede sonreír. Es una sonrisa ingenua, espontánea y sin malicia, en la que se puede percibir un leve retraso. Mientras la Madre Irene va retirándole las vendas que ella misma colocó días atrás, nos relata el primer encuentro con María: “Todo su cuerpo estaba llagado, la ropa permanecía adherida a las ampollas infectadas y gemía de dolor cada vez que se le tocaba. Permanecía muda, su rostro solo reflejaba sufrimiento y su mirada desconsuelo”. A “mano limpia” la Madre hace las curaciones de rigor mientras aprecia la sorprendente mejoría que ha experimentado la abandonada de Corralones. Esta vez María no deja de sonreír, entregándose con serenidad y confianza en las manos de las hermanas que la atienden con desvelo por cerca de una hora. “Es un angelito” dice la Madre, quien nunca se ha contagiado de enfermedad alguna, mientras fija el último trozo de vendaje.

A “mano limpia” la Madre hace las curaciones de rigor mientras aprecia la sorprendente mejoría 55


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Esta vez MarĂ­a no deja de sonreĂ­r, entregĂĄndose con serenidad y confianza en las manos de las hermanas que la atienden con desvelo por cerca de una hora

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Entrega A Los Enfermos Más Pobres

Con La Máxima Caridad Mientras espera su próximo paciente, la Madre nos relata algunos casos de los de 10 dolientes con pronóstico de amputación que durante el año llegaron a las Casa del Buen Samaritano, animados con la esperanza de salvar sus piernas. Riéndose con inocente picardía, recuerda que un médico cercano, que daba por perdida la pierna de un paciente en un hospital de la Región, y que fue curado prodigiosamente en la Casa, le dijo: “Madre, no me ande cambiando los pacientes para decir que los sanó”. Sin pausa, no obstante en medio de una atmósfera donde la urgencia es superada por la paciencia y la caridad, comienza a ser atendido Mario Segundo Bravo, vecino de Calabozo, en Romeral p’arriba… “Aquí me trajo un hermano que estaba muy mal de las piernas y aquí se curó… Desde hace 15 días me estaban tratando, pero como no mejoré, acepté venir al Buen Samaritano”. El tratamiento de sus piernas ulceradas no se hizo esperar, produciendo en Mario un alegre sentimiento de consuelo y esperanza.

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Del consultorio vecino la hermana Eloisa pide a la Madre Irene que se acerque un momento, pues una religiosa carmelita trajo a su mamá para ser atendida y desea saludarla. La estrecha unión que produce la vocación religiosa se expresa con una alegría palpable entre las mujeres de Dios, y mientras “el paciente” recibe gestos de bondad, la Madre va recitado con voz melódica uno de los tantos versos sobre Santa Teresa que guarda intactos en la memoria y en su espíritu:

Desde que entró en el convento, fue Teresa santa loca, que en la estrechez de su toca, No cabía de contento. Por un claustro abierto un día, de arco en arco se asomaba, y a las flores preguntaba, dónde su amor se encendía...

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Nunca Se Agota La Posibilidad De Hacer El Bien

Regresa a la sala de curaciones. Esta vez le toca el turno a Octavio Cerda de Curicó. Con un “¿cómo está?” es recibido cariñosamente por la Madre. La respuesta se produce inmediata y tajante: “Muy bien gracias a Dios y a usted”. Don Octavio estuvo todo un año tratándose las piernas ulceradas en centros de salud entre Talca y Santiago, sin resultados que le produjeran alguna expectativa de sanación. A medias entre la angustia y la desesperanza, llegó a la Casa del Buen Samaritano: “Aquí en apenas tres consultas ya veo la mejoría, me siento cada vez mejor”, expresa convencido.

“Aquí en apenas tres consultas ya veo la mejoría, me siento cada vez mejor”

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En este momento la hermana Eloisa, amparándose en la intimidad nacida de mil batallas y aventuras juntas, irrumpe en la sala avisando a la Madre que “tiene una llamada de Andrew, desde la India”. Mientras se desarrolla la conversación telefónica, nos explica la hermana Eloisa que Andrew es un hindú casado con chilena, enamorado de la Obra, que fue profesor de la Universidad de Talca y es uno de los tantos “hijos” que la Madre Irene ha ido cosechando por el mundo.

Doña Cupertina Mora es la próxima en ser atendida de una lista que lejos de disminuir, crece a medida que pasan las horas. Esta vez trajo a Luis Figueroa, su esposo, quien no puede caminar a causa de espolones en los dos talones. Vienen de Ranco, ella con la certeza de la curación fruto de su experiencia, él con la mirada desconfiada, pues ya había gastado 200.000 pesos sin ningún resultado. La Madre le explica con afectuosa simplicidad en qué consiste el problema y el tratamiento, y en el acto, sin preguntar, sin perder un minuto, procede a ejecutarlo. Cita a don Luis para una próxima consulta, mientras él abandona por sus propios medios la sala asombrado, casi perplejo, pero alegre y agradecido, pues ya experimenta la mejoría. 65


Sin Límites Para El Asombro El tiempo huye implacablemente. Anhelando desmenuzar la realidad por completo, le pedimos a la Madre Irene que nos lleve a recorrer los diferentes pabellones y rincones del Hospital. Nos dirigimos hacia el sector de habitaciones de mujeres, mientras ella va explicando con meticulosa sencillez la razón de cada detalle de diseño de la “Casa de los Pobres”. Mientras afirma la importancia de contar con baños amplios y bien equipados, abre una de las dos alas de la gran puerta que comunica el área de atención al público externo con los pabellones. Pensábamos que la capacidad de sorprendernos había sido superada y es en ese momento cuando llegamos a la conclusión de que nos encontramos, sin duda, en un lugar en donde no hay límites para el asombro. Como que por inercia, nos sentimos forzados a ver todo con los ojos del corazón. El amplio pasillo al que accedemos, ya no es una galería. Por obra y arte de la necesidad y del apremio, se ha transformado en un largo recinto que acoge a mujeres unidas por una causa común: el abandono. Algunas llegaron recientemente, otras tienen largos años viviendo en el que tal vez ha sido su único y verdadero hogar. Aquí residen, con certeza hasta la hora de su partida de este mundo, enfermas mentales, algunas de ellas inmóviles, otras más activas que pueden articular algunas frases, seres que nos ven con una mirada indefensa reclamando en el silencio, ser considerados en su dignidad.

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Predicando Con El Ejemplo La Madre Irene, incansable y vivaz, continúa el recorrido, que se va transformando en un peregrinaje en medio del dolor y la ternura, cuando se oye al fondo un coro imprevisto que clama: “mamá, mamá, mamá”. Entramos en una gran habitación en la cual las enfermas más hábiles reciben a la Madre con una alegría que se va propagando vertiginosamente. Ella las besa, las acoge, les regala dulces, pero sobre todo les prodiga un cariño que las sustenta en su ser. “Aquí conocemos a nuestros enfermos por su nombre”, comenta, mientras los saluda repartiendo un afecto que nunca se agota. ¿Cómo no recordar al Buen Pastor?:

“Yo soy el buen pastor; conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí”.

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“AquĂ­ conocemos a nuestros enfermos por su nombreâ€?, comenta, mientras los saluda repartiendo un afecto que nunca se agota

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Inesperadamente la abraza una residente mientras le dice: “Déjeme darle un besito… es que me gusta estar aquí”. Escenas similares se repiten con la naturalidad de un encuentro familiar: “una niña ciega con retraso evidente, fue abandonada por su familia. Don Horacio, el obispo, la subió a un taxi y la trajo para acá”, nos comenta la Madre mientras se van acercando compañeras de infortunio para festejar el encuentro.

Inesperadamente la abraza una residente mientras le dice: “Déjeme darle un besito… es que me gusta estar aquí”

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¿Compañeras de infortunio? El privilegio de servir de testigos del milagro samaritano nos advierte que esos pobres abandonados, los últimos entre los últimos, trocaron tristeza, desamparo y dolor, por afecto, ternura y alegría, siendo acogidos sin miramiento alguno en la que será su nueva familia y verdadero hogar. Vislumbramos ahora con mayor claridad los destellos del carisma samaritano expresado en sus Constituciones: “Es un servicio humilde y no valorado por la eficacia. Debe ser vivido con alegría y con paz; alegría y paz que deben dimanar de la fe con que las hermanas realizan este humilde servicio viendo en cada persona enferma, sola, abandonada, a Cristo clavado en la cruz y en el cual Cristo mismo se revela como necesitado”.


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Nuestra oración personal signifIca escuchar a Dios en asidua contemplación y aceptar su voluntad en la propia vida. (…) Cultivarán la oración para descubrir la gracia que consiste en estar conscientes de ser habitadas por la presencia de Dios. Vivir en esta presencia y sabiendo que se es templo de Dios da a la vida un sentido y valoración que anima toda existencia. Constituciones No 39

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Dedicación Y Paciencia Nos dirigimos ahora al sector de hombres, la Madre saluda a un joven revestido con la indumentaria propia de un trabajador del área de mantenimiento. Brevemente nos relata su historia, porque aquí todo es historia: “Este niño fue abandonado por la madre al nacer. Lo lanzó a un ducto de basura. El bebé logró sobrevivir, luego de ser encontrado agonizante con severas heridas. Sordomudo y con cierto retraso, forma parte hoy de esta Casa que es su casa, trabajando en labores de aseo y mantenimiento”. No hay un solo pasillo que no esté repleto de camas. La situación se repite invariablemente. Auxiliares y hermanas samaritanas se multiplican atendiendo a todos sin descanso. Experimentamos in situ que no es posible tanta dedicación y paciencia en el servicio sin el auxilio sobrenatural. Su movimiento ágil, ordenado, paciente y a la vez decidido y animoso, nos hace recordar el verso de Santa Teresa la Grande estampado en uno de los muros de la Casa, antes de llegar a la Capilla:

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Caridad Sin Límites Lejos, Huguito nos divisa desde la cama en la cual está postrado desde que arribó. Se agita, gesticula, nos abraza, y mientras recibe el entrañable cariño de la Madre, muestra instintivamente sus manos que aún delatan el maltrato recibido años atrás. Hugo fue encontrado de manera fortuita por vendedores viajeros, amarrado con alambre, comiendo el alimento que le lanzaban como a un animalito. “A esta sala han llegado niños de los más diversos sitios. A muchos los hemos enseñado a comer, a ponerse de pie. Otros como Marcos Ciudad que llegó sin poder caminar y ahora es un ángel que ayuda sin cesar. Allí está Patito, con parálisis cerebral, este otro es un ingeniero comercial quien llegó por sus propios medios desde Santiago deseando curarse de su adicción”.

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“A esta sala han llegado niños de los más diversos sitios. A muchos los hemos enseñado a comer, a ponerse de pie”

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De pronto la Madre es interrumpida por Lindolfo, trasladado a la Casa por carabineros hace siete años, luego de haber sido abandonado a su suerte después de un severo accidente cerebro vascular. “Usted es la reina más linda de este mundo, yo rezo siempre por usted”, pregona Lindolfo con alegre resolución.

“Usted es la reina más linda de este mundo, yo rezo siempre por usted”, pregona Lindolfo con alegre resolución” 84


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Las hermanas tendremos especial devoci贸n al Sagrado Coraz贸n de Jes煤s, cuyos sentimientos han de inspirar nuestra vida y nuestras acciones. Constituciones No 45

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A Todos Se Les Conoce Por Su Nombre

En esta Casa todos tienen una experiencia que contar. Los enfermos saben también que las hermanas están dispuestas a oírlas, a vivirlas como suyas. Aquí no hay desconocidos, a todos se les conoce por su nombre. Abrumados por el impacto de una realidad que tantas veces permanece oculta porque no la queremos ver, nos dirigimos por el patio externo hacia la capilla. Es hora de recobrar las fuerzas, recibiendo el alimento de Aquel que obra este milagro cotidiano. La Eucaristía será celebrada justo antes del almuerzo, que se sirve a las 13:00 horas. Antes de llegar, un expansivo personaje desde su silla de ruedas gesticula, toma y besa la mano de la Madre repetidamente con una efusividad que se contagia fácilmente, a pesar de no articular palabra. Es “El Gitano”, abandonado hace 14 años y que encontró en el Hogar del Buen Samaritano su propia familia.

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Amparadas Y Fortalecidas Con La Oración Y La Presencia De Dios Tocan las campanas llamando a misa. Diligentes, las hermanas se dirigen a la capilla y lo que hacía unos minutos era plena actividad, se transforma en recogimiento sereno y elevado. “Así conservamos y aumentamos y somos enviadas al mundo, a ser testigos del Evangelio. El acto más importante del día es, sin duda, la Santa Misa. Solo de allí brotará la civilización del amor, como decía Benedicto XVI. La presencia real de Jesús Sacramentado, reservado en el oratorio de todas las casas de la Congregación debe ser el centro de la comunidad, prolongación de la celebración eucarística.”

“Madre mía, no te alejes, tu vista de mi no apartes, ven conmigo a todas partes y sola nunca me dejes”

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Terminada la Acción de Gracias se invoca a María con devoción filial: “Madre mía, no te alejes, tu vista de mi no apartes, ven conmigo a todas partes y sola nunca me dejes”


Preside la Santa Misa el Padre Mario Sanguinetti, CP

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El eje sobre el que gira toda la vida comunitaria es la caridad. La vida en comunidad deber ser principalmente un acto continuo de caridad. Constituciones No 56

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Vida Comunitaria Con La Alegría

De Quien Se Entrega Al Señor Inmediatamente se almuerza en comunidad. Se evidencia que la mesa en común las hace vivir en armonía, en un clima de fraternidad palpable. Una breve siesta —costumbre que pareciera no muchas practican— complementa el alimento para adquirir nuevas fuerzas. Son las 15:00 horas y las Hermanas del Buen Samaritano ya están en plena actividad otra vez.

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Incansables Y Siempre Animadas

Nuevamente en la sala de curas la Madre Irene se dispone a atender a sus pacientes. El primero de la tarde es Luis Guzmán, viene de Casablanca con una bursitis que no le ha permitido ganar el sustento para mantener a su familia. Lo trajo un compañero que también fue sanado en la Casa. Con la serenidad y alegría habituales, reflejo de la castidad consagrada, la Madre procede al tratamiento. Minutos después Luis se despide feliz, sintiendo desde la primera cita, su deseada mejoría.

“Madre, yo creo que su beso es el que me va a curar”

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Sin descanso, le toca el turno a María con una espina bien enterrada en el dedo que le produce mucho dolor. La Madre se la extrae con cierta dificultad y al despedirla con afecto, le da un beso en el mismo dedo. María sonríe y le dice dulcemente: “Madre, yo creo que su beso es el que me va a curar”. Todos son atendidos hasta que la sala de espera esté desierta. La abnegación las hace disponibles para acercarse al “pobre más pobre” y va transfigurando a cada religiosa en una mujer paciente, humilde, dulce y al mismo tiempo fuerte.


El Buen Samaritano es la fuente de nuestra espiritualidad y en todas las expresiones de la vida apost贸lica. Constituciones No 62

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Sin Perder De Vista El Bien Espiritual Que Pueden Proporcionar A Los Enfermos

Prosiguiendo el recorrido, la propia Madre nos relató el caso de Mario Barra Palominos, a quien habíamos observado en varias ocasiones circular con entera ciudadanía dentro de la Casa, siempre sociable y muy amable. Él mismo nos contó su historia:

“Estoy todavía aquí porque cuando estaba viviendo en el abandono y teniendo la calle por casa, una bala entró cerca de la sien derecha y me dañó un ojo. Estoy esperando que me operen en Santiago en la Clínica Los Andes que tiene un convenio con las hermanas.

“Vivía en situación de calle en Lira con Marcoleta y Diagonal Paraguay, en pleno Santiago. No podía pisar con el pie derecho y el pie izquierdo lo tenía contraído. Cuando las hermanas me fueron a recoger pensé que no estaba solo en este mundo. Como no podía ni sentarme, vine en la parte de atrás de una camioneta. Al principio sufrí mucho. Lo primero que hicieron las hermanas fue bañarme y cortarme la barba.

“Yo siento que esta es mi casa. Las comidas son buenas y aquí en todo se siente el cariño. La atención es excelente, cambian todos los días la ropa, a los que no pueden por sus propios medios los bañan.

“En un año, el tratamiento hizo efecto y ya estaba caminando.

“Siento que hoy estoy bien, pero que aquí, mañana estaré mejor”.

“Me siento tan comprometido que he aprendido a vivir como católico y por eso doy siempre gracias. Esa es la razón por la que decidí cooperar con mi pensión.

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El Misterio De La Caridad

“Toda nuestra vida es una llamada a testimoniar el amor de Jesús, perenne en el mundo de dolor, traducido en actitud de servicio a los hermanos pobres por amor a Él”

Estamos viviendo una experiencia intensa que nos pide examinarla con humildad. Son vivencias de situaciones inenarrables, estremecedoras. Pero más allá de lo palpable, hay una realidad que se expresa intensamente en el “misterio” de la caridad, la cual nos convida a no capitular ante la dictadura del relativismo contemporáneo. Oportunamente viene a nuestro auxilio en esta reflexión, la propuesta del carisma de las Hermanas Samaritanas: “Toda nuestra vida es una llamada a testimoniar el amor de Jesús, perenne en el mundo de dolor, traducido en actitud de servicio a los hermanos pobres por amor a Él”. Los minutos continúan consumiéndos. Van a ser las 19:00 horas, tiempo para la oración. Nuevamente unidas en el espíritu universal de la Iglesia se rezan Vísperas y posteriormente el Vía Crucis. El día declina y es el momento oportuno para dar gracias al Señor “por habernos permitido vivir un día más, amándole y sirviéndole en los necesitados”.

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Ternura Que Se Hace Realidad Continuamente

A las 20:30 se sirve la cena en comunidad. El cansancio se manifiesta en los semblantes de estas guerreras de la caridad, pero al mismo tiempo se percibe en ellas la luz que emana de quien se entrega a los otros hasta el olvido de sí. De repente se escucha el llamado de alguien que golpea una de las ventanas desde el exterior del comedor. Nadie se asombra. Es Jaime Blanco, quien fue abandonado desde que tenía 9 años, aquejado de un retraso manifiesto, repitiendo invariablemente la escena cada noche. La que está más cerca abre la ventana para que la Madre Irene reciba el esperado piropo: “Eres el amor de mi vida”, le dice con soltura. La Madre en reconocimiento a su galantería le rellena una marraqueta que recibe como premio merecido. Parece un mundo ilusorio, pero no tenemos duda en afirmar que es el más veraz de los mundos, en el que la ternura se hace realidad para con los más olvidados.

Jaime Blanco en amena conversa, desde el exterior de la oficina de la Madre Irene

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Antes de terminar la cena, las hermanas encargadas de atender a los “sin techo”, se dirigen animosas a la sala de espera que por fin, está vacía. Organizan las colchonetas en el limpio suelo y van tendiendo con esmero cada una de ellas con ropa limpia de cama, ayudadas muchas veces por quienes se beneficiarán de esta hospitalidad. Se sirve la cena en la portería, en la que se dispone cada noche un comedor de campaña. Con una alegría comunicativa que no sabe de cansancio, las hermanas sirven la cena y atienden a sus comensales. De pronto cruza el portón cantando, como todas las noches desde hace 7 años, Hugo Carrasco. Profesor de ética en varias instituciones, ayuda a servir la cena y a lavar los platos. “Jesús viene de esta manera y se presenta ante nosotros. Esto es lo que la Madre nos recuerda siempre”. Es una muestra de los efectos del ejemplo que seduce y convierte.

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Las casas, por razรณn del carisma, estarรกn abiertas y disponibles para acoger al necesitado. Se harรก lo posible por acoger a los moribundos abandonados. En esas personas habrรก que derramar todo el amor y la caridad de Cristo. Constituciones No 66

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Sirviendo Siempre Con Ilusión Y Alegría

El día está expirando y las hermanas merecen gozar de su habitual recreo antes del examen de consciencia, para finalizar la jornada a las 22:30. Es un momento de comunicación espontánea antes de irse a descansar. Alguien avisa que los apósitos se están terminando, así que el recreo se va transformando con toda naturalidad y desenfado, en una animada tertulia mientras se preparan los vendajes. Es el momento indicado para recordar la historia de la Obra y comentar los interminables sucesos que van bordando su semblanza; los corazones se unen, gozando de las manifestaciones propias del carisma. Es también la hora de cantar y como siempre, Santa Teresa está presente en el espíritu de la Obra del Buen Samaritano:

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Véante mis ojos, dulce Jesús bueno; véante mis ojos, muérame yo luego. Vea quién quisiere rosas y jazmines, que si yo te viere, veré mil jardines, flor de serafines; Jesús Nazareno, véante mis ojos, muérame yo luego. No quiero contento, mi Jesús ausente, que todo es tormento a quien esto siente; sólo me sustente su amor y deseo; Véante mis ojos, dulce Jesús bueno; véante mis ojos, muérame yo luego…

La vocación de servicio habitualmente se enfrenta con el reloj. Son las 23:30, justo cuando el último apósito es diligentemente terminado y se ordena el silencio que señala el final del día.

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Un Milagro Que Se Renueva Con Cada Amanecer

Llegando a la media noche, decidimos hacer un recorrido por los pabellones. Casi todos duermen. En medio de un silencio que inspira bendición, experimentamos una paz profunda. Podemos fijar con mayor precisión el rostro del dolor en cada enfermo detrás del que Dios se esconde y nos llama para contemplarlo. El Hogar el Buen Samaritano es el mundo al revés. Es un milagro que se renueva con cada amanecer. En este lugar los rechazados, los olvidados, aquellos que ya habían malgastado el último hilo de esperanza que los aferraba a la vida, tienen una luminosa oportunidad de resucitar.

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Donde Se Deja A Dios, Ser Dios La tranquilidad de la noche nos convida a tratar de explicitar la l贸gica con la que Dios se ha manifestado en medio del dolor. No hay duda: la l贸gica de Dios no es la misma que la del hombre. El haber convivido en esta Obra del Buen Samaritano nos ha permitido entender lo que se expresa en la dedicaci贸n, la sencillez y el entusiasmo de las hermanas; que el ponerse al servicio de Dios colaborando con su obra, constituye un premio inapreciable que recompensa cualquier fatiga.

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“Nunca nadie se ha muerto sin sacramentos. No preguntamos a nadie de qué religión es, con la seguridad de que esa actitud es la que convierte. Por eso es que en la Casa nadie muere sin sacramentos. Nuestros pobres son enterrados con dignidad, cueste lo que cueste.”

“En una ocasión, cuando empecé a servir a los pobres en Talca, quería comprar siete pares de zapatos para cada uno de los hijos de un matrimonio de alcohólicos que estaban en la calle descalzos. Entré en una zapatería con la esperanza que rindiera el poco dinero que tenía en el bolso. No encontraba la fórmula para cumplir el cometido y mientras rezaba, una señora puso sus manos sobre mis hombros y me dijo: “compre lo que quiera”. Luego de pagar desapareció, nunca más la vimos.”

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Las superioras han de ser ejemplo vivo y pr谩ctico de amor a la virtud de la pobreza, creando ambientes limpios, acogedores, sencillos, como pide la vocaci贸n y misi贸n de acogida y servicio a los pobres. Constituciones No 127

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Era Domingo. Esperábamos de pie la oración para bendecir los alimentos junto a los habituales invitados a la mesa el día del Señor, después de misa. Urgida, la hermana Eloisa avisa a la Madre Irene que Guillermo Rodríguez está agonizando. Sin pausa, se dirige presurosa seguida de algunas hermanas, a la habitación donde en algunos minutos Don Guillermo dejará de existir para este mundo. En el corto trayecto tiene tiempo para explicar que el agonizante fue un devoto taxista que trasladó en innumerables ocasiones a las religiosas de la naciente Obra, para atender a los enfermos y trasladarlos, siempre servicial y comprensivo.

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La Providencia dispuso que, marchito y consumido por la enfermedad, pasara sus últimos años en el Hogar Samaritano, cuidado por las religiosas que él tanto quiso. Luego de recibir la Unción de los Enfermos, las hermanas lo acompañan en el trance final, rezando las oraciones por los agonizantes en medio de una atmósfera serena y colmada de recogimiento. La Madre le regala las últimas muestras de aprecio mientras canta piadosamente: Véante mis ojos, dulce Jesús bueno; véante mis ojos, muérame yo luego…


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> En esta Casa las cosas no suceden por casualidad. Se convive con lo inesperado,

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el milagro se hace presente de forma cotidiana y nos vemos impulsados a situarnos en nuestra verdadera dimensión. Podemos afirmar con mucho más vigor que al comienzo de este día, que mientras más pequeños nos hagamos, con mayor eficacia se mostrará la presencia de Dios. Hemos sido testigos privilegiados, una y otra vez, de que la alegría puede florecer del dolor. La explicación conmueve, apasiona y llena de esperanza: en esta Casa se deja a Dios ser Dios.<

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“¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo». Lucas 10, 25-37

Testimonios 126


> Más de 130 auxiliares comparten el día a día samaritano. El carisma de la Congregación se ha logrado transmitir a ellas, en muchos casos de manera asombrosa. Se sienten realizadas, se manifiestan agradecidas, entienden su labor como una vocación. Junto a las auxiliares, una legión de cooperadores ofrendan su tiempo libre para ayudar a la Obra, incluyendo a no pocos sacerdotes y religiosos. Dejemos que algunos de ellos nos entreguen sus testimonios:

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Padre Pablo LamarthĂŠe

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Pablo Lamarthée es un sacerdote jesuita que vino desde Uruguay con un solo deseo: “Poder convertir su corazón”. Su ministerio sacerdotal no había desarrollado aún un apostolado con los más necesitados. Por eso llegó a Molina, pidiendo a Dios que lo transformara también en un buen samaritano. Él mismo resume su experiencia con estas palabras: “Algo que a mi modo de ver es lo más importante y trascendental: en el Buen Samaritano realmente se le da permiso a Dios para existir y actuar. Aquí

su mano poderosa ejerce su reinado, aquí Dios participa activamente de la vida humana y la tiñe con su amor eficaz. ¡Aquí las personas dejan a Dios ser Dios! No lo ignoran anteponiendo los recursos o los conocimientos humanos. Aquí Dios tiene su espacio y es el gran protagonista de toda esta obra. Es como si la humanidad se retirara frente a su divinidad y le permitiera ser. Aquí el orden de lo creado está en su justo medio y alcanza un equilibrio perfecto. Y cuando esto sucede, todo funciona mejor: la armonía se percibe, la esperanza aumenta y su amor hace milagros”.

“...en el Buen Samaritano realmente se le da permiso a Dios para existir y actuar” 129


Padre Mario Sanguinetti, CP

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“La obra del Buen Samaritano que nació en Molina hace ya 35 años, ha hecho vida la parábola del buen samaritano, socorriendo a miles de enfermos a quienes les ha brindado acogida, alivio a sus sufrimientos, y sentido cristiano a sus vidas heridas, pero sobre todo abriéndoles la esperanza de unirse a Jesucristo crucificado y resucitado.

A los 59 años de ejercicio de su ministerio, los días del Padre Mario transcurren en su casa del Buen Samaritano, que acoge con especial devoción y cariño a sacerdotes en el atardecer de la vida.

A miles ha significado la salvación eterna de sus almas, pues aquí ningún enfermo culmina su peregrinar sin recibir los santos sacramentos del Perdón, de la Santa Unción y de la Eucaristía.”

“A miles ha significado la salvación eterna de sus almas, pues aquí ningún enfermo culmina su peregrinar sin recibir los santos sacramentos del Perdón, de la Santa Unción y de la Eucaristía.” 131


Ana MarĂ­a Abrigo

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Madre Irene. No puedo dejar de recordar la bondad con que ella lo atendió. Le regaló los medicamentos y de allí en adelante mi hijo se recuperó y no pisamos más el hospital.

“Los enfermos lo conocen a uno por la voz, por la forma como uno los toca. La Madre nos ha enseñado con su ejemplo a vivir esta realidad con alegría, con fortaleza. Ella irradia vida”.

“Sentía en mi vida que algo me faltaba, que no estaba completa, satisfecha conmigo misma.

En ese momento sentí que quería ayudar en esa Casa. Mi esposo me dijo que estaba bien, que ayudara, pero no más de un año…”.

“Por esas cosas de Dios conocí la Obra, pues mi hijo mayor sufría bronquitis asmática. Continuamente me tenía que desplazar al hospital para que lo atendieran, lo que demandaba muchos gastos y sufrimiento, hasta que un buen día lo llevamos a la Calle Agua Fría donde se encontraba antes la

Ana María se siente plena en la Casa. Para ella no hay mayor satisfacción que hacer sentir a los abuelos felices en medio de su cruz. La llena de satisfacción lavarlos, alimentarlos, vestirlos, sintiendo una atracción tan intensa, que muchos días libres regresa para estar con ellos.

“Después del terremoto la población de enfermos aumentó de forma inusitada. Los pasillos se convirtieron en grandes salas de atención. El trabajo se multiplicó, pero como sostiene con firmeza Ana María, “al llegar al Hogar del Buen Samaritano, el cansancio se queda en el portón”.

Ana María Abrigo cumplió el 3 de marzo 10 años trabajando en la Casa del Buen Samaritano. Nunca antes había laborado fuera de casa, dedicada como estaba al cuidado de sus dos hijos, hasta que un buen día se propuso ayudar.

Compartimos una vocación, nos dice. “Sin ella no tendríamos la paciencia y alegría para servir”.

“Sentía en mi vida que algo me faltaba, que no estaba completa, satisfecha conmigo misma” 133


María Inés Gallardo iba a cumplir 18 años cuando debió llevar a su hermano enfermo a la Casa de la naciente Obra samaritana. Cuenta todavía conmovida, que quedó impresionada en ese primer contacto por la ternura y delicadeza con la que las hermanas trataban a los enfermos. “Mi hermano sanó, pero yo quedé herida del deseo de ayudar. Desde hace 34 años trabajo aquí y cultivo esta hermosa vocación como una fiel seguidora del carisma que encierra esta Congregación. Fue Dios quien me llamó”. Son 34 años en los que María Inés ha podido reconocer y convivir como ella misma enumera “con el dolor, la tristeza, la alegría, la paz, la desesperación, la angustia, la soledad”, pero al mismo tiempo ha logrado descubrir que la mayor carencia y a la vez el mayor remedio de esos males, es el amor. “Muchas fisonomías pasan por mi mente. Los rostros de los enfermos que se curaron, los de aquellos que fallecieron… La Obra samaritana ha sido para mí una escuela de vida, me ha enseñado a querer al necesitado con humildad y comprensión”.

“Mi hermano sanó, pero yo quedé herida del deseo de ayudar” 134

María Inés comenta emocionada que ha aprendido a tratar al enfermo “como a un rey”. La Obra samaritana es una escuela que enseña a querer al necesitado, a desear con intensidad que estén contentos, a atenderlos de inmediato, a quererlos. Le ha tocado recibir muchas veces a alcohólicos que recaen y al verse sumergidos en el abandono y la angustia, regresan a la Casa. Esos casos la conmueven y la empujan con una fuerza irreprimible a recibirlos de nuevo, cada vez con mayor cariño y bondad. “Es lo que hemos aprendido de la Madre; a darnos sin condiciones”.


María Inés Gallardo

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Doris Zamorano

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Doris Zamorano, casada con cinco hijos y varios nietos, ha cumplido 24 años trabajando en la Obra. Aquí ha llegado a ser feliz haciendo felices a los demás, considerándose “plenamente realizada”. “Experimenté desde el primer momento el deseo de hacer el bien, de aliviar al enfermo, de evitar que las heridas se profundizaran. Cada día me encariñaba más con mi servicio y nunca pensé en abandonarlo”. Doris se impregna fácilmente del carisma samaritano y ha hecho de su vida, la vida de sus enfermos. Los tiene siempre presentes en su pensamiento y en su corazón. Eso se percibe con facilidad en su forma de tratarlos.

“Les digo a las auxiliares nuevas, las que se vienen integrando a la Casa, que se vean en nuestros enfermos. Que los traten como a ellas les gustaría que les atendiesen. Háblenles, quiéranlos, escúchenlos. Entonces ellos se sentirán queridos, se sentirán personas”. Comenta con la mayor naturalidad, que continuamente suceden hechos impactantes. Ante los mismos no se ha permitido la indiferencia, por el contrario, la lección aprendida de la Madre es siempre hacer el bien, cada vez con mayor intensidad y alegría. “Aquí he encontrado la felicidad. Me siento plenamente realizada”.

“Aquí he encontrado la felicidad. Me sien­to plenamente realizada”. 137


Nancy Araya lleva 27 años de labor samaritana y se encanta cada día con su quehacer. “Aquí todos se atienden con mucho amor, pero me gustaría disponer de más tiempo para servir a los enfermos con más intensidad”. Compartir bondad, amabilidad y comprensión es el ejemplo incesante que transmiten las Hermanas del Buen Samaritano. Quienes trabajan con ellas aprenden a expresar la caridad de forma sencilla, con actitudes que brotan del corazón. “Mis hijos se acostumbraron desde pequeños a esta misión y les encanta lo que hago. Una hija trabaja en la Obra y otra viene como voluntaria los fines de semana”.

“La Madre Irene es muy humanitaria con todos. Siempre conseguimos con ella lo que necesitamos”

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Dando una mirada superficial podría creerse que las necesidades de los enfermos son tales, que el personal de la Casa termina pasando a un segundo plano. Nada más alejado de la realidad. Se percibe la preocupación espontánea que la Madre tiene para los que ella llama “sus hijos”. Nancy lo ha comprobado durante 27 años: “La Madre Irene es muy humanitaria con todos. Siempre conseguimos con ella lo que necesitamos”. Nancy tiene una fórmula sencilla para demostrar que estos 27 años de servicio samaritano han seguido el curso correcto: “Cada día regreso a mi casa tranquila y llena de paz”.


Nancy Araya

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Constanza Zapata

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Constanza Zapata es una joven estudiante de ingeniería, sobrina de la encargada de las bodegas. Ella entrega todo su tiempo disponible ayudando en la Casa. “Hago lo que me digan: darle comida a los enfermos, hablar con ellos, ayudar en la cocina. Lo que más me gusta es hablar con los abuelos, ellos se encantan contándome su vida, necesitan que los oigan”. Constanza ha aprendido con presteza en esta escuela de vida samaritana, la necesidad de ayudar a sus semejantes. “Ayudar al que lo necesita es lo que me llena”.

“Ayudar al que lo necesita es lo que me llena”

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Eleonor Frederick tomó contacto con la Obra gracias al padre Mario Sanguinetti en el año 2005. “Desde el primer instante me impresionó la fe de la Madre Irene en la Divina Providencia. Sin ir más lejos, el domingo pasado no había pan para los enfermos. Mientras nos preguntábamos angustiadas qué hacer, en ese minuto llegaron dos canastos de pan en una camioneta. Me estremece cómo esta Obra es asistida por la Providencia”. Eleonor hace de todo: sale a comprar verduras, al banco, ayuda en el archivo, lleva enfermos al médico, atiende al padre Mario —ya entrado en edad— y hasta ha manejado la ambulancia… “El ejemplo de la Madre Irene, su constante unión con Dios, me apasiona, me cautiva, es lo que me incentiva a estar aquí y a darle cariño a las personas”.

“El ejemplo de la Madre Irene, su constante unión con Dios, me apasiona, me cautiva, es lo que me incentiva a estar aquí y a darle cariño a las personas” 142


Eleonor Frederick

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Padre Hernรกn Vergara Jara

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Hernán Vergara Jara es el capellán del Hogar del Buen Samaritano desde hace dos años, además de Vicario Parroquial de Nuestra Señora del Tránsito en Molina y delegado episcopal para Santuarios y Piedad Popular. Su madre sufrió un accidente cardiovascular, transcurriendo 8 horas sin recibir atención en el centro de salud al que fue trasladada. Luego, nos relata, “llamé al Buen Samaritano y en un minuto me respondieron que tenían un lugar para mamá. Se mantuvo viva durante 6 meses, pero fue atendida con amor y partió de la mejor manera posible”. El estrecho contacto con la Obra y su experiencia concreta, le permiten concluir con claridad: “Esta tiene que ser una obra de Dios para que pueda mantenerse de esta manera. “Esta Obra constituye un foco de interpelación en la conciencia social, mucho más que con la palabra, con los hechos. “Aquí se vive la parábola del Buen Samaritano de manera real y cotidiana, en clave de compasión”.

“Aquí se vive la parábola del Buen Samaritano de manera real y cotidiana, en clave de compasión” 145


María Oyarce Martínez lleva 11 años trabajando en la Casa. Llegó con el deseo de aprender cuando tenía 22 años. Encargada de la farmacia donde se preparan 1.000 dosis diarias, repetidas veces se ha encontrado sin medicamentos. “De manera inesperada llegan las provisiones… justamente las que estaban faltando y se necesitaban con urgencia”, afirma emocionada. “El hecho de palpar día a día la necesidad, de transitar por los pasillos y poder regalar una mirada de cariño, de saber reconocer en el que está postrado la necesidad de afecto, es algo que me llena”. “Aquí he encontrado mi vocación”.

“De manera imprevista llegan las provisiones… justamente las que estaban faltando y se necesitaban con urgencia”

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MarĂ­a Oyarce MartĂ­nez

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Irma Acu単a

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Irma Acuña se encarga del registro histórico. Millares de fichas son colocadas en sobres elaborados por ella misma con papel reciclado. No hay duda de que el amor sobrepasa y se impone a los avances de la técnica. Irma lleva 20 años trabajando en la Casa del Buen Samaritano, 17 de ellos en la farmacia y al cuidado de los de archivos del policlínico. Se siente muy satisfecha y agradecida por que ha aprendido y por haber hecho realidad un sueño: que sus dos hijos sean hoy profesionales. “Aquí se llena uno de humanidad, de deseos de servir, de aliviar a los más pobres”.

“Aquí se llena uno de humanidad, de deseos de servir, de aliviar a los más pobres” 149


Todos los años la Universidad Católica del Maule visita el Hogar del Buen Samaritano con el objeto de que los alumnos de segundo año de enfermería experimenten su primer acercamiento a pacientes. La selección de esta institución se debió a que buena parte de sus pacientes han experimentado un alto grado de abandono, siendo una ocasión especial para brindarles cariño, compañía y alegría, como explica la profesora enfermera Soledad Gaete. “En este recinto recibimos un trato excelente. Las hermanas están siempre dispuestas a colaborar y nos contagian con su alegría y cortesía”.

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Alumnos y profesoras en plena instrucción

Las enfermeras Carol Rodway, Soledad Gaete, Oriana Aredondo, de la Universidad Católica del Maule.


Universidad Cat贸lica del Maule

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Pablo Segundo Carvajal Morales

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Pablo Segundo Carvajal Morales es uno de los 9 hermanos que, en medio de una situación inesperada, se han acogido al alero bendito del Buen Samaritano. Su madre sufrió parálisis temporal, luego de haber padecido el impacto de una terrible inundación en la ciudad de Talca años atrás. “Mamá sanó completamente y comenzamos a formar parte de la familia de la Madre Irene”. La madre llama a los nueve, sus hijos. Con todos ha contribuido a su formación profesional, hasta Irene, la menor, que está estudiando enfermería. Pablo Segundo se encuentra con la Madre en el pasillo, la toma de la mano y le pide la bendición. La gratitud crece, la caridad se expresa sencillez y ternura…

“Mamá sanó completamente y comenzamos a formar parte de la familia de la Madre Irene”

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Decálogo de las Hermanas del Buen Samaritano en

la atención a todos los enfermos, particularmente a los más pobres entre los pobres: 1. El enfermo es la persona más importante para ella. 2. El enfermo no debe depender de ella, ella depende de él. 3. El enfermo no es persona que la interrumpa; es el principal objeto de su trabajo. 4. El enfermo le hace un favor cuando le pide ayuda, no es ella quien se lo hace a él. 5. El enfermo y sus cosas son parte de su vida, no es un extraño. 6. El enfermo no es un número, es un ser humano que experimenta reacciones y sentimientos como los de ella. 7. El enfermo no es alguien con quien se deba discutir. 8. El enfermo es aquel que le confía sus necesidades y ella tiene la obligación de satisfacerlo en todo lo que este a su mano. 9. El enfermo merece el trato más exquisito y amable que ella le pueda dar. 10. El enfermo es el Cristo viviente que ella ama y en cada enfermo ella ve a Jesús a quien está Consagrada. Hagamos que nuestros enfermos sean felices en medio del dolor, gracias a nuestro trato amoroso para con ellos.

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Una Obra que Brota del Corazón

Hermana Eloísa Rogel Ch., Sr Carlos Kubick C., Madre Irene y Ana María Rubio L.

Congregación Del Buen Samaritano

Es motivo de orgullo para mí participar en este libro que publican las Hermanas del Buen Samaritano, ellas se han dedicado a la noble actividad de atender personas de la tercera edad y enfermos terminales, brindándoles una atención de primer nivel y principalmente afecto y dignidad.

Estimulados por la generosidad y el trabajo solidario de las Hermanas de Buen Samaritano hemos hecho numerosos aportes como camas clínicas, muebles, ropa de cama, y una enrome cantidad de artículos del campo de la salud. Todo este material ha sido aprovechado íntegramente por la congregación con un ingenio sorprendente. Nuestra Fundación que surge de Empresas Banmédica, el principal grupo de salud de Chile, ha hecho suya la actividad de promover la prevención en salud, y la promoción de estilos de vida saludable, haciendo de esta actividad un compromiso social muy sólido. Hemos liderado la prevención de enfermedades crónicas, de obesidad infantil en sectores vulnerables, y hemos dedicado un esfuerzo importante al proyecto “Mujer Descubre tus Piernas”, solucionando la patología de varices, mediante la donación de cirugías complejas que no están al alcance de todas las personas, devolviéndoles su dignidad y autoestima.

La oportunidad de estar junto a las hermanas, se dio también en un proyecto común, que es este libro donde se relata la vida de esta congregación y de la hermana Irene García de Prado. Creemos que este proyecto es un tributo más a la iniciativa de las hermanas y ayudará fuertemente a encontrar nuevos colaboradores que permitan ampliar la red de apoyo para continuar el desarrollo y acogida del Hogar el Buen Samaritano. Las Hermanas del Buen Samaritano constituyen de por si una obra extraordinaria que lleva a término tareas que en su inicio parecen imposibles.

Carlos Kubick C. Gerente General Empresas Banmédica Director Fundación Banmédica

Una Obra que Brota del Corazón

Nuestra relación con las hermanas del Buen Samaritano partió con una solicitud de cooperación que Fundación Banmédica acogió con mucho entusiasmo. Ejecutivos nuestros viajaron hasta Molina y conocieron en terreno la gran obra que han construido las hermanas, interiorizándose de las necesidades que su labor solidaria enfrentaba.

35 años de Fundación 70 años de Profesión Religiosa de la Madre Irene

Una Obra que Brota del Corazón -Madre Irene Garcia del Prado  
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