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MarĂ­a Mir-Rocafort

El reino nuestro


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Índice Introducción …………………………………………………………………………………………5 I. De Dios “En el principio creo Dios…” Génesis 1,1………………………..7 La fe es un derecho……………………………………………………………………………..8 En el principio……………………………………………………………………………………….9 1.Los ojos se abrieron…………………………………………………………………9 2.Dijiste…………………………………………………………………………………..…10 3. Segundo relato……………………………………………………………………..11 El nombre…………………………………………………………………………………………….12 El que eres…………………………………………………………………………………………..13 El lejano……………………………………………………………………………………………….14 II. Hombre “Entonces Yaveh Dios formó al hombre con polvo del suelo” Génesis 2,7…………………………………………….............................15 Homo……………………………………………………………………………………………………16 Claroscuro……………………………………………………………………………………………17 La bestia..……………………………………………………………………………………………18 El causante………………………………………………………………………………………….19 Saeculum aureum……………………………………………………………………………….20 Bla, bla, ga, ga, g…………………………………………………………….................22 III. Yo soy “…a imagen suya, a imagen de Dios le creó" Génesis 1,27 ……………………………………………………………………………………………………25 Yo………………………………………………………………………………………………………..26 Qué importa el nombre……………………………………………………………………..28 Supervivencia…………………………………………………………………………………….29 Llega…………………………………………………………………………………………………..30 Pájaro negro….…………………………………………………………………………………..31 Libertad.………….………………………………………………………………………………….32 Otro otoño…………………………………………………………………………………………..33 Calle y café…………………………………………………………………………….…………..34 Copla del errante………………………………………………………………………………..36 IV. Varonas “…macho y hembra los creó…” Géneis 1,27…………….38 Varona…………………………………………………………………………………………………39 La poeta doméstica…………………………………………………………………………….41 Las flores…………………………………………………………………………………………….42 Ligera………………………………………………………………………………………………….44


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V. El otro “Sed fecundos y multiplicaos” Génesis 1,22……………………46 El fardo………………………………………………………………………………………………..47 Forastero……………………………………………………………………………………………..48 En la calle…………………………………………………………………………………………….49 Requiem………………………………………………………………………………………………50 VI. Y lo mató “…y lo mató.” Génesis 4,8……………………………………….52 La fuente…………………………………………………………………………………………….53 Todavía……………………………………………………………………………………………….54 Canción de la niña sola……………………………………………………………………..56 Salmo………………………………………………………………………………………………….57 VII. Del arte ”En el principio creó Dios los cielos y la tierra” Génesis, 1………….58 Creadores……………………………………………………………………………………………59 El artista……………………………………………………………………………………………..60 Vanitas………………………………………………………………………………………………..61 Paisaje y compañía…………………………………………………………………………….62 Por una ventana…………………………………………………………………………………63 Sangre y palabra……………………………………………………………………………….65 Se me perdió la pluma………………………………………………………………………66 ¿Qué es poesía?.....................................................................68 El poema…………………………………………………………………………………………….69 La musa derelicta……………………………………………………………………………….70 Payaso, payasa………………………………………………………………………………….73 VIII. Del amor “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” Romanos, 13 9……………….74 Hijo…………………………………………………………………………………………………….75 Anima Mundi……………………………………………………………………………………..78 Sin lastre……………………………………………………………………………………………79 El reencuentro…………………………………………………………………………………..80 Amor eterno………………………………………………………………………………………82 Duerme………………………………………………………………………………………………83 Descubrimientos………………………………………………………………………………..84 Sabremos……………………………………………………………………………………………85 Mentira……………………………………………………………………………………………….86 En el agua…………………………………………………………………………………………..87 Ya no……………………………………………………………………………………………………88 De lejos……………………………………………………………………………………………….89 Mea culpa…………………………………………………………………………………………….90


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No era eso…………………………………………………………………………………………..91 Ya no la veo………………………………………………………………………………………..92 Sé que no existe………………………………………………………………………………..93 Se fue………………………………………………………………………………………………….94 IX. Los novísimos “…al vencedor le daré a comer del árbol de la vida…” Apocalipsis, 2 7…………………………………………………………………….95 Tentación…………………………………………………………………………………………..96 Mañana de Pascua…………………………………………………………………………….98 Todavía la vida………………………………………………………………………………….99 Cosas de viejos……………………………………………………………………………….100 La última palabra…………………………………………………………………………….101 Nunca será nunca…………………………………………………………………………..102 La casa…………………………………………………………………………………………….103 El principio……………………………………………………………………………………….104


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Introducción ¿Por qué El reino nuestro? Porque va de lo que es y lo que pasa en el lugar que cada cual hereda con su nacimiento y en el que cada cual reina, sea señor o esclavo, en virtud de su estirpe divina -para quien crea en Dios- o de las facultades que, como ser humano, le sitúan en la cúspide de la pirámide natural. Bajo este título he recogido poemas que se salvaron de la basura o de la quema entre 1971 y el 2000. A partir del 2000, he respetado más lo que escribo. La mayoría de estos poemas salieron entre el 2000 y el 2018. Dios, el Creador, pervive en toda mente humana, aún en la de los ateos. Preguntarse de dónde venimos es ejercicio común al filósofo, al científico y a cualquiera que piense, aunque no se lo plantee conscientemente. Unos buscan respuesta en la razón, otros en el universo, otros la encuentran, sin buscarla, en sus sentimientos. Es imposible, hoy por hoy, concebir este reino nuestro sin la existencia, aceptada o negada de Dios. Yo creo en Dios, y creo porque entiendo la fe, no como una virtud otorgada sino como un derecho. Mi fe en Dios me llevó hace años a revisar mi fe en otras cosas. Mi fe me llevó a encontrar al Dios en el que creo porque quiero y a encontrarme a mí misma y a todos los demás en el primer capítulo del Génesis; relato de la creación simplicísimo que podría haber inspirado un ser perfecto. Así empieza El reino nuestro. Estudié en una universidad católica en la que había que estudiar varios semestres de teología fuese cual fuese la carrera que se cursara. A la universidad llegué tras años de educación religiosa. Tuve la inmensa suerte de poder revisar cuanto me habían enseñado e inculcado y de emplear mi voluntad para superar el adoctrinamiento irracional. Eso me permitió plantearme y entender la diferencia entre un Dios que crea una criatura a su imagen y semejanza, y un dios creado a imagen y semejanza de los que detentan el poder. Por mi formación, algunos poemas tienen referencias religiosas y de esas que se llaman referencias cultas. No quiero lectores cultos; quiero lectores que entiendan lo que escribo y quieran elaborarlo según su propio entendimiento y su propia voluntad; quiero lectores con quienes compartir ideas, pero también sentimientos. Por eso, a


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esos pocos poemas les he puesto notas a pie de página que explican mis excursiones por la estratosfera. De nada sirve imaginar cómo hubiera sido el mundo si el hombre, macho y hembra, hubiera partido del primer capítulo del Génesis para seguir creando todas las cosas al modo de Dios. Hoy algunos intentan evolucionar hacia la condición de seres humanos que nos corresponde por nacimiento, superando las barreras impuestas por doctrinas perversas y por la imposición del rebaño. A otros les da miedo o pereza dedicar su vida a defender su herencia. Unos y otros luchan en este reino nuestro, más o menos lejos de los planes de la Naturaleza o del plan de Dios, como se prefiera. Estos poemas, como todos los que se han escrito desde el principio del tiempo, van de esa lucha en este campo de batalla.


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I De Dios “En el principio creo Dios…” Génesis, 1-3


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La fe es un derecho

La fe es un derecho al que no voy a renunciar porque no quiero. Ya puede parecerme que nadie me protege, que nadie me acompaña en ese instante de la angustia negra en que me veo yo y no siento a nadie. Y sé que nunca saldrá el otro de su piel a mi encuentro ni podré yo salir de la mía jamás para encontrarle. Pero es la fe un derecho al que no voy a renunciar aunque todo desmienta lo que creo y a veces me parezca que todo lo desmiente. Por encima de todo, está mi voluntad. Mi Dios existe, y sé que existirá mientras yo quiera.


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En el principio

1 Los ojos se abrieron

Los ojos se abrieron. “Haya Luz”. Y fue el deslumbramiento. “Haya firmamento”. Volaron al cielo. “Únanse las aguas”. Navegaron. “Séquense los suelos”. Buscaron puerto donde parir. “Brote hierba verde”. Y desde el fruto contemplar el cielo. “Haya lumbreras”. Descubrieron el tiempo “Bulla el agua, revoloteen aves, prodúzcanse ganado y sierpes y alimañas”. Descubrieron el hambre, descubrieron el miedo. “Hagamos al Hombre, macho y hembra, como Dios, fecundos”. Y fue el amor, fue el odio. Y fue la muerte el único reposo.


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2 Dijiste Dijiste. Y fue la cosa. Dijiste el Hombre, macho y hembra, semejantes a ti. Y el Hombre fue, y, como tú, fue amo. Viste bueno lo hecho. Fue el reposo. Dijo el Hombre: “De la nada no nace otra cosa que nada. Brote del fango el padre, y del padre, la madre”. Y del fango nació. Y entonces dijo: “Brote el árbol del suelo, del árbol el deleite, el alimento, la abundancia, la ciencia, el mandamiento, la transgresión, la pena”. Y fueron el pecado, el pecador, la culpa y el castigo, el exilio y el ángel vigilante. Y fue el legislador, fue el policía fue el testigo, el fiscal, el abogado, fue el juez y fue el verdugo. Y entonces dijo el Hombre: “¿Dónde me esconderé que no me alcance el diluvio de lágrimas y sangre? Que surja del pecado un redentor, en todo nuestro igual salvo en la culpa, que nos muestre el regreso al paraíso sin jardín, sin árbol, sin fruto ni serpiente ni palabras”. Fue la esperanza. Y vivió el Hombre, vive, con los ojos prendidos al fin de los tiempos, oteando la vida que ha de llegar, prediciendo en tu nombre, en tu nombre diciendo, diciendo, diciendo por llenar tu silencio.


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3 Segundo relato Génesis, 2-4 Y viendo concluidos los cielos y la tierra y creado el varón y la ayuda adecuada y, en virtud de los nombres que el varón decidiera, toda especie animal uncida a su palabra. Y habiendo plantado un jardín deleitoso con verduras y ríos y gemas y oro fino, y, en medio, el mejor árbol para encender los ojos con deseo insaciable por mandato divino. Y habiendo decretado la fusión de los cuerpos de varón y varona en una carne nueva, como sus padres, libre; como un animalejo, insipiente y, por ende, sin miedo ni vergüenza. Y dado a la serpiente la misión primordial de hacer hombre y mujer a los brutos parlantes revelándole al mundo la primera verdad y el peligro letal de todas las verdades. Y y y y

habiendo castigado a la sabiduría, unido la conciencia al arrepentimiento el trabajo al sudor y el parto a la fatiga la vida al destino de un suelo polvoriento,

el Gran Legislador contempló satisfecho su pragmática enmienda al plan del Creador, y viendo corregidos peligrosos efectos, vio que lo que era bueno, estaba así mejor.

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El capítulo 2 del Génesis, que algunas Biblias se llama “Segundo relato”, es una ampliación arbitraria del capítulo 1. En él, Dios se convierte en un ser antropomórfico que se pasea por el Paraíso decretando prohibiciones e imponiendo castigos. Ese Dios y el creado por él iniciarán una historia de sangre y muerte que culmina en la Pasión y muerte de Jesús, de la cual se decreta culpables a todos los hombres por la lacra hereditaria del pecado original.


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El nombre Éxodo, 3-4 Ofreciste al pastor desterrado la libertad de un pueblo, descendencia infinita, reino invencible. Él te pidió tu nombre. “Soy el que soy”, dijiste. “¿Pero cuál es tu nombre”, insistió el pastor “Soy el que soy”, dijiste. “¿No tienes nombre? ¿Cómo ofrecer la vida por defender el templo de un dios sin nombre? “Soy el que soy”, dijiste. ¿Pero en nombre de quién las leyes, los castigos y las guerras? ¿Quién aceptará uncirse al yugo de un dios sin nombre? “Soy el que soy”, volviste a repetir. El pastor, cabizbajo, se marchó pensando. ¿Cómo predicar a un dios sin nombre? Nos ofreces un Dios que habla al Hombre en silencio infinito. El Hombre sólo puede pensarte en consonantes y vocales.

2 Nos cuenta el Éxodo que Moisés estaba apacentando las ovejas de su suegro en el monte Horeb cuando la voz de Dios le habló desde una zarza ardiendo para encomendarle la misión de sacar a los israelitas de Egipto.


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El que eres El que eres no camina mis calles enlodadas. Más lejos que lejano, mi dónde no te alcanza. Sólo sé de tu tiempo que empezó con el mío, que no sé cuándo acaba, si es que acaba. Me dicen que dijiste, pero no me lo creo. De ti no me ha llegado ni una sola palabra que no hubiera salido de los velos del templo con acento en el cálculo y en la razón pragmática. Y aun así te imagino sosteniendo mis cosas, y sin derecho alguno te aplico el posesivo porque aunque no quisieras revelarme tu nombre, sin ti no me concibo.


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El lejano En la casa de algunos el párroco, el obispo, el Santo Padre, el rabino, el imán. En la de otros, sus dueños con su sola indigencia. ¿Dónde estará el que dicen que habita en la casa de todos? En todo caso, lejos. Lejos de la alta cúpula bajo la cual se ponen a pensarle para hacerle avalista de unos dogmas que avalen, a su vez, unos preceptos. Lejos, muy lejos de los mapas que la ambición dibuja y modifica y el vil defiende y el cobarde acata. Lejos de la parcela en la que el propietario se atrinchera enseñando los dientes al extraño. Lejos de las cavernas donde el hierro se afila, de las glándulas donde se cuece el odio. Lejos, lejos de todo, lejos, lejos de todos.


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II Hombre “Entonces Yahvé Dios formó al hombre con polvo del suelo…” Génesis, 2 7


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Homo A veces se pregunta cómo es posible que cubierto de llagas se arrastre con la cabeza erguida; que busque sin tregua, bajo el fétido techo de su madriguera, un cuerpo sin mácula, un alma sin grieta, un amor sin mácula, sin grieta y sin tiempo. ¿Quién sembró en sus ansias lo que nadie supo? ¿Quién grabó en sus ojos el paisaje límpido de otro universo? Quieren responderle antiguas leyendas que hablan de un destierro. ¿Qué extraña justicia las llama perversas? A veces intuye que es pura pregunta; que sólo la muerte traerá una respuesta, si es que trae y lleva a una vida eterna de pura certeza. Mientras tanto, dudas es cuanto le ofrece esta vida suya que es pura pregunta. Que nada ni nadie responda.


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Claroscuro Algunos dicen que eso que me piensa vive fabricando y organizando dioses, conceptos, números, doctrinas, en una cumbre siempre luminosa, perpetuamente helada. Entonces, cuando las palabras pugnan por decir y salen y dicen y exhalan un verso, y de piel adentro todo se conmueve; cuando el número se hace melodía que parece salir de las entrañas y a las entrañas llega; cuando el dios del alma aparece diáfano en su teología y el alma le abraza y con él se pierde por la vía oscura; cuando yo me pienso, cuando pienso al otro y en ese sólo instante se condensa todo el amor, todo el dolor, todo el asombro, todo, ¿cómo es que la voz de eso que me piensa sale de la sima donde arde mi fuego?


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La bestia Despierta. Gruñe el dolor, el hambre. Hay algo que le tira en la entrepierna. ¿Y eso que pincha el párpado? La luz. Ya sale el día. Ojos, boca y olfato se orientan a la presa. Se levanta. Cargado de fatiga, se dobla el espinazo. Quiere rendirse el ánimo, pero le brama el vientre y el vientre de las crías. Como le manda el hábito, vuelve a arrastrar los pasos por el mismo camino, vuelve a pararlos en el mismo sitio, vuelve a elevar los ojos, la cabeza y, como cada día, el mundo se detiene, sorprendido. La cara del espejo es cara humana y, como cada día, le parece mentira.


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El causante Nace con el nacido cuando la vida se revela luz, roces, golpes, ruidos, ojos, manos que exigen. Anuncia su presencia y comienza a crecer. Y crece y crece con la risa y la lágrima, cuando brilla la fe, cuando se apaga, cuando empieza el amor, cuando se acaba, si las metas se alejan, si se acercan, no para de crecer. Con el cuerpo que crece, en el cuerpo que mengua, encogiendo las glándulas, el corazón, los ojos, las orejas, las manos y la lengua. Crece hasta desbordarse por los ojos atónitos en la última mirada. Te morirás de miedo y dirán que te has muerto de otra cosa.


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Saeculum aureum ¡Hijo del siglo, alégrate! Has nacido en el día feliz de la victoria contra la oscuridad. La Palabra, maltrecha por excesos, yace vencida por la nueva Luz, luz de una vida nueva que ha puesto su morada entre nosotros alegrando los ojos, jubilando las lenguas, ofreciendo un lugar en sus mansiones para goce perpetuo de colores, para reposo eterno de conciencias. ¡Alégrate! El mundo se eleva sobre los despojos de los dioses viejos que ya no tendrás que invocar. ¡Ciudadano, alégrate! El mundo ha derrumbado todo límite para hacerse ciudad universal. Yace a tus pies la historia, con el reloj de arena, la guadaña, y otros signos y símbolos que atormentaban los entendimientos y afligían las almas. ¡Alégrate! Libre de la incumbencia de amo de mar y cielo y tierra y bestia; del grave cargo de hacer en nombre propio y de dar cuentas, el Hombre se ha evadido de su vil madriguera; se ha vuelto Humanidad. ¡Criatura, alégrate! Ya puedes regresar a lo que eras antes de que el saber te introdujese en el morboso reino de la culpa. Los dioses de las ciencias, a tu frente muy pronto indultarán la pena de sudar por la existencia y a tu lengua, la pena de vivir de halagos y promesas, ruegos, tratos,


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huyendo, con temor, de la verdad. ¡Alégrate! Libre al fin de las luchas, de gestas, metas, buscas y palabras inútiles, en el seno bucólico de la madre natura te reunirás con el dócil hermano que nunca mereciera el castigo del habla. Te acogerá el Padre Renacuajo perdonando el delirio que te hiciera buscar la libertad. Y todos juntos animareis la tierra, mientras dure, con una algazara bestial.


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Bla, bla, ga, ga, g Héroe silencioso de mente desnuda, sencilla, modesta, bien organizada, a fin de cantar tu gran epopeya. se descarna el verbo, se encoge la lengua buscando la mínima expresión del verso. Sobra mucha letra para organizar el funcionamiento de la maquinaria que da a casi todos el pan cotidiano con más eficacia y en más abundancia que el Padre anterior. Los otros, allá. ¿Amor? Ñaca, ñaca y después, ña, ña. ¿La vida? Según. Con nómina, guai, y sin, pues gua. Y después, ga, ga, ga, ga, ga, ga, g.


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Hasta el final 1 Oscuridad azul. En la barra neón violeta unicolora caras, vasos, copas, un muro de botellas. Las caras, fuegos fatuos, con canicas brillantes miran al porvenir, intuyendo palabras de las bocas que emiten sin sonido. Nada que oír. Suena el mundo. Los cuerpos se retuercen con un ritmo titánico. Estallan las formas, saltan los pedazos entre humos y rayos. Infiernos y cielos regalan milagros. Los milagros brillan, pequeñas esferas de colores suaves. Flota el cuerpo, el alma. Del fango de siempre surge el nuevo héroe de la nueva raza. 2 La música celebra la epopeya. Chunga, chunga, chunga. Retruena en el planeta. Chunga, chunga, chunga. Se abren las bocas mudas. Chunga, chunga, chunga. Los párpados se cierran. Chunga, chunga, chunga. Ojos cerrados miran. Chunga, chunga, chunga. El núcleo del misterio. Chunga, chunga, chunga. Es todo de colores. Chunga, chunga, chunga. Que bailan, bailan, bailan.


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Chunga, chunga, chunga. Baila que bailarán. Chunga, chunga, chunga. Toda la eternidad. 3 La eternidad se para. Los ojos se sorprenden. Luz amarilla, quieta, muestra unas grietas negras entre labios violetas. Sorprenden los sonidos, las paredes, el techo, las puertas que se abren a la calle, las calles donde el aire hiere el cuerpo, la claridad azul y ese silencio que advierte que la muerte se despierta. 4 A toda prisa giran las ruedas por grumos negros junto a una raya que zigzaguea. Los ojos ciegos, las bocas mudas. No pasa nada. Todas las cosas son como nubes blandas que bailan con el chunchún, que suena y suena que sonará todo el camino, toda la vida, la vida es larga, con muchas curvas de colorines que bailan, bailan, que bailarán toda la vida, ¿la eternidad?


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III Yo soy “…a imagen suya, a imagen de Dios le creó…” Génesis, 1 27


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YO Génesis, 1. Éxodo, 3 2-4 Yo no recuerdo el día en que supe quién era la imagen de mi espejo. El día en que me dio su primera sonrisa y yo la llamé por su nombre: Yo Muy pronto empecé a oír que en los espejos, a mi alma acechaba un peligro mortal. Que allí el ángel de luz se agazapaba para instilar soberbia, para incitar a la desobediencia, para llevar mi alma adonde habitan por la eternidad quienes el Yo llevó a creerse dioses Por no ver en mi espejo al mendaz corruptor de la mujer, corruptora del hombre, me negué a distinguirte en mi mirada, me entregué a silenciarte, ansié aniquilarte para renacer limpia, impoluta, mansa oveja del rebaño de los justos. Con las ovejas iba, mis ojos en la hierba, por la árida montaña de Dios, cuando una zarza ardiente me llamó por mi nombre. ¿Quién eres? pregunté. “Yo Soy” dijiste. ¿El Dios de nuestros padres tiene por nombre Yo? ¿Es por eso que el Yo tienta a los hombres a convertirse en dioses? Lo dijo Dios, “Yo Soy”. Y dijo “Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza”.


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Y a imagen suya, Yo Soy, le creó. Le creó macho y hembra y le otorgó la tierra, la semilla, la hierba, el árbol y su fruto las aves de los cielos, los animales terrestres y las sierpes. Y viendo Dios cuanto había creado vio que estaba muy bien. Y porque Dios lo quiso, porque lo quise yo, reconocí ese día la imagen del espejo y me dije, “Yo Soy”. Y en esa imagen pude sonreírme sin miedo, olvidar los pecados, descubrir el perdón, descubrir el amor y creer que era eterno, y con él, descubrir la compasión.


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¿Qué importa mi nombre?

¿Qué importa mi nombre? Tantas veces me han llamado sin verme. No me importan las bocas que me llaman. Me importan los ojos que me ven


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Supervivencia Un dolor se me estanca en toda cosa. Me sumerge. Lo nado hasta echar branquias, tragando boquiabierta, con la esperanza loca que no sabe de nuncas.


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Llega Sabes nadar, nada. Volar no puedes, vuela. Vivir no dejan, sobrevive, vive. Que no te encuentren quieto, que no te atrapen. Corre, llega, al menos a maĂąana


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Pájaro negro Al cuervo intruso de Edgar Allan Poe Pájaro negro, ¿qué me cuentas? ¿Qué mensaje me traes de otras ventanas, de otros insomnios con las pupilas fijas en las sombras más negras? Pájaro negro, dime a qué has venido, a qué viene irrumpir en mi casa, en mi locura. ¿Quién te envía a curarme, a estas alturas, del mal de la esperanza? Pájaro negro, vete a llevar tus nuncas a otra parte. No hay pajarraco negro que le pueda a las ganas de creer en lo eterno de lo que no tendría que morir. Mi esperanza está viva. Déjame vivir.

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Ese cuervo, personaje misterioso del poema de Edgar Allan Poe, hablaba, pero sólo decía una palabra: Nevermore, “nunca jamás”. El cuervo repite la palabra maligna, y el narrador cree que el pájaro se quedará en su casa para siempre repitiendo su mensaje de desesperación.


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Libertad Con la ayuda de Lorca

Bordé el amor más grande de mi vida en sueños, y la madrugada me negó el anhelo de no volver a despertar. Desperté bajo el peso de cadenas, bajo el dolor de llagas ancestrales y descubrí que amor es solo uno, progenitor de todos los amores. Descubrí que sin amor no hay vida y que no hay amor sin libertad.

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“En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida”. Federico García Lorca


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Otro otoño Sol tibio, ya no penetras hasta el hueso cansado. Ya no exprimes el sudor al que labra, al que perfora asfalto. El tiempo te ha quitado el calor, pero no sufres. Tendrás otro verano y otro y otro hasta que el último de los mortales los deje de contar. Sol tibio, ¿cuántos otoños quedan a mis huesos?, ¿cuánto estremecimiento le quedará a mi piel? Posiblemente menos que a mi agenda.


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CALLE Y CAFÉ Prefiero calle, a veces la osadía de una plaza, espacio reservado a los dueños de casas, niños, perros. Uno, que no se siente propietario, prefiere calle y en la calle verse mancha en la que la luz se identifica bajo el ojo encendido, luz bajo el fango negro, bajo las aguas, tierra impermeable, al viento, vela terca, víscera agradecida al azul tibio. Para huir de ventanas y cubículos y plantar cara chula a los palacios y confundir el tiempo con distancia y creer inmortales los zapatos, calle. Con parada en café de vez en cuando para ver otras manchas, luces, tierras, otras velas hinchadas a otros rumbos con igual repertorio de quimeras. Para ver otros ojos queriendo desgarrar ropas y pieles y curarse del frío en otra médula. Para oír otras lenguas rebotar en los tímpanos en busca del eco que confirme su existencia. Y dejar que confunda el alboroto y permita creer, por un instante, que gestos y miradas y palabras encuentran su destino y uno es todos. Luego, calle, Aunque la calle diga que no hay otro con mis ojos, mis piernas y mis hambres y que no hay más que uno bajo el foco de una sola conciencia, uno revuelto entre las aguas negras


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de su propio torrente, uno y solo, sin espejo, sin eco, circunscrito a sus propios subterfugios para corroborarse. Calle prefiero para que nadie más que yo me engañe. Con parada en café de vez en cuando para, de vez en cuando, recordarme.


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Copla del errante Yo nací en primavera y desde entonces me lo conmemoran las hojas muertas Sin tierra ni cielo que llamara míos fui por todas partes como por asilos. Yo las quise a todas ninguna me quiso. No se fía el viejo del nuevo que vino. Va con el errante la patria lejana contando recuerdos que son como el ancla clavada en la tierra que no le rechaza. Yo no tuve tierra donde clavar ancla. Nací bajo estrellas que no conocían quienes me engendraron lejos de aquel día. En la madrugada, fue mi bienvenida un triste recuerdo de cosas perdidas. Yo nada he perdido Nunca tuve nada que lastrara el vuelo. No sé de nostalgias. Despiertan en blanco todas mis mañanas como verso nuevo que espera palabras. No sé de cadenas. Pago en todas partes por mi libertad un alto rescate. Si a veces se duelen,


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en mis soledades, los brazos vacíos, me pongo a cantarles. Que me sé canciones de todas las tierras, de todos los hombres, porque todas entran, sin salvar escollos, en el alma abierta del pájaro errante que por todas vuela. Porque todas lloran sus lágrimas secas en noches oscuras y alegres despiertan porque sale el sol y vale la pena, pase lo que pase, vivir lo que venga. Si a veces el frío me recuerda el tiempo y el tiempo, su término, cuentan mis recuerdos que a todo final le siguió un comienzo. Yo nací en primavera y desde entonces me lo conmemoran las hojas muertas


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IV Varonas “…macho y hembra los creó…” Génesis, 1 27


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Varona Génesis, 2-4 Dijo el más fuerte: “Corríjase el relato de la creación añadiendo escenarios, pasiones, intrigas que el vulgo entienda. Háblesele de envidia, crímenes, venganzas para que sienta suya la palabra de Dios”. “Que salga la mujer de mi costilla. Sea eternamente esclava por decreto de mi invencible porra. Sea ungida la fuerza de Caín y que se imponga sobre todo mortal inteligente. Sea santificado el músculo potente que, como Dios, puede quitar la vida”. “Ordene, Dios, al hombre que nomine todo animal creado para de esa manera hacerlo suyo. Así suya será la criatura a la que daré el nombre de varona por salir del varón”. “Que sea la varona dominada y para siempre fámula, por haber dado al Hombre el fruto creador de las conciencias. Que Dios premie a Caín con tierras y varonas paridoras y condene al hermano generoso a servir de carroña. Que sea el bien del fuerte lo más bueno y sea, el mal, la rebelión del débil”. “Expulse Dios al hombre y su ayudanta del Paraíso no sea que comiendo del árbol de la vida, además de conscientes, se hicieran inmortales. Que todos sepan


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que la desobediencia se condena con pena eterna. Que todos sepan que quien manda y castiga con la muerte a quien desobedece, está imitando a Dios”. Y así los sacerdotes del más fuerte crearon una nueva creación, ignorando al Creador del hombre que hombre, macho y hembra, les creó. Así crearon otro dios a su imagen que creó otro hombre de un muñeco de fango, al que insufló su aliento para convertirle en ser viviente, en todo semejante a cualquier bruto sin signo humano. Fue así la hembra varona pecadora, amiga de serpientes, merecedora, por desobediente, de todos los castigos, condenada a perpetua sumisión. Y fue así que la tierra se decretó posesión del más fuerte con derecho a vivirla y a agotarla hasta volver al polvo sin más pena. . ¿Adónde van los hombres, machos, hembras, de la estirpe de Dios? Dios no lo dijo. Viendo bueno todo lo creado, Dios descansó.


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La poeta doméstica A aquella poeta que me lloraba en su casa Ese caudal que le corre por dentro, oscuro y frenético, que le agita las entrañas y le alborota el silencio, matriz de versos domésticos inspirados en los techos, cuajados en fregaderos y vaciados en sueños, ¿será la sangre alterada por tanta luna y marea o será que la semilla sembrada bajo una lápida ha estallado en mil raíces que surcan la tierra árida para escapar de la muerte que quiere raptarle el alma?


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Las flores A las mujeres de aquella pensión Extrañas flores chillan alineadas en las paredes. Gritos de colores. Más que gritos, aullidos. Aúlla cada una sus dolores como lobo perdido. Son dos pétalos gruesos de un amarillo enfermo partidos por un tallo rojo sangre, y hablan de bocas húmedas de hambres y emanan un calor como de fiebre que arde a la luz y en la penumbra arde encendiendo los sueños. Desde la cama vil, dura y estrecha para que se den prisa los abrazos, los ojos se marean dando vueltas y entre las flores la memoria encuentra bocas, palabras, ojos torcidos por el hambre y el engaño. Las flores y los tallos se disuelven en un lago de sangre. Sangre de menstruaciones dolorosas en que el destino se confirma. Sangre del estreno del cuerpo al aguijón del gozo, a zarpas iracundas, a noches infrahumanas. Sangre de los deshechos de aquellas vidas que se hicieron sangre antes de hacerse lágrimas. Sangre de tentaciones tenebrosas que detuvo una luz inoportuna antes de que acabaran con la sangre y la sangre acabara con las cosas en las que el alma vive recordándose. La sangre se coagula. Le salen a las flores grumos negros. Para llenar las fosas abiertas al mayor de los olvidos, la memoria se pone a hacer recuerdos


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con frentes sin escollos, ojos limpios, labios amables, manos generosas como no puede haber entre los vivos. Y los ojos exudan restos de llantos viejos, y un calor suave alivia las entrañas mientras se abraza el alma con ternura aliviando sus llagas. Las flores se hacen vino con el aroma de una boca amante. Se hace tierno el dolor, compadecido. Nada más tierno que el amor que llega cuando no queda nadie.

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Era una pensión en el Madrid de los 70. En ella vivían señoritas de alterne. Iban por la noche a una carretera donde las pasaba a recoger el encargado de un club nocturno para llevarlas a su lugar de trabajo. Ese trabajo consistía en tomar copas con los clientes, pero nada más, decían. Siendo muy diverso su lugar de origen, todas tenían algo en común; una profunda humanidad. Era eso lo que les permitía conservar su dignidad a pesar de la sordidez de su trabajo.


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Ligera A Josefina de la Iglesia Gil, Miss Deyka, Mrs.Fassman, mi madre. A Doña Pilar Gil de Elola que la enseñó a soñar. I Ya no la sigue aquella que, entre hedores de miedo y muerte y truenos mortales y aullidos urgentes, cantaba en su oído, morucha, muy quedo, coplas que perfumaban los muros negros con clavel tempranero. Se le han perdido las aguas ardientes de aquel mar primero, el aire cargado de azufre y azahar, el llanto del náufrago en naves extrañas, la arena que llora su rabia porque no se va. No puede encontrar las fértiles calles donde florecían ingenio y astucia a la par que el hambre ni los pies ansiosos que las caminaban buscando la vida que sólo latía allende los mares. Se le perdió el barco en el que una noche huyó de las sombras dejando en la costa huesos de sus huesos. Perdió el nuevo puerto, la médula nueva, el ansia de rutas buscando la tierra de la luz perpetua. Volaron los fuegos. Volaron los humos que los delataban. A los siete vientos fueron las cenizas de amores eternos. Ya no encuentra nada. Arrastra, ligera, los pies por sus días sin dejar más huella que la que dejara en memoria ajena.


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Memoria, recuerda, recuerda, recuerda‌

II Va por un pasillo como si por otro. Dicen que, a la larga, un pasillo es igual a otro pasillo. Los vivos y los muertos la acompaĂąan por el camino. Vivos y muertos son la misma cosa en el olvido. En el olvido vive por justicia que tanta vida tal vez no mereciera recordar que habĂ­a de morirse.


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V El otro “…sed fecundos y multiplicaos…" Génesis, 1 22


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EL FARDO ¿Que si pesa? Claro, claro que pesa Llevo lo de siempre. Cuerpos, llevo, toneladas de cuerpos. Aquel que destilaba leche tibia, calor, y otros que calor sólo, otros que sangre, y otros que sólo huesos, pero pesan. Y llevo caras, con ojos y sin ojos. Las que llevo con ojos me pesan mucho más. Y llevo una cara, unos ojos, un cuerpo que me pesan con el peso de todos los cuerpos y las caras y los ojos que llevo a cuestas. Pesa, claro que pesa. Por eso estoy pidiendo descansar.


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Forastero Alto. No me mires. Llevas en los ojos, los ojos del padre. No me des las manos. Tienen los dibujos que hiciera el dios ciego también en mis palmas. No vengas, extraño, a llorar mi verja con mis mismas lágrimas. No quieras armarme el odio que late con tu mismo miedo en mi misma entraña. Pero sobre todo, aquí no te mueras. ¿Cómo distinguirte cuando se confundan tus huesos con los huesos de mis muertos?


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En la calle Al sin techo, con la pena de que nunca podrá leerlo, y la esperanza de que alguno, sí Uno diría que no tiene nombre, que lo perdió cuando los otros dejaron de llamarle. Uno diría que no tiene cara, que la perdió cuando los ojos que le reconocían dejaron de mirarle. Uno diría que no tiene lengua, que la perdió cuando los oídos de los otros dejaron de escucharle. Hace soles y lluvias que vaga sin nombre, sin lengua, sin cara aparentes. No tiene, parece, ni nombre ni cara ni lengua que valgan. Pero alguien le llama. Dos ojos le miran desde los cristales de un aparador y le reconocen. Su lengua se mueve, su lengua no para de contar historias de cuando tenía; de hablarle de cosas de esa vida suya que no supo nadie, que no sabe nadie, que nadie sabrá. Las saben las calles, sus zapatos. Las saben los cristales y los charcos. Las sabe el silencio que nunca se calla, que sabe su nombre, que mira su cara, que escucha a su lengua contar y contar las cosas que nadie le pudo, le puede, le podrá quitar.


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Requiem A los políticos que mejor sintonizan con su gente 1 Sale el sol y suenan las alarmas. La conciencia despierta, se organiza: agua, ropa, alimento. Hay que orientarse entre antiguas señales. Recuerda: verde, amarillo, rojo, desvío a la derecha. Estira el labio. Un poco más. No tanto. Bache a la izquierda. Más vale que no corras. Ni te acerques a un signo de peligro. Piensa. que dos más dos son cuatro, que sin padrinos nadie se bautiza, que quien no se bautiza, no comulga, que no vale la pena que sepas mucho más. De cierto uno llega a saber muy poca cosa. Pero no tengas miedo a equivocarte. Sobra la información. Quien se equivoca es el simple que opina sin haber consultado a la estadística. Teme olvidar los signos y las normas, pasar por alto un cambio, dar atención a un hecho inevitable, como el paso del tiempo, por ejemplo. ¿Qué el sol se ha puesto? ¿Y qué? La noche ya no es el pozo de tinieblas que anunciaba a la muerte. Puertas adentro, los cuerpos y las almas hoy se funden en plena sintonía. Donde Amor fracasó, triunfa la Luz, creadora de una fiesta interminable al alcance de todos. Para gozarla, basta


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desnudarse del hombre, hacerse audiencia. ¿Mañana? Saldrá el sol y una explosión de alarmas volverá a despertarte a un nuevo día. ¿Que si no te despiertas? ¿Y qué importa? Despertará otro igual. Y para los efectos, ¿no es lo mismo? 2 En casa, el mismo Dios que en la de todos. Se puede entrar tranquilo. No hay nada ni en armarios ni en cajones que pueda sorprender. ¿Qué si miedo en la calle? No, ninguno. Caminando al compás de muchas piernas, entonando la voz con la del coro, utilizando las palabras justas que autoriza el consenso no hay nada que temer. ¿Y en la noche? Tampoco. La soledad no encuentra ni una grieta por donde introducir el aguijón. Caras, voces, palabras, iguales me confortan. Mi conciencia reposa suavemente arrullada por un eco global. ¿Cosas mías? Según. La memoria no enfada si se guarda en lugar inaccesible eso que nadie quiere recordar. Ni la imaginación si no aventura. Ni el deseo si elige ignorando el objeto inalcanzable. Comprenderá que hay que pagar el precio estipulado para gozar los bienes que permiten vivir la vida como todo el mundo: descansando en paz.


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VI Y lo mató “…y lo mató.” Génesis, 4 8


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La fuente A los niños de Madrid, Barcelona, Valencia, Guernica, Sarajevo, Pristina, Freetown, Palestina, Siria, Yemen, etc., etc., etc. 1 Dejó de manar la fuente. El hambre y la sed se abocan a las fosas desbordantes de despojos. En el muro acribillado los niños buscan tesoros y dibujan calaveras con tizones. Por los sembrados de cruces, con las Hidras y las Furias, los niños juegan cantando sus venganzas. Los niños, sobre los huesos, se acuestan con los fantasmas. Les lleva el sueño a las sombras donde blasfeman los ángeles. 2 La fuente vuelve a manar. Se acercan las bocas ávidas. Los niños dan a sus hijos su chorro de hiel y lágrimas. Y los hijos de los niños juegan por los mismos campos con las mismas compañías cantando los mismos cantos. 3 Vuelve la fuente a agotarse y vuelven la sed y el hambre a las fosas desbordantes de despojos 4 Y vuelve a manar la fuente. Y vuelven, vuelven y vuelven.


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Todavía A los hijos de los niños de la guerra

Todavía alguna vez con ella me despierto entre paredes grises y desnudas al asombro de unas mañanas quietas sin voces, sin olores, en penumbra. Todavía acompaño su triste desconcierto por el pasillo, la cocina helada, las puertas que limitan el encierro donde se vuelve noche la mañana. Todavía salgo con ella y su esperanza al patio por si han vuelto los niños y los juegos, los cantos y las risas, los geranios, la ropa al sol, los gatos y los perros. Todavía me sorprendo con ella en un desierto rodeado de puertas atrancadas y me dan miedo la quietud y el miedo, y con el miedo vuelvo a entrar en casa. Todavía prendo con ella el oído ansioso a la caja de voces de otro mundo dibujándoles cara y, con sus ojos, contemplo los dibujos sobre el muro. Todavía me alerto con su cuerpo a los aullidos que estremecen los cielos y la tierra y corro con su cuerpo perseguido por nubes de rapaces gigantescas, con el alma prendida a los zapatos, con el terror mordiéndome las piernas. El pavimento es duro, lento, largo. El refugio parece que se aleja. El mundo corre, se derrumba al lado y por donde iba Dios, la muerte vuela.


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Todavía vuelvo con ella a la casa oscura. Entra la noche por el techo abierto y hay luna y hay estrellas, pero mudas, y el silencio del patio está en el cielo. Todavía vivo sus hambres, su dolor, su miedo con el miedo, las hambres y el dolor de aquella que vivía hambres y miedo y dolor con el dolor, las hambres y el miedo de sus muertos. Todavía...


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Canción de la niña sola Mirando la calle la niña cantaba: “La gente es color que te alegra el día y hace compañía bajo el balcón”. La niña cantaba mirando el torrente: “Por la calle bajan banderas, carteles, carruajes de plata, fusiles, juguetes, sábanas con cuerpos, zapatos con pies, cajitas con huesos, sombreros con sesos. ¡Qué bonito es!” La niña cantaba a la procesión: “En cruz de oro y plata va nuestro Señor, su Madre enjoyada y el cuerpo de Dios en urna redonda entre rayos de sol. Le siguen señores con ricas estolas, otros de uniforme, otros con sus ropas de gente de bien. Y guapas señoras y niñas muy monas. Qué bonita es la calle tan limpia, con tanto color que te alegra el día y hace compañía bajo el balcón”. No bajes, no, no.

A aquella España, a aquellos niños.


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Salmo Será por mi destino de paso errante. Será que es cierto que el oscuro mensaje de la sangre va, como bardo antiguo, recorriendo los hijos de los hombres. Será que por vivirme las historias que escuchaba o leía creí haberlas vivido. Será por lo que fuere, por lo que fuere tengo el arpa en Babilonia, la memoria en Sión, la llama ardiendo en el rincón de casa donde posan mis muertos. ¡Oh, Jerusalén! ¿cómo olvidarte? ¿Cómo olvidar la fuerza de tus brazos exigiendo al cielo en la plegaria y a la tierra en la siembra? ¿Cómo olvidar tus lágrimas regando siempre tierra de exilio? ¿Cómo olvidar tu sangre derramada en los campos de todos los reinos, corriendo por las calles de todas las ciudades, abrumando todas las conciencias? ¡Oh, Jerusalén! ¿cómo olvidarte? ¿Cómo olvidar tus lágrimas, tu sangre y la sangre y las lágrimas que hace verter tu defensa asesina? Será, si alguna vez te olvido, el día en que mi diestra ya no tenga memoria que la anime. El día en que la lengua se me calle. El día en que el último culpable justifique la última vileza del último inocente.


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VII Del arte “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” Génesis, 1


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Creadores Creรณ Dios creadores, y descansรณ


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El artista 1 Le imagino buscando colores para hacer mentiras. Le imagino previendo mis ojos con una sonrisa. Sabe muy bien que aunque descubra el truco, me tendré que creer lo que me diga a cambio de otro espacio, otro tiempo, otra vida. 2 Ese trazo, esa luz, luz oscura de nervios y de venas; esa sangre que todo lo dibuja inverosímil eludiendo el desvío a la conciencia; esa vida que es vida de mentira que no miente que es sólo que no sabe vivir de otra manera, ¿será acaso otra especie de arte? ¿Será el arte de otra especie de infierno?


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Vanitas Lo dijo el Cohelet, vanidad, vanidad. Bajo este sol no brillarรก jamรกs materia de otro fango que este fango. Y hay que ver cuรกnto esfuerzo denodado le exigiรณ esta verdad y cuรกntas letras vanas tuvo que dibujar para explicarla. Vanidad, vanidad, que no nos falte para ignorar las rejas de la jaula.


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Paisaje y compañía A un crepúsculo de Madrid La vía pierde el gris, se vuelve luces que corren hacia el fondo donde el azul se mezcla con el rojo para crear la noche sobre lejanas cúpulas de plata entre árboles de bronce. Al final de la vía espera, la Belleza, la mirada del solitario que la reconoce para pasar la noche en compañía. Y llega el ojo de ver cosas, cansado, polvoriento, dolorido de chocar contra límites visibles. La ve. Se cierra. Despierta el ojo de contemplar el mundo indescriptible donde se mira el Creador y engendra amándose sin tiempo. La ve. Se llena.


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Por una ventana Dos cuadros de Ana Braga 1 Hay dos casas viejas contra una montaña de verdes perpetuos. Un cielo, indeciso, no sabe si anuncia el sol, la tormenta. Los tejados negros hablan de cobijo. Detrás de las puertas, un silencio oscuro parece que espera que alguien se detenga; que escuche los pasos subiendo, cansados, por los escalones; que intuya el descanso con los ojos fijos en los pensamientos que encienden las noches; que vele la vela del oído insomne; que acompañe al sueño por los vericuetos donde se habla el alma; que reciba al día, sus penas, sus miedos y sus mil dolores dándole las gracias a quien haga falta; que observe en silencio, tras una ventana, al ojo foráneo que fuerza la entrada buscando el abrazo de otras soledades que miran, curiosas, las puertas pintadas para darle al alma su ración de engaño. 2 Sueña el recuerdo una calleja estrecha de piedras gaseosas. Donde el tiempo y los pasos esculpían la forma irrepetible que hacia cada canto sólo igual a sí mismo y el camino distinto a cualquier otro, ya nadie pondrá el pie.


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La venció el abandono. Los muros, que no casas, se doblaban. Sobraban las ventanas sin pupilas y las puertas que ya nadie abriría ni al afán ni al cobijo. Y acudieron las máquinas. Y acudieron los nuevos constructores a erigir otros mundos donde albergar más cuerpos desahuciados. Y otra calle empezó el fin de otra historia. Pero vive el recuerdo. Al amparo de una memoria terca, las piedras singulares sobreviven con los días contados. Tal vez anhelarían, si anhelaran, haberse hecho recuerdo en la Memoria donde tal vez pervivan las memorias, donde tal vez las calles sean eternas.


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Sangre y palabra Bajo la luna de los locos, Sangre y Palabra cantan. No se entiende la letra. No se entiende la pauta. No hay nada que entender, sรณlo que cantan.


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Se me perdió la pluma Se me perdió la pluma, pero parece que ya no hace falta. Tecleo frases cortas con palabras nuevas que ya no son palabras, son sonidos. Tecleo, cliqueo, linqueo, audeo, video para estar en el mundo; un mundo más abierto, más lleno, tan relleno que sólo hay tiempo para lo más corto: tres minutos de imágenes; caracteres contados, ¿cuánto es eso en palabras? Un cuarto de hora basta para leer un libro en diagonal y otro cuarto para luego contarlo en cuatro rayas. ¿Para qué quiero pluma? Con lo lento que escribe y esa manía suya de pararse a esperar la palabra precisa que ya no logrará llegar a nadie que quiera detenerse para entender lo que significaba o imaginarle otro sentido nuevo. Hay prisa, mucha prisa en todas partes. En los miembros que marchan o que corren para agitar las tripas y hacer que no se pare el corazón. En las mentes que ya no son las mentes, son cerebros, que ya no son cerebros, son axones transmisores de prisa. Entre hola y adiós caben millones de ojos y palabras que van volando hacia la papelera para no atiborrarnos la memoria. Y entre hola y adiós volará nuestro nombre hacia el mismo destino. Se me perdió la pluma y ya no tengo tiempo de buscarla. Ya nunca volveré a escribir con pluma a menos que me pare, en una de estas, y me anime a enfrentarme al dependiente


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de una papelería. “Necesito una pluma”, le diré. “Es que se me perdió la que tenía y...”. Y no harán falta más explicaciones. El hombre o la mujer ya me habrá detectado las arrugas. Y volveré a mi casa y volveré a mis rayas sobre un papel en blanco y volveré a creer que el tiempo es mío, que es mía la palabra que todo lo empezó, que nunca acaba.


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¿Qué es poesía? ¿Qué es poesía? Es, por ejemplo, luchar como una fiera por la supervivencia a plena luz del día y, a lo oscuro, en secreto, ganarse la vida.


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El poema Al olmo de Antonio Machado Iba el olmo para leña y se convirtió en poema. ¿Y el poema? Hablando de misterios con los muertos. ¿Y los muertos? Los muertos, en el recuerdo; el recuerdo, en la esperanza; en la esperanza, el poema.


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La musa derelicta ¿Qué es poesía? preguntó al poeta una pupila azul. ¿Qué es? A ver. Mortales, esclavos del azar, insaculados, inermes –mamo, mamas- desvalidos, desde la evacuación extemporánea del dextro abdominal a una selva sin ramas de autopistas por donde, como simios en porreta, vamos de este peaje a otro peaje, entre lo caducado y lo incognoto, para ir a hacer puñetas. Poesía eres tú. Poesía soy yo. Ontológicamente cual porcinos, psicológicamente mito-manos, vilísimos esclavos de la amígdala, esclava ésta, a su vez, del hipocampo, -o viceversa que da igual el nombre de lo que nos acorapasamos de lo uránico a la piara, tenaces transfusores de pretéritos transfijos por el miedo a lo que pasa y a lo que pasará y a lo que vino y a lo que ha de venir con la esperanza de que pierda el camino. Poesía somos todos. Y más. Son estas sillas de esta sala en tinieblas, la mugre que les hace de sudario, sudario que desmiente los momentos contando lo que fue, lo que no ha sido, lo que sin ser, ha muerto. Este reloj que engorda con segundos que no le quita al tiempo recordando, aun así, a todas horas al impiadoso principiador de todos de los finales, ejecutor indemne de hipotecas, punidor de codicias rematador avieso de esperanzas.


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Es estarse a la vera de la nada elaborando siempres imposibles mientras se burla el universo entero con el nunca en la punta de la lengua. Es querer pasear lointransitable, vivir el no vivir en lo perecedero de lo eterno, padecer lo remoto de lo próximo, llorar por lo nacido y lo no nato lágrimas de cinismo vesicante que vayan corroyendo cuanto ha sido y lo que pueda ser. Es el dolor perpetuo, transcendente, incurable, de ser conciencias lúcidas sabiéndonos monstruos irredimibles, víctimas trágicas del día loco en el que la natura quiso cruzar un ángel y una mula. Es defender la libertad y el predio blandiendo el sinónimo inaudito contra la tiranía de lo añejo, logogar los garbanzos, neumonizar los plásticos, hipercumbrar lo estólido a la categoría de vesánico. Es transformar el mundo verbi gratia, de arriba abajo y de derecha a izquierda para reconciliarle con su mierda. Y es también ritmo, por ejemplo, once y siete. O no. Algo de rima, como quien no quiere, a fin de efecto: izquierda, mierda, ¿captas? O no. La norma aplasta, la libertad da vuelo. Da lo mismo si se dice por libre o no se dice, la cosa es que se diga o no se diga sin ningún parapeto.


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En fin, lo dijo el griego, poesía es la vida, y la vida un puro pataleo en el que todo vale. Poesía será lo que tú quieras.


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Payaso, payasa A Mrs. Pepova Para saltar al ruedo se pinta la cara se desnuda el alma Las cejas en la frente, pupilas dilatadas, nunca fue tan perpleja perplejidad humana Para saltar al ruedo se pinta la cara se desnuda el alma La bocota se empina buscando la sonrisa, y parece que llora la pena más amarga Para saltar al ruedo se pinta la cara se desnuda el alma Parece una mentira para engañar a niños pero es tan verdad que a ningún niño engaña Para saltar al ruedo se pinta la cara se desnuda el alma.


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VIII DEL AMOR “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” Romanos, 13 9


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Hijo A Márius, mi hijo I Llegaste cuando dicen que creó Dios los cielos y la tierra iniciando la danza de las constelaciones. El carnero brillaba bajo el ojo del sol. Daba el reloj dos veces el número maldito cuando saliste al mundo desmintiendo el poder de la suerte. Tenías las pupilas de hierba renacida y la cabeza clara de los ángeles buenos. Yo tenía los ojos y la cabeza negros con los negros recuerdos de mi madre. ¿De qué sueño de otros ha salido este rubio? ¿Quién le soñó los ojos de la violenta griega?, preguntaba perpleja. Me dijo quien sabía que a los niños, el tiempo oscurece los ojos, los cabellos, la frente. Esperé sin preguntas. Pero dejó tan pronto de importarme el asunto que ni cuenta me di de que te oscurecías. Hasta que ví en tu cara la cara de mi padre, y me cayó otra culpa que negaba alivio a mis culpas anteriores. Me aliviaba pensar que me iría sin haber agregado otro eslabón a la ancestral cadena de dolores de todas las estirpes. No cumplí mi palabra. Por tenerte en mis brazos, me entregué a la inconsciencia agregando el peor de los delitos a todos los que hubiera cometido. Y no tardó el castigo. Reo, me hiciste, de la culpa suprema el día en que del alma te salió decirme: “Mama, la vida es dura”. Y apenas empezabas a pensar.


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Y me cayó tu vida, como plomo, en la mía. ¿Cómo podría yo mitigar la dureza de este lecho de piedras? ¿Cómo podría yo conjurar de tu vida temores, desamores, cataclismos? ¿Cómo librarme yo del peso y el dolor de la impotencia? ¿Cómo desentenderme con esa indiferencia aparente de Dios? Niño de pelo negro, de ojos oscuros, nacido con la luz, la vida es dura, sí, pero si dura hasta el día en que el alma te descubre su risa; hasta el día en que atisbas el perdón de quien de ti se ríe en el espejo; hasta el día en que la compasión te hace ver en el otro un hermano de penas con tus mismas heridas; hasta el día en que el amor te alcanza para inventar objetos estimables; hasta el día en que empiezas a hacer el equipaje y pierde su importancia todo lo que no sea imprescindible, si la vida te dura hasta ese día, por dura que haya sido, la darás por muy buena. Verás entonces que, aunque te pareciera lo contrario, hay algunas historias que acaban bien. II Tu eres eso que vive bajo tu propia piel impermeable transformando las cosas en tus cosas, anhelando, esperando, sin sospechas, la presencia de otro. Yo soy eso que vive bajo mi propia piel impermeable transformando las cosas en mis cosas, imaginando


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que hay otro que me espera en otra parte para dar la razón a la fe que he elegido, para que me perdones tú por esta vida, para que, por la mía, perdone yo a mi madre. III Con su carga de tiempo y de cinismo la razón nos decreta prescindibles, pero existe otro reino al que no llega su amenaza mortal, y en él todo me dice que he de estar yo para que el mundo sea, que has de estar tú o el mundo no será.


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Anima mundi A quien me lo inspirĂł La noche va engullendo cuanto fue dejando a la memoria las migajas, anunciando la muerte al infecundo y al creador de eternidad, la vida. Sobre las aguas del silencio donde el espĂ­ritu aletea, vuelo y en la perfecta oscuridad de la ausencia de dudas me contemplo, me creo, te contemplo, te creo, a fin de concederme y concederte, por el instante al menos de esta vida, la vida que no muere.


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Sin lastre Tu sexo se liquida, se extiende, se agiganta, se transforma en aquel lago oscuro donde mueren el recuerdo, la historia, la inútil agonía de los héroes, los líos de la fe de las doctrinas, la caridad nutrida de codicia, la soberbia vestida de humildad, los lloros prepotentes de quien exige amor para sus llagas, las salmodias ingratas del que paga los dones con gemidos penitentes, las amargas razones del cinismo, las razones cargantes de mi propia razón. Y nado ágil, audaz, sin ningún lastre, buscando el estallido que me anuncia una penumbra tibia, como esta, donde sabré y sabrás, tal como ahora, que estás, que estoy. O tal vez no sabremos y ya no tendrá entonces importancia.


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El reencuentro -Hace ya muchos años -dijo el tiempo. -No verás en sus ojos la brillante frescura de los tuyos. En su lugar, la opaca indiferencia del azogue gastado por el roce mostrará tu cansancio. No animará sus labios la alegría colmada de certezas que apenas apagaba unos instantes el bronco acento del cinismo ajeno, el dolor que creíais momentáneo, el espanto de dudas y sospechas sometidas entonces al imperio de vuestra santa y libre voluntad. El dolor, hace mucho que llegó a revelarse cotidiano; contagioso, el cinismo; la libertad, cautiva; la duda y la sospecha, dos sombras de tu sombra. La voluntad, vencida tantas veces, ya no puede otra cosa que volverse a vencer de vez en cuando para reconocerse. Perdió el juego su poder taumatúrgico. Su risa y su sonrisa, a juzgar por las tuyas, estarán moribundas, si no han muerto. No lucirá su piel los tintes nuevos en los que descubrías tu rubor; los rosas que azulaba en sus mejillas el paso de las horas amenazando noche, despedida. No verás en su frente la claridad de una mañana nueva anunciando el retorno de la luz supuestamente eterna.


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La luz se está muriendo en la tela cuarteada, amarillenta que oscurece tu espejo -dijo el tiempo. Y apareció en el fondo del pasillo. Era un cuerpo menguado. Y avanzó a paso lento. -¿Lo ves? -insistió terco. Y llegaron sus ojos y llegaron sus labios. -¿Lo ves? -dijo el amor. -El tiempo es falso.


82

Amor eterno He amado sin palabras mirando aquel silencio que nada interrumpía, que nada interrumpiera, nunca, ni un “quiero”. No quise, amé. En una lengua oscura como el alma, clara como la fe que no pregunta, antes del tiempo, lejos de todas las parcelas, allí entonces, aquí, presencia siempre dentro que si no muere el alma que la lleva, no se puede morir.


83

Duerme Duerme. Ojalá no me lleven tus sueños a inquietarte la noche. Ojalá no despiertes a verte encadenada a la rutina con que el sol y la luna nos aburren. Duerme Ojalá despertemos con ganas de seguir imaginando engaños


84

Descubrimientos Hace tiempo te hubiera prometido descubrirte planetas. Hoy, que ya no me engaño, te ofrezco los caminos pedregosos de mi montaña, la corriente azarosa de mi río, el caos ordenado de mi casa, que seas tú quien vaya descubriendo, mientras descubro yo lo que tú quieras


85

Sabremos No tendré tiempo de saber quién eres No tendrás tiempo de saber quién soy Tal vez sabremos cuando no haya tiempo, cuando ya no haga falta saber


86

Mentira Cuenta el amor mentiras, dicen. Mentira, las cuenta un impostor. El amor no conoce mรกs lengua que el silencio


87

En el agua Era, en el sueño, agua, solo agua y tú y yo frente a frente jugando a ser delfines ¿Será cierto que entonan los delfines versos de amor?


88

Ya no Ya no borda el amor contando soles, preguntando a las olas y al horizonte, ya no quiere bordar encontrando al ausente en esa estrella que ilumina las rutas y acompaña la espera. Ya no quiere esperar. A la orilla del mar, sólo la arena recibirá al amante por venir. Que el amor ya no borda ni espera ni se engaña. Se ha hecho mayor. Ya sabe que ha de morir.


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De lejos La máquina te lleva. Aumenta la distancia concreta, mensurable, inofensiva. La vence la memoria, recreándote. Perdidas la dureza y las espinas que a tu lado lo vuelven amenaza, se hace amigo el silencio. Y hasta la soledad, que cuando estás se impone defendiendo barreras, huye cuando no estás para no verse. Lejos de las miradas que deforman de los juicios que engañan de las sentencias falsas de la verdad, en las aguas oscuras de la añoranza vuelvo a ver lo que quiero, a creer lo que veo. No vuelvas más.


90

Mea culpa No tuve otros amantes. Antes de verme libre en tus ojos paganos, no hubo sรกbana que no ensuciara mi arrepentimiento. Hoy me arrepiento.


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No era eso Fue cosa de palabras, posturas, con testigos. A solas se apagaban las luces de la fiesta y empezaba el vagar por una casa a oscuras, tropezando con todo. Nos daba miedo vernos. Yo creĂ­ que era amor, pero el amor no es eso.


92

Ya no la veo Ya no la veo ni en casa ni en la calle. Su figura se fue a la dimensión donde guardo las cosas que doy por imposibles. Allí yace cubierta con la lona con que cubre el olvido misericordioso mis estatuas de sal. He olvidado su forma. Ya no la veo, pero se me ha quedado su existencia en el ámbito oscuro donde vive lo que creo sin ver, y manda desde allí en todo lo que soy y en lo que vivo con el sumo poder que mi alma otorga a las cosas eternas.


93

Sé que no existe Sé que no existe Sé que nunca existió Añoro lo que quise que fuera


94

Se fue No se fue en el momento en que se va ese amor joven al que se aferra el viejo por aferrarse al tiempo No se fue definitivamente dejando ese recuerdo que la memoria lustra cada dĂ­a para que brille siempre Se fue dejando nada, eso de lo que dicen que creĂł Dios el mundo.


95

VIII Los novísimos “…al vencedor le daré a comer del árbol de la vida…” Apocalipsis 2,7

6

los novísimos o escatología es la rama de la teología que trata acerca de lo que sucede después de la muerte;


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Tentación Encendidas las piedras, el camino. Río ardiente, amarillo. Un amarillo oscuro, transparente, como ese líquido en la copa, amargo, dulzor amargo el líquido, la lengua. Un amarillo amargo en la cabeza corre por el camino. Sobre ascuas, salta la noche negra. Arriba giran las estrellas, blancas. Abajo ruedan piedras. Brazos negros se agitan y arañan las pupilas. Decían que la noche tiene zarzas que esperan a la carne solitaria para rasgarle el ama. Rasga el río de piedras un chirrido. Alguien abre las puertas del infierno. El mundo se detiene. En la orilla del cauce, a unos cuantos segundos de caída, lo que hay es más que noche, más que negro. ¿Y si no hubiera infierno ni el dios que le acompaña ni buitres que eternicen las entrañas eternizando al reo? ¿Si no hubiera memoria, y si eso que habla y habla para seguir viviendo callara de repente y luego, nada? ¿La paz de los sepulcros? ¿Nada blanca? ¿Nada de nada? ¿Nada? ¿Y tanto, tanto, tanto para nada? Metal fundido en la cabeza, gira. El miedo salta, revuelve el remolino de oro incandescente. Y hay un motor que arranca y una máquina que huye despavorida, lejos del hueco negro, por el río


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de piedras amarillas, la esperanza. A unos cuantos minutos, techo, cama, otra noche probablemente corta. Pero luego, con suerte, si Dios quiere, maĂąana, maĂąana la resaca.


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Mañana de pascua Del cuadro de Caspar Friedrich Como un río de lodo corre el camino entre ramas torcidas de árboles medio muertos o medio vivos. Como ojo de dios sordo y mudo y ciego, el sol va descontando otro día a los días de los vivos y a sus recuerdos. Como sombras de un limbo van las mujeres a visitar sepulcros. Muerto el amor de frío, la fe de penas, ya no les queda más que la esperanza para verlos vacíos.


99

Todavía la vida He llegado a la lágrima difícil, a la satisfacción sin alegría, al horror sin temblores, sin embargo aun distingo la gota de sangre que ilumina el lodo. Todavía me dura el asombro.


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Cosas de viejos 1 Ya salieron la tierra, los huesos de los muertos, la sangre de los futuros vivos exigiendo añejos compromisos. Perdona, hijo, que son cosas de viejos. 2 ¿Será misterio que valgan mil dolores más que un cielo? 3 ¿Adónde vamos a parar? Ay, no paremos.


101

La ultima palabra Se fue la luz. Volvieron a vivir los candelabros por gracia de la urgencia. Quedó la sala negra y aquí y allá fulgores amarillos, como en un velatorio. La pálida agonía de los cirios nos llevó el pensamiento a la velada a la habremos de asistir ausentes. Y de pronto, murmullos, tal vez llantos llegaron del futuro a llenar el silencio de preguntas. ¿Les oiremos entonces? ¿Desde dónde? Alguien trajo una radio. Los oídos se abrieron como brazos que se abren al amigo. Y estallaron las voces y las risas para apagar la voz al agorero. -Temporalmente -dijo la oscuridad malévola. Y la esperanza replicó -¿Quién sabe?


102

Nunca será nunca Nunca se llega tarde a la aventura de llegar a la cima más alta, de explorar el desierto más ancho, de nadar en las aguas más hondas. Nunca se llega tarde al fin de la aventura. Se llega a la hora en punto en que las horas se quedarán marcando otras memorias, y nunca será pronto y nunca será tarde y nunca será nunca


103

La casa En la casa de siempre, en cuanto abrió los ojos, le sorprendió en el techo el ojo vigilante que observaba hasta el último rincón, haciendo del perdón algo improbable. ¿Y entonces, el amor? En una casa nueva bajo un techo desierto, estrenó soledad justificando cuanto le importaba, borrando de su historia lo que no, relegando el perdón a innecesario. ¿Y el amor? Hubo otras casas con techos solitarios, pasillos y pasillos cada vez más oscuros y curvados. Y el cansancio llegó para quedarse. No habría más pasillos que ése último, recto, sin desvíos que enseñaba el final a pocos pasos. Ay, si encontrase allí, como al principio, el ojo abarcador que iluminaba todos los rincones. ¿Y entonces, el perdón? ¿Y si fuese el perdón una mala costumbre de los muros que sin ellos no haría falta a nadie? Entonces, ¿el amor?


104

El principio Reconozco en estas aguas cada vez mĂĄs quietas a la mano piadosa que me ofrece la venda negra. La acepto. No quiero acabarme juzgando al verdugo. Quiero, ojos adentro, volver a armonĂ­as, a formas, a versos, palabras, miradas, silencio, de pronto aleteos sobre aquellas aguas, y luego la voz y la luz aquella y luego el principio de una lengua nueva.

El reino nuestro. Antología personal  
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