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Del texto: Mar del Rey Gómez-Morata De esta edición: Libros a cuentagotas

ISBN: 978-84-6973-435-3 Depósito Legal: M-15.674-2017 Compuesto por: Sagrario Gallego Simón Diseño de cubierta: Carina Belén Galiano Imprime: Estugraf


AGRADECIMIENTOS

Este libro no habría sido posible sin la generosidad y las historias de Maitina. Muchas gracias por acogerme siempre, por abrirnos tu casa, por nuestras conversaciones, por nuestros paseos y por el silencio del fuego. Gracias a mi madre que me leía en voz alta poniendo voces. Gracias a Matonkikí, a Celia, a Cuchifritín, al Pingüino Otto, a Manolito Gafotas, a la Tela de Carlota, a la Vaca Mo y a las ovejas de Glenkill. Gracias a mis amigos escritores que me han animado a seguir con cada capítulo. A Ana Lía que los ha leído y revisado, a Amanda que lo ha radiografiado en busca de un arco dramático. Y al Oráculo de las Maravillas que siempre apoyó el proyecto. Gracias a la Tortuga que cuidó de cada huevo, a Sagrario que atiende a cada detalle de la maquetación, a Carina que siempre le da un toque de belleza. 5


A todos los que escuchan mis cuentos que me dan ánimos para seguir. A Aurora y a su familia por el fuego y la casa de Soria. Y por supuesto a mi familia, a mi padre que sigue mis historias y narraciones, a mi tía Cari que ha revisado este texto con noventa y tres primaveras y con la misma ilusión que si tuviera tres. ¡Ah! Y a ti que estás leyendo estas líneas. Este cuento está escrito para ser leído, para hacerte reír, sin tus ojos, no tendría ningún sentido. Este cuento está escrito para ti.

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CONTENIDO

PRÓLOGO .................................................................

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LA VIDA ES PURO TEATRO ..................................

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CON LA PIEL DE GALLINA ....................................

13

LOS TURISTAS NO SE ENTERAN DE NADA .....

19

LA GRAN NEVADA .................................................

37

UDI EL VIAJERO .......................................................

49

EL INDIO ....................................................................

61

ESPERANDO LA VACUNA.....................................

77

ABUELO, EL GATO VIAJERO.................................

89

LORE, LA AMIGA DE UDI ...................................... 107 SOBRE LA AUTORA ................................................ 119

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PRÓLOGO

Las buenas historias nacen para ser contadas, solo hace falta saberlas cocinar. Marcela es una escritora de raza, capaz de atrapar y transmitir aquello que a otros les pasaría desapercibido. Como que el nuevo gallo no tiene modales y esto está afectando al índice de natalidad del gallinero. O que el perro y su mejor amiga la oveja están aprendiendo a cazar juntos. O que hay un caballo indio suelto por el valle que tiene a todas las hembras revolucionadas, sean yeguas o no. Cuando una gallina pone un huevo lo celebra anunciándolo a los cuatro vientos. No es fácil poner un huevo, como no es fácil dar la vida. Para mí es un honor ser yo quien cante a los cuatro vientos el huevo de la gallina Marcela. El primer libro, esperemos, de una larga lista. ¡Ha nacido “Las gallinas de Maitina”! Mar del Rey Gómez-Morata (la turista escritora)

Postdata: esta historia está narrada por la gallina Marcela, yo solo la transcribo. 8


LA VIDA ES PURO TEATRO

Maitina es nuestra ama, ella nos cuida y nos ha construido un gallinero que es la envidia del valle. Una mañana apareció en nuestro gallinero muy sonriente. —¡Chicas! Os he traído una sorpresa que os va a encantar. Eché a correr convencida de que iba a darnos algún comistrajo interesante, pues esas son las sorpresas que más nos gustan, y por la reacción del resto de gallinas, creo que pensaron lo mismo que yo. La alegría se cortó cuando descubrimos que sacaba de su bolsillo un papel. —¡Os voy a ensañar la foto de un gallinero! Esa frase cayó como un mazo, a veces Maitina tiene unos puntos un poco raros. Le gusta compartir con nosotras sus vivencias y eso es entretenido, pero lo de enseñarnos fotos de otros gallineros como que no tiene mucho interés. Las dos gemelas, que están a la que salta, no tardaron en dar su opinión: 9


—Se está haciendo mayor —dijo la primera. —Si prestara más atención, se daría cuenta de que nuestras vistas suelen ser gallinero, gallinero y más gallinero —añadió la otra que es incapaz de cerrar el pico si su hermana lo ha abierto primero. El ama, ajena a cualquier comentario, se sentó en el centro de nuestra cabaña con la fotografía. —Ayer estuve en el teatro viendo una obra muy solicitada. Solo conseguí entrada para el gallinero. En cuanto lo vi le hice esta foto para enseñaros, pensé que os gustaría verlo. Al ama le divierte ir al teatro de vez en cuando, y a mí personalmente me gusta que vaya porque luego baja y nos cuenta la obra con todo lujo de detalles. A pesar del chasco que me había llevado por no tratarse de una sorpresa culinaria, me acerqué a ver la fotografía. Era impresionante, se veía un grupo de humanos sentados a distintas alturas como si fuera una escalera. Recordaba un poco a nuestro gallinero sí, pero más lleno. Maitina nos observaba sonriendo. —Lo llaman así porque la distribución es parecida a la de los palos de un gallinero. En vuestros palos, cabéis muchas ¿verdad? Igual que en el gallinero del teatro. —El escenario —continuó— es ese espacio ovalado que se ve pequeñito abajo del todo, ahí es donde se representa la obra. 10


En ese momento una idea saltó a mi cabeza como un pollito del cascarón: igual que los espectadores observan desde el gallinero la obra de teatro, nosotras desde los palos del gallinero, vemos la obra de la vida. Y yo, Marcela Mora, quiero contarla. Porque nuestra vida en Saragüeta está llena de intrigas, amoríos, pasiones, muertes, cuentos y aventuras. Además, compartimos nuestra existencia gallinil con otros animales como las ovejas latxas o las yeguas que añaden diversidad a las historias. Sentaos en vuestras butacas, se apagan las luces, se abre el telón, atentos: ¡la obra de la vida va a empezar!

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Así se ve la vida desde Saragüeta


CON LA PIEL DE GALLINA

Antes de que se vaya el sol nos recogemos a la espera de que Maitina venga a cerrarnos la puerta. La noche puede resultar peligrosa para una gallina. Nos sabemos bien la lección que nos enseñó Clara: la única superviviente de La noche de la puerta. Esa noche fatídica el ama olvidó cerrar el gallinero y dos zorras, que andaban al acecho, no tardaron en darse cuenta. Entraron sigilosas y se llevaron las veinticinco gallinas, todas menos una. Desde entonces Clara ocupa un lugar privilegiado en lo alto de la viga y solo baja cuando no aguanta el hambre. Ella nos recuerda, cada día sin faltar uno, que volvamos antes del atardecer al gallinero y que si vemos que el ama se despista, montemos alboroto para que venga a cerrar la puerta. A pesar de lo ocurrido La noche de la puerta y de lo que supuso, Maitina es una buena ama, nos da bien de comer, 13


nos pone música y nos cuenta muchas historias. Ella nos trata con respeto, como si supiera que podemos entenderla. Vive arriba en la casona con los turistas que vienen a conocer el valle. Por las tardes cuando baja a cerrar, se queda un rato aquí con nosotras. En la casona tiene a Udi el perro, aunque no es lo mismo. Cualquiera sabe que un perro no tiene ni la mitad de sensibilidad que una gallina. Cuando Maitina se sienta entre nosotras, peleamos por acercarnos, la más afortunada es la que consigue llegar hasta su regazo para recibir caricias. Hay días en que Clara, según la ve llegar, nos dice que el ama se siente sola para que la cuidemos. Hace poco la notó más triste y le pidió a Gato que la acompañara en su paseo. El ama salió seguida de Udi, como siempre, unos pasos por detrás iba Gato, cuando las yeguas les vieron se fueron en fila detrás de ella ¡son de exageradas! Por la noche Maitina estaba más animada y nos contó que durante el paseo se había sentido como Noé camino del Arca. El ama intenta estar atenta a las cosas que ocurren en el gallinero, aunque son muchas y algunas se le escapan. Pero en general es bastante avispada, incluso nos escucha cacarear y a veces parece que hable nuestro lenguaje, ¿tendrá algo de gallina Maitina? Ella fue muy atenta cuando perdimos al viejo gallo y en seguida buscó un sustituto por Internet. Esto a nosotras nos 14


parecía muy exótico, era el primer animal del caserío que no llegaba por su propia pata sino por correo. Además, era un gallo de Castilla. —Ya veréis lo guapo que es —nos decía Maitina—, os va a encantar. El gallo castellano salió de la caja bastante mareado y con cara de pocos amigos. Se le notaba que era de ciudad porque, aún con las piernas temblonas, nos miraba por encima del hombro. Fue verle y empezar a echar todavía más de menos a nuestro viejo gallo que jamás alardeó. Por eso cuando se nos acercaba para montarnos, sin ni siquiera dar los buenos días, como si te estuviera haciendo un favor, salíamos corriendo y no le dejábamos. El ama no percibió esta dificultad de socializar del gallo urbanita. Lo que sí vio fue que el índice de natalidad del gallinero bajaba y empezó a decir que quizá el gallo de ciudad era moderno y gay. Durante meses no hubo pollitos. Los últimos habían sido el pollo deprimido y los de la Madraza que, como sabéis, ya solo le parecían pollos a ella. Pero poco a poco el chico fue aprendiendo a comportarse, también Clara le daba buenas charlas desde la viga de arriba y el gallo aprendió modales. Aunque conserva ese aire de superioridad suyo. Nosotras terminamos con la huelga, hay ciertas concesiones que tienes que hacer si quieres que la vida en el gallinero recupere su ritmo. 15


Esperábamos con expectación la llegada de nuevos pollitos. Todas menos Maitina que no había vivido el proceso de transformación y ya hablaba de comprar un gallo a la vieja usanza. Ayer tarde, nos puso música y empezó a recoger huevos. La gallina Gris tuvo una de sus crisis y empezó a revolotear por todos los ponederos con la mala suerte de que hizo que una clueca se moviera con tan mala suerte que uno de los huevos rodó y cayó al suelo y se rompió. Antes de que el ama pudiera darse cuenta de que había un bebé, las dos hermanas, que tienen la sensibilidad de una piedra, se abalanzaron sobre los restos y empezaron a comerse las cáscaras. Nosotras armamos mucho revuelo para atraer la atención del ama que finalmente vio el huevo caído y espantó a las dos tontas para que no hicieran un estropicio aún mayor. —Mirad chicas ¡un pollo! —dijo como si no lo hubiéramos visto ya. Y empezó a bailar de contenta, entonces la Madraza bajó a su altura y le picó en el pie porque todavía no se había dado cuenta de que el pollo no se movía. Maitina miró a la Madraza y luego al pollo, lo cogió en las manos y empezó a frotarle para darle calor. Nosotras mirábamos asustadas, incluso el gallo observaba la acción en silencio.

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Después de unos segundos que parecieron días, el pollito empezó a moverse. Ahora sí nos alegramos y empezamos a cantar, picar el suelo y volar de un lado a otro. Maitina acercó el pollo al gallo. —Va a ser que no eres gay, conste que no tenía yo problema, ¿eh? ¡Enhorabuena chico! A ti por tu actuación y a mí por haberte fichado porque ya pensaba que con la pasta que me gasté te iba a tener que dejar para decoración ¡que habías salido por un pico! De gallo castellano, por supuesto.

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Corderos y gallinas


Las gallinas de Maitina  

Las gallinas de Maitina viven felices en su gallinero que es como una cabaña de Canadá y sólo mueren de viejas. Marcela Mora es una de ellas...

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