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CABALLOS DE PAPEL Ana Lía de Urán


CABALLOS DE PAPEL Ana Lía de Urán


A José Luis


© Del texto: Ana Lía de Urán © De esta edición: Libros a cuentagotas © Del prólogo: Juan Jacinto Muñoz Rengel, 2018 ISBN: 978-84-949021-0-9 Depósito Legal: M-22159-2018 Diseño de cubierta y maquetación: Carina Galliano Imprime: Estugraf, Madrid

Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA 2.5 ES) Usted es libre de: compartir copias, distribuir, ejecutar y comunicar en público esta obra con las siguientes condiciones: Reconocimiento: debe reconocer los créditos de la obra de la manera especificada por la autora. No comercial: no puede utilizar esta obra para fines comerciales. Con Obras Derivadas: puede alterar, transformar o generar una obra derivada a partir de esta siempre y cuando lo haga con la misma licencia.


CONTENIDO

PRÓLOGO, por Juan Jacinto Muñoz Rengel.......................... 9 Un santo clavel................................................................13 Luz.. ..............................................................................17 Relaciones sin tácticas......................................................19 Una niña bien educada.....................................................27 La gloria de don Ramiro...................................................33 Fugaz............................................................................39 Siete fuegos.. ...................................................................43 Con solo cintas de seda.....................................................47 Almacabra .....................................................................51 Verbos raros...................................................................57

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Eclipse...................................................................................................61 Dictado.................................................................................................67 Orgullo y pasiรณn..................................................................................73 Tibi dabo........................................................................................... 79 Piedra, papel, silencio.........................................................................83 Jeriro.....................................................................................................85 Vacas.....................................................................................................91 Pies de arena........................................................................................95 Lluvia....................................................................................................99

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PRÓLOGO Juan Jacinto Muñoz Rengel

La literatura, la verdadera literatura, no está escrita. No se puede escribir. Es decir, no está escrita en palabras ni se puede poner negro sobre blanco. Las palabras, de las que tanto se habla, son solo el cántico hipnótico con el que el autor trata de envolver al lector para conducirlo hasta la revelación literaria. Pero la verdadera literatura está en los silencios. En lo no dicho. Entre las líneas. Está en lo que es imposible escribir. Todo relato es una calculada conjunción de elementos, concebidos para provocar ese momento único, irrepetible, singular entre todos, en el que aparece la literatura sin que haya una sola letra que, por sí sola, sea la literatura misma. Cada aspecto de la narración —los personajes, su conflicto, la situación en la que se ven involucrados— está dispuesto para que a una determinada altura de la historia aparezca flotando sobre el texto algo que no es el texto, para que emerja lo indecible. Entonces todo queda suspendido, el mundo exterior se detiene, los sonidos dejan de traspasar nuestro tímpano, nada puede distraernos, el pesado mamífero queda de 11


Ana Lía de Urán

pronto congelado en el aire, ninguna de sus extremidades toca el suelo, es un instante mágico, efímero, en el que por fin se produce el milagro que siempre soñamos y, como los caballos a galope, conseguimos volar. Quizá algunos de ustedes sepan o imaginen la responsabilidad que implica escribir el prólogo de un libro. ¿Y si esta recomendación introductoria acaba conduciendo al lugar erróneo, a ninguna parte? ¿Y si el lector se ve abocado a un callejón sin salida? Desde el mismo momento en que comencé a leer Caballos de papel, de Ana Lía de Urán, supe lo afortunado que era por haber recibido este cometido: cada una de sus páginas, las esquinas de todos sus relatos, rezuman y desbordan literatura. Si tuviera que clasificar los cuentos de Ana Lía de Urán, me atrevería a dividirlos en dos grupos. Aquellos que se construyen desde el más genuino amor al lenguaje y a la propia literatura; y aquellos a los que mueve la voluntad de narrar. Y ambos, por igual, alumbran el mismo fenómeno que vengo procurando transmitirles desde que inicié estas líneas. Los primeros son puro juego. Un juego evocador y delicioso, en el que las palabras recobran su auténtico significado, la etimología se torna palpable, las connotaciones acumulan de repente una importancia imprevista, y las frases bailan ante nuestros ojos y su rasgueo sobre el papel produce música. Hay en este grupo viajes a la infancia construidos a partir de retazos, imágenes luminosas que persiguen recomponer la propia identidad, relatos sin verbo y relaciones sin tácticas, «diacríticos», «esdrújulos», «ívoros» y «algias», polisemias y heteronimias, semántica de otoño, 12


CABALLOS DE PAPEL

el reverso de un perro o el de una jirafa, el de un diccionario o el suyo propio. Y caballos, siempre caballos. Mucho se habla en estos tiempos sobre el futuro del cuento en español, sobre la experimentación, la trasgresión, las formas, sobre el cuento roto y sobre el postcuento. Creo que estos relatos son una respuesta, al menos una de ellas, son un camino y un justo relevo, que satisfará a sus más destacados cultivadores: espero que muy pronto tengan la oportunidad de leerlos Eloy Tizón, Andrés Neuman o Hipólito G. Navarro. Confío en que la editora se los haga llegar, que no tome esto por mera retórica o un golpe de efecto, ni piense que lo escribo por escribir, que se apresure a meter los ejemplares en los sobres y que corra, que corra, ya, a la estafeta de correos. Los segundos son otra cosa. Son los relatos donde Ana Lía de Urán demuestra que sabe contar historias. Y en buena parte de estos aborda además, con singular sutileza, el tratamiento de lo fantástico. Como en «Una niña bien educada», con su delicado y no por ello menos inquietante desenlace, o «La gloria de don Ramiro», que nos mantiene en vilo constante gracias a su buscada ambigüedad, a su doblez brumosa, a su bifurcación ultraterrena; dos pequeñas piezas maestras. En otros la irrupción fantástica es más explícita, como en «Eclipse», cuyo protagonista se ve un buen día asediado por una parcela de noche, o en «Tibi dabo», donde descubriremos a un hombre enamorado de una torre almohade. Y no faltan tampoco aquellos en los que la autora se interna en territorios más exóticos, casi místicos —«Siete fuegos», «Piedra, papel, silencio»—, o se enfrenta 13


Ana Lía de Urán

a eventos históricos —«Dictado», «Orgullo y pasión»— con un fino manejo de la ironía y el humor. No obstante, en estas páginas no solo hay potrillos, caballos alazanes y hombres-caballo, ciervos, pumas, cabritos y vacas cárdenas o charolesas, grillos y cárabos. No solo hay reino animal y mundos naturales. No todo es explicable. Si no fuese por la animadversión que me despiertan esos prólogos que se empeñan en destripar todas las tramas de un libro, les hablaría también largo y tendido acerca de los diccionarios adiestrados, de las máquinas expendedoras que ponen huevos rectangulares de papel irrompible, de las papeleras carroñeras, las vacas con fonendoscopio, las vacas de oxígeno o los ascensores-oficina. Y de la mirada, de la mirada poética. Pero ese placer y esa expedición la reservo para ustedes. Tan solo hay una cosa que le reprocho a Ana Lía, solo una. Que no escriba más largo, más a menudo. Que no escriba más.

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UN SANTO CLAVEL

Mi padre tenía un cinturón con una carrera de caballos. Cada vez que iba a buscarme al colegio en su bicicleta, yo trenzaba las crines entre los dedos para sujetarme. Las jeringas eran de vidrio y las inyecciones un daño resarcible, que mi madre indemnizaba con un libro de cuentos. Aprendí a leer en aquellas palabras mezcladas con solvente indoloro. La Mujer Maravilla fue mi maestra de primer grado. Usaba otro peinado y un nombre falso, pero descubrí su avión invisible aparcado detrás del colegio. Las aves vigilaban la pulcritud de sus uniformes cuando mi país fue campeón mundial de fútbol. Se murieron dos papas. Un domingo de invierno, Sofía Loren besó a Cary Grant delante de las murallas de Ávila. Ávila era un nombre alto y con torreones, que no cabía en la pantalla del televisor. A la muerte de mi tío, heredé su radio. Heidi se fue de la casa de los Alpes, para vivir en Frankfort, y comenzaron los infortunios: hubo una guerra en unas islas 15


Esta primera edición de Caballos de Papel, de Ana Lía de Urán, se terminó de imprimir en Madrid, el 16 de julio de 2018, noventa y ocho años después de que Federico García Lorca escribiera el poema Balada Interior.


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Caballos de papel  

Extracto del libro de relatos "Caballos de papel" de Ana Lía de Urán.

Caballos de papel  

Extracto del libro de relatos "Caballos de papel" de Ana Lía de Urán.

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