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El erotismo

onírico de Tatiana Loy Los 100 años de

Octavio Paz,

el ‘joven poeta bárbaro’ William Burroughs, centenario de su nacimiento Adiós a José Emilio Pacheco Ecuador en la Feria del Libro de Cuba Metal y poesía, la simbiosis alucinada

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consolidando la identidad nacional


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consolidando la identidad nacional

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editorial

Setenta años de cultura

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stamos cumpliendo 70 años, estamos prendiendo otra vez esa llama incesante y transversal que se bifurca por todos los rincones del saber humano, por todas las expresiones de los pueblos, la cultura que nos identifica y nos integra, la forma que tenemos de amar, de respetar la memoria de nuestros héroes y heroínas, de honrar nuestras luchas de liberación del siglo XIX como un Patrimonio Cultural, de multiplicar el pensamiento de Espejo, de Mejía, de Montalvo, de Alfaro, de Peralta. La forma como estamos recogiendo ese pensamiento, la forma como nos insertamos en la revolución, la manera que tenemos de descubrir y asimilar nuestra propia identidad, la actividad que desplegamos para enfrentar las burdas expresiones neocoloniales del imperio, la defensa de nuestra soberanía; esa cultura que se expresa en la calle, en el barrio, en la comunidad, esa inteligencia que anda suelta, como un viento bueno; esa inteligencia que se vuelve contagiosa y nos alerta ante el enemigo, y nos solidariza con el hermano y nos llena de lealtad con el amigo porque toda lucha de liberación es un patrimonio cultural. Se está regando ya la voz de que esta es una Nueva Casa, porque ha olvidado su condición elitista con la que nació hace setenta años, y se ha transformado en un espacio público descentralizado, democrático, incluyente, cuyo mensaje se replica en los 23 Núcleos Provinciales de cada rincón de la patria, es decir, donde trabajamos todos, colectivamente, a fin de inventar las condiciones necesarias, para que surjan los miles de artistas que deambulan con su maravilla oculta, invisibilizados por una sociedad alienante, cruzada infamemente por el espectáculo mediocre, por las burdas aspiraciones del mercado del entretenimiento, por los grotescos prototipos de comportamiento que no nos pertenecen. La cultura, como la expresión más rica y sabia del pueblo. La esencia viva y permanente de la convivencia humana, de la relación que establecemos con el otro, con la naturaleza y con las expresiones de la sensibilidad y del espíritu revolucionario, porque pensamos, junto a B. Brecht, que nuestro país, cualquier país, necesita de la cultura, del arte, para hacer practicable lo que políticamente es justo. La Casa de la Cultura Ecuatoriana invita al país a reflexionar sobre la cultura y sus multifacéticos cauces.

número ocho • marzo 2014 Presidente Raúl Pérez Torres Vicepresidente Gabriel Cisneros Abedrabbo Director Patricio Herrera Crespo Editores Patricio Viteri Paredes Yuliana Marcillo Colaboran en este número: Margarita Altuna, María Gabriela Borja, Antonio Correa, Alexis Cuzme, Wilma Granda Noboa, Liset Lantigua, Paúl Puma, Silvia Stornaiolo. Edición de textos Katya Artieda Diseño Tania Dávila López Portada Incógnita, Tatiana Loy Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión Dirección de Publicaciones Av. Seis de Diciembre N16–224 y Patria Telf.: 2 565808 Ext. 426 gestion.publicaciones@casadelacultura.gob.ec www.casadelacultura.gob.ec Quito–Ecuador.

casapalabrascce @casapalabrascce casapalabrascce@gmail.com

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índice

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3 20 Octavio Paz cumple 100 años de natalicio. Su vida, obra y pasión por la crítica y la literatura, en un artículo de la escritora Yuliana Marcillo.

El poeta Alexis Cuzme reflexiona sobre las bandas de metal del país que han logrado un nexo con la lírica ecuatoriana.

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El erotismo inspirado en la mujer se hace presente en los dibujos de Tatiana Loy, con la muestra Confesiones.

El arquitecto Guido Díaz nos ofrece una colección inédita de bocetos titulada Las Damas.

12 26 El escritor Antonio Correa hace un análisis de la poética de Violeta Luna.

Homenaje a José Emilio Pacheco, poeta, ensayista y novelista mexicano, a cargo de Margarita Altuna.

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La escritora Liset Lantigua reflexiona sobre el tipo de literatura que autorizan los padres a sus hijos.

Celebramos el centenario de William Burroughs, uno de los artistas más mordaces e innovadores del siglo XX, de la mano de un artículo del escritor Patricio Viteri.

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Patricio Herrera Crespo nos ofrece Ecuador en la Feria, una reseña de lo que fue la XXIII Feria Internacional del Libro en Cuba. Wilma Granda Noboa examina la presencia de los cortometrajes en las salas de cine del país.

36 Entrevista a José ‘Pepe’ Vacas, uno de los mimos más representativos del país, a propósito de su adiós al mundo de la pantomima.

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La escritora María Gabriela Borja nos presenta el cuento El último deseo.

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8 Silvia Stornaiolo analiza la obra de Amélie Nothomb, una de las autoras belgas más populares y con mayor proyección internacional.

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Los fantasmas de Eva, poemario de José Escobar, recientemente publicado, es analizado por el escritor Paúl Puma.

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48 Tributo a Paco de Lucía, compositor y guitarrista español de flamenco, quien falleció en febrero de este año.

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variaciones

Paz centenario Octavio

(1914-2014)

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Yuliana Marcillo

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stamos a mediados de los noventa. El poeta Octavio Paz quiere hacer un ‘experimento’. La idea consiste en expresar su poema Blanco (1967) mediante un vídeo. «Ahora van ustedes a ver mi poema», nos anticipa. Entonces, éste es el escenario modernista donde se mueve uno de los escritores más influyentes del siglo XX: La luz se apaga y aparece un punto blanco. Hay silencio. La pantalla es también una palabra en la que las rimas se proyectan con la luz. Y luego la voz de Octavio Paz, alternando con las de Eduardo Lizalde y Guillermo Sheridan (ambos poetas mexicanos), se mueve de un color a otro color (amarillo, rojo, verde y azul), todo para fundirse en un blanco profundo, convirtiéndose en un viaje de silencio en silencio. Suenan músicas orientales, percusiones y sonidos tántricos. Entonces Octavio dice: «Hay púas invisibles/hay espinas en los ojos». Y lo vemos ahí, lleno de canas y con el mentón caído, poniendo en práctica lo que hoy llaman ‘performance art’; Octavio siempre estuvo adelantándose.

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«No fui revolucionario mexicano, no estuve con Zapata como mi padre ni estuve con Villa, soy hijo de la generación que hizo la revolución. Tampoco soy la vanguardia, no soy contemporáneo, estrictamente hablando, de Vicente Huidobro, Lorca, Alberti, Neruda, soy la generación que viene después de ellos».


En Blanco, Octavio se anuncia como un hijo de la revolución mexicana: «Polvo soy de aquellos lodos/río de sangre/río de historias, de sangre/río seco: boca de manantial amordazado», pero a la vez se reafirma como un hijo de la vanguardia: «Contemplada por mis oídos/olida por mis ojos/acariciada por mi olfato/oída por mi lengua/comida por mi tacto/habitar tu nombre/caer en tu grito». El acto consiste en una manifestación realmente nueva (para sus contemporáneos) y algo extraña. Pero ahí está él, el hombre que dialogó con su época con serenidad y profundidad, el que unió la poesía y la historia, dejando las formas tradicionales para lanzarse a la modernidad. María del Carmen Ruiz de la Cierva, especialista en filosofía y letras, quien realizó un extenso ensayo sobre Paz titulado Imagen intelectual de Octavio Paz, señala que: «En Paz siempre resultó admirable su actitud abierta ante cualquier posibilidad que le ofreciera la técnica actual. Ni su postura crítica frente a los desastres del progreso ni su edad, le impidieron valorar el aspecto positivo de los avances tecnológicos e incluso usarlos en los últimos años de su vida. Paz creía que las relaciones entre poesía y los nuevos medios de comunicación no habían sido exploradas. El poeta mexicano consideraba que la aparición del cable y del vídeo-casette podría ser el elemento nuevo que permita el encuentro entre la verdadera literatura (crítica de la sociedad y de sí mismo) y la televisión, pero desconocía las formas en que se manifestaría posteriormente ese encuentro». Él mismo se había definido como algo «que viene después», en una entrevista en 1991, realizada por la periodista colombiana Margarita Vidal: «No fui revolucionario mexicano, no estuve con Zapata como mi padre ni estuve con Villa, soy hijo de la generación que hizo la revolución. Tampoco soy la vanguardia, no soy contemporáneo, estrictamente hablando, de Vicente Huidobro, Lorca, Alberti, Neruda, soy la generación que viene después de ellos». Y efectivamente, en al menos 30 títulos más destacados de toda su obra, entre ensayo y poesía, este anuncio se corrobora. Por todo ello se puede afirmar que Octavio sigue siendo un

escritor, un poeta de actualidad. Tres años después –o un poco menos– de que el poeta realizara este ‘experimento’, en el acto donde presentaba su ensayo Vislumbres de la India (1995), en el Círculo de Lectores de México, el escritor falleció (1998). Hace cien años, el 31 de marzo de 1914, nació en México Octavio Paz, una voz literaria imprescindible para la lengua española. Cien años después nos gustaría que volviera a nacer. Quisiéramos que retornara del mundo de los muertos para que nos siga escribiendo y hablando con tanta sencillez de sus primeras lecturas, de la generación del 29, de García Lorca, La Argentinita, Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, César Vallejo, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, David Herbert Lawrence, entre otros, de su abuelo escritor y ferviente lector, Irineo Paz, de su casa grande con muchos cuartos y del niño solitario e insoportable que fue; además del amor por Marie José Tramini (con quien se casó en la India en 1964), de la política y sociedad mexicana, de las civilizaciones desaparecidas, junto

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Grupo de artistas e intelectuales mexicanos en Madrid. a su afición por los libros de viajes y de historia, de la conciencia crítica y de la libertad del hombre, de las culturas precolombina y española, de la influencia americana que supone sus raíces y la causa de la radicalización de su postura ideológica, la tradición cultural europea, de la influencia oriental como tradición adquirida, en fin, todo cuanto ladrillo con el que fue formando los pilares de su vida. Paz no supo distinguir entre leer, escribir y vivir. Llevaba escrita en la frente la palabra modernismo y se paseaba con ella a sus anchas en pleno siglo XX, desarrollando su obra poética bajo una rima interna y sutil, pero a la vez comprometido con la crítica, sin dejar por ello de realizar un riguroso análisis de todo cuanto pensaba-escribía. En su discurso al recibir el Premio Nobel 1990 diría: «Quería ser (un poeta) de mi tiempo y de mi siglo. Un poco después esta obsesión se volvió idea fija: quise ser poeta moderno. Comenzó mi búsqueda de la modernidad». Parecía estar siempre

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“Los poemas son objetos verbales inacabados e inacabables. No existe lo que se llama versión definitiva, cada poema es un borrador de otro, que nunca escribiremos. No importa: a lo largo de los años, a sabiendas de la inutilidad de mis esfuerzos, he corregido una y otra vez mis poemas. Homenajes a la muerte del muerto que seré”.

intentando liberar a la palabra. La vida y la obra de Paz fueron y son motivo de atención y crítica. De ahí su posición firme en cuanto a lo que estaba haciendo: «No me propuse ser un escritor incómodo; si lo he hecho no me arrepiento». Unió la palabra con el pensamiento y desarrolló con los años una manía correctora, vicio, anhelo de perfección o simple inseguridad ante lo que escribía, probablemente las cuatro cosas. Ejemplo claro de su ‘manía correctora’ se evidenció a lo largo de su obra Libertad bajo palabra (19351957), la cuál editó constantemente en sus cinco publicaciones. Con respecto a eso diría: «Los poemas son objetos verbales inacabados e inacabables. No existe lo que se llama versión definitiva, cada poema es un borrador de otro, que nunca escribiremos». Se disculpaba ante sus editores por todos los cambios, incluida y retirada de ciertos poemas, aludiendo que: «No importa: a lo largo de los años, a sabiendas de la inutilidad de mis esfuerzos, he corregido una y otra vez mis poemas. Homenajes a la muerte del muerto que seré». Se planteó cuestiones sobre lo poético y su sentido entre los hombres, a las que responde viéndose como parte del movimiento poético moderno que comenzó con el Romanticismo. Creyó en la poesía, en la libertad y en la pasión. De ahí que sus últimos años de vida escribiera sobre el amor, el erotismo y la literatura, temas que se despliegan en su ensayo La llama doble (1993). Para entonces ya era un hombre de casi ochenta años y el tema le produce escozor y dudas: «¿no era un poco


ridículo —se preguntaba él—, al final de mis días, escribir un libro sobre el amor? ¿O era un adiós o un testamento?». Vence las dudas y escribe el libro como uno de sus últimos cantos, donde analiza, corteja y loa al amor en este ensayo. Patricio Eufraccio Solano, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien realizó un estudio en 1997 de Paz titulado Octavio Paz, el hombre y su obra, se cuestionaba sobre si La llama doble sería una especie de adiós o testamento: «¿Puede pensarse como un adiós o como un testamento un ensayo sobre el amor y sus afluentes: el erotismo y la sexualidad, escrito a los ochenta años? ¿Un adiós a qué; un testamento dirigido a quién? Si Paz siempre se asumió poeta, ¿por qué su testamento o adiós llega a pensarlo como ensayo?». Y después concluye: «Pienso que el ensayo también puede entenderse tanto como una afirmación: ‘así amo yo, Octavio Paz’; como una hipótesis: ‘así aman los seres humanos, desde antes y hasta siempre’; como un mandato: ‘así debe amarse’; como una nostalgia: ‘así amamos’; que como una premonición: ‘así amaremos’. En síntesis, como un clamor de su paso amoroso por la vida mundana. Un intento de explicar el amor desde la humanidad».

Octavio

Estudiosos de Paz coinciden en que el amor figura en él como puente literario entre la creación y la vida; entre el hombre y sus capacidades para amar. Ejemplo de ello lo encontramos en los versos del poema Piedra de sol (1957): «Sigo mi desvarío, cuartos, calles/ camino a tientas por los corredores del tiempo/ y subo y bajo sus peldaños/ y sus paredes palpo y no me muevo/vuelvo adonde empecé/busco tu rostro/camino por las calles de mí mismo bajo un sol sin edad/y tú a mi lado caminas como un árbol/como un río caminas y me hablas como un río/creces como una espiga entre mis manos/lates como una ardilla entre mis manos/vuelas como mil pájaros/tu risa me ha cubierto de espumas/tu cabeza es un astro pequeño entre mis manos/el mundo reverdece si sonríes comiendo una naranja». Este marzo se llevan a cabo varias celebraciones por los 100 años del natalicio del primer mexicano en recibir el Premio Nobel 1990, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 1993, Premio Tocqueville 1989 y Premio Cervantes 1981, del ‘joven poeta bárbaro’, como él mismo se definiría: «Juventud, poesía y barbarie no son enemigas: en la mirada del bárbaro hay inocencia, en la del joven, apetito de vida, y en la del poeta hay asombro».

Lozano

(Ciudad de México, 31 de marzo de 1914 -19 de abril de 1998) Fue poeta, escritor, ensayista y diplomático mexicano. Premio Nobel de Literatura de 1990, considerado uno de los más influyentes escritores del siglo XX y uno de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos. Entre sus obras más importantes están: Luna Silvestre (1933); A la orilla del mundo (1942); Libertad bajo palabra (1949); La estación violenta (1958); Pasado en claro (1975); El laberinto de la soledad (1950); El arco y la lira (1956); Las peras del olmo (1957) y El mono gramático (1974). 7


cotidiana

intrepidez Silvia Stornaiolo

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mélie Nothomb nació en Kobe (Japón) en 1967. Proviene de una antigua familia de Bruselas, donde reside actualmente, aunque pasó su infancia y adolescencia en Extremo Oriente, principalmente en China y en Japón, donde su padre fue embajador. Habla japonés y trabajó como intérprete en Tokio. Es una de las autoras belgas más populares y con mayor proyección internacional. Es autora de novelas de temática variada y actual, en sus temas se reconoce una extraor-

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dinaria vivacidad y gran originalidad. Ha recibido, entre otros, el Premio de Novela de la Academia Francesa en 1999. Amélie llegó a mi vida gracias a mi madre, quien me mandó desde Buenos Aires un ejemplar del libro Estupor y temblores; yo le había dicho a mamá que dejar de escribir sería mi misión de vida, por lo cual, supongo, empezó a enviarme un libro de Nothomb mensualmente; ella sabía el efecto que estos libros causarían en mí. Y después de leerlos con harta convicción, ya que aparte de que el lenguaje que utiliza esta mujer en su obra es maravilloso, me sentí inmensamente identificada (no como escritora, más bien con ella como mujer) y las letras volvieron a fluir a borbotones, cosa linda que sucedió en ese entonces, por lo que agradecida me remití a mi madre para que supiera que sus envíos fueron de gran ayuda en la huelga de mi escritura, después en un uso cobarde de mi conciencia dudé al intentar siquiera anotar unas palabras de agradecimiento a la escritora que bien sé tiene una correspondencia constante con sus lectores. Amélie Nothomb

siempre contesta las cartas de sus lectores inminentemente y de cualquier parte del mundo, de hecho en su libro Una forma de vida habla de la historia que tuvo con el personaje de la misma. Todo empieza cuando una novelista llamada Amélie Nothomb recibe una carta de uno de sus lectores, un soldado norteamericano, Melvin Mapple, que le escribe desde Irak. Mapple contrae una enfermedad, común entre los soldados, y es la existencia de este padecimiento lo que deja al lector en estado de shock, lo hechiza y lo sume en un relato alucinante. Ente los tantos libros que Amélie Nothomb ha escrito (por veinte años, uno cada año) están los siguientes cuasi indispensables: Higiene del asesino (Hygiène de l’assassin, 1992), trad. de Sergio López, publicada por Circe en 1996. Premio René-Fallet y Premio Alain-Fournier. Estupor y temblores (Stupeur et tremblements, 1999), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2004. Gran Premio de Novela de la Academia Francesa. Antichrista (Antéchrista, 2003), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2005.


biblioteca Biografía del hambre (Biographie de la faim, 2004), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2006. Ácido sulfúrico (Acide sulfurique, 2005), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2007. Ni de Eva ni de Adán (Ni d’Ève ni d’Adam, 2007), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2009. Premio de Flore. Una forma de vida (Une forme de vie, 2010), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2012. Matar al padre (Tuer le père, 2011), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2013. Barba azul (Barbe bleue, 2012), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2014. La nostalgia feliz (La nostalgie heureuse, 2013). No traducida al español. Hay tal vivacidad en lo que cuenta que es muy difícil mantenerse lejos del papel a seguir, puede ser tan cruda y tierna que sorprende. En su libro Acido sulfúrico, escribe: «¡Qué fácil se sería ser Dios si no existiera! Se reía de lo absurdo de semejante reflexión: en efecto, sería fácil ser Dios si el mal no existiera, pero entonces tampoco habría ninguna necesidad de Dios». Esta historia resulta tan tormentosa y atractiva que duele, el libro nos cuenta sobre el último grito en programas televisivos de entretenimiento: Concentración. Por las calles de París se recluta a los participantes de este reality show, que serán trasladados al plató en vagones precintados como los que transportaban a los judíos durante el exterminio nazi y, después, internados en un campo. Ante las cámaras de televisión, los prisioneros son golpeados y humillados. El clímax llega cada semana, cuando los telespectadores ejercen el televoto: desde sus casas pueden eliminar-ejecutar a uno de los participantes. Pannonique, una estudiante de gran belleza, es reclutada. Zdena, una mujer sin empleo, se enamora de ella. Una pareja fatal: la víctima y el verdugo. Cuando la audiencia tiene que votar sale a

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la luz el sadismo inconsciente del público que deplora el horror pero es incapaz de perderse una entrega. Una historia que sirve como crítica de un mundo brutal y crudo de hipocresía biempensante: un mundo en el que incluso la denuncia del sistema pertenece al sistema. En la mayoría de sus libros Amélie habla en primera persona, y en alguna entrevista dejó muy claro que sus experiencias están plasmadas en sus obras, por ejemplo, Biografía del hambre, un libro resueltamente autobiográfico que también es una apología contagiosa del apetito, ella afirma que, aunque todo lo relatado es real, lo que diferencia la novela de la realidad es la escritura; no obstante haber padecido anorexia durante dos años, en el relato explica su vida a través del hambre y reivindica una avidez y una glotonería en muchos registros: hambre de lenguas, de libros, de alcohol, de chocolate, ansia de belleza y de descubrimientos. Amélie Nothomb afirma que tiene un apetito absoluto, un deseo jamás colmado, que no parece tener fin y acorrala en este relato en todas sus formas. En uno de sus últimos libros Matar al padre, Amélie admitió que tiene un significado muy importante para ella, que «los padres ponen esperanzas en nosotros, haciendo que perdamos nuestra libertad, convertirse en un adulto es matar la esperanza que han depositado en nosotros, deshacerse de control parental es un paso que todo el mundo tiene que sobrepasar».  Quizás el asesinato en cuestión aquí, obviamente, es difícil de soportar debido al aspecto paterno y a los lazos (aparentemente tan entrañables) que suelen ser eventualmente un estorbo. Amélie empezó a escribir a la edad de 17 años. Desde entonces no ha parado. Cuenta que comenzó escribiendo cartas a los 6 años,

...empecé como escritora de cartas antes de convertirme en escritora, y esta obsesión para mí ha sido una pesadilla. Me inclino a pensar que estas cartas han contribuido enormemente a hacerme escritora. cuando se vio obligada a iniciar una correspondencia con su abuelo materno: «Así que empecé como escritora de cartas antes de convertirme en escritora, y esta obsesión para mí ha sido una pesadilla. Me inclino a pensar que estas cartas han contribuido enormemente a hacerme escritora.  Por supuesto, este no fue el único factor, pero creo que me convertí en escritora y sobre todo esta escritora porque escribí muchas cartas... La correspondencia es muy importante en mi vida y yo soy probablemente el escritor que se corresponde más con los lectores». Responder sistemáticamente a sus lectores es algo que no se esperaba en lo absoluto. Cuando publicó su primera novela, Higiene de l’assassin (Higiene del asesino) en 1992, en 1992, no sabía que iba a recibir correspondencia, entonces empezó a ser bombardeada con el correo, y asegura no poder dejar de responder: «Me sentí halagada y estupefacta por este fenómeno».  En veinte años de escritura y en presencia del mundo literario, Amélie sostiene haberse hecho fuerte, cosa que antes era inconcebible, era una persona muy frágil, con la literatura aprendió a soportar la intimidación, los momentos de extrema violencia cuando parece que la gente no te quiere ver, cuando un libro no funciona tan bien o la crítica amenaza. «Yo soy, ahora esto, la intrepidez inusual».


La fragua de Cantuña arte, oficio y leyenda MUSEO DE ARTE COLONIAL / Planta baja del museo Centro Histórico de Quito. Cuenca y Mejía esquina Abierto hasta: 27 de abril de 2014 Horario: martes a sábado de 09h00 a16h00


Luna Estos

interiores Antonio Correa Losada

L

a escritura como creación poética es un trazo, por lo general no se recuerda en qué momento exacto de la vida inicia, muchos dicen que en la infancia o la adolescencia, y en menor frecuencia en la edad adulta. Se sabe que se origina como una corriente insaciable de electricidad que toca la sensibilidad y la inteligencia, en una pulsión extraña, que no concluye y a muy pocos abandona. También puede pasar desapercibida. Este llamado asalta e inquieta de improviso a ciertos individuos y cuando no acuden a la cita se sienten deshabitados y sin norte. Pero permanecen alertas. Son los que llevan la escritura como un oficio de pasión a lo largo de la existencia. Es lo que le sucede a Violeta Luna con su trabajo poético de años, aferrada al amor y al presagio de las palabras. Su geografía son las palabras y su ruta la condición humana. Es una poeta que parece hablar sola, de pie ante la naturaleza y envuelta por una voz de ebriedad, lleva por

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poesía espejo un cuchillo para protegerse y, con furia y ternura, va sacando palabras de los escondites más profundos: «Por eso cuando duermo / escondo tanta luz bajo mis párpados». Y, como quien busca apaciguar y detener un paisaje de nostalgia, dice: «Todavía se bañan los crepúsculos / en morados relámpagos», para entregarnos el trazado del mapa vehemente de sus «bosques interiores». Violeta Luna pertenece a la estirpe de la mejor poesía que se escribe en Ecuador, que viene de Carrera Andrade, Dávila Andrade. También, a la trama naturalista y apasionada poética de la estadounidense Emily Dickinson, donde la invisible cotidianidad es atrapada en el lugar donde vive lo que desaparece, en una experiencia de esplendor y memoria, que pasa como «el agua y la fiesta» o los «gatos celestes del vacío». «Tal vez aquel pasado de retamas / regresa de improviso con el polvo / y en olor del viento, / regresa de la mano del crepúsculo (…) echándose a la espalda nuestros sueños». Violeta Luna desentraña con su lírica la vibración que imanta cada piedra o el fluir incesante de la savia en las hojas. Su obra pródiga le ha valido premios y reconocimientos, desde Apuntes desde la orilla (Premio VII Bienal de Cuenca 2009), Esplendorosa lluvia (Mención de Honor VII Concurso Nacional César Dávila Andrade, Universidad de Cuenca 2011) y Verde limón el tiempo, un poema de resonancias épicas, que constituye la más reciente selección de su obra, y con esta publicación la Casa de la Cultura Ecuatoriana rinde homenaje a una de las poetas que enriquecen la alta tradición de la poesía ecuatoriana.

Paisaje Atraviesan el bosque despreocupadamente. Se mojan con las cuerdas del invierno y anudan en su cuello el ventisquero: bufanda de granizo, arisca y dolorosa. Alegres y chorreantes van cantando y el agua los corona, les pone astillas líquidas, sombreros de hojarasca y hierbabuena. Y atraviesan el bosque bebiéndose rubíes y amapolas, tragando crisantemos derretidos, mordiendo cascaritas de cipreses. La lluvia los envuelve, los cubre y los abraza, los lava como a duendes o piedras voluptuosas. Y así de divertidos, de puros y anodinos atraviesan el bosque despreocupadamente los jilgueros.

Humo en los ojos (niebla de ausencia) Hoy domingo Toña la Negra ha regresado a recoger sus pasos y rescatar su voz desde el fondo de todos los olvidos. Afuera suena el viento con sus violines broncos. Y adentro los recuerdos van y vienen, se meten en el frasco del azúcar, en el jarrón de rosas y en el café caliente. El humo invade todo, recorre la memoria con su organdí celeste. El día se despeina y en verticales tragos la lluvia se ha bebido la nostalgia. Mis letras van perdiéndose en el vapor amargo de la ausencia. Apenas con la punta de mis ojos dibujo la silueta de la negra y atrapo su canción en este pentagrama desleído.

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n el ‘cara libro’, o Facebook, red social propicia para encuentros y desencuentros, a veces se leen notas de impacto. El 26 de enero, mis amigas y amigos comentaban una foto mía, me decían: «is this a margarita with a margarita?», 8:03 pm; «linda mi Marguis», 8:07 pm; «muy guapa, salud», 8:10 pm; «solita bebes y no invitas», 10:55 pm; «¡Amiga, murió José Emilio Pacheco!», 11:02 pm. Qué impresionante, qué extraña sensación me dio leer el último comentario. Con ese trago, una margarita, celebraba sin saberlo la vida y muerte de José Emilio Pacheco, quien había sido mi profesor en el programa de posgrado de la Universidad de Maryland, en College Park. Estar en uno de sus seminarios era un verdadero placer, un privilegio. Siempre llegaba a la clase con una sonrisa amable, preparado para compartir su sabiduría con humildad. Nos quería a todos y todos lo queríamos. Recuerdo que nos sentábamos en una especie de círculo en una mesa cuadrada. Lo primero que José Emilio hacía era quitarse sus lentes para mirar de lejos y ponerse

Margarita Altuna Desde Florida «Voy a guardar intacto el recuerdo de este instante porque todo lo que existe ahora mismo nunca volverá a ser igual». Las batallas en el desierto José Emilio Pacheco

los de lectura. Era una especie de ritual en la clase de composición, no en la de modernismo. Aunque era el mismo profesor, cada seminario brillaba con luz propia. En el de composición, por ejemplo, había un ritmo argentino, peruano, uruguayo, ecuatoriano, mexicano, hondureño, estadounidense: era el ritmo de nuestras voces y, claro, teníamos que leer en voz alta lo que escribíamos. Descubrir que significaba lo mismo un traje de baño y una mallita, una sudadera y un calentador o un choclo y un elote, era admirable, nadie estaba equivocado, no había por qué discutir, todos teníamos la razón. Era una clase llena de encanto, todo el tiempo José Emilio nos regalaba términos extraordinarios como «ta barato», estas dos palabras daban como resultado la teoría del ‘tabaratismo’: ideología de algunos lati-

noamericanos que llegan a Estados Unidos y consumen el doble de lo mismo porque «ta barato». Sus explicaciones siempre hicieron que nos sorprendiéramos. En el seminario sobre modernismo me era inevitable verlo junto a Rubén Darío. Los dos iban caminando por Madrid, París, Nicaragua…, vestidos a la moda de finales del siglo XIX y principios del XX, ni a Rubén ni a José Emilio les podía faltar sus sombreros y gabardinas grises; para mí, los dos tenían la misma estatura, el mismo grosor y el mismo color de pelo. La culpa de este déjà vu la tenía José Emilio, en cuanto empezaba a describir y a analizar las crónicas lo hacía con tal erudición que no me queda la menor duda de que él había estado ahí, no solo junto a Rubén Darío sino a Leopoldo Lugones, José Asunción Silva, José Martí, Julián


memoria del Casal, Manuel Gutiérrez Nájera; para todos los modernistas José Emilio tenía una anécdota, una historia que contar. Su clase era un espacio donde el modernismo se volvía un sueño hecho realidad. Ahora lo escucho en youtube: (http://www.youtube.com/watch?v = DOVoaCau9qc) la magia de la tecnología lo ha hecho asequible a todos, ya no solo a los que fuimos sus estudiantes, o a quienes lo escucharon aquella noche en Salamanca. Lo miro, lo oigo, qué increíble, José Emilio está leyendo sus poemas. En nuestros seminarios, no hablaba de su obra, no era arrogante, su humildad y sencillez lo hacían más humano, siempre estuvo atento a lo que nosotros decíamos, nos escuchaba con interés, su generosidad era colosal. Por eso, no deja de sorprenderme cuando lo veo leer Alta traición, un poema publicado en 1966: No amo mi patria. Su fulgor abstracto es inasible. Pero (aunque suene mal) daría la vida por diez lugares suyos, cierta gente, puertos, bosques de pinos, fortalezas, una ciudad deshecha, gris, monstruosa, varias figuras de su historia, montañas y tres o cuatro ríos. Cuando termina de leerlo, como siempre, empieza a elaborar y dice: «La ironía de este poema que se refería a la Ciudad de México como una ciudad deshecha, gris, monstruosa de 1966 comparada con la de 2009-2010, era una ciudad museo, ahora sí es una verdadera destrucción y catástrofe». Lo sigo escuchando y las imágenes en mi memoria se entrecruzan. Siempre nos recomendaba escribir una página diaria, nos decía que al final del año tendríamos 360 páginas,

un libro que podría ser de poesía, cuentos, novela o tesis doctoral. Su sabio consejo se plasma en Tarde o tempestad, antología que recoge 800 páginas de poemas, «no es que haya sido hiperfecundo», enfatiza José Emilio, «es que son 50 años, entonces 50 años entre 14 libros pues dan un promedio muy discreto de 14 páginas por año, entonces no es la fecundidad es la longevidad», y sonríe.

Pompeya La tempestad de fuego nos sorprendió en el acto de la fornicación. No fuimos muertos por el río de la lava. Nos ahogaron los gases. La ceniza se convirtió en sudario. Nuestros cuerpos continuaron unidos en la piedra: petrificado espasmo interminable. Este poema, impactante por las imágenes de muerte y unión de cuerpos, le sirve como pauta para recordarnos que no le gusta incurrir en la contumacia: «palabra en desuso que como bien se sabe significa la persistencia en el error». En la edición original de este poema se leía: «La tempestad del fuego nos sorprendió en el acto / de la copulación». José Emilio esclarece que la palabra copulación es un falso amigo, un cognado de copulation, copulación no existe en la lengua castellana, la palabra correcta es fornicación. Quienes hayan leído las diferentes ediciones de sus poemarios, se darán cuenta de que en cada edición hay nuevas correcciones. Así era José Emilio Pacheco, un eterno trabajador del lenguaje, la palabra era su obsesión y el poema su pasión. Uno de mis libros favoritos es su novela Las batallas en el desierto. Carlos, un niño de 11 ó 12 años, se enamora de María, la mamá de su mejor amigo. Este amor inocente, puro, inalcanzable, es visto por

los padres de Carlos como una enfermedad que tienen que curar. Pobre Carlos, sus primeras lecciones de masturbación se las da el cura en el confesionario: «En voz baja y un poco acezante el padre Ferrán me preguntó detalles: ¿Estaba desnuda? ¿Había un hombre en la casa? ¿Crees que antes de abrirte la puerta cometió un acto sucio? Y luego: ¿Has tenido malos tactos? ¿Has provocado derrame? No sé qué es eso, padre. Me dio una explicación muy amplia. Luego se arrepintió, cayó en cuenta de que hablaba con un niño incapaz de producir todavía la materia prima para el derrame, y me echó un discurso que no entendí…». (Las batallas en el desierto, p. 43). Después del padre Ferrán lo llevaron al psiquiátrico. Sin embargo, a Carlos no pudieron curarlo, «No, no me había curado: el amor es una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio» (p. 56). Siempre recordaré a este personaje incurable, y a quien le dio vida: José Emilio Pacheco, un ser generoso, siempre dispuesto a regalarnos momentos imborrables tanto a sus estudiantes como a sus lectores de poemas, cuentos, novelas, ensayos y traducciones. Gracias y hasta pronto, José Emilio. Margarita Altuna (Quito-Ecuador). Es profesora de Español y Literatura Latinoamericana en las Universidades del Sur de Florida y de Tampa. Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Central del Ecuador; tiene una maestría en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Maryland. Sus investigaciones incluyen el siglo XIX y XX de la literatura latinoamericana, ecuatoriana y afroecuatoriana; además del estudio y la relación entre literatura, cine y periodismo.

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centenario

Padre del

Cyberpunk Patricio Viteri Paredes

N

orman Mailer comparaba la escritura de Burroughs con las pinturas de Hieronymus Bosch, pues los dos nos dejaron una visión íntima y detallada de lo que debe ser el infierno, y nos mostraron, con delicadas líneas que hielan la sangre, las mansiones del horror que nos esperan. Y sobre El almuerzo desnudo (Naked Lunch, 1959), Mailer indicaba: «Para mí es un claro retrato del infierno. Es, precisamente, el infierno». Y en esa novela Burroughs describe, por todas partes, su propio y alucinante averno: «Vivía en un cuarto, en el Barrio Nativo de Tánger. No me había bañado en un año ni me había cambiado de ropa ni me la había sacado, excepto para meterme una aguja cada hora en la carne fibrosa, gris y seca, de la adicción terminal. Nunca limpié ni desempolvé el cuarto. Cajas vacías de ampollas y desperdicios se amontonaban hasta el techo. La luz y el agua habían sido cortadas hace mucho tiempo por falta de pago. Yo no hacía absolutamente nada. Podía pasármela mirando la punta de mi zapato durante ocho horas... Nunca tenía la droga suficiente –nadie la tiene jamás–. Treinta gramos de morfina al día, y todavía no era suficiente... Y de repente mi hábito empezó a incrementarse más y más. Cuarenta, cincuenta gramos al día. Y todavía no eran lo suficiente. Y ya no podía pagar». 17


William llegó a Marruecos en 1953, huyendo de sus nuevos líos con la justicia estadounidense. Líos que comenzaron en 1944, en Nueva York, cuando él y Jack Kerouac fueron acusados de encubrir el asesinato de David Kammerer, uno de sus amigos; ya por esa época empezó a usar morfina y se hizo adicto, y terminó vendiendo heroína en

Greenwich Village. Para entonces convivía con Joan Vollmer, enganchada a las anfetaminas y con quien tendría un hijo en 1947. En 1949, Burroughs huyó a México: en Nueva Orleans le estaban siguiendo un juicio por posesión de drogas y armas, y con seguridad lo habrían condenado. Y en 1951 ocurrió el suceso fundamental de su vida: mató a su esposa cuando borracho jugaba a ser Guillermo Tell con una pistola: el tiro dio en el rostro de Joan y no en el vaso de agua que ella sostenía sobre su cabeza. Pasó trece días en prisión, pero su hermano

logró sacarlo sobornando a las autoridades. Años después, Burroughs escribiría: «He llegado a la terrible conclusión de que nunca

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me habría hecho escritor si no hubiera sido por la muerte de Joan, y me he dado cuenta de la medida en la que este suceso motivó y formuló mi escritura. Vivo con la constante amenaza de la posesión, y en una constante necesidad de escapar de la posesión, del control. Por tanto la muerte de Joan me puso en contacto con el invasor, el Espíritu Abominable, y me dirigió hacia un combate de toda la vida, en el cual no tenía otra alternativa que la de escribir para encontrar la salida». Luego de abandonar México, William se dedica a viajar por Sudamérica en busca de drogas y muchachos jóvenes. Su jornada por Panamá, Colombia, Ecuador y Perú se convertiría en el libro The Yage Letters (1963), que reúne la correspondencia entre él y Allen Ginsberg. Sobre Ecuador, Burroughs escribe una página llena de desprecio u odio (algo normal en su literatura): «Atravesé Ecuador lo más rápido posible. Qué lugar tan feo. Complejo de inferioridad nacional de país pequeño en la fase más avanzada... Esmeraldas es caliente y húmeda como un baño turco y los buitres se comen un cerdo muerto en la calle principal y por dondequiera que uno mire hay un negro rascándose las bolas... En el bote hablé con un hombre que conoce la selva ecuatoriana como su propia verga. Parece que los comerciantes de la selva atacan periódicamente a los aucas y se llevan a sus mujeres, a las que mantienen encerradas con fines sexuales. Suena interesante. Tal vez yo podría capturar a un muchacho auca. Tengo instrucciones precisas para atacar a los aucas. Es muy sencillo. Uno cubre las dos entradas de la casa auca y dispara contra todos a los que uno no quiere follar... Nunca me acosté con un muchacho en Ecuador y uno no puede comprar ninguna clase de heroína». [Años antes, en 1928, el poeta francés Henri Michaux había es-


crito: «Pese a todo te saludo, país maldito del Ecuador / Eres salvaje a más no poder»... Pero más tarde se desdice con estos versos: «Ecuador, sin embargo eres un país sagrado, ¿y después en qué me convertiré yo?»]. En 1953 viaja a Marruecos y en Tánger se queda cuatro años trabajando en lo que posteriormente sería su obra maestra, Naked Lunch (en México ya había escrito sus dos primeras novelas, Junky y Queer, y anteriormente, en 1945, And The Hippos Were Boiled in Their Tanks, en colaboración con Kerouac). La ciudad marroquí era perfecta para él: arrendó un cuarto en una casa cuyo dueño conseguía putos para viajeros estadounidenses e ingleses, las drogas circulaban libremente por las calles, y continuaba recibiendo el apoyo económico de su familia. Naked Lunch es un caos endemoniado repleto de poesía. Un pornográfico descenso a las simas alucinadas del autor y la vida. Un viaje interminable y sin retorno dentro de los cuadros La nave de los locos y El jardín de las delicias. Es un vómito y, a la vez, una purificación. Como sumergirse en mierda y encontrar una luz divina y salvadora. Y un humor más negro que la oscuridad, como la risa que se prefigura en la garganta de un degollado. Nadie sale ileso después de leer esta novela. «Un grupo de simiópatas aúllan mientras se balancean por las lámparas, los balcones y los árboles, y cagan y mean sobre los transeúntes. (Un simiópata –se me escapa el nombre técnico de este trastorno– es una persona convencida de que es un mono u otro simio. Es un trastorno que afecta en especial al ejército, y que se cura cuando les dan de baja). Avanzan trotando enloquecidos y cortando cabezas, mientras sus rostros son afables y remotos y tienen una

media sonrisa soñadora... Los ciudadanos con bag-utot incipiente agarran sus penes y piden ayuda a los turistas. Revoltosos árabes gritan y dan alaridos cuando castran y destripan y arrojan gasolina ardiente. Jóvenes bailarines hacen striptease con intestinos, las mujeres se meten genitales cortados en sus coños, y machacan, sacuden y golpean al hombre que han elegido... Fanáticos religiosos arengan a las masas desde los helicópteros y tiran una lluvia de tablas de piedra sobre sus cabezas, inscritas con mensajes sin sentido... Los Hombres Leopardo destrozan en pedazos a la gente con sus zarpas de hierro, tosiendo y gruñendo... La Sociedad Caníbal Kwakiuti empieza a arrancar a mordiscos narices y orejas... Un vándalo joven y repugnante ha arrancado el ojo de su cófrade y le está follando el cerebro: ‘Este cerebro está ya atrofiado y tan seco como el coño de la abuela’». La novela fue publicada en 1959, en París, por Olympia Press, y tan pronto circuló por Estados Unidos fue enjuiciada por obscena en Massachusetts y otros estados. En ese año Burroughs vivía en una habitación del Beat Hotel, el parisino Barrio Latino, junto con Ginsberg y otros artistas; todo el avance de $3.000 (unos $24.000 hoy en día) que le dieron por la publicación de Naked Lunch se lo gastó, por supuesto, en comprar drogas. Fundador de la Beat Generation en la década del cincuenta, su influencia abarcó la literatura, la pintura, el rock y el punk, el cine y la televisión. Jimmy Page, Andy Warhol, Lou Reed, Patti Smith, Jim Morrison, Susan Sontag, Frank Zappa, Philip Glass, Gus Van Sant, Tom Waits, Roger Waters y Kurt Cobain, entre muchísimos otros, flotaron dentro de la órbita de este escritor fallecido el 2 de agosto de 1997.

Parece que en Burroughs se cumple el objetivo que se proponía Lautréamont: «Mi poesía no consistirá en otra cosa que en atacar, por todos los medios, al hombre, esta bestia salvaje, y al Creador, quien no debió haber engendrado a semejante parásito». Pero también Rimbaud está presente en su obra: «Logré que se desvaneciera en mi espíritu toda esperanza humana. Contra toda alegría, para estrangularla, di el salto sin ruido del animal feroz. / Llamé a los verdugos para morder, mientras perecía, las culatas de sus fusiles. Llamé a las plagas para ahogarme en la arena y en la sangre. La desgracia fue mi dios. Me revolqué en el fango. Me sequé con el aire del crimen. Y le hice muy malas pasadas a la locura».

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la simbiosis alucinada Alexis Cuzme metal ecuatoriano, desde el prejuicio imperante aún en nuestros días, ha sido ese oscuro campo musical donde la agresividad, la violencia, el anarquismo e incluso el ‘satanismo’ parece dominarlo todo; sin embargo, más allá de estos clichés que poco concuerdan con la realidad musical de este sector, se ha pasado desapercibido un tema: la poesía. Sí, esa simbiosis donde lo lírico ha logrado reforzarse gracias al vínculo literario que sus integrantes poseen. Bandas como Total Death, Delicado sonido del trueno, Decapitados, Lago Gris y Abismo Eterno tienen algo en común: su nexo con la lírica ecuatoriana. Sus canciones reflejan un trabajo letrístico que da cuenta de la influencia de sus lecturas, de autores (poetas sobre todo) que han marcado su sentido creativo. ¿Qué elementos poéticos aparecen en sus canciones? y ¿qué autores están detrás de sus composiciones? Conozcamos.

El

Una generación del dolor «Te siento, pero más siento el odio que arranca mis esperanzas, mis ojos se cierran con el brotar de mi sangre», nos dice Total Death en su tema En esa parte del olvido, una canción que habla de la pérdida. Tal y como lo es Has visto, en la que su vocalista exclama: «Odio la vida, pero más nuestro mundo. Odio amarte, dame una razón para vivir». Y es que en Total Death convive una fuerza donde el dolor parece ser una purga para la sobrevivencia, y sí, aunque la banda lleve la consigna de la muerte a cuestas, es al amor, al abandono total y perturbador al que se le canta. Esto se ve reflejado en sus primeros trabajos Bajo

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partitura el mismo extraño cielo (1995), Silencio de soledad (1996), Lágrimas de ensueño (1999) y El rostro que llevamos dentro (2002). En todos ellos existe aquel canto existencialista que habla de la fatalidad, de relaciones desesperanzadas donde la soledad es su máxima expresión. En esta misma línea se encuentra Abismo Eterno, su único álbum publicado La última elegía del guardián (2002) da cuenta de cómo la banda proyecta en sus canciones toda la herencia poética de las lecturas de su letrista: Marco Martínez, escritor que en el pasado confesó tener la influencia de la Generación Decapitada. Ello justifica la portada del álbum: un busto sobrepuesto con un poema firmado por Medardo Ángel Silva. Temas como Se vistió de rosas el silencio, Etérea infinidad y Un recuerdo triste y una promesa logran un registro donde la poesía es un telón de fondo oscuro, donde la fatalidad y la emotividad crónica resultan estados anímicos desesperantes. Por eso su vocalista susurra y canta en momentos determinados: «Tus despojos duermen ahora junto a mis vísceras» y «Morir en un lecho hiriente soledad, sombra de una vida ingenuidad, constante agonía de promesas y mentir, llorar, musa que me dio la inspiración, trágica perfidia agotar, con el sentimiento de un recuerdo triste será». En esta banda, como en pocas, convive la ira y la pasión, dos corrientes que vuelven sus temas una poesía perturbadora, que cala.

Decapitados es otra de las bandas que han desarrollado todo un trabajo musical respaldado en la fuerza de sus líricas. Sin embargo, a diferencia de las dos bandas anteriores, aquí, en su música y letras, no hay dolor, sino odio, uno que va por los recovecos de los dogmas habituales, oponiéndose, siendo una barrera ideológica que no pierde en ningún momento su encanto poético. Sus álbumes Vas Lacrimae (2006) Madre locura (2007) y La pus de la mentira (2009) dan cuenta de esa resistencia a caer en un sistema de opresión ideológica, pero es el tema Alegría (adaptación del poema homónimo de Violeta Luna) el que logra una vinculación más estrecha con la poesía, porque su composición además de lúgubre, arremete sin consideración contra la infancia, que va contraponiendo los recuerdos y estrellándolos a la realidad. Por eso nos dice su vocalista: «Tal vez te desprendiste de mi mano / y fuiste solo un trino, / una sortija de aire, / un pájaro de harina y de burbujas. // Tal vez un jueves vuelvas / y veas que ha nevado en mi ventana. / Y tras de los cristales / oiré cómo te estrellas, oh pájaro de harina y de burbujas».

La poesía que rasga Lago Gris con su gótico no sólo matiza su sonido con letras absorbentes, sino que las ha erigido como ese todo dentro de

su música. Su álbum Aflicciones (2009) da cuenta de un proceso pulido y ordenado, donde la melodía no sólo arrastra a parajes naturales, a un cosmos alucinante. No, lo suyo, detrás de esa cortina armónica de falsa paz, es un rito al libre vivir, y ahí su poesía, en temas como Lluvia sobre mi rostro, Invierno y Amor de serpiente. Finalmente, en la obra del Delicado sonido del trueno aparece aquella poesía decantada por lo arcano, por las voces de un pasado etéreo y abominable. Temas como Ángel de luz, Massiel y La lejanía del paraíso nos remiten a ello, pero es Lluvia bastarda (adaptación del poema homónimo de Iván Oñate) la canción que más destaca por su apego directo a la poesía.

Escritores en el metal Todas estas bandas cuentan con escritores, dentro y fuera de los procesos compositivos musicales. Así, en Total Death se aprecia a Ider Farfán, un poeta a su manera, que escribe sobre el amor caótico y sostiene un discurso en pro del dolor. En Abismo Eterno a Marco Martínez, un novelista que ya ha dejado un testimonio de su trabajo con El enemigo necesario y la inédita Culoflaco. Decapitados, con Mayarí Granda, poeta de amplia trayectoria y publicaciones. Lago Gris cuenta con la participación de la narradora Paulina Soto, quien ya ha dejado testimonio de su obra en ¡Alas! Y Delicado sonido del trueno, que encuentra la inspiración en la obra poética de Iván Oñate.

El metal revitalizado Así los elementos poéticos que aparecen en las canciones de estas bandas (vinculadas al death, doom y gótico) se conjugan correctamente entre melodía y letras. Y sí, la poesía ha logrado darle un toque personalizado a estas agrupaciones.

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De la serie ‘No somos todos’

por Yuliana Marcillo

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n los dibujos de Guido Díaz valdría aplicar la frase popular: «cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia». Y es que para el dibujante de 68 años, el ingenio y el sarcasmo en sus dibujos siguen tan vigentes como hace 40 años, cuando comenzó a publicar sus caricaturas. De la serie No somos todos, realizada en 1989, nos presenta una colección inédita de dibujos titulada Las Damas. Guido Díaz ha trabajado en dibujos humorísticos desde 1974; un año después editó su primer libro titulado Dibujos, del cual, a manera de prólogo, el escritor Abdón Ubidia dijo lo siguiente: «Dibujar es descartar cosas. Es escoger. Es extractar del gran caos un indicio, un signo. Pero también es resumir y simplificar todas las dimensiones del mundo en un trazo. El amor y el humor en una línea. Guido Díaz lo sabe. Y en esa pretensión se inscribe. La escueta magia de sus dibujos, divierte. Pero además, habla». En Las Damas, Guido ejerce sin contemplaciones tanto en los gráficos como en los textos su opinión crítica sobre el comportamiento de personajes que forman parte, aparentemente, de un estatus alto de nuestra sociedad.

Su dibujo es ágil y expresivo, abunda en detalles a pesar de la aparente simpleza que se refleja en el trazo. Estos y otros dibujos inéditos han sido difundidos en revistas y periódicos a nivel nacional e internacional, los

cuales serán recopilados en un libro que próximamente se editará. Asegura que no tiene prisa, nunca la tuvo, pues hay algo que desde que tenía cinco años de edad no ha dejado de hacer, y eso es dibujar.


boceto

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Guido Díaz (Quito, 1946). A pesar de que se graduó de arquitecto, de que estudió planificación territorial y antropología y de que fue profesor universitario (artes con las que se ganó la vida), fuera de currículum se ha pasado dibujando… dibujando por humor al arte, pues gusta de la ironía y el sarcasmo para criticar a burócratas, a costumbres oportunistas y a jefes acartonados. Hace muchos años publicó un libro e hizo una exposición de di-

bujos en la Alianza Francesa y otra en el Colegio de Arquitectos. Fue uno de los fundadores y miembro del Consejo de Redacción de la revista La bufanda del sol, y se han publicado sus viñetas en varios periódicos y revistas. La selección que se muestra en estas páginas es un fragmento de la sección ‘Damas’, de una serie que la llama ‘No somos todos’, y que permanecerá inédita hasta cuando decida sacarla del cajón en que se encuentra desde hace más de veinticuatro años.

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scuchan música, rezan, a veces conversan, a veces no, otras hacen nada. Incluso hasta hay partidos de ajedrez. ¿Hasta ahí todo bien no? A no ser que ambos realicen esas actividades mientras esperan con naturalidad eso que el resto del mundo trata de evitar a toda costa: la muerte. Entonces cambia el escenario. El mimo se queda a un lado con su cara blanca y sus personajes, y le da paso al hombre, al que acompaña a la gente a morir. Es lo que hace José ‘Pepe’ Vacas cuando ejerce esta delicada y humana tarea. No hay fechas ni horas. Ni etiquetas ni discursos. Tampoco tiempo, ni es necesario agradar a los familiares del enfermo. Basta con que el moribundo esté de acuerdo. Pepe entonces sirve de acompañante mientras la muerte llega. Amanece, hablan poco, duermen, anochece, y así hasta que aparezca, hasta cuando ella quiera. Fui en busca entonces del mimo más representativo del país, con el pretexto de conversar sobre su última actuación donde públicamente, el 28 de enero de 2014, dijo adiós al mundo de las tablas. Así pues, una tarde de febrero, junto al creador de silencios, el mimo al que la rutina le parece una ‘maravilla’, y a pesar de que él ya lo había advertido antes: «Una entrevista es algo inútil. Siempre hay que hablar mucho y se termina diciendo poco», soltamos la lengua y empezamos a hablar. 26


tablado Pepe Vacas se va. El día de su despedida, usted sostenía en ambas manos dos pedazos de tela en los cuales estaba escrita la palabra final, por si aún a alguien no le quedaba claro. Así es, no hay retorno. Ya me retiré. Las últimas funciones fueron en el 2000 y 2002. Y claro, como me decían que no hubo un retiro formal, que quizás el público pensaba que yo andaba de gira, entonces decidimos hacerlo, para que ahora sí, todos sepan que ya no estoy. Dos palabras no han soltado a Pepe, cual novias obsesionadas por un viejo amor. Por más de 40 años estas ‘novias’ lo han acompañado. Hablo del silencio y la muerte. ¿Es natural para Pepe conectarse con esa parte de la vida de la que muchos huyen? Marcel Marceau decía que una de las cosas que tiene el teatro y que no tendrá nunca el cine, es ese cierre de la ficción. Es decir, al final de la obra salen a saludar todos, incluso hasta los muertos dan las gracias, entonces para todo el mundo queda claro que era ficción. A mí esa observación me parecía medio tonta al comienzo. Pero conforme van pasando los años, uno ve que sí pues, que uno se familiariza con la muerte. Para nosotros la muerte tiene esa característica como de no tan final. De una manera u otra uno ha muerto varias veces. En general para los actores es natural relacionarse con esas palabras.

sobre arte universal y otra sobre arte ecuatoriano. Mis amigos eran todos nerds, en esa época se les decía ‘matones’. Era gente que leía, iban a los conciertos, a los teatros, a pocos les gustaba el fútbol. En esa temporada también me leí Don Quijote de la Mancha y En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. ¿Quién o qué hace reír a Pepe Vacas? Los expertos, digamos, los cómicos, los comediantes, caricaturistas, humoristas. Siempre regreso a Quino, a Bonil, al autor de Mafalda. A  René Goscinny (guión) y Albert Uderzo (dibujo), que hicieron Astérix. Yo tengo toda la colección de Astérix.

¿Esta ‘relación’ con estas ‘novias’ se debe a que desde muy niño Pepe experimentó de cerca la presencia de la enfermedad y la muerte? Sí, eso decían los psicólogos. Y decían que yo soy así porque pasaba mucho tiempo en los hospitales, en silencio, pero no, yo ya era así. A los siete años me rompí la pierna y la osteomielitis se declaró a los 12. Entonces pasé largos períodos en silencio, entre la casa y el hospital. ¿Qué hacía Pepe Vacas, el niño, cuando estaba obligado a pasar largas temporadas internado? ¿Leía, dibujaba, dormía, lloraba, jugaba? Leía, en esa época salió una enciclopedia que se hizo por fascículos. Algunos padres de mis amigos los compraban y me los llevaban para que no estuviera aburrido. Se llamaba Monitor. Después sacaron una colección

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Pepe aprendió las artes del mimo y la panto-mima bajo la tutela de los argentinos Roberto Escobar e Igón Lerchundi. ¿Qué significó estudiar arte en los frenéticos años setenta? Había mucho en Argentina. Muchos músicos iban y hacían conciertos, pero yo quería lo académico y me dediqué durante un año y medio a estudiar mimo y pantomima. El taller es chévere como forma de vida y aprendizaje. La academia es mucho más experimental, metódica, estricta. Y como aquí no había profesores de teatro, me fui en esa época a Buenos Aires, a Santa Fe específicamente, gracias a una beca estudié en la escuela de Teatro de Mimo de Escobar y Lerchundi. No fui parte del rock ni de las otras cosas que hacían los jóvenes por ese entonces. Han sido diez años de aprendizaje, diez años de giras y la última década se ha dedicado a la enseñanza. ¿Qué viene ahora? Ahora ya nada, a descansar. Siempre desde joven me ha gustado viajar, vivir un tiempo en otro lado y eso voy a hacer ahora. En Lima estuve cuatro meses, en México un año, en Los Ángeles ocho meses. Y ahora se han dado las facilidades para vivir un tiempo en otro lugar. ¿Alguna vez deseó no salir al escenario y mandar al diablo todo? No, por alguna cuestión de temperamento no. Tampoco por algún estado de existencialismo, palabra que emplean mucho ahora los de la farándula. Lo que pasa es que uno se aleja, Marcel Marceau estuvo una temporada lejos del mimo, Paganini también dejó el violín un tiempo. ¿Se ve regresando al escenario, arrepentido de haber dejado su oficio? No, arrepentido de nada. Mi mamá me decía: «Nunca le pidas más a la vida de lo que te da». Y eso ha sido una buena norma porque siempre ha funcionado bien. Eso que está de moda ahora de que debes perseguir tus sueños o fijarse metas extraordinarias no va conmigo. A la vejez volvemos a lo mismo.

«De una manera u otra uno ha muerto varias veces. En general para los actores es natural relacionarse con esa palabra». 28

Ha asistido por más de 20 años a moribundos. ¿Qué ve en esos ojos en el último momento de vida? Hay la muerte, viene la muerte a llevárselo. No se puede ver, pero se siente en el ambiente. Y no hay misticismo alguno. Los artistas hemos creado con la muerte un mundo que no es real. No existe la muerte artística. Ese momento es simple, como respirar. ¿Cuándo Pepe dejó de tenerle miedo a la muerte? En mi niñez el maestro Proaño, el de mi barrio, cerraba la zapatería y todos sabíamos que alguien estaba agonizando, y todos íbamos a ver. Así se fue perdiendo el miedo. Unos duraban tres o cuatro días, a veces hasta un mes. Y el muerto era muerto. Ahora están maquillados y hasta vestidos con traje. He visto bastante también en el hospital mientras he acompañado a la gente a morir. ¿Imagine que se pudiera negociar con la muerte? No es posible. No podría aparecer como tal nunca. Los artistas se han inventado a la muerte. Le han puesto rostro de calavera, una túnica, una espada, igual que no hay fruto prohibido. No se sabe, pudo haber sido una piña, o cualquier otra cosa. Usualmente la gente que se va a morir ve a alguien que lo llama del otro lado, el tío, la abuela, o algún familiar. Eso es como un anuncio. La muerte le da sentido a la vida, uno la ve, la comprende. ¿Pepe tiene vicios? ¿Quizás un roncito de vez en cuando, un tabaquito? Nada en exceso, digamos que más por tacaño que por casto (risas). Por ejemplo, mis amigos cogían una jaba de cerveza y se ponían a beber, yo no puedo hacer eso. Se burlaban diciendo que yo tomaba caldo de cebada, porque siempre se me calentaba la cerveza. ¿Cuál fue el personaje que más le ha costado representar? Todos son difíciles. Curiosamente los más normales son los más difíciles y los más malos, o los más enfermos son los más fáciles. Curiosamente esos son los que ganan el Óscar. ¿Pepe es un hombre feliz? Yo me considero una persona feliz, la mayoría de las personas que conozco son felices, entonces eso también influye. No hay razón para no ser feliz. Algunos mimos con cara alegre se maquillan una lagrimita y sea lo que sea que les esté pasando tienen que salir a actuar. Nosotros tenemos un dicho ya clásico: ‘pase lo que pase, la función debe continuar’. (Y.M.).


Fecha de nacimiento: 5 de diciembre de 1951 Lugar de nacimiento: Buenos Aires Hijos: tres: Daniela, Verónica y Gabriel Esposa: Helena Andrade Estudios de mimo y pantomima fueron realizados en Argentina (1975) y México (1981) Autor de los libros El bien morir. Apuntes de un acompañante y Bendita agonía. Un legado para los vivientes. Ha creado la Escuela de Mimo y Pantomima en Ecuador y tres compañías de mimo.

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E

n algún lugar escondido del planeta, de esos que hablan los cuentos, existe una sociedad habitada por mujeres de cabellera anaranjada. Llevan una vida cotidiana fantástica, sus ciudades tienen caminos de arcoíris, casas de cristal y árboles multicolores. En ese mundo de ilusiones vive una mujer que un día se despertó sintiendo que su mundo no era el único, a pesar de todo lo que le habían dicho los duendes y gnomos. Se aventuró por el bosque oscuro y misterioso y bajo el higo silvestre encontró una llave dorada y luminosa. Entendió que era del portal de un mundo distinto, de una realidad subyugante y paralela.

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Hechicera


paleta

En el mundo con ciudades de calles asfaltadas y casas de ladrillo vive una mujer que también despertó con la sensación de que su mundo no es el único, sin embargo de que todos le decían lo contrario. Estaba segura de que existe otro con caminos de arcoíris, casas de cristal y árboles multicolores. Empezó a buscar en las profundidades no exploradas de su interior y encontró una antigua llave de metal en su abrigo anaranjado. Entendió en ese instante que era la llave del portal de ese mundo que tanto buscaba. El momento que las dos mujeres giraron sus llaves en el portal, dos mundos distintos se encontraron.

Yoyo

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T

atiana Loy nació en Kiev, capital de Ucrania (ex URSS) en el año 1975, pero en 1990 emigró a Ecuador donde se nacionalizó. Estudió en la Escuela Clásica Rusa de Arte, en la época de la Perestroika. Realizó su trabajo de grado bajo la tutoría del pintor ucraniano Petro Bevza. En Ecuador continuó sus estudios de arte en el taller del pintor español Miguel Gayo. Hoy nos muestra esta nueva colección en la que descubre un mundo de ‘erotismo onírico’ y plasma en sus lienzos los sentimientos más escondidos de una mujer. Sus lienzos blancos son unas ventanas al mundo de las mujeres de cabelleras anaranjadas que, sin sospechar que son observadas, viven sus vidas llenas de pasiones, sueños maravillosos y fetiches secretos.

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Dice Raúl Pérez Torres: «Tatiana sueña un dibujo. Sueña largamente, sensualmente, incendia con su sueño el paso delicado del amor. Sueño prohibido, subido en las alas del deseo, desechando candados y cadenas. Sueño rojo de libertad, como un viento estremecido que, sin saberlo, desemboca en el Danubio».

Confesión

Por su parte Guido Díaz, al presentar la obra que está expuesta en la Casa de la Cultura del 13 de marzo al 3 de abril, se refirió a sí: «Mujeres que transparentan sus deseos, que se despojan de ropas, ataduras y candados; que abandonan llaves, alfileres e imperdibles: que recuperan la sensualidad de su niñez, que rompen el cascarón de sus prisiones y que se ponen alas para jugar a la vida». 33 Columpio


leen nuestros

hijos? Liset Lantigua

Desde Barcelona

H

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ace tres años, los alumnos de cuarto curso de un colegio de Quito estaban leyendo Delirio, la novela de la colombiana Laura Restrepo, premio Alfaguara 2004 y uno de los más merecidos de cuantos ha situado el grupo Prisa con el galardón. En Delirio hay un país golpeado sobre llagas que la sociedad lame con mentiras. Su prosa magistral me recordó el elogio que hiciera Gabriela Mistral de Jardín, novela lírica de Dulce María Loynaz, al referirse a ella como «el mejor repaso del idioma español que había hecho en mucho tiempo». Delirio podría no ir a los asuntos, no ser más que un

hatajo de reflexiones y recuerdos acrónicos, alterados o desordenados que no es, porque la escritura de Laura Restrepo constituye, por mucho, el premio que el lector recibe al legitimar la urdimbre de esta historia en la factura de su acervo. Se estaba trabajando en aquel colegio con un plan de lecturas que jugaba con estilos y épocas, a fin de acertar con todos en algo. Delirio había sacado de los estereotipos a Colombia, y los que la leían —siempre están los que nos recuerdan lo utópicos que son los aciertos masivos—, daban cuenta de su entusiasmo. Hasta hubo avistamientos de lectores en los recreos.

Llegó un correo de una madre alarmada por la cantidad de escenas censurables, que pedía —en un imperativo maternal— la suspensión de la obra. Fueron respondidos ese y otros correos que llegaron, argumentando que la literatura hoy en día no es un peligro del que deban proteger a sus hijos; que en una obra literaria todo está escrito en contexto y el lector tiene a mano elementos para comprender y evaluar el impacto de cada suceso en conjunto, porque no se trata de un juego de azar. El texto literario —se les dijo— es una construcción capaz de desestabilizar, de ocasionar desasosiego, pero capaz también de tender asideros para afrontar las dudas. Los padres, por su parte, insistían en que era un libro con obscenidades —subrayadas—, y que ellos estaban ahí para velar por la formación moral y emocional de sus hijos. En otras palabras, tenían la obligación de decidir qué sí y qué no. Hay cuestiones fundamentales en torno al peligro del libro que nos acercan al panorama de otros tiempos no porque estemos en mitad de algo, sino por lo complejo que resulta empujar por la historia tanto andamiaje, suministrando pautas y oportunidades que traspasen las primeras capas y acarreen algún beneficio en lo que nos define: la cultura y la educación. La subversión del libro se fundamenta en premisas religiosas y políticas, desde que en el siglo III a.n.e. fueran juzgados como atentatorios del status quo, y se atizara con ellos el fuego de la dinastía Quin (221206), en China. Los libros fueron temidos, sepultados y condenados al ocultamiento o públicamente quemados para el escarnio colectivo en autos de fe, en tiempos de un analfabetismo inclusivo. Y fueron —y seguirán siéndolo— prohibidos en entornos de terrorismo de


palabra cruzada Estado y sus aledaños. La subversión que pervive hoy en día combina presupuestos de todo tipo. Tiene de política y de religión lo que los padres consideren contrario a sus esquemas de valores y a sus ideas a ambos respectos; y tiene un componente propio del analfabetismo que rebasa la condición del analfabeto, y que es proporcional al desconocimiento y a las confusiones que deriva, aunque contemos con un marco de referentes y recursos epistémicos para afrontarlo. En su esencia están activas las pulsiones de la naturaleza del fenómeno: la inconsciencia es consustancial a la ignorancia. Lo dijo en plena trama del amor contrariado Fina García Marruz: «No sabe que está sola/ ese ignorar la guarda». La ignorancia nos aligera los hombros, la garganta de nudos y de anclas como un ancho canal para el aire. Nos proporciona la contentura de lo simple, algunas certidumbres para sostener la idea de ‘completud’ que la vida procura en su fuero de meta; o nos abre los ojos hacia un horror irrefutable. Un padre —o una madre— pueden desatender eventos cruciales en la vida de sus hijos, bien porque el tiempo apremia o porque los asuntos transitan por zonas de un ‘lejos’ generacional que los hace invisibles, como es el caso de las nuevas tecnologías y sus accesos, inimaginables para el más imaginativo de los adultos nacidos antes del 80, pues concebimos los procesos en un orden que prescinde de las claves de ahora, de este foro de la invención cuyo paso ostensible nos deja, porque nacimos en épocas en los que las cartas llegaban desde la guerra cuando su remitente había muerto; y como la muerte viaja rauda en cualquier tiempo, asistíamos enlutados a la esperanza de un cuerpo atrapado en el instante de esa escritura, bajo ropas mojadas aún, de la mano de

un lápiz entumecido por el frío. Hoy, la tecnología echa a andar sus mecanismos con nosotros dentro, sin sabernos perdidos. Nos llegan sus sones digitales, pero pasan de largo. Nuestros hijos, por su parte, son partícipes de una experiencia que desconocemos, y acaso desconoceremos para siempre, pues no llegaremos a atestiguarla. Sin embargo, lo que los padres creen poder controlar sigue bajo ese prisma subjetivo cuyas intenciones serán indiscutibles, pero cuyos medios u objetos en rigor soportan el balance. Y el libro está entre eso. ...la literatura hoy no es un peligro del que deban proteger a sus hijos; en una obra literaria todo está escrito en contexto... Cuando las personas se asumen lectoras, poco importa que lean o no. No podemos objetarlo ni porque lleven adelante una cruzada para censurar lo que sus hijos leen. Pero queda la duda, por el modo de concebir el hecho literario, de que sean lectores de Literatura, de ficción, de formas más auténticas de esa expresión que cuesta categorizar en un momento en el que todo parece tener el mismo valor: la alta literatura, el bestseller prefabricado y la autoayuda. El comportamiento lector en nuestro país repite equívocos que delatan la clase de formación lectora de sus interventores. El libro es más peligroso en tanto más lejos esté. Se teme, porque se desconoce su cualidad como portador de significados, atmósferas, situaciones que fuera de su ámbito carecen de sentido. Abrir la página de un libro al azar, encontrar una escena, escandalizarse con ella y lanzarlo al fuego son acciones que lo equiparan a construcciones explícitamente pensadas para la movilización de emo-

ciones fuera de contexto, como la pornografía. Y los criterios con los que pretendamos justificar, sustentar o imponer la validez de nuestra oposición, en esos casos, están tan desguarnecidos como aquellos que nos permiten suponer que los chicos navegan en un mar apacible por la web, haciendo sus tareas, cuando muy probablemente estén administrado los primeros aprendizajes de orden sexual ahí, con los montos correspondientes de extravío que llevarán a sus experiencias. Y a ello se suman contravenciones como la violencia en todas sus formas, y la destitución humana en todas las suyas. ¡Si los padres supieran que la Literatura permite acceder al complejo sistema del que forman parte el erotismo, la sensualidad, el lirismo, la fe, la filosofía, la pasión, la psiquis y todo lo que no soportan los otros formatos, con enorme cercanía a la fuente primera, al agua de verdad! No solo no la censurarían, sino que serían capaces —al abordar el hecho literario— de deponer algunos infalibles acerca de la verdad, las convicciones, la moral, el conocimiento, etc. Con Delirio las cosas terminaron así. Se autorizó, por cansancio, que los hijos de los padres que no deseaban que sus hijos leyeran la obra no la leyesen, tras una reunión de tres horas en la que la insistencia acerca del mal ejemplo que podía ser la descontextualización pudo empezar a dar frutos cuando los padres tuvieron que responder si serían capaces de autorizar que sus hijos leyeran una historia en la que un niño decide ser mordido por una serpiente, porque quiere morir. Un padre abrió los ojos y puso sobre la mesa el «no» más rotundo de esa mañana. Entonces sobre ese «no», pusimos al Principito, tan conocido por todos, afortunadamente, que ninguno se atrevería a censurarlo.

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fantasmas

Joce Deux Paúl Puma

C

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onocí a Jose Escobar (Guayaquil, 1982) cuando brindaba la cátedra de Guión para cine hace casi una década. Gran alumno, muchas nueces para ese ruido extraño y ajeno que era el amor por la cinematografía en una época en la que imperaba el vacío profundo en la producción nacional. Ahora parece que las cosas han cambiado. Sin embargo, después de esa elipsis de la vida, hemos compartido, a más del gusto por la escritura cinematográfica, también una límpida amistad y un vínculo con la poesía. Dicha amistad nunca fue obstáculo para detenerle cuando se predisponía a publicar precozmente. Jose esperó y esa espera ha rendido sus frutos inequívocos –démosle al tiempo lo que es del tiempo–. En Los fantasmas de Eva, el escritor, ya no el amigo, construye un inesperado marasmo de ángeles desengañados: «él tiene oro en sus bolsillos [como] un pescador ciego [que] saca de un charco / los huesos de su espejo». Espero que me dispense este intertexto: transtexto: ultraobjeto –como diría Ortega y Gasset en La deshumanización del arte en la segunda década del siglo XX, tan cerca, tan lejos– que únicamente pretende dejarse iluminar por la palabra repensada y sentida en los tuétanos del corazón del poeta –¿los corazones de los poetas tienen tuétanos?– o por esas imágenes que fragua desde la suspensión que implica reírse de sí mismo frente al desparpajo de la melancolía.

Hemos podido llorar de la misma ‘tinta negra’, Joce. Frente a los mismos ‘esferográficos’, Deux. La memoria es una «oruga que se arrastra / por un camino de sal» y cuán obsoleta se nos vuelve la propia eternidad. Esta es una pequeña edad estúpida que ni siquiera pretende comprender la poesía, Joce. Asistimos al imperio de la egolatría. La vanidad nos acosa desde los espejos virtuales de este mundo. De qué sirven los ultraobjetos cuando todo el mundo se maquilla y causa o se deja causar envidia en una red social, Jose. Esta es una edad tardía, no para Borges, ni siquiera para Macedonio Fernández: sólo, quizás, para esa obsolescencia del retorno a un remoto prado en Tokio Blues Norwegian Wood, de Haruki Murakami, o para ese bufonesco y mentiroso Nombre falso, de Ricardo Piglia: palimpsestos del oscurantismo, haces de luz frente a la desmesura tecnológica, frente a la cibernética de la ignorancia subsumida en esta filosofía sin filosofía.

Cuántos fantasmas has reseñado en tu libro sincero: «eres un piano en medio del bosque; / eres un predicador en medio de sordos; / eres un planeta en medio de la inutilidad». Acaso un pintor que pinta su marasmo, su anorexia extrema de falsos padecimientos morales, su liviandad anquilosada frente a la sombra del espejo de la carne. Aquel pintor que retrata sus ideas acerca de lo que pinta antes que pulirse en el retrato de aquello que no existe sino en la imaginación. Alfombras de qué. Pálidas dagas de quién, Joce. Jumping. Caída vertiginosa y dulce al resplandor del ojo íngrimo que se agita en la desolación: Eva: «la casa vacía»: aquella luz que se mastica: Eva: «la muerte es un error»: «los abrazos son otra manera / de poner minas en el destino»: Eva: «mis costillas / son la fragancia del sol»: «abrázame fuerte […] y recuéstame en tu vientre»: Eva: fantasmas. Sobre «un tablero vacío [aún palpita] la ficha que no existe». Oro fuimos y al oro volveremos, Joce Deux. «Abraza ese jardín». «Abraza ese jardín». «Abraza ese jardín».


casa nueva La

letanía de Eva I amanece y el serrucho corta al hueso mientras de mis cordones se abrazan las cenizas de un laberinto de hogueras

y no me dejes susurrar tu nombre sumerge mi voz en los boquetes de tus manos y líbrame de toda realidad ¡amén!

II ¡silencio!

los espejos engañan

¿escuchas?

esa fragancia que encarna mi rostro es un cenicero vacío donde se estrellan mis dientes

lejos de los paréntesis hurgando el ardor de la garganta el tren disforme se acerca con su sabor metálico

¿me ves sonreír? apaga las luces trapea el semen de los corredores pon hielo en mi vagina congela mi deseo mientras raptas el vaho de mis cajones y te largas de mi entrepierna padre mío que te escondes en mi útero escupo a tu nombre y al estupro que alimentaste en mis sábanas me arrodillo frente a la osamenta de tu divinidad y lamo todo lo que rasga al cielo incluso a los picos carroñeros que sostienen mis vellos púbicos entreverados en tu inmortalidad tus dedos masturban mi herida así como masturbé con mi fémur tus clavos dame el abismo de tu violento ritmo sobre mi cuerpo cuando muerda a los fetos de tu soledad

¡llévate al tren pero déjame las malditas rieles! ¡silencio! la distancia es un error los desfiles monótonos son un error la muerte es un error si tuviera un revólver dispararía a todos los espejos que me replican en el geriátrico de las almas ¿lo ves? es el vestigio de la fe que atraviesa el desierto de esta ciudad es el tren que se aleja y volverá en treinta minutos o treinta siglos paregóricos llevándose a la nada como pasajera ebria mis maletas están cubiertas de labial tengo el témpano de mis

lágrimas y los orgasmos que me has dado en el pálpito de tu ausencia yo soy la servil canaleta donde la humanidad se pierde has olvidado los fluidos en mi boca que adornaron una canica sin esencia tú la llamas ojo yo la llamo abismo ¡silencio! ¿alguien olvidó su puñal en el fondo de mi pecera? ¿acaso fuiste tú? ¿acaso me conoces o reconoces que no existí en las tribulaciones de tu noche? ¡silencio! ¿lo escuchas? es el sonido de la ausencia de un tren //////////////////////////////////////// es el sonido de la ausencia de mi voz /////////////////////////////////////// 37


anaquel Libros

Título: Política del poder financiero Autor: Alfredo Castillo Bujase Género: Ensayo Editorial: AH/Editorial Colección: Letras Año: 2013 Páginas: 519 «Este texto propone y activa una reconsideración política sobre la segunda posguerra mundial, algunas de sus raíces y el presente. Destaca factores que caracterizan al movimiento social hasta la actualidad. En él se amontonan siglos y avizoramientos de situaciones futuras. Un instante social, cualquiera sea su tamaño, contiene pasado y algo de consumación. Se acentúa el factor cualificador de esta época, el poder financiero». En Política del poder financiero se analiza el aparecimiento de otra polaridad y de redes internacionales, como el caso de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), y la amenaza a la paz mundial que motivó la dominación.

Título: La novelística de Eliécer Cárdenas Autor: Antonio Sacoto Género: Ensayo Editorial: Editorial ‘Alfonso María Arce’ de la CCE Cañar Año: 2012 Páginas: 166 «La obra narrativa de Eliécer Cárdenas abarca un período de cuatro décadas que empieza en 1971 con su colección de cuentos Hoy al general, hasta su más reciente novela El héroe del brazo inerte, 2013. Entre la primera y la última se escalonan una docena de novelas. Unas cimeras, como Una silla para Dios, Que te perdone el viento, Juego de mártires, El pinar de Segismundo y entre ellas, en la cúspide, Polvo y ceniza, una de las más hermosas novelas escritas en Ecuador y América Latina por las razones anotadas en el análisis: entreteje el mito y la realidad, la leyenda y la ficción, y amasa la arcilla de un héroe mítico, que roba a los ricos para aliviar la pena de los pobres. Es lograda en su arte narrativo por la viveza, austeridad y euforia narrativa».

Título: Acerca del hada y el hombre intenso Autor: Diego Oquendo Género: Poesía Editorial: Ediciones Libri Mundi Colección: Poesía Libri Mundi Año: 2013 Páginas: 230 «En Acerca del hada y el hombre intenso y otros poemas que iluminó el olvido, que nos da una visión integral de su trayectoria vital y lírica, Oquendo recupera los elementos esenciales de la verdadera poesía, aquella que destruye innecesarias y eruditas clasificaciones académicas y que se mantiene viva superando las modas pasajeras y el ineludible correr del tiempo: claridad y sencillez, cuidado y respeto por la palabra, ritmo interior, profundidad y una permanente emoción. No es una poesía hermética, cerrada, oscura y fría, que termina convirtiéndose en un inocuo e indescifrable juego de palabras. No. Constituye una conmovida reflexión, visible en las distintas etapas de temas trascendentes que han desconcertado y desgarrado al hombre».

Literatura y Justicia

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El Consejo de la Judicatura, a través de la Escuela de la Función Judicial, ha publicado las tres primeras obras de la colección Literatura y Justicia. Se trata de los textos El diario de un médico loco, de Leónidas

Andreiev; Un hombre muerto a puntapiés, de Pablo Palacio, y Yo acuso, de Émile Zola. Un hombre muerto a puntapiés es un relato de humor negro. Considerado como una obra pionera de la vanguardia latinoamericana, fue publicado en 1926 y cuenta con el prólogo de Íñigo Salvador Crespo; el Diario de un médico loco es una novela que narra la historia del médico Antonio Ignacio Kerjentzef, quien da fe de los asesinatos que sistemáticamente va cometiendo con sus pacientes, el prólogo fue escrito por Óscar Vela Descalzo; y Yo acuso tuvo como origen un error judicial, sobre un trasfondo de espionaje y antisemitismo, en el que la víctima fue el capitán Alfred Dreyfus (1859-1935), el prólogo corresponde a Fernanado Tinajero.


cuento

El último

deseo María Gabriela Borja

D

é de Nadie es un hombre triste, uno de esos ejemplares que pasan inadvertidos por todos lados. Su presencia siempre es ignorada, ni siquiera repudiada, simplemente es como si no existiera. Viste de negro, pero ni eso contribuye a atraer la atención de los otros. Sale de su casa temprano, camina durante una hora, regresa, se prepara su desayuno y toma una ducha. Luego va a su oficina en el periódico menos leído de la ciudad y se queda trabajando hasta muy entrada la noche. Luego, Dé de Nadie escribe cuentos en el Mayo del 68. Se sienta en un rincón cerca del baño y otea la pista, la euforia, las parejas, esas viejas circunferencias mágicas que cuelgan del techo y el retrato de Marilyn Monroe sonriendo eternamente. Dé no acostumbra frecuentar otros sitios. Persigue obsesivamente el abstruso lugar que acoge su esqueleto noche a noche, a la espera de escribir en su libreta las ansiadas palabras que lo llevarán a la fama. El cuarentón ya no tiene otro sueño. A todos los fue asesinando entre borracheras y entrepiernas de alquiler. Su esposa lo dejó una mañana de abril sin más explicación que el tedio. Recogió sus escasos haberes

y se fue llorando, seguramente por lástima hacia aquel hombre derrotado, infeliz, lleno de complejos y promesas incumplidas. Desde entonces, Dé no abandona su libreta. Se refugia en ella como un asceta en el templo para acariciar el opio de la redención. Dé no tiene amigos, nadie lo soporta. Existen personas que nacieron para pasar desapercibidas entre las demás. Son como el patito feo pero sin hada madrina. Dé pertenece a ese grupo. Dé de Nadie salta inesperadamente a bailar frente al cuadro de Marilyn. La gente ríe, lo creen ebrio. El negro de la consola programa ritmos frenéticos para avivar la sangre del hombre que se desnuda mientras mueve mal su cuerpo avejentado, simulando pasos seductores. Todos rodean a Dé y hasta la sonrisa de Marilyn parece más amplia. El dueño del bar se aproxima y susurra algo en su oído. De pronto, el viejo escritor desconocido se detiene, vuelve a tomar su libreta y apunta dos o tres líneas más. Bebe la última copa de aguardiente, se dirige al baño y tira varias veces de la manija. La fiesta continúa en el Mayo del 68. A nadie le preocupa la ausencia de Dé. Ninguna persona se sorprende al no encontrarlo en

el lugar habitual. Nadie intenta ir hasta el baño para saber si le ocurre algo. Nadie lo extraña y nadie lo hará porque Dé siempre ha estado solo. La música sigue resonando en el local, las parejas bailan, se besan, los ebrios gritan putamadrazos, los mirones se deleitan con los traseros de las mulatas que colman la pista. Todo sigue su curso hasta que un grito suspende el jolgorio. Cansado de esperar, un hombre ha forzado la cerradura del baño y encuentra a Dé, que yace muerto, ahogado en su mierda, con la libreta hecha ciscos y la foto de su ex esposa pegada en el espejo.

María Gabriela Borja Quito, 1973. Bibliotecología y editora. Trabajó como coordinadora de proyectos de participación con el Centro de Documentación de Naciones Unidas Ecuador. Fue editora de la CCE y bibliotecaria de la Universidad San Francisco. Cuentos, artículos y ensayos suyos han sido publicados en revistas como Artes, de diario La Hora, Arca, La Casa, entre otras.

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Texto y fotos: Patricio Herrera Crespo

Cuba Bienvenidos del

Zuleica Romay Guerra, directora de la Feria.

hermanos Zuleica Romay Guena

H

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ace tiempo, mucho tiempo, una estrella cayó en la mitad del mundo. Su calor hizo crecer árboles altísimos llenos de verdor, esparció tierra hasta formar montañas coronadas de nieve y, más allá de la costa, enhebró islas de prodigiosa belleza. Las guacamayas y las serpientes compartieron refugio y de ellas nacieron hombres y mujeres de tersos cabellos y rostros hermosos. Eran gente de trabajo, alegre en la celebración de las cosechas y fieras en la defensa de su tierra y de sus hijos. Resistieron durante muchos años la invasión del poderoso imperio de los incas, y aunque derrotados militarmente por los ejércitos de Aragón y Castilla, no pudieron ser

Delegación de la CCE junto a la directora de la Feria, Zuleica Romay, y el embajador del Ecuador, Édgar Ponce.

vencidos, pues preservaron varias de las lenguas antiguas, sus artes curativas, la belleza de sus manualidades, su mágico saber para labrar la tierra, leer en los astros, preparar los alimentos, y convertir la cultura del maíz en signo identitario. La Pacha Mama amparó a los africanos que fueron esclavizados por los depredadores de los pueblos originarios, y acogió como hijos a hombres y mujeres de todos los continentes. Les hizo amar sus sierras, sus costas y la majestuosidad de sus selvas, amalgamando tradiciones y saberes en el arcoíris cultural que constituye hoy la nación ecuatoriana. Un país cuya literatura, música, artes escénicas y visuales tendremos la oportunidad de co-

nocer mejor, gracias al esfuerzo de casi un centenar de miembros de su vanguardia intelectual y artística. El siglo XXI ha concedido a los pueblos de América Latina y el Caribe la oportunidad de fraguar una nueva época, una era de cambios entre los cuales la revolución ciudadana liderada por Alianza País ejemplifica cuánto puede hacerse por nuestra definitiva emancipación, legitimando el Buen Vivir frente al egoísmo y la voracidad de un modo de vida que se devela decadente. Ecuador ama la vida; por eso prodiga amor a manos llenas. ¡Bienvenidos, hermanos del Ecuador a esta tierra que les quiere y les admira, agradecida de su nobleza y su solidaridad! (Extracto).


actualidad

Ricardo Patiño

Miguel Díaz-Canel, vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, y el canciller Ricardo Patiño recorren los stands de Ecuador.

E

l presidente Rafael Correa me ha pedido que les ofrezca respetuosas y sinceras disculpas por no haber podido, como hubiera querido, estar presente en la XXIII Feria Internacional del Libro en Cuba, celebrada del 13 al 23 de febrero en La Habana. Y me ha recomendado la tarea de transmitirles algunas ideas con motivo de este prestigioso evento de relevancia mundial, que ha honrado al Ecuador al nombrarlo su invitado de honor, distinción que agradecemos profundamente. Promover el hábito de la lectura constituye una obligación por la que debemos seguir luchando, por la conservación de la libertad. Simón Bolívar sostenía en uno de sus discursos en el

año de 1819 que «por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza y que un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción», posteriormente y también nutrido con esta misma concepción, José Martí diría que «aprender a leer es aprender a andar». Es un honor visitar tierra tan heroica como la cubana, sitio de míticos personajes como Martí, Fidel, Raúl, Camilo, el Che, por mencionar sólo algunos de una extensa lista de valiosísimas figuras internacionalistas, hombres y mujeres que han dado su vida por un mundo más justo, por la emancipación de los pueblos por los yugos coloniales, las y los cubanos, a propósito del motivo que hoy nos convoca, tienen muy cla-

ro que la lectura tiene como motor inspirador dichas luchas. En tiempos actuales muchas sociedades nuestras empiezan a descuidar la importancia del hábito de la lectura, al centrarse en un consumismo banal, sociedades que han olvidado que sin la lectura de los libros, la gente deja de discutir ideas y compartir sentires. El reconoci-

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do politólogo italiano Giovanni Santori, en su libro Homo Videns. La sociedad teledirigida advierte acerca de los peligros que acarrea para estas sociedades el alejamiento de la lectura, vacío ocupado por el entretenimiento trivial y teledirigido, cuando esto sucede la ciudadanía pierde su capacidad de abstracción y con-

secuentemente se enajena de su naturaleza creadora, transformadora, política. Con motivo de esta feria, Ecuador asistió con 47 escritores, un extraordinario grupo de artistas y artesanos artífices que fueron parte de nuestro stand. Para alcanzar el desarrollo nacional, nuestro país promueve la construcción de espacios públicos que generan un intercambio de saberes interculturales, ustedes vieron acá una

«Promover el hábito de la lectura constituye una obligación por la que debemos seguir luchando (...), sin la lectura de los libros, la gente deja de discutir ideas y compartir sentires».

Grupo infantil La Colmenita de Cuba.

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Banda Mocha del Juncal y sus instrumentos autóctonos.

expresión de la interculturalidad artística ecuatoriana, dicho plan también pondera la integración latinoamericana. Ecuador cree firmemente que en la diversidad cultural se halla la capacidad de aglutinar fuerzas en pos de cultivar el desarrollo de nuestros pueblos en la arena nacional e internacional. Afortunadamente la región ya cuenta con un mecanismo de integración política: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), esta comunidad podría, en un futuro y a la luz del motivo que nos convoca en esta ocasión, diseñar, construir y proyectar la economía creativa, indispensable para nuestro digno futuro del Buen Vivir. Vendrán otras cumbres, ojalá en alguna de ellas nos reconozcamos también como una región de apasionados por la lectura, que viva Cuba y que viva el Ecuador. (Extracto de la versión en YouTube).

Karla Kanora, Mariela Condo, Mirela Cesa y Benjamín Vanegas deleitaron con música ecuatoriana.


Roberto Fernández

Retamar

presentó el libro

Ecuador: de Banana Republic a la No República

C

onstituye un alto honor para la Casa de las Américas que su Fondo Editorial haya publicado, con la colaboración del fraterno Instituto Cubano del Libro, De Banana Republic a la No República, del presidente de Ecuador, el compañero Rafael Correa. La Casa de las Américas edita sobre todo libros literarios, varios de los cuales, también de autores ecuatorianos, se presentan en esta Feria dedicada al país hermano. Pero además de libros literarios, la Casa edita otros como los de la colección Pensamiento de nuestra América, el más reciente de cuyos títulos es una selección de Escritos históricos del prócer Eloy Alfaro, realizada conjuntamente con una institución ecuatoriana. Y el libro que hoy presentamos aparece en otra de nuestras colecciones, Estudios monográficos. Por distintas vías nos proponemos dar a conocer la más sobresaliente creación intelectual, tomado el término en sentido lato, de los países de la América Latina y el Caribe.

Roberto Fernández Retamar y Ricardo Patiño.

El libro que hoy nos reúne parte de la experiencia ecuatoriana pero, como señala Aurelio Alonso en el prólogo a esta edición cubana, desborda ese horizonte, y es válido también para las demás repúblicas de nuestra América, felizmente reunidas ahora en la Celac, e incluso para el resto de los países no hegemónicos, subdesarrollados, lo que se dio en llamar el Tercer Mundo, y ahora se conoce sobre todo como el Sur. Los acuciantes problemas que confrontan esos países no son sólo de naturaleza política, sino, en medida muy apreciable, de naturaleza económica. Por lo que quienes pretendan comprender a tales países deben conocer esos problemas a la luz de la economía. Esto me recuerda que durante el congreso de escritores y artistas que se celebró en La Habana a mediados de 1961, Alejo Carpentier dijo en un discurso que nos hubiera hecho falta un Rodó que supiera economía, y cuando le trasmití la opinión a Ezequiel Martínez Estrada, éste me

dijo que ya existió, y fue José Martí. En efecto, desde sus tempranos textos mexicanos, pero básicamente en las crónicas que el cubano escribió sobre (contra) los primeros congresos panamericanos, se puso de manifiesto su conocimiento de cuestiones económicas, ignorando las que no se podían entender los hechos políticos; en su caso, las futuras intervenciones del imperialismo en nuestras tierras. Otro magno ejemplo de revolucionario político con amplias preocupaciones y amplios saberes económicos lo ofrece el Che Guevara, que ha sido objeto de valiosos estudios. Sin duda, valga repetirlo, es imprescindible cierta familiaridad con nociones de economía para entender cabalmente los problemas que confrontamos. Esos problemas tienen que ver en gran medida con lo que el presidente Correa llama en su obra «la larga y triste noche neoliberal», que tanto daño ha hecho en nuestros países (y en otros), y por desgracia no ha concluido aún. Uno de los muchos méritos del libro que hoy se presenta es la voluntad de su autor de hacer asequibles al lector no especializado los temas que aborda, valiéndose con frecuencia de comparaciones sencillas para que dicho lector pueda captar la esencia de cada planteamiento. Ello sin afectar el rigor en aras de la claridad, y enfatizando el rechazo de nociones como la supuesta mano invisible del mercado que se remonta a Adam Smith y que ha encontrado tenebrosos defensores en estos años. Un gran dirigente político de América y el Caribe, que es también un gran economista, pone así a nuestra disposición un texto que de seguro encontrará nuevos lectores agradecidos a quienes va a estimular y dar razones para defender las más nobles causas del momento. Gracias al compañero presidente de Ecuador por este invaluable obsequio.

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memoria

‘L

eer es crecer’ fue el lema de la XXIII Feria Internacional de La Habana que se realizó en febrero de este año en la que Ecuador fue invitado de honor, y que fue abierta con las palabras de Zuleica Romay Guerra, directora de la Feria y presidenta del Instituto Cubano del Libro, quien manifestó que para esta feria el sistema editorial y la industria poligráfica cubanos han producido más de 800 nuevos títulos y 2 millones 900 mil ejemplares que constituyen novedades editoriales, entre ellos varias colecciones de textos en formato digital y una creciente producción de multimedias y audiolibros. La oferta editorial totaliza más de 2.000 títulos y 4 millones de

Patricio Herrera Crespo, Raúl Pérez Torres, Abel Prieto, Zuleica Romay y Antonio Preciado.

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Suscripción del Convenio de cooperación interinstitucional cultural y de comunicación entre la UNEAC y la CCE.

ejemplares que estarán presentes en todas las ferias del país. La Feria estuvo dedicada a la escritora Nersys Felipe Herrera y al historiador Rolando Rodríguez García, y se recordó los 200 años de nacimiento de Gertrudis Gómez de Avellaneda. El acto de inauguración fue presidido por Miguel Díaz-Canel, vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, y por el canciller ecuatoriano Ricardo Patiño, quien saludó a nombre del señor Presidente de la República a tiempo de agradecer al pueblo de Cuba por el nombramiento de País Invitado (nota adjunta), y por el intelectual Roberto Fernández Retamar, quien presentó el libro Ecuador: de Banana Republic a la No República (texto aparte). Sobre 168 mil metros cuadrados se asienta la fortaleza San Carlos de La Cabaña entre el mar

Millones de personas visitaron la Feria.

Comisión ecuatoriana de bienvenida a los visitantes de los stands.


Caribe y La Habana Vieja. Este complejo militar que se terminó de construir en 1774 y que sirvió de comandancia de Ernesto Che Guevara desde 3 de enero hasta el 26 de noviembre de 1959 al triunfar la Revolución, en febrero de este año fue ocupado por la XXIII Feria Internacional del Libro. La Feria permaneció en este recinto hasta el 23 de febrero y desde esa fecha comenzó a recorrer Cuba hasta el 9 de marzo, por lo que bien podemos decir que la Feria es de todo el país. Se calcula que 3 millones de personas visitan la Feria y que alrededor de un millón compran libros.

Delegación de la CCE

La delegación de la Casa de la Cultura, integrada por Raúl Pérez Torres, Gabriel Cisneros y Patricio Herrera Crespo, presidente, vicepresidente y director de Publicaciones, cumplió una amplia agenda que se inició con una reunión con los directivos de Casa de las América, entidad con la cual tiene un convenio de cooperación editorial que se ha traducido en la publicación de dos libros Premio Casa de las Américas 2013, la coordinación para la publicación de libros ecuatorianos para la Feria y la publicación de dos libros de teatro que serán presentados en mayo en la reunión internacional que se efectuará en La Habana. En ésta y en una reunión posterior se resolvió conseguir que se

ceda a la CCE los derechos de autor para publicar las obras de Carilda Oliver, una de las más grandes poetas cubanas, de Leonardo Padura (Ensayos) y de Frei Beto, grandes intelectuales latinoamericanos que serán publicados para el Ecuador por la CCE. Además, existe la posibilidad cierta de que el Ballet Nacional de Cuba se presente en el Teatro Nacional de la CCE, en agosto, por los 70 años de la CCE, o en una fecha por definir, para lo cual se realizaron las primeras gestiones.

Convenio

La CCE suscribió un convenio marco de cooperación interinstitucional con la Asociación de Cine, Radio y Televisión y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), con la finalidad de desarrollar acciones para el intercambio cultural mediante el cual se pondrá a disposición de la CCE artistas de alto nivel para la inserción en programas de capacitación en el ámbito de Cine, Radio y Televisión.

En la Feria

La presencia de la Casa de la Cultura se vio reflejada en la Feria con la exhibición de 90 títulos de su proyecto editorial como parte del stand de Ecuador. Asimismo, la presentación y distribución de la revista de arte y cultura Casapalabras (Nº7) que edita la CCE y que fue muy bien recibida y elogiada. Igualmente, la delegación participó en la presentación de libros editados por la CCE, entre estos, Saberes y tecnologías ancestrales, de María Eugenia Paz y Miño; A mi lindo Ecuador, de José Regato; y, Ángel sin misión, de Jorge Dávila Vásquez. La delegación participó también en el acto inaugural en el que se presentó la obra del Presidente de la República, Rafael Correa Delgado, Ecuador: de Banana Republic a la No República. Igualmente, en la

Stand de libros con la revista Casapalabras.

presentación de los libros de autores ecuatorianos editados en Cuba: Geografías torturadas, de María Fernanda Espinosa; Selección poética, de César Dávila Andrade; Con todos los que soy, de Antonio Preciado; Páginas escogidas, de Pablo Palacio; Los últimos hijos del bolero, de Raúl Pérez Torres, entre otros. Raúl Pérez Torres asistió a la reunión de la Red Mundial de Intelectuales por la Paz, en la que se suscribió una declaración de solidaridad con el Gobierno Bolivariano de Venezuela, y fue invitado a participar, junto con Frei Betto y Stella Canerú, representante de las Madres de la Plaza de Mayo, en la Mesa Redonda televisada sobre cultura y derechos humanos en nuestra América. El Presidente de la CCE también fue entrevistado por radios y TV cubanas y por grupos de jóvenes. Los cubanos aman los libros.

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Libros

ecuatorianos para la CASA DE LA CULTURA Eloy Alfaro y Cuba en el siglo XIX Germán Rodas Saberes y tecnologías ancestrales María Eugenia Paz y Miño Ángel sin misión Jorge Dávila Vásquez A mi lindo Ecuador (Décimas) José Regato Domingos sin Dios Luiz Rufato (Brasil) Pujato Gabriel Cortiñas (Argentina) Revista Casapalabras # 7 Publicaciones- CCE 90 títulos para exhibición en el stand de Ecuador

CASA DE LAS AMÉRICAS Ecuador: de Banana Republic a la No República Rafael Correra Delgado Los últimos hijos del bolero Raúl Pérez Torres Escritos históricos Eloy Alfaro La madriguera Abdón Ubidia Páginas escogidas Pablo Palacio Poesía escogida Jorge Carrera Andrade Trasplantados Benjamín Carrión Leonor Jorge Donoso Pareja Malabares en su tinta Iván Égüez

OTRAS EDITORIALES DE CUBA Selección poética (Editorial Oriente) César Dávila Andrade Pubis equinoccial (Editorial Arte y Literatura) Raúl Vallejo Con todos los que soy (Ediciones Matanzas) Antonio Preciado

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Presentación del libro Con todos los que soy, de Antonio Preciado.

Caridad Tamayo presentó el libro de Raúl Pérez Torres, Los últimos hijos del bolero.

Abel Prieto y Zuleica Romay presentaron el libro de María Fernanda Espinosa, Geografías torturadas.

La escritora Marilyn Bobes en la presentación del libro Saberes y tecnologías ancestrales, de María Eugenia Paz y Miño.

Raúl Pérez Torres presentó el libro Páginas escogidas, de Pablo Palacio.

Gabriel Cisneros durante la presentación del libro de décimas de José Regato A mi lindo Ecuador.

El poeta Jesús David Curbelo presentó los libros Selección poética, de César Dávila Andrade, y Ángel sin Misión, de Jorge Dávila Vásquez.

El Ballet de Cuba se presentaría en el Teatro Nacional de la CCE según las primeras gestiones realizadas con Miguel Cabrera, historiador del Ballet de Cuba

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de los

L

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a Cinemateca y los jóvenes cortometrajistas proponen para este año la proyección más amplia y sin restricciones de cortometrajes que pocas veces encuentran escenario para su exhibición. El último lunes de cada mes, a partir del 31 de marzo, proyectaremos cortos por temas, autores, tendencias, formatos, etc. En una tanda llamada: El regreso de la noche de los cortos. Y los días sábados, a mitad de mes, en la sala número 2, quienes tengan un cortometraje podrán exhibirlo personalmente en la tanda abierta denominada: La sala de los cortos vivientes. A fines de siglo XX el cortometraje adquirió una entidad particular. Su producción creció y el acceso a nuevas tecnologías para su difusión evolucionó a un género que se caracteriza por su mínima duración y una enorme capacidad didáctica; quizás la única escuela libre con permiso de riesgos para los interesados en demostrar un estilo y una particular forma de relatar historias a través de las imágenes. Confiar presupuestos elevados a

Wilma Granda Noboa quien no cuenta con experiencia es un riesgo que no corren los productores. Y tampoco las salas de cine. Ésta, otra razón para que el corto se convierta en el paso obligado no solo para los directores ‘reconocidos’ que antes no lo fueron, sino, sobre todo, para los que aún no lo son. Incluso para aquellos que hacen cortometrajes por el puro placer de entregar una historia bien contada y en pastilla, como un poema haiku. Nuestro país con producción escasa e intermitente, hasta antes del 2007 tuvo en el cortometraje casi la única carta de presentación de una cinematografía artesanal que, en su momento, hizo lo urgente: cortos de enfoque social y pocas ficciones inducidas casi siempre por el mercado. La fortaleza del largometraje documental ecuatoriano, antes y ahora, es el resultado de las posibilidades propuestas en el cortometraje. Los actuales largometrajes de ficción también deben a los cortos el acopio de evidente renovación. Las nuevas maneras de acceder y visionar cortometrajes en internet permite que, conocidos o no, en Ecuador todavía el corto-

metraje siga siendo expresión de la gente más joven, de cinematografistas iniciales que se arriesgan y hasta podrían convertirse en los futuros garantes de una producción sostenida y novedosa, inusitada y fuerte, como se prevé, desde el año 2006, con la aprobación de la Ley de Cine y la creación del Fondo de Fomento a la producción que entrega el Estado a través del CNCine. Cineastas ecuatorianos reconocidos como Sebastián Cordero, Tania Hermida, María Fernanda Restrepo, Carla Valencia, Pocho Álvarez, Mateo Herrera, Javier Andrade, Víctor Arregui, Wilson Burbano, Fernando Mieles, Miguel Alvear, Yanara Guayasamín, Juan Martín Cueva, y un largo etcétera, incursionaron antes en cortos. Y los que aún no están en salas y son nombres totalmente nuevos, desde hoy podrán encontrar una sala dispuesta a exhibir sus cortos, sin restricciones y sin censura previa, oxigenando una programación pensada y aportada desde los interesados; ellos serán quienes decidan qué proyectar en la sala de cine Alfredo Pareja de la CCE.

Anagrama, Santiago Singo.

sala cortos vivientes La


escaleta Entonces, vientos verdaderamente jóvenes se expresarán en un escenario donde podamos saludar a futuros cineastas y a los que tampoco quieran serlo. Otorgando, eso sí, real reciprocidad a los esfuerzos de quienes desean expresarse a través de los cortos cinematográficos. Uno de los responsables de la iniciativa conjunta, Wílmer Pozo, acopia un centenar de cortos ecuatorianos en su portal web Oniricosis, Laboratorio Audiovisual. Cuando promueve en redes sociales esta propuesta dice: «Saludos gente, quiero adelantarles y contarles que pronto habrá un espacio ya existente: ‘Sala de cine’, donde vamos a poder pasar todos sus trabajos en ciclos de dos proyecciones mensuales, lo hecho bestia de este proyecto es que todo cortometraje en su máxima y mínima expresión, profesional o amateur, va a ser exhibido, eliminando la censura, las convocatorias y sus curadurías, y apoderándonos de un espacio que se llenará de sus trabajos. ¡¡Así que tengan listos sus cortos que ya tenemos sala de cine para llenar a Quito de cortos!!». Más de seiscientos cortos del acervo de la Cinemateca y otro centenar de Oniricosis nutrirán la programación de los lunes de fin de mes: El regreso de la noche de los cortos. Y con el corto que usted pueda traernos para exhibir personalmente, en la tanda de los sábados a mitad de mes y a partir de abril, que se llamará La sala de los cortos vivientes, no solo democratizaremos la difusión sino, además, incrementaremos el acervo de la Cinemateca para las presentes y futuras generaciones. El corto sigue siendo la mejor escuela para el joven que se arriesga y, muchas veces, de manera no convencional. La ilusión y confianza, la seguridad que ponga en su preparación y trabajo, será lo único

que deba tener claro para ser protagonista de estas tandas de cortos. A partir del 30 de marzo el respaldo a la iniciativa será la presencia siempre grata del público, en

apoyo a la mejor escuela del cine ecuatoriano: el cortometraje. Información e Inscripciones: gestión.cinemateca@casadelacultura.gob.ec, oniricosis@hotmail.com

T.A.T., Wílmer Pozo.

Tierra, Juan Pablo Toledo.

Eustace, Jairo Guerrero.

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PATRIMONIO BIBLIOGRÁFICO INCUNABLE, ANALIZADO POR EXPERTA FRANCESA La especialista francesa Delphine IdouxThiebauld dictó una conferencia sobre el ‘Patrimonio bibliográfico incunable’, en la sala ‘Jorge Carrera Andrade’, de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. La disertación fue organizada por la Biblioteca Nacional del Ecuador Eugenio Espejo, con motivo de la conmemoración del Día del Bibliotecario Ecuatoriano, así como el aniversario del natalicio del Dr. Eugenio de Santa Cruz y Espejo, primer bibliotecario y gestor de la Biblioteca Pública de Quito. En la conferencia la experta, quien trabaja en la Biblioteca André Malraux, de Strasbourg, Francia, abordó temas referentes a la historia del libro, la conservación de fondos patrimoniales y el manejo y responsabilidad de las bibliotecas que poseen este tipo de fondos. El evento fue replicado en la Biblioteca de la Casa de la Cultura Núcleo Loja.

UN PROYECTO CON ESPE

RANZA

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Esperanza y alegría son las pal abras que podrían sintetizar el proyecto interinstitucional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y el Ho spital de Especialidades Eugenio Espejo , de articular esfuerzos conjuntos par a presentar actores culturales que lleven ale grí a a los pac ien tes . Esto nace de una propuesta del Departamento de Comunicación del Hospital que, según las palabras del vic epresidente de la CCE, Gabriel Cisneros, enriquece la gestión de la Casa y la sensibiliza, porque los actore s culturales se relacionarán con niños que no han podido tener una niñez normal y con ancianos cuya memoria es par te de los imaginarios de nuestro pueblo. Este podría constituirse en un pro grama piloto que podría ser rep lica do en otros espacios con los mismos objetiv os: dar alegría y esperanza.


ANA PREMIO JORGE FRANCO G MUNDO DE AFUERA ALFAGUARA POR EL

lardonado o Jorge Franco fue ga an bi m lo co r ito cr es El dotado ara de Novela 2014, gu fa Al io em Pr II con el XV artín Chirino, y una escultura de M con 175.000 dólares bajo el título de afuera, presentada o nd mu El ra ob la r tonio po y con el seudónimo An e bl ma do in o tru ns Aquel mo e empieza es una tragicómica qu Benjamín. La novela una película das y termina como ha de to en cu un o m co ín de los crimen en la Medell un ta tra Re o. in nt ra de Ta imo mes en en simultáneo el próx setenta y será editada Una de las s de América Latina. España y en 19 paíse as. anco fue Rosario Tijer novelas cúspide de Fr manuscri2 87 o han recibid se ria ato oc nv co ta En es ás participate en la edición con m tos, lo que la convier l Premio. ción en la historia de

INSTRUMENTOS MUSICALES Y CONCIERTOS DIDÁCTICOS Una serie de conciertos didácticos realizó la Camerata de la CCE, bajo la dirección de la profesora Cecilia Tapia en coordinación con el Museo de Instrumentos Pedro Pablo Traversari. En estos conciertos se utilizaron algunos instrumentos que entraron en proceso de restauración. Previamente al concierto se daba una charla didáctica sobre la música que iba a ser interpretada, de autores como W. Mozart, Vivaldi, Borodin, Bach, Manuel de Falla, Piazzola, Gerardo Guevara, etc., y sobre los instrumentos como la flauta, el violín, el piano, el violonchelo, el contrabajo y la viola. El Museo ha enviado a reparación los siguientes instrumentos: Violín Philomene, Anónimo, Inglaterra–XVIII; Flauta James Wood e hijo, Anónimo, Inglaterra–1820; Spineta, Anónimo, Italia–XVIII; Virginal, Anónimo, Ecuador–XVII y XVIII; Guitarra, Juan Pagés, Cadiz–XVIII; Viola D’amore, Camilo Mondelli/Gece, Italia–XIX.

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Publicaciones de la

Título: Ángel sin misión Autor: Jorge Dávila Vásquez Género: Cuentos Editorial: CCE Año: 2014 Páginas: 192

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«Los cuentos de Jorge Dávila Vásquez, así como lo confirman los textos que integran esta selección personal, son la evidencia de una vida consagrada al oficio de escribir: un oficio, o mejor sería decir, una pasión en la que Dávila ha sabido jugarse, como todo buen creador, por completo. Las suyas, desde lo que es su primer libro, son historias en las que de manera estratégica y siempre sutil, exploran los meandros de la memoria, este territorio que no sólo se sostiene, en el caso de algunos cuentos, en la mera reconstrucción de lo que ha significado la experiencia de la vida».

Título: El demonio en el fondo de los ojos Autor: Antonio Ordóñez Género: Poesía Editorial: CCE Año: 2014 Páginas: 96 «La poesía es tiempo y arde», nos dice Octavio Paz y Antonio Ordóñez continúa, desde hace cincuenta años, alimentando esa hoguera, para que siga ardiendo, para que siga testimoniando el temblor de los sentidos, la metáfora del tiempo, el demonio que habita en el fondo de los ojos para agitar el poema, para mantenerlo vivo, para combatir y para reinventar la felicidad. Aquí, la poesía es como un leve viento que socava la memoria, que se introduce por las esquinas del ser humano, que acaricia sus vertientes, sus nostalgias, que critica con fuerza contundente la perversidad del tiempo, que denuncia los temblores de la patria, el despojo global, el fraude, las últimas patadas del imperio, esa infelicidad que recoge la tristeza de los hombres».

Título: Amorfino, canto mayor del montubio Autor: Wilman Ordóñez Iturralde Género: Ensayo Editorial: CCE Año: 2014 Páginas: 236 «La publicación de esta tercera edición de Amorfino, canto mayor del montubio, es una necesidad social de revaloración del arte oral del pueblo del Litoral y sus diversas expresiones literarias. Una revaloración que va más allá de la simple y esencial representación. Tiene que ver con un tiempo de profundos cambios socioculturales y políticos que vivimos en el Ecuador en estos tiempos de modernidad asistida. Así, asistimos hoy a reconocer la cultura del montubio desde el amorfino. Más que un canto, una filosofía. Más que un arte, un escondido, de su manera de vivir y protestar».

Título: Suárez Autor: José Suárez Abril Género: Arte Editorial: CCE Año: 2014 Páginas: 234 «Suárez agrupa las creaciones pictóricas de tres artistas unidos no solamente por un estrecho y profundo lazo familiar, sino también por un invisible rasgo de ternura y sentido estético. Ellos son Francisco Suárez Torres y sus hijos José y Santiago. Cada uno de ellos con una presencia propia, pero retratando siempre no sólo lo visible del ser humano, sino aquello que lo trasciende y lo marca. Así por ejemplo, los rostros musicales, profundos y sabios, es decir, cargados de expresividad, con una cromática violenta y refulgente, rostros sin tiempo, acompañados de un objeto significativo, o simplemente un rostro captado en el momento de la reflexión o de la melancolía, o quizá del asombro y la duda».


Próximas

Publicaciones Colección

Casa Nueva

Colección

Poesía

Otros títulos

Colección

Esenciales

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tributo

C

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aía la noche en México y en España avanzaba la madrugada cuando Paco de Lucía dejó de existir. La una le dio el amor, la otra el flamenco. Fue el 25 de febrero de 2014 cuando Paco falleció a consecuencia de un infarto cardíaco, en la ciudad mexicana de Playa del Carmen, en el estado de Quintana Roo. Mientras esperaba a un amigo, jugaba al fútbol con su hijo menor, Diego, de siete años, cuando de repente, paró el juego y le dijo a su mujer: «Gabriela, llévame al hospital que tengo un frío muy raro en la garganta». En el área de Urgencias del hospital de Yucatán todo fue muy rápido. Así, sin más, sufrió un infarto masivo fulminante y perdió el conocimiento para siempre. Amaneciendo en Madrid, Miguel Ángel Arenas, ‘Capi’, productor del guitarrista, lanzó una frase en Twitter: «Ha muerto Paco de Lucía. DEP». Paco había dejado de fumar 20 días antes de su muerte, después de años de haber consumido dos paquetes diarios. Tomó la decisión tras la muerte de su amigo  Félix Grande (poeta y flamencólogo). Y decidió hacer deporte, cuando ese frío en la garganta le heló el corazón para siempre. Artistas como el español Diego ‘El Cigala’ se declaró «destrozado» por la muerte del guitarrista, cuyo fallecimiento «deja mudo al flamenco», según el intérprete, que ha añadido que «no se ha ido parte de la historia, se ha ido el flamenco». Por otra parte, el músico Kiko Veneno señaló que Paco de Lucía «ha sido el máximo difusor de la música española, pero al mismo tiempo creador (...), es seguramente el músico más talentoso que ha habido en España en estos últimos 50 años». Paco, un hombre tímido, bromista, anárquico y sencillo, gran aficionado al buceo y la pesca submarina, solía pasar largas temporadas en su casa de Cancún, que estaba llena de muchos olivos y donde colocaba

una toalla sobre las cuerdas de la guitarra para poder tocarla sin despertar a su mujer e hijos cuando dormían. Payo de nacimiento, pero gitano de alma, Francisco Sánchez Gómez (su verdadero nombre) aprendió a rasgar la guitarra por pura necesidad, al mismo tiempo que empezaba a hablar, cuando vivía en el barrio caló de Algeciras, La Bajadilla. «Estábamos hambrientos y mi padre no sabía qué hacer para sacarnos adelante», solía contar. «Los flamencos, como todos los músicos de las músicas de raíz, siempre hemos tenido la nevera vacía». Entre gira y gira, ya con la nevera llena, el guitarrista se fue consagrando como un músico universal. Discípulo de Niño Ricardo y de Sabicas, y respetado por músicos de jazz, rock y blues por su personal estilo, logró, entre otros muchos reconocimientos dos premios Grammy latinos por sus álbumes ‘Cositas buenas’ (2004) y ‘En vivo Conciertos España’ (2010), el Premio Nacional de Guitarra de Arte Flamenco, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1992), Hijo predilecto de la provincia de Cádiz (1997), Hijo predilecto de Algeciras (1998), la Medalla de Plata de Andalucía, la Distinción Honorífica de los Premios de la Música (2002), el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (2004), Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cádiz (2009) y por el Berklee College of Music (2010). Como parte de su última gira ‘Septeto Paco de Lucía’, el 26 de octubre de 2013, el guitarrista visitó Ecuador y dio un inolvidable concierto que fue aplaudido de pie por los asistentes que llenaron el Teatro Nacional de la Casa de la Cultura. Paco vivió como quiso y murió jugando con sus hijos al lado del mar, es por eso que en el Ayuntamiento de Algeciras se ubicará una estatua del guitarrista mirando hacia su lugar favorito para estar: el mar (YM).


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